Hace unos días, durante la presentación de un libro, alguien me contaba que en una librería —cuyo nombre he preferido omitir deliberadamente— la sección de literatura erótica había sido substituida por una de literatura feminista.
En la actualidad ya no sorprende cómo el mundo de la literatura —a través de becas, talleres, premios y editoriales— nos ha agrupado a las escritoras de algún pueblo indígena dentro de las llamadas literaturas indígenas.