Tierra Adentro
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

U Ka’a-síijil maaiaso’ob

 

.

Utsi’ ile’ex

in yajkunaje’ex…

 

U’uy a wu’uye’ex

u junjumk’ayt’ani’

in ik’ t’aanil:

 

Yakunajil Its,

beet

bey ma’a ta

wu’uyik

u ki’ichkelemk’aayilo’ob

ti’ le ka’ano’obo’,

ba’ale’,

ichi’ a náaye’,

u’uy

a wu’uy

u mina’an xuuli’

t’aan

yéetel

u samalche’e’

junjunabk’uj.

 

..

Yakunaj XTe,

meent

bey

ma’

ta

wilik mixba’al

ichi’ u jiit’ilkáak’nab

ti’ in mina’anilo’obe’,

ba’ale’

ichi’ a

náaye’

utsi’ il

yéetel

ch’ikóol

u

samaljaajil

patjo’oli’

tu sáasili’ ti’ junjunabk’uj.

 

Teech túune’

yajkun

Ab,

meent

bey ma’ ta

t’aan yéetel u ch’e’ench’enkil

ti’ u yéets’t’aanilo’ob áak’abe’,

ba’ale’ ich a náaye’,

t’aanen yéetel jaabe’ensaj t’aan

u pixa’ani’ kili’ich ti’ junjunabk’uj.

 

….

Je’elo’,

teen yakunaj JLi’en,

yaan in beetik bey ma’ tin xíimbale’

ich’ u tu’ubsajil ti’ chéeme’,

ba’ale’, ich in wayak’e’,

bíin xíimbalnaken

ichi’ u samilp’e’ech’ako’ob

ti’ junjunabk’uj

ku binsiko’on

ti’ u ka’apuul kuxtal

ch’i’iba’chíikults’íibil

ti’

éet

ch’i’ibalo’ob

-maaias-.

 

Re-surrección de los maaias

 

.

A ver

mis amores…

 

Escuchen

los sonsonidos1

de mi poesia:

 

Adorada Its2,

haz

como que no

escuchas

las sinfonías

de los cielos,

pero,

en tu sueño,

escucha

atenta

la eterna

voz

y

sonrisa

de dios.

 

..

Amada XTe3,

haz

como

que

no

miras nada

en el tejemar4

de mis ausencias,

pero,

en tu

sueño

mira

con

atención

la

apariencia

creativa

de la luz de dios.

 

Y tú

amado

Ab5,

haz

como que no

hablas con el silencio

de los ecos de la noche,

pero, en tu sueño,

habla con la absoluta voz

del espíritu santo de dios.

 

….

Y,

yo amadísimo JLi’6,

haré como que no camino

en el olvido de la barca,

pero, en mi ensueño,

caminaré

en las huellas

de dios

que nos conduce

a la resurrección

jeroglífica

de

nuestros

ancestros

-maaias7-.

 

Tene’ aj ts’íiben

 

Teen

le yáax máak

ku ts’aikubáaj te’e tu chúumukil

u yiik’ a kuxtalo’,

u xik’naal ik’t’aani’péepen

ken a’alik máaxeni’,

yaan in ja’ajatik in nook’

tak ken p’áatken chaknuuli’

ichil u ts’u’ u tuukul jajaldios,

tumen leti’ wach’k’esik

u juumpatjo’oli’ in wayak’o’ob

tu paach a náayken

tin juunal.

 

Áaktáan u yich yóok’okab

ku xíimbal in xóoxot’ t’aano’ob

utia’al in wa’alik máaxeni’,

je’elena’, chen chan j t’u’ul ts’íiben

ti’ u yokil a wenelo’ob

t múul patjo’oltajo’.

Ka k’ubik a t’aan

ti’ u wayak’ in t’aan,

chan aalak’ máaken

ku bin u xíimbal

tu náaka’ani’ ka’an

yéetel tu jáanpik’e’eni’ k piixanil.

 

Wey yanene’

áaktáan ti’ teech

yéetel áaktáan ti’ u asab wóolisi’ uj.

Bey mixba’alene’

ba’ale’ iik’en

ku samalk’ayik a wóol iik’i’.

 

Yaan k’iine’

paaxilen,

uláak’ k’iine’

boonilen,

yaan k’iino’obe’

báalts’anilen

wa óok’otilen,

ba’ale’ mix bik’iin

ma’a u p’áatal ik’t’aanilen

ku bonik

u neek’ icho’ob

tin wich.

 

Te’e súutuka’ kin wajal

yéetel in ts’unu’unilo’ob

ich in ki’ki’t’aano’ob’ yéetele’

wey tu ts’u wóolkabil lu’uma’

tin iik’ts’íibtinbáaj

yéetel mina’an xuul t’aanilo’ob

ku je’ek’atik u joonaji’

u jaabe’ensajil ti’ in-kuxtali’.

 

Soy creador

 

Soy

la primera persona

que se pone en el centro

de tu universo,

el vuelo de la mariposapoesía8

dirá quién soy,

voy a rasgar mi ropaje

hasta quedarme desnudo

en el interior de la mente de dios,

porque él es quién desata

la creación de mis sueños

de que me sueñas

solo.

 

Frente al ojo del mundo

caminan mis palabras

para decir quién soy,

aquí estoy, solo soy un conejito escribidor

en el principio de tus sueños

que creamos juntos.

Entregas tu palabra

en el sueño de mi voz,

soy el animal humanito

que va caminando

en la cúpula del cielo

con los umbrales de nuestra alma.

 

 

Estoy acá

frente a ti

y frente a la luna más redonda.

Pareciera que no soy nada

pero, soy el aire

que decanta tu respiración.

 

A veces

soy música,

otras veces

soy pintura,

hay veces

que soy teatro

o danza,

pero, nunca

dejo de ser poema

que dibuja

el fruto de las miradas

en mi rostro.

 

Ahora despierto

con mis colibríes

entre mis versos y

aquí en el centro de la tierra

me he poetizado

con tus palabras etéreas

que abren las puertas

de mi in-realidad.

 

Pa’ataj ti’ jats’uts k’u’uk’mel

 

CHICHANCH’ÍICH’kapa’ataj

p’at ten

jump’éel k’u’uk’um

utia’al in ts’íib

ich a jats’uts’ k’u’uk’meli’,

jump’éel k’ayt’aan k’uk’melk’uk’um

ti’ u xik’naal u sojole’i’JAAT

ku ja’aja’atpajal ich u yaal in k’abo’ob.

 

Cita de Plumaje

 

AVEcita

déjame

una pluma

para que escriba

en tu pluma belleza,

una poesía emplumada

al vuelo de las hojasRASCAS

que se deshojan entre mis dedos.


Autores
Nació en Sihó, Yucatán el 23 marzo de 1973. Estudió la Licenciatura en Educación Artística en el Instituto Campechano y la Maestría en Educación Intercultural en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQRoo). Actualmente trabaja como Profesor Investigador de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo y es miembro actual del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA).

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Laura Velázquez

Celebre novela en prensa, tantas veces

prometida que la vez que sale el autor

no le ha jugado un boleto.

Macedonio Fernández

He sido testigo de cómo el final de El club de la pelea altera a las personas. Cuando estudiaba la universidad solía visitar a una amiga que vivía cerca de la casa, quién también era hija única como yo, para echar la plática o pasar las tardes viendo películas; en una de esas ocasiones hurgamos el librero de devedés de su padrastro y encontramos el de la película de David Fincher. Yo la había visto poco tiempo atrás y sentí un arrebato de rebeldía adolescente que, en ese momento, quise compartir con mi amiga. Así que le propuse mirarla. Siempre que veo una película que ya he visto en compañía de alguien que no, me gusta observar sus reacciones: a cómo la trama se iba deslizando a su desenlace, mi amiga se sorprendió de que el protagonista, interpretado por Edward Norton, descubriera que tiene otra personalidad llamada Tyler Durden, interpretada por Brad Pitt, quien el espectador pensó que era un personaje independiente que quería tumbar al Sistema.

Tras el descubrimiento, el protagonista es amordazado y controlado por su personalidad alterna y, para liberarse, acaba disparándose a sí mismo. Entonces, obtiene una herida en la mejilla y el personaje interpretado por Helena Boham Carter se acerca y le pregunta por qué se hirió a sí mismo, a lo que Norton responde que todo estará bien. En ese momento se escucha una explosión. Como los personajes están frente a un ventanal con vista de un valle nocturno que tiene grandes edificios de oficinas, miramos un par de construcciones explotar y colapsar sobre sí mismas. “Me conociste en un momento muy extraño de mi vida”, dice Norton antes de agarrar la mano de Boham Carter y que ambos admiren, en primera fila, el colapso del resto de los edificios del valle empresarial.

Mi amiga se puso a brincar de la emoción. Quería tirar golpes, quería organizarse y hacer explosivos con jabón. Y es que el final de El club de la pelea cumple la función de satisfacer al espectador al proponer que Norton se deshizo de su personalidad parásita, al mismo tiempo que se liberó del sistema que, quizá, la generó en primer lugar.

Sin embargo, la mayoría no conoce el final de la novela. El narrador se queda a la merced de un psiquiátrico, al cual llama el cielo, donde es cuidado por personas que forman parte del proyecto de insurrección planteado en la historia. Es un final más cercano a la literatura clásica como en Crimen y castigo, cuando Dostoyevski se toma la molestia de informarnos que Raskólnikov logra encontrar la sanación al estar internado en Siberia, donde purga sus culpas; o en Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, cuando averiguamos qué ocurre con las hermanas Bennet después de la serie de enredos y problemas en los que se han visto envueltas.

De hecho, en estas semanas, el final original del libro ha llegado a ser más conocido porque, en China, una plataforma de streaming añadió un mensaje final en el que se cuenta que la policía abatió al proyecto de insurrección y encarceló a Tyler Durden para terminar el movimiento de sedición. Como si Tyler Durden, de inicio, pudiera ser encarcelado. Como si su naturaleza no fuera estar, de inicio, encerrado.

Todo esto viene a colación porque Chuck Palahniuk se ha abocado estos años a hacer dos continuaciones de El club de la pelea, en esta ocasión en formato de cómic. En ambos casos se apoyó en los grotescos e inocentes dibujos de Cameron Stewart; así como en las artísticas pinturas de acuarelas que son el sello personal de David Mack para las portadas. La primera, El club de la pelea 2, narra el inevitable regreso de Tyler Durden a la vida del protagonista y de Marla Singer diez años después, cuando son el clásico matrimonio americano que vive en una casa de los coloridos suburbios con un hijo y un perro. Sebastián, que es como ahora se identifica el protagonista, cree tener dormido y amordazado a Durden en el fondo de su mente gracias a la ayuda de su psiquiatra y del medicamento que le receta; pero la realidad es que Marla ha estado cambiando sus medicamentos para que Durden aparezca de vez en cuando y llevárselo a la cama; al mismo tiempo, el psiquiatra de Sebastián es un miembro del proyecto de insurrección quien despierta a Durden durante sus terapias para que siga organizando a las tropas. Hay apariciones extrañas y bizarras tanto de Chloe, la chica con leucemia que solo quiere sexo en la historia original, como de Robert Paulson, una especie de zombie-mastodonte que es utilizado como una fuerza brutal y sobrenatural. En esta historia, las líneas entre ficción y autor se desdibujan y hasta Palahniuk aparece como personaje, formando parte de uno de los grupos de autoayuda, en este caso a través de la escritura, que forman parte del proyecto de insurrección.

Todo en la historia, sin embargo, escala muy rápido y para el cuarto capítulo ya estás viendo ataques políticos, secuestros y personas masacradas, haciendo que las mecánicas de la historia original queden olvidadas con rapidez.

Un poco más cercana la mecánica original de triangulo de personajes, El club de la pelea 3 plantea otro escenario en que, después de los hechos del segundo capítulo. En esta ocasión, Marla está embarazada de Durden y la familia espera que nazca el niño. El proyecto de insurrección original, y otro que Durden ideó después, han sido desarticulados y, para generar avances y sostener a la familia, el protagonista y Tyler Durden tienen que hacer equipo para enfrentarse a una nueva organización secreta abocada al caos a través de un marco de pintura por el cual puede pasarse a un mundo fuera del tiempo, y un virus de transmisión sexual que las personas se van compartiendo (el cómic fue apareciendo ya durante la pandemia).

Aunque las ilustraciones grotescas y sus efectos son disfrutables en el formato –como la sobreposición de imágenes reales sobre la viñeta de cómic, ya sea sangre, moscas u otras cosas–, la realidad es que al final de los dos tomos, uno como lector puede sentirse un poco defraudado. La ilustración a lo Jhonen Vazquez no contrasta con la seriedad que se tenía tanto en el libro original como en la adaptación cinematográfica, todo se enrarece demasiado y no necesariamente para bien. Aunque al inicio la continuación de El club de la pelea pueda emocionar, entre más van ocurriendo cosas que dejan patente lo que en televisión se llama el ‘salto del tiburón’, el lector del cómic puede desmotivarse a continuar con la lectura. Al menos a mí me pasó. De inicio, al no existir un primer cómic de El club de la pelea, los puentes que llevan a la locura y a lo grotesco parecen infranqueables. De pronto esta continuación se vuelve un poco una parodia de lo que una continuación real pudo haber sido como las series de animación noventera que se hicieron de Bettlejuice y de Volver al futuro, al ponerlas a un lado de las películas.

Basten dos ejemplos. Cuando en un giro metaficcional Chuck Palahniuk, en algún punto del segundo tomo, tiene que encontrar un final que salve a los protagonistas del destino apocalíptico que Durden les ha reservado. En ese universo, además, existe la película de David Fincher y se habla de que Tyler Durden no es una personalidad alterna de Sebastián, sino una entidad que tiene cientos de años alterando al mundo y pasando de persona en persona, y que espera pasar (en ese momento de la trama) al hijo del protagonista y a Marla; es decir, Durden pasa de ser un desdoblamiento de personal a transformarse en una entidad mágica y sobrenatural.

Otro. Al no encontrar un escape posible para la trama, Palahniuk es llevado por los fanáticos de la historia (casi todos de la película) hacia el lugar del conflicto quienes quieren motivarlo para encontrar una mejor resolución al conflicto; y entre todos, salvan a los personajes principales. Poco después Tyler Durden, derrocado, se acerca a disparar en la cabeza al novelista de bestsellers. Es decir, Palahniuk como personaje en realidad no tiene ninguna injerencia en la trama.

Si aquella tarde hubieran existido ya las continuaciones de El club de la pelea, y fueran películas, y mi amiga y yo hubiéramos corrido a ponerlas en la pantalla, me pregunto si la emoción de mi amiga hubiera sobrevivido a la primera historia. Quizá si hubiéramos hecho lo contrario (haber visto las continuaciones primero), sí, en la que la película original fuera el cierre final. Pero parece que, como parafraseaba Bolaño, todo lo que comienza como comedia acaba como monólogo cómico, pero ya no nos reímos.


Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.

Ilustrador
Laura Velázquez Hernández
Nacida en la Ciudad de Puebla, México en 1992 Estudió la licenciatura en Diseño gráfico en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, con especialización en Artes permitiéndole así explorar varias disciplinas como la pintura, dibujo, ilustración análoga, digital, y fotografía. Mientras que su contacto con el muralismo llego ya en la etapa laboral, se convirtió poco a poco en una de las actividades que más disfruta y su fuente de trabajo más frecuente.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

   X-uj’unel xoch’1

1           

Ya x-och ta sit jna te xojobal ch’ul jme’tik, ya xlimaj ta spisil yutil na. Bayel keaw ya schiknajik ta pajk’etik, must’mon ya stij sbaik sok te xojobal kantelae. Ya jlam ko’tan, ya jpas tulan ta ma sxi’el ja’nax xlijk ta t’unt’onel te ko’tan k’alal ya xtal ta jol te yok’el te mute te la ka’y ajk’ubey, te ja’ sok ta sab la yich’ ak’el te maksitubel. Ya’tik ayon ta sts’eel te jk’oxe, juchul ta swayib yu’un ya xlaj ta k’ajk’.

Te ajk’ubeye nakalon ta snail we’ibal, yakalon ta sk’utel te slajibal iximetike. Spisilik baemikix a ta xkuxel yo’tanik, yan jtukel jilon slajinel te at’elile. Chajk’chonax te slejch’ul nae yu’un te ik’e, ma’yuk swentail ta jko’tan melel k’aemonix a. Ma xtalix ta jko’tan te binti yakalon ta snopel k’alal, jich bit’il chawuk te ya xlem ta spat witse, te snopibal ku’un tub k’alal la ka’y stojol te ok’ele. La slok’es stuil yik’ te binti k’aemixe. Yakal ta stenbelik ko’tan yilel, wokoltik a jajch’ kich’ te ik’e. La ka’y te alnax ijk’asil la yak’bonik ta jnek’el jich bit’il te jkuchoj anima yaele. Jajch’ spotso bel sba te kak’e, la kich’ pojel a te jk’ope. Kojtaj ta sba na, jich la jnop melel chajletnax k’oel yejk’ech ta slejch’ul nae. .

x-uj’un                                     x-uj’un                                 x-uj’un

uj’un            uj’un                   uj’un                 uj’un

un

K’anta xlok’ bael a te jch’ulele ja’nax te la snit sba tulan ta jbak’etale. Yanyantik te binti och ta snopel ja’uk meto maba ju’ ku’un smakel te yutil jchikine. Manchukme la jmak sok te amajtik jk’abe te sk’ayoje k’axel och ta jchikin. K’axel tulan te yok’ele te maba stak’ ta makel, mak spasel te ma’yuk skuxinel, mak spasel lotil ta yalel te ja’nax chopol jwayich ku’une. Jich la jna’ stojol te jul woklajel ta jtojol, te jo’on te mach’a ya yuts’inix abi te yu’el ajk’ubal te jichnax k’ote.

La jpas tulan ta jajchel jba ja’nax te maba ju’ yu’un te kakane. La ka’y te chukulon ta lum, la ka’y te ch’i yisim te jkakane. Sututetnax k’inal la ka’y a, ta jujun ajk’ ya  spasbon a, ja’to k’alal laj ko’tan ta sch’abel, ma jna’ bit’il la jpas, ja’nax te k’unk’un a tub ta yijk’alul ajk’ubal. Jajch ta tubel te k’ayoje, ja’nax te jil te xiwele, te la spuk sba ta yutil jbak’etal.

Ju’ ku’un jtejk’an jba, la jk’ej te smochil ixime. Lok’on ta snail we’elil, mala kil moel ta ch’ulchan k’alal boon ta jwayibe, ja’ jxioj te yakuk jta jba sok te xoch’e. K’an wayukon  ja’nax yu’un ma och te jwayele, ochem yalel ta jch’ujt te mel o’tane. Ya jts’eanba ta jujun ajk’a, ja ya jnop te bin ut’il ya jkoltay jbae. Nok’olon ta snopel te binti la scholbon te jtate, ja’nax te ch’ayemix ta ko’tan te sk’ope. Jich a k’ax te orae ja’to te sakub k’inale. Te kiname la sna’a te ay bi x-a’an ta ko’tane, ma’ stak’ ma jcholbey te binti la ka’y ta ajk’ubal, jich pajal jajch’ jmeltik te ko’tantike.

 

2

Ma jna’beytik lek sk’oplal te xoch’etike, maba jichik te bit’il ijk’al tokaletik te ya yak’ na’el te le xtalix a te ja’ale, mak te tsajtsajtik ch’ulchan te ya yak’ na’el te leix a te yorail te sike. Mutetik te ma yak’ sbaik ilel, ch’amnax ko’tantik k’alal ya xjulik ta jtojoltik, manchukme yak’olin ko’tantik ta yutil jnatike. Ya kuytik te ma’yuk xkuxinelik, te ma’yuk bin ora ya sle’otike, ma’yuk tuluk mach’a ma ya’ybey te yok’ele. Chapal sk’oplal te yanix jtatik a. U’laetik te ya yijteyik jilel wokolil ta kuxinel. ¿Binti yich’ pasel ta swenta te manchukla xjul ta jtojoltik te binti ya sk’an yak’botik ta na’el? Ma’yuk binti, k’alal la yich’ ayel te sk’ayoje jilix wokolik ta kuxlejal abi. Manchukme ya set’ lok’el schikin ta smakel s-uj’unele te mach’a la ya’ye. te sk’ayoje ya xjil jich bit’il yejtal ejch’enil ta bak’etal: lok’ombail sk’ayoj te ma xtub te ja’ ay ta snujkul jbak’etal ya’tik.

Te lajele ja’ jun chopol ula’ te ya stij te ti’ naetike. Ma stak’ tubel te k’uxul o’tan sok ma’yuk mach’a schajpano sba ta stsikel, manchukme ja’ik te mach’a tulanax yo’tanik. Ma’yuk binti tulanxan ta ya’yel k’alal na’bil te ay mach’a ya sch’ay bael ta k’inalile banti ma’ sujt’ix tale. jich bit’il beomal te ma’yuk sujt tal. Te jkuxlejale ch’ujch’ul ya ka’y k’alal ya jnopilay, ya xkol ta jk’ab. ¿Bin yu’un te ja’ la tsaone? ¿Binti la jpas te ja’ la smujk’teyone? Ma’yuk bin stak’ kal, ja’nax ay bi ya’y te jch’ulele.

Ja’niwan te mel o’tanil ku’un ta stojol te ma’yuk ja’ale. Schebalix u te ma xko junuj t’ul ya’lel te ch’ulchane, ja’ yilel te ilinem yo’tan, jich te ma yak’ ja’e ta sch’ijtesel te binti ts’unojtike. Ya xkaw te lum k’inale, ya xlaj te sbak’ awal ts’unubil sok ya xlaj te jwe’eltike. Ma xtal ta ko’tan tame ay jich k’ax k’aal te bit’iltoe, te chajpix k’aal sok takinax k’inale. Yu’un niwan te xoch’e, awilal yu’un te xiwel ka’ytike, la ya’y stojol te ya jmel ko’tan, jich yu’un la sna’ stojol te oranax ya stak’ uts’inon.

Jichnix ay ja’ mach’a slab yantik ants winiketik. Ja’ tame la sk’atp’o sba talel ta yak’el jilel te wokolil ta stojol te kuts alale, ja’nax te tame jiche ta ora ya jna’tik stojol. Tsailnax te lume, jich’ te oranax ya xk’ot ta jchikintik tame ay mach’a amen ya yil sbaike. Te ya’tike may’uk jajch’em k’op ku’un sok yantie, ma’yuknanix jtao k’op a. Ja’ tame yo’tanuk staon a te xoch’e.

Te xoch’e, kojt mut te stukel ay ta k’inal, muken ya xwil ta ajk’ubal, ma sxi’ wilel ta ajk’ubal melel ja’ schanul. Te tantantik ijk’ sikil skuk’male ya stu’untes swenta smak te mach’a ma’yuk yip, te xiweltik sba, sok te mel o’tantik sba te sch’ulele, k’ax stalel ya ya’y stojol namaltoe, ja’ swejte sba a. K’alal ya ya’y stojole, k’unk’unax ya xwil talel, k’unk’un ya x-uj’un mak k’alal nopolix xtal ya k’atp’o ta jun ta labtaywanej, na’lewanej, uts’inwanej tse’eje. Te lopatik sit xk’eluwan ya snuts te mach’a yan sba yak’bey swokole. Tame la sta te mach’atik ma’yuk yipik sch’ulelike yananix yich’ik uts’inel abi. Te site ya xlaban sbak’etal te mach’a ya spojbey sch’ulele, te skuxlejal ya xbeen ta yan balumilale, tey ya sch’ay sba, ya xk’atp’o sba ta tan.

Te ajk’ubal xoch’ maba pajal sts’umbal sok te yantik te ayik ta sab k’inal. Maba xk’ajin swenta sbujts’nantes k’inal sok schikin te jbeeletike, jich bit’il ya spas te joj mutetik sok te ulich’etike. Te yantik te’eltik mutetik ya sk’ej sbaik, ma sk’an xwilik tey ta sk’inale. Ya yak’ xi’wel, k’uxul, lajel, spajel ip te x-uj’unel xoch’e, ¿mach’a xan jich a te bit’il xoch’e ya yak’ xnijk’ sbak’etal te mach’atik ayik yipik uke? Ma’yuk, jich skuyojik te bit’il ya sjin kuxlejale, te ja’ spoj bael te bin a k’ux yalel ta ko’tantike. Te xoch’e ya sk’ej te sk’ayoje, ya snak’ ta stan, ya slok’es bael ts’in tame la stsak te swe’ele, k’alal te yajwalik k’atinbak ya skoltayik sbolilalik ta stojol te mach’a tsaote, jich bit’il la spasbonike. Ayonix ta k’abal yu’unik abi, maba k’axem ta jol te ya smak jchikin k’alal la ka’ybey stojol a te sk’ayoje.

Ya jnop ta jol te k’alal xmalub te k’inale, te ti’nailetik yu’un k’atinbak la sjam sbaik swenta yich’ik talel koltayel te schanul ajk’ubale. Jich jajch’ wilel te kojt xoch’e. Namal ajk’ a te la ka’y stojole, la stejk’an sba ta sni te’. Te slopikalnax site, ma smuts’iley sok ma stij sba, la sk’eluy spisil te naetik ta lume. La smaliy te spisilik bajt’ik ta wayele. K’unk’un jajch’ bael tubel te k’ajk’etike, ja’ to te cheb oxebxanix tilem jilel a, namal to ayik jich bit’il ya xlemlun te xkukayetike.

Ja’ ts’in bi jajch’ ta sjointeyel te ch’ulchane. La slich te xik’ swenta ya’y stojol a te mach’atik ma’yuk yip sch’ulel sok yakalik mel o’tane. Te muk’ul tsajal sit, jich bit’il yak’lel k’ajk’e, la sk’eluy te sba naetike. Ma yejtal yil a te jkuxineletike melel te schikine ya ya’ybey stojol te smuken k’opik ya xlok’ talel ta ch’abal k’inale. Te jk’op sok te jmel ko’tane la ya’y stojol. Jich la staon leel.

 

3

Spisil te chanetik kuxatik ay snopibal yu’unik sok sk’uxul yo’tanik, jichnix ek te schanul ajk’ubale. Te yo’tane ya xpejk’tsa yip yu’un tame ay bi sta a’yele. Jich bit’il te ik’ ya sjax jpatike tsalalet xbajt’ yu’un te jbak’etaltike. Ma’yuk mach’a xkol a te ay bi ya’y stojol te pumpon te ko’tantike, manchukme lekuk a mak maba lekuk a.

Manchukme chopol te xoch’e, ay yo’tan ta sbak’etal. ¿Banti ay te sk’uxul yo’tan sok sk’unil yo’tan tame ma kich’beytik ta muk’ te stukelteyo sba ta k’inal sok te sbolilal x-ak’ot na’bel sba yu’une? Ya jojk’o, ya jk’an te ay sk’uxul yo’tane, swenta kak’bey sna’ stojol a te jich bit’il ek sok te jo’one ya jxi’tik te lajele, ja’nax yu’un ya jna’tik ts’in te tulnax ya sta leel te binti a xkoltayot yu’une: ja’ te jch’ulele. Maba ja’uk te jnujkulel sok te jbak’etal te ya sk’anbon te xoch’e. ¿Bin stak’xan jpas swenta sujtes ja’ te binti la yak’onix jilel? Ma’yuk bi stak’ix ta pasel.

Jul ta jtojol sna’ojibal te alalon to ae. Ya jnop talel sk’op te jtate. Ya xtal ta ko’tan te malk’aalil a te yakotik ta slatsel te iximetik ta yawile. La yalbon te jun welta k’alal yak ta moel ta ste’el tajetik, la sta sba sok te kojt xoch’e. La xi’ te ay bi xpasbot yu’un a melel la spikbey te specheche. Schebalik mala stak’ stij sbaik. Te xoch’e la sts’ot te sjole, jich bit’il k’a sts’ok lok’el yilel, ja’nax yu’un jip la sts’ot swenta xiwtes a te jtate. Uj’un bel junax wuelta, patil lok’ bael wilel, jich ch’ay ta sit.

Te jtate la skuy te ma’yuk bin xk’ot ta pasele, te ja’nax la ya’y xiwel te yo’tane. Ja’nax yu’un ma jichuk pastaj bi, laj tul tajun te mala jna’bey sbae. Te snopibal yu’un te kuxin talele ja’ te swentail te laj sbankile, ja’ stojol te bit’il la stek’ yan k’inale sok ts’in te xoch’e la yak’ na’el stojol a. Mala scholbey te jmame, la xi’ te yich’ utel a. La xi’bey te yixte’ele. Bayel smul skuchoj te kuxine, la skuy te ja’ lek te jichuk la scholbey jmam te la sta sba sok te mute, te ja’ lekxan te la yich’ t’axel ta majel te sbak’etal, te smaleyel te lajele. Te jtate skuchoj bael te mulil ja’ to te slajibal bael skuxlejal uke, ma’yuk binti la sta bael te cham sbak’etale.

Ya’tik ya jkuch ek te wokolile, ma xnabaj te bin ya jpase. Nameyix k’inal te laj te jpik k’abal ta jlumale. Te jichuke ya sna’bey swenteil bit’il skom te yip te xoch’e. La kuy tame kute ya xkom kal te sk’ayoje, ¡lok’an bael chopol xoch’! ¡K’ejel xbaat sle’el te awe’ele! ¡K’ejelto xba awich’ bael te mel o’tanil ta jlumale!, la kalulebey k’unk’unax.

 

4

K’unk’un jajch’ lok’el talel xojobal sok sk’ixnal te k’aale. Sakub te k’inale jichnix te bit’il yantik k’aale, ma’yuk bi chikan yilel a. Jajch’on ta jwayib, ma’yuk yip la ka’ybey a te sjol kakane. Beenon lok’el, te te’eltik mutetike yakalik ta k’ayoj a sok ya sbujts’nantesik te sab k’inale. La kik’ talel te cha’tul jnich’antak ach’ixetik swenta xjajch’otik ta at’el a. Tulnax te jajche, te jk’oxe wayalto stukel a, spotso sba ta tsotsetik a. Oxtajon bael, k’alal jtije la ka’y stojol te yakal ta lajel ta kajk’. K’ax xiwon a, la ya’y ko’tan maba ja’uk sk’anon a te xoch’e, ja’ te jnich’ane.

Sch’ixil k’aal, mal k’aal sok ajk’ubal way, yak ta ajk’an a jich bit’il ay mach’a yak ta majel yu’un ta yutil sbak’etale. La jpasbeytik yuch’ poxil wamaletik. La kik’tik bael ta snail poxil ja’nax yu’un te poxetik ak’bot maba sch’abtesot yu’un. La jujch’ebeytik pom sok la jkustik ta bij ton mut. Jaxanix te yip ta yutil sbak’etal ya xkoltayot yu’une. Te chamel yich’oje ja te sch’ulele chikan ta ilel yu’un te bit’il xnijk’ te site sok te takinax sti’e, ay bi ya yal ja’nax te ma xkot’ ta ko’tane. Jich bit’il te sch’ulel ya xlok’ bael te k’alal sjik’ yo’tane.

Ayix talel ja’wil te ma jk’ej pox ta jkachu. Ala p’is slamanbon k’inal ka’y te jichuke, mak ch’ay ta ko’tan te sk’op jtate. Mala kalbeyix wokol te witsetike, te be ja’etike. Te bit’il la jlok’es ta ko’tan te sbijile la spijt’eson te yanix sch’ab a te chamele. Ja’niwan te ay jwokole skaj yu’un te ch’ay ta ko’tane. Te bit’il ma’yuk binti stak’ jpas kile ja’ ya yak’ te jk’uxul o’tanile, k’unk’un stakintesbon te ya’lel jsite.

Ya xjajch’ bolobel ko’tan yu’un te xoch’e. Mala stak’ sch’ik sba ochel ta skuxinel jk’oxe. Teme ya sk’an yik’ bael ch’ulel a ja’la sk’an yik’ bael te ku’une, maba skuxinel yan. Jo’on te la ka’ybey stojol te sk’ayoje, ja’la sk’an sk’ases sla’ yo’tan ja’to te la sk’atp’ojon jilel ta anima te jichuke. Maba ka’yoj te la’ o’tanil ta stojol yan, mak ta stojol kojt mut te ya xwil ta ajk’ubal.

 

5

Majman k’opetik ya xjajch ta ayel, yakal ta stulantesel sba, ya xk’atp’o sba ta ok’el te ya yak’ben sk’uxul jbak’etal. Te ajk’ubal k’ot la spas smantal. Ya k’ot ta ko’tan te binti xk’axe jich ta ajk’nax ya xlaj te sbujts’ te k’inale.

 

El ulular del búho

1

La luz de la luna llena entra por la ventana de mi cuarto, se extiende por todo el interior. Varias sombras desconocidas aparecen en las paredes, se mueven al ritmo de la veladora encendida. Mantengo la calma, trato de no asustarme pero mi corazón se agita al recordar el canto luctuoso del ave que anoche escuché y que esta mañana consagró la desgracia. Ahora me encuentro a un lado de mi k’ox2, convalece de fiebre en la cama.

Ayer estaba en la cocina, desgranaba las últimas mazorcas. Todos se habían ido a descansar, pero yo me quedé a terminar el trabajo. El viento sacudía la lámina de la casa, ignoré el ruido porque ya estaba acostumbrado. No recuerdo en qué pensaba cuando, repentinamente, como un rayo que retumba detrás de las montañas, mi pensamiento se diluyó al escuchar el canto. Éste soltó un olor a podredumbre. Era como recibir golpes en el pecho, apenas lograba respirar. Sentí un peso en los hombros como si cargara un cadáver. Mi lengua se entumía, me hallaba despojado de mi voz. Se detuvo arriba de la casa, lo supuse por el chasquido de sus uñas en la lámina.

kuu                                           kuu                                       kuu

u’u              u’u                      u’u             u’u

kuu

 Mi alma parecía desprenderse pero se aferraba a mi cuerpo. Trataba de pensar en cualquier cosa, mas no lograba engañar a mis tímpanos. El canto se hundía en mis oídos aun cuando presionaba mis orejas con mis débiles manos. Era tan penetrante que no había forma de evadirlo, de negar su existencia, de inventar por un momento que era producto de un mal sueño. Supe que la desgracia había llegado, que yo era la siguiente víctima del ser nocturno e inesperado.

Intenté levantarme pero mis pies apenas respondían. Me sentía amarrado al suelo, como si me hubieran crecido raíces. Todo me daba vueltas, se repetía una y otra, y otra y otra vez hasta que al fin, después de rezar sin saber cómo hacerlo, poco a poco se perdía en la penumbra. El canto se alejaba, pero el miedo se quedaba, se impregnaba en cada parte de mi ser.

Logré pararme, guardé la canasta y el maíz. Salí de la cocina y me fui al cuarto sin ver al cielo, temeroso de encontrarme con el ave de la noche. Intenté dormir mas no pude, tenía alojada la preocupación en mi vientre. Me movía de un lado a otro, pensaba en algún remedio. Trataba de recordar lo que alguna vez me contó mi padre, pero olvidé sus palabras. Así pasaron las horas hasta que amaneció. Mi esposa intuía que algo me inquietaba, no podía ocultarle lo que anoche había escuchado. Le conté lo que pasaba, y ambos nos quedamos cabizbajos.

 

2

Poco sabemos de los búhos, no son como las nubes grisáceas que anticipan las lluvias o como los cielos rojizos que anuncian los días de invierno. Son aves impredecibles, nos sorprenden en el momento menos esperado, aun cuando creemos que la felicidad habita en la casa. Vivimos confiados en su inexistencia, que nunca habrán de buscarnos, pero nadie está exento de escuchar su canto. La posibilidad se encuentra siempre presente. Son visitantes que llegan para dejar la desgracia. ¿Qué hacer para impedir su aviso? Nada, una vez escuchado el canto la sentencia está hecha. No importa que la persona se arranque las orejas para silenciar el ulular. El canto se graba como cicatriz en el cuerpo: huella sónica imborrable la que hoy tengo en mi piel.

La muerte será la visitante indeseada que tocará las puertas de la casa. El dolor será inevitable y nadie, incluso el más valiente de todos, está preparado para eso. No hay nada más duro que vivir con la certeza de que alguien pronto se irá para nunca volver. Es como un viaje sin retorno. La vida se vuelve tan diminuta mientras más lo pienso, se me escapa de las manos. ¿Por qué me eligió a mí? ¿Qué habré hecho yo para ser su presa? No tengo una respuesta, solo un presentimiento.

Tal vez se trata de mi angustia ocasionada por la falta de lluvia. Hace dos meses que no cae ni una gota del cielo como si estuviera enojada y nos negara el agua para hacer crecer lo que hemos sembrado. La tierra se agrieta, las semillas se mueren y con ellas nuestro alimento. No recuerdo una época parecida a ésta, de mucho calor y sequía. Seguramente el búho, receptor de los temores, percibió el mío y supo, entonces, que sería fácil de cazarme.

También podría tratarse del lab3 de alguien. Quizá se transformó para arrojar la maldad en mi familia, pero si eso sucediera sería fácil de saberlo. El paraje es pequeño y los rumores corren rápido cuando hay roses entre las personas. Ahora no tengo ningún problema con nadie, en realidad nunca los he tenido. Creo que fue la voluntad del ave nocturna la que me encontró.

El búho, ave solitaria, sigiloso visitante de la noche, vuela sin temerle a la oscuridad porque pertenece a ella. Sus plumas grises y heladas son las redes con las que atrapa a las almas débiles, temerosas y preocupadas, las siente a la distancia, se alimenta de ellas. Al sentirlas se acerca sin hacer el más mínimo ruido, ulula con un tono suave y mientras vuela se transforma en un risa maligna, burlona, pérfida. Su mirada penetrante persigue a su próxima víctima. Una vez que localiza a las almas ya no hay marcha atrás. Sus ojos se clavan en el cuerpo que será desposeído y el único destino que le queda es transformarse en alguien sin vida, divagar en el otro mundo, volverse polvo.

El ave de la noche no es como cualquier otra de la mañana. No canta para armonizar el paisaje ni los oídos de los caminantes, así como lo hacen los zanates y las golondrinas. Incluso las demás aves procuran alejarse, evitan volar en su espacio. El canto estridente del búho deja miedo, dolor, tristeza, muerte y duelo, ¿quién más que el búho tiene la capacidad de hacer temblar hasta los cuerpos más fuertes? Nadie, es para muchos un ser catastrófico, capaz de arrebatarnos lo que más queremos. El búho guarda su canto, lo conserva en su pecho, lo libera cuando atrapa a su presa, cuando los seres del inframundo han decidido soltar su hedor en alguien que para ellos lo merece, tal como lo ha hecho conmigo. Ahora estoy condenado, nunca pensé en la posibilidad de ensordecer por su canto.

Imagino que, al dibujarse la noche en el cielo, las puertas del inframundo se abrieron para liberar a los seres nocturnos. El búho emprendió su vuelo. Poco antes de que lo escuchara, se detuvo en lo alto de un pino. Con sus grandes ojos, inmovilizado y sin parpadear, observó a todas las casas de la comunidad. Esperó a que la mayoría se fuera a dormir. Las luces lentamente se fueron apagando, hasta quedar algunas encendidas, distantes como lo hacen las luciérnagas cuando brillan separadamente.

En ese momento comenzó a dar vueltas en el cielo. Sus alas se extendieron para percibir a las almas preocupadas y frágiles. Sus grandes ojos, como el carbón ardiendo, veían con atención el techo de las casas. No necesitaba ver a las personas porque su oído fino lograba escuchar los murmullos que se liberan en silencio. Mi voz y mi preocupación fueron identificadas. Así me encontró.

 

3

Todas las especies vivas están compuestas de memoria, incluso los seres de la noche. El hecho de que tengan un corazón las hace vulnerables. Es como cuando un suave viento te acaricia la espalda y te eriza la piel. Nadie puede escaparse de la emoción que inevitablemente despierta los latidos contenidos de buenas o malas intenciones.

El búho, pese a ser un ser sombrío, lleva dentro de sí un corazón. ¿Cuál será su parte compasiva y sensible más allá del lado solitario y funesto que lo caracteriza? Me pregunto, tratando de apelar a su parte bondadosa, para hacerle saber que él así como yo le tenemos miedo a la muerte, aunque solo uno de los dos podrá obtener lo que necesita para salvarse: mi alma. No es la piel ni el cuerpo lo que el búho quiere de mí. ¿Cuál será la posibilidad de que él revierta lo ya anunciado? No hay nada más por hacer.

Uno de los recuerdos de mi infancia regresa a bote pronto. Evoco las palabras de mi padre. Recuerdo aquella tarde cuando ordenábamos las mazorcas en la bodega donde las guardábamos. Me decía que una vez, mientras jugaba a trepar los pinos, se encontró frente a frente con un búho. Sintió miedo de que le hiciera algo porque había usurpado su nido. Ambos se quedaron inmovilizados. El búho movió la cabeza, parecía que iba a desnucarse, pero solo la giraba para asustar a mi padre. Ululó una vez y extendió sus alas para nunca más volverlo a ver.

Mi padre pensó que no pasaría nada, que el miedo era lo único que sentiría su corazón. Pero no fue así, a los pocos días falleció un tío que nunca conocí. Vivió pensando que la muerte de su hermano fue el pago por haberse metido donde no debía y que el búho se lo dijo en ese momento. Jamás le contó a mi abuelo por miedo a que fuera a regañarlo. Le temía a su mano dura. Vivió con mucha culpa, pensaba que habría sido importante contarle al abuelo de su encuentro con el ave, que habría sido preferible recibir bofetadas en el cuerpo que recibir el golpe de la muerte. Mi padre cargó con esa pena hasta los últimos días de su existencia, murió sin hallar nunca esa respuesta.

Ahora yo vivo con el mismo pesar y con la incertidumbre de no saber qué hacer. Hace tiempo que falleció el último curandero del paraje. Él habría encontrado un remedio para cortar la fuerza del búho. Pensé que insultándolo iba flaquear su canto, ¡maldito búho, vete de aquí! ¡Vete a buscar tu comida en otra parte! ¡Llévate las desgracias lejos de este paraje!, le decía una y otra vez.

 

4

El sol lentamente comenzó a soltar su luz y su calor. Amaneció como de costumbre, parecía que nada extraño sucedía. Me levanté de la cama, sentí mis rodillas sin fuerzas. Caminé hacia afuera, los pájaros cantaban y armonizaban la mañana. Llamé a mis dos hijas para comenzar con las actividades del día. Sólo una de ellas se levantó, mi k’ox seguía dormida, envuelta en las cobijas. Me acerqué a ella y al intentar despertarla descubrí que su cuerpo ardía. Me asusté como nunca, presentí que el búho no me quería a mí sino a ella.

Toda la mañana, tarde y noche ha estado acostada, soltando gemidos como si alguien la golpeara por dentro. Le preparamos té de manzanilla, de hinojo y ruda. La llevamos a la clínica pero solo le dieron unas pastillas que no le hacen efecto. Le hemos soplado incienso y limpiado con un huevo. Sólo su fuerza interior la salvará. Se trata de una enfermedad del alma, se nota por la forma en que sus ojos tiemblan y porque sus labios secos murmuran algo que no alcanzo a entender. Es como si su esencia se fuera en cada soplo que libera.

Hace tiempo que no guardo pox en mi cuerno de toro. Un sorbo habría calmado mi corazón agitado, pero dejé de creer en las palabras de mi padre. Dejé de rezarle a los cerros, a los ojos de agua. Haber arrancado su conocimiento de mi corazón me despojó de cualquier posibilidad de sanación. Tal vez el olvido es la causa de mi dolor. La impotencia de no saber qué hacer me sacude el corazón, seca lentamente mis ojos.

Comienzo a tenerle un resentimiento profundo al búho. No debía meterse como intruso en la vida de mi pequeña. Si quería llevarse un alma debía ser la mía, no la de otra persona. Fui yo quien escuchó su canto y sobre mí debía vaciar toda su maldad hasta convertirme en un cadáver. Nunca sentí tanto odio por alguien, mucho menos por un ave nocturna.

 

5

Pequeños susurros comienzan a escucharse, se hace cada vez más fuerte, se convierten en llantos incontrolables que desgarran mi carne. La noche al final ha cumplido la sentencia. Descubro lo que pasa e irremediablemente todo pierde sentido.


Autores
(Chiapas, 1990). Es ensayista, documentalista y académico tseltal. Doctor en Ciencias Antropológicas (UAM-I). Becario del FONCA y del PECDA-Chiapas, ambos en dos emisiones. Premio Cátedra Gonzalo Aguirre Beltrán a la Mejor Tesis Doctoral en Antropología Social y Disciplinas afines 2024, y Mención Honorífica de la Cátedra Jan de Vos a Mejor Tesis Doctoral 2025. Ganador del primer lugar en cuento del concurso Universidad es diversidad de la UAM 2021. Obtuvo menciones honoríficas de ensayo en el 53 Concurso Punto de Partida de la UNAM 2022, y en el Concurso de Estudiantes de Post-grado del Congreso ERIP-LACES-Universidad de Stanford 2022. Autor de los libros de ensayo bilingüe, tseltal y español, Te sututet ixtabil. El giro de la pelota (Coneculta, 2020) y Ch’ayet k’inal. Las formas de la ausencia (FCE, 2024).

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

“Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.” 1

​Arranco una hoja de mi cuaderno forrado en verde, el color que, por alguna razón, designa a la materia de español en segundo de primaria. Los bordes irregulares de la hoja que deja el repentino desprender del anillo de plástico: pequeñas manos de papel que quedan separadas por mis ansias de niño de 7 años. Esas mutilaciones acarician el dorso de mi mano derecha cada que termino de escribir una línea. No lleno toda la hoja con texto, dejo un espacio vacío, lo observo con dudas. Entonces, con una crayola roja dibujo parte de lo que los enunciados describen: un par de gemelos, uno sin una pierna izquierda, el otro sin la derecha; ambos gotean sangre. Me asusto con lo que he creado: mi primer cuento.

​Al sonar el timbre de salida, nos arreaban las maestras a esperar debajo de un toldo. Ahí, compañeras y compañeros, aguardábamos a que una de las maestras gritara nuestro nombre y apellido, señal de que ya habían llegado por nosotros. La espera se podía extender hasta los cuarenta minutos, una eternidad para alguien de 7 años. Mis amigos y yo habíamos ideado contarnos historias de terror, inspirados en las lecturas clandestinas de la serie de Escalofríos de R. L. Stine. Aunque, en realidad, lo de clandestinas aplicaba sólo para mí. En mi familia cristiana estaba prohibido leer ese tipo de libros. En contadas ocasiones logré leer uno en su entereza. Mientras mis amigos relataban lo que habían leído en aquellos libros, yo tenía que recurrir a la imaginación. Así nació la historia de los gemelos mutilados que aterrorizaban a toda una escuela.

​Estoy seguro de que la historia no era buena, que recurría a lugares comunes, que tenía más huecos que los exámenes que no sabía responder, y no respeté la ley número V del Decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga (“En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.”), pero, a pesar de todas estas carencias, el cuento me logró asustar. Aquí podría inventarle al lector que la historia también asustó a mis amigos, que esa tarde mi madre recibió una llamada telefónica quejándose de la mente torcida de su hijo, rogando que ya no permitiera que me juntara con su criatura. Pero no, eso no pasó. Lo que sí sucedió fue que no pude dormir por culpa del acoso de aquellos gemelos que mi imaginación creó (pesadillas laberínticas), para mí eso fue más importante, fundamental.

El primer uso del fuego fue egoísta, ya después vendría la fogata comunal, pero en un inicio fue el calorcito que sintió en su piel uno de nuestros antepasados de las cavernas, descubrió que eso que quema también cobija. Antes de ofrecer, de brindar calor, fue necesario el placer individualista. Así con mi cuento, con provocarme emociones con algo que parecía surgir ex nihilo sobre una hoja de papel, lo más cercano a la magia. Y mi primer truco de magia, el primer calorcito de flama que sentí, fue un cuento de terror.

*

“Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandos. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.” 2

​De acuerdo con Stephen King, existen tres niveles en la escritura del miedo: la revulsión (lo asqueroso), aquello que nos hace sentir ñáñaras, un asco que amenaza nuestro bienestar, cucarachas saliendo de los agujeros de un cráneo; el horror (lo sobrenatural), lo que sobrepasa lo racional, los linderos que tenemos como verosímil en nuestra realidad, un fantasma que atraviesa la puerta de nuestra recámara cuando dan las 11 con 11; y el terror (lo sugestionado), cuando nuestra normalidad está ligeramente trastocada, lo suficiente para inquietarnos. La ambigüedad es percibir que en la banqueta todos tienen sombra menos la señora que te sonríe mostrando una dentadura blanquísima.

​En algunos cuentos e imágenes de Horacio Quiroga se explora el tercer nivel del miedo: el terror. Por ejemplo, en El almohadón de plumas, Quiroga ofrece una especie de reinterpretación macabra del clásico de Christian Andersen, La princesa y el guisante. Andersen relata la historia de una princesa que es puesta a prueba por la madre de un príncipe que busca cónyuge. La prueba consiste en colocar un guisante debajo de varios colchones. La princesa, al tener una pésima noche a causa de la incomodidad del guisante, demuestra ser verdaderamente realeza. Quiroga se va por otro lado: una pareja joven de recién casados. La esposa entra en un estado constante de desgaste, de desilusión emocional y física para con su matrimonio, para su nueva realidad, gasta los días recostada en la cama. Al final muere y descubren dentro del almohadón un enorme parásito que se alimentaba de la sangre de la joven. El cuento cierra magistralmente con un párrafo de carácter enciclopédico, expone al lector a la realidad de lo que acaba de leer y anuncia que esos parásitos de aves pueden estar ahora mismo en su cama.

​En la superficie todo es normal, va torciéndose de a poco con la enfermedad inexplicable de la esposa. Y sólo al final del cuento queda revelado el elemento terrorífico, que literalmente estuvo oculto a lo largo de la narración, a pesar de ser la causa de la trama. Lo mismo sucede en La gallina degollada, los cuatro hermanos son inofensivos en su afección física y mental, observan las luces a su alrededor, los rayos de sol sobre los ladrillos del patio. Pasan los días sentados sin hacer mucho, embobados, pero en cuanto los vemos mirar detenidamente cómo la cocinera prepara una gallina la sugestión ha quedado implantada, el terror ha trastocado la normalidad y sólo falta la ejecución. Existe un punto intermedio entre lo que percibimos como seguro y aquello claramente peligroso, este punto se alimenta de la incertidumbre y lo inquietante, no sabemos bien si hay una amenaza: nos sumergimos en lo perturbador.

​Así gasto las noches de mi infancia, embobado en insomnio, mirando la pared, la textura rugosa de la pintura blanca. Mi mirada parece acercarse cada vez más en un efecto de zoom, hasta que se introduce dentro de ranuras, de cuevas microscópicas que siempre han estado ahí, al lado de mi cama, ocultas. Dentro de las cuevas de la pared debo huir de las sombras, de las risas, de las inminentes garras de un ser que jamás logro ver, pero que me acosa durante años.

*

“Todos, sin saber lo que hacían, se habían arrojado al mar, envueltos en el sonambulismo morboso que flotaba en el buque. Cuando uno se tiraba al agua los otros se volvían, momentáneamente preocupados, como si recordaran algo, para olvidarse en seguida. Así habían desaparecido todos, y supongo que lo mismo los del día anterior, y los otros y los de los demás buques.” 3

​Quizá de todas las historias de Horacio Quiroga la más terrorífica fue la de su propia vida. Su padre murió en un accidente de caza cuando Horacio era un bebé de 2 meses, en Salto, Uruguay (1879). Años después, su padrastro sufrió un derrame y quedó parcialmente paralizado, tras esto se suicidó con un balazo justo cuando Horacio, de 13 años, entró a su recámara.

​Dos de sus hermanos murieron de fiebre tifoidea cuando Horacio comenzaba su labor como escritor. En círculos literarios, afianzó una amistad con Federico Ferrando; éste, al recibir críticas negativas de uno de sus libros, le pide ayuda a Horacio para prepararse para un duelo contra el crítico. Horacio, ayudándole a preparar el arma del duelo, accidentalmente la dispara y mata a su amigo de un balazo.

​Tiempo después, ya más consolidado como escritor, Horacio se internó en la intelectualidad argentina. Gracias a un viaje que realizó como fotógrafo con su amigo el escritor Leopoldo Lugones a las ruinas jesuíticas de San Ignacio, Misiones, en la selva, quedó enamorado de la región y terminó por vivir ahí. Mientras construía su hogar, se casó con Ana María Cires, quien nunca logró adaptarse a lo agreste tanto de la zona como de su marido, quien se describió así mismo como hosco y difícil. Tuvieron una hija y un hijo. Finalmente, Ana María se suicidó ingiriendo líquido para revelar fotografías, agonizó durante 8 días.

​Horacio dejó Misiones y regresó a Buenos Aires con su hija e hijo. Tras un par de años, se casó por segunda ocasión, ahora con María Elena Bravo. Con ella tuvo otra hija y regresó a Misiones, ahí Horacio enfermó de la próstata. Y con el tiempo, entre la selva y el mal carácter de su marido, María optó por dejarlo e irse con su hija de vuelta a Buenos Aires.

​En 1937, el escritor decidió buscar ayuda y se internó en un hospital de Buenos Aires: desarrolló cáncer de próstata. Ahí escuchó que hay un paciente secreto, que el personal mantenía oculto: Vicente Batistessa, quien padecía elefantiasis con deformidades similares a las de “El hombre elefante” (retratado en la película homónima de David Lynch). Como el elemento de la sugestión en los cuentos, como lo no-dicho, el relato escondido, subyacente, Vicente habitaba en las oscuridades del hospital. Horacio utilizó su influencia para trasladar a ese hombre a su propia habitación. Así, se desarrolló una amistad, misma que propició un suicidio asistido: el 19 de febrero de 1937, Horacio Quiroga tomó un vaso de agua con cianuro.

​Al año siguiente, su hija mayor se suicidó. Su hijo lo haría 14 años después y su hija menor, en 1988, a los 60 años, se arrojó de una ventana en el noveno piso de un hotel.

*

“…en vez de agotarme en una defensa angustiosa y a toda costa contra lo que sentía, como deben de haber hecho todos, y aun los marineros sin darse cuenta, acepté sencillamente esa muerte hipnótica, como si estuviese anulado ya.” 4

La disonancia cognitiva surge de la confrontación entre dos ideas o actitudes en conflicto, de la sugestión, de la ambigüedad ante una amenaza incierta, poco clara, de ese punto intermedio entre seguridad y peligro. Es lo que nos invade cuando estamos frente a un precipicio y parece que nuestro cuerpo quiere lanzarse al abismo, o peor aún, aventar a alguien más, sin motivo alguno. A esto se le llama “fenómeno del lugar alto”.5La altura nos produce el miedo instintivo a caer, a morir, pero nuestra razón lo confronta constatando la estabilidad del barandal que nos sostiene, que nos pone a salvo. La disonancia ocurre, y para justificar el peligro que parece no estar presente y a la vez sí estarlo, surge la idea de haber querido brincar; esto nos sitúa en una amenaza real que justifica la reacción inicial del miedo.

La proximidad del peligro, pero carente de verdadera amenaza, es lo que nos causa una especie de corto circuito en el instinto, en las reacciones de lucha o huida. En el cuento Los buques suicidantes, Quiroga retoma la historia del buque María Margarita (cuyo nombre real era Mary Celeste), el cual encontraron sin nadie abordo en 1872. Estaba completamente vacío y a la deriva, sin señales de agitación, de tragedia alguna: los utensilios de cocina intactos, una olla con papas hirviendo, el escritorio del capitán con su pluma, tintero y cuaderno; testigos silenciosos del misterio. Esto es verídico, es una incógnita naval que sigue sin resolverse, no obstante, recibió una solución por parte de Quiroga: un personaje expone un caso similar en el que él fue el único sobreviviente. Narró un fenómeno idéntico a la disonancia cognitiva frente al precipicio, pero en los marineros de un barco. Uno tras otro, se echaron al mar sin motivo. Sólo el narrador pudo resistir a ese ímpetu, a ese imán, lo logró tras asumir a la muerte como inevitable.

Me concentro en los aspectos oscuros del escritor y su obra porque fue lo que me llamó, lo que me enganchó cuando tenía 15 años y compré Cuentos de amor de locura y de muerte (de hecho, la mayoría de las ediciones escriben mal el título y ponen la coma que Quiroga expresamente pidió que no se pusiera, mi edición de Editores Mexicanos, S.A. no es la excepción). Fue tal mi gusto por el autor que mi imagen de perfil de Hotmail, y del entonces esencial MSN Messenger (D.E.P.), era una fotografía de Horacio Quiroga, cuyos rasgos físicos a momentos son similares a los míos. Pero, además de esto, ¿por qué me enganchó?

A diferencia suya, en mi adolescencia, la muerte no estaba tan presente, salvo por los fallecimientos de mis abuelas y abuelos. Obviamente tampoco tenía esposa e hijos, ni vivía en la selva, al contrario, en el desierto de Chihuahua. Pero algo en la manera en que sus heridas eran descritas, en su tragedia, en la oscuridad sugerida en sus cuentos, me hizo sentir acompañado. A pesar de no tener un listado de muertes cercanas, de que mis gritos eran mudos, que el dolor era a cuarto cerrado, de que sucedía dentro de las cavernas diminutas de la rugosidad de la pared blanca de mi recámara,para cuando lo leí ya contaba con un intento de suicidio, a los 11 años, en un clóset (nunca he sido bueno haciendo nudos). Y lo volvería a intentar, a los 17, en mi troquita en el Periférico de la Juventud (que desde entonces rompía récords de muertes de jóvenes, dando ironía macabra a su nombre).

No voy a ahondar en este balde de agua fría, ahora sí respetaré al Decálogo de Quiroga en su última ley (“No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia…”). Es la primera vez que expongo esto en público. Lo hago porque me pareció justo responder con sinceridad a la verdadera razón detrás de mi afición por Horacio Quiroga, porque, al fin y al cabo, aquí estoy, escribiendo y con un libro de cuentos a punto de salir de la imprenta.

También hago públicas mis oscuridades porque a laspocas personas que le he contado suelen ser aquellas que también han sufrido algo similar y, sin excepción, cada una sintió compañía, comprensión, lo más necesario en esas circunstancias. Volverlo un tabú jamás ha ayudado a nadie. Además, quizá, leer a Quiroga y saber de su vida horrenda, me ayudó a asumir mi propia muerte, mi propio suicidio a través del escribir. A reconocer la oscuridad, volverme el personaje de Los buques suicidantes, y así vencer la disonancia cognitiva de la sugestión de peligro, del “fenómeno del lugar alto”. De esa ambigüedad que bien me pudo arrojar al precipicio, a las aguas inquietas del mar, dejando a bordo mi escritorio perfectamente ordenado, intacto: mi cuaderno, mi pluma y el libro de cuentos del uruguayo; testigos silenciosos del vértigo.

*

“Ser una extensa florescencia, sin esperar el fruto que será podrido y sin desear la cosecha anterior que está anulada.” 6

Si tú o alguien cercano sufre de depresión e ideas de suicidio, busca ayuda, busca estar acompañado o acude conprofesionales. Estas son cosas que se pueden tratar, si tuvieras cáncer no te avergonzarías de ello, irías a buscar ayuda; aquí es lo mismo. El estigma social y el silencio se vuelven cómplices de las tragedias y el dolor. Las siguientes son líneas de ayuda y atención:

– Línea de la Vida: 01 800 911 2000
– Línea de Prevención del Suicidio: 1 888 628 9454
– Instituto Hispanoamericano de Suicidología, A.C: +525546313300

 

Fuentes citadas:

Quiroga, Horacio. Cuentos de amor, locura y muerte. México, Editores Mexicanos Unidos, S.A, 2005.

Quiroga, Horacio. Diario de viaje a París de Horacio Quiroga. Montevideo, Editorial Número, 1950.


Autores
Licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales. Obtuvo la beca en narrativa de la Fundación para las Letras Mexicanas 2015-2017. Becado por el FONCA Jóvenes Creadores en novela 2017-2018 y por el PECDA de Durango 2018-2019. Ha publicado cuentos y ensayos en Tierra Adentro, Este País y pliego16. En 2020 ganó el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri con su libro La Biblia encarnada (FETA, 2022). Actualmente da clases de filosofía a monjas y es escritor fantasma.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Mucho se ha hablado sobre los grandes referentes que se encargaron de cimentar la República Popular China, establecida en 1949 luego de una campaña expansiva decisiva contra su rival nacionalista encarnada por el partido Kuomintang, el cual a su vez quedaría relegado a la pequeña isla del mar del Este de China que hoy conocemos como Taiwán, ejemplo de un Estado con reconocimiento limitado.

A este respecto, las figuras que vienen inmediatamente a nuestro pensamiento son Mao Tse-tung (1893-1976) y Chiang Kai-Shek (1898-1975), quienes podemos designarlos fácilmente como los arquitectos de dos Estados con proyectos y entramados político sociales muy distintos, sin embargo, para el caso de la primera figura, dado el peso ideológico e histórico, se le atribuyen muchas de las características que hoy posee China como potencia de primer orden en el campo económico mundial, y militar en constante ascenso.

Por otro lado, existe otro personaje que debido a su bajo protagonismo en el campo del culto a la personalidad1 que fue y ha sido acaparado (a excepción de fechas recientes) por Mao Tse-tung, pero, y a raíz del vigésimo quinto aniversario luctuoso de Deng Xiaoping (19-02-1997), queremos establecer en el siguiente escrito una serie de breves puntos que sustentan nuestro título como el arquitecto de la China moderna y no solamente eso, de su éxito y posterior desarrollo como potencia económica mundial.

Antes del liderazgo de Deng: Mao, entre el triunfo político y el fracaso económico

Durante la ocupación japonesa en la Guerra sino-japonesa como conflicto secundario (1937-1945) de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), tanto Mao como otras prominentes figuras del Partido Comunista Chino (PCCh), incluido Deng Xiaoping, se dedicaron a perfeccionar (con ayuda soviética) el Ejército de Liberación Popular, columna vertebral del aparato de defensa estatal de la futura República Popular China (RPCh).

Y de manera paralela, llevaron a cabo largas campañas políticas al interior del territorio que inclinaron el apoyo popular al lado comunista una vez concluida la Segunda Guerra Civil China (1945-1949), y también en parte, por la menor capacidad militar-estratégica y de resistencia contra la invasión japonesa por parte del gobierno encabezado por el Kuomintang.

Toda vez derrotado el bando nacionalista en 1949 y fincado el nuevo gobierno en Beijing encabezado por Mao, era evidente que un nuevo método político administrativo iba a implementarse en todo el país2, empezando por un nuevo proyecto comandado por el PCCh con una visión económica y política fincada en el socialismo estatal planificado por medio de planes de crecimiento de cinco años (quinquenales) y con el objetivo de lograr una autosuficiencia productiva.

Esto último como consecuencia de las divergencias ideológicas de interpretación y de miedo frente a la URSS que se encontraba plenamente industrializada y militarizada a fines de la Segunda Guerra Mundial, y con cuya asistencia había logrado un moderado avance en la economía y la industrialización nacional entre 1953 y 1958, y tras un nuevo involucramiento como polo participante de la Guerra Fría en la Guerra de Corea (1950-1953).

Una de las medidas más notables a este respecto fue la distribución masiva de tierras entre todos los campesinos chinos pero la producción comprada y controlada enteramente por el gobierno central, el cual también se encargó de nacionalizar la industria, los bancos, el comercio y prácticamente abolir todo tipo de propiedad privada3 de acuerdo a los preceptos marxistas y socialistas interpretados de modo especial por Mao4.

Por otro lado, y quizá el primer tope con la realidad frente a la excesiva aplicación ideológica frente a su modificación surgió entre 1958 y 1962, cuando alentado por el éxito del primer plan quinquenal decidió ejecutar un nuevo plan más ambicioso llamado “El Gran Salto” adelante, el cual en términos generales buscaba industrializar plenamente a China por medio de sistemas de comunas, acelerando e intensificando la actividad de la agricultura colectiva y la producción de acero de cualquier tipo para crear las maquinarias necesarias que aseguraran los niveles de industrialización deseados.

Para desgracia de Mao, los planes no resultaron para nada como se esperaba, la intensiva colectivización agrícola y reapropiación de los excedentes por parte del gobierno para coincidir con las altas metas del plan generaron una hambruna en el campo que costó varios millones de vidas. Mientras que en el plano industrial la mala administración y producción de materiales, así como los insumos para producir las máquinas y manufacturas eran insuficientes por lo que tampoco este objetivo pudo cumplirse de manera adecuada.

Ante lo anterior, Mao decidió en un ejercicio curioso de autocrítica hacerse a un lado a frente de la administración gubernamental y ceder el puesto a Liu Shaoqi (1959-1969) como Presidente de China, pero sin renunciar a su control y posición dentro del PCCh, dentro del cual nuevamente comenzó a generar un movimiento que buscaría mayores apoyos dentro de los cuadros principales del partido al igual que responsables por el desastre del Gran Salto Adelante.

Pero antes de ello, entre 1961 y 1965, entre el liderazgo de Liu Shaoqi y una vez más entrando a escena Deng Xiaoping, se ajustaron nuevos planes de crecimiento más acordes con la realidad y las capacidades nacionales que permitieron de nuevo un desarrollo constante sin la necesidad de posiciones extremas que lo comprometieran.

No obstante, con el propósito de ejercer el poder de manera unilateral, en 1966, y ya con apoyos suficientes dentro del partido y con el brazo armado llamado “Guardias Rojos” creado previamente, Mao lanzó la “Revolución Cultural” (1966-1976) con la meta principal de preservar el comunismo en el país por medio de la purga de elementos capitalistas y tradicionales de derecha.

Además del nuevo retroceso económico que resultó la re-aplicación del Maoísmo extremo en la administración estatal productiva, tanto Liu Shaoqi como Deng Xiaoping junto con otros líderes del partido que no comulgaban plenamente con las ideas de Mao fueron degradados a cargos menores, exiliados o asesinados.

De igual forma, en la constante aplicación dogmática del pensamiento Maoísta, diversas escisiones en el partido en las grandes ciudades y en otros territorios derivaron en enfrentamientos armados que tuvieron que ser apaciguados por la intervención directa del ejército, con lo que el coste social del movimiento se elevó.

Un último punto, y quizá uno de los más característicos del periodo, fue la cuasi-deificación de la figura de Mao como lumbrera única del pensamiento socialista chino concentrado en “El Pequeño Libro Rojo”, que resumía los pensamientos a tomar en cuenta de manera tajante por todos los ciudadanos bajo pena de ser denunciados públicamente, agredidos por los Guardias Rojos o simplemente asesinados. Con esto el culto a la personalidad del régimen de Mao Tse-tung alcanzaría niveles nunca vistos.

Sin embargo, en 1971, los alcances extremos del movimiento empezaron a tener resultados más peligrosos para la continuidad en el poder de Mao, pues Lin Biao, nombrado por el primero como su sucesor en cualidad de Vicepresidente de China (1958-1971) organizó un documento que contemplaba un golpe de Estado para asesinar a Mao y hacerse del control del gobierno junto con ciertos líderes del ejército (incluido el hijo de Lin Biao, alto mando militar), pero al descubrirse las intenciones de éstos últimos, escaparon de China en un avión que se estrelló en Mongolia bajo situaciones poco claras.

Aquel incidente, aunado a una salud precaria y edad avanzada, disuadió a Mao para relajar el ritmo de persecución política hacia miembros principales del partido menos afines a la Revolución Cultural, dentro de los cuales se encontraba Deng Xiaoping, que fue incluido como uno de los principales viceministros del gabinete del Primer Ministro Zhou Enlai (1949-1976), quien comenzaría a formar la idea de “Las Cuatro Modernizaciones” (agrícola, industrial, ciencia y tecnología y defensa) que se volverían el eje central del desarrollo económico de amplio éxito encabezado por Deng Xiaoping al tomar el poder como Líder Supremo5 en 1978.

Aunque, al morir Zhou Enlai, nuevas manifestaciones en la Plaza de Tiananmen (también llamado el Incidente de Tiananmen) en Beijing que fueron reprimidas por la “Banda de los Cuatro” (Jiang Qing, Zhang Chunqiao,  Yao Wenyuan y Wang Hongwen), los líderes principales en la elaboración y ejecución de políticas durante la Revolución cultural.

Pero, esto solamente causó mayor indignación y un rechazo acrecentado frente al ambiente de opresión, persecución y poco crecimiento que había significado el movimiento de Mao, el cual vería su terminación con la muerte de este en septiembre de 1976.

Con ello un nuevo periodo de verdadero crecimiento y transformación en China tomaría un curso real y definitivo, el cual hasta la fecha no tiene indicadores de detenerse, pero que sería bien cimentado por Deng Xiaoping, y por el cual le nombramos en este texto, el arquitecto de la China Moderna.

Deng Xiaoping como Líder Supremo, de la apertura a la mesura

Al morir Mao Tse-tung, el heredero directo que ascendió a la presidencia del PCCh fue Hua Guofeng (1976-1981), el cual desde el principio de su mandato buscó obtener apoyo general dentro del partido al remover del poder a la “Banda de los Cuatro” y comenzar un periodo de relajación de la aplicación extrema de las políticas de persecución y pureza ideológica maoísta que caracterizaron a la Revolución Cultural, sin embargo, para 1978, gracias al mayor control y titularidad obtenida como Líder Supremo de la RPCh dentro de los miembros del partido en ese mismo año, Deng Xiaoping logró relegar de facto del proceso de toma de decisiones y de reformas que legalmente debía ejercer Hua Guofeng.

Lo anterior puede explicarse en mayor medida porque la orientación de Guofeng poseía todavía una excesiva esencia ideológica maoísta, y de planeación económica centralizada que chocó de manera frontal con las perspectivas mucho más reformistas de Deng Xiaoping y sus aliados dentro del PCCh, con lo cual se planteó como objetivo primordial dentro del partido la sustitución de la lucha prolongada de clases, por el impulso a las “Cuatro Modernizaciones”6 que insertarían a China a la vuelta de unos años dentro de la dinámica Capitalista mundial de manera altamente satisfactoria.

Es también característico de este periodo los dichos atribuidos a Deng Xiaoping como “buscar la verdad de los hechos” y “no importa el color del gato mientras cace ratones”, con lo cual se mostraba una mentalidad política de alto nivel orientada hacia la economía en vez de la política/ideológica característica del periodo maoísta.

Esto para también definir el éxito de programas estatales-administrativos y por tanto el éxito o fracaso del propio partido, ello también nos indica el alto grado de pragmatismo político que poseía Deng Xiaoping para conducir las riendas de un Estado tan vasto en materia burocrática y económica.

Uno de los primeros pasos aplicado en el terreno agrícola (primera modernización fundamental) fue la reconversión de la colectivización extrema hecha por Mao, las granjas colectivas fueron desmanteladas, y a todos los productores del país les fue permitido producir más por su cuenta sin la confiscación de sus excedentes por parte del gobierno, esto en el sentido de liberalizar este campo o al menos lograr un modelo mixto entre control estatal y privado. De forma alterna, lo mismo se impulsó para la creación de pequeños negocios o empresas que dinamizaran la economía.

En el plano industrial (segunda modernización fundamental), todo el aparato productivo nacional fue migrado del interior del territorio hacia la franja costera, lo cual permitió un rápido crecimiento de aquel sector gracias a la disponibilidad de puertos (el más significativo quizá fue Hong Kong), pero también una reconversión en el tipo de productos ofertados, ya que ello pasó de ser de elementos para consumo interno a bienes de consumo exportables, y así poco a poco el país se transformaba en la “fábrica del mundo”.

Aunado a esto último, el proyecto de reforma económica de Deng Xiaoping también contempló la creación de “Zonas Económicas Especiales” en diversas regiones de la costa china, en la cual se alentó ampliamente la inversión extranjera junto con la participación nacional para la generación de nuevas empresas y negocios, que le imprimió un dinamismo extra a la economía china gracias a la disponibilidad agregada de capital extranjero, y con ello se superaba por completo el modelo maoísta de autosuficiencia7.

Respecto al campo de la Ciencia y la Tecnología (tercera modernización fundamental), el gobierno invirtió fuertes cantidades de recursos para modernizar el sistema educativo y por lo tanto la generación de profesionistas que pudieran incorporarse dentro del sector industrial expansivo, sin embargo los efectos de esta modernización tardarían en surtir efecto en el país.

Esto en gran medida condicionó al aparato productivo nacional a manufacturar bienes a bajo coste de diversas compañías extranjeras, y es así como la frase Made in China comenzó a presentarse cada vez más en productos de diversa índole que no tuvieran un valor agregado tecnológico muy alto, y ello fue desde entonces contemplado por el liderazgo del PCCh, pues ellos deseaban no ser eternamente la “fábrica del mundo”, sino seguir el ejemplo de economías como Japón o Taiwán que habían transitado caminos similares, y en ese momento transitaban a ser potencias de producción de bienes de alto valor agregado (electrónicos de aplicación computacional y tecnología propia en ese rubro entre otros)8.

Aunque, algo digno de mención sobre este campo fue la transformación del sistema de entrada a las universidades, esto por medio de rigurosos exámenes en lugar de su condición de clase, esto en el sentido de solamente obtener a las mejores mentes para formarse profesionalmente, pero de manera más tradicional, se resucitaba el viejo método de ingreso y formación burocrático e intelectual heredado del Confucianismo9.

Otro elemento de reforma digno de mención dentro del sistema político chino fue el proceso de “Desmaoización” iniciado desde 1979, el cual removió gran parte de las estatuas del difunto líder y destruyó buena parte de insignias y condecoraciones que se daban a los ciudadanos10, paradójicamente, también en un ejercicio de autocrítica nunca antes visto, se reconocieron los avances ideológicos y políticos de aquella figura para transformar a China de un antiguo imperio devastado por invasiones extranjeras, a uno con un gobierno central fuerte y una ideología propia fincada en el marxismo, el socialismo y el maoísmo principalmente.

Para dotar de continuidad y vitalidad al aparato burocrático dentro del PCCh, y para cumplir legalmente el principio de gobierno de “Liderazgo Colectivo”, se estableció una nueva constitución en 1978 que limitaba a dos periodos consecutivos de cinco años la titularidad de la presidencia del país, sin embargo, posterior al liderazgo de Deng Xiaoping esta cuestión se volvió fundamental, pues todos las figuras que ocuparon aquel puesto también controlaban el PCCh y el Comité Central Militar, para definirse como verdaderas cabezas del gobierno nacional (y que también explicamos en la nota 5 de este texto).

Los resultados del periodo de reformas comprendidas entre 1978 y 1989-1995 son sorprendentes, en términos globales, la economía china pasó de ser el lugar (por Producto Interno Bruto) 10 en 1980, al lugar 7 en 1990 y para 1995 se encontraba en el lugar 3, justo atrás de Japón y Estados Unidos, lo cual en términos monetarios actuales significa un aumento de 419,000 MDD a 2,254,642 MDD, un crecimiento total de casi cinco veces en un lapso de 17 años.

En términos socioeconómicos, los niveles de pobreza se redujeron, la prosperidad económica impacto en la mayoría de las regiones periféricas costeras del territorio y en las ciudades principalmente, aunque como muchos otros países del bloque socialista11, hacia fines de la década de 1980, los sectores ilustrados y progresistas del país comenzaban a demandar una reforma en el sistema político, que asegurara una mayor participación en la toma de decisiones del gobierno, y una menor censura por parte del gobierno en sectores de medios de comunicación y cultura, lo cual nos llevaría al Segundo Incidente de Tiananmen entre el 15 de abril y el 4 de junio de 1989.

Pero antes de llegar a ello, es preciso hacer un breve recuento de lo que también trajeron las reformas para desembocar en dicho movimiento, pues el mero crecimiento económico parece ser un argumento poco sustancioso.

Como ya mencionamos, el régimen desarrollado por Deng Xiaoping, distó mucho de sus predecesores en términos económicos y políticos, no obstante, esta apertura también se dio en los sectores sociales y culturales, pues se toleró la aparición y publicación de medios de comunicación impresos como periódicos y revistas, también se admitió la traducción de autores occidentales como Nietzsche, Sartre, Kafka y se admitió la escritura propia de libros sobre diversos tópicos impensables para tiempos de la Revolución Cultural como sexualidad, inclusive el gobierno comenzó a invertir en producciones cinematográficas, y en términos más amplios, el país experimentó una explosión de creatividad y exploración intelectual como nunca antes12.

Aquel movimiento de renovación intelectual alcanzó las altas esferas el partido, pues Hu Yaobang (1981-1987) y Zhao Ziyang (1988-1989) ambos Secretarios Generales del PCCh, empezaron a tener cierta afinidad por el movimiento estudiantil surgido en 1986 que abogaba por mayor democracia, rendición de cuentas y libertad de expresión.

Esto evidentemente entró en colisión directa con los preceptos primordiales del gobierno de Deng Xiaoping, especialmente el mandato político único del partido, pues ambos líderes abogaron por una mayor apertura dentro del mismo, por lo cual fueron removidos.

Independientemente de los cambios hechos por Deng Xiaoping en la segunda mitad de la década de 1980, China, al igual que muchos países de orientación Socialista (Rumania, Hungría, Polonia, Checoslovaquia y la República Democrática Alemana), se vieron inmersos en fuertes protestas estudiantiles y populares que acabaron con el mandato único del partido gobernante en cada nación.

Ello fue sin duda tomado con seria preocupación por el liderazgo antes reformista y ahora temeroso de sus resultados político-sociales encabezado por Deng Xiaoping, por lo que en cuanto surgió el movimiento en Tiananmen en 1989, el gobierno hizo todo lo posible para ocultarlo adentro y afuera del territorio, y ante la negativa de los manifestantes luego de casi dos meses ininterrumpidos de protestas en dicha plaza, el ejército recibió la orden de desalojar a cualquier lugar el espacio.

El resultado, por lo que fuentes oficiales y no oficiales cuentan fue violento para ambos lados13, soldados quemados dentro de tanques y vehículos blindados por cócteles molotov, golpeados hasta la muerte en las calles y un número indeterminado de civiles muertos por armas de fuego empleadas por las fuerzas de seguridad.

Ello indiscutiblemente trajo angustia a los cuadros altos del partido y a la sociedad en general, pues muchos esperaban un resurgimiento de los tiempos de la Revolución Cultural, y una involución en términos económicos, políticos y sociales, afortunadamente, el pragmatismo de Deng Xiaoping prevaleció y luego de 1989, se presentaron nuevos reacomodos para preservar la estabilidad política y sobre todo el crecimiento económico sostenido.

Las últimas dos medidas importantes de Deng Xiaoping como líder supremo fueron el nombramiento de Jiang Zemin (1989-2002) como sucesor y posterior Secretario General del PCCh, presidente y titular de la Comisión Central Militar, y con la encomienda fundamental de mantener el ritmo de reforma económica, ello dejaría de llamarse las “Cuatro Modernizaciones” y pasaría a ser el periodo de “Apertura y Reforma” o “Socialismo Económico de Mercado”14.

Por otro lado, en 1992 realizó una gira por todo el sur del territorio para supervisar la implementación de las reformas el mismo, y para comunicar a todos los gobiernos locales civiles y militares que todo funcionario que no se apegara a este programa de desarrollo (reformista económico) sería removido del cargo.

Luego de esta gira de despedida15, Deng Xiaoping fue tomando cada vez menos protagonismo en el proceso de toma de decisiones a alto nivel, dejando bajo total control la continuación del crecimiento de China bajo control de Jiang Zemin, el cual, como veremos en la última parte de este texto sería exponencial, pero nuevas grietas y contradicciones surgirían.

Después de Deng Xiaoping: crecimiento extremo y sus límites

Puesto que no es menester de este trabajo ahondar de manera detallada en el crecimiento económico de China después de la titularidad de Deng Xiaoping como Líder Supremo, solamente mencionaremos algunos puntos positivos y otros negativos, que a nuestro parecer pueden comenzar a limitar los confines de dicho desarrollo vertiginoso experimentado desde principios del Siglo XXI.

Durante las administraciones de Jiang Zemin y Hu Jintao como titulares del tri-polo (PCCh, Presidencia y Comisión Central Militar) de poder estatal chino (1989-2002 y 2002-2012), es necesario decir que el PIB nacional pasó de estar en el lugar 7 en 1990, al segundo lugar en el 2000, lo cual supone una multiplicación de éste de más de 300%, sin embargo, para ese entonces el valor de lo producido por este país era casi tres veces menor al de la potencia dominante del S. XX, EEUU, sin embargo, en 201616 y ya en pleno mandato de Xi Jinping (2012-), el PIB en términos de producción total de ambas naciones sufrió un cambio sin precedentes: por primera vez el nivel chino superaba al estadounidense, y así aquella nación asiática destronaba en términos económicos a la superpotencia dominante de la Guerra Fría.

En términos socioeconómicos, las dos primeras administraciones post-Deng Xiaoping, expandieron enormemente la clase media en el país y ejecutaron políticas de abatimiento a los niveles de pobreza, de tal forma que entre 1990 y 2012, el nivel de personas viviendo con menos de 1.9 dólares al día se redujo de 66.3% del total de la población a solamente el 6.3%17.

Aunque no todo es miel sobre hojuelas, este gran proceso de industrialización y modernización iniciado en 1978, comenzó a mostrar serias contradicciones y problemas no solamente para el país, sino para todo el mundo.

En primer lugar, aquel crecimiento vino de la mano de una multiplicación de tres veces en la cantidad de emisiones de Co2 que el aparato productivo Chino expulsaba a la atmósfera, y que como ya hemos visto, es el principal responsable del cambio climático a nivel global, para dar una perspectiva de ello, entre 1990 y 2017, dicha nación asiática pasó del tercer lugar en nivel de emisiones al primero, y no solamente esto, para fechas recientes, solamente este Estado es responsable del 30% global de aquellas nocivas emisiones para el futuro climático del mundo, y junto con países como Estados Unidos, La UE, y la India abonan a casi el 60% del total.

En segundo lugar, el crecimiento económico también generó serios desbalances sociales, pues con el acelerado crecimiento de toda la franja sureste de China, las ciudades crecieron a un ritmo vertiginoso y el campo cada vez queda relegado en términos de productividad, pues cada vez más personas emigran del campo a la ciudad en busca de mejores oportunidades de vida, lo cual representa un problema serio a futuro para la alimentación del país más poblado del mundo.

En consonancia con lo anterior, la sociedad china parece no molestarle en general, sacrificar libertades políticas mientras el crecimiento económico se mantenga, sin embargo, como hemos visto en innumerables ejemplos históricos, ello no puede durar para siempre, y al llegar a puntos de decrecimiento económico, la inestabilidad política puede explotar de manera cuasi inmediata.

Adicionalmente, la corrupción gubernamental ante la vasta disponibilidad de recursos financieros derivado de la implementación de un modelo de Capitalismo de Estado en China, y de manera más precisa, dentro de los altos cuadros del PCCh, éstos no pudieron ser corregidos durante las administraciones de Zemin y Jintao, llegando incluso este último a argumentar que de no atenderse este grave asunto, ello “podría causar el colapso del partido y del Estado”18.

Conclusión: ¿Xi Jinping será el arquitecto de la China hegemónica universal?

Al asumir la tríada de cargos de poder en 2012, Xi Jinping (1953) propuso como uno de sus objetivos el eliminar la corrupción dentro del gobierno, los resultados, dada la poca transparencia de los organismos gubernamentales no han podido constatarse, sin embargo, ello le sirvió para ejecutar un programa político administrativo totalmente distinto al de todos sus predecesores, pues comenzó una recentralización del poder hacia su persona y rehabilitó ciertas características (imagen, censura y promoción en medios) que hacen recordar mucho a los tiempos del culto a la personalidad de Mao.

Con el crecimiento económico sostenido por más de 30 años, China ha podido comenzar a invertir fuertemente en otros países por medio de la “Iniciativa de la Ruta de la Seda”, que busca generar todo un corredor comercial de infraestructura en Eurasia para facilitar el comercio intercontinental, de igual forma ha expandido sus flujos financieros hacia África, Asia y América Latina, ello con el objetivo de incrementar sus lazos económicos, pero también para proyectar una imagen distinta a la que EEUU hizo durante todo el S. XX, en la cual gravitó entre la ayuda económica y la intervención militar.

Sin embargo, y quizá es una de las características distintivas del régimen de Xi Jinping, China ha comenzado a invertir de manera seria en la modernización y expansión de su aparato militar, incrementando su presupuesto de 150,000 MDD a 250,000 MDD aproximadamente, lo cual nos pudiera indicar que a pesar de las aspiraciones expansivas mundiales del orden económico, comienza a considerar como algo serio su defensa y seguridad nacional.

Finalmente, y creo que es lo más importante y que solamente el tiempo futuro nos podrá aclarar, es que las verdaderas aspiraciones de hegemonía mundial de China no se encuentran del todo definidas, a diferencia de doctrinas como el “Destino Manifiesto” o la pugna Socialismo-Capitalismo de la Guerra Fría que se encontraba nutrida por programas, escritos, y sobre todo, ideólogos que sustentaran élites políticas para ejercer un comportamiento geopolítico determinado como Gran Potencia.

Y esperemos se mantenga así, pues como la historia también nos muestra, las sucesiones de potencias hegemónicas globales jamás se han dado de manera pacífica, pero reitero, al tiempo.

Fuentes Consultadas

  • Worden, Robert L. et.al., China: a country study, Library of Congress- Federal Research Division, EEUU, 1988.
  • Mitter Rana, Modern China; A Very Short Introduction, Oxford University Press, Reino Unido, 2008.
  • Jaivin Linda, The Shortest History of China: From the Ancient Dynasties to a Modern Superpower—A Retelling for Our Times, The Experiment, Estados Unidos, 2021.
  • International Comparison Program, World Bank | World Development Indicators database, World Bank | Eurostat-OECD PPP Programme, GDP, PPP (current international $) – China, United States, Estados Unidos, Banco Mundial, enero de 2020, Dirección URL: https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.PP.CD?locations=CN-US, fecha de consulta: 11 de febrero de 2022.
  • World Bank, Development Research Group. Data are based on primary household survey data obtained from government statistical agencies and World Bank country departments. Data for high-income economies are from the Luxembourg Income Study database, Poverty headcount ratio at $1.90 a day (2011 PPP) (% of population) – China, Estados Unidos, Banco Mundial, enero de 2020, Dirección URL: https://data.worldbank.org/indicator/SI.POV.DDAY?locations=CN, Fecha de consulta: 11 de febrero de 2022.

Autores
Internacionalista por la UNAM-FCPyS. Interesado y en constante estudio de temas del Espacio Post Soviético y Política Internacional.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Pellicer, C., & Zaid, G. (2001). Antología mínima. Fondo de Cultura Económica.

DESEOS

A Salvador Novo

TRÓPICO, para qué me diste
las manos llenas de color.

Todo lo que yo toque
se llenará de sol.

En las tardes sutiles de otras tierras
pasaré con mis ruidos de vidrio tornasol.

Déjame un solo instante
dejar de ser grito y color.

Déjame un solo instante
cambiar de clima el corazón,

beber la penumbra de una cosa desierta,
inclinarme en silencio sobre un remoto balcón,

ahondarme en el manto de pliegues finos,
dispersarme en la orilla de una suave devoción,

acariciar dulcemente las cabelleras lacias
y escribir con un lápiz muy fino mi meditación.

¡Oh, dejar de ser un solo instante
el Ayudante de Campo del sol!

¡Trópico, para qué me diste
las manos llenas de color!

 

SEGADOR

A José Vasconcelos

EL SEGADOR, con pausas de música,
segaba la tarde.
Su hoz es tan fina,
que siega las dulces espigas y siega la tarde.

Segador que en dorados niveles camina
con su ruido afilado,
derrotando las finas alturas de oro
echa abajo también el ocaso.

Segaba las claras espigas.
Su pausa era música.
Su sombra alargaba la tarde.
En los ojos traía un lucero
que a veces
brincaba por todo el paisaje.

La hoz afilada tan fino
segaba lo mismo
la espiga que el último sol de la tarde.

 

RECINTO

II

 

QUE SE CIERRE esa puerta
que no me deja estar a solas con tus besos.
Que se cierre esa puerta
por donde campos, sol y rosas quieren vernos.
Esa puerta por donde
la cal azul de los pilares entra
a mirar como niños maliciosos
la timidez de nuestras dos caricias
que no se dan porque la puerta, abierta…

Por razones serenas
pasamos largo tiempo a puerta abierta.
Y arriesgado es besarse
y oprimirse las manos, ni siquiera
mirarse demasiado, ni siquera
callar en buena lid…

Pero en la noche
la puerta se echa encima de sí misma
y se cierra tan ciega y claramente,
que nos sentimos ya, tú y yo, en campo abierto
escogiendo caricias como joyas
ocultas en las noches con jardines
puestos en las rodillas de los montes,
pero solos, tú y yo.

La mórbida penumbra
enlaza nuestros cuerpos y saquea
mi ternura tesoro,
la fuerza de mis brazos que te agobian
tan dulcemente, el gran beso insaciable
que se bebe a sí mismo
y en su espacio redime
lo pequeño de ilímites distancias…

Dichosa puerta que nos acompañas,
cerrada, en nuestra dicha. Tu obstrucción
es la liberación destas dos cárceles;
la escapatoria de las dos pisadas
idénticas que saltan a la nube
de la que se regresa en la mañana.

 

TEMA PARAUN NOCTURNO

CUANDO HAYAN SALIDO DEL RELOJ todas las hormigas
y se abra —por fin— la puerta de la soledad,
la muerte,
ya no me encontrará.

Me buscará entre los árboles, enloquecidos
por el silencio de una cosa tras otra.
No me hallará en la altiplanicie deshilada
sintiéndola en la fuente de una rosa.

Estoy partiendo el fruto del insomnio
con la mano acuchillada por el azar.
Y la casa está abierta de tal modo,
que la muerte ya no me encontrará.

Y ha de buscarme sobre los árboles y entre las nubes.
(¡Fruto y color la voz encenderá!)
Y no puedo esperarla: tengo cita
con la vida, a las luces de un cantar.

Se oyen pasos —¿muy lejos?…— todavía
hay tiempo de escapar.

Para subir la noche sus luceros,
un hondo son de sombras cayó sobre la mar.

Ya la sangre contra el corazón se estrella.
Anochece tan claro que me puedo desnudar.
Así, cuando la muerte venga a buscarme,
mi ropa solamente encontrará.

31 de octubre de 1946


Autores
Carlos Pellicer (Tabasco, 1897-Ciudad de México, 1977) fue un importante poeta mexicano que perteneció a la generación de los Contemporáneos. Durante sus años de creación lírica fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y obtuvo el Premio Nacional de Literatura. De su autoría del FCE publicado numerosos títulos, entre antologías poéticas, intercambios epistolares, iconografías y libros infantiles.
Retrato de Carlos Pellicer tomado del archivo del Instituto Nacional de Bellas Artes.
Retrato de Carlos Pellicer tomado del archivo del Instituto Nacional de Bellas Artes.

De oro pálido, el alba misiva acogió entre su cetrino continente plumas y pinceles que configuraron la primera modernidad del México del siglo veinte. O para decirlo más claramente: la cerveza Carta Blanca —aquella que por fortuna podemos encontrar todavía en las calles de la Ciudad de México y que con su ligera palidez alivia el desamparo feroz de la cruda—, con la idea de hacerse publicidad, publicó en la década de los treinta el Boletín mensual Carta Blanca, que presentaba la obra de un pintor junto a una nota crítica encomendada a un especialista. Entre las páginas de la publicación, figuraron nombres como los de Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, José Gorostiza, Antonio Castro Leal y Enrique Fernández Ledesma —el de la prodigiosa Galería de fantasmas— y pintores como Roberto Montenegro, David Alfaro Siqueiros, Carlos Mérida y Carlos Orozco Romero; estos últimos figuraron como los directores del folletín. Incluso, Antonin Artaud contribuyó con un par de textos en el poco más de un lustro de vida del Boletín. Entre 1934 y 1939 se editaron alrededor de cincuenta números, y la primera época llevó por nombre “Galería de pintores modernos mexicanos”; la segunda, “El arte en México. Pintura colonial”, y para el tercer año, 1936, anunciaron que:

Hemos tenido tan buena acogida que nos sentimos alentados para proseguir este esfuerzo. Con verdadero placer anunciamos a nuestros lectores que ya está en preparación una nueva serie de Suplementos Artísticos que llevará como título: Boletín Mensual Carta Blanca. El arte en México. La nueva colección se compondrá de 10 reproducciones perfectas (fotografía directa, a colores) de las más bellas obras que existen en nuestro país de los grandes pintores europeos de la época renacentista y posteriores.1

Esta labor editorial y publicitaria se le debe a Salvador Novo quien, a instancias de Villaurrutia, crea la publicación en su faceta como publicista de la cervecería Cuauhtémoc. Si bien Capistrán consigna que el Boletín se hizo cuando Novo era socio de la agencia de Augusto Díaz Riquelme —despacho publicitario que hasta nuestros días se mantiene vigente—, lo cierto es que ésta se crea hasta 1944, años después de que la publicación llegara a su fin. También es necesario destacar que aunque se le da la paternidad de a Novo y a Villaurrutia, la cervecería ya había abierto una galería de arte en la Ciudad de México a principios de la década de los treinta, la Galería Carta Blanca, en la calle de Madero, cuya inauguración estuvo enmarcada con la muestra de ocho pintores —Carlos Mérida, Carlos Orozco Romero, Agustín Lazo, Fermín Revueltas, Jean Charlot, Tamiji Kitagawa, Roberto Montenegro y David Alfaro Siqueiros—, organizada por Carlos Orozco Romero y Carlos Mérida, quienes dos años antes, entre 1929 y 1930, habían estado a cargo de la galería del Teatro Nacional, es decir, el ahora Palacio Bellas Artes.

La caterva de nombres que colaboraron en el Boletín mensual Carta Blanca —reconocibles por lo demás para cualquier lector medianamente atento a la literatura mexicana del siglo pasado— lleva a pensar, de manera inmediata, en dos revistas imprescindibles de nuestra historia: Contemporáneos y Examen, y al fijar la vista en ellas, también es ineludible pensar en el vasconcelismo y su industria cultural, cuya mayor insignia, quizás, sea la edición de aquellos clásicos de pasta verde.

Si se piensa en los inicios del convulso siglo veinte mexicano, en los años posteriores a la Decena Trágica, en el Maximato y en la sangre que se derramó por la silla presidencial —los golpistas y miserables siempre han sido dolorosa parte de nuestra historia—, encontramos que el arte se revolvía febril y encontraba múltiples caminos por los cuales diseminarse. Del nacionalismo que sucedió al porfiriato a la estridencia del grupo formado por quienes hicieron la revista Horizonte y el individualismo del “Grupo sin grupo” se conformaron voces y estéticas que en contrapunto unas con otras dieron vida al arte mexicano; la Guerra Civil Española uniría a escritores de todo el mundo en una lucha antifascista y el nuevo orden que dejaría la Segunda Guerra Mundial terminaría por codificar el convulso medio siglo. Sin embargo, en esas primeras cinco décadas puede encontrarse un hilo conductor: la idea de crear un patrimonio cultural propio, en el que convergieran la “alta cultura” y el “arte popular”; por ello, entre el ritmo de la negritud de Silvestre Revueltas, el “mole de guajalote” de los estridentistas; el arraigambre de la tierra de Carlos Chávez y la microtonalidad de Julián Carrillo, así como el ya citado muralismo y la ruptura de una generación la cultura mexicana, se suscitaron productos culturales que preludiaron el mass media. Como señala Roberto Aceves Ávila:

Para Esther Gabara, un ejemplo emblemático de estos objetos culturales híbridos en los que se combina la reflexión crítica con el uso de las reproducciones fotográficas y el diseño gráfico lo constituye precisamente el Boletín Mensual Carta Blanca. Gabara también ha señalado que en México los movimientos literarios de vanguardia participaron activamente en las versiones tempranas de los medios de comunicación masiva y contribuyeron con ello a la representación de una cultura urbana y nacionalista de masas.2

En medio de estas representaciones, en el tercer año del Boletín, 1937, aparece una nota crítica a la obra Cabeza, de Guido Reni, pintor boloñés del siglo XVII, y que pertenecía a la colección de Genaro Estrada. El autor, quien como Dante estaba “nel mezzo del cammin di nostra vita”, había nacido cuarenta años antes, en San Juan Bautista —hoy Villahermosa—, Tabasco. Hijo del coronel obregonista Carlos Pellicer y de Deifilia Cámara, el poeta Carlos Pelliscer Cámara  se había hecho poeta en 1912, a los quince años, al escuchar al poeta oficial del gobierno maderista, José Santos Chocano:

Chocano llegó invitado por un poeta mediocre, pero hombre de excelentes cualidades, el Vicepresidente Pino Suárez. Escuché al vate peruano de Odas salvajes y de Alma América en dos grandes recitales. En el Teatro Arbeu, cuando fue presentado por ese magnífico orador, el licenciado Jesús Urueta, y poco después, en el Anfiteatro de la Escuela Preparatoria, presentado por don Alfonso Reyes. Aquella noche, Chocano recitó treinta y cuatro poemas. La imagen de América se dibujó en mi alma sacudida por el verbo emotivo y vigoroso de Chocano.3

Ese encuentro marcaría el derrotero de Pellicer, no sólo en el oficio, sino también en su estética. Sus primeros años los vivió en su ciudad natal, la exuberante Villa Hermosa de San Juan Bautista, y la corriente del río Grijalva se quedaría en su pluma, con el cauce resonando en su oído y dejando la impronta de la música del modernismo, de aquella armonía de caprichos que lo haría una voz única y precoz. En 1917, a los veinte años, junto a Luis Enrique Erro y Octavio G. Barreda, funda la revista de breve existencia Gladios:

Somos un grupo de estudiantes jóvenes y artistas que llevamos nuestros corazones rebosantes de ensueños y esperanzas; que consagramos estos momentos de nuestras vidas y los mejores años de nuestra juventud a una labor noble y sacrosanta […] Nosotros aceptaremos todo trabajo literario pues no tenemos bandera que nos señale; se estamparán en nuestras páginas siempre que sean blasones de belleza.4

A esta odisea le sucedería la revista San-ev-ank, de 1918, semanario que llegaría a las veinte ediciones y que junto a Gladios son una muestra temprana de la labor del poeta que compartiría sus estudios de preparatoria con Bernardo Ortiz de Montellano y Jaime Torres Bodet. Sea quizás por la cercanía con estos poetas que se suele identificar a Pellicer, indiscriminadamente, ya sea por ignorancia o pereza, al grupo de Contemporáneos, aunque su discurso intimista y su plástica del paisaje, así como su catolicismo o su evocación del amor ausente, sean más cercanos al citado Chocano, a Leopoldo Lugones, Rubén Darío o a Nervo que al cisne de González Rojo; incluso mostró su descontento a propósito de la Antología de poetas modernos de México, de Jorge Cuesta. Y aun más allá, si Xavier Villaurrutia proclamaba un “viaje alrededor de la alcoba”, como escribiera Xavier de Maistre —el autor de Canto a la primavera no llegaría más allá de New Heaven—, para Pellicer Cámara el mundo no le fue ni tan ancho ni tan ajeno.

Entre 1918 y 1920, Carlos Pellicer fue designado delegado la Federación de Estudiantes Mexicanos, y por ello viajó a Colombia, en donde vivió varios meses, antes de conocer Venezuela y, a su vez, residir ahí. Es en esta época en que el joven poeta decide publicar su primer libro Colores en el mar y otros poemas, de 1921, en donde con una fuerte estética modernista escribe con el asombro en la mirada que no lo abandonará jamás.

El mar a azules ímpetus voltea su engranaje

y el juego de dobleces libérrimo se orea;

el faro como un cíclope deslumbra el homenaje

de un gesto de distancia, plateando la marea.5

En los siguientes años publica Piedra de sacrificios, Odas de junio, 6,7 poemas y Hora y 20, libros necesarios para comprender la poesía pelliceriana y su constante cambio. La búsqueda del vocablo inusitado sin perder la musicalidad modernista son elementos que lo alejan del “paisajismo” en el que se le ha encasillado. A Carlos Pellicer se le tiene que leer siempre con una nueva mirada, con el oído atento y la certeza de que a lo largo de sus seis décadas como poeta nunca se quedó estático.

Nocturno (Fragmento)

No tengo tiempo de mirar las cosas

Como yo lo deseo.

Se me escurren sobre la mirada

Y todo lo que veo

Son esquinas profundas rotuladas con radio

Donde leo la ciudad para no perder tiempo.6

En el talante del poeta confluirían lo mismo el canto general de América de Santos Chocano y el bolivarismo que la fascinación por la División del Norte. Su apoyo decidido al vasconcelismo y a la lucha obrera —sin llamarse por ello socialista—, así como su viaje en 1937 hacia España para participar en el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, junto a artistas como Octavio Paz, Elena Garro, Juan de la Cabada, José Chávez Morado, Silvestre Revueltas, Luisa Vera, Pablo Neruda, Alejo Carpentier, entre muchos otros, forjaron el carácter de Carlos Pellicer, de quien escribe el extraordinario Eliseo Diego:

Siempre recordaré la jovial vitalidad de don Carlos, su porte casi ascéticamente militar, la armonía entre su persona y la arena blanquísima, el agua transparente, el oro y el azul del Caribe, como si la playa hubiera sido hecha para él en previsión de su posible advenimiento. 7

Este recuerdo, escrito a propósito de un viaje a La Habana organizado por la Casa de las Américas para conmemorar el cincuentenario de la muerte de Rubén Darío, tiene también una muestra del temperamento de Carlos Pellicer. Al escuchar diatribas en contra de la estilística del cisne nicaragüense, Eliseo Diego cuenta:

La desdicha me tenía preso en un asiento de las primeras filas.

¿Qué hacer? De pronto sentí a mi espalda un estruendo de sillas apartadas con violencia y me volví para ver la alta figura militar de don Carlos abriéndose paso iracundo hacia la salida. Farfullaba cóleras sofocadas y se le veía ciego y lívido. […] Recordaré siempre con gratitud que don Carlos fuese capaz de verme a través del velo de su ira. “Me marcho”, me dijo. Después de una pausa, mirando a lo lejos, “Estoy harto de sandeces”.8

Si bien Pellicer siguió escribiendo, es con Hora de junio, poemario de una continuidad formal deslumbrante, de 1937 con el que llega a su madurez poética. Con el endecasílabo desenvainado, la comunión de la voz poética con su entorno se desarrolla conforme se avanza en su lectura, como en este fragmento:

Dúos marinos (Fragmento)

 

En una mano tengo el mar de noche.

En otra mano tengo el mar de día.

La angustia de estar solo un solo día

abre los ojos para mí en la noche.

El mar nocturno traigo en una mano.

Premio al número par deste mareo.

La voz a nado sube a su deseo.

El mar diurno en la palma de la mano.

Mar de día y de noche,

abierto de noche y de día,

de perfil y de frente,

sangre al costo, poema y poesía.9

El mar, la voz y la sangre al costo son parte del poeta, que se ha forjado entre múltiples oficios. Su padre, militar retirado, se había mudado con su familia a la colonia Guerrero para abrir una farmacia, pero la sangre castrense siguió corriendo por las venas del hijo. El 5 de febrero de 1930, Pascual Ortiz Rubio, quien había sido declarado vencedor en las elecciones extraordinarias de 1929 sobre el otro candidato, el rector José Vasconcelos, sufrió un atentado, y en represalia, la persecución contra los vasconcelistas se volvió temible. Escribe Pellicer sobre esos años:

Siendo un vasconcelista convencido, decidí abandonar París para venir a luchar, como ciudadano de México, por la candidatura para presidente de la república del licenciado José Vasconcelos. […] El 9 de febrero de 1930 […] fui conducido en una motocicleta con side car a mi prisión e internado en la ‘sala de banderas’, a donde llegaban, momentos después, el general Eulogio Ortiz y el diputado Manuel Riva Palacio. Este último se me acercó melosamente y, palpando una de las solapas del abrigo, dijo: ‘Este es de los finos’. El general Eulogio Ortiz, mirándome duramente, explicó: ‘Usted es el que organizó el complot para asesinar a mis generales Calles y Amaro, así como al licenciado Portes [Gil] y al señor presidente Ortiz. […] Esta noche lo vamos a tronar.10

Se dice que fue la intervención de Genaro Estrada lo que lo salvó de ser fusilado; también se cuenta que entre los reos estaba un jovencito de apenas quince años, que llevaba por nombre José Revueltas, sólo que no había quién hablara por él y lo recluyeron, por vez primera, en las Islas Marías. El Partido Nacional Revolucionario comenzaba así una historia que duraría setenta años de fraudes y matanzas. Tal vez haya sido el recuerdo de esa malograda campaña y los años posteriores de exilio voluntario los que hicieron que, en 1976, un año antes de su muerte, Carlos Pellicer fuera elegido senador por el mismo partido que los persiguió. A propósito, el egregio poeta y traductor Guillermo Fernández, en una plática con Armando Oviedo:

Pellicer tenía ciertos tics dannunzianos, que son los del héroe. […] Se afeitaba la cabeza como D’Annunzio […] Yo mee preguntó por qué chingados aceptó la senaduría. Después de mi regreso a México se lo pregunté: “Maestro, ¿cómo aceptó la senaduría?, y él me dijo: “Profesor, ser senador no es la gran cosa, pero es un poquito de poder” […] Pellicer no se quedaría callado ahora. Escribiría contra el fundamentalismo económico, contras las ivasiones armadas, contra las pruebas nucleares, contra el imperialismo, a favor de los indígenas. […] Se conoce, y está escrito, que detuvieron a Pellicer y a José Carlos Becerra porque andaban repartiendo volantes frente a la embajada norteamericana […] Y tenía más de sesenta años. Estamos ante un hombre en todo el sentido de la palabra.11

El poeta, el hombre, el crítico de arte, el católico, el de los amores secretos compartidos como Villaurrutia, Nandino y Novo publicó más de una cuarentena de libros, algunos antológicos, otros con poemas nuevos mezclados con poemas anteriores. Más de cuatrocientas revistas bajo el brazo. De la “Balada del crepúsculo”, poema escrito en 1912 en una tarjeta postal, a Cuerdas, percusión y aliento, de 1976, Pellicer ahondó en los secretos de la naturaleza interior, del estoicismo franciscano que admiraba, de la verdad del arte y del poema. Escribió lo mismo de pintura que del trópico, del amor y del alma. De aquellas notas perdidas en un pasquín publicitario de una cerveza bienhechora quizás no quede nada, tan sólo un asombro de luz, asaz un asombro de asombros o, como él mismo escribiera en Hora de junio de 1937, “el primero de todos los recuerdos del olvido”.


Autores
Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y 2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, reseña y crítica literaria en Laberinto, Confabulario, Este país, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antologías Cofradía de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entrópico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM.
Portada de Su cuerpo y otras fiestas, Editorial Anagrama

En 2019 una amiga me recomendó Su cuerpo y otras fiestas (2017) y en cuanto tuve la oportunidad, corrí a la librería a buscarlo. Leí la contraportada y pensé que definitivamente se veía como algo que podría gustarme. Lo compré y lo agregué a la pila de libros por leer. Como era de esperarse, lo empecé como un año después. El primer cuento, “The husband stitch” (lo pongo en inglés, no por mamona, sino porque lo leí en inglés y no sé cómo se llaman los cuentos en español, ggg), me dejó impactadísima. Primero me sorprendió lo bella que me pareció la voz narrativa, sus destellos poéticos y carácter envolvente. Luego me perdí totalmente en la historia, tuve que empezar a cruzar las piernas y me arrepentí de estarlo leyendo en el metro (el que entendió, entendió). Solté varias risitas, comencé a inquietarme, se me hizo un nudito en el estómago. El final me golpeó como un piano sobre la cabeza, sentí una mezcla de horror y repulsión, quizá un poquito de miedo. Tuve una pequeña epifanía, después me agüité. Creo que así podría describir mi experiencia completa con el debut de Carmen Maria Machado.

Las anécdotas de la colección de cuentos son… variadas. Melancólicas, a veces macabras o estrafalarias. Un inventario de experiencias sexuales en un mundo apocalíptico; la historia de dos madres que tienen (o no) un bebé; mujeres que se evaporan en el aire y se vuelven espectros; mucho autoodio y cirugía bariátrica; una reinterpretación de la Ley y el Orden (sí, la serie) llena de doppelgängers y niñas fantasmas; una escritora que se está deschavetando; y una chica que escucha los pensamientos de los actores porno. Su cuerpo y otras fiestas es una mezcla extrañísima de cuentos de hadas perversos, distopías sci-fi grotescas, amor que se asoma por las rendijas, fantasmas melancólicos, personajes que te dan muchas ganas de abrazar, sexo, sexo, sexo y revelaciones horrorosas.

Los ocho cuentos de Machado abordan lo que es ser mujer, cuerpo y deseo en un mundo como el nuestro. Cuestiones dolorosas, pues. Es una obra un poco tétrica, divertida, asfixiante por ratos, rabiosa e increíblemente erótica y lacerante que enuncia —y denuncia—, pero que también está llena de ternura.

Tengo que admitir que después de lo intenso que fue el primer relato para mí, los otros siete cuentos me resultaron anticlimáticos en comparación. EN COMPARACIÓN, dije. Mis favoritos fueron “The husband stitch”, “Inventory”, “Mothers”, Eight bites” y “Difficult at parties”. Husmeando por el interné di con algunas críticas (en español) del libro y no me sorprendió verlo englobado en el “new weird” o relacionado con esta corriente de letras latinoamericanas “femeninas” (entre paréntesis porque no estoy en paz con ese adjetivo, nadie dice “literatura masculina”, pero esa es otra historia) que mezclan el terror, lo oscuro, lo escalofriante y lo raro. Su cuerpo y otras fiestas definitivamente comparte estos tópicos (con sus claras diferencias, naturalmente, porque Machado, aunque hija de migrantes, es gringa) y puede dialogar bastante bien con las autoras latinoamericanas.

“Inquietante”, “extraña”, “fantástica” y “perturbadora” son algunas descripciones que se han vuelto populares cuando se habla de cierta literatura, escrita por mujeres latinoamericanas, que ha ido cobrando relevancia a lo largo de ya varias décadas. Horror, erotismo, cuerpo y crueldad son algunos de los temas que más se asocian a esta oleada de narradoras que han partido de los lugares más oscuros y recónditos de la condición humana para hablar, no solo de las implicaciones de las cotidianidades femeninas, sino de realidades torcidas, desdibujadas, a veces quiméricas y perversas, pero que también pueden ser extrañamente luminosas y estar salpicadas de amor.

Terror, ciencia ficción y una atmósfera un tanto siniestra en general pueblan la narrativa breve de estas voces que han sido catalogadas como “new weird” (igual que la prosa de Machado). Se me vienen a la cabeza autoras como Samanta Schweblin, Mariana Enríquez, Liliana Colanzi, Mónica Ojeda, María Fernanda Ampuero, Guadalupe Nettel y, yéndonos mucho (mucho) más atrás, Inés Arredondo, Amparo Dávila, María Luisa Bombal, etc.

Cuando se vive en Latinoamérica (México, en este caso) definitivamente no se puede ser ajena a lo extravagante, a los colores alienígenas que vemos todos los días, a que casi cualquier cosa puede ocurrir en este país surreal y lleno de cadáveres y a una realidad tan profundamente violenta que es casi irreal, valga la redundancia. Muchas veces los géneros ya mencionados se han utilizado para abordar temas como la pobreza, el machismo, el racismo, el clasismo, el crimen, los feminicidios y muchas otras problemáticas particularmente latinoamericanas que están tan normalizadas que ya no nos damos cuenta del todo de lo espeluznantes que son o que vivimos en una distopía horrorosa y que el apocalipsis está a la vuelta de la esquina.

Las autoras del “new weird”, por llamar de alguna manera a esta corriente, retratan mundos internos, emocionales y anímicos increíblemente vastos y complejos desde una mirada no patriarcal y cero condescendiente. En este sentido, los cuentos de Machado me parecen cercanos y atrevidos. Para mí, este libro es como el monstruo de Frankenstein: vísceras y partes sanguinolentas mezcladas con retazos de deseo y una necesidad voraz de intimidad, cariño y sí, sexo salvaje. Una fiesta medio macabra de humor ácido, tristeza, rabia y mucha ternura. Si les gustan los monstruitos, definitivamente deberían leerlo.


Autores
(Ciudad de México, 1997) Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. En 2018 participó en el programa de escritura Elipsis organizado por el British Council y, al año siguiente, fue parte del Women’s Creative Mentorship Project de la Universidad de Iowa. Es autora de Sapos en la lluvia (2021), colección de cuentos publicada por el Fondo de Cultura Económica en colaboración con el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha publicado en revistas como Sin Embargo, Este País, Armas y Letras y la Revista de la Universidad de México. Actualmente es becaria del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca.