Tierra Adentro
Ilustración realizada por Maricarmen Zapatero
Ilustración realizada por Maricarmen Zapatero

A pesar del auge de las escrituras citacionistas y desapropiativas, que cuestionan tanto la autoridad del autor como la idea de la gran literatura, resulta difícil hablar del embuste literario como una forma de escritura conceptual que irrumpe en la ciudad letrada con su juguetona irreverencia. Si bien es cierto que la literatura es en sí misma un arte de la fabricación, donde se desdibuja la ya delicada línea entre la realidad y la ficción, existen textos literalmente falsos, fraudulentos o de plano falsificados que buscan engañar a quien los lee. El aspecto inherentemente engañoso del hoax literario hace que sea difícil identificarlo como tal y aún más descifrarlo. Después de todo, en este tipo de libros, nada es lo que parece.

La historia de la literatura universal está llena de ellos. Pienso en el falso Quijote que se publicó en 1614 como una continuación apócrifa del libro de Cervantes. Se dice que este libro fue una revancha de Don Jerónimo de Pasamonte—el supuesto personaje detrás del seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda—por la manera en que Cervantes lo retrató en la primera parte del Quijote. O al menos eso creía Cervantes, quién dejó pistas sugiriendo la identidad del usurpador en la segunda parte del libro publicada después de que el manuscrito de Avellaneda se imprimiera. Otro caso ampliamente conocido es el de Edgar Allan Poe, a quien le gustaba publicar noticias falsas como “El camelo del globo,” donde describía con habilidad científica y minuciosidad calculada el trayecto de tres días de un globo aerostático a través del océano atlántico en 1844. Otros ejemplos son las traducciones falsas de Max Aub, las falsificaciones de William Henry Ireland conocidas como “The Shakespeare Hoax” o el éxito comercial de Naked Came the Stranger, libro intencionalmente mal escrito y lleno de sexo que pretendía evidenciar el supuesto declive de la literatura en Estados Unidos a finales de los sesenta.

En cuanto a las estafas literarias del medio mexicano, una de mis favoritas es la del cuento de Juan José Arreola que aparece en su libro Palindroma (1971). “El himen en México” parece ser una reseña de un tratado médico inexistente escrito por un tal Francisco A. Flores que varios lectores y críticos asumían como personaje ficcional hasta que José de la Colina y Gerardo Deniz se encuentran un ejemplar del libro de Flores en la biblioteca de México. Ya que menciono a Gerardo Deniz, cabe resaltar que los seudónimos muchas veces se utilizan para oscurecer la procedencia de este tipo de libros. Si bien escribir bajo un nombre falso no es sinónimo de estafa literaria (por ejemplo, los heterónimos de Fernando Pessoa o los múltiples nombres de Asunción Izquierdo Albiñana), si puede ser una pista de que estamos ante un embuste.

Una de las generaciones de escritores que se divirtió con estos juegos fue la bien llamada generación de la insolencia. La revista S.Nob, creada por Juan García Ponce, Emilio García Riera y Salvador Elizondo, combina los engaños literarios con el escándalo, el chisme y una visión de la sexualidad que, por supuesto, no ha envejecido nada bien. Fotografías sin crédito, modelos desnudas que esconden su identidad para mantener la incertidumbre, reseñas de productos que no existen y tantos seudónimos que a veces es difícil apuntar quién escribe. Por ejemplo, pienso en las secciones de giromancia firmadas por Cecilia Gironella y Dalia Amadís de Gaula, nombres que después de una búsqueda exhaustiva entre chismes, cartas, documentos de la época e investigación académica, resultaron ser pseudónimos de la periodista Ana Cecilia Treviño.

La investigadora Clara Sitbon1 sugiere que los engaños literarios son un género que busca desafiar el estatus, la función y la credibilidad del autor porque el fraude revela cómo la figura autoral opera en la esfera pública y evidencia los defectos del sistema literario. Esto es evidente en los casos antes señalados y también puede verse con S.Nob como proyecto cultural que, entre otras cosas, buscaba demostrar el acartonamiento de la literatura mexicana y su falta de cosmopolitismo.

Volvamos al punto de origen de esta serie de Balmoreadas que es Carlos Balmori (o la embaucadora de Conchita Jurado). Las balmoreadas eran tretas para establecer hasta qué punto una persona resistía una cantidad de dinero antes de hacer concesiones de orden moral o ético. Aunque más que literatura, las balmoreadas son arte de acción, éstas forman parte de la tradición del embuste literario porque inspiraron múltiples textos engañosos en la prensa de la época, así como textos ficcionales a lo largo del siglo XX y XXI que continúan jugando con el laboratorio experimental de Conchita.

Tal es el caso de Más vale robar que pedir, libro publicado bajo el sello de Almadía en el 2010 que reúne tres textos escritos por los herederos (y familiares) de Balmori con la finalidad de rendirle homenaje. Miris, Franco y Cata Balmori proporcionan al lector diferentes claves para entender el arte del embuste, acompañados de ilustraciones de Juana Balmori. En el primer texto, Miris Balmori argumenta que pocas veces se le ha dado al embuste el lugar que merece dentro de las artes porque es difícil clasificarlo y aventura una posible definición del embustero:

Hace uso de lo inesperado, trastoca las fronteras de lo legal y lo ilegal, no respeta los límites entre el buen o mal gusto, entre lo bueno y lo malo, viola gustosamente las reglas de urbanidad y, sobre todo, suele ser un gran improvisar. El embaucador busca cuidadosamente a sus víctimas, lanza la broma a un blanco bien definido2.

Para la autora, Carlos Balmori es uno de los embusteros más brillantes del “capitalismo moderno” porque utiliza la ironía y el engaño para evidenciar los efectos del capital.

Franco Balmori concuerda con la visión de Miris y agrega que lo que hay que destacar de las balmoreadas es su papel esencialmente desestabilizador. A diferencia de Maris Bustamante que identifica las balmoreadas como precursoras del arte de acción junto con las vanguardias, para Franco Balmori éstas no deben confundirse con el arte de vanguardia sino que pertenecen a la bohemia del siglo XIX. Según el autor, la bohemia nace de la necesidad y del paro laboral de los artistas desplazados del mundo ‘oficial’ del arte. Concluye que la obra de Balmori “es una concienzuda práctica de pequeñas traiciones, de una moral rabiosa que, descreída de la humanidad goza demostrando al lobo que todos llevamos dentro”3. Digamos que para los herederos de Balmori, una de las cualidades de estos engaños era poner en evidencia la relación entre el capital y el mundo del arte.

El libro cierra con “La mordaz boca bicéfala” de Cata Balmori. En este texto, se narra una conversación entre el narrador no identificado y Luis Cervantes Morales (secretario de Balmori y autor de sus memorias) mientras pasean una noche por el Panteón Civil de Dolores. Quien nos narra la caminata está intentado descifrar una de las piezas del rompecabezas: cómo es que un médico como Cervantes Morales conoce a Balmori, se vuelve su secretario y cómplice. Si bien este misterio no se resuelve, el cuento acaba con Cervantes Morales destruyendo la tumba de Balmori para mantener vivo el experimento. La tumba es la única prueba material de la muerte de Balmori. Si ésta se destruye, no habrá evidencia de su muerte y se podrá seguir alimentando la idea de que Balmori vive y viaja por el mundo, es decir, el embuste continúa. ¿Es esta la clave del misterio de la Conchita decapitada? ¿De la tumba vandalizada?

Pero nada es lo que parece. Más vale robar que pedir es un clásico embuste literario. No solo sus autores se esconden bajo identidades y nombres falsos, sino que la misma publicación del libro es un robo. El libro tiene todas las características que distinguen a la editorial independiente Almadía: colores llamativos, ilustraciones, ese papel lleno de textura e incluso el distinguido logo con una pequeña variante: hay cuatro Balmoris en la barca. Almadía, el puerquito de los Balmoris del siglo XXI. 

Lo interesante del caso es que la artimaña no está centrada en el autor como en Cervantes ni en el lector como en Poe sino en el ‘robo’ de un sello editorial. ¿Quién está detrás de este robo? ¿Por qué la víctima es Almadía? ¿Qué tienen en común las balmoreadas y una editorial independiente del siglo XXI? La tradición literaria de la artimaña sugiere que estamos ante un texto que busca desafiar las formas en que se produce y circula la literatura en nuestra época. Cualquiera es libre de expresarse y es necesario “posibilitar espacios de creación horizontales que escapen al consumo y la cultura como mero entretenimiento”—dice una de las pocas entradas que se pueden encontrar en la red sobre la presentación del libro. Un embuste exitoso consiste en no poder descifrar la identidad del embustero. 666histerimocrítico, ¿Eres tú? 666histerismocrítico es (o fue) un proyecto autogestivo y cooperativo sin dueño con presencia en la blogosfera y a veces publicaban fanzines. Publicó un manifiesto que todavía circula en la red donde se declara que el histerismo es una herencia matrilineal del pensamiento y la acción histérica que ataca las defensas del capitalismo y el estigma. Tomando en cuenta esta posibilidad, el lector puede imaginarse que Más vale robar que pedir es un homenaje feminista a Jurado, otra histérica más que desafía la (hetero)norma y el (c)istema. Un embuste bien logrado no se resuelve, se alimenta. Y lo que importa es que Balmori sigue vivo, que la tumba está vacía y sus herederas siguen produciendo histeria.


Autores
(Tijuana, 1988) Es doctora en estudios hispánicos con una especialidad en estudios de género y sexualidad. Ha publicado reseñas en diversos medios, artículos académicos y es colaboradora de Hablemos escritoras. Actualmente vive en Estados Unidos donde es profesora investigadora. Su investigación se centra en el estudio de la producción cultural cuir de mujeres en México. Le interesa la construcción del canon, las teorías de los afectos, los movimientos feministas y transfeministas en Latinoamérica.

Cómic realizado por Ureshi San-Universe
Cómic realizado por Ureshi San-Universe


Autores
Ureshi-san Universe, ilustrador originario de Ensenada, Baja California, con enfoque en el género “yaoi”, también conocido como BL (Boys Love). Tras graduarse de la carrera de Diseño Gráfico en 2016, se ha dedicado a crear contenido visual de dicha temática inspirado en personajes de sus series y películas favoritas. Actualmente vive en Tijuana, Baja California, trabajando como ilustrador y diseñador gráfico para un canal de Youtube y, a su vez, trabaja en más contenido para compartir en redes sociales y se prepara como expositor para eventos próximos.
Ilustración realizada por Jal Reed
Ilustración realizada por Jal Reed

Volvieron —dijo mi abuela— va a volver a pasar, como cuando era pequeña y vinieron retumbando el monte con ese aleteo infernal que llega a deshoras y nomás se come todo a su paso con la furia desenfundada, como si una bestia enorme de mil cabezas se arrojara hacia un barranco. Yo no entendí lo que estaba diciendo porque a veces habla en lenguas que ya casi nadie recuerda y que pertenecieron a otra época que a mí no me tocó vivir, pero que ella se encarga de que no olvidemos.

“¿Quiénes volvieron?” le pregunté mientras tenía un gusano vivo en la boca que se deslizó sutilmente entre mis dientes para escuchar los murmullos de mi abuela que decían yo no sé qué tantas otras cosas. Una vez fuera de mi boca, el gusano me miró con cara de tregua como preguntándome con tanta ternura y terror en sus ojos: “¿me dejas ir?”, que se me fue el hambre y no tuve más remedio que darle paso.

“Estarás contenta” le dije a la abuela refunfuñando mientras el gusano atravesaba el monte sin mirar a los cientos de insectos que acampan a esa hora de la noche cerca de nuestra casa, y siguió su camino hasta perderse más allá del rumbo de las sartenejas.

“No me estés chingando a la abuela” interrumpió mi madre al llegar con su marsupio lleno de chinches, que había estado recolectando desde la tarde. Luego le habló al oído e intercambiaron breves palabras que culminaron en un vámonos.

“¿A dónde? Ni siquiera hemos cenado” le contesté más que enfurecida como solo una Capricornio puede contestar cuando tiene hambre y la andan chingando como si no valiera nada. Para mí era natural que yo y mi abuela no nos lleváramos bien, después de todo ella había nacido bajo el signo de Escorpio y acá todos sabemos que son el peor signo, o al menos yo me he encargado de difundir esa idea en la Comarca. Después de todo, muy pocas como yo han dedicado la vida entera a la lectura del tarot o de la posición de las estrellas.

Es la tercera vez que nos mudamos de casa —le dije a mi madre— no me pienso mover de aquí, lo dicen las estrellas. La última vez ni siquiera habíamos logrado desempacar las cosas de la mudanza, cuando la abuela tuvo esa profecía de “Inminente inundación” y nos tuvimos que alejar de la zona roja. Ese era el lugar perfecto para asentarnos y vivir tranquilas. Había una fila de casas en las que siempre tiraban las mejores sobras y eran perfectas para nosotras.

“Volvamos ahí” dijo con cierto entusiasmo como si no supiera que ahora es territorio de Las Oregon Rattus y que donde ellas se ponen no dejan nada para nadie. Ahora, si todas jaláramos parejo otra historia sería, pero nadie en la Comarca es de las que luchan, y nomás les gusta andar regalando lo poco que tenemos.

Ya no son tiempos de guerra —replicó mi madre en voz baja— tenemos que respetar la tregua.

Ah, chingados, tregua mis polainas —le contesté en seguida—. Acá nadie nos respeta ni un carajo y tú quieres andar pregonando que estamos en tregua. Despierta, madre, esto ya no es como en tus tiempos.

—Tu abuela dice que volvieron y que no se irán hasta que peinen todo.

—¿Todo qué? Si aquí no hay nada. Vivimos en la intemperie, como si no supiéramos dominar el fuego.

—Son Las Norte Langostas. Entiende que no hay escapatoria para sus infinitas mandíbulas.

—¿Y qué con eso? Ya nos hemos enfrentado a pandillas antes.

—Tú estás bien chamaca por eso no sabes lo que dices. Las Norte Langostas vienen volando en enjambres y se comen todo a su paso. Toda fruta, verdura o raíz y no dejan nada.

—Bajo tierra no pueden acercarse a nosotras. Para eso hicimos la casa.

—Bajo tierra no hay suficiente alimento. Además, piensa que, si se comen todo, ¿qué insectos vendrán a vivirse por acá? Tenemos que irnos antes de pasar hambre. Tu abuela no resistirá otra hambruna.

—Ni resistirá otro viaje. Acá nos quedamos, ya lo consulté con las cartas. La abuela no sabe ni lo que dice, esta no es la primera vez que sale con sus pendejadas. Te dije que era una mala idea mudarnos la última vez, por seguirle el juego, ahora estamos como estamos. Sea lo que sea, resistiremos.

—Sabes que establecernos en un solo lugar va contra natura. Siempre debemos estar en movimiento. Somos nómadas. ¿Qué más da irnos tantito más atrás del monte?

—Que no y no se diga más.

Pero sí importaba irse tantito más al monte porque de ahí venimos y nos costó mucho llegar hasta esta tierra baldía que no le pertenecía nadie. De algún modo, estar lejos de la carretera nos ha resguardado del peligro que significan para nosotras los automovilistas alcoholizados, los jardineros complacientes y las señoras con escobas asesinas. Además, tenemos la protección de Las Oregon Rattus,por una cuota mínima de semillas que no nos cuesta nada recolectar en esta zona. Todo está organizado en una cadena perfecta que no iba a dejar ir por el sueño de una anciana. Hasta que llegaron.

Lo que mi abuela decía de Las Norte Langostas no era del todo preciso. No era cierto que volaban, pero sí hacían un ruido infernal. Eso no puedo negarlo. Vinieron cabalgado sobre bestias amarillas que nunca habíamos visto y que se tragaban todo a su paso con sus pies metálicos, producto de la sociopatía humana para acabar con todo lo vivo. Mi madre no me habla desde que llegaron y se guarda en su marsupio todo lo que alguna vez me dijo. Mi abuela, por el contrario, lleva meses sin dormir y no se calla nada. Cuenta, de las formas más imaginativas, cómo nos vamos a morir todas en este pequeño encierro de madriguera. Las Serpientes 8 huyeron más hacia el norte, por fuera de la zona roja y acabaron por anidar en algunas bañeras y lavabos de casas cercanas.

Es mejor que nada —dijeron— y se fueron antes de que botaran la primera fila de árboles. Tampoco ahí les queda mucho qué esperar. Las Serpientes 8 son un grupo de reptiles sigilosos, famosas por hacer operaciones encubiertas, pero eventualmente tendrán que salir a la superficie. Y a nadie le gusta ver a una serpiente cuando está sentado sobre el inodoro con los pantalones abajo.

Las Oregon Rattus opusieron resistencia desde el principio, pero ya nomás les queda una pequeña flotilla de iniciados que todavía no han desarrollado todos sus dientes. Las ratas son mamíferos realmente duraderos, ágiles e inteligentes, pero no pueden controlarse cuando sienten cerca la comida descompuesta. Hay algo en ella que les hace perder la cabeza en un instante y nomás caen una a una en las decenas de trampas que la humanidad ha diseñado para su especie: desde la ratonera común, hasta la goma pegajosa AKA, “el verdugo de las ratas y ratones”. Pero la preferida, desde tiempos inmemoriales, es el siempre confiable veneno. Cualquier cosa con veneno es letal para todas nosotras. Y los humanos lo saben.

Sin la protección de Las Oregon Rattus nos quedamos a la deriva. Nuestra Comarca se partió en dos: por un lado, están las que decidieron replegarse más hacia el monte donde ahora son presa fácil de Las Colarillos Queens y de otras células delictivas, que se han ido formando ante la restructuración territorial; por el otro, está nuestra pequeña familia, que está sitiada por Las Norte Langostas y ha optado por encerrarse en un hueco como si fuéramos criminales.

Desde que llegaron, no han parado de trabajar día y noche. Primero llegaron los topógrafos y midieron toda la tierra con sus aparatos y tomaron fotografías como si no hubiera un mañana. Luego, llegó la caballería a llevarse todos los árboles hasta donde alcanzaba a ver desde el tronco de un álamo que no pudieron desprender del suelo. No mucho después comenzó a llegar, como una horda de hormigas rojas, la infantería. Esa fue la peor, porque tienen órdenes de su comandante en jefe —un tipo que nunca se despega de la cara sus lentes de sol Versace— de atacar a muerte a cualquiera de nosotras sin preguntarnos nada.

“De todas maneras, no tenemos papeles, no hay nada qué pelear” dice mi tía, mientras yo sigo cavando hacia el fondo de la tierra como un minero que busca diamantes que nunca va a gastarse. Mi madre, en cambio, solo se come su silencio y me mira con desprecio, como si yo los hubiera invitado a que vinieran a invadirnos.

Lo último que alcancé a ver antes de que nos cerraran el acceso a las estrellas, fue que usaron nuestra madriguera como cimiento para una columna de metal, en la que más tarde acomodarían esas letras características de los humanos en rojo y azul: C-O-S-T-C-O-W-H-O-L-E-S-A-L-E, que no pude entender del todo, pero que mi abuela asegura, como solo las abuelas pueden hacerlo, que únicamente podía significar una cosa: “Territorio de Las Norte Langostas”. Esas que vinieron desde su infancia como un murmullo agitado que no nos deja dormir por las noches y que nomás esperan a que simplemente nunca hubiéramos nacido.


Autores
(1994, Ticul, Yucatán) es Licenciado en Literatura Latinoamericana y Técnico en Educación Artística con Especialidad en Creación Literaria. En 2022 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo Trejo”, ganador de los “LXIII Juegos Florales Nacionales de Ciudad del Carmen” y seleccionado en la 3ra convocatoria “Alas de Lagartija”. En 2020 ganó el Premio Estatal de Cuento Corto “Tiempos de Escritura”. Es productor ejecutivo del colectivo U Yotoch Yúuyum.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Hace aproximadamente tres meses me enteré de que mis antiguos compañeros y compañeras de la universidad tenían un grupo de WhatsApp. Me lo dijo mi amigo Humberto, me consta que sin mala intención. Fue algo como: “¿No viste lo que publicó fulanita en el grupo?”. Pregunté: “¿Cuál grupo?”, y en seguida se dio cuenta de que había metido la pata. “Ah, pues es que los de la carrera tienen un grupo de WhatsAppdonde siempre se están contando lo que hacen… Pero no es tanto, ¿Eh? No te pierdes de mucho. Ya sabes cómo son esos güeyes”. Sentí en el pecho una bola caliente, viscosa, de tamaño considerable. No había pensado en ellos en más de cinco años, salvo de manera fugaz al encontrarme con alguna foto perdida en la galería de la computadora. Sabía que había pasado ese tiempo porque hace cinco años vi por última vez a Paloma, mi mejor amiga de la universidad. Hace cinco años ella seguía casada con el mejor amigo de mi marido. Ahora ellos están divorciados y yo no he hablado con ella en mucho tiempo.

Cuando terminó la llamada con Humberto me cayó el veinte de que hacía mucho no veía publicaciones de Paloma. Y me pasó como en el meme: busqué entre mis amigos virtuales el nombre con el que la recordaba y bajo su foto de perfil encontré el botón azul para enviarle una solicitud de amistad. Ni siquiera me di cuenta del momento en el que me eliminó. Como buena ansiosa empecé a preguntarme qué había visto entre mis publicaciones para tomar aquella horrible decisión. Supuse que algún contenido feminista, puesto que, aunque durante la escuela nos unieron intereses similares respecto a abrirnos paso siendo mujeres en una industria machista y retrógrada, una vez que tomamos nuestros caminos, cada una asumió el propio de distinta forma.

Casi en seguida me dio la impresión de que me había eliminado como en una especie de ajuste de cuentas, pues eso que ella hizo conmigo, antes yo lo había hecho con compañeras y compañeros que publicaban contenidos que me molestaban o me parecían agresivos o irrespetuosos de alguna forma. Después de reflexionarlo, llegué a la conclusión de que merecía la distancia que Paloma había interpuesto entre nosotras, pero ¿Qué había hecho para que ninguna de las personas con quienes estudié la universidad pensara en mí como miembro de ese grupo de WhatsApp? De ese exclusivo, reservado y único grupo de WhatsApp. Pasé varias horas pensando en sus interacciones, una a una me fueron llegando a la mente sus caras y las expresiones de quienes seguro sí tenían espacio donde yo no. Con las caras también llegaron los recuerdos y las emociones que me provocaban. De manera racional, llegué a la conclusión de que en realidad yo ya no tenía nada en común con nadie. Después de todo abandoné la profesión tras diez años de ejercerla, pero ni una sola vez en ese tiempo intenté buscar a nadie más que a Paloma o a Humberto. Entonces, si mi molestia estaba infundada, si no tenía vínculos con nadie, si no recordaba un solo momento genuinamente feliz con ninguna de esas personas, ¿Por qué me dolía la exclusión?

Pasé días con la enorme pregunta ocupando todo el espacio dentro de mi cabeza, mordiéndome las uñas, contándome mi propia historia para buscar aquello tan malo que hice para no merecer un espacio en ese grupo. Y con frecuencia yo misma me preguntaba: ¿Y luego?, ¿Qué vas a hacer si te meten?, ¿De qué vas a hablar?, ¿Estás segura de que tienes algo en común con ellos, además de haber compartido algunas clases o de haber estudiado en grupo? Quizá porque no podía responderme, en automático regresaba a la sensación de malestar y de que había algo en mí que no les era suficiente o les desagradaba. Incluso también a Paloma, quien sí pertenecía. Tenía la idea de ser excluida de un grupo de gente exitosa, que no tenía las mismas crisis que yo, que no se cuestionaba cada paso que daba, cada decisión.

Dos días después, cuando aún tenía todas las preguntas y los razonamientos revueltos, Elma Correa me dijo: “¿Para qué quieres estar en un espacio de cualquier tipo donde te sientas así? Next, ellos se lo pierden”. No es que realmente crea que se pierden de algo, pero sus palabras apuntaban a esa razón de peso que por algún motivo yo no terminaba de formular.

Después apareció Diego en mi cabeza. Lo dejé de ver por el 2006, más o menos. Terminamos mal, sin duda, y mi sensación recurrente al pensar en él los años posteriores era que las circunstancias no habían sido justas, que me debía algo. Con frecuencia pensaba también en cuando le presté Olga encuentra su media naranja, el primer libro que leí a los ocho años, y lo hizo pasar por suyo para no devolvérmelo. Nunca se disculpó, ni por el libro ni por nada. Los años siguientes aquella sensación volvía en los momentos menos oportunos, como una especie de sombra que se me aparecía a voluntad y me sacaba del equilibrio que me costaba tanto trabajo mantener.

En algún punto comencé a imaginar —quizá a desear— que tarde o temprano me buscaría para darme explicaciones y pedirme perdón. Repetía en mi mente las palabras exactas con las que lo haría: “Xo, la neta te traté mal, te desperdicié, sí te quise, pero estaba muy clavado conmigo mismo y no pude darme cuenta”. Y por supuesto yo no lo perdonaba, y eso era lo que me provocaba paz, o me la devolvía.

En 2020, de la nada y sin previo aviso, Diego volvió. Por supuesto no fue como supuse. Aunque sus palabras y explicaciones me provocaron escalofríos por el parecido que tenían con lo que había imaginado durante años —incluso la intención que percibí en la distancia de la virtualidad se asemejaba—, mis emociones al leerlo no se acercaban ni tantito a ese estado de paz que había necesitado. Por el contrario, en todo el tiempo que la interacción duró, me llené entera de incertidumbre, me cuestioné todo: “¿Por qué había esperado tantos años?, ¿Por qué no lo hizo antes?, ¿Qué hubiera pasado de haberlo hecho antes?, ¿Qué era yo para él en ese momento?, ¿Por qué creyó que podía dirigirse a la misma persona que fui en la adolescencia?, ¿Qué buscaba de mí?, ¿Por qué me revictimizaba?, ¿Por qué yo le permitía revictimizarme?”. Las preguntas en mi mente siempre corren el riesgo de sobrepasarme y salirse de control, por eso, al llegar a la última, caí en cuenta de que ese era el momento para cerrar con el tema para siempre. Lo mandé a la chingada, lo bloqueé de todos lados y dejé macerar la experiencia para escribirla después.

También recordé cuando mi papá nos corrió a mi mamá, a mi hermano y a mí de su casa varias veces, la última y determinante en el 2007, cuando yo tenía veintidós años. Nos obligó a buscar un lugar donde pasar aquella primera noche y las siguientes, a rentar un departamento tan barato como inconveniente, a buscar chambitas que nos permitieran cubrir por completo nuestros gastos y asegurar lo que faltaba de mi educación superior. Decidió que estar enojado conmigo lo eximía de cualquier responsabilidad, y se olvidó de mí. O quizá no, pero eso he sentido desde entonces. Hasta hace poco aún me preguntaba cómo podía andar por la vida tan tranquilo, a sabiendas de que su mujer, su hija y su hijo no tenían una cama, ropa, casetes, zapatos, porque todo se lo había quedado él. También me peguntaba si yo podría desarrollar ese desinterés hacia un hijo o hija, si alguna vez decidía ser madre. Y aunque no asumió ninguna responsabilidad hacia mi hermano o hacia mí, durante mucho tiempo intentó convencer a mi mamá de regresar. Supongo que en algún momento se cansó de las negativas y hasta ahí cerró ese ciclo. Igual hicieron varios de sus hermanos, a quienes habríamos visto dos o tres veces en la vida. En aquella época me dio por pensar que la muerte de mis abuelos paternos, durante mi adolescencia, fue la manera de cerrar un ciclo de apariencias que sus hijos se esmeraron en cumplir, pero que se volvió insostenible cuando se quedaron por su cuenta.

Actualmente, en casa de mis suegros cada fin de año participamos en la repetición de los rituales típicos: barrer el agua en el umbral de la puerta, dar la vuelta a la calle con maleta en mano, escribir los malos pensamientos en papel y quemarlos en una olla vieja. Entiendo el significado de cada uno y hasta me divierte ser parte de esta ritualística, pero, sin duda, lo más importante siempre es el brindis, porque cada elemento que lo compone dice algo: cómo fue el año, la medida en la que los conflictos han sido solucionados, el lugar que cada persona ocupa en el orden familiar y quiénes han dejado de formar parte de la dinámica. Soy pariente política, por eso siempre estoy en los últimos lugares, pero debo reconocer que soy la primera en esos últimos lugares, porque a través del tiempo he sido la pareja más constante y, en teoría, estable.

Cada año preparamos un discurso que ayude a reconfortar, a comprender o conmemorar lo que ha pasado, a agradecer, pero, sobre todo, a cerrar una especie de ciclo que culminamos con una cena, en donde el gran protagonista es el espagueti rojo que prepara mi suegro.

Yo pienso durante varios días lo que dicen esas personas que me han hecho un lugar en su mesa desde hace doce años: piden salud, mejor actitud, fortaleza, resiliencia, mejores cosas por venir. Agradecen a Dios todo lo que les concedió. Yo cada año exalto lo enorme que me siento ocupando ese espacio, ese momento. Me gustaría creer en Dios y poder atribuirle estos sucesos, pero no creo, y no sé si haya algo de karma o de equilibro universal o de justicia poética en el hecho de que, reunidas y reunidos ante una mesa con once o quince lugares dispuestos, conozco las historias personales que les atravesaron a lo largo de un año, las emociones que experimentaron, todo lo que no pudieron hacer y lo que sí. Entiendo que eligen ese día para pasar la página, quizá para experimentar un cambio de actitud, una recarga de energía, una renovación. Quizá esa también es una buena forma de cerrar un ciclo: pensar, valorar, aprender y continuar.

Mi amiga Paloma cerró el ciclo conmigo al poner un límite entre nuestros espacios. El resto de mi generación lo hizo excluyéndome del grupo de WhatsApp. Diego buscaba cerrarlo a través de un perdón o una especie de expiación. Mi papá lo hizo pasando página. Mi familia política lo hace en voz alta. Quizá, después de mis comunes momentos de ansiedad, mientras observo desde los lugares que me he ganado, pienso que para mí esos ciclos se cierran en tanto los escribo.


Autores
Xóchitl Olivera Lagunes (Ciudad de México, 1985) estudió la carrera de ingeniería agrícola en la UNAM. Ha tomado diferentes talleres de creación literaria. Estudió el diplomado en escritura literaria en Literaria-Centro Mexicano de Escritores. Ha publicado en la revista digital Cronopio y en El Universal. Su primera novela corta, Ojos de gato, se publicó en 2016. Es cofundadora de la revista digital Semillas de Sauce, donde escribe y edita. En 2020 ganó el premio nacional de novela joven José Revueltas.
"Watchmen", novela gráfica publicada por DC Cómics. (1986 – 1987)
“Watchmen”, novela gráfica publicada por DC Cómics. (1986 – 1987)

Existen al menos dos vías para responder a quién es Alan Moore. La primera exige una revisión de sus mejores obras y la mirada nihilista que utiliza para desarrollar historias con los personajes clásicos de DC Cómics. Mientras un autor promedio podría ofrecer un triunfo clásico de Batman sobre sus enemigos sin sufrir ningún daño, Moore narró una historia inspirada en El hombre que ríe (1869) de Victor Hugo, para escudriñar en uno de los posibles pasados del Guasón en La broma asesina (1988).

En esa historia, el autor reservó un final cruel para el Caballero de la noche, al hacerlo asesinar a su némesis cuando ambos comparten una carcajada que sirve para llorar sus vidas atadas a un ciclo de locura y violencia infinitas. Entre las manos de Batman se asfixió el respeto que sentía por la vida, y su humanidad cayó en la oscura profundidad de su capucha.

La segunda opción para responder a quién es Moore lleva hacia una lectura de Watchmen (1986), guiada por las figuras que el autor usa para hablar de la humanidad, los eventos improbables que la toman por sorpresa, la crueldad ejercida sobre sí misma y lo que hace en los seres. Este camino también conduce a los orígenes de un imaginario dispuesto a tomar a los superhéroes de ficción para abordar miedos reales en el mundo, como el pavor a las armas nucleares.

Se trata de una novela gráfica ilustrada por Dave Gibbons, cuya trascendencia se valió de conflictos existencialistas y políticos. Es la carta de presentación de Alan Moore, quien vino al mundo el 18 de noviembre de 1953 en Northampton, Inglaterra; pero nació como autor en 1986 con Watchmen. Su relación amor-odio con el uso de su obra marcó una pugna por defender los ideales que plasmó en ella ante la sobreexplotación de DC Cómics.

Watchmen, el cómic de los hombres del reloj y caras ensangrentadas

En 1982, Moore publicó su primera obra importante, V de Vendetta, una serie de cómics distópicos que se desarrollaban en un futuro totalitario. La obra se convirtió en un ícono cultural de anarquía y estableció a Moore como un autor influyente en la narrativa gráfica, tras presentar a los lectores un vengador anónimo contra la tiranía.

Poco después, Moore pensó en una historia diferente para DC Cómics, una de las editoriales más grandes en Estados Unidos (EE. UU.). Esta vez, las aventuras dejaron atrás el maniqueísmo entre tiranos y libertadores; se enfocó en matizar la complejidad del ser humano y la forma en que conciben sus planes para afrontar los momentos de crisis que se avecinan. El escenario sería un EE. UU. ficticio, que ganó la guerra de Vietnam, mientras sostenía su rivalidad nuclear con la Unión Soviética.

Moore tenía en mente el símbolo para representar la amenaza latente de la extinción: el reloj del apocalipsis, creado en 1947, tras los efectos de la bomba atómica en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. La junta directiva del “Bulletin of the Atomic Scientists” lo usa para prevenir de forma metafórica cuán cerca el mundo está de la aniquilación. Si las manecillas marcan la medianoche, el tiempo se habrá agotado.

La idea central del autor debía tener personajes a través de los cuales pudiera explorar las posibilidades de una humanidad al borde de la perdición. Necesitaba a Watchmen, sus hombres del reloj. Para este objetivo, Moore pretendía tomar a Blue Beetle, Meter Cannon Thunderbolt, Captain Atom, Peacemaker, Night Shade y The Question, creaciones de Charlton Comics hasta 1986, cuando DC Cómics compró esta compañía.

Así, los perfiles que el autor ya había creado tomaron nuevos nombres: Night Owl, Ozymandias, Dr. Manhattan, The Comedian, Silk Specter II y Rorschach. Cada uno de ellos serviría como los rostros de los distintos aspectos de la humanidad, especialmente en distintos contextos caóticos como las guerras o cambios políticos hacia la ultraderecha. Los personajes son las manecillas y tuercas que hacen funcionar el gran reloj de Moore.

El primero de estos engranajes es The Comedian, un hombre violento que tuvo una muerte igual de cruenta que sus actos mientras fue un justiciero y paramilitar en la guerra de Vietnam, en la que también peleó el Dr. Manhattan. Su estandarte es una carita feliz, una muestra de sus intenciones por mofarse del valor de la vida. Fue una persona corrompida por la crueldad y eligió reírse de sí mismo sin sentir culpa, ni siquiera cuando intentó abusar sexualmente de Sally, su excompañera heroína y madre de Silk Specter II.

Pronto, la risa se convirtió en llanto. Un hombre tan despreciable como él, capaz de matar a una de sus amantes embarazadas en la guerra de Vietnam, descubrió un plan que lo horrorizó al punto de buscar consuelo en su enemigo. The Comedian sabía que el tiempo se acababa. Al morir ajustó las manecillas del reloj del apocalipsis con su propia sangre, cuando una gota manchó el botón de carita feliz y formó una mancha que marcaba cinco minutos antes de la medianoche.

Son las atrocidades de este hombre las que ponen en movimiento la maquinaria de Moore. Con su deshumanización afectó al resto de sus compañeros justicieros, los expuso al lado cruel de la humanidad y dejó que decidieran sus propios actos en un mundo sin reglas. El primero que descubrió esto fue Rorschach, el detective antisocial que considera muerta su parte humana, como él mismo lo verbaliza, lo que quedó de Walter Kovacs murió tras vengar el asesinato de una niña.

Rorschach posee un sentido punitivo de la justicia que lo impulsa a seguirla hasta las últimas consecuencias. De entre sus colegas justicieros, él es el único que investigó por qué asesinaron a The Comedian y qué lo había quebrado. El detective se posiciona a sí mismo como un juez y verdugo para los demás y para sí mismo, pues ante el fin del mundo prefirió morir con la verdad antes de encubrir uno de los mayores crímenes contra la raza humana, cortesía de Ozymandias.

Night Owl y Silk Specter II se encuentran en el polo opuesto. Ante la debacle, ambos intentaron sortearla; pero desde un lugar menos combativo al de Rorschach, donde el cinismo de The Comedian tampoco tiene lugar. La estrategia que la pareja decide seguir es más gentil para ellos mismos. El acompañarse fue el acto más honesto que pudieron hacer, al admitirse vulnerables ante el caos y fundirse en un abrazo frente a la soledad y la amenaza nuclear. El amor se vuelve resistencia.

Night Owl, Silk Specter II, The Comedian y Rorschach son los primeros engranajes, cuyos actos ponen en marcha el reloj que el autor llamó Watchmen. Cada uno de ellos avanza en su propia dirección, con su respectivo tiempo. Personajes con tal complejidad existieron en la mente de Moore y existirán en la memoria colectiva, pues cuentan su historia como una máquina del tiempo, capaz de entender el pasado, presente y futuro de forma simultánea al ofrecer una mirada a los instintos imperecederos de la humanidad.

Al igual que en esta novela gráfica, los acontecimientos en la vida de Moore tras haber publicado Watchmen parecen que ya estaban escritos desde el inicio. Como sucedió desde que comenzó a escribir la obra, de nuevo el conflicto son los personajes, sus hombres del reloj. DC Cómics afirmó que si sus invenciones seguían sin usarse durante un año tras la edición de la novela, el escritor tendría los derechos. La compañía nunca lo permitió.

Las pugnas por los hombres del reloj comenzaron desde que la editorial expresó sus ideas para explotarlos. Moore inició un proceso legal que se avivó con la adaptación cinematográfica de 2009 y la serie televisiva de 2019. Para esta instancia, el mismo autor pedía que su nombre fuera retirado de los créditos porque consideraba que los creadores, y por tanto el público, habían tergiversado lo que sus hombres del reloj representaban, como ha declarado a GQ.

Watchmen cambió las historias que se contaban en los cómics, excepto la forma en que se interpreta a través de las adaptaciones en la industria del entretenimiento, según las sospechas de Moore. De haber sabido lo que sucedería, él se habría convertido en un relojero, como mencionó Albert Einstein tras observar la forma en que el poder atómico modificó todo, excepto la manera en que piensa la humanidad.

Dr. Manhattan, el hombre sin tiempo

Pero es demasiado tarde, siempre lo es,

siempre será demasiado tarde.

– Dr. Manhattan.

Antes del Dr. Manhattan existió un hombre llamado Jonathan Osterman, físico nuclear por influencia de su padre, un relojero que lo obligó a estudiar esa ciencia tras el caos de las bombas atómicas. El impacto fue tan profundo en sus vidas que los relojes que fabricaron juntos terminaron en la basura. Desde ese entonces, él vivió sin una representación del tiempo.

La segunda vez que sucedió fue el accidente en la cámara de pruebas del centro de campo intrínseco. La catástrofe ocurrió cuando él regresó por el reloj de su novia que recién había reparado. Su existencia terminó para dar paso al Dr. Manhattan, un ser capaz de manipular la materia a su antojo menos el tiempo. Al conocer su limitación, entiende que aún es un hombre, aunque la armada estadounidense lo considera una deidad atómica para infundir miedo en sus enemigos.

A sus ojos, los sucesos ocurren de forma simultánea. Pasado, presente y futuro son un camino en el cual él permanece inalterable. Con frecuencia intenta compenetrarse con aquellos que lo rodean, por eso marcó en su frente el átomo de hidrógeno. El elemento convive con armonía con los demás de la tabla periódica, pero necesita de otros compuestos para evitar ser letal en los humanos.

La dualidad del hidrógeno es la que desborda al Dr. Manhattan en los hechos posteriores. Con la terrible capacidad de entender los hechos futuros como algo que ya pasó, tampoco puede hacer mucho para oponerse a las reglas del tiempo.

El pasado y el futuro convergen en esta visión que también representa el cómic tanto en sus paneles como en su guión. Un ejemplo de ello es el chiste del payaso Pagliacci. Un hombre quien acude al psicólogo para tratar su depresión. El especialista lo manda al show del payaso para mejorar su humor, pero el paciente rompe en llanto y dice: “Yo soy Pagliacci”.

El detective cuenta la broma al tiempo que los paneles muestran el asesinato de The Comedian. A nivel subtexto aborda la forma en que un hombre roto como él aún era capaz de sentir más sufrimiento. Lo mismo ocurre con las confrontaciones. Mientras Night Owl y Silk Specter II golpean a los ladrones que intentaron asaltarlos, el Dr. Manhattan se enfrenta contra las personas que abandonó y el supuesto cáncer que provocó en ellas. Tras la batalla emocional, eligió el exilio en Marte.

La primera acción que realizó en el planeta rojo fue construir una fortaleza de cristal, ajena a las temporadas de la Tierra. Decidió alejarse de los relojes porque percibe en ellos un lazo con la humanidad. Las manecillas, los días, los meses y los años son registro del paso de una vida. Testimonios tan humanos como lo es el tiempo.

Una reflexión similar, escribió Salvador Elizondo en Farabeuf o la crónica de un instante (1965), novela en la que una mujer debe rememorar junto al protagonista los pasajes de su juventud, para finalizar con la búsqueda del ser. La obra, más allá de la nostalgia, se interna en el acto de recordar, porque el único tiempo humano es el de la memoria, y el Dr. Manhattan lo comprendió al final.

Negado a reconocer lo increíble de su propia historia, llegó a definir los milagros solo como eventos improbables. Fue así hasta que averiguó que, pese al gran número de imposibilidades en contra, la vida de Silk Specter II emergió de una relación tormentosa entre su madre y The Comedian, llena de odio por parte de la mujer hacia el mercenario que quiso abusar de ella.

Así recordó por qué él mismo se marcó en la frente el átomo de hidrógeno: necesita de otros para evitar ser letal. El Dr. Manhattan entendió que la existencia es un evento extraordinario, por más insignificante que parezca. Es lo que él mismo llama un milagro termodinámico, definido por la increíble capacidad de la vida para sobreponerse ante el caos.

La otredad suele desembocar en distintos caminos desde la crueldad hasta el respeto por la vida humana, es lo que parece decirnos el autor. Sin embargo, cuando otros creadores decidieron tomar sus bases, él también optó por el exilio al grado de rechazar cualquier consulta sobre futuras adaptaciones, así ocurrió con los números que DC Cómics editó llamados Before Watchmen. Las novelas gráficas narran las historias de los hombres reloj antes de los acontecimientos en la obra de Moore.

Ozymandias: el conquistador sometido a la prueba Rorschach

«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad

Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!»

Percy Bysshe Shelley, Ozymandias.

Ozymandias es un vigilante rico y poderoso con capacidades físicas excepcionales, al grado de atrapar con sus manos una bala disparada a quemarropa. Es conocido bajo el epíteto: “El hombre más inteligente del mundo”. Al igual que los demás miembros de su equipo, observó que el apocalipsis se avecinaba. Decidió saltar y adelantarse al horror para intentar conquistarlo.

El plan de Ozymandias es desvelado ante los ojos del lector con las pesquisas de Rorschach, cuyas habilidades interpretativas del detective están basadas en las pruebas Rorschach, creadas por el psiquiatra del mismo apellido en 1921. Él empleaba imágenes ambiguas de manchas de tinta y pedía a los pacientes que describieran lo que veían en ellas. De esta forma, se identificaban patrones de pensamiento y la adaptación social de un individuo.

El vigilante Rorschach usaba método similar para penetrar en las motivaciones de los demás personajes. Al examinar sus actos y observar los patrones de conducta que cada uno tenía, era posible acceder a sus verdaderos rostros debajo de sus identidades de superhéroes. Así entendió cómo The Comedian, Night Owl, Silk Specter II y el Dr. Manhattan se adaptaron a la humanidad y a la crueldad inherente en ella.

El único que escapó a la visión de Rorschach fue Ozymandias. Al mismo tiempo que el detective investigaba quién era el asesino de The Comedian y el culpable de haber provocado cáncer en los seres queridos del Dr. Manhattan, el hombre más inteligente del mundo seguía con sus planes tras bambalinas. Él trajo a un monstruo galáctico a la Tierra, así se desató una matanza tan terrible que conmovió al mundo y lo obligó a unificarse.

La utopía causó asco en Rorschach, quien nunca la entendió como un acto pacificador. Proteger el secreto, exigía ocultar la verdad al mundo. Fiel a sus ideales, se convirtió en su propio verdugo y pidió al Dr. Manhattan que lo asesinara. El último vestigio del detective formó una mancha deforme de sangre sobre la nieve de la Antártida, donde Ozymandias asentó su bastión.

Comprender las acciones del hombre más inteligente del mundo necesita una mirada al monstruo que liberó. Es un símbolo de la energía atómica usada de forma brutal contra el ser humano. En la obra los únicos superpoderes se basan en el poder nuclear, y quien la posea, es posicionado como un Dios, así pasó con Manhattan y Ozymandias; pero este último decidió convertirlo en una bestia.

La segunda opinión para entender por qué decidió mutilar a la humanidad para salvarla se encuentra en Los relatos del navío negro. La serie de cómics aparece de forma simultánea como narración en abismo dentro de Watchmen. El protagonista de las aventuras es un náufrago que intenta advertir a su comunidad sobre la inminente embestida de una embarcación de piratas fantasma.

La odisea muestra al superviviente armar una balsa con los cuerpos de sus compatriotas. Cuando llega a su tierra, supuso que la tripulación de muertos había asediado a sus compatriotas; así que mató a un par de sus enemigos para infiltrarse. Pronto descubrió que asesinó a una pareja de jóvenes e hizo un sinfín de crueldades para evitar una catástrofe que él creía inexorable. Al observar al navío negro acercarse, comprendió que solo lo buscaban a él.

Ozymandias y el náufrago comparten el mismo destino autoinfligido. En su afán de salvar a la humanidad, terminaron por mutilarla. La mejor solución que encontró el hombre más inteligente del mundo para evitar el apocalipsis fue iniciarlo en distintos países. Construyó un edén sobre los cadáveres de millones. La desesperación se apoderó de ambos.

La crueldad fue tan grande que rompió a The Comedian, quien cosechó pena en vida, y a Rorschach. Los miembros restantes tuvieron que encubrir la matanza e intentaron retomar sus caminos alejados del hombre que desplazó la inteligencia para abrazar la locura. Abandonaron los despojos quebrados de un compañero que solía ser grandioso. En aquella fortaleza en la Antártida, él cumplió con las palabras antiguas del poeta Percy Bysshe Shelley:

«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad

Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:

La ruina es de un naufragio colosal.

A su lado, infinita y legendaria

Sólo queda la arena solitaria».

A través de Watchmen, Moore y Gibbons entregaron distintas representaciones de los actos de los que son capaces los humanos. Lanzaron su novela y esperaron las diversas reacciones del mundo ante un retrato entintado de la civilización. En la actualidad, la cultura popular recibe con los brazos abiertos a la obra. Sucede lo contrario con los creadores, quienes se han arrepentido de iniciar una corriente sobreexplotada en los cómics.

Aunque la narración de la obra se asemeja a una máquina del tiempo, al concebir pasado, presente y futuro de forma simultánea, en realidad muestra manchas de tinta para esbozar figuras de la humanidad, unas más caóticas que otras. Cada quien es libre de interpretar qué hay en ellas, y elegir si se mirarán con crueldad o con el optimismo de los milagros termodinámicos. Watchmen, en realidad es una gran prueba Rorschach que pregunta al lector: “¿Qué es lo que ves?”.

Fuentes y referencias:

https://www.gq.com/story/alan-moore-interview

https://www.latercera.com/mouse/alan-moore-pelea-dc-comics-watchmen/

https://www.elmundo.es/metropoli/cine/2018/07/22/5b51d6ea468aeb905d8b45b2.html

https://www.xataka.com/literatura-comics-y-juegos/alan-moore-guionista-que-revoluciono-comics-tambien-escribe-novelas-laberinto-papel-1×01

Moore, Alan. Gibbons, Dave. (1986). Watchmen. Estados Unidos, Editorial DC Cómics. Editado al español por Editorial Televisa.

Elizondo, Salvador. (2000). Farabeuf o la crónica de un instante. España, Madrid. Editorial Cátedra.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.
Portada de "La estela de Tlatelolco", de Raúl Álvarez Garín. FCE, COLECCIÓN POPULAR, 2023.
Portada de “La estela de Tlatelolco”, de Raúl Álvarez Garín. FCE, COLECCIÓN POPULAR, 2023.

INTRODUCCIÓN

 La estela de Tlatelolco es una reconstrucción histórica del movimiento estudiantil del 68, de sus principales acontecimientos, de los debates y las consecuencias que de ahí se derivaron y de las referencias de entonces que aún conservan plena vigencia. Una estela es una huella en el agua; también es una historia labrada en piedra o la cauda de un cometa. En los primeros años posteriores al movimiento del 68 parecía que su impronta sería efímera, que sus huellas serían perdurables tan sólo como cicatrices del alma. La rabia se volvió consigna: “2 de octubre no se olvida”, y es verdad que la historia no se olvida, pero el poder persiste en deformarla hasta volverla irreconocible, y la puede ocultar por mucho tiempo.

 Por eso, frente al vacío, el mensaje grabado en piedra hace permanente e indeleble el compromiso: “Fueron muchas víctimas cuyos nombres aún no conocemos”. Así no se petrifica la memoria; por el contrario, la historia viva se refuerza y cuando se recrean con detalle los sucesos del 68 deslumbra el resplandor de esa luz que iluminó el cielo de la libertad por un momento. Y los signos que ahora anuncian la vuelta del cometa no son como el presagio de los magos y los adivinos; son las certidumbres de la historia y los afanes de justicia, libertad e igualdad irrefrenables.

 En los últimos años la mayoría de los actores políticos se ha individualizado, los ciudadanos personalizados han tomado el lugar que antes ocupaban actores sociales colectivos, y más todavía, algunos suponen que los movimientos de masas tendrán un lugar cada vez menos apreciable en la vida del mundo. También son tema de debate las relaciones, las influencias y las determinaciones que se producen entre lo económico, lo social y lo político para definir el orden de las reformas. Ahora la vida nacional ha estado dominada por los temas y las preocupaciones específicos de la política bajo el supuesto de que la salida principal a los problemas económicos y sociales del país deberá encontrarse a partir de los propósitos de largo plazo y de los modos de conducción de todas las otras esferas y dimensiones de la vida nacional.

En contra de lo esperado, cuando aún no se establece plenamente la “transición democrática”, ya se registran muy serias limitaciones a los procesos de cambio político que están en curso. Se está modificando la realidad política en un sentido restringido y no tan generoso como se requiere, porque se está pasando del monopolio político priísta al de la nueva clase política ampliada, conformada por las cúpulas de los partidos con registro legal. En esta realidad política, los movimientos y los actores sociales no tienen suficiente espacio, se les niega reconocimiento como actores políticos con capacidad de autorrepresentarse, se pretende que los indígenas, los campesinos, los obreros, los desempleados y los estudiantes sólo concurran como trasfondo. Pero hay signos de inquietud y descontento en las crecientes movilizaciones de los pueblos.

Sin ninguna duda, las transiciones pactadas garantizan los intereses de participación en el poder de las fuerzas contratantes, pero excluyen y sacrifican a los sectores sociales que no están representados de manera directa. Para los sectores populares las esperanzas de cambio han estado fincadas principalmente en las iniciativas políticas de Cuauhtémoc Cárdenas y el Partido de la Revolución Democrática (prd), por una parte, y en las propuestas de justicia y democracia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, por otra.

A pesar de la dureza y la duración de los enfrentamientos políticos, aún no está definido inequívocamente el sentido de los cambios de fondo que se están produciendo en el país, y todavía no se ve una salida consistente a la crisis política y económica que se vive. Las propuestas cambian de nivel, pero no de contenido. Por un lado, la propuesta de un proyecto económico transexenal de carácter implícitamente neoliberal. Por otro, la idea de recurrir a un nuevo pacto político de soberanía popular en un gran Congreso Nacional Constituyente, que de entrada tiene la dificultad de cómo proceder a designar con legitimidad a los responsables de llevar a cabo la tarea, los propios diputados constituyentes, cuando existen segmentos enteros de la sociedad que no están y no se sienten representados en ninguna de las instancias políticas actuales.

En estas condiciones los procesos de autorrepresentación son inevitables, y su único ordenamiento objetivo es por medio de la atención a las necesidades colectivas que los determinan, porque los conflictos sociales son la expresión de un imperativo urgente de transformación y de orden. En el futuro del país, la acción colectiva de sectores sociales significativos será cada vez más frecuente e incisiva, hasta que se establezcan de nuevo condiciones económicas, sociales y políticas que garanticen una vida digna para todos los mexicanos.

Para ese propósito, el movimiento estudiantil del 68 no sólo es una referencia y un antecedente ineludible de la situación actual; también es una fuente de enseñanzas importantes, por la vigencia de sus motivaciones y por las consecuencias de sus hechos.

En las universidades, en las escuelas medias y superiores y en la vida interna de numerosas organizaciones sociales y políticas se organizan de manera frecuente conferencias y mesas redondas para examinar los acontecimientos relativos al movimiento estudiantil de 1968, y en especial los trágicos sucesos del 2 de octubre en Tlatelolco. Este interés se ha mantenido por muchos años, aunque con el tiempo ha ido variando el peso de la atención por los diferentes temas relacionados, y se ha pasado de las consideraciones de balance que en los primeros años eran dominantes, a las reflexiones más generales de carácter político. Este libro responde a esas preocupaciones y está elaborado con el propósito de hacer comprensibles —en particular para los jóvenes de hoy, los que aún no habían nacido en el 68— cuáles fueron las motivaciones, las causas y la trascendencia de esos sucesos.

La primera parte es un relato detallado de los acontecimientos del movimiento. Está basado en las experiencias personales directas, mías y de muchos otros compañeros, y en numerosos soportes documentales. En estas páginas hemos intentado hacer una reconstrucción general de los hechos que dieron lugar a esa histórica experiencia de insubordinación civil casi generalizada, que tuvo como epicentro a los estudiantes de educación media superior y superior de la Ciudad de México.

La periodización de este relato cubre más de cinco meses y comprende seis fases principales: la primera, del 22 al 30 de julio, está caracterizada por la violencia policiaca para “prevenir” conflictos políticos durante las Olimpiadas; la segunda, del 30 de julio al 5 de agosto, por la emergencia de una organización y una protesta de carácter masiva, pacífica, democrática e independiente contra el autoritarismo estatal; en la tercera, del 6 al 29 de agosto, se registra el creciente desafío democrático con las manifestaciones al Zócalo, la exigencia del diálogo público, y la desobediencia civil de los burócratas y los obreros; en la cuarta, del 1° al 30 de septiembre, es patente la frustración de la contraofensiva gubernamental ante el movimiento, que crecía en disciplina y legitimidad; la quinta, el 2 de octubre, se examina como una fase en sí misma, plena de contradicciones, implicaciones y responsabilidades históricas determinadas, y la sexta, del 3 de octubre al 4 de diciembre, es el tránsito de la represión masiva e indiscriminada al despliegue de una visión que intenta deslegitimar al movimiento y al Consejo Nacional de Huelga.

En los libros del 68 hay numerosos testimonios, alegatos y diversas recopilaciones documentales, pero me pareció necesario y conveniente disponer de una narración general más centrada en la lógica de los acontecimientos que sirviera como marco de referencia para ubicar y apreciar los hechos, las dificultades y los errores que en cada momento se fueron dando y que finalmente son la trama necesaria para examinar con detalle y juzgar con fundamento cuestiones y decisiones que han sido notablemente difíciles y complejas.

En la segunda parte del libro se analizan y discuten algunas de las interpretaciones y las caracterizaciones que se han dado del movimiento del 68 en diversos momentos. Se trata de una discusión que presupone el conocimiento de los hechos del 68 y de temas que tienen relevancia en la historia y la perspectiva políticas de los agrupamientos de izquierda, porque tienen que ver con los problemas de las estrategias de cambio, del papel de la dirección política, de los límites y las formas de luchas, de las relaciones de la base y los organismos dirigentes.

Para las personas que no están muy familiarizadas con estos debates típicos de la izquierda es importante advertir que se trata de cuestiones a veces recargadas de elementos doctrinarios que, además, han sido modificados con el tiempo precisamente por los efectos indeseados que se produjeron con ellos, todo lo cual propicia discusiones que no son fáciles de seguir.

Espero, en cambio, que estos apuntes ayuden a sintetizar esas discusiones y acotar sus alcances, para que, con mayor facilidad y confianza, pasemos al análisis concreto de los hechos históricos que se produjeron con esas motivaciones doctrinarias, de las que se abusó en exceso.

Ahora se trata de ofrecer la mayor cantidad de información relevante para comprender el origen, la lógica y el sentido de la actuación de los innumerables actores sociales que han concurrido a forjar la historia de las luchas del pueblo mexicano en estos últimos años, porque en la valoración y los juicios que de ellos se hagan tendrá un mayor peso la lógica de los conflictos que los imperativos dogmáticos de las doctrinas. Por ello tiene mucho sentido registrar y ubicar, aunque sólo sea como referencia, una serie de fenómenos y momentos del movimiento estudiantil y de las instituciones de enseñanza. Se trata de asuntos que tuvieron en su momento repercusión nacional y algunos todavía tienen importantes efectos locales, pero no han sido estudiados en su significado conjunto y no existen referencias suficientes para considerarlos con precisión, como pasa con el papel desempeñado y la experiencia de las administraciones de izquierda en diversas universidades de provincia.

En esta segunda parte también se hace una reconstrucción sintética del ambiente previo al 68, que muestra que los cambios más importantes que se produjeron con el movimiento se ubican en el plano de la conciencia y de los valores de la gente, especialmente urbana y de clase media, en el nivel de politización, de la disposición militante, y de la solidez y la consecuencia de sus convicciones. Se trata de cambios reales que tienen sus raíces y sus motivos en el movimiento mismo, y que no se explican a cabalidad por la invocación de causas económicas, por influencia ideológica del atractivo de nuevas costumbres, u otras, aunque todos estos factores tengan un cierto valor explicativo.

Aunque de modo constante se reconoce explícitamente que el movimiento del 68 es causa o antecedente de numerosos fenómenos actuales, esta aseveración general no identifica de manera más específica cómo es que se crearon las condiciones para que surgieran nuevos partidos, guerrillas, poderosos frentes populares, democratización de universidades y otra variedad de fenómenos sociales y políticos de la época.

La comprensión más general de que muchas de las anécdotas particulares en realidad eran vivencias colectivas, y que éstas constituían una excelente explicación e ilustración de las causas de muchos de los cambios, ha sido una de las motivaciones de este libro. Así, también se explica la unidad de propósitos de la izquierda en los momentos más relevantes de la vida del país y la diversidad de opciones generales y hasta contrapuestas que se presentan, a la par que se comprende cómo las opciones individuales estaban restringidas por las condiciones y limitaciones locales que las determinaban.

La experiencia misma del 68 como una insubordinación generalizada, consciente, persistente y plena de dignidad se constituyó en la base de los cambios. Después de los acontecimientos de octubre del 68 ya no eran eficaces los simples cambios de forma; las modificaciones cosméticas superficiales ya no engañaron a nadie.

En la tercera parte del libro se examinan los rasgos generales más preocupantes de la experiencia represiva del 2 de octubre en Tlatelolco. Los efectos de intimidación y amenaza que suscita el simple recuerdo de los hechos están presentes todavía y se renuevan cada vez que los conflictos se extreman por la acción de grupos sociales descontentos. Superar el trauma de Tlatelolco es una necesidad histórica para todos los mexicanos, para vivir y luchar sin amenazas, para que no se repitan los hechos. También es necesario que las fuerzas armadas salden las cuentas históricas que deben dar a la sociedad, pues cada día son más insostenibles las mentiras en que se han amparado para evadir su responsabilidad en los sucesos de Tlatelolco.

Disponible en:

https://elfondoenlinea.com/detalle.aspx?ctit=015929R


Autores
(1941-2014) Fue un activista, escritor y político mexicano. Representó a la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN en el Consejo Nacional de Huelga en 1968 y se convirtió en uno de los líderes del movimiento estudiantil; ; el 2 de octubre lo detuvieron y estuvo preso cerca de tres años. Al salir fundó la revista Punto Crítico, que después se convirtió en organización política. Fue miembro fundador del Partido de la Revolución Democrática y diputado de la LV Legislatura (1991-1994). En 2014 fue honrado con el premio Amalia Solórzano por su firme determinación en la lucha por la justicia social.
Ilustración realizada por Maricarmen Zapatero
Ilustración realizada por Maricarmen Zapatero

Ahora se sienta en la silla de terapeuta y no en la silla del paciente.

Se faja las camisas, se pone un cinturón, usa zapatos de vestir medio boleados, peinadito su cabello corto. Tiene una tarjeta con su nombre al que le sigue el epíteto de “terapeuta”. Usa esa misma tarjeta para marcar en el sistema electrónico la hora en la que entra a trabajar. Aunque a veces se le olvida y tiene que, con vergüenza, pedirle a alguien que lo ajuste. Tiene media hora para almorzar y casi ningún día de vacaciones. Trabaja para un hospital, en una clínica de salud mental (o, como le llaman, behavioral health) para niños y adolescentes. Un programa que nació sin duda por la enorme y creciente necesidad de tratar de forma distinta la llamada “crisis de salud mental” que aqueja sobre todo a los niños y adolescentes. Pero este programa también se creó “gracias a la generosidad” de una donación multimillonaria de la hermana de Warren Buffet.

Habla en una lengua que no es la suya, en la que ahora conoce todas las expresiones de los jóvenes en las que se sorprende a sí misma bromeando. Hace unos días, me dijo, una de sus pacientes le enseñó la palabra bootyhole. Y es que esa es su postura: le pide a ellos que le enseñen su mundo. Y así aprende. Una de sus tácticas es pretender saber menos inglés del que sabe. Para que ellos la lleven de la mano a lo que dan por sentado, lo que asumen que todos saben.

El sistema es una cosa muy distinta a su forma de sentarse en la silla y asumir (o no) el rol.

Hay algo en sus oídos que se ha refinado, afinado. Escucha con más atención no las historias estereotípicas de los problemas que le cuentan sino los momentos de duda, de luminosidad, de contradicciones. Los instantes mínimos en los que la neblina de las patologías (la ansiedad, la depresión, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno postraumático, el déficit de atención, el autismo) se levanta y de pronto surgen otras historias, las subterráneas, las inesperadas, las contraintuitivas.

***

Una autoetnografía es una narrativa en primera persona que muestra y no dice. Le permite al lector y a mí, a la terapeuta, escribirnos como parte de la historia, en la historia. El paciente no es ya un objeto de estudio, sino más bien un co-autor.

No hay una propuesta radical, sino un principio muy simple, del que las ciencias sociales se han querido deshacer: reconocer que los terapeutas también vivimos en el mundo y tenemos nuestras propias historias.

¿Qué implica para la psicoterapia el reconocer que los terapeutas también viven en el mundo? ¿Qué podríamos aprender si las historias abrieran el telón del mundo interior del terapeuta, al mismo tiempo que se desarrollan las conversaciones?1 Un método para contar historias como una forma en la que los lectores se pueden colocar en nuestro rol.

Así, no se trata de una mera transcripción, no sólo una conversación ni ilustración de una teoría. Es una historia a través de la cual escucharán el paisaje imaginario, momento a momento, del terapeuta ante paciente.

También, incluye las dudas, las equivocaciones, las preguntas infértiles que no llevan a ningún lado. Soy una terapeuta principiante, novicia, aprendiz, con apenas dos años de experiencia. En esta profesión, a diferencia de otras, el tiempo y la experiencia importan mucho, al igual que la práctica consistente de reflexionar sobre la forma en que se pregunta, se dice, se escucha. Y eso es lo que más rico me parece de una autoetnografía, para mi reflexión permanente: la capacidad de crecimiento de la autocrítica.

Esta historia no incluye pasajes teóricos en los que reflexionaría de manera técnica sobre lo que se dice. Se trata, más bien, de una orientación, una carta de navegación a explorar.

Espero que al invitarlos a mi sesión con Enrique puedan escuchar y sentir a través de la planicie de las palabras que suprime y no le hace justicia a las montañas y ríos de la voz y la entonación, las dudas y el silencio. Porque al leer este texto, también lo están co-creando, son personajes de esta misma historia y se van a enfrentar a lo que este texto evoca en ustedes, al igual que yo descubrí con lo que las palabras de Enrique me hicieron recordar de mí misma y de mi mundo. Es una conversación íntima, expuesta.

***

Tres notas a pie que decidí incluir en el cuerpo de este texto: 1. La sesión se llevó a cabo enteramente en inglés, lo que leerán es una traducción ligeramente infiel que traspone expresiones, contextos y ciertas formas de decir; 2. Lo no verbal está entre paréntesis, el detrás del telón de mis observaciones y pensar/sentir está entre corchetes; 3. La conversación se grabó con el consentimiento de Enrique (y este no es su nombre real) y después de darle la transcripción, tuvimos otra conversación sobre lo que escuchamos de forma diferente y sobre lo que nos sorprendió. Este proceso es parte del efecto terapéutico que no sólo roba palabras, sino que se vuelve a leer para descubrir ángulos diferentes, para escucharnos de otra manera.

***

Esta es la quinta sesión que tengo con Enrique, un joven de 16 años con una vida interior riquísima, “un personaje complejo”, como lo definió su padre en nuestra primera cita. Hace unos meses, Enrique estuvo en el programa de hospitalización parcial de la clínica, en donde los adolescentes pasan seis horas al día recibiendo tratamiento intensivo. Llegó con muchas “habilidades” que aprendió en el programa. Le adhirieron múltiples diagnósticos, que me importan poco: quiero conocer a la persona, no a sus problemas. Desde el primer encuentro, al comienzo de la terapia me dijo que a él le gustaría entenderse en su relación amorosa. Ese es su dilema. Sé que ese tipo de terapia está mal vista en la clínica, que les gustan las terapias de reducción de síntomas y que, si le dijera a alguien un ápice de esto, seguro me regañarían. Pero acepté sin chistar la idea, porque si algo intuyo es que este tema, por espinoso, nos va a llevar a todas las demás veredas. Los humanos al igual que los personajes no somos capaces de dividirnos en pequeñas partes, trozos o hilos que deberíamos de separar. Las historias son muchas, pero están enhebradas, tramadas.

***

Enrique siempre se sienta en la silla del terapeuta. Ningún otro paciente se sienta en esa silla más que él. Desde el primer día.

Yo me siento en la silla individual. El resto de mis pacientes se sientan en el sillón largo, el sillón de dos plazas, intuyendo que ese es su lugar.

Pero Enrique no, nunca se ha sentado ahí. Ya barajé todas las posibles interpretaciones… pero de alguna manera, me gusta. Porque me obliga a colocarme en un rol y espacio diferente, que implica otro tipo de relación. Me libera de las ataduras de mi rol, “LA terapeuta” (que se supone que sabe). Siento que puedo equivocarme, que puedo jugar. La relación de la escucha es otra: soy la paciente de Enrique, su aprendiz y co-creadora de su historia. Porque esta es su historia, que yo estoy desenhebrando para poder ver las costuras. Escuchar, realmente escuchar. Y también escucharme.

***

Hoy de nuevo se sienta en la silla del paciente y no en la del terapeuta.

***

Perdón, no te dejé abrir la puerta…

[Le encanta abrir y cerrar la puerta que se desliza. Yo lo dejo, soy su cómplice… esto seguro tiene que ver con el lugar en donde se sienta]

Está bien…

(Entra al consultorio, deja en la mesa redonda del centro su cartera, al lado sus airpods, y su botella de agua. Acomoda las cajas de colores y el cuaderno que ya estaban ahí, restos de otras sesiones, de otros terapeutas. Los objetos esparcidos de cierta manera, equidistante).

¿Tienes que poner así tus cosas, o sólo es más cómodo?

[Noto algo diferente, Enrique no es el mismo de la semana pasada, parece menos jovial, con menos energía. Mi primer instinto es preocuparme. Pero dejo que se deshaga con mi respiración el nudo que instantáneamente se formó en mi estómago].

¿Cómo estás?

Estoy ok… ummm…

¿Qué significa “ok” para Enrique?

Eeeh… ansiedad.

¿Cómo se presenta la Ansiedad?

[La Ansiedad y no su ansiedad o estar ansioso, distinción muy importante que lo separa de la sensación y le permite no cargarla no asumirla como suya].

Es una sensación, no puedo realmente explicarla. Sólo quiero correr, huir de todo, muy muy rápido…

…huir muy muy rápido…

Huir muy muy rápido de todo. Mi pecho suena como: shushushu

¿También tu corazón, o sólo tu pecho?

No, mi pecho… hay demasiada sangre y entonces pssshhhh… me estoy volviendo loco.

¿Cómo es que lograste reconocer que esto es la Ansiedad?

Umm… como cuando estaba nervioso o algo así, o impaciente, o presentando, la sentía. Cuando me siento ansioso acerca de algo, o acerca de mí o de algo, es como que ¡Ahí está esa sensación!

¿Alguna vez huiste realmente como la Ansiedad te decía que hicieras?

[No sé de dónde salió esta pregunta… quizás mi anzuelo de tomar la metáfora al pie de la letra… pero el resultado fue silencio].

¿Se siente como algo que está atrapado, porque de alguna manera no lo estás liberando?

Creo que sí.

Porque en general no sé cómo enfrentarla, no sé cómo soportarla.

…Soportarla. ¿Es algo que tienes que SO-POR-TAR?

[En inglés es put up with, que tiene el sentido de tolerar o aceptar algo desagradable].

(Silencio largo)

Y soportar, aguantar, me suena también a que hay sufrimiento, un peso ¿no?

Sí, sí.

[Estoy con él y con la ansiedad… hay en este momento dos personas y dos tipos de ansiedad peleando por el espacio entre nosotros].

¿Hay algo que piensas que esté contribuyendo a esta sensación?

¿Recientemente?… Mi novia.

¿Qué pasa con ella?

[Una pregunta doble: la ansiedad o su novia].

No sé. Últimamente me trata muy secamente, y es muy grosera conmigo. Y me dijo lo mismo… ¿Te conté lo de sus papás, no?

Mhmhm

[Esto viene de nuestra conversación en la tercera sesión que titularía “todo sobre mi novia”, autor: coach Enrique].

Sus papás… lo entiendo, sus papás se están preparando para la cirugía de la pierna de su hija menor, y tienen mucho que hacer, y lo entiendo, pero no sé por qué no son capaces de tomarse cinco minutos y recoger a su otra hija para llevarla a su casa. Y entonces ahora yo tengo que caminar con ella hasta su casa.

Entonces ahora estás en el rol del que estábamos hablando antes, una suerte de mamá o de rol parental…

Sí, sí, no sé. Es sólo algo que me desconcertó… y estaba pensando cortar con ella el miércoles por la noche.

Y… (risas), hice algo que no quiero confesarte, ejem… pero eres mi terapeuta, y creo que debería de saber.

(Mi risa)

[¿Soy su terapeuta? Este tipo de “confesiones” me intrigan… ¿Qué “debería de decírsele” a un terapeuta y quién estableció esa regla?]

Aaaa… tomé un poco de alcohol, y me senté en la oscuridad en mi cuarto y escuché Pink Floyd, dejé que los sentimientos vinieran y se fueran, vinieran y se fueran… y me acerqué a la ventana y… aquí está la ventana y aquí está la casa… (me lo señala con las manos) y podía ver la luna, y fue realmente una experiencia que me tranquilizó.

No sé qué hacer con esa relación, pero creo que estoy más feliz con ella que sin ella. Ayer pasamos el día juntos y estuvimos así por mucho tiempo y yo estaba simplemente contento, feliz.

Lo que me llamó la atención es que dijiste que los sentimientos vinieron y se fueron, vinieron y se fueron…

[Decido no seguir la trampa de “la confesión” del alcohol, que muchos de mis colegas perseguirían, alarmados. Yo intuyo que es un señuelo, no es lo importante].

Sentimientos de miedo, sentimientos de felicidad, sentimientos de enojo, no con relación a ella: muchos sentimientos.

Porque en general no te permites tener ese tipo de sentimientos, me imagino. ¿El alcohol te permite desinhibirlos un poco?

Exacto, porque siento: estoy muy enojado en este momento, estoy muy feliz ahora mismo, estoy muy despreocupado. Fue muy lindo.

¿Y a dónde se fue tu pensamiento, el de cortar con ella? ¿Sucedió antes, después, mientras tanto?

[El movimiento de las olas].

Antes y mientras tanto, y después. O, de hecho, no mientras tanto… antes y después.

Mientras tanto, ¿Tu mente estaba tranquila, estabas con tus emociones?

Sí, sí.

Cuando me estabas enseñando antes… recuerdo que hablamos de mente de robot, mente emocional… ¿En qué estado estabas cuando estabas viendo la luna?

Diría que en estado de flujo.

[Nos referimos aquí a nuestra forma juguetona de bautizar de nuevo los tres estados de la mente de DBT].

Siempre estoy como… no estaba vengándome, estaba enojado, pero no es como que estuviera gritando. Y estaba feliz, pero no estaba brincando de felicidad, o lo que sea que la gente hace, estaba feliz. Dejé venir a los sentimientos y los experimenté.

¿Qué fue lo que en ese momento te conmovió de la luna?

Siempre me ha gustado la luna… me tranquiliza mucho. Me acuerdo una vez que la luna estaba muy brillante, cuando era un niño. Mis papás estaban durmiendo y a mí me impresionaba lo brillante que estaba. Me quedé en el patio de atrás y estuve jugando casi una hora. Tenía como 8 años y realmente disfruté la luz de la luna, me la pasé muy bien.

[Hay algo hipnótico en la luna que yo también he experimentado, quizás ahí nacieron estas preguntas].

¿Cómo era la luna que estabas viendo hace unos días?

No estaba llena.

[Intuí esa incompletud…]

¿Y lo que pensabas? ¿Cómo llegó?

Ella estaba diciendo lo que me molesta… hace algo cada vez que nos llamamos por video, nos llamamos todas las noches, te conté, ¿verdad? Y hace algo raro que me molesta y ella piensa que me gusta o que es cool. Pero me hace sentir incómodo, y no tengo el valor para decírselo, ha pasado ya muchas muchas veces…

Hace mucho que te sientes incómodo y no puedes comunicarlo…

Sí.

Una vez más, ¿Tienes que soportarlo?

Y ella me lo dijo otra vez, fue lo último, y no sé…

(Reacomodó las cosas en el consultorio. Para irrumpir en su orden, saqué un color de una caja, lo desarreglé).

¿Por qué hiciste eso?

Para molestarte…

(Risas)

Ya está mejor… (arregló todo otra vez).

¿Y esto de tener las cosas en cierto orden?

[Decido insistir en lo que veo].

Es un patrón, necesitan estar en un patrón, si no, no funciona. Tomas el cuaderno, los colores, es un patrón. Cuando acabas de usar el cuaderno, lo regresas y los colores están aquí, puedes usar el papel.

Si no, no funciona.

¿Qué es lo que no funciona?

La operación.

Ok, la operación.

Tengo que poner esto primero, la música, luego tengo mi cartera, la pongo en mi bolsa, y tengo mi agua, por si acaso

Entonces está todo listo para la operación. (Digo, tajantemente).

¿Importa de qué lado están los audífonos?

Creo que no… no, sí, horizontal, vertical, vertical, excepto la botella…

…que arruina tu orden (porque la base es redonda, no cuadrada como el resto de los objetos).

Sí.

¿Pasa más esto cuando la ansiedad está presente, o da igual?

Diría que sí, más cuando la ansiedad está presente.

Creo que siempre pasa, pero quizás lo noto más cuando la ansiedad está presente.

Yo no había notado esto… había visto tus cosas sobre la mesa, pero nunca habías acomodado los objetos del consultorio.

No, no.

Es la primera vez

¡Se ve mucho mejor!

Estaba pensando, regresando a lo que pasó, ella hizo algo que no te gustó, luego se alejó y.… ¿Cuándo llega el enojo?

Ella realmente no se da cuenta. Realmente, realmente no se da cuenta de nada. No sabe cómo sus acciones, sus emociones, y sus… opiniones… les afectan a otras personas.

Dice algunas cosas, hace otras, pero no se da cuenta, está en su pequeña burbuja…

¿No piensa como le afecta a Enrique?

No, parece que no. Y me imagino que no es intencional. No es como si yo fuera cruel, violento, tan violento como que pudiera planear ser cruel. Es como si ella… no quiero decirlo así… fuera tonta, pero no sé, no se da cuenta de su impacto en otras personas, sobre todo socialmente. Es como si estuviera ciega. CIEGA es un buen término para definirla.

¿También con ella misma?

No, no.

Ah, ¿Entonces ella tiene otro estándar consigo misma?

Sí. Es sumamente consciente de cómo todo lo demás la hace sentir

No se da cuenta de que lo que me dice me podría lastimar. O que podría decir algo que me molesta, y se podría no dar cuenta, y entonces después reacciona…

¿Y entonces tú tienes que soportar esto también?

Sí, pero todo lo que ella hace y me dice…

¿Y qué tipo de cosas que te dice te molestan?

Umm.. Cuando habla de su ex. Eso me desconcierta. No sé, no quiero escuchar nada de eso.

¿Y no ve el efecto que esto tiene en ti?

No, no se da cuenta. Y tampoco se da cuenta de qué decirle a alguien a los diecisiete años: ??¡Quiero estar contigo para siempre!… me puede afectar.

¿Cómo te afecta escuchar algo así?

Ansiedad. No quiero que nada sea para siempre. No quisiera ofender a nadie… pero quiero estar solo, me ENCANTA estar solo.

Para siempre es mucho tiempo, ¿No?

[La nerd que soy se acordó aquí del título del libro de las memorias de Althusser, L’avenir dure longtemps, en español, El porvenir es largo].

Sí… ¡¿El resto de mi vida?! Soy un niño, ni si quiera soy un adulto todavía. Soy un niño. Normalmente ni siquiera sé qué ropa quiero usar en las mañanas, ¡¿Cómo voy a saber lo que quiero el resto de mi vida?!

Algunas cosas que quiero, quiero estar solo, me gusta, por eso pienso en ser un soldado, un pintor, no un artista, sino un pintor de casas…

¿Qué la lleva a decir “para siempre”, como “¡Quiero estar contigo para siempre!”?

[En vez de preguntar sobre ella, me hubiera gustado enfocar esto en el impacto de ella en él, en la relación como un tercero].

No sé, ella… es muy obsesiva, realmente obsesiva, pero en cuanto me preocupo por ella o decido algo, se enoja y se distancia y es grosera… es una calle de dirección única, y sólo ella puede manejar en esa calle.

Por eso antes habías dicho que parecería que siempre a ti te importa más, siempre amas más, siempre das más… y no te queda…

[En conversaciones anteriores hablamos de un juego entre ellos que a Enrique le molesta… ¿Quién tiene la última palabra en la competencia de “te amo más”?]

Es que emocionalmente ella es como un camión que me atropella

Hasta que el camón… ¿Qué?

Hasta que me despedace. No sé. Hasta que me mate.

¿Cuál es tu peor miedo, lo que le podría pasar al camión?

¿A qué te refieres?

¿Qué es lo peor que le puede pasar al camión?

Dejarlo ir.

[En inglés, let it go, que es neutro y por lo tanto ambivalente, es él o ella o el camión]

¿Dejarlo ir?

No sé… (largo silencio, casi un minuto)

No sé, pienso que su camión, tengo miedo de que un día me vaya a matar, no en el sentido literal, obviamente, pero no sé, tiene que ser más consciente de… lo he dicho ya miles de veces, pero la amo, la amo mucho, pero a veces es muy difícil…

Tanto que a veces te da miedo que te podría matar.

No literalmente…

Sí, no literalmente. [Enrique se protege ante la forma en que otros terapeutas lo harían completar un “Plan de seguridad” por mencionar algo que se parece al suicidio. Insistir en el sentido literal aquí me parece que nos obligaría a salir de la riquísima metáfora del camión].

Sí…

¿Y por qué no la cortaste en ese momento?

¿definitivamente?

Sí…

Hay muchas razones: como tres. Me preocupa su salud mental, porque ella me ha dicho muy claramente qué es lo que pasaría si la dejo… como si quisiera escuchar eso. Y.… ah, creo que son dos razones, la amo, quiero estar con ella, pero también hay otra parte de mí que no quiere estar con ella, entonces es muy difícil.

¿Entonces a veces esa parte que no quiere estar con ella gana o es más fuerte?

[Convivo con el forcejeo entre ambas partes].

A veces es más fuerte, pero nunca es lo suficientemente fuerte como para que la deje.

Y la otra parte, a la que le gusta estar sola… dime más acerca de esa parte

Antes de que estuviera con ella, tenía un sueño… no tanto un sueño, sino una fantasía, de entrar en el ejército, retirarme a los 40 o 50 años, y luego mudarme a Alaska, al norte de Alaska, a un lugar realmente frío y solitario, en donde me escaparía de todo y de todos, sin nadie a mi alrededor por cinco o diez millas, sin ver a nadie, tener mi pequeña cabaña, cazar para comer, pescar salmón, tener mi propia cosecha, y sólo salir de ahí si necesito algo y vivir ahí solo. Me parece un sueño increíble.

Muy…

[Digo “muy” porque he tenido fantasías sumamente parecidas… creo entender la sensación y deseo totalmente porque han sido también míos… a veces esta es una pésima forma de escuchar como terapeuta, porque no escucho realmente, sino que confirmo mi propio deseo (contratransferencia), me “identifico”. Ahí escucho mucho menos… le gana la emoción a la plena curiosidad].

Ese era originalmente mi sueño. […]

¿Has visto la serie “Below Zero”?

No, no la he visto…

Es acerca de una serie de personas que viven en Alaska, off the grid, es una de mis series favoritas… la tendrías que ver.

Quiero aparecer algún día en esa serie. Sería increíble.

Y yo viviría en la cabaña al lado de la tuya, a millas de distancia…

(Risas…)

Pero hay algo acerca de eso… también expresaste que habías sentido “puro goce”, no recuerdo exactamente las palabras que usaste, pero cuando me compartiste la línea de tiempo de tu vida y estabas hablando acerca de la pandemia… ese momento de…

¿Tranquilidad?

¿Es así como describirías el estar completamente solo?

Sí, sería increíble, me encantaría

¿Estar en contacto con cualquier otra persona arruina esa tranquilidad, o con alguien en específico?

[Torpemente intento volver al tema de la novia].

Sí, cualquier persona… creo que solo tendría un teléfono con línea fija para contactar a mi hermano, pero no quiero estar cerca de nadie.

Pero la otra parte de ti dice… No sé qué dice…

[Dudo, no asumo].

Dice… encuentra a alguien que te guste, compra una casa, vive una vida normal. (Explica, en tono soso, plano).

Una casa, una vida normal…

Me encanta lo que me dijiste acerca de la independencia…

¿Qué te dije?

Dijiste algo que realmente se me quedó grabado lo que dijiste… esto acerca de tu otra mitad, el significant other, que realmente me afectó, en la parte en la que enfatizaste… no es mi SIGNIFICANT OTHER, no es mi otra mitad. Sí, la amo, pero no me voy a morir sin ella, necesito tiempo para mí.

[Si supiera que esto viene de mi lectura de Badiou… ¡Y me da crédito! Me siento como una impostora, pero dejaría de ser yo si reprimiera lo que leo].

¿Tú estás con alguien, verdad?

Mhmhm. No que signifique que piense que hay algo para siempre o que será para siempre…

¿A qué te refieres?

No creo que nada sea para siempre… sin lugar a dudas tendría un ataque de pánico si me dices “para siempre”.

Pero a muchas personas eso los hace sentir muy felices…

Sí, lo sé, pero no los entiendo

¡Yo tampoco los entiendo!

[Aquí soy más Christina que su terapeuta… la irreverencia se cuela].

Entonces esta otra parte de ti dice… y, por cierto, suenas mucho menos emocionado cuando hablas de esta otra parte de ti, no sé si lo notaste… pero dice: encuentra a alguien que te guste, compra una casa, vive una vida normal… pero la otra parte de ti realmente viene acompañada de imágenes concretas que puedo visualizar… la otra… no tanto… […]

Quiero ser un soldado, pelear, divertirme…o ser un boxeador…

¿Eso entra bajo la categoría de “soldado, guerrero, caballero”?

[Habíamos tenido antes otra conversación sobre su idea de “ser fuerte” y nunca vulnerable que se decanta en estas tres figuras].

Sí, estar solo…

¿Qué estarías haciendo si estuvieras en esa… no la quiero llamar así, pero… casa/prisión? No quiero poner mi imagen en tu historia…

[No quería poner mi imagen, pero la nombré… es enteramente mía y dudo que tuviera efectos… quién sabe…]

(risas)

Prisión…. eh… Como ¿Qué haría?

Sí, ¿Quién serías?

Sería un ingeniero automotriz. […]

Por cierto, ¿Cómo va la clase de física?

Mucho mejor, entregué muchas de las tareas, estoy de vacaciones esta semana.

¿Y las redes sociales, tus horas de uso?

[Un reto que le propuse para reducir el tiempo que pasa en las redes sociales].

A ver… no creo que muy bien… como estoy de vacaciones… y le hablé a mi novia…

¿Incluso después del miércoles?

Sí, ella no sabe…

¿No tiene idea de cómo te afectó, cómo te sentiste?

No, no tiene idea.

¿Tienes miedo de su reacción?

Sí, se volvería loca…

Siento que eso es muy solitario. Que no puedes compartir con ella algo así de importante…

No, no. Voy a revisar las horas que paso en Instagram…

Ups, hay que fingir que no usé el teléfono…

(en tono irónico) Oooh… ¡ok!, ¿Entonces es peor que las seis horas de antes…?

Mucho peor…

¿En serioooo?

Doce horas… (me enseña su teléfono)

¡Cada segundo del día que estás despierto!

Pero si vivieras en la parte rural de Alaska…

No tendría esto… no haría esto.

Sólo le llamarías a tu hermano.

Entonces parecería que solo hay dos opciones por ahora, si imaginaras esas dos partes de ti, que son los dos escenarios.

Sí, y no sé si te diste cuenta (irónicamente) me gusta mucho más uno que el otro…

¡Claro! ¡Claramente!

Esto es… ¿Cómo te referiste a tu pecho, cuando la ansiedad lo invade?

Es como sangre que fluye, como algo apretado, como si me dispararan.

¿Tan solo al imaginar la posibilidad?

No, es solamente muy triste.

[Lo veo conectar, finalmente, con una emoción que en general no se permite].

¿Qué tan frecuentemente se te presenta la tristeza?

No sé… no tan frecuentemente últimamente.

¿En qué momentos la identificas?

Cuando hablo con mi novia… Cuando hablo con mi papá. Viendo en dónde estoy y cómo no quiero estar aquí, no me refiero a físicamente, literalmente, sino a que no me parece que mis calificaciones son lo suficientemente buenas, no estoy levantando tanto peso como quisiera, no corro tan rápido como quisiera. No hago lo que debería de hacer.

¿Quién te dice lo que necesitas hacer?

Yo.

¿Tiene esto algo que ver con lo que platicamos antes, de que no te gusta tu cuarto, que no puedes tener un espacio para sentirte cómodo?

Sí, y ahorita es un desastre.

Y según recuerdo… no era…

No tengo ganas de limpiarlo.

¿Entonces la tristeza viene con la falta de motivación o al revés?

[¿Por qué, otra vez, busco la causa y el efecto con mis preguntas? Quisiera no hacerlo más].

La falta de motivación tiene como resultado tristeza.

Porque no estás haciendo lo que deberías de hacer…

Sí…

¿Y el siguiente paso, si la falta de motivación lleva a la tristeza?

Enojo, sentirme atrapado…

Y habías mencionado sentirte atrapado antes, ¿no?

Sí, me he sentido así en otras ocasiones, cuando era chico y mis padres se peleaban… me sentía atrapado, como que no me podía ir a ningún lado y mi mamá o mi papá se iban…

¿Te atrapaban las discusiones, las relaciones, o qué te atrapaba?

[No me gusta dar un “menú” de opciones, pero a veces se me olvida lo mucho que este tipo de preguntas limita… esto constriñe las conversaciones].

Las discusiones

¿Crees que parte de lo que te atrapa ahora es algo similar? Sé que quizás no te permitirías discutir con tu novia…

Creo que yo me atrapo a mí mismo. Creo que debería hacer mejor las cosas. Pero luego no…

Es el robot Enrique, optimizar el rendimiento, siempre puedes ser mejor.

NECESITO optimizar el rendimiento.

¿Esta es la parte del ingeniero automotriz?

No… es el soldado y el guerrero. Pienso que, si hiciera mejor las cosas, estaría más contento… correr más rápido, levantar más peso… hacer todo a mi máxima capacidad, porque ahora mismo creo que no vivo de acuerdo a mi potencial, que tengo mucho potencial, pero podría hacer mejor las cosas.

Entonces es el guerrero, el soldado.

Sí.

¿Esa es la parte de ti que te está atrapando? ¿La idea de no vivir a tu máxima capacidad o potencial? ¿Y hay alguna parte de tu relación que sofoca a esta parte de ti?

No, no creo… no sé.

[…]

(Dibuja dos cubos en el pizarrón)

¿Qué son esos?

Son cajas

Son cajas en donde guardo todo lo malo. La caja de Pandora, ¿Me contaste tú sobre eso?

[¡JA! Invadiendo a mis pacientes con mitos griegos… creo que sólo Enrique ha tomado el anzuelo].

Sí… entonces es como la caja que guardas al fondo del océano…

¿Todas mis emociones?

Habías mencionado antes algo similar, una caja al fondo del océano…

Donde guardo el enojo… sí.

¿Un cofre de metal, dijiste?

De acero… no, esta es otra caja, la caja de las imágenes y cosas que veo, las voces…

¿Qué tipo de caja es?

De madera… y eso (señala su dibujo) no son pañuelos, (aunque en efecto, parecen pañuelos, una caja de pañuelos) es humo. Es humo que sale de las cajas, y como que se filtra. Y las cajas son pequeñas, caben en mi mano, no están en el fondo del océano…

¿Has abierto la caja?

He estado muy cerca…

Tenemos unos minutos más, pero… y no me gusta recurrir a resolver ningún problema, pero hay algo que te ayude a poder aceptar la ansiedad, sin que sea sólo algo que tienes que soportar?

Hacer lagartijas… escuchar música, me encanta escuchar música. Me encantan estos airpods (los señala, sonríe), sonrío cada vez que los veo. Me los compre para mi cumpleaños, con mi propio dinero. Nadie me los puede quitar. Quizás jugar Force of Horizon, me encanta.

¿Quizás podemos hacer algo de eso este fin de semana?

Sí, también acabo de comprar un protector de silicón negro

Para protegerlos todavía más…

[Clásico Enrique…]

Pero hay algo más que proteger aquí… TÚ. […]

¿Cuántas lagartijas puedes hacer, sin parar?

No quiero presumir, pero… como unas cien.

¿Quizás puedes intentar llegar a ciento diez? ¿Te pregunto la próxima vez que nos veamos?

Sí, sargento.

¿La última vez que nos vimos… también estábamos hablando de ti como un coach, te acuerdas? Porque estabas contándome todas las cosas en las que le quieres ayudar a tu novia…

Si, sí…todavía nos queda mucho trabajo por hacer ahí…

Quizás coach Enrique necesita descansar.

Quizás coach Enrique necesita retirarse.

Quizás… necesita irse a Alaska.

[Muchos nudos se atan hermosamente en este final].

¡¡¡¡Síiiiii!!!! Estaré pescando, un salmón.

Veo una imagen, esas imágenes: en Alaska, pescando un enorme salmón real.

¡Exactamente!

En el río Yukón.

Y hace frío… hay hielo…

Nos vemos la próxima vez.


Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
Fotografía de Dylan Thomas. Recuperada de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0 DEED)
Fotografía de Dylan Thomas. Recuperada de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0 DEED)

Thomas canta todavía en sus cadenas

Como el mar —una fuerza que guía las flores.

Seamus Heaney

No vayas dócilmente a esa buena noche, 

la vejez debe arder y delirar al acabarse el día, 

reniega, reniega contra la muerte de la luz.

“He bebido dieciocho vasos de whisky, creo que es todo un récord”. Se dice que fueron las últimas palabras de Dylan Thomas en su cama del hospital en Nueva York, a principios de noviembre de 1953. Aunque no es seguro que en efecto esas hayan sido sus últimas palabras, reflejan, en cambio, una parte de la personalidad del poeta y de cómo era percibido. Un hombre entregado a la bebida que ponía gran atención a cómo era percibido por lo demás, a lo que hay que sumar el hecho de que hubo quienes aseguraron que su muerte fue causada por su consumo desmedido de alcohol, cosa que queda manifiesta con el récord del número de vasos de whiskey. 

Se sabe que Dylan Thomas murió en el St. Vincent’s Hospital de Nueva York el 9 de noviembre; ni siquiera habían pasado dos semanas desde su cumpleaños número treinta y nueve. Pero la prematura muerte despertó una serie de especulaciones: fue un suicidio, estaba tan deprimido que bebió hasta morir, o una neumonía —lo que en realidad fue el caso—. Días antes, una dama aseguró ver a un hombre corpulento —su descripción, dicen, se ajustaba a la del poeta galés—, quien se tambaleaba de borracho y que, en su estado, en el cual no podía ni siquiera articular palabras, insistía en darle su libro de poesía, hasta que se desvaneció en las vías del tren. Se ha llegado incluso a darle nacionalidad a la dama, danesa, pero poco se clarifica esa anécdota, y aunque más prosaico y, por ende, menos digno del poeta, considerado por algunos críticos el mayor en lengua inglesa del siglo XX, Dylan Thomas tuvo un desvanecimiento en la calle, razón por la cual terminó en el hospital. 

Y es que para ese año Dylan Thomas era percibido en los Estados Unidos como una estrella, una estrella que hechizaba con la voz y con sus palabras. Estaba envuelto en el glamur —no en el sentido en el que entendemos el término en la actualidad, sino más cercano a la magia, al encanto; el sentido que tuvo en la antigüedad—. 

Piensan los sabios que en su fin pueden recibir a la oscuridad 

porque sus palabras los desviaron, no los iluminaron, 

no van dócilmente a esa buena noche.

“Do not go gentle into that good night” es uno de los poemas más conocidos de Dylan Thomas. Fue compuesto en Florencia en 1947 en una estancia que Thomas realizó ahí por obtener una beca de viaje que otorgaba la Sociedad de Autores, junto a este poema escribió el libro In Country Sleep, and Other Poems, que vio la imprenta en 1952. De ahí que se descarte la posibilidad de que el poema hubiese sido compuesto en la agonía de su padre, David J. Thomas, que acaeció en diciembre de 1952. 

Se trata de una villanela —aunque también es posible encontrar el término como villanelle, como se acuñó en francés—, una composición poética estricta compuesta por cinco tercetos y un cuarteto, el verso primero y el final de la primera estrofa se repiten como remate, así como el primero de las estrofas pares y el segundo de las estrofas impares, para cerrar, seguido uno de otro el cuarteto al final del poema. “Do not go gentle into that good night” es una de las villanelas más famosas, aunque en la época en la que se compuso no era común utilizar esta forma poética para expresar temas elegiacos. Los poetas de siglo XX que se sirvieron de esta composición demostraron que no solo admitía temas alegres o pastoriles —por su origen en la lírica francesa—, sino que también era posible utilizarla para expresar la pérdida y el duelo, como es el caso de“One Art” de Elizabeth Bishop, “Villanelle” de W. H. Auden, o “Mad girl’s love song” de Sylvia Plath. 

El poema es complejo y es una negación de la aceptación de la muerte. Es uno de los poemas que más se recitan en los funerales en el mundo anglófono —un contemporáneo de Thomas compuso otro poema una década antes que también es recitado con profusión en los funerales: “Funeral Blues” de W. H. Auden—. Asimismo ha aparecido en películas como Interstellar (2014) de Christopher Nolan, recitado por el actor Michael Caine. 

Buenos hombres, pasada la última ola, con un llanto tan brillante 

con sus frágiles semillas habiendo danzado en una verde bahía, 

reniegan, reniegan contra la muerte de la luz.

El auditorio está a reventar, el público ha escuchado en radio las grabaciones del poeta que se va a presentar y saben que tienen que escucharlo de viva voz. Se apagan las luces y los reflectores iluminan un micrófono en medio del escenario. Aparece un hombre regordete, pocas personas piensan que él pueda ser un poeta. Se acerca al micrófono, se pone la mano sobre la frente para que sus ojos se acostumbren a la luz que le da de lleno en la cara. Carraspea y comienza a recitar, con una voz potente y que parece surgida de otro mundo:

And death shall have no dominion 

Dead men naked they shall be one

With the man in the wind and the west moon […]

Esas primeras palabras bastan, están no solo ante un poeta, sino ante un hechicero, un bardo, un vate que es capaz de conjurar a los espíritus con su palabra. No hay más mundo que esa voz que habla de un mundo en el que la muerte dejará de prevalecer. 

And death shall have no dominion. 

No more may gulls cry at their ears

Or waves break loud on the seashores;

Where blew a flowers no more

Lift its head to the blows of the rain;

Thought they be mad and dead as nails, 

Headset of the charracters Hammer through diasies;

Break in the sun till the sun breaks down, 

And death shall have no dominion

Ese público volverá a la siguiente noche o le dirá a sus conocidos que tienen que ir ellos a escuchar ese prodigio. Es febrero de 1950, Dylan, con las lecturas de sus poemas, está camino a convertirse en una superestrella. En la última gira, en la que terminó muriendo, Dylan Thomas será escuchado por un joven, Robert Allen Zimmerman, quien decidirá tomar el nombre propio del poeta para crear el nombre que utilizará en el escenario y por el que llegará a ser reconocido mundialmente, hasta ganar el Premio Nobel de Literatura: Bob Dylan. 

Salvajes que atraparon y cantaron al sol en vuelo

y aprendieron, demasiado tarde, a afligirse, 

no van dócilmente a la buena noche.

Decidí hablar de “Do not gentle into the 4ood night” no solo por ser el poema más conocido de un poeta de la altura de Dylan Thomas —quien cumple con creces el dictum rilkeano que establece que un buen poeta lo es con haber compuesto siete obras dignas de llamarse poemas—, hablar de“The death shall have no dominion”, “I see the boys of Sommer”, “Do you not father me”, “In Country Heaven”, “Light breaks where no sun shines”, “We lying by seasand” o “A Refusal to Mourn the Death, by Fire, of a Child in London”, por mencionar solo siete poemas que considera Rilke y circunscribiéndome a mi gusto personal —hay, en esto del gusto, algunos criterios objetivos y todos quisiéramos decir que es a ellos a los que nos atenemos cuando hablamos de nuestras preferencias, pero no podemos pretender que esos criterios son los únicos que priman en nuestras lecturas—. 

Por supuesto que “Do not go gentle…” es el poema más conocido de Thomas, pero no lo escogí por eso, sino por la forma en que resuena, por la manera en la que me llega. Porque, sí, es un poema compuesto al duelo —los terapeutas y especialistas dirían que corresponde a la etapa de negación del mismo—, pero es mucho más que eso. Para empezar, la musicalidad con la que la compuso envuelve a su lector: Dylan Thomas como pocos poetas del siglo XX ponderó la dimensión musical y de recitación —como buen alumno de W. B. Yeats— de la poesía, y la convoca a la actitud de rebeldía frente a la muerte próxima. 

La primera estrofa establece el tono, a un tiempo dolorido y enfurecido frente a la muerte, mientras que el imperativo de la primera línea es casi un ruego: Do not go gentle into that good night,un ruego que se acentúa por la metáfora de la muerte próxima (night) y el adjetivo que lo acompaña (good). Los siguientes versos muestran el tono de reniego y exigencia que marca el poema: Old age should burn and rave at the close of the day/Rage, rage against the dying of the light. Aquí fue donde me tomé la mayor libertad en la versión que hice del poema, pues en lugar de utilizar la palabra rebelar como traducción de rage, me decanté por el verbo renegar, que por una parte es de un uso muy generalizado en la variante dialectal en la que crecí y, por otra. tiene mucha fuerza fonética al utilizarlo en imperativo. 

Las estrofas dos a cuatro muestran a hombres que por su condición no tendrían que preocuparse por la muerte próxima, o incluso la han aceptado, como los wise men de la segunda estrofa, pero que, aun ellos, en última instancia, reniegan de su destino ante las puertas de la muerte. Aquí entra la problemática de la conjugación verbal, y de concordancia de número, que imposibilita que el imperativo de los versos 1 y 2 de la primera estrofa queden tal cual, al cierre de las estrofas dos, tres y cuatro; quizá se puede solventar con cambiar a usted en la primera y quinta estrofas, con las que la voz poética se dirige al padre y cambiar de plural a singular los hombres de quienes habla, pero aún así, el verbo ir no queda igual en uno y otro caso. 

En una lectura superficial se podría pensar que el poema es sobre el llamado al padre de la voz poética a no aceptar la muerte, a renegar de ella y rebelarse en su contra. Los elementos para esa lectura están ahí y nadie impide que así se tome esta villanela. Sin embargo, esa no es la única lectura que es posible hacer de “Do not go gentle…”; algunos estudiosos han apuntado que la voz poética de este poema al hacer este llamado contra la muerte, en oposición a ella, lo que está haciendo es un llamado a la vida, un llamado que se hace a sí misma. 

Para esta lectura se plantea que el poema fue compuesto  mucho antes de la agonía de su padre, D. J. Thomas —quien fue un escritor que nunca alcanzó reconocimiento y a quien el poeta debía en última instancia su vocación y con quien tuvo una estrecha relación—, aunque esta interpretación también tiene su elemento falaz, porque da por sentado que aquello compuesto por el poeta necesariamente le ocurrió —conocida es la anécdota de Dylan Thomas cuando alguien trataba de hablar del significado de sus poemas o la interpretación de los mismos, y él se tiraba al suelo, se tapaba las orejas y empezaba a berrear, negándose a aceptar ninguna interpretación que sobre su escritura se hiciera; hubiese estado de acuerdo con Susan Sontag en su ensayo Against interpretetion—. 

El llamado a renegar y rebelarse ante la muerte está explícitamente dirigido al padre de la voz poética, pero nada impide que al leer el poema ese llamado sea hacia uno mismo, un llamado para vivir, para abrazar la vida —análogo al que hace Catulo en Vivamus atque amemus, Lesbia mea—, porque la muerte nos aguarda en cualquier momento. 

Hombres serios, cerca de la muerte, que vieron con mirada ciega 

ojos ciegos que pueden resplandecer como meteoros y alegrarse, 

reniegan, reniegan ante la muerte de la luz

Dylan, en su cuarto del Chelsea Hotel en Nueva York, trata de escribir la ópera con la que se comprometió, la que Stravinsky habrá de poner en escena, pero el resfrío que lo atosiga no le permite concentrarse ni poner una sola palabra sobre la página. La tos lo atormenta. Ese resfrío lo adquirió en alguna de las estaciones de tren en las que ha descendido, cargando sus propias maletas; es una estrella a la que todo mundo tiene que escuchar, pero todavía tiene que cargar su propio equipaje. Decide salir de su cuarto, ir en busca de un doctor o, cuando menos, un vaso de whisky, ya que si no puede escribir, al menos se ha de emborrachar —conocida era su afición al alcohol, pero también que nunca escribía ebrio—. 

Mientras camina, temblando, por los pasillos del hotel se da cuenta que ese mínimo esfuerzo lo agota y que hasta el aire le falta. Espera el elevador. Baja al lobby, piensa en sentarse en uno de los sillones y pedir en recepción que llamen a un médico para que vaya a verlo. Pero opta por salir, por buscar él mismo atención médica.

Es el cinco de noviembre, el viento corre frío del norte. Dylan se repecha bajo su gabardina. Da algunos pasos hasta que cae desmayado frente al hotel en el que se ha estado quedando. 

Llega en estado de coma al hospital, del que no sale. Muere cuatro días después, el nueve de noviembre de 1953. El veintisiete de octubre acababa de cumplir treinta y nueve años. 

Y tú, mi padre, ahí en las tristes alturas, 

maldíceme, bendíceme ahora con tus fieras lágrimas. Ruego. 

No vayas dócilmente a la buena noche. 

Reniega, reniega contra la muerte de la luz

Referencias 

Thomas, Dylan, Collected Poems, Nueva York, New Directions Publishing, 2010.

https://poets.org/poet/dylan-thomas


Autores
(Cuauhtémoc, Chihuahua, 1984) es autor de Gloria mundi. El nuevo Liber Pontificalis, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2015.