Tierra Adentro
Retrato de Jorge Cuesta recuperado de Secretaría de Cultura (www.gob.mx)

La Ciudad de México, como tantas otras, se ha construido en la memoria histórica edificada entre tintas, papel y linotipias. Entre las páginas El Monitor Republicano, El Siglo Diez y Nueve, Don Simplicio, El Renacimiento o El Correo de México se encuentran las raíces de las revistas que darían lugar a la literatura del siglo veinte. Sin los esfuerzos —políticos, identitarios y estéticos— de Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano o Guillermo Prieto no existirían Revista Azul, El hijo pródigo o Taller, por sólo mencionar un puñado de deuteragonistas de esta historia; la protagonista es, sobra decirlo, la Patria como oficio. Y su fundación depende de la libertad que su quehacer artístico alcance.

En la calle de Brasil número 42, departamento 10 —el estudio de Xavier Villaurrutia—, en los primeros meses de 1927, se entabló una empresa que había sido precedida por la Editorial México Moderno, dirigida por Agustín Loera y Chávez y Enrique González Martínez, y la Antología de poetas modernos de México, de 1920, editada por José de Frías para la Colección Cvltvra, la primera serie de la editorial. En Ulises. Revista de curiosidad y crítica, revista fundada, además de Villaurrutia, por Salvador Novo, Gilberto Owen y Jorge Cuesta, se buscaba, a la manera de las ya citadas El Renacimiento y Revista Azul, la instauración de una estética nacional colectiva, a contrapelo de Actual. Hoja de vanguardia e Irradiador, publicaciones estridentistas. La apuesta escritural y la búsqueda del rompimiento es mutua; el camino, divergente. El “estilicidio” que buscaban los miembros de Ulises y de Irradiador lo afrontan desde distintas trincheras. En la primera, se publicaron fragmentos de caprichosas novelas que rompían con la tradición de la narrativa de la Revolución: Novela como nube, de Gilberto Owen, Margarita de niebla, de Jaime Torres Bodet y Dama de corazones del “niño bicentenario” Xavier Villaurrutia; en la segunda, la noción estético espacial de Fermín Revueltas arropaba los cantos por el ruido, la ciudad y el acero, donde “la vida es un bostezo fugaz de gasolina”, para citar el verso de Salvador Gallardo.

La edificación de la Patria diamantina de estos personajes de pluma y espada, devenidos artistas de pluma y despachos estuvo plena de ásperos encuentros. En 1922, cuando la volición de establecer una literatura moderna y propia era imperante, Manuel Maples Arce, miembro del grupo que enarbolaba el mole de guajolote y pretendía acabar con las formas decimonónicas, escribe:

La poesía, en México, es un tendajón mixto lleno de tepalcates románticos, toda menos original que un tibor de la basura. Felizmente, los interventores del estridentismo la hemos puesto en liquidación. Es posible que aquí en México los poetas sean los que menos entiendan de estas cosas.1

El manifiesto estridentista de 1921 encontró un eco feble, a decir de Luis Mario Schneider, quien consigna que sólo pudo encontrar un artículo, publicado en Revista de Revistas, firmado por José de Frías en donde afirma que “la literatura en México es una cosa poco interesante” y que “no sé hasta qué punto Maples Arce haya querido hacer humorismo en su manifiesto. Ni puedo juzgar de su sinceridad o de su fe”.2 Por su parte, la propuesta estética del “grupo sin grupo” se refocilaba en su propia vanguardia por medio del Teatro Ulises.

En una década de manifiestos, publicaciones y asombros, en 1928 sale a la luz la Antología de la poesía mexicana moderna, firmada por Jorge Cuesta. A consideración de Guillermo Sheridan: “La Revolución triunfante convirtió a la antología en un instrumento eficaz para salvar las lagunas informativas que el periodo armado generó en todos los campos”.3 Además de dichas lagunas, habría que subrayar el carácter beligerante y polemista de una generación que creció entre lides públicas, tanto en la tribuna como en la calle, en el oficio y en la prensa. Sheridan recuerda en su puntilloso prólogo a la Antología…, además, las compilaciones: Parnaso de México, antología general de poetas mexicanos, editada por Porrúa en 1921, la Antología de poetas muertos en la guerra, de Antonio Castro Leal y Requena Legorreta, la Antología de la versificación rítmica, de Pedro Henríquez Ureña, y Las cien mejores poesías mexicanas, que si bien Sheridan atribuye Luis G. Urbina, en realidad es selección, también, de Castro Leal. Urbina participó en la Antología del Centenario, dirigida por Justo Sierra, publicada en 1910; de ella, la esplendente pluma del poeta José Francisco Conde Ortega afirma:

Urbina parte de una afirmación que fue su divisa: una fina sensibilidad para juzgar las obras. Todo lo demás —decía—, información sobre el autor y le época, podía adquirirse, la sensibilidad, no. Su práctica de lector atento y riguroso lleva a Urbina a construir una historia justa y proporcionada, pero dentro de los límites que él mismo se planteó. O mejor dicho: desde la trinchera en la que eligió escribir.4

La trinchera que se elige es, también, una postura vital. Y ésta encontró, como se ha visto, en los primeros años del siglo vigesémico, su continente en los antes llamados florilegios, y en ellos rezuman las cercanías estéticas, las coincidencias y, por qué no decirlo, los rencores disfrazados de “rigor”. Si el antologar conlleva un acto de poder —lugar común que no por serlo deja de tener verdad—, también es una declaración enfática de principios, y la integridad con la que se perpetra es una cuestión personalísima, que muchas veces queda oculta ante los ojos de los lectores. De La Antología de la poesía mexicana moderna, Jorge Cuesta declara:

Lo cierto es que no depende mi gusto tanto de mí como quisiera mi orgullo, sino tanto como acepta mi humildad. Y pienso que sobre el gusto no se tiene poder, y que donde menos puede estar presente es en el compromiso de elegir, y no porque tema la pérdida de lo que prefiero, sino porque sólo se ve obligado a elegir quien ya está indeciso de antemano […] No hay manera de ocultar que toda antología es una elección forzosamente, es un compromiso, mientras que el gusto sólo nace en la libertad.5

El albedrío de las letras de Cuesta y de los Contemporáneos se propuso “separar […] cada poeta de su escuela, cada poema del resto de la obra: arrancar su objeto de su nombre y no dejarle sino la vida individual que posee”.6La relación de los poetas antologados muestra que, a noventa y dos años de su publicación, su vigencia es ineludible. Junto a nombres como Manuel José Othón, José Juan Tablada, Ramón López Velarde y Carlos Pellicer, reconocidos por cualquier entusiasta lector, residen otros que tal vez han sido obscurecidos por el paso del tiempo y apenas son reconocibles: Francisco A. de Icaza, Rafael López, Manuel de la Parra o Ricardo Arenales (antes de ser Porfirio Barba Jacob).

Si bien Cuesta y sus cófrades de aquel “archipiélago de soledades” no hubieran podido vislumbrar la permanencia de su Antología… —mucho menos de su propia obra—, sí pudieron estar insertos en su tiempo y circunstancia. En 1924, Xavier Villaurrutia dicta una conferencia en la Biblioteca Cervantes, “La poesía de los jóvenes en México”, en donde “resbala, rápido, sobre el pequeño tranquilo mar de nuestro pasado lírico, en un a modo de patinaje sobre un agua dura en apariencia, insólida en realidad, con el peligro de apoyarse demasiado y sumergirse, sin sumergirse al cabo”.7En ella transita por el “principio”, “el mediodía” y una “transición” para esbozar el camino que ha llevado la lírica mexicana: de Francisco de Terrazas —“el primer poeta […] bajo el cielo de Anáhuac— a Guillermo Prieto, y de Joaquín Arcadio Pagaza a Agustín F. Cuenca, hasta llegar a los modernistas y así desbocarse en sus coetáneos, sin olvidar a los estridentistas. Como respuesta, Guillermo de Torre, secretario de redacción de La Gaceta Literaria, editada en Madrid, publicó el 15 de marzo de 1927 un artículo en donde espetaba juicios como un “poeta […] desdoblado en crítico”, a propósito de Villaurrutia; “entra en las estancias nuevas del lirismo intrascendente”, sobre Pellicer; “poesía sin peso y sin relieve”, dedicado a Torres Bodet); “sus imágenes son […] siempre primarias y simples”, otra vez para Villaurrutia, y “una poesía cándida […]demasiado cristalizada ya en su pequeña perfección”,8dirigido a todos los mencionados. Jorge Cuesta, con esa mordacidad que lo acompañaría en su oficio, responde con alevosía en Revista de Revistas, el 27 de abril del mismo año: “No conoce usted a los poetas mexicanos y, sin embargo, escribe sobre ellos”9 y que al grupo sin grupo:

[…] usted los vuelve a agrupar a su manera y después los separa a su manera, y a su manera los vuelve usted a agrupar por tercera vez. Esta manera de crítica por “desdoblamiento”, señor De Torre, tiene el inconveniente de que, a su término, ha dejado a su objeto tan lleno de dobleces, que puede entonces parecer la imagen “duple”, triple o cuádruple de una poesía “ultraísta”, pero no un dibujo preciso y claro […] Usted, señor De Torre, que atribuye a Pellicer el fragmento de un poema de Novo.10

La ironía de Cuesta es deleitante ante el ciego, abstruso y todavía latente colonialismo hispano —baste citar que, en el siguiente número de La Gaceta Literaria, la editorial de la publicación se llama “Madrid, meridiano intelectual de América”, en donde se advierte que evitan “escribir el falso e injustificado nombre de América Latina”—. No obstante, es de resaltar que ante la nomenclatura de Villaurrutia como “grupo sin grupo” en la conferencia, se prefigura el tesón de la Antología. Si en el prólogo a ésta se recrimina la falta de rigor ante la inclusión de sus compañeros de generación, también se aplaude la consciencia de la necesidad de la ruptura con una tradición de la que, a la vez, quieren ser sucesores.

Si Jorge Cuesta evidencia que De Torre confundió a Pellicer con Novo, su Antología tendría una circunstancia similar con las primeras impresiones a propósito de la edición. En un artículo firmado por Vereo Guzmán –firma del abogado y periodista Juan Francisco Vereo Guzmán—, para Revista de Revistas, del 8 de julio de 1928, Federico Gamboa —autor de Santa y que rondaba los sesenta y cinco años al momento de la aparición de la Antología— confiesa que:

No conozco el libro, pero según las noticias que de él me han llegado, sé que sus autores se dejaron en el tintero dos de nuestros nombres más gloriosos […] el de Manuel Gutiérrez Nájera y el de Amado Nervo […] Omitir de una antología que a sí misma se dice mexicana, dos valores literarios nuestros tan indiscutibles, es a mi juicio, imperdonable […] una herejía.11

El yerro de Gamboa, de hablar de oídas, lo recrimina Villaurrutia en una carta dirigida a Manuel Horta, editor de Revista de Revistas, escrita, junto a una de Torres Bodet, a manera de réplica y que se publicaron, ambas, en el semanario fundado por Luis Manuel Rojas. La respuesta de Cuesta tardó en llegar puesto que se encontraba de viaje —el único que haría en su vida— por Europa. En el artículo publicado por Vereo Guzmán, Miguel Martínez Rendón, autor de dos libros —Cármina áurea y Palabras de ensueño— que ha quedado en el estruendo del silencio, fue citado en el artículo de marras con la lapidaria frase: “Un volumen que vale lo que Cuesta”.

La permanencia de la Antología es, inobjetablemente, por la firmeza de los poetas antologados; pero la sólida elección se debe a un grupo de escritores que se reunieron en Brasil 42. Se ha escrito en varias ocasiones a propósito de la prosapia de la Antología. José de Jesús de Núñez y Domínguez, director de Revista de Revistas, afirmaba que “Torres Bodet, […] el verdadero inspirador del libro, ya había expresado ese profundo y risible desprecio acerca de ciertos valores literarios”.12 Evodio Escalante consigna que Guillermo Tovar y de Teresa asevera, por un ejemplar que habría pertenecido a la biblioteca de Torres Bodet y que cayó en sus manos, que éste tenía, en las semblanzas de cada uno de los autores antologados, las iniciales, escritas con puño y letra del autor de La educación sentimental, de quienes habrían escrito cada una de ellas:

Las iniciales corresponden todas ellas a miembros del grupo Contemporáneos: JTB (Jaime Torres Bodet), EGR (Enrique González Rojo) y XV (Xavier Villaurrutia). La nota perteneciente a Francisco A. de Icaza se habría quedado sin iniciales, lo que da pie para que se conjeture que bien pudo haberla redactado Bernardo Ortiz de Montellano.13

Las conjeturas se multiplican, puesto que la presunción de autoría de Cuesta se une a la de Torres Bodet,  y en la edición de Ensayos críticos de Jorge Cuesta, preparada por Maria Stoopen para la UNAM, en una cita a pie de página la editora apunta:

[…] una carta de Jaime Torres Bodet a Xavier Villaurrutia, fechada el sábado 1º. de octubre (¿de 1927?), cuando la Antología se encontraba en preparación, y publicada por Miguel Capistrán en “Los contemporáneos por sí mismos”, en Revista de la Universidad, enero de 1967, dice: “Xavier: Recibí su carta acerca de la Antología. El trabajo ha quedado distribuido en esta forma: Notas, (Enrique, Jorge Cuesta y yo), Nota preliminar, usted.

Una lectura cuidadosa del texto, atenta a la sintaxis, así como al contenido y al espíritu que lo anima, nos ha llevado a Miguel Capistrán y a mí a suponer que el prólogo pudo haber sido escrito por Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia al alimón.14

Las posibilidades son inasibles. El trabajo de cada uno de los involucrados en el departamento 10, así como la lectura personal y colectiva de cada uno de los poetas incluidos —la discusión a propósito de los que quedaron fuera de ella se antoja más sugerente—, no podemos saberlo, tal vez intuirlo, pero la certeza es que la Antología movió las aguas de una literatura que comenzaba a repensarse. Quizás Torres Bodet apuntó las iniciales de aquellos a los que le recordaban las semblanzas; quizás ese “espíritu” del que habla Stoopen sea sólo un aliento compartido; quizás sea pertinente recurrir a la propia Antología para zanjar la cuestión a propósito de su concepción:

Una antología es, en fin, un lugar donde sólo puede figurarse. Si Jorge Cuesta la firma, es únicamente para conseguirlo; esto es: con una tolerancia y con una libertad igual.

Si en Revista de Revistas —que sería comprada por Rafael Alducín en 1917 para fundar, cuatro años después, Excélsior— se suscitó el primer desdén por la Antología, sería también entre su rotativa que la firmeza de Cuesta sería puesta a prueba una vez más.

En agosto de 1932 se edita el primer número de Examen, esfuerzo editorial subvencionado por su propio editor: Jorge Cuesta. De brevísima duración —apenas tres números—, su importancia radica no sólo en su impronta en la tribuna pública, sino en su propuesta. Si en la Antología y en los distintos artículos de Cuesta se evidencia su rigor crítico, Examen es el medio en el cual el pensamiento y la reflexión encuentran su connivencia con la literatura. Junto a “Segundo amor” y “Dúos marinos”, poemas de Novo y Pellicer, respectivamente, aparecieron en sus índices “Psicoanálisis del mexicano” y “Motivos para una investigación del mexicano”, de Samuel Ramos —que prefiguraría, por decirlo de algún modo, una célebre obra posterior—. Cuesta escribe en el segundo número, de agosto de 1932, “Música inmoral”, en donde arremete contra la vena nacionalista que impera en el arte mexicano, a propósito de la música inmoral, para los cánones establecidos, de Higinio Ruvalcaba. Cuesta diserta:

Para la música mexicana ha sido una exigencia todavía más imperiosa y más tiránica la existencia nacionalista que ha esclavizado a nuestras otras artes […] no se contradice una música mexicanista y avanzada al mismo tiempo, simultáneamente nacional y pura […] me importa hacer esas observaciones, para mostrar el valor del accidente a que esta nota principalmente se refiere: el hallazgo de una música mexicana inmoral […] una música desnuda, que casi podría llamarse indecente […] el Cuarteto para cuerda número 5, de Higinio Ruvalcaba. 15

Sirva este ejemplo para resaltar el carácter de Examen y la estética de Cuesta. Es por fragmentos similares que se repite muchas veces, sin asomo de rigor, que los Contemporáneos eran extranjerizantes y poco mexicanos. La alocución a propósito del violinista demuestra lo contrario: el interés de estos escritores era consolidar una identidad, un devenir nacional. En las páginas de Examen se encuentran, también, un ensayo a propósito de la inauguración del Teatro de Orientación, pues, como escribiera Villaurrutia: “¿qué otra cosa fueron los teatros experimentales de Ulises y Orientación sino tentativas de crear un público, una curiosidad nuevos, que resistieran nuevas obras, extranjeras y mexicanas?”.16Esas tentativas son parte no de un programa cultural, sino de una postura ante la circunstancia. Desde la cruzada educativa vasconcelista hasta 1932, donde Narciso Bassols es el encargado de la Secretaría de Educación Pública, los antes jóvenes Contemporáneos se han forjado entre misiones diplomáticas y cargos públicos; por ello, cuando Examen irrumpe en la escena nacional, se pretextará la literatura para embestir moralmente a todos su colaboradores y, por extensión, políticamente a Bassols y a un grupo que, desde 1925, había sido objeto de escarnio por considerarlos “afeminados”, “decadentes” y “degenerado”, a partir de un artículo de Julio Jiménez Rueda publicado en diciembre de 1924.

Así, cuando en el segundo número de Examen se publica un fragmento de Cariátide, de Rubén Salazar Mallén, en los folios de Excélsior del 19 de octubre de 1932 una editorial sin firma acusa:

jamás en la historia de las hojas impresas en México se había estampado un lenguaje de tal procacidad, ni de la más cínica expresión, como el que aparece en la novela Cariátide [en donde] pueden leerse expresiones de una crudeza tal que se resistiría a repetirlas el más soez carretonero en cualquier sitio donde no estuviera rodeado de los de su laya

La mojigatería de la editorial hubiera podido pasar inadvertida; sin embargo, al ser de carácter político, al otro día de la publicación del libelo, el mismo anunciaba que el procurador de Justicia del Distrito Federal, Trinidad Sánchez Benítez, había comenzado el proceso de consignación en contra del director de la revista. Jorge Cuesta publicó en el número 3 de Examen dos artículos en los que fijaba su postura: “La política de la moral” y “La consignación de Examen”. En el primero, acude a explicar los procedimientos literarios de Salazar Mallén, y sostiene que su revista circula entre un número reducido de “personas inteligentes”17 —con lo que asesta un sutil empellón a los denunciantes—; en el segundo, se encuentra tal vez la enseñanza mayor de este suceso. Cuesta escribe:

La consignación de Examen, decidida ya, según noticias de los diarios, no es un negocio que afecte tan sólo a su director y sus colaboradores. La resolución judicial alcanzará, una vez dictada, a todos los escritores, a todos los periódicos y aun a los medios plásticos de la expresión. No se tratará ya de uno de nosotros, querido u odiado, según a la luz que se le considere, sino de la expresión. Hay en ello, por tanto, un interés que rebasa al individuo y a la clase para convertirse en un interés nacional. […] Obsérvese, pues, lo que significaría que las autoridades judiciales se convirtieran en servidores de esta “moral pública” y satisficieran, persiguiendo una obra de cultura, condenando su libertad de expresión.18

Cinco meses después, meses de ataques, amparos, juicios y barandillas, el procurador de Justicia escribe al agente del Ministerio público para sobreseer el caso. Los colaboradores de Examen que laboraban en la SEP ya habían renunciado para entonces. Una nutrida correspondencia entre algunos de los implicados puede consultarse en Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen, de Guillermo Sheridan, que junto con su libro México en 1932: la polémica nacionalista revisa exhaustivamente el caso, además de proveer documentos sobre el proceso, notas y testimonios.

Jorge Cuesta comenzó a publicar en 1925 y no dejó de hacerlo sino hasta el día de su muerte, en 1942. Fue hasta 1964 que gracias a los generosos oficios y a la noble pasión de Luis Mario Schneider y Miguel Capistrán se reunieron sus textos diseminados en diversas publicaciones periódicas en Poemas y ensayos, puesto que Cuesta nunca publicó un libro propio. Algún advenedizo escribió alguna vez que era nuestro “Fausto”. Nada más lejano. Es fácil acudir a la ficción, y no comprender que su obra y su vida, se condensa en lo que escribió a propósito de los Contemporáneos:

Es una perfidia buscar en esta generación una actitud que valga para las que le siguen. Esta generación no la buscó en las anteriores; la buscó en ella misma. Aun suponiendo que en este momento, cuando todavía no se madura, se suspendiera su obra, y aun suponiendo que su obra reducida se perdiera, que pasara, su actitud no deja de valer, puesto que consiste en no tener más actitud que la propia. Esta actitud es la única que hace valer la actitud y la obra de los otros; es una actitud crítica.

En la firmeza de la crítica se asienta la obra de Cuesta; en su obra convergen las voces de su generación, y en las voces retumba el empeño de una libertad lograda, incluso, en la obscura agua prisionera.

 


Autores
Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y 2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, reseña y crítica literaria en Laberinto, Confabulario, Este país, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antologías Cofradía de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entrópico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM.
Ilustración realizada por Axel Rangel

Este sueño es para ti, así que paga su precio.

Vuelve un sueño realidad, solo se vive dos veces.

Nancy Sinatra

 

Uno. Tengo muchos amigos que desdeñan las películas de James Bond. No se me hace descabellado que lo hagan; nuestra generación creció viendo cine americano en el Canal 5, y fue de lo más normal ver las películas donde el agente británico era interpretado por Pierce Brossmann, o por Roger Moore, en estas historias ridículas en las que un solo hombre salva a todo el mundo. Ridículas, por los elementos de su trama; como la escena de Goldeneye en la que Bond maneja un tanque por Berlín; y ridículas, por la facilidad con la que el agente británico salía de las situaciones más riesgosas de las maneras más absurdas, como cuando la lancha se transforma en coche para avanzar por las calles de Londres, en El mañana nunca muere. Películas hechas como producto que no generaron un gran impacto en nosotros como, por ejemplo, sí lo hizo Volver al futuro.

 

Dos. Ian Fleming fue un escritor británico que trabajó en los servicios de inteligencia y que tras su jubilación decidió crear a un agente que más que un espía en forma es un provocador; es decir, es un agente que tiene permiso para sabotear, más que quedarse en las sombras. Quizá era la vida soñada por Fleming. Otro de sus compañeros, John Le Carré, crearía espías más cotidianos y que sufrían las represiones de los gobiernos de los cuales filtraban información; muchas veces lo hacían como dobles agentes o como topos, pero siempre eran personas sin dinero que sobrevivían a cómo se podía. Para marcarme más la diferencia entre ambos mundos del espionaje, estos meses decidí leerme algunos de las novelas originales de Fleming, aunque no todas se consiguen fácilmente. Me adentré en Casino Royale, Doctor No, Operación Trueno, El espía que me amó y Solo se vive dos veces: al igual que en las recientes películas del universo de Marvel la receta es la misma: Bond es enviado a una misión peligrosa, hay una chica de la cual se enamora que puede o no ser peligrosa, consume cantidades inhumanas de alcohol, hay una amenaza fuerte simbolizada, por lo general, en un solo individuo, y al final salva al día y por azares del destino se aleja de la chica que, en ese momento, es su objeto de deseo. En los libros, el agente es un hombre de ojos azules –que hasta Craig ningún Bond había tenido–, el cual se aburre en la oficina del MI6 en lo que su jefe lo envía a misiones donde su vida siempre corre riesgo; por las tardes llega a su casa a ignorar a su ama de llaves mientras toma o se va a los casinos a apostar y alcoholizarse. Es una persona huraña. Además, está rodeado por una serie de personajes con los que tiene rutinas de trato que suelen ser identificables: siempre tiene riñas o problemas con M, el coordinador de la sección doble o; siempre coqueteaba con Monneypenny, la secretaría de su jefe; o va y pide consejo a Bill Tanner, el coordinador de seguridad. A veces, en algunas misiones, comparte las hazañas con el agente americano Félix Leiter, que es lo más cercano que tiene a un hermano.

 

Tres. La fórmula de los libros imprime una receta que las películas de Sean Connery hasta Pierce Brossman seguirán al pie de la letra, aunque no siguieran el camino de los libros al dedazo. Aunque no lo conseguí, en lo que me documenté descubrí que Al servicio secreto de su majestad es el punto de inflexión para Bond tanto en los libros como en las películas, aquí el orden de los productos se altera: Bond primero conoce a Tracy y a través del padre de ella, que es un mafioso, obtiene información para darle caza a Ernest Stravo Blofeld, el director de la organización terrorista Spectre 1, uno de los villanos más emblemáticos, el mayor enemigo de Bond, al que incluso se parodia en Austin Powers como este personaje calvo que viste una filipina gris y siempre está acompañado por un gato de angola. La misión se salva, eso sí, como siempre. Bond y Tracy deciden casarse y dejar la vida de peligros. Y justo cuando van alejándose de la boda, Blofeld y secuaces los embisten y disparan al coche, asesinando a Tracy. Ahí termina la historia: sin final redentor. Con Bond abrazando el cuerpo de Tracy mientras le dice a un policía: “Todo está bien, todo está bien, oficial, está descansando y nos iremos pronto. No tenemos prisa. Tenemos todo el tiempo del mundo”. A largo plazo, para las películas producidas por Eon Productions eso no pasaría de un usual recordatorio de que, en algún punto, Bond estuvo casado; para los libros marcaría el final de Bond al ser enviado a Japón en Solo se vive dos veces, para cumplir una misión normal hasta que descubriría que ahí está escondido Blofeld. Y en el intento de asesinarlo se enamora de otra mujer, tiene un hijo y es dado por muerto. En las aventuras cinematográficas nunca se había respetado la cronología original de los libros y, en realidad, ya no servían para nada: es a partir de la adaptación de Solo se vive dos veces, cuyo guion fue realizado por Roal Dahl, que las películas se distancian de los libros. En ellas, desde Sean Connery hasta Pierce Brossman son un mismo James Bond que ha perdido a la misma esposa, y quien vive los mismos arquetipos una y otra vez.

 

Cuatro. La verdad es que, incluso, a mí no me importaban las películas de James Bond. Esto fue hasta antes de que mi padre llevara a la casa un devedé de Casino Royale (2006), la primera película de la franquicia protagonizada por el actor inglés Daniel Craig. Además de que la personificación del agente secreto que realizaba este actor rubio era de un tipo más arrogante, creído y débil –casi un gánster– me llamó la atención cómo la trama giraba, en general, en base a una partida de póker donde las cartas eran los balazos. Sin embargo, es ahí donde se cimenta la desconfianza de esta nueva encarnación del personaje con las mujeres de las que se enamora: Vesper Lynn, interpretada por Eva Green, es la contadora que lo acompaña en la mesa de juegos y quién se volverá su interés romántico. Pensará, incluso, en dejar el espionaje y el mundo del peligro por ella. Sin embargo, ella es una doble agente y eventualmente lo descubre y ella, para escapar del dolor de haberlo herido, se suicida. En las siguientes películas de Craig, el fantasma de Vesper Lynn siempre está acechando, recordándole la traición.

 

Cinco. En la escena de apertura de Sin tiempo para morir, James Bond es perseguido por un grupo de hombres armados. Recorren las calles y callejones de Matera, Italia; sus perseguidores son parte de Spectre, que desde la película anterior se ha dedicado a cazarlo por todo el planeta. Primero es perseguido a pie a lo largo de los túneles y las avenidas de adoquines –de esta ciudad que, como en cualquier película Bond, es un sitio turístico al conservar aún algunas de las primeras construcciones realizadas por el hombre–, hasta que los mismos agentes le hacen creer que fue delatado y entregado por su acompañante, la doctora Madeleine Swann. La mujer por la que dejó el espionaje. Bond logra escapar de los hombres y regresa al hotel donde ella lo espera. Ahí la interroga, desconfiando de ella y luego suben al icónico Aston Martin DB5 lleno de artilugios, para ahora sí iniciar la persecución. Swann intenta hacerlo entrar en razón, ¿por qué lo traicionaría? Bond responde con dureza: “Todos tenemos nuestros secretos, solo no hemos llegado a los tuyos”. Mantiene lejos a los perseguidores con minas. De repente son embestidos en una de las plazas principales de la ciudad. Se ven rodeados y el coche es atacado a balazos que van dejando grietas en el parabrisas y en las ventanas laterales. La psiquiatra se dobla y siente cada uno de los tiros, mientras que Bond permanece inmóvil aferrado al volante, seguro de que el carro lo protegerá, pero no tan seguro de querer que proteja a Swann. La mujer, llorando, le implora que haga algo. Así que Bond finalmente reacciona y acciona las metralletas del coche, las cuales están escondidas detrás de los faroles; hace una dona en el centro de la plaza y dispara a todos sus atacantes al tiempo que activa el humo para escapar de la plaza sin que les puedan seguir la pista. Escapan hasta la central de trenes del pueblo y ahí Bond, sintiéndose traicionado, le dice a Swann que hasta ahí llegaron. La sube a un tren. Ella le pregunta: “¿Cómo sabré que estás bien?”. Bond le responde, serio, que no va a saberlo: “nunca volverás a saber de mí”. Y las puertas del tren se cierran. Swann, llorando, empieza a caminar por el interior sin dejar de verlo en el andén, hasta que Bond se voltea y desaparece de su vida.

 

Seis. Es quizá en Skyfall (2012), que sería la película para celebrar el 50 aniversario de las de la franquicia, en donde inicia un cuestionamiento de la estructura interna del personaje, su mundo y su oficio: la película se centra en que el comandante James Bond está desactualizado y que ya no es necesario en el tablero que es la política internacional. Que las sombras de las que tanto se habla en los discursos públicos, no existen en las nuevas eras de la información. Y así es como lastimado y traumatizado, James Bond tiene que enfrentarse a un villano que, en esencia, es una parodia de Julian Assange. Hay un diálogo muy citado en el que el nuevo contramaestre, interpretado por Ben Whislaw, le dice a Bond: “La edad no es garantía de eficiencia”. A lo que Bond responde: “Y la juventud no es garantía de innovación”. En Sin tiempo para morir, este discurso volvería a surgir esta vez desde el personaje de Nomi; en esta película, la despedida de la era Craig, Bond ha dejado el servicio activo desde la traición de Swann y han transcurrido cinco años. Nomi es una agente que se cruza en su camino mientras él, tranquilo, disfruta de su retiro en Jamaica; pero ella no es cualquier agente. Nomi es la nueva agente 007 y se lo deja muy claro: “Quizá pensaste que jubilarían el número”. “Solo es un número”, responde el Bond jubilado ya sin mirarla. El mismo Bond que, en el transcurso de la película, regresaría al espionaje. Esta última película de Daniel Craig, caso curioso, es la película más basada en la novela Solo se vive dos veces.

 

Siete. Aunque me gustó Casino Royale por la diferencia con las otras películas del agente que había visto, ignoré un par de años la franquicia. No volví a pensar en esta hasta que se estrenó Quantum of Solace (2008), para cuya época ya tenía la costumbre de ir al cine con gente de mi edad. Solo que fueron los mismos meses del estreno de Crepúsculo. Así que uno de mis amigos más cercanos de aquella época y yo nos fuimos al cine de una plaza comercial a un costado del río Tamazula, y entramos al mismo tiempo a dos salas distintas. Es muy curioso cómo la mercadotecnia nos conquista: esperaba con mucho ahínco ver Quantum y al hacerlo, me aburrí un poco, no es mi película favorita de Bond; al mismo tiempo, a mi amigo no le gustó Crepúsculo, por cambios que le hicieron al libro; pero ambos estuvimos ahí en el cine, esperando en las películas satisfacer algo, que nunca se sabe qué es, pero sin detenernos a pensar que ambos aspirábamos a escribir, y ambos entramos a ver películas basadas en libros. A partir de mirar esas películas de James Bond en el cine, la era Craig se volvió más relevante para mí. Podía reconocer las cargas de machismo, violencia y riesgo que arrastraba el protagonista en estas, y sin embargo los ambientes en los que esta nueva encarnación del personaje se movía, cada vez estaban en más contienda con su personalidad: no siempre se acuesta con la chica despampanante, no siempre tiene artilugios que lo salvan de maneras milagrosas, no siempre está dispuesto a tomarse un Martini mezclado no revuelto, no siempre se salvará de todos los disparos. Y no siempre saldrá ileso de las misiones.

 

Ocho. Mucho se discute en internet sobre las últimas películas de James Bond. Incluso se habla sobre su relevancia o la importancia que deberían tener en el presente. Justo unas semanas después del estreno de Sin tiempo para morir, el escritor español Arturo Pérez-Reverte publicó una reseña corta de la película que generó controversia: “Anoche vi Sin tiempo para morir, y lo lamento: un James Bond tan equilibrada y políticamente correcto, tan familiar, tan enamorado y tan moñas que constituye un insulto a la inteligencia de los espectadores y a la memoria del personaje. Si Ian Fleming lo viera, echaría chispas”. En definitiva, Pérez-Reverte no termina de entender bien al James Bond de las películas de Daniel Craig; pero lo que sí le acierta es que James Bond, cada vez más, se aleja del hombre taciturno, alcohólico y adicto al peligro que Ian Fleeming plasmó en sus páginas; porque ese Bond, en su momento, fue el ejemplo de la masculinidad imperante en Inglaterra, aunque ya no lo es.

 

Nueve. Pocas veces vemos a los personajes de la literatura enfrentarse a la muerte. En especial, cuando estos son lucrativos. Incluso para Arthur Conan Doyle fue imposible deshacerse de Sherlock Holmes (quien inaugura la casta de investigadores ingleses), y tuvo que revivirlo tras un par de años. En Sin tiempo para morir, James Bond se enfrenta a la terrible noticia de que está infectado de un conjunto de nanobots y que no podrá volver a acercarse a su familia; la misma con la que apenas acaba de reconectar: Madeleine Swann y la hija de ambos. Si se acerca a ellas, morirán. Está en una isla esperando un ataque de misiles, también, y decide quedarse ahí para protegerlas. “Ustedes tienen todo el tiempo del mundo”, le dice a Madeleine Swann sabiendo que está por unirse a las filas de sus Muertos, aquellos que en las cinco películas lo han mantenido siempre al borde de la balanza, aquellos comandados por Vesper Lynn. Y es que eso es algo que usualmente se ignora cuando se habla del personaje de James Bond: ya sea en la versión original de Fleeming, en la encarnación Connery-Brossman o en la de Craig: el agente siempre está al filo de la navaja. Bebe, disfruta gustos caros y hace todo lo que desee mientras esté vivo porque es posible que al día siguiente ya no lo esté. Y eso es lo que ocurre: los misiles caen sobre él y no hay duda de que Bond se ha ido. De que, por una vez, ha perdido de la peor manera. Más delante, M menciona una cita de Conrad que el mismo Ian Fleming incluyó en el obituario de Bond en Solo se vive dos veces: “La función del hombre es vivir, no existir. No malgastaré mis días en intentar prolongarlos. Aprovecharé mi tiempo”.

 

Diez. En el inicio de Sin tiempo para morir, antes de ser perseguidos, Bond y Madeleine entran a la ciudad de Matera a bordo del Aston Martín mientras hay fogatas y humaredas por toda la ciudad. Ahí Madeleine atrapa a Bond mirando hacia atrás, hacia los incendios, y le dice que debe de dejar de mirar sobre su hombro, a lo que Bond responde con humor diciendo que no lo estaba haciendo. Así que le preguntan al ayudante del hotel qué están quemando por la ciudad. “Secretos, deseos, dejando atrás al pasado. Deshaciéndose de cosas viejas, en espera de las nuevas”. Que es lo que hace para la franquicia y para los fanáticos del agente doble cero esta última película: si reinician la franquicia, tiene que haber un nuevo Bond; y no un nuevo actor, sino un nuevo personaje. Su biografía y sus características tendrán que transformarse en otro. La forma en que se desarrollan sus historias es igual: ¿realmente necesitamos más villanos en guaridas ocultas? ¿El puro peligro global podría ser suficiente? ¿Volverá a importar la vida emocional del protagonista? ¿Cómo se reinicia la vida de un personaje de ficción? Y como se desconoce qué tanto vaya a durar en circulación el personaje de James Bond, quizá también es prudente preguntar: ¿de qué manera puede continuar antes de morir no solo en la ficción sino también en el imaginario colectivo? Aunque no hayamos visto las películas del agente hay cosas que nos rodean de su construcción narrativa: la idea del hombre como un eterno conquistador siempre vestido de traje, la idea del viaje entre culturas como si fuera entre delegaciones de la Ciudad de México, y la idea del Imperio Británico salvando al mundo en todas las ocasiones posibles, gracias a un funcionario de seguridad que arriesga su pellejo. En el fondo el comandante Bond es un elemento de seguridad al servicio del Imperio. Quizá por eso lo vemos luchando contra un personaje basado en Julian Assage mientras este residía escondido en la embajada de Brasil; quizá por eso lucha contra presidentes corruptos en pequeños países latinoamericanos donde apenas y hay agua. Y este personaje constantemente se reinventa y se transformará; con esta reconstrucción, tendremos otra visión de quiénes quieren que seamos desde las grandes corporaciones de entretenimiento; y al mismo tendremos otra gama de sensaciones y virtudes de hacía dónde podemos hacernos: porque lo que demostró, en su defecto, la corrida de Daniel Craig como James Bond es que se puede transformar a un viejo dinosaurio misógino en una persona con emociones y una situación vital que hagan que los espectadores empaticen con él. Que recordemos que los engranajes del Sistema tienen los mismos anhelos y miedos que nosotros.

 

 

 

 

 

 


Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.
Ilustración [GIF] realizada por Mildreth Reyes

Para Eliane Schulze Santín

 

Porque te juro que detrás de todo este smog están los volcanes y cuando el día es claro su imagen puede perderse ante la mirada distraída de un conductor apresurado. Y cuando brillan tus ojos después de tus enojos y tus penas, deslumbras hasta el más ciego de los hombres. extraño y complejo, es el poder de la luz. Hoy te lo afirmo más que nunca: no puedes volver a nacer. no, la pureza no consiste en inicios que en realidad son grandes caos. La pureza tampoco exige que la carretera de tus venas esté vacía, sólo con un coche dirigiéndose hacia el bosque, o hacia la selva. Qué más da. Basta dar un brinco al pasado para saber que las cosas no eran mejor antes, y al dar ese brinco también podrás darte cuenta de cómo tu sombra permanece adherida al suelo. Que no se te escape el presente. Aunque sé que hay noches en las que la inmensidad de esta ciudad no es suficiente para acobijarte y acompañarte hasta el amanecer. Hasta que recuerdas existen melodías y libros que plasman tu esencia en este mundo. Salí a caminar el otro día. Te prometo que las cosas no están tan mal como tú las piensas. Tu vista está nublada y rechaza la belleza que se excita a partir de las lombrices de la tierra y alcanza un clímax majestuoso cuando la tarde se mezcla en su vértigo con la noche. Pero no; algo en ti tiene razón: no todo siempre es frenesí, locura, éxtasis. Hay un placer muy hermoso escondido en la sobriedad y en el realismo. Dos números negativos que se multiplican siempre dan a luz uno positivo. Y si continuamos, las asíntotas nunca llegan a tocar el vértice,  dos cuerpos humanos nunca podrán fusionarse por completo (aunque sean cenizas), y las ideas, al ser bolitas de mugre acumulativa, tampoco podrán depurarse en un laboratorio de química. Pero te juro que llegará un día en el que te pares de tu cama y comiences a ver a la vida como un espacio que en su gran caos puso orden para que entraras tú. Y entonces, te dejarán de importar las asperezas y las imperfecciones de la realidad humana. Y el popo y el izta, nevados, saldrán a relucir entre el cardumen de edificios que amuralla tu ventana para recordarte que siempre han estado ahí.


Autores
(CDMX, 1995) estudió una licenciatura en Literatura Latinoamericana. Actualmente trabaja como editora y creadora de contenido freelance para la plataforma de audiolibros Beek y la editorial infantil mexicana CIDCLI. Además, es editora en jefe y fundadora del proyecto literario y de gestión cultural C de Cultura.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

La banda es culera, de a madres, y no se diga en internet. Esta es una historia sobre banda siendo culera en internet.

Chris Chan actualmente se encuentra en prisión y es considerada una de las personas más infames en la historia de Internet.

Christine Weston Chandler, nacida bajo el deadname de Christian, es parte del espectro autista; esta neurodivergencia combinada con una crianza negligente por parte de padres que acá en México bien podrían caer en el estereotipo negativo de panistas, nos da la combinación perfecta para formar a una persona que durará años bajo el acoso de 4Chan.

4Chan es un lugar nefasto (y a su vez impresionante), el foro donde se junta lo peor de lo peor de internet, hay quien dice que es más peligroso para la salud mental entrar a la categoría random (/b) de 4Chan que a cualquier sitio de la Deep Web. Fue en 4Chan donde, bajo la apariencia de un inocente tutorial para hacer cristales decorativos caseros, un post terminó asesinando a decenas de personas por intoxicación. La comunidad de esta página también acosó incansablemente a una niña de 11 años, Jessi Slaughter. Se han publicado asesinatos y suicidios en 4Chan. Si buscas historias sobre este sitio en Google, una de las sugerencias de búsqueda será: “¿Por qué 4Chan es malo?”.

No todo en 4Chan es terrible, claro, pero venimos a hablar de Chris Chan y hablar de Chris implica hablar de lo culero de 4Chan.

Durante su etapa universitaria, Chris se embarcó en la misión de encontrar el amor pegando en su facultad un cartel donde expresaba su búsqueda por una mujer blanca, heterosexual (en ese tiempo aún se identificaba como Christian), con carro, entre otras características. Nuestra protagonista se sentó al lado del cartel a esperar. ¿El resultado? 0 personas interesadas y un reporte administrativo.

Chris se enamoró de una amiga suya, y para demostrarle su amor, planeaba regalarle la PSP que un concurso de videos musicales ofrecía y así poder jugar en equipo. Aunque sorprendentemente, dada la calidad de su video, quedó finalista; Chris no tardó en descargar su frustración contra el ganador mediante una serie de videos donde lo amenazaba de muerte  a la par que le lanzaba un Kamehameha. Estos videos terminaron por llegar a 4Chan y el desmadre comenzó.

Una de las cosas que más le sorprendió a esta comunidad fue el cómic Sonichu, obra (y vil copia de Pokemón y Sonic) de Chris donde éste sacaba a relucir sus frustraciones y deseos más oscuros. En este cómic realizado con una técnica bastante emm… ¿vanguardista?, Chris es representada como alcalde de la ciudad, lxs principales villanxs de esta historia son la gente que a nuestra protagonista le molesta, la directora que lo expulsó de la universidad, policías, gente negra, etc.

Chris Chan es probablemente la persona sobre la que más se ha documentado en la historia de internet, basta con Googlear su nombre para encontrar cientos de historias relacionadas a esta persona y 4Chan. Como cuando pensó que Sega (la empresa internacional) le estaba intentando molestar personalmente al cambiar el color de los brazos de Sonic, la reacción de Chris fue hacer destrozos en las tiendas donde vendían juegos de Sonic.

Otra de estas historias, o sagas, como se les conoce en el bajo mundo de internet (que es todo) es cuando un comediante estadounidense realizó una serie de videos imitando a Chris, ante lo cual ésta reaccionó solicitando que no usurpasen su identidad, lo que terminó provocando un enfrentamiento virtual para determinar cuál Chris era real y cuál una imitación, muchxs conocen este suceso como la Liquid n Solid Chris Saga, en referencia al videojuego Metal Gear Solid.

Aprovechando su necesidad de afecto femenino, varixs trolls se dedicaron a crear perfiles falsos para extraer y difundir contenido íntimo de Chris, incluso reclutaron a un niño de 13 años para que se hiciese pasar por una mujer mayor y tuviera sexo telefónico con Chris para después denunciarle por abuso infantil.

En 2014 su casa se incendió en condiciones misteriosas.

Unx de lxs varixs trolls que se hicieron pasar por sus pretendientes, pidió que le enviara su collar de Sonichu (una de las posesiones más valiosas de Chris). Con este en su posesión, grabó algunos videos donde orina, acuchilla y quema el collar para después enviárselo de vuelta.

En internet, se les conoce como lolcows a las personas que, dada su alta capacidad de hacer el ridículo de forma natural, son “ordeñadxs” por trolls que buscan hacer reír al público de internet.

Pero esta no es una historia graciosa (a veces da risa, pero a mi cuando me da risa me siento culpable), Chris es una persona autista y emocionalmente inestable criada por gente ultraconservadora y misógina, dicen que internet no perdona y cuando Chris entró en contacto con la red, esta fue inclemente, convirtieron su vida en un infierno y la llevaron al límite, Chris Chan terminó en prisión por haber violado a su madre con demencia senil. Su arresto fue grabado en vivo por un YouTuber que buscaba entrevistarlo, en el video podemos ver a Chris hablando con los oficiales sobre Sonichu y la Fusión Cósmica.

Este pedo se pone todavía más denso: en distintos foros como KiwiFarms se habla de Bella, una troll acusada de difamación, acoso y abuso sexual, maltrato animal, posesión de pornografía ilegal, extorsión, entre otros delitos, además de jactarse de su ambición de convertirse en la troll suprema provocando el suicidio de Chris Chan. Fue ella quien dio a conocer las capturas de pantalla y declaraciones grabadas de Chris donde admite el incesto. Dicen que no le han hecho nada a Bella porque sus jefes chambean en gobierno.

Actualmente Chris Chan intercambia correspondencia con sus seguidores desde prisión, donde se autoproclama la reencarnación del mesías, diosa del corazón azul, y la mantienen alejada de otrxs prisionerxs por su seguridad (no se sabe si la de Chris o la del resto).

Me gustaría terminar este texto con una reflexión sobre qué debemos ser más amables en internet porque nunca sabemos quién podría estar detrás de la pantalla y mamadas así, pero entre más pienso en Chris, más digo ¿qué vergas nos pasa como humanidad?, ¿hasta dónde somos capaces de disfrutar del dolor ajeno y la locura?

Pienso en Chris Chan y tengo miedo de que este mundo esté condenado de más.

 

 


Autores
(San Luis de la Paz, Guanajuato, 2000). Estudia Filosofía en la Universidad de Guanajuato. Autor de Galletas para suicidas (Editorial Frenéticos Danzantes, 2019), La llaga (Premio de Literatura León, 2021, reeditado por Ediciones Come Fuego en 2023), Díganle adiós al ratón (Tierra Adentro, 2021), Imagina que en lugar de aves éramos terremoto (Grafógrafxs, 2022) Colmillo (Niño Down Editorial, 2023), entre otros libros. Dirige la editorial digital Awita de Chale.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración por Karina Janis

Edith Stein pertenece a la estirpe de santas cuyos méritos —si cabe hablar de ellos, que la santidad es gracia, no merecimiento— trascienden las categorías de la virginidad y la sumisión con que suele nimbarse a las piadosas mujeres de la Iglesia católica. Cierto que entra en el coro de los mártires, pero destaca sobre todo por su vitalidad intelectual, más cerca de otras santas como Hildegarda de Bingen, Catalina de Siena y Teresa de Jesús, esta última influencia decisiva en su formación personal y su desarrollo místico.

Nació el 12 de octubre de 1891, hija de una observante familia judía alemana. Huérfana de padre antes de cumplir dos años, sobresalió desde pequeña en los estudios, si bien los abandonó cuando puberta por no encontrar en ellos el sentido de la vida. Poco le duró esta faceta, retomó los estudios de bachillerato a tiempo para matricularse en la Universidad de Breslau, su tierra natal, donde estudió germanística, historia, filosofía y psicología. Atraída por la novedad que suponía la propuesta fenomenológica de Edmund Husserl (1859-1938), en 1913 se movió a la Universidad de Gottinga con el objetivo de estudiar con él. Es ahí donde entabla comunicación con otras dos grandes figuras de la filosofía del siglo XX, Max Scheler (1874-1928) y Alexandre Koyré (1892-1964); pocos años después, en Friburgo, el mismo Husserl la presentaría con Martin Heidegger (1889-1976).

El estallido de la Primera Guerra Mundial trunca momentáneamente los estudios de Edith Stein, quien se alistó como voluntaria de la Cruz Roja en 1915, pocos meses después de aprobar el examen de Estado para la habilitación como maestra en historia, filosofía y germanística. Al año siguiente se convierte en asistente de Husserl, su tutor de tesis, y, obtenida la máxima mención honorífica (summa cum laude), la Universidad de Friburgo le otorga el grado de doctora en filosofía.

De la crisis pasajera de su juventud le quedó a Stein la pregunta cada vez más apremiante sobre el sentido de la vida, y en un contexto cultural e intelectual tan reducido de miras —y de explicaciones y alcances— como lo fue el positivista, la fenomenología de Husserl la atrajo profundamente:

Las Investigaciones lógicas habían impresionado, sobre todo, porque eran un abandono radical del idealismo crítico kantiano y del idealismo de cuño neokantiano. Se consideraba la obra como una “nueva escolástica” debido a que, apartándose de la mirada filosófica del sujeto, se dirigía ahora al objeto; el conocimiento parecía ser de nuevo un recibir, que obtiene su norma de las cosas, y no —como en el criticismo— un determinar, que impone su norma a la cosas. Todos los jóvenes fenomenólogos eran decididos realistas (Historia de una familia judía, 647).

No queda muy claro cuál fue el detonante de la conversión de Edith Stein al catolicismo. Quizá fue su irresuelta pregunta por el sentido de la vida, quizá sus críticas al reduccionismo positivista que ya para entonces sumaba no pocos oponentes; quizá, finalmente, una experiencia cercana a la muerte, la de su mejor amigo, Adolf Reinach, en 1917. Quizá fue la conjunción de todas estas razones. El hecho es que, desde entonces, tomó cierto interés por la filosofía de la religión, motivado además por discusiones al respecto con Husserl y Heidegger en el verano de 1918. El armisticio de noviembre la orilló a abordar una serie de investigaciones sobre la naturaleza del Estado y a apoyar activamente el movimiento sufragista. A principios de 1919, Husserl le firma el certificado de idoneidad como catedrática, pero se le niega cualquier puesto universitario por su condición de mujer. De ahí que, establecida la República de Weimar, participase activamente en campañas para garantizar la igualdad de género, que lograron la conquista del derecho al voto de la mujer.

A principios de 1920, cuando se consolidaba en ella la convicción de convertirse al cristianismo, terminó su obra de filosofía política más importante, Una investigación sobre el Estado. En ella, mediante una metodología claramente fenomenológica, dialoga con teóricos del Estado para descubrir su naturaleza, los alcances de su dominio y su soberanía, y sus relaciones con la cultura y la religión. De estos elementos, identifica la soberanía como constitutiva del Estado: sin ella sólo cabría hablar de entidades sociales. Y así como el Estado presupone su soberanía para ser tal, cualquier comunidad humana presupone cierta autonomía cultural que sirve como argamasa de individuos e instituciones. Stein arguye que la autonomía cultural acompaña siempre a la soberanía, y se refiere a la cultura como “todo cosmos de bienes espirituales unitario y deslindado de cara afuera”. Llama la atención el adjetivo que emplea, “espirituales”, para hablar de los bienes culturales. En esto Stein parece seguir la tradición de los teóricos del Volk, comenzando por Herder, cuya corrupción dio pie al surgimiento del nacionalsocialismo.

Luego de debatirse entre la conversión al cristianismo romano o protestante, es la lectura de las obras de santa Teresa de Jesús la que le hace decantarse por el primero. Se bautiza y se confirma a principios de 1922, y comienza a dar clases de alemán e historia en un instituto de dominicas en Espira, al mismo tiempo que afinaba detalles de su libro sobre el Estado y de unas traducciones al alemán de santo Tomás de Aquino y san John Henry Newman. Cuando su valía académica se impuso sobre los prejuicios misóginos de su época, enfrentó a los racistas. Le ofrecieron el puesto de profesora en el Instituto de Pedagogía Científica de Münster en 1932, pero a los pocos meses, con el triunfo de Hitler, se prohibió a cualquier persona judía desempeñar oficios públicos. Le propusieron entonces mudarse a Estados Unidos con un puesto académico, pero lo rechazó. De alguna manera quería ser fiel a sus convicciones políticas, que propugnaban una soberanía del Estado que garantizase las libertades individuales, y también a sus convicciones éticas y aun religiosas. Como judía y católica juzgó inmoral abandonar a los suyos, tanto en la sangre como en la fe. Fue entonces que su vida dio un giro extraordinario: solicitó la admisión al Carmelo descalzo, donde profesó como Teresa Benedicta de la Cruz en 1934.

El clima político y social del Tercer Reich escalaba en violencia antisemita, por lo que las autoridades de la Orden decidieron trasladar a Stein a un convento holandés. Desde ahí se comunicó con el papa Pío XII para solicitar su intervención contra las crueldades infligidas al pueblo judío, pero como respuesta sólo recibió una bendición. Esta noche oscura del alma, como llamó el carmelita Juan de la Cruz a los periodos de sequedad espiritual, llevó a Stein al desarrollo de una suerte de mística fenomenológica, una comprensión del yo que, al reflexionar sobre sí, se encuentra con lo más íntimo de la divinidad en la conciencia: “El alma humana, en cuanto espíritu e imagen del Espíritu de Dios, tiene la misión de aprehender todas las cosas creadas conociéndolas y amándolas y así comprender la propia vocación y obrar en consecuencia. […] Entrar en uno mismo significa acercarse gradualmente a Dios” (El castillo interior, 62-63).

Holanda cayó bajo los nazis en 1940. Tuvieron que pasar dos años hasta que los obispos holandeses se decidieran a denunciar públicamente, en un comunicado enviado a todas las iglesias, la deportación de judíos a campos de concentración. En respuesta, Hitler ordenó la exclaustración de todos los religiosos de origen judío; entre los miles despachados a campos de concentración en Alemania y Polonia se encontraba Edith Stein y su hermana, Rosa, entonces también conversa al catolicismo y carmelita. Ambas murieron en las cámaras de gas de Auschwitz el 9 de agosto de 1942.


Autores
(Ciudad de México, 1992) Filósofo y ensayista. Profesor en la Universidad Iberoamericana, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y en la UNAM. Miembro de la Newman Association of America. Ponente en varias instituciones de México, Estados Unidos y Cuba, sus intereses académicos se centran en la obra del cardenal John Henry Newman, la epistemología y la teología contemporáneas, y las relaciones entre filosofía y literatura. Ha publicado ensayos y reseñas en Newman Studies Journal, la Revista de la Universidad de México, Tópicos, Open Insight y Nexos.

Ilustrador
Karina Janis
Artista gráfica Tamaulipeca formada en la ciudad de Puebla. Su obra presenta batallas internas entre la dualidad de los seres vivos: Luz y oscuridad. Explora la complejidad de estos opuestos así como la resiliencia y el autoconocimiento. Con un interés marcado en la naturaleza y los elementos que la componen se adentra en cómo los hábitos de consumo del ser humano han repercutido en el entorno, afectando ecosistemas enteros.
Diego Salvador Rios. Fotografía por: Anthony Davies. Documentación de SOCIALISMO A LA MEJICANA O LA EDUCACIÓN ANARQUISTA. Altavista Arkive—Aktivation (Evento 2) en MayDay Rooms, Londres. Octubre 12 del 2014.

Conocí a Diego Salvador una mañana soleada en su estudio ubicado en la colonia Juárez. Para ese entonces lo consideraba un personaje misterioso, esquivo, quizá un tanto huraño, desde que nos habíamos coincidido en una reunión. A comienzos del año pasado me extendió una invitación inesperada a una exposición que él mismo curó. Semanas antes, un gremio se articuló para emitir una serie de quejas y denuncias en torno a su vida personal. El group show parecía destinado al hundimiento. 1 A pesar de todo, el montaje salió impecable. Permaneció quien poca o nula relevancia concede a reclamos morales. Destacaba Rocío Boliver “la Congelada de Uva”, legendaria porno-performer. La “Conge” prestó su video Sonata for pussyphone and voice Op.69 (4 movements), que se reproducía en una Mac solitaria situada en una mesa en medio de la sala. En el performance, Boliver, vestida con garbo, interpreta música culta con sus pedos vaginales, acompañada de una intérprete vocal coreana visiblemente incómoda. Era lo único que se escuchaba en la sala. Ríos colocó flores e incienso junto a la puerta. Impasible, llevaba una camisa holgada de cholo, con estampado de dragones, unos jeans y unos tenis desgastados.

Vista de exhibición: Is self-caring while relying on others a certain kind of friendship? How to responsibly relate with?, or , Self-caring for an unfazed insidious, or, Timezones and why don't humans care about hectic dreams while making a big effort for self-caring?, or, Self-caring while infinite scrolling and remembering when got drift out of my skin on a dream I had while procrastinating when trying to write my sketch about Mexican Yvng Artists Pt.1 like a trompe-l'œil , or, For an overstimulated & overstuffed overload, or,. 27 Feb — 20 Abr, 2021. Bajo los auspicios de n/a/s/l @nameagesexlocation. Curaduría de Diego Salvador Rios con la asistencia de Pablo Cendejas, Reilly Davidson y Mercedes Gómez. Fotografía: David Cruz. Cortesía de n/a/s/l @nameagesexlocation.

Vista de exhibición: Is self-caring while relying on others a certain kind of friendship? How to responsibly relate with?, or , Self-caring for an unfazed insidious, or, Timezones and why don’t humans care about hectic dreams while making a big effort for self-caring?, or, Self-caring while infinite scrolling and remembering when got drift out of my skin on a dream I had while procrastinating when trying to write my sketch about Mexican Yvng Artists Pt.1 like a trompe-l’œil , or, For an overstimulated & overstuffed overload, or,. 27 Feb — 20 Abr, 2021. Bajo los auspicios de n/a/s/l @nameagesexlocation. Curaduría de Diego Salvador Rios con la asistencia de Pablo Cendejas, Reilly Davidson y Mercedes Gómez. Fotografía: David Cruz. Cortesía de n/a/s/l @nameagesexlocation.

 

 

 

Venía a cuento aquella frase de H. G. Wells: moral indignation is jealousy with a halo. La fobia a la incorrección política y la cultura de la cancelación han sido dos males que han atrofiado al ecosistema del arte, supeditando la calidad de las obras a la neurosis de lo que es “correcto” y lo que supuestamente quieren las minorías a través de cuotas de inclusión hipócritas. No es de sorprender que la producción artística local se sienta debilitada por culpa de lo woke2 Por otro lado, era difícil generar una impresión definitiva de Ríos. Opté por no indagar para no emitir una sentencia con base en prejuicios y rumores, pues resulta injusto tratar a un ser humano a partir de opiniones ajenas. 

Diego Salvador Rios. Retrato de mis padres (parasiempre) de la serie Retratos Familiares, 2011. Acrílico sobre madera y acta de nacimiento del artista. 82 cm x 63 cm. Parte de la exposición individual Nunca Godo en Lodos, 2017. Fotografía: PJ Rountree. Cortesía del artista y Lodos, CDMX. Colección Privada.

Diego Salvador Rios. Retrato de mis padres (parasiempre) de la serie Retratos Familiares, 2011. Acrílico sobre madera y acta de nacimiento del artista. 82 cm x 63 cm. Parte de la exposición individual Nunca Godo en Lodos, 2017. Fotografía: PJ Rountree. Cortesía del artista y Lodos, CDMX. Colección Privada.

 

Lo cierto es que la obra de Ríos, sin caer en el solipsismo, destaca en el panorama  por arrojar cuestionamientos sobre su propia identidad enunciados en primera persona. Así lo hizo en la exposición individual Nunca Godo (LODOS, 2017), que fue, en palabras del autor, una exploración sobre la consciencia de clase, un autorretrato que nos adentraba en su mente, una historia del ser. Su primer pasaporte, su cartilla militar, identificación personal, cartas y recados cubrían los muros como stickers sobre los muros de la galería. Ríos incluyó, además, la primera pintura de su carrera, Retrato de mis padres (parasiempre) (2011), acaso el corazón de su genealogía personal contada a través de objetos personales. El suéter de su abuelo, la cartera de su padre y unas botas personales usadas por varios meses en el desierto.

Vista de exhibición: Nunca Godo, exposición individual de Diego Salvador Rios en Lodos, 2017. Fotografía: PJ Rountree. Cortesía del artista y Lodos, CDMX.

Vista de exhibición: Nunca Godo, exposición individual de Diego Salvador Rios en Lodos, 2017. Fotografía: PJ Rountree. Cortesía del artista y Lodos, CDMX.

Semanas después de nuestro primer encuentro en la Juárez, Diego me invitó a visitar otro estudio en Coyoacán que empleaba a la par de Praga, que para entonces ya era, en teoría, un espacio de exhibición independiente llamado name/age/sex/location. La hora de la cita se iba postergando. Me recibió pasada la medianoche. No reveló la ubicación exacta del lugar sino hasta que llegué a la calle de Tata Vasco. Era una casa grande y colonial, con un vasto jardín, construida de piedra volcánica. Me invitó a pasar en la oscuridad de la madrugada.

Diego Salvador Rios. weedland, 2019-21. Óleo, carboncillo, grafito, pintura encáustica y sello con herraje para marca de ganado sobre piel. Parte de la exposición colectiva A Celebration of the Untouchable en im labor, 2021. Curaduría de Pablo Cendejas. Fotografía: Toru Otani. Cortesía del artista e im labor, Tokio. Colección Privada.

Diego Salvador Rios. weedland, 2019-21. Óleo, carboncillo, grafito, pintura encáustica y sello con herraje para marca de ganado sobre piel. Parte de la exposición colectiva A Celebration of the Untouchable en im labor, 2021. Curaduría de Pablo Cendejas. Fotografía: Toru Otani. Cortesía del artista e im labor, Tokio. Colección Privada.

 

 

Diego pintaba en una habitación estrecha que alguna vez fue la biblioteca, ahora con un enorme y vacío librero de caoba. Decoró con sobriedad una pequeña parte de los muros blancos. Hizo una especie de altar, con un sacapuntas con forma de cachucha blanca en una envoltura de plástico adherida a la pared. Esa baratija china se convertía en tótem, junto con unas banderas tibetanas y un flyer de  “🗻”, su primera exposición en París. Extendidas sobre el piso había unas pieles de ganado vacuno sobre las que pintaría una nueva serie. “¿Cómo así, Pini?”, pregunté. “¿A poco te vas a poner a pintar aquí frente a mí?” “Simón, güey, respondió.

Diego Salvador Rios. A Hello Kitty persecuted by its ghouls walks its Hello Kitty persecuted by its ghouls on a leash, 2018-21. Acrílico y carboncillo sobre papel. 21 x 19.5 cm. Parte de la exposición colectiva A Celebration of the Untouchable en im labor, 2021. Curaduría de Pablo Cendejas. Fotografía: Toru Otani. Cortesía del artista e im labor, Tokio.

Diego Salvador Rios. A Hello Kitty persecuted by its ghouls walks its Hello Kitty persecuted by its ghouls on a leash, 2018-21. Acrílico y carboncillo sobre papel. 21 x 19.5 cm. Parte de la exposición colectiva A Celebration of the Untouchable en im labor, 2021. Curaduría de Pablo Cendejas. Fotografía: Toru Otani. Cortesía del artista e im labor, Tokio.

 

 

Como una especie de Buda, se sentó en el suelo en posición de flor de loto. Alineó la coronilla y acomodó los huesos de las nalgas. Crayones y óleos desperdigados por el suelo. Poco a poco, caprichosa y espontáneamente, aplicaba plastas de color; a veces rayaba la tela en un trance esquizoide; más adelante venían ocasionales momentos de ausencia mental y mutismo. Con fanfarronería juvenil presumía los tonos que minuciosamente escoge para sus creaciones: blanco de titanio, blanco de zinc, blanco de plomo; blanco subcapa, blanco para mezclas, blanco nacarado; diferentes óleos blancos marca Winsor & Newton, Talens, Atl. Al elegir los crayones, prendía un encendedor sobre la punta del crayón hasta que la flama hacía caer la cera ardiente sobre la tela, salpicando cual chorro de esperma.

Vista de exhibición:  A Celebration of the Untouchable, exposición colectiva en im labor, 2021. Curaduría de Pablo Cendejas. A la derecha: Obra de Samuel Nicolle. Fotografía: Toru Otani. Cortesía del artista e im labor, Tokio.

Vista de exhibición: A Celebration of the Untouchable, exposición colectiva en im labor, 2021. Curaduría de Pablo Cendejas. A la derecha: Obra de Samuel Nicolle. Fotografía: Toru Otani. Cortesía del artista e im labor, Tokio.

 

El resultado fue, en esencia, paisajístico. La obra estaría finalizada hasta ser rematada con un sello de hierro de silueta cannábica que Diego planeaba atizar al calor de la chimenea para marcarla de por vida, devolviendo el soporte orgánico a una nueva existencia. No debemos olvidar que se trató de un animal vivo y quizá sea aquel el sentido ulterior de la pintura: el trayecto que conduce de la vida a la muerte; la reencarnación es, por otro lado, un tópico que, aunque no fue introducido de manera oficial por el cristianismo y perduró en movimientos teosóficos y rosacruces. 3 Reencarnación y narcotráfico: Weedland (2019-21) es, además, una de las primeras obras en la historia del arte mexicano reciente (si no es que la primera) que, desde el minimalismo pictórico, aborda el tema de los campos de cultivo de marihuana en México. 4 La obra de Ríos se modula, sí, por una parte, desde un aspecto social, pero es aún más contundente su cualidad metafísica.

Diego Salvador Rios. Paisaje (de la serie Paisajes I), 2016-7. Cera de abeja y parafina sobre madera. 23 x 15 cm. Paisajes I es una serie de 13 pinturas encáusticas. Parte de la exposición individual Nunca Godo en Lodos, 2017. También formó parte de la exposición colectiva Casa Tomada (2018), curaduría de Anna Roberta Goetz. Fotografía: PJ Rountree. Cortesía del artista y Lodos, CDMX. Colección Privada.

Diego Salvador Rios. Paisaje (de la serie Paisajes I), 2016-7. Cera de abeja y parafina sobre madera. 23 x 15 cm. Paisajes I es una serie de 13 pinturas encáusticas. Parte de la exposición individual Nunca Godo en Lodos, 2017. También formó parte de la exposición colectiva Casa Tomada (2018), curaduría de Anna Roberta Goetz. Fotografía: PJ Rountree. Cortesía del artista y Lodos, CDMX. Colección Privada.

 

Esa madrugada llegó el dueño de la casa ataviado con unas pantuflas de diseñador. La solitaria biblioteca de la casa se transformó ipso facto en una caja de humo. Entre los trabajos que Diego nos mostró estaba una composición muy escueta que realizó sobre un folleto de papel: A Hello Kitty persecuted by its ghouls walks its Hello Kitty persecuted by its ghouls on a leash (2021), donde Hello Kitty pasea alegre a su hija engendro. No queda claro si escapan o atraen a la manada de demonios necrófagos. La carita feliz que suple al sol anula la cualidad narrativa y la mimesis compositiva. Este pequeño dibujo exhibido en Tokio (2021, IMLABOR) me permitió entender la lógica de lo irracional en su obra, donde prevalece el sentimiento por encima del pensamiento.  La Kitty que reproduce en sus dibujos no parte de la cita intertextual ni de la apropiación, sino de la reminiscencia: es evanescente sin ser fiel al original. Esta bebe de la imaginería oriental y el japonismo reinterpretado desde nuestro contexto a la manera de Tablada, quien importó el haiku en la vanguardia hispanoamericana de la primera mitad del siglo XX. 5En otro dibujo, una rana lleva en la mente a otras dos: un padre rana rememora a la madre y al hijo. Las imágenes de Diego Salvador Ríos son de perturbación y ternura. 

Diego Salvador Rios. Paisaje (de la serie Paisajes I), 2016-7. Pintura encáustica sobre madera. 13 x 10 x 4.4 cm. Paisaje (de la serie Paisajes I), 2016. Pintura encáustica sobre madera. 13 x 10.3 x 4.7 cm. Paisajes I es una serie de 13 pinturas encáusticas. Cortesía del artista y Colección Patricia Martín.

Diego Salvador Rios. Paisaje (de la serie Paisajes I), 2016-7. Pintura encáustica sobre madera. 13 x 10 x 4.4 cm. Paisaje (de la serie Paisajes I), 2016. Pintura encáustica sobre madera. 13 x 10.3 x 4.7 cm. Paisajes I es una serie de 13 pinturas encáusticas. Cortesía del artista y Colección Patricia Martín.

 

Una noche en el estudio de Coyoacán llegó un galerista y empezamos a cotorrear con Diego. “Anda, Pini, no seas gacho. Subasta la Kitty. Pinche Rothko de nuestra época”, bromeaba el galerista. Diego de plano se rehusaba. Sin embargo, le había prometido regalar el sello para que finalizara Weedland. Enseguida emprendería una nueva serie de cartonería y chatarra, Devotional kismet. Su título proviene del término “kismet”, término derivado de la palabra “qisma”, y que en una de sus acepciones significa “fragmento” o, bien, “destino” o “fe”. En esencia, la premisa es pictórica, pero el procedimiento es conceptual. Alquímico, diría yo, pues la materia vil se convierte en oro. Importa más el gesto que la búsqueda de un resultado material definido. Inmanencia, no trascendencia. Diego improvisó para mí una pequeña obra de cartones y una fotografía suya engrapada con restos de silicón. Viene firmada con una dedicatoria en la parte de atrás: “para juanpablozZzzZDSRE”.

Diego Salvador Rios. Paisaje (4 colores), 2016. Lápiz de cera y sticker sobre papel. 21.5 x 12.5 cm. Parte de la exposición dual Selected Drawings junto a Elsa-Louise Manceaux presentada por Lodos en Ruberta, 2018. Fotografía: Francisco Cordero-Oceguera. Cortesía del artista y Ruberta, Los Angeles.

Diego Salvador Rios. Paisaje (4 colores), 2016. Lápiz de cera y sticker sobre papel. 21.5 x 12.5 cm. Parte de la exposición dual Selected Drawings junto a Elsa-Louise Manceaux presentada por Lodos en Ruberta, 2018. Fotografía: Francisco Cordero-Oceguera. Cortesía del artista y Ruberta, Los Angeles.

 

Vinieron varios encuentros más, acompañando a Ríos mientras pintaba su serie Weedland. En esas fechas me invitó a montar starmix:4, una exposición esotérica en su estudio en Praga. En la apertura se aventó un set Julia Hernández, la bajista que tocaba en la tianguis sexo-disidente antes de que empezaran las broncas con la policía y los vendedores ambulantes. Julia fue y ha sido una gran influencia desde entonces: su ejecución musical, acompañada de su amiga Lara, ahora conocidas como “Las She Crazy’s”, opera desde una resistencia y una disidencia verdaderamente radicales. La noche de la inauguración me despedí de Diego medio abrupto, yo creo que tratando de evadir el resultado triste de una recepción con menos de treinta visitantes. Además, andaba con el corazón roto y no tenía ánimos de seguir la fiesta. A pesar de su insistencia, Diego aceptó dejarnos ir al Rulo y a mí, y se fue con Julia y el prodigioso pintor Joffa al Centro de Salud.

Diego Salvador Rios. HK trying to levitate above it all while remaining sited and contained within the space (We have hopes because we have love. Made in china), 2016. Lápiz de color y marcador permanente sobre papel, bolsa de plástico encontrada. 21 x 30 cm. Previamente participó de la exposición individual Pet Peeve en Lock Up International, 2016. En la imágen parte de la exposición colectiva bexpo11 presentada por bexpo y n/a/s/l @nameagesexlocation, 2022. Fotografía: David Cruz. Cortesía del artista y n/a/s/l @nameagesexlocation.

Diego Salvador Rios. HK trying to levitate above it all while remaining sited and contained within the space (We have hopes because we have love. Made in china), 2016. Lápiz de color y marcador permanente sobre papel, bolsa de plástico encontrada. 21 x 30 cm. Previamente participó de la exposición individual Pet Peeve en Lock Up International, 2016. En la imágen parte de la exposición colectiva bexpo11 presentada por bexpo y n/a/s/l @nameagesexlocation, 2022. Fotografía: David Cruz. Cortesía del artista y n/a/s/l @nameagesexlocation.

 

 

Al día siguiente intenté llamarle por teléfono pero no contestó. Creí que se había enfadado conmigo, aunque también tenía entendido que Ríos adopta comportamientos de ermitaño. Tenía un presentimiento raro e hice varios intentos más, todos en vano. Cuando reapareció 48 horas después, se encontraba en un estado de amnesia. La noche que se fueron a aquel antro sobre avenida Monterrey conocido por sus sets de new wave y post-punk, sus ríos de coca y su vibra decadente, Diego consumió clonazepam, xanax, mota, éxtasis y alcohol. Mientras bailaba, empezó a escuchar demasiado ruido en su cabeza. En algún punto Diego colapsó. Yació inconsciente en el piso casi quince horas. No sé cómo, pero salió ileso.

Diego Salvador Rios. ✴🖤 #recentdrawings #contemporaryoppressionsystem, 2017-21. Técnica mixta sobre papel. 21 x 12.5 cm. Cortesía del artista. Colección privada.

Diego Salvador Rios. ✴🖤 #recentdrawings #contemporaryoppressionsystem, 2017-21. Técnica mixta sobre papel. 21 x 12.5 cm. Cortesía del artista. Colección privada.

 

La atmósfera de starmix:4 era sensual, de patchouli y tarot. Durante el periodo que recibimos visitas en las mañanas, yo juntaba monedas para comprar chilaquiles en una marisquería a la salida del metro Sevilla. Con el sol de verano cuidamos las piezas como si fueran parte de un hermoso jardín. A veces no traíamos feria y aún así nos alcanzaba para una dona de la Esperanza o para un porro afuera de la Suavicrema. Al filo de la medianoche, cuando los trabajadores sexuales salen a buscar cariño pasajero y condicionado, cerraba con cuidado el pesado portón del estudio. En nuestras conversaciones matutinas leíamos pasajes de De profundis de Wilde en voz alta (donde Wilde concibe a Jesucristo como el primer artista romántico), aquella bellísima epístola que escribió durante su encarcelamiento. Después, Diego meditaba sobre la existencia, sobre el conatus, idea motriz que impulsa su obra, concepto que atañe la potencia de vida inherente al ser, lo que hace el humano para no morir. Del pensamiento spinoziano se deriva la idea de concebir a las criaturas animales como efectos derivados de esa misma potencia.

Diego Salvador Rios. Le Miroir des âmes simples anéanties et qui seulement demeurent en vouloir et désir d'amour, 2022. Marcador permanente y bolígrafo sobre papel. 10 x 15 cm. c/u. Cortesía del artista.

Diego Salvador Rios. Le Miroir des âmes simples anéanties et qui seulement demeurent en vouloir et désir d’amour, 2022. Marcador permanente y bolígrafo sobre papel. 10 x 15 cm. c/u. Cortesía del artista.

 

El filósofo panteísta, señala Michel Onfray al sintetizar el pensamiento de Spinoza, es aquel “para quien el creador y su criatura constituyen una única sustancia aprehendida de distintas maneras”.6Deus sive natura. Además de Spinoza, Ríos reconoce una deuda con el pensamiento de Heráclito y Parménides. Pero las fuentes clásicas y pre-clásicas están atravesadas por el internet y las comunidades digitales. El de Ríos es un panteísmo panpsiquista posmoderno que esboza una alegoría sobre el imaginario latinoamericano y el tercer mundo, tal como ocurre en el libro Perros héroes de Mario Bellatín, donde el protagonista, un entrenador de perros paralítico, permanece recluido en una habitación donde hay un “gran mapa de América Latina donde, con círculos rojos, parece estar más desarrollada la crianza de Pastor Belga Malinois”, por lo que a ciertos visitantes “la presencia de este mapa los lleva a pensar en el futuro del continente”7Solo así se explica una exposición como (=ↀωↀ=) (LADRONgalería, 2015) donde el ethos panteísta hace de la presencia gatuna un acertijo a resolver, desde estampas de Kitty, dibujos, cartas y un ejemplar de la novela Soy un gato de Natsume Soseki.

Diego Salvador Rios. 👶🐸(babyfrog), 2017-9. Marcador permanente y lápiz sobre papel. 21.5 x 28 cm. c/u. Cortesia del artista.

Diego Salvador Rios. 👶🐸(babyfrog), 2017-9. Marcador permanente y lápiz sobre papel. 21.5 x 28 cm. c/u. Cortesia del artista.

 

En los días de starmix:4 estaba prohibido hacer desmadre porque, semanas atrás, Diego armó un rave con Paul Marmota y Dj Lord Voldemort para clausurar una exposición titulada 2B. Nos había caído un citatorio al juzgado cívico por parte de una vecina malhumorada que no podía conciliar el sueño; su queja nos imposibilitaba de escuchar música a todo volumen. Nuestra única opción era poner rolas en la Mac de Diego, donde reproducía de corrido sus playlists, desde ambient alemán hasta cóvers de Los Alameños de la Sierra. Cierta noche en la que abrimos starmix:4 comenzó a sonar una canción de la banda de rock mexicana ochentera Neón cuyo coro exclama: “un individuo desconocido / es el que solo sabe sentir / inteligencia no quiere adquirir / ¡solo, solo sentir!” La letra de la canción resonaba con Diego, precisamente porque él me ha parecido una persona que basa su vida en las sensaciones. Hedonismo, destrucción, meditación y purgación.

Diego Salvador Rios. Devotional kismet (más allá de todo entendimiento en términos conceptuales), 2021-2. Técnica mixta. 28 x 23 cm. Fotografía: Fer Gress. Cortesia del artista.

Diego Salvador Rios. Devotional kismet (más allá de todo entendimiento en términos conceptuales), 2021-2. Técnica mixta. 28 x 23 cm. Fotografía: Fer Gress. Cortesia del artista.

 

Destrucción, porque un sentimiento renegado perfora su obra, un dejo de marginalidad  y callejerismo que hace del artista una especie de outsider para la sociedad y el circuito del arte (él vive en una pequeña habitación de azotea en el edificio familiar; en su reclusión, adopta un estilo de vida de monje). En efecto, Ríos había sido expulsado sistemáticamente de la escuela desde la secundaria. Fue expulsado, también, de La Esmeralda. Alguna vez, me contó, en los primeros años de su estancia en Tepoztlán, mientras grafiteaba en la calle, fue a dar a la cárcel, donde los policías lo humillaron y le robaron todo dinero que ganó al vender un cuadro (curiosamente, uno de los libros de cabecera de Ríos se titula L’art outsider). El naïf brutalista de Diego Salvador Ríos remite, en ocasiones, a la desmesura del art brut de Jean Dubuffet, proveniente, como se sabe, de la plástica que el pintor francés estudió y coleccionó producida por niños y pacientes psiquiátricos.

Diego Salvador Rios. Devotional kismet (más allá de todo entendimiento en términos conceptuales), 2021-2. Técnica mixta. 35 x 35 cm. Fotografía: Fer Gress. Cortesía del artista.

Diego Salvador Rios. Devotional kismet (más allá de todo entendimiento en términos conceptuales), 2021-2. Técnica mixta. 35 x 35 cm. Fotografía: Fer Gress. Cortesía del artista.

 

Podría decirse que el gesto de llevar la contraria nace de un impulso vanguardista. De acuerdo con el teórico Renato Poggioli, la vanguardia se configura, no solo como una declaración programática frontal a través de un manifiesto, sino también como una postura de antagonismo que se refleja en ocasiones en un primitivismo sui generis que refuerza en su lenguaje cierto infantilismo; no hay antagonismo más acentuado que el del mundo infantil y el adulto. La ingenua deformación del arte infantil conlleva, además, plantear un antagonismo frente al gusto del espectador burgués. 8El arte de vanguardia asedia la incomprensión, a expensas de ser ignorado y despreciado por el público general. Lo que la sociedad repudia y rechaza se traduce en el trabajo reciente de Ríos en una estética de lo deplorable, empleando el material, en ocasiones, como si se tratara de materia fecal, o incluso semen salpicado sobre la superficie pictórica. En When we will meet again? (2022), Ríos retoma discos compactos de música culta con la envoltura de Mixup para trazar dibujos con el chorro infantilizado de sus pinturas. Todo escurre y se derrite; nada permanece fijo.

Retrato de Julia Hernández tocando durante la inauguración de 2B un proyecto de Lourdes Martínez y Diego Salvador Rios, alojado por n/a/s/l @nameagesexlocation. Viernes, 30 de Abril de 2021. Pintura al fondo: Motoko Ishibashi. Rafa Bubble, 2020. Acrilico sobre lino. 112 x 96 cm. Fotografía: Raúl Aguilar. Cortesía de n/a/s/l @nameagesexlocation.

Retrato de Julia Hernández tocando durante la inauguración de 2B un proyecto de Lourdes Martínez y Diego Salvador Rios, alojado por n/a/s/l @nameagesexlocation. Viernes, 30 de Abril de 2021. Pintura al fondo: Motoko Ishibashi. Rafa Bubble, 2020. Acrilico sobre lino. 112 x 96 cm. Fotografía: Raúl Aguilar. Cortesía de n/a/s/l @nameagesexlocation.

 

Lo eyaculatorio se asoma intermitentemente en sus obras. Son ensamblajes depurados que Ríos evacúa de su sistema. Su proceso no es muy diferente al del sistema digestivo. Es casi una forma de exhibicionismo cínico, como de quien asume la presencia del excremento y los genitales como parte de un proceso de autoconocimiento y autocontrol, en consonancia con las ideas de Peter Sloterdijk en su libro sobre el cinismo. Diógenes de Siope, filósofo-perro, es la figura fundacional, el primer pensador del éxtasis: “La Ilustración desilusiona, y allí donde se cierne la desilusión muere la autoexperiencia en el éxtasis, éxtasis que nos muestra en los momentos lúcidos quiénes podemos ser realmente”.9Porque Ríos, quien parece tan adepto al pensamiento filosófico, bien pudiera ser un filósofo presocrático, viviendo en la permanente contingencia, sometiendo su cuerpo a un eterno desgaste a través de experiencias extásicas. 10

Vista de exhibición: ~(=^‥^)ノ☆, exposición individual de Diego Salvador Rios en Ladrón Galería, 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX.

Vista de exhibición: ~(=^‥^)ノ☆, exposición individual de Diego Salvador Rios en Ladrón Galería, 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX.

 

Un visitante frecuente de starmix:4 era Malcriado, artista sonoro estadounidense. Introvertido, de ojos verdes y quijada hombruna y definida, era como un personaje beatnik de casi dos metros. Llevaba el cabello al ras y pintado de verde. Iba por las calles del Centro Histórico comprando cachivaches y las revistas pornográficas más deleznables que ha producido la depravada mente del mexicano promedio. La segunda vez que lo vi estaba tambaleándose, cerca de perder el conocimiento. Solía inyectarse ketamina en el baño. A veces temía que cayera y sufriera un descalabro. Malcriado hacía harsh noise wall y power electronics en largas sesiones musicales con Ríos que duraban hasta la madrugada. Parecían dos místicos que llegan al rapto o al éxtasis a través del sonido casi insoportable, intolerable y aberrante que hacían con una serie de cables enredados y conectados de formas laberínticas. Los sonidos que generaba a través del HNW eran los mismos en su mente cuando se inyecta anestesia para caballos. 

 

Vista de exhibición: ~(=^‥^)ノ☆, exposición individual de Diego Salvador Rios en Ladrón Galería, 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX.

Vista de exhibición: ~(=^‥^)ノ☆, exposición individual de Diego Salvador Rios en Ladrón Galería, 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX.

 

Ríos pinta como produce música y viceversa. Bloques definidos en el espacio, sólidos, pesados. Cada trazo o plasta equivale a una nota musical, a veces disonante, como si se tratara de una composición atonal. La estructura se repite en su música, inspirada por el ambient, los raves, la escena underground y las visiones de Hildegarda de Bingen. Sigue su obra la pulsación de una “ética taoísta” donde prevalecen el silencio y el vacío. Como advierte Chantal Maillard, las artes taoístas tratan de reproducir el qi, el soplo, que conduce al dao la vía que conduce a lo esencial: no al conocimiento sino al des-conocimiento, al vaciamiento de sí. 11 Las pinceladas son espontáneas, depuradas; no buscan ser figurativas stricto sensu. Cito a Maillard: “el arte de trabajar con el vacío y los espacios en blanco es, sin duda, junto con la espontaneidad del trazo, la aportación más importante del taoísmo (…) No hay en la obra de arte taoísta, centralidad convergente, sino múltiples puntos de fuga que apuntan fuera del cuadro o relacionan entre sí los elementos”.12 El Tao Eterno nos conduce a un sentido de unidad que nos conecta con el Todo y confiere sentido a nuestra existencia.13

Diego Salvador Rios. ぁ (detalle), 2017. Lápiz de color, tiza y pluma pincel acrílica sobre mantel japonés para mochi. Parte de la exposición individual ~(=^‥^)ノ☆ en Ladrón Galería , 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX. Colección Privada.

Diego Salvador Rios. ぁ (detalle), 2017. Lápiz de color, tiza y pluma pincel acrílica sobre mantel japonés para mochi. Parte de la exposición individual ~(=^‥^)ノ☆ en Ladrón Galería , 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX. Colección Privada.

 

Más pronto de lo que pensé, las jornadas de Praga perdieron su zen. Una noche de octubre, Diego me marcó por teléfono: “¿Juan Pablo? ¿Dónde andas? ¿Estás en tu casa? La artista de performance Raquel Olmos estaba a unos días de presentar una “coreografía” siniestra donde se cortaba la muñeca derecha con una navaja trazando un pentagrama satánico, mientras Manuel Uthoff “Xau” dibujaba con líneas de cocaína una figura idéntica sobre un espejo (un famoso e irreverente artista mexicano de los años noventa no quiso entrar a la sala porque “no tolera ver sangre”). La escenografía, a modo de pop-up store, era obra de Federico Schott y su línea de streetwear Del Nazas. “¿Dónde estás, Juan Pablo? ¿Seguro que no abriste Praga? Dime la neta.” (Presentía lo peor.) “No mames. Se metieron al estudio a robar. Se llevaron todo, guey: mi compu, mi disco duro, mi consola, mi cámara. Todo. Me dejaron sin vida”

Diego Salvador Rios. Carta de Ángela (de la serie Mis Objetos Personales), 2016. Objeto personal del artista (carta para Diego Salvador Rios de parte de su entonces pareja sentimental). 21.5 x 14 cm. Parte de la exposición individual ~(=^‥^)ノ☆ en Ladrón Galería , 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX.

Diego Salvador Rios. Carta de Ángela (de la serie Mis Objetos Personales), 2016. Objeto personal del artista (carta para Diego Salvador Rios de parte de su entonces pareja sentimental). 21.5 x 14 cm. Parte de la exposición individual ~(=^‥^)ノ☆ en Ladrón Galería , 2018. Fotografía: Ivo Loyola. Cortesía del artista y Ladrón Galería, CDMX.

 

24 horas después nos acompañó al Ministerio Público una galerista que tenía cierta cercanía con el proyecto. Fue una espera incómoda junto a un hombre con heridas en el rostro y cargos por doble delito de homicidio. Ella se marchó rápido y yo me quedé esperando a Diego para testificar hasta la 1 AM. Entonces recordé una anécdota que Diego me compartió en las sesiones de Tatavasco. En alguna ocasión, mientras asistía a una importante artista mexicana durante un viaje por Ciudad Juárez, ella le dijo al oído: Ser mi asistente podría costarte la vida, ¿aún así le entras? Él aceptó. Y yo le preguntaba a Diego que no entendía cómo por llevar un espacio de arte terminamos en el Ministerio Público y no me quedaba claro si el riesgo valía la pena. Pero quizá vivir del arte es algo así como vivir al borde de la muerte y aprender a perderlo todo. Mientras aguardamos la llegada del Licenciado, entre pilas de expedientes de delitos impunes, ese archivo muerto de nuestra burocracia negligente, evoqué al poeta Ryokan, que en el siglo XVII, tras haber sido despojado mientras dormía de su manta en manos de un ladrón, escribió: 

Al ladrón

se le olvidó 

la luna en la ventana

Los peritos jamás llegaron y el robo quedó, como era de esperarse, irresuelto (meses después, alguien ofreció darme pistas sobre las personas sospechosas, pero me advirtió que pondría mi vida en peligro si intentaba involucrarme). No sé cómo nos repusimos a la humillación del robo. Nos mantenía a flote la mota, los libros, el diálogo. En ese entonces Praga estaba en remodelación y albergaba, ya no pinturas, sino una escena de crimen deprimente. Prendía todas las mañanas una veladora con la imagen de Ignacio de Loyola. Alguna vez, ya entrada la madrugada, escuchamos en la cocina del estudio “Cuarto para las dos” de Liran’ Roll. Algo se sentía roto entre las grises y frías paredes de nuestro monasterio perdido en el barrio coreano: “la conocí en estado de ebriedad / y yo le dije así: / ‘vamos a caminar al río de la luna’”. 

En The Frontiers of Paradise: A Study of Monks and Monasteries, Peter Levi afirma que, a diferencia de la contemplación, la meditación se enfoca siempre sobre imágenes o frases, y es, por naturaleza, discursiva. La meditación es parte fundamental de la práctica de Ríos. En efecto, a comienzos de año realizamos senderismo en las montañas de Tepoztlán. Estábamos en las entrañas del bosque y anochecía. Trepamos las ramas y las rocas como podíamos, con miedo de caer. Diego iba unos metros arriba que Alex, mi novio, y yo. Por más que le pedíamos que descendiera, insistía, con temperamento romántico, en fumar marihuana en la punta de la montaña. El arte es devoción y, como resultado, de la obra se abre una lectura teosófica

La vía para la iluminación se resume en sistemas tripartitos: 

vida/arte/poesía; 

naturaleza/arte/metafísica; 

virtud/arte/amor.

La obra de Diego Salvador Ríos parece motivada por un anhelo de virtud que en última instancia se corrompe ante la arrolladora fuerza de los excesos. Persigue una ascensión espiritual, una comunicación con la divinidad y una búsqueda de la beatitud a través de la oración. Para una exposición reciente en Frankfurt, escribió: “From the depths of the blue-hearted forests / I sent this prayer / for world’s wellness and plenitude”. En la acechanza de la vía virtuosa, Ríos equipara la práctica artística con una forma devocional cuasi monástica. Si el artista es un monje, la obra es entonces un misterio cuya definición no puede contener el lenguaje. San Agustín se enfrentó a un problema parecido al intentar definir el tiempo en el libro XI de sus Confesiones: “¿Qué es, pues, el tiempo? Sé bien lo que es, si no se me pregunta. Pero cuando quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. 14

Diego Salvador Rios. When will we meet again?, 2022. Óleo sobre objeto encontrado. 14 x 12 cm c/u (Díptico). Parte de la exposición colectiva bexpo11 presentada por bexpo y n/a/s/l @nameagesexlocation, 2022. Fotografía: David Cruz. Cortesía del artista y n/a/s/l @nameagesexlocation.

Diego Salvador Rios. When will we meet again?, 2022. Óleo sobre objeto encontrado. 14 x 12 cm c/u (Díptico). Parte de la exposición colectiva bexpo11 presentada por bexpo y n/a/s/l @nameagesexlocation, 2022. Fotografía: David Cruz. Cortesía del artista y n/a/s/l @nameagesexlocation.

 

Entre más intento dar explicación al trabajo de Ríos, con mayor razón sostengo que la amistad y el aprendizaje, la enseñanza y el afecto, valen más que cualquier prejuicio. Reconozco que es uno de los mejores artistas de su generación; no por nada ha cultivado una valiosa carrera en el extranjero. Escribir sobre su obra y testimoniar esta crónica me orilla a preguntar: ¿quién va a relatar los n/hombres del arte que han sido relegados por las buenas conciencias?

 

Abril 15 (ENO TOKIO) – Julio 24, 2022, Ciudad de México

Retrato de Diego Salvador Rios instalándose para tocar como FEM (Raquel Olmos, Malcriado, Diego Salvador Rios) durante la primera edición del Festival SOUND + en el Museo Anahuacalli - Diego Rivera, CDMX. Sábado 13 de Noviembre 2021. Fotografía: Josué Medina R. Cortesía de FEM y SOUND + .

Retrato de Diego Salvador Rios instalándose para tocar como FEM (Raquel Olmos, Malcriado, Diego Salvador Rios) durante la primera edición del Festival SOUND + en el Museo Anahuacalli – Diego Rivera, CDMX. Sábado 13 de Noviembre 2021. Fotografía: Josué Medina R. Cortesía de FEM y SOUND + .

 

 

Nico Colón & Diego Salvador Rios. Rey in his garden joined by Princesa and Bissu (dreamers). Impresión de plata sobre gelatina por revelado de negativo de medio formato (120) sobre papel Kodak Endura. 2017-2019. 36 x 48 pulgadas. Parte la exposición dual  — "We all are one, each other and ourselves; both are truth."  — "There is a tree, there is a ghost, and there is a grandma…" en colaboración con Nico Colón en Gern en Regalia, 2019-2020. Fotografía: Mario Miron. Cortesía del artista y Gern en Regalia, Nueva York.

Nico Colón & Diego Salvador Rios. Rey in his garden joined by Princesa and Bissu (dreamers). Impresión de plata sobre gelatina por revelado de negativo de medio formato (120) sobre papel Kodak Endura. 2017-2019. 36 x 48 pulgadas. Parte la exposición dual — “We all are one, each other and ourselves; both are truth.” — “There is a tree, there is a ghost, and there is a grandma…” en colaboración con Nico Colón en Gern en Regalia, 2019-2020. Fotografía: Mario Miron. Cortesía del artista y Gern en Regalia, Nueva York.

 

 

Diego Salvador Rios. Medium P Community Pond Prayer (frente), 2021. Poema, técnica mixta. Dimensiones variables. Parte de la exposición colectiva Medium P Community Pond presentada por Medium P, 2021. Curaduría de Antonia Lia Orsi. Cortesía del artista y Medium P, Frankfurt.

Diego Salvador Rios. Medium P Community Pond Prayer (frente), 2021. Poema, técnica mixta. Dimensiones variables. Parte de la exposición colectiva Medium P Community Pond presentada por Medium P, 2021. Curaduría de Antonia Lia Orsi. Cortesía del artista y Medium P, Frankfurt.

 

 

Diego Salvador Rios. Medium P Community Pond Prayer (atrás), 2021. Poema, técnica mixta. Dimensiones variables. Parte de la exposición colectiva Medium P Community Pond presentada por Medium P, 2021. Curaduría de Antonia Lia Orsi. Cortesía del artista y Medium P, Frankfurt.

Diego Salvador Rios. Medium P Community Pond Prayer (atrás), 2021. Poema, técnica mixta. Dimensiones variables. Parte de la exposición colectiva Medium P Community Pond presentada por Medium P, 2021. Curaduría de Antonia Lia Orsi. Cortesía del artista y Medium P, Frankfurt.

 


Autores
(Ciudad de México, 1993) es narrador y ensayista. Maestro en Letras Españolas por la UNAM, es autor de Emerson en Tijuana (Máquina de Aplausos, 2019) y La mítika mákina de karaoke (FCE, 2022). Sus textos se han publicado en Letras Libres, Tierra Adentro y Nexos. Ha colaborado en Montez Press Radio, House of Vans y Dover Street Market París. Ha sido beneficiario del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales en el área de Ensayo Creativo (2023-2024).
Arturo Loera, Algunos sueños sobre el capitalismo. Portada de Axel Rangel.
Arturo Loera, Algunos sueños sobre el capitalismo. Portada de Axel Rangel.

PRIMER SUEÑO SOBRE EL CAPITALISMO 

 

Las preguntas escondidas entre las plumas de una paloma.

Échale maíz. 

 

El cisne degollado. 

Su cabeza adorna la esquina de las avenidas Juárez 

e Independencia. 

 

Y si todo esto es posible y bello

es el resultado absurdo

del primer sueño que tuve

sobre el capitalismo.

 

Para los que vienen en búsqueda de teorías

yo solo tengo una manzana en la mano.


 

EL VALOR DE X 

 

Porque nunca encontramos el valor de X. 

Porque la Biblia se cansó de ser una pata que sostiene la cama, 

tomó su sombrero de copa y salió otra vez a las calles. 

Porque vuelven, siempre vuelven. 

El fascismo es un sueño intermitente y un insomnio de pasillos y museos 

y una vela prendida por las abuelas y una escuela muy cara. 

Porque el alcohol no falta. 

Porque ser fruto de tu vientre es ser fruto que se pudre. 

Porque nos dejaron la maquinaria y perdimos el instructivo. 

Estas máquinas arderán mejor que cualquier fotografía. 

Porque las fotografías en los postes de las calles ya no arden. 

Porque en mi mano izquierda tengo un aerosol amarillo 

y en la derecha a mi perro como un triste vellocino callejero. 

Porque la punta del lápiz se rompió sobre la hoja de cuadrícula. 

Porque amaneció y una cabeza de cerdo adornaba el horizonte. 

¿No es hermosa esta resignación ante la furia? 

No. 

Porque la retórica es como la parte azul del borrador que lo deshace todo. 

Porque en repetirse está el perderse y, solo a veces, el encontrarse. 

Dos gatos miran un pollo rostizado, dos personas miran sin miedo el sol. 

La parábola de esta piedra romperá el cristal de la rosticería. 

Habrá fuego, como antes. Predicadores ardiendo,

máquinas y tanques como sarcófagos inútiles,

infancias que lloran en el rincón mientras abrazan una mochila negra,

un muchacho desnudo frente al pizarrón

que no ha podido encontrar el valor de X.


 

UNA LEY ES UNA LEY NO ES UNA ROSA

 

Romper las leyes como no debe romperse

la pasta para verterla en una olla muy pequeña.

 

Romper una ley amparado en otra ley

es no romper nada.

 

Romper los pantalones para venderlos rotos

no se compara al hecho

de que con el tiempo se vayan

rompiendo por el viaje

y por sí mismos. 

 

Un agujero en el calcetín es ya un avance.

 

 


Autores
(Chihuahua, 1987). Premio Binacional de Poesía Pellicer – Frost 2017 por el conjunto de poemas titulado Un montón de piedras (Mantis, 2017). Nada notable (Cuadrivio, 2018) es su último libro.

Ilustrador
Axel Rangel
Axel Rangel García nació en la Ciudad de México y es Licenciado en Diseño y Comunicación Visual con especialidad en ilustración por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Seleccionado en el Catálogo de Ilustradores de la Secretaría de Cultura en 2018 y en el American Illustration en sus ediciones 39 y 40. Su trabajo ha sido publicado en el Washington Post, Politico Europa, WIRED Medio Oriente, Editorial Planeta y Tierra Adentro entre otros.
Foto publicitaria de Marilyn Monroe. Posiblemente para la película “Los caballeros las prefieren rubias” (1953). Imagen de dominio publico, recuperada de Wikimedia Commons.

La estrella pop más grande del siglo XX, Marilyn Monroe, ha formado parte de los encabezados de noticias incluso 60 años después de su muerte. Recientemente debido a uno de los vestidos que utilizó que ha pasado a la historia y que, a pesar de haber estado resguardado en un museo, fue manipulado y deformado por una celebridad de la actualidad.

Debido a su laureada carrera y a su culminación como sex symbol, todos los acontecimientos de su vida fueron tratados por los medios con frivolidad, falta de empatía y de manera utilitaria. Su trágica muerte no fue la excepción a pesar de que sucedió bajo circunstancias turbias, poco claras y devastadoras, pues develaron una serie de traumas, adicciones y situaciones dolorosas por las que la actriz y cantante atravesó desde su niñez.

Tras su presunto suicidio, Ernesto Cardenal, un sacerdote y poeta nicaragüense (quien únicamente compartía con Marilyn el espacio temporal en donde ambos existieron), hace un esfuerzo por dedicarle las que pudieron haber sido las palabras más humanas que nunca le escribieron en vida. Lo hace por medio de un poema que titula puntualmente “Oración por Marilyn Monroe” y que publica tres años después de su fallecimiento a manera de oración (como su nombre lo indica), de carta de despedida, de disculpa pública en nombre de toda la humanidad y tal vez, desde su posición, a manera de réquiem o de misa funeral.

El sensible texto comienza como una petición hacia el Señor y aborda los eventos traumáticos que Norma Mortenson (nombre de pila de Monroe) vive en su infancia y juventud, como preámbulo a lo que posiblemente no tendría cura en su vida adulta:

 

(pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años
y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar)

 

También, recurre constantemente a temas oníricos y analíticos como los sueños y sus sesiones de psicoanálisis, de las cuales se tenían conocimiento debido a los fármacos que consumía:

 

Ella tenía hambre de amor y le ofrecimos tranquilizantes.

 

Para la tristeza de no ser santos
se le recomendó el Psicoanálisis.

 

Se pueden encontrar una variedad de recursos, como lo es el campo semántico al principio del poema donde agrupa las palabras “iglesia, casa, cueva” y que a su vez tienen relación con una metáfora que acompaña la lectura de principio a fin: los deseos de Marilyn vistos como ensoñaciones y la realidad a la que fue sometida, abruptamente distinta:

 

Y su vida fue irreal como un sueño que un psiquiatra interpreta y archiva.
Sus romances fueron un beso con los ojos cerrados
que cuando se abren los ojos
se descubre que fue bajo reflectores
¡y se apagan los reflectores!

 

El final del texto coincide con el final de su vida, y es la parte más impetuosa del poema. Cardenal escribe literalmente que la actriz fue hallada muerta con el teléfono descolgado en su mano, la imagen es contundente y sirve para dar pie al rotundo y desgarrador final que retumbará en la memoria del lector cada que visite este escrito:

 

Señor:
quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar
y no llamó

[…]
¡contesta Tú al teléfono!

 

Tal vez, en una mundana relación, la escritura de este poema fue un ejercicio temprano para lo que sería el proyecto más ambicioso del poeta nicaragüense: el Cántico Cósmico, en donde por medio de una profunda contemplación que consta de páginas y páginas de lírica sobre el universo se pretende dar explicación al fenómeno de la existencia. Tal vez Cardenal observo la estrella en ascenso y la muerte del astro, y decidió incorporarlo a la gran poética del universo.

 


Autores
(Ciudad Guzmán, Jalisco, 1996). Editora y licenciada en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana. En 2019 impartió el Taller de Lectura en la Asociación Pro Personas Con Parálisis Cerebral. En el mismo año entró como editora y dictaminadora a Dharma Books + Publishing, donde ha sido parte de la edición y selección del catálogo en los últimos dos años. Tenía un pez que se llamaba Maraca y vivía en su escritorio.