Tierra Adentro
Ilustración realizada por Mariana Martínez

Apenas pasan de las dos de la tarde del lunes 8 de julio de 1822. Dos viajeros, unidos por la fortuna en La Toscana, izan las velas para zarpar hacia Lerici. Ambos intercambian miradas cómplices ante la proximidad del viaje y gestos que denotan que entre los dos existía algo más que una amistad, un círculo íntimo compartido o un techo en común: un febril ímpetu por una misma piel. En uno, ésta es ya promesa realizada; para el otro, apenas un atisbo de la tibieza.

Algunas semanas antes, este último viajero —que no es otro sino el poeta Percy Bysshe Shelley— le escribiría a su amigo Edward John Trelawny para solicitarle un poco de ácido prúsico —cianuro de hidrógeno—: “I have no intention of suicide at present, — but I confess it would be a comfort to me to hold in my possession that golden key to the chamber of perpetual rest”.1

La idea del suicidio como la cura a un mal de amores ha atravesado a la literatura, y al arte en general, desde sus inicios; baste mencionar, para no recurrir a los amantes de Verona o al joven Werther a Tokubei, mercader de Osaka, y a Ohatsu, cortesana del burdel Tenmaya, personajes de Los amantes suicidas de Sonezaki, escrita en 1703, por Chikamatsu  Monzaemon —en la inabarcable Ciudad de México, en la crujía número 18 de la otrora Escuela de Medicina, en la Plaza de Santo Domingo, tenemos a nuestro propio fantasma romántico, que se volvió verso nocturno el 10 de diciembre de 1873—. Sin embargo, la idea de un atormentado Shelley por la pasión que siente por Jane Williams, compañera de Edward Williams, quien es el viajero quien lo acompaña a bordo del navío “Don Juan” en esta tarde de julio, en Livorno, sea consecuencia del relato del mismo Trelawny, quien se dispone a zarpar junto a ellos en el “Bolívar”, embarcación propiedad de Lord Byron. Trelawny publicó su Memorias de los últimos días de Byron y Shelley en 1858, mismas que amplió veinte años después, y en donde ahonda en una anécdota que la misma Jane le contara a William Michael Rosetti, quien escribiera Memoria de Shelley, de donde se desprende:

Shelley’s going out in a boat with her and the children, and suddenly asking her whether she and Shelley should forthwith ‘try the great Unknown’. She replied (as she tells me …) ‘Hadn’t we better land the children first?’ – which was conceded. After this, she did not again venture out on the water with Shelley.[1] 2

Shelley es, además de un poeta y un gentilhombre, un personaje romántico que encarna el arquetipo del siglo diecinueve europeo junto a Byron, Coleridge o Keats. Si bien fue un hombre de ideas liberales esculpidas por, entre otros, el escritor William Godwin, no podía escapar al Sturm und Drang. La relación con Jane Williams es, por decir lo menos, compleja, como lo atestiguan estos versos:

IV

Sweet lips, could my heart have hidden

That its life was crushed by you,

Ye would not have then forbidden

The death which a heart so true

Sought in your briny dew[1]3

William Michael Rossetti —quien fuera sobrino de Polidori y editor del diario del autor de “El vampiro”, así como de la primera edición inglesa de Walt Whitman— y Edward Trelawny son las fuentes principales de donde abreva el primer retrato que la figura de Shelley provocara. Rosetti relata que escribió el primer esbozo de la vida de Percy Bysshe en 1869, cuando los materiales acerca de la vida y obra del poeta eran todavía “escasos, breves y confusos”,4 si bien, esto no fue un impedimento para que se publicaran al año siguiente. Su relación con Trelawny comienza alrededor de 1842, cuando lo ve por vez primera, pero no sería sino hasta 1869 cuando comenzaran una serie de encuentros que acabarían en 1881, año de la muerte del amigo de Shelley. No obstante, la relación entre ambos bien puede dar cuenta no sólo de la vida del poeta, sino del imaginario decimonónico que lo cubría. Cuenta Rossetti:

Casi tan pronto como lo encontré, Trelawny puso a mi disposición, para mi edición de Shelley, los manuscritos de los poemas dedicados a la señorita Williams y su esposo, junto con los mensajes en prosa (entonces desconocidos) que los acompañaba […] Me prestó una copia de una edición muy rara del Oedipus Tyrannus, de Shelley, y su propia edición de Quenn Mab. También me dio una extraña y valiosa reliquia: el fragmento carbonizado del cráneo de Shelley, que había recogido de la pira funeraria. 5

El singular obsequio es un reflejo de la figura no sólo del poeta, sino de un siglo. Antes de que la fotografía fuera el testigo de la existencia humana, las reliquias de los cuerpos eran tomados como talismanes, como en el caso del cráneo de Shelley. La violencia de la naturaleza converge con el ánimo del poeta y éste sucumbe a bordo del Don Juan, en esa tarde del verano de 1822, junto a Edward Williams y al capitán del barco. Trelawny no sufre la misma suerte puesto que su navío, el “Bolívar”, está en cuarentenas, por no haber obtenido el permiso para zarpar, por lo que se queda varado y, así, salva la vida. El héroe romántico protagonista del cuadro de Caspar David Friedrich comienza a erigirse mientras el Don Juan se va en picada. El cuerpo de Percy Bysshe Shelley se rinde ante el “majestuoso tumbo de las olas” que en esta ocasión es estruendo. La fiereza del mar labra el rostro del poeta para quede enquistado entre las páginas de la Historia; junto al cincel del mar Mediterráneo, el de los contemporáneos y admiradores de Shelley contribuirán a que el retrato no pierda fuerza. Trelawny relata a propósito de ese día:

Mire esas manchas negras y esos harapos sucios que cuelgan del cielo; son una advertencia. Mire el humo en el agua; el diablo está tramando alguna travesura. Había bruma, y el barco de Shelley no tardó en quedar envuelto en ella; no volvimos a verlo. El sol estaba oscurecido por la niebla, y el bochorno resultaba opresivo. No soplaba una gota de brisa en el puerto. La pesadez del ambiente y su insólita quietud me embotaban los sentidos. […] El mar estaba del color del plomo, igual de liso y sólido, y cubierto por una grasienta capa de suciedad. El viento soplaba racheado sin rizar la superficie del agua, sobre la que caían grandes gotas de lluvia, rebotando como si no lograran penetrarla. Reinaba una extraña conmoción en el ambiente, cargado de amenazantes ruidos que llegaban desde el mar. Pesqueros y buques de cabotaje con fletes de tránsito pasaban velozmente a nuestro lado en gran número. El alboroto y el bullicio producido por los hombres, sus voces estridentes, quedaron súbitamente silenciados por el estruendo de un trueno que estalló sobre nuestras cabezas. Por espacio de un rato no se oyó más que el sonido del trueno, el viento y la lluvia. 6

La idea del suicidio por el amor no correspondido y su pasión proscrita por Jane Williams, el fragmento del cráneo de Shelley y la advocación del romanticismo decimonónico en la tormenta que le quitara la vida serían suficientes para que el camino del héroe quedara completo y encontrara su responso en el cuadro de Louis Édouard Fournier, en el que el mencionado Trelawny, junto a los poetas Leigh Hunt y Lord Byron, observa la pira funeraria de Shelley. No obstante, no es así. El mito forjado por la aviesa memoria se trastoca con los años y quizás se desdibuje en nuestro inconsciente literario. Puede recordarse, por ejemplo, el verano de 1816, en Villa Diodati; un tiempo “húmedo y poco agradable”,7 según palabras de Mary Shelley, en su introducción Frankestein o el moderno Prometeo.

Ese “año sin verano”, consecuencia de la erupción del Monte Tambora, obscureció —sin metáfora— Europa, y fue espectador de la reunión en una villa suiza, cerca de Ginebra, de Lord Byron, Percy Bysshe Shelley, Mary Wollstonecraft Godwin, Claire Clairmont y John William Polidori. De acuerdo con la historia, fue el 16 de junio cuando Lord Byron propuso “escribir cada uno una historia de fantasmas”, después de la lectura de la Historia del amante inconsciente. Byron comenzó un cuento; Percy Bysshe Shelley pergeñó una historia basada en su infancia y “al pobre Polidori se le ocurrió una idea terrible […] El ilustre poeta, molesto por lo aburrido de la prosa, desistió rápidamente de una tarea tan antipática”.8 Por su parte, Mary pensó en “una historia que hablara de los misteriosos miedos del ser humano y despertara la excitación del miedo, una historia que hiciera que el lector tuviera miedo de mirar a sus espaldas, que le helara la sangre y le acelerara el pulso”.9 Esta introducción, escrita en 1831, en la cual no se menciona fecha de la tertulia, también alude a que la historia habla de “caminatas, de muchas excursiones y de muchas conversaciones en un tiempo en el que no estaba sola. Ya no volveré a ver más a mi compañero en este mundo”,10 refiriéndose a Percy Bysshe Shelley.

La lectura que habían hecho se consigna usualmente como Fantasmagoriana, ou Recueil d’Histoires d’Apparitions, de Spectres, Revenans, una edición alemana traducida al francés que estimuló la imaginación de los presentes. No cabe duda de que este día 16 de junio ha suscitado diversas conmemoraciones, por haber sido el origen de dos de las historias más conocidas de terror: los ya mencionados El vampiro, de Polidori, y el Frankstein, de Mary Shelley, como la que la Dirección de Literatura de la UNAM organizó en el bicentenario de esta noche, en donde Rosa Beltrán encarnó a Mary Shelley, Hernán Lara Zavala a Percy B. Shelley, Bernardo Ruiz a John W. Polidori y Vicente Quirarte a Lord Byron. Los cuatro escritores asumieron su personaje y entregaron cuatro monólogos que querían ser la voz de aquella tarde. El nacimiento del monstruo es la edición que reúne los cuatro textos y recuerdan ese día, pero un par de detalles se asoman que trastocan la historia. Polidori, en su diario, no consigna la fecha en que Byron propuso la escritura de una historia de terror, en cambio cuenta que el 15 de junio sostuvo una conversación con Percy Bysshe a propósito de si el hombre era tan sólo un instrumento.

En la Introducción, Mary afirma que las conversaciones que la inspiraron a escribir su historia fueron entre Byron y Percy, además de que relata que “el pobre Polidori” no puedo llevar a buen puerto la empresa. Más aún, “El Vampiro”, publicado por vez primera en The New Monthly Magazine, en 1819, fue, en primera instancia, atribuido a Lord Byron; le costaría a Polidori algunas cartas recibir tanto el reconocimiento como el sueldo por la historia. Si bien es cierto que el cuento que comenzó Byron alguna de esas noches en Villa Deodati versaba sobre un “vampiro”, también lo es que el que comenzó Polidori en Suiza fue Ernestus Berchtold o el moderno Edipo, como lo declara el mismo autor en la introducción: “La historia que aquí ofrezco al público es la que comencé en Cologny, cuando Frankestein fue urdida”.11 Lo que sí se consigna en el Diario es el momento en que sucede la provocación byroniana:

18 de junio. Mi pierna está mucho peor. Shelley y fiesta aquí. La Señora S[helley] me llamó su hermano (menor). Después del té comencé mi historia de fantasmas. A las doce en punto, empecé realmente a hablar fantasmagóricamente. L[ord] B[yron] repitió algunos versos de Christabel, de Coleridge, sobre el pecho de la bruja. Cuando se produjo el silencio, Shelley, repentinamente, bramó, se llevó las manos a la cabeza y salió corriendo de la habitación con una vela. […] Estaba mirando a la señora S[helley], cuando de pronto recordó a una mujer de la que había oído hablar, con ojos en lugar de pezones, lo cual, apoderándose de su mente, lo horrorizó.

Para Edward Dowden, uno de los primeros estudios de Percy Bysshe, después de este incidente, es que Lord Byron propone la escritura de una historia de fantasmas. Es justo decir que, amén de la fecha, que, por lo escrito por sus protagonistas, no es exactamente el 16 de junio, sólo originó un texto, memorable y enigmáticamente vigente, como lo es el Frankestein, no obstante, es una muestra que la memoria literaria se nutre, como la vida misma, de reconstrucciones que en no pocas ocasiones distan de ser fieles al suceso al que se refiere, pero que lo conforma en la univocidad que, artificiosamente, construye.

Si en uno de los hechos concernientes a Percy Bysshe Shelley, como lo es la reunión en Villa Diodati, encontramos tempranamente la creación de una fábula en torno a su figura, el final de su vida no podía ser distinto. Si Edward Williams y Shelley estaban juntos era porque junto a Lord Byron y Leigh Hunt planeaban editar una revista, y habían establecido su residencia en Italia. Ese 8 de julio el Don Juan zarpó y se hundió, y con él se llevó los cuerpos de ambos amigos. Diez días de búsqueda les tomó encontrar los cuerpos, que fueron enterrados en la costa, bajo una capa de cal para evitar infecciones. Sería hasta el 14 de agosto que Trelawny, Byron, Hunt y un puñado de soldados y mirones atestiguan las llamas que consumirían el cuerpo de Percy Bysshe Shelley. De esta pira es de donde sale el fragmento carbonizado de su cráneo, pero también acontecería algo que quedaría grabado, como el 16 de junio, entre la historia literaria:

Las únicas partes que habían sido consumidas por el fuego eran algunos fragmentos de huesos, la quijada y el cráneo, pero lo que nos sorprendió a todos fue que el corazón se mantuvo íntegro. Al alcanzar esta reliquia de la ardiente hoguera mi mano resultó severamente quemada, y si alguien me hubiera visto haciendo esto tendría que haberme puesto en cuarentena.12

Esta versión, escrita treinta y ocho años después, fue modificada, numerosas veces, en vida de Trewlany, con cada vez mayor insistencia en la figura romántica de Shelley. Hermione Lee, en su revelador ensayo “Shelley’s Heart and Pepys’s Lobsters”, menciona que Richard Holmes, uno de los biógrafos más recientes de Shelley, tenía que lidiar con tres elementos en la vida de Shelley: la personalidad angélica, que implicaba que el poeta era insustancial, ineficaz y físicamente incompetente; sus ideas políticas radicales (hay que acudir a sus ensayos en favor del ateísmo) y el constante maquillaje a propósito de su vida sexo afectiva. En este ensayo, que pertenece al espléndido volumen Virginia Woolf’s Nose, Lee da muestras de cómo la figura de alguien puede ser trastocada de acuerdo con intereses que van desde una familia pudibunda hasta las ansias de mantener la idealización de un monolito:

Todos han atribuido la romantización de Shelley a la apesadumbrada y arrepentida idealización de Mary Shelley de su marido, así como a los testimonios de los amigos de Shelley: el ególatra Thomas Jefferson Hogg, el auto proclamado aventurero Edward Trelawny, quien vivió años de sus historias con Shelley y Byron, y el poco confiable Leigh Hunt. Todos ellos tienen sus propias versiones sobre la vida de Shelley.13

Corresponde a esta romantización la idea de que el cuerpo de Shelley fue reconocido a partir de que llevaba consigo un ejemplar de Esquilo y un libro de poemas de Keats. Miranda Seymour, biógrafa de Mary Shelley, apunta que el órgano que se recuperó de la hoguera en realidad era el hígado.  En la deificación de una fecha, de un personaje o de un texto puede desviarse la mirada y perderse la perspectiva; también, quizás, puede olvidarse que la tempestad del lunes 8 de julio de 1822, apenas pasando las dos de la tarde, no es la misma que la romanza de su muerte. La primera acabó con Percy Bysshe Shelley, y la segunda comenzó a reescribir su vida.


Autores
Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y 2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, reseña y crítica literaria en Laberinto, Confabulario, Este país, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antologías Cofradía de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entrópico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM.

Ilustrador
Mariana Martínez
(Ciudad de México, 1996). Novelista , editora y copywriter. Egresada de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la carrera de Escritura Creativa y Literatura.
Ilustración por Pinchi Necro

Este año se celebra el aniversario número 60 de la muerte de Georges Bataille, escritor y pensador francés. Para conmemorarlo, quiero hablar acerca de una idea suya que, no solo me parece interesantísima, sino que (en mi opinión) es muy importante para entendernos como especie: la angustia de la individualidad y su relación con el erotismo de los cuerpos.

La obra de Bataille es abundante y diversa, es tierra fértil en la cual confluyen reflexiones en torno a lo místico, la religión y, sobre todo, su relación con el erotismo (resumiéndolo muy groseramente). Bataille no fue únicamente un filósofo —aunque le molestaba que lo clasificaran como tal—, sino un antropólogo cuya fascinación por la espiritualidad, lo sagrado, la transgresión y las manifestaciones eróticas marcó profundamente su trabajo. Es importante destacar, para los que no conozcan su obra, que esta no gira en torno a la “religiosidad” moral o los dogmas. A Bataille le interesaba, sobre todo, la experiencia interior.

Me gustaría comenzar este escrito con una pregunta que suena tonta: ¿alguna vez se han sentido solos? Obvio. Todos, ¿no? Quién no se ha sentido aislado o incomprendido en algún momento de su vida. A quién no le ha dolido la soledad de su propia percepción del mundo y de ciertas experiencias o sentimientos que son difíciles de expresar y compartir. Tantas sensaciones, tantos matices. A veces las palabras —sobre todo si son referenciales— son demasiado generales, no dicen lo suficiente, se sienten groseras, grotescas, como si fueran dedos gigantescos intentando agarrar el tallo de una flor minúscula o meter un hilo en el ojo de la aguja más pequeña del mundo. Hacer que los demás nos entiendan por completo es casi imposible. Supongo que por eso existe la poesía… o el erotismo, como pensaba Bataille.

Para explicar esto, hay que comenzar señalando que, En Teoría de la religión (1973), el autor francés plantea una fenomenología de la existencia animal y de lo que llama continuidad. Para Bataille, los animales son seres continuos, su existencia es “ininterrumpida” y viven en un estado de inmanencia e inmediatez porque no tienen consciencia absoluta de su entorno ni de los objetos o de la relación entre estos como entes separados. No pueden mirarse a sí mismos como sujetos observables, y en su perspectiva reina una especie de niebla en la cual no hay categorías diferenciadas o interpretación, su existencia es como un flujo en el que se entremezclan ellos mismos y su hábitat. Para describir este existir sin distinción, abstracción o significado —desde un punto de vista racional—, Bataille dice que “todo animal está en el mundo como el agua dentro del agua”.

El humano no es así, pues —aunque poseemos cierta animalidad— percibimos “racionalmente”. En El erotismo (1957), Bataille menciona que somos seres discontinuos, cerrados porque interpretamos lo que nos rodea y acontece, porque damos significado. Nos diferenciamos a nosotros mismos del entorno y “cada ser es distinto de todos los demás. Su nacimiento, muerte y los acontecimientos de su vida pueden tener para los demás algún interés, pero sólo él está interesado directamente en todo eso. Sólo él nace, sólo él muere”. El filósofo francés se refiere a nuestra condición de individuos, que está dada porque únicamente nosotros estamos involucrados con nuestra propia experiencia interior. Percibimos y entendemos desde nuestra individualidad y de forma única. Y por más cerca que puedan estar dos personas, existe un principio de alteridad insuperable. Soy yo misma al no ser tú, por expresarlo burdamente. Nacemos solos, morimos solos.

Según Bataille, hay un abismo profundo entre un ser y otro. Somo profundamente sociales, pero no existe la unión perfecta y absoluta entre dos personas, ni a nivel espiritual ni físicamente. Aunque se pueda estar cerca, no podemos transmitir nuestra experiencia interior tal cual es, intacta. Nos traducimos constantemente a los demás, es inescapable. Esto se traslada al plano físico: literalmente estamos separados, no podemos fusionarnos con alguien más, cada quien tiene su cuerpo. Aunque a veces quisiéramos que fuera diferente, es una imposibilidad absoluta, como la muerte o el tiempo.

Bataille señala que, como seres discontinuos, buscamos constantemente una manera de superar este angustiante abismo ontológico. Aquí es donde entra el erotismo y su relación con la muerte (aunque ese es tema para otro texto). El escritor francés afirmaba que todo erotismo tiene como propósito desintegrar el sistema cerrado de cada participante, superar la individualidad, acortar el abismo. Sin embargo, esto, por supuesto, implica una “disolución de las formas constituidas”, una destrucción simbólica y física de lo que nos hace “uno” (de aquí proviene la fascinación fundamental del erotismo por la muerte), la relación entre Eros y Tánatos. Lo erótico, entonces, implica cierto grado de violencia sobre el cuerpo, el traspaso de los límites del pudor y del espacio privado, la “muerte” del individuo y su singularidad.

El autor habla de la reproducción sexual para ejemplificar esta separación primigenia y su única solución permanente:  el óvulo y el espermatozoide son dos entidades individuales fundamentalmente distintas, pero al formar el cigoto experimentan un estado transitorio y fugaz de unidad y simbiosis. Ambos gametos enfrentan la disolución de su ser individual, de su discontinuidad y “mueren” para formar otro ser que a su vez es discontinuo y así sucesivamente. Solo a través de la muerte se puede sobrepasar la distancia de la discontinuidad.

El erotismo, como forma parcial de acortar el abismo, implica una transgresión del cuerpo. Está implícito en el acto mismo y en las múltiples expresiones de la sexualidad. Cuando nos manifestamos eróticamente, superamos de cierta forma la individualidad, simbólica y físicamente. Derrumbamos las barreras mentales, las restricciones sociales establecidas, el respeto a lo privado. Rompemos las barreras físicas, traspasamos las fronteras de nuestro cuerpo. Se deja entrar al otro, se penetra, se transgrede, se une lo que está separado: manos, piel, labios, genitales, miradas, fluidos, a veces pensamientos. Como consecuencia de dicha transgresión se disipan los confines y ya no somos individuos. Aunque solo por un momento, a través de la aniquilación del individuo —cuya culminación es el orgasmo— se disipan los límites. Es por esto que nos resulta tan instintivo el contacto erótico o sexual, porque tenemos un hambre perpetuamente insatisfecha, un deseo inconsciente e imposible de destruir las formas que nos contienen y delimitan.

Suena medio dramático, pero creo que todos hemos sentido, de una u otra forma, la angustia de la individualidad, emocional, mental, espiritual o físicamente. A mí me parece muy esclarecedora la postura de Bataille (claro que desde un punto de vista crítico porque existen muchas cosas debatibles en su concepción de erotismo). Esta cuestión de la angustia individual es trágica, pero intentar entenderla me resulta reconfortante. Yo, como Bataille, también pienso que existen abismos insalvables: no sentimos exactamente lo mismo, no vemos los mismos colores, las palabras no significan lo mismo para todos, cuando transmitimos nuestra experiencia y percepción a otros, mucho de ellas se pierde en la traducción, comunicar matices emocionales es dificilísimo, estamos separados de los otros y de lo que nos rodea, hay cosas que no se pueden compartir, y lo subjetivo llega a ser asfixiante. Realmente estamos solos, dentro de nosotros mismos y nuestra percepción, encapsuladitos.

Pero qué precioso, ¿no? Que se pueda ser con otros, acortar la distancia, diluir los límites, comunicar sin hablar, abrir[nos], sentir el placer de la continuidad y resquebrajar lo que nos contiene, aunque sea unos minutos, aunque sea un instante. Qué preciosas las infinitas posibilidades que ofrece el erotismo de nuestros cuerpos.

Nadie dudaría de la importancia del erotismo. Está claro que es un tema y obsesión universales y que seguirá siéndolo —ya sea para alabarlo o censurarlo—. Definitivamente da muchísimo de que hablar y, a pesar de ser tan inherente a nuestra visión del mundo, continúa misterioso e ininteligible, a veces impenetrable. Yo creo que Bataille fue un genio por haber sabido nombrar y teorizar alrededor de algo tan difícil de aprehender como lo es el erotismo, uno de nuestros lados más oscuros y primigenios.

 


Autores
(Ciudad de México, 1997) Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. En 2018 participó en el programa de escritura Elipsis organizado por el British Council y, al año siguiente, fue parte del Women’s Creative Mentorship Project de la Universidad de Iowa. Es autora de Sapos en la lluvia (2021), colección de cuentos publicada por el Fondo de Cultura Económica en colaboración con el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha publicado en revistas como Sin Embargo, Este País, Armas y Letras y la Revista de la Universidad de México. Actualmente es becaria del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca.

Ilustrador
Pinchi Necro
Francisco Javier de la Torre Cordero “PINCHI NECRO” Francisco Javier de la Torre Cordero nace en Zacatecas, México el 29 de octubre 1988 Inicia su carrera artística en 2016 con su primera ilustración en portada e ilustraciones de anexo para el libro “Juntos diablo carne y mundo” para Taberna Libraria Editores en Zacatecas. Lo que dio lugar a un impulso considerable del que a partir de entonces se ha presentado en numerosas convenciones, exposiciones colectivas y conferencias bajo el seudónimo “PINCHI NECRO”, destacando la exposición individual "secuencias, 2019"en la cinética de Zacatecas donde exploró la animación a partir de dibujos individuales, así como el uso de la pluma 3d con enfoque artístico (siendo el primero en usar dicho material en Zacatecas con tal finalidad) participando además en la revista punto de partida por parte de UNAM y portadas para la editorial Texere (Zacatecas).
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Cada vez es más común leer y ver noticias de que la San Fe está cada vez peor, más peligrosa. No sé si es porque, a pesar de ya no vivir cerca de ahí, aún sigo con nostalgia algunas páginas de Facebook que hablan de la colonia, de los vecinos, los comerciantes, pero también de los delitos que cada vez son más recurrentes, o que más bien, ahora son más visibles, porque los problemas de estas colonias que habitan las periferias de la ciudad, siempre han estado ahí.

Al menos tiene dos años y medio que no vengo, con la pandemia y todo lo que ha pasado en este periodo, me fue imposible visitar uno de los lugares que más aprecio por todos los años en los que mi familia y yo trabajamos ahí, pero hoy por fin regresaré. Esta vez estoy emocionado porque les daré un pequeño recorrido a dos amigos que no conocen este tianguis que cada domingo se pone apenas comienza salir el sol. El punto de encuentro será a las dos de la tarde en el mercado de la colonia que se encuentra sobre la Av. Dolores Hidalgo, porque les prometí que ahí comerían unas gorditas rellenas de carnitas y también los famosos tacos de cecina que alguna vez visitó el youtuber Peluche Torres.

Como a esa hora es un poco tarde llegar a la San Fe, Gabo y yo nos adelantamos para hacer nuestro habitual recorrido que comienza en una de las entradas más recurrentes del tianguis, por el mercado 25 de julio, a un costado de la Av. Gran Canal.

Llegar a las inmediaciones del tianguis no es complicado, pero suele ser peligroso y como en la mayoría de las colonias populares y conflictivas, la delincuencia siempre está rondando y puedes caer en la ruleta rusa de quienes se dedican a eso. Pero afortunadamente, hay opciones de llegar al famoso tianguis de la Alcaldía Gustavo A. Madero, considerado el más grande de Latinoamérica con poco más de siete kilómetros que se desbordan como ríos por avenidas como Villa de Ayala y León de los Aldama o bien, por calles como la 20 de noviembre, Emiliano Zapata o Morelos, tan solo por decir algunas.

Se puede llegar desde el Estado de México por los municipios de Ecatepec o Nezahualcóyotl, pero también por colonias aledañas como Casas Alemán, Campestre, Providencia o Nueva Atzacoalco. Antes llegaba desde Ecatepec, pues vivía a escasos 20 minutos del tianguis, tomaba una combi o camión que pasaba a unos metros de mi casa, pero al cruzar por una de las colonias (Las Vegas) más peligrosas del Municipio, a últimos años prefería tomar un taxi que cobraba entre 25 y 30 pesos y así evitar problemas.

Ahora que vivo más lejos, me es más fácil tomar el metro desde Eugenia y llegar hasta la estación Carrera (con transbordos incluidos) para después, de igual forma tomar un taxi que recorre parte de la Av. San Juan de Aragón y kilómetros adelante dar vuelta a la izquierda para entrar a la Av. Gran Canal que nos lleva hasta el famoso mercado de la 25 de julio. También puedo llegar por Neza, arribando a la estación Impulsora (e igual tomar un taxi), pero me gusta llegar por Carrera y hacer el recorrido de la Av. Gran Canal, evocando la gran canción de Polo Pepo, “San Felipe es punk”, en la frase que dice, si nos quieres conocer, no te vayas a perder, solo tienes que seguir, las aguas del gran canal, las aguas del gran canal. Y aunque ya no hay agua (a menos que llueva mucho), ese canal entubado y pavimentado convertido en avenida, me hace creer que por ahí, como dice la canción: jamás podría perderme.

Aunque suene a cliché, cuando uno va creciendo termina por entender a sus padres y en mi caso, cuando niño o adolescente no me gustaba entrar por la calle de Emiliano Zapata (por la que ya siempre entro), no había nada para mi pues toda la calle estaba llena de herramientas nuevas y usadas, llantas y rines de dudosa procedencia, estereros nuevos y robados, artículos para el hogar como jabón, papel de baño, pastas, shampoos y cremas, sabanas y colchas para la cama, lámparas, focos, y un sinfín de chácharas que bien podrían ser objetos de coleccionistas. Sin embargo, ahora en esa calle que es la principal de mi papá al hacer las compras de la casa, poco a poco se ha vuelto lo mismo para mí. Desde que vivo con Gabo, de vez en vez hay cosas que arreglar o que poner y esa calle es la solución perfecta para comprar herramienta o todo eso que se ocupa. Ese día como cada que voy, compré varias cosas que necesitaba: guantes de hule y de tela, plaquitas para evitar picaduras de mosquitos, navajas de rasurar, un par de aromatizantes para los baños, pilas para los controles, tres focos LED, dos desarmadores pequeños y un par de cintas canela.

Y aunque el ambiente se siente raro pues hay poca gente y varios espacios vacíos de puestos y comerciantes que faltan, sigo caminando con la seguridad que me da haber trabajado y habitado en ese tianguis cada semana a lo largo de más de 13 años, en los que de una u otro manera, el tianguis de la San Fe me hizo parte de él.

Después de hacer las compras necesarias, Gabo y yo acostumbramos ir por una cerveza de barril para después, con vaso de a litro en mano ir a comer unos tacos de cochinita pibil, sin embargo ese día el lugar en donde acostumbramos comprar las cervezas cambió su giro, si bien siguen vendiendo comida, la cerveza ya no es parte de su menú, ni siquiera estaba abierta la puerta que da a un patio de una casa que hasta antes de la pandemia, servía de bar para quienes querían descansar o refrescarse del calor. Me atrevo a preguntarle a la señora que prepara los tacos el por qué ya no venden la cerveza de barril a lo que de inmediato me responde, ya no nos dejan joven, la delegación está muy pesada, ya mejor ni intentarle. Me decepciona saber que no podré traer más adelante a Carlos y a Santiago y que tendré que buscar otro lugar en el cual podamos parar a descansar.

El calor está muy fuerte, hace años que no lo sentíamos así y la sed empieza a hacer estragos. En nuestro recorrido no encontramos quien venda cerveza, ni siquiera refrescos preparados, las famosas micheladas de la San Fe parecen haberse extinguido con la pandemia, pero enseguida, vemos un puesto que está vendiendo cervezas medio a escondidas, le pido un par pero me dice que aún no pueden vender, que el operativo aún está vigente pero que en media hora ya no habrá bronca. Decidimos comprar dos latones en una tienda y ahora sí, ir a comer esos tacos que queremos.

Recibimos el mensaje de Carlos que nos dice que están a punto de llegar, el tiempo se ha pasado y estamos algo lejos del mercado, caminamos a paso rápido para que no se queden solos tanto tiempo: por un momento, todo lo que he leído de la San Fe me preocupa que les pase a ellos. Llegamos al encuentro y al verlos, nos saludamos y entramos por el segundo pasillo del mercado en donde se encuentran los famosos tacos de cecina, pedimos un par para cada quien y luego a las gordas de carnitas que se sirven para ir comiendo. Mientras terminamos la garnacha, otro amigo me avisa que viene en camino, parece que la fiesta después del recorrido, será un pacto cerrado.

Alberto llega con su esposa e hija y en el recorrido ahora somos siete. Empezamos sobre la avenida principal, por la que pasan los camiones que cruzan gran parte de la GAM y del Estado de México, les digo que sobre esta, la Dolores Hidalgo, del 2 al 6 de enero se pone el famoso tianguis de juguetes donde trabajé año con año de los l3 a los 20 años y que visitarle de noche es otra gran experiencia y que solo se recorre en línea recta de Av. Gran Canal (por donde entramos) hasta la Av. Orizaba. Me preguntan si aún tengo familia que trabaje aquí y les digo que solo un par de primos siguen vendiendo en el tianguis de los Reyes Magos, como también se le conoce, pero ya no venden juguetes como tal, o sí, solo que ahora son drones que están muy de moda entre chicos y grandes.

Les digo que en esa esquina de Apatzingán y Dolores por la que pasamos, esta uno de los mejores caldos de gallina que he probado y que, de haber llegado temprano, hubiéremos podido desayunar unos tacos de tripa con una pancita en Los Chundos, lugar donde según dicen, algunos integrantes de Panteón Rococó caían ahí para curarse la cruda, ¿neta?, me pregunta Carlos, respondo que al menos, un poster firmado por algunos miembros de la banda, da legalidad al hecho. Lo que sí les aseguro es que en ese lugar como en algunos otros de la zona, a veces mi abuelo iba a trabajar ahí junto al trío en el que tocaba, cantando algunas canciones a ritmo de bolero.

Los llevo por la calle de Apatzingán hasta Villa de Ayala, porque quiero mostrarles donde estaba el puesto de mi papá cuando trabaja ahí y mientras caminamos, vemos ropa nueva de todo tipo, pero no de marcas de “renombre”, les digo que, en casi toda esa calle, la ropa es hecha por los mismos comerciantes o comprada de mayoreo en Canal del Norte, Mixcalco o Tepito, para después venir a venderla acá, seguramente de manufactura china. Al llegar a la esquina de Ayutla y Villa de Ayala, les muestro el puesto de dos metros en los que mi papá vendía lentes para el sol, cajetillas de cigarros americanos y casetes para grabar audio y video. Les cuento que ahí cuando niños, mi hermano y yo le ayudábamos a acomodar lo que se vendía para luego, después de desayunar, jugar casi todo el día al futbol, los tazos o canicas con otros niños que también estaban ahí porque sus papas eran comerciantes. Eso lo hice de los 6 a los 11 años, porque después me fui a ayudarle a mi abuela con su puesto en otra calle de la San Fe.

Hace poco le pregunté a mi papá el año en qué empezó a trabajar ahí en el tianguis y sin dudarlo, me dijo que comenzó en 1989, justo un año después de que nació mi hermano. Me dijo que empezó con ese segundo trabajo porque ya con dos hijos, los sueldos de maestros de la SEP que tenían él y mi mamá no les era suficiente para todos los gastos. Afortunadamente con ese puesto en el tianguis pudieron crecer y obtener más dinero que les permitió construir su casa.  De igual forma, al ver que el negocio iba en aumento, en 1992 mi abuela decidió también poner su puesto, uno enorme en el que vendía ropa de bebe y vestidos para niñas, que por muchos años fue muy redituable.

Al seguir caminando les muestro la peluquería en donde desde pequeño y hasta antes de cambiarme de casa, iba a que me cortaran el cabello, de los tres peluqueros que conocí de solo queda uno, que era el más joven. Les digo que a lado del puesto que era de mi papá y que ahora es de una amiga suya, vendían todo tipo de saldos que el Palacio de Hierro desechaba, desde ropa hasta juguetes, incluso muebles que se vendían a una tercera o cuarta parte de lo que lo hacían en las tiendas. Sin embargo, ya nada de eso está y ahora solo venden ropa de paca.

El calor sigue muy duro y las micheladas aún están escondidas, paramos en una tienda y compramos aguas y cervezas en lata, las bebemos mientras caminamos hasta llegar a la calle de Morelos en donde se vende ropa de marcas como Zara, Old Navy, Bershka, Miniso o Pull & Bear, a veces está más barato aquí que en las plazas. También les digo que hay tenis de la marca que quieran pero que se fijen bien porque la mayoría son clones.

Mientras camino voy recordando a esos personajes que cada domingo estaban en el tianguis, como un señor que vendía esas mal llamadas tlayudas (invención chilanga de una tostada verde de maíz a la que le ponen, salsa, nopales y queso), a bordo de un carrito de supermercado y que, de vez en vez gritaba ya llegó el sabroso, espantando a propósito a transeúntes que se le cruzaban en su andar de vendimia. O bien a otro señor algo mayor que, en silla de ruedas, cada domingo llegaba alrededor de las 2 de la tarde para ponerse en una de las esquinas del puesto de mi abuela y pedir dinero, podría regalarme un pesito, repetía una y otra vez a la gente que pasaba o se detenía en nuestro puesto a comprar. Sin embargo, algo no cuadraba con él, parecía que no necesitaba tanto de la limosna pues, al ir a recogerlo, muchas veces llegaba por él gente bien vestida y muchas veces hasta en coche se lo llevaban, lo más extraño que le vimos fue cuando lo cachamos comprando lencería muy sugerente con el dinero que obtenía en el día, algo gracioso porque lo hacía recurrentemente y cada que mi abuela lo veía en esa acción casi siempre repetía: con razón siempre desconfié de ese cabrón.

Ahora vamos por la calle 20 de noviembre en donde les digo que, en esos puestos, toda la ropa, aunque de paca, es original, aunque de dudosa procedencia. Ahí encontrarán también zapatos, carteras, cinturones, mochilas o lo que haya traído el camión decomisado, eso sí, siempre un poco más barato todo que en las tiendas departamentales, lo malo es que los vendedores como te ven te tratan y le suben el precio a su antojo, por eso mi hermano decía que había que ir disfrazados con la ropa más fea que tuviéramos.

Casi esquina con Cuauhtémoc, los llevo al puesto de ropa de paca en la que mi mamá nos compraba casi todo cuando éramos niños, les digo que aquí sí hay calidad pero que hay que meter mano sin miedo. La ropa de marcas americanas en ese puesto ronda de los 60 a los 200 pesos según le calculen los vendedores que entre chiflidos y gritos de:

 

Ropa ropa ropa barata

           Ropa ropa ropa se remata la ropa

                          Bara bara bara bara bara bara bara

                                        De a viente varos de a veinte varos

                            Damas damas de este lado ahí lo estamos rematando                  

                           De este lado de este lado de este lado ahí está la ropa bara

 

…siempre terminan por invitarte a sumergirte en esas montañas interminables de telas.

Después de algunos minutos buscando algo que valga la pena, Gabo encuentra un suéter y un par de blusas que no duda en comprar, después de eso, les muestro a lo lejos el teatro Carlos Colorado, nombrado así por el fundador del famoso grupo musical La Internacional Sonora Santanera.  Les digo que cada año por octubre, viene La Santanera y da un concierto gratuito que conmemora el aniversario de dicho lugar. Recuerdo que cuando vendía aquí, ese día la gente compraba mucho más o al menos, la asistencia al tianguis era bastante y siempre salíamos muy beneficiados con las ventas, solo que había que levantarse más temprano de lo habitual para que no nos ganaran el lugar algún otro comerciante.

Por fin encontramos unas micheladas que tardarán un poco porque las están preparando a escondidas desde una casa para que el operativo no los sancione. Compramos una para cada quien y mientras esperamos nos ponemos al día: el trabajo, la familia, la nueva bebe, todo parece ir bien. Les digo que es una lástima que ya no podrán conocer el lugar al que iba a tomar cervezas y a escuchar música en vivo con tríos de norteños que llevaban contrabajo y toda la cosa o bien, un par de esquinas en donde me tocó ver a bandas de rock y punk tocando mientras la gente con cerveza en mano, los veía sin ningún problema.

Seguimos caminando y la tarde empieza a caer, los puestos se están quitando y aún nos falta ir a los vinilos, sin embargo, al llegar al puesto ya es tarde y ya se han ido ante la amenaza de lluvia. Aún con sed, empezamos a buscar otro lugar donde tomarnos otra cerveza, pero no hay nada, decidíos caminar sobre Ejido y pasar por el último lugar que quiero mostrarles.

Casi esquina con Independencia, les muestro el lugar en el que estaba el puesto de mi abuela y en el que trabajé de los 12 a los 18 años, armando un puesto doble de seis metros de largo y tres de alto. Les cuento que entre mi hermano y yo armábamos ese puesto de tubos enormes y gruesos, tablones de madera pesadísimos y rejas que estaban más altas que nosotros. Siempre hubo alguien más que nos ayudaba, pero nunca constante porque no aguantaban el ritmo, los que más solo duraban algunos meses y los que no, si acaso dos semanas. Les cuento que la rutina era casi siempre a misma: llegar, armar el puesto, sentarte a desayunar de a rápido una torta de tamal con un atole y después, acomodar la ropa o lo que estuviéramos vendiendo. Más o menos nos tardábamos dos horas en todo eso, luego a las dos de la tarde, comíamos con un presupuesto de máximo 40 pesos que podían ser tacos, tortas, quesadillas o taco placero, uno decidía siempre y cuando no se pasara de esos 40 pesos por persona a menos que una tía llegara y nos invitara la comida, ahí si podíamos pasarnos del presupuesto. Luego como a las 4:30 si no había gente o vendimia, a levantar todo, pero eso ya era más rápido y en máximo de una hora y cachito, ya habíamos terminado.

Comienzo a mapearle a Gabo algunas cosas de esa parte del tianguis, le platico que a tres puestos del de mi abuela había una chica que vendía corsetería y que me gustaba, pero nunca le hablé porque era cinco años mayor que yo. Que justo atrás de ahí, estaba la casa donde guardábamos todo el puesto: lona, bancos, tablas, tubos, rejas. Que, a un lado de la iglesia, a mi abuela le gustaba comer caldo de gallina. En ese otro de allá, siempre que jugaba la selección, me acercaba porque eran los únicos que conectaban una televisión grandota para ver los partidos. Que justo en este enorme puesto de al lado, había un señor al que mis tías le pusieron el Rey Mago porque se parecía a Gaspar: robusto, de cabello largo y crespo, con barba larga casi rojiza. Ahí sus trabajadores gritaban uno de los slogans más buenos que he escuchado en un tianguis: señora de la vuelta y vuelta con la bolsa vacía y con la boca abierta, acérquese por este lado, pura ropita de calidad, bara bara bara.

Alberto ve que a unos metros de donde les cuento todo, hay una casa que vende micheladas, nos acercamos y bromeamos si sería seguro quedarnos, nos decimos que no pasa nada y que hemos estado en lugares más peligrosos, además soy de la San Fe y nunca me ha pasado nada ahí. Aunque esta casa no abre su patio, tiene bien delimitada la calle de Independencia para que puedas degustar tus bebidas sin temor a que pasen coches, éntrenle, no pasa nada, aquí la poli si nos da chance, nos dicen. Pedimos bebidas para todos, cervezas unos y azulitos otros, la música a ritmo de reggaetón ameniza el ambiente y nos dicen que, si necesitamos baños, podemos entrar a la casa con costo extra de 5 pesos.

En el andar nos quedamos con ganas de alguna que otra garnacha más que, hasta antes de la pandemia, eran muy usuales a lo largo del tianguis: quesadilla de sesos o de queso con huitlacoche, aguas frescas o algunas paletas de hielo, incluso nos faltó alguna espiro-papa o botana exótica. Quizás este domingo no tuvimos suerte o la pandemia hizo más estragos de lo que podemos creer.

Empiezo a recordar todas esas leyendas que del tianguis se han contado desde que comenzó a existir en el año de 1967: que venden drogas en cada esquina, que todo el tiempo roban, que todos los productos que venden son pirata o robados, que siempre estafan o que si entras ya no sales. También otras cosas más inverosímiles pero que de cierta forma, le dan un dejo de misterio al tianguis de la San Fe, como que, dentro de él, se ha vendido una turbina de un avión, un barco y hasta un cráneo de dinosaurio. No sé qué pensarían esos primeros comerciantes que decidieron empezar a vender aquí sus herramientas usadas y sus fierros viejos, pero sin duda, creo que estarían orgullosos de todo lo que se dice de aquí.

Sentados en la banqueta y en un par de bancos que nos dieron los de las micheladas, seguimos platicando de la San Fe y de otras cosas, lo gracioso es que estoy a tan solo unos pasos de donde antes trabajaba con mi abuela y eso me pone algo nostálgico. Dice Polo Pepo en ese himno que hizo de la San Fe que en este lugar parece que el tiempo se detiene, a ritmo de rock y punk, yo agregaría otros ritmos más como el high energy, las cumbias, las guarachas, el reggaetón, los gritos, los silbidos y hasta las carcajadas. Al final ya no sé si les di el recorrido a ellos o a mí mismo, solo sé que me gusta estar aquí, rodeado de amigos y divirtiéndome un rato, en uno de los lugares más significativos en los que he habitado a lo largo de mi vida.

 


Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por María del Carmen Zapatero

 

Escribían como escriben los hombres libres.

Úrsula K. Le Guin sobre los hermanos Strugatski

 

 

La scifi cobró popularidad en la antigua Unión Soviética de la mano de los primeros cosmonautas. Cuando Yuri Gagarin volvió de su famoso viaje espacial, se declaró en favor del creciente fandom de la scientification. Escribió una carta a Saber y Poder, la revista que leía en su adolescencia, y recordó que se burlaban de él por consumir historias de astronaves que orbitaban el planeta. En el régimen estalinista, el género de la especulación llegó a ser considerado socialmente perjudicial; el texto debía estar sometido al servicio del Estado y a la conciencia de clase. La vida extraterrestre —en caso de existir— tenía que ser racional y comunista. El Partido leyó con ojos escrutadores muchas de las novelas de ciencia ficción que se escribieron en la URSS.

Una de ellas fue Pícnic extraterrestre o Stalker de los hermanos Strugatski (Arkadi, el mayor, lingüista; Borís, el menor, astrónomo). Juntos imaginaron la historia en las playas de arena y dunas de Komarovo, provincia de San Petersburgo, a orillas del golfo de Finlandia. Era febrero de 1970 y por entonces estaban terminando Ciudad maldita, otra de sus obras más reconocidas en el corpus de la ciencia ficción. Casi un año después, tenían un plan detallado y minucioso para estructurar la novela. Incluyeron en el título una palabra tomada de Stalky & Co., de Rudyard Kipling, y fue así como inocularon stalker en el imaginario colectivo. Iban a escribir a cuatro manos. Luego tendrían que enfrentar el examen de la censura.

Quizás el caso más célebre en el canon de la novela rusa de ciencia ficción sea el de Nosotros, obra escrita por Yevgueni Zamiatin en 1920, que nunca fue publicada en la URSS a pesar de haber sido autorizada treinta años más tarde y fungir como origen de la corriente distópica. La crítica literaria especializada la ha colocado como germen de ideas posteriormente desarrolladas por Aldous Huxley y George Orwell, con ecos hasta La naranja mecánica de Anthony Burgess. Los Strugatski comenzaron el borrador de su novela el 19 de enero de 1971 y para el 3 de noviembre de ese mismo año terminaron la redacción definitiva.

A finales de 1972, en la revista Avrora apareció una edición casi intacta de Pícnic extraterrestre, pero la editorial Molodaya Gvardia tardó casi una década en publicar su versión en libro. En el “Comentario” de Borís Strugatski a la reimpresión de 2015 por Ediciones Gigamesh, el escritor relata que la casa editora rusa era invariable año tras año con los «obstáculos» de la novela: “[…] quiten de Pícnic los muertos vivientes; cambien el lenguaje de Redrick Schuhart; introduzcan la palabra soviético cuando hablen de Kiril Panov; eliminen la tenebrosidad, la desolación, la rudeza, la brutalidad…”.

Luego de más de ocho años, catorce cartas a los comités centrales de revisión y doscientas humillantes correcciones —en palabras de Borís—, Molodaya Gvardia accedió a cerrar el contrato por la compilación. Ganaron los autores. Fue un caso excepcional en la historia de la industria editorial soviética. Pícnic extraterrestre ocupó un estante en las librerías de la URSS en el otoño de 1980. Andréi Tarkovski la había adaptado al cine apenas un año antes como Stalker. Los hermanos Strugatski no leyeron una página de aquellas publicaciones rusas hasta que aprobaron una versión en 1990.

Pícnic extraterrestre o Stalker, a diferencia de la novela de Zamiatin, es un peculiar relato de «primer contacto» y una suerte de «novela de advertencia». Trece años después de la «Visitación», alienígenas desconocidos que viajaron a la Tierra —y se marcharon sin interés alguno en sus habitantes— dejaron «zonas» de las que los «stalkers» extraen basura intergaláctica. Posteriormente la comercializan en el mercado negro como objetos de uso y provecho para coleccionistas o mafiosos. También los científicos están muy interesados en dicha extracción a escondidas de la policía.

Redrick Schuhart trabaja de día como auxiliar en el Instituto Internacional de Culturas Extraterrestres de Harmont y de noche utiliza su mono especial de stalker. Uniformes como trajes de buceo que resultan indispensables para protegerse del hostil ambiente que dejaron los visitantes. La zonas no son territorio humano. Hay fenómenos que desafían las leyes de la física, piezas excéntricas y enfermedades letales: vacíos llenos, gelatina de bruja, graviconcentrados, grietas, acumuladores infinitos, picapicas, lágrimas negras

Luego de entrar en la zona, en ocasiones junto con sus colegas Kiril Panov y Richard Noonan, Schuhart se percata que los «regalitos» cósmicos no traerán la paz mundial o un clima ideal, sino que representan un desafío al conocimiento, al destino individual y a la cosmovisión terrestre. El alienígena aparece como turista y no como invasor. La «Visitación» es el descubrimiento más importante en la historia de la humanidad y los stalkers, arqueólogos del futuro, encarnan al ser humano que se enfrenta a la ciencia y lo desconocido.

La búsqueda particular de la novela se centra en un objeto olvidado por los extraterrestres: La Bola Dorada, un cuerpo luminoso que posee la capacidad de conceder todos los deseos imaginables. Por esa razón la persiguen con insistencia tanto el Buitre Burbridge, stalker profesional a sueldo, como científicos del Instituto Internacional de Culturas Extraterrestres de la Norteamérica que proponen los Strugatski. La promesa final de Pícnic extraterrestre enunciada como “¡Felicidad para todos, gratis, y que todo el mundo se marche contento!”, no es solo la reducción de la fábula en tanto el fracaso soviético, tal como lo argumenta Úrsula K. Le Guin en su “Presentación” de la obra de Arkadi y Borís, sino además una conversación abierta sobre la posibilidad del contacto con otras inteligencias y los alcances del conocimiento humano.

Pícnic extraterrestre o Stalker de Arkadi y Borís Strugatski sugiere —a pesar de la persecución de la censura y otros obstáculos del mundo editorial— preguntas germinales en el amplio espectro del What if…: ¿Podríamos comunicarnos con inteligencias extraterrestres? En todo caso, ¿les interesaríamos? ¿En qué medida tales descubrimientos afectarían el desarrollo de la humanidad?  La novela de los hermanos Strugatski es en absoluto moralista o ideológica, sino que ofrece un pulso narrativo libre en el que se cuelan presupuestos filosóficos que critican tanto el capitalismo como el régimen comunista. Su discurso es escéptico y los personajes que la habitan solo piensan la felicidad en cuanto imposible. El mundo en la distopía puede ser fascinante, pero también hostil, desesperanzador y brutal.

 

***

 

 

 

 

Referencias

Barceló, Miquel, Ciencia Ficción: Nueva Guía de Lectura. Barcelona, Nova, 2015.

Capanna, Pablo, Ciencia ficción: Utopía y mercado. Valencia, Gaspar & Rimbau, 2021.

Strugatski, Arkadi y Borís, Stalker. Pícnic extraterrestre. Barcelona, Gigamesh, 2015. Incluye la “Presentación” de Úrsula K. Le Guin y el “Comentario” de Borís Strugatski.


Autores
(Torreón, 1994), hispanista por la UNAM y lector. Literaturas contemporáneas y de ciencia ficción, crítica literaria, escritura creativa y archivo. Escribo en la aldea global desde el western y la distopía. Posnorteño. Doppelgänger: @lagunauta.

Ilustrador
Maricarmen Zapatero
Estudió Diseño en el Instituto Nacional de Bellas Artes e Ilustración en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Ha colaborado en distintos proyectos de ilustración para libros y publicaciones así como en medios digitales, proyectos independientes y de autoedición. Vive y trabaja en la Ciudad de México escribiendo e ilustrando sus propias historias
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

¿Alguna vez has escuchado sobre el blues del bosón de Higgs?

Voy hacia Ginebra, cariño, para enseñártelo.

Nick Cave and the Bad Seeds

 

Hace diez años fue descubierta la partícula de Higgs. Dicho hallazgo fue realizado por el CERN en el proyecto Gran Colisionador de Hadrones, puso en revolución a la comunidad científica y en especifico a la de la física moderna.

Un mexicano que trabaja en dichos proyectos es Gerardo Herrera Corral (Delicias, Chihuahua, 1963), con quien pudimos acércanos para hablar sobre el peso que conllevaba este descubrimiento, sobre el proyecto que realizó tal proeza y sobre la integración de este concepto en la cultura popular.

Gerardo Herrera Corral es doctor en Física por la Universidad de Dortmund, Alemania, y ha publicado más de 320 artículos en revistas internacionales especializadas en el área de física de partículas. Además, es autor de los libros Entre quarks y gluones. México en el CERN (2011), El Gran Colisionador de Hadrones (2013) El Higgs, el universo líquido y el Gran Colisionador de Hadrones (2014) y Universo. La historia más grande jamás contada (2016).

Desde 1994 trabaja en la colaboración ALICE del Gran Colisionador de Hadrones en el CERN, y desde 1997 es miembro del Instrumentation, Innovation and Development Panel del International Committee for Future Accelerators (ICFA). Fue presidente de la División de Partículas y Campos, así como de la División de Física Médica de la Sociedad Mexicana de Física.

También fungió como coordinador de uno de los cuatro proyectos aprobados en México de la Iniciativa Científica del Milenio apoyado por el Banco Mundial; y fue secretario de la Academia Mexicana de Ciencias.

Buenas, Gerardo. De inicio creo que sería importante precisar algo que ha llevado a malentendidos. Recuerdo que en su momento, cuando inició operaciones, corrió la leyenda de que el Gran Colisionador de Hadrones era la maquina del Apocalipsis y se juró que produciría la destrucción mundial (cosa que con el tiempo se comprobó que no iba a ocurrir). Entonces, ¿qué es el CERN y qué es el Colisionador de Hadrones? ¿Y cuál es tu participación en este espacio encargado del desarrollo científico?

El proyecto Gran Colisionador de Hadrones es un proyecto gigantesco al que no le ha faltado una típica cantidad de mitos desarrollándose alrededor. Cuando el hombre fue a la luna en los años sesenta en el Apolo 11, también surgieron muchas leyendas sobre la destrucción del mundo y del planeta. En ese aspecto, mucho tiempo antes de que el proyecto del Colisionador iniciara sus operaciones, un colega nuestro, Pedro Waloschek, escribió un artículo en una revista en la que se acostumbra que los lectores puedan escribir preguntas; lo que le ocurrió es que algún lector le preguntó si se podrían crear agujeros negros cuando dos protones colisionaran a muy alta energía. El contestó que sí, que efectivamente era una de las expectativas la generación de estos fenómenos y su detección, que incluso estaban previstos por algunos modelos y algunas teorías; el mismo Stephen Hawking predijo la generación de micro agujeros negros. Lo que es cierto es que Pedro Waloschek no dio una respuesta detallada de lo que eso significaría a nivel especulativo y del impacto físico de cierto fenómeno; de manera que el lector, y los demás, lo interpretaron de manera catastrófica. Se predijo que estos erguirían a nuestro planeta y acabarían con todo rastro de vida.

Después se desarrollaron otros mitos. Por ejemplo, la posible generación de strangelets, que son un tipo de partículas también previstas en lo especulativo pero solo en algunos modelos; son partículas que están compuestas por un quark extraño, el quarkstrange. Algunas ideas muy especulativas predicen que al contacto con otras, estas partículas las convertirían en extrañas. De manera tal aparición significaría una propagación en las que todas acabarían siendo constituidas por el quark extraño, y eso significaría el fin de la vida, el fin de la humanidad. Sin embargo, el proyecto inició en 2008 y en 2009 ya estuvo tomando datos. Justo en junio vamos a volver a la toma de datos. Serán ya 13 años de estar estudiando las colisiones de más alta energía.

El CERN es el Consejo Europeo de Investigaciones Nucleares. Fue creado en 1954, después de la Segunda Guerra Mundial, con diversos objetivos. Fue una propuesta original de Louis de Broglie, un físico francés Premio Nobel de Física, muy conocido por su participación en el desarrollo de la mecánica cuántica; Broglie propuso realizar un gran proyecto en Europa por varias razones: una de ellas, para evitar la fuga de cerebros que sufrió el continente durante la Segunda Guerra Mundial, en que muchos científicos se fueron, principalmente, a los Estados Unidos. La propuesta fue hacer en Europa proyectos ambiciosos que retuvieran a los académicos y a los físicos de alto nivel; pero, por supuesto, que hubo otras propuestas y otra que es muy importante, y que se sigue citando mucho, es la de traer a las naciones en conflicto para trabajar en tema de interés común son la ciencia y la tecnología; de manera tal que a finales de los cincuenta, se tenía cerca de Ginebra, en Suiza, un laboratorio en el que estaban trabajando ya los franceses, alemanes, italianos e ingleses, que eran las naciones que estuvieron en guerra anteriormente.

Otro motivo importante para su creación fue que estalló una bomba atómica en 1945 y continuaba una gran discusión sobre los usos de la energía atómica. Entonces, se buscó hacer investigación para usos pacíficos de la energía nuclear; lo cual tampoco acabó siendo una realidad porque el CERN se fue por el aspecto más básico de la investigación de la estructura de la materia. El CERN ha albergado ya muchos proyectos de partículas elementales. Acaban de celebrarse los 65 años del primer acelerador que fue construido ahí, el cual fue un Sincro-ciclocón de 600 mbs. En este se hizo el primer gran hallazgo: un decaimiento de una partícula subatómica, el pion. Después vendrían otros aceleradores como el Proton-ciclotrón, que fue inaugurado por grandes figuras como Neils Bohr. Y desde entonces se han venido desarrollando maquinas cada vez más poderosas para estudiar la estructura de la materia. La más reciente, la más grande, la más intensa, la de mayor energía en el mundo, es el Gran Colisionador de Hadrones.

Este es una máquina experimental gigantesca que permite el estudio de las preguntas fundamentales que nos planteamos como son: la existencia de dimensiones extras, cómo era el universo temprano, la posibilidad de que exista una microestructura, cómo surgen y cómo se rompen las simetrías en el universo, de qué está hecha la materia oscura; en fin, todas preguntas muy fundamentales de la física moderna. Está compuesta por es un anillo gigantesco de casi 28 kilómetros de perímetro, el cual se encuentra entre 100 y 150 metros por debajo del nivel de la superficie. En este se aceleran protones a la más alta energía jamás lograda y en la dirección contraria; de manera que hay cuatro puntos en el anillo en los que se hacen coincidir a los protones con los protones que vienen en la dirección contraria para hacerlos chocar a muy alta energía. Lo mismo se hace con iones pesados, de plomo. Estos son de interés porque al hacer chocar estos iones se alcanzan temperaturas muy altas, arriba de los 5 billones de grados; y en general se replican las condiciones de materia extrema que existían cuando el universo tenía tan solo diez microsegundos después del big bang.

Mi participación en el Colisionador tiene que ver con los cuatro puntos donde se realizan las grandes colisiones de energía. En esos cuatro puntos se han colocado detectores, grandes experimentos que se realizan para analizar qué es lo que ocurre. Uno de ellos es ALICE; como en Alicia, pero en inglés, que son las siglas de A Large Ion Collider Experiment (Gran Experimento Colisionador de Iones); está especializado para la colisión de iones de plomo a muy alta energía, de iones ultrarelativistas, que generan una temperatura realmente alta, y que se especializa en estudiar el universo temprano. Nosotros buscamos desconfinar a los quarks y a los gluones en algo que conocemos como plasma de quaks y de gluones, que hemos logrado, y que se crea cuando dos iones de plomo colisionan a muy alta energía. Este plasma debió ser el estado que tenía la materia en el Universo temprano, cuando la materia recién había comenzado entre diez y microsegundos después del big bang, a muy alta temperatura y densidad; y en el experimento ALICE recreamos, pues, pequeños big bangs, para estudiar cómo era esta materia primordial del que se generó todo lo que vemos a nuestro alrededor. Yo he trabajo ahí diseñando, construyendo y operando detectores para estudiar esta materia primordial desde México, a través de varias instituciones que hemos diseñado y construido detectores.

Hace diez años el mundo científico se sacudió por la confirmación que dio el CERN sobre la existencia del Bosón de Higgs. Sé que explicar la importancia de la partícula en la física moderna hacia personas no legas en el tema es una tarea titánica, pero también he visto que te has abocado a ella como una tarea de divulgación científica paralela a tu actividad institucional. ¿De qué herramientas te has valido para explicarla y cómo ha sido captado por la población, en especial la que no conoce el tema?

Empezaría aclarando que el CERN no confirmó la existencia del Higgs, sino que el CERN descubrió la partícula. No había algo que tuviera que ser confirmado. Existía una idea desde los años sesenta, una propuesta especulativa (como otras más), sobre cómo la materia adquiere masa; sobre cómo es que las partículas microscópicas adquieren una resistencia a moverse. A esa resistencia los científicos le llamamos masa. Y existían muchas ideas de cómo podía ocurrir ese fenómeno. Una de esas era el rompimiento espontáneo de simetría, que implicaba la existencia de una partícula. Pero eso no quería decir que ya estaba ahí y que nosotros la confirmamos. No, el descubrimiento se realizó en el CERN.

Es importante dejar claro que algo que no existe hasta que se le observa experimentalmente. Eso es importante aclararlo. Porque a menudo existe la idea de que ya se sabía y que solo se confirmó. No, no se sabía. Lo que sabemos lo observamos al hacer experimentos. Y eso ocurrió en 2012. El CERN estuvo tomando datos de la colisión protón contra protón desde 2009. Para 2012 había acumulado una buena cantidad de eventos que permitía buscar, entre ellos, la aparición de esta partícula. Efectivamente el cuatro de julio de 2012 se informó que había suficientes eventos para decir que se le había observado.

En 2013 se entregó el Premio Nobel a quienes habían hecho esa propuesta, entre otras propuestas que había para explicar la adquisición de masa. De manera tal que es un premio que no se otorgó al CERN porque el premio no se da a colaboraciones grandes; y en este caso del descubrimiento se dio el Premio Nobel a dos de los seis físicos teóricos que habían propuesto de manera simultanea ese mecanismo particular de darle masa a las partículas.

El Higgs, como todas las partículas subatómicas, es un campo. Ahora pensamos en términos de campos. La teoría más avanzada que tenemos para describir el mundo microscópico y la realidad, es algo que conocemos como Teoría de Campos; y en esta teoría, todas las partículas son manifestaciones, epifenómenos, de los campos. Lo que existe en la naturaleza son campos y a veces se manifiestan como partículas, y a veces como campos cuando interfieren o cuando ocurren otros fenómenos.

Entonces tenemos un campo del electrón, un campo de quarks y ahora, también, sabemos que existe un campo de Higgs. Este último lo permea todo, está en todas partes, y es un campo que interacciona con el de electrones, el de gluones, con los campos de los quarks; y al interaccionar con ellos les otorga una resistencia a moverse, les comunica y proporciona una masa. De manera tal que así podemos explicar que esas particulas subátomicas tengan una resistencia a moverse, tengan una cierta inercia. Por supuesto que hay partículas subatómicas elementales que no tienen masa, que no tienen una resistencia al moverse, por ejemplo el campo electromagnético como la luz, donde los fotones no tienen masa. Estos viajan a la máxima velocidad posible porque no tienen una resistencia a moverse. Y entonces, ese es un campo que no interacciona con el Higgs.

Así podemos entender lo que ocurre en el mundo microscópico. Es como si estuviésemos en una piscina y el agua fuese el campo de Higgs; y los objetos que interaccionan con el agua tienen dificultad para moverse en ella. Cuando más grande es el objeto, mayor dificultad y más resistencia a moverse porque interacciona con el agua. Esto es una metáfora incorrecta, estrictamente hablando, pero que sirve como imagen plástica para entender un poco lo que ocurre en el mundo microscópico.

Ya incluso antes del descubrimiento de Higgs, esta ya había formado parte de la cultura popular, en especifico de la ciencia ficción. Posteriormente, ha sido utilizada con más facilidad en argumentos de las series Dark y del videojuego The death stranding. También Nick Cave ha compuesto una canción en la que lo menciona, pero más como un pretexto para hablar de otras cosas. A ti que, seguro, te ha tocado ver la integración de este concepto científico en la cultura popular, ¿qué sensaciones te ha provocado? Sé que eres un lector constante ya que en tus redes hablas de las lecturas literarias que estás realizando pero, también, ¿eres consumidor de ciencia ficción?

Sin duda, este como muchos otros avances de la física de partículas o de la investigación o de las especulaciones de los físicos, ingresan rápidamente a la ciencia ficción. Es efectivamente algo muy conocido y visto en otras ocasiones. El Higgs no es el más fructífero; yo creo que más fructíferas son las dimensiones extras, que también se buscan en el Gran Colisionador de Hadrones. Incluso hay algunos que entraron en la ciencia ficción mucho antes que en la ciencia seria. Es el caso de la quinta dimensión. Creo que ya en el Siglo XIX, H.G. Wells ya hablaba de la posibilidad de ver de otras dimensiones extras, y de viajes en el tiempo, también; mucho antes de que se tomara con seriedad.

El Higgs ha entrado muchas veces, como las que tu mencionas aquí, y eso yo lo veo como algo positivo. Entró en la cultura popular muy rápido, en buena medida, gracias al titulo que le dio Leon Ledderman a su libro: La partícula de dios. Algunos lo tradujeron en español como La partícula divina. En inglés era The god particle. En realidad, en inglés, el origen del titulo es bastante trivial: Leon Ledderman escribió este libro con Teresi, un editor muy bueno de divulgación científica, y fue quien hizo la mayor parte de la escritura; en mayor medida con las visiones de Ledderman. Y los que conocimos a Leon Ledderman sabemos que era un tipo bastante bromista, de muy buen humor, y cuando terminaron el libro y pensaron en el título del texto, Ledderman propuso ese porque, de inicio, el libro fue escrito antes de que fuera descubierta la partícula; y trata mucho sobre esta, porque era la única que nos faltaba para completar el cuadro completo de las partículas elementales. En varias ocasiones, se refiere a que dicha particular partícula no aparecía, entonces propuso que el libro se llamara la condenada partícula (the goddam particle), pero por supuesto que Teresi que no aceptó con mucho agrado esa propuesta de titulo y suprimió el “dam”. Y quedó The god particle, que es un titulo que dio muchas ventas porque suele ser un titulo muy atractivo para la gente.

Yo pienso que esa fue la puerta de entrada del Higgs a la cultura popular, a las masas, porque a la gente le inquietó mucho. Esto ocurrió a tal grado que tras ese título, se le transfirió al Gran Colisionador de Hadrones –en muchos libros, en muchos países, en diversos medios, periódicos, artículos de revistas– el nombre de ‘la maquina de dios’. Porque se suponía que ahí se iba a producir al Higgs, que ahí se generaría a la partícula de Dios. Ese es un poco el camino que tiene el Higgs en la cultura popular. Efectivamente, el Gran Colisionador de Hadrones empezaría a trabajar en 2009 y para julio de 2012 estaba anunciando el descubrimiento del Higgs, la ‘partícula de dios’, y por supuesto que las inquietudes de la gente eran mayores, ya se venía a corroborar la propuesta, y las preguntas surgían.

A mí me tocó mucho dar charlas sobre el tema y responder preguntas de la gente en ese sentido. Y poder ver que la gente ya lo había incorporado a su bagaje cultural. También hay varios recuentos de cómo le preguntaban a Leon Ledderman sobre el tema y las cosas que contestaba, siempre con humor: en una de las entrevistas que da con un reportero, este le pregunta por qué se le brinda tal nombre y Ledderman le responde que es una partícula que está en todas partes, que es un campo que lo permea todo. De manera que es un campo omnipresente.

Dijo que era muy probable que este campo haya jugado un papel muy relevante en el origen del Universo, porque actualmente consideramos que el campo de Higgs pudo haber sido crucial para la inflación cosmológica, que tuvo lugar cuando el Universo tenía apenas 10 a la menos 35 segundos. Es gracias a ese proceso inflacionario, que el Universo se estabiliza. Y es por el cual existimos. Y en buena medida, la explicación que dan los cosmólogos para la inflación es la existencia de un campo escalar que se parece mucho al Higgs, y se dice que la partícula podría ser la responsable de la creación del Universo. Todo eso lo contestó Ledderman. Y luego añadió: Bueno, por eso le pusimos así al libro pero, también, porque de esa manera iban a mejorar nuestras ventas. Hacía ese tipo de respuestas bromistas altisonantes, glamorosas, que le daban sentido al nombre pero que en realidad fue una cuestión casual.

Creo que la parte más poderosa del potencial que tiene el Higgs en la ciencia ficción, tiene que ver con su papel fundador del Universo. Es el Higgs es el que responsabiliza por hacer que este creciera desde su tamaño de miles de millones de veces más pequeño que un protón, hasta alcanzar aproximadamente un metro y luego estabilizarse; porque es gracias al Higgs que la radiación primordial adquirió una resistencia a moverse, de manera que después del proceso inflacionario había ya materia. Es decir, partículas con masa, con resistencia al movimiento que podrían ya comenzar a formar estructuras, las primeras, que le darían cierta estabilidad al Universo. Esa parte del Higgs es, por supuesto, muy imaginativa. Y está llena de posibilidades para la ciencia ficción.

 


Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Actualmente, la literatura vive un sometimiento del mercado que amenaza constantemente la creación. Un ejemplo que me viene a la mente es cuando, detrás de un importante premio literario, estaban tres hombres guionistas ocultos en un seudónimo femenino. La crítica, por supuesto, es por el “discurso” de estos tres hombres como “víctimas” de un sistema editorial que no los publica, según ellos, por ser hombres.

Independientemente de la moral detrás de este discurso, creo que estos autores en realidad demostraron que, efectivamente, la industria editorial está operando de cierta manera que más que congruente resulta lucrativa, utilizando la cuota de género como una estrategia absolutamente comercial.

Esta problemática no solo invade los espacios de los grandes sellos editoriales, probablemente también permea en otros proyectos editoriales y sellos independientes que buscan un lugar en la mesa de novedades.

Las antologías literarias cada día toman más relevancia. Al mismo tiempo que publican muchas voces jóvenes y nuevas plumas, estas nobles publicaciones no están exentas de lo que parece ser un vicio de la industria. Conversé con Laura Sofía Rivero en relación a su libro Dios tiene tripas, que ganó el Premio Nacional de Ensayo Joven José Luis Martínez 2020, y en forma de anécdota me contaba cómo se ven golpeados por este problema aquellos proyectos que recolectan voces jóvenes.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

El libro de Laura tiene como punto central la caca, así como nuestra relación íntima y colectiva con aquello que nos resulta incómodo compartir con los demás aunque sea para hablar de ello. El tabú de verbalizarlo y la reflexión en torno a cómo tenemos una necesidad de ocultar todo lo relacionado con lo escatológico.

El texto que Laura mandó para una antología de jóvenes escritoras a la que la invitaron fue precisamente el ensayo con el que comienza Dios tiene tripas. La buscaron particularmente a ella porque había poetas y narradoras pero no ensayistas para esa edición.

– Queremos algo más femenino –, le dijeron a Laura Sofía al recibir el texto. – Por qué no nos mandas algo más como tu relación con la naturaleza o con la maternidad–.

¿Qué más femenino puede ser si lo escribí yo misma? Me dijo. ¿Qué más relación con el cuerpo que la caca? ¿Por qué escribir de maternidad si es un tema que ni siquiera me cuestiono o me interesa? Sentí que me estaban obligando a escribir sobre temas que ni siquiera me importan.

En ese sentido, algo que me parece muy positivo de los premios es que te lean sin saber quién eres, mientras que en otros espacios publicar tiene que ver más con quién eres y cuántos seguidores tienes.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

El mercado no esconde sus intereses como nosotros ocultamos lo escatológico. Estos intereses pueden determinar mucho las conductas de los artistas que hoy necesitan espacios para difundir su obra.

La reflexión sobre la creatividad es algo que está presente en muchas y muchos creadores, sobre todo jóvenes. Me parece que cuestionar el sistema y crear obra, a pesar de estos claros lineamientos, es una especie de disidencia ante la ola inminente del mercado y la industria, que toman como bandera a grupos y causas vulnerables al mismo tiempo que los banalizan con tal de comercializar a cuesta de ellos.

Para Laura, la creación es algo que va separado de la figura de autora. Las responsabilidades, e incluso las actividades de cada rol, van quizás hasta en direcciones opuestas. Laura escribe los libros que le gustaría leer. La industria, por su parte, exige una figura de autor. No parece bastar con la calidad literaria, sino que exige el reconocimiento de la conducta social del que escribe.

Laura Sofía Rivero-4

Me resulta inevitable recordar las conversaciones que he tenido con varios otros autores que ya han publicado en sellos reconocidos y la reflexión de cómo los contratos ahora puntualizan la necesidad de tener actividad en redes sociales personales como parte de la campaña de comunicación y promoción del libro. Es decir, algunos sellos están buscando promover a los autores por encima de su obra.

Ha sido clara esta parte del proceso en el que escribir es un acto autónomo y personal, que no necesariamente depende de la industria, sino que se llega ahí quizás como una consecuencia.

Como lectora, me acerqué al ensayo porque era el género que me hacía pensar en cosas que no pensaría si no hubiera leído ese texto. Para mí, la mejor experiencia como lectora es cuando, a través de un texto, puedo pensar en cosas que ese día no me habrían pasado por la cabeza sin esa lectura.

Me gusta leer no solo para tener de tema lo que sucede en la vida pública o las redes sociales. Cuando la literatura parece recoger los mismos temas de los que se está hablando me desespera mucho como lectora.

Al ser un producto de sí mismo en las redes sociales, también detesto esa parte de escribir. Me gusta mucho escribir pero me molesta ser escritora. Mi vocación profesional es ser maestra y me parece muy ajeno esto de tener que hacerse publicidad.

La literatura está pasando por un momento de mucho reflector, que pudiera resultar complicado para la creación. Por eso mismo, al igual que Laura Sofía, considero que los premios –por lo menos algunos– tienen esta virtud de confiar ciegamente en lo que creen, sin la necesidad de encontrar una causa de la cual colgarse al mercado. Quizás esto sea la parte más loable de una editorial y me hace confiar en que seguiremos leyendo el pensamiento crítico de las nuevas plumas a pesar de lo que suceda con el mercado y la industria.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.

Laura Sofía Rivero. Fotografía de Víctor Benítez.


Autores
(Xalapa, 1991) Es fotógrafo de retrato; su trabajo como tal está plenamente comprometido con la industria cultural. En 2017 comenzó su proyecto “Cartografía íntima: Habitaciones literarias” que ha documentado a más de 150 autores residentes en México, Italia, España, Francia, Suiza y Alemania; entre ellos: Jordi Sierra i Fabra, María Fernanda Ampuero, Yásnaya Aguilar, Emiliano Monge, Santiago Gamboa, Carmen Boullosa, Camila Fabbri, Patricio Pron, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos, Lorea Canales y Jorge Carrión. Su trabajo se ha exhibido en el Seminario de Cultura Mexicana, el Fondo de Cultura Económica y la Galería Oscar Román de la Ciudad de México, así como en distintos recintos culturales de la República Mexicana. Ha hecho documentaciones especiales para la Presidencia de México, el Proyecto Cultural Chapultepec, el Fondo de Cultura Económica, el Colegio Nacional y el Seminario de Cultura Mexicana y recientemente ilustró un boleto conmemorativo de Lotería Nacional para el 80 aniversario del Seminario de Cultura Mexicana.
Retrato de Pierre Teilhard de Chardin
Photo by ullstein bild via Getty Images)

No es difícil imaginar la sacudida que significó el hallazgo y los estudios de fósiles a lo largo del siglo XIX en ámbitos como la ciencia, las humanidades y la religión. Unas cuantas décadas bastaron para cuestionar certezas milenarias sobre la longevidad del planeta, la conformación y adaptación de las especies o la supuesta y hasta consagrada superioridad del homo sapiens sapiens respecto del resto de seres vivos. Igual que las vanguardias en el arte, la paleontología se posicionó como una entre las ciencias, y su desarrollo más que responder a viejas interrogantes sobre el origen de la vida abrió otras tantas, la mayoría ni siquiera imaginadas.

Figura clave en el desarrollo de la paleontología, y con mayor razón por hallarse en uno de los estrados más vapuleados por ella, el de la religión, el padre Pierre Tielhard de Chardin empeñó toda su obra en la reconciliación de las ciencias naturales con la teología. Nació en Orcines, Francia, el 1 de mayo de 1881; ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en 1899 y se ordenó sacerdote en 1911. Poco antes, en 1909, conoció a Charles Dawson, quien despertó en él una afición cada vez más creciente por la paleontología. Un año después de su ordenación, con el visto bueno de los superiores jesuitas, comenzó a trabajar en el Museo Nacional de Historia Natural de Francia. Durante la Primera Guerra Mundial se desempeñó como capellán y camillero del ejército francés; y en 1916 publicó sus primeras obras, La vida cósmica y Cristo en la materia, en las que trasluce las pinceladas de una interpretación teológica y metafísica de la evolución del cosmos. Paulatinamente, Teilhard de Chardin se encontró entre los paleontólogos más destacados de su generación, lo que le valió un reconocimiento internacional y no pocos enemigos dentro de la Iglesia católica.

Para la década de 1930 era evidente la suspicacia que su obra despertaba en Roma, razón por la cual se le prohibió enseñar en cualquier instituto católico y aceptar un puesto en el Collège de France. La censura venía no solo de Roma, sino de la misma Compañía de Jesús: el Boston College, una de las universidades jesuitas más importantes de Estados Unidos le confirió el doctorado honoris causa, pero cuando llegó se le notificó que la condecoración había sido cancelada. Apartado de la vida pública, Teilhard de Chardin pasó sus últimos años en Nueva York, donde falleció el 10 de abril de 1955, Domingo de Pascua. Fue enterrado en el cementerio del entonces noviciado jesuita de Hyde Park, convertido hoy en el Instituto Culinario de Estados Unidos.

Siete años después de su muerte, la Sagrada Congregación del Santo Oficio —conocida en otro tiempo como la Inquisición— publicó el siguiente monitum (advertencia):

Varias obras del P. Pierre Teilhard de Chardin, algunas de las cuales fueron publicadas en forma póstuma, están siendo editadas y están obteniendo mucha difusión. Prescindiendo de un juicio sobre aquellos puntos que conciernen a las ciencias positivas, es suficientemente claro que las obras arriba mencionadas abundan en tales ambigüedades e incluso errores serios, que ofenden a la doctrina católica. Por esta razón, los eminentísimos y reverendísimos Padres del Santo Oficio exhortan a todos los Ordinarios, así como a los superiores de institutos religiosos, rectores de seminarios y presidentes de universidades, a proteger eficazmente las mentes, particularmente de los jóvenes, contra los peligros presentados por las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus seguidores.

En sentido estricto, la declaración no se trata de una condena a la obra de Teilhard de Chardin, sino de una advertencia —distíngase el monitum de otros tipos de censura como el interdicto o la excomunión, que se aplican en vida—; sin embargo, en la práctica el monitum bastó para apartar todos los libros de Teilhard de Chardin de los seminarios, universidades católicas e institutos religiosos. El golpe caló hondo en los partidarios de una apertura de la Iglesia a las ciencias naturales, sobre todo porque ocurrió durante el periodo de preparación para la apertura del Concilio Vaticano II, bajo el pontificado de Juan XXIII.

El punto de quiebre en la obra del padre Teilhard con la ortodoxia romana es su cristología. La tradición cristiana admite como dogma de fe que Jesucristo comparte al mismo tiempo dos naturalezas, una humana y otra divina, es “verdadero Dios y verdadero hombre”, como reza desde el siglo V el Credo de Calcedonia. La cristología de Teilhard no niega la doble naturaleza del Hijo de Dios, pero la presenta como triple: supone que el Cristo, además de la humana y la divina, tiene una naturaleza cósmica por la cual, a través de los misterios de la encarnación y la eucaristía, se hace omnipresente en el mundo material. Esta cosmicidad de Jesucristo repercute en la manera como se comprenden los dogmas antes mencionados. La encarnación, más que entenderse como un nacimiento milagroso en el vientre de una virgen, se trata de la inserción histórica de Jesús en el universo y, así, en el proceso mismo de la evolución.

Mención aparte merece su interpretación de la eucaristía, cuya operación, en palabras de Teilhard en La vie chrétienne (La vida cristiana, 1944), es “la expresión y manifestación de la divina energía unificadora aplicándose poco a poco a cada átomo espiritual del universo. Por consiguiente, unirnos a Cristo en la eucaristía significa ipso facto incorporarnos inevitablemente poco a poco a la cristogénesis que es el alma de la cosmogénesis universal”. En otras palabras, en la ofrenda que es la eucaristía Cristo condensa al mismo tiempo su ser humano, divino y cósmico. No sólo la corporeidad de las especies sino la totalidad de la creación se ofrenda al Padre a través del Hijo por acción del Espíritu Santo. Lo que proponía Teilhard no era otra cosa que una visión unificadora de la materia y del espíritu, algo lejanísimo de la cosmovisión cristiana tradicional.

Para los paladines de la ortodoxia, la fórmula cristológica de Teilhard rayaba en la herejía, aunque no es una en el sentido formal del término pues no niega dogma alguno, se trata más bien de una afirmación heterodoxa, no más que lo fueron tantas otras antes de proclamarse dogmas. Teilhard de Chardin fraguó una mística peculiar: si Cristo se encarnó, debió hacerlo no solo a un cuerpo en concreto sino también a la cadena evolutiva de la vida, compleja red de convergencias y bifurcaciones que tiene en Él su meta, su Punto Omega. La humanidad de Jesucristo abarca el cosmos entero porque la humanidad está ligada a ese mismo cosmos en lo más íntimo, el corazón de la materia, lo cósmico elemental.

La naturaleza cósmica del Cristo abre la puerta a una mística de la materia. La acción cristiana en el mundo no se limita, por tanto, a una participación ritualista o meramente espiritual:

Cuando nuestra acción en el mundo se encuentra animada por la gracia, constituye un cuerpo verdadero, el de Cristo, quien deseó ser completado por cada uno de nosotros. [La contribución cristiana al progreso de la humanidad] no se trata simplemente de impulsar una tarea humana, sino de completar de algún modo a Cristo, [y puesto que] el cosmos se centra en Jesús [según la afirmación de Filipenses], resulta evidente que de alguna manera el hecho de adorar en el futuro del cosmos es parte esencial y primaria de la responsabilidad del cristiano (La vie cosmique, La vida cósmica, 1916).

Una mística de la materia como la propuesta por Teilhard no pretende dar explicaciones religiosas a problemas científicos ni reducir el plano espiritual al aspecto físico. Lo material y lo espiritual son dos planos de la realidad autónomos pero no independientes. Lo espiritual es solo un modo de comprender lo material, y así, la dicotomía entre materia y espíritu, lo sacro y lo profano, encuentra en Cristo una difuminación absoluta.

El cristianismo se basa en el hecho de que el plano material supone una vía de acceso privilegiado a lo divino no por medio de la analogía presupuesta por la escolástica sino por derecho propio: el de ser el plano en el que Dios crea. Las y los fieles cristianos, al hacer progresar el mundo a través de las ciencias, se unen al acto creador de Dios, continuo y salvífico. Por eso Teilhard concibe la labor científica como una eucaristía, tal como explicita en el que es, quizá, su obra más famosa, La misa sobre el mundo (1923), escrita durante una de sus expediciones paleontológicas en Mongolia:

Ya que, una vez más, Señor, no en los bosques del Aisne, sino ahora en las estepas de Asia, no tengo ni pan, ni vino, ni altar, me elevaré por encima de los símbolos hasta la pura majestad de lo real, y te ofreceré, yo que soy tu sacerdote, sobre el altar de la tierra entera, el trabajo y la pena del mundo. El sol acaba de iluminar, allá lejos, la franja extrema del Lejano Oriente. Una vez más la superficie viviente de la tierra se despierta, se estremece y vuelve a iniciar su tremenda labor bajo la capa móvil de sus fuegos.

Colocaré en mi patena, Dios mío, la esperada cosecha de este nuevo esfuerzo; derramaré en mi cáliz la savia de todos los frutos que hoy serán molidos. Señor, voy viendo y voy amando, uno a uno, a aquellos que tú me has dado como sostén y como encanto natural de mi existencia. También uno a uno voy contando los miembros de esa otra tan querida familia que se han ido juntando poco a poco alrededor mío, a partir de los elementos más diversos, las afinidades del corazón, de la investigación científica y del pensamiento. Mas confusamente, pero a todos sin excepción, evoco a aquellos cuya multitud anónima constituye la masa innumerable de los vivientes, a aquellos que me rodean y me sostienen sin que yo los conozca, a los que vienen y a los que van, a aquellos, sobre todo, que en la verdad o través del error, en su oficina, en su laboratorio, o en su fábrica, creen en el progreso de las cosas y hoy van a seguir apasionadamente la luz.

Pese a la censura impuesta por Roma a su obra, numerosas ediciones de los libros de Teilhard de Chardin se distribuyeron por todo el mundo en los años inmediatos a la publicación del monitum. En la década de 1980 se trató de reivindicar su pensamiento, pero la Santa Sede refrendó la advertencia de 1962. Hoy día, a pesar de que en el plano de la paleontología las tesis ortogénicas y teleológicas de Teilhard de Chardin han sido refutadas por la comunidad científica, se cuenta como uno de los exponentes más destacados de la reconciliación de la Iglesia con el mundo moderno, particularmente desde el campo de las ciencias naturales. Su legado, si hemos de sintetizarlo en una sola idea, es el de un jesuita que hizo de la investigación científica una auténtica liturgia cósmica.


Autores
(Ciudad de México, 1992) Filósofo y ensayista. Profesor en la Universidad Iberoamericana, el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey y en la UNAM. Miembro de la Newman Association of America. Ponente en varias instituciones de México, Estados Unidos y Cuba, sus intereses académicos se centran en la obra del cardenal John Henry Newman, la epistemología y la teología contemporáneas, y las relaciones entre filosofía y literatura. Ha publicado ensayos y reseñas en Newman Studies Journal, la Revista de la Universidad de México, Tópicos, Open Insight y Nexos.
Daniloween, Peggy x Grindr Museum, óleo y acrílico sobre madera, 2020, 110 x 60 cm

Muchas personas en nuestro país saben qué es la jotería, pero pocas se atreven a definirla. Quizá ni siquiera debemos definirla. Tal vez sea algo que solo se expresa o se siente. Aún son menos quienes se atreven a darle color y forma a la jotería a través de las artes visuales. El término, que originalmente poseía una carga peyorativa (dicen, cuando fue aquella infame redada de los 41, los que fueron a dar a la prisión fueron directo a la celda “J”), hoy se convierte en un signo de resistencia. Es necesario hablar de la cultura de la jotería por varias razones. Primero, porque lo “queer” difícilmente se adapta a nuestro contexto mexicano; lo “cuir” o “kuir” aún parece terriblemente deficiente para para acuñar la carga irreverente, festiva y descaradamente cursi que la jotería implica en México. Segundo, porque el insulto transformado en celebración ha originado un sinnúmero de expresiones culturales de enorme valor que no merecen el olvido. Como reza el manifiesto “La (J)-Otredad”, “ser joto no es una etiqueta, es una trinchera de lucha, es colocarme y asumir el estigma de mis congéneres. Porque el asumirse joto es confrontar al macho y al maricón a la vez. Porque en el Otro y el otro me reflejo, me conozco, me reconstruyo y me re-conozco”1. En el mes del orgullo resulta apropiado reunir a cuatro personalidades destacadas para abordar este tema desde las artes visuales. En portada, la pájara Peggy, obra de Daniloween, ilustra esta serie de crónicas.

Aquí cada quien carga su propia cruz

“Iztapalapa está lleno de colores como buen barrio pobre”, comenta mi guía conforme avanzamos en el camión abriéndose paso por las calles y su variopinta colección de murales cursis que vivifican los desgastados muros. Me cuenta que la delegación llega a cada puerta ofreciendo a los vecinos mejorar las fachadas con imágenes de mariposas, niños, caballos y personajes célebres. Mientras escucho su explicación, el cablebús sube y baja por encima de nosotros. Al llegar al corazón de la colonia La Era, Daniloween me abrió las puertas de su habitación ambientada como una casa de los sustos: las cortinas oscurecen su espacio personal lleno de luces neón. El piso es no muy diferente al de las secuencias pesadillescas de Twin Peaks y por todas partes hay chacharitas de Halloween, disfraces y recuerditos provenientes del tianguis de Las Torres. Sus propias obras decoran los muros.

La noche que conocí a Daniel Silva “Daniloween” (CDMX, 1996), llevaba consigo una mochila inflable, una playera naranja con una calabaza de Halloween y unos tenis, también naranjas, de plástico. Alguna vez le preparó una caja sorpresa con regalos a la Aimep3. Envuelta en un papel café, la caja viene decorada con el rostro de la propia youtuber pintado con plumón (luego el paquete fue a dar a la oficina de correos porque ella lo retachó y envió directito al remitente). Esa devoción entre la ironía, la malicia y la ternura, acapara el resto de sus cuadros. En sus retratos pictóricos, ha pintado a todas las celebridades mexicanas que el elitismo cultural jamás incorporaría a su repertorio. Sus trabajos son terriblemente anacrónicos. En más de una ocasión, coquetean con el mal gusto. Sin embargo, cada uno de ellos siempre tiene un detalle especial, juvenil, humorístico, cargado de fanatismo y, sobre todo, un resabio orgullosamente local. Entre sus retratados aparece el “Cibernético” cual demonio de Gustav Doré; Laura León “La Tesorito” y Lyn May en plan musas de Botticelli; Laura Bozzo y Magda Rodríguez (QEPD) haciendo casting para una peli de John Waters. Su formación es, ante todo, tradicional, y bebe del paisaje y del estudio anatómico más riguroso. Me gusta pensar que siempre hay una relación de amor no correspondido entre él y sus imágenes; siempre hay un defecto entre la realidad y la representación: es la distancia insalvable entre el fan y la farándula, entre el espectador y la pantalla. Existe, además, una identificación biográfica con sus personajes. A Irma Serrano “La Tigresa” le rinde tributo por su interés en el mundo esotérico. A Carmen Salinas la reinterpreta como la mujer lagarto de la feria, pero también por un motivo muy personal: “Yo veo a mi mamá muy relacionada con Carmen Salinas, como si fuera algo así como la mamá de México”, asegura el pintor.

Daniloween, Tigresa, óleo sobre madera, 2022, 80 x 60 cm

Daniloween, Tigresa, óleo sobre madera, 2022, 80 x 60 cm

El soundtrack de nuestro encuentro iba como anillo al dedo: el tema de Halloween y de The X-Files versión cumbia, “Perfume de gardenias” (slowed and reverb) y la música de Sentidos Apuestos, agrupación musical de Monterrey que hace versiones vaporwave de los hits del pop mexicano noventero. Bien pudiera ser que los cuadros de Daniloween sigan el mismo procedimiento de Sentidos Apuestos al apropiarse con humor de la cultura popular mexicana, incluso estableciendo vínculos de “des-identificación” con los estereotipos negativos de la homosexualidad en pantalla confeccionados por la televisión abierta2. De ahí su reinterpretación de Pol y Carmelo, los meseros del programa de comedia La hora pico. En una época en la que el mainstream se rehusaba a mostrar representaciones adecuadas de la cultura gay en México, el único referente que teníamos en la cultura popular las generaciones nacidas en los noventa eran los personajes burdos que reforzaban estereotipos homofóbicos y operaban para el deleite de la audiencia promedio que condenaba al “desviado”. Pero cabe preguntarnos: ¿cuál sería una representación justa para todas las audiencias? En esa ambivalencia se sostiene el retrato de Daniloween. Su mirada no sataniza, pero tampoco redime al producto original: son dos personajes grotescos provenientes de ultratumba, que reencarnan como vampiros al más puro estilo de Germán Robles atormentando a las mentes políticamente correctas de nuestra época.

Daniloween, Televisa Monsters, acrílico sobre madera, 2020, 60 x 35 cm, jpg

Daniloween, Televisa Monsters, acrílico sobre madera, 2020, 60 x 35 cm, jpg

¿Y cómo no preguntarle por su devoción de Halloween y el día de Muertos? Es la misma devoción que le ha inspirado a montar, el año pasado, dos exposiciones seguidas con el título de Especial de Halloween, con un tono macabro, festivo y colorido: “Yo de pequeño decía que quería dormir en un ataúd. En la escuela, las maestras pensaban que yo estaba deprimido o que tenía problemas en mi casa. Una vez, hasta mandaron llamar a mis papás. La verdad era que los ataúdes me parecían muy bonitos y me recordaban al día de muertos”. El retorno a lo infantil en el universo de Daniloween revela cómo la construcción de las identidades queer en numerosas ocasiones se asocia con el retraso (backwardness), como una temporalidad no-lineal o colapsada que hace sucesivos saltos al pasado y se aferra a la nostalgia o a la imposibilidad de crecer dentro de una cultura heteropatriarcal que lo dificulta3. 

Esa mirada hacia el pasado devela una actitud decididamente kitsch y camp: “Halloween me dejaba explorar lo que no me dejaban ser: vestirme de negros, los ataúdes, disfrazarme… Yo creo que eso tiene que ver con ser gay. Entre más te privan, más caes en tentación. Esas prohibiciones las vivimos los gays todos los días”.  Como anota Alejandro Varderi, la cultura gay se ha aferrado intensamente a los objetos kitsch, aún más en México, donde “para los menos afortunados (…) aferrarse al objeto kitsch, ya sea la estampita de la Virgen de Guadalupe o un pliegue en el manto de la Santa Muerte, es el último recurso antes de abandonarse a la desesperación o al suicidio”4. Entre esas imágenes de horror, Daniloween cita como una de sus referencias Elm Street 2 (1985, dir. Jack Sholder), donde se presume que Freddy Krueger es un asesino gay en serie y su víctima protagónica sufre en secreto la represión de su homosexualidad.

Pero el terror que Daniloween propone en su obra no solo es truculento y escabroso. El más reciente parque temático de dinosaurios en la delegación, Iztapasauria, inaugurado en diciembre del año pasado, asegura Daniloween, “cambió todo el sentido de la colonia”. Porque Iztapalapa es más que inseguridad y violencia: es una delegación amplia y complejísima, con un índice poblacional más alto que el de países europeos aburridos como Malta o Luxemburgo. Al pasear por sus calles, es fácil darse cuenta de la gran cohesión y unión familiar entre sus habitantes. Coincidentemente, seres fantásticos, prehistóricos, e inimaginables, como los Nahuales, abundan las imágenes de Daniloween. Esta mitología de la criptozoología convive también con la mitología del deseo urbano y la jotería, como es el caso del “chacal”.

Una de sus pinturas más recientes nos muestra a un “chacal” posando junto un power wheels edición Jurassic Park. El cuadro se ha ganado el nombre entre sus seguidores de Instagram como “Motopapi”. “Desde que era morro sentía un fuerte deseo cuando iba al tianguis o veía al que traía el agua. Me acuerdo que, cuando era más chavo, me iba a los parques. Era cuando yo ya sabía lo que me gustaba pero no pasaba de ahí. Nomás me latía ver”, evoca Daniloween. Más allá de las aclaraciones políticamente correctas que se puedan hacer en torno al “chacal” como constructo racial, la representación del artista evoca la tensión gay frente al buga, quien a veces se regocija con la mirada y la contemplación del otro que lo mira y sabrosea. Remite, desde luego, al “Guadalupapi” (2000) de Valerio Gámez, célebre fotomontaje que ha decorado los muros del antro El Marrakech. A diferencia de esta imagen y su pose claramente confrontativa, el personaje de Daniloween desvía la mirada, se transforma en un héroe anónimo de la clase trabajadora mexicana.

Daniloween, Motopapi, óleo sobre madera, 2022, 80 x 60 cm

Daniloween, Motopapi, óleo sobre madera, 2022, 80 x 60 cm

Entre los héroes vivos, rondan los fantasmas y las ánimas, las presencias espectrales y oscuras de un México oculto de sincretismo y prácticas paranormales. Daniloween convierte a su natal Iztapalapa un sitio mágico y maravilloso. Por la tarde nos lanzamos al Cerro de la Estrella. Echamos a andar la misma cuesta donde filmó su video-performance El segundo viacrucis (2022), acompañado de dos amigos que lo filmaron, como un Jesucristo salido de una pastorela infantil mexicana: “Aquí cada quien carga su propia cruz y esa es, muchas veces, llevar el agua hasta las casas. Conseguir una pipa o transportar un garrafón puede ser un verdadero viacrucis”. Me cuenta que en Sábado de Gloria en Iztapalapa cierran el suministro de agua para que la población no la desperdicie. Por eso ha decidido ascender como con la cruz de un garrafón, porque a veces es una chinga conseguir agua potable: “Al principio iba a hacer trampa para grabar el video y me traje un carrito para transportar el garrafón. Total, que el carrito se rompió y el performance se volvió verdadero”. La ascensión al Cerro de la Estrella nos hacía voltear para todos lados: una vivienda hecha de basura llena de perros callejeros de la que provenía un olor nauseabundo; una fiesta de quinceañera con los chambelanes con sus cubrebocas del Club América a ritmo del “Gigante de hierro” de Grupo Soñador; una parejita feliz con una carreola paseando un pitbull sin correa.

Daniloween, El segundo viacrucis, 2022

Daniloween, El segundo viacrucis, 2022

Daniloween, El segundo viacrucis, 2022.

Daniloween, El segundo viacrucis, 2022.

Cuando ya estábamos muy cerca de llegar a la punta, atravesamos la Cueva del diablo, una de las tantas cuevas de la reserva ecológica, donde, cuentan las malas lenguas, fue el escenario de numerosos sacrificios humanos y ritos satánicos. Aunque el acceso a la cueva está bloqueado por una especie de jaula, alcanzamos a ver a un hombre de gorra roja y semblante misterioso introducirse con mucha discreción a sus entrañas: “No voltees”, dice Daniloween. “Ha de andar haciendo cosas malas”. Nos quedamos escuchando por ahí para ver qué hacía el hombre, y en mi cabeza ya se proyectaba una escena repulsiva y escabrosa.

Al subir, la Ciudad de México parecía una maqueta escolar. La central de abastos podía haber sido hecha de Legos. La torre Mítikah, de plastilina. Un hombre dedicado a hacer limpias en la cima hacía una limpia a otro cabrón y le hablaba del espíritu de Nahui Olin. Allí estuvimos sentados un rato, hasta que las gotas frías de las nubes nos espantaron. Un helicóptero voló por encima. Luego anduvimos merodeando las inmediaciones del asentamiento mexica, donde hay muchos hoyos y montículos de tierra que posiblemente esconden trabajos de brujería. “¿Y si fueran osos hormigueros?”, pregunté de broma. “Qué va”, respondió, “en Iztapalapa no hay osos hormigueros”. Daniloween señaló hacia una sección en la cual el parque colinda con el cementerio: “Una vez andaba con mi amigo y vimos a un perro mordisqueando una caja torácica humana”. Las historias de Daniloween tienen mucho de sobrenatural: es la magia de lo cotidiano al combinarse con supersticiones, lo real maravilloso, el amarillismo y el imaginario popular. Es como si escribiera el creepy pasta de su vida cotidiana.

Descendimos poco antes de que comenzara la lluvia y nos encaminamos a la Alameda municipal, a comer un helado de la Michoacana y seguir chismeando. Más tarde nos encaminamos al camión que me devolvería a mis terruños. En el retorno llevaba conmigo un retrato de Doraemon, en un pesero con el himno Cómo te voy a olvidar de los Ángeles Azules a todo volumen. El conductor iba a toda marcha, con una velocidad inmisericorde que habría hecho temblar al más valiente. Su máquina ruidosa parecía a punto de estrellarse en cualquier instante. De Iztapalapa para el mundo.

Prefiero ser freak que otra cosa

La noche que vi por primera vez a la Licenciada Sniffany Garnier Odio (San José, Costa Rica, 1990) había decorado una cocina con sus anti-obras y celebraba su inauguración con un karaoke improvisado donde sonó “Mío” de Paulina Rubio. La Licenciada se autoproclama “hampartista, anti-diva, ciudadana del mundo, curadora de momentos y todo lo que haga falta”. Me sentía tan intimidado como fascinado por su caracterización: su considerable estatura, su maquillaje estrafalario, su peluca de dama gringa, su abultada y alargada nariz. Sniffany es el alter ego de Roger Muñoz, pintor costarricense radicado en México. En su obra, Muñoz plantea un mundo simbólico y tenebroso donde predominan arquetipos femeninos malévolos. Por medio del alter ego de Sniffany, Muñoz vive la versión amplificada de todo lo que no puede ser, al grado de afirmar que se siente mejor como Sniffany que como Roger.

Sniffany with love

Sniffany with love

Sentados en el piso de su estudio por el metro Balderas, entre latas de pintura en aerosol y fumando cigarros Chesterfield, Muñoz me cuenta: “Me interesaba siempre lo más trash. Yo veía a algunas drags con rasgos de subcultura y punketa pero nada de eso me convencía. Era puro bluff lo que estaban haciendo; yo quería hacer otra cosa”. Las primeras apariciones públicas de la Licenciada fueron como host ocasional en fiestas techno y underground en la Ciudad de México. Su primera aparición pública fue en el 2018, cuando la invitaron a realizar un performance en la fiesta Por Detroit, donde llegó acompañada con una charola donde sirvió unas alitas de pollo “que cuando las cruzaba entre sí parecían piernitas de putita asoleándose”. Cuando el organizador de la fiesta le preguntó dónde estaba el performance, Sniffany le respondió que eso había sido el performance: ofrecer alitas crudas a la asistencia. Un mundo, como lo describe “de drogadictos y gente basurera; donde conviven heteros, frikis, piedrosos y parias: ahí es donde yo me siento mejor como drag”. Sniffany gravita en un universo rebosante de jotería, pero siempre con una perspectiva cáustica que le incita a cuestionar ese discurso tan forzado que vemos hoy en la cultura mediática donde el pride es nada más una etiqueta comercial más que un genuino espíritu combativo.

Sniffany... una drag de paca

Sniffany… una drag de paca

Cuando la Licenciada sale al filo de la medianoche, ataviada en uno de sus tantos anti-looks5, los transeúntes nocturnos no pueden evitar mirarla. A veces le gritan: ¡Mamacita! ¡Qué guapa! ¡Mi reina! Otras, algunos impertinentes advierten: ¡es hombre! Caben todas las reacciones, menos la indiferencia. Es imposible ignorarla por su nariz gigantesca: “A la gente no le queda claro qué es Sniffany: si un chiste o un disfraz”. El encanto del personaje realmente radica en esa ambigüedad y ese no-saber-qué-es dentro de una sociedad que nos obliga a ponerle explicación, nombre y precio a todo. Sniffany es, en todo caso, y para ser más precisos, una vieja en decadencia. Nadie ejemplifica tan bien ese modelo como el personaje protagónico de Whatever Happened To Baby Jane? (1962, dir. Robert Aldrich), donde Bette Davis interpreta a la ex estrella infantil Jane Hudson, ahora como una vetusta y malvada mujer que vive con su hermana en silla de ruedas. El personaje envejecido se opone al paso del tiempo y, desde luego, a la naturaleza. Sniffany llega a grados inimaginables de artificialidad; la naturaleza inspira siempre terror y es una entidad inherentemente malvada. 

Esfinge Sniffany exhibida en NIXXON

Esfinge Sniffany exhibida en NIXXON

Duque de Edimburgo por Roger Muñoz

Duque de Edimburgo por Roger Muñoz

 

El personaje de  Sniffany se embriona con elementos de la vida personal de su autor en su natal Hatillo: “Si yo soy una señora y pienso como señora, voy entonces a ver a todas las señoras con las que crecí de clases bajas y obreras a partir del personaje de la bruja”. Una gran referencia para entender el look de la Licenciada es el personaje de la bruja principal de Anjelica Houston en The Witches (1990, dir. Nicolas Roeg), sobre todo por el cabello largo azabache, el labial rojo, la sombra azul y su inconfundible nariz6. Otra gran referencia es su querida enemiga MINNI, que con su “horror travesti” apuesta por un estilo de drag que podemos calificar de aseñorado e irreverente, y que hace de la vejez y la carcajada brujeril sus más filosas armas, a la par de un anti-álbum titulado La casa de la risa. MINNI y Sniffany son dos brujas viejas que se bufan de la sociedad contemporánea. Para Muñoz es importante recuperar a la bruja porque es un personaje con el cual “nadie se quiere identificar”. De la Reina Grimhilde a los grabados de Goya, la iconografía de la bruja vieja es siempre la de un cuerpo abyecto. Como advierte Pilar Pedraza en su libro Brujas, sapos y aquelarres, “ni la gran pintura, ni la publicidad ni el cine muestran ancianas desnudas, salvo en casos extremos (…) Por el contrario, la carne de los ancianos varones no se nos hurta ni produce el menor desasosiego”7.

MINNI (@travesturas), La casa de la risa (EP debut)

MINNI (@travesturas), La casa de la risa (EP debut)

La decadencia y ocaso del cuerpo sexualizado y perverso. Mujeres monstruo. Imaginarios burdos. Viejos maricones. Todo eso nutre (¿o envenena?) al imaginario perturbado de la Licenciada. Especialmente en la cultura gay, tan dada a menospreciar la vejez y hacer culto del cuerpo joven y lozano, el personaje de Sniffany arroja un comentario incómodo sobre los cánones de belleza en la actualidad, pues las corporalidades que plantea siempre están predispuestas a lo patético, lo aberrante y lo ridículo. La Licenciada es, como los cuadros de Muñoz, una combinación de sus obsesiones. Toma prestado de aquí y allá, como un drag de paca inventada desde el tercer mundo: “Así fui construyendo el personaje. Su nariz enorme. Su adicción al perico. Había que tener una regla para que eso funcionara bajo el principio de la comedia”, cuenta el artista al tratar de desentrañar su predilección por el humor negro y despiadado que le caracteriza. Aunque hay muchos elementos pop en su trabajo, la diferencia radica en que se fija más en el “lado oscuro” del pop. Sería, acaso, un pop “marginal” o “bastardo”.

“El freak que me cambió la puta vida es el que aparece retratado en Pink Flamingos de John Waters. Travestismo, fetichismo, mal gusto. Prefiero ser freak que otra cosa”, asegura. En efecto, Sniffany parece heredera de dos genealogías muy particulares: el estilo drag que hizo Divine en los años sesenta, mucho antes de volverse musa de John Waters, y que era una especie de anti-drag en los beauty pageants donde todas las drag querían lucir como Miss Universe, mientras que Divine llegaba con una sierra eléctrica a estos concursos clandestinos. En segundo, los valiosos ejemplos en la historia del arte latinoamericano que plantearon un accionamiento político del travestismo. En el Perú, Grupo Chaclacayo y el Museo Travesti de Giuseppe Campuzano. En Chile, Las Yeguas del Apocalipsis lideradas por Lemebel. Pero quizá el punto de contacto más cercano y afín a Sniffany sea Vaginal Davies, drag queen intersex afroamericane que emergió en la escena punk californiana de los años ochenta con videos y fanzines. El crítico José Esteban Muñoz, opuso el “drag terrorista” de Davies frente al “drag comercial” que predominaba en los años noventa. Muñoz advertía que el drag político de Davies instaura una incomodidad, “un impulso radical hacia la crítica cultural”8.

Así, Sniffany es un personaje que exalta la fealdad y la falsedad al oponerse al canon drag glamuroso y convencional de programas como La más draga. Quizá porque el drag, hoy convertido en industria, cada vez más pierde su valor corrosivo. En el mini-documental Glennda and Camille do Downtown, Camille Paglia recorre las calles de Nueva York acompañada de Glennda Orgasm, personaje drag concebido por el periodista Glenn Belverio. Allí, Orgasm le pregunta a Paglia su opinión sobre el público que condena al drag por considerarlo misógino. Orgasm se defiende argumentando que “las drags tenemos grandes extremos. Puedes ser ultra macho y puedes ser ultrafemenina”.9 Más adelante, Paglia proclama que “la filosofía de la drag queen se basa en la idea de la mujer como dominatrix del universo! ¡Gobernadora del cosmos!”10.

Sniffany es, sin duda, gobernadora de su propio cosmos. Ya sea autoeditándose en fotomontajes para Instagram, alterando su rostro de anciana con FaceApp,  peleando con personajes basados en la vida real en The Sims, o montando sus anti-esculturas en galerías y museos (que son, mejor dicho, tótems de brujería o hechizos), colaborando con mujeres cis y trans en su podcast Arte de zorras, Sniffany está en todos lados. Aunque opera en una esfera del arte, su intención nunca es formar parte de la misma. Casi por accidente acaba insertándose en ella, sin tener un portafolio de artista per se e incluso mofándose una y otra vez de sus imposturas. Al entrar y salir, el personaje resiste a las dinámicas de circuitos independientes e institucionales. Sniffany no es performance. Renegar de esa tradición le permite pensarse desde otro tipo de genealogías, desde una historia del anti-performance donde caben personajes construidos desde el sensacionalismo y estrellas mediáticas y virales como “Las Perdidas” o la española Samantha Hudson. 

De Sniffany podemos siempre esperar lo inesperado y, pienso yo, lo peor. Ella nos invita a participar en una ficción-fantasía-pesadilla-parodia-burla donde sus admiradores contribuyen a su inagotable farsa. Desde hace varios años, Sniffany le ha declarado la guerra a Laura Bozzo, a Laura Zapata y a Hilary Clinton, la “Lady Macbeth” de la política estadounidense11. La Licenciada ha creado ya su propio metaverso. Probablemente en los próximos días acabará peleándose con Mafe Walker o con cualquier otra celebridad de medio pelo, mientras hace lipsync de “La soledad” de Laura Pausini con su más grande enemiga MINNI. Ya sea paseando a un burro dentro de una galería de arte, hosteando un rave, o simplemente habitando en nuestra imaginación (¿o nuestras pesadillas?), la Licenciada Sniffany Garnier Odio se ha ganado, con creces, un lugar en la contracultura jotesca de la capital mexicana.

Fake news de MINNI y Sniffany, curadora de momentos

Fake news de MINNI y Sniffany, curadora de momentos

Tanta flor y tanto perfume, la gente se moría asfixiada

Aquel martes lluvioso la ciudad convulsionaba colérica en mi trayecto a la casa-taller de Samuel Nicolle (París, 1992). Me hallaba en medio del caos y la histeria más exasperante al que puede llegar nuestra Ciudad en una tarde de martes cualquiera: un grupo de sindicalistas de Notimex bloqueó la avenida Insurgentes a la altura de Chilpancingo al mismo tiempo que caía una granizada infernal. Caminé, pues, la coladera triste y errabunda que era la Ciudad de México aquella tarde hasta llegar al metro Hidalgo, donde hallé refugio en el cálido santuario personal del artista radicado en nuestro país desde hace cinco años, bar tropical y jotesco alejado del ruido citadino. Para entonces la lluvia había aminorado pero flotaba en el ambiente una sensación viscosa y encharcada.

Podía, al fin, sentirme sano y salvo: la atmósfera era agradable, sensual, acogedora. Luces de colores, decoración china, un abanico hecho de látex, souvenirs, un retrato de Marilyn Monroe, caguama vacías, flores de plástico y un vilé gigante. La espacialidad camp y barroca de su casa recordaba a ratos a la de Fresa y chocolate (dir. Tomás Gutierrez Alea, 1993) por su derroche y saturación de elementos decorativos. Al fondo, la radio lejana dictaba el implacable reporte sobre la viruela del mono y una canción de los Smiths fallidamente trataba de amenizar el desmadre vespertino (there’s a club if you like to go / you could meet somebody who really loves you).

Samuel Nicolle, La infalible guía práctica para el ligue en Bares, Cantinas y Cervecerías, 2021.jpg. Cortesia de Galería Cuatro

Samuel Nicolle, La infalible guía práctica para el ligue en Bares, Cantinas y Cervecerías, 2021. Cortesia de Galería Cuatro

 No me pude resistir a preguntar de dónde salió aquel vilé enorme, pues bien pudiera confundirse con algún objeto hallado en La Lagunilla. Resulta que formó parte de su exposición La infalible guía práctica para el ligue en Bares, Cantinas y Cervecerías (2021) en Galería Cuatro (Tlahuelipan, Hidalgo). Para la muestra, Nicolle confeccionó una serie de bodegones escultóricos de chicharrones, churritos y limones. Su dedicación manual se decanta en objetos delicados, pequeños y frágiles que, por su color, no mimetizan avant la lettre al alimento en cuestión, sino que es de un verde olivo casi marrón, casi moribundo que sugiere transitoriedad y decaimiento. Le artista se inspiró en la secuencia del filme The Naked Civil Servant (1975, dir. Jack Gold) donde Quentin Crisp intercambia el vilé con el primer travesti que conoce durante su peripecia en el Londres de la década de los treinta. Quien lo haya leído recordará que el libro homónimo de Crisp nos transporta a los bares clandestinos donde las persecuciones y vejaciones en manos de policías eran el pan de cada día. La escena evoca un pacto de hermandad en un contexto hostil.

Samuel Nicolle, La infalible guía práctica para el ligue en Bares, Cantinas y Cervecerías, 2021. Cortesía de Galería Cuatro

Samuel Nicolle, La infalible guía práctica para el ligue en Bares, Cantinas y Cervecerías, 2021. Cortesía de Galería Cuatro

Nicolle trasladó al espacio de exhibición el hedonismo solitario y triste del bar joto. No es la vibra del antro gay festivo donde la audiencia canta los éxitos del momento, sino la espacialidad melancólica y añeja de lugares como el Tahúr y la Covacha. Y digo solitaria porque la expedición al bar de “ambiente” no es siempre de bienvenida. Sirva de ejemplo el poema “Extranjera” de Cristina Peri Rossi, donde la voz poética testimonia sentirse fuera de lugar en una esquina del gay bar: todo el mundo baila, / todo el mundo menos yo. / ¿Será posible que aquí también / entre falsos pelirrojos / y lesbianas sin pareja / te sientas otra vez una extranjera?12 Sin distinguir entre bebidas y clases sociales, la obra de Nicolle hace de la escultura un centro de mesa para el ligue y de la bebida una especie de pócima de amor par excellence.

“Siempre me gustó ligar en bares. Coquetear en la cantina lo gozo mucho más, te da más emoción”, asegura Nicolle mientras bebe a sorbos té de tallos de cereza. La idea inicial para la exposición era hacer una especie de tardeada dentro de la galería. Por cuestiones de pandemia, no se pudo ejecutar el performance (Samuel admite que su obra siempre viene acompañada de una potencia de performance que siempre culmina en el fracaso e imposibilidad del mismo). Los espacios de sociabilidad queer son la piedra de toque; permiten a Nicolle plantear en su trabajo una atmósfera, una sensibilidad estética y una dinámica de convivencia con los objetos reproducidos. El ligue, la coquetería y la frivolidad se vuelven estrategias discursivas y herramientas de acción que se despliegan, suaves y delicadas, en sus materiales. Frivolidad afín a la que Néstor Perlongher agenció desde la poesía: por qué seremos tan superficiales, tan ligeras / encantadas de ahogarnos en las pieles / que nos recuerdan animales pavorosos y extintos13. A través de la pose estilizada, la obra de Samuel Nicolle construye toda una poética en torno al artificio y la frivolidad. No solo se trata de la dinámica de seducción dentro del espacio de sociabilidad, sino también del deleite en el ritual del prepararse, maquillarse, y pintarse con las amigas; del vestirse para ser vistas; de la pose y la actitud. 

Sobresale la superficie por encima de la estructura. En ocasiones parece que el ensamble es demasiado frágil; que ha empleado un cristal que tiembla con la mirada y que se puede romper apenas se posan los ojos intrusos. A veces los objetos son tan discretos que es necesario aguzar la vista y sostenerlos con las manos. La serie Arroz con popote (2021) consiste, valga la redundancia, en pequeños popotes de resina con granos de arroz en su interior, mismos que se portan con un prendedor en la solapa. De tal forma, la obra de Nicolle transita del objeto usable al objeto decorativo, sin hacer distinción de su identidad o función. El título recrea por medio de los materiales la metáfora despectiva para referirse a las prácticas homosexuales en México. Cuenta Nicolle que la idea de portar el popote surgió a partir del lenguaje floral para identificarse entre homosexuales en el siglo XIX con un clavel verde en la solapa. La comunidad gay del presente poco sabe ya de ese código secreto, que hoy tan tristemente se ha perdido en el lenguaje global de los emojis en las apps de ligue donde con una berenjena y un durazno basta y sobra. “Le gusta el arroz con popote… Es tan visual y a la vez tan incomprensible la frase”, expresa Nicolle con ternura.

Arroz con popote, Samuel Nicolle, 2021

Arroz con popote, Samuel Nicolle, 2021

Samuel consigue que los significantes se literalicen y materialicen para incitar a la erotización de los materiales y los objetos cotidianos. Este procedimiento de “artificialización” es afín al que ha señalado el escritor cubano Severo Sarduy para explicar los mecanismos discursivos del neobarroco. Un ejemplo fundamental para Sarduy es la obra arquitectónica del cubano Ricardo Porro, en la que “los elementos funcionales de la obra son sustituidos por otros que solo insertados en ese contexto pueden servir de significados, de soportes mecánicos”14. El autor se refiere específicamente a la papaya-fuente de Porro situada en el patio central de la Escuela de Artes Plásticas en La Habana que opera, asegura Sarduy, como astucia lingüística, pues en el argot cubano el vocablo remite también al órgano sexual femenino. Sin embargo, más que barroco, el gesto es manierista. Recordemos que el manierismo va un paso más allá en su regodeo en el artificio; es aún más extremo al pronunciarse como un arte de lo extravagante, lo inconsistente y lo vacío. Bolívar Echeverría advierte que la diferencia principal estriba en que el barroco aporta una estructura como un “ethos moderno”, mientras que el manierismo fugazmente lo deconstruye. Por tanto, el manierismo no es la recomposición de las formas tradicionales o clásicas, como lo es el barroco, sino “una apertura (…) a formas raras, caprichosas o arbitrarias15.

Samuel Nicolle, Esculturas comestibles, 2021

Samuel Nicolle, Esculturas comestibles, 2021

Otra serie cuyo título es Las uñas de Nínive en la sombra de las jacarandas… (2021)  evoca al eufemismo homofóbico “romper pistaches con los codos”. De tan gráfica y absurda imagen se desprende un proyecto de esculturas comestibles. Se trata de pistachos pintados con barniz de uñas del color de las jacarandas. El proceso asociativo uña-pistacho-jacaranda surge de una experiencia personal de Nicolle cercana a la asfixia que dejó a sus dedos violáceos: “Mi actividad favorita para el domingo es sentarme en la Alameda y ver el bufe de los chicos que están buscando acción. Caen las flores de jacaranda mientras ellos coquetean entre sí”. Me gusta pensar que las creaciones de Nicolle sirven para ambientar el cotilleo, el ligue, el chisme y escenificar, a su vez, un drama privado o doméstico. Inclusive la cocina se repiensa como un espacio cargado de sensualidad. Otra serie de panes tostados de resina con fotografías homoeróticas evoca los banquetes orgiásticos del Emperador romano Heliogábalo, donde, imagina Nicolle, “tanta flor y tanto perfume hacía que la gente se muriera asfixiada”.  En conjunto, estos trabajos abren la invitación para pensar una historia del bodegón queer en México y, a su vez, del hogar queer, una historiografía pendiente por escribir desde nuestro contexto16. 

Samuel Nicolle, Las uñas de Nínive en la sombra de las jacarandas…, 2021.png

Samuel Nicolle, Las uñas de Nínive en la sombra de las jacarandas…, 2021.png

Samuel Nicolle, Heliogabalo, 2021

Samuel Nicolle, Heliogabalo, 2021

Acecha en el trabajo de Nicolle la sombra añorante de formas de jotería hoy obsoletas. En el 2019, Nicolle exhibió un biombo especial diseñado con la fotografía de un hombre desnudo. Su silueta apenas se vislumbra. Es una mirada erótica que no se entrega del todo. Pura sugerencia. El cuerpo en cuestión proviene de la revista Del otro lado. Hoy desaparecida, aquella publicación LGBT+ mexicana contenía imágenes homoeróticas, poesía, reseñas, reportajes y contenido crítico e informativo sobre el VIH-SIDA. Vale la pena husmear sus páginas disponibles en el archivo digital del Colectivo Sol. La sección “Deseos” nos transporta a un mundo de ligue por correspondencia hoy inexistente. Allí leemos avisos de ocasión como: “DEPORTISTA, MUUUY BUEN CUERPO. Me llamo Eduardo. Ando en los tempranos treintas. Mis intereses no tienen nada que ver con la frivolidad. Alegre y conversador, me gusta el cine y la literatura y traduzco del alemán. Escríbeme”. Retornar a este periodo histórico le permite a Nicolle entablar vínculos entre pasado y presente y, sobre todo, fortalecer la historia de la comunidad LGBT+ y su supervivencia. Le artista agrega con acierto que “es difícil tener una actitud contemporánea sin basarse en cosas pasadas”. Se trata de la potencia del anacronismo en su máxima expresión.

Biombo por Samuel Nicolle

Biombo por Samuel Nicolle

La obra de Samuel Nicolle se con/funde con el mobiliario y se disgrega en módulos decorativos, sin pelearse nunca con la noción de “ornamentalidad”, tan despreciada hoy en las artes visuales. Al contrario, se regocija en su suntuosidad interiorista. El biombo opera también desde un plano simbólico, pues es la metáfora de una vida interior, de una vida oculta, “de un espacio seguro donde nadie me chinga; donde mi novio y mis amigas podemos estar en paz. La vida perfecta para una vida jota”. La figuración velada del bimbo, su erotismo furtivo, nos induce a preguntarnos: ¿cómo se construye la mirada deseante? ¿Es a través de lo que ve o de lo que se cree ver? ¿O es, por el contrario, lo que se desearía ver y apenas se percibe? Haciendo eco la voz de la misteriosa Amanda Lear en su tema “Un cocktail d’amore” (Io voglio / un incontro felice / ed osservare / tutto ciò che dice), yo observo todo lo que dices, las palabras voluptuosas siempre están, para Nicolle, prestas a materializarse y traducirse en objetos táctiles. “Y eso me parece…” agrega antes de despedirnos, “¡delicioso!”

Las figuras que me constituyen como joto

Acordamos encontrarnos afuera del metrobús Tres Culturas. La tarde era calurosa al borde de asfixiante; la fila para ascender a la línea que va por Reforma supera las cincuenta almas. Creí que no llegaría puntual. A esa hora corren por la acera muchachas apresuradas de un extremo a otro, quizá para regresar de la chamba, quizá para ver a le novie. Cruzamos el Multifamiliar. Los vecinos, al vernos pasar, nos hacían el fuchi, o eso sentí. Apenitas y nos dejaban la puerta abierta al entrar y ni siquiera nos daban las buenas tardes. “Ha de ser porque somos jotos”, dijo mi anfitrión. Mientras ascendimos la laberíntica y caprichosa arquitectura del proyecto paternalista de don Mario Pani, yo estaba pensando en todos esos jotos que, liderados por Nancy Cárdenas, se manifestaron en 1978 para denunciar la masacre de Tlatelolco.

Al cerrar la puerta, vi una calcomanía que reza: “ESTE HOGAR ES JOTO. NO ACEPTAMOS PROPAGANDA TERF NI DE OTRAS SECTAS”. Destapamos una chela y nos sentamos a platicar con una rola de fondo de Bronski Beat, aquella banda ochentera que interpretaba “Smalltown Boy”, melancólico lamento gay que fue un éxito fugaz por allá de 1984. Parecía la ambientación adecuada para entrarle a la obra de Laos Salazar (CDMX, 1989). Durante la charla afloraron recuerdos de la Secundaria, la Martín Luis Guzmán #23 en Aragón, los amoríos secretos, clandestinos, los primeros roces. Su trabajo, sin duda, posee una carga de biografismo trágico y abrasivo.

Ya íbamos a empezar a hablar de la obra como tal, cuando de pronto llegó su roomie, Damián, sextwittero y trabajador sexual. Damián llegó de Ciudad Juárez a la Ciudad de México hace ya algunos años. Me enseñó los tatuajes y perforaciones con los que ornamenta la fantasía virtual de sus miles de seguidores. No pude evitar preguntarle por los clientes más memorables de su carrera en la “chichifeada”. Que mucha historia y mucho chisme, ufff, decía: un chavito de veintitrés años con obesidad mórbida, un hombre sordo, una pareja lésbica (“una de ellas muy bonita, danesa”). La charla me intoxicaba y me conmovía, me sentía empopperado sin haber jalado nada.

Desde hace ya varios años, Laos Salazar trabaja como cofundador de la galería Salón Silicón, uno de los contados espacios activos que ha decidido abrazar y enarbolar una sensibilidad abiertamente queer en México. En su práctica se entrecruzan las artes visuales, el performance, la curaduría, la gestión, el porno y la reflexión crítica. En efecto, esta es inseparable de su afinidad por una militancia “gay” articulada desde finales de los sesentas que reverbera a lo largo de su obra desde trabajos tempranos, como sucede en Quetzalcóatl Leija Herrera (2011), serie de postales que denuncian la muerte de un hombre gay asesinado en Chilpancingo, Guerrero. La pieza anticipa estrategias discursivas posteriores afines al arte activista y minimalista en la línea de Félix González Torres y, sobre todo, una devoción por personajes célebres fallecidos.

En su exposición individual If you’re feeling sinister (2021), presentó un conjunto de más de doce retratos en tinta china a manera de memorial. Vemos a David Wojnarowicz, a Nico, a Guy Hocqguenghem; a Peter Christopherson y John Balance, integrantes de la banda Coil, pareja de ocultistas underground y autores de la rola “The Anal Staircase”. El factor en común que agrupa a estas figuras es su muerte trágica y temprana. Salazar complementa los retratos con letras de canciones de rock alternativo en inglés. La inscripción de las lyrics y el personaje retratado entabla una conexión que se descifra a través de la alegoría y la literatura biográfica de cada personaje. La relación imagen-texto plantea y amplifica la dimensión mítica de sus parias homenajeades. Destaca el retrato de David Wojnarowicz con una letra de Bad Religion (how could hell be any worse?), verso que perfectamente pudo haberse pronunciado en boca del legendario artista que falleció por complicaciones del VIH-SIDA en 1991.

Laos Salazar, "Fuck Armaggedon, This Is Hell (David Wojnarowicz)",  tinta china sobre papel de algodón, acuarela sobre papel albanene, cinta de montaje verde, 2021, 32 x 23.5 cm

Laos Salazar, “Fuck Armaggedon, This Is Hell (David Wojnarowicz)”, tinta china sobre papel de algodón, acuarela sobre papel albanene, cinta de montaje verde, 2021, 32 x 23.5 cm

Memorial-tributo, pero también muro de martirologio: el semblante confrontativo de Michel Foucault y Jean Genet (con “Myth” de Beach House como epitafio ocultando sus labios) inevitablemente nos recuerda la posterior canonización de personajes en la literatura crítica17. Por lo mismo, la muestra sirve, a su vez, de hagiografía musicalizada. Para Laos es importante generar una memoria a partir del VIH-SIDA más allá de lo histórico, entendido como un fenómeno de psicología de masas. La insistencia es siempre apelar a la memoria: recordar. Y recordar a un autor como Genet, quien formuló una poética delincuente, nos obliga a preguntarnos: ¿Se ha perdido acaso la beligerancia y el radicalismo en la cultura gay contemporánea? ¿Qué ocurre con el activismo LGBT+ cuando promueve la adaptación a las normas y no su transgresión? ¿Qué pasa cuando al joto se le domestica?18

Laos Salazar, _Myth (Jean Genet)_, tinta china sobre papel de algodón, acuarela sobre papel albanene, cinta de montaje verde, 2021, 32 x 23.5 cm.jpg

Laos Salazar, “Myth (Jean Genet)”, tinta china sobre papel de algodón, acuarela sobre papel albanene, cinta de montaje verde, 2021, 32 x 23.5 cm.jpg

Panorámica de "If you're you feeling sinister" (2021). Cortesía de Salón Silicón.

Panorámica de “If you’re you feeling sinister” (2021). Cortesía de Salón Silicón.

Entre la mitografía trágica (que es una constante, por cierto, en la cultura gay, específicamente desde el funeral de Judy Garland previo a Stonewall), emergen personajes que, mediante la fotografía en blanco y negro, poseen un tono mucho más vitalista. “Para mí era importante presentar a las figuras que me constituyen como joto”, me contaba Laos, que para entonces ya había puesto el LP de Tom Tom Club: “Las fotografías representan momentos muy importantes en mi vida, como cuando estaba teniendo mis primeras relaciones homosexuales”. En una foto, Laos recrea la portada de Big Science (1985) de Laurie Anderson. En otra, mimetiza la faz solemne y fatalista del director alemán R. W. Fassbinder, famoso por sus excesos y su monstruosa carga de trabajo. “Fassbinder llegó a mi vida cuando un día en la Prepa un cuate me dijo: vi una película de un wey que se parecía a ti”. La película en cuestión era Love is Colder than Death (1969). “No me puedo explicar a mí mismo sin estos personajes que no sé quiénes son en realidad pero me generan tanta fascinación”, añadió Salazar.

Laos Salazar homenajeando a R. W. Fassbinder

Laos Salazar homenajeando a R. W. Fassbinder

24. Laos Salazar homenajeando a Laurie Anderson

Como señala Heather Love en su libro Feeling Backward: Loss and the Politics of Queer History (2007), la historia queer está marcada por una doble imposibilidad: no podemos aprehender a quienes han muerto; nuestra necesidad y fijación por estas figuras fallecidas está marcada por la imposibilidad histórica del deseo hacia el mismo sexo”19. La aportación de Laos Salazar a la historia del autorretrato queer mexicano radica en que sus imágenes son atravesadas por la cultura del fan, la idealización del yo y la admiración del otro, así como una tendencia marcada por el disfraz, la ficción, la apropiación y la cultura pop.

Pero no todo es tragedia, también abunda el hedonismo. En una pieza exhibida en el marco de siembra (2020) en kurimanzutto (CDMX), Laos asume todas las estrategias ya mencionadas al auto/representarse como policía. Con un gesto sexualizado y desafiante agarrándose los huevos, Laos deviene porn star federal de cartón tamaño real. La pregunta que guió a su proceso creativo fue: ¿por qué nos gusta lo que nos gusta y por qué obtenemos placer de ello? Al explorar la cultura fetichista de los policías en las apps de ligue gay, Laos conoció a un policía gay anónimo que accedió a participar en su pieza. “Me hice amigo de este policía joto que conocí en Grindr. Primero le entregué una playera que decía SEÑOR AUTORIDAD porque le mamaba ese coto de dominar. Era medio scort a veces. Le pedí hacer unas fotos y luego le pedí su uniforme para usarlo yo”, afirma Laos mientras se echa su chela y fuma un porro.

Laos Salazar en Siembra (2020) en kurimanzutto. Cortesía de Laos Salazar

Laos Salazar en Siembra (2020) en kurimanzutto. Cortesía de Laos Salazar

Retomar a la figura policiaca no parte de una afición personal. El policía sexualizado evoca todo un imaginario de la cultura gay en México configurado por los espacios de encuentro, el deseo y la crónica urbana. El mejor ejemplo de ello es La estatua de sal de Salvador Novo, donde el célebre escritor relata su “fogosa predilección” por los conductores de camiones o carros de alquiler que conocía en las callejuelas del Centro Histórico del México posrevolucionario20. Como Novo en sus memorias, Salazar traza la ubicuidad del deseo joto en el espacio urbano, aquí atravesado por la tecnología y una política de vigilancia. Como diciéndonos que el joto, al asumirse como sujeto deseante, deviene policía y vigilante de las miradas. 

La pieza de Laos propone una construcción autorreferencial marcada por la fantasía del sometimiento y la parodia de la figura de autoridad: “Tuve unos días muy extraños aquella vez porque tardé dos días en hacerla. Al güey se le había olvidado una bota el día del shooting en mi casa”, cuenta con relajo. El intercambio con el protagonista anónimo plantea una negociación donde el cuerpo y la economía sexual no cierra el significado de la pieza, sino, más bien, abre la posibilidad de reflexionar en torno a la construcción de la masculinidad en el espacio público y la fascinación cultural por el uniforme, en algún punto intermedio entre el castigo y el placer. Tampoco podemos olvidar la historia de persecución y vejaciones de la policía urbana sobre el colectivo LGBT+ en México. Se pregunta José Porras Alcocer en su revisión de la vida nocturna gay en el México de los sesentas, “¿por qué nuestra historia homosexual está unida a los policías, a los golpes y la degradación?”21. 

Del relato picaresco nos fuimos de vuelta al duelo. Actualmente, Laos prepara un libro a través de crowdfunding titulado No todos podemos morir durmiendo, con traducciones ex-profeso para la publicación de textos de grandes creadores que fallecieron por complicaciones del VIH-SIDA: Derek Jarman, Hocquenghem, Foucault y Wojnarowicz, desplazando el recuento luctuoso de las imágenes a las letras. Sus personajes no le abandonan. Nos despedimos al anochecer, cuando los galanes de Tlatelolco se movilizan para ir a comprar cartones y caguamas. La verdad, hasta se antojaba otra chela. “Tlatelolco es lo único que me mantiene cuerdo”, remató cuando nos despedimos y yo llevaba en mis manos su imagen miniatura como policía-chichifo.

_____

Coda. Al escribir los muros imaginarios de este museo de la jotería, me pregunto: ¿cuáles son las memorias e imágenes que, desde las disidencias sexuales, nos corresponde inventar, consignar y archivar? 

 

Avándaro, 5 de junio 2022 – Ciudad de México, 20 de junio 2022

 


Autores
(Ciudad de México, 1993) es narrador y ensayista. Maestro en Letras Españolas por la UNAM, es autor de Emerson en Tijuana (Máquina de Aplausos, 2019) y La mítika mákina de karaoke (FCE, 2022). Sus textos se han publicado en Letras Libres, Tierra Adentro y Nexos. Ha colaborado en Montez Press Radio, House of Vans y Dover Street Market París. Ha sido beneficiario del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales en el área de Ensayo Creativo (2023-2024).