La mejor manera que encuentro para escribir sobre la crítica en México, es con un cuento:
Había una vez un país muy lejano —en cuanto a sus referentes con otros lugares del planeta— donde la gente se reunía por las tardes, por las mañanas, y más recientemente por las redes sociales, a decirse cuán bellos eran.
Estimado señor alcaide,
Como uno de sus presos más antiguos y peligrosos, me he tomado la libertad de escribirle esperando que en honor a los cerca de quince homicidios, desmembramientos y violaciones que cometí en mi larga carrera como asesino serial, tome usted en cuenta esta breve crítica a la calidad culinaria del corredor de la muerte de esta cárcel, en la que fuera de un par de motines y peleas con otros prisioneros, he pasado unos años bastante agradables.