“Mis sueños son muy mundanos: casi todas las noches sueño con estar en línea”, me dijo mi paciente Emilio, de dieciséis años, que porta una melena larga y lacia, hasta debajo de los hombros, muy rubia.
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El sueño más común del mundoes perder los dientes,pero mi madre instintivamenteevocanuestras raíces,nuestra simbiosis primitiva, yguardainfantiles fragmentosdentales y a mí en la cajita rosa del roperojunto a frascos con fósiles de escarabajos,muñecas tuertas y zapatos de charol.