La última noche de Jemima Wilkinson fue febril. Su enfermedad la mantenía postrada en cama desde la madrugada del 4 de octubre de 1776. Tres meses antes, los miembros del Consejo Continental habían firmado la Declaración de Independencia que iniciaba el largo camino de las antiguas Trece Colonias hacia su emancipación de la corona de Jorge III. La tierra se llenaba de sangre, con tropas siempre en movimiento, la lucha encarnizada por la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad1 daba a luz a los albores de una nación y Jemima Wilkinson agonizaba. Esperaba su muerte presa de los sudores y escalofríos de la fiebre de Colón, sumida en un sueño profundo del que nadie pudo despertarla. Pasaron siete días y en la madrugada entre el 10 y el 11 de octubre, su sueño se convirtió en un profundo trance espiritual. En ese estado, Jemima tuvo una visión donde dos arcángeles se presentaban ante ella para anunciar la gracia y el perdón que Dios extendía hacia los pecadores. Su hermano la escuchaba murmurar entre sueños una y otra vez, intranquila y febril: “Hay lugar suficiente”. Finalmente, su delirio terminó y exhaló su último aliento. Jemima Wilkinson murió esa noche, pero su cuerpo continuó levantándose cada mañana, libre de toda enfermedad y conteniendo a un ser muy distinto. Ese día nació Public Universal Friend (Amigo Público Universal), un espíritu sin género mandado por Dios para ocupar el cuerpo vacío de Jemima Wilkinson y predicar a los pecadores. Durante su ministerio habló a soldados británicos y americanos, hombres y mujeres, esclavos y esclavistas por igual y fue una de las figuras más controvertidas de la época. Su sola existencia cuestionó los roles de género, las normas sociales y espirituales de una nación aún en construcción y fue la personificación de ese primer espíritu americano, en constante cambio, que formaría la nación multicultural que es hoy en día Estados Unidos.
Desde el día de su nacimiento y hasta su muerte, Public Universal Friend negó ser la misma persona que Jemima Wilkinson. Jemima había muerto, sostenía, y Friend era una persona distinta. Un espíritu sin género que personificaba el amor de Dios y el perdón que se extendía a todos los pecadores. Prefería que no se refiriesen a él con pronombres femeninos (ningún pronombre era lo mejor, pero los pronombres masculinos estaban bien) y vestía con una larga toga y un pañuelo anudado al cuello, a la manera cuáquera. Al inicio de su ministerio, escribió minuciosamente en su Biblia la visión que Jemima Wilkinson había tenido en su lecho de muerte, una visión que, para Friend, encapsulaba los matices de su doctrina y fungía como la anunciación de su llegada:
Mientras Jemima estaba sumida en el sueño ocasionado por la fiebre de Colón, ahora tifoidea, tuvo una visión en donde los cielos se abrían ante ella y, de entre las nubes, descendían dos arcángeles con coronas doradas y túnicas largas y blancas. Anunciaban el perdón universal de Dios para todos aquellos que quisieran tomarlo. Haciendo sonar sus trompetas, proclamaban: “Hay lugar, hay lugar, hay lugar en las muchas mansiones de la gloria eterna para todos; aún hay una última llamada, pues la onceava hora no ha transcurrido todavía para ellos. El día de gracia no se ha acabado aún. Todo aquél que quiera venir, que venga y tome parte libremente del agua de vida que es ofrecida a los pecadores gratuitamente”2 los arcángeles anunciaron a Jemima que el día en el que Dios volvería por su pueblo estaba cerca, pero que estaba preparando a un cuerpo para contener “el espíritu de vida de Dios que desciende sobre la Tierra para advertir a un mundo perdido, culpable y moribundo para que huyan de la ira venidera; para invitar a las ovejas perdidas de la casa de Israel para que vuelvan a casa”.
Public Universal Friend, fiel a la visión que lo había traído al mundo, anunciaba la gracia infinita que Dios extendía a todos los pecadores por igual de pueblo en pueblo y ciudad en ciudad. Su llegada se unía a la de múltiples predicadores que en años anteriores habían sido despertados gracias a un avivamiento que lo cambió todo.
El Primer Gran Despertar
Cuando el descontento crecía entre las Trece Colonias, un tipo muy distinto de revolución empezaba a gestarse: el Primer Gran Despertar, un avivamiento espiritual sin igual entre las décadas de 1730 y 1740 que cambiaría por completo la noción de la fe, inauguraría nuevas denominaciones cristianas y abriría horizontes antes inexplorados para cientos de predicadores.
La reforma de la Iglesia, iniciada famosamente en 1517 por Martín Lutero y sus 95 tesis, había progresado a lo largo de los años dividendo y subdividiendo a los grupos luteranos hasta conformar cientos de agrupaciones cristianas que rechazaban las doctrinas de la Iglesia Católica. Estos nuevos grupos, también llamados congregaciones, no solo se oponían a la venta de indulgencias, el bautismo de bebés, la figura sacerdotal o la salvación por medio de obras; sino que animaban a los fieles a buscar conectarse directamente con Dios leyendo la Biblia, orando conjuntamente y moviéndose en los dones y frutos concedidos por el Espíritu Santo3. Para 1700, los grupos creados gracias a la reforma luterana, estaban por enfrentarse a una nueva ola de cambio.
En Inglaterra, se discutía la posibilidad de una fe más racional, de clérigos y creyentes que fueran también grandes estudiosos y teólogos de la fe. Esta propuesta fue popular entre las clases altas y burguesas, pero molestó a las clases trabajadoras, pues una fe basada en el estudio constante de las escrituras y los cánones religiosos alienaba a aquellos sin posibilidad de acceder a una educación sólida4.
Así, poco a poco, empezando en Inglaterra y extendiéndose hasta el Nuevo Mundo para llegar a las Trece Colonias, un sentimiento anti-racionalista inundó a las iglesias populares. Fue en ese momento de rechazo al pensamiento ilustrado en el que tres predicadores: Theodore Frelinghuysen de la Iglesia Reformada Holandesa, el presbiteriano Gilbert Tennent y el congregacionista5 Jonathan Edwards comenzaron sus ministerios. Las congregaciones morían; la asistencia era baja, los sermones eran inconexos y racionalistas y muchos de los ministros y predicadores a cargo de las iglesias no contaban con un testimonio de conversión. Los jóvenes predicadores se enfurecieron y comenzaron una guerra de panfletos y predicaciones.
Tennent publicó The Danger of an Unconverted Ministry (El peligro de un ministro inconverso), en donde defendía que el trabajo ministerial era un asunto sagrado que solo debía de recaer en las manos de aquellos llamados por Dios para ejercerlo, y Edwards predicó el sermón Sinners In The Hands Of An Angry God (Pecadores en las manos de un Dios enojado) en el donde advirtió de la ira venidera de Dios para todos aquellos que, sabiendo de su existencia, no estaban dispuestos a rendirle sus vidas.
La pasión con la que ministraban, escribían y lideraban a sus congregaciones sorprendió a las iglesias. Poco a poco ayudaron a hacer del cristianismo, sin importar la denominación, algo comprensible también para los colonos sin educación masificando no solo la fe; sino el acceso a Dios. Creían en el sacerdocio de los creyentes: la idea de que cualquiera puede acceder a una relación personal con el creador. Sus sermones rápidamente se popularizaron: Edwards llegó a predicar ante multitudes de 30,000 asistentes chillones que se emocionaban con facilidad y a los que debía callar constantemente.
Al predicar en las calles, mostraban que lo importante de la fe no era la razón, sino las personas a las que alcanzaba. Hablaban apelando a las emociones y a las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo y la fe dejó de ser un concepto racional para convertirse en algo vivo que podía inundar el corazón de un creyente para sanar personas, revivir muertos y predicar ante multitudes. Impulsaron la noción de que para ministrar no era necesario tener educación, sino fe y rápidamente surgieron nuevos predicadores provenientes de todos los estratos sociales. Los creyentes despertaron y se multiplicaron y el mundo pareció dividirse en Nuevas Luces y Viejas Luces o lo que es lo mismo: en quienes apoyaban la masificación de la fe y el surgimiento de nuevos predicadores y los que preferían el antiguo proceder más racionalista, dividido e ilustrado de antes.
Las Viejas Luces poco pudieron hacer ante la creciente popularidad de los ministros y congregaciones de las Nuevas Luces y el Primer Gran Despertar triunfó dando a luz a cientos de nuevos predicadores que recorrían las colonias unificando, sin saber, a sus habitantes e impulsando un abanico entero de posibilidades para aquellos que antes solo habían tenido como perspectiva una vida trabajando la tierra. Cualquiera podría predicar, incluso las mujeres o los esclavos y todos aquellos que empezaban a hacerlo parecían tener sus propias respuestas a las viejas preguntas de la fe como ¿Cuándo va a volver Jesucristo? ¿A Dios le importa o no le importa que una mujer sea la figura principal de una congregación? ¿A quiénes incluye o excluye la gracia de Dios? ¿Estamos viviendo los últimos días? ¿Qué es lo que quiere Dios de nosotros?
No fue extraño que muchas de las respuestas que otorgaban los predicadores a esas preguntas resultaran en la creación de múltiples sectas apocalípticas. La guerra independentista parecía ser una señal de algo y muchos veían en los fulgores de la lucha revoluciona el inicio del fin de los tiempos.
Cuáqueros y shakers; Jemima Wilkinson y Mother Ann Lee
Jemima Wilkinson creció en ese Primer Gran Despertar, miembro de una comunidad cristiana desde su nacimiento, fue educada en los principios de la Sociedad Religiosa de los Amigos, también conocidos como Quakers (tembladores) haciendo alusión a la frase de su fundador George Fox: “temblad en el nombre del Señor”.
Su congregación también creía en la posibilidad personal de acercarse a Dios sin tener que recurrir a sacerdotes o llevar a cabo ritos específicos. Los cuáqueros eran simplemente guiados por “una voz suave y apacible”6, la voz de Dios que llegaba a ellos por medio del Espíritu Santo; despreciaban la esclavitud, la suntuosidad y cuestionaban la incapacidad de las mujeres de ser miembros activos del ministerio. Las reuniones cuáqueras a menudo consistían en silenciosas meditaciones grupales donde se animaba a los miembros de la congregación a hablar si recibían un mensaje de Dios para la iglesia.
Conforme el Gran Despertar fue echando raíces en Nueva Inglaterra, la sociedad cuáquera vio una baja en sus miembros, seducidos por doctrinas que proclamaban una espiritualidad más apasionada.
Jemima Wilkinson y su hermana pronto empezaron a asistir a las reuniones de una congregación de Nuevas luces recientemente establecida y ahí Jemima aprendió las doctrinas emergentes. Muchos de sus biógrafos creen (especialmente aquellos que piensan que la figura de Amigo Público Universal fue una construcción de Jemima para obtener más atención en su ministerio) que fue en ese momento en el que Jemima empezó a juntar, de entre todas las corrientes espirituales, las características de lo que se convertiría en la congregación de Public Universal Friend: la Sociedad de los Amigos Públicos Universales.
Al enterarse de sus visitas a la iglesia de las Nuevas Luces, la sociedad cuáquera amenazó a las hermanas Wilkinson con la expulsión si continuaban asistiendo. Jemima y su hermana permanecieron en los cultos de la nueva congregación y fueron expulsadas de la comunidad cuáquera.
La sociedad cuáquera empezaba a separarse de las expresiones espirituales más apasionadas y no fue raro que muchos de sus miembros decidieran alejarse en búsqueda del Gran Avivamiento que prometían las Nuevas Luces. En Inglaterra, un grupo pequeño llamado “shaking quackers” por quienes los veían alabar a Dios danzando apasionadamente y temblando produjo a la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, también llamados shakers.
Los shakers adoptaron del movimiento carismático cristiano la creencia en la intervención del Espíritu Santo en las vidas de los creyentes por medio de milagros, el desarrollo de los dones espirituales y la noción de que la vida cristiana debía contener muestras constantes de la presencia divina; pero lo que comenzó como un movimiento cuáquero apasionado de búsqueda espiritual, pronto empezó a tomar tintes más extraños cuando el grupo se trasladó a las colonias británicas guiado por Mother Ann Lee.
El día oscuro que magnificó la revolución espiritual femenina
El 17 de mayo de 1780 el sol no salió. En su lugar, una oscuridad opresiva producida por humo y niebla inundaba las tierras de Nueva Inglaterra y en New Hampshire cayeron quince centímetros de ceniza. Días antes, el cielo se veía rojizo, un hollín extraño se acumulaba en ríos y canales y la luna se tornó roja. Algo estaba sucediendo y aunque el “Día Oscuro”, como luego fue bautizado, había sido producido por múltiples incendios provocados para producir tierra de cosecha, los líderes espirituales de la época lo vieron como una mensaje de parte de Dios.
Mother Lee Ann de los shakers observó en esa oscuridad una señal divina para predicar a su congregación la próxima llegada del Apocalipsis7 y sus fieles vieron en ella a Jesucristo reencarnado con forma femenina.
Los shakers, que hasta ese momento eran tan solo cuáqueros más apasionados, se convirtieron en una secta apocalíptica cuyos miembros giraban, danzaban y dibujaban de acuerdo a las revelaciones de la divinidad de Mother Lee Ann.
Creían en que si el hombre y la mujer habían sido creados a semejanza de Dios, primero Adán y luego Eva, y Jesucristo había nacido hombre, seguramente en su segunda venida aparecería como una mujer. No solo sería el Segundo Adán8, también sería la Segunda Eva.
Public Universal Friend también recibió al día oscuro como una señal divina. Su ministerio hasta entonces había sido una mezcla de las enseñanzas cuáqueras, mileniaristas9 y de las Nuevas Luces; predicaba la igualdad entre hombres y mujeres, esclavos y esclavistas, ricos y pobres. Sostenía que a Dios no le importaba el género de sus creyentes10 u otras cuestiones similares, sino que le importaban los creyentes mismos y animaba a sus seguidoras a aceptar los votos de castidad que él mismo había tomado. Los votos de castidad absoluta permitían a las mujeres cristianas rechazar el matrimonio y dedicarse por completo a las labores de la fe para así asumir papeles de liderazgo y autoridad que el matrimonio habría truncado o condicionado; ofrecían la posibilidad de una vida espiritual más activa que la que llevaban las monjas católicas, pues no suponía el enclaustramiento; sino la libertad total de vivir y viajar predicando la palabra de Dios.
Antes del Gran Despertar, la misoginia de las iglesias cristianas acallaba fuertemente a sus mujeres. Algunas congregaciones prohibían hablar a sus seguidoras adentro de las iglesias y si una mujer se atrevía a predicar era excomulgada y humillada públicamente. Solo los cuáqueros habían permitido la participación de sus miembros femeninos en las actividades de liderazgo espiritual. Pero fuera de ellos, una mujer predicando públicamente era una aberración; una pecadora que se abrigaba en la palabra de Dios para seducir y desviar a los hombres del buen camino.
Con las señales del Apocalipsis claramente visibles en la oscuridad del cielo, Friend empezó a predicar la inminente llegada del fin de los tiempos y sus discípulas pronto le siguieron.
Si Friend, con su cuerpo femenino (incluso sus seguidores tenían problemas para reconocer totalmente su falta de género), y Mother Lee Ann habían sido elegidas por Dios para no solo predicar, sino salvar al mundo de la inminente ira divina, entonces cualquier mujer podría hacerlo.
Este tipo distinto de liberación femenina produjo en las creyentes un despertar espiritual que se basaba en la confianza total de que ellas también podían ser las elegidas de Dios, las predicadoras y las salvadoras del mundo.
En las iglesias de las Nuevas Luces, el papel de las mujeres se expandió, llegaron a votar en los asuntos de la iglesia e incluso a liderar y predicar a la congregación.
Las seguidoras de Friend se sintieron libres para dejar a sus maridos y seguirle o para no casarse en absoluto. Viajaban a su lado, predicaban a su lado o por su cuenta e incluso copiaban su vestimenta causando revuelo por donde pasaban. Pronto, encontraron en ellas mismas las encarnaciones divinas de los profetas del Antiguo Testamento y guiadas por la doctrina apocalíptica de Friend, se vieron representadas en aquellos testigos que según Juan, observarían las catástrofes apocalípticas11.
Este despertar espiritual femenino no transcurrió con facilidad. Mientras que las mujeres pertenecientes a los shakers, la Sociedad de los Amigos Públicos Universales, los cuáqueros u otros grupos similares eran empoderadas y animadas para crecer en autoridad espiritual y tomar un lugar de liderazgo dentro de sus comunidades; para aquellas predicadoras que no lo hacían, el precio de su avivamiento espiritual a menudo era el rechazo de sus mismas comunidades religiosas y aquellas que se atrevían a salir a las calles a predicar sin el permiso de sus líderes religiosos podían incluso ser azotadas en público12; aún así, las predicadoras defendieron su despertar espiritual y continuaron hablando dentro y fuera de sus congregaciones, demostrando que también ellas podían ser receptoras de los dones sobrenaturales del Espíritu Santo, maestras de la fe y profetas escogidas por Dios13.
Tristemente, con la llegada del siglo XIX muchas de las comunidades cristianas decidieron borrar a las mujeres predicadoras de su historia. Además, según la historiadora Catherine A. Brekus en Strangers and Pilgrims: female preaching in America 1740-1845 la verdadera tragedia de las mujeres predicadoras contemporáneas a Public Universal Friend está en que fueron demasiado radicales y revolucionarias para los historiadores y estudiosos religiosos, pero demasiado conservadoras para las historiadoras feministas; dejando su legado en el olvido y muchos de sus nombres, desconocidos a pesar de haber sido cientos y que entre ellas hubiera mujeres de todas las clases sociales e incluso esclavas emancipadas.
Public Universal Friend más allá del género
En este clima de cambios sociales y espirituales, Public Universal Friend salía a predicar con la compañía de sus discípulas. A su llegada, cientos de fieles atiborraban las calles donde daba sus sermones en voz alta y con un fuerte acento de Nueva Inglaterra. Sin embargo, no era su doctrina la que atraía a los espectadores; sino el misterio que rodeaba a su figura. La historia de su muerte y resurrección, de su carácter tranquilo y apacible y su rechazo a acatar las normas sociales de la época, le hacían una persona misteriosa, extraña y mística.
Rechazaba la vestimenta clásica femenina y usaba una larga toga, pantalones, un pañuelo blanco anudado en el cuello y el largo sombrero negro característico de los cuáqueros.
En su congregación, sus discípulos a menudo le consultaban en todos los asuntos de su vida cotidiana. Le pedían su consejo tanto en los grandes asuntos de la fe como en las pequeñas labores del día a día. Friend cuidaba de sus seguidores proveyendo consejo, acompañamiento y empoderamiento; todos aquellos que asistían a sus sermones recibían, además de la predicación, una comida completa, cuidado e interés y aquellos de sus miembros esclavistas eran animados a liberar a sus esclavos y vivir una vida amable de amor universal para todos. Esto, a los ojos de la sociedad revolucionaria estadounidense, unido a su rechazo por mostrarse como una mujer constituía un escándalo alarmante. La sociedad revolucionaria estaba en una búsqueda constante de su identidad masculina y femenina; rechazaban la masculinidad inglesa, recatada, limpia y dignificada y los líderes religiosos promovían una masculinidad más “femenina”. Animaban a los fieles a ser más emocionales y a tener un carácter que se alineara con los frutos espirituales de la paz, la paciencia, la mansedumbre, la templanza, la fe, la benignidad, la bondad, el gozo y el amor; mientras que la lucha revolucionaria obligaba a los hombres a tomar roles mucho más violentos para sobrevivir. Las mujeres, por su parte, ocupaban nuevas posiciones de autoridad, explorando territorios usualmente masculinos.
Public Universal Friend parecía mostrarse ante los ojos de sus fascinados espectadores, como ambos géneros y ninguno a la vez. Aquellos que nunca pudieron aceptar su identidad, veían a una mujer en un lugar de liderazgo y autoridad, con el cabello descubierto14 y predicando frente a multitudes. Era algo nuevo y profundamente atemorizante para una sociedad que estaba encontrando a penas su propia identidad y que, aunque no sabía aún cuál sería su modelo de masculinidad o feminidad, sí sabía cuál no lo sería y la fascinación por Friend rápidamente cambiaba a rechazo y luego de nuevo a fascinación.
No ayudaba, desde luego, que la doctrina de Friend tuviera fuertes tintes místicos y apocalípticos. A la manera cuáquera, rechazaba todas las muestras pasionales de la fe, pero en su congregación se realizaban sanidades milagrosas, se anunciaban profecías y se llevaban a cabo exorcismos mientras Friend anunciaba la inminente llegada del Apocalipsis.
Pocas personas aceptaron que Public Universal Friend fuera realmente un ser sin género e incluso los periódicos de la época aludían a la “belleza femenina” del cuerpo de Jemima Wilkinson y hacían comentarios sobre su “lustroso cabello negro” o el suave tono de su voz para negar la identidad que Friend había establecido.
Friend, a pesar de las críticas y los ataques, se mantuvo firme hasta el final en que Jemima Wilkinson había muerto en 1776; en que él solo ocupaba su cuerpo y por lo tanto eran dos personas distintas. Y cuando el Apocalipsis que venía anunciando desde el Día Oscuro no llegó, se recluyó junto con su congregación fundando primero el pueblo de Jerusalén y, tras mudarse un poco más cerca de Nueva York, la comunidad de Nueva Jerusalén.
La existencia de Public Universal Friend ha sido siempre un punto de discordia entre estudiosos e historiadores. La dificultad ha permanecido en no saber cómo enfrentar su historia de muerte y resurrección. ¿Es Friend Jemima Wilkinson?, ¿qué pronombres deberíamos usar para referirnos a Friend? Parecen preguntarse sus biógrafos. Algunos invalidan la existencia de Friend y se centran en Jemima, hablando del predicador con pronombres femeninos y hay algunos que incluso omiten mencionar a Friend. Otros, deciden hablar de Friend en masculino y femenino intentando no usar pronombres, pero esta opción no parece correcta tampoco. Quizás si Friend hubiera nacido en nuestra época, asumiría los pronombres they/them y en los países hispanohablantes nos referiríamos a Friend usando el le/elle.
Sin importar la controversia causada por el lenguaje incluyente son individuos como Public Universal Friend, quienes incluso en su propia época causaron crisis lingüísticas por su identidad de género, aquellos que deberían marcar la pauta gramatical de su propia existencia.
El problema de catalogar a Friend en un sistema binario radica en que su figura, su leyenda y su legado rechazan la catalogación. Esto le ha llevado a ser olvidado por los historiadores religiosos, rechazado simplemente por mostrarse al mundo como no binario y excluido de los recuentos de las grandes figuras religiosas del Gran Despertar y la época revolucionaria cuando su doctrina en realidad no difería tanto de la de muchos otros predicadores como Tennent, Frelinghuysen o Edwards.
La comunidad cristiana, incapaz de catalogar a Friend o de pasar por alto el escandaloso relato de su muerte y resurrección, tomándolo por falso en la mayor parte de los casos, simplemente ha decidido ignorarlo y dejarlo en el olvido junto con otras figuras difíciles de comprender y de describir como ejemplos de un cristianismo modelo.
Bibliografía
Breuks, Catherine A., Strangers and Pilgrims. Female Preaching in America, 1740-1845, The University of North Caroline Press/ Chapel Hill and London, 1998.
Heimert, Alan, Religion and the American Mind: from the Great Awakening to the Revolution, Wipf and Stock Publishers, 2006.
Juster, Susan, Disorderly Women: Sexual Politics & Evangelicalism in Revolutionary New England, Cornell University Press, 1994.
Moyer, Paul B. The Public Universal Friend: Jemima Wilkinson and Religious Enthusiasm in Revolutionary America, Cornell University Press, Nueva York, 2015.
And there is a ravine, and in the ravine a thorny dogrose…
The old house peers into my heart,
And turns pink from edge to edge,
And your tiny window…
That voice, it is yours,
And I shall give my life and my sorrow to its incomprehensible sound…”
Alexander Blok
El día que Edward Limónov perdió la virginidad, ganó un concurso de poesía frente a decenas de miles de soviéticos ebrios en el Club Victoria de Plekhanov, fue testigo de una violación colectiva, y vio cómo mataron a un hombre a golpes. Era el 7 de noviembre de 1957, día en el que se celebraban 40 años de la Revolución Rusa.
Nada de esto es una casualidad. La vida de Limónov siempre estará marcada por una confluencia contante de sexo, violencia, poesía y política. Una vida en la que él representa a un héroe oscuro, complejo, multifacético y desgarrado.
Cuando se menciona su nombre, todavía, es difícil no ver una mueca en la cara de las personas. Muchos piensan que Limónov no es más que una figura turbulenta, un opositor a Putin, sin duda, pero que también estuvo del lado de los nacionalistas serbios disparando sobre Sarajevo, que fundó un partido político que tenía muchos tintes de neofascismo y que, sin lugar a dudas, ha participado en actos violentos, polémicos, criminales y terribles.
Pero Eddie Baby, como lo llamaban en su juventud, era también mucho más que eso.
La historia que vamos a contar aquí es la historia de un héroe. No estamos pensando en el héroe moral cristiano que encarna los valores de una civilización y sirve como ejemplo vital. Tampoco nos referimos al héroe burgués, repleto de ideología, que representa una realidad que debería ser transparente. Mucho menos al héroe griego, trascendente, superior a los hombres y a la naturaleza. No. Eddie Baby es otro tipo de héroe; un héroe que, con una historia extraordinaria, creó su propia saga; un personaje complejo, iracundo y violento que, como todos los héroes históricos, tiene las manos manchadas de sangre.
I
Cuando era adolescente, a Eddie Baby le gustaba escribir sobre plantas. Paseaba por los caminos en la ciudad industrial de Járkov, en Ucrania, a donde habían mandado a sus padres. Estaba lejos de Dzerzhinsk, su ciudad natal, a 400 kilómetros al este de Moscú. Járkov era una ciudad industrial que había sido completamente destruida durante la segunda guerra mundial, tomada en turnos, múltiples veces, por los alemanes y los rusos.
Era la ciudad más poblada de Ucrania hasta que las masacres diezmaron su población. Cuando terminó la guerra, hubo un movimiento masivo de proletarios, ordenado por el Estado, para reconstruir la industria y la ciudad. Cientos de miles de rusos llegaron a colonizar esta ciudad lodosa y en ruinas. Bajo el trabajo de las minas y las fábricas quedaron sepultados los recuerdos de las masacres de intelectuales cometidas en las purgas de los años treinta, las masacres de prisioneros polacos ordenadas también por Stalin, las masacres de judíos enterrados en tumbas colectivas en Drobytsky Yar. Decían que los nazis aventaban a las fosas a los niños vivos para ahorrar balas. El frío los mataba, los demás solo seguían órdenes.
Eddie Baby tenía profesión de entomólogo, de explorador, de naturalista de otro siglo. Dibujaba plantas y animales y escribía sobre la especie encontrada en grandes cuadernos. En la biblioteca de la ciudad, leía los trabajos de Zagoskin, Darwin, Zenkevich; leía sobre la fauna de la Patagonia y los anales de la Sociedad Geográfica Rusa. Eddie estaba tan obsesionado que la librera le dejaba pasar a escoger los libros que quisiera sin tener que hacer la fila (en esos años las juventudes rusas leían considerablemente). Agregó un catálogo geográfico a las revistas que tenían en el baño.
En el edificio 22 de la Calle de la Primera Cruz, sus padres no entendían muy bien esta obsesión. Para Veniamin Ivanovich, un funcionario de la NKVD, la policía secreta del Estado y para Raisa Fyodorovna, una ama de casa obsesionada con sueños de clase, las necesidades taxonómicas de su hijo les parecían un completo misterio. Eran cultos y letrados, pero este niño curioso y retraído estaba empezando a preocuparlos. Todo se volvió más confuso cuando Eddie comenzó a anotar obsesivamente también los árboles genealógicos de reyes y de príncipes europeos.
Todo esto se esfumó bajo los golpes de Yurka Obeyuk. Eddie entendía mucho de plantas y viajes extraordinarios a los confines de la tierra, pero no sabía nada de la vida más inmediata. Hizo una caricatura de Yura durmiendo en el salón y la subió a un periódico mural. A Yurka esto le pareció un insulto del máximo orden. Eddie pensaba que Yurka era un idiota. No pensó, sin embargo, que era un idiota un año más grande, mucho más fuerte, y que un idiota también puede partirte la cara.
Cuando despertó de la golpiza, Eddie estaba tirado en el piso, con sus compañeros rodeándolo. Tenía la cara molida a golpes. Lo ayudaron a lavarse un poco y le pusieron monedas de cinco kopeks en los moretones del rostro. Llegó a su casa deprimido y pensativo. Sólo dijo a sus padres que había estado en una pelea. Luego pasó toda la noche despierto, reflexionando.
A la mañana siguiente, Eddie decidió dejar los libros y dedicarse a entender y dominar al mundo que lo rodeaba. No más imaginación y ordenamientos impuestos, Eddie necesitaba aprender a defenderse, a ser temido, a imponerse a los demás. A partir de ahí, Eddie Baby empezó a hacer excursiones abusivas al baño de mujeres, aprendió a golpear, empezó a cargar un cuchillo en la bota. A partir de ahí, Eddie se convirtió en un punk de Saltovka.
II
Los punks de Saltovka se la pasan bebiendo en el parque. Juntan unas monedas, sortean a los vagabundos que intercambian pepinillos encurtidos a cambio de botellas vacías, compran biomitsin (un vino fortificado) o una botella de vodka, se sientan en el parque, hablan, ríen, fuman y beben por horas. También se pelean con sus rivales de la zona, los punks de Tyurenka (aunque tienden más a ser aliados) y los punks de Zhuravlyoka.
Entre ellos, hay punks más grandes, como Gorkun que ya ha pasado quince años en una de las cárceles más crueles de Rusia. Gorkun está tatuado con el estricto código de los ladrones rusos y todos los adolescentes punks de Saltovka sueñan con ser como él. Sueñan, incluso, en ser más que él. Mucho más allá de una carrera mediocre en el crimen, les gustaría llegar a ser vory v zakonie, los ladrones honorables, los grandes criminales con códigos de conducta y jerarquías trazadas en la piel.
Con Gorkun, Eddie pasará quince días en la cárcel por apuñalar a un policía. No será su primer crimen, ni el último. Pero aquí tiene suerte. Pudo ser enviado a un campo de trabajo en Siberia por cinco años (sentencia máxima por ser menor). Lo salvó el hecho de que su padre conoció al capitán de la policía. Eddie nunca le dijo a Gorkun que su padre era, de hecho, un funcionario del régimen. En un mundo que se dividía entre policías y ladrones, Eddie quería ser ladrón, pero era hijo de policía.
Una vez, fue a buscar a su padre a la estación de trenes. Él regresaba de uno de sus largos viajes a Siberia. Pero no estaba en ninguna plataforma. Entonces, se dio cuenta de que había diferentes tipos de plataformas. La plataforma en la que estaba su padre era para los trenes de presidiarios. Eddie vio a su padre pasando lista, anotando los nombres de los condenados a muerte. No nada más era un policía, su padre era la escoria más baja de la policía: un burócrata policía.
Esa noche, Eddie escuchó cómo su padre contaba de un prisionero que se comportaba estoicamente. En todo el viaje de Siberia hacia Járkov, en donde sería fusilado, el joven preso leía y hacía genuflexiones, se ejercitaba y se mantenía despierto, era cordial y amable como si tuviera toda la vida por delante. Eddie supo inmediatamente que nunca iba a ser como su padre y que algún día querría ser como ese joven condenado a muerte.
De alguna forma, 50 años más tarde, lo logró.
III
Eddie se llama Eduard por el poeta Eduard Bagritski que su padre tanto admiraba. No fue un poeta muy importante, pero quedó marcado en el destino de Limónov, entonces apellidado Savenko.
Eduard escribe poesía. Copia a Blok y a Esenin, gana certámenes literarios leyendo poemas de amor y el cariño de sus amigos punks leyendo poemas de criminales y valientes. Tal vez esa sea la forma de escapar de esta vida tan odiosa. Tal vez Eduard podría ser un poeta de renombre.
En la Unión Soviética, los poetas tienen un halo particular. Son tan famosos como los cantantes de variedades o los actores. Son respetados hasta el punto de otorgarles una sabiduría casi mística.
A Eddie, sin embargo, lo atrapa la maquinaria. Deja de escribir, deja de robar, deja de apostar en concursos de bebida con los obreros kazacos. En vez de eso, entra a trabajar a una fábrica, se vuelve un obrero ejemplar, gana su salario, se embriaga a la salida con vodka barato. La mayoría de sus amigos están en la cárcel, han sido ejecutados o están, como él, trabajando en la fábrica. Muchos olvidaron sus sueños de ser grandes criminales o artistas. Este es el destino del proletario en una ciudad industrial. ¿Qué se le va a hacer?
Piensa que tal vez hubiera sido mejor estar con Kostia, su amigo, esa noche en la que mató a un hombre. Tal vez a él también lo hubieran ejecutado y habría tenido una muerte gloriosa. Este destino común no era para Eddie.
Deprimido, fatigado, abandonando todos los sueños de juventud, Eddie tomó una navaja que nunca utilizaba en su rostro permanentemente lampiño y se cortó las venas de la muñeca izquierda. Cortó profundo hasta que vio salir sangre a borbotones. Luego se quedó ahí, en la mesa de la cocina, sangrando. Era de noche, sus padres estaban dormidos. No le alcanzó la energía para cortarse la otra muñeca.
IV
Sin saberlo, este intento de suicidio fue la puerta de entrada a la vanguardia intelectual de Járkov para el pequeño Eddie. Después de pasar meses en el hospital psiquiátrico, Eddie sigue el consejo de un psiquiatra, que, entendiendo bien su caso, le dice que no está loco, nada más es un romántico buscando llamar la atención. Le da la dirección de una librería. Ahí, Eddie conocerá a los poetas locales y, poco a poco, empezará a ganarse su admiración.
En esta bohemia local, había que tener algo de locura para ser aceptado. Bastaban los relatos de juventud punk de Eddie, junto a las historias del hospital psiquiátrico en donde pasó semanas amarrado con sábanas mojadas a una cama compartida con un tipo que se masturbaba compulsivamente mientras le inyectaban insulina para quitarle todas las fuerza. Su intento de suicidio, por supuesto, cerraba el trato.
Pronto, Eddie comenzó a tener una relación afectiva con la matrona de esta vanguardia. Anna Moiséievna Rubinstein se convertirá, más tarde, en su primera esposa. Con la ayuda de Anna y de este grupo que admira a Mandelstam y Jlébnikov, Eddie encuentra su propia voz poética en un lenguaje sobrio, crudo y descarnado. Sus escritos gustan.
Eddie también descubre, por esas épocas, que tiene cierto talento para la sastrería. Con el refinado gusto por la ropa que mostrará, algunos años después, en Nueva York, es evidente que hubiera podido ser un gran modista. Pero su destino tampoco estaba en las pasarelas de lujo.
Eddie se hacía sus propios pantalones acampanados. Muchos los envidiaban y comenzaron a pedirle ropa. Eddie podía escribir y ganar algunos rublos vendiendo pantalones. Se muda con Anna y comenzó a ser una figura prominente de la vanguardia de Járkov.
Es en esa época, también, que Eddie se cambia el nombre. Como parte de las convivencias en la bohemia, todos tenían sobrenombres. A él le pusieron Limónov por un juego de palabras sobre su humor ácido (limon significa limón) y su carácter explosivo (limonka significa granada). A Eddie le gusta el nombre y nunca más dejará de utilizarlo.
V
En 1967, Eduard y Anna se mudan a Moscú. Lo hacen ilegalmente, claro, porque no tienen permiso de relocalizarse dentro de la URSS. Otros, como él, están teniendo mucho éxito en la gran ciudad soviética. Joseph Brodsky, por ejemplo, acaba de ser recibido como el protegido de la más grande poeta rusa viva, Anna Ajmátova. Brodsky también venía de una familia humilde, también había vivido una vida tormentosa con trabajos terribles y estancias en hospitales psiquiátricos. Este pequeño poeta judío representaba todo lo que Limónov quería encarnar. Pero él, a diferencia de Eddie, ya tenía un gran éxito.
Eddie fue a presenciar algunas clases del seminario de Arseni Tarkovsky. Lo odió con toda el alma. Nunca fue una persona a la que le gustara hacer reverencias ante la autoridad. Y Tarkovsky siempre demandó reverencias.
Eddie nunca llegará a tener el estatuto de Brodsky en el underground de Moscú. Ahí, al poeta protegido de Ajmátova, lo adoraban como un dios. Pero, muy pronto, él y Anna se convierten en figuras prominentes de un movimiento literario joven.
Eduard, inquieto, fornido, apuesto y solicitado, empezó a distanciarse de Anna, una mujer considerablemente mayor que, por su sobrepeso y pelo cano, vivía atormentada con inseguridades sobre la fidelidad de su pareja. La internan en múltiples ocasiones en un hospital psiquiátrico hasta que, finalmente, decide partir de regreso a Járkov. Ahí vivirá una vida atormentada hasta su suicidio, algunos años después.
Después de la partida de Anna, Eddie conocerá al amor de su vida. Una princesa, llamada Elena Schapova, que no pertenece a su mundo. Es la esposa de un apparatchik cultural rico. Eddie, mientras tanto, es sólo un pobre poeta bohemio que vive de vender pantalones. Pero se enamora locamente de Elena y este amor, en un futuro, será su más grande tormento.
VI
Con Elena vive un romance turbulento. No se pueden despegar el uno del otro y la joven pareja, atractiva y radiante, se convierte en el centro de la vanguardia moscovita. Eddie y Elena se casan y comienzan a soñar con el mundo más allá de la Unión Soviética.
La oportunidad se presenta, a través de la KGB, de exiliarse a Nueva York. En los años setenta, el organismo de vigilancia soviética quiere deshacerse de varios personajes indeseables. Los principales, por supuesto, entre los intelectuales son Brodsky (al que exilian en 1972) y Aleksandr Solzhenitsyn que, con su novela, Un día en la vida de Iván Denísovich (1962) ya había alertado de su peligro para la causa soviética que remató con Archipiélago Gulag (1973) publicado clandestinamente en Francia.
Entre estos gigantes, Eddie era catalogado como “un elemento antisocial, antisoviético convencido”, pero ciertamente no era tan notorio y no se consideraba una prioridad para el Kremlin. De cualquier forma, en el escape a Nueva York, Eddie y Elena imaginaron un nuevo mundo de oportunidades.
Con una valiosa recomendación de Lili Brik, primera esposa de Maiakovski y hermana de Elsa Triolet, Eddie y Elena parten hacia Manhattan y logran entrar en las grandes cenas del Nueva York upscale. Ahí, también se encuentran a Brodsky que les señala diferentes figuras prominentes del medio cultural y les desea buena suerte.
Eddie comienza a trabajar, gracias a los contactos establecidos, en el periódico ruso Russkoe Delo. Es un semanario legendario al que visitó Trotsky antes de partir para hacer la revolución. La historia de Lev Davídovich saliendo de un departamento hacinado en el Bronx, lleno de deudas, perseguido por creditores, para convertirse en el comandante supremo del ejército más grande del planeta, le gusta a Eddie. Sueña con esas posibilidades novelescas, con grandes armadas, gente que lo admire, aplausos y revoluciones.
Mientras, vive en un pequeño departamento en Lexington Avenue, en una parte derruida de la ciudad y el éxito no viene. Su estatuto de poeta que en Rusia era intocable, aquí se diluye. A nadie le interesa un famoso poeta moscovita y a nadie le apantalla su presencia. Lo corren del semanario Russkoe Delo por un artículo crítico, “Desilusión”, que captura la atención del Kremlin por su visión devastadora de la sociedad estadounidense. Muchos piensan que es un agente de la KGB.
Finalmente, ocurre la más grande catástrofe en la vida de Eddie: Elena comienza a engañarlo, cada vez con más descaro, hasta que finalmente lo abandona. Limónov pasa días ebrio, abandonado de toda esperanza, tirado en la calle, comiendo de la basura, hasta que un amigo lo rescata, lo pone en un programa de beneficencia del Estado y lo regresa a su decrépito cuarto en el hotel Winslow.
Este hecho culminante en la vida de Eddie va a precipitar su odio hacia otra autoridad. Siempre había odiado a las autoridades soviéticas, su bajeza, su rústico desperdicio de los ideales comunistas. Ahora también empieza a despreciar la estructura de autoridad en Estados Unidos. Para Limónov, no fue un hombre el que le quitó a Elena. No fue Jean Pierre o un conde italiano. El culpable de toda su desgracia es el dinero.
VII
Elena se convirtió en otra cosa, nunca pudo zafarse del imperio de los placeres sencillos, de lo más inmediato. Se perdió en la vorágine de una civilización que compra y escupe a los pobres ingenuos que se dejan atrapar entre sus garras. Pero Eddie no es ingenuo. Y su resistencia va más allá de cualquier capricho. Eddie quedó destrozado sin Elena, pero también aprendió a vivir más allá del amor, más allá de la civilización que le quitó todo.
“Esta civilización no se daba cuenta de mi presencia, ignoraba mi labor, me negaba cualquier lugar legítimo bajo el sol, destruyó mi amor, y me iba matar a mí también salvo que, por alguna razón, aguanté. Y sigo vivo, trabajando y tomando riesgos. Mi necesidad de revolución, construida en lo personal, es mucho más poderosa y natural que cualquier principio revolucionario artificial.”
Eddie fue mesero, participó en manifestaciones de izquierda, se codeó con todo tipo de indeseables, recorrió la ciudad a pie y escribió un bello libro, impactante, sobre su vida en la gran manzana. It’s Me, Eddie, es un libro de supervivencia; la narración agitada y convulsa de un poeta que tuvo que reinventarse para no sucumbir bajo el peso del individualismo.
En Nueva York, Eddie se deja sodomizar por un negro completamente desconocido en una casa abandonada. Le hace sexo oral a un vagabundo en unas escaleras al amanecer. Fue deseado y, poco a poco, encontró la manera de volver a desear. Sueña con volver a amar.
Frente a la despiadada realidad de Nueva York, Eddie comprendió los peligros del individualismo y la necesidad de superarlos. Los americanos se separan de los demás, los dejan en el camino, trazan vidas pequeñas, aisladas, crueles. El suyo es el mundo de una expresión cruel:
“Escucho que los americanos dicen con frecuencia la expresión: “Es tu problema”. Es solo una expresión, pero me irrita sobremanera. En algún momento, mi amigo carnicero Sanya el Rojo empezó a utilizar la expresión: Tebe Zhit que significa “¡Es tu vida!” La utilizaba para todo, cuando era necesario e innecesario, expresándola con la gravedad de un filósofo. “¡Es tu vida!” es una expresión mucho más cálida. Estas palabras se usan cuando otra persona rechazó un consejo amigable: entonces, hazlo tú mismo, traté de ayudarte, no quieres mi consejo, me rindo, es tu vida. “Es tu problemac se usa para disociarse de los problemas del otro, para trazar una frontera entre uno mismo y las personas molestas que tratan de infiltrarse, como gusanos, en nuestro mundo.”
Eddie sueña con una hermandad de hombres fuertes, revolucionarios y terroristas, entre los cuales pueda descansar. O bien, quiere una secta religiosa que predique el amor, el amor por los otros, el amor por encima de todas las cosas. Pasarán muchos años para que pueda encontrar un consuelo.
VIII
En los años ochenta, después de ser mayordomo de una rica mansión neoyorquina, la suerte de Eddie comienza a cambiar. Su libro está circulando y llama la atención del mundo.
A Brodsky no le gusta, por supuesto, pero a muchos otros les parece una de las obras más vibrantes de la literatura rusa contemporánea. El de Eddie era un lenguaje vivo, en el que por fin entraban la homosexualidad, las drogas, la locura y otro tipo de pensamiento político, irreverente, violento.
Eddie no tenía concesiones con nadie, ni nada. Su libro acaba con una frase que retumba: “¡Jódanse, culeros bastardos! ¡Pueden irse todos al infierno!”
Es así como llega a Francia y, de nuevo, se convierte en uno de los hombres más buscados por la intelectualidad joven de la época Mitterrand. Al mismo tiempo, su producción es incansable. En los siguientes 10 años, va a publicar un libro al año. La mayoría de ellos son autobiográficos, sobre su vida en Nueva York, su vida como adolescente en Járkov, sobre la época de Stalin.
Se vuelve a enamorar, esta vez de una cantante alcohólica y con problemas de ninfomanía llamada Natasha Medviédieva. Regresa a la escritura periodística, esta vez a través de uno de los más polémicos creadores de semanarios y revistas en París, Jean-Édern Hallier, un polemista de primera línea que retomaba la tradición de Barrès y Céline juntando en una misma mesa a los más prominentes pensadores de izquierda y a Jean-Marie Le Pen.
En 1989, justo antes de la caída del comunismo, Eduard es invitado por Gorbachov a Moscú. Exactamente 15 años después de su partida, Eddie regresaba a la ciudad de la bohemia en la que vivió años tan felices con Anna. Pero la ciudad ya no es la misma. La apertura de la URSS ha causado que la gente pierda el sentido del orgullo; se sienten engañados, llevados al baile por sesenta años de mentiras que los dejaron peor que antes. No hay ningún patriotismo vivo, ninguna altanera resistencia combativa en el recuerdo de la Gran Guerra Patriótica, todo es malestar, encono, decepción.
Eddie está en shock. No puede soportar los honores superfluos que le hacen en su visita a Moscú. Va a ver a sus padres. Encuentra a dos viejitos que le explican la suerte trágica de todos sus amigos de infancia. Obreros alcohólicos, presos, muertos, suicidados. No lo soporta.
Eddie busca una nueva lucha. Va a los balcanes. La guerra civil está en pleno desarrollo y eso le encanta. Le encanta como suenan estas palabras: guerra civil. Admira y se vuelve amigo de un personaje particularmente turbio: el ultranacionalista serbio Radovan Karadzic. Años más tarde, Karadzic será juzgado por crímenes de guerra como responsable del genocidio de Srebrenica y del sitio de Sarajevo.
En un video terrible, grabado por el ganador del Oscar Pawel Pawlikovski, se puede ver a Limónov disparando sobre la ciudad sitiada. La imagen no es particularmente halagadora. Ni lo son, tampoco, sus palabras de admiración hacia los nacionalistas serbios: “tienen a más de quince países en su contra y aún así resisten valientemente.”
A su regreso a París, los intelectuales comienzan a alejarse de su polémica figura. En esta compleja guerra por la ex Yugoslavia, está claro para todos los liberales y bien pensantes de izquierda, que la historia estaba del lado de los bosnios musulmanes y que el oprobio y los crímenes de lesa humanidad, del lado de los ultranacionalistas serbios. Las cosas no eran tan sencillas, pero Eddie se convirtió en un indeseable.
Así que regresó a Moscú después de la caída del muro. Quiso en repetidas ocasiones organizar una revolución. Estaba buscando el momento perfecto, el kairós. Trató de tomar el poder durante la crisis constitucional rusa de 1993, pero se quedó encerrado fuera del parlamento. De todas maneras, en la toma de la torre de Ostankino, lo hirieron con una bala en el hombro. Tal vez, si hubiera estado junto a los hombres del general Rutskói, Eddie hubiera encontrado una muerte gloriosa entre los más de 150 asesinados por las fuerzas especiales del OMON.
Sobrevive a la crisis constitucional, pero siente la necesidad imperiosa de formar su propio partido. Gracias a la influencia de un pensador neofascista llamado Alexandr Dugin, esta idea se materializa. Limónov está fascinado por Dugin y por su pensamiento caótico, enormemente culto, propositivo y peligroso. Juntos empiezan a tramar revivir viejos mitos nacionales, la fuerza de historias antiguas, el odio de una generación hacia la decepción de Yeltsin y su apertura económica fallida. El partido se llama Nacional Bolchevique y su insignia es una bandera nazi que, en vez de tener la cruz gamada, tiene la hoz y el martillo. La provocación no falta.
IX
“Hay una cosa buena sobre mi vida. Comparándola con mi niñez, me doy cuenta de que no la he traicionado, mi querida y fabulosamente distante niñez. Todos los niños son extremistas. Sigo siendo un extremista. Nunca he sido un adulto. Hasta este día, soy un peregrino, no me he vendido, no he traicionado mi alma, por eso he sufrido tanto. Estos pensamientos me dan valor.”
Eddie nunca traicionó al niño que, a los once años, juró entender al mundo e intentar dominarlo. Desde el momento en que estableció una filosofía de vida, se mantuvo fiel a ella.
Al final, logró hacer lo que tanto quería y que se presentaba de forma informe en Nueva York: “algo entre las comunas comunistas semi religiosas, las sectas, las familias armadas y los grupos agrícolas.” En algún momento, pudo formar un partido político y rodearse de siete mil jóvenes vigorosos que lo seguían y que hubieran dado la vida por él. Se postuló como oposición contra Putin de la mano de Yury Kásparov. Creó una oposición durable por la que pasó 15 meses en la cárcel. Con sus jóvenes seguidores, en la naturaleza salvaje de Altai, hizo una conmovedora comunidad que se acercaba a la idea de unir la religión amorosa con la política.
Con todo esto, fuera de la literatura, es complicado juzgar a Eduard Limónov. En su brillante biografía del escritor, Emmanuel Carrère lo evita a toda costa. Evita un juicio rápido y evita comprometerse: “es complicado”, dice. Al mismo tiempo, critica lo terrible que es esa frase conservadora y cobarde.
Carrère, sin embargo, tiene otra tentación. No puede evitar incluirse en el libro, balconear su punto de vista y contrastar la vida de Limónov con la suya. Entiendo la necesidad, por supuesto. No poder juzgar a Limónov pasa por dos vertientes: la primera es que era un hombre de complicado y matizado pensamiento político que sería demasiado fácil descartar como un militarista neo fascista; la segunda es que la vida de Limónov es imponente. ¿En qué capacidad podemos juzgar nosotros de esta vida tan florida, tan llena de aventuras, tan compleja y rica?
Hace poco, fui a San Isidro Buensuceso, en Tlaxcala. Tenía que entrevistar a personas en condiciones de pobreza extrema para un programa social. Una entrevista me dejó desarmado. Doña Micaela vivía en un cuarto de hacinamiento terrible, con otras 27 personas. Muchos de ellos eran niños. Al contarme lo que soñaba para el futuro, lloraba. La pobreza se mostraba como algo invencible. Pensaba que podría darle parte de mi pago, que era injusto que me pagaran por algo que podría servirles mucho más a ellos. Y de todas maneras no hice nada. ¿Qué se puede hacer?
Fuera de la culpa inútil, que es como una mecedora que entretiene pero no lleva a ninguna parte, no quedó nada. Nada de acción, nada de cambio. Como una persona que, frente a las tiranías de este sistema, no hace nada, no podría tampoco juzgar a Limónov. Nunca podría decir que su lucha fue equivocada, que sus esfuerzos estuvieron desplazados, que sus métodos eran incorrectos. Sobre todo porque, como a Carrère, la vida de Limónov me confronta con mis propias decisiones.
Tal vez Eddie no haya sido el gran hombre político que quiso llegar a ser. Tal vez no fue el escritor famoso y reconocido de primera línea con todos los honores que fue Brodsky. Pero su paso por la Tierra encendió algo mucho más duradero.
Como el pequeño naturalista que era, su obra en prosa es también una taxonomía. Eddie recopiló todas las aguas que vio, todos los muertos que se cruzó, todas las experiencias que lo fueron marcando. En algún momento, agotó sus recursos, contó su vida entera, exploró todos los recovecos. Arqueólogo de su propio pasado, Eddie no nada más dejó un testimonio complejo de una vida fascinante, sino una demostración de congruencia y un espejo amenazador.
Leerlo sirve para confrontar nuestras propias incoherencias y, en el reflejo de sus acciones, entender que enfrentarse al mundo es un acto de valentía y que no todos podemos ser tan violentos, necios, disciplinados como Eddie al hacerlo. Limónov seguirá hablando a las generaciones más jóvenes porque muestra una voluntad de cambio irascible, constante, un impulso de vida maravilloso, que muchos de nosotros ya hemos perdido.
En medio de esto, hay episodios terribles, claro. También hay propuestas cuestionables y crímenes impensables. Pero, tal vez, los héroes no estén ahí para decirnos que seamos como ellos; tal vez los héroes también enseñan con sus errores; tal vez los héroes son figuras que nos obligan a salir de la indolencia.
¿Podremos honrar su recuerdo tratando de cambiar al mundo? ¿Abolir el imperio del trabajo y el individualismo a rajatabla? ¿Podremos, finalmente, pensando en Eddie, volver a amar intensamente, convencida, combativamente?
Limónov ha muerto, nos toca a nosotros vivir.
Bibliografía:
Limónov, Eduard. 1983. It’s Me, Eddie. S.L. Campbell, trad. New York: Grove Press.
Limónov, Eduard. 1983. Memories of a Russian Punk. Judson Rosengrant, trad. New York. Grove Weindenfeld.
50 años de la publicación de su primera novela Los dominios del lobo
En marzo de 1971 un joven escritor madrileño publicó su primera novela, una novela extraña para la época porque, a diferencia de la mayoría, ésta no hacía ninguna alusión a la Guerra Civil, a Franco ni a España, sino que se remontaba a los lejanos años veinte en los Estados Unidos. Los dominios del lobo surgió como un divertido homenaje a los años de oro del cine hollywoodense, el cual manifestaba la sensación de hartazgo de toda una generación no sólo frente a las condiciones socio-económicas de una España cerrada al mundo, sino hacia la literatura que se escribía al respecto: el realismo social y la novela de denuncia.
Si bien es cierto que en su ópera prima Javier Marías aún no había confeccionado el estilo tan característico de su obra —la prosa acaracolada que petrifica un solo instante a fuerza de ritmo, citas y reflexiones; un estilo que mucho le debe a sus lecturas de W.G. Sebald, Thomas Bernhard, Juan Benet y Laurence Sterne; un estilo que perfeccionó al grado de convertirse en el escritor más complejo que se lee con mayor facilidad—, es cierto que a sus 19 años tenía otras intenciones narrativas, relacionadas con sus labores como guionista, que se interesaban particularmente en sintetizar con la mayor agilidad posible un sinfín de tramas intrigantes y endemoniadamente cómicas. El joven Javier Marías renovó una literatura que parecía estancada, basada en tres principios a los que se ha mantenido fiel cincuenta años más tarde: 1) Cuanta más flexibilidad, libertad y atrevimiento se tenga al escribir una novela (sin caer en pedantes charlatanerías) más probabilidades tendrá ésta de ser releída una y otra vez; 2) “Sólo se queda sin misterio lo que jamás lo ha tenido en realidad”; y 3) El humor que perdura es alérgico a la cursilería.
En 1971 la publicación de Los dominios del lobo no sentó bien a esas mentes que creen que para que una historia sea interesante debe apelar al presente inmediato, a las tragedias mediáticas, a las temáticas de moda. A todas esas poéticas trasnochadas, Marías les propinó una simbólica bofetada al interesarse, en plena dictadura, por una familia criminal de Pittsburgh desmigajada en la geografía estadounidense que delinque por igual en el Chicago mafioso, en la California glamurosa o en el sur derrotado tras la Guerra de Secesión. ¿Y el franquismo? ¿Y los oprimidos? ¿Y el mensaje final? Marías sentó las bases de una nueva narrativa ignorando intencionalmente todos los hechos noticiosos de su tiempo. Lo que no quiere decir que Los dominios del lobo no sea una novela crucial; lo fue en la España a principios de la década de los setenta y lo es ahora, cincuenta años más tarde, en el malogrado siglo XXI.
Resulta muy curioso que, en nuestros días, obras que se venden como el culmen de la modernidad resulten caducas y anticuadas al día siguiente, mientras que obras clásicas de hace cincuenta, cien o doscientos años conserven toda su vigencia. Los dominios del lobo posee esa intemporalidad, lo que no significa que estemos frente a una obra maestra o se le pueda considerar un clásico literario. Sencillamente se trata de una gran primera novela que inauguró la espléndida carrera de un escritor que le dio la espalda al camino fácil y prefirió confrontar lo establecido.
El humor cínico y veloz de Los dominios del lobo retrata un universo lejano para reinventar las circunstancias inmediatas, como lo hizo Borges en su primer libro de cuentos, Historia universal de la infamia, o Vernon Sullivan en Escupiré sobre vuestras tumbas. Javier Marías, apasionado del cine clásico estadounidense, quería compartir con un país cerrado al mundo estas historias distantes que tanto le fascinaban. Así surgió Los dominios del lobo, como una plática fraterna que se ahorra los detalles soporíferos y dinamiza lo más posible los giros dramáticos o cómicos, quizá invirtiendo ciertos desenlaces melodramáticos para reinventarlos con un humor cruel que se atreve a reírse de todo: asesinatos, estafas, engaños, esclavitud y traiciones.
Marías no se enfrentó con la censura franquista, tan estricta por esos años, pero sí lo hizo con la censura de la industria cinematográfica estadounidense de otra era. Por medio de la ironía convirtió sus tramas favoritas (El buscavidas, Lo que el viento se llevó, Con la muerte en los talones, Esplendor en la hierba) en un continuo desfile de historias sin moralejas, sin giros remilgados, sin condenas solemnes. Es decir, hizo casi todo lo contrario a lo que hacen los productos culturales didácticos y sentimentaloides que se celebran hoy en día. Porque parece que en la actualidad solo hay dos modelos de obra que suscitan interés: los que retratan a las víctimas o los que ejercen de victimarios. Estos últimos abogan por una hiperviolencia explícita, una competencia de sadismo, que patalea desesperada por hacerse un hueco en la mente distraída del espectador. Por suerte, tampoco es éste el caso de Los dominios del lobo. La historia de la familia Taeger no cae nunca en el sadismo facilón, los personajes son violentos, pero puede que en toda la obra no haya un solo insulto verbal; habrá algún disparo, pero no aparecen los ríos de sangre ni la tortura simplona, elementos de los que se abusa grotescamente en las series más aclamadas y en las novelas más aplaudidas de la actualidad.
Si bien Javier Marías ya no tiene nada que ver con ese joven escritor de 19 años —ha pasado mucho desde entonces: dio clases en Oxford, tradujo el Tristam Shandy, escribió un puñado de obras maestras, es miembro de la RAE, su obra ha sido traducida a 46 lenguas y ha vendido más de 9 millones de ejemplares— algo conserva el autor consagrado, próximo a cumplir los setenta, de ese joven rebelde que aún hace rabiar a todo el mundo. Lo que preserva Javier Marías es el humor inteligente, que no se perdonaría hacerle perder el tiempo a ningún lector con excusas o perogrulladas y, sobre todo, la valentía, el no tener miedo de confrontar al diario en el que escribe, a su misma editorial, o a sus colegas novelistas y académicos cuando está en desacuerdo con ellos.
Si bien pocas veces comparto sus puntos de vista en cuestiones políticas —su aversión infantil a Podemos, su irracional defensa del Rey Juan Carlos I, su plena ignorancia en asuntos de América latina—, suelo estar completamente de acuerdo con su criterio en asuntos culturales. No creo que en México haya una autoridad intelectual con esa osadía, que es muy sana para combatir el ensimismamiento de la élite cultural.
Pongo un ejemplo, cuando llegué a Madrid había una campaña masiva de los medios para canonizar a una poeta a la que querían entronizar a la altura de Alejandra Pizarnik, Gabriela Mistral o Rosario Castellanos. Su libro estaba en todas partes, su cara figuraba en los escaparates, sus versos en los vagones del metro y en las paradas de autobús. Yo la leía y no me parecía gran cosa, pero todos los opinólogos la alababan como si fuera la reencarnación de Sor Juana. Unas semanas después, Marías soltó su opinión al respecto, que era muy parecida a la mía y a la de tantos que habíamos callado por miedo a quedar mal o por dudar de nuestro entendimiento poético: ¿de veras ésta es la mejor poesía? Bastó con que Javier Marías cuestionara su calidad para que numerosos críticos respiraran aliviados y expresaran su verdadera opinión. No es que fuera una mala poeta, pero sin duda no era esa leyenda que la prensa nos intentaba vender. Y es que los medios en España (que tienen una influencia enorme en América latina) siempre hacen lo mismo, le rinden una exagerada pleitesía a la última novedad de acuerdo a la conveniencia ideológica de sus autores. La prensa los promociona como clásicos imperdibles, lo que suele llevar a que el lector sincero se sienta constantemente estafado. Una opinión escéptica como la de Javier Marías resulta indispensable para desmitificar estas campañas tendenciosas, le pese a quien le pese.
Recientemente otro de sus artículos dominicales generó controversia cuando manifestó que todos esos novelistas que se quejaban de la corrupción de los políticos deberían confesar su propia corrupción en el medio editorial al recibir premios amañados —o sea, casi todos los premios de las grandes editoriales—. Posteriormente ahondó en la cuestión de los premios, alegando que éstos ya no tienen el menor prestigio, pues hoy en día se otorgan con base en la identidad del autor (currículo, género, orientación sexual, raza, procedencia) y nunca consideran la calidad de la obra. El mismo Marías se jacta de jamás haber participado en un certamen literario —con excepción del Premio Herralde, que devolvió y lo suprimió de su semblanza—. Frente a esta postura he de matizar un detalle que seguro no le gustará a Marías pero que es un factor actual que quizá no tiene en cuenta.
Algunos escritores que no son hijos de alguien influyente, y que no tuvieron el privilegio de que sus primeros lectores fueran Juan Benet, Carlos Barral, Vicente Molina Foix y Rosa Chacel, el único medio que tienen de publicar en una editorial de renombre, la única esperanza de ver su imaginación convertida en libro, son los premios literarios. Es probable que Javier Marías no sepa que el mundo editorial ya no funciona como en 1971, cuando mandabas una obra a dictamen y si era buena se publicaba con mejor o peor suerte. Al día de hoy ninguna editorial acepta manuscritos no solicitados, lo que significa que si no tienes influencias en el medio no puedes acceder a él, y las pocas editoriales que rastrean autores nuevos los admiten según su grado de influencia en las redes sociales. De modo que los premios que tanto aborrece Javier Marías son la primera y tal vez la última esperanza del autor primerizo que no quiere malbaratar su melodrama biográfico en el supermercado de las redes.
Javier Marías lo tuvo fácil para acceder a la literatura, pues provenía de una familia cercana al campo cultural, lo que no significa que, a diferencia de tantos, su obra no se mereciera la publicación. Coincido plenamente con Roberto Bolaño cuando afirmó que Marías es el mejor prosista en español de su tiempo, así como coincido con Alberto Olmos cuando dice que el Premio Nobel, más que darle prestigio a Marías, le devolvería prestigio al Premio Nobel, tan desvencijado en los últimos años. No obstante, me atrevería a afirmar que, si Marías no hubiera tenido contactos de cuna en el mundo cultural probablemente Los dominios del lobo, el principio de una grandiosa trayectoria, jamás hubiera visto la luz, y es probable que ahora no existiera su obra tal como la conocemos.
Afortunadamente, su obra existe y sigue tan vigente como hace cincuenta años. A estas alturas, tal como veo el panorama, me queda claro que un escritor como Javier Marías no se repetirá en muchos años, y si lo hace, es probable que este autor hipotético (atrevido, crítico, mordaz, valiente, contestatario e insobornable) pase desapercibido en la era en la que triunfa el que más se rasga las vestiduras.
Gran Siria: crisol de múltiples culturas y enfrentamientos geopolíticos
El actual conflicto pudiera parecernos como un mero y reciente enfrentamiento de potencias modernas (Rusia, Estados Unidos, Irán, Israel, Arabia Saudita etc.), sin embargo, esta posición especial de Siria en el tablero mundial data de mucho tiempo atrás. Para ello ocuparemos el término Gran Siria, el cual incluye a los territorios actuales de Siria, Jordania, Israel y Líbano, y porque denomina a la región de nuestro interés antes de que se convirtiera en países independientes ya entrado el Siglo XX.
Dicha Gran Siria comenzaría a ser influida cultural y socialmente por una de las primeras civilizaciones de la antigüedad, los fenicios (2500 a.C-539), y quienes descubrirían en sus costas (Mediterráneo Oriental) el punto focal de su proyección, riqueza y poderío naval en el Mediterráneo. Pasado el tiempo, esta región se vió envuelta en sucesiones imperiales del este y el norte, y es así como los fenicios fueron sustituidos por el control Aisirio, luego Babilonio, y absorbidos éstos últimos por otro gran imperio antiguo, el persa.
Con el advenimiento del imperio heleno, el territorio pasó a formar parte de éste cuando Alejandro Magno derrotó a los persas y absorbió todos sus dominios, y el cual, a su muerte, sería incorporado al Imperio seléucida como parte de la herencia fragmentada del Imperio heleno entre el Siglo IV a.C y el I.
Posteriormente, la región pasaría a incorporarse dentro del control Romano, como provincia de la República (509 a.C-27) y luego del Imperio (27-1453) en su faceta romana y bizantina. Sin embargo, para el año 635 su control sería sustituido por el califato Rashidun (632-661), el califato Omeya (661-750) y el califato Abasí (750-1258). Durante esta etapa, también es preciso notar que la Gran Siria experimentaría la influencia religiosa más importante en la actualidad: el islam, el cual junto con diversas denominaciones cristianas como la ortodoxa conformarían el panorama espiritual de la Siria contemporánea.
En contraste, durante esta etapa se libraría uno de los primeros episodios de enfrentamiento político religioso entre oriente y occidente, nos referimos a las cruzadas1(1095-1291). Para 1516, todo el territorio de la Gran Siria sería incorporado dentro del imperio otomano y se mantendría bajo su administración hasta finales de la Primera Guerra Mundial que tuvo como una de sus consecuencias el desmembramiento de dicho imperio para ser controlado a manera de protectorados por dos de los grandes vencedores del conflicto, Francia e Inglaterra.
No obstante, el movimiento nacionalista iniciado en Europa y que causaría aquella primera gran conflagración mundial se había extendido de igual forma en la zona, y es así como una corriente nacionalista, Siria —previamente en lucha con los otomanos— reclamaba la independencia a los poderes vencedores de la guerra.
Ante la negativa de reconocer la independencia de Siria en 1920, Francia e Inglaterra se dividieron el control imperial bajo el nombre de “protectorados” en gran parte del medio oriente y la Gran Siria, quedando esta última bajo mandato francés y generando un fuerte rechazo al gobierno de ocupación. De igual forma durante este periodo se formarían movimientos árabes nacionalistas con el concepto ideológico central del futuro pan-arabismo2 y de muchos partidos políticos de la época, incluido el partido Baaz Árabe Socialista (fundado en 1947). Finalmente, sería hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) que Siria y los demás territorios de la Gran Siria obtendrían su independencia dentro del marco de un nuevo enfrentamiento imperial conocido como Guerra Fría.
Golpes y la llegada de la Dinastía Assad
Entre 1946 y 1958 el país inauguraría su periodo independiente sumido en golpes de Estado y la inestabilidad política derivada de un súbito abandono y nulo crecimiento institucional hecho por el protectorado francés. Uno de los caminos que los gobiernos a cargo decidieron emprender dentro del intenso pensamiento nacionalista y panarabista de la época fue la unión con el régimen de Nasser en Egipto para crear la República Árabe Unida (1958-1961), la cual tuvo una corta existencia pues los líderes locales sirios no quisieron perder influencia ni control nacional a favor de elementos nasseristas externos.
Entre 1961 y 1971 el país se vería envuelto por luchas intestinas en el partido Baaz, que poco a poco iría acaparando el dominio de la escena política nacional y frente a elementos más rádicales propios y externos (como la hermandad musulmana). También se fraguarían los últimos golpes de Estado que culminarían en 1970 con la llegada de Hafez Al-Assad al frente de la República Árabe Siria establecida en 1971, en la que elementos sunitas3ocuparon puestos políticos de liderazgo mientras que los alawitas4(facción a la que pertenece la familia Al-Assad) fueron colocados dentro del aparato coercitivo y de seguridad del Estado sirio.
Entre 1971 y 2000, Hafez Al-Assad gobernó Siria con una política de corte menos radical que ciertas alas del partido Baaz proponían, colocando familiares y miembros alawitas dentro del Ministerio de Defensa y de Seguridad para evitar posibles golpes de Estado como la historia reciente del país ampliamente había demostrado. De forma paralela, el Estado desarrollado por Al-Assad consideró principalmente una economía controlada por el gobierno (hasta 1991) y un régimen de participación política unipartidista, centrado en la figura del partido Baaz y una ideología centrada en el culto a la personalidad, islamismo moderado y ciertos atisbos de gaullismo.5
Hacia el exterior, —y quizá esa es una de las razones junto con la corrupción inherente al sistema autocrático-hereditario establecido por Al-Assad— el gobierno sirio buscó establecerse como el actor predominante en Medio Oriente respecto al conflicto árabe-israelí6al participar en la Guerra de Yom Kippur (6-25 de octubre de 1973) de la cual pocas ganancias se obtendrían, pues para 1978 se firmaban los acuerdos de Campo David y el lado árabe perdía un aliado clave en el conflicto. También decidió involucrarse en la Guerra Civil del Líbano (1975-1990) y en la cual no terminaría su presencia militar sino hasta 2005.
Otro elemento que vino a generar problemas en los años finales de Al-Assad fue el resurgimiento de movimientos islamistas radicales como efecto indirecto de la Revolución Islámica de Irán en 1979 (cuyos efectos serían extensivos a todo Medio Oriente), ello junto a la crisis de sucesión entre 1983 y 1984 ya que su salud iba decreciendo año con año. Sin embargo, pudo mantenerse al frente del gobierno ya entrada la década de los 90 y preparar a su futuro sucesor, Bashar Al-Assad.
Este último personaje asumió el control del país al morir su padre el 10 de junio de 2000 y hasta los inicios de la Guerra Civil en 2011 trataría de hacer frente a dos grandes problemas: por un lado el gobierno debía continuar las reformas implementadas por su antecesor, orientadas a la liberación de la economía siria posterior al fin de la Guerra Fría en 1991, y por otro lado conservar el poder político ante una sociedad insatisfecha por la presencia de un solo actor político relevante (el partido Baaz) por más de 40 años, ello también impulsado por una población joven en aumento que no encontraba oportunidades de empleo y frente a un gobierno incapaz de resolverlo en el corto plazo. Es así como llegamos a la antesala principal de este conflicto.
2011: Siria y la Primavera Árabe
Al igual que otros regímenes de Medio Oriente y África Subsahariana (Túnez, Libia, Argelia etc.), Siria se vio envuelta en una serie de protestas populares que demandaban al gobierno desde una mayor participación en la vida política nacional, hasta la total renuncia de todos los líderes políticos. Dichas manifestaciones populares fueron nombradas “Primavera Árabe” y se realizaron entre 2010 y 2012 con resultados diversos, ya que en el caso de países como Egipto, Túnez, Libia y Yemen los gobiernos fueron derrocados; en otros como Marruecos y Jordania se introdujeron reformas políticas; y en el caso de Siria e Irak las protestas pronto derivaron en guerra civil y el surgimiento de nuevas amenazas terroristas.
A principios de 2011, Siria se encontraba aquejada por los efectos negativos de la fallida transición a la economía neoliberal que había sido impulsada por Bashar Al-Assad desde inicios del 2000, las clases bajas y medias se encontraban empobrecidas y el país experimentaba una sequía severa. Esto tuvo como consecuencia el inicio de protestas contra el régimen en las áreas rurales y las periferias de las ciudades principales.
Para mediados del 2011 y ante la represión violenta del gobierno de Al-Assad hacia los inconformes, comenzaron a presentarse los primeros movimientos armados insurgentes, los cuales estarían representados principalmente por el Ejército Libre Sirio. Frente a esto el régimen movilizó sus tropas y a finales el año 2012 el conflicto ya había adquirido todos los tintes de una Guerra Civil.
La ONU trató desde inicios del año 2012 en establecer un alto al fuego y sentar a las partes para negociar una salida pacífica, sin embargo, los esfuerzos fracasaron y para los años 2013 y 2014 el conflicto escalaría su magnitud con la participación de agentes extranjeros, por el lado rebelde serían apoyados por Turquía, Arabia Saudita y Estados Unidos, y por el lado gubernamental estaría apoyado en su mayoría por Irán a través del grupo islamista chiíta Hezbollah. Hasta este momento la facción insurgente controlaba todo el territorio norte sirio y parte del Este en su frontera con Irak, llegando al punto de amenazar con tomar la capital, Damasco.
Es también durante este periodo que el número de víctimas civiles y militares aumentaría, y los desplazados internos comenzarían a migrar fuera del país hacia Turquía, Jordania y otros países europeos por vía terrestre y marítima.
Hacia principios de 2014 y 2018 surgiría una nueva amenaza terrorista en el territorio que afectaría no solamente a Siria sino a las naciones europeas y americanas involucradas en el conflicto, el Estado Islámico de Irak y el levante (región que incluye a la Gran Siria) comenzaría a operar en territorio noroeste iraquí y entre 2014 y 2015 tomaría buena parte del territorio de Siria, poniendo en una posición verdaderamente precaria al gobierno de Damasco.
No obstante, el conflicto ya tomaría un cariz totalmente internacional, pues con los avances tan peligrosos logrados por el Estado Islámico las potencias militares actuales decidieron actuar para erradicar dicha amenaza en Medio Oriente. Es así como Estados Unidos y Rusia decidieron intervenir de manera directa en Siria, el primero apoyando con ataques aéreos y equipo a las fuerzas rebeldes y kurdas (que hasta ese momento decidieron involucrarse); mientras que para el caso ruso se apoyó de manera técnica y logística al gobierno legítimo, pero también con un contingente permanente militar, naval y aéreo que operaría únicamente en zona siria.
Lo anterior tuvo como resultado que a principios del 2018 se expulsara a las fuerzas terroristas del Estado Islámico de territorio sirio, pero también, y gracias al apoyo y control aéreo ruso, la administración de Al-Assad pudo iniciar la recaptura del terreno perdido frente a los rebeldes desde 2013.
2018 en adelante: la focalización del conflicto y sus posibles desenlaces
Luego de la derrota del Estado Islámico y la recuperación de la mayoría del territorio por parte del gobierno de Damasco, la situación bélica se ha concentrado en dos puntos fundamentales: por un lado, el norte de Siria en su frontera con Turquía había caído en control rebelde apoyado por el régimen de Estambul y hacia el este de aquella se dividió el dominio espacial entre fuerzas insurgentes y fuerzas del gobierno Rojava (afín a la administración de Al-Assad). Por otro lado, el sur de la frontera siria entre los territorios de Irak y Jordania se encuentra en menor medida gobernado por fuerzas subversivas, pero adicionalmente ha tenido que hacer frente a incursiones aéreas por parte de Israel y monitorear la actividad de las células restantes del Estado Islámico que han escapado hacia Irak.
Gracias a la disminución de la actividad bélica en gran parte del territorio, el gobierno de Al-Assad ha comenzado a considerar el proceso de reconstrucción de buena parte del país que ha sido asolado los últimos 10 años, la repatriación de los millones de sirios expulsados del país por la guerra, hasta la convocatoria a un nuevo congreso constituyente que permita tomar en cuenta las demandas de la oposición bajo los auspicios de la ONU.
Considerando lo anterior, podemos establecer ciertos escenarios a futuro para este conflicto tan complejo dada la cantidad de actores internos y externos involucrados. En términos positivos, Rusia ha logrado sentar a negociar a los actores que más han contribuido en términos materiales y unitarios a la continuación del conflicto, estos son Irán en apoyo incondicional al régimen de Al-Assad y del lado rebelde Turquía, ya que además de mantener su posición de poder regional a través de este conflicto, aquella nación ve con sumo recelo el papel de relevancia que ha tomado la comunidad kurda en Siria por medio de la administración de Rojava para un eventual proyecto de federalización en el país y que supone un precedente sumamente peligroso para Estambul, pues el PKK (partido de los trabajadores del Kurdistán turco) puede tomar esto para radicalizar su posición y constituir una amenaza futura para Erdogan.
Siguiendo esta línea, creemos que al menos en el corto plazo (5 años), Rusia y los actores más involucrados en el conflicto (Turquía e Irán) tratarán de seguir el camino diplomático para buscar una solución concertada al conflicto y conservar sus propios intereses en la zona. Pero a la vez mantendrán el apoyo militar para buscar un golpe de suerte que permita cambiar la corriente de la guerra a su favor, lo cual para la facción rebelde y sus aliados se ve bastante sombrío pues a la fecha solamente controlan 10% del territorio y ese número parece reducirse por el impulso que lleva el gobierno de Al-Assad y ante la ausencia de nuevas amenazas similares al Estado Islámico o apoyos renovados e incrementados por parte de Estados Unidos.
Por lo tanto, creemos que, en este escenario positivo, Al-Assad y compañía acabarán prevaleciendo en el conflicto, pero su permanencia y estabilidad a futuro dependerán en buena medida de la reconstrucción del país y la reconfiguración política que hagan para incluir tanto a la facción rebelde como a la del Rojava que en buena medida les ayudó a cambiar el rumbo del problema.
Pasando ahora a un escenario de carácter negativo, aquel puede realizarse solamente si las partes involucradas en la facción rebelde deciden incrementar el apoyo material bélico y de personal para efectuar un movimiento amplio en contra de Damasco, sin embargo, ello requerirá de un cálculo bastante elaborado por parte de Turquía y Estados Unidos pues deberán medirse las capacidades necesarias para derrocar al régimen de Al-Assad, la voluntad de compromiso de Rusia e Irán para que dejar que aquello pasara y sobretodo la viabilidad financiera de realizarlo, pues como en cualquier guerra, toda acción implica un gasto.
No descartamos que ello pueda realizarse el año siguiente o más adelante, no obstante, las posibilidades de ocurrir han disminuido considerablemente en los últimos dos años, pues la pandemia ha venido a trastocar toda la economía mundial, incluidos los esfuerzos que hoy realizan todas las naciones para paliar sus efectos negativos.
Para concluir, hemos de considerar que para la pronta y correcta resolución del conflicto desgraciadamente no bastará con los esfuerzos y medidas que tomen los actores nacionales, sino también, faltaría considerar el apoyo y anuencia de los actores internacionales involucrados, pues como muchos enfrentamientos, guerras civiles y conflictos híbridos que se han presentado en mayor número, posterior al final de la Guerra Fría en 1991, es característica su interrelación con el medio internacional por su posición geopolítica y geoeconómica. Y en el caso de Siria, ambas condiciones son privilegiadas desde hace siglos.
Fuentes de Consulta
Matar Linda, y Kadri Ali, eds., Syria: From National Independence to Proxy War, Palgrave Macmillan, Suiza, 2019.
Rabinovich Itamar y Valensi Carmit, Syrian Requiem: The Civil War and its Aftermath, Princeton University Press, Estados Unidos, 2021.
Shoup John A., The History of Syria, Greenwood, Estados Unidos, 2018.
Collelo Thomas, ed., Syria: a country study, Library of Congress, Estados Unidos, 1988.
Entre más pienso en torno al kitsch, menos sé cómo acomodarlo en palabras. Término escurridizo, sus definiciones varían entre perspectivas sociohistóricas a lecturas que lo reducen a un fenómeno estrictamente estético o moral. Tan cambiante como es el gusto a través de las épocas, también lo es el “kitsch”. Por lo común sirve como etiqueta para designar productos culturales inferiores que por su calidad de manufactura o discurso resultan ridículos, irrisorios, inferiores, carentes de valor artístico. En lo kitsch se combina un efecto predeterminado (a la ternura, la emoción y la cursilería), un repertorio bastante simple (niños, animalitos, ángeles, payasos) y un modelo de producción específico (seriado, masificado) determinado por una sociedad industrializada.
Debido al desdén al que se enfrenta ante una élite cultural, lo kitsch se vincula a expresiones desde los márgenes, a enunciaciones culturales no-oficiales y periféricas. Su reapropiación entra en sintonía con el ímpetu de renovación, provocación y ruptura de las vanguardias artísticas del siglo XX. Aunque lo kitsch se ha intentado separar del arte de vanguardia desde la década de los treinta, su recuperación en el arte es en sí una estrategia de vanguardia. Pero hablar de “kitsch” puede sonar anacrónico. Como ha señalado Andreas Huyssen, en la era posmoderna se empalman y desdibujan nociones de arte alto y bajo.1 En el contexto mexicano, los intentos de Clement Greenberg o de la escuela de Frankfurt por oponer kitsch y vanguardia resultan inoperantes. Quizá porque nuestra vanguardia siempre tuvo algo de kitsch.2 Aun así persisten dinámicas de gusto y distinción de clase que se resisten a legitimar producciones culturales donde se reformula aquello que se considera de “mal gusto” bajo un sistema de vigilancia y esnobismo.
Lo anterior es un buen punto de partida porque la recuperación de elementos asociados al kitsch adquiere nuevos matices en el presente, más allá de la parodia o el pastiche. El arte mexicano actual (el que se ve en Instagram, no en los museos) nutre su repertorio con la cultura popular que antes se miraba con condescendencia. Jóvenes artistas retoman fuentes tan diversas como el reguetón, memes o programas de comedia de los años noventa como La hora pico (el artista e ilustrador de Michoacán Diego Vieyra “Gusano Local” se apropia del logotipo del programa mezclándolo con la distopía de Akira re-imaginada desde un escenario pos-COVID). Este ejercicio puede devenir parodia, lugar común chocante o, en el mejor de los casos, una arqueología consciente en torno a la educación sentimental y la identidad personal.
Ilustrado por Gusano Local
De acuerdo con Tomas Kulka, en el kitsch hay diversos motivos y temas recurrentes que desde su simpleza conllevan una carga emocional: muñecas, cachorros de varias razas, payasos tristes, paisajes emotivos, playas, etc.3 Pero la personificación ingenua de un animal en apariencia inofensivo puede alcanzar connotaciones confrontativas. Desde el año 2018, Lourdes Martínez (Guadalajara, 1985) ha plasmado un leit motiv ansiolítico: los patos.
La serie, que subraya el conflicto detrás del proceso creativo por encima del resultado objetual, remite, sin querer, a todo un imaginario del arte folclórico estadounidense del siglo XIX, el duck decoy, y que en su culto de coleccionismo es el anhelado artefacto ornamental kitsch por excelencia en las casas de subastas.4 Pero los patos de Martínez están desprovistos de bucolismo; por lo contrario, confrontan discursos de poder y negocian con el trauma. Desde su aparente fugacidad, la “pintura de patos” es una plasta pictórica que cuestiona una historia del arte nacional monolítica y excluyente. Habría que leerla como una vía para reflexionar sobre lo “para-pictórico”, donde cabe todo el kitsch de la pintura occidental, como la célebre serie Perros jugando al póker (1903) de Cassius Marcellus Coolidge. Pintura de patos no transmite la serenidad inocente que Kulka detecta en el kitsch del romanticismo tardío. Por el contrario, su estilo naif colérico especula, inclusive, en torno al coito entre patos, violento y doloroso para las hembras. Transformado, el kitsch siempre es despojado de su inocencia.
Ilustrado por Lourdes Martinez
Sin la intención de ofrecer una panorámica exhaustiva, y consciente de las omisiones, propongo revisar planteamientos que reformulan lo kitsch (algunos más evidentes que otros) en la obra de artistas mexicanxs nacidos en los ochenta y noventas. Más que un ensayo, un View-Master, una entrada de diario, un collage de clichés y frases románticas, una carta de amor no correspondido que llega demasiado tarde a un buzón en la colonia Roma, un collage lleno de fotografías familiares, calcomanías y brillantina.
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La producción de Israel Urmeer (CDMX) podría venir acompañada de dos sellos: exceso de azúcares y exceso de calorías. Su gramática chiclosa reflexiona en torno a la historia de las imágenes en México, su flujo y circulación, así como a los vínculos entre la cultura pop y el paisajismo nacional. Para Urmeer, “nuestro sistema está azucarado”.5 Su educación sensible se asume marcada por los medios digitales, de ahí que en su aproximación al kitsch se entrecruzan la tecnología, la animación, la ciencia ficción, la comida chatarra y el animé. Las categorías del arte, sus períodos y puntos álgidos (como sucede específicamente con el periodo moderno mexicano) se tornan ambiguas, gelatinosas: es una historia del arte mexicano hecho Duvalín.
Ilustrado por Israel Urmeer
En la video-instalación Popoop! La montaña humeante (2020), exhibida para la exposición Art Attack! en SOMA, Urmeer plantea tres momentos cumbre de la iconografía nacional del Popocatépetl, casi como si el volcán atravesara una crisis identitaria y de representación: de los calendarios de Jesús de la Helguera a las empresas paisajísticas del Dr. Atl, culminando en la videovigilancia web a través de YouTube. Los tres episodios son distorsionados en un tríptico de dibujo digital y animación con remanentes escultóricos. El colorismo fulgurante hace de la lava del Popocatépetl un chorro de Fanta o Kool Aid cítrico e incandescente; el tótem geológico se convierte en el heroico personaje de una caricatura.
El momento iconográfico cumbre que inaugura la videoinstalación es la leyenda de los volcanes eternizada por Jesús de la Helguera, imagen emblemática de calendarios masificados y ejemplo paradigmático del kitsch mexicano. Por efecto de anamorfosis, el dibujo animado hace del calendario un ser mutante con piernas que va transformándose, ora en playera, ora en taza, satirizando la dinámica de souvenir detrás de aquella mítica estampa.
El tratamiento es ante todo lúdico. ¿Podría tratarse de un homenaje a Helguera? Tal vez. Es peculiar la posición del ilustrador chihuahuense frente a la vanguardia mexicana. Diríase que Helguera, aún si fue considerado arte inferior, llegó allí adonde no pudo llegar el muralismo: a las casas de la clase obrera por medio de un calendario.6 A diferencia de la imagen de Helguera, los cuerpos en Popoop! emergen cebados, desgarbados, desprovistos de la vigorosidad atlética en la ilustración original: curioso viraje de la grandilocuencia nacionalista a lo cute edulcorado. El remix de la Leyenda de los volcanes realizado por Israel Urmeer es un hiperkitsch digital donde el Popo se vuelve estrella pop.
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“Voy en el camión a las seis de la tarde, a la hora en la que baja el sol. La radio está encendida a todo volumen con canciones bien dolidas (sic). Y veo cómo la gente hace cosas mientras me peino, me saco selfies, me acomodo mis lentes. Y las veo hacer cosas raras, como sacarse el moco. Y pienso: ¡Qué padre vivir en este lugar!” En la obra de Edrey Cortés (Guadalajara, 1994), lo kitsch y la cursilería se experimentan a diario, como un ethos “cursiliento” donde lo cursi lo permea todo. En pos de una cursilería militante, Cortés se ha propuesto desde el 2014 realizar una serie artística diferente cada año para celebrar el día de San Valentín.
Ilustración por Edrey Cortes
Las fotografías de Cortés se guían por las dinámicas del paseante a la búsqueda de cursilería urbana accidental o provocada (esta última sería lo “fru-frú”, una forma de cursilería teatralizada hasta la exageración). La tarde del 14 de febrero del 2019, salió de paseo para producir la serie de San Valentín titulada Lo que se da no se quita. Su travesía arrancó en “La estación”, un sitio de encuentros en Guadalajara donde alguna vez trabajó como consejero de salud sexual. En efecto, la primera foto de la serie retrata un columpio sexual desamparado (al fondo, a la izquierda, se alcanza a vislumbrar una lata de cerveza que alguien usó para fumar piedra).
Otras fotos muestran el horror vacui de las tiendas jaliscienses de recuerditos y regalitos, así como el fanatismo consumista del día de San Valentín (no podemos pasar por alto la gran asociación entre kitsch y fanatismo, ya que una de las formas en las que lo kitsch se erige es por medio de la acumulación y la devoción ante los objetos). Pero, aun siendo de globos y peluches, las fotografías no transmiten vitalidad ni alegría. “Ese día iba a tener una cita y me dijeron: no me vayas a odiar, voy a tener que cancelarte”, relata Cortés.7 La cursilería exaltada de los amoríos efímeros detona una investigación visual en torno a las economías del amor y la amistad y el consumo desenfrenado de cuerpos.
Ilustración por Edrey Cortes
Para Matei Calinescu, el kitsch es la estética del engaño y el autoengaño.8 Yo agregaría que es la estética del desengaño amoroso. Un cuadro de Daniloween (CDMX, 1996) ilustra mejor mi idea. Juventud entusiasta y febril (2019) es un retrato de Ralph Wiggum en un episodio de The Simpsons, cabizbajo al no recibir una tarjeta postal el 14 de febrero.9 Más allá de ser una metáfora del amor no correspondido, el cuadro del pintor radicado en Iztapalapa revierte la intención del producto original (causar ternura) a la modificación crítica y la connotación “racializada” al modificar la pigmentación de la piel y el uniforme escolar del personaje, en una clara alusión al blanqueamiento y discriminación en nuestro país.
Ilustrado por Daniloween
Habría que preguntarse en torno a las implicaciones de reciclar materiales asociados al kitsch desde nuestro continente. En su libro Kitsch tropical, Lidia Santos advierte que “en América Latina, donde la red de museos, bibliotecas y otras instituciones que albergan la alta cultura son precarias y de funcionamiento inestable, lo kitsch es muchas veces transformado en sucedáneo del arte”.10 Edrey Cortés y Daniloween hacen del kitsch de San Valentín una industria ridícula o una postal desde la otredad.
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¿Y qué podría ser más kitsch que un arreglo floral en forma de perrito? Durante un viaje a Oaxaca en el año 2019, la artista multidisciplinaria Jimena Montemayor (CDMX, 1990) realizó una exploración fotográfica en los mercados de la región. Su objetivo era desarrollar una serie a manera de bodegón con elementos tradicionales evocativos y constitutivos de un mercado en nuestro país el día de muertos. Diferentes composiciones de la cotidianeidad le sirvieron de modelo: unos bancos de plástico apilados, una cubeta con unas escobas y un perrito de flores. Montemayor, cuya formación proviene del periodismo visual y el diseño gráfico, reinterpreta dichas fotografías en estridentes dibujos de vector art.
En Perrito floral de pie (2020), Montemayor atomiza la morfología del objeto kitsch original descomponiendo su silueta a través de líneas conectadas en distintos ángulos sobre una superficie púrpura y metálica que evoca las tonalidades chirriantes de las calcomanías de Lisa Frank. El resultado final genera un choque de impresiones: el patrón caótico de líneas nos tensa, a la vez que el imaginario juvenil que homenajea nos reconforta. La pieza se sitúa en algún punto entre la crudeza y la ternura.
Ilustración por Jimena Montemayor
Para Montemayor, las líneas son trazos de energía donde se intersecan sentimientos a veces contradictorios y anécdotas personales. “Si agarras un lápiz y haces un trazo, sueltas algo. Yo creo, energía.”11 La electricidad cursi que irradia su dibujo parte de la abstracción como estrategia de desplazamiento de la imagen original, al grado de vaciarla de su identidad. Elegía y despedida: antes de que las flores se marchiten y la transitoriedad del perrito se consuma, el dibujo inscribirá su corta existencia para la eternidad.
La serie de Jimena Montemayor genera nuevas maneras de ver y apreciar lo kitsch, dislocando desde la abstracción sus modos de representación, los cuales, según Kulka, son rápidos y fácilmente reconocibles.12 El perrito de flores acaba inmortalizado, no solo en la obra, sino en el ámbito de las galerías de arte, donde probablemente bajo otras circunstancias nunca habría llegado, recordándonos que lo kitsch se infiltra y empapa todo tipo de estratos culturales.13 Lo kitsch no se crea ni se destruye, solo se transforma.
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“Lo malo de ser payaso es q siempre ases (sic) feliz a las personas, pero nunca eres feliz tu (sic)”, reza Status, tristes (2020) video de Eustaquio el Plagio (CDMX, 1993). La pieza nos sumerge en un ambiente sombrío, donde los ads (ofertas de autoayuda y promesas de felicidad) se deforman hasta la desesperación. El espectador recorre un laberinto oscuro de imágenes pre-meméticas asociadas a la tristeza, imágenes que pueden hallarse en el grupo familiar de WhatsApp, pero que también, anacrónicamente, se derivan de la subcultura “emo” cuyo auge se remonta a principios de los dos miles. Escondido entre la saturación visual, aparece el rostro del artista maquillado como payaso. La narrativa es en exceso alegórica. Santos insiste en que “los detalles de la producción kitsch, tales como la acumulación de símbolos, alegorías y metáforas, evidencian la inseguridad de lo kitsch, que echa mano a todos los artificios posibles para asegurar la continuidad del disfrute que se sabe fugaz”.14
Eustaquio el Plagio poetiza con pesimismo en torno a su identidad. Su proyecto visual surgió tras una ruptura amorosa y le sirvió como una forma para canalizar mediante un alter ego sentimientos de humillación e inseguridad. Desde entonces, su producción se expande a través de videos, gifs, imágenes de Instagram y animaciones en 2D y 3D. Su primera exposición fue realizada en un local de la Friki Plaza, en colaboración con el lugar no-lugar Antesdecrist0. Para la ocasión presentó un letrero de feria donde el espectador podía tomarse una foto suplantando su propio rostro.
Ilustración por Eustaquio
De lo personal a lo generacional, destaca un interés particular por el internet añejo de principios de los dos miles, en específico el período macabro que abarca del 2004 al 2007, donde coexistieron Diego Santoy “el asesino de Cumbres”, el “chismógrafo” escolar online lajaula.net y el fotolog de trastornos alimenticios “Ana y Mía”. En esos años nacieron Hi5, Metroflog, Fotolog y Myspace, redes sociales que han caído en desuso. Ese panteón digital hoy produce más vergüenza ajena (cringe) que nostalgia, pero vale la pena revisarlo por su inconfundible estética cuyo epítome fue Blingee, una forma de estetización del yo por medio de collages en formato gif cargados de glitter, logotipos e imágenes de celebridades. Un kitsch hipersaturado que llegó a su fin con la muerte de Adobe Flash. In memoriam.
Si la actualización de un software aniquila ciertos imaginarios que preferimos olvidar, conviene preguntarse para qué profanar la tumba de aquel internet putrefacto. Para el artista, estos procesos de extinción obedecen a un borramiento gradual de nuestra memoria colectiva. Despojadas de su procedencia original, Eustaquio genera un montaje-réquiem sobrepoblado de imágenes huérfanas, negadas, aborrecidas. Imágenes turbias que se decantan por el patetismo y lo grotesco, por el internet marginal desdeñado por el clasismo y el “buen gusto”. Es un intento por preservar la memoria como una lúgubre urna digital. Los tropos asociados al llanto y sufrimiento en la obra de Eustaquio el Plagio adquieren tintes nostálgicos a través de la figura kitsch del payaso triste y melancólico.
Ilustración por Eustaquio
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La obra de Lila Pesadilla (CDMX, 1996) empieza con recuerdos. Recuerdos de la casa de su abuelo paterno, atrapada en el tiempo, llena de regalitos de fiestas infantiles, cachivaches y objetos de porcelana. Recuerdos personales que se combinan con ajenos. Las expediciones en el tianguis de Las Torres ayudan a conseguir el material necesario para sus ensamblajes, diseños de moda e intervenciones textiles. Estampados coloridos obtenidos de la paca, juguetes antiguos, chácharas, joyería, ropita infantil, miniaturas, lentejuelas: nada le es inservible.
Ilustración por Lila Pesadilla
Es un mundo artificioso y alucinante de múltiples inspiraciones: las vestimentas de los personajes de Dragon Ball Z y Ojamajo Doremi, las pelucas en Hannah Montana, el futurismo eurodance de Kabah, las revistas de manualidades en foamy, las muñecas de trapo de la serie canadiense The Big Comfy Couch. El bordado unifica el cuerpo de obra: resalta la labor manual y la recolección de retazos, parches y fragmentos. Lila, que desde el 2018 colabora en el proyecto de diseño Kashé y Shirotta, usa Instagram para exhibir y hacer performances con sus confecciones. Su producción individual establece un híbrido entre vestimenta, dibujo digital y análogo, collages de sí misma que conforman una fantasía de la autorrepresentación. Sin embargo, para Lila “la fantasía no tiene que ser algo feliz”.15
En un texto sobre la exposición Nuevo barroco popular (2020), la curadora Roselin Espinosa ha señalado con acierto que la dinámica de producción de Lila es sintomática de las economías informales.16 Sin embargo, me parece que aún hay bastante por ahondar en torno a la relación afectiva con sus materiales recolectados. En otras palabras, Lila realiza una búsqueda sentimental de objetos kitsch, que viajan como Peter y Wendy hacia un universo alterno. Si su obra fuera un cuento, la trama sería sobre el retorno al mundo infantil, una isla de la antigüedad que se hundió como el Atlantis. Ese arraigo en un imaginario infantil es también una posición política y de resistencia frente a una sociedad adulta, heteropatriarcal y opresiva.
En Las flores no van en florero (2020) vemos a dos personajes. El grande extiende su elástico brazo limitando el paso al menor (apreciado de cerca, se vislumbran las huellas de la mano de la artista como rastros de la dedicación sobre el papel). Una escena cotidiana de una madre protegiendo a su hijo al cruzar la calle inspiró el dibujo. La imagen opera en un plano simbólico: nos invita a reflexionar sobre el cuidado de lxs otrxs; cómo ese cuidado se manifiesta en gestos pequeños y amorosos. Después de todo, quizá la ternura detrás del kitsch, tan despreciada por los defensores de la sofisticación y la mística del arte, siempre tendrá la potencia suficiente para remover nuestras emociones.