“El amor es un final tercamente escondido en los inicios”, dijo Silvana Estrada en un pódcast, citando, o más bien versionando, el final de un poema de Roberto Juarroz.
“Mis sueños son muy mundanos: casi todas las noches sueño con estar en línea”, me dijo mi paciente Emilio, de dieciséis años, que porta una melena larga y lacia, hasta debajo de los hombros, muy rubia.