(y su playground, la costa central)
Pienso cosas que tal vez ni debo de pensar.
Yo sé que todo trabajo es de honra, pero siempre anhelé no trabajar tan rudo, como en mi país. Uno sembraba la fruta y aprendí todo eso, pero ando lavando platos. Yo tengo esa esperanza, de que si llego a arreglar mis papeles, voy a buscar otro tipo de trabajo, porque es muy pesado trabajar así. Ya son muchos años, casi doce años, trabajando para esa agencia. Y me ha tocado duro, porque empecé en los baños, en los cuartos de los estudiantes, luego sirviendo comida caliente, haciendo ensaladas… va uno aprendiendo de todo, y ahorita estoy de lavaplatos, pero cuando bien les parezca me pasan a cocina.
Cuando tenía quince años, me vine para acá, y ahora tengo treinta, hace quince años. Me trajeron para acá, mi mamá se vino, se casó con una persona que trabaja en el campo, acá estudié High School desde el noveno grado, me gradué. Terminé y ya no quise seguir estudiando, empecé a trabajar en el área de restaurantes, me ofrecieron un trabajo en una gasolinería y empezaba a llegar la gente a preguntarme si no limpiaba yo casas, y así fue como terminé limpiando casas. Fui de un trabajo a otro a otro a otro. Pero desde que tengo quince años limpio, porque mi mamá limpiaba casas. Cuando yo llegué, ella me llevaba con ella a limpiar casas. Por mi cuenta, como cuatro, cinco años.
Tengo dos trabajos, trabajo haciendo la limpieza aquí, y en la ciudad de Monterey, en la noche, después de salir de este trabajo. En la mañana, me levanto a las seis de la mañana para venir aquí, y luego salgo de allá a las once de la noche. Trabajo dieciséis horas al día y me quedan como seis horas de sueño. Al principio no aguantaba, pero luego mi cuerpo se volvió como inmune, y ya no me molesta. Apenas y te puedes imaginar, pero si lo quieres hacer, lo puedes hacer. Al principio pensé que era imposible, trabajar todo el día y solo dormir seis horas, pensé que no iba a poder. Pero si te empujas hasta el límite, puedes hacer todo lo que te propongas.
Trabajo para esta compañía, es una compañía que agarra el mall para limpieza. Doce años, desde que llegué estoy acá, llegué solamente a trabajar. Es mi primer trabajo y el único en el que he trabajado, todo bien, bien. Claro, he visto muchos cambios. El trabajo es el mismo, pero la vida, sí, es difícil.
A veces hago tres casas, a veces dos casas, a veces una. ¡Uy!, ya tengo como treinta y dos años aquí. Tengo tres trabajos: en la mañana limpio casas, luego en la tarde, pues, bueno, ahorita ya no trabajo en un restaurante, pero es porque era demasiado loco, porque estoy haciendo jardines también. Hago jardines, trabajaba en un restaurante y luego en la limpieza de casas.
Soy de México, del estado de… ay, ¡ya hasta se me olvidó!, ¿cómo, si soy mexicana?… de Zacatecas. Soy de Oaxaca, de Pinotepa Nacional, rumbo a Puerto Escondido. De México, de Hidalgo, mi compañera es de Oaxaca. Yo nací en Tulancingo. ¡Qué chiquito es el mundo! Nací en San José, California, en 1993. Me siento viejo, pero la gente siempre me dice que soy joven. Mi madre es Mexicoamericana, mis abuelos maternos son de México, de Jalisco, Guadalajara, aunque yo nunca he ido. Y mi padre es Afroamericano, su familia es del sur, de Alabama, a ellos sí los he visitado, aunque toda mi vida he vivido en California. Yo crecí en un pueblo entre Oaxaca y Veracruz, pero nací, según dicen, en Sinaloa, antes de que me llevaran, y como no fui a la escuela, no hay otra manera de comprobar, no hay manera de que hagan una constancia, un acta de nacimiento, ni nada.
Aquí la vida es muy cara. Aquí casi que con un trabajo uno no gana ni para la renta, ni para la comida. Entonces si quieres, si nomás tienes un trabajo, nada más hasta puedes vivir en un puente, porque nomás ganas para tu comida. Pero si tú tienes dos trabajos, o tres trabajos, pues por lo menos tienes para rentar, pero pues uno nomás renta, como quien dice, nada más para dormir, bañarse y otra vez. Eso es lo único, porque la casa todo el tiempo está sola, todo el tiempo. Tenemos un dicho: “de noche se empreña y de día pare”. Es una adivinanza, ¿cuál es? Es la casa, porque en la noche todos estamos ahí y en el día, nadie está. Por eso es que, ¡ay!, la vida es bien loca.
Estaba tomando un café que sí me daba energía, pero lo dejé de tomar porque me aceleró de más. Mi corazón palpitaba mucho, mi hijo comenzó a leer la etiqueta y me dijo: no es bueno para ti, te puede dar un ataque al corazón. Y pues, me lo recomendó una compañera de trabajo, pero cada organismo es diferente.
Como me estuve enfermando de la presión por tanto estrés, tanta presión y eso, dejé el trabajo del restaurante y ya nada más me dedico a limpiar casas en la mañana y ya en la tarde me voy a hacer jardines y como me gusta lo del jardín ya al final me relaja un poco, pues estoy con las plantas y estoy desestresándome, más tranquilita.
Es lo que me preocupa, las coyunturas. Yo a veces pienso, por lógica, es que agarro demasiada agua caliente, y luego el mismo rato que estoy usando el agua caliente, tengo que usar la fría, porque pues los trastes esos grandes no se puede meter a la máquina. Hay ciertos trastes que sí, otros que no, como vasos platos y cucharas van por la máquina, pero los grandes los lava uno con unos contenedores grandes de diferentes tipos de agua, están muy calientes y tienen un químico muy fuerte, entonces con el tiempo, ya tantos años, yo siento que eso me ha afectado un poco. Le digo, hace como unos seis años, siete, creo, que un doctor de Stanford, fui a la sala de emergencias por un dolor, me dijo que yo tenía fibromialgia y debía tener seguimiento médico. Me dio desinflamatorios, pero ¿cuál seguimiento médico? No, imposible, es muchísimo dinero, entonces yo me lo fui controlando con remedios caseros. A veces no me puedo ni parar de la cama, es algo bien feo, me tumba, me quita energía, cuando me da muy fuerte, no me puedo levantar. Ni moverme para un lado ni para otro, donde me agarre, ahí. Es difícil.
Estuve desempleado por seis meses y me estaba volviendo loco. No me podía quedar en la casa, necesitaba encontrar un trabajo. Hace siete años, mi mejor amigo que trabajaba aquí me recomendó, me dijo que quizás no era el mejor trabajo, pero que te da un salario. Me entrevistaron y le caí bien al jefe y desde entonces trabajo aquí. Y luego cuando nació mi hijo, dije, necesito tener dos trabajos, apenas para sobrevivir aquí, porque todo está demasiado caro y siguen subiendo los precios. Pago renta, un apartamento, un poco más de dos mil dólares. Yo y mi esposa estábamos buscando casa, por aquí, una casa pequeña, pero no bajan de un millón de dólares, es imposible. Los que sí tienen casa, o se los heredan a sus hijos, o tienen trabajos importantes, son policías, jueces, actores. Yo quería ser actor, pero me costaba mucho llorar. Me decían: ¡quiero que llores y estés triste! Y yo no podía. Puedo estar enojado, feliz, pero no soy llorón. Muy rara vez lloro. Hace dos años fue la última vez que lloré, cuando mi papá murió, también de cáncer. Mi padre tenía cincuenta y dos años y mi madre se murió de cáncer cuando tenía treinta y siete. Pienso que fue en gran medida por el estrés. Mi mamá trabajaba en diferentes trabajos, de seguridad, cuando se enfermó, ya dependía del gobierno, y mi padre era mecánico, arreglaba coches. Ellos se separaron cuando yo tenía como tres años. Los estresaban las relaciones que tenían, los problemas, las personas tóxicas con las que tenían que lidiar. Y mi madre era madre soltera, éramos tres hijos de diferentes papás.
No estoy casada, vivo con el papá de mis hijos, tenemos dos niños, un niño de nueve y una niña de siete. Son muy felices, unos niños muy felices. Ellos ya no van a sufrir tanto. En México estudié en escuela de paga, porque mi mamá estaba aquí, de otra manera no hubiera podido. Siempre venir a este país es una cosa buena para las generaciones que vienen. Para la que le toca venir, es muy duro, para mi mamá fue muy duro. Mis hijos ya van a estar bien, en teoría.
Hay muy pocas personas trabajando, muchas personas se fueron recientemente, quedamos como diez u once trabajadores de limpieza en el equipo, y tenemos que encargarnos de ochenta y un edificios aquí, se limpian al menos una vez a la semana si no es que más. Este edificio lo tenemos que acabar como a las tres de la tarde, acabo de sacar toda la basura.
El trabajo ahorita está bien despacio, han sacado a muchísima gente. De hecho, ahorita voy a trabajar en la misma universidad, pero cubriendo a una permanente. Ella pidió sus vacaciones y me llamaron. Pero yo me empiezo a preocupar, porque Stanford ya nos dijo a todos los que vamos de agencia, hicieron una reunión y nos dijeron que van a estar sacando poco a poco a todas las personas que no tienen documentos. Que no lo tomáramos de forma personal o como racismo, pero que las agencias estaban cobrando costos muy altos por empleado y que a ellos no les conviene estar pagando treinta y cinco, cuarenta dólares la hora por uno de agencia, cuando ellos están pagando veinticinco dólares la hora directos y tienen derecho a oculista, a todos los beneficios, vacaciones pagadas y todo. Nos dijeron: con eso de la pandemia, hemos perdido mucho, mucho, dinero, entonces ya no nos conviene estar agarrando personas de agencia, todos trabajan muy bien, y todo el que ya tenga su estatus bien puede aplicar directo, namás nos dicen y les ayudamos. Y han salido un montón ya. Los están sacando porque no tienen documentos legales, entonces, lo sacan a uno que va de agencia a trabajar allí. Nosotros no hacemos trato directo con Stanford. Las agencias están cobrando muy alto, estaban negociando, pero no llegaron a ningún acuerdo, de que Stanford quería pagarle a las agencias veinticinco dólares por empleado y que nos dieran a nosotros veinte. Las agencias quieren más dinero para pagarnos menos a nosotros y ellos quedarse con más. Y como han estado sacando a mucha gente, yo voy viendo que tengo que buscar trabajo en otro lugar. Lo malo es que en otro lugar no creas que te van a pagar veinte dólares. En todo trabajo, es el mínimo, a menos que seas de oficina, te pagarán un poquito más, pero el mínimo está a diecisiete y algo. ¿Tú crees que vamos a sobrevivir cuatro personas pagando una renta de dos mil ciento setenta y cinco dólares con eso?
Pues, no sé si la compañía se queda dinero. Nos pagan a nosotros nomás nuestro salario, por hora, nos pagan el mínimo. No sabría decirte. Pero de que lo hacen, de todos modos uno no sabe nada, no les conviene. No le van a decir a usted. ¡Quién sabe! Nosotros hacemos nuestro trabajo y ya.
Hago mi trabajo, yo cumplo. No sé mis compañeras, cada quien tiene su opinión, antes había más trabajo, ahora está solo el mall, ahorita nomás somos tres, una en la mañana, dos en la tarde, muy poquitas. Todo está muy caro, está muy solo esto. Ya no hay locales, ya no hay trabajo, negocios, la renta está muy cara y no les alcanza y si no viene gente, ¿a quién le venden? Nosotras cumplimos con hacer nuestro trabajo, de hecho habían dicho que iban a cerrar hace un par de años para remodelarlo y arriba para hacer apartamentos, pero siempre no. No hay mucha gente, pues.
Está difícil, cuando no es un obstáculo, es otro, pero algo pasa.
La vida es breve y necesitas disfrutar lo que tienes. Siento que, en la edad en la que estoy, necesito disfrutar más la vida. Mi esposa me dijo el otro día que se sentía como que era una madre soltera, porque no estoy en la casa, casi nunca me ven. Por eso hoy me tomé el día, llamé y dije que estaba enfermo, para disfrutar el día. Y como es viernes, estoy listo para irme a ver una película. Voy a ir con mi esposa, me encanta la ciencia ficción. Mi esposa es maquillista en una tienda. Durante el día, dejamos a mi hijo, tiene tres años, con sus bisabuelos, mis abuelos, o con mi suegra. Y quien salga primero, pasa a recogerlo. No confío en otras personas para que cuiden a mi hijo. Tener un hijo te cambia la vida, te hace crecer muy rápido. A mí me cambió la vida, porque antes yo me metía en muchos problemas.
Ahorita, gracias a Dios fíjese que vendí comida, ayer y hoy, porque la universidad me descansó sábado, domingo, lunes y hoy martes, y nada más voy a ir cuatro días. Está faltándome trabajo, pero como tenía yo ahí un poco ahorrado dije voy a vender algo para sacar algo extra. Así me voy a ir ayudando hasta septiembre, porque está muy despacio.
Nosotros allá en el rancho de mi mamá, cuando mi mamá se separó, porque también se separó de mi papá, cuando ella brincó a la otra ciudad, tuvo que vender comida para sobrevivir. Porque allá se acostumbra, que, si la mujer se va, no recibe ningún tipo de apoyo del hombre de nada. Era una vida difícil. A veces trabajaba en fábricas. De ahí se empezó a poner violenta esa ciudad y se tuvo que retornar para atrás y hasta la fecha ahí está, porque había muchos asaltos.
Y sí, pues si se me ocurre la idea esa de vender. Me dice mi hijo, ¡ay mami!, dice, voy a trabajar duro para ver si te compro un lugar donde puedas vender tu comida, dice, ¡eso te dejaría dinero! Deja dinero la comida, pero es pesado. Y pues ahí ando, echándole ganas, porque estamos sobre la renta otra vez.
Vivimos en tiempos violentos. Así pasa la vida, es muy sorprendente para nosotros, es muy difícil. Yo soy testigo de Jehová. Y la Biblia dice claramente eso, van a ser tiempos difíciles, y me estoy preparando psicológicamente, porque es la realidad, lo estamos viendo. Solamente las personas que no creen o no estudian la Biblia, no ven que en realidad son cosas que tienen que suceder. Muchas personas están buscando donde vivir, de hecho, nosotros tenemos un tiempo en unos apartamentos y ellos quieren que nos vayamos, ya nos pidieron el apartamento. Entonces nos vamos en agosto, porque nos aumentaron el doble de renta. Están pidiendo tres mil dólares. Es mucho, nosotros no podemos. En realidad, no podemos. Tendríamos que trabajar doble turno de trabajo mi esposo y yo para poder sobresalir. Un cambio repentino así, nosotros no podemos. Y veo la violencia en los jóvenes, los niños, tan chiquitos en las escuelas, tantas cosas que han pasado, como balaceras. Ahorita los niños en la pura tecnología. No aprenden valores, aprenden violencia, porque los juegos, los padres, los dejan ahí, más bien para los niños su niñera es el internet. La tecnología, eso es lo que te digo que tristemente es la realidad, los jóvenes de hoy en día, y a veces los padres tienen que trabajar y dejar a sus hijos, es la situación, entonces, pues, de que se están viendo muchas cosas, muchos cambios, pues sí, y aún más lo que falta, lo que viene. Pues no sabemos, muy pronto. Y los gobiernos, prometen, pero no cumplen. Estamos viviendo en este reino, pero anhelamos el otro.
Vivo en el área de Santa Cruz. Es muy caro. Me gusta el trabajo. Y es que depende, aquí el trabjo de limpiar casas es más caro que en otros lugares, pero porque la vida es muy cara aquí también. La paga, se escucha como que es mucho, pero por las rentas y lo caro que está todo. Aquí es imposible la renta.
Pero es muy loco aquí es demasiadísimo caro, yo vivo aquí, en Santa Cruz, por un estudio o un apartamento de una recámara y su salita y cocina y eso, para uno dos mil, dos mil quinientos, para un trabajo nada más, no alcanza para la renta, así que tiene uno que trabajar muy duro, y como yo soy madre soltera, tengo todavía que trabajar más.
Tengo tres hijos. Por eso para todo tengo que sacar para la comida y para todo, porque a mí casi no me gusta pedir ayuda, que diga que ¡ay voy a pedir comida! A mí no me gusta casi, yo les enseño a mis hijas también que cuando uno quiere salir adelante puede luchar uno y así con su frente en alto, nadie tiene que decir ¡ah, porque yo le ayudé! A fuerza de mi trabajo, el orgullo propio. Nosotras de por sí, también nosotras como somos oaxaqueñas, nos gusta ser luchonas, trabajar. Como todas las personas claro, pero nosotras venimos de un estado que es muy difícil también y cuando tenemos la oportunidad de estar aquí y trabajar, luchar duro para salir adelante, pues lo hacemos.
Yo empecé a trabajar desde niña, desde los nueve años, porque mi mamá tuvo catorce hijos y de esos catorce, pues era muy difícil la vida, teníamos que echarle los kilos.
Crecí seis, siete años en San José, hasta la secundaria, cuando me mudé a la costa central, mi mamá se enfermó de cáncer y murió, y yo me quedé con mis abuelos paternos. Ahora estoy casado y tengo un hijo, aunque mi esposa quiere cuatro hijos más.
Mi mami cuando ella se vino, llegó porque mi tía, su hermana, estaba aquí desde hace más tiempo, llegó a Santa Cruz. Yo soy dreamer. Quiero continuar creciendo el negocio, quiero seguir expandiéndolo. Tengo dos chicas que me ayudan, y trabajamos de lunes a viernes, descansamos usualmente sábado y domingo a menos de que, como el día de hoy, salga algo.
Yo pienso mucho en mis hijos, de que pues, en este país, yo no sé… Mi hijo, que tiene ya veintiún años, yo me siento frustrada de mirarlo que él no avanza mucho. Sí tiene trabajo y todo, pero a su edad no tiene un carro, lo que gana pues no es mucho, porque pues está estudiando también y no sé, como que siento que estoy atorada junto con ellos, como que no avanzamos mucho, eso me frustra mucho.
Yo digo: mi salud no está muy bien, y aparte lo que más se me ha venido a la cabeza, es que si a mí me llegan a sacar del país por la razón que sea, ellos no se van a ir, no se van a ir. Y sería una locura intentar volver de manera ilegal, mucha gente lo hace, pero yo siento que yo ya no lo haría, porque ya no tengo la condición de hace veinticinco años, es mucho caminar por lo caliente, desiertos, el cerro, por donde lo pasen a uno, y como tengo asma, sería algo tonto que intentara venir de manera ilegal. Los vería hasta que ellos quisieran ir a verme. El mayor padece de depresión, se recuperó de anorexia, depresión, y la droga. Ya no lo hace, pero tengo que estarlo motivando. Y me agota.
Nosotros nos vamos a mudar a México, ya mis hijos ya casi todos tienen su vida, porque aquí ya no la hacemos aquí, y pues no se puede. Estamos pensando en regresar, a ver qué pasa, ya que lo que digan, en la fecha señalada para salir. Mis hijas están en otros estados, quieren que nos vayamos para allá, en otros lados está el costo de vida mejor. Es lo que estamos planeando, vamos de mal en peor.
He tratado de agarrar apartamento de esos de bajos ingresos, pero aquí todo es los papeles. Si tienes papeles te dan ayuda de muchas maneras. No es gratis lo que dan, pero es menos de lo que cuesta lo real. Una señora dice que ella agarró un apartamento de bajos ingresos por setecientos dólares: empresas muy ricas agarran condominios y para no pagar impuestos, agarran de setecientos apartamentos, unos diez, y se los dan a personas de bajos recursos, es lo que dice ella.
En una situación así está todo el mundo, no nada más yo, sino muchas personas están en lo mismo y a veces peor todavía. Está difícil.
Vivir acá es cada vez más difícil. Estados Unidos, antes era un país próspero, toda la gente que venía aquí se beneficiaba. Es la realidad, era muy diferente. No había tanta violencia y ahorita ya no estás segura en ningún lado. Justamente yo decía, me fui de la violencia en México, y ahorita ya donde quiera. La situación está bien difícil. La violencia está donde quiera que sea, está al orden del día. Ya no eres libre de salir. No sabemos, todos estamos expuestos, cualquier situación, pero la violencia, ahí está. Ya ves, que hasta en los malls hay balaceras. Entonces, esa es la realidad. De que hay cambios, hay cambios y sigue habiendo. Y van a seguir, no sabemos cuánto duremos acá, va a haber más cambios, todo está subiendo.
Yo soy de la mentalidad de que tenemos que adaptarnos a vivir con lo que tengamos, porque no te puedes frustrar por decir yo quiero tener lo que tiene mi amigo. La vida es simple, nosotros la hacemos difícil, yo ya me adapté al nuevo lugar que estoy, no es un lugar como el que teníamos, pero no estamos en la calle, tenemos donde llegar y bañarnos, donde comer, eso es más que suficiente. Pero si nos ponemos a querer algo que es imposible por la situación económica, eso nomás nos va a traer más frustración y angustia.
Quizás lo peor que he escuchado es algo que le pasó a mi supervisora, alguien se enojó con ella, y le dijo: al final del día no eres nada, porque solo vas a ser una conserje por el resto de tu vida.
Y ser conserje, no es fácil, apenas lo estoy pensando, pero no es fácil, siempre tienes que estar de pie y listo para moverte, a lo siguiente. No estás en un solo lugar todo el día y siento que nos imponen mucha presión, porque constantemente nos monitorean, los de arriba. Si no hacemos algo correctamente, le dicen a la supervisora y ella nos regaña a nosotros. Y a veces hay algunas personas con las que te topas que te ven y solo piensan que eres un conserje, y te dicen: ¡ten, aquí está mi basura! Y no te ven, no te dicen ni hola. Y aquí como hay personas de diferentes culturas, algunas culturas nos ven como de clase baja. Y otros nos tratan como seres humanos, nos preguntan ¿cómo estás? Algunos son muy amigables. Un día estaba en un edificio en el que le pregunté a una señora ¿necesita que vacíe su basura? Y sin verme, ni decirme absolutamente nada, me la aventó al piso. Ni gracias ni nada. Eso no me molesta, porque yo sé quién soy como persona: soy humilde, soy trabajador. Hago lo que tengo que hacer para mantenerme y para mantener a mi familia.
Hay personas buenas y hay personas malas. Hay personas que quieren que la gente por una miseria de dinero haga cosas que no. Pero hay personas, casi la mayoría de las personas a las que yo les limpio su casa, que son bien buenas personas. Pero hay otras que también son bien negreras. Negreras, decimos, verdad, pero es porque son bien como, por decir así, si me pagan a veinte o treinta dólares la hora, quieren que haga un montón de cosas y que haga el trabajo rápido. Pero ahí voy.
Mi trabajo me gusta. Conozco mucha gente nueva, por lo regular todos nuestros clientes son personas de buen corazón, muy generosos, aprendo muchas cosas porque trabajo con todo tipo de gente, desde personas que han trabajado en un banco y que han hecho lo que yo estoy haciendo, hasta personas que trabajan en la NASA, en Intel, o en Google. Conozco, eso me gusta, mucho tipo de gente. Y la otra cosa es que puedo ayudar a personas a tener una mejor calidad de vida porque ellos no tienen que preocuparse por tener su casa limpia, y eso pienso que en la vida de las personas es una cosa buena: tener su casa limpia. Los ayuda de muchas maneras. Eso es lo que me gusta, ayudar a las personas y conocer mucho tipo de personas.
Mi trabajo significa: trabajo en equipo y responsabilidad. Trabajar junto con otras personas. Y hacer un trabajo que casi nadie quiere hacer, porque las personas en general no quieren limpiar lo que deja otra persona o las tazas de baño sucias. Al principio era difícil, pero conforme seguía en el trabajo, ya me dejó de importar. Solo hago mi trabajo. Cuando veo a los inmigrantes trabajando bajo el sol, en los campos de alrededor en Watsonville o en Salinas. Casi ninguna persona quiere hacer eso, yo incluso no creo que podría estar bajo ese sol inclemente, me desmayaría.
En este trabajo, trabajo con personas con discapacidades, pero yo no tengo una discapacidad, solo necesitaban gente. He aprendido mucho trabajando con personas con discapacidades, es muy diferente. Me sale de manera natural relacionarme con ellos, y como yo soy extrovertido, empiezo a platicar con ellos. Hay algunos que no pueden leer, y a otros les cuesta comprender, les tienes que repetir lo que tienen que hacer varias veces, requiere mucha paciencia y hay que alentarlos. No importa quién seas, en este mundo tenemos que vivir juntos. Veo gente peleando en la televisión, discriminación, guerra, y pienso: todos nos odiamos, pero ¿para qué? Yo los quiero a todos, soy ese tipo de hombre. Me di cuenta hablando con todo tipo de personas, de diferentes culturas y yo los quiero a todos. No podría dañar a alguien solo por cómo se ven.
Lo mejor que me ha pasado es que me reconozcan por ser buen trabajador, alguien que viene a trabajar contento y que trata a los demás con respeto, sin importar quien seas. Ese es el mejor reconocimiento para mí.
A veces tienes que hacer lo que tienes que hacer.
[Esta crónica está escrita enteramente con sus voces, las voces de quienes tienen como profesión limpiar. Le debo todo a Cristina, Jarold, Génesis, María y Laura, quienes me permitieron tomar sus voces para ensamblar esta polifonía que representa una mínima parte de las historias de quienes se encargan de mantener con dignidad y limpieza una zona de los Estados Unidos que produce y gana más dinero per cápita que países enteros. Es un lugar a veces invivible, dado el costo de vida, las rentas, el costo de la comida y sostén de una familia. Rara vez se reconoce lo que aportan los inmigrantes y trabajadores por salarios mínimos. Muchos de ellos no tienen documentos legales o, papeles, como dicen ellos. La mayoría de ellas vienen de América Latina y muchísimas de mi propio país. Son el ejército que limpia Sillicon Valley, universidades, empresas, oficinas, casas e instalaciones federales. Y la zona de la costa central de California, donde la gente con dinero suele ir a la playa los fines de semana y rentan casas u hoteles. Gran parte de este tipo de trabajadores trabajan para agencias que fungen como intermediarias entre quienes necesitan los servicios y los propios trabajadores. Las agencias se quedan con una tajada enorme de sus salarios. A los trabajadores de limpieza se les invisibiliza. No se les trata como a seres humanos. Esta crónica es testimonio de sus voces, las dificultades que enfrentan para sobrevivir, pero también de sus aspiraciones y sueños. Sobre todo, es testimonio de su trabajo y fuerza .]
Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro
Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
Retrato de Jorge Cuesta recuperado de Secretaría de Cultura (www.gob.mx)
La Ciudad de México, como tantas otras, se ha construido en la memoria histórica edificada entre tintas, papel y linotipias. Entre las páginas El Monitor Republicano , El Siglo Diez y Nueve , Don Simplicio , El Renacimiento o El Correo de México se encuentran las raíces de las revistas que darían lugar a la literatura del siglo veinte. Sin los esfuerzos —políticos, identitarios y estéticos— de Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano o Guillermo Prieto no existirían Revista Azul , El hijo pródigo o Taller , por sólo mencionar un puñado de deuteragonistas de esta historia; la protagonista es, sobra decirlo, la Patria como oficio. Y su fundación depende de la libertad que su quehacer artístico alcance.
En la calle de Brasil número 42, departamento 10 —el estudio de Xavier Villaurrutia—, en los primeros meses de 1927, se entabló una empresa que había sido precedida por la Editorial México Moderno, dirigida por Agustín Loera y Chávez y Enrique González Martínez, y la Antología de poetas modernos de México , de 1920, editada por José de Frías para la Colección Cvltvra, la primera serie de la editorial. En Ulises. Revista de curiosidad y crítica, revista fundada, además de Villaurrutia, por Salvador Novo, Gilberto Owen y Jorge Cuesta, se buscaba, a la manera de las ya citadas El Renacimiento y Revista Azul, la instauración de una estética nacional colectiva, a contrapelo de Actual. Hoja de vanguardia e Irradiador , publicaciones estridentistas. La apuesta escritural y la búsqueda del rompimiento es mutua; el camino, divergente. El “estilicidio” que buscaban los miembros de Ulises y de Irradiador lo afrontan desde distintas trincheras. En la primera, se publicaron fragmentos de caprichosas novelas que rompían con la tradición de la narrativa de la Revolución: Novela como nube , de Gilberto Owen, Margarita de niebla , de Jaime Torres Bodet y Dama de corazones del “niño bicentenario” Xavier Villaurrutia; en la segunda, la noción estético espacial de Fermín Revueltas arropaba los cantos por el ruido, la ciudad y el acero, donde “la vida es un bostezo fugaz de gasolina”, para citar el verso de Salvador Gallardo.
La edificación de la Patria diamantina de estos personajes de pluma y espada, devenidos artistas de pluma y despachos estuvo plena de ásperos encuentros. En 1922, cuando la volición de establecer una literatura moderna y propia era imperante, Manuel Maples Arce, miembro del grupo que enarbolaba el mole de guajolote y pretendía acabar con las formas decimonónicas, escribe:
La poesía, en México, es un tendajón mixto lleno de tepalcates románticos, toda menos original que un tibor de la basura. Felizmente, los interventores del estridentismo la hemos puesto en liquidación. Es posible que aquí en México los poetas sean los que menos entiendan de estas cosas.
El manifiesto estridentista de 1921 encontró un eco feble, a decir de Luis Mario Schneider, quien consigna que sólo pudo encontrar un artículo, publicado en Revista de Revistas , firmado por José de Frías en donde afirma que “la literatura en México es una cosa poco interesante” y que “no sé hasta qué punto Maples Arce haya querido hacer humorismo en su manifiesto. Ni puedo juzgar de su sinceridad o de su fe”. Por su parte, la propuesta estética del “grupo sin grupo” se refocilaba en su propia vanguardia por medio del Teatro Ulises.
En una década de manifiestos, publicaciones y asombros, en 1928 sale a la luz la Antología de la poesía mexicana moderna , firmada por Jorge Cuesta. A consideración de Guillermo Sheridan: “La Revolución triunfante convirtió a la antología en un instrumento eficaz para salvar las lagunas informativas que el periodo armado generó en todos los campos”. Además de dichas lagunas, habría que subrayar el carácter beligerante y polemista de una generación que creció entre lides públicas, tanto en la tribuna como en la calle, en el oficio y en la prensa. Sheridan recuerda en su puntilloso prólogo a la Antología… , además, las compilaciones: Parnaso de México, antología general de poetas mexicanos , editada por Porrúa en 1921, la Antología de poetas muertos en la guerra , de Antonio Castro Leal y Requena Legorreta, la Antología de la versificación rítmica , de Pedro Henríquez Ureña, y Las cien mejores poesías mexicanas , que si bien Sheridan atribuye Luis G. Urbina, en realidad es selección, también, de Castro Leal. Urbina participó en la Antología del Centenario , dirigida por Justo Sierra, publicada en 1910; de ella, la esplendente pluma del poeta José Francisco Conde Ortega afirma:
Urbina parte de una afirmación que fue su divisa: una fina sensibilidad para juzgar las obras. Todo lo demás —decía—, información sobre el autor y le época, podía adquirirse, la sensibilidad, no. Su práctica de lector atento y riguroso lleva a Urbina a construir una historia justa y proporcionada, pero dentro de los límites que él mismo se planteó. O mejor dicho: desde la trinchera en la que eligió escribir.
La trinchera que se elige es, también, una postura vital. Y ésta encontró, como se ha visto, en los primeros años del siglo vigesémico, su continente en los antes llamados florilegios, y en ellos rezuman las cercanías estéticas, las coincidencias y, por qué no decirlo, los rencores disfrazados de “rigor”. Si el antologar conlleva un acto de poder —lugar común que no por serlo deja de tener verdad—, también es una declaración enfática de principios, y la integridad con la que se perpetra es una cuestión personalísima, que muchas veces queda oculta ante los ojos de los lectores. De La Antología de la poesía mexicana moderna , Jorge Cuesta declara:
Lo cierto es que no depende mi gusto tanto de mí como quisiera mi orgullo, sino tanto como acepta mi humildad. Y pienso que sobre el gusto no se tiene poder, y que donde menos puede estar presente es en el compromiso de elegir, y no porque tema la pérdida de lo que prefiero, sino porque sólo se ve obligado a elegir quien ya está indeciso de antemano […] No hay manera de ocultar que toda antología es una elección forzosamente, es un compromiso, mientras que el gusto sólo nace en la libertad.
El albedrío de las letras de Cuesta y de los Contemporáneos se propuso “separar […] cada poeta de su escuela, cada poema del resto de la obra: arrancar su objeto de su nombre y no dejarle sino la vida individual que posee”.La relación de los poetas antologados muestra que, a noventa y dos años de su publicación, su vigencia es ineludible. Junto a nombres como Manuel José Othón, José Juan Tablada, Ramón López Velarde y Carlos Pellicer, reconocidos por cualquier entusiasta lector, residen otros que tal vez han sido obscurecidos por el paso del tiempo y apenas son reconocibles: Francisco A. de Icaza, Rafael López, Manuel de la Parra o Ricardo Arenales (antes de ser Porfirio Barba Jacob).
Si bien Cuesta y sus cófrades de aquel “archipiélago de soledades” no hubieran podido vislumbrar la permanencia de su Antología … —mucho menos de su propia obra—, sí pudieron estar insertos en su tiempo y circunstancia. En 1924, Xavier Villaurrutia dicta una conferencia en la Biblioteca Cervantes, “La poesía de los jóvenes en México”, en donde “resbala, rápido, sobre el pequeño tranquilo mar de nuestro pasado lírico, en un a modo de patinaje sobre un agua dura en apariencia, insólida en realidad, con el peligro de apoyarse demasiado y sumergirse, sin sumergirse al cabo”.En ella transita por el “principio”, “el mediodía” y una “transición” para esbozar el camino que ha llevado la lírica mexicana: de Francisco de Terrazas —“el primer poeta […] bajo el cielo de Anáhuac— a Guillermo Prieto, y de Joaquín Arcadio Pagaza a Agustín F. Cuenca, hasta llegar a los modernistas y así desbocarse en sus coetáneos, sin olvidar a los estridentistas. Como respuesta, Guillermo de Torre, secretario de redacción de La Gaceta Literaria , editada en Madrid, publicó el 15 de marzo de 1927 un artículo en donde espetaba juicios como un “poeta […] desdoblado en crítico”, a propósito de Villaurrutia; “entra en las estancias nuevas del lirismo intrascendente”, sobre Pellicer; “poesía sin peso y sin relieve”, dedicado a Torres Bodet); “sus imágenes son […] siempre primarias y simples”, otra vez para Villaurrutia, y “una poesía cándida […]demasiado cristalizada ya en su pequeña perfección”,dirigido a todos los mencionados. Jorge Cuesta, con esa mordacidad que lo acompañaría en su oficio, responde con alevosía en Revista de Revistas, el 27 de abril del mismo año: “No conoce usted a los poetas mexicanos y, sin embargo, escribe sobre ellos” y que al grupo sin grupo:
[…] usted los vuelve a agrupar a su manera y después los separa a su manera, y a su manera los vuelve usted a agrupar por tercera vez. Esta manera de crítica por “desdoblamiento”, señor De Torre, tiene el inconveniente de que, a su término, ha dejado a su objeto tan lleno de dobleces, que puede entonces parecer la imagen “duple”, triple o cuádruple de una poesía “ultraísta”, pero no un dibujo preciso y claro […] Usted, señor De Torre, que atribuye a Pellicer el fragmento de un poema de Novo.
La ironía de Cuesta es deleitante ante el ciego, abstruso y todavía latente colonialismo hispano —baste citar que, en el siguiente número de La Gaceta Literaria , la editorial de la publicación se llama “Madrid, meridiano intelectual de América”, en donde se advierte que evitan “escribir el falso e injustificado nombre de América Latina”—. No obstante, es de resaltar que ante la nomenclatura de Villaurrutia como “grupo sin grupo” en la conferencia, se prefigura el tesón de la Antología. Si en el prólogo a ésta se recrimina la falta de rigor ante la inclusión de sus compañeros de generación, también se aplaude la consciencia de la necesidad de la ruptura con una tradición de la que, a la vez, quieren ser sucesores.
Si Jorge Cuesta evidencia que De Torre confundió a Pellicer con Novo, su Antología tendría una circunstancia similar con las primeras impresiones a propósito de la edición. En un artículo firmado por Vereo Guzmán –firma del abogado y periodista Juan Francisco Vereo Guzmán—, para Revista de Revistas , del 8 de julio de 1928, Federico Gamboa —autor de Santa y que rondaba los sesenta y cinco años al momento de la aparición de la Antología — confiesa que:
No conozco el libro, pero según las noticias que de él me han llegado, sé que sus autores se dejaron en el tintero dos de nuestros nombres más gloriosos […] el de Manuel Gutiérrez Nájera y el de Amado Nervo […] Omitir de una antología que a sí misma se dice mexicana, dos valores literarios nuestros tan indiscutibles, es a mi juicio, imperdonable […] una herejía.
El yerro de Gamboa, de hablar de oídas, lo recrimina Villaurrutia en una carta dirigida a Manuel Horta, editor de Revista de Revistas , escrita, junto a una de Torres Bodet, a manera de réplica y que se publicaron, ambas, en el semanario fundado por Luis Manuel Rojas. La respuesta de Cuesta tardó en llegar puesto que se encontraba de viaje —el único que haría en su vida— por Europa. En el artículo publicado por Vereo Guzmán, Miguel Martínez Rendón, autor de dos libros —Cármina áurea y Palabras de ensueño — que ha quedado en el estruendo del silencio, fue citado en el artículo de marras con la lapidaria frase: “Un volumen que vale lo que Cuesta”.
La permanencia de la Antología es, inobjetablemente, por la firmeza de los poetas antologados; pero la sólida elección se debe a un grupo de escritores que se reunieron en Brasil 42. Se ha escrito en varias ocasiones a propósito de la prosapia de la Antología . José de Jesús de Núñez y Domínguez, director de Revista de Revistas , afirmaba que “Torres Bodet, […] el verdadero inspirador del libro, ya había expresado ese profundo y risible desprecio acerca de ciertos valores literarios”. Evodio Escalante consigna que Guillermo Tovar y de Teresa asevera, por un ejemplar que habría pertenecido a la biblioteca de Torres Bodet y que cayó en sus manos, que éste tenía, en las semblanzas de cada uno de los autores antologados, las iniciales, escritas con puño y letra del autor de La educación sentimental , de quienes habrían escrito cada una de ellas:
Las iniciales corresponden todas ellas a miembros del grupo Contemporáneos: JTB (Jaime Torres Bodet), EGR (Enrique González Rojo) y XV (Xavier Villaurrutia). La nota perteneciente a Francisco A. de Icaza se habría quedado sin iniciales, lo que da pie para que se conjeture que bien pudo haberla redactado Bernardo Ortiz de Montellano.
Las conjeturas se multiplican, puesto que la presunción de autoría de Cuesta se une a la de Torres Bodet, y en la edición de Ensayos críticos de Jorge Cuesta, preparada por Maria Stoopen para la UNAM, en una cita a pie de página la editora apunta:
[…] una carta de Jaime Torres Bodet a Xavier Villaurrutia, fechada el sábado 1º. de octubre (¿de 1927?), cuando la Antología se encontraba en preparación, y publicada por Miguel Capistrán en “Los contemporáneos por sí mismos”, en Revista de la Universidad , enero de 1967, dice: “Xavier: Recibí su carta acerca de la Antología. El trabajo ha quedado distribuido en esta forma: Notas , (Enrique, Jorge Cuesta y yo), Nota preliminar , usted.
Una lectura cuidadosa del texto, atenta a la sintaxis, así como al contenido y al espíritu que lo anima, nos ha llevado a Miguel Capistrán y a mí a suponer que el prólogo pudo haber sido escrito por Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia al alimón.
Las posibilidades son inasibles. El trabajo de cada uno de los involucrados en el departamento 10, así como la lectura personal y colectiva de cada uno de los poetas incluidos —la discusión a propósito de los que quedaron fuera de ella se antoja más sugerente—, no podemos saberlo, tal vez intuirlo, pero la certeza es que la Antología movió las aguas de una literatura que comenzaba a repensarse. Quizás Torres Bodet apuntó las iniciales de aquellos a los que le recordaban las semblanzas; quizás ese “espíritu” del que habla Stoopen sea sólo un aliento compartido; quizás sea pertinente recurrir a la propia Antología para zanjar la cuestión a propósito de su concepción:
Una antología es, en fin, un lugar donde sólo puede figurarse. Si Jorge Cuesta la firma, es únicamente para conseguirlo; esto es: con una tolerancia y con una libertad igual.
Si en Revista de Revistas —que sería comprada por Rafael Alducín en 1917 para fundar, cuatro años después, Excélsior — se suscitó el primer desdén por la Antología , sería también entre su rotativa que la firmeza de Cuesta sería puesta a prueba una vez más.
En agosto de 1932 se edita el primer número de Examen , esfuerzo editorial subvencionado por su propio editor: Jorge Cuesta. De brevísima duración —apenas tres números—, su importancia radica no sólo en su impronta en la tribuna pública, sino en su propuesta. Si en la Antología y en los distintos artículos de Cuesta se evidencia su rigor crítico, Examen es el medio en el cual el pensamiento y la reflexión encuentran su connivencia con la literatura. Junto a “Segundo amor” y “Dúos marinos”, poemas de Novo y Pellicer, respectivamente, aparecieron en sus índices “Psicoanálisis del mexicano” y “Motivos para una investigación del mexicano”, de Samuel Ramos —que prefiguraría, por decirlo de algún modo, una célebre obra posterior—. Cuesta escribe en el segundo número, de agosto de 1932, “Música inmoral”, en donde arremete contra la vena nacionalista que impera en el arte mexicano, a propósito de la música inmoral, para los cánones establecidos, de Higinio Ruvalcaba. Cuesta diserta:
Para la música mexicana ha sido una exigencia todavía más imperiosa y más tiránica la existencia nacionalista que ha esclavizado a nuestras otras artes […] no se contradice una música mexicanista y avanzada al mismo tiempo, simultáneamente nacional y pura […] me importa hacer esas observaciones, para mostrar el valor del accidente a que esta nota principalmente se refiere: el hallazgo de una música mexicana inmoral […] una música desnuda, que casi podría llamarse indecente […] el Cuarteto para cuerda número 5, de Higinio Ruvalcaba.
Sirva este ejemplo para resaltar el carácter de Examen y la estética de Cuesta. Es por fragmentos similares que se repite muchas veces, sin asomo de rigor, que los Contemporáneos eran extranjerizantes y poco mexicanos. La alocución a propósito del violinista demuestra lo contrario: el interés de estos escritores era consolidar una identidad, un devenir nacional. En las páginas de Examen se encuentran, también, un ensayo a propósito de la inauguración del Teatro de Orientación, pues, como escribiera Villaurrutia: “¿qué otra cosa fueron los teatros experimentales de Ulises y Orientación sino tentativas de crear un público, una curiosidad nuevos, que resistieran nuevas obras, extranjeras y mexicanas?”.Esas tentativas son parte no de un programa cultural, sino de una postura ante la circunstancia. Desde la cruzada educativa vasconcelista hasta 1932, donde Narciso Bassols es el encargado de la Secretaría de Educación Pública, los antes jóvenes Contemporáneos se han forjado entre misiones diplomáticas y cargos públicos; por ello, cuando Examen irrumpe en la escena nacional, se pretextará la literatura para embestir moralmente a todos su colaboradores y, por extensión, políticamente a Bassols y a un grupo que, desde 1925, había sido objeto de escarnio por considerarlos “afeminados”, “decadentes” y “degenerado”, a partir de un artículo de Julio Jiménez Rueda publicado en diciembre de 1924.
Así, cuando en el segundo número de Examen se publica un fragmento de Cariátide , de Rubén Salazar Mallén, en los folios de Excélsior del 19 de octubre de 1932 una editorial sin firma acusa:
jamás en la historia de las hojas impresas en México se había estampado un lenguaje de tal procacidad, ni de la más cínica expresión, como el que aparece en la novela Cariátide [en donde] pueden leerse expresiones de una crudeza tal que se resistiría a repetirlas el más soez carretonero en cualquier sitio donde no estuviera rodeado de los de su laya
La mojigatería de la editorial hubiera podido pasar inadvertida; sin embargo, al ser de carácter político, al otro día de la publicación del libelo, el mismo anunciaba que el procurador de Justicia del Distrito Federal, Trinidad Sánchez Benítez, había comenzado el proceso de consignación en contra del director de la revista. Jorge Cuesta publicó en el número 3 de Examen dos artículos en los que fijaba su postura: “La política de la moral” y “La consignación de Examen ”. En el primero, acude a explicar los procedimientos literarios de Salazar Mallén, y sostiene que su revista circula entre un número reducido de “personas inteligentes” —con lo que asesta un sutil empellón a los denunciantes—; en el segundo, se encuentra tal vez la enseñanza mayor de este suceso. Cuesta escribe:
La consignación de Examen, decidida ya, según noticias de los diarios, no es un negocio que afecte tan sólo a su director y sus colaboradores. La resolución judicial alcanzará, una vez dictada, a todos los escritores, a todos los periódicos y aun a los medios plásticos de la expresión. No se tratará ya de uno de nosotros, querido u odiado, según a la luz que se le considere, sino de la expresión. Hay en ello, por tanto, un interés que rebasa al individuo y a la clase para convertirse en un interés nacional. […] Obsérvese, pues, lo que significaría que las autoridades judiciales se convirtieran en servidores de esta “moral pública” y satisficieran, persiguiendo una obra de cultura, condenando su libertad de expresión.
Cinco meses después, meses de ataques, amparos, juicios y barandillas, el procurador de Justicia escribe al agente del Ministerio público para sobreseer el caso. Los colaboradores de Examen que laboraban en la SEP ya habían renunciado para entonces. Una nutrida correspondencia entre algunos de los implicados puede consultarse en Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen, de Guillermo Sheridan, que junto con su libro México en 1932: la polémica nacionalista revisa exhaustivamente el caso, además de proveer documentos sobre el proceso, notas y testimonios.
Jorge Cuesta comenzó a publicar en 1925 y no dejó de hacerlo sino hasta el día de su muerte, en 1942. Fue hasta 1964 que gracias a los generosos oficios y a la noble pasión de Luis Mario Schneider y Miguel Capistrán se reunieron sus textos diseminados en diversas publicaciones periódicas en Poemas y ensayos , puesto que Cuesta nunca publicó un libro propio. Algún advenedizo escribió alguna vez que era nuestro “Fausto”. Nada más lejano. Es fácil acudir a la ficción, y no comprender que su obra y su vida, se condensa en lo que escribió a propósito de los Contemporáneos:
Es una perfidia buscar en esta generación una actitud que valga para las que le siguen. Esta generación no la buscó en las anteriores; la buscó en ella misma. Aun suponiendo que en este momento, cuando todavía no se madura, se suspendiera su obra, y aun suponiendo que su obra reducida se perdiera, que pasara, su actitud no deja de valer, puesto que consiste en no tener más actitud que la propia. Esta actitud es la única que hace valer la actitud y la obra de los otros; es una actitud crítica.
En la firmeza de la crítica se asienta la obra de Cuesta; en su obra convergen las voces de su generación, y en las voces retumba el empeño de una libertad lograda, incluso, en la obscura agua prisionera.
Autores
Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y 2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, reseña y crítica literaria en Laberinto, Confabulario, Este país, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antologías Cofradía de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entrópico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM.
Ilustración realizada por Axel Rangel
Este sueño es para ti, así que paga su precio.
Vuelve un sueño realidad, solo se vive dos veces.
Nancy Sinatra
Uno. Tengo muchos amigos que desdeñan las películas de James Bond. No se me hace descabellado que lo hagan; nuestra generación creció viendo cine americano en el Canal 5, y fue de lo más normal ver las películas donde el agente británico era interpretado por Pierce Brossmann, o por Roger Moore, en estas historias ridículas en las que un solo hombre salva a todo el mundo. Ridículas, por los elementos de su trama; como la escena de Goldeneye en la que Bond maneja un tanque por Berlín; y ridículas, por la facilidad con la que el agente británico salía de las situaciones más riesgosas de las maneras más absurdas, como cuando la lancha se transforma en coche para avanzar por las calles de Londres, en El mañana nunca muere . Películas hechas como producto que no generaron un gran impacto en nosotros como, por ejemplo, sí lo hizo Volver al futuro .
Dos. Ian Fleming fue un escritor británico que trabajó en los servicios de inteligencia y que tras su jubilación decidió crear a un agente que más que un espía en forma es un provocador; es decir, es un agente que tiene permiso para sabotear, más que quedarse en las sombras. Quizá era la vida soñada por Fleming. Otro de sus compañeros, John Le Carré, crearía espías más cotidianos y que sufrían las represiones de los gobiernos de los cuales filtraban información; muchas veces lo hacían como dobles agentes o como topos, pero siempre eran personas sin dinero que sobrevivían a cómo se podía. Para marcarme más la diferencia entre ambos mundos del espionaje, estos meses decidí leerme algunos de las novelas originales de Fleming, aunque no todas se consiguen fácilmente. Me adentré en Casino Royale , Doctor No , Operación Trueno, El espía que me amó y Solo se vive dos veces : al igual que en las recientes películas del universo de Marvel la receta es la misma: Bond es enviado a una misión peligrosa, hay una chica de la cual se enamora que puede o no ser peligrosa, consume cantidades inhumanas de alcohol, hay una amenaza fuerte simbolizada, por lo general, en un solo individuo, y al final salva al día y por azares del destino se aleja de la chica que, en ese momento, es su objeto de deseo. En los libros, el agente es un hombre de ojos azules –que hasta Craig ningún Bond había tenido–, el cual se aburre en la oficina del MI6 en lo que su jefe lo envía a misiones donde su vida siempre corre riesgo; por las tardes llega a su casa a ignorar a su ama de llaves mientras toma o se va a los casinos a apostar y alcoholizarse. Es una persona huraña. Además, está rodeado por una serie de personajes con los que tiene rutinas de trato que suelen ser identificables: siempre tiene riñas o problemas con M, el coordinador de la sección doble o; siempre coqueteaba con Monneypenny, la secretaría de su jefe; o va y pide consejo a Bill Tanner, el coordinador de seguridad. A veces, en algunas misiones, comparte las hazañas con el agente americano Félix Leiter, que es lo más cercano que tiene a un hermano.
Tres. La fórmula de los libros imprime una receta que las películas de Sean Connery hasta Pierce Brossman seguirán al pie de la letra, aunque no siguieran el camino de los libros al dedazo. Aunque no lo conseguí, en lo que me documenté descubrí que Al servicio secreto de su majestad es el punto de inflexión para Bond tanto en los libros como en las películas, aquí el orden de los productos se altera: Bond primero conoce a Tracy y a través del padre de ella, que es un mafioso, obtiene información para darle caza a Ernest Stravo Blofeld, el director de la organización terrorista Spectre , uno de los villanos más emblemáticos, el mayor enemigo de Bond, al que incluso se parodia en Austin Powers como este personaje calvo que viste una filipina gris y siempre está acompañado por un gato de angola. La misión se salva, eso sí, como siempre. Bond y Tracy deciden casarse y dejar la vida de peligros. Y justo cuando van alejándose de la boda, Blofeld y secuaces los embisten y disparan al coche, asesinando a Tracy. Ahí termina la historia: sin final redentor. Con Bond abrazando el cuerpo de Tracy mientras le dice a un policía: “Todo está bien, todo está bien, oficial, está descansando y nos iremos pronto. No tenemos prisa. Tenemos todo el tiempo del mundo”. A largo plazo, para las películas producidas por Eon Productions eso no pasaría de un usual recordatorio de que, en algún punto, Bond estuvo casado; para los libros marcaría el final de Bond al ser enviado a Japón en Solo se vive dos veces , para cumplir una misión normal hasta que descubriría que ahí está escondido Blofeld. Y en el intento de asesinarlo se enamora de otra mujer, tiene un hijo y es dado por muerto. En las aventuras cinematográficas nunca se había respetado la cronología original de los libros y, en realidad, ya no servían para nada: es a partir de la adaptación de Solo se vive dos veces , cuyo guion fue realizado por Roal Dahl, que las películas se distancian de los libros. En ellas, desde Sean Connery hasta Pierce Brossman son un mismo James Bond que ha perdido a la misma esposa, y quien vive los mismos arquetipos una y otra vez.
Cuatro. La verdad es que, incluso, a mí no me importaban las películas de James Bond. Esto fue hasta antes de que mi padre llevara a la casa un devedé de Casino Royale (2006), la primera película de la franquicia protagonizada por el actor inglés Daniel Craig. Además de que la personificación del agente secreto que realizaba este actor rubio era de un tipo más arrogante, creído y débil –casi un gánster– me llamó la atención cómo la trama giraba, en general, en base a una partida de póker donde las cartas eran los balazos. Sin embargo, es ahí donde se cimenta la desconfianza de esta nueva encarnación del personaje con las mujeres de las que se enamora: Vesper Lynn, interpretada por Eva Green, es la contadora que lo acompaña en la mesa de juegos y quién se volverá su interés romántico. Pensará, incluso, en dejar el espionaje y el mundo del peligro por ella. Sin embargo, ella es una doble agente y eventualmente lo descubre y ella, para escapar del dolor de haberlo herido, se suicida. En las siguientes películas de Craig, el fantasma de Vesper Lynn siempre está acechando, recordándole la traición.
Cinco. En la escena de apertura de Sin tiempo para morir , James Bond es perseguido por un grupo de hombres armados. Recorren las calles y callejones de Matera, Italia; sus perseguidores son parte de Spectre, que desde la película anterior se ha dedicado a cazarlo por todo el planeta. Primero es perseguido a pie a lo largo de los túneles y las avenidas de adoquines –de esta ciudad que, como en cualquier película Bond, es un sitio turístico al conservar aún algunas de las primeras construcciones realizadas por el hombre–, hasta que los mismos agentes le hacen creer que fue delatado y entregado por su acompañante, la doctora Madeleine Swann. La mujer por la que dejó el espionaje. Bond logra escapar de los hombres y regresa al hotel donde ella lo espera. Ahí la interroga, desconfiando de ella y luego suben al icónico Aston Martin DB5 lleno de artilugios, para ahora sí iniciar la persecución. Swann intenta hacerlo entrar en razón, ¿por qué lo traicionaría? Bond responde con dureza: “Todos tenemos nuestros secretos, solo no hemos llegado a los tuyos”. Mantiene lejos a los perseguidores con minas. De repente son embestidos en una de las plazas principales de la ciudad. Se ven rodeados y el coche es atacado a balazos que van dejando grietas en el parabrisas y en las ventanas laterales. La psiquiatra se dobla y siente cada uno de los tiros, mientras que Bond permanece inmóvil aferrado al volante, seguro de que el carro lo protegerá, pero no tan seguro de querer que proteja a Swann. La mujer, llorando, le implora que haga algo. Así que Bond finalmente reacciona y acciona las metralletas del coche, las cuales están escondidas detrás de los faroles; hace una dona en el centro de la plaza y dispara a todos sus atacantes al tiempo que activa el humo para escapar de la plaza sin que les puedan seguir la pista. Escapan hasta la central de trenes del pueblo y ahí Bond, sintiéndose traicionado, le dice a Swann que hasta ahí llegaron. La sube a un tren. Ella le pregunta: “¿Cómo sabré que estás bien?”. Bond le responde, serio, que no va a saberlo: “nunca volverás a saber de mí”. Y las puertas del tren se cierran. Swann, llorando, empieza a caminar por el interior sin dejar de verlo en el andén, hasta que Bond se voltea y desaparece de su vida.
Seis. Es quizá en Skyfall (2012), que sería la película para celebrar el 50 aniversario de las de la franquicia, en donde inicia un cuestionamiento de la estructura interna del personaje, su mundo y su oficio: la película se centra en que el comandante James Bond está desactualizado y que ya no es necesario en el tablero que es la política internacional. Que las sombras de las que tanto se habla en los discursos públicos, no existen en las nuevas eras de la información. Y así es como lastimado y traumatizado, James Bond tiene que enfrentarse a un villano que, en esencia, es una parodia de Julian Assange. Hay un diálogo muy citado en el que el nuevo contramaestre, interpretado por Ben Whislaw, le dice a Bond: “La edad no es garantía de eficiencia”. A lo que Bond responde: “Y la juventud no es garantía de innovación”. En Sin tiempo para morir , este discurso volvería a surgir esta vez desde el personaje de Nomi; en esta película, la despedida de la era Craig, Bond ha dejado el servicio activo desde la traición de Swann y han transcurrido cinco años. Nomi es una agente que se cruza en su camino mientras él, tranquilo, disfruta de su retiro en Jamaica; pero ella no es cualquier agente. Nomi es la nueva agente 007 y se lo deja muy claro: “Quizá pensaste que jubilarían el número”. “Solo es un número”, responde el Bond jubilado ya sin mirarla. El mismo Bond que, en el transcurso de la película, regresaría al espionaje. Esta última película de Daniel Craig, caso curioso, es la película más basada en la novela Solo se vive dos veces .
Siete. Aunque me gustó Casino Royale por la diferencia con las otras películas del agente que había visto, ignoré un par de años la franquicia. No volví a pensar en esta hasta que se estrenó Quantum of Solace (2008), para cuya época ya tenía la costumbre de ir al cine con gente de mi edad. Solo que fueron los mismos meses del estreno de Crepúsculo . Así que uno de mis amigos más cercanos de aquella época y yo nos fuimos al cine de una plaza comercial a un costado del río Tamazula, y entramos al mismo tiempo a dos salas distintas. Es muy curioso cómo la mercadotecnia nos conquista: esperaba con mucho ahínco ver Quantum y al hacerlo, me aburrí un poco, no es mi película favorita de Bond; al mismo tiempo, a mi amigo no le gustó Crepúsculo, por cambios que le hicieron al libro; pero ambos estuvimos ahí en el cine, esperando en las películas satisfacer algo, que nunca se sabe qué es, pero sin detenernos a pensar que ambos aspirábamos a escribir, y ambos entramos a ver películas basadas en libros. A partir de mirar esas películas de James Bond en el cine, la era Craig se volvió más relevante para mí. Podía reconocer las cargas de machismo, violencia y riesgo que arrastraba el protagonista en estas, y sin embargo los ambientes en los que esta nueva encarnación del personaje se movía, cada vez estaban en más contienda con su personalidad: no siempre se acuesta con la chica despampanante, no siempre tiene artilugios que lo salvan de maneras milagrosas, no siempre está dispuesto a tomarse un Martini mezclado no revuelto, no siempre se salvará de todos los disparos. Y no siempre saldrá ileso de las misiones.
Ocho. Mucho se discute en internet sobre las últimas películas de James Bond. Incluso se habla sobre su relevancia o la importancia que deberían tener en el presente. Justo unas semanas después del estreno de Sin tiempo para morir , el escritor español Arturo Pérez-Reverte publicó una reseña corta de la película que generó controversia: “Anoche vi Sin tiempo para morir , y lo lamento: un James Bond tan equilibrada y políticamente correcto, tan familiar, tan enamorado y tan moñas que constituye un insulto a la inteligencia de los espectadores y a la memoria del personaje. Si Ian Fleming lo viera, echaría chispas”. En definitiva, Pérez-Reverte no termina de entender bien al James Bond de las películas de Daniel Craig; pero lo que sí le acierta es que James Bond, cada vez más, se aleja del hombre taciturno, alcohólico y adicto al peligro que Ian Fleeming plasmó en sus páginas; porque ese Bond, en su momento, fue el ejemplo de la masculinidad imperante en Inglaterra, aunque ya no lo es.
Nueve. Pocas veces vemos a los personajes de la literatura enfrentarse a la muerte. En especial, cuando estos son lucrativos. Incluso para Arthur Conan Doyle fue imposible deshacerse de Sherlock Holmes (quien inaugura la casta de investigadores ingleses), y tuvo que revivirlo tras un par de años. En Sin tiempo para morir , James Bond se enfrenta a la terrible noticia de que está infectado de un conjunto de nanobots y que no podrá volver a acercarse a su familia; la misma con la que apenas acaba de reconectar: Madeleine Swann y la hija de ambos. Si se acerca a ellas, morirán. Está en una isla esperando un ataque de misiles, también, y decide quedarse ahí para protegerlas. “Ustedes tienen todo el tiempo del mundo”, le dice a Madeleine Swann sabiendo que está por unirse a las filas de sus Muertos, aquellos que en las cinco películas lo han mantenido siempre al borde de la balanza, aquellos comandados por Vesper Lynn. Y es que eso es algo que usualmente se ignora cuando se habla del personaje de James Bond: ya sea en la versión original de Fleeming, en la encarnación Connery-Brossman o en la de Craig: el agente siempre está al filo de la navaja. Bebe, disfruta gustos caros y hace todo lo que desee mientras esté vivo porque es posible que al día siguiente ya no lo esté. Y eso es lo que ocurre: los misiles caen sobre él y no hay duda de que Bond se ha ido. De que, por una vez, ha perdido de la peor manera. Más delante, M menciona una cita de Conrad que el mismo Ian Fleming incluyó en el obituario de Bond en Solo se vive dos veces : “La función del hombre es vivir, no existir. No malgastaré mis días en intentar prolongarlos. Aprovecharé mi tiempo”.
Diez. En el inicio de Sin tiempo para morir, antes de ser perseguidos, Bond y Madeleine entran a la ciudad de Matera a bordo del Aston Martín mientras hay fogatas y humaredas por toda la ciudad. Ahí Madeleine atrapa a Bond mirando hacia atrás, hacia los incendios, y le dice que debe de dejar de mirar sobre su hombro, a lo que Bond responde con humor diciendo que no lo estaba haciendo. Así que le preguntan al ayudante del hotel qué están quemando por la ciudad. “Secretos, deseos, dejando atrás al pasado. Deshaciéndose de cosas viejas, en espera de las nuevas”. Que es lo que hace para la franquicia y para los fanáticos del agente doble cero esta última película: si reinician la franquicia, tiene que haber un nuevo Bond; y no un nuevo actor, sino un nuevo personaje. Su biografía y sus características tendrán que transformarse en otro. La forma en que se desarrollan sus historias es igual: ¿realmente necesitamos más villanos en guaridas ocultas? ¿El puro peligro global podría ser suficiente? ¿Volverá a importar la vida emocional del protagonista? ¿Cómo se reinicia la vida de un personaje de ficción? Y como se desconoce qué tanto vaya a durar en circulación el personaje de James Bond, quizá también es prudente preguntar: ¿de qué manera puede continuar antes de morir no solo en la ficción sino también en el imaginario colectivo? Aunque no hayamos visto las películas del agente hay cosas que nos rodean de su construcción narrativa: la idea del hombre como un eterno conquistador siempre vestido de traje, la idea del viaje entre culturas como si fuera entre delegaciones de la Ciudad de México, y la idea del Imperio Británico salvando al mundo en todas las ocasiones posibles, gracias a un funcionario de seguridad que arriesga su pellejo. En el fondo el comandante Bond es un elemento de seguridad al servicio del Imperio. Quizá por eso lo vemos luchando contra un personaje basado en Julian Assage mientras este residía escondido en la embajada de Brasil; quizá por eso lucha contra presidentes corruptos en pequeños países latinoamericanos donde apenas y hay agua. Y este personaje constantemente se reinventa y se transformará; con esta reconstrucción, tendremos otra visión de quiénes quieren que seamos desde las grandes corporaciones de entretenimiento; y al mismo tendremos otra gama de sensaciones y virtudes de hacía dónde podemos hacernos: porque lo que demostró, en su defecto, la corrida de Daniel Craig como James Bond es que se puede transformar a un viejo dinosaurio misógino en una persona con emociones y una situación vital que hagan que los espectadores empaticen con él. Que recordemos que los engranajes del Sistema tienen los mismos anhelos y miedos que nosotros.
Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.