Tierra Adentro
Portada de “La mítika mákina de karaoke” de Juan Pablo Ramos. Tierra Adentro.

Soy tan desdichada… ¡quisiera morirme!

AMANDA MIGUEL

TRACK #1: “MI HISTORIA ENTRE TUS DEDOS”

Les voy a confesar algo: desde niño, además del azúcar, mi principal fuente de energía es la música de Fey.

Cuando llegaba el turno de responder a mis compañeritos de kínder qué quería ser de grande (uno decía: ¡yo quiero ser policía!; y otro: ¡yo quiero ser bombero!; otro más lejos: ¡yo quiero ser astronauta!; otro más cerca: ¡y yo quiero ser como mi papá!), yo les respondía: ¡Pues yo les gano, fíjense! ¡Yo quiero ser como Fey!

La videocasetera era mi refugio. ¡Chingos de veces bailé a ritmo de sus coreografías con el VHS de aquel legendario concierto filmado en el Auditorio Nacional! ¡Qué tiempos! Recuerdo con cariño aquellas frases recitadas en un bosquecito, cortinillas cursis entre cada número musical. Sentada junto a un río, Fey decía: la luna es mi mejor amiga. ¡Qué dulce! ¡Qué azucarado! ¡Azucaramargoso! Y si Fey era mi mejor amiga, y ella la de la luna, eso significaba que nuestro vínculo me acercaba tantito más a la luna, ¿a poco no?

Mi infancia fue arrullada por el sonido estéreo del bubblegum pop mexicano. ¡Qué mejor que la voz de María Fernanda Blázquez Gil! No se equivocaba su tía Gloria: Fey nació para ser una estrella. Enérgica, radiante, por siempre de diecisiete años, así recuerdo a Fey, con su camisa a cuadros amarrada en la cintura, su pañoleta en la muñeca y su sedoso cabello castaño claro, un recordatorio de que los sueños pueden volverse realidad. ¡Pero también las pesadillas!

Una noche lluviosa, hipnotizado frente al viejo televisor Samsung, esperaba impaciente la presentación de Fey en el Festival Acapulco de 1998. Reinaba una atmósfera siniestra, como el comienzo de una peli de terror mexicana setentera. Temía que un apagón más escalofriante que el de Yuri me dejara a oscuras y sin Fey. Para colmo, un pleito con mi jefe dejó hecha un mar de lágrimas a mi jefa. Ella decidió encerrarse en el baño para chillar a moco tendido. Yo no era muy versado en leperadas para ese entonces, pero creo que le dijo “pendeja” y “puta”, y eso que mi jefa no tenía un pelo de tonta y menos de promiscua. Mi jefe aprovechó el encierro de mi mamá en el baño para hacer no sé qué tantas diligencias, guardar cosas, bajar cajas y mentar madres. Luego se salió bien envalentonado, dizque para tomar aire. De no haber permanecido embobado viendo televisión, ¿habría sido distinta mi suerte?

Mi jefa abrió la puerta del baño como si fuera la infortunada protagonista de un culebrón del Canal de las Estrellas, Adela Noriega o un pedo así. Adicta al melodrama, corrió a reproducir en el estéreo el casete de Gianluca Grignani, un italiano que ya pasó de moda y que le gustaba mucho por ese entonces. Se sabía todo el disco y eso que nomás traía un hit, el de “Mi historia entre tus dedos”. ¿Qué habrá sido de Gianluca Grignani?

Para no hacerles el cuento largo, mi jefa y yo notamos algo raro. Mi jefe ya se había tardado en regresar a casa. Las horas pasaban y pasaban y él llevaba un rato considerable “tomando aire”. Qué aire ni qué ocho cuartos, dijo mi jefa, puras pinches caguamas. A mi jefe le gustaba el chupe y había que soportarlo, porque trabajaba de lunes a viernes y traía dinero para la comida. Nos obligaba a tolerar sus rancios tequilas con Squirt y sus partidos de fútbol chaquetos con la estruendosa voz del Perro Bermúdez sonorizando mis pesadillas machistas, sus discos de Rock en tu idioma a todo volumen; los vecinos, asqueados de los berridos de Alex Lora, acababan llamando a la patrulla. Si le llevábamos la contra, si le pedíamos que le bajara y que dejara el trago, amenazaba con ponernos una madriza. Pensé: ¿y si mi papá se abre a la verga no me estará haciendo un favor? Por eso no le dije a mi jefa que lo vi sacar sus triques en una pinche caja de plátanos del Carrefour.

Mi pobre jefa se puso bien ansiosa y salió en su búsqueda. Bastaba una simple vuelta por la colonia. Seguro lo encontraría por ahí fumándose sus faritos. ¡Cómo la volvía loca el cabrón! Alguna vez me dijo que se enamoró de él porque le daba un aire a Saúl Hernández, el de Caifanes. La neta, yo nunca lo vi con admiración. Mi padre verdadero fue Emilio Azcárraga, su monopolio me enseñó todo lo que sé de la vida. En aquel entonces parecíamos una familia de anuncio de campaña del PRI. Casa de interés social nuevecita, vivienda para todos, Tratado de Libre Comercio, Festival Acapulco, ¿qué podía salir mal?

Años después lo supe.

Mi jefa se armó de valor y fue a tocar a la puerta del compadre de mi jefe para preguntar si de casualidad había estado por ahí esa tarde. El méndigo ruco le dijo que sí. ¿Y luego? El compadre titubeó y le entregó un sobre manila. Adentro, una carta y mil pesos para Pablos. Mi jefa arrugó la carta y la hizo cachitos. Ganas no le faltaron de darle una madriza al don. Pero no tuvo otro remedio que darle las gracias, como cortés señora mexicana. Auf wiedersehen, hijo de tu pinche madre.

Cuando empezó el show de Fey a ritmo de los primeros acordes de Popocatépetl, tuve un trágico presentimiento. Vaya señal. La única canción de Fey que nunca me ha gustado es la que encapsula mi triste destino pendejo. ¿A quién se le habrá ocurrido escribir una canción tan babosa sobre un pinche volcán que todo el tiempo amenaza y no hace ni madres? Truenos, relámpagos, explosiones. Mi jefa entró a casa, azotando la puerta, y soltó la fatídica noticia: Pum-pum-Popocatépetl, na-ra-na-nana-na. Pablos, tu papá ya no va a regresar. Ahora solo seremos tú y yo. Nara-nana-na, it’s all right!

¡Cómo olvidar lo mucho que chilló mi jefecita! Me apretujó tanto, que yo también chillé de pura asfixia. ¡Cuánto sufrimiento a los cuatro años! ¿De qué iba a trabajar para ayudar en los gastos del hogar? ¿Acaso tendría que cantar Popocatépetl en los vagones del metro? ¡Puta vida! Mi jefe ya debía estar hasta su madre de escuchar a Fey, de la telenovela Gotita de amor, harto de mí. ¿Y saben qué? Sin pedos. En ese momento confirmé que llevo dentro de mí una máquina de karaoke que suena conmigo en las buenas y en las muy buenas; en las malas y en las nefastas; en las culeras y las culerísimas. Al chile no me da pena admitirlo: el primer cabrón en ghostearme fue mi papá.

 

Les voy a contar una escena telenovelera.

Una telenovela adolescente, juvenil, hormonal, muy al estilo de Muchachitas y Agujetas de color de rosa. Su protagonista busca el amor a toda costa en los solitarios avisperos del Grindr.

Eran las ocho y media de la noche y mi ligue prometió llegar a las ocho. Lo cité en el Sanborns de los Azulejos. Chale, ¿cómo se me ocurrió tener una primera cita aquí con la excusa de venir al festival del mollete? ¡Qué pendejo! Aunque la dinámica de las ciberdates no me es desconocida, siempre me ganan los nervios y me siento como en Doce corazones. Los segundos pasaban como el golpe de un martillo. Mi mano, sin saber qué hacer, revisaba una y otra vez el puto celular. Por mi mente cruzó salir corriendo e irme a mi casa para ver el noticiero de Javier Alatorre, Pare de sufrir o las telenovelas piteras de medianoche de Galavisión.

¡Si tan solo papá diosito me hubiese hecho más guapo! Podría abordar a otro güey cualquiera, uno más chacal. La curiosidad me mantuvo congelado. Y, ¿pa qué les miento?, también la posibilidad de enamorarme. Ora sí, ora sí, me respondió, llegaba en diez minutos. ¡Otra vez los pinches nervios! ¿Y si huelo mal? ¿Por qué no me traje mi loción? ¿Vuelvo a lavarme los dientes?

Mi jefa trabajó en el departamento de perfumería de Suburbia, así que de inmediato reconocí el aroma de Ralph Lauren 4. Así entró Santiago, alto, guapo, distinguido, con una sonrisa de joven promesa de las telenovelas, Santiago era un príncipe de esos que yo no sabía que existían en la vida real: playera Lacoste, alpargatas, cabello largo y relamido. No por nada había protagonizado un capítulo de La rosa de Guadalupe, uno muy conmovedor sobre el acoso escolar. Llevábamos semanas platicando y su conversación me estremecía: acaba de entrar a la escuela de actuación del CEA. De niño salió de extra en Cómplices al rescate. Su papá era compadre de Alfredo Adame. Alguna vez, hace muchos años, en la posada de Televisa, Andrea Legarreta le dijo que llegaría muy lejos.

—Santiago Ruvalcaba, un gustazo.

Se sentó junto a mí. Brindis, sonrisa tímida, manitas sudorosas. De que algo pasa, pasa. Me sentía como una actriz novata en un set de Televisa Chapultepec. Que dominara el papel, es otra cosa.

—¿Nos echamos un mollete?

—No, la verdad no —respondió—. Me cagan los molletes. ¿Y si mejor vamos a la Puri?

Nos fuimos caminando a la Purísima. Traíamos prisa porque a las once de la noche comienza a atascarse. En el trayecto, Santiago tuvo una extraña diarrea de sinceridad:

—¿Te digo la neta? Iba a traerte flores, Pablos.

—¿Y por qué no lo hiciste?

—Porque el último güey al que le llevé flores fue un hijo de la chingada y no se las merecía. Y tú tienes cara de que sí te las mereces. Bueno, ya, ¿para qué te miento? Ash. O sea, la neta, me dio hueva comprarlas.

¡Pensar que estuve a nada de recibir flores por primera vez en mis veintitrés años de vida! Aunque sean un gasto frívolo, me hubiera gustado recibirlas. Tan siquiera unas de Cempasúchil. Santiago tarareaba la canción de reggaetón que sonaba en ese momento. La que dice: yo solo la jalé, la invité y la arrastré y no sé qué. Fui a echar la meada y refrescarme la jeta al baño. Vi mis mejillitas húmedas, mis ojeras, y recordé aquel verso de cierto poeta español que dice: ¡si no fueses tan puta! Nada nuevo. Siempre me siento puta. Puta y fracasada.

Ya con tres chelas encima, nos pusimos a perrear hasta el suelo. ¿A quién engaño? Me caga el pinche reggaetón y no sé bailarlo ni pedo. ¡Vale verga! A veces el amor nace mientras uno baila bien ridículo. Y así le seguimos, una chela tras otra, con toda la pinche selección musical chaqueta de esa noche, que si “Pobre estúpida”, que si La Factoría y, luego, para acabarla de amolar, “Puto” de Molotov. Ya me sentía hasta el huevo y temía hacer un oso que me costara la cita. Es bien difícil velar por la reputación cuando te están pichando la peda.

—¿Sabes, Pablos? No esperaba que fueras así de guapo. ¡Creí que no me ibas a gustar! Eras muy seco en los mensajes, muy intelectual. ¿Te han dicho que te pareces al de Timbiriche?

—¿A Dieguito Schoening? ¿De joven? ¿O ya ruco cuando anunciaba detergente blanqueador? No te pases, eh.

—¡De joven! ¡Obvio!

Al poco rato se unió un cuate de Santiago, un gordito de Sinaloa con un chingo de varo, un culichi bien cagado. Brindamos y bailamos como estrellas de una noche, como las protagonistas de la telenovela Soñadoras. En mi cabeza sonaba únete a la fiesta / únete a la fiesta / pum pum pum pum. La neta, el amigo me daba oso. Yo quería jotear normalito y él insistía en hacerse la maricona kuir deconstruida voguera empelucada en puntas. Al chile ninguno de los tres encajaba en ese mundito gay de masculinas discretas y esbeltas. Nos veíamos bien obvias, locas y jotas.

La Puri siempre se pone hasta el huevo, al grado que no se puede ni caminar entre la multitud. Así somos los mexicanos, nos gusta aplastarnos en todos pinches lados: conciertos, partidos de fucho, antros y el vagón del metro. Ya más prendido, el amigo nos invitó unos shots de mezcal. Nomás por cortesía, simulé dar un trago, y cuando nadie se dio cuenta lo derramé al piso. No me gustaba el chupe, ni el amigo, ni La Puri, pero hacía lo posible por sentirme parte del desmadre. Tal vez así vive la mayoría. Es deprimente. ¿Neta no se dan cuenta? Atraje a Santiago a mis brazos y, muy discretamente, inserté un dedo a su boca, para después irlo deslizando des-pa-ci-to entre sus nalgas, ya ustedes sabrán dónde. Como me mama el desfiguro, valía pito que nos vieran.

La clientela empezó a bajonearse y arrancó la hora nostálgica, junto a los acordes de “No puedo olvidarme de ti” de MDO. ¿Se acuerdan de ese grupo? Era la copia barata de Mercurio. Los Menudo nueva generación, clon insustancial destinado al olvido y los remates de Mixup. Santi dijo que ash, le chocaba esa pinche canción y mejor irnos ALV.

Tras un eructo salvaje, el amigo propuso chingarnos unas chelas en su depa. Nos dirigimos al estacionamiento donde Santi dejó su troca. Ahí, mientras esperábamos, se acercó una niña pobrecita vendiendo mazapanes. Apenas la miró, le dijo:

—Sorry, nena. Solo traigo tarjeta. Puro plástico. Sorry.

Pasamos en chinga a un Seven Eleven y nos llevamos unos Four Loko de limonada rosa. Solo por el compromiso de verme cool le di unos sorbitos. Traía unas pinches ganotas de Santiago, pero el amigo me daba una pinche hueva cósmica. Cada cosa que decía el sinaloense me exasperaba: que si la nueva canción de Yuridia, que si la nueva nariz de Belinda, que si el nuevo tip de Yuya, que si el nuevo video de los Jonas Vloggers, ¡pura pendejada! Simulé un sueño tremendo y le pregunté a Santi si podía darme un aventón. Aceptó.

Me sentía pleno y de maravilla… pobre pendejo. Desempleado tras acabar la carrera de Letras, mi jefa me mantenía con un sueldo nimio: en las mañanas trabajaba en un puesto como distribuidora de catálogos de Avon, Jafra y Mary Kay; por las tardes chambeaba en telas Parisina. Pero me sentía increíble. Ahí, con ese desconocido. Livin’ la pinche vida loca.

Los árboles, las farolas, la velocidad de la camioneta, todo parecía un videoclip ochentero. Cuando llegamos a mi colonia, Santiago preguntó si por ahí asaltaban. Le dije que nel. Lo peligroso empezaba más allá, donde están las chicas buena onda y los moteles, ese rollo heavy de Tlalpan. En mi zona vive una clase media baja desganada e inofensiva. Se estacionó y nos acomodamos en el asiento trasero. Encendí la radio. Algo suave, delicado, para inspirarnos: Amor 95.3 FM, solo música romántica. La dulce voz de Gianluca Grignani amenizaba la cita: HAY UNA COSA QUE YO NO TE DICHO AÚUUN.

—Esas canciones viejitas me recuerdan a doña Mary.

—¡Qué lindo! ¿Y quién es doña Mary? —pregunté—. ¿Tu mamá?

—No, güey. Mi chacha. Perdón…, la señora que hace el aseo en mi casa.

Nos quedamos viendo sin decirnos nada. Sonó “Hoy tengo que decirte papá” de Timbiriche. Qué oso.

—Quiero que sigamos viéndonos, Pablos, que me conozcas en serio, presentarte a mis amigos del CEA. Pero siento que vamos a dejar de vernos.

—¿Es neta, Santiago?

—Muy neta. Literal. Siempre me pasa.

—Mejor cállate y cógeme, ¿va?

Nos encueramos en chinga. Dobló mis rodillas y me mamó el culo, acá, como pinche oso hormiguero. Sacó condones de una cajita de mentas y se colocó uno. Nomás hay fluorescentes, ¿no hay pedo? No hay pedo. Mejor cerrar los ojos y no ver cómo la tiene. Conforme entraba, sentí que aquello que me metía era un objeto que no era un pito exactamente: tal vez un lápiz, un desarmador, un gusano de gomita. Para colmo brillaba en la oscuridad, de seguro parecía el pito de un extraterrestre. Coito exprés, torpe, depurado. Ninguno se vino y nos vestimos como si nada. Un último beso y la promesa de volver a vernos.

—Perdóname por llegar tarde, jefecita. Pasé la noche con un chavo turboguapo, actor de telenovelas. Fuimos a tomar unos drinks y después estuvimos platicando aquí afuerita. ¿Quién quita y este es el de a de veras?

—Ashushushu… —respondió mi jefecita adormilada.

Sé que sueno bien cursi e intenso clavándome en la primera cita, pero así vivo, atrapado en un melodrama donde siempre suenan los hits fugaces del pop en español.

 

Al día siguiente Santiago se fue a Acapulco con sus papás. Pinche semana, se me hizo eterna. Nada peor que esperar a un ligue. Genera una ansiedad de los mil diablos, ¿a poco no? No sabes si le gustas, si te odia o si le gustas, pero también te odia. Peor aún, me dieron ganas de querer saberlo todo con tal de hacerle plática: qué había comido, qué traje de baño usaba, en qué aerolínea se regresaría, si visitó La Quebrada, si un niño costero le movió la panza, si se puso bloqueador, si era alérgico a los camarones y si me compró un collarcito.

Cuando volvió, me decidí a marcarle. Me dijo que no tenía muchas ganas de salir de fiesta, pero que pasaría por mí. Me iba a mandar un Whats. Desde ahí sospeché que algo andaba mal. ¿Qué hago para que los hombres pierdan el entusiasmo tan rápido?

Me lancé al Balagan, un bar bien pitero en el Centro Histórico, escondido en la calle de San Jerónimo. Caguamas baratas y gente rara: aspirantes a escritores, metaleros prepotentes, oficinistas quebrados, indigentes, tarotistas, estafadores, reggaetoneros nefastos, chavitas del Claustro que se creen Pita Amor y supuestos hijos de los poetas infrarrealistas originales que van a prolongar allí su mentira bolañesca.

Por ahí andaba Elena, una chica rara entre las raras, de lentes de botella como los de las abuelitas. Vestía un suéter tejido y holgado y una falda de hippie. Su look no era muy habitual, y su oficio menos: es geóloga y se dedicaba a investigar el subsuelo de la pirámide de Cuicuilco. A Balagan llegas con tu celular y lo conectas al cable auxiliar del estéreo, y unos tarados habían puesto Mago de Oz. Elena se burlaba de la música y me animaba a desconectarla para poner a Laura Pausini.

Recibí un mensaje inesperado. Era Santiago cancelándome el plan. Sus papás dizque no le habían soltado lana. Le respondí que no había pedo, no teníamos que gastar. Podíamos ir por un café y caminar. ¿A quién no le gusta el café y caminar? Podíamos ir a El Jarocho, más barato y con azúcar mascabada. Ni así quiso. La neta pierdo la paciencia en chinga, más cuando siento que mi orgullo está en peligro. Le escribí que no volviera a buscarme, que me daba hueva, mejor hasta ahí y a chingar a su madre. Él solo dijo: okey. ¿QUÉ?

Le ofrecí disculpas y propuse que volviéramos a vernos. Los minutos pasaron y su respuesta pasó de cuatro caracteres a cero. Otro ligue estropeado. Otra esperanza arruinada.

Bateado y rancio, Elena me dio un aventón a casa. Traía una playlist con éxitos pop en español que me dejaba un nudo en la garganta. Soundtrack perfecto para una noche de rechazos. Bale berga la bida. Balen berga los batos.

—Ya no me respondió nada, Elena, ¡soy un imbécil!

—Lo siento, cariño. No estaba escrito en los astros.

—¡Pero dijo que quería volver a verme! ¡Los hombres inventan que quieren volver a vernos, pero no quieren volver a vernos jamás!

—Así es, cariño: te cogen, después te olvidan. Hace unos años cogí con un cabrón, la mejor cogida de mi vida. Me compró un vino mamón del Superama y juró que me pondría una rola que lo hacía llorar. Y yo, por supuesto, pensé: este cabrón me va a poner una mamada tipo Maná. Güey, me puso “Ángel” de Belinda. ¡Te lo juro! Y estuvo chingón. ¿Crees que volví a verlo? Ni madres. A veces escucho la canción esa y lo recuerdo. Es lo único que me queda: el puto recuerdo.

—Ando igual, Elena, haciendo lo mismito con las canciones, ¿te acuerdas de “Mi historia entre tus dedos”?

—Por supuesto, ¡no mames! Pinche italiano, mi prima era su fan y se lo echó.

—Es como si el pop en español capturara aquellos momentos fugaces que son a la vez lo peor y lo mejor de nuestras vidas. Como si mis gustos musicales de la infancia se transformaran en el talismán de mi vida adulta.

Al bajarme del carro, no pude evitar voltear hacia el punto exacto en la banqueta donde, una semana atrás, Santiago había tirado el condón usado que algún vecino humillado debió barrer a la mañana siguiente. De haber podido, habría guardado aquel condón en mi cajita de recuerdos.

Santiago Ruvalcaba, si volviera a verte, no reescribiría ni una coma de esta historia. Como canta Grignani, yo pienso que no son tan inútiles las noches que te di, aunque haya sido nomás una.


Autores
(Ciudad de México, 1993) es narrador y ensayista. Maestro en Letras Españolas por la UNAM, es autor de Emerson en Tijuana (Máquina de Aplausos, 2019) y La mítika mákina de karaoke (FCE, 2022). Sus textos se han publicado en Letras Libres, Tierra Adentro y Nexos. Ha colaborado en Montez Press Radio, House of Vans y Dover Street Market París. Ha sido beneficiario del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales en el área de Ensayo Creativo (2023-2024).
Portada de "Noti-calle" No.27, Julio 2022.
Portada de “Noti-calle” No.27, Julio 2022.

En la sala común de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”, cerca del mercado de la Merced, conversaban tres personas. Sus relatos reverberaban más fuerte que los gritos de los vendedores al vocear la mercancía. “Yo tengo mucho que contar”, interrumpió alguien en la charla, “un día, después de terminar el servicio, mi cliente me encerró en su casa, y sacó un machete. Quería matarme. Como pude me defendí y escapé de ahí”.

La mujer de corta estatura que la escuchaba respondió con una anécdota similar: “Una vez quisieron levantarnos. Eran dos gorilas armados, entonces yo salté hacia la cara de uno de ellos, y le arrebaté la pistola. Lo sueltas o se los carga la verga”, amenazó a los policías que encañonaron a su compañero Jaime Montejo. Después arrojó el arma a una cloaca abierta. El acto solo postergó la paliza que recibieron a manos de otros judiciales, de acuerdo con Putas, activistas y periodistas (Brigada Callejera y Desinformemonos, 2018).

Portada de "Putas, activistas y periodistas", Brigada Callejera y Desinformemonos, 2018.

Portada de “Putas, activistas y periodistas”, Brigada Callejera y Desinformemonos, 2018.

Con el temple de quien sobrevive entre el caos, dio media vuelta, extendió una sonrisa y se presentó: “soy Elvira Madrid, manito”. Madrid, o mamá Elvira, como la llaman, se acerca a los 65 años de edad. Ha presidido la Brigada Callejera desde 1993, organización especializada en la defensa de los derechos humanos, civiles y laborales de las trabajadoras sexuales y mujeres trans así como migrantes en situación irregular.

Elvira Madrid en La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

Elvira Madrid en La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

Madrid ha visto cómo el trabajo sexual independiente es travesado por la trata de personas con fines de explotación sexual. Este delito es definido como toda acción u omisión dolosa de una o varias personas para captar, enganchar, transportar, transferir, retener, recibir o alojar a una o varias personas con fines de explotación, de acuerdo a la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y Para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos delitos.

La diferencia entre trata de personas y trabajo sexual es la autonomía con la que se ofrecen servicios sexuales y/o eróticos a cambio de algún tipo de ingreso, como se explicó en la introducción de la segunda encuesta sobre trabajo sexual, elaborada en 2021 por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED).

Sin embargo, desde el 2020 a lo que va del 2022, el trabajo sexual independiente ha enfrentado extorsiones de grupos delictivos y policías. Los resultados de la segunda encuesta del COPRED, arrojan que la policía ha violentado al 78.7% de las trabajadoras agredidas por alguna instutución.

La Brigada ha identificado a dos altos mandos policiales que cobran derecho de piso en tres ubicaciones: “Puente de Alvarado, Av. México-Tenochtitlán y Jardín de San Fernando, entre ellos se reparten estos puntos de la alcaldía Cuauhtémoc”, refirió Arlen Palestina, abogada del área jurídica de Brigada Callejera, donde a lo largo del 2022, se han abierto 160 carpetas de investigación por extorsión, y trata de personas; pero solo se han judicializado 22.

Palestina explicó que la gran mayoría de los perpetradores son miembros del crimen organizado, cuya impunidad comienza desde el poder judicial. También esclareció que solo cuatro carpetas implicaron a dos extrabajadoras sexuales, quienes explotaron sexualmente a otras mujeres. “Ellas están en la cárcel de Santa Marta, pero bajo el delito de extorsión, no de trata de personas”, reprochó la abogada el veredicto del caso.

Palestina exigía que los involucrados en trata de personas fueran encarcelados por ese delito. Una petición rechazada en varias sentencias en las que ha participado la abogada. “También hay dos chicos que están en el reclusorio oriente, de nuevo, por el delito de extorsión”.

 Tres modelos frente a la criminalización

Aunque los cobros por derecho de piso fueron denunciados por la Brigada, la omisión por parte de las autoridades ha afectado a las 15 mil 200 trabajadoras sexuales de la CDMX, en especial a quienes ejercen en los tres puntos que mencionó Palestina en la alcaldía Cuauhtémoc, donde se concentra el 37.3% de las trabajadoras.

Existe la posibilidad de reducir las extorsiones a través de la Sentencia del Juicio de Amparo 112/2013, resuelto el 31 de enero de 2014, por la jueza federal, Paula María García, en la cual se obliga al Gobierno capitalino a reconocer como trabajadoras no asalariadas, a las/los trabajadoras/es sexuales que laboran en la CDMX, cuando no exista una relación obrero patronal reglamentada en la Ley Federal del Trabajo, incluyendo el derecho a formar sindicatos.

Elvira Madrid explicó que, debido al mandato de la jueza, el Gobierno de la CDMX debería expedir las credenciales de trabajadoras no asalariadas, a través de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo (STyFE). Los requisitos para obtenerlas son una  identificación oficial que compruebe su mayoría de edad, acta de nacimiento, CURP y cuatro fotografías. La información que se concentra en las credenciales indica su nombre, donde trabajan y los horarios.

En 2016, sólo 177 trabajadoras sexuales de un total de 250 mil contaban con la credencial. El proceso se ha detenido desde que inició la pandemia por Covid-19 en 2020, a pesar de que la Brigada gestionó 2 mil 500 solicitudes durante el 2022, y alrededor de 3 mil del 2020 al 2021. “Yo creo que vamos a implementar ya un juicio, haremos constar que ellos no están cumpliendo”, adelantó Madrid la reciente iniciativa del área legal de la Brigada.

Mencionó que las autoridades niegan la existencia de las solicitudes. Otra respuesta que han escuchado es el rechazo de la autorización por parte de las alcaldías para que las trabajadoras sexuales laboren en las calles. “Pero la alcaldía no tiene el derecho de dar los permisos”, Madrid se refirió a la sentencia 112/2013. “Al tener un permiso ya ni el padrote, ni la policía pueden llegar a exigir dinero. Por eso no quieren dar las credenciales”, agregó.

Desde el 31 de enero del 2014, el trabajo sexual es reconocido como una actividad económica, sin penalización ante la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal, en el artículo 24, fracción VII.

La criminalización a las trabajadoras sexuales aún supone un riesgo recurrente. Las observaciones de la Brigada en los 28 estados de la República donde hay trabajo sexual, identifican el aumento de las condiciones negativas cuando se criminaliza a quienes ejercen esta actividad. Debido a la persecución, “las chicas quedan relegadas a condiciones más cabronas, incluso al narco, en un clima de corrupción e impunidad”, especificó Madrid.

Hay precedentes de dos modelos que México podría considerar en la regulación del sector: “el abolicionista y el legal”, enlistó la doctora Alejandra Buggs, psicóloga clínica, especialista en Estudios de Género y fundadora del Centro de Salud Mental y Género. La doctora ahondó en la experiencia de otros países bajo estos esquemas y retomó el artículo: El sistema de prostitución como legitimador de la dominación de las mujeres, escrito por la investigadora Frida Hernández.

En el texto, se registran las consecuencias de Países Bajos al implementar el modelo legal del trabajo sexual, entendido como una actividad comercial y voluntaria, en el 2000. Contrario a lo esperado, para el 2017, el número anual de víctimas de trata de personas aumentó a 6 mil 250; de las cuales, el 67% fueron violentadas con fines de explotación sexual.

Alemania, uno de los países en adoptar el mismo modelo en 2002, exigió a las trabajadoras y propietarios de burdeles pagar impuestos mientras accedían a la seguridad social. En 2016, se observó que el 95% de quienes ejercían el trabajo sexual eran mujeres extranjeras, la mayoría en condiciones precarias. La explotación aún representaba un problema, pese a la prohibición de tarifas bajas  a cambio de múltiples servicios sexuales.

El modelo abolicionista se fundamenta en la defensa de Derechos Humanos y la protección a las trabajadoras sexuales. Fue implementado en Suecia durante 1999, y sanciona tanto a los consumidores del trabajo sexual como proxenetas. En los primeros 10 años, se redujo a 8% la población que contrataba servicios sexuales. Además 40 hombres han sido sentenciados por trata.

De acuerdo con el artículo de Frida Hernández, citado por la doctora Buggs, México se adscribe en el “modelo reglamentario”, que entiende a la prostitición como inevitable y exige a quienes la ejercen a realizarse exámenes de enfermedades de transmisión sexual, o restringir su labor a en determinados lugares.

Elvira Madrid comentó que criminalizar al cliente y a las trabajadoras sexuales es una regularización inútil, incluso contra la trata de personas. La directora de la Brigada ha exhortado a las autoridades a continuar con las carpetas de investigación y denuncias que gestionaron del delito.

Propuso que el dinero incautado de los involucrados en la trata de personas debería entregrarse a las víctimas; de esa forma, “podrían puedan hacer su vida. Eso es un verdadero rescate”. Reconoció que el Estado falló al coartar sus derechos a la educación, salud y un empleo formal.

Madrid insistió en la necesidad de crear un presupuesto gubernamental para prevenir que una persona recurra al trabajo sexual debido a la precariedad laboral, o el desempleo. “Esto lo vimos en la pandemia: el 50% de las compañeras que ejercieron, ni siquiera tenía contrato en los trabajos donde las corrieron”.

Aclaró que la mayoría de las mujeres encuestadas, laboraba por un salario debajo del mínimo, en una jornada mayor a ocho horas. “Eso es trata laboral, y hay un chingo”, determinó. Conforme a los datos recabados por la Brigada respecto a la situación social de las 15 mil 200 trabajadoras sexuales, el 75% son madres solteras y en promedio tienen tres hijos. “De acuerdo a nuestras estadísticas, las compañeras sobreviven con el 30% de lo que solían ganar”, puntualizó Madrid.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

Los limitantes de la regulación

Si bien el trabajo sexual ofrece una alternativa para generar ingresos, el 67.3% de la población encuestada por el COPRED afirmó que dejaría esta actividad. Entre las principales razones resaltan la aspiración a tener un empleo formal, la discriminación y violencia en las calles.

Geraldina González de la Vega, presidenta del COPRED, identificó que el principal generador de agresiones hacia las trabajadoras se deriva de los prejuicios respecto a si un hombre, mujer, o persona no binaria, puede tomar una decisión para dedicarse al trabajo sexual, como una opción para obtener dinero.

Detalló que hay dos discursos que obstaculizan una regulación legal. Una viene desde la corriente abolicionista, “que consideran que las mujeres son objetivadas, y que no deberían usar su cuerpo para obtener un ingreso”. El otro considera inmoral el trabajo sexual, “porque las relaciones sexuales deben tenerse únicamente dentro del matrimonio”.

Ambas posturas generan temor en las autoridades, “porque quieren evitar que se piense que se está legalizando el abuso de los cuerpos de las mujeres”, aclaró González de la Vega y enfatizó que es fundamental diferenciar el trabajo sexual de la trata de personas con fines de prostitución.

Las sobrevivientes de este delito y las trabajadoras han sido la población más vulnerable a las agresiones de género. La doctora Bugss, junto a sus colegas, han observado las consecuencias que las víctimas de trata enfrentan después de atravesar un proceso de cosificación a manos de sus agresores.

Cuando logran escapar, comentó la doctora Buggs, presentan una depresión profunda y han atravesado por intentos de suicidio. Una de las mayores dificultades en el acompañamiento que ofrece el grupo de expertas en salud mental es fomentar el autocuidado en las pacientes. Es el primer paso que se intenta alcanzar con las mujeres violentadas para que ellas mismas ejerzan sus derechos.

La labor de la doctora Buggs se ha complicado, “porque las sobrevivientes suelen sentir que no merecen vivir mejor”. Explicó que para estas mujeres es complicado darle valor a lo que está percibiendo, “porque han creído en quienes se convirtieron en sus agresores”.

Desde el Centro de Salud Mental y Género, las terapéutas concordaron con la Brigada al señalar a la policía y el crimen organizado como los perpetradores de distintas agresiones de género contra las trabajadoras sexuales. “Las golpean, o las drogan”. Incluso, la doctora Buggs contempló a los clientes como agresores comunes, quienes de acuerdo al COPRED, han violentado al 69.2% de las mujeres encuestadas.

“Lamentablemente”, agregó la doctora Buggs, “por no llevar a cabo las leyes cómo debería ser, tanto quienes explotan a las mujeres sexualmente, como quienes contratan sus servicios, se sienten con el derecho de poderlas violentar”. De esa forma comienza un ciclo de impunidad en el que la discriminación invisibiliza a las trabajadoras.

González de la Vega consideró que los estigmas revictimizan a quienes ejercen el trabajo sexual en las calles. Conforme a sus conclusiones, la gente califica de inmoral a una persona que gane un ingreso con su sexualidad. La doctora Buggs coincidió en que los prejuicios suponen un daño mayor, y comienzan desde el sistema patriarcal que acota las relaciones sexuales en el matrimonio.

“No se trata de ver a la prostitución como algo malo”, planteó la doctora Buggs, “sino que se convierte en algo negativo en el momento en el que hay violencia de por medio”. González de la Vega observó que las personas trans dedicadas al trabajo sexual son señaldas por mentir respecto a su identidad de género”. Debido a estos factores, son criminalizadas”. De hecho, el COPRED contabilizó a 87 mujeres trans que han sido agredidas en comparación con 42 mujeres cis.

Respecto a los objetivos que debería perseguir una regulación del trabajo sexual, en primera instacia, el COPRED llama a la sociedad y a las auturidades a reconocer legalmente esta actividad como un trabajo. Así, se promovería la protección a los derechos humanos de quienes decidan ejercerla.

El COPRED enfatiza en la necesidad de adoptar un enfoque integral en el acceso a servicios de salud y oportunidades educativas. Las políticas públicas tendrían que desarrollarse con perspectiva de género para garantizar la seguridad ciudadana y evitar la revictimización en las instituciones de justicia.

Además, González de la Vega confirmó la activación de una mesa de diálogo por parte de la Dirección General de Diversidad Sexual y de Derechos Humanos para gestionar mejor las propuestas sobre el respeto a los derechos de las trabajadoras sexuales.

Por otra parte, la doctora Buggs consideró que la creación de campañas gubernamentales para sensibilizar a la población respecto al tema, podría significar un buen inicio hacia la regularización. Ante la vulnerabilidad, las trabajadoras sexuales exigen programas que puedan garantizar la seguridad social por medio del reconocimiento a su labor, incluso para las y los adultos mayores que ejercieron el trabajo sexual, como las residentes de la casa Xochiquetzal.

Noti-Calle: periodismo del trabajo sexual

El acceso a la educación ha sido un objetivo primordial para el Centro presidido por la doctora Buggs y el COPRED, cuya labor también se concentra en la difusión de los derechos humanos y el autocuidado de la salud sexual para las trabajadoras.

La Brigada coordina acciones enfocadas a la misma finalidad, y lo consigue mediante su propio medio de comunicación: Noti-Calle. La publicación mensual editada y dirigida por trabajadoras sexuales, surgió en 1996 con la misión de informar a las trabajadoras sobre el uso del condón, los centros de salud donde pueden acudir si necesitan atención médica o psicológica y visibilizar la realidad que resisten en las calles.

Portada de "Noti-calle" No.27, Julio 2022.

Portada de “Noti-calle” No.27, Julio 2022.

Madrid recordó que cuando los medios entrevistaban a sus compañeras, nunca se publicaba lo que ellas decían, salvo los precios por sus servicios y una imagen sexualizada bajo el estereotipo: “las chicas del tacón dorado”. Jaime Montejo, integrante de la Brigada, sugirió escribir noticias desde sus experiencias. Así comenzaron los talleres de periodismo comunitario, impartidos cada lunes y el programa radial, Radio Talón.

Noti-Calle significó una herramienta contra la alfabetización. De acuerdo a la Brigada, el 60% de las trabajadoras sexuales en la Merced vienen de comunidades en extrema pobreza, “y es común que no sepan leer”, aclaró Madrid, “por eso aquí vienen, y las ayudamos a terminar su primaria,  secundaria y preparatoria. Ahora una compañera ya se va a la Universidad, de lo que estamos muy orgullosas”.

A través de Noti-Calle, las madres solteras pueden enterarse de los distintos apoyos de despensa que brinda la Brigada. Una actividad complementaria es el desarrollo de becas para los niños. Madrid llegó a gestionar 300 becados en un sistema que requiere una madrina o padrino para comprar útiles escolares y la atención de la mamá para que lleve a sus hijos a diario a la escuela. Los estudiantes deben mantener un promedio mínimo de ocho.

“Yo estoy segura de que la única manera de combatir los problemas estructurales es con la educación”, repitió Madrid el lema con el que Noti-Calle acerca el conocimiento en cuanto a derechos humanos a personas como Valentina Jiménez, mujer trans de 40 años, quien solía insultar a los policías que la extorsionaba, “porque no conocía mis derechos. Aquí viene a aprender”, evocó Valentina el progreso que ha tenido en cuatro meses de colaborar en Noti-Calle.

Valentina participó en talleres de entrevista, donde las trabajadoras enuncian sus cuerpos. En Noti-Calle, ellas alzan sus voces para dejar atrás la tarea exclusiva del periodismo tradicional, que elegía a quien darle voz. Frida Mendoza, periodista especializada en género, celebró que estos preceptos sean abandonados con la autogestión Noti-Calle, y reconoció que los medios deben capacitarse en perspectiva de género con especialistas o colectivos.

“El periodismo es algo muy importante, porque nos tenemos que actualizar sobre el cuidado a la salud”, dijo Valentina. Sus ojos cafés e inquietos encuentran un momento de sosiego en la página en blanco frente a ella. Esperó unos segundo e interrumpió el mutismo: “Todas tenemos una historia. Yo tengo mucho que contar”. Su voz, perdida entre el valor y lo sombrío, es la misma que se enfrentó a la brutalidad de un agresor armado con un machete.

“En un futuro voy a contar mi propia historia en Noti-Calle”, anunció. Al compartir sus experiencias, las trabajadoras se liberan y practican la cultura de denuncia. El resultado de este acercamiento con el periodismo derivó en la publicación de Putas, activistas y periodistas (2018), editado por la Brigada y Desinformémonos ediciones. El libro tardó siete años en terminarse, y narra la vida de las trabajadoras que fueron expulsadas de sus hogares o intercambiadas por bienes durante su niñez.

Los testimonios para el libro fueron registrados bajo una perspectiva de género, enfocada en evitar revictimizar a las mujeres que han sido agredidas. Estas bases son las que Mendoza recomienda al hablar de trabajo sexual: una redacción adecuada a favor de los derechos humanos y hecha desde la empatía, con la que se descarte la polarización.

Una vez más, contar historias de vida desde las calles, se ha convertido en un acto de resistencia contra la impunidad del crimen organizado y la indiferencia por parte de las autoridades. El trabajo sexual, aunque fue reconocido de forma legal, aún está en disputa ante los estigmas de una sociedad acostumbrada a invisibilizar las otredades.

Las trabajadoras sexuales visibilizan su realidad desde distintos frentes, unidas para exigir respeto y dignificar su labor. En palabras de Madrid, “no solo es saber tus derechos, sino hacerlos valer y judicializarlos”.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.
Heinrich Böll, Wikimedia Commons.
Heinrich Böll, Wikimedia Commons.

Aquel caminante, el que en los labios lleva un verso Delicado, que ya ha deambulado por estas líneas en otras ocasiones se ha apostado, ahora, en la planta alta de un vetusto edificio de dos centurias enclavado en el centro del antiguo señorío de Azcapotzalco. Este sacrosanto terruño, llamado estérilmente La Luna —quizás la feble imaginación del dueño nunca reparó en que por sus ventanas puede verse el frontispicio del templo que vio caer el último bastión realista en 1821, o que en ese lugar se veneró, por vez primera, a la Virgen de Guadalupe, en el siglo XVI, lo que hubiera hecho de La Realista o La Natural nombres más afortunados—, se ha enquistado por más de cien años en la memoria de los chintololos —cuyo gentilicio, dicen, se refiere a la “calipigia carnadura” o, para citar a López Velarde, a la “grupa bisiesta”—. Y ha resistido el tráfago del siglo veintiuno y su hipocresía mal disimulada junto a la Cervecería Toluca y El Dux de Venecia.

Para un vigía aferrado por necesidad a las cuatro paredes de una habitación que pueda vislumbrar la vida, la rutina adquiere tintes insospechados. Lo que el peatón común —no como aquel que es “asunto de la lluvia”— considera azar, para un sereno centinela no es sino el devenir de un autómata bajo el fragor de la batalla cotidiana:

bajar las escaleras del andén, subir las escaleras del andén, dejar maleta, sacar billete del bolsillo del abrigo, recoger maleta, entregar billete, al puesto de periódicos, comprar periódicos de la tarde, salir a la calle, llamar un taxi. Durante cinco años partí yo casi todos los días de algún punto y llegué a cualquier otro punto, por la mañana subía y bajaba las escaleras de la estación, por la tarde bajaba y subía las escaleras de la estación, tomaba taxis, buscaba dinero en el bolsillo de mi chaqueta para pagar al conductor, compré periódicos en el quiosco, y en algún rincón de mi conciencia disfruté la incuria minuciosamente estudiada de este piloto automático.1

La desidia de los días de la rutina se aprehende en los sentidos y éstos se revuelven en el centinela que vio desde otra ventana, quizás esta más remota, cómo aquellas tres etílicas feligresías, en las últimas dos décadas del siglo XX, se tornaron refugio y ciudadela de una caterva de escritores y periodistas que encontraron la casualidad certera para conformar una tertulia de esforzados bebedores, lectores de un rigor rayano con la crueldad y dueños de una pluma que por intransigente con la vocación se ha vuelto ya extraña para la aséptica y candorosa literatura de nuestros tiempos. La cerveza de barril y la intratable comida todavía pululan entre las paredes y las mesas de madera ajada, los cofrades se han ido extraviando entre el tiempo y la inmisericordia de la vida.

La soledumbre que la ausencia encaja entre el pecho y la espalda retoza aviesamente entre la piel de quien se atreve a mirar los despojos de otros tiempos que también fueron suyos, que se compartieron entre los resquicios de una primera juventud sedienta de la codicia de la calle y de sus secretos, de los furtivos versos que se escribieron entre las servilletas de cantinas que han visto pasar mejores días o que han sucumbido a la moderna celeridad. En medio de ella, un personaje devastado y con un mal de amores calando los huesos afirma:

Olvidé mencionar que soy sensible no sólo a la melancolía y a la jaqueca, sino que poseo, además, otro don casi místico: puedo percibir olores por teléfono y Kostert despedía un ofensivo hedor a pastillas de esencia de violetas.2

El del don místico es Hans Schnier, personaje de Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll, personaje que mira desde su miseria una Alemania devastada por la posguerra, aquel periodo que sucedió a las dos grandes derrotas del Estado alemán y que concluyera con una desmembración geográfica y moral. Hans Schnier afirma:

Soy un payaso, de profesión designada oficialmente como “Cómico”, no afiliado a ninguna Iglesia, de veintisiete años de edad, y uno de mis números se titula: la partida y la llegada, una larga (casi demasiado) pantomima, en la cual el espectador acaba confundiendo la llegada con la partida.3

El “pagliacci”, el bufón, el arlequín o el loco de la corte, así como sus distintas advocaciones, no solo ha acompañado a buena parte de las culturas occidentales a lo largo de su historia —baste señalar La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo o la ópera homónima, de Leoncavallo, como ejemplos inmediatos—, ha sido también el privilegiado espectador que, como en la canción de Fernando Z. Maldonado, se oculta para presenciarlo todo. “El carnaval del mundo engaña tanto”, escribió Juan de Dios Peza, a propósito de Garrick “el más gracioso de la tierra,/ el más feliz”, y cabe recordar que en la esquina de Plateros y Vergara, en la Ciudad antigua, se erigió La Fama Italiana, lugar predilecto de Ciro B. Ceballos y del propio Peza.4 En los recuerdos de ese lugar, el joven autor de Un adulterio y Croquis y sepias pergueñó su Panorama mexicano 1890-1910 (Memorias) un documento necesario e imperioso para conocer la historia mexicana decimonónica. En el apartado “El dios del vino”, Ceballos apunta a propósito de La Fama Italiana:

frecuentaban asiduamente ese lugar cuatro individuos de mucha popularidad caídos en el olvido. Se encontraban en la decadencia completa, en la bancarrota plena de la existencia, decepcionados, envejecidos, tristes […] Esos vencidos era un payaso, dos toreros y un enano, [el primero] había sido el clown más popular y más querido de los ancianos, de los jóvenes y de los niños; y el cuarto, Pirrimplín, era enano bohemio, que habría resultado un magnífico modelo para Diego Velázquez o Francisco de Goya, por su “perfección” teratológica, por su monstruosidad reveladora de la hermosura de lo espantoso.5

El clown al que Ceballos se refiere es Ricardo Bell, quien hizo reír a la sociedad mexicana finisecular con el Circo Orrín, primero, y después con su propia pista, proyecto que duraría poco, puesto que el payaso moriría en 1911, en Nueva York, y los escombros de su legado se confundirían con los del concreto que las balas de la Revolución desperdigarían. De este modo, puede constatarse que en la elección de un payaso como narrador —en el caso de Böll, derrotado y con el maquillaje ajado— se encuentra un profundo dominio y conocimiento de su tradición y de sus herramientas. La focalización que Böll empuña estará presente en toda su obra, y será una de las características más llamativas de una literatura que prefigurara narrativas posteriores.

Por ello, al momento de la publicación de Opiniones de un payaso, en 1967, Böll gozaba de un prestigio que había comenzado en 1949 con la publicación de su primera novela El tren llegó puntual, en donde narra la historia de Andreas, un soldado alemán que emprende un viaje hacia el frente de guerra en Polonia y en el cual sabe que la puntualidad a la que alude el título es la certeza de la escrupulosidad de la cita con la muerte. Escribe Böll:

¿Por qué no subes?

¿Cómo? —exclama el soldado sorprendido—. ¿Claro! Mejor me aviento a las ruedas… también puedo desertar […] Sí puedo, me puedo volver loco… y estoy en todo mi derecho: es mi legítimo derecho volverme loco. No quiero morir, eso es lo terrible, que no me quiero morir. 6

La sevicia de la guerra se trasluce a cada momento en la atmósfera de la novela; las ganas de llorar de Andreas, al tiempo que reflexiona sobre su destino —el acuchillamiento o el paredón— y su vida, preludian el desasosiego que Böll retrató con precisión al mirar de frente al pasado inmediato y fustigar el presente que quiere olvidarlo. Si la Alemania derrotada es el leit motiv de su escritura, son los matices los que la ensanchan: en Andreas de El tren llegó puntual es la juventud perdida la que atraviesa su fe; en Opiniones de un payaso es el lugar de enunciación —el maquillaje, el escenario, el cuarto de hotel— lo que le permite a Schnier contemplar la devastación. En El pan de los años tempranos es la inexperiencia y el temor de una generación asolada por la guerra lo que le brinda un carácter al personaje que afrenta la deshumanización de la cotidianidad.

Lo que quería hacer con ella, no lo había hecho jamás con una mujer. Había muchos nombres, muchos vocablos para definirlo, y yo los conocía casi todos, los había aprendido durante mis años escolares, en la residencia y con los compañeros de la escuela de ingenieros; pero ninguno de esos vocablos era aplicable a lo que quería hacer con ella… y seguía buscando la palabra. Amor no es palabra que lo exprese todo, quizá solo la que más se aproxima.7

Si el amor es ese vocablo que apenas escarcea con la verdad, es la estética de lo humano, con todos esos horrores que nos recuerdan al prefacio al Werther, de Goethe, lo que nos acerca a ella. La obra de Heinrich Böll es dolorosamente cercana, pero también es un retrato en el cual los surcos de la faz humana se acentúan y se desvelan impúdicamente.

Durante el siglo veinte, en la España posterior a la Guerra Civil emergió el “Grupo poético de los 50”, en Latinoamérica surge la “novela de la dictadura” y en Italia retoza el neorrealismo, un puñado de ejemplos que insisten en recordarnos que el fenómeno estético y artístico se crea ante la ruptura del orden establecido. Y qué mayor escisión que un conflicto —social, bélico o filosófico— que delinee lo mismo las más profundas vejaciones que la empatía más sincera. El resquebrajamiento de la realidad circundante es aquello que suscita un ciclo viciado en el que pueden asomarse algunas virtudes. En Billar a las nueve y media, novela de 1959, Böll escribe, en el ochenta aniversario de Heinrich Fähmel, el patriarca de dos generaciones de arquitectos:

o más terrible en él era que no conocía la ternura; cuando le vi cruzar el patio comprendí que era fuerte, y que todo lo que hacía, no lo hacía por los mismos motivos que mueven a los demás: porque fuera rico o pobre, guapo o feo, porque su madre le hubiese o no le hubiese pegado; todo eso son motivos que determinan las acciones de las demás personas: por eso construyen iglesias o asesinan a mujeres, son buenos maestros o malos organistas; pero de aquel muchacho sabía que ninguno de estos motivos me explicaría nada; en aquella época sabía reírme, pero en él no encontré ninguna rendija por la que poder meter mi risa; eso me dio miedo como si un ángel oscuro hubiese cruzado el patio de mi casa8

Heinrich construyó en su juventud la abadía de Sankt Anton, abatida durante la guerra; su nieto, Joseph, está encargado de reconstruirla. Robert, el segundo arquitecto Fähmel, cuenta:

Tenía un buen equipo: físicos y arquitectos, y volábamos todo cuanto se cruzaba en nuestro camino: lo último que volamos fue algo enorme, imponente, todo un conjunto arquitectónico, una serie de edificios muy sólidos: una iglesia, unos establos, unas celdas monacales, un edificio administrativo, una aparcería, un monasterio entero […] unos muros se derrumbaron allí ante mí; en los establos bramaba el ganado, y los monjes me maldijeron, pero no pudieron detenerme, volé toda la abadía de Sankt Anton, en el valle del Kissa, tres días antes de que terminara la guerra. Y siempre con la misma corrección, muchacho, ya me conoces.

Si con Hans Schnier la elección de un narrador para contar la historia es afortunada, no lo es menos la presentación de una decena personajes que cuentan, cada uno, su versión de los hechos narrados. Así, lo que supo o conoció alguno no es necesariamente lo mismo que el otro, y así, la historia de una abadía creada, demolida y restaurada es la representación de la historia humana: las ansias de arrasar con todo lo anterior para que al final se construya, de nuevo, el mismo templo, con un coro monumental de infinitas voces que quieres contar su propia verdad.

Si Gonzalo Celorio escribe que “la historia de la Ciudad de México es la historia de sus sucesivas destrucciones”,9 es ineludible el pensar que la afirmación es compartida. A través de las páginas del diario de Zeno Cosini, fumador implacable que busca las causas de su adicción, conocemos de sus temores y sus anhelos, pero también de las estructuras que merced a la fatalidad —en su caso, la Gran Guerra— caen asediadas por las circunstancias:

26 de junio de 1915

¡La guerra me ha alcanzado! Yo que escuchaba las historias de guerra como si se tratara de una de otra época de la que resultaba divertido hablar […] Había vivido en plena calma en un edificio cuya planta baja ardía y no había previsto que tarde o temprano todo el edificio se desplomaría, y yo con él, pasto de las llamas. La guerra me ha hecho presa, me ha sacudido como un trapo y me ha privado de golpe de toda mi familia […] De la noche a la mañana me he convertido en un hombre del todo nuevo; mejor dicho, para ser más exactos, cada hora del día es del todo nueva para mí.10

Las “sucesivas destrucciones” de las que habla Celorio, respecto de la Ciudad de México son:

el México independiente acabó con la del virreinato, y la ciudad posrevolucionaria, que se sigue construyendo todavía, arrasó con la del siglo XIX y los primeros años del XX, como si la cultura no fuera cosa de acumulación sino de desplazamiento.11

El desplazamiento no sólo tiene una dimensión simbólica, sino que se esparce por todas las naturalezas humanas. Heinrich Böll lo supo, y supo también delinearlo con justicia precisión, pero también desde el acto volitivo de la compasión, entendida ésta como el atisbo del otro desde la propia experiencia. Con su deslumbrante habilidad narrativa, en novelas como Retrato de grupo con señora, en la cual mezcla los documentos del juicio de Nüremberg con recortes de prensa y cartas, que pueden o no ser ficticias, o en El honor perdido de Katharina Blum, en donde exhibe a la opinión pública y a los medios de comunicación como mecanismos de poder totalitarios —su pertinencia está a punto de alcanzar cincuenta años—, Böll retrata una generación con la impronta de su pasado en la frente, con las cicatrices de un presente incierto y con la idea de un porvenir difuso, pero desde la convicción de que el nombrarlos es, quizás, la única manera de apostarse desde una cantina que ha resistido con estoicos bríos los embates del tiempo, percibiendo por el auricular de un teléfono el aroma de un whisky añejo, para reconocerse en alguno de esos fantasmas que, a su vez, son espectros de otros cuerpos que deambulan desplazados por sus calles

1 Heinrich Böll, Opiniones de un payaso. [Edición digital]

2 Id.

3 Id.

4 Seduce el pensar que entre sus fustes ambos escritores —el primero un joven deslumbrado por el segundo, el “poeta del hogar”— despepitaron con fruición sobre la fama y el prestigio de Brummel ante sus arrebatos críticos en contra de Peza.

5 Ciro B. Ceballos, “El dios del vino”, en Panorama mexicano 1890-1910 (Memorias), México: UNAM, 2006, pp. 83 y 84.

6 Heinrich Böll, El tren llegó puntual, México: Fondo de Cultura Económica, 2020, p. 7.

7 Heinrich Böll, El pan de los años tempranos. [Edición digital]

8 Heinrich Böll, Billar a las nueve y media. [Edición digital]

9 Gonzalo Celorio, “México, ciudad de papel”, en Material de lectura. Serie “El ensayo contemporáneo”, núm. 4, México: UNAM, 2013, p. 27.

10 Italo Zvevo, La conciencia de Zeno. [Edición digital].

11 Gonzalo Celorio, op. cit., p. 28.


Autores
Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y 2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, reseña y crítica literaria en Laberinto, Confabulario, Este país, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antologías Cofradía de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entrópico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM.
Portada del libro "Bonzo" de Luis Alberto Arellano. Palíndroma.
Portada del libro “Bonzo” de Luis Alberto Arellano. Palíndroma.

1. Bonzo es un libro de Luis Alberto Arellano.

1.1. Fue publicado en 2012 en El Quirófano Ediciones de Guayaquil, Ecuador; luego, en 2018 como parte de la Obra (in)completa que recopiló Herring Publishers, y finalmente en 2021, como parte de la colección Aibofobia de Palíndroma.

2. Bonzo se divide en dos secciones:

2.1. “Caja negra”, como el dispositivo que registra y almacena los datos de instrumentos y conversaciones de una nave y que, en caso de un accidente, permite reconstruir los hechos y las causas del desastre.

2.2. Y “Tiro de gracia”, expresión que se origina de la práctica misericorde de proporcionar a un herido una lesión mortal que acorte su agonía.

Del contenido de ambas secciones, Ángel Ortuño hace un recuento gozoso en el prólogo de esta edición. Desarma, como él confiesa, cada pieza del libro para ver cómo funciona.

3. En Bonzo no hay poemas.

3.1. Las formas que toman los textos contenidos en el libro, no se corresponden a las de un poema; sin embargo, lo aluden. La convención que se adopta de llamarlos poemas y no de otro modo, es un sesgo programado por la tradición en los lectores.

3.2. La temática de Bonzo no discurre sobre las ideas universales, los nobles sentimientos, categorías a priori o espíritus absolutos. Refiere de forma fragmentaria acontecimientos materiales y personajes insertos en una historia personal o pública.

3.3. A diferencia de un poema de la tradición, Bonzo dialoga metonímicamente con su mundo:

3.3.1. El 15 de julio de 2012 en Damasco, los rebeldes llevaron a cabo una operación masiva para conquistar la ciudad y el régimen gobernante respondió bombardeando los barrios en donde se concentraban los insurgentes.

No finja conocer el barrio a sus espaldas/ es de Nadie

3.3.2. Luego de 144,000 días, el 21 de diciembre de 2012 fue el último día del decimotercer baktún en la cuenta larga del calendario maya y nos invadía la sensación de que era el fin del mundo.
Usted recibirá una llamada que lo apure a llegar a casa. // Amable, cínica o provocadora. // Una llamada que haga que tome todo por perdido y se dirija con premura a su casa.

3.3.3. En las elecciones parlamentarias de Grecia, Corea del sur y Países Bajos, celebradas en 2012, los ganadores fueron partidos de centro-derecha. En México, el presidente electo, también.
1 Calme a la persona de su extrema derecha // 1.1 Si llega a salpicar pida disculpas // 2 Hidrate el área purulenta // 2.1 Utilice sólo agua o Sidra // 2.2 Lance chorros regulares al área infectada // 3 Reconozca que es un zombie

4. En Bonzo hay textos que le hablan a un Tú en modo imperativo.

4.1. Desde que Agustín de Hipona se maravilló con la forma en que su maestro San Ambrosio comprendía un texto, sabemos lo que esa estrategia textual de la apelación provoca en nuestra lectura silenciosa.

4.1.1. De pronto, el tú que no se pronuncia, se vuelve un yo que se habla a sí mismo.

4.2. En este sentido, textos como Efecto nocturno, Tipos duros, Malas palabras y en cierto grado Nubes violeta a ras de piso, amplían sus posibilidades semánticas de acuerdo a su performatividad.

4.2.1. Si los leo en voz alta, suplanto a ese hablante que decreta, que prescribe una realidad para otro; si los leo en silencio, interiorizo esos reproches y mandamientos para mí.

5. Los demás textos de Bonzo se articulan desde una primera persona. En modo indicativo, refieren una situación de descontento entre el hablante y su entorno.

5.1. Por momentos, el spleen del libro recuerda a otros recorridos melancólicos de la literatura.

5.1.1. Tiro de gracia, por ejemplo, está construido de la misma forma que Galope muerto: una comparación en donde el referente está escindido y provoca esa tensión constante de sentido-sin sentido en el texto.

5.1.2. Arenas movedizas y la palabra ángel, al igual que otros momentos del libro, nos evoca al paseante hastiado de Walking Around, pero ese hablante que tenía una residencia en la tierra, en Bonzo ya fue desplazado por la violencia y tiene deuda hipotecaria.

5.1.2.1. El Yo que aparece en los textos de Bonzo también se cansa de ser hombre, pero no de la artificialidad y la añoranza idílica de un edén; su cansancio es más parecido a nuestra psicosis social y burnout.

6. Este Bonzo se autoinmola en una sociedad neoliberal.

6.1. La traducción literal de burnout es “quemado” y se refiere al aumento crónico del estrés laboral que deviene en un síndrome de agotamiento generalizado.

6.1.1. El 11 de junio de 1963, el monje Thích Quảng Đức ardió hasta la muerte en una calle de Saigón protestando contra las persecuciones del gobierno vietnamita hacia los budistas.

6.1.2. Los bonzos de Vietnam se inmolan como respuesta a un opresor externo que dicta sobre sus destinos, que ejerce su poder desde afuera. La voz imperativa que subyuga a esos monjes viene de un otro-diferente a mí.

6.2. En cambio, dentro del bonzo de este libro están las instrucciones para autodestruirse, como el cerdo en el epígrafe de Linh Dinh. La voz que lo sujeta viene de sí.

6.2.1. A dondequiera que vaya el sujeto descrito en Bonzo, lo sigue un mercado que lo expone constantemente. No es más sujeto de representación, sino de exposición: Usted llegará esa noche temprano a casa y encontrará un objeto costoso decorado con grandes piedras que sean signo de la entrega al capital y sus ciclos. // Ese objeto decorado será un arma o una joya o un instrumento de placer destinada al ocio contemplativo. Su vida privada se vuelve de dominio general; mercancía pública Se sacudirá el polvo de las rodillas y volverá a casa a dormir bajo techo Mientras eso llega el capital rodea su pensamiento.

6.2.2. Es un sujeto extenuado cuyo cuerpo necesita una dosis de sustancias // revitalizantes algo de ansiolíticos // o polvos porcelana para despertar. No es un loco o un criminal presto a ser vigilado y castigado, es un sujeto deprimido, un zombie.

6.2.3. No hay que olvidar el asunto de la enunciación. El sujeto en los textos se exhibe desde el yo, pero también se da órdenes, se autoexige desde el tú. Su sintaxis fragmentada, en más de una ocasión enumera la realidad vertiginosa; su habla responde a esa hiperestimulación como una máquina que es incapaz de detenerse.

6.3. El hablante en el libro es un bonzo que sigue el gesto de Thích Quảng Đức en medio de una sociedad diferente.

6.3.1. Una tarde se detuvo a meditar bajo un Bodhi (Ficus religiosa), pero A ese árbol lo rodea el capital El lucro rodea a ese árbol Donde uno finge que duerme Donde uno piensa y tiene como estorbo el cuerpo… A ese árbol lo rodea el capital Grandes fuerzas multinacionales Hay videos que enseñan a meditar en seis idiomas.

6.3.2. En esta sociedad, el acto de protesta de un cuerpo que se calcina se interpreta como fracaso; el horror de un cadáver desnudo colgando de un puente se convierte en un billboard; el desamparo de un migrante que huye de la miseria y la violencia es nada más que un problema en un semáforo. Son algunas consecuencias esperadas de un sistema económico que radicaliza la competencia, la explotación y la indiferencia. En la sociedad de Bonzo, dejamos de vivir para los demás y cada quién lucha por sus objetivos personales. Las atrocidades mostradas en exceso convierten a esos cuerpos dolientes en otra mercancía de consumo, en una cifra estadística y en olvido.

6.3.3. Luego de registrar la barbarie en su caja negra, mirando cómo se acumula la ruina y cómo es arrastrado por un viento que ya no se percibe como progreso, este bonzo se percata de que está en llamas. Dentro de sí hay una voz que lo comanda desde hace tiempo, un dictador-él mismo contra el que no puede batallar. La única ofensiva es prenderle fuego antes de estar demasiado ansioso, demasiado deprimido, demasiado agotado, demasiado alegre, demasiado optimista, demasiado exitoso, demasiado hiperestimulado…

7. De lo que no se puede hablar, mejor es inmolarse.


Autores
José Manuel Velázquez (Querétaro,1978). Escritor. Ingeniero en Electrónica y Maestro en Literatura Contemporánea. Ha coordinado talleres literarios y participado en proyectos de promoción cultural desde 2001. Editor de revistas literarias y universitarias. Su trabajo creativo y de traducción ha sido publicado y antologado en colecciones nacionales e internacionales.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

I

Con concentración anómala, Chispita me observa mientras escribo. Casi siempre, cuando le hablo, alza las orejas e inclina el cráneo con la sinceridad de quien no entiende nada. Hoy no: desde que le platiqué que escribiría acerca de ella decidió sentarse frente a mí, como dispuesta a revelarme un secreto por el que no he preguntado. Hay en sus ojos un esbozo de entendimiento.

No ha crecido mucho desde el día que la adopté. Sus primeros meses los pasó en la casa de la familia materna de Clara. El jardín era tan amplio y los pasillos tan hondos que ni a ella ni a sus hermanas les faltaba tierra que recorrer, esquinas que doblar. Desconocía la existencia de un mundo fuera de la puerta. Cuando se lo presenté, cargada en brazos, no pudo evitar temblar. Pasó la primera tarde en mi casa hurgando debajo de las camas, trepando los muebles, oliendo a mi familia. Parecía asombrada por su condición de colonizadora esporádica.

Es una chihuahua negra, afable. Manchas cafés y blancas le recorren la parte ventral del cuerpo y los extremos de las patas. A pesar de su pasividad habitual, no duda defender los dominios de la casa cada que escucha un toquido extraño, una voz ajena. Le ladra y lanza mordidas al mundo con la belicosidad digna de un pitbull. Sólo le teme a los niños y a mi abuela.

En la facultad me enseñaron a estudiar a los animales ─nuestra especie incluida─ como si fueran simples monografías. El quehacer de la clasificación zoológica convierte a los organismos en fichas sobre las que se cuelgan algunos datos. Hablamos de sus hábitats, su distribución, lo signos de su morfología, sus minucias fisiológicas. Acostumbrado a observar al resto de las especies desde la otredad evolutiva, me sorprendo aún cada vez que encuentro a Chispita tendida sobre mi cama, dándome la bienvenida a fuerza de mover la cola. ¿Cómo carajo es que un cánido, pariente inmediatísimo de los chacales y los dingos, devino en una masita temblorosa que me exige mimos y paseos? ¿Qué azares de la Genética y la Etología disputaron una lucha para que este animal se convirtiera en el simbionte de mis sillones y mi comensal cotidiano?

II

Durante el transcurso soporífero que va de la preparatoria a la mayoría de edad, presencié en más de una ocasión cómo el profesor en turno revelaba lo que nos vuelve únicos como especie, que nos distingue de los animales. Algunos maestros mencionaban al lenguaje y, otros, cómicamente, a la razón.

Afirmo, y me perdonarán ustedes, expertos antropólogos, versadísimos sociólogos, relamidos genetistas, que lo que nos vuelve únicos como especie es nuestra extrañísima costumbre de tener mascotas.

III

Homínidos en ciernes, transitamos de la vida nómada al sedentarismo gracias a la bondad accidental de algunas semillas. El tramo del Neolítico nos sirvió para ensayar nuestro futuro agrícola, aprendices espontáneos de la labor de la selección artificial. Inauguramos la civilización cuando aprendimos a domesticar plantas. Los animales fueron el siguiente paso.

Los organismos domesticados presentan características que compaginan o le son útiles al estilo de vida humano, obtenidas gracias a una interacción prolongada con nuestra especie. Si los animales domésticos tienen una morfología, fisiología y comportamiento fijos es porque estos aspectos resultan heredables. Es decir: las marcas de nuestra convivencia han terminado por asentarse en su genoma.

Nuestra historia con las mascotas es la de un mutualismo involuntario. En primer lugar, lo que las separa de los animales domésticos comunes es que ellas no tienen ninguna utilidad en actividades de producción y supervivencia: no aran surcos, no cargan yugos, no pastorean ovejas. A pesar de que ciertas personas mononeuronales usan a sus perros como guardianes de la casa, delegándoles apenas un espacio precario en la azotea, no deberían ofrecer ningún tipo de trabajo, sólo compañía.

Las mascotas nos hacen necesitarlas más de lo que nos necesitan a nosotros. Gracias a ellas volvemos a casa con la esperanza de un abrazo peludo, de un par de lamidas. Gracias a ellas viajamos con cuidado al salir a trabajar, conscientes de que hay alguien que nos espera de vuelta sanos y salvos. Gracias a ellas secretamos la serotonina que nos separa de una mala decisión o de la misma muerte.

Gracias a ellas las casas resultan un lugar más habitable.

IV

Con toda la seriedad que caracteriza a los doctores que hacen investigación rigurosa en campo y en laboratorio, uno de mis profesores de Zoología llegó a decirme que los gatos son unos absolutos hijos de puta. Enunció sin dificultad alguna los motivos por los que le parecían detestables y nocivos (como el hecho de que son máquinas devoradoras de fauna local, expertos en desequilibrar las redes tróficas del mundo).

Me tomó por sorpresa, sin embargo, lo siguiente: aseguró que nunca en la historia terminamos de domesticar a los gatos. Simplemente se nos pegaron y ya, bonitos y tragones, voraces y soberbios. Demonios peludos, preciosos, elegantes, nos orillaron a adorarlos como dioses y a recogerles el excremento en cajitas llenas de arena. Pero nunca los domesticamos. Nomás les abrimos la puerta y ellos, de soslayo, decidieron bendecirnos con su presencia.

Me parece que, en mayor o menor medida, toda domesticación ocurre así: a medias.

V

Chispita duerme sobre mi cama. Desistió a acompañar mi escritura y se tiró de costado sobre la almohada, dueña absoluta de lo que hay en el cuarto y en el resto de la casa. Descansa en la misma posición en la que la encontré cuando la conocí, cachorra apenas. Sé que ella me adoptó a mí porque siempre que visitaba a Clara era la primera de sus hermanas en correr a mí y treparse sobre mi regazo. Sé que ella me adoptó a mí por la tranquilidad con la que siempre ha dormido cuando estamos cerca. Sé que ella me adoptó a mí por la alegría que se le escapa del cuerpo cada vez que la cargo, que la acicalo, que repito su nombre.

A lo largo del último año, su compañía me permitió superar el camino áspero del pánico y los antidepresivos. La paz de sus ojos enormes, de sus pasos ingrávidos, de sus orejas puntiagudas, logró suplir mi a demanda de benzodiacepinas.

Sé, y no lo dudo un poco, que le debo la vida.


Autores
Nació el 16 de octubre de 2000, en Guadalajara. Es narrador, ensayista y divulgador científico. Ha sido ganador de los concursos “Creadores Literarios FIL Joven” (en las categorías de cuento y microcuento), “Luvina Joven” (en las categorías de cuento y ensayo) y del Premio Nacional de Ensayo Carlos Fuentes, que otorga la Universidad Veracruzana. Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas Luvina, Punto de Partida, Pirocromo, Vaivén, Catálisis y GATA QUE LADRA.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Mariana G
Ilustración realizada por Mariana G

En septiembre de 2019, Saint Maud —película dirigida por Rose Glass— se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto y comenzó a ser presentada en cines en 2020. Me encanta el género del horror/terror y, como todos los masoquistas que tenemos este vicio, me la paso buscando películas, series o libros que me dejen helada del miedo o perturbadísima, lo cual ya casi no pasa, en parte porque ya me desensibilicé, pero también porque este género cinematográfico está plagado de B movies y clichés.

Hay cientos de películas en las que ya sabes exactamente lo que va pasar. Saint Maud no es así. Tiene críticas mixtas y creo que es por el hecho de que no es un terror explícito, paralizante o muy convencional. Su recepción fue, en general, muy positiva; de hecho, tuvo diversas nominaciones y ganó dos premios BIFA.

La historia trata de Maud, una enfermera muy religiosa que trabaja como cuidadora privada. Desde el principio se insinúa que tiene un pasado turbio y traumático. La película comienza cuando llega a casa de Amanda, quien es una ex bailarina desahuciada, para ocuparse de ella.

La voz de Maud narra su cotidianidad y sus reflexiones, dirigidas hacia el dios católico; está convencida de que ha sido enviada a la vida de Amanda para salvar su alma y alejarla del pecado. A lo largo de la película, el espectador advierte las obsesiones de la muchacha, su búsqueda desesperada de propósito y su afán enfermizo de ser una salvadora. También se presenta la fe de Maud y la peculiar relación que tiene con una religión llena de éxtasis, culpa, autocastigo y aislamiento.

Hay varias escenas que rayan en el body horror, en las que Maud lastima su cuerpo para purgar sus fallas o falta de fe. La fotografía, a cargo de Ben Fordesman, me parece buenísima. Es sombría y refleja una atmósfera enrarecida, asfixiante. Cuadro a cuadro, la cámara muestra el mundo desde la perspectiva inquietante y solitaria de Maud.

Cuando se rompe la relación laboral entre las chicas, la enfermera pierde la fe y, en medio de una angustia desquiciante, busca alejarse lo más que puede de dios. Pero no logra escapar de la voz que le habla para convencerla de que tiene una misión que cumplir.

El monólogo de Maud y los paisajes lúgubres —tanto exteriores, como interiores— revelan el deterioro mental de la protagonista. Saint Maud es un descenso al infierno psicológico del fanatismo llevado a sus últimas consecuencias. La propuesta visual y sonora del largometraje, junto con la actuación de Morfydd Clark, permiten que el espectador acompañe a Maud en su caída en espiral.

Me gusta mucho que no hay jump scares —uno, si acaso— y que las escenas climáticas no se apoyan en recursos efectistas. El horror es psicológico y se va presentando sutilmente; las imágenes perturbadoras son breves y poderosas. Los escalofríos no faltan al darnos cuenta que probablemente “Dios” no tiene mucho que ver con Maud y al pensar en quién o qué será lo que le habla realmente.

Creo que las mejores películas de terror que he visto, o que más me gustan, no dan miedo solo por una cuestión paranormal o de imágenes feas, sino por la exploración de la profunda angustia de los protagonistas y de un sufrimiento del que no se vuelve. Saint Maud entra en este tipo de películas. Creo que lo que más me asustó fue la soledad de la protagonista. El final me parece brillante.

Con influencias del cine de los años 70, Saint Maud es una propuesta llena de simbolismos, muy cuidada y bastante inquietante que, en mi opinión y la de muchos, lleva a Rose Glass al mismo nivel que Robert Eggers con The Witch (2015), Ari Aster con Hereditary (2018) y Midsommar (2019), Remi Weekes con His house (2020) y Julia Ducournau con Grave (2016). Definitivamente es imperdible para los fans del género y forma parte de esta nueva oleada muy refrescante y muy prometedora del cine de terror independiente.


Autores
(Ciudad de México, 1997) Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. En 2018 participó en el programa de escritura Elipsis organizado por el British Council y, al año siguiente, fue parte del Women’s Creative Mentorship Project de la Universidad de Iowa. Es autora de Sapos en la lluvia (2021), colección de cuentos publicada por el Fondo de Cultura Económica en colaboración con el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha publicado en revistas como Sin Embargo, Este País, Armas y Letras y la Revista de la Universidad de México. Actualmente es becaria del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca.

Ilustrador
Mariana G
Resido y dibujo desde CDMX. Soy Diseñadora de la Comunicación Gráfica por parte de la UAM Azcapotzalco e ilustradora por parte del azar. Hace un par de años estudié Ilustración Experimental en la Escuela de Diseño del INBA. He colaborado de manera independiente con distintas agencias de publicidad y estudios creativos, sin embargo, mayormente mi trabajo ha estado presente en proyectos editoriales y animados. Actualmente, junto con una amiga, editamos MALA, un fanzine colaborativo hecho por mujeres.
Registro fotográfico de la obra de Ana Mendieta, cortesía de Yissel Arce.
Registro fotográfico de la obra de Ana Mendieta, cortesía de Yissel Arce.

La mañana del 8 de septiembre de 1985 una silueta se formó en el concreto. La impronta nunca pudo ser borrada. Como siempre, el elemento de la extrañeza frente a una manifestación desconocida, desata el espanto, luego el desconcierto ante la acción de desaparecer de manera fugaz y violenta.

¿Acaso se trató de un sacrificio original o un crimen? La pregunta siempre revuela ante escenas de esta naturaleza, donde el cuerpo, sin exhalación, está a punto de ser dispuesto como residuo de un hecho que permanece y exige su resignificación. Ante los horrores de las guerras y los múltiples mecanismos de extinción seleccionada —incluidos el feminicidio, el transfeminicidio y los crímenes de odio—, no fue extraño que el arte propusiera romper el velo de la moral de Occidente frente a los crímenes de lesa humanidad perpetuados en el nombre del heteropatriarcado y su uniforme blanquitud.

El discurso artístico contrasta de manera abierta con aquello que a lo largo de la historia hemos percibido como “el orden civilizatorio”, que —como lo ha hecho desde la Edad Media y la consciencia judeocristiana— busca situarse como único horizonte de sentido mediante la reproducción desbordada de la violencia, las prácticas de consumo y el incremento de las industrias bélicas, así como la devastación ecológica en pro de la homogeneización global devenida masa lechosa.

La industria y reproducción de la muerte de quienes estamos agenxs a tal orden se encarga de masificar la pérdida de las vidas, a fin no solo de exterminarnos, sino de cumplir dentro de la memoria una doble función en la que el cuerpo sin vida representa el origen y fin de tal orden, como advierte Michel Taussig:

Hegel nos advierte que todos los hechos y todos los personajes históricos de importancia ocurren, por así decirlo, dos veces, pero olvidó aclarar que la primera vez ocurren, como una tragedia y la segunda como una farsa. En la función de las naciones modernas, los muertos cumplen una doble función. La gente conjura, aparentemente de la nada, un trozo de muerte y toma prestados de ahí, nombres, gritos de batalla y atuendos para presentar con ellos, el nuevo escenario de la historia universal de una manera esplendorosa hasta que la reacción cobra fuerza y el espíritu de la revolución cede ante los fantasmas que regresan sobre sus propios pasos… recordamos a los indios… ¡claro! desempeñan una doble función y la tradición de las generaciones muertas se cierne como una pesadilla onerosa a sobre la mente de los vivos.1

No obstante, el aliento de los millones de cuerpos dibuja un vaho, un vapor cuya huella permanece y se reproduce ante la aparición de la duda, pues una pregunta nos persigue más allá del primer atisbo de memoria de quiénes comenzaron a caminar erguidas, la inquietud se traslada de manera pendular desde la materialidad de la muerte hasta el repunte de la ausencia, es la disolución corporal lo que fomenta la construcción del deseo, sea desde el discurso, sea desde la imagen, la idea es regresar al vacío, rellenarlo o simplemente dibujar su forma, comprenderla.

Pocas experiencias nos permiten explorar el principio de vacuidad desde el origen del trauma. Por supuesto, no todas las perdidas se presentan de la misma forma, pero las corporalidades terminan formando hilos, nodos narrativos donde el dolor se funde con las pulsaciones, el deseo y su falta. Parece que entre aquel entramado son los cabellos de la fascinación lo que instaura —aun de manera efímera— el orden de las cosas en un sentido donde Occidente siempre se contrapone al sentido natural del mundo y en donde su proyecto de deshumanización colonialista ha conseguido desarticular la identidad de las distintas corporalidades que reclaman su derecho a existir libres del velo, de la fantasía heteropatriarcal.

El trabajo de Ana Mendieta (La Habana, 1948 – Nueva York, 1985), constituye uno de los pilares no solamente para comprender el arte acción desde una perspectiva feminista, sino la plena exposición de la experiencia corporal en situaciones límite, desde el reconocimiento del trauma, hasta la propia extinción.

Pensar en su obra involucra una doble acción, pues su cuerpa no solamente nos guía hacia sus propias transmutaciones desde el principio de la experiencia hasta su ocaso, sino la manera en que funciona como soporte, al mismo tiempo que queda suspendida entre el vacío y el encuentro con la naturaleza, alteración que propone otras rutas para rasgar de manera absoluta la cortina que esconde la manera en que ha ocurrido la violación masiva del colonialismo.

Su obra se desprende de las inquietudes que motivaron el despliegue de piezas cuyas técnicas van desde el performance, el body art, el land art, el video arte. En cada una se observa el malestar y las inquietudes centradas en la violencia ejercida sobre quiénes no se encuentran incluidxs en el proyecto occidental —incluidas las mujeres—, la desesperanza, la devastación ecológica, así como la búsqueda por el origen libre del orden mencionado, como se advierte en sus propias palabras:

Mi arte se basa en la creencia de una energía universal que corre a través de todas las cosas: del insecto al hombre, del hombre al espectro, del espectro a las plantas, de las plantas a la galaxia. Mis obras son las venas de irrigación de ese fluido universal. A través de ella asciende la savia ancestral, las creencias originales, la acumulación primordial, los pensamientos inconscientes que animan al mundo. No existe un pasado original que se deba redimir: existe el vacío, la orfandad, la tierra sin bautizo de los inicios, el tiempo que nos observa desde el interior de la tierra. Existe por encima de todo la búsqueda del origen.2

Es la creencia de que el mundo no puede ser como siempre nos han contado lo que termina convirtiéndose en la fuerza que acompañó a Mendieta durante su corta vida. Acerca de su propia extinción parece justo destacar el hecho de que su muerte rezuma tragedia: con 36 años su cuerpo cayó al vacío desde el piso 34 de su departamento en el Soho de Nueva York la maña del domingo 8 de septiembre de 1985.

En un primer momento se culpó al también artista Carl Andre, con quién se había casado ese mismo año luego de una relación larga y compleja, como lo señala Robert Katz en su libro Naked by the window. The fatal Marriage of Carl Andre and Ana Mendieta.

Andre presentaba arañazos en la nariz y la frente y sus declaraciones posteriores contradijeron lo que había dicho cuando llamó al 911 en medio del trágico instante, justificando el horror de la escena con el hecho de que quizá ella lo hizo voluntariamente.3 Aunque Carl defendió su inocencia en tres tribunales durante los siguientes tres años, la tragedia no se ha esclarecido debidamente. Lo que permanece es su obra, un legado que transmuta en memoria ante el vacío, su desaparición.

Origen y travesías

Ana Mendieta y su hermana, Raquelín Mendieta, fueron parte de la Operación Peter Pan, proyecto político en el que miles de niños cubanos fueron separados de sus familias para llegar a Estados Unidos y huir del proyecto socialista de la revolución cubana. Su padre, Ignacio Mendieta pese a haber estado a favor en un principio de las revueltas en contra del gobierno de Batista —incluso guardó armas—se convirtió en un enemigo, tras participar en actividades contra Fidel Castro.

Desde Estados Unidos se creó este plan que otorgaba visas a niños y adolescentes cubanos de entre 6 y 16 años, a fin de que pudieran volar hacia aquel país que les prometía “libertad”, sin pensar en el doblez de esta imagen, aquellos residuos que se ocultaban debajo de la “caridad” y las formas es qué tal operación fue financiada en nombre de la supresión del comunismo y las “malas ideas” que se desatarían en aquellas infancias. La operación no fue la fantasía que se vendió a cada familia desecha. Las hermanas Mendieta fueron enviadas a Iowa donde vivieron en orfanatos y casas de adopción. Como comenta Raquelín:

Mi hermana y yo estuvimos envueltas en las revueltas de Cuba cuando fuimos algo mayores. Mi padre se enteró de lo que estábamos haciendo y habló conmigo, la mayor, en términos muy severos. Me dijo que la política no era un juego de niños, que no sabíamos donde nos estábamos metiendo, puesto que este tipo de acciones tienen consecuencias peligrosas. Estaba ocupado por nuestra seguridad y, tal como hizo su padre con él, nos envió a los Estados Unidos. Ana y yo fuimos parte de la infamante Operación Peter Pan. Entre 14.000 Y 25.000 niños fueron enviados a USA, sin sus padres, bajo la tutela de diversas organizaciones religiosas, en gran parte de organizaciones caritativas católicas. El 11 de septiembre de 1961 dejamos Cuba y la familia en un avión de la KLM, cuyos pasajeros, excepto la tripulación, eran niños entre los 5 y 17 años. A Ana le faltaban dos meses para los trece, yo había cumplido los quince el mes anterior.4

La experiencia de ruptura dejó una marca que se replicaba en cada una de las experiencias que Ana emplazó a lo largo de su trayectoria. No solamente la separación, sino el observar cómo la idea de “libertad” y la sensación de bienestar —tan interiorizadas en el proceso— se vieron casi inmediatamente intercambiadas por diversas experiencias traumáticas, como relata Brian Smith Hudson: “mientras estuvieron en los orfanatos y al cuidado de familias adoptivas, sufrieron violencia y discriminación”5.

Ante el encuentro con el maltrato, la discriminación racial e incluso la violencia física experimentada en los orfanatos a mano de las monjas, su sensibilidad se abrió hacia los elementos que trazarían las primeras coordenadas para encontrar el espacio dónde proyectar aquellas arquitecturas suspendidas, y con ello, acuerpar el despliegue de una relación simbólica que intentara advertir la ilusión que vela la corrupción en blanco.

Romper el silencio

En la historia de dominación e imperialismo norteamericano, la pauta sobre la violencia cometida sobre las mujeres racializadas —y por supuesto la violación como dispositivo terrorista— ha dado forma no solo a los feminismos interseccionales, sino al despliegue de prácticas desde el performance como formas de denuncia. Cada testimonio ha constituido toda una línea para identificar de manera puntual las maneras en cómo opera el sistema de violencias heteropatriarcales reproducidas incluso por mujeres blancas y por feminismos llenos de privilegios. Como lo identificó bell hooks, la violación en sí misma tenía el objetivo de propiciar mediante el sadismo y la explotación sexual no solamente el sometimiento de las mujeres esclavizadas, sino lealtad al imperialismo:

Las mujeres negras que se resistían a la explotación sexual desafiaban al sistema, pues su renuencia a someterse sumisamente a la violación representaba una denuncia del derecho del esclavista a ser amo de su persona. Y se las castigaba con brutalidad. El objetivo político de esta violación categórica de las mujeres negras por parte de hombres blancos era conseguir una lealtad y una obediencia absolutas al orden imperialista blanco.6

Tales acciones han intensificado definitivamente los diversos pactos y mandatos del imperialismo, de manera que la violación junto con otras formas de terrorismo y extinción han sido observadas por quiénes han considerado no ser parte de tales sistemas, donde, como lo he advertido, el objetivo es la deshumanización a cambio de expandir los marcos del sistema colonialista incluso en la segunda mitad del siglo XX y por supuesto, en este siglo.

En 1973, mientras Ana se encontraba en la Universidad de Iowa, una de sus compañeras fue violada y asesinada en el propio campus. Este suceso, junto con los diversos momentos de violencia que la artista experimentó, formularon una serie de acciones en las cuales la violación aparece no como una forma de revictimización sino de profundización y visibilidad de una problemática de tal naturaleza.

En su departamento de Moffit Street, en Iowa, Mendieta invitó a amigos y compañeros a su apartamento, quiénes al ver la puerta entreabierta, entraron a una habitación oscura cuya única luz iluminaba a Ana desnuda de la cintura a los pies, manchada de sangre, atada y apoyada sobre una mesa, con más sangre y platos rotos en el piso.

La identificación con la compañera había dejado una impronta capaz de desatar el motivo de la acción. De acuerdo a Amelia Jones, “su performance presentaba, como una situación específica, cómo es la violación, y con ella esperaba romper el código del silencio que convierte ese acto en algo anónimo y general”7. En términos políticos y estéticos, el performance resemantiza el acto por algo que debe ser visto como un problema concreto, libre de simbolismos, el trauma se manifiesta de manera absoluta de manera en que la angustia opera como una marca en la memoria, transformando el imaginario y la vida colectiva del campus en el cual se destruye la idea de tranquilidad para observar que, bajo de aquella capa de silencio impoluto, los ríos de sangre han brotado en cientos de ocasiones.

Transmutación

Junto con los más de ochenta cortos realizados de sus acciones en Iowa —como Stomach Mirage, Venus generosa, Weather Ballon, entre otras decenas de acciones—, Ana destinó más de una década —la última antes de su deceso— a crear una serie de esculturas y dibujos donde esa vocación de la que hablaba se presenta de manera palpable en en la serie que forma parte de Siluetas.

De esta forma, mediante el arte-body logró restituir no solamente su origen con la pérdida y separación de su identidad como cubana y latinoamericana, sino la resignificación del sentido religioso y el vínculo con la naturaleza. En diversos momentos y mediante diversas técnicas incluido el uso de elementos inflamables, dibuja siluetas en arena, flores, piedras y todo elemento natural que le permitiera construir su silueta para que después fuera disuelta de manera orgánica como un principio de transmutación y regreso al principio de la tierra y la naturaleza.

Esculpidas en México —sobre todo en Oaxaca—, Cuba y algunos otros lugares, se ligaron junto con el trabajo de performances y dibujos que sostienen el proceso ritual para regreso hacia sí, privilegiando al mismo tiempo, los materiales y la técnica en beneficio de la pieza. Influenciada igualmente por Claude Levi-Strauss, así como por Ortega y Gasset, Mendieta logró afirmar no sólo su identidad, sino reconstruir momentos específicos donde rompió el silencio para resignficarse como mujer, ser espiritual y sexual, como lo analiza la galerista y una de las mayores coleccionistas de Mendieta, Mary Sabattino:

El tránsito del silencio al discurso, interpretado por Mendieta como el esfuerzo por crear una imagen de autorepresentación, primero en sus Siluetas y más tarde en sus esculturas y dibujos, es un tránsito doblemente cargado de significado para ella como mujer. Si la identidad femenina, tal y como es construida por la sociedad y a continuación interiorizada por las mujeres, es la de mujer como objeto de la mirada masculina para ser poseído, el uso que hace Mendieta del cuerpo femenino como protagonista desnudo, no como sujeto sino como mujer desvestida, descubierta, poderosa y sexual, es radical.8

La ruptura funcionó de manera en que pudo restituir el efecto de la violación y el sistema de terror heteropatriarcal al apropiarse de su propia cuerpa y advertir su sexualidad como un dispositivo que le permitiera regresar a lo natural, incluido el lazo con Cuba y su madre, pues sus improntas permitieron regresarla en vida a los lugares donde pudo desplazar el deseo y suspenderlo en un horizonte vital, lejos del proyecto colonialista. Con su legado y pese a las condiciones de su deceso, Ana Mendieta logró transmutar de la imagen residual a una poética que remplaza la necropolítica de Occidente.

Sus huellas nos guían para advertir su regreso hacia la tierra fértil del paisaje caribeño, nos invita a la acción de liberarla del concreto que contempló por última vez en una mañana de vísperas de otoño, desde la cual sus ojos nos miran ante nuestra devastación.

Bibliografía:

hooks, bell, ¿Acaso no soy yo una mujer? Mujeres negras y feminismo. Edición Consonni, Bilbao, 2021.

Jones, Amelia, Warr Tracey, El cuerpo del artista. Phaidon Press Limited, Nueva York, 2010.

Katz, Robert, Naked by the Window. The fatal marriage of Carl Andre and Ana Mendieta, The Atlantic Monthly Press, Nueva York, 1993.

Mendieta Raquelin, “Memorias de las infancia: religión, política arte” en Moure, Gloria, Ana Mendieta, Centro Galego de Arte Contemporánea. Ediciones Polígrafa, Santiago de Compostela, España, 1996.

Smith, Hudson, Brian, “Ana Mendieta: extensiones de la naturaleza y desbordamientos del cuerpo” en https://portavoz.tv/ana-mendieta-extensiones-de-la-naturaleza/ (consultado el 23 de agosto de 2022, Tlalpan CDMX).

Taussig, Michel, La magia del Estado, Siglo XXI, México 2015.

1 Taussig, Michel, La magia del Estado, Siglo XXI, México 2015, pp. 23-24.

2 Mendieta, Ana, “Escritos personales” en Moure, Gloria, Ana Mendieta, Centro Galego de Arte Contemporánea. Ediciones Polígrafa, Santiago de Compostela, España, 1996. Pp. 216.

3 Katz, Robert, Naked by the Window. The fatal marriage of Carl Andre and Ana Mendieta, The Atlantic Monthly Press, Nueva York, 1993. Pp. 4-6.

4 Mendieta Raquelin, “Memorias de las infancia: religión, política arte” en Moure, Gloria, Ana Mendieta, Centro Galego de Arte Contemporánea. Ediciones Polígrafa, Santiago de Compostela, España, 1996. Pp. 228.

5 Smith, Hudson, Brian, “Ana Mendieta: extensiones de la naturaleza y desbordamientos del cuerpo” en https://portavoz.tv/ana-mendieta-extensiones-de-la-naturaleza/

6 hooks, bell, ¿Acaso no soy yo una mujer? Mujeres negras y feminismo. Edición Consonni, Bilbao, 2021, Pp. 54.

7 Jones, Amelia, Warr Tracey, El cuerpo del artista. Phaidon Press Limited, Nueva York, 2010, Pp. 100.

8 Sabattino, Mary, Ana Mendieta: la identidad y la serie siluetas” en en Moure, Gloria, Ana Mendieta, Centro Galego de Arte Contemporánea. Ediciones Polígrafa, Santiago de Compostela, España, 1996. Pp. 138-150.


Autores
(Ciudad de México, 1984) Investigadora, docente, escritora y crítica. Es maestra en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y Doctora en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires y ha publicado artículos y reseñas en revistas como Este País, Pliego 16, Fundación, Casa del Tiempo, Revista de la Universidad, Écfrasis, Tierra Adentro. En 2011-2013 fue Becaria de la Fundación de Letras Mexicanas en el área de ensayo y en 2019 fue Becaria Fonca en el área de ensayo. Fue finalista en el Premio Internacional de Literatura Aura Estrada en su edición 2020 y aceptada por Ucross Foundation para hacer una estancia artística en el verano del 2021.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Si debes robar, roba un poquito, y deja lo demás para la nación

–Joseph Mobutu

 

Hoy, 7 de septiembre, se cumplen 25 años de la muerte de Joseph-Désiré Mobutu, dictador de la República Democrática del Congo de 1965 a 1997, figura arquetípica de todos los males político-estatales que aquejaron a dicho país, a muchos otros en el continente africano y en el mundo. Sin embargo, la muerte del dictador no significó el fin de la tiranía, nuestra época todavía experimenta algunos resabios de las cleptocracias hereditarias dentro y fuera de África.

De inicio, me gustaría aclarar algunos conceptos esenciales para comprender cómo un aliado indispensable a la causa independentista se transformó en el principal colaborador de las antiguas potencias explotadoras del país y logró mantenerse en el poder hasta el final de la Guerra Fría.

De manera complementaria y como parte de las reflexiones finales, quisiera establecer algunas características estatales que formaron al Congo de Mobutu y a muchos otros Estados de la región, y si existe alguna alternativa para evitar desenlaces negativos debido a gobiernos tan detestables.

Mobutu en la Independencia del Congo (1960-1965)

El 30 de junio de 1960, Patrice Lumumba y Joseph Kasavubu, fueron elegidos libremente por los ciudadanos como Primer Ministro y Presidente de la República Democrática del Congo. Este suceso provocó un torbellino de independencias que dieron origen a más del 50% de los países actuales en el continente durante la década de 1960.

Desafortunadamente, en el caso del Congo y de muchos otros países africanos, el aparato estatal precedente consistía en un gobierno de corte paternal, autoritario y altamente represivo1, diseñado para responder a las necesidades del mejor postor, ya que su infraestructura estaba enfocada en extraer los recursos naturales del país para satisfacer a otros cruzando el mar. Además de ser un estado cobijado y dependiente de la antigua metrópoli en términos económicos y políticos.

Entre todo este desorden, Lumumba y Kasavubu concebían nuevas propuestas de construcción y desarrollo político y, como resultado, tuvieron un difícil primer año de independencia nacional. Ambas figuras estaban polarizadas, el Primer Ministo se inclinaba hacia la URSS y la ideología socialista2 y frente a la postura del Presidente, más alineada con el bloque capitalista, las autoridades ex coloniales Belgas y el propio Mobutu no interferirían en el asesinato y la posterior desaparición del cuerpo de Lumumba en ácido.3

Por si fuera poco, entre 1960 y 1963, las autoridades Belgas apoyaron la escisión armada del Estado de Katanga, ubicado en el sureste del país con yacimientos minerales importantes. Ante un panorama tan desolador, Mobutu, en calidad de Jefe del ejército nacional congoleño, ya había intervenido a principios de 1960 para destrabar la lucha entre Lumumba y Kasavubu. Poco después decidió tomar acción definitiva para encauzar el destino nacional hacia un nuevo rumbo.

Es así que en noviembre de 1965, ante una nueva disputa política entre Kasavubu, y el nuevo Primer Ministro Moisés Tshombe, y respaldado por el gobierno de Estados Unidos4, Mobutu decidió ejecutar un segundo golpe de Estado para asumir la presidencia y eliminar la figura del Primer Ministro para 1966.

El Congo de Mobutu: 1965-1997

Ya al mando, Mobutu prometió reducir las demandas político-étnicas que se habían presentado en el país desde su independencia; sin embargo, conforme pasaron los meses, las verdaderas prioridades gubernamentales fueron esclareciéndose. Una de ellas sería la centralización total del poder en la investidura presidencial y el desarrollo intensivo de aparatos estatales represivos como el ejército y la policía secreta, los cuales serían las herramientas predilectas del dictador para acallar y eliminar cualquier tipo de disidencia política.

En términos institucionales, todos los organismos civiles y judiciales fueron empleados para el enriquecimiento ilícito e irrestricto de Mobutu y sus directivos. Una parte de esos recursos fue utilizada para sobornar a posibles opositores y mantener de su lado a la élite política nacional.5

Curiosamente, dentro de esta recentralización, sí hubo cierto interés por formalizar e institucionalizar al Estado, aunque el verdadero propósito fuera el control. Entre 1967 y 1974 se crearon nuevas constituciones donde se oficializaron los poderes omnímodos del ejecutivo y se dio el patrimonio exclusivo del Estado al partido del Movimiento Popular de la Revolución (Mouvement Populaire de la Révolution – MPR).

En una de sus múltiples estrategias para ganar el apoyo popular, Mobutu decidió lanzar la “política de Autenticidad”, la cual buscaba abolir el tribalismo y regionalismo mediante el fomento del nacionalismo, aunque solo fue una de las fachadas para el saqueo y robo del país, al igual que las numerosas construcciones que se llevarían a cabo a favor de la “modernización y el desarrollo nacional.6

Bajo la “política de Autenticidad” se reformó la identidad del país, empezando por el nombre de los lugares y de los ciudadanos. Así fue como el Congo fue llamado Zaire hasta 1997. No obstante, el efecto más destructivo de aquella política no se realizaría sino hasta principios de la década de 1970. En el ímpetu de la radicalización del movimiento de autenticidad, Mobutu nacionalizó sectores clave de la economía como la agricultura y la minería, y dejó fuera a los aliados anteriores y a los dueños coloniales.

Esto, aunado a la caída del precio del cobre en 1974 (principal producto de exportación nacional) y al aumento del precio del petróleo durante el final de la década destruyeron por completo la economía del Congo.7 Desde ese año, el país tuvo que someterse a los dictados del FMI y el BM para reestructurar su economía a cambio de préstamos y “ayuda para el desarrollo” que, lejos de mejorar las condiciones políticas y económicas nacionales, sumirían al Congo en un estado de eterna crisis, inflación y pobreza.

Entre los distintos periplos con las políticas externas, Mobutu siempre estuvo orientado a satisfacer los intereses de Estados Unidos dentro del continente africano. Aunque, sin que él lo supiera, esto significó la ruina de su régimen. Tres eventos marcarían el principio del fin de su gobierno:

1) la Guerra de Independencia (1961-1974) y 2) la Guerra Civil en Angola (1975-2002). En ambas, el gobierno de Kinshasa apoyó a la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) frente al bando victorioso del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). En 1989, el MPLA contaba con la retirada total de todas las fuerzas extranjeras en su territorio, y aisló el régimen de Mobutu que era considerado como “mal visto” durante el fin de la Guerra Fría.

3) la Guerra Civil de Rwanda (1990-1994), a pesar de que hubo un intento local y externo de asirse de aliados valiosos, para Mobutu esto representó el último clavo en su ataúd político. Incluso habiendo cobijado a refugiados hutus durante el ominoso genocidio, Mobutu apoyó al bando rwandés que perdió la guerra civil.

Ante este resultado, el líder del Frente Patriótico Nacional y posterior presidente de Rwanda, Paul Kagame, contaba con un ejército compuesto de múltiples nacionalidades que había ganado una guerra civil. Frente a él, el ejercito congoleño se encontraba debilitado gracias a la crisis económica que perseguía a la nación desde 1975. Una guerra con Rwanda hubiera sido imposible de ganar.

Y así, en el transcurso de un par de meses, el régimen de Mobutu dejaría el mundo igual que como había llegado: bajo un golpe militar liderado por un antiguo opositor, Laurent-Desiré Kabila, apoyado por el mismo gobierno de Rwanda, quién, en el futuro, volvería a intervenir militarmente entre 1998 y 2003 para derrocar infructuosamente, a Joseph Kabila, hijo y sucesor presidencial de la renombrada República Democrática del Congo.

Conclusión: El Congo después de Mobutu

Más de 30 años de un regímenes cleptocráticos y corruptos como lo fue el de Mobutu, y otros tantos de la dinastía Kabila han hecho poco por institucionalizar a este Estado africano. Durante décadas y décadas, el Congo ni siquiera a alcanzado un grado de solidez que pueda dotar de seguridad física a sus ciudadanos.

Este caso, como el de muchos otros estados africanos, forma parte de un interesante texto publicado Jefrey Herbst sobre las ventajas y desventajas de dichas conformaciones políticas en el continente. Las presentaré de manera general para cerrar con algunas propuestas y consolidar una reflexión sobre la condición del continente africano.

En su libro States and Power in Africa: Comparative Lessons in Authority and Control, Herbst establece que los Estados solamente pueden ser viables si son capaces de controlar el territorio definido por sus fronteras por medio de su propia autoridad8 e instituciones coercitivas y de defensa cuyo principal objetivo es la seguridad de la población.

Esto se ve afectado por factores geográficos (extensión territorial) y económicos que principalmente impiden la expansión efectiva de control y autoridad en todo el territorio, y también gracias a la manipulación efectiva de las fronteras, determinadas por los poderes coloniales, para generar legitimidad en la población.9

Y ante la euforia de la independencia nacional durante la segunda mitad del S. XX10, conceptos como la extensión del territorio nacional no fueron cuestionados ni en términos políticos, sociales, ni culturales, por lo cual muchos Estados africanos actuales contienen un sin fin de etnias y grupos que no responden a construcciones principalmente europeas como la nación, componente indisoluble del Estado Moderno.

A partir de esta problemática, es indispensable para cualquier proyecto de reforma institucional estatal, la seria consideración de la relación entre recursos y extensión geográfica en el presente y a futuro para poder crear un Estado que se mantenga en el tiempo, sirva a sus ciudadanos, y se desligue de nociones no propias como la nación homogénea en términos sociales que, como hemos visto en el caso del Congo, genera más divisiones que cohesiones.

Por lo tanto, es a partir de cuestiones tan fundamentales como el tipo de territorio, población y gobierno, elementos esenciales del Estado Moderno, que África debe de empezar a constituir su propio camino en la elaboración de un sistema de gobierno que no replique los modelos heredados de Europa, que eran utilizado para el control y explotación su territorio.

Fuentes consultadas

  • Meditz, Sandra y Merrill Tim, eds., Zaire: a country study, Federal Research Division, Library of Congress, Estados Unidos, 1994.
  • · Kisangani, Emizet François, Historical dictionary of the Democratic Republic of the Congo, Rowman & Littlefield, Reino Unido, 2016.
  • Van Reybrouck, David, Congo: The Epic Story of a People, Harper Collins, Estados Unidos, 2014.
  • Herbst, Jeffrey, States and Power in Africa: Comparative Lessons in Authority and Control, Princeton University Press, Estados Unidos, 2014.
  • Du Bois, William Edward Burghardt, Africa, Its Geography, People and Products & Africa-Its Place in Modern History, Oxford University Press, Estados Unidos, 2007.


Autores
Internacionalista por la UNAM-FCPyS. Interesado y en constante estudio de temas del Espacio Post Soviético y Política Internacional.