Quizá yo también lo conocí. Se llamaba Elliot Rodger y tendría mi edad de no haberse suicidado tras escapar de la policía. Había asesinado a siete personas en las inmediaciones de la Universidad de Santa Bárbara, en Isla Vista, California. Era 2014, y los dos teníamos 22 años, una edad en la que ya es tarde para suicidarse por falta de atención, pero en la que todavía estás a tiempo, si te lo propones, de matar a alguien más por la misma razón. A Elliot se le pasó la oportunidad de desaparecer precozmente, por lo que tuvo que esperar unos años para fortalecer su baja autoestima. No digo que el chico no haya intentado quitarse la vida antes, sobre todo en la secundaria, cuando las chicas de su salón lo tildaban de raro y no tenía más remedio que desahogarse en internet junto a otros hombres como él, que no sabían qué hacer cuando esas mismas chicas los rechazaban.
A inicios del 2000, en internet había foros y salas de chats por montones, sitios destinados para incitar el intercambio entre los usuarios de anécdotas, comentarios, ideas, opiniones, secretos, en fin, todo lo que supieran sobre un tema en concreto, sin la necesidad de erigirse como líderes de opinión –algo que más tarde vendría con la web 2.0 y las redes sociales–. Si en la “vida real” no eras tan cool, en el “ciberespacio” podías encontrar al menos una comunidad con la cual compartir los más extravagantes intereses. Más o menos así nacieron Reddit y 4chan. Con el tiempo, y sin que este haya sido su propósito original, estos foros se convirtieron en el semillero de resentidos sociales que aprovechaban el anonimato para describir sus frustraciones. Bajo el elocuente nickname de Anonymous, muchas personas entraban para fraguar venganzas o esparcir sus hipótesis más perversas sobre la sociedad. Debido a mi carácter, inestable y disperso, me cuesta trabajo definir una postura respecto a casi cualquier cosa, incluida la manera en que son y se comportan los hombres. Incluso cuando utilizo hombre para referirme a la humanidad, sé que algo queda fuera, por más que insistan quienes opinan que el hombre como masculino genérico incluye a todos y a todas.
En mi adolescencia, habiendo probado ya las mieles de la pansexualidad delante de la webcam, a menudo me preguntaba si realmente era necesario comportarme como varón (lo que sea que esto signifique) en un mundo donde el anonimato me permitía, en cambio, experimentar con otras expresiones e identidades. Era divertido y, a su modo, placentero. Sin embargo, mientras algunos estábamos ocupados imaginando vidas paralelas, otros –hombres jóvenes en su mayoría– aprovechaban el anonimato para defender su “verdadera esencia”. Se hacían llamar incels y aún existen, aunque ya no solo en los márgenes de internet. Paradójicamente, la historia de estos hombres tiene orígenes femeninos.
En los noventas, una mujer llamada Alana acuñó el término incel para referirse a la comunidad a la que pertenecía. Los miembros se distinguían por no encontrar pareja debido a su inseguridad. Al inicio Alana quería llamar a su comunidad “Vírgenes solitarios”, pero creyó que era ofensivo y optó entonces por Involuntary Celibates, expresión completa del acrónimo incels (“célibes involuntarios” en español). La virginidad de los incels es directamente proporcional al rencor que les guardan a las mujeres. No pasó mucho tiempo para que algún hombre la usara en 4chan por primera vez para referirse a sus fracasos amorosos y hacer pública su misoginia. Lo más interesante del asunto es que tiempo después se desataron diversas versiones sobre la sexualidad y el género de Alana. En algunos sitios cuentan que era bisexual, otros dicen que era una mujer trans y otros más que era queer. Pareciera que su indefinición se burlara de los esfuerzos de aquellos hombres obsesionados con defender las virtudes masculinas.
Como toda comunidad en internet, los incels tienen sus propios códigos e incluso una jerga compuesta por términos que utilizan para catalogar a quienes no son como ellos, esos otros que siempre son el problema. Los Chads y las Stacy son, respectivamente, hombres y mujeres tan atractivos que no necesitan esforzarse para encontrar a su media naranja, en una sociedad que los promueve como modélicos estilos de vida. Según la mentalidad incel, su aspecto les facilita las cosas en una sociedad que aspira a ser como ellos. Por años, los incels han respondido con creces a las preguntas planteadas por una masculinidad que creen conocer a fondo. Construyeron una lógica condescendiente con sus propias creencias, una perspectiva del mundo en el que ellos por fin toman el control. Sin embargo, más que descifrar los códigos masculinos, protagonizan una sociedad a su medida. Se han hecho de una habitación propia donde duermen arrullados por sus propias certezas.
Antes de que Rodger se convirtiera en mártir del movimiento, la palabra era el único catalizador de emociones destructivas que tenía a su alcance, en la secundaria, para drenar su propia agresividad. El día de la masacre en Isla Vista, Rodger subió a YouTube un video de casi siete minutos con el título Elliot Rodger’s Retribution, donde explicaba las razones que lo llevaron a vengarse del modo en que lo hizo. Entre sus víctimas se encontraban tres hombres que compartían departamento en una hermandad muy cerca de la universidad, al igual que tres mujeres que también vivían juntas. Otra mujer, en una cafetería cercana, se uniría a la lista minutos después. De este modo Rodger había concertado su Retribution’s Day: un acto de rendición de cuentas, una purga de los malos ciudadanos. Esos “malos ciudadanos” comprendían al género femenino, particularmente a las mujeres que se habían negado a intimar con él, así como a los hombres atractivos y musculosos y a las parejas interraciales, pues Elliot no toleraba que un negro, un chino o un mexicano tuvieran más sexo que él y, peor aún, con las mujeres que le pertenecían únicamente por ser su paisano.
Además, desde muy chico llevó una especie de diario titulado My Twisted World, que hasta el día de hoy algunos consideran el manifiesto de la virilidad oprimida. A la manera de una bildungsroman, Rodger relata a partir de su nacimiento hasta la planeación de su castigo, recordando cada tanto las vejaciones y rechazos constantes por los que atravesó desde que llegó a este mundo y tomó conciencia de su maldad. Son más de 100 páginas que, con un editor visionario, pudo haber ocupado las mesas de novedades días después de que llevara a cabo la matanza por la que se le recuerda. Lo cierto es que no creo que My Twisted World pertenezca a la no ficción. Al contrario, la imaginación de Rodger se desborda en busca de una imagen en particular: la de la víctima que se redime tras vengar su agravio. Su historia tiene más ficción que realidad. No me refiero a que haya mentido, al contrario, su relato es tan creíble para él, tan nítido y cierto, que mentir habría sido faltar a la verdad. Su verdad. Ya desde las primeras líneas hay un tono que persiste hasta la última, con la que incluso cierra el libro de un modo por lo demás sugerente: “Finally, at long last, I can show the world my true worth” (Por fin, puedo mostrarle al mundo mi verdadero valor).
Para él, pasar desapercibido era una manera de confirmar que los demás se estaban perdiendo de su “verdadero valor” (en la primaria lo llamaban “Quiet Kid”). En cambio, para mí fue un modo de encontrar el mío. A los trece años, yo quería descubrirlo con ayuda de internet, mientras que Rodger lo tenía muy claro y no podía perder tiempo dudando. Éramos adolescentes que buscamos refugio en las salas de chat, en los foros virtuales, en los videojuegos multijugador como World of Warcraft (WoW). Elliot podía pasar todo el verano jugando en casa de su madre, sobre todo luego del divorcio y de que la casa paterna se convirtiera en una cárcel para él. Su estancia en las salas de chat de las que habla en su libro, las fotos que un amigo suyo le mandó de mujeres desnudas, los gráficos de Halo que se convertiría en su videojuego favorito, la poca atención que le prestaban las chicas cuando salía a jugar en comparación con la que recibían otros chicos más apuestos que él… Elliot Rodger era un adolescente inadaptado como yo, ¿por qué entonces asesinar en vez de suicidarse, como lo haría cualquier adolescente inseguro y deprimido que se respete? Porque para los hombres como él, los demás siempre han sido el problema.
Días después de la Masacre de Isla Vista, algunos hombres comenzaron a llamarlo San Rodger, entre ellos Alek Minassian, quien años más tarde pondría en práctica el mandato de su ídolo. El 23 de abril de 2018, con veinticinco años, Minassian atropelló a veinticinco personas –de las que solo sobrevivieron quince– en condiciones más o menos parecidas a lo ocurrido en California. Sin embargo, esta vez detrás del ataque había un motivo de orden superior. Minassian dejaría un mensaje en clave militar para el recuerdo:
El soldado (recluta) de Infantería Minassian 00010 desea hablar con el sargento 4chan, por favor. C23249161. ¡La rebelión de los incel ya ha comenzado! Derrocaremos a todos los Chads y las Stacys. ¡Saluden todos al supremo caballero Elliot Rodger!
Tanto Rodger como Minassian son protagonistas en un relato para nada nuevo. Sus historias pertenecen a una constelación narrativa como un capítulo más de la violencia sistemática que se vive a diario. Sus biografías bien podrían venderse como bestseller, y seguramente en el futuro alguien decida publicarlas y haga dinero a costa de un par de adolescentes confundidos. Más que un testimonio, ambos personifican la invención del héroe modélico para el que los demás son el origen de todos los males. Cuando finalmente esos hombres reunidos delante de una pantalla aceptaron que morirían por su causa, defendiendo a muerte su propia virilidad mancillada, dejaron de pertenecerse a sí mismos y crearon la imagen del incel que hoy conocemos: un hombre que solo le pertenece a otros hombres.
Naturalmente, cuando los incel reclaman sexo se refieren únicamente al coito heterosexual. Pero la falta de sexo no es su único problema. Si fuera así, en cada foro las amenazas contra las mujeres alternarían con propuestas homoeróticas entre los participantes. Tal vez alguno de estos hombres desarrollara con el tiempo una filia que consistiera en excitarse con los lamentos de otros hombres. Seguramente aquel se masturbaba frenéticamente mientras leía las historias de rechazo de los demás. Un incel llora únicamente delante de otros hombres. Hacerlo con una mujer no resulta placentero. Casados con su imagen de víctimas, de tener enfrente a una chica, podrían decepcionarse de sí mismos y de lo que habían imaginado. No querrían desperdiciar sus lágrimas, como si de semen se tratara, frente a una mujer. Lo harían, por el contrario, entre más hombres como ellos, hombres que también lloran, pero solo frente a una pantalla y en compañía masculina. El llanto funciona igual que la eyaculación: con una imagen que cala hasta el fondo de nuestras fantasías. Los muertos ya no lloran ni se masturban, por lo que mantener el deseo significa seguir vivo, y estos hombres quieren seguir vivos, siendo lo que son, perteneciendo a donde pertenecen, elucubrando planes que a última hora no cumplen porque es más cómodo quedarse en casa y no arriesgarse a perder lo único que les queda: su condición erótica de víctimas.
Por eso Rodger, el primer mártir en morir por la causa incel, fue santificado inmediatamente. Lo habían despojado de toda atracción sexual. Su carencia de sensualidad permitía que se le viera como un santo. Rodger marcó la ruta hacia un único destino: el de la trascendencia. A menos que estos mismos hombres decidan morir en vida, esto es, renieguen de sí mismos y cambien –en definitiva, se vuelvan más humanos– seguirán siendo los mismos hombres de siempre.
Hace unos días estaba aburrido y quise adentrarme lo más que pudiera en las profundidades de internet. Hice un recorrido por algunas páginas relacionadas con los incels, incluidas 4chan y Reddit, de donde fueron vetados no hace mucho. Sin embargo, estos hombres no se dieron por vencidos y diseñaron su propio sitio web, www.incels.co. A la manera de aquellos foros, en su webpage tejen hilos de discusión sobre temas como la masculinidad ultrajada de la que, según parece, todavía tienen mucho que decir. También encontré comentarios de hombres que insinuaban violaciones como castigo a las mujeres que los habían rechazado; hombres que vendían fotos íntimas de sus compañeras de clase; hombres que hacían tutoriales de conquista; hombres que presumían haber abusado de sus hermanas, primas, sobrinas. En definitiva, hombres más hombres que humanos.
Si el odio hacia las mujeres los une es porque su masculinidad no es suficiente. Para poder definirse necesitan de un enemigo en común, en este caso son todas y cada una de las mujeres que los han rechazado. Que les dijeron que no, y ellos no pudieron vivir con la negación pues los hacía sentir incompletos, carentes de algo, poco-hombres. Aventurarse a lo desconocido, a las profundidades de lo distinto, los mostraría vulnerables, y su vulnerabilidad terminaría por desactivar su automatismo. Los incels son peligrosos no solo por su misoginia y sus amenazas, sino por la imagen viril que insisten en preservar. En su masculinidad no existe el tal vez: eres o no eres hombre; vives –y sobre todo, mueres– o no como uno.
El 26 de enero se cumplen tres décadas en la que Jaalle Mohamed Siad Barre (1910-1995) fue depuesto como presidente de la República Democrática de Somalia (1969-1991), ello es digno de mención pues dicho evento marca un hito en el desarrollo estatal de aquella nación en el cuerno de África. Posterior al derrocamiento de Barre, el país se sumergió en una guerra civil prolongada que requirió de la mediación de la ONU y EE. UU, en pleno auge hegemónico internacional después de la Guerra Fría, con resultados poco satisfactorios.
A inicios del S.XXI Somalia se encontraba descentralizado como gobierno y desarticulado como estado. Carecía de un estado funcional capaz de tener control legal y político de su territorio, abandonando a su población. Dejando a los “señores de la guerra “como el principal poder en el territorio. No obstante, es preciso hacer una breve recapitulación histórico-política que nos permita comprender el rol de Barre en la construcción estatal somalí; el porqué de su precaria situación actual; y la importancia geoestratégica pasada y contemporánea.
Retrato militar del general Mohamed Siad Barre 1970 (Foto tomada del archivo de Wikimedia)
Somalilandia: la lucha por Somalia
Hacia finales del siglo XIX, el territorio de la Somalilandia (hoy Somalia y Yibuti) se vio envuelto en una serie de conflictos entre diferentes potencias coloniales de la época: Reino Unido, Francia, Italia, Rusia y Etiopía, por el control de la región. Hasta ser dominada en un área de influencia dividida; por un lado, los ingleses (Somalilandia británica) controlaron el norte del territorio.
Más al occidente, los franceses controlaron (Somalilandia francesa/hoy Yibuti) junto con Yemen, el estrecho de Bab el-Mandeb (enclave estratégico entre el Mar Rojo, el Golfo de Adén y el Mar Arábigo), tras el cual pasarían más de la mitad de los energéticos (petróleo y gas natural) que hoy se consumen en el mundo pero que ya en ese entonces comenzaban a ser importantes en la economía global. Finalmente, una tercera porción sureña de Somalilandia quedó en poder de los italianos (Somalilandia italiana).
Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen fascista italiano (1922-1943) invadió la mayor parte de esta región e incluso a Etiopía y Eritrea, pero luego de ese breve lapso los ánimos independentistas comenzaban a formarse. En este periodo entra en escena Siad Barre, pues colaboró tanto en la operación militar italiana de expansión territorial, y después con la administración militar posguerra (1945-1960) de la Somalilandia británica y la Somalilandia italiana que estaría primero bajo mandato británico y posteriormente administrado por Italia y la recién formada ONU. Hacia 1960, se decidieron fusionar ambas Somalilandias (dejando fuera a su par francés) para volverse independiente bajo el nombre de “República somalí”.
Somalia y Barre
Desde los primeros años de la Somalia independiente, el país tuvo que luchar contra las ambiciones británicas, francesas, y etíopes en las regiones de Kenya y Yabuti para impedir una unificación mayor del territorio que traspasara sus fronteras originales bajo un fuerte sentimiento nacionalista y pan-somalí (que pugnaba por incorporar a otras etnias afines al país en el extranjero inmediato). Durante dicho periodo, y ya en plena Guerra Fría (1945-1991) el gobierno somalí decidió estrechar los lazos militares con la URSS, mientras que sus vecinos circundantes fueron apoyados por EE. UU y Gran Bretaña. Cabe mencionar que, como toda nación en proceso de independencia, o ya independiente, la mayoría se vería absorbida por dicho enfrentamiento entra las superpotencias y sus aliados. No solamente en la región de África, sino en todo el mundo durante gran parte del siglo XX.
Para 1969, el gobierno precedente de Mohamed Egal (1967-1969) había sido incapaz de concertar las fuerzas pan-somalís que se debatían la conducción del país. En el inter, el candidato triunfador de las elecciones presidenciales de 1969, Abdirashid Ali Shermake, fue asesinado a finales de 1969. Ello motivaría un golpe de Estado orquestado por los militares nacionales (otro rasgo definitivo de la historia africana en la Guerra Fría y en la actualidad) que buscaban dar un nuevo rumbo al país, entre ellos, Barre.
Entre 1969 y 1974, el gobierno encabezado por Barre, a través del Consejo Revolucionario Somalí, fundó la República Democrática Somalí. Y lanzó una campaña de modernización del país montada en el precepto ideológico del “socialismo científico” (estudio de tendencias histórico-sociales a partir del método científico), en la cual el estado asumió control de áreas críticas de la economía, como lo son la agricultura y la ganadería; combinado con medidas de unificación nacional, desarrollo económico, sedentarización de tribus nómadas y la revolucionaria incorporación del alfabeto latino para el idioma somalí. Así como una “des-clanificación”1de las relaciones político-sociales en el país.
Ello provocó resistencia de los líderes musulmanes locales debido al papel emancipado de la mujer, sin embargo, ello fue mantenido bajo control por el gobierno de Barre durante bastante tiempo. El carácter revolucionario de la administración de Barre estuvo fuertemente influenciada por la URSS, Corea del Norte y China, específicamente en la creación de agencias de adoctrinamiento y un fuerte culto a la personalidad del líder nacional. Inclusive llegó a incorporar elementos Nasseristas2en su ideario, generando narrativas extraordinarias en las que el propio Barre era concebido por el pueblo somalí como un “padre benevolente de una nación cuya madre era la gloriosa revolución”3
Pero, este acercamiento hacia el mundo socialista pronto sufriría un periodo de distanciamiento, quiebre y alejamiento por parte de Barre entre 1974 y 1978, pues aquellas potencias decidieron apoyar a Etiopía en el renovado conflicto de los nacionalistas somalís en el este del territorio llamado Guerra del Ogadén (1977-1978) y también en el oeste de Somalia. Este llevaría al gobierno de Barre a cortar cualquier relación y apoyo con el socialismo (a excepción de China y Rumania), buscando así nuevos apoyos en occidente, específicamente EE. UU. Sin embargo, la ayuda no sería como el líder esperaba en términos cualitativos ni cuantitativos.
Luego de un infructuoso golpe de estado contra Barre en 1978, este decidió emprender medidas más liberales para ganar el favor y apoyo del mundo euroatlántico. Sin embargo, ello no generó muchos resultados en el exterior, y tampoco en la condición interna del país, ya que se deterioraba paulatinamente, especialmente en el sector económico y social debido a la ruptura socialista. Ante ello, se adoptaron medidas más restrictivas de administración y la supresión de los movimientos tribales/islámicos fueron fuertemente suprimidos. En cambio, la resistencia contra el gobierno de Barre se acumulaba gradualmente, especialmente en toda la zona de la Somalilandia británica.4
Entrada la década de 1980, los problemas internos del país aumentaban, la economía no mejoraba y los préstamos de las instituciones financieras occidentales no eran suficientes para asegurar el crecimiento de Somalia. Aunado a ello, en 1986 Barre sufrió un accidente automovilístico que casi le cuesta la vida, por lo cual tuvo que depender cada vez más de otras figuras para ejercer el poder efectivamente.
Para 1988 se firmó la paz con el territorio vecino de Etiopía y se normalizaron las relaciones entre ambos países, renunciando al sueño del pansomalismo, pero se sellaba también el declive y desenlace del régimen de Barre, pues los rebeldes de Ogadén y el norte de Somalia vieron aquello como una traición a su lucha y se lanzaron al derrocamiento del régimen somalí concurrente entre 1988 y 1991. Con altos costos civiles y miles de desplazados al interior del continente, Europa y EE. UU.
Las facciones contra Barre se multiplicaron y generaron la pérdida de control primero en el norte del territorio y poco a poco fueron atrincherando al gobierno hacia la capital, Mogadiscio. Especialmente el Congreso Unido Somalí, basado en una estructura de clanes y cuyo líder principal, el General Aideed se encargarían de derrocar y expulsar a Barre para finales de enero de 1991. A lo anterior sobrevendrían décadas de inestabilidad, violencia y muerte para el país.
Somalia sin Barre
Posterior a la caída de Barre, diversos clanes se disputaron cruelmente el control de los restos del territorio de Somalia, ello suscitó un nuevo fenómeno en el país pero ya conocido en el continente y en muchos otros lugares del mundo previa a su unificación en un estado nación con el monopolio legítimo y exclusivo de la violencia: el caudillismo encarnado en los contemporáneos “señores de la guerra” (warlords) en África en los que su poder está sustentado en líneas de clan o linaje, y poseen el control de un territorio determinado en lugar del gobierno central. Derivado de dicho conflicto un estado no reconocido (por la ONU, ni ningún otro país) decidió declararse independiente de Somalia el 18 de mayo de 1991 llamándose así Somalilandia, el cual abarca la mayor parte del territorio de la Somalilandia británica.
La situación era insostenible al final de la Guerra Fría y en 1992 la potencia hegemónica triunfante, EE. UU decidió convocar a una operación de paz para resolver el conflicto en suelo somalí con la ayuda de tropas propias y derivadas de la ONU, que entre 1992 y 1995 trataron de sofocar los enfrentamientos entre las múltiples guerrillas en el territorio, que para ese entonces ya habían causado miles de muertos combatientes, muertos civiles y un millar de refugiados exiliados hacia otros países dentro y fuera del continente.
Para 1995 se había logrado establecer la paz y el control de la capital, pero para que la situación realmente se estabilizara tendrían que pasar muchos años más. Un gobierno interino, dos transicionales (uno de carácter nacional y otro federal) entre 2000 y 2012 para que en ese último año se convocara a una asamblea constituyente y en junio del mismo año se proclamara una nueva República Federal que se encargaría de ser el sustituto estatal del gobierno de Barre después de 21 años de inestabilidad política y un Estado no reconocido (Somalilandia) que posee hasta hoy en día control de facto del territorio.
Adicionalmente, no es de extrañar que Somalia desde hace mucho tiempo haya estado bajo la lupa de las potencias coloniales y de la confrontación bipolar, pues el elemento geográfico es fundamental para entender la posición geopolítica de Somalia en la actualidad. Ya que gran parte de su franja costera constituye un paso en el comercio internacional altamente transitado, y fenómenos como la piratería, suscitado a principios del año 2000 ante un gobierno central débil y preocupado por mantener la supremacía terrestre no pudo contener; y hubo de confiar en misiones extranjeras y de organizaciones internacionales para hacerle frente, incluso hubo casos en que contratistas privados hubieron de acompañar navíos mercantes ante la amenaza corsaria en la costa somalí y el golfo de Adén.
Para concluir, hemos de hacer énfasis en la importancia que la caída de Barre supuso no solamente para Somalia, sino para toda la región en general, pues tuvieron que pasar más de veinte años para que un gobierno medianamente unificado volviera a tomar el control de todo el país, ello sin exceptuar la solución que resta por resolver en la región norte. Y la cual seguramente requerirá, como en tiempos pasados, de la mediación de las actuales potencias mundiales y locales para lograr un desenlace favorable a todas las partes involucradas.
Fuentes
Fage, J.D y Oliver Roland eds., The Cambridge History of Africa Volume 8: from c. 1940 to c. 1975, Cambridge University Press, Reino Unido, 1984.
Metz, Helen Chapin ed., Somalia: A country study, Library of Congress. Federal Research Division, EEUU, 1993.
Ioan Lewis, Understanding Somalia and Somaliland: Culture History and Society, Columbia University Press, EEUU, 2008.
César Ríos en colaboración con Dea López “Fino antojito” (2020) Masa Medidas variables Serie de 50. Imagen: Cortesía del artista.
Los plagios creativos de Marcel Duchamp fueron decisivos para el devenir de las artes conceptuales a lo largo del siglo XX. Gran parte de los planteamientos artísticos que hasta la fecha presenciamos se enraízan en los gestos vanguardistas realizados por Duchamp a partir de su rechazo gradual al arte “retiniano” y “olfativo”. Sus famosos ready-mades incomodaban (y lo siguen haciendo) por su extrema ambigüedad.
Para Octavio Paz, “los ready-mades no son antiarte, como tantas creaciones modernas, sino a-rtísticos. Ni arte ni anti-arte sino algo que está entre ambos, indiferente, en una zona vacía”. [1] Al abandonar las convenciones de la pintura, Duchamp enalteció la actividad intelectual del arte y puso en tela de juicio su destreza técnica:si la ejecución de sus ready-mades requería un mínimo esfuerzo, otras obras le ocuparon más de diez años.
La huella de Duchamp sobre el arte contemporáneo latinoamericano ha sido decisiva. Es una constelación fascinante que se extiende de este lado del continente: desde el minimalismo humorístico del cubano Wilfredo Prieto (1978), pasando por los tributos explícitos del colombiano Álvaro Barrios (1945), hasta las creaciones post-pictóricas del argentino Guillermo Kuitca (1961). [2]
¿Qué relato podríamos contar sobre Duchamp desde México? ¿Cuál fue su vínculo con nuestro país? Documenta el biógrafo Calvin Tomkins que, en 1957, Duchamp y Teeny, su esposa, realizaron un viaje de tres semanas que empezó en la Ciudad de México y Cuernavaca, en compañía de Olga y Rufino Tamayo; posteriormente, la pareja visitó Oaxaca y sitios arqueológicos en Yucatán. [3]
Afirmar que se trató de un viaje estrictamente vacacional sería menospreciar un valioso dato biográfico. Aunque no la podemos equiparar con su estancia en Argentina en 1918 — de mayor duración y más intrigante para la crítica especializada, debido a su intensa actividad como ajedrecista y fecunda inactividad como artista — aquella visita por México podría servir como un relato paralelo del arte moderno nacional. El relato queda pendiente y amerita un estudio aparte.
En la actualidad, son los artistas contemporáneos quienes inventan nuevos significados en torno a la figura de Marcel Duchamp y su pertinencia en el contexto artístico nacional. En el último año he presenciado un “giro duchampiano” en el arte contemporáneo mexicano que comienza, curiosamente, en las ferias de arte. En la última selección para Salón ACME predominaron formatos portátiles, algunos derivados de objetos cotidianos e industriales, en consonancia con aquello que Duchamp llamó ready-made.
Buen ejemplo fue Sansón (2020), escultura de la artista Claudia Rodríguez (Ciudad de México, 1966). Parecía una clara alusión a uno de los más célebres ready-mades de Duchamp: Comb (1916), peine de acero con un extraño acertijo inscrito al costado.
Claudia Rodríguez “Sansón” (2020) Bronce 17 x 4 x 0.50 cm 3/5 Imagen: Carlos Díaz Corona.
Rodríguez opta por una estrategia típicamente duchampiana. La materialidad de su peine engaña al ojo, un guiño sutil a Why Not Sneeze, ¿Rrose Selavy? (1921), ready-made compuesto por una serie de materiales desconcertantes, incluyendo una serie de cubos de mármol que asemejan terrones de azúcar. Dos ingeniosas y falsamente ligeras esculturas que miden casi lo mismo y que juegan con su aparente liviandad. Sansón, con un clavo en medio de los dientes, realiza una demostración hercúlea de su propia tensión como objeto escultórico.
El giro duchampiano excede los confines del circuito de las ferias de arte, instalándose en el espacio público y en las economías informales, recorriendo un itinerario de China a la Ciudad de México o albergándose como archivos en la esfera digital. Las reinterpretaciones serán, valiéndome de términos provenientes de la música, covers, bootlegs o copias piratas; también mash-ups o remixes. Algunas evocan el ritmo de la cumbia y la atmósfera de los sonideros. Otras, en cambio, parecen derivadas de la música electrónica formada por samples donde las huellas de procedencia se desdibujan para conformar un producto completamente nuevo.
Quesadillas bootleg y ready-made tropical
A mediados de diciembre del 2020, en el corazón de la ciudad de Oaxaca, el artista César Ríos (Cuernavaca, 1994) montó a lo largo de dos días un puesto de comida callejero donde, por cuarenta y cinco pesos, se podía adquirir una quesadilla frita que replicaba la forma de Fountain (1917) de Duchamp.
César Ríos en colaboración con Dea López “Fino antojito” (2020) Masa Medidas variables Serie de 50. Imagen: Cortesía del artista
El menú también incluyó una quesadilla en forma del perrito inflable de Jeff Koons y una serie de sopes en forma de logotipos de líneas de ropa como Lacoste, Louis Vuitton o Chanel. Un certificado empapado de aceite corroboraba la autenticidad de cada obra ya ingerida por el espectador-comensal (no faltó quien jamás reparó en que era un certificado y desechara el papel). Ríos hace del célebre ready-made duchampiano un antojito bootleg.
César Ríos en colaboración con Dea López “Fino antojito” (2020) Masa Medidas variables Serie de 50. Imagen: Cortesía del artista
La iniciativa surgió en Instagram en colaboración con la curadora Dea López, directora de CO.MERR (@co.merr), plataforma que propone una investigación conjunta entre la gastronomía y las artes locales oaxaqueñas. En contra de todo pronóstico para un proyecto de arte público en plena pandemia, la acción de Ríos se viralizó en cuestión de horas.
Los memes sobre la pieza dejaron relucir la ironía facilona y condescendiente de las redes sociales. No hay que abusar de nuestra imaginación para deducir que, si el urinario se hubiera exhibido en nuestra época, habría causado un sinfín de memes. Duchamp mismo anticipó los efectos escandalosos de la obra de arte, no solo con sus ready-mades, sino también con la exhibición pública de su pintura cubista Nude Descending a Staircase No. 2 en el Armory Show de 1913.
La quesadilla-urinario de Ríos arroja interrogantes en torno al trabajo manual. Pues, ¿cómo explicar las a veces desiguales diferencias (y también las coincidencias) entre el ingreso de un empleo formal y el trabajo del artista? Ríos no pretende resolver las contradicciones detrás de la pregunta, sino que amasa todas las respuestas en un solo objeto de arte seriado y de accesible consumo. Su experiencia familiar lo motivó a retomar las dinámicas detrás de las fondas mexicanas. “Le chingamos como si fuera un puesto de comida como tal”, sostiene Ríos. [4]
Pero la quesadilla escultórica no necesariamente se plantea como un código compartido por todos los comensales. No es un inside joke universal. A la acción asistió público no especializado que degustó, sin más, un extraño urinario de masa. Un urinario, pues, vaciado de Duchamp. Cosa que, por cierto, no le habría molestado a Duchamp. No olvidemos que, desde su aparición, Fountain rehúye a la legitimación autoral al erosionar con la firma la noción de genio creador (el artefacto venía firmado por el seudónimo “R. Mutt”).
Sin querer, el puesto quesadillero se transformó en un puesto de arte relacional, una excusa para detonar toda clase de conversaciones. Quiero pensar, no para “educar” sobre arte, sino para homenajear la iconoclastia duchampiana. Alguien entre la asistencia exclamaba: ¡Y pensar que este urinario coincidió con el fin de la revolución mexicana! Al apropiarse del urinario solemnizado por las instituciones museísticas, la garnacha de Ríos colapsa nociones como el elitismo y el gusto. Duchamp, que alguna vez sentenció que la “gran aspiración de su vida era reaccionar en contra del gusto”, habría simpatizado. [5]
Si la obra de Ríos desplaza a Duchamp a una fonda improvisada, el trabajo de Chavis Mármol (Apan, 1982), reinstala al ready-made en el contexto de un mercado mexicano. Como parte de la exposición colectiva Cronofagia en Islera, el artista hidalguense recreó Bottle-Rack (1914), primer ready-made de Duchamp, ornamentado con frutas del Mercado de la Merced. [6]
En Ready-made para mercado (2020), Mármol invierte la des-funcionalización a la que Duchamp sometió a su objeto encontrado. Como diciendo que, en el contexto latinoamericano, el portabotellas podría servir para cualquier cosa, en este caso de frutero. Su propuesta descubre puntos de contacto con el “rasquachismo”, sensibilidad estética en la que, de acuerdo con Tomás Ybarra-Frausto, los objetos residuales considerados inferiores (low-brow) reciclados indiscriminadamente en el espacio doméstico forjan la identidad colectiva chicana. [7]
Chavis Marmol “Ready-made para mercado” (2020) Metal y fruta 120 x 90 x 90 cm Créditos: Cortesía del artista
Meses después, la réplica de 120 x 90 cm del Ready-made para mercado se adaptó a una edición seriada de 40 cm que se exhibió en el marco de la Feria FAMA en Monterrey. Consistió en una edición de autor fabricada en acero inoxidable acompañada por una fotografía de la pieza y un certificado de autenticidad.
“Ready-made para mercado” (2020) Caja de edición de escultura 50 x 40 x 40 cm Serie de 30 Créditos: Cortesía del artista
En su versión portátil, el Ready-made para mercado tropicaliza a la máxima potencia el artefacto duchampiano como si fuera un cover versión salsa o cumbia. Vivimos, sin duda, en la era del remix; Chavis mismo señala que “el conocimiento hoy en día es un gran ready-made”. [8]
¿Cómo pensar algo completamente nuevo con material preexistente que es en sí material no-original? El proceso creativo se explica como una súbita ocurrencia, un destello de ingenio que traslada el alto arte europeo a un puesto de frutas. Mármol des-sacraliza a Duchamp y a la extraña apariencia de los secadores de botellas (hoy objetos anacrónicos y obsoletos, verdaderas reliquias). Lo consigue al sobrecargarlo de plátanos, uvas y sandías, acercando a Duchamp a aquel “imaginario mexicano” que lo fascinó en 1957. [9]
Reducir a escala su propia creación permite a Mármol seguir efectuando transformaciones simbólicas sobre el objeto. De acuerdo con John Roberts, el ready-made consiste en trasladar un bien de una esfera productiva (en el ámbito de la circulación o no-circulación) a otra esfera productiva (el estudio o algún otro sitio de trabajo). [10]
Mármol invierte aquel proceso al reintegrar al objeto de arte al ámbito doméstico, dándole nueva vida como frutero al centro del comedor. En otras palabras, re-funcionaliza al ready-made. Pero las contradicciones inherentes al ready-made no se detienen ahí. Roberts añade que el ready-made hace palpable la “ausencia de labor artística” y visibiliza la “labor intelectual/inmaterial”. [11]
Ríos y Mármol —uno desde la cocina, el otro desde la herrería— han conseguido darle la vuelta a la improductividad duchampiana detrás del ready-made al reivindicar sus propios procesos manuales y la labor física detrás del objeto de arte.
Piratería ready-made y museo mash-up
La práctica de Marek Wolfryd (CDMX, 1989) puede englobarse como toda una poética de la apropiación. Wolfryd concibe la historia del arte occidental como un infinito catálogo de formas a su disposición.
La estrategia le permite reflexionar en torno a dinámicas culturales y económicas. A la par, cuestiona las estructuras de clase soterradas en la producción artística. La apropiación también lo hace verificar inconsistencias y áreas pantanosas en la legalidad en torno a los derechos de autor y la propiedad de la imagen. De ahí que uno de sus intereses principales — y también de sus influencias — sea el apropiacionismo norteamericano suscitado a partir de la década de los setenta.
Su más reciente serie en proceso instaura un diálogo con artistas como Richard Prince, Richard Pettibone o Louis Lawler, integrantes de una generación artística que cuestionó a grandes rasgos los mecanismos ideológicos detrás de la circulación, reproducción y masificación de las imágenes.
Para llevar hasta sus máximas consecuencias los planteamientos de dichos creadores, Wolfryd realizó una selección de obras no pictóricas que ejercieran algún tipo de apropiación o citación previa, y las mandó hacer al óleo encargadas en China. Las copias fueron realizadas en un estudio manufacturero en el distrito de Dafeng, donde se elaboran pinturas de cualquier imagen.
Wolfryd lo llama “una impresora de óleos global en el capitalismo tardío”. [12] La ambigüedad detrás de estos “cuadros piratas” (¿son productos industriales? ¿son artesanías?) abre la posibilidad de pensarlos como verdaderos ready-mades. Duchamp, por cierto, anunciaba esta estrategia de manipulación de las imágenes en Pharmacie (1914), una ilustración anónima “rectificada” — cierta anodina estampa paisajística — con unas manchas de color. En ambos casos se asume y problematiza la fabricación compartida del objeto de arte.
En efecto, uno de los cuadros que Wolfryd comisionó en Dafeng representa a la Fuente de Duchamp en una versión ostentosa y dorada. Se trata, a su vez, de otra reinterpretación. En 1996, la artista Sherrie Levine presentó la escultura Fountain (Buddha) [1996] lanzando una crítica sumamente irónica al contraponer las creencias orientales y el aura del arte occidental. Es una meta-metareferencia.
Marek Wolfryd (en colaboración con Li Zi y Shenzhen Gallerie At Co., Ltd) “El camino infinito; circulación, despojo y des-creación, Fountain (Buddha) de Sherrie Levine, 1996” (2021) Pintura comisionada al óleo sobre tela, madera esmaltada 34 x 35 x 14 cm Créditos: Cortesía del artista
Ni la elección de este trabajo específico de Levine ni su fabricación china son elementos azarosos dentro del proyecto de Wolfryd. Por el contrario, surgen de un marcado interés en la concepción del arte en Oriente, donde importaba más el objeto en sí que su autoría (existen ejemplos de obras que datan del período de la dinastía Ming selladas y marcadas por cada poseedor subsecuente a lo largo del tiempo). Al situarse en un área limítrofe entre la cita, el plagio y la parodia, el proyecto de Wolfryd establece discrepancias en las formas hegemónicas de (re)producción artística en la era contemporánea.
A diferencia de un cuadro convencional, analizado por sus valores compositivos y su técnica, los óleos chinos de Wolfryd deben ser leídos, cotejados, acaso impugnados en tanto documentos. Pues una copia, para ser reconocida como tal, primero debe ser leída por un intérprete que confirme su inautenticidad.
En ese caso, la piratería pictórica de Wolfryd es un hipertexto, en el sentido que Gérard Genette le confirió al término: un texto derivado de uno anterior (hipotexto) por transformación simple o imitación. [13] Sin embargo, no podemos poner en duda el valor artístico del objeto, aún si viene “de fábrica”, pues no se trata de mera falsificación (forgery).
La piratería, en especial la piratería china, deja rastros patentes de sus alteraciones y modificaciones. Dichas huellas “rectifican” y reiteran el engaño visual. Simple y sencillo trompe-l’œil.
Si Wolfryd somete a Fountain a un sistema de circulación pirata de un país a otro, evidenciando su estatuto como obra archi-citada, Alonso Cedillo (CDMX, 1988) propone una museografía imaginaria con la obra de Duchamp montada al interior del Titanic. Marcel Duchamp at the RMS Titanic, as seen by Mr Caledon Hockley & Mrs Rose DeWitt Bukater (2020) es un video de 57 segundos que recorre una retrospectiva de Duchamp en el vestíbulo de la mítica embarcación. [14]
Alonso Cedillo “Marcel Duchamp at the RMS Titanic, as seen by Mr Caledon Hockley & Mrs Rose DeWitt Bukater” (2020) Video 57″ Créditos: Cortesía del artista
Tanto el escenario como las piezas fueron extraídas del software de modelado 3D Sketchup. La exposición entera se vende en archivos digitales comprimidos en un barril de petróleo del banco de datos fundado por Cedillo NIMDA Petroleum Institute. De tal manera, las obras del video pueden ser “cristalizadas”, trasladas a lo físico con ayuda de una impresora 3D. Por supuesto, el video es un anacronismo, una imagen imposible; en 1912, cuando el hundimiento ocurrió, Duchamp apenas perfilaba sus primeros intentos por separarse de la pintura impresionista.
Cedillo ha experimentado formas alternas para invitarnos a explorar el salón de su exposición fantástica, ya sea a través de recorridos virtuales en Facebook o filtros de Instagram. Su procedimiento es el de un mash-up, la combinación de dos o más melodías similares en una nueva canción. ¿Podríamos decir que Cedillo samplea a Duchamp? ¿O no será, quizá, un tipo de pastiche que Duchamp ya había ingeniado antes?
Alonso Cedillo “Marcel Duchamp at the RMS Titanic, as seen by Mr Caledon Hockley & Mrs Rose DeWitt Bukater” (2020) Video 57″ Créditos: Cortesía del artista
Recordemos que en 1935 diseñó la primera versión de Boîte-en-valise, una maleta con sesenta y ocho reproducciones a escala de su producción artística. Sea como fuere, el video de Cedillo nos invita a reflexionar sobre los incesantes flujos de información y datos en la era digital, así como sobre la vigencia del ready-made en el contexto del arte post-internet y sus infinitas posibilidades como artefacto ultra-reproducible desde lo inmaterial.
Ya sea a través de un render computarizado, de copias made in China, de comida callejera o de trabajos seriados en bronce o acero inoxidable, la incertidumbre del ready-made, su a-rtisticidad, sigue vigente y genera nuevas vías de expresión en el contexto mexicano.
Ciudad de México, 9/1/2021
[1] Octavio Paz, “Apariencia desnuda. La obra de Marcel Duchamp”, Obras Completas IV, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, p. 156.
[2] Graciela Speranza dedica numerosas páginas a entrelazar los puntos de contacto entre Kuitca y Duchamp. Véase Fuera de campo: Literatura y arte argentinos después de Duchamp, Barcelona, Anagrama, 2006.
[3] Calvin Tomkins, Duchamp, Barcelona, Anagrama, 2006, p. 443.
[4] Entrevista personal con el artista, 4/1/2021.
[5] Thomas Girst, “Taste” en The Duchamp Dictionary, London, Thames & Hudson, 2014, p. 175.
[6] Islera es una plataforma de difusión, experimentación artística y cooperación cultural cofundada en el año 2020 por Kristell Henry, Violeta Ortega y Trilce Zúñiga.
[7] Véase Tomás Ybarra-Frausto. “Rasquachismo: A Chicano Sensibility”, en Chicano Aesthetics: Rasquachismo, Phoenix: MARS, Movimiento Artístico del Río Salado, 1989, pp. 5-8.
[8] Entrevista personal con el artista, 7/1/2021.
[9] Ibíd.
[10] John Roberts, The Intangibilities of Form. Skill and Deskilling in Art After the Readymade, London, Verso, 2007, p. 25.
[11] Ibíd.
[12] Entrevista personal con el artista, 7/1/2021.
[13] Gerard Génette, Palimpsestos. La literatura en segundo grado, Madrid, Taurus, 1989, p. 17.
[14] En otra versión del video, las obras naufragan en el vestíbulo, despojadas por completo del elegante formato museográfico.
Magdalena Macías, desde el momento en que nació, debió acostumbrarse a que nadie la llamaría por su nombre. Era la hija mayor de Arnulfo “el Gordo” Macías y tenía la mala fortuna de ser su vivo retrato: cuadrada, mirada dura y vivaz, labios curvados hacia abajo, cabello crespo de un castaño incómodo y rubio en los lugares equivocados. Ya desde antes de entrar a la escuela, Magdalena arrastró consigo el apodo de su padre, y en todo Jojutla, desde siempre, fue “La Gorda” Macías.
A la Gorda Macías le gustaba sentarse al frente de la clase, porque era lista, y además de lista era muy cabrona. Tenía olfato para las mentiras, y todos decían que aquello y su complexión eran cosa hereditaria: cabrones y de hueso ancho todos los Macías. Si alguien le tiraba una bola de papel en la nuca, a la Gorda le bastaba echar un vistazo atrás para saber quién había sido. Luego, los hacía confesar con manita de puerco.
Según la gente, la Gorda se hizo policía también por tradición familiar, aunque ella sabía que era por las cosas que le contaba su abuelo, Don Florencio Macías, de cuando vestía el uniforme. Además, a su abuelo le tenía cariño porque era el único que le decía Magda y no Gorda. — ¿Sabes qué es la Ley Fuga, Magda? Cuando se ejecuta a un detenido durante el traslado, y luego uno dice que usó fuerza letal porque el detenido intentó escapar. A eso le decíamos galleguear, quién sabe por qué. Una cosa fea, pero a veces necesaria. —
La Gorda Macías entró a la Academia a los dieciocho, y cuando empezó a patrullar era la única que entrenaba tiro y corría seis kilómetros al día. En poco tiempo pasó de policía Primero a Segundo. Por ese entonces era compañera de Silverio Maldonado, un tilzapotleño moreno, malhechote y alto al que nadie, nunca, se atrevió a ponerle apodos.
La Gorda no paró hasta llegar arriba, con Maldonado como su brazo derecho. Nadie cuadró tanto a una policía municipal como la Gorda Macías en Jojutla. Era de no creerse.
Desde que la Gorda Macías se hizo comisaria nadie que llevara uniforme pedía mordidas ni se tracaleaba nada . Pero si de algo ella disfrutaba al estar al mando, era el haber dejado de ser La Gorda Macías para ser la GM: — Eso sí suena perro. Con ese apodo ya solo me falta mi corrido. — Maldonado dijo: —No mame mi GM, a los polis nadie nos hace corridos, a menos que también seamos narcos. —
La GM controlaba los sobres con efectivo que llegaban de Cuernavaca. Se iban al fondo especial y con eso se hacían cosas para la gente: arreglar las canchas, levantar bardas, a veces también darle dinero a quien tuviera algún apuro, y ella nunca se embolsó nada. — Los invito a mi casa para que vean que no me he comprado ni una tele nueva, cabrones. —
La Municipal de Jojutla ganó pronto tal fama que un día invitaron a la GM a la reunión de mandos en Cuernavaca. Cuentan que el “Gober” Martínez estaba tan contento con sus números que le ofreció a la GM un buen puesto en la Estatal, pero ella lo rechazó. Pensaba que su abuelo de seguro tenía razón: — La policía, igual que la pared de una cocina, mientras más arriba, más cochambrosa se pone. —
De regreso de la reunión, Maldonado le preguntó a la GM por qué había rechazado el puesto. Cuando ella le dijo que estaba muy a gusto en su pueblo, Maldonado, como ave de mal agüero, dijo: —Uy mi GM, pues habrá que andar al tiro entonces, que nada pone más nervioso a un político que una poli que le rechaza dinero. —
Pasaron una temporada tranquila, pero se levantaron rumores. Al Gober no le había gustado el desaire y por eso habló con Favela, el jefe de la Estatal, para que le bajara los humos a la cabrona de la GM. Los contactos de Maldonado en Cuernavaca le avisaron que Favela había mandado a los hermanos Ascencio a agitar Jojutla. — Te haces la chingona, pero bien que aceptas los sobres, — Cuentan que dijo Favela antes de dar la orden.
Era cuestión de tiempo. Al poco, los Ascencio se aparecieron por el pueblo y se pusieron a cobrar derecho de piso a los dueños de los bares. La GM reportó las extorsiones con los estatales, pero ya sabía lo que le iban a decir: que del crimen organizado se encargaba “el Mando Único”. Una forma elegante de decirle que se fuera a chingar a su madre.
A los Ascencio nadie los tocaba porque habían nacido en Jojutla, y porque operaban con Los Rojos. — Hijos de su pinche madre —, decía la GM, — si hasta fuimos juntos a la escuela. —
Al principio la gente les pagó por miedo, pero después, cuando ya no se pudo, tuvieron que volver a hablar con la GM. — No vamos a poder seguir así —, le decían, — yo no ajusto para pagarles lo que me piden, y luego vienen aquí al bar, se toman lo que quieren, molestan a las muchachas… —
Al día siguiente, la GM llamó a la policía Federal donde tenía un primo. Luego de colgar, le dijo a Maldonado: — Vamos a torcer al cabrón del Chicatana. — El Chicatana, a Ascencio le decían así porque era igual que la hormiga: territorial, pero poco agresivo. En el camino a Chinameca, Ascencio había agarrado una bodega grande donde se la pasaba metido con sus hombres, antes de salir a hacer problemas.
Al ver llegar a los federales, vestidos de negro y con sus armas largas, Maldonado dijo:
—¿Está segura, mi GM? Los Ascencio son de Los Rojos… —
— Me vale madres si es Rojo o si es el Santo Padre, Maldonado, aquí con mi gente o se comportan o se comportan —, dijo la GM antes de subir a la camioneta. Cuentan que cuando les cayó el operativo, los narcos ni sacaron las pistolas. Sólo escucharon los golpes en la reja de metal sin entender qué pasaba, porque se suponía que tenían un arreglo con la Estatal y en Morelos nadie los tocaba. Entraron los uniformados y el Chicatana sólo alcanzó a murmurar un — ¿Qué pedo, que no saben quién soy? —
Aunque fuera Municipal, los Federales dejaron a la GM hacer el arresto. — Eres un pinche delincuente —, dijo la GM al esposar al Chicatana.
Después del operativo, mientras se fumaban un cigarro, Maldonado le dijo a la GM: —Esto se va a poner cabrón, mi GM, como mínimo nos van a querer matar. — Ella se acordó de su abuelo, que decía: — Si eres poli y alguien no te quiere matar es porque no haces bien tu chamba. —
Las quejas desde Cuernavaca no tardaron en llegar. Por teléfono le dijeron: — No me chingue, GM, cómo deja a la Federal hacer un operativo en su municipio… usted me pone en una situación muy delicada con la gente del Gober Martínez, está encabronadísimo, lo hizo usted quedar muy mal. — Y ella respondió — Discúlpeme subinspector, pero no me quedaba de otra, por acá la cosa está gruesa y la gente necesita tranquilidad. — En el periódico nacional una nota: Cae mando de Los Rojos en Jojutla Morelos.
En Jojutla la gente llegó a estar contenta y agradecida, pero el gusto duró poco. Ahora faltaba tronar al otro Ascencio, al mayor, el Alacrán Ascencio, sicario de Los Rojos, sobre el que se contaba de todo; que le patrocinaba las pedas a toda la Estatal; que andaba con una actriz de telenovelas; que jugaba golf con el Gober. — ¿Y a ese dónde lo buscamos? — preguntó Maldonado. Y la GM dijo — Cuando les encierras a un hermano esos perros llegan solos. —
El Alacrán Ascencio se puso a reclutar a los muchachitos de las rancherías más pobres. El miedo y los quinientos pesos con los que los sacaba de la casa les bastaban para no negarse a nada. A veces el Alacrán también se llevaba a las muchachas, hasta a las más jovencitas. — Puta madre. — La GM se acordó de su abuelo: — ¿Sabe qué es bien importante para un poli, Magda? Saber cuál es el menor de los males, porque males siempre va a haber. Si ya le tienes la medida de las chingaderas de uno, mejor no le muevas, porque si quitas a ese luego llega otro, y no sabes si el que viene será peor. —
Debía encontrar la manera de ponerle un alto al Alacrán. Si intentaba hacer otro operativo con la Federal, el gobernador iba a mover sus hilos para impedírselo. Del Mando Único ni hablar; todos le lamían las botas al cártel. Volvió a llamar a su primo Alberto y le dijo: — Si no puedes ayudarme con otro operativo al menos consígueme unas armas buenas que tengo un pedo que resolver. — Con el guardadito de los sobres podía pagarlas.
Maldonado pasó toda la semana en indagatorias. Habló con sus soplones, con los campesinos viejos a los que ya no les daba miedo morir, con todos los dueños de los bares en donde Ascencio hacía sus fiestas. Decían que tenía una casa cerca de Coaxtitlán, en la que paraban todos sus sicarios.
A los pocos días lo rastrearon, luego de que su gente hubiese comprado veinte cartones de cerveza Victoria en un Modelorama. Para agarrar al Alacrán, se llevaron cuatro camionetas de la Municipal, y a los polis que menos miedo le tenían, que eran pocos. Pasaron el Cerro Frío y después la carretera de tierra que subía a la Sierra de Huautla.
Entre los cerros pelones no les costó dar con la única casa grande, rodeada de algunos árboles. Todavía estaba a medio construir, iluminada con un generador a gasolina que graznaba desde lejos. Todo estaba tan tranquilo que la casa no tenía la barda terminada, ni nadie que la vigilara. Para no llamar la atención, dejaron las camionetas en una curva que provocaba un punto ciego en la carretera, y subieron a pie hacia la entrada.
La GM llegó hasta la palapa donde se escuchaba música de banda. De un golpe noqueó a un flaco que bebía cerveza, “el Cuerno de Chivo” colgado del hombro como bolsa de señora. Detrás de ella, Maldonado tumbó a otros dos a puro golpe limpio. Pronto se escucharon los balazos uniformes de las armas automáticas. Órdenes, gritos. — No le disparen a nadie, pendejos —, dijo la GM que ya se había echado al piso, pero aun así no dejaba de avanzar hasta donde estaba el Alacrán, a quien Maldonado alcanzó y, antes de que agarrara su AKA, le tiró tres dientes de un culatazo que le hizo también caer de rodillas sobre un charco de sangre y cerveza. Tres sicarios muertos, por suerte ningún municipal. — Qué bueno que no trajimos a los miedosos. —
El Alacrán se mantuvo tranquilo y con las manos en alto, hasta que vio que alrededor no había Federales y que ese operativo no era oficial. Si lo fuera, sonreiría: para gente como él la cárcel sólo significa vacaciones pagadas. Se puso pálido. — Si le paras ahorita a este desmadre, te perdono la vida; andas muy creída desde que le agarraste gusto a tu nuevo apodito —, dijo, pero la voz le temblaba y la GM se rió — ¿me perdonas la vida? ¿Tú a mí, cabrón? Creo que no entiendes cómo funciona esto de que yo te esté apuntando y tú estés arrodillado como un pendejo… Yo te perdono la vida si le paras a tu desmadre, dijo ella y apuntó con la barbilla hacia el camino. Ándale, échate una carrera y aquí la dejamos. —
El Alacrán dijo: —Tú a mí me la pelas, pinche Gorda Macías. —
Escucharlo otra vez le hizo arder las entrañas. El Alacrán corría cerro abajo, trastabillaba y levantaba una nube de tierra parda en medio de la noche.
La GM le disparó de lejos, y por la espalda, mientras corría. “Una cosa fea, pero a veces necesaria.”
Se quedó sentada con Maldonado sobre la barda a medio construir. Otro municipal les trajo una cerveza que rescató de la hielera medio ensangrentada. — Ya se la limpié bien, mi GM, le dijo, lo bueno que ya nos libramos de este culero ¿no? —
Maldonado y la GM bebieron en silencio mientras miraban el bulto a lo lejos, el sombrero tirado, el agujero en la nuca. Maldonado dijo: —No, mi oficial, hay dos cosas en esta vida de las que uno nunca se libra: de la gente culera y de los apodos que a uno le pongan. —