Fernanda Melchor se ha convertido en un fenómeno, como ha ocurrido con Mariana Enríquez, Mónica Ojeda o María Fernanda Ampuero. Esto podría parecer un inconveniente: su obra no se toma por lo que es, sino por lo que debería, por aquello que ocurre en el imaginario del público lector que disfruta/consume narrativa contemporánea en español. Lo sorprendente, y que a mí me parece loable, es que parece existir un público interesado en la obra de escritoras como Fernanda Melchor, tanto como para convertirla casi en un fenómeno.
Esta idea injusta de que el escritor habla más por lo que se dice de él que por su obra, se ha repetido con autores tan disímiles como Doyle, Balzac, King o la misma Mariana Enríquez, por hablar de alguien contemporánea. El problema, sin embargo, no es que se lea mucho, sino que se entienda que su importancia se deba al capricho, a la moda, a “lo que está bien”. En cambio, la lectura de Fernanda Melchor me parece que no coincide con exactitud con las modas, con las explosiones de géneros o tipos de narrativas que, en teoría, están en boga de los lectores. Se ha dicho mucho sobre la narrativa de la violencia, sobre el realismo, incluso sobre el terror (explorado de manera natural en obras como la de María Fernanda Ampuero), escrita por mujeres, entendiéndose que este “fenómeno” (si es que es tal) cumple con las necesidades de nuestro tiempo, tanto con la necesaria visualización (y rescate) de la obra escrita por mujeres, como por el acercamiento a géneros populares que se veían como secundarios.
Ahora bien, la presencia de lo violento en la obra de Melchor nos acerca como lectores a las vicisitudes de una realidad que “no está de moda”, sino que simplemente es, y su interés como escritora no parece arbitrario, pues desde Falsa Liebre (Almadía, 2013) se nota ese interés por contar la violencia. Esto es entendible si se toma en cuenta la formación que recibió Melchor en el mundo periodístico; su libro Aquí no es Miami (reedición en Penguin Random House, 2018) es tan duro como divertido, pues muestra un lado de la crónica tan salvaje como apegado a la narrativa que tanto le gusta, incluyendo un cuento-crónica sobre un lugar “endemoniado” y la subsecuente posesión de cierta persona al visitarlo, en “El estero”, que viene en el mismo libro.
Páradais no es un giro más en la tuerca, eso hay que decirlo. Y aunque a mí me gustaría leer el registro de Melchor dentro del terror, me parece que este género y sus producciones tanto audiovisuales como literarias, conforman una base desde la que ella establece sus motivos más oscuros. El terror existe en la obra melchoriana, pero está metida en la carne de su mente creativa, como una influencia secundaria que va juntando cal y arena sobre los fundamentos de su arquitectónica. Lo interesante de novelas como Temporada de huracanes (Penguin Random House, 2017) o Páradais es que la importancia de la prosa también es una de sus piedras fundacionales. En ninguna de estas obras puede ignorarse la cuidadosa construcción que deviene desde la narrativa oral, gracias al oído de Melchor, quien sabe colocar una mirada lingüística que, a pesar de sonar anacrónica por momentos (por la utilización de palabras que quizá permanecen en el colectivo de otra generación), se enmarca dentro de una póetica resonante que busca dibujar el terror de la vida misma, de Veracruz, de los hombres, de las mujeres, de cualquiera que viva en aquello que llamamos México, Sur, o Tercer Mundo.
Lo suyo, y ya a nadie debería sorprenderle, es una búsqueda atravesada por la ira de los millones de seres humanos que viven en la miseria, apenas manteniéndose con sobras, con comida a base de grasa, con dulces prefabricados, con estructuras arquitectónicas, sociales y políticas diseñadas para hacer daño, para compartimentar, para convertir a los sujetos en objeto. La violencia, en Melchor, como ocurre en el país o en Latinoamérica, es sistémica. Desciende desde las cimas nebulosas de aquello que ya ni siquiera alcanzamos a comprender, desde esos seres desprovistos de toda intención para visualizar lo que ocurre más allá de sus autos de lujo, sus negocios multimillonarios, las posiciones políticas, los favores, las empresas que evaden impuestos. Y lo que queda es el dolor y la enajenación: la oportunidad de subir a través del crimen, insertando una bala entre las cejas de otro, con un machete metido en la espalda de algún pobre diablo que no fue lo suficientemente rápido para esquivarlo.
En Temporada de huracanes, La Matosa era un pueblo que llevaba una historia de venganza, muerte y desdicha como una espiral descendente: la fuerza del huracán permitía observar desde el punto focal de “la bruja” que vivía entre los cañaverales, hasta personajes que parecían salirse, a medias o del todo, de esta vorágine que, sin embargo, alcanzaba a tocarlos y que los dirigía, lo supieran o no, hacia el mismo punto alebrestado de jodidez y miseria. En La Matosa, los únicos que en apariencia no se ahogaban con los vendavales de la pobreza eran los narcos/zetas/criminales. Por el contrario, en Páradais, esa muestra de seres enfermos, infectos y corrompidos, termina por virar hacia la “inocencia” que debería existir en un par de jóvenes, o al menos en uno de ellos, pues no pertenece a la misma clase social que el otro: no duerme en un jergón y no tiene que buscar en el alcohol una salida a sus problemas, a la falta de futuro, ni tampoco tiene que deslomarse para poder tener lo mínimo ni afrontar los problemas que ni siquiera sabe que tiene.
¿A qué se debe que tanto Franco, este adolescente gordo y obsesionado con el porno y con una mujer madura, sea tan desdichado y pérfido como su contraparte, Polo? Él no entra, como Polo dentro de esta categoría de seres infravalorados, pobres, sin esperanza ni recursos, que lamentablemente conforman más de la mitad de la población en el país, si no es que en toda Latinoamérica. Una lectura fácil podría explicar que esto se debe a la situación socioeconómica y política tan pobre y violenta de la región. Aquí el punto importante es ese, el de la violencia sistémica, omnipresente, que toca también a un adolescente que tendría todo para alejarse de esa vorágine de odio, de sueños maltrechos, de desesperación. Franco no es una criatura agónica, es un ser obsesionado, estúpido. Una vez nos enteramos del plan que tiene sobre la mujer madura de la que está obsesionado, salta la poca pericia, la ingenuidad de un plan estúpido que debe llevarse a cabo porque así es el destino manifiesto de sus propias necesidades. No hay escapatoria, aunque la haya, y es ahí donde la tragedia se percibe bajo las losas, entre la tierra pútrida o en medio del pasto recién cortado. La violencia y la cosificación, hacia las mujeres, hacia el pobre, hacia el indígena, hacia el otro, nunca termina por irse, si acaso se mantiene dormida por unas horas.
El letargo en que viven estos dos personajes a punto de explotar es salvado por la narración de la vida de Polo, el chico-para-todo del fraccionamiento que guarda una relación extraña e innecesaria con Franco. La forma en cómo levanta un universo narrativo alrededor de la vida de un personaje, es una de las grandes dotes de Fernanda Melchor, y así se percibe cuando exploramos el día al día del jardinero, sus problemas, sus relaciones filiales, su deseo incestuoso (culpa e ira incluidas), su necesidad de encontrar un punto del cual aferrarse, no por él, sino por las circunstancias. Él, que cada día debe encontrar un trabajo, encontrarlo, porque así lo requiere la situación, el alcohol que ha de consumirse, la madre que no quiere verlo acostado ni un minuto después de que suene la alarma. Para su infortunio, el trabajo encontrado lo llevará al Paraíso Invertido, el fraccionamiento donde conocerá a Franco.
En Páradais las exploraciones geográficas no son tan ávidas debido al constreñimiento del lugar donde todo gira, aunque Progreso y Boca del Rio estén presentes, pues son más fantasmas que tangibilidades en una historia donde el horror ocurre adentro. Si acaso, se extraña esta profundización en las circunstancias de Franco, el chico gordo que más bien parece ser una entidad malévola per se, sin demasiado desarrollo psicológico, sin más motivaciones que el vacío de su propia vida y la necesidad, más de dominación que sexual, de obtener el favor de una de las mujeres adineradas del fraccionamiento. Nunca llegamos a entender ni a observar a profundidad lo que hay debajo de él, quizá por esa construcción en la que el narrador se refiere a él como “el gordo” o “el marrano”, enfatizado en su fealdad aquello que es malévolo, como en una relación directa más propia del romanticismo; y las preguntas, por supuesto, surgen. ¿Es realmente la fealdad, la obesidad, un patente signo de la enfermedad interna? Además, el personaje está diseñado para caer mal, para resultar infecto, algo que desagrade, sin ninguna cualidad que permita atesorar un poco de esa psicología que lo mueve, aunque sea errada, aunque sea perversa. Franco es malévolo porque es gordo y rico, y nada más.
Además de este punto, el interior del misterio que nos está contando la autora me parece demasiado endeble. Lo que ocurrirá se puede adivinar desde que sabemos cuáles son las intenciones del personaje, sabiendo también que el nombre “Fernanda Melchor” en un libro ya nos promete violencia, rencores, oscuridad y perversión de la psique humana. Mas, como dice Raymond Chandler, no es forzoso el que el final tenga que ser realmente sorpresivo, pues él diseñaba sus cuentos para que se leyeran, incluso si el final ya se conocía. Melchor no es ni una escritora de policiaco (whodunnit, por ejemplo) ni de terror natural (no es su intención acerarse a la obra de Thomas Harris o Brett Easton Ellis). Lo suyo, si hay que acercarlo a alguna denominación, se emparenta un poco al género Negro, a la oscuridad que parte de la violencia, del crimen, de aquello que bien podría perfilarse dentro de la nota roja. Y, como muchos cineastas franceses del Noir clásico, Melchor se adentra en la oscuridad por medio de la luz, de la técnica y de la brillante atmósfera que se concibe a través de su prosa. Porque Melchor no puede escribir una novela sin recurrir a la alta prosa, aunque ésta consigne palabras populares, anacrónicas; aunque de lo que se hable sea de cómo un adolescente desea violar a su vecina, o cómo un joven sepultado por las relaciones incompletas decide seguir a su compañero en una espiral sin sentido.
Sin exagerar, hay momentos en Páradais que recuerdan a Proust, especialmente cuando la vorágine da vueltas sobre un asunto que se convierte en destino del personaje, con ese detalle hacia la memoria, hacia el anhelo de lo que podría, quizá, haber sido. Lo mismo ocurre con Joyce, a quien recuerda en el punto culminante, ya hacia el final de la novela, decidiendo colocar los hechos que deshacen el nudo en una concatenación de hechos que va más allá de una mera lista, llevando el final hacia un momento poético y desgarrador (en su misma aparente realidad anodina) donde Páradais se transmuta en la apertura hacia un abismo, uno que, por supuesto, también nos devuelve la mirada.
Los dos personajes de los que escribo se revolcarían en su tumba al imaginarse en un mismo texto, compartiendo y peleando por el espacio en la página. Uno era un arzobispo que defendía la ortodoxia católica y fue excomulgado por fundar un seminario en defensa del tradicionalismo, después del Concilio Vaticano II, el otro era un filósofo marxista que en sus más de sesenta libros indagó en la lógica de la dialéctica, la vida cotidiana y la producción del espacio social en la era del capitalismo.
Seguramente ambos me reclamarían por incluirlos en un solo ensayo y pedirían que se separen sus legados, completamente disímiles e incompatibles. Se burlarían de mi confusión, de saber que lo único que comparten es un apellido común y el origen nacional. Exigirían que jamás se les asocie al uno con el otro y que se deje en claro que su vida y obra son únicas y no comparten nada más que el equívoco. Pero como buena psicoanalista, decido trabajar con el equívoco, el acto fallido, el lapsus, y mostrar que, quizás, en el fondo, este desencuentro nos puede revelar algo contradictorio: cómo en la modernidad las doctrinas religiosas y filosóficas combatieron o abrazaron sus dogmas cuando se enfrentaron con un mundo cambiante. Por eso, abracemos el contrasentido para iluminar las formas del pensamiento.
Hay datos biográficos que los hermanan, que no pueden negar. En principio, el hecho de que los dos Lefebvre nacieron en el seno de una familia católica en Francia; Marcel en el norte del país, en Tourcoing, casi frontera con Bélgica y Henri en Hagetmau, Landes, en el sudoeste de Francia. Henri Lefebvre nació el 16 junio 1901 y era apenas cuatro años mayor que Marcel Lefebvre, quien nació el 29 de noviembre de 1905. Desde muy jóvenes, ambos recibieron una educación católica y vivieron siendo niños los estragos de la Primera Guerra Mundial, pero la base que comparten los llevó después a caminos completamente diferentes. Lo que sigue es un ensayo en el que especulo y juego con los equívocos desde mi visión sumamente parcial y sin pretender agotar la complejidad de ninguno de los Lefebvre.
Marcel
Al terminar la Primera Guerra Mundial, Marcel Lefebvre estudió filosofía y teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y rápidamente fue ordenado sacerdote en 1929. Se unió a la Congregación del Espíritu Santo, siguiendo los pasos de su hermano mayor que era misionero, y en 1932 lo mandaron a Gabon, en la costa atlántica de África central, en donde permaneció durante toda la Segunda Guerra Mundial.
Poco después, volvió a dirigir un seminario en Francia, pero regresó a África en 1948, donde fue nombrado “Delegado Apostólico” (enviado directo y portavoz del papa) para toda el África francófona, y después arzobispo de Dakar, Senegal, en 1955. Pasó treinta años en la labor de la evangelización de los países africanos de habla francesa hasta que regresó en 1962 a Tulle, Francia, donde el papa Juan XXIII creó un arzobispado para él.
Como en los años sesenta fungía también como superior general de los Padres Espiritanos, lo llamaron a formar parte de la Comisión Preparatoria del Concilio Vaticano II, en donde se opuso fervientemente a las ideas más liberales. Lefebvre denigraba las “nuevas ideas” de la reforma de la iglesia como “heréticas”, “satánicas” y “anti-cristianas”, en contra de lo cual él y los católicos tradicionales querían mantener la fe en la tradición: “Nosotros decidimos pues conservar nuestra fe y no podemos engañarnos cuando nos atenemos a lo que la Iglesia enseñó durante dos mil años. La crisis es profunda, está sabiamente organizada y dirigida hasta el punto de que en verdad se puede creer que su autor no es un hombre, sino el mismo Satanás. Ahora bien, Satanás hizo algo magistral cuando logró hacer desobedecer a los católicos en nombre de la obediencia”.1
En nombre de la obediencia al Concilio Vaticano II es que Marcel critica las ideas de los obispos liberales que querían reformar a la iglesia: reconciliar al catolicismo con otras religiones (el principio ecuménico), cambiar la misa para que se diera en lenguas vernáculas y no en latín (democratizar las prácticas rituales), y promover la hermandad del papa y los obispos para liderar la iglesia católica.
Henri
A causa de una enfermedad que le impidió seguir estudiando en el liceo local, los padres de Henri Lefebvre lo enviaron a Aix-en-Provence a estudiar derecho y filosofía con el célebre profesor Maurice Blondel, un filósofo católico, al que a veces se le consideraba un “pensador peligroso del modernismo católico”. En los seminarios de Blondel, Henri estudió a San Agustín y más tarde descubrió a Jansenio, a Pascal y a el janseísmo del siglo XVII y, según puntualiza, sus “relaciones con el cristianismo fueron complejas y heréticas desde el principio”.2No aparece en vano aquí la palabra “herejía”, aunque, aclara, su uso “comporta una manera demasiado fácil de reducir las ideas a paradojas. Reconozco, sin embargo, haber mantenido desde el principio ciertos lazos con la herejía”.
Para Henri, lo atractivo de la herejía radica en su rechazo del dogma, que contiene una “llamada afectiva a la convicción, a la entrega absoluta, sin reticencias intelectuales”. Aunque hay un abismo entre la teología y la política, ve que en ambos los “resortes afectivos puestos en movimiento son análogos”. Pero el llamado que el hereje Henri escuchó fue el de la política y así decidió estudiar filosofía en la Sorbona y unirse al grupo Philosophies, asociado con los surrealistas y dadaístas, para después afiliarse brevemente al Partido Comunista en 1928.
Primera tesis: En términos medievales, Marcel es un tomista categórico y Henri un seguidor de San Agustín y sus paradojas.
Marcel
Han pasado ya casi sesenta años desde el inicio del Concilio Vaticano II, en 1962, y muchos no hemos presenciado ya sino las consecuencias del mismo, por lo que vale la pena recordar qué estaba en juego en ese momento. Lo que se pretendía era una actualización (el famoso “aggiornamento”) de la Iglesia, renovando los elementos de la disciplina eclesiástica para ajustarla a las necesidades de los tiempos, a la vez que buscaban acercarse con otras religiones y con la ideología de los gobiernos democráticos que detentaban el poder en Europa en ese momento.
En vez de la visión de una Iglesia Católica jerárquica, gobernada por el Papa, y que era una entidad claramente separada por sus prácticas y estructura vertical, el Concilio acabó por promover la visión de la iglesia como “comunión”, para aproximarse también a las religiones no católicas y a los no creyentes.
Otra de las modificaciones más visibles fue en estructura y forma de la misa, que ahora debía enfatizar la liturgia de la palabra y concebirla como banquete, con la participación activa del pueblo, por lo que la misa se comienza a dar por primera vez en lengua vernácula (y no en latín, que era la lengua sagrada, estable y universal).
A su vez, la formación de los seminaristas se modifica radicalmente y ahora deben “conocer la filosofía moderna y el progreso de la ciencia, la psicología y la sociología”. En contra de esta ala “liberal” y “modernizadora” de la iglesia que triunfó parcialmente en el Concilio Vaticano II, es que Marcel Lefebvre reaccionó sin clemencia. Para Marcel, los católicos no estaban sino sucumbiendo a las exigencias del blasfemo Lutero, que en su tiempo propuso lo que la Iglesia se disponía a aceptar.
Para Marcel queda claro que la revolución tiene su origen en el “orgullo de nuestros tiempos modernos”, que se creen erróneamente tiempos nuevos, en donde ya no se escucha la palabra de Cristo, sino que se escucha a la palabra del mundo. Para él, esta actualización, este “aggiornamento se condena a sí mismo”.
En su Carta abierta a los católicos perplejos condena abiertamente el sueño de los liberales, que es casar a la Iglesia con la revolución, que es una unión adúltera de la que no pueden nacer sino bastardos. Lo dice así, con esta contundencia: “el rito de la misa nueva es un rito bastardo, los sacramentos son sacramentos bastardos, ya no sabemos si son sacramentos que dan la gracia o no la dan. Los sacerdotes que salen de los seminarios son sacerdotes bastardos pues no saben lo que son”.
Y denuncia al ilusionismo liberal “¡que asocia palabras contradictorias con la convicción de estar expresando una verdad! A estos soñadores adúlteros, obsesionados por la idea de casar la Iglesia y la revolución, debemos el caos del mundo cristiano que abre las puertas al comunismo”.
En el núcleo de los argumentos defensivos de Marcel siempre hubo una condena del comunismo que es para él “el error más monstruoso que haya salido del espíritu de Satanás”, y critica a la Iglesia su falta de resistencia oficial y que no hayan condenado al comunismo en el Concilio Vaticano II.
Henri
“Escribo mucho, mucho más de lo que publico, pero no me considero escritor. No trabajo la lengua; las palabras no son mi materia prima”, dice Henri Lefebvre frente al magnetófono que grabó sus palabras, y que se pueden leer en Les temps des méprises (Tiempos equívocos). Pero en un periodo de más de sesenta años el filósofo escribió más de sesenta libros y un número mayor de ensayos, artículos y conferencias sobre una amplia variedad de temas, ¿evidencia incontrovertible para considerarlo como “escritor”?
Cada día, a las siete de la mañana, en su apartamento de París, Lefebvre se levantaba y preparaba una taza de café y comenzaba a escribir. Escribía durante cuatro o cinco horas seguidas, hasta el mediodía. Después descansaba y daba clases y conferencias. Sus cajones estaban atiborrados de borradores, esquemas y textos incompletos. Pero para él, la escritura tiene que ver con el juego de palabras que niega rotundamente, afirmando la contundencia y seriedad de los conceptos: “No juego con las palabras; y si llego a hacerlo, es al margen y por otros motivos. Tampoco fantaseo con los conceptos, a mi juicio son cosa seria, lo que me redime además de caer en la seriedad solemne”.3
Además, la escritura para él tiene un objetivo muy claro que siempre tiene en mente cuando publica un texto: “convencer y vencer; este objetivo me hace olvidar el medio, el lenguaje del que me sirvo para actuar, y que manejo siempre pensando en el contrincante a vencer…Escribo pues, con y por convicción comprometiéndome, diría que a muerte, sin sostener por ello una teoría literaria o filosófica sobre el compromiso”.4
La convicción de Henri, entonces, es que la escritura convence y vence a través de la seriedad de los conceptos que elabora a fuerza de comprometerse con su causa, siéndole fiel al aparato conceptual que es el arma con la cual se enfrenta con sus enemigos, que cambian a lo largo del camino. En el fondo, dice, “no he sido otra cosa que un escritor político”.
Se describe a sí mismo como “un montón de contradicciones, nudo de conflictos, nudo gordiano… me veo de forma casi nietzscheana como un caos subjetivo; mejor o peor dicho, como una mezcla de flujos sin identidad; un caos de impulsos, imágenes, necesidades y deseos, tendencias que jamás he reprimido, que aún hoy dejo nacer y proyectarse. Siempre he salvaguardado la espontaneidad, no sin riesgos, lo cual es ya un principio teórico”.5
La lucidez de la prolífica obra de Henri está en su persistente trabajo y su compromiso con las contradicciones que nota consistentemente en la realidad y en el pensamiento, que es en el fondo lo que constituye su visión política, su teoría (dialéctica) de la contradicción. Frecuentemente, su obra se divide, un tanto arbitrariamente, en su etapa marxista, su trabajo con la vida cotidiana, y su interés en el espacio, la arquitectura y el urbanismo. Pero para el filósofo tal división resulta un tanto arbitraria y hay que considerar que en realidad hay un “fluido único que recorre el conjunto”, que es su deseo de “restituir la teoría de Marx en toda su integridad y amplitud, intentando al mismo tiempo su aggiornamento después de un siglo de grandes cambios; el materialismo histórico y el dialéctico tan potentes en el plano teórico no se pueden sostener dogmáticamente”.6
Es decir, Lefebvre siempre toma como punto de referencia el pensamiento de Marx y el marxismo no como un sistema cerrado y dogmático, sino como teorías que es necesario actualizar, debatir y reconsiderar a la luz de las nuevas circunstancias históricas y sociales, las mutables series de contradicciones y conflictos.
Segunda tesis: Henri busca actualizar la teoría (marxista) a la luz de los cambios de su siglo y Marcel defiende la continuidad inamovible de la tradición (católica) pese a los cambios de siglos.
Marcel
“No es posible fundir principios contradictorios, eso es evidente; no se puede reunir la verdad y el error para hacer de ellos una sola cosa. Esto sólo sería posible adoptando errores y rechazando parcial o totalmente la verdad. El ecumenismo se condena por sí mismo”, proclama Marcel Lefebvre en su continua denuncia del católico liberal, al cual lo caracteriza “la contradicción, una contradicción viva”.7
Marcel se opone al “nuevo” principio ecuménico de la iglesia católica, a su acercamiento a otras religiones, porque dice que queda claro que la verdad es una cosa y el resto cae en el error y esto emana en realidad de que “no puede haber contradicciones en la obra de Dios”.8 Para Marcel habría que regresar a las verdades fundamentales y esenciales de la religión católica, que es la única religión verdadera, en contra de la visión ecuménica que se pone en plan de igualdad con las otras religiones y por lo tanto acepta sus errores y laiciza a todos los Estados. El aggiornamento sería la adaptación al espíritu liberal que pone al hombre en el lugar de Dios, “racionalizando nuestra liturgia”.
A su vez, en relación a la formación de los sacerdotes en los seminarios, Marcel dice que “los modernistas obtuvieron lo que querían y aún más. En lo que se refiere a la enseñanza en los seminarios, hoy se enseña antropología y psicoanálisis, Marx, en reemplazo de santo Tomas de Aquino. Se rechazan los principios de la filosofía tomista en provecho de sistemas inciertos que reconocen ellos mismos su ineptitud, para dar cuenta de la economía del universo, puesto que preconizan ante todo la filosofía del absurdo”.
La respuesta contestataria del arzobispo de Tulle fue la fundación de su propio seminario de formación sacerdotal, bajo el auspicio del obispo de Friburgo, François Charrière. Marcel Lefebvre funda el 1 de noviembre de 1970 en Écône, Suiza, la “Fraternidad Sacerdotal San Pío X”, atendiendo la petición de seminaristas franceses que no querían estudiar bajo el nuevo sistema introducido después del Concilio Vaticano II.
Desde el principio, Marcel y el claustro de profesores del seminario rechazan el nuevo rito romano para la misa y todas las reformas impuestas. Por continuar con la Fraternidad y funcionar en oposición a la nueva doctrina canónica de la iglesia, el papa Pablo VI le prohíbe a partir de 1976 celebrar los sacramentos, pero Marcel todavía sostiene que él está siguiendo la tradición de la “verdadera” Iglesia, no la que había aceptado las ideas perniciosas del Concilio Vaticano II.
En 1988 Marcel consagró a cuatro sacerdotes de la Hermandad como obispos, pues había declarado que el único modelo de la iglesia a seguir era el de Pío X y Pío XII, es decir, los papas que preceden los años del Concilio Vaticano II que comenzó bajo el mandato de Juan XXIII y Pablo VI. El Vaticano, entonces liderado por Juan Pablo II, consideró que el acto de consagrar obispos sin mandato pontificio expreso representaba un acto cismático, por lo que declaró que Marcel Lefebvre y los cuatro ordenados debían ser excomulgados automáticamente.
El decreto de la Congregación para los Obispos dice que “Marcel Lefebvre, arzobispo emérito de Tulle, habiendo (pese a la admonición formal del pasado 17 de junio y a las repetidas intervenciones para que desistiera de su intento) cumplido un acto de naturaleza cismática mediante la consagración episcopal de cuatro presbíteros, sin mandato pontificio y contra la voluntad del Sumo Pontífice, incurrió en la pena prevista por el canon 1364, párrafo 1 [‘El apóstata de la fe, el hereje o el cismático incurren en excomunión latae sententiae’] y por el canon 1382 [‘El obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurren en excomunión latae sententiae’] del código de derecho canónico”.
Resulta irónico que el derecho canónico que defiende acérrimamente Marcel (y un Papa, digámoslo, bastante conservador) es el que finalmente lo condena “automáticamente” a la excomunión, por no modernizarse, por desafiar la autoridad que tanto defendía ante la democratización liberal.
Henri
“El marxismo pertenece a un mundo ya pasado, pero designa el mundo que nos acoge”.9 El mundo actual es inconcebible si se deja de lado el marxismo, su historia y las problemáticas que analiza. Es posible caer en dos crasos errores, según Henri: venerar a Marx dogmáticamente y considerar que el marxismo ya no tiene nada que decirnos, que ha muerto.
Sobre todo al principio de su actividad política en la década de 1930, Lefebvre rescata la obra de juventud de Marx y la traduce junto con Norbert Guterman. Ya desde entonces se propone cuestionar las interpretaciones institucionalizadas del marxismo, en particular en el marco del estalinismo, que devienen ideología oficial y rechazan cualquier pensamiento crítico. En concreto, lo que le interesa del pensamiento de Marx son dos hilos conductores: la teoría de la alienación y la del Estado. A ambos temas le dedica tomos enteros que van desde su visión del materialismo dialéctico en obras como El materialismo dialéctico (1939) y Lógica formal. Lógica dialéctica (1947), hasta los cuatro volúmenes sobre el Estado, De l’Etat, publicados entre 1976 y 1978.
Partiendo también del marxismo, como brújula interna, Lefebvre se aventura a indagar filosóficamente acerca de asuntos “triviales” que parecerían ser material de la sociología o de la literatura. En 1946 publica el primero de tres tomos de su Critique de la vie quotidienne (Crítica de la vida cotidiana) a los que les sigue el segundo tomo en 1962 y el tercero en 1981.10 Lefebvre mismo confiesa que descubrió el concepto de la cotidianeidad porque la vida cotidiana se abatió pesadamente sobre él, como sobre tantos muchachos, “al haber embarazado a una chica en el curso de un enloquecido amor romántico. A continuación matrimonio, familia, vida de familia, la profesión y todo lo demás. ¡La prosa del mundo!”11
Esa “prosa del mundo” es lo que aborda filosóficamente, a nivel de conceptos, desde la lente del marxismo pero no sin incluir también su propia experiencia y vivencias entre la metamorfosis de lo cotidiano por el amor y la monotonía de lo cotidiano. La filosofía que solo se ocupa de lo trascendental, el espíritu, la metafísica y piensa que está por encima de lo cotidiano se equivoca, y la crítica de la vida cotidiana nos obliga a analizar lo ordinario para poder transformarlo, en lugar de evadirnos de lo que nos toca habitar y vivir.
En el primer tomo la vida le parece rica, pero el segundo tomo contiene ya una crítica más aguda de lo cotidiano que en el capitalismo es resultado del mundo de la mercancía, de la alienación y de las cadenas de equivalencias, ficticias o reales, que arrastra la uniformidad bajo las diferencias aparentes de las cosas. Lo más interesante del tercer tomo es la introducción al concepto del “ritmanálisis”, que trata de forma pluridisciplinaria los ritmos diferenciados del tiempo.
Marcel
Marcel habla de la tradición como el “depósito de la fe transmitido por el magisterio siglo tras siglo” y que tiene “un carácter intemporal, se adapta a todos los tiempos y a todos los lugares”. Para el teólogo Hans Küng, la excomunión de Lefebvre “ese obcecado de la Edad Media, que admira el pasado régimen de Francia y el actual de Pinochet” no se trata de una tragedia de la Iglesia Católica, sino más bien del “fracaso del aggionamento papal y curial”.12
No sorprende, entonces, que la ultraderecha del Frente Nacional Francés haya apoyado incondicionalmente a Marcel Lefebvre pues, para él, ellos han sabido salvaguardar, “ frente al comunismo ateo y el materialismo decadente, la herencia de los más sagrados valores occidentales”. Hacia el final de su vida, empecinado y excomulgado pero con el poder de su Fraternidad transnacional y sus “cruzadas eucarísticas”, Marcel apoyaba a figuras de la extrema derecha como Jean-Marie Le Pen y abogaba por la restauración de la monarquía francesa. En sus últimos días, lo multaron por un delito de apología del racismo. Y sin embargo, su comunidad, ahora cismática, ganaba seguidores en todo el mundo.
La “Fraternidad Sacerdotal San Pío X” hoy tiene presencia en todo el mundo y cuenta con Seminarios en los cinco continentes. Marcel mismo fundó seis de los Seminarios que operan en Estados Unidos, Alemania, Argentina, Francia y Australia. Pese a que en vida le negaron, en 1977, el acceso a Marcel Lefebvre a México, justo después de que el Papa le prohibiera administrar los sacramentos, hay hoy en el país una Casa de Distrito de la Fraternidad.13
Después del breve periodo en el que el cardenal Ratzinger fue el papa Benedicto XVI y perdonó a los cuatro obispos ordenados de la excomunión, la Fraternidad hoy es sumamente crítica del Papa Francisco y su búsqueda de la unión ecuménica, contra lo cual, dicen, habría que promover “el regreso de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, que alguna vez tuvieron la desgracia de abandonar”.14
Tercera tesis: para Henri importa sobre todo diferenciar los ritmos del tiempo que se producen socialmente, mientras que para Marcel solo hay un tiempo, el eterno, que se conserva siempre mejor en pretérito.
Henri
El interés de Henri por los problemas agrarios a los que se dedicó como investigador durante muchos años lo llevó a considerar la producción del espacio y el fenómeno urbano, la cual es posiblemente su contribución más importante en la filosofía contemporánea, y la que produjo resonancias en otras disciplinas como la geografía, la historia, la sociología o incluso la arquitectura.
Sus indagaciones más ricas reflexionan acerca de la problemática del espacio como eje a través del cual analiza la complejidad del mundo moderno. El resultado de sus reflexiones es un conjunto de seis textos El derecho a la ciudad (1968), De lo rural a lo urbano (1970), La revolución urbana (1970), El pensamiento marxista y la ciudad (1972), Espacio y política (1972) y, finalmente, uno de sus mejores libros, La producción del espacio (1974).15
Lefebvre desarrolla a lo largo de estos años el marco teórico del materialismo dialéctico a la luz de las nuevas contradicciones y conflictos sociales suscitados por el capitalismo, las formaciones ideológicas y de conocimiento científico, el proceso de urbanización acelerado del siglo XX y las nuevas formas en que ahora se puede ver la alienación.
Los saberes y las ciencias fragmentaron durante siglos el espacio en virtud de postulados metodológicos simplificados, la práctica en la sociedad pero el modo de producción capitalista inventó la planificación espacial e hizo del espacio un regulador homogéneo. Por consiguiente, el espacio es tanto homogéneo como fragmentado: el espacio uniforme de las carreteras, autopistas, comunicaciones, los medios de comunicación y el espacio resquebrajado, vendido por lotes pequeñísimos, como parcelas individuales.
Para Henri era necesario ir más allá del esquema según el cual el espacio vacío preexiste a aquello que lo ocupa y hay que distinguir entre el espacio físico, mental y, sobre todo, social. “El espacio (social) es un producto (social)”16 dice Henri en su libro cumbre, La producción del espacio.
Si se considera al espacio como un producto social, entonces hay que examinar la forma en que cada sociedad produce su propio espacio, con ciertas prácticas espaciales, representaciones del espacio y espacios de representación. Así analiza entonces el espacio de fines del siglo XX que le tocó presenciar bajo la revolución del capital: “Expresa una estrecha asociación en el espacio percibido entre la realidad cotidiana (el uso del tiempo) y la realidad urbana (las rutas y redes que se ligan a los lugares de trabajo, de vida ‘privada’, de ocio). Sin duda, esta asociación es sorprendente pues incluye la separación más extrema entre los lugares que vincula”.17
Este espacio del capitalismo que se debate entre la velocidad de las telecomunicaciones y el internet y la parcelación obsesiva de las propiedades para obtener ganancias es en el que vivimos. Hoy, la influencia de La producción del espacio está en autores tan diversos como David Harvey, Fredric Jameson, Doreen Massey o Edward Soja.
Cuarta tesis: Marcel creó su propio espacio (cisma de por medio), producto social de la resistencia al cambio en las prácticas eclesiásticas que se mal-modernizaron y Henri nos legó formas de leer las contradicciones de las producciones espaciales en general.
Henri y Marcel
Henri Lefebvre considera a la contradicción como el núcleo y el principio fundamental que anuda su visión filosófica marxista: “las contradicciones mudan; y no dispongo de otros medios para seguir el hilo que me guía en el laberinto, para concretar la contradicción que emerge como esencial, la más dolorosa”.18 A Marcel Lefebvre lo guía la certeza opuesta, desde el púlpito en el que todavía oficiaba misas en latín: “No es posible fundir principios contradictorios, eso es evidente; no se puede reunir la verdad y el error para hacer de ellos una sola cosa”.19
Ambos defendieron acérrimamente, hasta la excomunión o hasta la marginación, sus principios: el de la pureza de la tradición y la fe inmodificable y eterna, y el de las contradicciones de la dialéctica entre lo concebido y lo vivido que guía una visión crítica de la realidad. Se les puede considerar a ambos como síntomas de dos posturas que emergieron en el siglo XX y que entraron en conflicto al pensar cuestiones elementales como el tiempo, el espacio, el lenguaje y lo cotidiano.
Estoy segura de que los dos Lefebvre me condenan y que se van a aparecer en mis pesadillas por atreverme a contrastarlos en este pequeño experimento. Pero me queda este consuelo, cortesía de Lenin: “La unidad (coincidencia, identidad, equivalencia) de los contrarios es condicional, temporal, transitoria, relativa. La lucha de los contrarios, mutuamente excluyentes, es absoluta, como es absoluto el desarrollo, el movimiento”. Así pues, que sea esta unidad producto de un equívoco y de una serie de coincidencias (des)afortunadas pero que sigan en movimiento y en lucha los principios que conforman nuestra realidad, porque la verdadera riqueza está en las formas de pensarla.
Marcel Lefebvre murió hace treinta años, el 25 de Marzo de 1991. Henri Lefebvre murió casi tres meses después, el 28 de junio de 1991, hace también treinta años.
P.D. El día en que revisé este texto, 15 de Marzo de 2021, encontré el obituario de un tal Marcel Henri Lefebvre, que murió en Marzo 15 de 2009 en Marintown, Ontario, Canadá. ¿Será acaso Marcel Henri Lefebvre la síntesis de este texto?
15 Todos estos libros están traducidos al español en diversas ediciones, hay que destacar la labor de Mario Gaviria, alumno y después amigo de Lefebvre, en la difusión de la obra del autor francés en español.
16 Henri Lefebvre, La producción del espacio, trad. Emilio Martínez Gutiérrez, Madrid, Capitán Swing Libros, 2013, p.97.
Pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante.
Nabokov
El Rolls Royce Phantom penetra en la noche como un cuchillo largo raspando el pavimento de la carretera desierta. Ella escucha vagamente la radio, Él acelera con dirección a la autopista periférica. Quieren ver el bosque de niebla, sentir su calma a esa hora muerta. Ella roza los quince años; su belleza de niña garçonne, su delicadeza y un no-sé-qué de huerfanita la hermanan a Jean Seberg. Él es un hombre maduro y perturbado, un doliente artista de la vida que ama como Pigmalión a Galatea, como Paris a Helena, como Humbert Humbert a Lolita.
Sus caminos se cruzaron pocos días antes, cuando Él erraba en su auto por las calles de París en busca de otro bar para consolar su sed etílica y Ella trataba de encontrar refugio al inminente aguacero en su bicicleta rosa. Quien los viera juntos diría que tienen algo de la Bella y la Bestia, de Caperucita roja y el Lobo feroz.
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A Serge Gainsbourg lo habitaban muchos personajes. Ginzburg, Gainsbourough, Gainsbarre. Un agraciado actor interpretando papeles distintos y a veces opuestos. Seductor, monstruo, artista frustrado y niño genio. En Francia hay una expresión coloquial acerca de la locura: el loco “no está sólo adentro de su cabeza” porque es muchos a la vez, al igual que un esquizofrénico. Esto era una verdad tácita en él. Sabía cómo pocos que Yo es otro, que persona significa “máscara” y la vida es como una obra de Molière donde dolor y júbilo fluctúan en una sola danza palpitante.
Pero antes que nada Gainsbourg era una sombra larga, un nostálgico irreverente. Dandy genial con aire de sátiro y fina silueta de vampiro en decadencia. Su incuestionable malditismo lo sitúa en la estirpe de Rimbaud, l’Enfant terrible; Fernando Pessoa, el mil-rostros; y Janis Joplin, la estrella de triste final. Su vida trajo alegría a millones de desconocidos y emociones encontradas a sus allegados –desde Brigitte Bardot, pasando por Jane Birkin o Bambou hasta llegar a sus hijos, la actriz y cantante Charlotte, y el actor Lucien– su música revolucionó como ninguna la chanson francaise, sin hablar de la poesía y el cine de su época.
A treinta años de su muerte (y pese a la pandemia), miles de admiradores enmascarados le rindieron homenaje a Gainsbourg en el cementerio de Montparnasse en París, donde marcó un hito. Hace meses leía que Maradona era “un dios intoxicado”. Pues bien, lo mismo puede decirse de él. Sus diversas etapas de creación escalan en su vida como las curiosidades de un niño y alimentan su imagen de camaleón artístico: adaptó al ritmo de sus tiempos y al compás de su lengua géneros como el Jazz, rock progresivo, samba, reggae, la canción de texto (que en México llamarían trova en una simplificación que no termino de entender). Sin embargo, la aparición de La historia de Melody Nelsonen 1971 reveló al mundo un genio que apenas tras su fallecimiento empezamos a redescubrir.
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En mi vida el sol es escaso, como la felicidad, confiesa Él a pocos minutos del alba. Afuera se estrellan dos noches, una negra y otra con el rostro lleno de moretones. A la luz celeste de la madrugada mis amigas y yo la llamamos azul reproche, repone Ella, sus cabellos rojos ondean. Se detienen en un aire de autopista, el ruido del Roll Royce despierta al joven tras el mostrador, que los atiende de mala gana. Compran cigarros para él y chicles de arándano para Ella.
El camino de vuelta es más corto porque, se sabe, el que va sube y el que vuelve baja, y uno siempre baja más rápido de lo que subió. El aspecto sonámbulo de la ciudad reconforta sus corazones; ya no son las largas paredes de un laberinto, ahora revelan cierta ternura, como el rostro de una mujer hermosa sin maquillarse. Lo importante no es la caída, sino el aterrizaje, aclara Él mientras se internan sigilosamente en la zona más lujosa del Séptimo Distrito de París, hacia el Hotel.
No es amor si no haces estupideces, se burla Ella. Sus ojos de luna ambarina sonríen desafiantes.
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Cuando compuso su primer álbum conceptual, Gainsbourg vivía con Jane Birkin en una casita en el centro de Chelsea. Su lectura de Lolita y de los versos heroicos de José María de Heredia, que estaban en su diccionario de rimas Albin Michel, completaron un estado de fascinación. Esto lo llevaría a conjurar dichas obsesiones en el entramado dramático de su nueva obra. Además su reciente amistad con el compositor Jean Claude Vannier –que acababa de firmar Madame con la gran Barbara– marcó el estallido del proyecto: La historia de Melody Nelson sería una ópera moderna con algo de comedia musical y vaudeville oscuro donde el vals, la música de cámara, el pop y el rock progresivo pudieran confluir en algo que apenas habían sugerido genios como el de Pink Floyd o The Beatles, pero nunca un solista (aunque los fans de Frank Sinatra le atribuyan el primer álbum conceptual en el mundo de la música).
Sin embargo, la historia de su recepción es conocida: tras su estreno, hace 46 años, La historia de Melody Nelson tuvo un rotundo fracaso comercial y no fue sino doce años más tarde que recibió su disco de oro junto con el reconocimiento unánime de la crítica y la audiencia.
Un número se cuela en la concepción del proyecto: el siete. Sólo la primera y la última canción tienen poco más de siete minutos, y el avión que sella el destino de Melody es un Boeing 707. El resto de las canciones, exceptuando la más emblemática –L’Hotel Particulier– tienen menos o apenas dos minutos. La duración total del álbum es de 28 minutos.
Los textos que Gainsbourg escribió en un desborde frenético de creatividad, alcohol y nervios fluctúan entre el soneto clásico y el verso libre, expresión acorde a la música del álbum, que se mueve entre ambos polos. La letra está adecuada al fino estilo de Serge: la declamación poética con repentinos murmullos, el slam, y los eflujos altisonantes de su época como Crooner en los cabarés de París en los años cincuenta.
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Ella entra primero al Hotel Particular, como si conociera ese paradisíaco no-lugar camuflado en la esquina de un ángulo muerto de la no-ciudad (escondido, como el Aleph). Él la sigue sin titubear, asombrado por el aspecto voluptuoso que ha tomado el cuerpo de Ella, cuyo contoneo sutil se observa a través del umbral.
En un punto aparecen Los Anfitriones, dos negros en cadenas y semidesnudos, que los guían por los laberínticos recovecos del Hotel y al acercar sus antorchas dejan ver las recámaras exquisitamente decoradas con revestimientos que retratan escenas sublimes de la Comedia dantesca.
El purgatorio, los nueve círculos del infierno, habitáculos con perdidos fumadores de opio y al fin la recámara especial: Cleopatra. Una escultura de la semidiosa egipcia domina en el coito a Julio César en la posición prohibida, esa que descubrió Lilith al pernoctar con Luzbel.
Esa será la primera y única vez que Ella, de nombre Melody Nelson, comparta el sueño de Venus con alguien, con Él.
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La lírica de las pistas aborda un amorío con un tinte personal en la vida del artista, como ya había hecho en 1968 con Bonnie and Clyde, que escribe e interpreta con Brigitte Bardot. No obstante, los textos gozan de una discontinuidad, ritmo y un colorido propio de la poesía simbolista con ciertas pinceladas de surrealismo y una inevitable sensación de prosa poética.
Como Lorca en Poeta en Nueva York y Baudelaire en El Spleen de París, Gainsbourg esboza someramente una arquitectura dramática: dibuja una geografía sentimental, describe la atmósfera y los personajes arquetípicos, pero la riqueza de la lectura está en la apropiación y experiencia lectora (de alguna manera todos hemos vivido la historia de Mélody), que es también la de un oyente.
Jane Birkin pone el punto final al proceso de escritura cuando, mientras tiñe sus cabellos de rojo ante Serge, encuentra el nombre indicado para la ciudad de origen de Melody: “Sunderland”, la tierra desgarrada. Menos de dos intensas semanas de grabación bastan para dan a luz la obra maestra. Et voilà!
La cereza del pastel es la carátula del álbum, una hipnotizante imagen de fondo azul turquesa con la silueta de Jane Birkin semidesnuda encarnando a Melody. El botón de sus blue jeans está desabrochado no por un glamur sensual sino porque Jane tiene varios meses de embarazo; espera a Charlotte.
Historie de Melody Nelso – Imagen tomada de wikimedia
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El vuelo del avión 707 que viaja de París a Londres es más turbulento de lo normal. Melody sabe que el mal tiempo es algo natural en Inglaterra, pero esta vez parece asustada porque, a diferencia de siempre, tiene algo que perder. En sus manos aprieta un viejo libro de lomo ajado que Él le regaló para que la acompañara mientras estaban separados. De alguna manera esta es también nuestra historia, le había dicho. Ella trata de calmarse, de habitar otra piel a través de la lectura: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.”
Melody no terminará el libro ni volverá a ver La Tierra Desgarrada. Tras una maniobra desafortunada el avión cae en un pique vertiginoso y libre.
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Para suerte de los melómanos en diciembre de 1971 el director de televisión Jean-Cristophe Averty notó las virtudes del malogrado álbum y su potencial como película o microfilm. En menos de diez días realizó el clip Melody, donde retoma las pistas como capítulos o episodios de una comedia musical y le agrega un telón de fondo psicodélico con piezas maestras de la pintura onírica de Paul Delvaux, Salvador Dalí, y René Magritte. Un deleite para los ojos y los oídos.
Al año siguiente el clip se difundió ampliamente entre el público francófono, en Estados Unidos y el Reino Unido. La suerte estaba echada. Una obra maestra había florecido.
En la última década el post-punk ha tenido un revival muy fuerte en varios países, creando movimientos de bandas que hacen del género, un parteaguas para experimentar con otros sonidos o géneros afines que, en muchos casos, hace memorables a grupos o exponentes al llevar al género a otro nivel. Países como Estados Unidos, Rusia, Alemania, México y hasta otros que podríamos decir se alejan mucho de esos sonidos oscuros como Turquía o Venezuela, han visto nacer grandes agrupaciones que basan su sonido en el post-punk, dando pie al surgimiento en la última década de bandas como: Soft Kill, Light Asylum, Motorama, Holygram, Hoffen, She Past Away, Belgrado, entre muchas más que se han hecho incondicionales de festivales y lugares donde se baila hasta el amanecer ese ritmo de música.
En un momento creo que he viajado al pasado y que estoy viendo a Anja Huwe frente a mí vestida de negro, pero no, estoy en este hervidero de gente que me encanta viendo a Patrycja Proniewska cantar y bailar de un lado a otro la canción “Automatyczny Swiat” en ese diminuto escenario. Todos saltamos y bailamos al ritmo de la banda, la voz de Patrycja comienza a perderse tal vez por la mala ecualización del sonido, pero qué importa, ella parece notarlo y decide aventarse sobre nosotros para que la levantamos en nuestros brazos apenas unos breves segundos. Ella regresa a terminar la canción mientras seguimos sudando y bailando sin querer que el concierte llegue a su fin…
Belgrado – Centro de Salud 12-08-2016
Como su nombre lo indica, el post-punk surge después de la llamada muerte del punk que, si bien muchos críticos y puristas dicen que el punk no ha muerto en el ideario general, para muchos músicos y bandas que vivieron en el apogeo a finales de los setenta, sí se derrumbó, en gran medida por toda la censura que el gobierno británico de ese entonces hizo, dejando huérfanos de ese movimiento tanto a seguidores como bandas importantes de la talla de los Sex Pistols, The Clash o los Buzzcocks.
Al ver que el género iba en decadencia, aunado a la muerte de Sid Vicious y, sobre todo, el surgimiento de artistas jóvenes más notables, esos mismos punks intentaron cambiar su sonido, creando nuevas agrupaciones que, si bien entraron en la historia del género, no se compararon al éxito previo que tuvieron como punks. Así, artistas como Johnny Lydon pasaron de los Pistols a Public Image Ltd. o bien, Howard Devoto de Buzzcooks a Magazine, evolucionando a lo que la década de los ochenta pedía.
Sin embargo, esas bandas ya no compitieron con ritmos más experimentales, sombríos e introvertidos que popularizarían agrupaciones como Joy División, Bauhaus, Siouxsie and The Banshes o The Cure, que además tenían increíbles exponentes como sus vocalistas Ian Curtis, Peter Murphy, Siouxsie Sioux y Robert Smith, respectivamente.
El concierto comenzó frenético, en solo unos minutos ya habíamos escuchado cuatro de las canciones más icónicas de Joy Division cuando de la nada y conectando como si fuera parte de la canción “Digital”, la batería comenzó a sonar haciendo que el público de inmediato reconociera la canción, después el bajo de Hook hizo que todo el público comenzara a saltar para después darle entrada a la guitarra y la letra: I’ve been waiting for a guide to come and take me by the hand. No es la voz de Curtis, pero Hook y los fans la cantan enardecidos como si él estuviera ahí: It’s getting faster, moving faster now, It’s getting out of hand. No queda más que bailar y cantar o simular que lo haces. El ritmo de la canción es más rápido que el acostumbrado, pero no importa, suena mejor. I’ve got the spirit, but lose the feeling, más baile, más gritos y parece que el foro tiembla… Feeling, feeling, feeling, feeling, feeling, feeling, feeling, feeeeeliiing…
Peter Hook & The Light – Lunario del Auditorio 30-09-2013
La explosión del post-punk según el crítico musical Simon Reynolds, se da entre los años de 1977 y 1984, en los que bandas como las ya mencionadas, aunadas a otras como The Smiths, Talking Heads, Gang of Four, Echo and The Bunnymen, Cocteau Twins, entre otras, inundaron el Reino Unido para después hacerlo en el mundo entero.
Si bien no hay una tipología única que establezca cómo deben ser las canciones de post-punk, en esos primeros años el ideario de las bandas mencionadas deja ver un estilo que se apega al new wave, género muy afín al post-punk y que se desarrolló en paralelo en la misma década ochentera: con uso de sintetizadores, música electrónica y elementos futuristas. También el post-punk deja ver un rock gótico, oscuro y melancólico que se nota principalmente en las letras de estas bandas o en el estilo de indumentaria y maquillajes que se usaban.
De igual manera, conforme avanzaron los ochenta, solía haber algo de pop, rock y distorsión en el género, pero eso dependía en gran medida de cada agrupación y de la línea principal que decidían seguir. Así tenemos bandas más oscuras que también son consideradas iconos del rock gótico como Bauhaus, Joy Division, Chistian Death, Siouxsie ante Banshees o Xmal Deutschland, a otras más poperas como The Smiths, The Chameleons o New Order.
El post-punk es muy amplio en cuanto a sonidos se refiere, así como la cantidad de bandas que lo tocan, siendo el sonido directo, marcado por un ritmo constante menos abrasivo que el punk, pero más complejo y oscuro, en donde los artistas experimentan más a ritmo de bajos, sintetizadores, computadoras, cajas de ritmo, pero como muchos dicen, esta es sólo una breve descripción de lo que el género aportó en esos primeros años de la década ochentera. Algunos de esos grupos que de igual forma tocaban new wave, al juntarlo con el post-punk, crearon otro subgénero llamado dark wave, muy popular hoy en día, que consiste en esa combinación de ambos géneros, en donde lo gótico, se junta con lo electrónico, creando sonidos más bailables, pero sin perder ese toque sombrío que las cuerdas y los sintetizadores dan en el post-punk.
Conforme pasó el tiempo y la industria cambiaba, el post-punk quedó casi sepultado en la década de los noventa, en donde nuevamente, Inglaterra estaría a la cabeza, pero con géneros más comerciales y suaves como el britpop que compitió directamente con el grunge que se hacía en EUA a principios de los noventa. Después de eso, sonidos mucho más pop como las boy bands o el llamado Nü-Metal aparecieron para, en definitiva, hacer olvidar aún más el post-punk que tanto revuelo causó. Otra razón del apagón fue de que muchas de las bandas de post-punk, tenían pausas indefinidas por separaciones o muertes de integrantes o bien, porque de momento no les interesaba reavivar el género.
A principios de los dos miles, un primer y tímido revival de bandas como Interpol, The Killers, She Wants Revenge o Editors, coquetearon con el post-punk en varias de sus canciones como “Obstacle 1”, “Jenny Was A Friend of Mine”, “Tear You Apart” o “Someone Says”, respectivamente, que de inmediato hicieron recordar al género por lo marcado de sus bajos, la utilización de sintetizadores y baterías elegantes que dejaban escuchar un sonido oscuro, casi siempre con voces gruesas que nos recordaban a Ian Curtis. Sin embargo, sólo fue un coqueteo pues su sonido siempre estuvo marcado más por el indie rock o indie pop, que evocaban a bandas clásicas para ese entonces como Pixies, The Smiths, Sonic Youth o los Stone Roses, que ayudaron a crear los cimientos en las que esas bandas forjaron su sonido al igual The Strokes, Artic Monkes, Arcade Fire, Bloc Party, entre otras.
Luego de ese pequeño regreso en algunas muy buenas canciones de esas bandas, la industria musical comenzó a revivir a muchos artistas sin importar géneros ni edades, es ahí donde empezamos a ver que bandas retiradas como OMD, The Chameleons o Wire, regresaron con un gran furor entre sus viejos y nuevos seguidores por el año del 2008, o bien, comenzamos a ver a artistas como Peter Hook que hacía giras en donde solo tocaba discos completos de Joy Division, o a Peter Murphy que de vez en vez, hacía giras en donde sólo tocaba música de Bauhaus, dejando de lado su lado solista. Quizás esto ayudó a que, en la última década, muchos países vieran nacer bastantes agrupaciones que basan su música en sonidos y géneros ochenteros.
Hay un punk de cuarenta y tantos obstruyendo el paso para llegar a mi asiento, con estoperoles y todo, pero demasiado ebrio, parece descansar el pie izquierdo que trae enyesado, me mira y me dice: pásale pásale carnalito. Como puede me da permiso, me preocupo porque los punks de su edad suelen volverse locos cuando algo les gusta, más si están pasados de alcohol. El bajo de David J comienza la canción “Double Dare”, en un juego de luces blancas que por momentos rompe la oscuridad del escenario. Peter Murphy aparece cantando I daaaaare you, to be reeeal, to touche, to touche a flickeriiiing flaaaame. Enseguida el punk salta como si no tuviera el pie roto, alza el puño derecho en todo lo alto al ritmo de la batería, canta cada palabra de la canción mirando fijamente a Murphy, aplaude y le grita amor al vocalista. Enseguida comienza “In the Flat Field” y el punk enloquece al ritmo enérgico de la canción: yo fuí al Ópera, yo fui al Ópera grita presumido, alzando y bajando su puño derecho una y otra vez hasta que, sin querer, le pega en la cabeza a una chica delante de él. Ella molesta se voltea y le reclama, pero el punk ni se inmuta y ella enojada, se va corriendo escaleras arriba, seguro por los de seguridad. El punk esta enardecido y Peter Murphy y David J también. Yo no sé a quién mirar, si a los Bauhaus que están frenéticos tocando esa canción o al punk iracundo al lado mío que me empuja una y otra vez sin siquiera notarlo.
Peter Murphy ft. David J – Teatro Metropolitan 11-01-2019
Uno de los primeros países en donde hubo un fuerte revival del género fue Rusia con el surgimiento de bandas como Motorama, Utro, Buerak o Ploho, que se juntaron con otras mal llamadas rusas como Molchat Doma o Nürnberg (ambas son de Bielorrusia), o de otros países como Soviet Soviet (Italia), para marcar que su sonido en su totalidad era o es post-punk. A partir de esto, más y más bandas comenzaron a entrarle al género para de ahí mezclarse con otros como el post-rock, el shoagaze o el dark wave. Tanto fue el impacto de estas bandas rusas que ahora, y a partir de las diversas redes sociales, es muy fácil acceder a su música y al significado de sus letras, que incluso, se ha vuelto un cliché para los amantes del género, provocando un cierto repudio a algunas de ellas porque no las consideran del todo parte de este nuevo post-punk. Basta con ver como las canciones de Molchat Doma (“Sudno” y Tancebat”), se han viralizado en redes como TikTok, YouTube o Instagram, como parodia que cualquier baile se puede bailar a ese ritmo.
Algo que también ha provocado este último y más marcado revival es que puede que se considere fácil hacer una banda de post-punk o bien, tocar este género, en el que, según los que saben, lo que define este sonido serán siempre los pedales (compresor-chorus-distorsión) y las pastillas de la guitarra, la cual debe tener un sonido limpio y potente para tener mayor versatilidad, recomendando usar una Jaguar, una Telecaster o una Stratocaster según tus gustos y aptitudes.
Ante este tipo de consejos y aunado a la viralización del género por medio de memes y videos parodia, el post-punk se ha prestado para que se juegue y se ría del mismo, como la canción denominada “Post-Punk Buchón” donde el youtuber “JCesarTV” de forma irónica y muy bien hecha, crea una canción a ritmo de post-punk, pero con letra que bien podría quedar en una canción norteña o de algún narcocorrido, demostrándonos que efectivamente, sí se quiere hacer una canción a ritmo de post-punk, puede ser de lo más sencillo.
Como todo buen género el post-punk tiene a sus seguidores incondicionales, pero también a sus detractores, haciéndolo a últimos años, un tema recurrente en casi todos lados: del amor al odio y de la fascinación al desprecio.
Creo que otra vez sobrevendieron el lugar, es imposible siquiera pedir algo a los meseros que intentan vender cerveza en medio de tanta gente, parece misión imposible, pero ante el calor insoportable y el olor a sudor impregnando todo, es necesario que hagan su trabajo. Los sintetizadores de Doruk Öztürkca, anuncian la que sigue y todos reconocemos cuál es. “Asimilasyon” suena y todos, aunque no se quiera, comenzamos a saltar y a movernos conforme Volkan Cane canta en medio del juego de luces del escenario, esa canción que habla de una plaga. Dos chicas junto a mi gritan demasiado y casi no distingo los sonidos, las luces comienzan a lastimarme los ojos, y la gente a mi lado comienza a apretarme todo, creo que quiero vomitar y ni siquiera estoy ebrio.
She Past Away – La Cosa Nostra 20-05-2017
En México el sonido se finca en la década de los 80 siendo quizás Caifanes, por toda su exposición y parafernalia inicial, los que pueden ser una de las bandas pioneras del género en México, a pesar de que muchos dicen, que sólo hacían música comercial para vender discos.
Muchas historias se cuentan de la banda, como la de que en sus primeros intentos por grabar su música no los firmaron porque parecían putos por la manera de peinarse y maquillarse muy al estilo gótico o post-punk de esos años que recordaba a Siouxsie Sioux, Ian McCulloch o Robert Smith. O bien, cuando otro ejecutivo de otra disquera les dijo después de escuchar esa magnífica letra que habla de alguien enfermo de la mente (“Sera por eso”), que ellos vendían discos, no ataúdes.
Sin embargo, a base de perseverancia lograron enamorar al productor argentino Gerardo Cachorro López (multiinstrumentista y productor de artistas como Miguel Mateos, Andrés Calamaro, Bersuit, Vicentico, entre otros), que los ayudó a grabar ese primer disco en 1988 para RCA Ariola, siendo precisamente “Será por eso”, el primer video oficial que marcó la presentación de la banda al mundo entero. El video es muy gótico, con juegos de sombras y blancos con negro, en el que vemos al cuarteto con toda la imagen de las bandas ochenteras del Reino Unido: cabello negro alborotado, maquillaje oscuro en los ojos y desde luego, sonidos y letras sombrías que, si bien no se podría decir que esa canción sea post-punk, sí tiene elementos (como el bajo o los sintetizadores) muy característicos del género.
De igual manera Caifanes tiene otras canciones más apegadas a pesar del rechazo de algunos críticos y seguidores que creen que la banda nunca fue post-punk, sino una imitación llevada a la pose, tratando de igualar en su estilo a bandas como The Cure o Echo and The Bunnymen, pero sin ser del todo cierto porque su mayor influencia y a lo que realmente aspiraban ser en esa primera etapa era sonar o verse como Soda Stereo, cosa que hizo que la banda hiciera canciones muy buenas que pueden catalogarse dentro del post-punk ochentero como “La bestia Humana”, en la que por cierto, Gustavo Cerati participó grabando las guitarras muy características del él y su banda, aunado a los sintetizadores siempre oscuros, al bajo muy marcado y a las letras sombrías que salían de la voz de Hernández. “Te estoy mirando” y “Amanece”, también entrarían en lo que dicta el género, ya que el sonido está muy marcado por la batería, el bajo y los sintetizadores.
Como sabemos, después de ese primer disco el cuarteto cambió mucho su sonido e imagen a algo más rockero, influenciados por el llamado Rock en tu idioma de principios de los noventas y por las guitarras más tropicales que inyectó Alejandro Marcovich en los discos venideros, dejando casi en el olvido esa parte gótica o post-punk que los puso en boca de muchos.
Pero antes de Caifanes hubo un grupo de nombre Size que ante el rechazo y la poca difusión de su música, quedarían casi en el olvido, de no ser por lo que se ha hecho en los últimos años al rescatar la memoria de esta banda, como la realización del documental Size: Nadie Puede Vivir con un Monstruo o la reedición de su música con todo y demos, e inclusive en una parte de la narración de la crónica Tengo que morir todas las noches en dónde Guillermo Osorno nos da muchos detalles de lo que la agrupación a palabras de él hacía en sus presentaciones y no presentaciones.
Su vocalista Jaime Keller mejor conocido como Illy Bleeding, estudiaba en Canadá cuando tuvo que volver a México porque su abuelo, quien pagaba sus estudios murió. Sin embargo, en ese andar por otros países, conoció a personalidades como David Bowie (con quien se dice salía a comprar discos y libros), Frank Zappa y Lou Reed que, de cierta forma, se hacen notar en la música que compondría años después.
Size comenzó a tocar en diferentes lugares underground casi ilegales, por ese entonces llamados hoyos funky, en los que bandas de punk y rock urbano también tocaban a finales de los ochenta. Size resaltaba enseguida por su estilo vanguardista ( como en la canción “Castillos en el cielo”), con letras en inglés (“Tonight”, “Bar Ship”), más al estilo británico o europeo que se asemejaba a bandas como, The Clash, Warsaw (antes de ser Joy División) y hasta David Bowie o los alemanes de Kraftwerk.
Size (1979-1985) representó en el país sonidos que en Inglaterra y EUA ya estaban más que digeridos por los exponentes más famosos del post-punk y el new-wave, teniendo en los sintetizadores y los bajos, elementos que se asemejaban a un rock progresivo, con toques futuristas que bien podrían sonar punks o post-punks o synth pops, además de que el vocalista al intercalar las letras en inglés y español, sonaba en muchas ocasiones al primer Robert Smith de The Cure. Canciones como “Grotesque Ornamente”, “La cabellera de Berenice” o “Lucreative Methods”, dejan ver que esta banda estuvo adelantada a su tiempo y aunque no tuvo el impacto esperado, pueden considerarse uno de los pioneros del post-punk, new-wave y synth pop en el país, siendo un pilar importante para que proyectos y bandas como Dangerous Rhythm, Casino Shangai o El Clan, crearan su estilo de música.
El concierto lleva buen ritmo, muchos gritamos Motorama Motorama Motorama en una breve pausa, y otros más piden complacencias: “Normandy”, “One Moment”, “Budapest”, la que seeaaa.. Aunque es su primera vez en México, parece que todos se saben las canciones. Sin duda cuando Vlad Parshin deja la guitarra, se parece a Ian Curtis: toma el micro con las manos y cierra los ojos como él, incluso a veces su voz se asemeja mucho y ya no digamos cuando baila, parece que le hace un tributo. Las guitarras anuncian “To the South” y todos gritamos y comenzamos a cantar a coro esa canción que habla de alguien que viajara al sur, dejando atrás el invierno. Muchos bailan y gritan sin dejar de grabar con sus cámaras y teléfonos, la banda también se mueve al ritmo de su música, es imposible no hacerlo ante esa magnífica canción de apenas dos minutos y medio.
Motorama – Caradura 21-09-2012
A últimas fechas en nuestro país, músicos muy jóvenes están formando bandas que parten del post-punk para crear su música de manera muy independiente o como ellos dicen, muy DIY (Do It Yourself), experimentando de igual manera con sonidos electrónicos y oscuros a base de bajos y sintetizadores que los hacen situarse también en el nuevo dark-wave que se está haciendo en las principales ciudades de Europa y EUA.
Proyectos muy interesantes y con un futuro que se vislumbra muy prometedor como Hoffen, resaltan enseguida al adherirse a ese post-punk puro de los ochentas, en donde el bajo y la voz grave del vocalista, se notan enseguida en canciones como “Cold Tears Of An Angel” o “Calisto”. De igual forma artistas como Werner Karloff o Equinoxious que a partir de un synth-pop minimalista, experimentan con sonidos a fines por lo que, de vez en vez, en su música se nota un post-punk más asociado al hecho por las bandas rusas y europeas de la última década como se nota en canciones como “Zweiheit” o “Astrónomo Insumiso”, respectivamente.
Pero no sólo el presente del post punk en México se queda con ellos, proyectos como Leonora Post Punk, Bellenger, Cruz de Navajas, Mementut, Saúl De los Santos, entre otros más, están haciendo un post punk que competiría con cualquiera de las bandas más famosas del género y que, hasta antes de la pandemia, era recurrente escucharlos en foros de la Ciudad como El Gato Calavera, El Centro de Salud o el Foro Cultural Alicia, ya sea como teloneros de otras bandas o como el acto principal
El post-punk ha sobrevivido más de cincuenta años y nos ha dejado una escuela muy importante que por el momento, parece que continuará con las bandas ya establecidas y por algunas más que vayan surgiendo en el camino, siempre experimentando y adhiriéndose a otros géneros que quizás, es por lo que el post-punk lleva tantos años vigente, dejando en mayor medida el underground, para ser un recurrente en el día a día de la música, junto a otros sonidos oscuros, frenéticos, bailables, electrónicos y futuristas que lo hacen un género perdurable y con muchos años más de vida.
El novio más serio que tuvo Magdalena Macías, en vez de decirle Gorda, le decía Gordita. Empezaron a andar cuando ella tenía diecisiete años, y ya para cuando tenía diecinueve llevaba un año en la Academia de policía y seguían juntos. Ramiro era alto y dientudo, pero todas decían que tenía su chiste. No tomaba, no era mujeriego, nunca la contradecía y siempre le caminaba un paso atrás, como lacayo de alguna antigua monarquía.
A la Gorda Macías le incomodaba tanta devoción, pero se obligaba a querer a Ramiro y le contaba cosas que a nadie más, como que ella, ante su abuelo, nunca sabía decir que no.
—Ramiro es buena gente, le dijo una que por entonces se decía su amiga, y tú tampoco es que vayas a tener muchos pretendientes.
Lo normal para todos era que se casaran, y la Gorda lo hubiera hecho de no ser porque Ramiro le pidió matrimonio justo en la fiesta de los noventa años de su abuelo, frente a él y al resto de la familia. Y aunque en ese momento Magdalena le hubiera dicho que sí, con solo verle la cara Ramiro supo que nunca llegarían a casarse. El compromiso terminó ahí mismo, tan pronto como había empezado, y a partir de entonces la Gorda tomó el consejo de su abuelo:
—Un buen poli, mi Magda, aprende a tener siempre la misma cara, para que nadie pueda leerle las debilidades.
Muchos años después, nadie pudo leer en Magdalena Macías, ya conocida entre los municipales como la GM, el enojo que le provocaba Efraín Galindo, apostado en la Dirección de Seguridad Pública de Jojutla desde las seis de la mañana. Maldonado dijo:
—¿Qué chingados querrá este acá? Si ni estamos en su jurisdicción…
Galindo era un profe rijoso y respondón de la Normal Rural de Amilcingo. Sabían que era bueno para dar lata con sus marchas, plantones y tomas de secretarías en Cuautla; le caía bien a la gente, pero no al gobierno porque era aficionado a echarles pestes. Como había llegado muy gallo, la GM ordenó que lo hicieran esperar lo más que se pudiera.
—¿Y eso para qué, mi GM?, dijo Zamudio.
—Ah pues para que no me cuentee y me diga bien derechito qué chingados quiere, que los profes son muy habladores y cuando traen energía hasta dos horas enteras les dura el discurso.
Pasado el mediodía, cuando la poli de la ventanilla ya había regresado de comer, Galindo estaba de pie:
—¿A qué hora lo tienden a uno aquí, pues? Su voz en grito fue la pauta para que la GM al fin lo recibiera.
Lo observó con expresión neutra: moreno y tirando a pelón por las entradas, camisa blanca, pantalón de mezclilla, lentes de marco fino y la boca engañosa de los que parecen estar siempre sonrientes.
—Esa es una ventaja, solía decir Galindo, porque casi todos me toman por pendejo y luego doy el campanazo.
La GM dijo:
—A ver pues, no hace falta que grite, ¿cuál es su asunto?
Según lo planeado, un Galindo hambreado, acalorado y con el dolor de espalda que dan los asientos de la sala de espera, sacó de su mochila un folder lleno de papeles y fue breve: estaba ahí con la intención de encontrar a uno de sus alumnos, desaparecido ya hacía varios meses cuando se fue al balneario de las Estacas con su novia, que era de Jojutla. Las autoridades de Tlaltizapán, donde estaba el balneario, habían dado puras respuestas tibias. Galindo le dio copia de todas las actas, averiguaciones y denuncias.
—Escúcheme una cosa, señora Macías, empezó a decir Galindo, y justo en ese momento la GM dio un manazo al escritorio: no, no, no mi profe, yo no soy señora de nadie, y nadie que no vaya a ser mi marido puede decirme así. Yo a usted le digo profe porque por algo se echó sus buenos años en la Normal, así que tenga la decencia de decirme como se le dice a quien se chingó lo propio en la academia de policía del estado de Morelos.
Contra todo pronóstico, Galindo soltó una carcajada en la que dejaba claro que estaba hasta la madre:
—Mire, está bien oficial, oficial primero, comandante, sargento o como quiera que sea el título que mejor le llene a usted el ego, yo aquí le dejo, con dos fotocopias, las denuncias de lo que corresponde hacer por ley, pero escúcheme una cosa: Manuel Marcial era un estudiante que desapareció con una muchacha de su pueblo, y si a usted, sargento, oficial o jefa de jefas no le da la gana investigar, lo investigará otro de más arriba, porque si algo yo sé hacer bien es chingar mucho la madre.
Cuando se fue, la GM le ordenó a Zamudio que le siguiera los pasos a Galindo, que se regresaría a Cuautla en el Estrella Roja de las cinco. Mientras tanto, ella se dedicó a revisar los papeles que él le había dejado. Reportes de desaparición, averiguaciones previas, antecedentes. La novia de Jojutla: Claudia Contreras. La GM frunció los labios, se rascó la cabeza, y pensó en lo cabrón que era a veces el destino.
—Que nadie te lea el coraje ni tampoco la sonrisa, Magda.
Sin saber por qué, antes de ir a interceptar a Galindo la GM se revisó de forma inútil el peinado: su cabello seguía tan necio como siempre. Antes de subir a su camión, Galindo hacía malabares con su celular y un vaso de nanches con limón y sal, para no dejar de comer mientras mentaba madres. La GM lo abordó con calma:
—Fíjese que ya revisé sus papeles, véngase a dar una vuelta. El profe miró su reloj y tres veces abrió la boca para hablar sin terminar de hacerlo.
—No se asuste, profe, dijo Zamudio.
Apenas se trepó en los asientos traseros de la camioneta patrulla, Galindo dijo:
—Yo no les tengo miedo.
—Ah, pues qué bueno, dijo la GM, así está usted más a gusto en la paseada que vamos a dar.
Por el espejo retrovisor podían verse los ojos negros de Galindo ir para todos lados: a la manija de la camioneta, al freno de mano, a rejas y ventanillas. Nada pendejo, calculaba cómo podría escaparse en caso de tener que hacerlo, y cómo sobrevivir si hacía falta. Listo para la improvisación, como buen profe rural. Si no hubiera aprendido a esconder sus reacciones, la GM hubiera sonreído.
Ya por la carretera a Tequesquitengo, la GM volvió a hablar:
—Mire, profe, hace poco se firmó aquí el acuerdo del Mando Coordinado, un esfuerzo estatal en la lucha contra el crimen organizado, o alguna pendejada así dicen en los periódicos, ¿verdad? Pero lo que eso quiere decir en pocas palabras es que la policía de Zacatepec, o la de Tlaquiltenango, puede intervenir en cosas de Jojutla si lo creen pertinente, y pues entonces pasa que tengo el pueblo lleno de halcones, ¿me sigue?
Como cada reforma y cambio que viniera de Cuernavaca, o peor, desde el gobierno federal, el Mando Coordinado era otra de esas cosas que el Gobernador venía a inaugurar, y luego entre confeti y música de banda se despedía de un pueblo al que olvidaría el resto del año, a menos que hubiera muertos de más. Mientras tanto, las denuncias de desaparición no dejaban de ser una burocracia complicada y más bien inútil. Por eso necesito saber de su muchacho, que me cuente, pues. Galindo, desconfiado de los polis como cualquier profe, dijo:
—Ahí le dejé las denuncias, écheles un ojo. Y ni crea que con sus intimidaciones me va a asustar. Si algo me pasa, voy a dejar avisado que sea a usted a la primera a la que investiguen. Ahora regréseme a la central camionera.
En los días siguientes, la GM volvió al caso de Claudia Contreras. Las averiguaciones de Tlaltizapán estaban hechas con las patas y se notaba que ahí nadie chicoteaba a sus polis para que escribieran reportes legibles. De todas formas, poco valía: que si el mando coordinado, que si el mando único, que si el enlace federal… En los últimos años la forma de componer las denuncias había cambiado tantas veces que ya nadie sabía cómo hacer las cosas y a veces La GM se preguntaba si aquello sería a propósito.
Su abuelo siempre decía: “un buen poli no deja que las pistas se le enfríen, Magda.” Y en la práctica, ella había comprobado de primera mano que después de dos semanas la gente ya no se acordaba de fechas, de caras ni de nada. Si esperaba que los papeles llegaran a la Policía de Investigación Criminal en vez de moverse pronto, quedaría muy poco por hacer. Por eso Jojutla tenía su propio sistema:
—El trabajo oficial lo cumplimos como mejor se pueda, y lo que haya que averiguar lo hacemos en la calle; ni me pierdan el tiempo en agarrar gente que nomás cargue droga, que esa es batalla perdida. La energía me la dejan reservada para quien violente a la población civil.
Claudia Contreras estaba en la cuenta de desaparecidos que tanto coraje le daba llevar. No la cuenta de cifras maquilladas que los mandos de Cuernavaca les hacían entregar, sino la cuenta de verdad, con nombre, familia y, si había mala suerte, también una tumba. A Claudia la habían encontrado en una fosa clandestina que operaban los Rojos en Temimilcingo. Con mucho tacto y mucho billete, en una labor de contrasoborno, término acuñado por ella misma, la GM había podido negociar con los municipales de ahí que le dejaran sacar el cuerpo solo para darle un entierro digno, sin hacer preguntas ni acusar a nadie de nada.
Desde entonces ella quería sacar a todos los muertos de ese terreno, la fosa personal de Armando ‘El Sacamuelas’ Alcántara, un narco de Yautepec que mataba y secuestraba más que ningún otro por la zona, en absoluta impunidad al ser el sobrino del presidente municipal de Tlaltizapán. La GM al fin estaba cerca de poder tronarlo. El problema era hacerlo sin que eso provocara un margallate en su pueblo en el que ella misma y su gente acabaran en un hoyo. Maldonado dijo:
—Pues si queremos que la federal intervenga sin quedar nosotros como soplones, muévale con esos, mi GM, los de las asociaciones civiles. Aunque la verdad esos antes confían en el diablo que en un poli.
Necesitaban a Galindo. Y aunque a la GM no le costó dar con él, sí le costó bastante hacerlo volver a Jojutla.
—Ya sé algo de su muchacho, pero necesito que me haga un favor.
Al final Galindo volvió, y cuando lo vio bajar del camión que venía de Cuautla con sus pantalones de mezclilla, sus huaraches de poco uso y su camisa azul celeste, la GM sintió una cosquilla traicionera que supo ocultar. Por precaución, lo abordó como si fuera a revisarle la mochila.
—Por lo pronto vamos a hacer como que usted viene por algún asunto personal; luego vaya a la fonda La Leyenda de los Volcanes, coma tranquilo y yo ahí lo encuentro.
Cuando la GM necesitaba verse con alguien en privado, llegaba a La Leyenda de los Volcanes por la puerta de atrás y la dueña le acomodaba una mesa en un patio con piso de cemento, cercado de platanares. Sobre la mesa había dos Coronas frías; al poco Galindo se sentó frente a ella y le sostuvo la mirada.
—Mire, profe, para encontrar gente yo tengo mi sistema; capaz ando a ciegas, pero ya aprendí para dónde dar los palos. Y no sé si lo que vayamos a hacer se llama justicia, pero de que vamos a dar con su muchacho, vamos.
Después de un largo silencio, Galindo dijo:
—Háblame de tú. Y dime como para qué eres poli si sabes que no se hará justicia.
La GM le dio un trago a su cerveza.
—A ver, ¿y tú para qué eres profe si tus alumnos de todos modos van a ganar más si se meten de sicarios?, ah, verdad.
Risas, de las inesperadas. Hacía mucho que Jojutla no era el pueblo donde su abuelo había sido policía, pero qué se iba a hacer. “Somos gente terca y de camino difícil”, decía don Florencio Macías cuando aún vestía el uniforme y dejaba a su nieta Magdalena desarmar y limpiar su carabina.
—Ya sabes cómo están las cosas en el estado, Galindo, y con los malos no queda más que entenderse. Galindo dijo:
—Está bueno, pero la confianza, cuando es confianza de veras, es carretera de doble sentido.
Durante las semanas siguientes, y por primera vez, la GM le confió a alguien que no fuera un poli de los suyos la forma en que mantenía a Jojutla en paz, o al menos en paz para los que no la debían, pero siempre la temían. Si se quería saber de alguien, había que hablar con la gente adecuada: los basureros, que siempre saben de lo que se dejaba tirado; los despachadores de gasolina, que ven gente pasar a todas horas, y si se busca a un muertito oficial, en Jojutla o en pueblos cercanos, se habla con una rezandera.
Lo feo del asunto era que el muchacho de Galindo seguro estaba muerto. Lo bueno, que la GM estaba casi segura de dónde estaba su cuerpo y también de que el culpable de su desaparición era el Sacamuelas.
Ahora, dos veces por semana, la GM se juntaba con Galindo, que acumulaba información para empezar a apretarle el cuello a los corruptos de Tlaltizapán. En uno de sus avances encontró la forma de que Hacienda se le echara encima al dueño del terreno donde estaba la fosa, un empresario de Cuernavaca que vendía carros usados y que además era cuñado del presidente municipal.
Había que desmadejar de a poco la corruptela.
—Los políticos son así, decía Galindo, cuando empieza el sálvese quien pueda, para escapar vivos acusan hasta a su propia madre.
Contra el Sacamuelas, la GM tenía la autopsia de Claudia Contreras, que en su momento insistió a la familia en hacer. El lodazal del municipio vecino saldría pronto, y el profe, discreto, tenía con él cada vez a más gente en busca de sus desaparecidos, todos con su denuncia pertinente para que no les vinieran luego con sorpresas.
Galindo y la GM se llamaban seguido. Él le contaba sus avances con las asociaciones.
—Y tú que querías resolver esto con puros papeles, le decía la GM y él se reía.
Lo mejor de hablar por teléfono era que Galindo no podía ver que cuando hablaban ella daba vueltas por la casa, se miraba al espejo, se acostaba en el sillón, se cambiaba de peinado y ponía una cara de pendeja que ni ella misma se aguantaba, tal vez para compensar que en sus reuniones en La Leyenda de los Volcanes siempre estaba seria y a lo que iban.
Cuando la posibilidad del golpe federal ya se sentía cerca, Galindo le dijo:
—¿Y por qué no haces esto a título tuyo? Le avisas a la Guardia Nacional y capaz hasta una medalla te darían.
Como se lo dijo al teléfono, la GM se permitió una risa:
—Se supone que un buen poli hace quedar bien a sus superiores, pero los superiores de estos rumbos ya sabes tú para quién trabajan. Lo que a mí me funciona mejor es que crean que me hago pendeja, eso sí que los deja contentos.
La presión periodística empezaba a aturdir tanto al gobierno de Tlaltizapán, que El Sacamuelas ya estaba listo para ir a tronar a quien anduviera molestando a su tío, quien por tanto tiempo le había hecho de tapadera. Era el momento de alertar a los federales. Poco antes, la GM y Maldonado blindaron a la municipal de Jojutla de toda sospecha: le dieron el pitazo —tardío— al Sacamuelas de que los pesados irían tras él. El operativo de la Guardia Nacional fue aparatoso y por todo lo grande, con allanamientos, balaceras, retenes y detenciones. El Sacamuelas se había pelado, pero sus dos hermanos no, y contaban que al final hasta al presidente municipal se habían llevado en una patrulla para que no acabara linchado.
Durante un buen rato la tensión del operativo federal distrajo a la GM de su celular, que tenía cuatro llamadas perdidas de Galindo. Al marcar de vuelta, el teléfono la mandó a buzón. Sintió que las costillas le sacaban el aire de los pulmones.
—¿Supo algo del profe? le preguntó a Maldonado y él le dijo que no, que desde antes del operativo todos los activistas estaban avisados de resguardarse. Llamó dos, cinco, diez veces, pero Galindo no contestaba.
Zamudio y Maldonado veían el noticiero nacional con su encabezado en amarillo: duro golpe al Cártel de Los Rojos en Morelos, pero ella solo podía pensar en las llamadas perdidas, en otras fosas y en otros tiros de gracia que los narcos como el prófugo Sacamuelas daban y podían dar en cualquier lado.
—Capaz la cagamos en avisarle, cómo pude haber dejado que se pelara ese, que ni necesita enojarse para dispararle a todo.
La GM salió de la Dirección de Seguridad con las manos temblorosas y las llaves de una patrulla en la mano. Al doblar en el jardín Municipal de Riva Palacio, el latido le volvió al cuerpo cuando vio a Galindo ahí parado junto a un puesto de elotes: camisa blanca, pantalón de mezclilla, morral y huaraches limpios. La GM se le acercó en dos zancadas:
—¿Por qué no contestabas al teléfono, cabrón?
Sonrisa lenta:
—Me quedé sin pila.
—Ah… no deberías andar por aquí haciéndote el como si nada, que alguien puede sospechar.
Galindo dijo:
—Pues si sospechan diles que andamos noviando, y asunto acabado.
La GM quiso reír, pero solo rodó los ojos.
—Vamos a dar una vuelta.
Se subieron a la patrulla, y a pesar de los halcones y los chismes, la GM lo dejó subir en el asiento de copiloto. Entraba un aire tibio por la ventanilla se enfriaba al pisar el acelerador. Galindo se veía tristón, pero en paz: esto salió bien.
—Tu muchacho no va a volver, dijo la GM, hay como treinta muertos enterrados en esa fosa, el Sacamuelas se peló, nada salió bien.
—Pero está mejor que antes, a ver, ¿si no para qué pues te dedicas a esto, Magda?
La GM dijo:
—Porque soy gente de camino difícil, me viene de familia.
—Mira, ya somos dos, dijo Galindo.
Y aunque la Magdalena Macías no sonriera, el profe supo leer en su cara que, después de todo, estaba contenta.
La cultura jñatrjo a la que pertenezco, se encuentra en una región constituida por trece municipios del noroeste del estado de México: San Felipe del Progreso, Ixtlahuaca, Atlacomulco, Temascalcingo, Villa Victoria, El Oro, Jocotitlán, Villa de Allende, Donato Guerra, Jiquipilco, Ixtapan del Oro, Almoloya de Juárez y Valle de Bravo, y el ayuntamiento de Zitácuaro, en Michoacán. Esta zona, que forma parte de la Sierra Madre Occidental, ha estado habitada por los mazahuas desde la época prehispánica, aunque hasta la colonia era conocida con el nombre de Mazahuacán; de acuerdo con Nájera: “el Códice Mendocino al referirse al Mazahuacán indica que la población principal se encontraba en Xocotitlán y que los habitantes se dedicaban a la cacería de venados (1970:16 citado en Figueroa p. 23). De ahí, la denominación del mazahua como “la gente del venado” o “los que hablamos la lengua”. Es también, una de las cinco lenguas indígenas que se hablan en el estado de México. 1
El fenómeno migratorio ha hecho que hombres y mujeres crucen fronteras locales, de la comunidad al municipio o vayan más lejos al ubicarse en otras ciudades del país o en Estados Unidos y Canadá, en la búsqueda de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. Soy hija de padres migrantes que se establecieron en oficios diversos en la Ciudad de México. El sentir(se) mazahua creció con la añoranza de regresar a la milpa, a las montañas, a los bosques de pinos y oyameles, al olor de ocotes encendidos, al calor del fogón, a la celebración de fiestas con nuestra gente. En años recientes, he volcado mis energías al estudio de las lenguas y las literaturas indígenas contemporáneas como una búsqueda de identidad y pertenencia. La creación literaria en primera lengua (indígena – madre) es una urgencia, una propia e inmediata necesidad; ver al mundo en otras formas. “Es el camino, como lo menciona Margarita León, poeta hñähñu, de vuelta a casa de los abuelos, de los padres; a la nuestra” (2019:11).
Junto a mi madre Margarita Cruz y mis hermanas Guadalupe y Adriana; y mi padre y mi hermano mayor ya fallecidos, Andrés Bautista Santos (1938-2007), hombre campesino y migrante y Andrés Bautista Cruz (1965-2021), cuyo deceso por covid-19 nos lastimó amarga y dolorosamente como a cientos de personas que han perdido algún familiar durante esta pandemia. Mi hermano fue el primero en nuestra familia en obtener un título universitario. Se desempeñó profesionalmente como abogado agrario y fue uno de los fundadores distinguidos de la Procuraduría Agraria; y desde ahí acompañó a campesinos de todo el país, en los procesos de seguridad jurídica librándolos del despojo de sus tierras. Junto a los miembros de mi familia, hemos reconstruido la casa de nuestros ancestros, Casa Azul –con su milpa y su oratorio, que se ubica en las tierras altas y frías de la comunidad de San José Rioyos Buenavista, en el municipio de San Felipe del Progreso.
El pueblo mazahua está próximo a la celebración Nu mburú kjé’é jñatrjo; en San José Rioyos, el inicio del año mazahua en sincronía con el festejo católico a San José, nuestro santo patrono, se realiza una serie de ritos vinculados con el inicio del ciclo agrícola el día 19 de marzo, así como una celebración eclesiástica en la parroquia de la comunidad. He deseado pensar este texto como una reflexión acerca de los esfuerzos de hombres y mujeres que trabajan con la escritura mazahua como ese fuego nuevo que reaviva la palabra y la convierte en enseñanza y en poesía. También para presentar los resultados de dos significativas convocatorias “Ts’ina jens’e” /“Madre cielo” y “Ri jñatrjogo/“Soy mazahua” emitidas por la Agrupación de Escritores Mazahuas.
[…]Na guezhiji yo na kjuana ñe yo nazoo
[…]Se están zurciendo realidades y fantasías
Xëk’ïji yo kjiñine nana jomï.
desmedajando la memoria de la tierra.
Kja Chajñiñi kjaji mbaxkua, tohjoji,
El pueblo grande está de fiesta, canta,
kjanu jueximi ye kjïxïmï ñe yo k’uartr’ï.
su voz estalla en hilos y colores.
Jña’a yo g’uezhiji
Palabras en bordado
Fausto Guadarrama, poeta mazahua (2020:218)
I. Zojña jñatjo/Poesía mazahua
La poesía en lenguas indígenas varía de una región a otra en relación con las lenguas en que este género literario, en su dimensión escrita, se ha venido cultivando en los más recientes años. Algunas tienen un considerable número de hablantes, o bien, un alto grado de prestigio lingüístico que les ha permitido desarrollar su propia tradición literaria. Es importante destacar que se trata de una escritura bilingüe, en una lengua indígena y en español, traducida por el propio escritor. En este sentido, la producción poética en lengua mazahua es escasa y su difusión es mínima. No obstante, la enorme riqueza de la tradición oral, así como en otros saberes comunitarios que son fundamento de la cosmogonía mazahua.
Si bien, el empleo de estas lenguas ha estado restringido al ámbito familiar y comunitario, a partir del involucramiento de los pueblos indígenas en la defensa de sus derechos, su uso se convirtió en una bandera de resistencia lingüística y de orgullo étnico. “Las lenguas son ahora arma y puente”, comenta Elisa Ramírez Castañeda: “Paradójicamente, la oralidad es resguardada por la escritura; surge como una nueva memoria, como un ejercicio para recuperar los espacios robados a las lenguas y a la tradición oral” (2017: s/p).
Sin embargo, este proceso de transición entre la oralidad y la escritura ha sido muy complejo para el pueblo mazahua, donde las condiciones de marginación social, política y económica sumadas a la migración, han mermado el desarrollo de políticas lingüísticas y de educación bilingüe, e inclusive se ha excluido la participación a los hablantes en la toma de decisiones acerca de la normalización de la escritura mazahua.2
Así, los primeros exponentes de poesía expresada mediante la escritura alfabética aparecen a principios de la década de los años noventa. Y está vinculada a la conformación de maestros de educación básica y promotores bilingües en las comunidades mazahuas. Este factor educativo detonó una incipiente generación de estudiosos de la cultura y la lengua así como poetas en lengua mazahua.
Abro un paréntesis para comentar que existen varias investigaciones académicas acerca del pueblo mazahua, su cultura y su lengua y la migración desde una visión externa. Como el célebre título Indígenas en la Ciudad deMéxico. El caso de la Marías (1979) de Lourdes Arizpe; o bien Identidad, género y relaciones interétnicas, Mazahuas en la Ciudad de México (2005) de Cristina Oehmichen Bazán; y la voluminosa investigación de Michel Knapp, Doctrina y enseñanza en lengua mazahua: Estudio filológico y edición interlineal del texto bilingüe de Nájera Yanguas/Mazahua (2013), un valioso aporte para la filología mazahua. Con este estudio, el lingüista se doctoró (2011) en El Colegio de México y obtuvo por esta investigación el Premio Wigberto Jiménez Moreno (INAH) para tesis doctoral de lingüística (2012) (2013:09). Sin duda, estos títulos como otros más que actualmente se elaborando en centros e institutos de investigación conforman ya un corpus para la historia del pueblo mazahua desde la antropología, la sociología y los estudios lingüísticos.
Así en los inicios de los años noventa, los hablantes mazahuas comenzarán a involucrarse de manera más directa con el estudio de su lengua, su escritura y en su caso, con la poesía. Tres de los más destacados representantes de este período son: Esteban Bartolomé Segundo Romero (San Pedro Potla, Temascalingo, edo. de México, 1951), profesor normalista y antropólogo social. Tallerista en lengua mazahua y creación literaria y traductor. Entre sus obras están Sjechjo/Bebida de maíz fermentado (1995); Diccionario mazahua-español (1996); Enelcrucedecaminos. Etnografía mazahua (2014); Lasserpientes. Entre el relato y la memoria del imaginario colectivo mazahua/Teetjo ñaatjojñaatjo – mazahua (2016) y Antología bilingüe de cuentos mazahuas. Poemas suyos se han publicado en las antologías InsurreccióndelasPalabras (La Jornada 2018) y Zojñajañatjo/Poesíamazahua (Literalia 2019).
A xes’e mboxkï xi’dyo,
Sobre copos de algodón,
nuk’a ni maa ni ñ’eje nunu zana;
en vaivenes de luna,
ñ’ïnï a xïtjï nu ngoxti,
mece detrás del balcón,
nujyo xut’i: yo ts’iseje.
a sus hijas: las estrellitas.
Ñanguad’iji, ñanguad’iji, ts’ingomï,
Corran, corran, nubecitas,
ji ma ndenpa ri sat’aji nuk’a mark´ïji
jamás acudan tarde a la cita;
ximiji ndeje nzo ya ri zók’ïji,
derramen el vital líquido,
k’a tjaja yo juajmï.
sobre los surcos del milpar.
[…]
[…]
Yo ts’igomï
Las nubecitas
Esteban Bartolomé Segundo Romero (2019: 46)
Fausto Guadarrama López (San Felipe del Progreso, estado de Méx., 1964), profesor de lengua mazahua en la Universidad Intercultural del Estado de México, su obra poética se encuentra publicada en varias revistas Nuni, de ELIAC y antologías como México: diversas lenguasuna sola nación, tomo I Poesía (ELIAC, 2008); InsurreccióndelasPalabras (La Jornada 2018) y Caleidoscopio Verbal. Lenguas y Literaturas Originarias (2020). Cuenta con dos poemarios La voz de corazón y Male Albina enAmanecer/Ra Jyasï. Ha participado en diversos talleres literarios en la Ciudad de México, Pátzcuaro, Mich., y Bacalar, Quintana Roo. Ha sido presidente del Consejo Directivo de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas, ELIAC.
Nu in dyokjobe un masi ri nego
El amigo que más he amado
Sido k’ï mimitrjo a ngumï
Sigue viviendo en casa
Zok’ï ma ra jyasï
Llama al amanecer
Kjanu k’ich’i a mbo’o
Y entra por el tejado
Jotrjo ga nzhód’ï kja tr’azaa.
Con agilidad se desliza por la cumbrera.
Jyezi ra sërëgo, kja xakjï in dyego
Me deja tocarlo, cosquillean mis manos
Kja e pa’a k’ï p’ëd’ë y mojmï
A veces hace travesuras y rompe trastos
Nzayegob’e ri chjeñebe na punkjï.
Juntos reímos hasta vaciarnos.
Ro k’os’ï texe kja i nzeronu
Lo he untado en mi cuerpo
Ngek’ua dya ra zëk’ï yo dyéte
Para exorcizar la maldad que hay en otras miradas
Ro ñonïb’e ñeje ru bech’ibe
He comido y bebido con él
Texe yo jñoñï yo d’ak’ïbe zets’i.
Los deliciosos manjares de la vida.
Yo keme un paa ri mimitrjob’e
El resto del día lo pasamos en el suelo
Ri yepe ri mamïb’e k’ïbe zetsí.
Reafirmando nuestra amistad eterna
Ngejedya d’a tr’ eñe k’ï ri eñeb’e
Este es un juego secreto que tenemos
Dya jñus’ï kja d’a xiskuama
No está registrado en ninguna parte
Ma kjokjo r anee ra mbarïnu
Cuando alguien intenta descubrirlo
Angeze ra d’ak’ï kja nrrïngumï, ra maa
Él salta por la pared, huye pícaramente.
Ny dadyo paa yepe k’ï mapjï.
Al día siguiente vuelve a llamar.
Ne jyarï
El Sol
Fausto Guadarrama (2020:219)
Rufino Benítez Reyna (Zitácuaro, Mich.) Estudió en la Universidad Pedagógica Nacional, sede Ixtlahuaca. Es profesor de educación indígena, investigador y autor del Vocabulario prácticobilingüe mazahua-español (INI, 2002), (INALI, 2017) y coordinó Chapukjú mbaxua, jojña, nojo ñe mbezhe jñatjo/Antología de Fiesta, poesía, canto y cuento en lenguas mazahua (1998) y reeditada (2000). Esta recopilación de la tradición oral está escrita en mazahua con una propuesta específica de escritura por parte del autor para la segunda edición. Ambos materiales representan un apoyo didáctico y de consulta para los hablantes y, sobre todo, aporta registros lingüísticos de las dos variantes del idioma que se hablan tanto en el estado de México como en Michoacán.
La educación formal y la profesionalización de las jóvenes generaciones han logrado conformar un nuevo capital cultural entre los mazahuas, hoy estos jóvenes se han ido insertado en espacios culturales como artistas visuales, comunicólogos, músicos, raperos, entre otras profesiones vinculadas con el arte. Aunado a las condiciones actuales de producción artística, la creación de apoyos institucionales como becas y premios nacionales e internacionales, los espacios de difusión y las publicaciones, así como las acciones políticas y culturales emprendidas por ellos mismos dentro de sus comunidades.
En este sentido, FranciscoAntonioLeónCuervo (Santa Ana Nichi, San Felipe del Progreso, edo. de Méx., 1987), proviene de una educación literaria formal al ser egresado de la licenciatura en Lengua y Cultura de la Universidad Intercultural del Estado de México (UIEM). Y ha destacado al incursionar en la narrativa de manera exitosa, ya que es el primer escritor en lengua mazahua en obtener el Premio de Literaturas Indígenas de América, PLIA (2018), uno de los reconocimientos más prestigiosos en el ámbito de las letras indígenas de América, que se otorga anualmente en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Gabriel Pacheco, presidente de la Comisión Interinstitucional del Premio, comentó que “la escritura en lengua mazahua, siendo una de las menos extendidas y con menor tradición literaria escrita, haya producido una obra de tan alto nivel que puede parangonarse con cualquier obra de la literatura universal” (2018:10).
Nu pama pama nzhogú/El eterno retorno es el título de la novela donde se relatan las peripecias de Xuba, un hombre mazahua que se dedica a extraer la raíz del zacatón, y que modificará sustancialmente su vida a partir del encuentro con una mujer-sirena. La enfermedad, el hambre y la pobreza también están presentes, así como la aculturación del pueblo mazahua durante el período latifundista del gobierno de Porfirio Díaz (2020 s/n).
León Cuervo también es poeta, entre su obra se encuentra el poemario Yo jomú nuú’ú/Las tierras del dolor (UDG, 2019), así como la publicación de varios poemas en diversas antologías como Insurrección de las palabras (La Jornada, 2018); Xochitlajtoli, (Círculo de Poesía, 2019), Zojña Jñatjo/Poesía Mazahua (Literatelia, 2019), América en ocho lenguas (UDG, 2019), entre otras. Ha traducido a la lengua mazahua el poemario Cenizas de un flor/Yo b’osibi na nrájná del autor Xhevdet Bajraj (Ediciones Botas, 2019). Ha sido becario del FONCA del Programa Jóvenes Creadores 2018-2019. Pertenece al grupo académico para la normalización de la escritura mazahua. Actualmente, es presidente de la Agrupación de Escritores Mazahuas y director de la revista Nu jñiñi jñatjo/El pueblo mazahua, ahora Jñatrjo. A partir de su trabajo se ha despertado el interés de algunos jóvenes maestros por el análisis y la discusión de la revitalización de la lengua y, a través de esta agrupación, con quienes actualmente revisa aspectos vinculados con la normalización de la escritura y la literatura mazahua.
Ha colaborado con cuentos y poemas en revistas impresas y electrónicas como Sinfín, Círculo de Poesía y Ojarasca. Ha impartido diversos talleres de creación literaria y ha participado en diversos recitales de narrativa y poesía. León Cuervo está aportando de manera permanente con su talento una obra que renueva y enriquece la literatura en mazahua y en español.
II. Agrupación de Escritores Mazahuas
Los intelectuales indígenas, comenta Natividad Gutiérrez Chong, son una minoría numérica de mujeres y hombres entregados al rescate, fortalecimiento, creación, difusión de sus ideas emanadas de sus pueblos históricos en todos los formatos posibles desde las artes plásticas hasta la literatura. Sus creaciones por medio de la palabra escrita o la oralidad muestran la manera en que se ven a sí mismos y cómo quieren ser vistos por los otros. […] Los intelectuales indígenas juegan un papel fundamental para su futuro. Son los puentes que vinculan el pasado con el presente. Son los que conectan el origen con el destino. El pasado es muy importante para la memoria de cualquier pueblo o nación, pero para el pueblo indígena es su razón de existir, es la fuente indiscutible de origen. […] El papel del intelectual es poner ese pasado a interactuar con ideas del mundo actual. Son parte de la modernidad, de la aldea global. No viven en aislamiento, antes bien, tienen iniciativas políticas de mucho calado, fundan revistas, asociaciones lingüísticas, usan los medios de comunicación. Son atentos observadores del mundo moderno, porque ellos son los puentes para comunicar a sus pueblos con el mundo. Nunca traicionan sus orígenes ni se avergüenzan de ellos (2021: s/p).
Retomo estas líneas y mi subrayado en cursivas para vincular –muy sucintamente– el origen y el estado actual de la Agrupación de Escritores Mazahuas, quien al inicio de este año (2021), emitió en su facebook un par de convocatorias “Ts’ina jens’e”/“Madre cielo” y “Ri jñatrjogo”/“Soy mazahua” que buscan la visibilizar a las mujeres mazahuas a través de un reconocimiento a su trabajo cotidiano en la difusión de las costumbres y tradiciones, así como un concurso de poesía en lengua mazahua dirigido a toda su población.
Escritores Mazahuas es una agrupación independiente y autogestiva sin fines de lucro ni intereses políticos, que trabaja colectivamente en proyectos que promueven el uso de la lengua y la literatura mazahua.
Portada de la revista Jñatrjo
La siguiente cronología destaca las acciones que ha llevado a cabo desde su fundación (Valle, E. pp. 1-18):
2014 Su primer impulsor fue Esteban Bartolomé Segundo Romero quien con el respaldo de algunas instituciones culturales del Estado de México convocaron a escritores e intelectuales indígenas de los diferentes grupos del Estado de México a reunirse con el fin de crear una agrupación de escritores. Entre los integrantes se encontraban el poeta mazahua Fausto Guadarrama López; la maestra Bonifacia Cid, docente y directiva del Departamento de Educación Indígena del Estado de México; la maestra de origen tlahuica, Elpidia Reynoso; el escritor náhuatl Crispín Amador Ramírez; el profesor del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y escritor mazahua Juan Ancelmo González; la maestra otomí y docente de la Universidad Intercultural del Estado de México (UIEM) Petra Benítez Navarrete; entre otras personas de los diferentes grupos originarios del Estado de México, varios de ellos reconocidos impulsores de la cultura de sus pueblos indígenas.
2016 La Agrupación invitó a mazahuas de Michoacán como el profesor e investigador Rufino Benítez; la profesora y cantante Felisa Benítez; la profesora y cantante María Benítez y el profesor Betuel Medina Vega, así como otras personas de diferentes regiones del estado de México, entre ellos Francisco Antonio León Cuervo. Se realizó un taller de expresión oral gestionado con la Secretaría de Cultura del Estado de México. Se propuso un proyecto para realizar antología literaria.
2017 Descendió el número de integrantes quedando únicamente mazahuas del Estado de México y Michoacán. Entre ellos las maestras Felisa, Mari y Bonifacia; y los maestros Esteban, Betuel, Juan, Germán y Francisco. Estos integrantes conforman el 25 de marzo de 2017 la organización que en adelante se denominó Escritores Mazahuas. Se pospone la antología. Se inició la difusión por medios digitales a través de la creación en Facebook de Escritores Mazahuas. Se publicaron poemas bilingües acompañados de alguna fotografía.
2018 Francisco Antonio detectó, mientras trascribía la novela Nu pama pama nzhogú/El eterno retorno, que el sistema de 2015 que solían emplear para su escritura no era funcional para escribir más de diecisiete mil palabras sin que el texto se alterara, sumado a que escribir subrayando las vocales nasales era un proceso lento y laborioso. Estas circunstancias impulsaron a que Francisco Antonio en colaboración con algunos integrantes de la agrupación hicieran un llamado replantear los avances del sistema de escritura mazahua de 2015, generando una discusión sobre cómo escribir en mazahua.
Dicha discusión fue un vector importante en la historia de la Agrupación de Escritores Mazahuas porque se reflexionó en términos técnicos de trabajo, en la búsqueda por profesionalizar la escritura en mazahua, pero al mismo tiempo fue una detonante en la fractura de la primera generación de Escritores Mazahuas.
Francisco Antonio planteó la posibilidad de crear una revista digital cuyos contenidos estuvieran vinculados con el pueblo mazahua. Con acuerdo de todos los integrantes, se publicó la convocatoria para participar con textos y fotografías en febrero de 2018. El primer número de la revista Nu Jñiñi Jñatjo se publicó en junio de 2018 en el portal de internet del mismo nombre. A la fecha, existen seis números publicados de manera semestral, su convocatoria es abierta a la participación del pueblo mazahua.
El primer número alcanzó las 2500 descargas en México, Estados Unidos, Latinoamérica y algunas partes de Europa.
2019 A finales de año se convocó a una reunión de integrantes de la agrupación para elegir a un nuevo presidente, las opciones eran tres, Germán Segundo, Juan Ancelmo y Francisco Antonio. A esta reunión asisten Susana Bautista Cruz y Flor Deyanira Jerónimo Estanislao, quienes en adelante llegan a sumar sus voces en los procesos creativos y de autogestión de la agrupación. De las tres propuestas, se elijé como presidente a Francisco Antonio.
Se establecieron vínculos con la Asociación Cultural Dummuiji, el proyecto Alas de la Palabra, el Festival de Lengua, Arte y Cultura Otomí (FLACO), la Universidad Intercultural del Estado de México (UIEM), la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Ixtlahuaca, la Escuela Normal de San Felipe del Progreso, la Escuela Normal de Atlacomulco, el grupo de escritores de Valle de Bravo, entre otras.
Anterior a la pandemia, la Agrupación organizaba reuniones presenciales, primero en la ciudad de Toluca, posteriormente, en febrero de 2019, la agrupación se “traslada a la Universidad Intercultural del Estado de México, en San Felipe del Progreso, con el objetivo de involucrar a los estudiantes y atraer una mayor cantidad de hablantes de la lengua mazahua” (Gobierno del Estado de México, Coordinación General de Comunicación Social, 2019). Desde finales de 2019 y en 2020 las reuniones se realizaron en el “Comedor Casa Blanca” ubicado en el centro de San Felipe del Progreso, Estado de México.
2020 Escritores Mazahuas está integrado por Francisco Antonio León Cuervo, Germán Segundo Cárdenas, Juan Ancelmo González, Rufino Benítez Reyna, Susana Bautista Cruz, Flor Deyanira Jerónimo Estanislao, Elvira Escamilla Marín y Francisca Sámano González.
2021 A inicio del año, se emitieron dos convocatorias “Ts’ina jens’e”/“Madre cielo” y “Ri jñatrjogo”/“Soy mazahua” para dar a conocer sus resultados en marzo y publicar en el poema ganador en plataformas digitales. Se publicó un calendario mazahua en las redes sociales y vídeos con poemas grabados en la voz de sus autores en conmemoración del día internacional de la lengua materna, 21 de febrero.
III. Convocatorias “Ts’ina jens’e” y “Ri jñatrjogo”. Resultados
La Agrupación de Escritores Mazahuas emitió dos convocatorias con la finalidad de reconocer el trabajo cotidiano de aquellas mujeres mazahuas que conservan y difunden las costumbres y tradiciones que caracterizan al pueblo mazahua, bajo el nombre “Ts’inajens’e”/ “Madre cielo”. En las bases se establecía que las candidatas podrían ser aquellas mujeres cuya edad rebasará los 50 años, sin importar su lugar de residencia. Las candidaturas podrían ser a título personal, por terceros, por organizaciones de la sociedad civil o por instituciones. Además de considerar diversas actividades ya fuera danzantes, alfareras, joyeras, artesanas, cocineras, parteras, médicas tradicionales, narradoras, etc. y cuya amplia trayectoria mereciera su reconocimiento. La candidata debía enviar su semblanza acompañada de fotografías del trabajo realizado con descripciones de sus actividades.
Felisa Benítez Reyna fue elegida por su destacada trayectoria con más de treinta años como docente en la enseñanza de la lengua jñatjo en diversas escuelas de educación básica del estado de Michoacán. Por esta actividad, el gobierno de esa entidad le entregó la Medalla “Maestro Rafael Ramírez” en 2018. También, se ha distinguido por contribuir a la difusión de la vestimenta portando con orgullo el traje de las mujeres mazahuas en la fiesta patronal del 2 de febrero; por ello obtuvo un segundo lugar en el Concurso de Indumentaria Tradicional de Ceremonias y Danzas, celebrado en el Tianguis Artesanal del Domingo de Ramos en Uruapan, Michoacán en 2016, entre otros reconocimientos. La Mtra. Benítez Reyna nació el 20 de noviembre de 1966 en la 1º manzana, el Rincón de Crescencio Morales, municipio de Zitácuaro, Michoacán.
Foto de Felisa Benítez Reyna
La segunda convocatoria “Ri jñatrjogo”/ “Soy mazahua”, concurso de poesía en lengua mazahua. Las bases establecían el envío de un poema bilingüe escrito en mazahua y en español. El poema debería ser inédito, de tema, forma y extensión libre. Y para su redacción se podría utilizar cualquier sistema de escritura mazahua. Sin importar la edad y la residencia del autor. Además de enviarlo bajo un pseudónimo. El concurso se realizaría en dos fases. En la primera, los Escritores Mazahuas revisarían la correspondencia del poema en ambas lenguas y seleccionarían cinco poemas finalistas. En la segunda, dos escritores de reconocida trayectoria conformarían el jurado que determinaría el poema vencedor.
Escritores Mazahuas recibió 17 poemas escritos por once mujeres y seis hombres de los municipios de Atlacomulco, Ixtlahuaca, Jocotitlán, Temascalcingo, San Felipe del Progreso y Villa Victoria del estado de México.
El jurado integrado por Margarita León, poeta hñähñu, quien tiene estudios en Lectura y Escritura por la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado narrativa y artículos sobre la poética originaria. Cuenta con un poemario Ya B’ospi/Cenizas (2019). Ha impartido talleres de creación poética; compiladora de Zojña jñatjo/Poesía mazahua (2019), entre otros. Y Héctor Martínez Rojas, editor de libros en lenguas originarias de México y director de Oralibrura Ediciones. Ambos jurados decidieron otorgar el premio al poema Nu b’ezo kja xorú / El hombre de la sombra de Lalo Casimiro.
Mediante una reunión de trabajo y conforme a los criterios establecidos por los escritores hablantes de la lengua jñatrjo-mazahua, tenemos a bien otorgar el premio del primer concurso de poesía Ri Jñatrjogo 2021 al poema El hombre de la sombra de Lalo Casimiro. Hemos priorizado la estructura y composición poética desde el jñatrjo-mazahua, lengua de origen, hemos analizado de igual forma aunque con menor escrutinio la traducción al español. Creemos que ambos poemas se sostienen uno al otro y que prevalece la calidad de la creación mazahua, así como el cuidado del poema llevado al español.
El hombre de la sombra es un llamado del ser, de afuera hacia dentro. Es la esperanza de una revelación que ya ha experimentado la voz poética, una voz de belleza esperanzadora, descriptiva, sencilla pero no simple. Nos hace mirar al sol cual reloj que marcará otro tiempo, el tiempo en el que podremos mirar todos los rostros, todos nuestros rostros. Es un llamado a la unidad del pueblo Jñatrjo.
Es un poema que nace puramente del pensamiento jñatrjo-mazahua, su estructura denota un dominio avanzado del idioma y a su vez nos deja ver imágenes sentidas desde otro universo, el universo original de una cultura que asoma su rostro al sol para iluminar las sombras. La emoción que deja en cada verso se apodera del lector, el último verso nos invita a suspirar hondo para dar paso a una agradable melancolía. 3
Eduardo Casimiro López nació en Atlacomulco, estado de Méx., 1977. Utilizó como seudónimo Lalo Casimiro. Es cantautor, compositor y escritor en lengua mazahua y español. Ha participado en diversos eventos culturales así como en programas radiofónicos, de televisión y canales de tv por internet. En su trayectoria musical obtuvo el primer lugar con “Lloran mis ojos” en el concurso la canción del año de la Unión de Grupos del Norte del Estado de México, 2015.
La agrupación de Escritores Mazahuas entregará los reconocimientos a ambos ganadores el sábado 20 de marzo en el “Comedor Casa Blanca” ubicado en el centro de San Felipe del Progreso, Estado de México. Fecha que coincide con Nu mburú kjé’é jñatrjo/el inicio del año mazahua.
Kja un jñii zana yo xepje zinzapjú k’a i tr’ejegojme nu mbexi na joo mbezhe, yo ch’itr’i tonjiaji mu ra nunji ka kjobú, nu d’adyo kjé’e jñatrjo o sájá mu ra pese yo nrrájná, pjurú nuk’ú mu tujmúji, ngeje nu mamú yo jñatrjo, mu ra tujmú ngeje tr’ob’ú, chüü ngek’ua ri yepe ri mimi.
En marzo las mariposas vuelan por nuestros bosques que comienzan a pintarse de verde, los niños se alegran al verlas pasar. El año nuevo mazahua ha llegado: comienza la siembra, se entierra la semilla para volver a vivir.
Escritores Mazahuas
Trad. de Francisco Antonio León Cuervo
*Agradecemos a Marcos Ávalos, editor de la revista Tierra Adentro, su generosa invitación para difundir los resultados de ambas convocatorias y la publicación del poema vencedor.
La tradición de lo que ahora conocemos como diseño editorial tiene un camino que se remonta a la llegada de la imprenta a México, a la entonces adolorida y dolorosa Nueva España. La llegada del oficio con hálitos de tinta y metal sería una de las pocas marcas donde la luz se deja ver entre los irreparables daños de la colonia española.
Entre 1532 y 1535 Fray Juan de Zumárraga y el Virrey Antonio de Mendoza harían las gestiones para traer a la Ciudad de los Palacios la primera imprenta, concediéndole a Juan Cromberger, uno de los más importantes impresores de España, radicado en Sevilla, la exclusividad de tener una imprenta en la Nueva España. Cromberger encomendaría a Juan Pablos, impresor de origen italiano y oficial de su taller de impresión, crear la imprenta en la “Casa de Cromberger” que hoy conoceremos como la Casa de la Primera Imprenta.
El 17 de marzo de 2021 murió quien sería el primer diseñador gráfico en un país ya de por sí rico en color, en letras, en historias que, sin embargo, todavía no sabía sostener la luminosidad que se presenta cuando dos amigos se encuentran y en medio de sus percepciones, de la generosidad necesaria para compartir recuerdos, impresiones y anécdotas, componen una serie de sueños que se vuelven compartidos, un libro donde ni siquiera los medios limitan la imaginación.
Cuando aquel muchacho de 17 años, sobrino del general Vicente Rojo —último Jefe del Estado Mayor del Ejército Republicano— llega a estas tierras en 1949, la primera impresión ante tal encuentro fue el acontecer de una imagen que por más de seis décadas daría cientos de ramificaciones en la tradición de hacer libros, así como otra forma de comprender el arte en México y el nacimiento del diseño y el diseño editorial que para el artista Vicente Rojo significaban libertad.
En 1950 comienza la larga charla de décadas de exploración, de jugar en serie con toda clase de elementos que se transformaron en la ideas que hoy dan cobijo al noble oficio de hacer libros, pero también a otra forma de comprender las artes. Al trabajar con Miguel Prieto en las oficinas del INBA, Rojo pudo experimentar algo que posiblemente creamos que solo pertenece a nuestra época: encontrarse con una serie de limitaciones materiales, sin embargo, fueron esas limitaciones las que lo llevaron a encontrar resoluciones tipográficas en el taller de impresión del INBA, como lo comentó Rojo en una entrevista hecha por Luz del Carmen Vilchis para la Revista Digital Universitaria:
Él tenía un sistema propio… No sé cómo era en España, no tengo idea, yo no tuve referencias, pero veía unas publicaciones francesas en las que él había trabajado, Prieto las tenía, yo las miraba y me decía: “en México, nosotros no podemos hacer eso” A pesar de esto, no sé decirte sus referencias. […] Cuando Miguel Prieto dejó la oficina en el cambio sexenal del 52, tuve la indicación del nuevo director del INBA de quedarme en su lugar. Yo tenía 22 años y mi única referencia era Miguel Prieto. También entonces empecé a trabajar en la incipiente Imprenta Madero, que no tenía tipógrafo; ahí inicié con la tipografía Bodoni, la Garamond, los clásicos, yo escogía los tipos, como trabajé un corto lapso en una imprenta que no sé cómo se llamaba, pero tenía unos tipos muy bonitos, como el Corvinus o el Empire, que utilizaba Miguel Prieto, pero yo lo hacía por que observaba en las revistas.
Esa forma de comprender el texto y encontrarle la familia tipográfica adecuada para cada uno, incluso para cada autor, se convirtió en el pase de salida para olvidar lo aprendido y arriesgarse en la serie de juegos que, siguiendo de cerca a Gaos y a Gadamer, no son sino una serie de prácticas lúdicas que contienen toda la seriedad que la experimentación requiere para llegar a una verdad.
Retrospectivamente, Vicente Rojo pertenece a una generación que compartía las mismas inquietudes, no sólo la idea de romper de manera absoluta con las pautas de la Escuela Mexicana de Pintura, sino reconocer dentro del oficio de crear la cultura en México una tarea política, una praxis capaz de desmarcarse de los restos de la Revolución mexicana y del tufo patriotero del priísmo, así como de los fatuos alientos de la familia revolucionaria; todavía en estos instantes se piensa que el arte, y ahora el diseño, poco o nada tienen que ver con la idea de generar un país, pero si lo pensamos detenidamente, aquello que nos rodea, nuestros gustos, —sin duda, el ejercicio de la lectura es un gusto, como lo dice Fran Lebowitz en la miniserie de Netflix Supongamos que es una ciudad— sostienen las bases de la estética así como de lo político. Fuera de las instituciones políticas, quienes creen ser los administradores del ejercicio público y del discurso político, la polis estará fuerte influenciada por los textos e imágenes que emergen de ella, una calle de doble sentido, un eterno retorno que su papel no es el ser el reflejo, sino el contrapunto
Es esa aventura, Vicente Rojo encontró a los camaradas o compañeros de viaje que sentaron las bases de lo que hoy reconocemos como arte contemporáneo y diseño editorial: José Luis Cuevas y Alberto Gironella, desde luego, pero también Lilia Carrillo, Manuel Felguérez, Fernando García Ponce, así como Kazuya Sakai, compañeros con los que formó lo que de la mirada de Jorge Alberto Manrique reconocemos como el Geometrismo mexicano.
El trabajo de Rojo no es posible etiquetarlo o fijarlo en una generación o una corriente, lo mismo fue parte de este movimiento, como de alguna forma sobre todo por edad, ha sido denominado como representante de la Generación de la ruptura. No obstante, su relación con la literatura fue orgánica; para él, su trabajo como diseñador lo llevó a sostener una estrecha relación con la literatura que igualmente estaba en plena efervescencia. Fue cofundador de la revista Artes de México (1953-1963), del suplemento “México en la Cultura” (1956-1961), director artístico y editor del periódico Novedades, colaboró con la Revista de la Universidad y desde luego, del suplemento “La cultura en México” (1962-1974) de la revista Siempre!
Tales experiencias dentro del trabajo editorial no solo lo llevaron a entablar relaciones de amistad y trabajo, que en el campo artístico mexicano son casi indisolubles, sino también a fundar en 1960 la Editorial ERA, junto con José Azorín y los hermanos Jordi y Quico Espresate. De esta forma colaboró con Fernando Benítez, Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Carlos Fuentes y Fernando del Paso, entre otros. No podría decirse que fue ilustrador o diseñador de sus libros, como un elemento accesorio, sino que consistía en un binomio donde el texto se leía desde la imagen y viceversa. Puede que el proyecto más ambicioso y que sostiene determinantemente esta idea sea el libro-maleta Marcel Duchamp o el Castillo de la Pureza y desde luego los Discos visuales, ambos publicados por Era en 1968. Sin duda, la historia sobre cómo se llego al diseño de ambos experimentos editoriales, es fascinante, pues se crearon mientras Paz era embajador de India y residía en Nueva Delhi, por lo que el diálogo fue epistolar, pero el resultado se transformó en el siguiente paso y en concreción de lo que también había conocido gracias a su relación con Max Aub, es decir, el libro de artista y desde luego, otras formas de comprender no sólo el diseño y la poesía, sino de crear una obra a dos voces.
Con el paso del tiempo, el trabajo lo llevó a profundizar en su propia obra, en la escultura, pero también en la tarea que había iniciado en la Imprenta Madero, crear una nueva forma de comprender el arte y la cultura en nuestro país, como lo admitió José Emilio Pacheco en el catálogo 80 Vicente Rojo, publicado para acompañar la exposición itinerante y conmemorativa por sus ochenta años:
Ha sido el gran diseñador de los libros, las revistas, los diarios, los cárteles. Sus imágenes han cambiado el modo en que miramos el mundo. Están ya dentro de nosotros, forman parte de nuestro paisaje interior. Al mismo tiempo ha hecho una pintura que nunca se detiene, se renueva siempre, el resultado jamás es el mismo.
El trabajo logra ser más fuerte que la genialidad y su legado fue incansable. Con él vinieron exposiciones, premios y distinciones, Premio Nacional de Ciencias y Artes en 1991, miembro del Colegio Nacional en 1994 —su discurso de ingreso fue “Los sueños compartidos”—Doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de México en 1998, Medalla de oro al Mérito en las Bellas Artes en Madrid, entre otros.
En más de sesenta años, muchas generaciones de artistas se nutrieron de sus propuestas, entre los jóvenes podemos mirar hacia el trabajo de Alejandro Magallanes, Marina Garone, Emmanuel Gacía, Vanessa López y centenas de artistas y escritores quienes descubrimos en su oficio una luz que pocas veces se posa de manera tan lograda y continua. Dos días antes de su muerte, Rojo admitía que asta lo rondaba, que estaba tranquilo. En una noche de lluvia, como preludio a la primavera, sostuvo su último aliento, y luego, la luz y la libertad se quedaron instaladas para siempre en su legado.