En El libro del desasosiego, Bernardo Soares escribió: “mi patria es la lengua”. Y quizás esta aseveración pueda ser, en ocasiones, inexacta. La lengua, sí, puede ser la patria, asaz el continente de lecturas y tradiciones poéticas y escriturales, pero también puede ser una habitación minúscula, en donde el viaje alrededor de ésta sea un íntimo recorrido por la propia piel y sus sensaciones; por el resabio en la boca de un ósculo impertinente que se quedó para habitarla; por la mirada que fija se pierde y remonta el vuelo por los intersticios de la memoria; por el estruendo de palabras olvidadas que se enquistan en el oído, o tal vez por el aroma del rocío que se posa en la hierba después de haber abandonado el pétalo que la abrigara en primera instancia. La lengua se habita, se reconoce y se desnuda, y al hacerlo quedan sus resquicios expuestos: palabras que la conforman y la limitan, que la renuevan y la distienden y que quedan al cobijo de quien las enuncia para nombrarlo todo siempre por vez primera.
En 1940, se funda la revista América, “por un grupo de jóvenes mexicanos y españoles del exilio vinculados con las Juventudes Socialistas Unificadas de México y de la Juventud Socialista Española”.1 Bajo la dirección inicial de los poetas Roberto Guzmán Araujo y Manuel Lerín, reunió a escritores como Alfonso Reyes y Enrique Diez-Canedo. A partir de agosto de 1942, el poeta Marco Antonio Millán asume la dirección de la revista que tendría, en sus dos décadas de vida, a colaboradores como Efrén Hernández, Margarita Michelena, Alí Chumacero, Rosario Castellanos, Concha Méndez y Xavier Villaurrutia, entre muchos otros. En 1948, la revista cambia el subtítulo de Tribuna de la democracia, por el de Revista Antológica, y desde su creación se dio a la tarea de albergar, en parte gracias a los oficios e instinto de Efrén Hernández, a jóvenes escritores que comenzaban su carrera literaria. Además, América. Revista Antológica publicó, por mencionar algunos, 29 cuentistas mexicanos actuales, de 1945, con notas de Marco Antonio Millán y Manuel Lerín, que antologó cuentos de Ermilo Abreu Gómez, Juan de la Cabada, Jorge Ferretis, Manuel González Ramírez, Jesús R. Guerrero, Rafael F. Muñoz, José Martínez Sotomayor y Francisco L. Urquizo; también, Presentación al templo, de 1952, de Rosario Castellanos y La tristeza terrestre, de 1954, de Margarita Michelena.2 Y en 1949, sale a la luz El corazón transfigurado, de Dolores Castro. El poemario tenía ilustraciones de Francisco Moreno Capdevila, un grabado del pintor Francisco Amighetti y una presentación de Efrén Hernández. Castro habla de su relación con la revista:
La revista América llegaba en un momento en que terminaban una serie de capillas exclusivas, cerradas: Letras de México, El Hijo Pródigo, en fin, cada quien tenía sus escritores. Entonces nosotros, al ver una revista con esa apertura . . . Ahí escribieron todos los que ahora seguimos escribiendo: Juan José Arreola, María Elena Bermúdez […] Sergio Galindo, Emma Godoy, Luisa Josefina Hernández, Margarita Paz Paredes, […] Jaime Sabines, Rodolfo Usigli —en su vertiente poética—, por precisar algunos.3
En 1939, un año antes de su fundación, los que formarían parte de la aventura editorial de América se reunían en un café “cerca del Cine Monumental, en la Avenida Hidalgo […] y trasladaron sus sesiones a un café de chinos de las calles de Dolores. Efrén Hernández invitó a Rosario Castellanos y a Dolores Castro a sumarse a dichas reuniones”.4 Esta invitación, debida en parte al poeta Ramón Gálvez Monroy, sería el punto de partida de una de las voces más vibrantes del medio siglo. Desde su primer libro, Dolores Castro mostró una voz que, si bien tenía como referencia una tradición, también comenzaba a romper con ella. El corazón transfigurado es un poema de largo aliento, una silva por sus versos endecasílabos y heptasílabos, que sigue las huellas del Primero sueño, de Sor Juana. El corazón… inicia con el verso “Es tiempo de las sombras”, y termina con “este sueño es la sombra que se muere/ con la primera estrella matutina”. Es el relato de una noche en la que se vislumbra el eco de la monja jerónima, pero también de la generación del 27, por ejemplo, de Pedro Salinas, por el uso del verso blanco. De su primer libro, Rosario Castellanos apunta:
Es el amor, el amor más entrañable, el que rompe nuestra condición de isla y toma posesión del mundo, el que se ensancha en el tiempo, atrás, hasta el más remoto ayer, cuando Dios estaba aún “hiriendo las entrañas del vacío […] Para elogiar a Dolores es suficiente señalar su presencia. Es superfluo insistir en la novedad de su estilo, en su intención de perdurabilidad, en el vigor o la delicadeza de su aliento. Quienes la lean encontrarán, ineludiblemente, estas y otras cualidades, pues de todas está su poesía transida y resplandeciente”.5
El oficio poético de Dolores Castro encontraría un cauce en la Antología de los 50 poetas contemporáneos en México, de Jesús Arellano, quien recoge sus textos junto a los de Margarita Michelena, Emma Godoy, Margarita Paz Paredes, Concha Urquiza, Guadalupe Amor, Rosario Castellanos y Enriqueta Ochoa. Para Diana del Ángel:
En el libro se incluye […] a un total de ocho mujeres frente a cuarenta y dos hombres. A pesar de la simetría numérica, cabe destacar la opinión de Arellano sobre la importancia que desde 1950 tenían las mujeres dentro de la poesía mexicana.6
En 1955, Alfonso Méndez Plancarte publica Ocho poetas mexicanos, que reúne, además de a Dolores Castro, a Alejandro Avilés, Roberto Cabral del Hoyo, Efrén Hernández, Honorato Ignacio Margaloni, Octavio Novaro y Javier Peñalosa. A este grupo de poetas se le conocería como el grupo de “los ocho de Ábside”, por ser todos colaboradores de Ábside. Revista de cultura mexicana. La investigadora Alessandra Luiselli consigna que “el lema de la generación poética de ‘los ocho de Ábside’, ideado por Dolores Castro, señalaba: ‘Cada uno su lengua, todos en una llama’”.7 A esta antología seguiría la publicación de los libros Siete poemas, de 1952, y La tierra está sonando, editado por la Imprenta universitaria en 1959. En estos tres primeros libros, puede reconocerse lo que Benjamín Barajas, profundo conocedor de la obra de Castro, afirma en su tesis para obtener el grado de maestro en Literatura Mexicana:
La contemplación como principio sobre el cual se funda su poética. […] La poeta se sitúa en un ángulo de privilegio desde donde escucha, palpa, ve siente el transcurrir del mundo, sus fenómenos y sus criaturas.8
Lo que en El corazón transfigurado era el sueño, en los dos libros siguientes será el reconocimiento del cuerpo y la alegoría de éste con la naturaleza: el fruto y el vientre, el hijo que no se tiene y el “dulce dolor de estar viviendo”. La poesía de Castro es inmisericorde en el instante, en el aguafuerte en donde la voz poética confiesa impúdica: “La tierra está sonando/ y yo estoy desolada,/ hueca por dentro, triste”. En contrapunto de la mirada que se posa en los pequeños milagros cotidianos como el viento, la flor o las hormigas, está lo que ésta provoca al posarse en ellos: un breve instante en donde el mundo se aclara y la poeta puede verse “fiel a su espejo diario”, como escribiera López Velarde. En el mirar está el ser, en conocer los mínimos universos que se gestan debajo de los pasos de la poeta para pensar sus propias huellas. Cuenta Dolores Castro:
Para mí, la principal maravilla fue que pudiera escribir poesía. Fui una niña muy inquieta, pero quería saber. Me ponía a ver cómo eran las hormigas, cómo iban todas. Me quedaba pensando, como me habían dicho en la escuela, que los insectos no ven como nosotros. Y si a éstos les dijeran “aquí hay una niña que las está viendo”. Como ellos tienen esa manera de ver, que no es directa, dirían “me están engañando. No existe esa niña”. Y yo decía, “Dios, a lo mejor lo estamos viendo como si fuéramos hormigas. ¿Por qué no creer en él? Y creo que desde entonces, sin ser santurrona, he creído en Dios.9
Ese pensarse como objeto de la contemplación divina marcará la poesía de Castro. En ella, en su poesía, se cumple lo que escribiera Vicente Huidobro: “Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas!/ hacedla florecer en el poema;/ sólo para nosotros/ viven todas las cosas bajo el sol”. Y las rosas de Castro florecen al nombrarlas. En palabras del poeta José Francisco Conde:
[Dolores Castro] afina el oído para conocer la premura del agua, que puede ser lluvia o llovizna, o tormenta o río, aun diluvio. De todas formas, lo primero que se divierte es un sonido que puede anunciarlo todo. Es un espejo sonoro que ofrece la quietud, el remanso o los signos luminosos de la catástrofe; o el delicado puñal del recuerdo y el olvido.10
Y es también el enunciar de Castro un modo de quebrar el viento y la soledumbre de la existencia. El primer poema de Cantares de vela comienza: “A cabezadas rompo este silencio”. Y es una declaración de fe, un ars poetica que, a la manera del autor de Altazor, quiere declarar una verdad, la de la poeta que sabe que escribir poesía es escribir con ella, sin artificios más allá de los que el mismo lenguaje pueda darle. En Cantares de vela los sustantivos que se repiten son “tinieblas”, “muerte”, “noche”, “sequía”, “rota”: que significan un modo de ver el mundo, de estar en él y cuestionarse a sí misma. La poesía de Dolores Castro es breve, contenida y, a la vez, feraz. El poemario, dividido en siete secciones —“Cantar”, “Viento quebrado”, “Viene vibrando como un bosque sombrío”, “Andar”, “Donde crece mi vida”, “Eclipse”, “De la sombra y el fruto”, además del “Epílogo” de Alfredo Cardona Peña— daría paso a un silencio de más de diecisiete años, hasta la publicación de Soles, en 1977, en donde la experiencia da paso a un humor de hechura fina, como en el poema “Intelectuales, S.A.”: “Mientras tú trabajas/ yo pienso por ti”;11 pero siempre con la consciencia del oficio de entretejer un modo personalísimo de mirar la vida.
Dolores Castro, desde entonces, ha publicado, entre otros, la novela La ciudad y el viento (1962), y Qué es lo vivido (1980), Las palabras (1990), Poemas inéditos (1990), No es el amor el vuelo (1992), Tornasol (1997), Sonar en el silencio (2000), Oleaje, (2003), Íntimos huéspedes (2004), Algo le duele al aire (2011), Sombra domesticada (2013), además de su reconocido ensayo Dimensión de la lengua en su función creativa, emotiva y esencial (1989). Su obra se ha erigido entre el rigor y la generosidad, entre el amoroso “rito cotidiano” y el tráfago vital. En las palabras que ha construido con paciencia y lucidez se abriga una parte fundamental de la historia de la poesía mexicana, esas palabras suyas que “ruedan por esa cuesta/ y tratan de ver el sol/ con sus ojos de piedra/ pulimentada”.12
Mujeres con jornadas laborales de 12 horas diarias y salarios precarios, tomaron la decisión exigir derechos laborales para su comunidad: las trabajadoras del hogar. El objetivo llevó a las mujeres a Bogotá, Colombia, donde comenzó el primer Congreso de Trabajadoras del Hogar, del 23 al 30 de marzo de 1988. Esta última fecha fue la elegida para conmemorar el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar.
Tras 34 años del encuentro y la lucha por garantizar mejores condiciones laborales, México aún carece de un marco jurídico que sancione a los empleadores por incumplir con sus responsabilidades, ni siquiera se contempla en la iniciativa que aprobó el Senado, en la que hace obligatorio el acceso al IMSS para las trabajadoras del hogar, con goce de seguro para enfermedades, riesgos de trabajo, maternidad y cesantía. Pero, los principales obstáculos comienzan por los sueldos bajos.
Seguridad social: coartada por la precariedad laboral
El programa piloto de la iniciativa de acceso a la seguridad social, comenzó en abril de 2019; la última modificación a sus requisitos establece una cotización de 20 días con el salario mínimo general para que las trabajadoras del hogar sean beneficiarias del IMSS; sin embargo, a diciembre de 2021, solo 41 mil 300 trabajadoras fueron inscritas al seguro social, de un total de 2.4 millones a nivel nacional.
Detrás de las cifras, hay testimonios sobre cuán costoso es atender una enfermedad en el sector privado: “la última vez que me enfermé, gasté mil 200 pesos”, recuerda Celedonia Lorenzo, trabajadora de 51 años.
La señora Cele, así la llaman sus conocidos, gana 400 pesos por día de trabajo en una casa a la que va solo los miércoles de cada semana. También tiene otro empleo en una oficina, donde labora de lunes a sábado por 350 pesos por día laborado. En ambos trabajos sus jornadas son de 8 horas en un esquema de entrada por salida, sin derecho al IMSS e Infonavit.
En esa misma dinámica de trabajo se encuentra María González, de 51 años, quien prefirió usar ese nombre para proteger su identidad. María tampoco cuenta con seguridad social o algún derecho laboral en ninguna de las tres casas, donde trabaja cuatro horas diarias. En dos hogares, obtiene 350 pesos por día; en la tercera casa, donde acude una vez a la semana, gana 400 pesos.
El salario bajo es una constante en la CDMX y en el interior de la república. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2021, las trabajadoras del hogar ganan 3 mil 300 pesos al mes.
En entrevista con las secretarias generales colegiadas del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar SINACTRAHO, Norma Palacios, Isidra Llanos y María de la Luz, la precariedad laboral es una de sus preocupaciones principales. “En la CDMX encontramos salarios de 200 pesos al día”, comentan las integrantes del SINACTRAHO, quienes visitaron diversos estados, y observaron que en Puebla y Chiapas, “los salarios son de 70 pesos por día”.
Los hallazgos del SINACTRAHO en estos estados, exponen una realidad diferente a lo estipulado por la Comisión de Salarios Mínimo (Conasami), que fijó un sueldo de 187.92 pesos por día y de 260.34 pesos para las trabajadoras del norte. Para las integrantes de SINACTRAHO, los pocos días laborados debajo del mínimo de 20 días cotizados al mes, son las limitaciones. “La mayoría de trabajadoras está en la modalidad de entrada por salida, no cubren 5 o 6 días a la semana”, afirman.
Frente al panorama general de los sueldos bajos, Marcelina Bautista, directora y fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH), explica en entrevista que el CACEH propone salarios justos para que la cotización del IMSS, basada en el salario mínimo general, deje de representar un obstáculo.
Marcelina Bautista, directora y fundadora del Centro de Apoyo y Capacitación para Empleadas del Hogar (CACEH)
En febrero de 2022, el CACEH lanzó los tabuladores de salarios dignos, que aumentan según las cuatro categorías definidas por actividades desde la limpieza general hasta la preparación de alimentos de alta cocina, cuidado de personas enfermas, adultos mayores y niños. El rango de sueldos al día va de los 400 a los 600 pesos.
De acuerdo con Marcelina Bautista, el tabulador fue aprobado por 100 trabajadoras del hogar, con sueldos de 300 a 400 pesos al día, el salario de María y la señora Cele; sin embargo, ambas reconocen que los días laborados se mantienen por debajo de cinco. “Al final, -continúa Marcelina Bautista- los empleadores dicen que no tiene dinero para pagar más”.
Una iniciativa sin sanciones a los empleadores
Los aumentos salariales son un diálogo que nunca concluyen, según la experiencia de María. Ella recuerda un empleo que tuvo de 2014 al 2019, donde su empleadora pagaba de 200 pesos a 220 por día laborado. María pidió un nuevo salario de 300 pesos, por respuesta obtuvo un indefinido “yo te aviso”. Después de algunas semanas, se retomó el tema; la empleadora trató de resolverlo con un sueldo de 250 pesos.
María se negó a aceptar la oferta, y recibió una pregunta que despertó inconformidad, “¿por qué?, estamos pagando bien”. Ella solicitó 300 pesos debido a las tareas que realizaba: lavar vidrios, ropa, cortinas, preparar comida, barrer, trapear, sacudir y tender camas. Su jornada de 9 horas terminaba a las 6 p.m., y volvía a casa con 180 pesos después de tomar los transportes cada lunes y viernes, los días que trabajaba.
Cuando la empleadora de María prometió pagarle 300 pesos, comenzó la pandemia en México. “Yo me enfermé de COVID-19 –cuenta María- así que mis empleadores prefirieron reemplazarme”. La trabajadora decidió renunciar al empleo en julio del 2019, “porque en ningún momento ni antes o después de haberme contagiado de COVID-19, se habló de la posibilidad de inscribirme al IMSS”.
Trabajar sin seguridad social durante décadas es una condición que la señora Cele conoce. “Durante mi tiempo en un empleo que tenía en el Pedregal, donde estuve de 2014 a 2020, comenzó la pandemia, pero no hubo oportunidad de inscribirme al IMSS”, continúa con un tono resignado, “tampoco tengo seguro ni Infonavit en mis empleos actuales”.
Las trasgresiones a los derechos permanecen sin sanciones, pues en el actual dictamen del registro al IMSS aún carece de un sistema de vigilancia para los empleadores. Debido a lo anterior, las secretarias generales colegiadas del SINACTRAHO ven desigualdad en las relaciones empleadores-trabajadoras.
Si bien la reforma es explicita con los requisitos para el acceso a la seguridad social, “se deben diseñar sanciones e inspecciones que respondan a las preguntas: ¿qué pasa si yo como empleador no doy de alta a la trabajadora?, ¿qué pasa si no firmo contrato? A la fecha no pasa nada”, apuntan las integrantes del SINACTRAHO.
Por otro lado, hay avances hacia una regulación justa. La directora del CACEH comenta que desde el inicio de su organización en 2010, se han impulsado iniciativas trascendentales. Comenzaron con una carta de derechos de 12 puntos, con la que el CACEH incidió en la en la reforma a la Ley Federal del Trabajo, para capacitar a las trabajadoras, establecer obligatoriedad en la firma de contratos, seguridad social, vacaciones, aguinaldo, días de descanso y horas extras.
Después de la ratificación en 2020 del convenio 189, que protege los derechos básicos las trabajadoras y los trabajadores del hogar, el CACEH ha organizado campañas para que se cumpla con este convenio que entró en vigor el 3 de julio de 2021. Tras 9 años de lucha, “el trabajo del hogar no se reconoce claramente como un trabajo”, denuncia Bautista.
El camino ha sido duro. Un punto de inflexión fue una demanda en 2016 por parte de una trabajadora del hogar hacia su empleador, el IMSS e Infonavit. El juez no apoyó el caso, “porque no había marco jurídico en el cual se pudiera basar para hacer valer nuestros derechos”, enuncia Bautista el dictamen que incentivó la participación del CACEH con organizaciones civiles.
Una vez que la trabajadora se amparó, la Corte atendió el caso y declaró inconstitucional la resolución inicial e instó al IMSS en 2018 a comenzar con un programa piloto para garantizar los derechos laborales. Estas acciones fueron los antecedentes para que en 2019 se lograra la modificación de la Ley Federal del trabajo, y en consecuencia, la modificación del capítulo 13 en materia de personas trabajadoras del hogar.
Desde entonces, el SINACTRAHO ha fortalecido sus asesorías legales gratuitas, uno de sus programas trascendentes surgido en 2015. Han brindado atención a un total aproximado de 507 casos; 208 convenios fuera de juicio y 80 fueron ratificados en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. Además, se canalizaron 57 demandas y han otorgado más de 242 cálculos de indemnización laboral (vacaciones, prima vacacional, aguinaldo, y solicitudes para la incorporación al IMSS).
Además de las críticas que aún quedan pendientes a la reforma de seguridad social para las trabajadoras del hogar, la indiferencia de los empleadores se suma a los retos que deben ser superados. De acuerdo con el CACEH, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) realizó cinco estudios en los estados donde se concentra el mayor número del sector de trabajadoras del hogar: Jalisco Estado de México, Ciudad de México, Chiapas y Oaxaca.
También se abordó el perfil de las personas empleadoras en estos estados, “y la mayoría tienen los ingresos suficientes para garantizar un salario justo a las trabajadoras”, sintetiza la SINACTRAHO. En cuanto a la evasión de las inscripciones al IMSS, la cifra asciende al 90% a nivel nacional de trabajadoras del hogar en informalidad.
Las secretarias generales colegiadas del SINACTRAHO han concluido en que será necesario contar con un padrón nacional de registro, tanto de empleadores como de trabajadoras del hogar, con el fin de facilitar un monitoreo de los casos en los que haya una trabajadora sin contrato formal ni prestaciones de ley.
La iniciativa de registro al IMSS imposibilita el registro en un padrón, pues excluye a quienes realicen trabajo del hogar de manera esporádica, en escuelas y “otros establecimientos análogos”; es decir, perfiles como el de la señora Cele, no son considerados trabajadoras del hogar. Al respecto, el SINACTRAHO lanza una sentencia para el futuro de estas mujeres: “mientras México no dignifique el trabajo del hogar, será complicado garantizar los derechos laborales”.
Contra la indiferencia y la discriminación
Las campañas del CACEH son diseñadas para fomentar el respeto a los derechos de las trabajadoras. “Hay campañas que dirigimos a las personas empleadoras –menciona Marcelina Bautista-, por ejemplo, El hogar justo hogar”. A través de la campaña, un grupo de empleadores defensores de derechos humanos se sumó al CACEH en la lucha para concientizar a los empleadores.
“Ahora nos sumamos a la campaña Trabajo justo, que otras organizaciones realizan con la ONU mujeres y con la OIT”, retoma la directora del CACEH los esfuerzos que desarrollan junto a más colectivos. Reconoce que aún hay un camino largo hacia los objetivos del CACEH, “pero estamos más allá de cómo empezamos en el 2000”.
La señora Cele trabajó en ese contexto, cuenta que vivó maltratos por parte de su empleadora. “En mi primer empleo –evoca-, me ganó el sueño, y desperté a las 6:30 a.m. La señora se enojó mucho y me comenzó a jalonear”. La señora Cele trató defenderse, “le dije que no debía tratarme así, porque no soy su hija”. Cuando su empleadora la soltó, ella corrió a encerrarse en su cuarto.
La señora Cele llegó desde Oaxaca al entonces Distrito Federal en 1992, encontró empleo de planta como trabajadora del hogar, cuyas funciones exigían cuidar niños mientras hacía limpieza general, en un horario de 6 a.m a 10 p.m. Duró tres años en ese trabajo.
“Tuve que terminar esa relación laboral porque ya no me sentía a gusto después de que me jaloneo”, revive la mala experiencia con una empleadora que agredía a sus propias hijas; una de ellas, desesperada por la violencia, intentó convencer a la señora Cele de llevarla con ella en las ocasiones que viajaba a Oaxaca. La cercanía con los ambientes hostiles volvió a afectar a la señora Cele, esta vez en su último empleo. “Decidí salirme porque me arrojaban las cosas, eso me asustaba”.
En el caso de María, había un comentario que escuchaba a menudo: “ustedes no tienen que llevarse así con ella, porque nada más es la criada”, eso decía la empleadora cada que sus niños eran gentiles con María. Sucedía en su segundo empleo, donde además de realizar limpieza general, también debía trabajar en el departamento de la hija de su empleadora y cuidar a sus dos niñas. En ese entonces, María recibió un pago de 5 mil pesos actuales por ambos trabajos considerado como uno solo.
Los hijos de Rosita, la empleadora de María, la invitaban al parque o a ver televisión, “pero Rosita no aceptaba que me sentara en sus sillones. Me hacía sentir mal”, reconoce María los estragos de un acto clasista.
Bajo la visión del SINACTRAHO, muchas de estas vejaciones también ocurren porque este sector de trabajadoras está conformado por mujeres, en su mayoría. “Del 2.4 millones de trabajadoras del hogar a nivel nacional, el 92% somos mujeres”, clarifican las integrantes SINACTRAHO, quienes consideran imprescindible que las leyes laborales para las trabajadoras del hogar sean escritas con perspectiva de género.
El SINACTRAHO expresa su inquietud al respecto, “pues hay atención limitada y un acceso escaso a los cuidados y enfermedades específicas de las mujeres”. Debido al costo elevado en los tratamientos en el sector salud privado, las trabajadoras deben elegir atenderse, o pagar la renta, o la luz, o la educación de los hijos.
En entrevista con Adelina González Marín, Directora de Promoción de Cultura y No Discriminación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), del 2012 al 2022, se han atendido 28 quejas calificadas como presuntos actos de discriminación. En 22 se encontró una causa en la condición social y cinco en condición de salud.
Adelina González Marín, Directora de Promoción de Cultura y No Discriminación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred)
Además, han registrado 17 quejas que se relacionan con el ámbito laboral, afectando en 25 ocasiones el derecho al trato digno, en 14 al trabajo y en 10 a la vida libre de violencia. González ha observado que la discriminación contra las personas trabajadoras del hogar se encuentra normalizada.
González atribuye este problema a los estereotipos de género y raciales, “pues muchas de ellas son mujeres y niñas indígenas o migrantes”. Para ahondar en la afirmación anterior, González retoma los resultados del Padrón Voluntario de Trabajadoras del Hogar Remuneradas que laboran en Mérida, en el cual se logró la participación de 362 mujeres, y se registró que el 52% de ellas se consideraban parte de un pueblo indígena.
Con el propósito de prevenir la discriminación a las trabajadoras del hogar, la Conapred insta a la sociedad a eliminar los prejuicios de esta actividad relacionados al género femenino, en palabras de González: “todavía se cree que las labores del hogar son tareas mínimas, en su mayoría, realizado por mujeres, porque por ‘genética’, son mejores y lo anterior es falso”.
Uno de los mensajes que la Conapred trasmite, con especial énfasis, es el de la valoración del trabajo doméstico. “Las personas que realizan este trabajo también son profesionales en esas actividades, para que las personas empleadoras puedan desarrollarse en sus otros ámbitos”, agrega González.
Contra la precariedad laboral, el CACEH ha actualizado su plataforma Digna, disponible durante este año para estipular el pago correspondiente a liquidación, aguinaldo, cálculos de finiquito y prima vacacional. Además, la cooperativa Mujeres Sostenibles, conformada por 24 mujeres, busca donativos para financiar el desarrollo integral de las trabajadoras en cinco áreas: cocina, limpieza general, cuidado de adultos mayores y enfermos, atención a mascotas y jardinería.
Existen soluciones que el CACEH y el SINACTRAHO impulsan para que México valore el trabajo del hogar. La atención se centra en la reforma de inscripción obligatoria al IMSS, y las deficiencias han sido señaladas con nuevas propuestas que fortalecerán la iniciativa. Los derechos de las trabajadoras del hogar serán una realidad cuando la sociedad desherede la discriminación hacia ellas, un proceso que inicia con la inscripción al IMSS en línea.