Tierra Adentro
Ilustración de María Magaña

 

YU’UN BALAMIL

    Li pome svol te yik’ li iklimane

  xpomomet te sjol te’etik

     Xtoymuel nuk’ulaletik,

te chk’otik k’alal te stojol ch’ul k’ak’al

 

       Li jch’uviletike snijan sjolik tech’ul  balamil,

    Epal te tos k’exolal sjelevesik te motonil

yu’un sts’unik te syajemal banamil jp’ej ach’ na.

 

Li ch’uvile te skapsbaik te ik’,

xcholchun ch-ochik te xchikin ch’ul banamil.

Sak jol viniketik yakil xch’uvilaj

   sk’oponik ch’ul balamil.

 

 

A LA TIERRA

  Emanación del incienso perfuma la mañana,

abraza la copa de los árboles.

Se elevan voces,

llegan en el sol.

 

        Las palabras acarician el corazón de la madre,

  ofrendan aves multicolores,

enraízan refugio en la herida .

 

Las palabras se entrelazan en el aire,

entran a los oídos de la madre tierra.

Hombres canosos invocando

   en el núcleo de la orbe.

 


 

VABAJOM

        Chanav te osil balamil,

           ch-tajin te sat o’,

skapsba te yik’ sob ik’liman,

  xmuk’ubaj yonton jteklumetik.

 

         Xjimjun slametel xchi’uk li nichimetike.

snichimtasbe  yonton yaxal pepentik

xjoyetik muel te vinajel.

 

Xchi’inoj te anil stsatsal k’inibal,

xniknun yu’un  yaxinal toketik.

 

   Li te’etike xjiimlajet

chak’ik te a’yel yaxal k’ejoj.

  Spokbe sat lametel,

          xk’ataj te anil  tumtunel on’tonal

ch-ochyalel  te yonton balamil.

 

 

REQUINTO

Se expande en el infinito,

     juega en el ojo del agua,

     abraza el perfume de la mañana,

   retumba el corazón de los pueblos.

 

    Susurra y baila con las flores

despierta la alegría de mariposas azules

    que vuelan en espiral hacia el cielo.

 

Corre con la fuerza del huracán,

mueve la sombra de las nubes.

 

   Los árboles se agitan,

 anuncian el canto celeste.

Limpia el rostro de la tranquilidad,

 se convierte en latidos fugaces que bajan

penetrando el corazón de la tierra.

 


 

YON’TON K’AK’AL

Spix te skevanel yelob yik’al osil.

        Xpixtal te xojobal

    yaxinal vitsetik.

 

Li syol sate sts’iletaj te sjamlejal osil

sts’uts’unbe yab yok  ik’al osil.

  Xtil xch’ich’el  te jujun ik’liman.

 

 Xchopesbe slu’bel li ts’ujul

   xt’elt’un yu’un sk’uxul muk’ta sik.

 

Sk’iantal k’unchamen stse’oj

k’elanbil yu’un unen sob ikliman.

    Te xch’ayelbatel k’ak’al

skux yon’ton te spat xokon ak’bal.

 

 

PALPITACIÓN DEL SOL

     Envuelve con su resplandor el oscuro rostro.

   Con sus rayos cubre

   la sombra de las montañas.

 

    Brillan sus pupilas al infinito

  absorbe pisadas oscuras.

   Arde su pulso en cada amanecer.

 

     Sana fatiga del rocío

    tiritando por los dolores del frío impávido.

 

                  Riega la tibia sonrisa

   ofrendada por la joven matutina.

   Y en la consumación del atardecer

descansa detrás de la noche.

 

 


Autores
Chiapas, México. Educadora popular, escritora, antropóloga, traductora, y actriz Maya Tsotsil. Autora de: Xojobal Jalob te’ / Telar Luminario (México, 2013); Realtà non necessaria (Italia, 2009); Xchamel Ch’ul Balamil / Eclipse en la madre tierra (2008); Ch’iel k’opojelal / Vivencias (2003); y coautora de Palabra conjurada, cinco Voces cinco Cantos (1999); e Indigenous children: We are not to blame. Sus obras forman parte de las antologías: Chiapas Maya Awakening. Contemporary Poems and Short Stories (U.S.A, 2017); antología de poesía de mujeres indígenas de América Latina (Ecuador, 2011); Jaime Sabines 83 aniversario, 83 poetas (CONECULTA, 2009); Poètes indiens du Chiapas (París, 2007); Los abismos de la palabra (UNICH, 2005); y en Red Rock Review (Community College of Southern Nevada Canadá, 2003). Dos de sus poemas están musicalizados: Jtij vobetik (Tamboreros) y Jsa’ ch’ulelal (Buscadora de Alma). Algunos de sus escritos han sido traducidos al inglés, francés, italiano, catalán, portugués y sueco.

Ilustrador
María Magaña
(Guadalajara, 1988) Ilustradora mexicana multidisciplinaria enfocada en creación narrativa. Ha participado en proyectos que van desde ilustración editorial, cómics, libros infantiles, escenografía, exposición en galerías y pintura mural.
Ilustración de Isela Xospa

Se acerca el Día Internacional de la Lengua Materna y en Tierra Adentro decidimos celebrarlo la semana entera. Del 17 al 21 de febrero podrán encontrar textos de autoras increíbles que tienen en común el compromiso con la vida de una lengua. Inauguramos la conmemoración con la escritora, traductora y actriz maya tsotsil Ruperta Bautista, quien participa con Yon’ton k’ak’al y otros poemas.

No podía faltar Sol Ceh Moo, ganadora del Premio de Literaturas Indígenas de América 2019, quien, a través de una entrevista, nos habla de su compromiso social como escritora, así como la lucha en contra de los prejuicios que envuelven la literatura indígena. El zapoteco, por su parte, aparece desde la experiencia personal de Biaani Garfias y la dinámica familiar en la que se instaura el conocimiento o desconocimiento de esta lengua en el ensayo ¿Y si nos quedamos sin alguien para hablar?.

Por supuesto nos interesa introducir voces jóvenes como la de Alejandra Lucas, quien participa con Tres poemas en lengua tutunakú, donde las transformaciones corporales son uno de los focos principales de sus metáforas.

Yásnaya Elena, lingüista mixe, en Mujeres indígenas y escritura, ensaya alrededor del acto de escritura como subversión, mientras problematiza, también, las implicaciones de una alfabetización no incluyente con respecto a las lenguas originarias.

Más adelante podrán encontrar un ensayo de Susana Bautista, Levantar la voz con la palabra, que aborda la relevancia de proyectos editoriales especializados en la publicación de mujeres escritoras en lengua originaria, tales como Pluralia y Originaria; además, hace un recuento de los esfuerzos editoriales e institucionales por visibilizar la escritura indígena. Al tiempo que Adriana López nos regala la belleza de la poesía en tseltal en Ants te ajk’ubal / La noche es una mujer.

Por último, cerramos esta celebración con Yavanel jbats’i k’op / El grito de mi lengua y otros poemas, de Angelina Suyul. El grito de su lengua, el tsotsil, es un grito metonímico de la gran diversidad lingüística mexicana. Es ese grito, a través de la poesía, del ensayo, de la escritura como forma de resistencia, el que esperamos que nos acompañe toda esta semana de celebración. Sabemos que para la supervivencia de las lenguas se necesitan muchos más esfuerzos continuos, así que es un grito que espera convocar más ecos.

No olvidemos reconectar con la celebración del año pasado, para que los nuevos lectores, o aquellos asiduos releer, puedan visitar la trayectoria histórica de Tierra Adentro en la celebración de la diversidad lingüística mexicana. Aquí pueden encontrar el número de la colección La Ceibita, titulado Lenguas de América (2016) (2016) y compilado por la académica Luz María Lepe Lira. Así como los textos Yuilal Mak abejk’ajon / Fui parto en mes Mak, de Adriana López, Bicéfalos, de Nadia López García y Cinco poemas de Judith Santropiero.

Antes de enviarlos por este camino de la riqueza lingüística, cabe dar un agradecimiento especial a Susana Bautista Cruz por su genuino interés y apoyo a la difusión de la obra de escritoras en lengua originaria, y en la elaboración de este especial.


Autores
(Oaxaca, 1997) Escribe narrativa y poesía inspirada en su lugar de origen. En el 2019 fue parte del International Writing Program’s Women’s Creative Mentorship Project. Obtuvo el Master in Fine Arts in Spanish Creative Writing por la Universidad de Iowa, donde además fue parte del consejo editorial y luego jefa de redacción de la revista Iowa literaria. Ha publicado en las revistas Este País, Tierra Adentro y Armas y Letras. Actualmente dicta clases de literatura y español en Coe College.

Ilustrador
Isela Xospa
Originaria de la Alcaldía de Milpa Alta, es ilustradora, archivista y editora independiente de origen nahua. Ha trabajado para el Fondo de Cultura Económica como diseñadora gráfica, en el ILCE México como diseñadora editorial y en el David Bowie Archive como archivista. Actualmente dirige Ediciones XospaTronik (2014) proyecto que surge como una editorial autogestiva e independiente que aborda temas y personajes de Milpa Alta, región nahua del sur de la ciudad de México.
Antonio a color. Ilustración por Herenia González

Con las letras fenicias, los griegos registraron el conocimiento del Mediterráneo, y la historia se encargó de transmitirlo al presente. A la humanidad le costó siglos superar esta proeza. Fue con YouTube, creado el 14 de febrero de 2005, que se fundó un canal cuyo lenguaje audiovisual puede ser comprendido y emitido al mundo en un instante.

Millones de usuarios entran a la plataforma para instruirse, y Antonio García Villarán, (11 de julio de 1976. Sevilla, España) doctor en Bellas Artes, autor, profesor y pintor ve una oportunidad para enseñar arte. Actualmente, su canal tiene 724 mil suscriptores.

Al ser uno de los youtubers con más participación en foros españoles de comunicación cultural, se podría suponer que Antonio García siempre ha conocido la mejor opción para cumplir su labor; sin embargo, su presencia en la red fue una conclusión tras una trayectoria como divulgador en distintos medios.

“Bueno, yo no he dicho nunca que YouTube sea el canal adecuado, pero me parece uno de los más completos porque trabajamos con imágenes en movimiento y sonido; podemos meter contenido de otros videos.

Para difundir el arte vale cualquier canal, desde una charla en una clase hasta las demás redes sociales: Twitter, Facebook, Instagram, pero YouTube me parece una de las mejores. Por eso yo al final, que tenía una editorial, mi conclusión fue que, para llegar a más gente, debía conseguir algo así, hacer videos que los viera todo el mundo. Decidí meterme ahí”.

De la pantalla a las aulas

En 2020 se cumple el decimoquinto aniversario del nacimiento de la plataforma; Antonio creyó que “había llegado tarde” hace cinco años, cuando subió sus primeros cursos básicos de dibujo. Aún recuerda su carrera como docente, que comenzó en el 2000 y finalizó en el 2012. Mira con atención el techo de su casa, busca las experiencias de esa década para responder mi pregunta:

¿Cuál es el modelo comunicativo ideal para enseñar arte y en qué clasificación de tu video “Los youtubers del futuro. La 4ta generación” lo pondrías?

Lo ideal, y yo lo practico, es un modelo híbrido. De hecho, intuitivamente se hace porque diario me llegan mensajes de que mis videos se ven en universidades, institutos y facultades de Bellas Artes. Unas clases presenciales ayudadas de este material audiovisual es lo idóneo.

También yo recomiendo ‘el aula invertida’, que consiste en que los alumnos obtengan los elementos de su aprendizaje a través de videos, documentos en su casa, que estudien las horas que hagan falta; y el salón sea un espacio de experimentación, donde el profesor los guíe hacia ciertos objetivos. Pero que no sea la clase magistral donde está el señor lanzando su cátedra, que eso ya se puede hacer en una videograbación.

Mejoramos la realidad con el video. Si yo me equivoco en algún dato y me doy cuenta, puedo editar o ponerlo en comentarios. Un académico puede cometer errores y el estudiante así lo capta en sus apuntes. Cuando yo fallo, la comunidad lo comenta y lo corrige. Me ve mucha gente, de eso se trata.

En un futuro no muy lejano puede haber animaciones que enseñen en YouTube cierta temática, pero que ni siquiera sean personas reales. O bien algo que no estaría mal que hicieran las instituciones es que empiecen a contar con youtubers de cierto éxito en la plataforma, porque ellos ya saben cómo hacerlo y eso puede ayudar a las escuelas”.

Antonio sabe que el adoctrinar alumnos en las universidades es deficiente para la enseñanza, pues en más de una ocasión ha admitido que se enfrentó a ellas durante su formación académica; lo cual me llevó a una cuestión: ¿qué limitaciones identificas en YouTube y cómo podrían afectar a los youtubers cuya labor es generar arte?

Yo más que limitaciones solo le veo ventajas. A mí no me ha limitado en nada, al contrario. Lo que ha hecho es hacer llegar mi obra a un público que, en el sistema de antes, de ninguna manera hubiera podido.

Han llegado mis ideas al mundo entero, cuando en el sistema escolar me hubiese sido casi imposible, ni siquiera escribiendo artículos; es decir, tú escribes un artículo, pero ¿quién lo lee? Es complicado, y mucho más acercar el arte a gente que en principio no le interesa. Creo que esa la grandeza de mi canal, su misión; es lo que todos estamos consiguiendo, no solo por mi parte al hacer los videos, sino las personas que los comparten, que les gustan y hablan con sus amigos sobre las cosas que enseño en mi canal. Yo digo: esto tiene absolutamente ventajas.

A nivel profesional, yo como pintor para logar que mi obra se vea, antes tenía que hacer muchas exposiciones porque no podía enseñar mi boceto en papel. Hoy en día, gracias a las redes sociales, tú subes ahí tu pintura y a quien le interese, podrá alcanzarla fácilmente. Me parece un gran progreso”.

Un diálogo con el pasado

YouTube consolidó a cantantes como Justin Bieber y demás creadores, ¿cómo se podría usar la plataforma para establecer un diálogo generacional con artistas que no han dependido de la plataforma y los que nacieron en ella?

Lo que veo es que la gente que decía que no le interesaba YouTube está entrando, abren sus propios canales. Hay artistas que me han dicho “yo no consumo la plataforma, no veo tus videos”, pero saben lo que digo en ellos, lo que es el Hamparte, es decir, aseguran que no ven mis videos, pero lo hacen y no quieren admitirlo; es muy sintomático.

Yo pienso que YouTube es un tsunami y si no están preparados, se los va a llevar, les ha pasado a muchos. Si no vas con el progreso, te va a comer. Lo observo en cantantes; has hablado de Justin Bieber, pero hay otros que no nacieron en esta plataforma y hacen videos para YouTube, no pueden hacer otra cosa que unirse.

Los que hemos emergido aquí, somos muy asequibles, localizables. Si hay interés por ambas partes: artistas que reniegan de la plataforma y los que vimos la luz ahí, pueden contactarnos fácilmente. Antes, esta entrevista hubiera sido imposible. La red propicia esto, y los que no se quieran enterar, desde mi punto de vista, están completamente equivocados”.

Es inevitable pensar en los modelos verticales de comunicación que algunos recintos cultuales conservan, donde un ser superior arroja un mensaje e ignora los medios necesarios en la retroalimentación del receptor.

Estas instituciones han escuchado campanas, pero no saben dónde; tiene canales sin conocer la importancia de esto… y se enterarán. Las universidades y museos abrieron cuentas, pero son muy pobres porque no ven la fuerza que posee; es como tener un coche que corre a 220 km/p, y ellos van a 20 por hora. Tienen que invertir y llegar a más gente.

No me explico cómo las grandes colecciones, que deben conseguir acercar el arte a la gente, no invierten más en esos canales. Alcanzarían a las personas que no pueden desplazarse físicamente al recinto y podrían difundir sus actividades a través de buenos videos, con quienes ya han tenido cierta repercusión en el tema de la divulgación en la red. La tienen muy fácil. Todo llegará, será muy pronto.

Yo el año pasado hice el proyecto Harco 2019, en el que fui a seis ferias de arte contemporáneo; los visité con mi equipo e hice un video. Ellos (en Harco) se vanagloriaban de haber conseguido 100 mil visitantes; en mi video tengo más de 285 mil visitas. ¿De qué va el asunto? Si quieren hacer llegar las galerías a la gente, tendrían que contar con alguien que ya sabe hacerlo.

Planeo sacar Harco 2020, como el año pasado. Quiero que, en lugar de lanzar siete videos, sean el doble. Trabajaré con mi equipo para logar la misión”.

Antonio a color. Ilustración por Herenia González

Antonio a color. Ilustración por Herenia González

Hamparte, el vicio de las élites

Tu concepto Hamparte[1] ya es utilizado en las cuentas de Twitter de las galerías, pero lo hacen de manera errónea, ¿cuál piensas que sea la razón por la que las élites no asuman sus objetos en venta como Hamparte, de la forma en que lo defines?

Si las galerías aceptaran el Hamparte, la gran mayoría de las obras que tienen no valdrían nada. Sería como hacerse el harakiri, se hundirían al decir que el Hamparte es un concepto real. Otros no, los artistas supuestamente de calidad subirían.

Por otra parte, muchos no han visto el video del manifiesto, tampoco han leído el libro, entonces hablan de oídas. No les interesa, pero el Hamparte también es un tsunami. Quien está en el mundillo del arte ha oído hablar de eso, ¿saben lo que significa o no? Yo creo que sí, aunque no les guste porque claro, es como decirte: ‘oye, lo que haces no vale nada, además te digo por qué no’. Hay un montón de gente que piensa lo mismo que yo, por eso no les gusta.

En Harco, me llegó un hampartista y comenzó a insultarme. Yo en mis videos no ofendo a nadie, solo opino; pero las cosas pueden llegar a ese extremo porque no tienen otra herramienta contra la noción. Cada vez la gente fuera del mundillo del arte, la que lo consume, me envía muchas capturas de pantalla señalando lo que hay de Hamparte en los museos.

Decir Hamparte es muy fuerte: estas personas están ahí porque su obra, que no tiene ningún valor filosófico ni técnico, existe gracias a su elevado costo. Es arte, uno llamado Hamparte, una idea común y no vale nada de dinero. ¿Qué rico va a querer una obra que valga cero? Ellos quieren tener cosas costosas; y estos hampartistas tendrán que buscarse otro trabajo o hacer creaciones artísticas de verdad”.

En la contemporaneidad, la gente mucho ha consumido y criticado las obras novedosas, como las pinturas de Mikail Akar comparadas con las de Jackson Pollock, ¿de qué manera el Hamparte podría ser considerado una nueva corriente y gracias a quiénes?

Antonio tensa ligeramente la mandíbula como si algo lo incomodara, junta las yemas de sus dedos en los que sostiene algo pequeño e inaccesible a mi vista, alza ese objeto ilusorio y comienza a formar círculos hacia la cámara, similar a un saludo o el vaivén de un pincel.

“No podría ser una corriente artística. Es la definición de ciertas prácticas, algunas de ellas se vienen haciendo desde principios del siglo XX, entonces no puede ser una corriente porque sería como decir: ‘aquí hay muchísimos tipos de plátanos y estos son amarillos’, eso sería el Hamparte; el amarillo no es un plátano sino una definición de lo que es. Se trata de quitar ese valor económico que se le ha dado a este tipo de obras facilonas.

Las notas, en las que venden Hamparte, nos están llegando porque a los medios de comunicación les da igual el arte; lo que quieren es algo viral. El hecho de que un niño haga cuatro chorreones (que los encuentras en cualquier feria de arte porque repiten la fórmula de Pollock) y se vendan en 11 mil euros es noticia.

Ya ni siquiera investigan. Encontré que el padre de Mikail Akar ha estado intentando desde hace cuatro años promocionar a su hijo con sus videos de YouTube, fue hasta que dio con un futbolista que llamó la atención. ¡Un niño que vende cuadros! Eso no es cierto, además nadie se va a acordar de él.

Esto es sensacionalismo, pero para los amantes del arte como yo, nos interesa denunciar ese tipo de cosas para que la gente vea que eso no es el arte de hoy, es una nota vacía.

Es igual que Bansky, que metió una obra a una trituradora y se quedó a la mitad. Cuando vi eso repetido en los medios ‘que Bansky es un héroe porque ha intentado destruir…’ pregunto: ¿no te das cuenta de que esto es una estrategia comercial?, ¿por qué se ha quedado a la mitad?, ¿cómo ha conseguido meter una máquina dentro de un marco? Eso es imposible y si no lo es, estaría en problemas porque cualquiera podría colar una bomba.

Hacen esas cosas para que el cuadro valga más dinero y ganen los que siempre se enriquecen. Por eso yo me veo en la obligación de denunciarlo, dar una voz crítica respecto a estas malas prácticas en el mundillo del arte”.

Los pasos de un buen pintor y la tarea del divulgador

Gracias a YouTube, yo he tenido ofertas de galerías porque me ven; si no te conocen no te pueden proponer nada. La plataforma es un escaparate muy bueno para que te vean. Antes no era así; si no eras primo o cuñado de tal, difícilmente podías entrar a esas exposiciones de prestigio.

Lo que recomiendo es que trabajen mucho, no solo en la obra, sino en su buena difusión en las redes. Ya no basta con pintar un cuadro y exponerlo”.

De nuevo Antonio invoca a ese pincel suyo, sigue los trazos circulares en un lienzo que nos ha acompañado durante nuestra entrevista; ese movimiento de su mano derecha le ayuda a comunicarme sus ideas. Crea los bocetos de los consejos que dará a los pintores en su audiencia, lecciones avaladas por los seis premios en su trayectoria desde 1984.

“Primero: intenta pintar el mejor cuadro del mundo;

Segundo: la imagen que tú vayas a subir a la red debe ser buena, porque he visto muchos cuadros que en principio están muy bien; pero por una mala foto, al final no parece tan bueno;

Tercero: una vez que tienes eso, trata de posicionarlo. He dicho que para mí el barrio de Montmartre del siglo XX, donde estaban los artistas, ahora es Internet en el siglo XXI. Los que destaquen ahí serán los notables en el arte de nuestra era. Yo apuesto por la red, y sé de mucha gente que, aunque no son mega conocidos, tienen su comunidad en redes sociales, así se ganan la vida, viven de lo que les gusta. Se puede vivir de esta manera más libre”.

De las actividades del humano, el arte es la que mejor lo define. Hay una paradoja si se piensa que en nuestra época es devaluado o, en el caso del Hamparte, convertido en un discurso diseñado a las exigencias económicas de una élite. Antonio me recuerda la valía del divulgador, quien puede ofrecer una solución al artista y a la audiencia:

Tienes que difundir algo que a ti te guste y te apasione de verdad, porque eso se transmite. Después esfuérzate por hacerlo digerible.

En el caso de los videos, que sean divertidos, no vas a hacer conferencias aburridísimas que costaría ver. Deben ser videos que a ti te gusten; yo cuando termino uno, actuó de joven y me pregunto: ¿este video yo lo vería?, ¿me divierte? Si respondo sí, lo subo. A través de un pensamiento muy crítico se valora si eso que tú muestras a las personas es de calidad; no creer que lo sabes todo, que tienes el santo grial en tus manos y decir: ‘lanzaré lo que me dé la gana y lo tendrán que ver porque es una enseñanza de calidad’.

YouTube tiene un formato que, si tú tienes una imagen mal iluminada o te trabas al hablar, nadie verá tu video y fallarás en tu objetivo: hacer llegar el arte a la gente”.

[1] Hamparte: lo que las élites nos dicen que es arte, pero no lo es.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.

Ilustrador
Herenia González
Artista mexicana, estudió Diseño y Comunicación Visual en la UNAM, se especializa en ilustración infantil y su trabajo ha sido publicado en diversas editoriales en México y el extranjero. Ha participado en exposiciones colectivas entre las que destacan “Muestra de artes visuales” Cancún 2018, “Historias de Ajudaris” Portugal 2016, “Imagen Palabra 7” Bogotá 2016, “Una mirada ilustrada al archivo Casasola” Downtown CDMX 2013, “La muerte ilustrada” Seattle Center 2008 e “International Artistic Contest Children and Youth” Czestochowa 2004. “Paseo Vespertino” fue su primera exposición individual en Cancún e Isla Mujeres, 2019.
Ilustración de Mariana Martínez

El joven no sabe elegir. Desde su auto merodea la avenida Itzaés repleta de travestis con faldas cortas y blusas escotadas, otras más con mallas delicadas y zapatos de tacón altísimos. El joven busca la correcta con ojos de analista, de espigador. Ninguna parece darle lo que quiere, pero no se apresura a desencantarse ni se abruma por el sonido de los cláxones de otros que tienen más prisa por ver el menú. Ya es muy noche y el joven no atina cuál pueda ser útil.

En cambio, cada una de las travestis lo ve con demasiado interés porque no es un hombre barrigón de cincuenta años. Se le ve, dicen entre risas, un pollito listo para ser desplumado, y no tan feo si sonriera. El carro es nuevo, quizá un regalo de su padre cuando cumplió los dieciocho años. Ellas también lo saben analizar.

Él se detiene ante una con minifalda plateada y cabellera lacia. Es flaca y usa botas que suben hasta la rodilla. A ojos del joven, es la adecuada. Abre la ventanilla y le indica que se acerque. Lo hace con gesto de señor altanero. Ella se alisa la falda y aunque trata de ser coqueta, no puede o no quiere, porque sabe que los hombres mal encarados solo garantizan una golpiza o algo peor. Mejor es ahuyentarlos y que se busquen a otra más desesperada.

—El servicio te sale en ochocientos pesos la hora, un oral, penetración, desnudo completo o parcial y las posiciones que tú gustes. El hotel corre por tu cuenta —dice sin sonreír o hacer contacto con los ojos del joven.

Sabe que va a decir que no vale tanto y se dispone a volver a su sitio.

—Súbete.

La travesti resopla al escuchar la puerta del auto abrirse. Pero se resigna y piensa que son gajes del oficio, y ya viéndolo bien, con suerte podría someter a ese escuincle a la primera cachetada que le suelte. De paso, tumbarle la cartera y rayarle el auto. Se sube con poco ánimo y le sonríe fingidamente, o más bien, le enseña los dientes para hacerle saber que sabe usarlos como defensa. El joven apenas la mira y comienza a manejar apretando el volante con mucha fuerza.

No hablan de nada y es inusual. Los clientes siempre abren la boca, cuentan de alguna novia o de sus ansias por probar carne de puta. Este no. Ella podría decirle cariñitos para empezar a relajarlo, tal vez lo ablande y hasta lo enamore. Pero no puede, se mantiene quieta y alerta. Tiene miedo.

El joven deja atrás la avenida y los moteles de paso. Todo eso sin poner música, sin darse cuenta que su acompañante está intranquila y sudando. Él sólo puede ver la calle y los autos que rebasa o lo rebasan, los transeúntes y semáforos. Ella sabe que están cerca de la zona norte, donde pasean las amas de casa con sus perros y sus hijos en carriola.

Piensa que el joven tiene una casa o apartamento para él solo. Eso es mejor que restregarse en una cama pulguienta. Pero también riesgoso, podría entrar completa a una casa muy bonita y salir en cachitos en una bolsa de plástico. Ella prefiere el olor corriente de las sábanas de los moteles a las cálidas alcobas donde nada es seguro. Sonríe al pensar esas cosas. En ninguna parte está segura.

Se mete al estacionamiento de un Liverpool. El joven es el primero en bajar porque ella se queda pasmada. Él le abre la puerta del auto, refunfuñando, y piensa que hasta las travestis esperan las mínimas cortesías.

—Qué caballeroso —se atreve a decir ella.

Pero a él no le hace gracia y la toma del brazo fuertemente para hacerla caminar a su paso. Ella no lo soporta mucho tiempo y se zafa de aquellos dedos que la aprietan.

—¡Pérate, salvaje! Van a decir que no sabes tratar a una dama.

—No seas payasa y camínale.

El joven quiere volver a tomarla, pero se lo piensa mejor. Le hace señas para que pase delante de él. Ella sabe que en aquella victoria ha puesto las reglas del juego. Así ya no tiene tanto miedo.

—¿No te da vergüenza que te vean entrar conmigo?

Lo pregunta seriamente. Nunca la habían llevado a ninguna parte, los hombres prefieren tener tratos con ella en lo oscurito. Mucho menos la han exhibido en un lugar donde van señoras estiradas. El joven gruñe como respuesta. Sí le da vergüenza.

—No hago esto por diversión.

—¿Ah, no? Pensé que era una fantasía. Nunca lo he hecho en los baños del Liverpool.

El joven la mira con asco.

—No voy a hacer nada contigo. Vamos a comprarte ropa decente.

Ella ríe fuerte. Nunca ha comprado ropa en una tienda departamental.

—¿Vamos a jugar a que soy Julia Roberts?

El hombre quiere replicar, pero las puertas mecánicas se abren. Ella se siente soñada entre tanta marca distinguida. Cree que toda está a su disposición y sonríe ilusionada y con los ojos pelados de maravillarse. El joven trata de caminar rápido por los pasillos y entrar pronto al departamento de ropa para mujeres. Llegan ahí después de ser vistos por un gerente y señoras aterradas. El joven toma una prenda, la primera que encuentra.

—Toma, pruébatela.

—¿Qué? ¿Esto? Ni loca.

—Entonces elige otra cosa, apúrale.

Ella saca una blusa transparente.

—No, no. Otra cosa. Algo más simple.

Ella mira divertida al joven por hacerlo sentir vergüenza, por su repentina preocupación y ansias de irse lo más pronto posible de allí.

—Ya entiendo —dice dejando escapar su voz gruesa—. Quieres que me vista como tu hermana. O como tu mami.

El joven le suelta una cachetada. No ha sido fuerte, pero la deja quieta y asombrada. No puede hacer un escándalo en Liverpool, se dice ella, si al menos fuera el tianguis otra cosa sería. Porque tiene principios, pero sobre todo porque no desea ir presa esa noche.

—No digas esas cosas —el joven habla despacio, apenado.

La travesti no dice nada y saca una blusa de trazo convencional y elegante. Luego escoge una falda recta y unos zapatos bajos. El joven asiente y la manda a probadores.

Cuando sale, ella es una mujer “casta”. Le modela al joven su vestuario, muy modosa, pero él se hace el desentendido. Ya está tranquilo porque no parece que va acompañado de una prostituta, sino de una novia bonita pero algo caballona. El joven paga en caja y ella se lleva puesto todo. Van al auto sin hablar, ella se contonea a pesar de que todavía le arde la mejilla. Él simplemente camina con la cabeza gacha y suspira al ver las nalgas de ella.

Otra vez las calles de la ciudad. El mismo silencio. La incertidumbre de dónde irán a parar, qué perversidades le va a exigir. Ella le dirige la palabra para pedirle que se detenga a comprar condones o de perdido un tarrito de vaselina. Es ignorada. Ella cree sentir lo mismo que una mujer en matrimonio: ya la han cacheteado y ahora, ni la palabra le dirigen.

Cuidados-Paliativos-2

Llegan a un hospital privado. Ella se queda igual o peor de pasmada que cuando estuvieron en Liverpool. Ya le han contando que los enfermos terminales (o ni siquiera terminales, sino puro enyesado) hacen lo posible por tener sexo por última vez en su vida (o en el caso de los enyesados, nada más para pasar el rato). Entonces cae en cuenta de por qué la urgencia de hacerla ver presentable y recatada.

—Estas cosas se dicen, se hablan. Qué bárbaro —dice ella aliviada—. Así nos hubiéramos ahorrado los disgustos y el misterio.

El joven se estaciona, pero no hace nada para bajarse. Sigue aferrado al volante.

—De qué estás hablando.

—Si quieres que me encame con un paciente no tengo problemas, incluso si está decrépito. Nomás dime para no andar con el Jesús en la boca.

El hombre ni la mira, se baja del carro y comienza a caminar. Ella sale por su propio pie y camina para alcanzarlo. Entran a recepción y de inmediato los pasan a una sala muy blanca. De allí los llevan a una zona que dice “cuidados paliativos”. Ella piensa que entonces sí es grave la cosa, que está a punto de tener sexo con un moribundo. No entiende cómo puede tener una erección un enfermo terminal. Se persigna al detenerse en la puerta. El joven abre y la hace entrar.

La habitación parece todo menos un cuarto de hospital: las paredes están pintadas de mamey, las cortinas tienen estampado de flores y hay ramos por todos lados. La cama es de madera y los cobertores pachoncitos. No hay máquinas de las que tintinean ni sondas o sueros. En la cama yace una persona menuda. Es una viejita canosa y arrugada. Respira muy lento y tiene los ojos semiabiertos.

—Estee… el lesbianismo lo cobro más caro.

El joven la voltea a ver entre enfurecido y sorprendido.

—No puedo creer que seas tan idiota. Es mi mamá.

A ella le ofende y le confunde la respuesta.

—¿Y siempre le presentas a tu mamá las fulanas que recoges de la calle? ¿O nomás cuando está al borde de la muerte?

El joven, desesperado, la agarra del brazo y la lleva fuera de la habitación. La mira por unos instantes y después le dice:

—Le vas a pedir perdón a mi mamá.

—¿Y yo por qué? Contigo es el pedo. A ella no la ofendí.

El joven se lleva la mano a la frente y habla desesperado:

—No, no. A esto te traje. Le vas a pedir disculpas a mi madre como si fueras mi hermano. Te doy los ochocientos que dijiste y una propina porque sé que esto es raro. Te llevas la ropa o puedes hacer el cambio por lo que quieras. Es más, te doy mil quinientos pesos por todo. Nada más di esas palabras: perdón mamá. Y listo.

Ella se queda pensativa. Peores cosas le han ofrecido hacer y por menos dinero. Se muerde un labio. Una cosa es abrir las piernas y otra engañar a una viejita a punto de morir. Se imagina cosas. Quién pensaría que ese joven tuviera una vestida como hermano, y quién sabe qué diablos hizo para no acudir al lecho de muerte de su madre. Hasta en las mejores familias.

—Órale, pues —se decide—. Pero si tu mami se pone parlanchina yo no respondo y sube la tarifa.

Él abre la puerta y ya no entra. Se despide advirtiéndole que más le vale ser convincente. Queda de custodio, ve enfermeras pasar y les sonríe nervioso. Le tiemblan las manos porque no puede confiar que todo va a salir bien. Tiene ganas de abrir la puerta y ser testigo de todo. Piensa, ¿por qué no me vestí yo? No se imagina subido a unos tacones y envuelto en un vestido. Casi se pone a reír.

Ella sale de la habitación como histérica: “no puedo hacerlo”. Él la sigue alarmado y le da caza en un pasillo donde se tira para llorar casi sin lágrimas.

—No puedo hacerlo. Te devuelvo la ropa y nomás dame para el taxi.

El joven se agacha y la toma del hombro.

—Pero, ¿qué pasó? ¿Por qué?

A ella le toma unos segundos abrir la boca para explicarse. Mientras tanto se limpia el maquillaje corrido.

—Abrió los ojos y me reconoció. Digo, creyó reconocer a tu hermano. Me tomó de la mano y me llamó Carmen. Dijo que nunca debí irme de la casa, que yo siempre fui su favorita y no sé qué tantas cosas que me hicieron recordar a mi mamá. No puedo hacerle esto a la tuya.

—¿Pero alcanzaste a pedirle perdón?

Ella lo empuja y se levanta.

—¿Cómo le voy a pedir perdón a mi propia madre? Digo, a tu propia madre.

—En eso quedamos —dice el joven incapaz de levantarse.

—¿Y tú crees que eso espera oír? ¿Que su hijo le pida perdón por ponerse vestidos? No mames.

El joven se levanta, ahora sí, encabronado, porque no atina a decir más palabras. La agarra del brazo y la arrastra sin importarle que las enfermeras lo vean. Ella no grita ni hace nada por zafarse, simplemente pone resistencia en los pies. Rechinan los zapatos en los pasillos del hospital. El joven la mete a la fuerza a la habitación, la lleva hasta el borde de la cama de su madre. La toma del cuello para empinarla y acercar su cara a la de la moribunda.

—¡Pídele perdón a mi mamá!

Ella no abre la boca. Ve los ojos atentos y brillosos de la madre.

—¡Pídele perdón!

La madre del joven acerca sus manos llenas de lunares al rostro de ella y le acaricia las mejillas.

—¡Dile que te perdone!

Ella le sonríe a la madre, pese a que su cara se ha puesto hinchada y se le saltan las venas de la frente. La madre le devuelve la sonrisa y vuelve a repetir, quedamente, el nombre de Carmen.

—¡Pídele perdón! ¡Dile que te…! Puta madre…

El joven suelta a la travesti y se va dando un portazo. Ella no le presta atención a su cuello adolorido y besa la frente de la anciana. Piensa que lo único imperdonable allí es la boca reseca de la madre. Ella saca de su brasier un labial rojo y le pinta los labios a la viejita.

—Perdóname, mamá —le dice mientras la arropa con el cobertor pachoncito—. Perdón por no haberte puesto más guapa.


Autores
(Mérida, 1990) es antropólogo, narrador y tianguista. Cofundador de la revista digital Memorias de Nómada. Becario del Sistema Nacional de Jóvenes Creadores 2023 y ganador del Fondo Editorial 2023 del Ayuntamiento de Mérida con el libro de cuentos Cristo es una forma de hacer drag.

Christina Soto van der Plas ganó el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019, aunque bien pudo haber ganado el de ensayo, o el de novela; más aún, cabe la posibilidad de que en un futuro exista un nuevo premio para obras como la suya, de semejante calibre y aliento, que no se dejan atrapar bien dentro de frontera alguna. Porque hay obras, como autores, a los que los adjetivos se les resbalan, y aquí estamos frente a ambos casos. Más allá del evidente hecho de que las sílabas mismas no lo permiten, el título, desde que lo escuché, me pareció un bellísimo haiku falso que me permito reproducir a continuación.

 

Curaçao

Costa de cemento

Pueblo de prisión

 

Quizá, cuando se hable de este libro, y esto lo digo más para mí, sea útil una frase de Braunstein que me encontré dentro del libro mismo: “a falta de explicación, clasificación.” Porque, insisto, la zona limítrofe entre en el ensayo y la crónica en la que se mueve este material lo convierten en una rara avis de ambos géneros, un texto extenso, caudaloso y poliédrico que, por el momento, llamaremos crónica.

Pero no es menester detenerse (más allá de lo evidentemente necesario) en los géneros bajo los que puede leerse (jamás ser encasillado) el presente libro. Si para Christina Soto van der Plas cualquier punto del planeta es el centro del mundo, cualquier género literario (de los que conocemos hasta el momento) es un buen punto de inicio para adentrarse en la historia de Curaçao (exquisitamente presentada como antesala al viaje de la misma Christina). A su vez, la historia de Curaçao me parece el punto de partida para una búsqueda más inefable y acaso más importante: la del origen. Desde Días de Jengibre, de Hugo Roca, no me había encontrado con una apuesta tan íntima, personal y de ojos tan abiertos.

Avanzando con soltura del poema (traducido, aunque por ello mismo ya apropiado) al ensayo, de la crónica a la bitácora, el presente libro es un trabajo magnánimo por luchar contra la solidificación del tiempo, como la misma autora lo señala, y ofrecernos (aunque no somos los destinatarios finales del texto, eso queda claro) un testimonio del esfuerzo y viaje emprendidos. Si para Christina contar y recontar historias es un ejercicio con el que se pretende comprender, el leer y releer Curaçao es algo similar, aunque lo que se persiga no sea tanto una comprensión cabal, sino un lento hundirse (sí, como barco) en estas arenas movedizas lingüísticas y narrativas, porque lo que tenemos entre manos no es solo una narración a cuatro voces (al menos cuatro voces identificables en esta polifonía armónica, en la que Soto van der Plas funge a veces como un corifeo), sino una disertación sobre el género de la crónica en sí, llevada a sus extremos más inimaginables y atrevidos. Una disertación sobre el origen, sobre el viaje, sobre la identidad y la memoria.

Para la autora, el descubrimiento no implica solo ver, sino explorar y dejar prueba de ello, y queda de manifiesto que es una tenaz investigadora no solo del tiempo, de la historia y del lenguaje mismo, sino acaso del “yo”. Aquí entre manos, en este libro, tenemos una huella de ese descubrimiento. Y si para ella la narración de este “yo” es la narración de los espejismos, para nosotros, testigos ocasionales, totalmente accesorios al fenómeno aquí sucedido, esta narración de su yo es asistir a un fenómeno que no se repetirá en mucho tiempo y donde, en ocasiones, podemos ver un trozo de la propia cara en el reflejo de estas historias y este rastrear quiénes somos y de dónde venimos, en el sentido más profundo del término, más allá de geografías y lenguas.

Narrada con una poética única, irrepetible, irremplazable, esta obra es lo más cercano a presenciar el estado sólido del flujo de consciencia de Christina, a cuyos lados, a veces de forma paralela, a veces intersecando en ciertos puntos, corren otra voces, otras vidas. Si para la autora una lengua se habita, nos orilla a nosotros, como lectores, a habitar un testimonio. Porque nos lleva, a través de su imaginación anecdótica del descubridor, a nombrar un territorio, ese territorio siempre ignoto, ese Curaçao que está y no está, como espejismo, y que se levanta cuando ella lo nombra, lo invoca.

Soto van der Plas se confiesa afecta a los cuadernos, como punto de trabajo, de encuentro, de reflexión. No es de extrañar, entonces, el franco tono de bitácora que atraviesa de forma transversal esta obra. Quizá a ella, como a nadie más en este género (o en otros, como ya mencioné) le queda firme uno de los tantos términos que hallamos en sus páginas: Ajq´ij. Contadora de tiempo. A la par de contarlo, lo construye, lo reafirma, lo malea. No es una cronista nada más (valga la expresión “nada más”): eso es solo el punto de inicio. Lo demás, lo definitorio de este libro, no puede ponerse en palabras que no sean las de ella; cualquier otra cosa que diga, correría el riesgo de señalar un punto distinto.

Si después de la extensa y arriesgada labor de Günter Wallraff como investigador, como cronista, tuvo lugar el verbo wallraffen (que hace referencia a la labor de transformación de un reportero, a la creación de una identidad falsa que experimentará todas las vivencias relatadas después en la crónica resultante; vivencias que de otro modo serían difíciles de investigar), quizá pronto escucharemos un término derivado del apellido Soto van der Plas, uno que haga referencia a una narrativa íntima, arriesgada, polifónica y diáfana, cuyos resultados no puedan (o no deban) insertarse en alguno de los géneros que hasta hoy conocemos.


Autores
(Ciudad de México, 1986). Coordinador del Taller de Creación Literaria del FARO Indios Verdes. Autor de los libros de cuento Luego, tal vez, seguir andando (Río arriba, 2012), Entre cuatro esquinas (FETA, 2014), La luz de las tres de la tarde (BUAP, 2015), El filo del cuerpo (Revarena ediciones, 2016), Ciudad nostalgia (Abismos, 2016), Sombra-Reflejo (BUAP, 2017), Los panes y los pescados (Ediciones Periféricas, 2018), Tiempo arrasado (Revarena ediciones, 2019), Mismatch (Cuadrivio, 2020), Foley (Fondo Editorial del Estado de México, 2020, mención honorífica en el Certamen Literario Laura Méndez de cuenca 2018) y Especies carismáticas (Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2023). También es autor de los libros de crónica Tren suburbano (Malpaís, 2019) y Linde faz (FETA, 2018) con el que obtuvo el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay. Obtuvo mención honorifica en el Premio Nacional de Periodismo Gonzo 2018 por la crónica Big Tony Bang. De igual manera, es autor de Nanda (Nitro Press-Ediciones La Rana, XIX Premio Nacional de Novela Jorge Ibargüengoitia) y del libro de ensayos Basado en hechos reales (Casa Bonsái, 2025). Becario del FONCA (en los periodos 2016 y 2021) y del PECDA Estado de México (2018) en el área de cuento. En su faceta como jurado, cuenta con participaciones en el comité de premiación del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2020, así como en los comités de selección de estímulos del PECDA de Jalisco (2017), Chiapas (2019) y Tamaulipas (2024), donde actualmente se desarrolla como tutor. Ha publicado cuento, poesía, crónica, ensayo, reseña y dramaturgia en medios como La Jornada, El Universal, Casa del Tiempo, Tierra adentro, entre otras, así como en las antologías De narcos a luchadores (Contrabando, España, 2019), Cecilia y el Vampiro (Editores Mexicanos Unidos, 2021, compilación de Bernardo Barrientos Domínguez). Ni una sola palabra (UANL, 2021), Covid-19 (FCE, Tierra Adentro, 2021) y Liminales II (Casa Futura ediciones, 2023), por mencionar algunas. Fue seleccionado para el número especial Nueve ensayistas (1985-1995) de Punto de partida y el número especial sobre crónica: La crónica, el arte de narrar, de La Jornada. Es egresado de la Licenciatura en enseñanza de inglés, de la UNAM.
Fotos de Irving Cabello.

 

Luego de una actividad realmente intensa, la Semana del Arte de la Ciudad de México ha concluido y es necesario poner sobre la mesa algunas reflexiones sobre esta edición.

En estos momentos las miradas siguen atentas a lo que pueda ocurrir luego del episodio del sábado, cuando Avelina Lésper, la crítica de arte más mediática del país, rompió una obra del artista Gabriel Rico valuada en 20 mil dólares por la galería OMR.

Será un día recordado por la crítica y, en general, por el resto del campo artístico. De cara a la “explosión” de comentarios y memes, debemos mirar más allá de la imagen. El suceso pide cerrar los ojos y apartarse del peso de las redes y del tono del escarnio.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

 

El sonido de una instalación que cae en medio de Zona Maco

La carrera crítica de Lésper ha girado en torno a demeritar el valor estético del arte contemporáneo, especialmente lo que ella denomina arte VIP (video, instalación y performance). Y se acercó a la obra de Rico con una lata de refresco en la mano. Sin embargo convengamos en que se trató de un accidente, a pesar de las declaraciones ambiguas de la crítica y la galería.

Si Lésper no contara con el peso mediático de ser la directora de la Colección Milenio, ¿qué hubiera sucedido en ese preciso y desafortunado momento? Las respuestas de Lésper y la galería denotan una serie de vacíos sobre los elementos técnicos e incluso legales necesarios para el montaje, exposición y venta de obra dentro de un circuito que demanda profesionalización.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

Me preocupa que se hablara de “reponer la pieza”, si hablamos meramente del costo, incluso de su reposición, ¿cómo podemos entender en términos artísticos su valor?, y por ende, ¿cómo puedo entender el arte contemporáneo si finalmente se trata de la reposición de un objeto?

De los 72 mil visitantes de Zona Maco—de acuerdo con las cifras oficiales del evento— cualquiera pudo romper una obra de manera accidental y pasado un momento desagradable. ¿De qué manera las galerías y las espacios de exposición y venta se encuentran legalmente protegidos ante percances de esta naturaleza?

Como lo expone Juan Pablo Ramos en Obrasdeartecomentadas.com, el problema radica en que “numerosas prácticas materiales del arte contemporáneo se sostienen precisamente en su fragilidad misma […] la tensión es tal que, aunque se trate de objetos en apariencia insignificantes, el espectador debe cuidar de ellos a toda costa”.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

 

La crítica y las críticas

Las redes oscurecen la realidad, la paradoja es que también son herramientas y medios por los cuales podemos establecer un diálogo en torno a lo que sucede dentro de la escena artística de nuestro país. En esta ocasión, también fueron el escenario de algo sumamente propositivo.

Un hilo de Twitter iniciado por la editora Sandra Barba (al que se sumaron críticas y creadoras), demostró que en la crítica de arte actual existen otras plumas que sí logran superar los múltiples vacíos que se develan ante la presentación de las obras de arte contemporáneo, muchas de las cuales contamos con espacios solamente en la red o en revistas universitarias.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

El experimento reflejó un cambio positivo en el camino de la crítica en México, no solo por exponer una paleta de múltiples tonos, abordajes, posiciones y gustos personales, sino por lo que representa dentro del quehacer crítico y el trabajo femenino.

Sandra Sánchez, Baby Solís, Brenda Caro o Helena Chávez McGregor se cuentan entre las muchas tejedoras que siguen el entramado de Helen Escobedo, Silvia Rodríguez Prampolini, Raquel Tibol, Teresa del Conde y, de manera más cercana, Karen Cordero, Sol Henaro y otras tantas mujeres que atienden a la complejidad que descarta el uso de la categoría arte VIP.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

 

Semana del Arte 2020

Esta edición de la Semana del Arte ha dejado múltiples cuestionamientos en torno al quehacer de la producción artística dentro del sistema económico en la ciudad y a nivel nacional, a la manera en que las galerías se relacionan con los compradores, los vacíos culturales y educativos alrededor del coleccionismo en México, y ahora también las medidas legales, los procesos de conservación, montaje y resguardo de las obras y el papel del artista.

En el caso de Zona Maco y los artistas que se encuentran representados por una galería, el Premio Tequila 1800 Colección es uno de los más codiciados, tanto por el monto económico como por la oportunidad de formar parte de una de las colecciones privadas más importantes a nivel nacional.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

En esta edición los seleccionados fueron Gina Arizpe, cuya serie de dibujos Nombres y coordenadas fueron expuestos por la galería barcelonesa Freijó; Laure Prouvost, de la galería neoyorkina Lisson Galery, quien presentó la instalación The tv mantelpiece, y Antonio Vega Macotela, de la Galería Labor, quien presentó Burning landscape VII.

El reconocimiento dentro del campo se suma a la distinción que se ofrece a las galerías, sin embargo, en esta edición de Zona Maco se juntó el Salón del Anticuario y las exposiciones de Foto y Diseño. En términos de espacio la tarea de juntar cada una de las plataformas de exposición no tuvo la mejor resolución; para algunos asistentes, el espacio de foto se desdibujaba frente a los demás espacios.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

Frente a la pregunta “¿arte para quién?” el Salón Acme sostuvo un equilibrio entre las propuestas de los proyectos invitados —como Atrium Lab con Rocca y su Lourdes no hace preguntas— y aquellas piezas que formaron parte de la convocatoria abierta, como las de Dulce Eme, Vanessa Da Silva y Alonso Cartú, así como Fogo, de Celina Portella, ganadora del premio que otorga cada año Casa Wabi.

En Salón Acme se logra mantener un cierto equilibrio entre un mercado constituido y la búsqueda de nuevas propuestas que logren configurar la cartografía de miradas sobre las propias problemáticas de nuestro país como la violencia, los feminicidios, la identidad frente a la migración y la ecología.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

Vale la pena analizar que en el caso del estado invitado, Yucatán, la propuesta del artista Rafael Sánchez (Rafiki) sostiene un diálogo entre el contexto político y ecológico del estado, así como una exploración desde la escultura y el diseño textil, cuya ejecución en términos estéticos y técnicos da como resultado una pieza en la que el tejido hecho con henequén formula una crítica de cara al uso de materiales sintéticos que poco tienen que ver con la identidad.

Sin embargo es probable que la mejor propuesta de la semana fue la formulada por los artistas, gestores y curadores independientes. Luego de que durante todo el 2019 diversos grupos plantearan sus inconformidades frente a la falta de organización y la precarización del trabajo artístico, artistas de diversas disciplinas formularon la posibilidad de encontrar otros caminos alternos a las pautas del Estado y sus instituciones culturales, así como del mercado y la iniciativa privada.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

Todo indica que el camino que los organizadores de la Feria de la Acción y Feria Maroma es un ejemplo de lo que puede hacerse más allá de los estímulos económicos públicos y privados. Si durante la década de los noventa el impulso de la iniciativa privada generó la articulación de espacios y en sí del arte contemporáneo, puede que la autogestión sea otra forma de generar no solo objetos artísticos, sino saberes, redes y, desde luego, consumo de obra y publicaciones que salen de las reglas del mercado.

Sus organizadores consideran que la creación de comunidad, así como de públicos por medio del diálogo, promueven otra forma de generar y comprender el arte contemporáneo en México. Si la crítica se revoluciona desde el trabajo de las horas-mujer y la producción y consumo de arte se realiza desde la autogestión, es posible que estemos desde esta Semana del Arte contemplando el futuro de nuestro campo artístico.

Fotos de Irving Cabello.

Fotos de Irving Cabello.

 


Autores
(Ciudad de México, 1984) Investigadora, docente, escritora y crítica. Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Doctora en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires y ha publicado artículos y reseñas en revistas como Este País, Pliego 16, Fundación, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad, Écfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la Fundación de Letras Mexicanas en el área de ensayo y en 2019 fue Becaria Fonca en el área de ensayo. Fue finalista en el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada en su edición 2020 y aceptada por Ucross Foundation para hacer una estancia artística en el verano del 2021.

Ilustrador
Irving Cabello
Nació en Cuajimalpa en 1988. Fotógrafo de medios como Vice, Yaconic, Marvin, Maxim, Hoja Santa, GQ. Es fotógrafo porque le gusta conocer a la gente, cuando dispara el obturador se siente agradecido con el mundo.
La ciudad del plástico. Isabel del Valle.

El siglo XX plastificado

En el oficio de empacador se adquiere cierta actitud meticulosa, una que mi tío Ricardo Durán, a sus 53 años, aún carga en su forma de acomodar las palabras: “sí, tenía 11 años”, responde luego de meditar unos segundos, “trabajé en el Gigante de Taxqueña”, prosigue y evalúa dónde pondrá su siguiente oración, “ganaba lo que ahora podrían ser 150 pesos, era bueno para un adolescente”.

La industria fue titánica desde el inicio. En 1965, la empresa Celloplast patentó las bolsas de polietileno. Para 1979, Estados Unidos logró controlar 80% del mercado de bolsas en Europa”; pero un año antes, en un Gigante de Taxqueña consolidado en 1973, mi tío ya distribuía el plástico a miles de clientes a dirario. “Tal vez por eso tenemos toneladas de bolsas”, admite. Es cierto, al año llegan 10 mil toneladas a los mares.

La solución (Prohíbe)

A partir de la prohibición de las bolsas plásticas de un solo uso, el primero de enero del 2020, los supermercados en la CDMX que incumplan la Ley de residuos sólidos pueden recibir sanciones que van de los 42 mil a los 170 mil pesos, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente.

Para los fabricantes de plástico, el decreto ha significado una pérdida de aproximadamente el 20% del mercado nacional, calculó José Cueto (presidente de la Sección de Fabricantes de Bolsas de Plástico de la Asociación Nacional de Industrias del Plástico) en entrevista con Milenio. Cueto considera que el problema es “la gestión de los residuos… busquemos alternativas que al final de su vida útil se puedan reciclar”.

Ante esta cuestión, el papel es uno de los sustitutos principales por ser el más rápido en descomponerse, pero, el proceso de producción podría descartarlo. Acorde al estudio realizado por la Asamblea de Irlanda del Norte en 2011 y expuesto en el artículo de la BBC Plástico o papel: ¿qué bolsas contaminan menos realmente?, “se necesita cuatro veces más energía para fabricar una bolsa de papel que para una de plástico”.

En el mismo texto, el análisis de la Agencia de Medio Ambiente británica reveló en 2006 que la bolsa de papel debe reutilizarse tres veces para ayudar al planeta; la de plástico, conocida como “bolsa verde”, tiene un máximo de cuatro. Lo anterior sugiere que será necesario talar bosques con mayor frecuencia. La Agencia concluyó que “es poco probable que la bolsa de papel pueda reutilizarse el número de veces requerido debido a su baja durabilidad”.

Ahora bien, la Agencia Ambiental de Reino Unido informó en su estudio del 2011 Evaluación del ciclo de vida de la bolsa de supermercado que los materiales más contaminantes en la elaboración de bolsas son el algodón: deja mil 800 gramos de desperdicio por cada mil unidades; y el polietileno de baja densidad genera 5 mil 850 gramos de desechos en una producción de mil piezas.

Según los resultados de ese análisis, recuperados por El Financiero, el poliéster emite 94.8 gramos de residuos en un lote de mil. En cuanto las bolsa que solían dar los empacadores en los supermercados, contaminan 418.4 gramos por cada mil fabricadas. Esto dos tipos de componentes son los que menos impactan al ambiente, al menos en su elaboración.

Si las opciones principales para sustituir al plástico son perniciosas para el medio ambiente, ¿cuál es la solución? La Agencia recomienda reutilizar cualquier tipo de bolsa: “la de tela no tejida de polipropileno al menos 11 veces; y las de algodón 131 veces”.

Por una CDMX sin plásticos. Isabel del Valle

Por una CDMX sin plásticos. Isabel del Valle

Basura cero y la economía circular (informa)

Uno de los principales retos es concientizar a la gente, por esa razón la Secretaria del Medio Ambiente creó la iniciativa Basura cero, con la que busca aprovechar 10 mil toneladas de residuos sólidos en vez de 4 mil. Se espera que con las campañas permanentes de comunicación educativa, el reconocimiento a los trabajadores y los eventos de promoción, la ciudadanía se sume a las acciones.

La meta para el reciclaje es que en seis años se puedan tratar 3 mil doscientas toneladas en vez de la las mil novecientas del año pasado. Si la CDMX cumple con las medidas estipuladas, en el 2030 el problema residual será historia.

Otra estrategia para reforzar la reutilización de los plásticos es la economía circular, en la que se aspira a alargar la vida de los productos. De esta manera, el restringir las bolsas de un solo uso “implica el cuidado del ambiente… así como la posibilidad de incorporarlos a una economía circular a partir de que los fabricantes se responsabilicen de su producción”.

Daños colaterales

Después de 42 años, Ricardo Durán llega al supermercado más cercano, se para frente a la caja de cobro y ordena sus compras, pero ya no escucha el murmullo agudo del plástico, son las rasgaduras de la tela lo que percibe. Al terminar mira al empacador y le da una moneda. “Su trabajo es valioso”, me dice.

Para Estela Moreno, de 68 años, la apreciación a su trabajo voluntario en la Comercial de las Armas (CDMX), es precaria. “Antes de esto [la prohibición de las bolsas plásticas] ganaba 200 pesos al día; ahora gano 100 o 150”. Su compañera Josefina Mejía asegura que “la gente avienta las cosas y no te deja ponerlas en las bolsas, así no te pagan”.

Leo Marcial carga una lista de asistencia, ve a sus compañeros irse sin perder la noción de donde escribir la hora de salida mientras responde: “era un problema con las bolsas, era necesario prohibirlas, ya ve cómo está el problema”.

El señor Marcial, de 73 años, labora 4 horas y media, y admite que los ingresos para los empacadores han bajado. “A uno de la tercera edad ya no le dan trabajo, estaría bien que el gobierno hiciera alguna campaña para ayudar”.

El pasado 8 de enero, de acuerdo con Chilango, la Comisión Permanente del Congreso capitalino aprobó solicitar a los titulares del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores y a la Secretaría de Trabajo y Fomento al Empleo capitalinos “establecer medidas y acciones para vincular a empacadores con el sector productivo”.

El objetivo de la propuesta hecha por los panistas Gabriela Salido y Héctor Barrera es concientizar a los consumidores y exhortarlos a pagar el servicio de los empacadores.

El bucle (reutiliza)

Tanto los entrevistados como las fuentes de consulta en este texto han concordado en una conclusión: reutilizar las bolsas es la respuesta, sin importar de qué estén hechas. El medio ambiente está en una cuenta regresiva hacia un daño irreversible, el 2030 es la cita con un futuro sin basura plástica.

Solo queda esperar que la humanidad sobreponga la vida del planeta ante los intereses comerciales. Reemplazar las bolsas de plástico por otros productos significaría entrar a un bucle generacional, conscientes de que fuimos, somos y seremos nuestros verdugos.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.
El hombre hembra, Joanna Russ

 Durante años he estado diciendo: Déjame entrar, Quiéreme,

Acéptame, Defiéndeme, Regúlame, Valídame, Sostenme.

Ahora digo: Hazme sitio.

Joanna Russ, El hombre hembra

 

Durante el siglo XX se consolidó la ciencia ficción, territorio con predominancia masculina en el que sobresalieron escritores como Ray Bradbury e Isaac Asimov, y cuyos temas recurrentes no distaron de los otros géneros literarios, pues los protagonistas eran varoniles e intrépidos mientras que los personajes femeninos eran ornamentos o simples víctimas. Se trataba de una narrativa escrita por hombres para hombres.

Fue hasta 1970, durante la tercera ola del feminismo, que varias autoras hacen suya esta ficción, el sitio ideal para irrumpir y trastocar el futuro a partir de la crítica social: literatura escrita por mujeres para mujeres. Ellas lo tenían claro, la forma más rápida y radical de terminar con los problemas del mundo del hombre era crear uno propio. Idear estos territorios exclusivamente femeninos remite a la época grecorromana y sus amazonas, las guerreras con un imperio que confrontaba a los héroes griegos.

Una de esas escritoras fue Joanna Russ (Nueva York, 1937-2011), feminista y académica enfocada en los estudios de género, ganadora del Premio Nébula al mejor relato corto en 1972. En 1975 publicó la novela The Female Man con la editorial Bantam Books (traducido en español como El hombre hembra [Bruguera, 1978]), cuya trama es vigente. En 1983 obtuvo el Hugo, año en el que vio la luz su ensayo Cómo acabar con la literatura femenina, en el que aborda la censura y el rechazo al que las literatas se han enfrentado durante siglos.

Otro ejemplo de lo anterior fue Ursula K. Le Guin, quien en 1969 escribió La mano izquierda de la oscuridad, novela representativa de su generación. Russ y Le Guin formaron parte de un grupo de creadoras que continuaron por la línea de la ciencia ficción feminista instaurada por Charlotte Perkins en 1915, durante la segunda ola del feminismo, con la aparición de la novela Herland; misma que retrata una sociedad utópica sin varones en la que prevalece la paz.

En El hombre hembra, Russ se enfoca en cuestionar la feminidad y la hombría, en rebatir al machismo y su “inquieta agresividad” hacia la mujer. La autora evidencia lo difícil que resulta sobresalir en un mundo de hombres (término que refiere a la humanidad entera) si no eres uno de ellos, privilegiados con el poder de decidir qué debe ser y hacer una mujer: casarse, tener hijos y “realizarse” cuidando de los demás, sacrificándose para criar a las futuras generaciones sin remuneración económica. En el remoto caso de que destaque en algún aspecto, su intelecto es demeritado si ella no logra compaginar su éxito profesional y personal, según los cánones del patriarcado.

Esta relevante obra está dividida en nueve secciones y es autorreferencial: Joanna, una de las protagonistas, describe el proceso de escritura de la novela y le ofrece al lector un texto que habla sobre sí mismo. Además, se caracteriza por un tiempo no lineal y un enfoque narrativo múltiple, una narradora protagonista que da voz a un personaje escindido.

La trama se construye con la vida de cuatro mujeres que en realidad son la misma, pero en diferentes tiempos y contextos. Russ enjuicia los roles y estereotipos de género donde lo masculino representa fuerza, dominación, inteligencia y agresividad y se rige por el ego, mientras que lo femenino encarna la sumisión, debilidad, ignorancia y pasividad y se guía por el sentimiento. La autora refleja la necesidad del hombre por someter, conquistar y atemorizar, de dominar y recluir a cualquiera que no perciba como a un semejante.

En cuanto a las protagonistas, la primera de las cuatro es Janet, quien viene de Whileaway, una tierra a diez siglos de distancia; esa sociedad está constituida por mujeres que se han reproducido a partir de la fusión de óvulos, pues una plaga acabó con los hombres. Esta utopía no cuenta con gobierno ni con un sistema económico, pero tienen su propio idioma y un Dios llamado “Ella” y otro tipo de instituciones. La familia nuclear está compuesta al menos por treinta miembros. Esta nueva comunidad cercana a la perfección se basa en el respeto y en la sabiduría. Para saber cómo son otras civilizaciones, realizan un experimento en el que envían a Janet a Estados Unidos durante la década de los 70.

La segunda es Jeannine, quien vive en una ucronía en el Nueva York de los años 70 (en una Gran Depresión perpetua). Su pueblo atestiguó el asesinato de Hitler en los años 30, lo que evitó la Segunda Guerra Mundial. Ella cuestiona (siempre por lo bajo y en su mente) las convenciones sociales; no quiere subyugarse, casarse y tener hijos para poder ser feliz y sentirse realizada. Este orden machista ejerce tal represión y condicionamiento hacia las mujeres que Jeannine se considera incapaz de vivir en un lugar donde “la contribución de él es Dame confianza; la de ella Dame existencia”. No se identifica con lo que es “ser mujer”, y murmura constantemente “este no es mi sitio”.

La tercera es Joanna, situada en la misma realidad de Jeannine. Ella persigue el éxito reservado para los hombres y está en desacuerdo con los patrones impuestos por el género: problematiza los roles en la población y se niega a conformarse, por lo que se convierte en el hombre hembra; una persona con cuerpo de mujer que se comporta y piensa como su opuesto. No busca ser una “versión femenina” del héroe, sino ser El héroe.

La cuarta es Jael, quien vive en una distopía: un mundo en guerra desde hace más de cuatro décadas, una Tierra posterior a la de Jeannine y Joanna, pero anterior a la de Janet, en la que la plaga terminó con la mitad de la población y un conflicto bélico eliminó a los desamparados. Después, los territorios se dividieron en Manland, o el país de los hombres, y Womanland, la nación de las mujeres. Jael es un arma mortal modificada genéticamente que se llama a sí misma “vampira”, duda que los varones sean seres humanos y afirma que ellos le temen tanto a la dualidad que esto merma su inteligencia. “Hay que superar generaciones de condicionamiento. Quizá en una década”, dice un sujeto poderoso de Manland. “Quizá nunca”, es la respuesta de Jael, pues sabe que la igualdad de género y la abolición del machismo parecen imposibles. Se refiere a Manland como “…ese mundo sin mujeres perseguido por los fantasmas de millones de mujeres muertas…”.

En nuestro siglo XXI, a más de cuarenta años de haberse publicado El hombre hembra, parece que esa Tierra es la más cercana a la nuestra.

Conforme avanza la trama, las cuatro (llamadas “las Jotas” por Jael) se encuentran y dialogan, exponiendo diferencias extremas de sus sociedades y reconociendo las injusticias y la violencia a las que, de alguna u otra forma, están sometidas en tres contextos. A pesar de que comparten el mismo genotipo, su fisionomía es disímil porque cada una se ha adaptado a un modo de vida distinto: son “cuatro versiones de la misma mujer”, o la Joven, la Débil y la Fuerte, según Jael (quien sería la ágil).

En estos universos de probabilidad, las Jotas visitan futuros y pasados ajenos a ellas, lo que anula la conocida paradoja del viaje en el tiempo. Russ argumenta la existencia de estos multiversos o probabilidades continuum debido a la infinidad de posibilidades a elegir que se nos presentan a diario.

La autora incluye también otros elementos fantásticos como la evanescencia, la existencia de autómatas sexuales y la transformación de Joanna en ente, fantasma o conciencia que narra varias escenas como testigo; una de ellas es un detallado encuentro erótico entre Janet y una joven estudiante que rechaza igualmente las imposiciones patriarcales.

Russ nos da una lección mediante la parodia y el humor negro, fusiona con maestría lo cómico y lo trágico. Inmersa en el análisis de las relaciones de poder entre géneros y su construcción colectiva e histórica, base del entramado social, retrata con ironía a un mundo que se burla de las feministas e invalida su lucha aduciendo que es innecesaria.

A través de casos concretos a los que llama “juegos de sometimiento” como: Tengo que Impresionar a Esta Mujer o La Carrera de la Dominación, evidencia la indignación, la violencia, el menosprecio y las humillaciones que han imperado en el trato hacia la mujer. Expone la rabia y frustración que estas prácticas generan y que suelen interpretarse como locura, lo que ayuda a que la opinión y la voz femenina sean invalidadas de forma pública, invisibilizándolas: una de tantas conductas agresivas perpetuadas junto al acondicionamiento para la obediencia, la sumisión y la dependencia, lo que significa negar su humanidad.

El hombre hembra, novela contestataria, incómoda y necesaria, surge del rechazo hacia el abuso y de la furia que nace de la opresión, es un grito que busca justicia, reconocimiento y una libertad vedada desde siempre.

Russ establece tres fases esenciales para lograr un cambio: la primera es evidenciar, lo que conlleva a la segunda, objetar, y, posteriormente, a la tercera, actuar. Propone que las mujeres se salven a sí mismas, que sean sus propias heroínas.

Finalmente, si al igual que Jeannine, sentimos que este no es nuestro sitio, hagamos lo posible por habitarlo de la mejor manera posible. En palabras de Russ, “Recordad: todas cambiaremos. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, todas seremos libres. (…) Seremos nosotras mismas”.


Autores
(Querétaro, 1987) es autora de los libros de cuentos Tusitala de óbitos, El vals de los monstruos, Tristes sombras y Despojos.