Tierra Adentro
Poema visual realizado por Alan Mendoza Sosa
Poema visual realizado por Alan Mendoza Sosa

[sin título]

[Sin titulo] Alan Mendoza Sosa


Ciclos*

 

1.

CUIR RIUC

RUIR CIUC

RIIR CUUC

RIUR CUIC

RIUC CUIR

 

2.

CRIU UIRC

UCRI IRCU

IUCR RCUI

RIUC CUIR

 

3.

RICU UCIR

RCIU UICR

CRIU UIRC

 

3.1

CRUI IURC

CURI IRUC

UCRI IRCU

 

3.2

UCIR RICU

UICR RCIU

IUCR RCUI

 

3.3

IURC CRUI

IRUC CURI

RIUC CUIR

 

4.

CIUC RUIR

CUUC RIIR

CUIC RIUR

CUIR RIUC

 

5.

UCIR IRUC

UICR IURC

UIRC IUCR

 

5.1

IURC UICR

IRUC UCIR

IRCU UCRI

 

5.1.2

RICU CURI

RCIU CRUI

RCUI CRIU

 

5.1.3

CRUI RCIU

CURI RICU

CUIR RIUC

 

5.2

CURI RICU

CRUI RCIU

RCUI CRIU

 

5.2.1

RCIU CRUI

RICU CURI

IRCU UCRI

 

5.2.2

IRUC UCIR

IURC UICR

UIRC IUCR

 

5.2.3

UICR IURC

UCIR IRUC

CUIR RIUC

 

6.

CURI IRUC

CRUI IURC

RCUI IUCR

 

6.1

RCIU UICR

RICU UCIR

IRCU UCRI

 

6.2

IRUC CURI

IURC CRUI

UIRC CRIU

 

6.3

UICR RCIU

UCIR RICU

CUIR RIUC

 

7.

IUIR RCUC

IUIR RCUC

IUCR RCUI

IUCR RCUI

CUCR RIUI

CUCR RIUI

CUIR RIUC

CUIR RIUC

 

*Llave:

  1. De izquierda a derecha, cada letra de palabra izquierda se intercambia con cada letra correspondiente de palabra derecha, hasta que palabra derecha sea palabra izquierda y palabra izquierda sea palabra derecha (método Emmett Williams)
  2. Primera letra de palabra izquierda se mueve una posición hacia margen derecho, quedando entre las dos letras que siguen, y última letra de palabra derecha se mueve una posición hacia margen izquierdo, quedando entre las dos letras que la preceden. Se repite ciclo hasta formar palabra CUIR
  3. Última letra de palabra izquierda se mueve una posición hacia margen izquierdo, quedando entre las dos letras que la preceden, y primera letra de palabra derecha se mueve una posición hacia margen derecho, quedando entre las dos letras que siguen. Cada sub-nivel repite secuencia hasta que las letras que cambian alcanzan el margen opuesto que les corresponde. Ciclos se repiten hasta formar palabra CUIR
  4. Mismo método que número 1
  5. Primera letra de palabra izquierda se mueve una posición hacia margen derecho, quedando entre las dos letras que siguen, y primera letra de palabra derecha se mueve una posición hacia margen derecho, quedando entre las dos letras que siguen. Cada sub-nivel repite secuencia hasta 5.1.3, donde se forma palabra CUIR. Sub-niveles siguientes repiten secuencia, pero en orden inverso: Última letra de palabra izquierda se mueve una posición hacia margen izquierdo, quedando entre las dos letras que preceden, y última letra de palabra derecha se mueve una posición hacia margen izquierdo, quedando entre las dos letras que preceden. Cada sub-nivel repite secuencia formar palabra CUIR
  6. Mismo método que número 3
  7. De izquierda a derecha, cada letra de palabra izquierda se intercambia con la letra que inmediatamente sigue a su letra correspondiente en la palabra derecha hasta completar ciclo de cambios y formar palabra CUIR

Autores
Es poeta e investigador. En 2022 publicó el libro "La bestia que habito" (Herring Publishers, Querétaro). Actualmente estudia el doctorado en Yale.
Ilustración realizada por Hilda Ferrer
Ilustración realizada por Hilda Ferrer

Entre los siete y trece años mis padres y yo solíamos visitar a mi tía que era monja en el convento de clausura de las Carmelitas Descalzas en mi pueblo. Cada vez que íbamos me sentía de la misma manera: helado e intrigado. Pese al frío que hacía siempre en la sala de visitas del convento, fuera invierno o verano, lo que más me rondaba la cabeza era saber qué pasaba detrás de esos barrotes de hierro grises que nos separaban a mi tía y a nosotros. Por muchas veces que le preguntara a mi madre qué pasaba dentro del convento, las dudas seguían inundándome ya que las personas a mi alrededor parecían enfocarse solamente en hablarme del rezo y del trabajo de reposteras de las monjas. Sin embargo, la curiosidad sobre qué pasaba dentro del convento, entre mujeres desplazadas de la forma “tradicional” de concebir la familia, siempre persistía. No fue hasta que estudié literatura durante la licenciatura que pude entender la estructura social y cultural de la vida conventual.

Gracias a Sor Juana Inés de la Cruz —¡Bendita Sor Juana y todo lo que representa hoy en día!— pude indagar más en el tema y comprender que el convento colonial representa un espacio ideal para reconceptualizar la vida en el sentido comunal, pero más aún la sexualidad no-normativa. El convento se puede pensar como un lugar místico y de reflexión espiritual, donde se le quita valor al cuerpo, se borra la corporalidad para conectar con el alma, que es lo que tradicionalmente se ha relacionado de manera directa con Dios y lo divino. Además, el convento puede ser concebido como un lugar de actividad comunitaria en el que unas mujeres ayudan a otras para ser buenas “esposas de Cristo”, como titula su libro sobre la vida conventual la historiadora Asunción Lavrin1. Pero lo que más me interesa a mí es conectar estas formas de expresión colectiva colonial dentro del convento con formas nuevas de pensar la sexualidad cuir en nuestros días.

El convento en sí se puede proyectar como infraestructura cuir en el sentido que rompe los límites del espacio generizado. Un lugar en el que cohabitaban sólo mujeres ya es un espacio que quiebra con las jerarquías sociales masculinas, incluso cuando es supervisado panópticamente en el sentido Foucaultiano. Los conventos coloniales fueron originalmente pensados por las autoridades eclesiásticas como lugares para purificar y reformar los cuerpos de las mujeres dentro de sus edificios amurallados, pero más aún fuera de ellos, puesto que se pensaba que el comportamiento espiritual de las monjas se contagiaría al mundo exterior femenino a través de sus rezos y las visitas de otras mujeres. Además, el espacio conventual también dio pie a la creación de “recogimientos”, espacios para “proteger” y “rehabilitar” a mujeres solteras, casadas o divorciadas que no cumplían con las normas o tradiciones establecidas por el sistema patriarcal y colonial. En resumidas cuentas, las autoridades proponían los conventos como lugares modélicos, como espacios centrales dentro de las urbes, para todas las mujeres. Sin embargo, en muchos casos, esta visión se quedó más como una teoría que como práctica.

Aunque es difícil saber qué pasaba dentro del convento, estos espacios nos brindan la oportunidad de pensar categorías sexuales y de género que quedan fuera de la “norma”. El misticismo desvinculado de la sexualidad como clave única para pensar las acciones de las monjas dentro del convento se queda, para decirlo en pocas palabras, anticuado y monosémico. Si es acertado pensar el convento como lugar modélico para que las monjas fueran “esposas de Cristo” y mantuvieran su relación a través de la cultura de la mortificación corporal, ¿por qué sería tan extraño y quizás descabellado para algunos repensar el convento como un espacio lésbico? Digo un espacio lésbico no sólo porque sea un espacio diseñado para que las mujeres convivan dentro durante toda su vida desde jóvenes, sino que lo lésbico nos ha llegado repetidamente a través de productos culturales contemporáneos que han reescrito las posibilidades sexuales de las monjas dentro del convento, creando así un archivo cuir contemporáneo con base en estas experiencias coloniales.

Desde la publicación de la famosa novela La religiosa, de Denis Diderot, en 1796, se han reescrito e imaginado diversas vidas de monjas en el mundo hispano con tropos eróticos similares, aunque no por los mismos motivos. Resumiendo brevemente algunos de los temas de la novela de Diderot, nos encontramos en un convento de la Francia del siglo XVIII en el que se desenvuelve la historia de Susana Simonin, quien después de haber sido acosada violentamente por las otras hermanas tiene una relación íntima y erótica con la madre superiora, sor Moni. Así, diferentes cuestiones acerca de la sexualidad, el placer y el exceso desbordan las páginas de esta novela, pues estas monjas no solo cocinan y rezan, sino que sienten pasión y se enamoran, tienen relaciones íntimas y sexuales.

Uno de los objetivos de Diderot, quien ha sido reconocido por apoyar la idea del sexo por placer más allá de la procreación, sería el de enfatizar y denunciar los excesos de violencia dentro del convento, puesto que las condiciones de vida rígidas y extremas seguían siendo insalubres. Esta novela también desenmascara las posibles “amistades particulares”, relaciones íntimas, eróticas o sexuales entre monjas. Los manuales de conducta para religiosas redactados por confesores y autoridades eclesiásticas prohibían estas “amistades particulares” en los conventos del mundo hispano2. Esto se debía a que uno de los grandes miedos de las autoridades masculinas era que las monjas pudieran caer en la tentación de los cuerpos a causa de la proximidad corporal en espacios tan limitados. Este miedo ya determina que la vida conventual, sobre todo a partir del siglo XVIII, produce diferentes formas de concebir la sexualidad como el concepto contemporáneo que conocemos.

El convento así comienza a proponerse como infraestructura paradigmática. Al mismo tiempo que la literatura escrita por confesores, como los manuales de conducta para religiosas, prohíbe y oculta el placer femenino y las experiencias sexuales entre personas del mismo sexo, también asimila y reproduce una historia de la sexualidad que da paso a la imaginación y creación de un archivo cuir, de lo “desviado” y de las “multitudes”. Las relaciones lésbicas entre monjas pasan a formar parte de la cultura cuir contemporánea en el mundo hispano a través de películas como Entre tinieblas (1983) de Pedro Almodóvar. En esta película se proyecta la historia de sor Estiércol, sor Víbora, sor Rata, entre otras monjas, que además de automortificarse satíricamente, también consumen drogas, ayudan a mujeres redentoras y mantienen relaciones íntimas y eróticas entre ellas.

Más recientemente, Canal Once y Bravo Films produjeron una adaptación de la historia de Sor Juana Inés de la Cruz, Juana Inés (2016), en el que la escritora y monja mexicana se besa con la virreina María Luisa Gonzaga Manrique de Lara. El tema del deseo lésbico en la obra de sor Juana recurre entre los estudios y las nuevas aproximaciones a la obra de la décima musa. Sin embargo, desde mi punto de vista, lo interesante de esta recurrencia es el impacto en esta creación del archivo transhistórico cuir de la que hablo en este ensayo. Sor Juana pudo o no tener encuentros amorosos con la virreina de México y condesa de Paredes, ya fuera de manera metafórica en sus poemas o física en sus encuentros. No obstante, lo que quizás debería de transcender al proponer a sor Juana como una mujer lesbiana, quien varias veces cuestiona el género sexual en sus escritos, debería de estar relacionado con las tensiones que emanan al crear un archivo que tiene profundidad histórica pero que, como apunta el historiador Zeb Tortorici, se organiza a través de los deseos de los lectores y de las personas que han escrito, reescrito y archivado los documentos históricos3.

Así, en última instancia, podemos apreciar e incluir en nuestro archivo el cuadro “El éxtasis”, del artista mexicano Fabián Cháirez, como representación contemporánea clave para entender la influencia de la experiencia monjil en paralelo con la sexualidad divina y lésbica. En este cuadro se ubican dos monjas, con expresiones faciales representativas de placer y de deseo, mientras que apoyan la cabeza una al lado de la otra. En esta obra, las monjas, con los ojos cerrados, no solo expresan sus deseos sensuales mutuamente, sino que también enfatizan su deseo erótico y divino por la virgen María. Ese deseo triangular se hace visible con una figura de la virgen que sujetan con sus manos las dos monjas al mismo tiempo que apuntan con los dedos del medio hacia dentro como si estuvieran masturbando a la estatua.

La obra de Cháirez, provocadora y polémica dependiendo de su audiencia, subvierte en varias ocasiones los cánones de la imaginería sacra al mismo tiempo que incorpora algunas de sus características estéticas, ya que el arte sacro de la época virreinal nos transmite desde un principio una serie de elementos que podríamos ubicar dentro de una dimensión cuir. En este caso me refiero, por ejemplo, al cuadro “La incredulidad de Santo Tomás” (1650), de Sebastián López de Arteaga, donde podemos observar al santo hurgando de manera muy sensorial la herida de Cristo mientras Jesús lo anima a meter el dedo en su llaga, empujando hacia sí la mano del santo. La dirección de las manos del santo hacia la herida nos recuerda la posición de las manos de las monjas en el cuadro de Cháirez. Más aún, la herida ensangrentada en el cuerpo de Cristo se puede leer, siguiendo los estudios de Karma Lochrie, como una “genitalización” de la vagina en el cuerpo de Cristo4.

Las Vidas de monjas (biografías de las religiosas comúnmente compuestas por biógrafos o confesores) también nos muestran tropos que están directamente conectados a estas formas de representación erótica a partir del sufrimiento y la flagelación del cuerpo. Por ejemplo, en la vida de Sor María Anna Águeda de San Ignacio (México, 1695-1756), en el capítulo que narra su experiencia como enfermera, está cuidando de otra hermana que sufría dolores extremos debido a que la medicina corrosiva que le había recetado el doctor le producía llagas en todo el cuerpo. Sor María Anna, para aliviar el sufrimiento de su hermana enferma, le quitaba las sábanas y “ponía sus labios suavemente sobre las llagas del cuerpo de la otra mujer y le chupaba la pus podrida de la herida, limpiando y depurando toda la materia repugnante a la que podía llegar su lengua”5. Estas descripciones, según la historiadora Caroline Bynum, eran bastante comunes durante la tradición ascética medieval, en la que las mujeres alcanzaban una conexión plena con Dios a través del sufrimiento y la imitación de la crucifixión de Cristo6.

Aunque académicas como Lochrie no están de acuerdo con Bynum en muchos aspectos —pues no se puede estudiar estas narrativas únicamente a través de una lente religiosa y mística—, los argumentos que proponen siguen encapsulando la sexualidad dentro de un marco hetero/homosexual. Las relaciones lésbicas quizás sean un punto de partida para pensar la representación de la sexualidad no-heteronormativa dentro de estos espacios femeninos, pero las posibilidades son infinitas.

Este tipo de narrativa conventual y colonial presenta un triángulo erótico entre Sor María Anna, su hermana enferma y Dios en la que la subversión sexual va más allá de la desestabilización de la imaginería heterosexual y homosexual. Presenta un tipo de sexualidad en la que el deseo sobrenatural, representado por una entidad sin un género sexual específico, está conectado al placer mundano, representado por la plenitud de Sor María Anna al quedar “serena y contenta como si tuviera un panal de miel en sus labios”7. Esta descripción, que se puede interpretar como sensorial y deleitosa, demuestra que hay una plasticidad de posibilidades eróticas en estas narrativas. Esta plasticidad entorno a la sexualidad es la que nos recuerda el filósofo Michel Foucault cuando habla de que nosotros mismos creamos nuestra propia sexualidad a través de nuestros deseos, pues el sexo no es una fatalidad, sino una posibilidad para disfrutar de una vida creativa y placentera8.

De esta forma, aprovecho este dosier en el mes del orgullo para pensar que, aunque quizás no es importante seguir insistiendo en descubrir si sor Juana era lesbiana para estudiar su obra, sí es necesario seguir disponiendo de esa posibilidad para continuar reconfigurando los archivos cuir. Las monjas y las relaciones dentro del convento quizás sean lo más cercano a una historia cuir oficial y autorizada antes del siglo XIX que represente características fundacionales de la comunidad LGBTTTI, aunque sea de manera hipotética y provocativa. Para mí, la vida conventual de hace tres siglos se conecta con el presente a través de la historia de mi tía ex-carmelita, quien se salió de monja después de haber vivido por más de veinte años clausurada en el convento de mi pueblo para irse a vivir a las Islas Canarias con una “amiga” (como te contará cualquier miembro de mi familia si les preguntas). ¡Me alegro por ella y por todas las (ex)monjas!


Autores
Doctorando en Estudios Hispánicos con un certificado en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Washington en San Luis, Estados Unidos. En el otoño de 2023 comenzará como profesor e investigador de literaturas coloniales en la Universidad de Colgate en el estado de Nueva York. Sus publicaciones académicas sobre género, raza y sexualidad en la época colonial se pueden encontrar en Hispanic Review, Bulletin of Spanish Studies y el Sixteenth Century Journal.

Ilustrador
Hilda Ferrer
Jarocha de nacimiento pero residente en CDMX, diseñadora de profesión, ilustradora de corazón, apasionada por los cómics y las caricaturas. Llevo casi 10 años generando gráfica y conectando con personas a través de ella. Me inspira muchísimo el cómic autobiográfico, me parece maravilloso, gratificante y motivador. Se ha vuelto una forma de terapia ocupacional muy importante en la vida, donde espejeo mi existencia con la de la otredad. El año pasado escribí, ilustré y auto publiqué mi primer comic llamado “Las trampas del ego”, actualmente trabajo en los siguientes tomos. Siempre he pensado que la vida es una aventura donde tú eliges que escenario quieres ver, que sensaciones quieres sentir y que papel quieres protagonizar. Creo firmemente que el viaje es el destino y hay que transitarlo con amor y coraje.
Tomado de Creative Commons.

Severo Sarduy nació en Camagüey, Cuba, en 1937. Fue un pájaro.

*

A Sarduy le gustaban los retratos, el humor, la ironía y burlarse de sí mismo. A veces era un él, a veces una ella: Lady S.S, plebeya y aristócrata. Hablaba de sí tierna y desmesuradamente. Fluía en su nominación. Una loca que disfrutaba de reescribir su historia, aprovechando la plasticidad del pasado para cambiarlo y hacerlo dinámico, para hacer de la ficción su autobiografía; demostrar que siempre se puede tener una última palabra. Esa era su política.

*

El lenguaje en Severo Sarduy opera en un nivel de vacío, en su fascinación y en su horror, que es sólo otra forma del deseo; el miedo es el deseo, pero con otro nombre. Hablamos de la fobia al espacio, del no haber y por lo tanto, la pulsión por llenar. De ahí la urgencia de penetrar los espacios vacíos del lenguaje. Por eso el arrojo protuberante y esponjoso del tejido, el ansia penetrativa, tan necesaria para la proliferación; pero ordenada proliferación, protuberancia poliédrica que se expande con sus reglas internas, ante la mirada del lector. Una rara avis de la literatura. Por más que se le compare con José Lezama Lima, muchas veces por la autoadherencia y admiración al universo lezamiano, no puede haber dos escrituras neobarrocas más disímiles. A nivel corpóreo, de masa, observados desde una distancia considerable, podrían confundirse, pero sus escrituras pueden llegar a ser incluso contradictorias.

Para Sarduy, la proliferación ocurre, quizá como pasa en Góngora, a un nivel de exactitud estricta, recalcitrantemente y de correspondencias milimétricas. En ese sentido, el lenguaje y el fondo en Sarduy se corresponde mucho más con una relojería puntual, un cristal de sales erigiéndose lenta y ordenadamente, pero jamás aburrida, jamás predecible. Esa geometría que se aprecia solo al microscopio, pero cuya forma macro tiene peluca y vestido fastuoso. Existe también una voluntad plena de recreación, de imitación, de disfraz, de juego mental y regocijo. De festival y atavío. Una real puesta en escena.

*

Sarduy, el exiliado, salió de Cuba en 1960 y no volvió jamás. Dirían que se afrancesó, pero yo creo que al irse se hizo más cubano.

*

La escritura de Severo Sarduy, como mago, o más bien, nigromante, artista y acróbata del lenguaje, avanza lentamente en la soga tensa de la intelección. Como Lezama y gran parte de las escrituras neobarrocas, su contraconquista es el privilegio del chiste oculto, del paladeo verbal, de la jerga caribeña elevada al prestigio, ya caricaturesco y anacrónico, del barroco español. Revive al lenguaje muerto y lo echa a andar, le da una vida. La exuberancia cubana sobrevivió y construyó su selva tropical con incrustaciones de flora oriental y fauna africana en la prosa de uno de los cubanos más monstruosos y excéntricos de la literatura.

*

Como instrumento verbal, el barroquismo busca una fuga que crezca alrededor de una idea o una imagen y la envuelve, la cubre capa a capa. El movimiento en el lenguaje barroco es de espiral, de ida y vuelta, de manojo de hilo, algo queda en el centro para ser descubierto. El barroco opera en tantos niveles, de sentido, de lenguaje, sonoridad, fraseo, forma, que no acceder a alguno o a varios de ellos no nos hace fracasar en la lectura, aunque una primera sensación así lo indique, sino que vemos desde un ángulo único una obra que pareciera construirse individualmente para cada lector. En el fondo, el barroco es muy generoso con los que deciden tomarse el tiempo de desenredar el ovillo. Llegar al centro o terminarlo no es realmente el objetivo, no es lo importante.

*

Contrario a lo que muchos pensarían, Lezama Lima apela a las sensaciones, no al entendimiento completo de su escritura porque, se entiende, cada intelección y cada sensibilidad son diferentes. Sarduy, mucho más preocupado por el juego intelectual, la ironía y el chiste, utiliza los procedimientos barrocos para desmantelar las estructuras convencionales del lenguaje, para fracturar la linealidad y adentrarse en una exploración caótica y apasionada de las posibilidades de expresión. Su escritura se convierte en un ciclón de imágenes y metáforas, un carnaval de palabras que se despliegan con frenesí elegante, engalanado y sonoro. Ingenio, pero también, ingenuidad por la novedad lingüística, por las audaces combinaciones de palabras, eso que en realidad es profundamente poético.

*

Cuando la palabra quiere decir mucho más de lo que le ofrecen sus acepciones se traviste; se asocia, que es una manera básica de hacer poesía y multiplicar los sentidos. Para Severo Sarduy, el barroquismo, entendido como un estilo, una forma de ser, de estar y de escribir y no solo de una época, implica una performatividad del lenguaje, un atavío lingüístico que pone en funcionamiento un código y un pacto con el lector. El barroquismo en la escritura de Sarduy es mucho más que una  ornamentación sobrecargada, es sobre todo, el exceso significante y significativo, el exceso que comunica una identidad y la complejidad celebratoria, ritual, mística; el barroquismo es sensorial, visual, sonoro, mucho más cercano a la experiencia psicodélica de lo que podemos imaginar.

*

Más allá de su virtuosismo estilístico, Sarduy también aborda temas tabúes incluso para su época, poniendo en relieve su propia homosexualidad. Sarduy desafía las normas sociales y literarias establecidas, reivindicando la diversidad y la libertad sexo afectiva. Su enfoque es audaz y valiente, más allá de los límites de lo convencional y celebrando la diferencia, la verdadera diferencia de los parias, los excluidos, los enfermos; en gran medida es un precursor de una literatura queer, rompiendo barreras y dinamitando el status quo literario. Pero lo hace desde un lugar de dignidad donde la risa se convierte en un acto liberador, en un instrumento de subversión y resistencia. Sarduy nos muestra que el juego es una forma de desestabilizar las estructuras de poder, de desafiar las performatividades convencionales y la renuencia a la ambigüedad.

*

Sarduy, el exiliado, outsider, anormal, orientalista, el más cubano, el más universal, labios carnosos, frente amplia, cuerpo menudo, enraizado, erotómano, nudista, tímido, barroco, simple, dicotómico, íntegro, fetichista, teórico, empírico, frontal, digresivo, esdrújulo, anal, diva, rumbera, monstruoso, clásico, pornógrafo, místico, draga, caribeña, fabulista, mitómana, fluida, espesa, seminal, flamboyán, cerezo, martiano, lezámico, travesti.

*

Pienso en lo fascinado que habría estado Severo Sarduy en un jueves pozolero en Acapulco: el escenario, los brillos, los travestis recreando a las grandes divas, la imitación, el festín plenamente barroco que es un pozole verde guerrerense y esa aura de estar en un espectáculo perenne, que no sabes cuándo termina realmente. Quizá nunca termina. Lady S.S sentada con una Corona fría al fondo de un bodegón improvisado, aplaudiendo. El espectáculo barroco nunca acaba. Severo Sarduy tampoco.


Autores
(Acapulco, 1989) estudió Letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es autor de Díptico, A pesar de la voz, Límulo y El viaje y lo doméstico. Ha sido beneficiario del PECDA Guerrero, del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA y actualmente de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía.
Ilustracción realizada por Rosario Lucas
Ilustracción realizada por Rosario Lucas

 

A es de placer anal,

Porque el cuerpo es el primer territorio político que conocemos y el ano que nos une -a todes- es el sitio del cuerpo donde se condensan nuestros sistemas políticos de exclusión y de odio y de separación; el sitio donde apre(he)ndemos a obedecer y cerrarnos y dejarnos cerrar, quedándonos aislades, soles, separades de nuestro mismo cuerpo. Y el ano es también el sitio de nuestra liberación: liberación del placer y del cuerpo, liberación de nuestro sentir y ocupar el mundo, liberación de nuestras opciones. Cuando une cuir redescubre los territorios anales (porque siempre es un volver, siempre es un recordar), pasa de blanco y negro a tecnicolor, de segunda a tercera dimensión, de buscar placer como algo externo y separado a saberse fuente infinita de placer y conexión. En esos momentos, la imaginación es la medida de las acciones posibles y cada momento donde el cuerpo se siente desde el cuerpo desborda las opciones existentes. El joto hace del ano una herramienta social, una fuente de políticas anales de la inclusividad radical que va mucho más allá de la penetración, triste imaginario sexual de la colonialidad donde lo único que importa es dominar-subyugar-silenciar. Genera políticas anales que se alejan de viejos modelos donde la población se domina, se subyuga y se penetra: se orientan al diálogo -quien sepa de anos sabrá que cuando se le habla y se le seduce, el ano se abre en un gesto profundamente político-; se orientan al cuidado mutuo -quien sepa de anos sabrá que yo me cuido el mío y también te cuido el tuyo cuando me lo confías, porque nadie se puede ver el suyo propio. Y, antes de todo esto y más, el ano es territorio de placer, de risa y de existencia exuberante.

 

B es de bisexual,

Porque por demasiado tiempo la bisexualidad se ha definido sólo en relación con un binario sexo-genérico triste y reductivo que nos deja a tantas y tantos y tantes fuera; porque las y los y les cuerpos que desean y experimentan placer con otros cuerpos son muchos y diversos y porque es tiempo que les miremos a los ojos y digamos existen, existimos. La sexualidad es fluida y diversa o no es.

 

C es de cruising (léase ligue)

Porque poco sabe la mirada machista de los territorios secretos de nuestra sexualidad pública; de esos parques tan centrales y conocidos y frecuentados donde una mirada, un guiño, un leve movimiento de manos nos une y nos conduce a una meseta de placer donde sólo estamos tú y yo y aquellos que nos miran con igual placer. Poco saben de esos baños y aquellos callejones, de estas esquinas de calle y aquellos paseos -siempre un lugar público y abierto- donde la masculinidad usa su privilegio para alcanzar el placer de un beso, un agarrón, una mamada y una culeada. El joto que liga construye ciudad en su camino, trazamos territorios de placer, de reconocimiento y de hermandad en momentos de placer compartido con un destello de travesura en los ojos y un pequeño saltito en cada paso. Nuestro placer anclado en la ciudad, transformándola poco a poco, un orgasmo a la vez.

 

D es para dedear

Porque con el dedo trazo los límites de mi piel y de tu piel y los borro, porque el acto penetrativo va tanto más allá del pene y porque mi dedo es sólo el índice del placer; porque como nos enseñó Paul Preciado el cuerpo entero es un órgano erótico y mi contrasexualidad es mi camino de liberación. Dedear, diddling y dulzura. Porque en darme dedo me re-conozco, dibujo mi cuerpo en derecho propio, porque mi dedo invita a tu dedo a una danza orgiástica donde ya no sé dónde termina mi cuerpo y dónde inicia el tuyo y si esto no es política qué es. Porque el dedo es el primer dildo que conocemos, una llave que nos abre candados que ni imaginábamos existían.

 

E es para esfínter

Porque no se trata sólo de controlar la salida sino permitir la entrada y qué mejor metáfora política para nuestro México cada vez más diverso donde cada día trae el reconocimiento de una y uno y une más de nosotres. Porque en la existencia cuir aprendimos a protegernos y sobrevivir sacando al machirulo del espacio inmediato, y florecemos al dejar entrar al otro cuir que aún no conocemos, ese cuerpo desconocido que nos aterra y atrae – y así podemos hacerle todas y todos. Un esfínter sano se mide en función de su capacidad de dejar pasar y no tanto de detener flujos por completo, ahí donde uno se cierre definitivamente tenemos problemas.

 

F es para fiesta

Porque la violencia feminicida y homófoba busca callarnos en sumisión y silencio y nosotres conocemos el poder de mirar de vuelta con alegría en los ojos y lágrimas en las mejillas mientras cuidamos de nuestres caídes y nos tomamos de la mano. Esas reuniones adolescentes donde ensayamos gestos y modismos son los espacios donde aprendemos a cuidarnos, y estas reuniones adultas son territorios que expandimos por la ciudad, y ahora estas festividades donde tomamos calles y plazas y oficinas públicas son nuestro regalo al mundo. Porque conocemos íntimamente el poder político de celebrar la vida cuando la violencia necrófila nos rodea, desde el machirulo golpeador hasta el psiquiatra con su diagnosis, el sacerdote con su condena y el servidor público con su encogida de hombros. Porque como dijo Rosa, si en esta revolución no hay baile yo no quiero ser parte de ella.

 

G es para gay

Porque rechazar una identidad transnacional sólo porque viene de fuera es resabio de nacionalismo rancio, como si alguien de fuera nos estuviera enseñando nuestro propio placer. Gay porque al re-conocerme no rechazo mi mexicanidad, mi identidad racial o étnica o lingüística, a veces ni una identidad de género, vato vato. Gay porque me quiero nombrar y nombrarte, y porque reniego que el mercado rosa tenga control totalitario de esta palabra-identidad, la retomo y te invito a retomarla y darle la forma que te guste.

 

H es para hormona

Porque cuando se calienta la hormona sabemos lo que sentimos y lo que queremos y buscamos y nos encontramos, la hormona es nuestra guía-vereda-recompensa, y también porque el binario sexogenérico se derrumba ante la fluidez del sistema hormonal que se resiste a las categorías de hombre/mujer. Porque la chamba de la hormona es enviar señales y qué hacemos les cuir si no enviarnos señales continuamente: todo está bien, salgamos a la calle, aquí se liga, ahí es mejor no entrar, aquí puedes ser tú. Cada señal y cada encuentro una transformación del espacio social y el territorio político hacia una homeostasis menos violenta, menos exclusiva, menos necrófila. Hormona con h de homosexual y hembra, de hija/hijo/hije y de hombre, con h de hogar del cual nos echan tan seguido y que terminamos reconstruyendo más grande y mejorts, con espacio para todes.

 

I es para infancias cuir

Las infancias cuir están floreciendo y esto es causa de celebración. Durante siglos la infancia ha sido una estadía vital marcada por la violencia simbólica y real, por el silénciate o te silencio, siéntate o te siento, cállate o te callo y hoy, aunque no niego que esto permanezca, volteo a mi derredor y veo infancias trans, infancias cuir, infancias jotas llenas de vida y alegría con una sabiduría en sus ojos que sobrepasa mi imaginación más salvaje. Marlene Wayar y Susy Shock subrayan que es nuestra responsabilidad, de todas y todos y todes, cuidarnos y criarnos con amor responsable y sincero, amor que no tema decirme cuando me estoy lastimando, y amor que me acobije cuando afuera haya tormenta. Las infancias cuir son esos territorios que no tienen límites de edad y en los que todes y todos y todas podemos encontrarnos, los territorios donde jugar contigo e invitarte a jugar conmigo es un gesto de amistad y amor, donde las normativas sociales de raza y género y sexualidad y toda esa bola de cosas que los adultos dicen y hacen no importan, porque si algo sabe le infante es divertirse y reír. Que cada une de nosotres encuentre los caminos a esos territorios de infancias cuir y llevemos a nuestres amigues, que cada infante cuir que nazca tenga entrada automática estos territorios y que nos cuidemos todes.

 

J es para joto

Porque el orden machista se ha empeñado por siglos en usar el vocablo joto para identificarnos en público, asociándonos con un comportamiento femenino (como si el chisme, el regocijo y la domesticidad no fueran acciones políticas para organizarnos colectivamente o alimentarnos y criarnos) y un comportamiento sexual penetrativo (como si permitir la entrada de otro cuerpo a mi cuerpo no fuera signo de valentía, coraje y sobre todo de amor). Porque soy joto, jotito, jota, jotazo, jotx, jotote. Joto porque mi jotería tiene más de México que todas sus ‘tradiciones’ de cananas y pistolas, tristes metáforas de penes que quieren tocarse y no se atreven o se castigan por hacerlo, tiene más que sus tradiciones de charros y tequila, tristes remplazamientos de homosociedades donde nos queremos y nos apoyamos, y de mecos y meados que quisieran saborearse el uno al otro y no se atreven. Méjico se escribe con jota.

 

L es para lesbiana

Porque sin ellas nuestra historia de activismo social y cambios legislativos sería mucho más corta y son ellas quienes hoy llenan los puestos de servicio público con orgullo, inclusión y transformaciones; porque sin querer escribir por ellas ni ocupar su lugar, reconozco que ellas me han enseñado y me siguen enseñando a crear mundos, aquellas mujeres que renunciaban al orden sexual y buscaban compañía en otras mujeres, las Frida Kahlo y Chavela Vargas y tantas otras que se perdían entre las tristes tradiciones familiares que no pueden ver el deseo femenino ni cuando les escupe en la cara, dos solteras amigas de la vida viviendo juntas.

 

M es para marica

Porque me dijeron maricón, marica y mariquita pensando que asociarme con María (la madre o la puta, quién sabe) sería insulto y no supieron el poder que me regalaban -lentes para ver las estructuras simbólicas del patriarcado y señalárselas a quien esté a mi lado: mira mira, eso de ahí es misoginia — mira mira, esto de allá es violencia feminicida encubierta — mira mira, aquello es odio internalizado necrófilo disfrazado de buena moral. Maricón, porque soy todos y todas y todes les sujetes excluides sistemáticamente por onvres que buscan acumular dinero y poder y quieren poner nombres en papel como si eso les diera derecho de propiedad de algo — el propietario está más cercano al esclavista de lo que se imagina, con su ilusión de ser dueño y señor de un complejo ecosistema que lo sobrepasa por mucho. Marica, mariquita y orgullosamente maricón porque es lo menos que puedo decir para honrar a aquellos que la violencia homófoba ha silenciado en muerte y no quiero que sus vidas se nos olviden ni que sus asesinos pasen desapercibidos.

 

N es para nies

Porque qué mejor locus corporal que el perineo para entender el nivel de miedo epistémico que caracteriza al patriarcado. El perineo, ese espacio de piel y músculos entre genitales y ano que se asocia con el primer chakra, fuente de nuestra energía más vital, permanece innombrado y silenciado; la zona erógena que compartimos todes, donde nuestros sistemas nerviosos nos regalan un área cargada de terminaciones y puntos sensibles que nuestros dedos rápidamente re-conocen aunque nuestros lenguajes nos lo nieguen: ni es culo ni son huevos, ni es culo ni es vagina. La estrategia simbólica de no nombrar cuerpo (que nuestras hermanas conocen íntimamente con toda su experiencia con instituciones médicas) se revela como estrategia de dominación. Pero el nies es, está y lo conocemos todes. Quienes no, bajen este libro en ese instante, busquen un lugar cómodo y seguro y tomen su dedo índice para explorar hasta encontrarlo, en esos músculos y esa piel y esas glándulas se esconden universos de placer, disfruten 😉

 

O es para orgullo

Porque es 2023 y si lo sabe dios que lo sepa el mundo entero. Porque en mi orgullo te encuentro, aliada y aliado que desde tu corporalidad también violentada por la colonialidad del género y de la piel puedes verme sin confusiones ni sombras ni ¿será…? Nuestro orgullo es una herramienta emocional, psíquica y política, una de las llaves que les cuir hemos encontrado y nos y les regalamos; llave que no sé ve hasta que se ve y entonces se ve en todos lados, cambiando de forma constantemente para ajustarse al candado específico que necesita ser abierto para salirnos que de la cadena de monogamia heteropatriarcal, o las cadenas del músculo y lo esbelto, o la fantasía del niño como futuro político siempre idealizado que nos ciega de las infancias que nos rodean y nos habitan a todas y cada una de nosotres, o las cadenas de la racialización que la colonialidad tan hábilmente esconde de pigmentocracia sutil en frases como mejorando la raza, o las cadenas de la misoginia brutal que siguen separándonos en machines y les que ‘se le nota’, que siguen haciéndonos objetos de burla y violencia. Para todas estas cadenas y más -porque sé en el centro de mis huesos que tú conoces tus cadenas mejor que nadie y que hay muchas que para mí ni se ven- el orgullo es una llave infalible; porque somos y con eso basta para gritar y reír y llorar y compartir vida, orgulloses de nuestra existencia.

 

P es para puto

Porque una palabra-arma no se desactiva escondiéndola en una cueva y papi Freud ya nos avisó que la represión tiene consecuencias violentas. No, una palabra-arma es una espada de doble filo, que corta a quien la usa y a quien la recibe, separándonos en un yo-otro que contiene todo un orden sociopolítico fundamentado en la exclusión, un yo-otro donde el puto siempre es otro, donde el yo queda entronado como el único cuerpo que vale y decide y actúa; un yo-otro que ‘mantiene’ un sistema político-económico ilusorio y frágil fundamentado en la destrucción del entorno natural y social a partir de la extracción del otro, cuerpo que también soy yo. Puto porque la palabra-arma se desactiva cuando le quitamos el filo a la espada en ambos lados y le cuir es especialista en limar filos -volvemos a las políticas anales, que por encima del filo que corta y penetra valoran la suavidad que cuida y acaricia. Puto puto putito puto puto putote puto puto puta puto puto. PUTO puto PuTo puto pUtO puto PutO puto pUTo puto P U T O puto puto puto puto. Porque puto se ha usado por suficiente tiempo como una cadena de la masculinidad heternormada, colonial y violenta y ya BASTA; puto el que lo lea y puto el que lo escriba, putos todos y puto nadie, puto mi padre y puto tu padre y puto mi hermano y puto el tuyo y puto yo y puto tú; putos todos los hombres y puto el que lo niegue, puto el que putee y puto el que no y si ya estamos en esas pues ven, vamos a putear.

 

Q es para queer

Porque nosotres decimos cuir en español y recordar es poder y recordemos las ramas que nos han dado el fruto de la palabra: Queer que en el inglés británico se usa para describir algo raro o diferente, algo un poco divertido y sin-sentido, a veces algún cuerpo borracho o sintiéndose algo rarito, que les angloparlantes jotos y lesbianas y trans e inter y más empezaron a usarla para autodefinirse al menos desde finales de 1800s. Dicen los etimólogos -arqueólogos y detectives de palabras- que queer viene del viejo alemán quer que significa diagonal y que ésta viene del viejo sajón thwerh que significa en contra y torcido y que luego ésta viene del viejo sánscrito terk que significa voltear, retorcer, girar y doblar; girar como el huso del hilo que con sus giros hace de muchas fibras, una. Cuir porque con la lengua se juega -si no pa’ qué- y porque en cuir cabemos todes, putos y putas y jotos y maricas y lenchas y trans y vestidas y tantes más que aún no nos han compartido su nombre. Cuir porque la palabra no nos da significado ni nos identifica, es un refugio y un techo para cobijarnos en la tormenta, un rebozo bordado, un espacio para armar la fiesta e invitarles a todes y todas y todos.

 

R es para reciprocidad

Porque les cuirs aprendemos rapidito que mi placer está atado a tu placer y no los puedo desconectar y el camino del placer recíproco me lleva a un camino político fundamentado en el cuidado mutuo: porque cuando yo te cuido, me cuido y porque qué bonito es contestar tu cuidado con el mío. La reciprocidad nos sitúa siempre en una relación de iguales aunque parezca que no lo seamos, porque en toda relación recíproca ese dar y recibir relaciona de forma interdependiente, paradójicamente otorgándonos una autonomía relativa que sólo nos imbrica más y más en un tejido colorido donde con cada relación, cada unión, cada hilo que se retuerce con otro, se abren más espacios para otres. La primera acción recíproca que les cuirs aprendemos es el mirar(nos), el mirar a otre y decir ‘hola, te veo’ y contestar con una mirada que dice ‘te veo también’ y regalarnos miradas y existencias en las miradas; es un regalo que ofrecemos con nuestro ser entero y nuestras experiencias y nuestras tristezas y nuestras alegrías.

 

S es para Salvador Novo

Porque sin buscar a ningún padre, es bonito recordar a quienes vinieron antes y fueron visibles y nos hicieron espacio en la imaginación y las calles, y Salvador era experto en perseguir los caminos del placer y llevar a otros de la mano por esas veredas y callejones; Salvador es un nombre que recordamos de una multitud de jotos y putos y lesbianas y trans de esas primeras décadas de nuestro México moderno y mágico, aquellos innombrados en fotografías policiales, posando en desafío y retando a los polis y a nosotres a mirarles de frente, a verles los ojos y sonreír con elles; es recordar a aquelles que tampoco temían re-conocer su placer, nombrándolo para sí mismes y para sus pares, compartiéndolo y al hacerlo armando nichos, enclaves y utopías breves; porque no nos engañemos, nuestra presencia púbica y pública tiene raíces en nuestras historias y nuestra gente; nuestro existir no es una copia, aunque digan que el gei lo es y el maldito mercado rosa siga invadiendo nuestras playas y destruyendo nuestros hábitat y gentrificando ciudades.

 

T es para trans*

Porque transición y tránsito y transacción y transmutación y transformación y transmigración son todas acciones que no son exclusivas de personas trans y que nos atañen como partes de una sociedad; porque sin el poder de la transmutación no nos vamos a salir de ésta, se los digo yo que vengo del futuro y lo he visto poblado de tantes hermoses cuerpes trans. Trans* porque mi cuerpo es mi decisión y hago con este espléndido territorio lo que quiera y ninguna regla ni ninguna ley me puede contener aunque movilice toda su violencia para hacerlo. Trans porque no hay nada más hermoso que la transformación de oruga a mariposa y ésta requiere de una completa disolución del cuerpo de la oruga para que las células imaginales hagan su chamba y le den forma al nuevo cuerpo y mariposas somos todos y todas y todes.

 

U es para unión

Porque la unión hace la fuerza y porque en mis amigas y mis amigos y mis amigues me reconozco y les brindo un espejo para que se reconozcan, porque si nos lastiman a une nos lastiman a todes y porque todes para une y une para todes, y todos, y todas; porque llegar a la unión implica un viaje y nuestras experiencias colectivas están marcadas por una travesía que inicia en el roto patriarcado nacionalista y nos conduce través del disentir con esas órdenes, y en esas comunidades estamos y cabemos hombres y mujeres, bugas y jotos, maricas y lenchas, hasta onvres y madres católicas y evangélicas: ven, únete a estos mundos nuevos.

 

W es para wuawis

Porque entre el ano y los dedos y el nies no hay que olvidar la boca, ese orificio que habla y produce sonido y significado y que contiene dentro de sí la lengua con la que lamo y saboreo y escurro y discurro por tu cuerpo y tu existencia, porque wuawis es la palabra callejera de mi juventud con la que nombrábamos aquello que en los libros de ciencia aparecía como sexo oral, como si se tratara sólo de una parte corporal y un acto ‘sexual’; porque basta de reducir nuestros placeres y nuestras corporalidades a las estrechas categorías que la ciencia moderna-colonial nos da como migajas; nosotres elegimos cómo nombrar nuestros placeres y así como los nombramos, nombramos nuestras existencias. Porque reírnos y usar los nombres que nos hemos dado de cara a la ciencia y su insípida apropiación de los placeres es otra forma de resistencia política, y resistir es más rico cuando lo compartimos.

 

X es para XXY (intersexualidad)

Porque aunque los médicos sigan debatiendo su existencia y sus categorías y sus características y que no sé qué más estamos y somos; queremos y sentimos. El binario no se ve más ridículo y frágil que cuando se enfrenta a un pequeñísimo cuerpo infante y decide movilizar una violencia quirúrgica antes que hacer espacio para esta nueva vida; porque recordamos a les nuestres que han experimentado esta violencia con cariño y cuidado y rabia y un juramento colectivo a oponernos a esta violencia; porque qué chiste y qué sentido tiene exigir nuestro lugar en sociedades binarias-coloniales si no mantenemos el espacio expansivo y abierto para incluirnos en nuestras diversidades corporales; porque ser inter está in y no tenemos por qué someternos a ningún orden binario de sexo, de género, de moral, de cuerpo, de placer, de posición sexual, de ningún tipo.

 

Z es para zona

Porque está la zona rosa y la zona erógena, la zona roja y la zona metropolitana: territorios espaciales y corporales donde se nos encasilla tan seguidamente, como si ser joto o lesbiana fuera sólo cuestión de qué hago con mi pito o mi culo o mi vagina -esa zona genital- y no fuese una cuestión de autonomía corporal y de lo erótico de toda mi piel y todos mis órganos y todo lo que a través de mis sentidos me estimula. Nuestra zona es la zona de la vida misma, aparecemos por igual en humanos y animales, en pingüinos que forman parejas homosexuales y crían pingüinitos y en macacos y delfines y jirafas y leones y elefantes y más; donde existe el sexo, existimos. Relegarnos una zona de la vida, de la ciudad y del cuerpo es una estrategia fallida. Nuestra zona es la zona donde estemos y estamos en todos lados. Mirémonos. Reconozcámonos. Abracémonos. Celebrémonos y compartámonos.


Autores
Iván Eusebio Aguirre Darancou creció en Sonora entre Pitiquito y Hermosillo. Estudió Licenciatura en Letras en el Tec de Monterrey y doctorado en Washington University en St. Louis. Enseña cine, literatura y medios enfocados en México en la Universidad de California, Campus Riverside. Escribe sobre cuerpos contraculturales, (homo)sexualidades disidentes y políticas del cuidado. Forma parte de un colectivo de teatro del oprimido y sigue aprendiendo a escribir y sentir desde el cuerpo.
Ilustración realizada por Hilda Ferrer
Ilustración realizada por Hilda Ferrer

1. La fiesta de los colores y las mantillas

Pese a la grandeza que le canta Lucrecio, Epicuro no dio tantos chismes de qué hablar como sí lo hicieron a través de los siglos los mitos religiosos que tanto criticó el filósofo, a propósito de los dioses griegos, primero, o los romanos, o los etruscos o los católicos apostólicos, que continuaron con las epopeyas de seres excepcionales que nada envidian a los personajes de leyendas y cuentos de hadas: apariciones misteriosas, rituales de sangre convertida en vino, inmolaciones, raptos, posesiones; estatuillas de colores en posiciones extrañas con vestidos a la moda de cada época tratando de imitar otra, maquillaje; representaciones teatrales con coros de niños, adolescentes desposadas con el mismo hombre y otros hombres recluidos y consagrados a otros hombres en vida, cuerpo y alma… ¡Oh la religión, esa gran ficción de fiestas, rituales y colores!

En tal celebración de las almas, además de las historias fundacionales, también hay objetos de uso ritual, así como espacios de veneración. Quiero centrarme en los espacios de veneración institucionalizada, tal como sucede con las iglesias de la Santa Sede. No quiero hablar de la religión en sus límites y alcances espirituales, sino de la institución que durante miles de años se ha dedicado a imponer reglas bajo supuestos preceptos morales y que se ha llevado entre las patas a muchas personas, ya sea porque sus adeptos no lograron entender que las bases espirituales son para la liberación (amémonos lxs unxs a lxs otrxs) o porque sólo querían la justificación de sus propios prejuicios.

Y asincerándonos un poquito, aunque a mí me gusta mucho la iconografía cristiana, así como la historia de la religión (sobre todo el arte paleocristiano), la verdad es que las bases de la religión católica como la conocemos en América Latina vienen del pensamiento colonial más rancio, y qué espanto, amiga, qué espanto.

Pero bueno, todo esto viene a cuenta porque les quiero contar una historia de doble resistencia. Como todas las historias que se repiten y que nos hablan de nuestra sociedad contemporánea, sucede, sucedió, sigue sucediendo y sucederá hasta que se cambien las bases sociales mismas.

 

2. Oasis para saciar la sed

Consuelo de los afligidos… así reza la letanía a la Virgen y por alguna razón, es a ella a quienes se acercan los desvalidos, como si en verdad la figura materna fuera más cercana a los desterrados que la del Cristo ensangrentado en su cruz.

Un oasis se define como un paraje exótico lleno de vegetación en medio del desierto: plantas milagrosas con ramas colmadas de fruta madura, sombra densa de palmas y palmeras para descansar del viaje, un espejo de agua fresca y abundante para saciar la sed, animales que habitan el oasis y que recuerdan las promesas del paraíso terrenal.

Pero también los oasis son la forma de resistencia por excelencia. En medio de la distopía de un mundo desértico, se abre el refugio en el que podemos existir, ser nombradas, saciar nuestra sed de amor, colmar el hambre de justicia. Quizás a muchas personas les parezca chocante que haya comenzado este ensayo hablando sobre la institución religiosa, pero ¿cómo describir el oasis sin comenzar por el desierto? Aunque la institución religiosa de la Santa Sede se haya empeñado en destruir aquello que la criticaba desde la otredad, siempre han existido oasis que impiden la total cancelación: el gigante tarda mucho en moverse y no puede ver las pequeñas cosas que se gestan, germinan y florecen en los diminutos orificios que se abren en su carne colosal.

Es ahí donde se nos aparece la imagen de un niño.

En México tenemos presente este imaginario gracias a la constante propaganda televisiva de la institución católica: ¿se acuerdan de la película “Marcelino, pan y vino”? Bueno, comencemos por una imagen parecida: un niño español rezando en la iglesia.

Sólo que este niño no se llama Marcelino, no le lleva de comer a un crucifijo animado por artes oscuras ni fue utilizado para ayudar a la institución católica a afianzarse en el imaginario mexicano. Al contrario, el niño del que quiero hablar, aunque sí creció entre vírgenes y crucifijos, su historia es poco conocida en México, aunque es apreciado en Barcelona, Sevilla, etc. Paul Preciado le dedicó un estudio titulado “La Ocaña que merecemos. Campceptualismo, subalternidad y políticas performativas”, en el que analiza de qué manera se han utilizado términos:

Cursi, kitsh, camp, hortera, queer… son retóricas de la inadecuación política que en el lenguaje dominante indican el mal gusto, la vergüenza social, el ridículo público, la falsedad, la fealdad, el exceso, la patología sexual. Estas nociones existen sólo frente a las normas de producción de identidad social que construyen trasversalmente a judíos, gitanos, homosexuales, emigrantes, vendedores ambulantes y teatreros, prostitutas, desclasados y vagabundos, todos ellos minorías cruciales en la estratificación biopolítica de la modernidad1.

Es ahí donde encontramos ya dos desiertos bastante similares, por lo que habrá que buscar más oasis.

 

3. Ocaña, dios solar

El dios Ocaña tuvo dos nacimientos: uno en Castilleja, Sevilla, y el otro en Barcelona. Del primero, el mortal, nacieron con él sus encajes y mantillas; del segundo, el apolíneo, su arte y su séquito. Desde niño su mirada derramó el fulgor solar: veía hasta los colores más hermosos en las pequeñas piedras bajo el polvo sepia. De la religión aprendió las reglas y la transparencia de los encajes, la fiesta para celebrar la agonía, así como la devoción de las velas encendidas un viernes santo donde muere el dios que luego renacerá con frutas dulzonas y risas entre rituales de la fertilidad. Lo imagino inmóvil ante la belleza de la virgen de la asunción, devoto a la teatralidad del rito, al lipstick de las estatuillas estilizadas, a lo profano de los cánticos en las misas.

Decía Ocaña que de la religión a él lo que le gustaba era el fetiche.

Mostró sus orígenes a cada paso: pintando sus vírgenes o sus escenas flamencas; vestido con peineta y mantilla o acaso las figuras de papel que reproducían el imaginario religioso de Castilleja. Pero en el mundo del pueblo macho hay dos grandes límites: el que se impone a las mujeres y el que se impone a las sexualidades disidentes, ambos por enseñanza de un patriarcado omnipresente.

Si Ocaña pudo acceder al mundo religioso de Castilleja, fue a través del reconocimiento de las mujeres flamencas. Y por equivalencia, si pudo acceder en Barcelona a un mundo artístico desde el underground, fue gracias a proyectar el reflejo de lo aprendido e imitado en Castilleja, desde su propia perspectiva de colores y libertad.

La homosexualidad de Ocaña que tanto gustan resaltar sus críticos, es parte de una estética que fue desarrollada entre la iglesia y las costumbres flamencas, espacio de ocio y diversión donde el ritual, el fetiche y el oasis se combinan: “A los hombres no nos dejaban jugar con muñecas, y en Andalucía muchos maricones se resarcían de esas prohibiciones dedicándose en exclusiva a vestir y adornar a las vírgenes. (…) Pareciera mismamente que el invento de las vírgenes “de candelero” se debiera a la ocurrencia que un día tuvieran unas mariquitas católicas barrocas aburridas.”2

Es decir, si a Ocaña le gustaban tanto los fetiches de iglesia era porque había una transgresión que iba de lo sagrado a lo teatral. Aunque no me malentiendan, eso no tiene nada que ver con una falta de creencia. Se acerca más al juego, al adorno, a la celebración y a la transformación profunda de los símbolos, que solo a la crítica.

En el ritual pictórico y performático de Ocaña, la institución de la iglesia no tiene cabida, sus invenciones son meros simulacros de los rituales católicos que, tanto para él como para muchos, se han vaciado de sentido y necesitan llenarse con otro. De forma inevitable, al retomar de la tradición los elementos necesarios para su expresión, los reformuló bajo su particular punto de vista y asimiló los viejos moldes, dejando elementos que perduran en el imaginario, pero provistos de un nuevo significado, más glamuroso, más infantil y menos solemne.

El juego de Ocaña es el juego de la luz del sol que baña a las vírgenes coronadas de flores, listas para la procesión: él será tanto la fiesta de colores como la Virgen en su papel principal.

Al leer sobre Ocaña, me parece como si él se hubiera quedado suspendido en ese mundo infantil y tosco donde el Cristo sangriento es una imagen demasiado terrible que hay que adornar con flores y, en cambio, la Virgen ofrece de sus manos variedad de colores, sabores, formas.

 

4.  Ocaña, pintor

Cuenta Nazario en sus memorias que un día se encontró Ocaña con un hoy desconocido galerista. Durante el encuentro, el galerista le dijo al pintor que le parecía que su obra era muy kitsch. Ocaña, al principio, se sintió halagado porque no sabía qué era kitsch ni sabía el contexto en el cual lo estaba aplicando el galerista, pero la palabra le sonaba muy mona. Más tarde, les contó lo sucedido a los demás. Cuando le explicaron que kitsch se refería de manera despectiva a un arte ingenuo, Ocaña entró en cólera y replicó: “¡ahhh pero si yo no tengo nada de ingenua, eso sí que no!”3

Ocaña llegó desde Castilleja con la idea fija de vivir en el arte. Le llamaba la atención el ambiente bohemio y la intelectualidad. Eso que las muchachas de las periferias buscamos, deslumbradas por una promesa de apertura singular de las ideas. Porque yo me cuento entre lxs descastadxs que llegan a buscar los ambientes intelectuales sin saber que existen mecanismos que sostienen, aprueban y respaldan un sistema de meritocracia en el arte.

Así, al llamar kitsch al arte de Ocaña, el galerista estaba enviando un doble mensaje: por un lado, tenía que utilizar un lenguaje aprobado por el circuito artístico y, por el otro, tenía que delimitar el terreno mismo del arte, señalar la diferencia y colocar al pintor en contra de la bienpensante modernidad occidental, toda razón, orden y progreso.

El estudio de Tomas Kulka sobre el kitsch comienza, al igual que el de Paul Preciado, por definir de dónde viene la palabra. Los dos autores coinciden en que, si bien no hay un origen certero, la palabra desde el comienzo tiene connotación negativa y que “se ha usado como sinónimo de arte sin valor, indecencia artística o simplemente arte de mala calidad”,4 dice Kulka en comparación con la definición de Preciado que cité antes.

Lo que me parece que conecta a los dos es la idea de la “indecencia artística”, pues se refiere a que el kitsch transgrede valores morales que sólo se dan dentro del circuito del arte, como la pureza y la tradicionalidad. Es decir, el kitsch no es honesto, ni responde a los valores que acatamos en el arte occidental colonial como lo verdadero, lo bueno y lo bello: parece que se refiere más a una inversión de estos valores; sin embargo, como en todo sistema, ¿quién ha definido lo que es verdadero, bueno y bello, si no es desde preceptos morales que derivan de un sistema que relega a la otredad?

El mismo Tomas Kulka acepta que el problema del kitsch no se resuelve con el relativismo radical: de gustibus non disputandum est. “Pero, de no aceptar ese subjetivismo o relativismo radical, ¿podemos conciliar ese atractivo con ese desprecio sin reducir los juicios estéticos a meras expresiones autobiográficas de preferencias estrictamente subjetivas?”5 Si no se cambia el punto de vista desde donde apreciamos el kitsch, se corre el riesgo de que una élite de especialistas siga reduciendo sus juicios desde sus expresiones autobiográficas y subjetivas.

Norbert Elías muestra el conflicto cuando define el kitsch como “una expresión de esa tensión entre el desarrollado gusto de los especialistas y el dudoso e inculto gusto de la sociedad de masas”.6 Cuando un “especialista” califica de kitsch a la pintura de Ocaña, remarca que no pertenece al gusto de la norma y la tradición pura de los especialistas, sino que es otra cosa.

Encontramos entonces que los circuitos artísticos tienen también sus propios dogmas. Esta manera de entender el arte como algo lleno de pureza y tradicionalidad, es una forma de catalogar la experiencia estética en los parámetros de la retórica religiosa y moral. Utilizar el término kitsch para determinar el valor de una obra de arte, impone una inadecuación, señala la no-pertenencia a los valores hegemónicos de un circuito artístico que busca perpetuar, sostener y vender bajo sus propios parámetros.

Sin embargo, al colocar a Ocaña como sólo el pintor homosexual, le quita potencia a su discurso crítico. Es una forma de desarmar políticamente, ya que coloca al otrx en una forma de “diferencia necesaria”, por ejemplo (y hago una interpelación a la imaginación de quien estuviere leyendo esto), cualquier cñoro del arte podría decir sin problema: “las pinturas de Ocaña son así porque él era ho-mo-se-xual”. Es decir, se espera una exotización, así como una valorización del arte sólo por la condición del pintor: “Ocaña es presentado como “el pintor travesti de las ramblas”, “andaluz, homosexual y pobre”, menos conocido por su obra plástica que por su ejercicio público de disidencia sexual”.7

En esto, las minorías debemos tener cuidado, ya que al echar mano de las políticas de identidad, se corre el riesgo de ser/estar doblemente en un desierto: aquel del contexto opresivo (como el ambiente católico donde Ocaña encontró un oasis en las vírgenes) y el de los epítetos con el que otros moldean nuestra experiencia vital y artística para, al final, dejarnos de lado si no militamos en las filas del sistema hegemónico.

Hagamos nuevos oasis de representación real. Reclamemos los espacios que nos han quitado. Y hagamos oasis de resistencia en los espacios que nunca nos han dado. Eso es lo que nos queda, lo que tenemos, lo que siempre hay que hacer. No dejemos que nos impongan un epíteto que nos limite nuestra experiencia vital: nuestro cuerpo, nuestro amor y nuestra sensibilidad no son negociables. Tomemos la fiesta de las mantillas, hagamos temblar las religiones y el arte: llegó el momento de bailar sobre las ramblas.

 

Bibliografía

Elías, Norbert. “El estilo kitsch y su época”, en El Kitsch. Casimiro Libros, Madrid, 2011.

Kulka, Thomas. El Kitsch. Casimiro Libros, Madrid, 2011.

Luque, Nazario. La vida cotidiana del dibujante underground, Anagrama, Barcelona, 2016

Preciado, Paul. “La Ocaña que merecemos. Campceptualismo, subalternidad y políticas performativas” en Ocaña 1973-1983: acciones, actuaciones, activismo. Catálogo de la exposición en el Museo La Virreina, Centre la Imatge, Institut de Cultura de l’Ajuntament de Barcelona, 2011.


Autores
Es autora de los libros de ensayo literario "Huérfanos" (2015), "La pulga de Satán" (2017), "Los caballeros se quedan a descansar" (2018), “Visita guiada al mundo de los muertos” (2021) y “Paniske o cómo todo está lleno de diosas” (2022). Recibió la beca de Residencias Artísticas para concretar la investigación de su libro “Autos, moda y discos punk” en Barcelona, España en 2019, y a partir de ese proyecto le fue concedida la Beca de Escritura Creativa de Barcelona Ciutat de la Literatura 2020. Fue parte de la residencia internacional de arte Can Serrat 2022 y le fue otorgada la beca MAEC-AECID de la Real Academia de España en Roma 2022-2023. Es parte del 9º Programa de Estudios Independientes del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona 2023-2024.

Ilustrador
Hilda Ferrer
Jarocha de nacimiento pero residente en CDMX, diseñadora de profesión, ilustradora de corazón, apasionada por los cómics y las caricaturas. Llevo casi 10 años generando gráfica y conectando con personas a través de ella. Me inspira muchísimo el cómic autobiográfico, me parece maravilloso, gratificante y motivador. Se ha vuelto una forma de terapia ocupacional muy importante en la vida, donde espejeo mi existencia con la de la otredad. El año pasado escribí, ilustré y auto publiqué mi primer comic llamado “Las trampas del ego”, actualmente trabajo en los siguientes tomos. Siempre he pensado que la vida es una aventura donde tú eliges que escenario quieres ver, que sensaciones quieres sentir y que papel quieres protagonizar. Creo firmemente que el viaje es el destino y hay que transitarlo con amor y coraje.
Retrato de Tennessee Williams por Juan Bastos. Recuperado de Wikimedia Commons (CC BY 3.0)
Retrato de Tennessee Williams por Juan Bastos. Recuperado de Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

i. sobre el tejado de zinc

Hace 40 años, Thomas Lanier Williams moría en una suite del Hotel Elysée de Nueva York, rodeado de botellas de vino y frascos de barbitúricos. El impulso de los diarios fue asegurar una sobredosis. Las sobredosis mitifican la muerte de los artistas. Un escritor consumido por sus vicios, entregado a los demonios del exceso, vende más que uno que muere plácidamente rodeado por sus nietos. Y siempre es taquillero un escritor solo, en alguna habitación sórdida a la que después, si existe algo de justicia, colocarán una placa conmemorando el hecho: aquí murió un eminente escritor. Quizá incluso se convertirá en un museo, o el hotel ascenderá de categoría, como aquel en el que murió Oscar Wilde, en París, y que ahora cobra cerca de 1000 euros la noche. La muerte de los genios puede ser caprichosa, no siempre dignifica. A veces, la muerte de los genios es simplemente una lección de risa socarrona, un recordatorio de humildad, un estatequieto al ego, brutal, definitivo, incluso, un episodio de 1000 maneras de morir.

La escena en el Hotel Elysée no solo era digna de un escritor decadente, atormentado por la falta de inspiración, porque los éxitos dejaron de llegar: un sistema de planetas de papel orbitando el cesto de basura, las derrotas del escritor, de malos comienzos arrugados, el corazón hecho puños de papel. Y esta muerte mereció también una última dirección, la didascalia fúnebre de dios: Thomás Lanier Williams, nuestro mítico Tennessee Williams, intentando abrir desesperadamente un frasco, se atragantó con una tapa de secobarbital. No sabemos si ese día él deseaba morir, si había decidido entregarse a la quietud de los barbitúricos. Y no importa. Muere. A los 71 años. Tampoco sabemos si en la habitación había caca de perro, como llegó a insinuar Truman Capote, su amigo de juergas y casi un cruel detractor, otro genio consumido por la hiel de la soberbia. No estamos aún seguros si en la garganta de Williams, además de una tapa de barbitúricos había una última declaración, un agradecimiento a un amante final, desconocido, generoso, pero el telón bajó para él.

ii. vida emocional de las iguanas

Williams conoció a Frank Merlo en 1947, en Nueva York. Aunque las versiones difieren en el cómo, pudo haber sido en alguna reunión, en una callejuela mientras deambulaba buscando el contacto visual de los extraños o en Broadway, mientras miraba con recelo las marquesinas que no exhibían sus obras. Prefiero imaginar que hubo un momento en el que ambos se miraron; una simple escena de cruising ocurriendo entre un escritor consumado y un joven actor, sin que al principio ninguno de los dos supiera quien era el otro, cobijados por el anonimato del sexo entre desconocidos. Fue en la época de los primeros éxitos con El zoo de cristal (1945) y Un tranvía llamado Deseo (1947). Del flirteo callejero a pasar 14 años juntos; esos amores inesperados que no tuvieron ninguna expectativa y que crecieron a base de una buena cantidad de éxitos, viajes a su casa de playa, amantes compartidos, vida glamurosa, desenfadada y excesos. Y claro que el amor tenía de dónde crecer, donde echar sus raíces, aéreas, tropicales y expuestas, de manglar, como los amores suspendidos que a Williams le gustaba construir en sus obras.

Merlo se convirtió no solo en el amante, la pareja de planta, sino en el secretario y finalmente, en el enfermero de Williams. Los constantes altibajos del dramaturgo lo volvían un ser frágil ante el apuesto y novato actor. Si existía una relación vertical entre ellos, nunca descartaría que fuera Merlo quien ejerciera el poder; siendo once años más joven, su belleza podía avasallar todo pronóstico de sometimiento ante la monstruosa fama de Williams. Las peleas, rabietas, infidelidades y violencia física fueron transformando la relación hasta que, al final, eran solo un par de amigos que se conocían demasiado bien como para odiarse, demasiado bien como para seguirse amando. Decidieron, por tanto, cohabitar, que quizá sea la muestra máxima de respeto a la existencia del otro. Luego, Merlo enfermó de un cáncer que lo consumió demasiado rápido. Williams le había dedicado La rosa tatuada, una de sus obras más icónicas y la única con un final feliz. Tras la muerte de su compañero, Williams no volvió a ser el mismo y se abandonó a los excesos, a sus depredadores.

iii. la primavera del señor Williams

Sin saberlo o quererlo, Williams contribuyó a que algunos arquetipos homoeróticos florecieran; de la mano cinematográfica de Elia Kazan, nació la imagen de Marlon Brandon sudado y en camiseta que ahora tanto nos gusta ver en gif, de esa masculinidad vulgar, casi ofensiva, que irradiaba gran parte de la publicidad. Ese Marlon Brandon que primero había debutado en Broadway, maravilló con su interpretación y su aspecto en Un tranvía llamado Deseo. Con el tiempo, ese rol se convirtió en uno de los más codiciados por los actores, un ritual de paso para los mejores dotados. Hace apenas unas semanas, el nuevo chico de oro, recientemente fetichizado, Paul Mescal, asumió el reto en la reposición del Almeida Theatre en Londres. Pienso que a Williams le habría encantado ver a un actor como Mescal interpretando a unos de sus personajes insignia. Pienso en una encuentro ficticio entre Paul y Tennessee, sus ojos encontrándose en la orfandad y la ternura. El reto en los personajes de Tennessee Williams quizá es sobrevivir a la locura: personajes límites, desestabilizados, oníricos, lobotomizados y que al mismo tiempo representan lo más humano y permanente de todos: nuestra salud mental funambulista. ¿Habrá sido eso lo que comenzó a incomodar al público norteamericano? Darse cuenta de lo cerca que estaba del estado mental de Blanche Dubois y su miedo irracional a morir por comer una uva contaminada. Se ha hablado demasiado de la correspondencia entre la vida de Williams y su obra, ese análisis tramposo y facilista que abarcaría únicamente algunos acontecimientos biográficos, metidos con calzador en una obra vastísima y compleja, con sus muchas obsesiones, sus fijezas, su insistente exploración de bajo fondo.

Aunque Williams no murió en la pobreza ni en la desgracia absoluta sino, más bien, en la remembranza de sus primeros éxitos –esos que lo convirtieron en una celebridad a los 34 años–, es cierto que hacía décadas que sus obras no gozaban de la misma popularidad y que la prensa se encargó de hacerle saber que el mundo había cambiado sus intereses. Había pasado el tiempo de El zoo de cristal y Un tranvía, obra que lo dejó por mucho tiempo en la cima. Llegó un momento en el que el público dejó de llenar los teatros. Este cambio en la recepción de sus obras en la última etapa de su vida pudo deberse no solo a su calidad o repetición de fórmulas, sino más bien al cambio en la sensibilidad del público norteamericano. De pronto Williams era demasiado sórdido y desesperanzador, algo que esa sociedad había decidido que ya no quería ver nunca más.

iv. último verano del poeta

Dice el personaje del relato “El poeta” que “el que ama a los jóvenes ama también el mar.” Cuando pienso en Tennessee Williams pienso en el sudor. Atmósferas opresivas y sensaciones térmicas tropicales, esa salitre pegada a la piel que está en varias de sus obras. Hay una sensación de calor perenne y sofocante. Las estancias del dramaturgo y Merlo en su casa de playa podían extenderse tanto como sus viajes por Europa. Esos sitios inhóspitos a los que siempre estuvo acostumbrado y de los que nunca se fue. Tennessee Williams amaba la playa, el sudor y a los muchachos que, como en su relato, solían rodearlo para admirar su silenciosa sabiduría. Suele decirse que Williams era más poeta en su teatro que en su poesía. Es cierto. También es cierto que le debemos relecturas, actualizaciones, crítica más allá de lo biográfico, quizá nuevas adaptaciones cinematográficas, menos edulcoradas que las que conocemos. Quizá fuimos demasiado severos con él. No perdonarle haber cambiado el teatro y repetirse, ir en círculos buscando la sencilla y lírica perfección de al menos un puñado de sus obras. Decía el poeta Williams:

Y nosotros, que pensábamos que seguramente la noche

Nos traería la victoria o la derrota

Solo descubrimos que las estrellas son un blanco

Trébol en nuestros pies desnudos.


Autores
(Acapulco, 1989) estudió Letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es autor de Díptico, A pesar de la voz, Límulo y El viaje y lo doméstico. Ha sido beneficiario del PECDA Guerrero, del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA y actualmente de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía.
Ilustración realizada por Rosario Lucas
Ilustración realizada por Rosario Lucas

Soy una mujer trans. Soy salvadoreña. Me presento como una mujer trans porque es parte de mi lucha. Es necesario visibilizar que somos mujeres trans para poder posicionarnos políticamente desde la lucha en cuanto al reconocimiento de nuestra identidad de género.

Lastimosamente mi historia de vida ha tenido muchos obstáculos, mucha discriminación desde temprana edad, se puede decir. Y con poca información en cuanto a derechos humanos y también poca información en cuanto a mi identidad porque, bueno, yo tengo 34 años de edad y cuando era adolescente no era fácil buscar conceptos sobre qué era ser una mujer trans, ¿verdad? Yo crecí desconociendo qué era una persona trans, simplemente actuaba como yo me sentía. Y actuar, digamos, desde esta forma femenina, porque estaba construyendo mi feminidad, me hizo pasar ciertos episodios de violencia y de discriminación, por ejemplo, no poder terminar mi bachillerato, no poder graduarme con mis compañeras y compañeros, ya que cuando tenía 14 años sufrí una discriminación por parte del instituto por parte del director y del subdirector. Entonces estaba descubriendo mi sexualidad.

En ese momento tenía mucho miedo al mundo, a mi familia, porque quieras o no, la familia es el primer peldaño o la primera persona que te da una bofetada en tu cara cuando eres una persona trans, porque la familia que debería ser quien nos debería apoyar, nos debería de cuidar, ¿verdad? Por el desconocimiento es que a muchas de nosotras nos han corrido de nuestros hogares. Entonces tuve que irme de este instituto a otro en el que me dejaron estudiar pero con condiciones, y aparte de esto, mi educación no fue integral como la de mis otros compañeros porque yo no podía acceder a espacios porque me discriminaban otros alumnos de la institución que estaban en esos grupos y le decían a los encargados que no querían que yo fuera parte del grupo de danza, por ejemplo.

Crecí con poca información, crecí en la pobreza extrema. Vengo de una familia desintegrada, no conocí a mi papá. Cuando yo tenía tres años de edad él falleció, entonces mi madre fue la cabeza del hogar y quien se encargaba de llevar la manutención para la casa.

A medida que fui creciendo me di cuenta de que no tengo que seguir las reglas o patrones de la sociedad que me quieren imponer cómo tengo que ser yo. Me di cuenta cuando llegué a los 18 o 19 años que Britany tenía que renacer. Tenía que visibilizarse. Tenía que externar quién era yo.

Fotografía de Lizbeth Hernández

Conocí a Britany a inicios de febrero de este 2023 en San Salvador. Ella estaba trabajando en las oficinas de la Asociación Solidaria Para Impulsar El Desarrollo Humano, ASPIDH, una organización de mujeres trans que “promueven, defienden y luchan por los derechos humanos de las personas de la diversidad sexual salvadoreña, en especial de las mujeres trans”. Había ido a este lugar para encontrarme con Aranthza, otra joven trans cuya historia sigo desde finales desde 2022, cuando la conocí en Xico, Guatemala, en el Encuentro Feminista Centroamericano.

Me interesaba conocer más de la situación que viven las trans en El Salvador. Desde hace algunos años acompaño desde mi labor como fotoperiodista la lucha trans en México y, cuando se ha dado la oportunidad, en otras geografías de América Latina. Esto también me llevó a ser fotógrafa aliada del Archivo de la Memoria Trans México. Esto le comenté a varias mujeres trans con las que pude platicar aquel día. Entre ellas, Britany.

Britany es una mujer que sonríe con facilidad. Habla sin prisa, como procurando asegurarse de que quien la escucha, comprenda con claridad lo que está compartiendo. Así lo hizo aquella tarde en una de las oficinas de la organización. Era una de esas tardes calurosas en San Salvador. El ventilador apenas podía darnos un poco de frescura.

Fotografía de Lizbeth Hernández

Hoy en día con mi identidad y expresión de género me siento más segura de mí misma porque yo también crecí con muchos complejos, con muchos miedos. Mi autoestima era muy baja en mi adolescencia y esto me llevaba a pensar ciertas cosas negativas. Incluso hubo momentos en que pensé quitarme la vida […]

Fui creciendo y a los 19 o 20 años empecé con mi transición para adecuarme al género con el cual yo me identificaba o quien soy yo en realidad. Inicié ese camino largo. Cuando una mujer trans hace su transición comienza a perder todas estas formas de poder, de ser parte del sistema.

Cuando ya tenía varios años de haber transicionado, conocí a las compañeras de ASPIDH, que es la organización en la cual yo me estoy formando y soy parte actualmente. Me pareció un gran trabajo. En aquellos tiempos sólo se hablaba del VIH, sobre cómo podíamos luchar contra esta enfermedad de transmisión sexual.

Cuando yo vine a ASPIDH me interesó el tema de los derechos humanos, poder hablar desde mi realidad y poder construir narrativas que puedan cambiar el mundo. Lo que más me ha motivado es luchar por el reconocimiento legal de mi nombre, porque Britany sea acreedora de derechos humanos, que Britany sea reconocida legalmente en su país. Mi activismo también es por otras compañeras que han perdido la vida, que han migrado, que están asiladas en otros países, que han muerto en estas calles de San Salvador buscando esa economía que las empresas nos niegan.

Las opciones para que las personas trans puedan desarrollar sus proyectos de vida siguen siendo limitadas. El estigma, la influencia de los grupos conservadores y antiderechos, la discriminación, criminalización, entre otros aspectos, les colocan en escenarios de vulnerabilidad.

 

Entre las principales violaciones o abusos contra mujeres trans en El Salvador están la discriminación y las golpizas y agresiones físicas; también violaciones, abuso sexual, intimidación y amenazas, intentos de crímenes y crímenes motivados por odio. Así lo consigna el informe de 2021 No me muero, ¡me matan!, de la RedLacTrans, ASPIDH, que contó con el apoyo de la Robert Carr Fund.

Y, aunque ha habido logros para el movimiento LGBT+ en este país, siguen siendo muchos los pendientes para la población trans: como que puedan acceder a mejores empleos.

Lastimosamente en El Salvador toda la vida hemos vivido dificultades las personas trans. La perspectiva de vida es de 35 años de edad. No solamente por las enfermedades de transmisión sexual sino también por la idea de feminización que hay. Muchas nos automedicamos, nos inyectamos cosas o sustancias que son dañinas para nuestro cuerpo [como los polímeros].

En El Salvador vivimos en pobreza extrema. Según informes que hemos trabajado no contamos con inclusión laboral, hacemos una deserción escolar a muy temprana edad, sólo el 33.33% de personas trans en el país hemos logrado terminar un grado básico y eso lleva a no crear un proyecto de vida. Porque tú me puedes ver aquí, en una organización, formada, empoderada, pero sin un reconocimiento legal en mi país yo no me puedo ver de aquí a cinco años.

No me puedo ver culminando una carrera, no me puedo ver siendo parte de una empresa o dueña de una empresa, por todo el estigma social, por toda la discriminación, por la criminalización que el sistema nos hace a las mujeres trans y más en este estado de excepción porque no contamos con documentos que garanticen nuestra identidad. Entonces quedamos a la buena voluntad de los funcionarios públicos, quedamos a la buena voluntad de estos cuerpos de seguridad, que son los que tienen el poder actualmente en El Salvador y si ellos quieren te respetan tu identidad.

La guerra contra las pandillas es algo bueno, ¿verdad? Porque viene a cambiar la violencia que se vive, pero hay otros puntos que pensar, porque hay personas que quedamos indefensas en medio de esta guerra y somos los grupos en situación de vulnerabilidad, como somos las mujeres trans. Al no tener documentos que nos reconozcan legalmente nos llevan a centros penitenciarios de hombres, entonces podemos ser violadas, agredidas sexualmente o cualquier otra cosa que ellos puedan hacer con nuestros cuerpos. Aparte de que la exposición de nuestros cuerpos desnudos creo que ha sido una afectación que en este régimen se ha dado, aunque también el maltrato hacia nosotras ha pasado en otros gobiernos.

Desde marzo de 2022, El Salvador vive en un régimen de excepción. El Congreso, controlado por el presidente Nayib Bukele, dio luz verde a esta medida por mayoría de votos. Bukele hizo la solicitud para responder al incremento de violencia homicida que se registraba en el país, misma que ponía en entredicho la efectividad de otra medida del gobierno, la del Plan de Control Territorial, lanzado en junio de 2019 para hacer frente a las pandillas y, entre otros aspectos: fortalecer cuerpos de seguridad, interrumpir el financiamiento al crimen organizado y controlar centros penales.

El régimen de excepción implica la suspensión de las garantías constitucionales a la libre asociación, a la defensa, a la privacidad de la correspondencia y las telecomunicaciones. Diferentes organizaciones de la sociedad civil han advertido, desde la adopción de esta medida, el impacto en la violación de derechos humanos.

Al cumplirse el año del régimen de excepción, organizaciones como Amnistía Internacional han informado que hay registro de más de 66 mil detenciones, “en su mayoría arbitrarias, el sometimiento a malos tratos y tortura, violaciones flagrantes al debido proceso, desapariciones forzadas y la muerte de al menos 132 personas bajo la custodia del Estado, quienes al momento de su fallecimiento no habían sido declarados culpables de ningún delito. Para la comisión de estas violaciones de derechos humanos, ha sido clave la coordinación, en complicidad, de los tres poderes del Estado; la confección de un marco jurídico contrario a los estándares internacionales de derechos humanos, específicamente en lo que concierne al proceso penal; y la falta de adopción de medidas tendientes a evitar las violaciones sistemáticas de derechos humanos bajo un régimen excepcional”.

La historia de violencia en El Salvador es compleja, con periodos como el del conflicto armado (1980 y 1992) y la posterior expansión de las pandillas. Ahora hay incertidumbre ante lo que vendrá, pues mientras Bukele anuncia que han bajado los homicidios, organizaciones insisten en las violaciones a derechos humanos que están ocurriendo en el país. En ese entorno, la población ha vivido distintos retos, además de la violencia, la pobreza, la marginación. Las personas LGBT+ han sido afectadas también, siendo aún más vulnerables las mujeres y hombres trans por la falta de garantías para acceder y ejercer sus derechos.

Uno de los principales retos para las mujeres y hombres trans es la aprobación de una Ley de Identidad. Este 2023 es un año crucial para nosotras, para la lucha del movimiento trans, porque la Sala de lo Constitucional en febrero de 2022 da una sentencia y le dice a la Asamblea Legislativa que tiene que regular la Ley del nombre y le dice que tiene que aprobar una Ley de Identidad y le da el plazo de un año.

Desde el movimiento trans agotamos los tres poderes del Estado, no podemos ir al Registro Nacional de las Personas Naturales a pedir que nos cambien el nombre porque en El Salvador existe la Ley del nombre que dice que el nombre no puede ser equívoco del género, entonces aquí ya se nos cierra esta puerta.

Desde el 2010 se viene realizando una lucha por la aprobación de una Ley de Identidad de Género. Se crea un anteproyecto de ley y lo primero que hacen las diputadas salvadoreñas del partido Nuevas Ideas [afines a Bukele] es mandar a archivo la propuesta de un anteproyecto de ley, que salió en iniciativa en 2018. Esto quiere decir que no se puede trabajar con los legisladores salvadoreños. Quedaba el poder judicial, metimos una demanda de inconstitucionalidad por el silencio de la Asamblea Legislativa, aún no tenemos una resolución.

Y ya lo que nos toca es llevar a El Salvador a instancias internacionales para que pueda haber mayor presión social.

Llegó el plazo sobre el que habló Britany, pero la Asamblea Legislativa salvadoreña no respondió. “Ha ignorado sin ningún reparo el plazo de un año que la Corte Suprema le concedió para crear un procedimiento de reconocimiento legal del género que evitaría que se discriminara a las personas trans”, señalaron Human Rights Watch, HRW, y COMCAVIS TRANS.

El que no haya una Ley de identidad tiene impacto de múltiples formas. De acuerdo a las organizaciones citadas anteriormente, otros obstáculos son que las personas trans tienen dificultades para acceder a su propio dinero o a remesas de familiares; tampoco pueden acceder a préstamos bancarios.

Así que ese gran pendiente sigue ahí.

 

***

La conversación termina. Me inquieta saber qué le gusta a Britany, a qué dedica su tiempo libre. Es decir, conocer más de la mujer frente a mí. Sus palabras me han dado una mirada sobre El Salvador, pero quiero algo más de ella. Así que le pregunto y le pido su aprobación para hacerle algunas fotos. Accede. Sus palabras me ayudan a situarla a ella, pero también a pensar en otras de sus compañeras, me hacen recordar a otras mujeres que me he encontrado en el camino.

A mí me encantan los vestidos, quizá porque toda la vida me han querido imponer el pantalón. Me encanta el mar, me gusta mucho bailar, también me gusta leer, creo que es uno de mis pasatiempos preferidos. Estar aquí en ASPIDH no lo veo como un trabajo, lo veo como parte de mi vida, de lo que tengo que hacer por ser reconocida en este país y para que mis compañeras también puedan ser mujeres reconocidas en este país. Me gusta sentirme una persona útil para la sociedad, para mis compañeras. El poder mostrar mis capacidades, nunca antes me dieron la oportunidad de mostrar mis capacidades. Aquí es donde he venido a crecer como persona, formarme y decir: Britany puede luchar contra este sistema machista, patriarcal, androcentrista, que quiere invisibilizar o que quiere violentar la feminidad de cada una de nosotras.

Amo mi feminidad. Mi lucha también viene siendo desde el binarismo de género porque nunca me lo han impuesto sino que a mí me gusta ser así. Creo que también la lucha de quienes se definen como no binarias es una lucha compartida. Tenemos que estar juntas todas, las feministas, transfeministas, lesbofeministas para poder luchar contra un sistema que nos oprime todos los días.

Fotografía de Lizbeth Hernández

Fotografía de Lizbeth Hernández


Autores
Periodista, editora y fotógrafa independiente mexicana. Lesbiana. Se ha centrado en la cobertura de movimientos sociales, derechos humanos, feminismos, temas lgbti+, migración, mujeres y defensa del territorio. Ha sido tallerista en espacios académicos y periodísticos en México, El Salvador y Ecuador. Ha colaborado en medios como The Washington Post en Español, El País, Aj+ en Español, NACLA Report, Alharaca, Presentes, Wambra, Animal Político, Luchadoras, Volcánicas, entre otros. IWMF Exprésate Fellow 2021. Obtuvo el COVID-19 Emergency Fund for Journalists - National Geographic Society (2021). En 2022 expuso parte de su trabajo fotográfico sobre la lucha de las mujeres en México en un panel del proyecto Arts&Protest de la Universidad de Yale, de Estados Unidos.

Ilustrador
Rosario Lucas
Nací, crecí y vivo en el Estado de México desde el invierno de 1994. Dibujante, ilustradora y fabricante de cómics. Persona neurodivergente que encuentra en el cómic el medio perfecto para sacar lo que duele y pagar las cuentas del psiquiatra. He trabajado en distintos medios editoriales, como Planeta, Malpaís, Pengüin Random House y proyectos periodísticos independientes con Daniela Rea, Agencia Ocote, Global Initiative y Pie de Página. Trabajo de forma autogestiva desde 2019, desde una casa azul en los cerritos de Atizapán de Zaragoza. Creo en la ternura, la digna rabia y amo a los perritos.
Ilustración realizada por Rosario Lucas
Ilustración realizada por Rosario Lucas

Este texto combina mi diario de campo, las emociones (propias y ajenas) que he ido articulando, las anécdotas que se me han confiado, los personajes que he conocido, y los múltiples muros de museo que he intervenido. Sobre todo, la figura central de este ejercicio es el Archivo Patlatonalli en construcción, que pronto pasará a la custodia de la Universidad de Guadalajara.

Desarrollé una tesis doctoral titulada “La construcción de la experiencia lésbica en Guadalajara (1970-2020)” en el CIESAS Occidente de 2016 a 2020. En la defensa se me preguntó por qué no incorporé la voz y experiencia de alguna militante de Patlatonalli, la primera colectiva lésbica de la ciudad. Contesté con honestidad: porque me dijeron que no. Busqué a Guadalupe López por dos vías mientras desarrollaba el trabajo. A la salida de un evento cultural aceptó gustosa y prometió proveer tequilas para facilitar la plática, pero cuando la busqué por el mensajero de Facebook declinó, argumentando el libro que esperaban publicar por el 30 aniversario de la agrupación (cumplido en 2016). Me pidió una lista de preguntas por adelantado, y cuando le expliqué que no buscaba escribir la historia de Patlatonalli para la tesis, se acabó la conversación.

En mayo o abril de 2021 recibí la llamada de Laura Bordes, directora de educación del Museo Cabañas, quien me invitó a participar con una ponencia en el Festival Andrógina Diversa, la apuesta queer del museo emblemático de Guadalajara. ¿Te interesa hablar de la historia LGBT de la ciudad? Alguien había sugerido que me buscaran para diversificar la disidencia y dejar de eternamente invitar sólo a varones cisgays. Claro que acepté. Presenté datos que marcan lo importante que han sido las mujeres lesbianas para el movimiento de liberación, y lo difícil que ha sido lidiar con la lesbomisoginia dentro y fuera de la “comunidad”.

Un año después, Laura me buscó de nuevo. ¿Ahora te gustaría curar la exposición central de Andrógina? Condiciones: que sea histórica y lésbica. Claro que acepté otra vez. Pensé en armar algo con el material de archivo que había acumulado a lo largo del trabajo de la tesis. Notas de El Informador, panfletos obtenidos del CAMENA,1 textos del ArQuives, y la Crisálida2 lésbica que me consiguió María Martha.3 Fui ambiciosa e incluso consideré hacer algunas entrevistas. Antes de mover alguna pieza, necesitaba la bendición, visto bueno, y autorización de Guadalupe.

El 17 de febrero me reuní con Marta Nualart (Nual) y Guadalupe por Zoom. ¡Por fin podría hablar con ellas! ¡Directamente y sin intermediarias! Las había leído en entrevistas, en textos en fem, en posicionamientos y pronunciamientos. Con mucha amabilidad, hicieron mis preguntas a un lado y se concentraron en corregir y hacer comentarios sobre mi manuscrito, que revisaron a detalle. Sentí que estaba en entrevista laboral o para acceder a otro posgrado, uno muy exclusivo y con altas expectativas. Después de aclarar dudas y detalles, aceptaron con gusto. La próxima vez que Marta —quien vive en CDMX— vino a Guadalajara, nos reunimos en el Museo. Guadalupe traía un folder con documentos y fotografías que nunca había visto, las fue sacando lentamente y algunas no las mostró. No me pude contener y le pedí la carpeta, y examiné con cuidado cada ítem. Laura estaba igual de emocionada que yo, y Guadalupe rápidamente me apodó “la obsesiva de los documentos”. Viniendo de ella es un cumplido, pero todavía no lo entendía.

La intención era compartirme material pre seleccionado, y para ello me citaron en Campo, una asociación civil con sede a dos cuadras del CIESAS Alemania. Patlatonalli —o de forma más precisa, Guadalupe— ha mantenido una oficina dentro de la amplia casa desde hace años. El espacio es cómodo, con ventanas que facilitan la ventilación y, como lo aprendería más tarde, que la lluvia repentina amenace documentos. La acción se centra sobre el escritorio de Guada (como la llama Nual, y de quien copié el apodo), donde se apilaban hojas, hojas, y hojas. En un primer momento contuve mi curiosidad y me limité a explorar lo que se me acercaba. Tenían lista una colección de fotos, panfletos, tarjetas, invitaciones, y boletos, una parte muy pequeña del universo de lo acumulado. Después de años de explorar archivos digitales, nacionales y extranjeros, la materialidad me emocionó más de lo habitual.

En la segunda visita, Nual me compartió fotos y videos en versión digital. El video del XV aniversario mostraba el pastel de la celebración, con flores de colores como decoración. Ya me habían entregado las fotos del evento en blanco y negro, y planeabamos recrearlo para la exposición. Al verlo en original, comenté sorprendida que tenía color, a lo que Nual contestó levemente ofendida que sí, la vida no era en blanco y negro “antes”. Al principio me daba algo de miedo y aprehensión preguntar algunas cosas, pero fueron receptivas, abiertas, y más dispuestas a compartir de lo esperado. La confianza fue tal que pude elegir qué quería incorporar y llevarme los materiales que quisiera. Me dijeron que organizarían el archivo y me ofrecí una y otra vez a colaborar, rogando que no se notara mi deseo desbordante de ser parte de la expedición. Consideraban que era mucho pedir, pero les aseguré que era un sueño; sobre todo si el material se quedaba en Guadalajara. A los días me confirmaron que dedicarían la semana santa al proyecto, y que estaba invitada.

1 Pastel 00portada_patlatonalli

Pasamos de un pastel de XV años (2000) a uno de boda(2022).

Imaginaba cajas, por alguna razón. El primer día llegué a la hora indicada, pero ellas habían llegado antes y había una cantidad cercana al infinito de folders, albergados en gavetas y algunas bolsas de mercado. Por alguna razón asumí que Mayra sería una estudiante de posgrado, no una archivista del COLMEX; mucho menos pariente de Nual. Rápido buscó sistematizar el trabajo y establecer categorías. ¿Cómo dividiríamos el material? Mis sugerencias fueron identificadas como las de una investigadora, no como de una archivista y hasta ese momento entendí que no sabía lo que significaba organizar un archivo académico. Mayra señaló que yo representaba la visión de las usuarias, de quiénes buscarían información en un futuro. Después de considerar varias versiones, nos quedamos con un esquema parecido al que Patlatonalli utilizaba para organizarse al interior de la colectiva: Gestión, Enlace, Divulgación, Servicios, Capacitación, Proyectos, Fotografías, y Discos.

Vi cientos de fotos, muchas de fiestas, muchas de mujeres que Guada y Nual no recuerdan. Se me hace que era ‘enamorada’ de, le decían equis de apodo, sólo me acuerdo que le pasó equis cosa. No tengo memoria fotográfica, pero mi déficit de atención potencializa la atención a los detalles y pistas, que se vuelven un rompecabezas enorme en mi cabeza. Rápidamente pude vincular fotos con artículos, como cuando una foto de la Marcha del Orgullo del 2000 fue modificada y usada un año después en Semanario, publicación de la Arquidiócesis.

3 Marcha 00

Y soy lesbiana, que no se les olvide.

Las fotos estaban en folders manila por evento, aunque un par son un mix difícil de descifrar. Los documentos estaban por año, lo que facilitó el acomodo cronológico pero no la clasificación. El lunes lo dedicamos sólamente a notas de periódico, que parecían no acabar. Marta cantaba al trabajar, y nos compartía anécdotas de personas que iban apareciendo. Mayra me pedía que le indicara si el personaje de la nota era relevante a Patlatonalli, y me sentí tanto muy responsable de no equivocarme como increíblemente privilegiada de ser un filtro de materiales que no sabía que existían. La semana entera me sentí así. Las Patlas habían guardado todo: cada nota que les pareciera interesante, hablara de ellas, Guadalajara, lesbianismo, o no. Me daba pena y temor histórico eliminar algo que fuera fundamental, pero confío que varios repositorios locales tienen en su acervo las publicaciones completas de periódicos que ya cerraron, sobre todo Siglo XXI. Ironías de la investigación: pocas notas son de El Informador, que tanto usé para la tesis.

Desde lejos, imaginaba la historia de Patlatonalli como una cuestión colectiva, cuando en realidad es seguir las acciones de Guada, Nual, Ana Isabel, y Pato; las últimas dos se alejaron del movimiento hace años. Sus intereses, decisiones, presencia, y visibilidad se han tejido con las posturas del grupo, con el rumbo del feminismo organizado local, incluso con la política tapatía. A pesar del cuidado y de la constante rendición de cuentas, hay poco material sobre las demás mujeres que pasaron por sus espacios. Periféricas, dice Guada, y no tiene que ver con dónde vivían.

En total trabajamos seis días, Rosario se nos unió el segundo día y se volvió parte del equipo. Empecé viéndolas como inalcanzables, para después sentirlas familia. La depuración e incipiente sistematización se vio interrumpida por música, risas, y llamadas desde Finlandia. En una de las mañanas grabamos material para un potencial documental con Sarape Social. Guadalupe volteó a verme, y después de pensar unos segundos preguntó ¿cómo le hiciste para que confiáramos tanto en tí?, y hasta el momento no puedo explicarlo. Son “famosas” por resistirse a colaborar, y ahora me hicieron vocera (y casi que albacea) del archivo. Agradezco la oportunidad, pero me llega a abrumar la responsabilidad. Ejercicios como este me permiten disminuir el peso del privilegio epistémico, aunque suene a penitencia.

Sólo lloraron una vez. Entre los papeles surgió una invitación acompañada de un poema de Pola Tezba, escritora que en otro momento vivió en Guadalajara y a quien se le negó el acceso a eventos feministas y lésbicos cuando era menor de edad por temor a que dichos grupos fueran señalados como pedófilos o groomers —igual que hoy—. La síntesis de emociones y sensaciones, los nombres olvidados, las personas fallecidas, desbordó cuando Marta leyó las líneas en voz alta. Fue el único momento del tipo, aunque la nostalgia permeó toda la revisión. En varias ocasiones agradecieron tener a quién legar el archivo, que alguien se interesara en su preservación. Al estar próximas a cumplir 70 años y ambas jubiladas, ven próximo el retirarse también de la visibilidad, del movimiento. Guada quiere cerrar sus pendientes y habla de sus últimos años, Nual estaba emocionada por visitar a Pola en Finlandia y una segunda oportunidad de estar juntas.

Antes de cerrar la semana le pedí a Nual que me presentara a Ana Isabel. Fuimos a la tortillería que tiene cerca de la estación Urdaneta y al poco rato reprimí el impulso de pedirle si podía decirle tía. Sonorense de nacimiento, Ana es abierta, amable y cálida. Daba acompañamiento en temas de salud física y mental, se arrepiente de no haber anotado los nombres de las mujeres que atendió. Hasta la fecha la detienen en su día a día personas que le agradecen los servicios. Después de verla tanto en fotos, leer sus comunicados, reconocer su firma, fue como conocer a una famosa de quien tienes años siendo fan. Qué fortuna estudiar personas que siguen vivas y a quien puedes entrevistar.

4 Ana e hijo

Ana Isabel y su hijo adolescente al centro.

Un par de días antes de montar la exposición pasé a Campo y encontré bolsas que antes no estaban ahí. Me ganó la curiosidad y abrí una. Las carpetas habían sido víctimas del tiempo, los elementos, y posiblemente los roedores; habían estado albergados en la casa de campo de alguien. Para mi absoluta sorpresa, eran las cartas de usuarias que había estado esperando encontrar. Lo que tanto me pregunté durante la tesis, ahí estaba frente a mí, en letra cursiva y papeles de colores. Estoy sola, en el clóset, necesito conocer a mujeres como yo. La narrativa se repetía una, y otra, y otra vez. Ahí fue donde lloré.

Intervenir las paredes del Cabañas fue dar rienda a la condensación de memorias ajenas y de un trabajo de archivo inesperado. Tenía años creyendo que mi línea de investigación le interesaba a pocas personas, lo cual no es cierto. Las lesbianas y las mujeres que aman mujeres quieren conocer y recordar su historia, misma que nunca surgió de una costilla gay. Arduro Suaves (aka Arturo Suárez) le regaló a las Patlas en algún aniversario una lista de periquetes, sus característicos juegos de palabras. Uno, modificando la supuesta animosidad entre mujeres, lee: mujeres juntas y conjuntas. Así llamé a la expo, en un eterno guiño de cariño, gratitud, y complicidad tapatía.

Recreamos la primera manta, esa que decía GRUPO LÉSBICO de Guadalajara, así, en mayúsculas, y que pintaron para el primer Encuentro Nacional de Lesbianas que organizaron en 1987. Compramos roperitos de madera en el mercado de San Juan de Dios y los intervenimos con fotos de mujeres vivas y muertas, cercanas y lejanas. Dedicamos fines de semana a pintar pendones basados en invitaciones, separadores, y materiales de marchas. María Conejo nos ayudó con una mampara que mostraba una vulva enorme. Imprimimos cientos de fotos y las pegamos en la pared. Construimos una repisa para mostrar libros configurantes y presumir la colección de cuentos del concurso Todas Las Familias Son Sagradas. Seleccionamos pósters, calcomanías, volantes, postales. Mandamos a hacer playeras y pins; incluso galletas. Comisionamos una bandera arcoiris, porque ellas no las habrían comprado en Amazon. Destinamos un espacio para bodas de kermés, con velos, anillos, y burbujas. Compartimos algunas de las cartas que llegaron al final, las que espejean experiencias. Sobre todo, creamos un espacio orgulloso, valiente, amoroso, honesto, y abierto, como ellas, como las Patlas, como Guadalupe y Marta, como Ana Isabel y Pato, como todas.

5 Marta

Marta, el corazón de Patlatonalli.

 


Autores
Doctora en Ciencias Sociales con especialidad en Antropología Social por el CIESAS Occidente. Docente en ITESO, integrante del equipo de coordinación editorial de la Revista Encartes, y del Consejo Ciudadano de las Mujeres (de la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres).

Ilustrador
Rosario Lucas
Nací, crecí y vivo en el Estado de México desde el invierno de 1994. Dibujante, ilustradora y fabricante de cómics. Persona neurodivergente que encuentra en el cómic el medio perfecto para sacar lo que duele y pagar las cuentas del psiquiatra. He trabajado en distintos medios editoriales, como Planeta, Malpaís, Pengüin Random House y proyectos periodísticos independientes con Daniela Rea, Agencia Ocote, Global Initiative y Pie de Página. Trabajo de forma autogestiva desde 2019, desde una casa azul en los cerritos de Atizapán de Zaragoza. Creo en la ternura, la digna rabia y amo a los perritos.