Tierra Adentro
Ilustración realizada por Maricarmen Zapatero
Ilustración realizada por Maricarmen Zapatero

Ahora se sienta en la silla de terapeuta y no en la silla del paciente.

Se faja las camisas, se pone un cinturón, usa zapatos de vestir medio boleados, peinadito su cabello corto. Tiene una tarjeta con su nombre al que le sigue el epíteto de “terapeuta”. Usa esa misma tarjeta para marcar en el sistema electrónico la hora en la que entra a trabajar. Aunque a veces se le olvida y tiene que, con vergüenza, pedirle a alguien que lo ajuste. Tiene media hora para almorzar y casi ningún día de vacaciones. Trabaja para un hospital, en una clínica de salud mental (o, como le llaman, behavioral health) para niños y adolescentes. Un programa que nació sin duda por la enorme y creciente necesidad de tratar de forma distinta la llamada “crisis de salud mental” que aqueja sobre todo a los niños y adolescentes. Pero este programa también se creó “gracias a la generosidad” de una donación multimillonaria de la hermana de Warren Buffet.

Habla en una lengua que no es la suya, en la que ahora conoce todas las expresiones de los jóvenes en las que se sorprende a sí misma bromeando. Hace unos días, me dijo, una de sus pacientes le enseñó la palabra bootyhole. Y es que esa es su postura: le pide a ellos que le enseñen su mundo. Y así aprende. Una de sus tácticas es pretender saber menos inglés del que sabe. Para que ellos la lleven de la mano a lo que dan por sentado, lo que asumen que todos saben.

El sistema es una cosa muy distinta a su forma de sentarse en la silla y asumir (o no) el rol.

Hay algo en sus oídos que se ha refinado, afinado. Escucha con más atención no las historias estereotípicas de los problemas que le cuentan sino los momentos de duda, de luminosidad, de contradicciones. Los instantes mínimos en los que la neblina de las patologías (la ansiedad, la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno postraumático, el déficit de atención, el autismo) se levanta y de pronto surgen otras historias, las subterráneas, las inesperadas, las contraintuitivas.

***

Una autoetnografía es una narrativa en primera persona que muestra y no dice. Le permite al lector y a mí, a la terapeuta, escribirnos como parte de la historia, en la historia. El paciente no es ya un objeto de estudio, sino más bien un co-autor.

No hay una propuesta radical, sino un principio muy simple, del que las ciencias sociales se han querido deshacer: reconocer que los terapeutas también vivimos en el mundo y tenemos nuestras propias historias.

¿Qué implica para la psicoterapia el reconocer que los terapeutas también viven en el mundo? ¿Qué podríamos aprender si las historias abrieran el telón del mundo interior del terapeuta, al mismo tiempo que se desarrollan las conversaciones?1 Un método para contar historias como una forma en la que los lectores se pueden colocar en nuestro rol.

Así, no se trata de una mera transcripción, no sólo una conversación ni ilustración de una teoría. Es una historia a través de la cual escucharán el paisaje imaginario, momento a momento, del terapeuta ante paciente.

También, incluye las dudas, las equivocaciones, las preguntas infértiles que no llevan a ningún lado. Soy una terapeuta principiante, novicia, aprendiz, con apenas dos años de experiencia. En esta profesión, a diferencia de otras, el tiempo y la experiencia importan mucho, al igual que la práctica consistente de reflexionar sobre la forma en que se pregunta, se dice, se escucha. Y eso es lo que más rico me parece de una autoetnografía, para mi reflexión permanente: la capacidad de crecimiento de la autocrítica.

Esta historia no incluye pasajes teóricos en los que reflexionaría de manera técnica sobre lo que se dice. Se trata, más bien, de una orientación, una carta de navegación a explorar.

Espero que al invitarlos a mi sesión con Enrique puedan escuchar y sentir a través de la planicie de las palabras que suprime y no le hace justicia a las montañas y ríos de la voz y la entonación, las dudas y el silencio. Porque al leer este texto, también lo están co-creando, son personajes de esta misma historia y se van a enfrentar a lo que este texto evoca en ustedes, al igual que yo descubrí con lo que las palabras de Enrique me hicieron recordar de mí misma y de mi mundo. Es una conversación íntima, expuesta.

***

Tres notas a pie que decidí incluir en el cuerpo de este texto: 1. La sesión se llevó a cabo enteramente en inglés, lo que leerán es una traducción ligeramente infiel que traspone expresiones, contextos y ciertas formas de decir; 2. Lo no verbal está entre paréntesis, el detrás del telón de mis observaciones y pensar/sentir está entre corchetes; 3. La conversación se grabó con el consentimiento de Enrique (y este no es su nombre real) y después de darle la transcripción, tuvimos otra conversación sobre lo que escuchamos de forma diferente y sobre lo que nos sorprendió. Este proceso es parte del efecto terapéutico que no sólo roba palabras, sino que se vuelve a leer para descubrir ángulos diferentes, para escucharnos de otra manera.

***

Esta es la quinta sesión que tengo con Enrique, un joven de 16 años con una vida interior riquísima, “un personaje complejo”, como lo definió su padre en nuestra primera cita. Hace unos meses, Enrique estuvo en el programa de hospitalización parcial de la clínica, en donde los adolescentes pasan seis horas al día recibiendo tratamiento intensivo. Llegó con muchas “habilidades” que aprendió en el programa. Le adhirieron múltiples diagnósticos, que me importan poco: quiero conocer a la persona, no a sus problemas. Desde el primer encuentro, al comienzo de la terapia me dijo que a él le gustaría entenderse en su relación amorosa. Ese es su dilema. Sé que ese tipo de terapia está mal vista en la clínica, que les gustan las terapias de reducción de síntomas y que, si le dijera a alguien un ápice de esto, seguro me regañarían. Pero acepté sin chistar la idea, porque si algo intuyo es que este tema, por espinoso, nos va a llevar a todas las demás veredas. Los humanos al igual que los personajes no somos capaces de dividirnos en pequeñas partes, trozos o hilos que deberíamos de separar. Las historias son muchas, pero están enhebradas, tramadas.

***

Enrique siempre se sienta en la silla del terapeuta. Ningún otro paciente se sienta en esa silla más que él. Desde el primer día.

Yo me siento en la silla individual. El resto de mis pacientes se sientan en el sillón largo, el sillón de dos plazas, intuyendo que ese es su lugar.

Pero Enrique no, nunca se ha sentado ahí. Ya barajé todas las posibles interpretaciones… pero de alguna manera, me gusta. Porque me obliga a colocarme en un rol y espacio diferente, que implica otro tipo de relación. Me libera de las ataduras de mi rol, “LA terapeuta” (que se supone que sabe). Siento que puedo equivocarme, que puedo jugar. La relación de la escucha es otra: soy la paciente de Enrique, su aprendiz y co-creadora de su historia. Porque esta es su historia, que yo estoy desenhebrando para poder ver las costuras. Escuchar, realmente escuchar. Y también escucharme.

***

Hoy de nuevo se sienta en la silla del paciente y no en la del terapeuta.

***

Perdón, no te dejé abrir la puerta…

[Le encanta abrir y cerrar la puerta que se desliza. Yo lo dejo, soy su cómplice… esto seguro tiene que ver con el lugar en donde se sienta]

Está bien…

(Entra al consultorio, deja en la mesa redonda del centro su cartera, al lado sus airpods, y su botella de agua. Acomoda las cajas de colores y el cuaderno que ya estaban ahí, restos de otras sesiones, de otros terapeutas. Los objetos esparcidos de cierta manera, equidistante).

¿Tienes que poner así tus cosas, o sólo es más cómodo?

[Noto algo diferente, Enrique no es el mismo de la semana pasada, parece menos jovial, con menos energía. Mi primer instinto es preocuparme. Pero dejo que se deshaga con mi respiración el nudo que instantáneamente se formó en mi estómago].

¿Cómo estás?

Estoy ok… ummm…

¿Qué significa “ok” para Enrique?

Eeeh… ansiedad.

¿Cómo se presenta la Ansiedad?

[La Ansiedad y no su ansiedad o estar ansioso, distinción muy importante que lo separa de la sensación y le permite no cargarla no asumirla como suya].

Es una sensación, no puedo realmente explicarla. Sólo quiero correr, huir de todo, muy muy rápido…

…huir muy muy rápido…

Huir muy muy rápido de todo. Mi pecho suena como: shushushu

¿También tu corazón, o sólo tu pecho?

No, mi pecho… hay demasiada sangre y entonces pssshhhh… me estoy volviendo loco.

¿Cómo es que lograste reconocer que esto es la Ansiedad?

Umm… como cuando estaba nervioso o algo así, o impaciente, o presentando, la sentía. Cuando me siento ansioso acerca de algo, o acerca de mí o de algo, es como que ¡Ahí está esa sensación!

¿Alguna vez huiste realmente como la Ansiedad te decía que hicieras?

[No sé de dónde salió esta pregunta… quizás mi anzuelo de tomar la metáfora al pie de la letra… pero el resultado fue silencio].

¿Se siente como algo que está atrapado, porque de alguna manera no lo estás liberando?

Creo que sí.

Porque en general no sé cómo enfrentarla, no sé cómo soportarla.

…Soportarla. ¿Es algo que tienes que SO-POR-TAR?

[En inglés es put up with, que tiene el sentido de tolerar o aceptar algo desagradable].

(Silencio largo)

Y soportar, aguantar, me suena también a que hay sufrimiento, un peso ¿no?

Sí, sí.

[Estoy con él y con la ansiedad… hay en este momento dos personas y dos tipos de ansiedad peleando por el espacio entre nosotros].

¿Hay algo que piensas que esté contribuyendo a esta sensación?

¿Recientemente?… Mi novia.

¿Qué pasa con ella?

[Una pregunta doble: la ansiedad o su novia].

No sé. Últimamente me trata muy secamente, y es muy grosera conmigo. Y me dijo lo mismo… ¿Te conté lo de sus papás, no?

Mhmhm

[Esto viene de nuestra conversación en la tercera sesión que titularía “todo sobre mi novia”, autor: coach Enrique].

Sus papás… lo entiendo, sus papás se están preparando para la cirugía de la pierna de su hija menor, y tienen mucho que hacer, y lo entiendo, pero no sé por qué no son capaces de tomarse cinco minutos y recoger a su otra hija para llevarla a su casa. Y entonces ahora yo tengo que caminar con ella hasta su casa.

Entonces ahora estás en el rol del que estábamos hablando antes, una suerte de mamá o de rol parental…

Sí, sí, no sé. Es sólo algo que me desconcertó… y estaba pensando cortar con ella el miércoles por la noche.

Y… (risas), hice algo que no quiero confesarte, ejem… pero eres mi terapeuta, y creo que debería de saber.

(Mi risa)

[¿Soy su terapeuta? Este tipo de “confesiones” me intrigan… ¿Qué “debería de decírsele” a un terapeuta y quién estableció esa regla?]

Aaaa… tomé un poco de alcohol, y me senté en la oscuridad en mi cuarto y escuché Pink Floyd, dejé que los sentimientos vinieran y se fueran, vinieran y se fueran… y me acerqué a la ventana y… aquí está la ventana y aquí está la casa… (me lo señala con las manos) y podía ver la luna, y fue realmente una experiencia que me tranquilizó.

No sé qué hacer con esa relación, pero creo que estoy más feliz con ella que sin ella. Ayer pasamos el día juntos y estuvimos así por mucho tiempo y yo estaba simplemente contento, feliz.

Lo que me llamó la atención es que dijiste que los sentimientos vinieron y se fueron, vinieron y se fueron…

[Decido no seguir la trampa de “la confesión” del alcohol, que muchos de mis colegas perseguirían, alarmados. Yo intuyo que es un señuelo, no es lo importante].

Sentimientos de miedo, sentimientos de felicidad, sentimientos de enojo, no con relación a ella: muchos sentimientos.

Porque en general no te permites tener ese tipo de sentimientos, me imagino. ¿El alcohol te permite desinhibirlos un poco?

Exacto, porque siento: estoy muy enojado en este momento, estoy muy feliz ahora mismo, estoy muy despreocupado. Fue muy lindo.

¿Y a dónde se fue tu pensamiento, el de cortar con ella? ¿Sucedió antes, después, mientras tanto?

[El movimiento de las olas].

Antes y mientras tanto, y después. O, de hecho, no mientras tanto… antes y después.

Mientras tanto, ¿Tu mente estaba tranquila, estabas con tus emociones?

Sí, sí.

Cuando me estabas enseñando antes… recuerdo que hablamos de mente de robot, mente emocional… ¿En qué estado estabas cuando estabas viendo la luna?

Diría que en estado de flujo.

[Nos referimos aquí a nuestra forma juguetona de bautizar de nuevo los tres estados de la mente de DBT].

Siempre estoy como… no estaba vengándome, estaba enojado, pero no es como que estuviera gritando. Y estaba feliz, pero no estaba brincando de felicidad, o lo que sea que la gente hace, estaba feliz. Dejé venir a los sentimientos y los experimenté.

¿Qué fue lo que en ese momento te conmovió de la luna?

Siempre me ha gustado la luna… me tranquiliza mucho. Me acuerdo una vez que la luna estaba muy brillante, cuando era un niño. Mis papás estaban durmiendo y a mí me impresionaba lo brillante que estaba. Me quedé en el patio de atrás y estuve jugando casi una hora. Tenía como 8 años y realmente disfruté la luz de la luna, me la pasé muy bien.

[Hay algo hipnótico en la luna que yo también he experimentado, quizás ahí nacieron estas preguntas].

¿Cómo era la luna que estabas viendo hace unos días?

No estaba llena.

[Intuí esa incompletud…]

¿Y lo que pensabas? ¿Cómo llegó?

Ella estaba diciendo lo que me molesta… hace algo cada vez que nos llamamos por video, nos llamamos todas las noches, te conté, ¿verdad? Y hace algo raro que me molesta y ella piensa que me gusta o que es cool. Pero me hace sentir incómodo, y no tengo el valor para decírselo, ha pasado ya muchas muchas veces…

Hace mucho que te sientes incómodo y no puedes comunicarlo…

Sí.

Una vez más, ¿Tienes que soportarlo?

Y ella me lo dijo otra vez, fue lo último, y no sé…

(Reacomodó las cosas en el consultorio. Para irrumpir en su orden, saqué un color de una caja, lo desarreglé).

¿Por qué hiciste eso?

Para molestarte…

(Risas)

Ya está mejor… (arregló todo otra vez).

¿Y esto de tener las cosas en cierto orden?

[Decido insistir en lo que veo].

Es un patrón, necesitan estar en un patrón, si no, no funciona. Tomas el cuaderno, los colores, es un patrón. Cuando acabas de usar el cuaderno, lo regresas y los colores están aquí, puedes usar el papel.

Si no, no funciona.

¿Qué es lo que no funciona?

La operación.

Ok, la operación.

Tengo que poner esto primero, la música, luego tengo mi cartera, la pongo en mi bolsa, y tengo mi agua, por si acaso

Entonces está todo listo para la operación. (Digo, tajantemente).

¿Importa de qué lado están los audífonos?

Creo que no… no, sí, horizontal, vertical, vertical, excepto la botella…

…que arruina tu orden (porque la base es redonda, no cuadrada como el resto de los objetos).

Sí.

¿Pasa más esto cuando la ansiedad está presente, o da igual?

Diría que sí, más cuando la ansiedad está presente.

Creo que siempre pasa, pero quizás lo noto más cuando la ansiedad está presente.

Yo no había notado esto… había visto tus cosas sobre la mesa, pero nunca habías acomodado los objetos del consultorio.

No, no.

Es la primera vez

¡Se ve mucho mejor!

Estaba pensando, regresando a lo que pasó, ella hizo algo que no te gustó, luego se alejó y.… ¿Cuándo llega el enojo?

Ella realmente no se da cuenta. Realmente, realmente no se da cuenta de nada. No sabe cómo sus acciones, sus emociones, y sus… opiniones… les afectan a otras personas.

Dice algunas cosas, hace otras, pero no se da cuenta, está en su pequeña burbuja…

¿No piensa como le afecta a Enrique?

No, parece que no. Y me imagino que no es intencional. No es como si yo fuera cruel, violento, tan violento como que pudiera planear ser cruel. Es como si ella… no quiero decirlo así… fuera tonta, pero no sé, no se da cuenta de su impacto en otras personas, sobre todo socialmente. Es como si estuviera ciega. CIEGA es un buen término para definirla.

¿También con ella misma?

No, no.

Ah, ¿Entonces ella tiene otro estándar consigo misma?

Sí. Es sumamente consciente de cómo todo lo demás la hace sentir

No se da cuenta de que lo que me dice me podría lastimar. O que podría decir algo que me molesta, y se podría no dar cuenta, y entonces después reacciona…

¿Y entonces tú tienes que soportar esto también?

Sí, pero todo lo que ella hace y me dice…

¿Y qué tipo de cosas que te dice te molestan?

Umm.. Cuando habla de su ex. Eso me desconcierta. No sé, no quiero escuchar nada de eso.

¿Y no ve el efecto que esto tiene en ti?

No, no se da cuenta. Y tampoco se da cuenta de qué decirle a alguien a los diecisiete años: ??¡Quiero estar contigo para siempre!… me puede afectar.

¿Cómo te afecta escuchar algo así?

Ansiedad. No quiero que nada sea para siempre. No quisiera ofender a nadie… pero quiero estar solo, me ENCANTA estar solo.

Para siempre es mucho tiempo, ¿No?

[La nerd que soy se acordó aquí del título del libro de las memorias de Althusser, L’avenir dure longtemps, en español, El porvenir es largo].

Sí… ¡¿El resto de mi vida?! Soy un niño, ni si quiera soy un adulto todavía. Soy un niño. Normalmente ni siquiera sé qué ropa quiero usar en las mañanas, ¡¿Cómo voy a saber lo que quiero el resto de mi vida?!

Algunas cosas que quiero, quiero estar solo, me gusta, por eso pienso en ser un soldado, un pintor, no un artista, sino un pintor de casas…

¿Qué la lleva a decir “para siempre”, como “¡Quiero estar contigo para siempre!”?

[En vez de preguntar sobre ella, me hubiera gustado enfocar esto en el impacto de ella en él, en la relación como un tercero].

No sé, ella… es muy obsesiva, realmente obsesiva, pero en cuanto me preocupo por ella o decido algo, se enoja y se distancia y es grosera… es una calle de dirección única, y sólo ella puede manejar en esa calle.

Por eso antes habías dicho que parecería que siempre a ti te importa más, siempre amas más, siempre das más… y no te queda…

[En conversaciones anteriores hablamos de un juego entre ellos que a Enrique le molesta… ¿Quién tiene la última palabra en la competencia de “te amo más”?]

Es que emocionalmente ella es como un camión que me atropella

Hasta que el camón… ¿Qué?

Hasta que me despedace. No sé. Hasta que me mate.

¿Cuál es tu peor miedo, lo que le podría pasar al camión?

¿A qué te refieres?

¿Qué es lo peor que le puede pasar al camión?

Dejarlo ir.

[En inglés, let it go, que es neutro y por lo tanto ambivalente, es él o ella o el camión]

¿Dejarlo ir?

No sé… (largo silencio, casi un minuto)

No sé, pienso que su camión, tengo miedo de que un día me vaya a matar, no en el sentido literal, obviamente, pero no sé, tiene que ser más consciente de… lo he dicho ya miles de veces, pero la amo, la amo mucho, pero a veces es muy difícil…

Tanto que a veces te da miedo que te podría matar.

No literalmente…

Sí, no literalmente. [Enrique se protege ante la forma en que otros terapeutas lo harían completar un “Plan de seguridad” por mencionar algo que se parece al suicidio. Insistir en el sentido literal aquí me parece que nos obligaría a salir de la riquísima metáfora del camión].

Sí…

¿Y por qué no la cortaste en ese momento?

¿definitivamente?

Sí…

Hay muchas razones: como tres. Me preocupa su salud mental, porque ella me ha dicho muy claramente qué es lo que pasaría si la dejo… como si quisiera escuchar eso. Y.… ah, creo que son dos razones, la amo, quiero estar con ella, pero también hay otra parte de mí que no quiere estar con ella, entonces es muy difícil.

¿Entonces a veces esa parte que no quiere estar con ella gana o es más fuerte?

[Convivo con el forcejeo entre ambas partes].

A veces es más fuerte, pero nunca es lo suficientemente fuerte como para que la deje.

Y la otra parte, a la que le gusta estar sola… dime más acerca de esa parte

Antes de que estuviera con ella, tenía un sueño… no tanto un sueño, sino una fantasía, de entrar en el ejército, retirarme a los 40 o 50 años, y luego mudarme a Alaska, al norte de Alaska, a un lugar realmente frío y solitario, en donde me escaparía de todo y de todos, sin nadie a mi alrededor por cinco o diez millas, sin ver a nadie, tener mi pequeña cabaña, cazar para comer, pescar salmón, tener mi propia cosecha, y sólo salir de ahí si necesito algo y vivir ahí solo. Me parece un sueño increíble.

Muy…

[Digo “muy” porque he tenido fantasías sumamente parecidas… creo entender la sensación y deseo totalmente porque han sido también míos… a veces esta es una pésima forma de escuchar como terapeuta, porque no escucho realmente, sino que confirmo mi propio deseo (contratransferencia), me “identifico”. Ahí escucho mucho menos… le gana la emoción a la plena curiosidad].

Ese era originalmente mi sueño. […]

¿Has visto la serie “Below Zero”?

No, no la he visto…

Es acerca de una serie de personas que viven en Alaska, off the grid, es una de mis series favoritas… la tendrías que ver.

Quiero aparecer algún día en esa serie. Sería increíble.

Y yo viviría en la cabaña al lado de la tuya, a millas de distancia…

(Risas…)

Pero hay algo acerca de eso… también expresaste que habías sentido “puro goce”, no recuerdo exactamente las palabras que usaste, pero cuando me compartiste la línea de tiempo de tu vida y estabas hablando acerca de la pandemia… ese momento de…

¿Tranquilidad?

¿Es así como describirías el estar completamente solo?

Sí, sería increíble, me encantaría

¿Estar en contacto con cualquier otra persona arruina esa tranquilidad, o con alguien en específico?

[Torpemente intento volver al tema de la novia].

Sí, cualquier persona… creo que solo tendría un teléfono con línea fija para contactar a mi hermano, pero no quiero estar cerca de nadie.

Pero la otra parte de ti dice… No sé qué dice…

[Dudo, no asumo].

Dice… encuentra a alguien que te guste, compra una casa, vive una vida normal. (Explica, en tono soso, plano).

Una casa, una vida normal…

Me encanta lo que me dijiste acerca de la independencia…

¿Qué te dije?

Dijiste algo que realmente se me quedó grabado lo que dijiste… esto acerca de tu otra mitad, el significant other, que realmente me afectó, en la parte en la que enfatizaste… no es mi SIGNIFICANT OTHER, no es mi otra mitad. Sí, la amo, pero no me voy a morir sin ella, necesito tiempo para mí.

[Si supiera que esto viene de mi lectura de Badiou… ¡Y me da crédito! Me siento como una impostora, pero dejaría de ser yo si reprimiera lo que leo].

¿Tú estás con alguien, verdad?

Mhmhm. No que signifique que piense que hay algo para siempre o que será para siempre…

¿A qué te refieres?

No creo que nada sea para siempre… sin lugar a dudas tendría un ataque de pánico si me dices “para siempre”.

Pero a muchas personas eso los hace sentir muy felices…

Sí, lo sé, pero no los entiendo

¡Yo tampoco los entiendo!

[Aquí soy más Christina que su terapeuta… la irreverencia se cuela].

Entonces esta otra parte de ti dice… y, por cierto, suenas mucho menos emocionado cuando hablas de esta otra parte de ti, no sé si lo notaste… pero dice: encuentra a alguien que te guste, compra una casa, vive una vida normal… pero la otra parte de ti realmente viene acompañada de imágenes concretas que puedo visualizar… la otra… no tanto… […]

Quiero ser un soldado, pelear, divertirme…o ser un boxeador…

¿Eso entra bajo la categoría de “soldado, guerrero, caballero”?

[Habíamos tenido antes otra conversación sobre su idea de “ser fuerte” y nunca vulnerable que se decanta en estas tres figuras].

Sí, estar solo…

¿Qué estarías haciendo si estuvieras en esa… no la quiero llamar así, pero… casa/prisión? No quiero poner mi imagen en tu historia…

[No quería poner mi imagen, pero la nombré… es enteramente mía y dudo que tuviera efectos… quién sabe…]

(risas)

Prisión…. eh… Como ¿Qué haría?

Sí, ¿Quién serías?

Sería un ingeniero automotriz. […]

Por cierto, ¿Cómo va la clase de física?

Mucho mejor, entregué muchas de las tareas, estoy de vacaciones esta semana.

¿Y las redes sociales, tus horas de uso?

[Un reto que le propuse para reducir el tiempo que pasa en las redes sociales].

A ver… no creo que muy bien… como estoy de vacaciones… y le hablé a mi novia…

¿Incluso después del miércoles?

Sí, ella no sabe…

¿No tiene idea de cómo te afectó, cómo te sentiste?

No, no tiene idea.

¿Tienes miedo de su reacción?

Sí, se volvería loca…

Siento que eso es muy solitario. Que no puedes compartir con ella algo así de importante…

No, no. Voy a revisar las horas que paso en Instagram…

Ups, hay que fingir que no usé el teléfono…

(en tono irónico) Oooh… ¡ok!, ¿Entonces es peor que las seis horas de antes…?

Mucho peor…

¿En serioooo?

Doce horas… (me enseña su teléfono)

¡Cada segundo del día que estás despierto!

Pero si vivieras en la parte rural de Alaska…

No tendría esto… no haría esto.

Sólo le llamarías a tu hermano.

Entonces parecería que solo hay dos opciones por ahora, si imaginaras esas dos partes de ti, que son los dos escenarios.

Sí, y no sé si te diste cuenta (irónicamente) me gusta mucho más uno que el otro…

¡Claro! ¡Claramente!

Esto es… ¿Cómo te referiste a tu pecho, cuando la ansiedad lo invade?

Es como sangre que fluye, como algo apretado, como si me dispararan.

¿Tan solo al imaginar la posibilidad?

No, es solamente muy triste.

[Lo veo conectar, finalmente, con una emoción que en general no se permite].

¿Qué tan frecuentemente se te presenta la tristeza?

No sé… no tan frecuentemente últimamente.

¿En qué momentos la identificas?

Cuando hablo con mi novia… Cuando hablo con mi papá. Viendo en dónde estoy y cómo no quiero estar aquí, no me refiero a físicamente, literalmente, sino a que no me parece que mis calificaciones son lo suficientemente buenas, no estoy levantando tanto peso como quisiera, no corro tan rápido como quisiera. No hago lo que debería de hacer.

¿Quién te dice lo que necesitas hacer?

Yo.

¿Tiene esto algo que ver con lo que platicamos antes, de que no te gusta tu cuarto, que no puedes tener un espacio para sentirte cómodo?

Sí, y ahorita es un desastre.

Y según recuerdo… no era…

No tengo ganas de limpiarlo.

¿Entonces la tristeza viene con la falta de motivación o al revés?

[¿Por qué, otra vez, busco la causa y el efecto con mis preguntas? Quisiera no hacerlo más].

La falta de motivación tiene como resultado tristeza.

Porque no estás haciendo lo que deberías de hacer…

Sí…

¿Y el siguiente paso, si la falta de motivación lleva a la tristeza?

Enojo, sentirme atrapado…

Y habías mencionado sentirte atrapado antes, ¿no?

Sí, me he sentido así en otras ocasiones, cuando era chico y mis padres se peleaban… me sentía atrapado, como que no me podía ir a ningún lado y mi mamá o mi papá se iban…

¿Te atrapaban las discusiones, las relaciones, o qué te atrapaba?

[No me gusta dar un “menú” de opciones, pero a veces se me olvida lo mucho que este tipo de preguntas limita… esto constriñe las conversaciones].

Las discusiones

¿Crees que parte de lo que te atrapa ahora es algo similar? Sé que quizás no te permitirías discutir con tu novia…

Creo que yo me atrapo a mí mismo. Creo que debería hacer mejor las cosas. Pero luego no…

Es el robot Enrique, optimizar el rendimiento, siempre puedes ser mejor.

NECESITO optimizar el rendimiento.

¿Esta es la parte del ingeniero automotriz?

No… es el soldado y el guerrero. Pienso que, si hiciera mejor las cosas, estaría más contento… correr más rápido, levantar más peso… hacer todo a mi máxima capacidad, porque ahora mismo creo que no vivo de acuerdo a mi potencial, que tengo mucho potencial, pero podría hacer mejor las cosas.

Entonces es el guerrero, el soldado.

Sí.

¿Esa es la parte de ti que te está atrapando? ¿La idea de no vivir a tu máxima capacidad o potencial? ¿Y hay alguna parte de tu relación que sofoca a esta parte de ti?

No, no creo… no sé.

[…]

(Dibuja dos cubos en el pizarrón)

¿Qué son esos?

Son cajas

Son cajas en donde guardo todo lo malo. La caja de Pandora, ¿Me contaste tú sobre eso?

[¡JA! Invadiendo a mis pacientes con mitos griegos… creo que sólo Enrique ha tomado el anzuelo].

Sí… entonces es como la caja que guardas al fondo del océano…

¿Todas mis emociones?

Habías mencionado antes algo similar, una caja al fondo del océano…

Donde guardo el enojo… sí.

¿Un cofre de metal, dijiste?

De acero… no, esta es otra caja, la caja de las imágenes y cosas que veo, las voces…

¿Qué tipo de caja es?

De madera… y eso (señala su dibujo) no son pañuelos, (aunque en efecto, parecen pañuelos, una caja de pañuelos) es humo. Es humo que sale de las cajas, y como que se filtra. Y las cajas son pequeñas, caben en mi mano, no están en el fondo del océano…

¿Has abierto la caja?

He estado muy cerca…

Tenemos unos minutos más, pero… y no me gusta recurrir a resolver ningún problema, pero hay algo que te ayude a poder aceptar la ansiedad, sin que sea sólo algo que tienes que soportar?

Hacer lagartijas… escuchar música, me encanta escuchar música. Me encantan estos airpods (los señala, sonríe), sonrío cada vez que los veo. Me los compre para mi cumpleaños, con mi propio dinero. Nadie me los puede quitar. Quizás jugar Force of Horizon, me encanta.

¿Quizás podemos hacer algo de eso este fin de semana?

Sí, también acabo de comprar un protector de silicón negro

Para protegerlos todavía más…

[Clásico Enrique…]

Pero hay algo más que proteger aquí… TÚ. […]

¿Cuántas lagartijas puedes hacer, sin parar?

No quiero presumir, pero… como unas cien.

¿Quizás puedes intentar llegar a ciento diez? ¿Te pregunto la próxima vez que nos veamos?

Sí, sargento.

¿La última vez que nos vimos… también estábamos hablando de ti como un coach, te acuerdas? Porque estabas contándome todas las cosas en las que le quieres ayudar a tu novia…

Si, sí…todavía nos queda mucho trabajo por hacer ahí…

Quizás coach Enrique necesita descansar.

Quizás coach Enrique necesita retirarse.

Quizás… necesita irse a Alaska.

[Muchos nudos se atan hermosamente en este final].

¡¡¡¡Síiiiii!!!! Estaré pescando, un salmón.

Veo una imagen, esas imágenes: en Alaska, pescando un enorme salmón real.

¡Exactamente!

En el río Yukón.

Y hace frío… hay hielo…

Nos vemos la próxima vez.


Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
Fotografía de Dylan Thomas. Recuperada de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0 DEED)
Fotografía de Dylan Thomas. Recuperada de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0 DEED)

Thomas canta todavía en sus cadenas

Como el mar —una fuerza que guía las flores.

Seamus Heaney

No vayas dócilmente a esa buena noche, 

la vejez debe arder y delirar al acabarse el día, 

reniega, reniega contra la muerte de la luz.

“He bebido dieciocho vasos de whisky, creo que es todo un récord”. Se dice que fueron las últimas palabras de Dylan Thomas en su cama del hospital en Nueva York, a principios de noviembre de 1953. Aunque no es seguro que en efecto esas hayan sido sus últimas palabras, reflejan, en cambio, una parte de la personalidad del poeta y de cómo era percibido. Un hombre entregado a la bebida que ponía gran atención a cómo era percibido por lo demás, a lo que hay que sumar el hecho de que hubo quienes aseguraron que su muerte fue causada por su consumo desmedido de alcohol, cosa que queda manifiesta con el récord del número de vasos de whiskey. 

Se sabe que Dylan Thomas murió en el St. Vincent’s Hospital de Nueva York el 9 de noviembre; ni siquiera habían pasado dos semanas desde su cumpleaños número treinta y nueve. Pero la prematura muerte despertó una serie de especulaciones: fue un suicidio, estaba tan deprimido que bebió hasta morir, o una neumonía —lo que en realidad fue el caso—. Días antes, una dama aseguró ver a un hombre corpulento —su descripción, dicen, se ajustaba a la del poeta galés—, quien se tambaleaba de borracho y que, en su estado, en el cual no podía ni siquiera articular palabras, insistía en darle su libro de poesía, hasta que se desvaneció en las vías del tren. Se ha llegado incluso a darle nacionalidad a la dama, danesa, pero poco se clarifica esa anécdota, y aunque más prosaico y, por ende, menos digno del poeta, considerado por algunos críticos el mayor en lengua inglesa del siglo XX, Dylan Thomas tuvo un desvanecimiento en la calle, razón por la cual terminó en el hospital. 

Y es que para ese año Dylan Thomas era percibido en los Estados Unidos como una estrella, una estrella que hechizaba con la voz y con sus palabras. Estaba envuelto en el glamur —no en el sentido en el que entendemos el término en la actualidad, sino más cercano a la magia, al encanto; el sentido que tuvo en la antigüedad—. 

Piensan los sabios que en su fin pueden recibir a la oscuridad 

porque sus palabras los desviaron, no los iluminaron, 

no van dócilmente a esa buena noche.

“Do not go gentle into that good night” es uno de los poemas más conocidos de Dylan Thomas. Fue compuesto en Florencia en 1947 en una estancia que Thomas realizó ahí por obtener una beca de viaje que otorgaba la Sociedad de Autores, junto a este poema escribió el libro In Country Sleep, and Other Poems, que vio la imprenta en 1952. De ahí que se descarte la posibilidad de que el poema hubiese sido compuesto en la agonía de su padre, David J. Thomas, que acaeció en diciembre de 1952. 

Se trata de una villanela —aunque también es posible encontrar el término como villanelle, como se acuñó en francés—, una composición poética estricta compuesta por cinco tercetos y un cuarteto, el verso primero y el final de la primera estrofa se repiten como remate, así como el primero de las estrofas pares y el segundo de las estrofas impares, para cerrar, seguido uno de otro el cuarteto al final del poema. “Do not go gentle into that good night” es una de las villanelas más famosas, aunque en la época en la que se compuso no era común utilizar esta forma poética para expresar temas elegiacos. Los poetas de siglo XX que se sirvieron de esta composición demostraron que no solo admitía temas alegres o pastoriles —por su origen en la lírica francesa—, sino que también era posible utilizarla para expresar la pérdida y el duelo, como es el caso de“One Art” de Elizabeth Bishop, “Villanelle” de W. H. Auden, o “Mad girl’s love song” de Sylvia Plath. 

El poema es complejo y es una negación de la aceptación de la muerte. Es uno de los poemas que más se recitan en los funerales en el mundo anglófono —un contemporáneo de Thomas compuso otro poema una década antes que también es recitado con profusión en los funerales: “Funeral Blues” de W. H. Auden—. Asimismo ha aparecido en películas como Interstellar (2014) de Christopher Nolan, recitado por el actor Michael Caine. 

Buenos hombres, pasada la última ola, con un llanto tan brillante 

con sus frágiles semillas habiendo danzado en una verde bahía, 

reniegan, reniegan contra la muerte de la luz.

El auditorio está a reventar, el público ha escuchado en radio las grabaciones del poeta que se va a presentar y saben que tienen que escucharlo de viva voz. Se apagan las luces y los reflectores iluminan un micrófono en medio del escenario. Aparece un hombre regordete, pocas personas piensan que él pueda ser un poeta. Se acerca al micrófono, se pone la mano sobre la frente para que sus ojos se acostumbren a la luz que le da de lleno en la cara. Carraspea y comienza a recitar, con una voz potente y que parece surgida de otro mundo:

And death shall have no dominion 

Dead men naked they shall be one

With the man in the wind and the west moon […]

Esas primeras palabras bastan, están no solo ante un poeta, sino ante un hechicero, un bardo, un vate que es capaz de conjurar a los espíritus con su palabra. No hay más mundo que esa voz que habla de un mundo en el que la muerte dejará de prevalecer. 

And death shall have no dominion. 

No more may gulls cry at their ears

Or waves break loud on the seashores;

Where blew a flowers no more

Lift its head to the blows of the rain;

Thought they be mad and dead as nails, 

Headset of the charracters Hammer through diasies;

Break in the sun till the sun breaks down, 

And death shall have no dominion

Ese público volverá a la siguiente noche o le dirá a sus conocidos que tienen que ir ellos a escuchar ese prodigio. Es febrero de 1950, Dylan, con las lecturas de sus poemas, está camino a convertirse en una superestrella. En la última gira, en la que terminó muriendo, Dylan Thomas será escuchado por un joven, Robert Allen Zimmerman, quien decidirá tomar el nombre propio del poeta para crear el nombre que utilizará en el escenario y por el que llegará a ser reconocido mundialmente, hasta ganar el Premio Nobel de Literatura: Bob Dylan. 

Salvajes que atraparon y cantaron al sol en vuelo

y aprendieron, demasiado tarde, a afligirse, 

no van dócilmente a la buena noche.

Decidí hablar de “Do not gentle into the 4ood night” no solo por ser el poema más conocido de un poeta de la altura de Dylan Thomas —quien cumple con creces el dictum rilkeano que establece que un buen poeta lo es con haber compuesto siete obras dignas de llamarse poemas—, hablar de“The death shall have no dominion”, “I see the boys of Sommer”, “Do you not father me”, “In Country Heaven”, “Light breaks where no sun shines”, “We lying by seasand” o “A Refusal to Mourn the Death, by Fire, of a Child in London”, por mencionar solo siete poemas que considera Rilke y circunscribiéndome a mi gusto personal —hay, en esto del gusto, algunos criterios objetivos y todos quisiéramos decir que es a ellos a los que nos atenemos cuando hablamos de nuestras preferencias, pero no podemos pretender que esos criterios son los únicos que priman en nuestras lecturas—. 

Por supuesto que “Do not go gentle…” es el poema más conocido de Thomas, pero no lo escogí por eso, sino por la forma en que resuena, por la manera en la que me llega. Porque, sí, es un poema compuesto al duelo —los terapeutas y especialistas dirían que corresponde a la etapa de negación del mismo—, pero es mucho más que eso. Para empezar, la musicalidad con la que la compuso envuelve a su lector: Dylan Thomas como pocos poetas del siglo XX ponderó la dimensión musical y de recitación —como buen alumno de W. B. Yeats— de la poesía, y la convoca a la actitud de rebeldía frente a la muerte próxima. 

La primera estrofa establece el tono, a un tiempo dolorido y enfurecido frente a la muerte, mientras que el imperativo de la primera línea es casi un ruego: Do not go gentle into that good night,un ruego que se acentúa por la metáfora de la muerte próxima (night) y el adjetivo que lo acompaña (good). Los siguientes versos muestran el tono de reniego y exigencia que marca el poema: Old age should burn and rave at the close of the day/Rage, rage against the dying of the light. Aquí fue donde me tomé la mayor libertad en la versión que hice del poema, pues en lugar de utilizar la palabra rebelar como traducción de rage, me decanté por el verbo renegar, que por una parte es de un uso muy generalizado en la variante dialectal en la que crecí y, por otra. tiene mucha fuerza fonética al utilizarlo en imperativo. 

Las estrofas dos a cuatro muestran a hombres que por su condición no tendrían que preocuparse por la muerte próxima, o incluso la han aceptado, como los wise men de la segunda estrofa, pero que, aun ellos, en última instancia, reniegan de su destino ante las puertas de la muerte. Aquí entra la problemática de la conjugación verbal, y de concordancia de número, que imposibilita que el imperativo de los versos 1 y 2 de la primera estrofa queden tal cual, al cierre de las estrofas dos, tres y cuatro; quizá se puede solventar con cambiar a usted en la primera y quinta estrofas, con las que la voz poética se dirige al padre y cambiar de plural a singular los hombres de quienes habla, pero aún así, el verbo ir no queda igual en uno y otro caso. 

En una lectura superficial se podría pensar que el poema es sobre el llamado al padre de la voz poética a no aceptar la muerte, a renegar de ella y rebelarse en su contra. Los elementos para esa lectura están ahí y nadie impide que así se tome esta villanela. Sin embargo, esa no es la única lectura que es posible hacer de “Do not go gentle…”; algunos estudiosos han apuntado que la voz poética de este poema al hacer este llamado contra la muerte, en oposición a ella, lo que está haciendo es un llamado a la vida, un llamado que se hace a sí misma. 

Para esta lectura se plantea que el poema fue compuesto  mucho antes de la agonía de su padre, D. J. Thomas —quien fue un escritor que nunca alcanzó reconocimiento y a quien el poeta debía en última instancia su vocación y con quien tuvo una estrecha relación—, aunque esta interpretación también tiene su elemento falaz, porque da por sentado que aquello compuesto por el poeta necesariamente le ocurrió —conocida es la anécdota de Dylan Thomas cuando alguien trataba de hablar del significado de sus poemas o la interpretación de los mismos, y él se tiraba al suelo, se tapaba las orejas y empezaba a berrear, negándose a aceptar ninguna interpretación que sobre su escritura se hiciera; hubiese estado de acuerdo con Susan Sontag en su ensayo Against interpretetion—. 

El llamado a renegar y rebelarse ante la muerte está explícitamente dirigido al padre de la voz poética, pero nada impide que al leer el poema ese llamado sea hacia uno mismo, un llamado para vivir, para abrazar la vida —análogo al que hace Catulo en Vivamus atque amemus, Lesbia mea—, porque la muerte nos aguarda en cualquier momento. 

Hombres serios, cerca de la muerte, que vieron con mirada ciega 

ojos ciegos que pueden resplandecer como meteoros y alegrarse, 

reniegan, reniegan ante la muerte de la luz

Dylan, en su cuarto del Chelsea Hotel en Nueva York, trata de escribir la ópera con la que se comprometió, la que Stravinsky habrá de poner en escena, pero el resfrío que lo atosiga no le permite concentrarse ni poner una sola palabra sobre la página. La tos lo atormenta. Ese resfrío lo adquirió en alguna de las estaciones de tren en las que ha descendido, cargando sus propias maletas; es una estrella a la que todo mundo tiene que escuchar, pero todavía tiene que cargar su propio equipaje. Decide salir de su cuarto, ir en busca de un doctor o, cuando menos, un vaso de whisky, ya que si no puede escribir, al menos se ha de emborrachar —conocida era su afición al alcohol, pero también que nunca escribía ebrio—. 

Mientras camina, temblando, por los pasillos del hotel se da cuenta que ese mínimo esfuerzo lo agota y que hasta el aire le falta. Espera el elevador. Baja al lobby, piensa en sentarse en uno de los sillones y pedir en recepción que llamen a un médico para que vaya a verlo. Pero opta por salir, por buscar él mismo atención médica.

Es el cinco de noviembre, el viento corre frío del norte. Dylan se repecha bajo su gabardina. Da algunos pasos hasta que cae desmayado frente al hotel en el que se ha estado quedando. 

Llega en estado de coma al hospital, del que no sale. Muere cuatro días después, el nueve de noviembre de 1953. El veintisiete de octubre acababa de cumplir treinta y nueve años. 

Y tú, mi padre, ahí en las tristes alturas, 

maldíceme, bendíceme ahora con tus fieras lágrimas. Ruego. 

No vayas dócilmente a la buena noche. 

Reniega, reniega contra la muerte de la luz

Referencias 

Thomas, Dylan, Collected Poems, Nueva York, New Directions Publishing, 2010.

https://poets.org/poet/dylan-thomas


Autores
(Cuauhtémoc, Chihuahua, 1984) es autor de Gloria mundi. El nuevo Liber Pontificalis, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2015.
Hitler Putsch, 8-9 de noviembre de 1923.- Odeonsplatz de Múnich tras el enfrentamiento. (CC BY-SA 3.0 DE DEED)
Hitler Putsch, 8-9 de noviembre de 1923.- Odeonsplatz de Múnich tras el enfrentamiento. (CC BY-SA 3.0 DE DEED)

El pasado 8 de noviembre se cumple un siglo del Putsch (golpe) de la Cervecería o de Múnich, en el cual Adolfo Hitler junto con un grupo de fieles radicales intentaron tomar la plaza central y los edificios administrativos de la ciudad, para establecer una base de operaciones del Partido Nazi en crecimiento, y a partir de ello generar un movimiento y marcha nacional que esperaba confrontar directamente al gobierno central alemán, y bajo la amenaza de un enfrentamiento militar directo, derrocarlo1.

Afortunadamente, el golpe no tuvo ni la convocatoria, ni los resultados esperados, sin embargo, dadas las laxas reacciones del gobierno central contra los conspiradores, Hitler incluido, éste último aprendería que no era necesario ocupar medios violentos ni fuera de la institución para asirse del poder, ya que para 1933, sería nombrado Canciller y el resto, como bien conocemos es historia.

Por otro lado, a propósito de este evento, me gustaría hacer una serie de reflexiones generales al respecto, pues los golpes de Estado, como los conflictos o las crisis económicas, son eventos inherentes al propio Estado moderno.

Es así, que en este texto me gustaría comenzar dilucidando al lector los detalles de un golpe de Estado, sus causas y tratamientos hasta el comienzo de la Guerra Fría (1945-1991); para luego actualizar éstas categorías analíticas en un contexto más cercano; y finalmente exponer como en el Siglo XXI, plenamente interconectado económica y tecnológicamente hablando, existe todavía la amenaza de dicho fenómeno y algunos relacionados como la desinformación, que abonan perfectamente a la inestabilidad política, condición altamente indispensable para su aparición.

Los Golpes de Estado desde el S. XVII hasta el S. XX

Para empezar, definamos qué es un “Golpe de Estado”, para ello, los elementos tratados por Edward Luftwak2 y Juan Branco3 se presentan como fundamentales para establecer lo siguiente: reemplazo violento, rápido y contundente de ciertos funcionarios clave en las instituciones de gobierno, ello para generar una disociación de los administradores permanentes del Estado y el liderazgo político, así tomar el control del aparato de toma de decisiones central estatal y finalmente, adquirir el control político efectivo del país y el territorio.

La anterior definición aplica de manera particular a los golpes de Estado durante y después de la Guerra Fría, sin embargo, los términos generales de aquella definición, relacionados a la toma del poder de manera forzada o violenta para controlar en última instancia al Estado por medio de su centro de toma de decisiones constituido en el gobierno, aplicó desde su institucionalización como fenómeno multidimensional desde el S. XVII.

A este último respecto, Michel Foucault4 rescata de manera magistral a Francis Bacon5 (1561-1626) en sus clases en el Collège de France en 1978, y las cuales dan un esquema bastante completo, pero además de ello, aplicable en la actualidad a este tipo de eventos.

En primer lugar, el golpe de Estado tiene como principal objetivo asegurar la continuidad del desarrollo y consolidación del propio Estado por dos vías; una violenta y otra de normalización por medio de la asignación de leyes que continúen el marco y forma estatal.

Adicionalmente, el golpe de Estado posee un elemento representativo teatral y trágico que es necesario para lograr un impacto en la población general, pero este junto con las sediciones6 como condición previa para un golpe deben considerarse como fenómenos naturales, normales y cíclicos en la vida de un Estado.

Sin embargo, existen condiciones elementales que dictarán a los gobernantes la posibilidad de la aparición y desenvolvimiento de un golpe de Estado:

  1. Comienza a circular un discurso contra el Estado y el gobierno.
  2. Se genera una inversión de apreciaciones respecto al gobierno por parte de los opositores.
  3. La inversión de apreciaciones, de buen funcionamiento estatal a uno negativo, permea en el gobierno hasta causar una interrupción y mala ejecución de órdenes políticas en el Estado.
  4. Los allegados al soberano o al Estado como funcionarios clave, comienzan a actuar por iniciativa propia, y no conforme a los lineamientos generales previamente dictados.
  5. Al generarse esta iniciativa propia de los funcionarios, el soberano o el gobierno central en el Estado, pierde esa cualidad aglutinante e impositiva de intereses estatales sobre los particulares o de facciones, y ante ello opta por sostener la estabilidad política por medio de cumplir los intereses de un grupo a expensas de otro, inclusive los estatales.

De forma paralela a estas condiciones de la germinación de un golpe, existen también causas estructurales que abonan a su aparición las cuales, según Bacon, son de dos tipos fundamentales, y quizá en éstas, su vigencia en la actualidad es más que evidente:

  1. Causas materiales: condiciones de pobreza intolerable en el Estado, descontento de la población real o generado, por lo tanto, es necesario para el gobernante tener en cuenta las condiciones de indigencia y el estado de la opinión pública para calcular su peso negativo o positivo respectivo.
  2. Ocasionales: Catástrofes como desastres naturales, guerras, o fenómenos intempestivos que causen un súbito deterioro de las causas materiales.

Como método de prevención ante aquellas situaciones, y la aparición de condiciones para el inicio de un Golpe de Estado, Bacon sugiere disminuir las condiciones materiales de la población, mantener en constante vigilancia y control el descontento popular, y establecer una rivalidad de intereses entre las élites y el pueblo, pues este último es considerado por el filósofo como el más peligroso respecto a un asentamiento de sedición en sus filas que ponga en riesgo al gobierno, y peor aún, una alianza con las élites resultaría en un desastroso e inminente derrocamiento.

Pero, ante ese último escenario catastrófico, también existe una solución adecuada, y ésta es el fomento de la división y ruptura entre los múltiples grupos de las élites y el pueblo, para evitar una futura coagulación de descontentos que exploten en rebeliones generales.

Ahora, y ésta es una condición particular de este periodo respecto a los golpes, exceptuando el periodo de inestabilidad y revolución generalizada durante los S. XIX y principios del XX, los cuales si bien vieron a la luz del mundo por medio de su aparición en Europa las revoluciones que generarían importantes avances sociales, dichas estarían inscritas esencialmente en su institucionalización bajo la estructura del Estado moderno.

Curiosamente, y dejando fuera el episodio con el cual abrimos el texto por no mencionar algunos otros pocos, los golpes dentro de la anterior estructura fueron un evento contado y enmarcado principalmente en dicho continente, aunque gracias al devenir de la historia y sus enfrentamientos, junto con la independencia y consolidación de nuevos Estados en América Latina, Asia y África, ello vendría a cambiar radicalmente.

La era del Golpe de Estado: S. XX en adelante

Toda vez que los enfrentamientos genocidas de la Primera y Segunda Guerra Mundial (1914-1945) fueron dirimidos entre los Estados y potencias imperiales de la época, junto con la doble aniquilación de las aspiraciones alemanas de volverse un Reich continental-global, en franca melancolía atavística del Sacro Imperio Romano Germánico, la competencia por el dominio mundial directo o indirecto entre dos súper Estados (La URSS y Estados Unidos), hicieron uso de la herramienta de los golpes de Estado como mecanismo predilecto de alineación de gobiernos locales a su área de influencia7.

Dicho primer elemento junto al nacimiento de nuevos Estados en los antiguos territorios de los imperios coloniales inglés, francés, español, portugués y belga hizo el escenario perfecto para que Moscú y Washington, pero especialmente este último, establecieran una serie de condiciones para emplear el golpe de Estado como mecanismo idóneo y encubierto de coordinación de intereses y objetivos en pleno contexto de la Guerra Fría (1945-1991), de los cuales destacan:

  • El patrocinio financiero o militar estadounidense es suficiente para inclinar la balanza a favor del grupo ejecutor del golpe.
  • El gobierno establecido posterior al golpe estará más alineado a los intereses estadounidenses que el anterior.
  • En caso de fallar el golpe, la amenaza de futuros intentos puede delegar al gobierno estadounidense una fuerte carta de negociación sobre el gobierno que no está totalmente plegado a sus intereses.
  • En caso de ejecutar una medida de intervención militar directa y controlada, ésta únicamente debe estar enfocada en distraer al enemigo de sofocar a las fuerzas bélicas instigadoras del golpe.

De forma alternativa, Connor y Hebditch8 actualizan como en su momento hizo Bacon, los cuestionamientos necesarios que determinaron, y actualmente determinan, sobre todo para el caso africano, en el cual el desarrollo y procesos de institucionalización estatal no terminan de culminar debido al arbitrario y premeditado al fracaso trazado de fronteras nacionales por parte de las antiguos poderes coloniales, las condiciones necesarias que de ser en su mayoría afirmativas o negativas, lo ponen en mayor o menor riesgo de experimentar un golpe de Estado:

  1. ¿Antiguo territorio o posesión ultramarina colonial?
  2. ¿Yace en latitudes tropicales?
  3. ¿Existen divisiones religiosas, étnicas o tribales para general una inestabilidad política significativa?
  4. ¿Posee recursos naturales estratégicos, especialmente energéticos como gas o petróleo?
  5. ¿Existe una corrupción y nepotismo persistente en los gobiernos nacionales?
  6. ¿Se encuentra en una posición geoestratégica?
  7. ¿Hay un régimen autoritario o despótico que lleva largo tiempo gobernando?
  8. ¿Los oficiales clave militares han sido entrenados en el exterior?
  9. ¿Existen recursos financieros o condiciones para la operación de grupos militares o milicias privadas?
  10. ¿Ha tenido un golpe de Estado anteriormente?

En contraste al anterior diagnóstico cuasi-médico de la probabilidad de los Estados de experimentar un “mal de golpe de Estado”, existen otro tipo de características cualitativas que política y socialmente ayudan a comprender el por qué de este fenómeno múltiple contemporáneo en la política internacional.

Entre los principales destacan: la inestabilidad política, el débil grado de institucionalización y consolidación en varios Estados derivado de dicha inestabilidad, junto con un frágil o nulo vínculo de relación y confianza entre el gobierno y la sociedad aunado a un endémico subdesarrollo económico9 son causas igualmente válidas no solamente para la presentación de un golpe de Estado, sino también de la generación de un círculo vicioso de disrupción y violencia política que afecta de manera general a los Estados y sus respectivas poblaciones.

Como una posible medida para evitar las sediciones que evolucionen en golpes de Estado, las cuales no son exclusivas de aplicarse en Estados subdesarrollados económica y políticamente10, Rory Cormac propone que aunque éstas implican una temporalidad larga de aplicación, planeación y ejecución, deben orientarse a construir resiliencia social y educación pública para prevenir la intervención de ideas o discursos sediciosos falsos en el mundo real y virtual, para esto último, es necesario una cooperación con las grandes compañías de redes sociales, y acopio de información tecnológica como Google, Facebook, X entre otras11.

Complementario a lo anterior, todos los Estados deben ejecutar campañas políticas preventivas en la esfera real y virtual, que permitan zanjar las diferencias internas proclives a generar inestabilidad política, esto por la razón de que la división y la desigualdad económica, política y social son escenarios idóneos para la proliferación de discursos de carácter sedicioso, que pueden ser introducidos por grupos estatales o no estatales, locales e internacionales que exacerben condiciones artificiales como “guerra de culturas”, “choque de civilizaciones” o simplemente un discurso político tóxico12.

No obstante, y para ofrecer al lector un panorama más completo respecto a la cuestión antes de ofrecer un conjunto de reflexiones finales, el fenómeno de los golpes de Estado en el Estado actual, es un tanto más complejo de desenmarañar y a partir de ello, evidenciar amenazas de este tipo.

Esto por un lado causado al advenimiento desde principios del S. XX de una sociedad de Masas y un Estado masivo desarrollado y perfeccionado en las últimas cuatro centurias, pero ante ello, los problemas multifactoriales que éste enfrenta serán siempre más y no terminarán de acumularse, y mientras no sea posible atenderlos de manera pronta y efectiva, la defensa y atención de peligros de insurrección y golpe se verán obstaculizados por la dinámica anterior, presentándose así un problema técnico toral del funcionamiento estatal13.

Por otro lado, rescatando el argumento esbozado por Curzio Malaparte en el párrafo anterior, existe, al menos desde el periodo de la pandemia de COVID-19 que hizo volver a todos los ciudadanos del mundo rehenes dentro de sus propias residencias ante una amenaza invisible, el buscar un resquicio de confort y estabilidad en un mundo virtual que posee una dualidad de saber infinito altamente explotable y favorable para el desarrollo cultural e intelectual de la humanidad; y otro de carácter oscuro manejado por intereses disfrazados, que se encargaron de esparcir teorías de la conspiración y discursos políticos altamente polarizantes en la sociedad.

Y una vez que terminó el periodo de emergencia sanitaria, y volvimos todos a la nueva normalidad, parece ser que la polarización política gestada en pandemia, está volcándose a la realidad política estatal y social, ante funcionarios públicos totalmente incapaces de mantenerse al tanto de este creciente peligro, junto a la deleznable explotación de nuevos líderes populistas construidos a través del internet, y que paradójicamente como hace 100 años, prometieron la solución a todos los problemas nacionales en Italia y Alemania, y cuyas consecuencias se encuentran debidamente archivadas en la historia.

Conclusión: el futuro de los Golpes

Ante esta nueva realidad, pareciera que durante toda la Guerra Fría, los golpes de Estado fueron ampliamente utilizados por las dos superpotencias en diversos grados de intensidad para afiliar a su esfera de influencia a los países ya independientes, o a los que se encontraban en pleno proceso de, como la mayoría de las naciones del continente africano, principalmente a lo largo de toda la década de 1960.

Sin embargo, desde el fin de aquel enfrentamiento global en 1991, podemos también evidenciar que no solamente los golpes de Estado siguen siendo una actual herramienta para la resolución de conflictos políticos, todo ello al margen de un nuevo proceso geopolítico de escala universal multipolar entre diversas potencias, que se disputan de renovada cuenta el control de regiones del mundo por vía indirecta, por medio del derrocamiento de gobiernos por dicho medio.

Y otros de carácter más violento e intensivo que de igual forma fueron utilizados en la Guerra Fría, nos referimos a las Proxy Wars o Guerras subsidiarias, en la cual dos actores estatales o no-estatales se enfrentan en una guerra local o regional, con el apoyo encubierto, en recursos financieros, bélicos o personales de otras potencias o entes privados con intereses en desenlazar a su favor el conflicto.

Añadido al carácter político y real de todos éstos fenómenos de la realidad internacional, los cuales oscilan en una de las dos grandes esferas de la interacción global que es el conflicto, junto a una relegada y disminuida cooperación interestatal, el campo virtual, y en menor medida con el paso del tiempo, el de los medios masivos de comunicación, se han posicionado como dominantes para moldear la opinión pública local y mundial al momento de desatarse cualquier tipo de enfrentamiento.

Al contrario, de apelar por una resolución pronta del problema, pareciera que su tónica actual es acrecentar únicamente las ganancias de acuerdo al mejor postor entre los bandos enfrentados, en una lógica puramente económica, que dicho sea de paso, contribuye al sufrimiento de las poblaciones que experimentan las guerras por vía del prolongamiento de la muerte y el sufrimiento.

Finalmente, y a manera de brindar una alternativa coherente y menos pesimista a nuestros lectores, es preciso ahora más que nunca, analizar detenidamente la dinámica, origen y propósito de los golpes de Estado, como parte de una red mucho más compleja de actores e interacciones en las relaciones internacionales actuales, para con ello identificar en qué hemos fallado como sociedad perteneciente y contribuyente al desarrollo de un Estado, que desde su propio surgimiento como dinámica primordial en permanente auto-construcción política y social para el aseguramiento de la supervivencia humana, contrastantemente emplea la violencia de manera reiterada para dirimir cualquier controversia. O dicho en un simple cuestionamiento: ¿Es posible humanizar y pacificar al Estado?

Fuentes

Branco, Juan, Coup d’État Manuel insurrectional, Au Diable Vauvert, Francia, 2023.

Charles River Editors, The Beer Hall Putsch: The History and Legacy of Adolf Hitler and the Nazi Party’s Failed Coup Attempt in 1923, Charles River Editors, S/L, S/A.

Connor, Ken y Hebditch, David, How to stage a military coup : planning to execution, Greenhill Books, Reino Unido, 2005.

Cormac, Rory, How to Stage a Coup and Ten Other Lessons from the World of Secret Statecraft, Atlantic Books, Reino Unido, 2022.

Foucault, Michel, Seguridad, Territorio, Población: Curso en el Collège de France (1977-1978), Fondo de Cultura Económica, México, 2022

Luttwak, Edward, Coup d’état : a practical handbook, Harvard University Press, Estados Unidos, 2016.

Malaparte, Curzio, Técnica del golpe de estado, Ed. Zig Zag, Chile, 1934.


Autores
Internacionalista por la UNAM-FCPyS. Interesado y en constante estudio de temas del Espacio Post Soviético y Política Internacional.
Ilustración realizada por Julissa Montiel
Ilustración realizada por Julissa Montiel

I. Time

Ceci cantaba. La miré mientras en las tripas me punzaba un ardor devoto: en ese entonces solían cautivarme con facilidad los esnobismos naturales de la adolescencia, como conocer un álbum y medio de Pink Floyd. Al ritmo de Time, sus dedos se deslizaban con precisión mecánica por el mástil de un bajo imaginario. El primero de los rasgos que la anticipaban por los pasillos de la preparatoria siempre fue el cabello negro, larguísimo, que se le movía en un bloque uniforme. Esa opacidad sedosa era tan identificable como un estribillo de la infancia. 

Ahí, sentada y con los audífonos puestos, encarnó una desgracia artificial: sin tener más de dos décadas encima, coreaba sobre un sol invariable que atestigua la vejez del cuerpo.

And then one day you find ten years have got behind you

No one told you when to run, you missed the starting gun

Tuve el buen gusto de dejarla terminar. Me vio acercarme y levantó una mano mientras se quitaba los audífonos con la otra. Al besarle la mejilla alcancé a olfatear, quedito, el aroma de su perfume de vainilla. Nunca me animé a decirle que con eso encima olía a Mantecadas Bimbo.

     —¿Listo?  

Lo preguntó sonriendo. Ceci nació en Cuisillos, el pueblito jalisciense que se hizo más o menos famoso por la banda homónima salida de ahí. Poco después de conocerla, quizá en algún momento en el que nos quedamos sin mejor tema de conversación, me contó la anécdota central del sitio. Hubo en su pueblo un par de compadres bastante ilustres, señores católicos de hacienda, eran inseparables, vaya. Un día, un niño los vio subir juntos al monte y los siguió, chismoso como cualquier persona de su edad. Ahí, entre los matorrales y el terregal, vio al Compadre Uno poner a gatas al Compadre Dos mientras le bajaba los pantalones de mezclilla. Antes de penetrarlo alcanzó a decirle: ¿Listo?

Por eso, en la Región Valles, el siguiente es un intercambio medianamente común:

     —¿Listo?

     —Listo no: preparado. Listos los de Cuisillos.

Yo estaba preparado, pues. Salimos de la prepa en busca de Roger, el estudiante del turno contrario que se había hecho famoso por escaparse de dos anexos en menos de seis meses, más amaestrado que redimido. No era un dealer en regla. Simplemente nos revendía la marihuana corriente que compraba en su colonia.   

Cargamos el tostón —nadie, por ese entonces, hablaba de onzas o medidas semejantes— mientras buscábamos alguna esquina para forjar. Era hierba fea, sin volumen, con olor a fluidos corporales dejados a fermentar bajo la luz del sol. La combustión resultaba un escándalo: advertía su presencia en toda la cuadra. Por eso, Sabritones en mano, solíamos caminar hacia un lote baldío que se encontraba a espaldas de la escuela. Yo la veía lamer el papel arroz

 desde una distancia que nunca supe atribuir a la fascinación o al nerviosismo.

II. Chasquido

Ceci cantaba. Su paso tenía la marca del desenfado con el que van por la vida quienes saben que están haciendo lo incorrecto. Temeroso y emocionado, durante las tardes que compartimos aprendí que incluso la ética admite licencias: sólo en alguien con su carisma el cinismo podía resultar atractivo.  

Nuestro paseo tenía la venia del prefecto. Alguna infección estomacal nos hizo el favor de librarnos del profesor de Filosofía y, con el horario libre, ganamos permiso de retirarnos a casa. Como siempre, Ceci nos tenía planeado un circunloquio.

Nunca rebasé ese primer acercamiento ocurrido en la adolescencia. Tan proclive a las taquicardias, tan vulnerable a las descompensaciones de la realidad, he rehuido puntualmente a los polvos y las pastillas. Prescritas por un hombre en bata, mis drogas comunes han sido más bien paliativos del estrés y la ansiedad: benzodiacepinas e inhibidores de la recaptación de serotonina. No he buscado aventurar palpitaciones o delirios, consciente de que los ataques más sencillos bastarían para romperme.

A pesar de la cautela, he seguido al tanto de las convenciones con las que, quienes me rodean, procuran deformarse los sentidos. Hay una práctica curiosa, que se repite: los emprendimientos de narcomenudeo, coordinados casi siempre por Telegram y WhatsApp, ofrecen menús coloridos que se abocan en aclarar que el origen de sus productos está en el autocultivo. Las estampitas de Hello Kitty y su estética de la ternura, acaso, pretenden apaciguar las conciencias veinteañeras que consumen cepas de marihuana con nombres frutales, radioactivos. La hierba manchada de sangre no parece llevarse bien con el veganismo y la lucha de clases.

Como suele ocurrir en todo mercado, abunda el simulacro. Cada tercer día se desenmascaran “negocios autogestivos” que surten su catálogo de manos de la plaza local. Ni siquiera en las facultades de humanidades se ha logrado evadir la dinámica del consumo supeditado al crimen organizado.

El prohibicionismo y la peste del pánico moral han orillado a los compradores a conformarse con productos furtivos, de baja calidad, potenciados en su peligro por culpa de la poca estandarización y la tendencia a contaminarse, diluirse, cortarse.

Pero a los dieciséis años uno no piensa en muertos ni estadísticas. Piensa, apenas, en el alcance de los cincuenta pesos que carga en sus bolsillos.

Llegamos a una vecindad diminuta, estrecha, con la arquitectura encimada sobre sí misma. A las dos hileras de casas que se miraban fachada contra fachada las separaba apenas un corredor angosto y enlamado a fuerza de mojarse por fugas de agua no atendidas.

Aunque lo usual era llamar con un silbido, Ceci optaba por chasquear la lengua, incapaz de emitir con los labios un ruido competente. Mi presencia no contribuía en el canje: era apenas una sombra tímida, escondida tras la chica pelinegra que no tardaba en desembolsar tostón a cambio de tostón, parada frente a una puerta discreta.  

III. Arcos

Ceci cantaba. Ya bien entrado El madrileño, C. Tangana parecía seguir sufriendo por la ausencia de las nalgas de su exnovia. Cinco años después de la primera vida que compartimos, la bajista que me había lampareado los tanates con rock progresivo gritaba en el asiento del copiloto, ventanas abajo:

No puedo más que pensar

En tu culo al pasar

Rebotando

Y en tu forma de atarte el pelo

Con una cola, para atrás

La recogí en su casa. Su familia —americanista toda— celebraba la derrota de Chivas ante el Atlas en los cuartos de final. Ella emergió del griterío vestida con un cárdigan de lana blanca, holgado, a lo Taylor Swift. Me sorprendió ver que los años la habían obligado a usar lentes. Conservaba el corte, el largo del cabello. Después de terminar la prepa habíamos cruzado la mirada sólo un par de veces. Nos animamos a salir de nuevo un día en el que, sin planearlo, volvimos a toparnos bajo las luces de un bar repleto de universitarios.

Me saludó como si no tuviéramos media existencia que contarnos:

—No mames, parecemos una pareja de lesbianas.  

Sólo hasta entonces me volví consciente de la camisa hawaiana que llevaba encima.  

Nos pusimos al tanto el uno del otro de camino al cine. Pasaron minutos para comprobar que la Facultad no había bastado para mermarle los ánimos ni reprender la soltura con la que derramaba su voz y su energía. Tras el suéter y la miopía seguía siendo ella, insolente, solar.

Esta no es la crónica de las caricias espontáneas que intercambiamos en la oscuridad de la sala de proyección, ni del beso apresurado que tardó cinco años en concretarse, cubiertos ambos por las luces de un estacionamiento subterráneo.

Esta es la crónica de mi imbecilidad habitual.

Llamamos libre albedrío a nuestro derecho de ignorar las advertencias que nos manda el cielo. El primer acto negligente de la noche fue resistirme a razonar que, quizá, no era la mejor de las ideas tomar el auto de mi padre sin su permiso, aprovechándome de las vacaciones en las que estaba y de las que no volvería en días. La cita se convirtió en un error acumulado cuando obedecí sin más la petición que me hizo Ceci mientras se removía en el asiento:

—Llévame a un paro.

Lo dijo cuando estábamos por tomar Anillo Periférico, enfilados hacia su casa. No había perdido la costumbre de improvisar rodeos en nuestros planes.

No quería un favor: paro es la palabra que usó para referirse a lo que otros llaman punto. Hablaba, claro, del paro de Arcos de Zapopan.

Estacioné el carro en una calle vacía, a espaldas de una unidad deportiva del municipio. Quienes rompían el silencio transitaban hacia el mismo lugar que nosotros dos. Otra vez me encontraba caminando tras la espalda de Ceci, disminuido a una silueta informe que no tenía otra labor más que la de testigo de una compra.

Son curiosas, las comodidades de la corrupción. Distanciada por unos cuantos metros de un puesto de tacos, una carpa se alzaba bajo las farolas ambarinas del vecindario, repleto de edificios departamentales venidos a menos. En el sitio, las cosas transcurrían con la tranquilidad de lo que no se cuestiona. Dentro del orden de la noche, nuestra presencia era el único elemento que permanecía sin encajar.

Ceci pidió una onza de una cepa híbrida, de precio desorbitante (o al menos lo era ante la óptica de mis recuerdos de adolescente). Se la entregaron en el interior de un pequeño frasco traslúcido sellado con una tapa de aluminio. Al abrirlo, de su interior emanó un rumor hipertrofiado que dejaba en ridículo al aroma ácido al que me había acostumbrado años antes. La hierba, procedente de invernaderos refinados, había logrado perfeccionarse tras varias generaciones de siembra dirigida.

Desde fuera del barrio llegaban los ruidos de la ciudad: cláxones traslapados entre las canciones de bocinas estruendosas, alaridos de los atlistas que celebraban su triunfo reciente. En mi interior resonaba la emoción de saber que las cosas habían salido bien. Hasta que nos dimos cuenta de que el carro no estaba en el lugar donde lo estacioné.

A esas alturas, quien lo conducía ya nos habría aventajado un municipio. Sin papeles a la mano y sin saberme de memoria las placas, asumí que no habría denuncia alguna que permitiera, al menos, ubicar su ruta de escape. De recuperarlo ni hablar.  

Ceci sufrió su culpa en silencio.

Habíamos comprado una onza mutante a cambio de quedarnos varados en medio de la noche y de la soledad urbana. La nada de concreto, el silencio paranoico. Del otro lado de la ciudad, del otro lado del calendario, me esperaba un problema mayúsculo.

Aplacé la angustia de mi futura cita con las represalias dándole un par de caladas al cigarro de consolación que me ofreció Ceci.

Tosimos sin decoro alguno, tirados en la banqueta oscura.

Me debatía entre la euforia y el llanto cuando nos distrajo un grito seco que colonizó el aire de la calle.

—Ya llegué, le dije que no me tardaba.

Tras el marco de una de las puertas del carro distinguí un par de capas de mugre que configuraban algo similar a un rostro. Entre la oscuridad se asomaba una boca oblicua, sesgada como la de quienes experimentan un derrame. Pero los dientes barrenados, la lengua parda, funcionaban con una gramática defectuosa que no correspondía a los accidentes cardiovasculares, sino a la sedación.

—Le dije que no soy ningún puto ladrón, a la verga. Y usted chingue y chingue como pendejo. Ahí está su mamada, hombre, ahí está.

El tipo bajó del auto y, sin tambalearse, sacó del asiento trasero una televisión arcaica, jorobada. Los componentes de su interior emitían ruido como si se hubieran dislocado después de la turbulencia del camino. Él la sostuvo sobre los hombros, plantado en el suelo como un profeta.

—Ustedes nunca me creyeron. Valen verga. Les dije que la tele es mía, mía. Por qué se la va a quedar ella si es mía.

Se dio la vuelta mientras explicaba que no iba patrocinar el entretenimiento de tres hijos que no eran suyos. O que al menos no le constaba que fueran suyos.

Cuánta razón en tan poco cuerpo.

Mareados aún, Ceci y yo nos acercamos al carro como si su carrocería fuera un espejismo metálico. Pero el hedor resultó más real que cualquier persona en varias cuadras a la redonda. Del asiento se evaporó un perfume que mezclaba solventes y humedad, empotrado hasta el fondo del tapizado.

Añoré el olor a mantecadas durante el abrazo que nos dimos antes de abordar.

Ya dentro, constaté que el bombín de arranque estaba desecho: ninguna llave lo activaría, convertido en un par de cables que debían hacer contacto para encender el motor.

Calculé, más que las calles y el tiempo de regreso, el dinero que me costaría arreglar el carro sin que mi padre se enterara. Lavaría los asientos como si el cochambre fuera sangre inculpadora.

Al llegar a casa, antes de darme un baño o de bajar avión o de gritar o de arrancarme un mechón de pelo, bloquearía a Ceci en todas las redes sociales existentes y borraría su contacto de mi teléfono y de mi vida.

Chasqueó la boca cuando tomó el cable auxiliar y lo conectó a su celular. Presta a que la devolviera con su familia, reprodujo un ensamble de guitarras soporíferas que no pude distinguir hasta que de las bocinas surgió la voz de Roger Waters.  

Quizá esa fue la última advertencia de la noche.

—¿Lista? —le pregunté mientras movía la palanca de velocidades.


Autores
Nació el 16 de octubre de 2000, en Guadalajara. Es narrador, ensayista y divulgador científico. Ha sido ganador de los concursos “Creadores Literarios FIL Joven” (en las categorías de cuento y microcuento), “Luvina Joven” (en las categorías de cuento y ensayo) y del Premio Nacional de Ensayo Carlos Fuentes, que otorga la Universidad Veracruzana. Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas Luvina, Punto de Partida, Pirocromo, Vaivén, Catálisis y GATA QUE LADRA.
Portada de "Innecesárea" de Jessica Anaid. Fondo Editorial Tierra Adentro.
Portada de “Innecesárea” de Jessica Anaid. Fondo Editorial Tierra Adentro.

I
Zeus mide con su relámpago de metal mis huesos
    pélvicos:
caderas estrechas, dice
y su diagnóstico frena el impulso de un rayo en la
     cabeza de mi hijo
siento el fragor detenerse en el hueco final
                 y el hueso es un trueno petrificado
las estrías violáceas de mi vientre anuncian que se
     aproxima una tormenta
no hay lluvia que descienda entre mis piernas
Zeus ha dicho —imponiéndose con su luz plateada—
     que no he de alumbrar a este dios porque soy
     incapaz de permitirle la salida.
Es un retoño que ninguna diosa podría parir
Su relámpago me entra por la espalda y pierdo el

     conocimiento
anota el nombre de mi futuro recién nacido en una
     hoja
y el nombre de mi hijo se convierte en un cordón
     umbilical que se adhiere a la bolsa de su bata
     blanca
la tela le roza el muslo izquierdo
el médico Zeus comienza a gestar a mi hijo desde las
     8:00 de la mañana y lo alumbra a las 10:00
despierto en la sala de recuperación
y me encuentro con el rastro calcinado de su
     relámpago en el vientre
una línea de sangre coagulada
la sangre seca que bordea un hilo negro.
Soy Sémele
Es un retoño que ninguna diosa podría parir
¿diosa?
caderas estrechas, justificación innecesárea que se
     amolda al brillo de su relámpago que pesa más de
     treinta mil estruendos presagiados en la hoja de
     un seguro de gastos médicos mayores
¿diosa?
madre, sí
sé parir,
pero Zeus es quien anota el nombre de nuestros hijos
     en la página y los gesta en la bolsa de su bata
     blanca, cuya tela roza el muslo de su pierna
     izquierda


Autores
(Saltillo, 1991) es poeta y narradora. Es autora de los libros Los orgasmos de la tierra (2016) y Han apagado ya las luces (2021). En 2022 fue galardonada conel Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal.
Fotografía de Masao Yanome
Fotografía de Masao Yanome

La Feria de Zapotlán es una de las festividades más populares en el Sur de Jalisco y, quizás —permítaseme esta aseveración chauvinista—, es una de las pocas fiestas pueblerinas cuya celebridad ha trascendido al territorio internacional. Esto último encuentra su motivación, sobre todo, en el hecho de que Juan José Arreola plasmó su carácter festivo en su novela La feria (1963) —su algarabía jocosa y llena de leyendas, sus chascarrillos y rimas en doble sentido.

Como nativo tlayolense, desde hace décadas he presenciado los preparativos y el tradicional desfile de la fiesta religiosa a San José, el Santo Patrono. El espectáculo es notable: carros alegóricos representando las principales escenas de la vida del nazareno, miles de danzantes que se congregan para acompañar el recorrido al ritmo de la tambora y la chirimía; escuelas, charros y peregrinos que acuden a celebrar a la efigie sagrada que, desde el siglo xix, protege —o lo intenta— al sur de Jalisco de los temblores.

Como es de esperarse, un evento de esta magnitud invita no pocas veces al malestar de los pobladores: entre la contaminación visual, las inmensas cantidades de basura, las calles bloqueadas, el número de incomodidades es creciente desde el primer día de la fiesta pagana, que empieza mucho antes que la religiosa. Y es precisamente una de estas incomodidades la que me motiva a escribir este texto: los famosos “monstruos” del desfile alegórico.

Es imposible concebir el desfile del Santo Patrono sin hablar de los monstruos. Personajes por demás pintorescos que, disfrazados de las maneras más diversas —los he visto con máscaras de zombis, de vampiros, de vaqueros, disfrazados de Chucky, Fredy Krueger, Peso Pluma e incluso del presidente en turno—, blanden un ceremonioso chicote con el que castigan el asfalto en auténtico pandemónium. Los monstruos son, como los danzantes, fieles acompañantes del recorrido de San José a través de las calles de Tlayolan, y su presencia es constante recordatorio de que no se puede concebir la divinidad sin su contraparte demoniaca.

Fotografía de Masao Yanome
Fotografía de Masao Yanome

Para la crítica Cassandra Eason, la presencia de los monstruos en la sociedad no sólo sirve para evidenciar los caracteres abyectos que se esconden en las conductas humanas. Los monstruos son, también, un recordatorio o acaso advertencia de un mundo sobrenatural más allá del mundo que habitamos. En el fondo, las sociedades siguen inventando monstruos porque sirven para expresar la posibilidad de una existencia más allá de la nuestra. “El interés en los monstruos —dice Eason— puede deberse en parte a la decadencia de las religiones convencionales en las sociedades, conduciendo a que la gente busque desesperadamente si hay vida más allá del mundo material y que no estamos solos en el universo” (xiv).

Si bien la mayoría de las sociedades conocidas ha creado su propio circuito de monstruos, la cercanía del pueblo mexicano con estos seres abyectos —sobre todo durante sus celebraciones religiosas— es una cualidad del folclor nacional que ha llamado la atención de numerosos artistas y académicos alrededor del mundo. De todos ellos, siempre me ha parecido particularmente relevante el caso de Mizuki Shigeru quien, además de ser uno de los mangakas más populares del siglo pasado, fue también uno de los más importantes catalogadores de monstruos japoneses del que tenemos noticia.

Mizuki Shigeru nació en Sakaiminato, prefectura de Tottori, el 8 de marzo de 1922. Desde sus primeros años como estudiante de primaria, mostró una habilidad artística extraordinaria, lo que lo llevó a tener exposiciones de sus dibujos y a ser publicado en los periódicos de su ciudad natal. Experimentó la guerra en Papua Nueva Guinea durante su juventud, una experiencia que lo marcó emocionalmente y lo volvió un pacifista declarado —algo que dejó claro tanto en sus entrevistas como en sus memorias—. Finalmente, terminó por establecerse en Japón en donde comenzaría una carrera como mangaka en 1957 con el manga ロケットマン [Rocketman]. Sin embargo, no fue sino hasta la aparición de ゲゲゲの鬼太郎 [Gegege no Kitarō, originalmente conocido como 墓場鬼太郎, Hakaba no Kitarō, o “Kitarō del cementerio”] que su fama se difundió por todo el país. En este manga, además, Mizuki definiría su peculiar estilo artístico, pero sobre todo, su pasión por los monstruos japoneses, mejor conocidos como妖怪 [yōkai].

Etimológicamente, el término yōkai se compone de los caracteres 妖 [siniestro, sospechoso] y 怪 [extraño, aparición]. En la actualidad, se ha vuelto una palabra de uso relativamente común, pues se ha difundido en todo el mundo gracias al anime y otros productos culturales masivos. Quizás el más popular sea 妖怪ウォッチ [Yōkai Watch], anime que se encuentra en diversas plataformas de streaming y cuya fama alcanzó su punto más álgido en años recientes. No obstante, el término yōkai ha estado presente en el folclor japonés desde hace siglos. Su definición establece algunas claves interesantes: en primer lugar, el yōkai no es simplemente un monstruo en el sentido estricto, sino que deberíamos entenderlo más bien como un fenómeno. Para Michael Dylan Foster, el yōkai es un monstruo o ser fantástico, un espíritu o una aparición, pero también es una idea que surge de preguntas como “quién encendió la televisión en medio de la noche cuando no había nadie cerca” (25).

Komatsu Kazuhiko —probablemente el más importante estudioso del tema en Japón— nos dice que podríamos dividir la definición en tres partes. Primero, entendiendo a los yōkai como incidentes siniestros, experiencias extrañas capaces de estimular la imaginación e inspirar historias con mensajes nacidos del miedo (13). Segundo, como entidades sobrenaturales, seres tangibles, habitantes de diversas historias, chismes, leyendas o cuentos que tratan de explicar eventos extraños; en esta categoría, por cierto, podríamos incluir a la mayoría de los monstruos en todas las latitudes. Por último, como entes representados en pinturas y otras manifestaciones gráficas que, desde el arte, muestran el carácter ceremonial de estas criaturas, manifestándose a un nivel profundo de la cultura japonesa. Como mencionamos antes, los yōkai son mensajeros de lo místico.  

Si bien en la actualidad los yōkai han encontrado un nicho en los estudios culturales —los libros y artículos sobre el folclor japonés se cuentan ahora en cientos—, lo cierto es que el interés por estos seres en el ámbito de la literatura precedió en muchos años al ámbito de la academia. Mizuki Shigeru podría contarse como uno de los primeros autores que dedicó una parte importante de su producción artística al estudio y taxonomía del yōkai. A tal grado llegó su interés por la clasificación de estas criaturas, que durante varios años elaboró una enciclopedia donde reunió varios cientos de entradas de yōkai, quizás el catálogo editado más completo en su tipo.

Además de la titánica labor de taxonomía, Mizuki ilustró cada una de las entradas de su enciclopedia.1 Su obra reúne cientos de entradas de todos los rincones de Japón, y fue publicada recientemente en español por Satori Ediciones, en un esfuerzo descomunal por traer a nuestra lengua uno de los compendios yōkai más completos y documentados que existen, pues cada una de las entradas viene acompañada de una breve narración que Mizuki obtuvo de una fuente literaria o histórica. Lo anterior resulta, a mi parecer, un acto de justicia literaria, pues la obra de Shigeru llegó a México de manera tardía, a pesar de que el autor compartió el éxito con mangakas como Osamu Tezuka (Astroboy, La princesa caballero).

Entrada "Chaneque"
Entrada “Chaneque”

Otro esfuerzo editorial notable lo trajo la editorial Astiberri, que publicó los seis tomos de su autobiografía, que se han distribuido en México y se consiguen con relativa facilidad. En estos libros, la experiencia de la guerra, los viajes para conocer distintas comunidades indígenas, las tribulaciones del artista, se presentan en un manga bastante digerible y entretenido. Y si bien cada uno de estos libros merece un estudio aparte, el tomo seis es particularmente relevante, pues Mizuki Shigeru comparte una experiencia inédita: su visita a Oaxaca para profundizar en la cultura mexicana.

Su viaje ocurrió en octubre de 1996. Como él mismo relata en su autobiografía, el interés por conocer nuestro país derivaría del Primer Congreso Mundial de Yōkai, realizado el 25 de agosto de ese año en Sakaiminato. La visión de las máscaras mexicanas —las mismas máscaras que todavía pueden observarse en los desfiles y en las danzas regionales—, fue un evento que impactó el espíritu aventurero del autor: “Los yōkai y espíritus normalmente no se pueden ver […] pero estas máscaras ayudan a visualizarlos” (189).

Además de su autobiografía, Mizuki Shigeru escribió un libro de viaje, titulado 幸福になるメキシコ 水木しげるの大冒険 妖怪楽園案内 [Kōfuku ni naru Mekishiko. Mizuki Shigeru no daibōken. Yōkai rakuen an’nai; Felicidad en México. La gran aventura de Mizuki Shigeru. Guía del paraíso de los monstruos]. En este particular volumen compiló sus notas sobre la experiencia del viaje en México, e incluyó una ingente cantidad de fotografías e ilustraciones, así como fragmentos de manga, donde expresa la experiencia mexicana al completo.

Algunas de estas fotografías remiten a la natural experiencia del turista —bebiendo mezcal oaxaqueño, conviviendo con campesinos y artesanos mexicanos—; otras, muestran ya el interés por catalogar las famosas figuras talladas —a veces también llamadas alebrijes oaxaqueños, aunque hay discusión sobre la terminología—. Finalmente, como un tierno homenaje del folclor nacional, el autor incluye cuatro entradas de monstruos mexicanos, que remiten con claridad a su propia enciclopedia.

Por considerarlo de interés para el lector mexicano, dejo a continuación la que corresponde al chaneque:

Esta es una historia muy conocida sobre un yōkai que, según se cuenta, vive en las granjas y pequeñas poblaciones cerca de la Cuenca de Papaloapan, en el estado sureño de Veracruz.

En los tiempos en los que no había electricidad, un día apareció un duende. Era un duende que tenía un aspecto muy similar al de un humano, aunque estaba desnudo. Los locales llamaron a esta criatura “chaneque”.

Se dice que cualquiera que se encuentre con este chaneque, será hipnotizado y raptado, el chaneque lo golpeará severamente, lo despojará de sus prendas y posteriormente lo desechará en algún lugar lejano.

Aunque es una criatura muy peligrosa, los adultos lo utilizan para asustar a los niños. “Si no te portas bien, te va a llevar el chaneque”, les dicen para mejorar su comportamiento. Esto parece resultar efectivo.

Se dice que, debido que las personas que se llevó el chaneque estaban en un estado hipnótico, les resulta muy difícil volver a casa. El regreso les puede llevar muchos días. Cuando la persona por fin recobra el sentido (no se sabe cuándo ni cómo va a volver en sí), recordará algunas cosas al principio, pero sentirá como si estuviera en un sueño. (9-10)

Fotografía de Masao Yanome
Fotografía de Masao Yanome

El autor concluiría el relato del viaje a México hablando con entusiasmo de la cultura mexicana de la muerte, de su visita a las pirámides prehispánicas y, cosa por demás interesante, de su experiencia con una chamana que lo proveyó de hongos sagrados. “Los hongos son hijos de los dioses”, declararía la misteriosa mujer al autor. De esta última experiencia —tan alucinante como divertida— sólo mencionaré que el autor ilustró con peculiar detalle cada una de las etapas del viaje espiritual: desde su ingreso al corazón de las pirámides, hasta su violenta expulsión de las alucinaciones saliendo por el trasero de una mujer gigante. Con este relato, el viaje al paraíso mexicano de los monstruos se da por concluido.

Como un modesto corolario, me parece importante destacar que el estudio de los yōkai no sólo ha encontrado un nicho entre la comunidad académica en Japón, sino que hay centros de investigaciones dedicados exclusivamente a estudiar estos fenómenos culturales. El más relevante de ellos es el centro que fundó el propio Dr. Komatsu en el国際日本文化研究センター [Centro de Investigación Internacional para los Estudios Japoneses], ubicado en la ciudad de Kioto. En éste se encuentra quizás la más grande colección de yōkai, en registros que datan de varios siglos atrás. De particular interés resulta su base de datos en donde el lector no sólo podrá consultar los grabados de estas criaturas extrañas, en muchas ocasiones también encontrará las historias que se contaban sobre sus características y apariciones. Sólo me queda decir que la tierra de los monstruos sigue atenta, esperando la llegada de más investigadores y artistas que pretendan nutrirse de ella.

Ya sea que hablemos del carácter folclórico del monstruo mexicano, o de las siniestras apariciones del yōkai japonés, lo cierto es que la presencia de los monstruos en la cultura nos revela mucho acerca del carácter de sus sociedades: permiten conocer sus miedos, sus expectativas sobrenaturales, los valores y antivalores a los que otorgan mayor relevancia. Los monstruos son mucho más que un divertimento, una figuración de lo abyecto o de lo perverso. Ante todo, son una interpretación del mundo, y llevan presente una carga cultural que no debería de ignorarse: son un espejo en donde depositamos las cosas ocultas en nosotros mismos.

Referencias

Eason, Cassandra (2008). Fabulous Creatures, Mythical Monsters, and Animal Power Symbols. Greenwood Press.

Foster, Michael Dylan (2015). The Book of Yokai. Mysterious Creatures of Japanese Folklore. University of California Press.

Komatsu, Kazuhiko (2017). An Introduction to Yōkai Culture. Japan Publishing Industry Foundation for Culture.

Mizuki, Shigeru (2013). Autobiografía. Libro seis. Astiberri. Mizuki, Shigeru (2013). 幸福になるメキシコ 水木しげるの大冒険 妖怪楽園案内. Shodensa.


Autores
(Zapotlán el Grande, México, 1988) es narrador, artista y profesor de literatura. Actualmente estudia el Doctorado en Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Es licenciado en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara e Ingeniero Ambiental por el Instituto Tecnológico de Ciudad Guzmán, además de maestro en Estudios de Asia y África por El Colegio de México. Ha sido becario del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico en Jalisco en la categoría Jóvenes Creadores en 2006 y 2019 y becario del FONCA en la categoría Jóvenes Creadores en 2021. Ganador del Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela, en 2016, del Premio Nacional de Cuento Joven Comala, en 2018, del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay y el Premio Nacional de Cuento José Alvarado, en 2020, y del Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, en 2021. Ha publicado los libros de cuentos El espectador (2013), Me negarás tres veces (2017), La noche sin nombre (2018), Padres sin hijos (2021) y el libro de crónicas Los niños del agua (2021).
Portada de "Taller de literatura", José Agustín Solórzano. Fondo Editorial Tierra Adentro, 2023.
Portada de “Taller de literatura”, José Agustín Solórzano. Fondo Editorial Tierra Adentro, 2023.

La literatura es una carrera de patadas en el culo, gana quien llega más lejos con las que ha recibido.

Adán Valparaíso

Ustedes y yo sabemos que ningún arte verdadero puede adormecernos, puede hacernos olvidar lo que somos y el mundo que vivimos. Si fuera así, la obra de arte suprema, la más sencilla —como dice un tipo listo cuyo nombre no recuerdo ahora— sería un martillazo en la cabeza.

Christopher Philip Marlowe

Abrí los ojos y frente a mí todavía estaba el cadáver. Aquel hermoso rostro amortiguó mi resaca. Desperté con el culo adolorido. Más tarde el hijo de la chingada de Arturo me diría que había dejado que las putas jugaran conmigo cuando me dormí. Mientras una me metía un par de dedos por el ano, la otra utilizaba mi mano para masturbarse. Arturo lo miraba todo y se moría de risa, el cabrón.

Me levanté y le rocé el pelo al cadáver antes de seguir mi camino hasta la cocina. Me serví un vaso de agua y lo bebí de un trago. En la habitación de Arturo estaban las dos putas y él. Tres asquerosos cuerpos enredados entre sí. Sentí asco. Tomé mi chamarra e intenté abrir la puerta. Estaba cerrada con llave. Volví a sentarme en el sofá donde pasé la noche. Miré el reloj de mi teléfono: eran las 12:46. Tenía tiempo para llegar al trabajo.

No entendía muy bien cómo me había metido en esto. Se supone que era un taller de literatura y terminamos robándonos un cadáver —qué hermoso era—. Volteé a verlo. Su mirada inmóvil me hipnotizaba. Lo habíamos acomodado en el sillón individual de la sala de Arturo —ese hijo de su reputa madre—. En vida fue una mujer, no sé si hermosa u horripilante. No importaba mucho. Ahora, tiesa, inmovilizada en aquel sofá, era la perfección. Y pensé: eso debe ser la perfección, la belleza es solo perceptible en su inmovilidad. Lo que se mueve no alcanza a ser bello, lo busca. Aquel estado de reposo natural en el que, al fin, la belleza se posaba sobre el objeto y lo fijaba. Pasaba de estar en el espacio dinámico para entrar al espacio estético, el arte, la belleza. Tal vez por eso las pinturas, los retratos, las fotografías, una vez fijas, deben llevar un marco. La función del marco es separar un espacio imaginario —el artístico— de otro real. Recortar aquel trozo de no-movimiento del mundo que no para, nunca, de moverse.

Este tipo de pensamientos me invadían mientras avanzaba con los ojos sobre el cuerpo semidesnudo de aquella mujer. O tal vez debería llamarla cadáver. O mejor: escultura. Aunque sus senos, que se asomaban discretos entre las rasgaduras de su blusa, me invitaban a no excluir su sexo. Estaba ahí, tras los girones de ropa que el asesino la había dejado conservar. O debería decirle violador. ¿Cuál era la intención del sujeto —o mejor dicho: el escultor—? ¿Quería meterle la verga, así nada más? ¿Eyacular dentro de su carne inútil? ¿Saciarse, vaciarse? O tal vez buscaba matarla, meterle algunos navajazos —como lo hizo—, y comenzó practicando con su pene. Se lo metía como si fuera navaja. Atravesaba una herida ya hecha antes por la naturaleza. La vagina sucia escurría el semen del asesino que, pobrecito, también era hombre y antes de cumplir su trabajo quiso exprimirse la tristeza de quién sabe cuántas noches de onanismo solitario. Perro triste. Perro que muerde. Perro que cabalga mujeres bellas. Así me lo imagino repitiendo: perro asustado, perro con rabia, perro que sangra por la verga, mientras escucha los alaridos de la perra que posee. Perra de raza, perra de familia, con su platito de comida al lado de la mesa de los patrones. Perra.

La noche detrás del hijo de perra, que miraba las lágrimas de la cachorra arrepentida. Le dio miedo, perro cobarde, y luego de asestarle varios puñetazos en el rostro le dio vuelta. La puso de perrito y, apretándole las muñecas con sus manos ensangrentadas, volvió a penetrarla hasta que sus gritos fueron aullidos a la luna. Y el cielo se desplomó sobre el movimiento ajetreado de los dos caninos amantes. Todo quedó en silencio, inmóvil.

La belleza entonces. El asesino se puso de pie y ni siquiera se subió el pantalón. Su pito escurría una baba blanca como el filo de la luna. Los jadeos de la perra no eran de placer, pero ya no importaba. Tomó la pistola y terminó su labor. Cansado, el escultor volvió a su cotidianidad, sin perras y sin mármol.

Le quité del rostro un hilo de cabello que me estorbaba. Acaricié sus mejillas con mi dedo índice. Luego fui a su boca, entreabierta, y en la comisura de los labios entretuve mi yema tibia que contrastaba con la frialdad de piedra de su condición divina. Bajé por su cuello y utilicé las manos para saborear el contorno de su anatomía. Con la derecha terminé de desprender el pedazo de blusa que le quedaba, con la izquierda tomé su seno, sin apretarlo mucho. Miré su pezón y lo rodeé con el índice, me acerqué y lo besé. Mis labios se acomodaron en aquel brote de piel oscura. Mientras respiraba el olor agrio de su piel putrefacta, terminé de sacarle lo que traía encima. Solo quedó un calzón sucio que se detenía en sus tobillos. Lo dejé ahí mientras recorría con la nariz la mitad del cuerpo que me faltaba. En el sexo había rastros del semen del artista. Seco, como una costra que ensuciaba el monumento final. Me dieron ganas de lamerlo, comerme los últimos rastros de aquello que había sido hecho por un hombre nacido no divino desde el principio.

Eres un puto enfermo, dijo Arturo, y soltó una carcajada. Te pasas de verga, pinche Rodrigo. Le dije que debía irme, tenía trabajo. Antes tenemos que ver qué haremos con el cuerpecito este que te quieres ligar, güey. Obviamente no se podía quedar en su casa, me dijo. Ni en la mía, respondí. Pero realmente tenía ganas de llevármelo. Vamos a esperar a que se despierten es tas viejas, tal vez ellas tengan una idea. Ya sabes, las putas siempre le salvan la vida a los poetas, es un lugar común. Se la pasaba haciendo chistes sobre escritores que yo no entendía.

Bueno, ¿pido algo de comer o comemos afuera?, preguntó como si no le importara un carajo que yo debía trabajar y que tenía un cadáver sentado en el sofá de su sala. No mames, le dije. Quiero ir a mi casa, darme un baño. Me duele el culo.

Fue entonces que me contó que las putas se habían divertido con mi cuerpo. No te encabrones, güey, se adelantó. A ti te gusta sabrosearte a los muertos, así que estás peor. Inútil explicarle algo. Arturo pertenecía a otro mundo, o mejor: a otro lado del mundo. Volví a pedirle las llaves y me dijo que estaba bien, pero que antes lo ayudara a despertar a las viejas.

Me paré en el umbral de la habitación y grité: ¡despierten! No seas pendejo, me dijo mi compañero, a estas putas no se les despierta así. Luego se acercó a la cama, se bajó el pantalón deportivo que traía puesto y empezó a masturbarse en la cara de una de ellas. Divertido, volteó a verme y me invitó a hacer lo mismo con la otra. Moví la cabeza con asco y fui a la cocina por agua y a fumarme un cigarro. Antes de irme alcancé a mirar que el pene de Arturo conseguía una erección y que —hijo de su puta madre— golpeaba los cachetes de la prostituta con su miembro.

Las carcajadas y los jadeos de mi anfitrión eran el único fondo musical del que disponía para mirar la calle desde la ventana de aquella cocina que olía a limpio, a pesar de que a unos metros se encontraba un cuerpo en descomposición. El barrio en el que nos encontrábamos era tranquilo y de clase media alta. Ahí vivía Arturo desde que obtuvo, con apenas veintinueve años, una beca de creación y un par de premios que, además de brindarle la estabilidad económica que nunca había tenido, lo catapultaron a la fama entre un sector medianamente pudiente de escritores del norte del país. El departamento tenía todas las comodidades para un hombre soltero de su edad, además de que podía darse el lujo de pagar un servicio de limpieza para no tener otra cosa en qué ocupar su tiempo que en escribir, lo que para él se traducía en drogarse, contratar prostitutas y ver Netflix.

En la ciudad, Arturo prefería quedarse encerrado. La gente de Morelia lo asqueaba. Miserables, decía, mediocres que no queren salir de la mierda en la que se regocijan cual moscas. Aclaraba que no se refería a mí cuando decía eso. No te lo tomes personal, men, me refiero a los escritorzuelos, artistuchos que dicen que hacen arte y literatura para el porvenir. Puras mamadas. Nosotros miramos a las moscas con asco, ¿y sabes cómo nos miran ellas a nosotros? De igual forma. Ellos me observan con recelo y repugnancia, desde su retrete disfrazado de centro cultural o museo, me vomitan a mí y a todos los que hemos logrado despegarnos del fango de lo contracultural e independiente.

Pero la verdad era que no estaba mucho por acá. La mayor parte del tiempo se encontraba viajando. Iba a encuentros literarios, daba charlas en alguna universidad o hacía residencias creativas en equis o ye lugar. Siempre uno donde hubiera contacto con la naturaleza y un spa con barra libre.

Fui de regreso a la sala porque la campana del camión de la basura me sacó de mis cavilaciones. Al pasar por la habitación de Arturo pude ver que una de las putas —la que supuestamente dormiría conmigo—, ayudaba al escritor a “despertar” a la bella durmiente. Mientras él le embarraba el líquido lubricante de su pito en la boca, la otra restregaba su lengua vacuna en la panocha de su colega.

Me senté con cuidado —seguía doliéndome el culo— enfrente de Atenea, así me gustaba llamarla. Encendí otro cigarro y, mientras veía sus ojos aletargados, me quedé dormido.


Autores
(Valle de Santiago, 1987) es poeta y narrador. Ha publicado Ciudad en blanco (2019), Rompecabezas (2015) y Cuaderno de ensayo (2017). En 2022 obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Magdalena Mondragón.
Ilustración realizada por Julissa Montiel
Ilustración realizada por Julissa Montiel

Hace mucho que no venía aquí y ya quiero irme. No lo recordaba tan caluroso y tan lleno, quizás solo sea mi estado de ánimo. Cada vez hay más extranjeros y los culeros de la entrada la hacen más de a pedo para poder entrar, si no hay reservación ni se te ocurra pararte ahí mi moreno y aún con la reserva, la hacen tardada. Los meseros siguen igual, queriéndole morder al queso a cada oportunidad que tienen, ellos si agarran parejo pero su festín principal son los güeros que, al parecer, encuentran todo barato aquí.

La pista está llena, ahora ya no importa si sabes o no bailar, el chiste es moverse, no como antes, que solo se paraban ahí las personas que sacaban los buenos pasos, o las ficheras que te bailaban y te hacían ver bien aunque no supieras bailar, ya no hay nada de eso.

¿Una botella o que pedo?, pregunta Piter, pero yo no quiero beber tanto, cuando ando sacado de pedo el alcohol se me sube enseguida y estos cabrones cuando andan libres no paran hasta que amanece, sin embargo, le digo que como ellos quieran. Un Smirnoff de ¾ en más de $1,000 pesos y con solo 5 minerales mini llega a la mesa, el mesero nos sirve tres tragos cargadísimos para que pronto nos vayamos a la verga de ahí, pues al parecer, la fila de güeros que quieren entrar empieza a crecer y aún no es ni media noche.

Cámara chaparro, saca a bailar a una güera me dice Fercho quien de inmediato y junto con el Piter, van a una mesa contigua para invitar a bailar a dos chicas que no hablan español y que de inmediato aceptan. Sin ganas de hacer lo mismo, agarro la botella y me preparo una cuba más mientras veo como mis acompañantes, sonríen, bailan, coquetean y dan de vueltas a ritmo de la orquesta que como siempre, está tocando la de “Ojitos mentirosos” en ese lugar ahora trendy de la Obrera.

Cuando nos enteramos que ella tenía cáncer, todo lo que nos dijeron los doctores era favorable, ni siquiera iba a recibir radioterapia o quimios, con un medicamento vía oral sería más que suficiente por el momento. Si bien yo me alegré de oír ese diagnóstico, mi madre no se veía muy confiada, pues los dolores que comenzaba a sentir eran cada vez más fuertes, dejándola muy débil la mayor parte del día.

No me he parado en todo ese rato más que para ir a mear y Piter se da cuenta, le da las gracias a la chica con la que bailaba y se sienta a mi lado, ¿cómo vas? ¿Necesitas que te traiga algo?, respondo que no con la cabeza, y le digo que quizás no fue muy buen idea empedar después de todo, anímate, me dice, ya sabíamos que tarde o temprano eso pasaría, no te puedo decir que no te saques de pedo, pero al menos pásala bien esta noche, hace mucho que no salimos así.

Fercho sigue bailando con quien se deja, pero se acerca a la mesa y nos dice que le gustó mucho una alemana que, al parecer, sí sabe bailar. Solo sonrío, me gusta verlo cuando está muy de buenas como hoy.

Piter vuelve a la pista junto a otra chica más alta que él, me mira de reojo y me sonríe presumido, yo solo lo veo alejarse y perderse entre los cuerpos que a ritmo de “Maruja”, se mueven extasiados al sonido de la orquesta. El mesero se acerca y me sirve un trago más. ¿Usted no baila joven?, me pregunta, le digo que sí, pero que en realidad, hoy solo vengo a beber y a valer verga, pues debería de bailar joven, me responde, hay mucha muchacha bonita, o ¿le gustan los chavos? También hay harto guapetón

Los estudios siguieron semanalmente y el diagnostico cambió de pronto. Nos dijeron que era urgente operar pues había riesgo de que el cáncer se extendiera a otros órganos y mientras más pronto lo hicieran, el resultado sería más favorable. Ves, estos pinches doctores nunca saben qué pasa, me dijo al salir de la consulta. Según esto, tenía que internarse el próximo fin de semana para ser operada el lunes por la mañana. El nuevo resultado nos dejó fríos, por lo que decidimos ir a desayunar y a comprar cosas que no necesitábamos: zapatos, perfumes, un par de abrigos y hasta unas botellas. Al final del día, terminamos en un restaurant de comida china bebiendo nuestros tragos favoritos.

Fercho regresa después de un rato de no verlo, me dice que ya se besó con la alemana pero que ya le aburrió. Me acaba de mandar mensaje Lalo, que anda en el centro porque hace ocho días bien pedo encontró a un imitador chingón de Juan Gabriel en las chelerías de Garibaldi y quiere encontrarlo de nuevo. Tu mamá era bien fan del Juan Ga ¿no? Creo que estaría chingón recordar a tu jefa con ese wey de fondo. Le digo que sí, que estaría cagado.

Piter se acerca y nos dice esta mamada ya está hasta el culo y nos van a empezar a picar lo ojos, ya le pagué al chaquetas y ya le dijo al de la puerta que salen dos más conmigo pero dice que de todos modos nos acompaña por si hay pedo. El mesero nos lleva a la salida y les dice a los de la entrada que podemos irnos, nos subimos al coche de Fercho y con tres caguamas que compramos en la tienda de enfrente, nos dirigimos al centro. 

Agarramos un tramo de Bolívar para dar vuelta a la derecha y llegar al Eje Central con la música muy alta. Fercho reconoce la canción que suena en el radio y la empieza a cantar, pensando en ti sé que no puedo dejar de temer, andando por los bares te pasas noches y días enteros, y cuando estas a solas grabas algunas cosas perversas. Ese si es un pinche bajo ochentero dice Piter mientras bebe de la caguama. En el alto una patrulla se nos empareja y ninguno de mis acompañantes se inmuta, yo me pongo nervioso porque Piter siempre trae droga y aparte los tres venimos tomando, miro de reojo a los policías que no dejan de observarnos, el semáforo se pone en verde y no pasa nada. Piter dice, vez, esta noche el destino quiere que empédenos rico, Fercho acelera y la música sigue fuerte mientras los dos gritan a coro lo que sigue de la canción creo que creo que creo que creo que mamá se está volviendo se está voviendo loooocaaa

La cirugía que tendría para quitarle un tumor cancerígeno del hígado, se ha estado complicando, al principio los doctores nos dijeron que la operación era viable, pero ahora, han decidido esperar pues un resultado no favorable apareció en los últimos estudios que le hicieron, parece que parte del hígado que creían estaba sano, no lo está, además de que en otros órganos han aparecido pequeñas manchas que predicen lo peor.

Llegamos a un infiernito que está cerca del Panteón San Fernando, para hacer base y ver dónde está el pinche Lalo, dice Fercho, por mi está bien. Me dirijo al baño y al salir, Piter me da una bolsita de coca junto a un vodka cranberry, pa que se anime chingón me dice mientras sale del lugar repleto de gente, afortunadamente, el DJ está poniendo buena música.

El sonido es tan fuerte que no queda otra que bailar, las luces rojas y azules que de vez en vez chocan con mis ojos me dejan ciego, tengo que bajar la mirada para recuperar la vista y sentir que estoy bien. Bailo a ritmo de esa electrónica oscura que me encanta a lado de otros más, parece que estamos juntos, pero también que no nos conocemos. La voz de Nicola Kuperus se exalta cada vez más, creo que la canción es “Everything & Nothing”, que maldito buen ritmo. Los sintetizadores y la caja de ritmos de la canción se entremezclan con otros sonidos que apenas logro reconocer, un buen trago al vodka y un primer sniff a la bolsita para seguir moviéndome. Parece que la noche mejora, por un breve momento y a lado de muchos desconocidos, este sopor y enojo con la vida parece desvanecerse.

La operación se ha postergado y mi madre ya lleva una semana internada. Hoy me tocó venir por la mañana y al cambiar turno con mi tía, ella me dijo que la vio bien y que la dejo durmiendo. Cuando llego a su cama, parece que mi madre me está esperando, ¿Cómo estás? me dice, ¿no ha habido problemas en casa? Le respondo que no y que, aunque los hubiera, lo importante es que ella se recupere para que regrese pronto. Pues así como van estos doctores no creo que regrese pronto me dice un poco molesta.

Sin querer tocar el tema de su salud, hablamos de cosas triviales, de la serie que estamos viendo y que me prohibió ver sin ella, de lo que haré con mi vida ahora que terminé mi relación con Tania, y otras cosas más con las que me esfuerzo para que por lo menos en ese momento, no recuerde que su salud está empeorando.  

Fercho entra por mí y me dice que Lalo está en Garibaldi, vamos ¿no?. Ambos salimos y esperamos a que Piter termine su cigarro mientras suena “Run” de Boy Harsher adentro del cuarto de baile, esto se va a poner bueno nos dice.

Fercho le marca a Lalo pero no le contesta, ¿Pues qué hora es? Pinche Lalo ya ha de andar bien pedo, dice molesto. Seguro perdió su cel de nuevo dice Piter fastidiado. Yo le doy otro sniff a la bolsita mientras veo a los mariachis y a los borrachos que comienzan a inundar la explanada de Garibaldi. ¿Te acuerdas cuando íbamos por piedra con tus compas de la escuela a esas vecindades gallo? me dice Piter mientras señala los edificios de atrás del mercado, a lo que le respondo que sí, estaba bien bara esa madre ¿no?, remata.

Pues chingue su madre dice Fercho, les invito un mezcal en el Tenampa y ahí preguntamos qué pedo con el doble del Juan Ga. Entramos y enseguida nos dan mesa, un mariachi canta a todo pulmón “El mono de alambre” mientras la familia que la pidió, ríe desenfrenadamente. Fercho pide tres mezcales más cervezas para empezar, cuando las traen, le pregunta al mesero si sabe qué onda con el doble del Juan Ga, pues hay un chingo joven, más en los antrillos gays, pero no sabría bien bien decirle en cuál, más bien láncense a los de República de Cuba o a los de por ahí sobre Eje Central, seguro ahí encuentran al Juan Gabriel, sonríe.

La operación se hará, pero con ciertas precauciones, si bien parte del hígado está sano y bien podría regenerarse, el tumor es muy grande por lo que implica un mayor riesgo, entonces, como su familiar más directo, tiene que firmar algunas responsivas sobre esto por si la operación no resulta favorable, ¿está de acuerdo? Yo asiento con la cabeza, el tiempo de mi madre se acaba y los otros métodos para evitar la operación no funcionaron, además ella así lo quiso, si este es el último recurso para intentar recuperarme, se tiene que hacer para bien o para mal, me dijo.

Piter se siente incómodo ante tanto grito de mariachis, y le dice a Fercho, como me cagan estos weyes gritones, jálate mejor a esos norteños y pídete una rola, al fin a este wey también le gustan, me señala. Fercho les llama y el trio se pone frente a nosotros con su acordeón, contrabajo y tarola. Tóquense la de “Aguanta corazón” y le siguen con “Alma enamorada” del Chalino por favor. Piter acompaña a coro mientras le da un trago a su cerveza y otro a su mezcal, yo hago lo mismo, te imaginas que se sepan unas del Komander, estaría cagado ¿no?, me dice al oído.

Ya me llegó la ubicación de este pendejo nos dice Fercho, sí anda por Cuba, ¿nos echamos la última y ya o nos movemos? Piter y yo le decimos que la última y ya.

Caminamos sobre Eje Central inundado de gente como si fuera de día, dejando atrás un sinfín de lugares en los que se ve buena fiesta a ritmo de electrónica y reggaetón. Fercho señala uno y nos dice mejor hay que quedarnos aquí con las trans, se ven bien buenas, a lo que Piter sonríe. Mientras caminamos me voy dando cuenta que el alcohol empieza a atontarme, Piter también lo nota y me dice jálale a esa madre, ponte vergas carnalito, a lo que enseguida, le doy otro sniff a la bolsita si dejar de caminar. Un par de chicas ven lo que hago y me empiezan a pedir, míralo, no se veía que estuvieras tan guapo, invitas o te da pena, a lo que Piter les responde, le da pena, mientras me jala del brazo y me dice, vámonos pinches viejas piojosas. Yo solo me río mientras doy otro jale.

Los dolores en su vientre y en casi todo su cuerpo cada vez son más fuertes, la hacen replegarse mucho y de sus ojos brotaban algunas lágrimas. A veces, cuando estoy con ella, le agarro la mano para que la apriete y sienta que estoy ahí con ella, no sé por qué lo hago, ni por qué pienso que eso es bueno, pero lo hago y ella no suelta mi mano hasta que el dolor pasa.

Llegamos al lugar indicado, pero no sabemos cuál es, hay al menos 4 diferentes lugares en los que Lalo podría estar. Fercho empieza a preguntar en cada uno si ahí se presenta el doble de Juan Gabriel, tres responden que no y el otro nos dice que en el antrillo de a la vuelta siempre se presenta uno.

Llegamos al lugar y pedimos la entrada, subimos unas escaleras y vemos a lo lejos a Lalo sentado con su novio y con un par de amigas que se están besando. Fercho lo saluda a lo lejos y nos acercamos a su mesa. La música a ritmo de cumbia sonidera inunda el lugar con un mix de Selena, en la pista bailan varias parejas mientras en las mesas la cerveza es lo que más circula.

Te pasas de verga pinche Lalo, llevamos un rato buscándote, ¿A qué hora sale ese wey?, pregunta Fercho. Perdon pero ando acá con mi morro y ustedes se tardan un chingo siempre, el Juan Ga sale hasta después de las 4, ya casi ¿no?, miro mi reloj y en efecto, están por dar las 4 am y la fiesta sigue con todo.

Es la noche previa a la operación, y tengo que quedarme con ella, dormir en una silla junto a su cama o en un sillón afuera, son las opciones que me dieron. No recuerdo que ella me contara tantas anécdotas de cuando era pequeño como hoy, algunas las recuerdo, pero la mayoría no, parece que con esos recuerdos, se está despidiendo de mí. Sin querer tocar el tema de la muerte y esas cosas, le digo que es mejor que descanse para que mañana esté más entera para la operación, pero ella me dice es que no quiero dejar de hablar, puede que esta charla sea la última y ya, y no quiero que se acabe. No sé qué decirle, pero comienzo a hacerle preguntas de su pasado, ella abre los ojos y feliz continúa respondiendo todas las preguntas que le hago.

Pedimos una silla extra para Piter y una cubeta con 10 cervezas. Mientras miramos el lugar rodeado de espejos, un wey barbón saca a bailar a Fercho a quién le encanta bailar con quien se deje. Lo vemos moverse y bailar mejor que con las chicas de hace rato, se avienta más vueltas y se deja llevar por el barbón sin ningún problema, hasta parece que se lo están ligando. Piter me dice que va al baño a miar y a ver si encuentra algo más de diversión. Yo me quedo en la mesa, bebiendo cerveza y en espera del wey que según es el doble de Juan Gabriel.

A lo lejos miro a una mujer enorme con plataformas y peluca que se acerca a la mesa y me dice ¿bailamos? Le digo que no por el momento, pero Lalo me escucha y me dice no seas mamón baila con Crystal culero. No me queda de otra y ya medio ebrio me levanto y de la mano de ella empezamos a movernos. En la pista mis malos pasos me hacen chocar con otros bailadores que se molestan al verme, hasta que ella me dice, no te pongas nervioso, mira, agarra mi mano y con la otra agarra mi cintura, pero fuerte, sin miedo, no muerdo, a menos que quieras, me dice mientras me repega sus enormes senos operados. Como puedo trato de darle unas vueltas, pero su altura me lo hace muy difícil, me he de ver muy gracioso bailando con ella y sus más de 1.80 de estatura a ritmo de “dicen tus jefes que a mí no me quieren, y yo me agüito y me salgo a beber, dicen que yo soy un gran mujeriego…

Sin haber dormido más de tres horas, las enfermeras llegan al cuarto de mamá para prepararla para la operación, salgo de la habitación mientras eso sucede. Minutos después dos camilleros la llevan un piso abajo indicándome que los siga, uno de ellos me dice al ser una operación de alto riesgo, es necesario que se despida de su familiar. Me acerco a ella y le tomo las manos, le beso la frente y le digo que la espero de vuelta, que todo estará bien y que la quiero mucho. Ella sonríe y me dice yo te quiero más hijo, no estés de preocupón, todo estará bien. La veo alejarse, esperando que nada malo suceda.

Termina la canción y el sonido del lugar avisa que en pocos minutos Juan Gabriel tomará las riendas del escenario, no sin antes ver el show de unos gogos que, sin pudor, enseñan su miembro erecto y lo restriegan a quién se deja y así lo quiere. Fercho y Piter están enfiestadísimos, ríen y bromean con Lalo, los gogos, el mesero y con Crystal que desde que regresamos a la mesa, no se ha a apartado de mi lado. Si quieres, podemos ir al baño y te la mamo, me dice Crystal al oído, le digo que no estoy interesado y que, realmente, solo me gustan las mujeres, y que soy yo tontuelo, a poco nunca habías visto a un mujerón como yo, me dice. Sonrió y le digo que tiene razón pero que por el momento no estoy interesado, es más, así como estoy dudo que se me pare, uy nene, eso déjamelo a mí, me dice, a lo que le digo que mejor le invito un poco de coca y ahí la dejamos, ella se carcajea y me dice, vale chaparrito, eres muy adorable, mientas besa mi mejilla.

El sonido y las luces del lugar empiezan a bajar, Lalo llama al mesero y pide una ronda de tequila para todos. Piter se está besando con las dos amigas de Lalo mientras les pasa con la lengua una pastilla que de seguro es MD.

El sonido regresa en forma de mariachi y del fondo del lugar, sale un Juan Gabriel que poco se parece al divo de Juárez, eso sí, porta un blazer de lentejuelas y trae copa en mano para hacer el playback de “Por qué me haces llorar”. Fercho me mira y me dice, por tu jefa bro, mientras Piter alza su cerveza para brindar conmigo a lo lejos.

En una pausa entre canciones Piter me da una pastilla, lo último de la noche carnalito, pa amanecer chingones me dice. Miro la pastilla y sí es MD, la tomo con un trago de chela y a seguir mirando al Juan Ga del lugar.

Mamá ya no tuvo fuerzas para regresar consiente, mientras la operación se hacía hubo complicaciones y necesitaron mi autorización para entubarla. Lo sentimos mucho pero solo así, podemos postergar la vida de su familiar un poco más, sin embargo, ya no hay nada que hacer, ¿nos autoriza la entubación o dejamos que lo inevitable suceda? Aún tiene unos minutos para decidir, en un momento vuelvo von usted, me dice el doctor que operó a mamá, pero le respondo enseguida que no es necesaria la espera y que, si ya no hay nada más que hacer, podemos evitar entubarla. El doctor asiente y se retira, me dice que, en un momento, un colega mío saldrá para que nos llene y firme algunos papeles más

El tiempo ha pasado, pero a la mayoría parece no importarle, cantan a coro el clásico “Mi fracaso”, muchas gracias, te agradezco, los momentos de felicidad, te deseo, buena suerte, porque no me veras ya jamássss. También aplauden demasiado a ese divo del escenario venido a menos y pienso que no es para tanto. Yo apenas puedo mantener los ojos abiertos mientras Crystal me acaricia la pierna. Fercho y Piter están extasiados, no dejan de ver y de cantar a coro con ese “doble”.

El divo falso se despide del público que le pide otra, pero al parecer ya es algo tarde, sin embargo, regresa y nos dice, bueno pues, la última y ya. Parece entonces que la fiesta en el lugar continuara al menos por un rato más.

Poco a poco siento que me desvanezco, la mirada me falla y cada vez veo más borroso todo, pinche MD creo que no me cayó tan bien. Piter se acerca y me abraza, me dice que le dé un jale más al regalo que me dio para que me reponga, hoy no se acaba hasta que amanece mi chingón, además hoy fiestamos por ti, tu jefa y porque estamos vivos papi, me dice. Yo solo sonrió porque ya no puedo más, la cabeza me da vueltas y por momentos quiero vomitar.

En la mesa escucho a Fercho y a los demás, ponerse de acuerdo para ir a la casa de Lalo y seguir la fiesta. Creo que necesitaré otro sniff pero ya no tengo, la pinche Crystal se lo acabó todo…


Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.