Tierra Adentro
Ilustración realizada por Iurhi Peña
Ilustración realizada por Iurhi Peña

A mi mamá y a mi hermana

Yo fui la primera en darme cuenta de que a mi hermana le gustaban las mujeres. Lo sospeché sobre todo en la adolescencia, cuando su lesbianismo se hizo evidente. Mi hermana, en lugar de tener pósteres de hombres en la pared, tenía de Angelina Jolie y, sobre todo, de Shirley Manson. Eran finales de los 90, y de verdad que estaba obsesionada con Shirley Manson, la vocalista de Garbage.

Una vez le pregunté:

—¿Por qué tienes tantos pósteres de Shirley? ¿Te gusta o qué?

—No me gusta, solo la admiro mucho. Soy su fan —me contestó. Pero yo intuía que sí le gustaba. No solo la admiraba, sino que tenía un crush con ella. Esa era su canción favorita de Garbage: #1 Crush. La escuchaba todo el tiempo en repeat y cantaba, echándole todo el feeling: “I would die for you… I would die for you”. Cantaba con tanto sentimiento que presentí que estaba enamorada, solo que no sabía de quién.

Un día, oyendo la radio, mi hermana se enteró de que Garbage iba a presentarse en Ciudad de México en el Teatro Metropólitan. Fue, justamente por esa época, cuando llevó a su “amiga” Valeria a comer a la casa.

Desde que las vi entrar juntas supe que algo se traían. Era obvio. Había visto a Su conviviendo con sus amigas toda la vida, pero con Valeria era diferente. Se notaba que morían la una por la otra, solo que aún no había pasado nada entre ellas. Supongo que no ha de ser fácil aceptar que te gustan las mujeres, que no vas a cumplir con la heteronorma. Y supongo que tampoco es fácil saber si la chica que te gusta también es como tú, pero lo que se notaba a leguas era la conexión que había entre ellas; que las dos querían y se querían, solo que todavía nadie se había atrevido. Aunque bueno, sí sucedían cosas. Mi hermana se la pasaba hablando por teléfono con Valeria. Hablaban a todas horas, a veces desde que Su llegaba de la escuela hasta que se iba a dormir. Yo también he tenido amigas con las que hablo todo el tiempo, pero esto no era igual.

Luego de adquirir los boletos, todo lo que le importaba a Su era el concierto de Garbage. Yo no era tan fan, así que no quise acompañarla. Mi hermana terminó yendo con su “amiga” Valeria, quien también resultó ser megafan de la banda escocesa. Juntas, esperaban con ansias el gran día del evento; se reunían para escuchar sus discos, practicar las letras de las canciones y ver sus videos. El favorito de mi hermana era el de la rola Special, donde Shirley Manson sale con una cola de caballo en una nave espacial. También veían una y otra vez la película Romeo + Juliet, donde salen Leonardo DiCaprio y Claire Danes. Les gustaba porque #1 Crush venía en el soundtrack, entonces también amaban aquella película a pesar de que siempre las conmovía hasta las lágrimas por aquello de que los personajes se adoraban, pero su amor era imposible porque estaba prohibido.

Aunque solían estar en nuestra casa, yo casi no convivía con ellas. Sentía que no me querían cerca. Ahora lo entiendo: yo era el mal tercio. Al principio no entendía bien por qué me enojaba tanto cada vez que veía a Valeria, ahora sé que me daban una especie de celos; ¡ella era la intrusa que tenía acaparada toda la atención de mi hermana!

—Su, Valeria no es tu “amiga, amiga”, ¿verdad? —le pregunté un día.

Su se sacó de onda y como que se enojó.

—Claro que es mi “amiga, amiga”. ¿Si no qué iba a ser?

Pero por más que lo negara, yo estaba segura. Todo era tan obvio que un día decidí decirle a mi mamá que yo creía que Su era lesbiana. Mi mamá lo tomó bastante bien. Yo creo que en el fondo ella también desde hacía mucho ya lo sospechaba.

—Ma, tengo que decirte algo que quizá ya sepas: estoy casi segura de que a Su como que le gustan las niñas.

—¿Te digo algo? Yo también lo creo. Pero hay que respetarla. Cuando ella se sienta cómoda seguramente nos dirá.

—Y como que su amiga-novia es Valeria, ¿no?

—Yo no sé si sean novias, pero pienso que quizá se gustan —me contestó.

—¿Y si le preguntamos?

—Mejor no. Cuando ella se sienta lista, ya nos contará.

Las mamás son sabias. Mamá tenía razón.

Finalmente, llegó el tan esperado día del concierto de Garbage en Ciudad de México. Su se fue muy emocionada, en compañía de Valeria. Consiguieron boletos para la fila 7, nada mal cuando se trata de ver a tu banda favorita. Yo me quedé en casa con mamá. Las dos sentíamos mucha alegría por Su, que se fue con la sonrisa más grande del mundo.

—Mañana no vas a ir a la escuela —me dijo mamá.

—¿En serio?

No lo podía creer. Mamá era buena onda y muy alivianada, pero nunca nos dejaba faltar a clases.

—En serio. Vas a acompañar a tu hermana a una sorpresa que le tengo.

Insistí durante horas para que mamá me dijera cuál era la sorpresa. Hasta la agarré a almohadazos, le hice cosquillas, pero mamá no dijo ni pío.

Ya eran casi las doce cuando Su volvió a casa. Venía estrenando una playera de Garbage y había comprado otras tres; una era para mí, cosa que me hizo muy feliz. Fue esa noche cuando Su me contó toda la verdad.

—¡Qué tal estuvo? —le pregunté.

—Impresionante, Adriana. De los mejores días de mi vida.

—Qué padre, Su. Sé cuánto te gusta Garbage.

Su me miró fijamente, respiró hondo y se sentó sobre mi cama.

—Adri, tengo que decirte algo —me dijo entre nerviosa y emocionada—. ¿Te acuerdas de que hace mucho me preguntaste por qué tenía tantos pósteres de Shirley?

—Sí…

—¿Y que me preguntaste si me gustaba y te dije que no?

—Ajá…

—La verdad es que sí me gusta. Y pues Valeria también me gusta. Y hoy, en el concierto, nos dimos un beso cuando tocaron la de #1 Crush.

—¡¿Delante de todo el mundo?! —le pregunté, impresionada.

—Sí, pero digo, nadie se dio cuenta. Todo el mundo veía a Shirley, no a nosotras. Pero fue algo mágico. Nunca había vivido algo así. Es la primera vez que siento esto.

—Ya lo sospechaba, Su —le confesé.

—Sé que ya lo sabías —me contestó—. Pero es que yo no estaba segura. Pero ahora sí sé que estoy segura.

Mi mamá nos despertó como todas las mañanas para ir a la escuela. Solo que esta vez nos advirtió que sería un día diferente.

—Quiero que se pongan muy guapas porque les tengo una sorpresa. Su, agarra todo lo que tengas de Garbage.

Su estaba maravillada.

—¿Cómo que todo lo que tenga de Garbage?

—Sí, agarra tus discos, las playeras, todo lo que tengas. Y pónganse muy guapas.

—¿¡Por qué, ma!? —preguntó Su, muy inquieta.

—Si te digo no va a ser sorpresa. Apúrense, que se hace tarde.

Mamá nos dejó en la puerta del hotel Presidente Intercontinental. Nos dijo que fuéramos a la recepción y que preguntáramos por Manuel.

—¿¡Para qué, mamá!? ¿Para qué? —imploraba Su.

—Tú solo pregunta por él. Córranle, ándenle —nos advirtió.

Antes de cerrar la puerta del coche, mi mamá me entregó una cámara; en ese entonces eran de las de rollo, me acuerdo.

—Le tomas fotos a tu hermana —me dijo, sonriente. Fue en ese momento cuando pensé: no, no puede ser. ¿Será que en este hotel está Shirley? ¿Será que mamá…?

Entramos al hotel. Yo caminaba detrás de Su; ella daba pasos grandes, casi corriendo, sobresaltada. Preguntó por Manuel: era el único chico en recepción.

—Tú debes ser Su, ¿verdad? Y tú, Adriana.

Su y yo dijimos que sí.

—Ok, suban por el elevador. Está ahí adelantito, y vayan al piso quince. Caminen hasta llegar al final del pasillo, ¿sale?

Sentía que a Su iba a darle un infarto cuando por fin se diera cuenta de que estaba a punto de conocer a Shirley Manson, su amor platónico. Mientras subíamos por el elevador ella veía los números —4, 5, 6…— sin pronunciar palabra alguna. No sabía qué esperar.

—Adriana, siento que vamos a conocer a Shirley Manson.

—Ojalá que sí —le contesté.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor no sabíamos qué hacer. El pasillo era largo, largo. Había paredes y puertas blancas, alfombra verde y ventanas grandes desde donde podía verse toda la ciudad.

De pronto encontramos una mesa larga, con un bonche de pósteres de Garbage, frente a una gran puerta custodiada por dos mujeres que nos miraron, sorprendidas. Una de ellas se puso de pie y, regañona, nos dijo:

—Oigan, ustedes no pueden estar aquí.

—Por favor, solo queremos…

—Fuera, aquí no pueden estar.

La mujer empezó a guiarnos hacia el ascensor. Su estaba a punto de soltarse a llorar cuando un tipo alto, muy alto, supergüero, con ojos bien azules, se dio cuenta de que nos estaban echando.

Hey, hey, what’s happening? —preguntó.

I don’t know how they got here, sorry —le dijo la mujer que nos escoltaba hacia el elevador. Su, resignada, apretaba los labios para contener las lágrimas, pero ese tipo altísimo sin duda era un ángel.

Come on, let them stay. And give them a poster too.

La mujer, visiblemente molesta, volvió a su lugar y, de mala gana, nos dio un póster de Garbage a cada una.

—Espérense aquí. Y no hagan ruido.

Su ahora quería llorar, pero de alegría. Cuando el ángel alto de ojos azules vio que todo estaba bien, que nos iban a dejar entrar y conocer a la mismísima Shirley Manson, se despidió.

Bye, bye, girls! —nos gritó antes de subirse al elevador, diciéndonos adiós con la mano. Quién sabe dónde esté él ahorita, solo deseo que se encuentre muy, muy bien.

Eventualmente, se abrió la puerta que tanto custodiaba la mujer regañona: salieron dos personas, un fotógrafo y una periodista. Pudimos ver cómo, dentro del salón, había pósteres de Garbage del tamaño de toda la pared, y pósteres de la portada del disco Version 2.0.

La mujer regañona entró un momento. Minutos después salió y nos dijo que ya podíamos pasar. Mi hermana entró delante de mí. Y ahí estaba: era Shirley Manson, peinada con la misma cola de caballo que en el video Special. También estaba el guitarrista de la banda, Duke Erikson.

Hi, girls! —nos dijo una enérgica Shirley Manson, superbuena onda.

Su estaba tan impactada que se le salían las lágrimas.

No recuerdo exactamente cuánto tiempo estuvimos ahí. Yo creo que veinte minutos, fácil. Shirley Manson estaba muy impresionada con las playeras que mi hermana le pedía que firmara. Ahora sé que era porque todas eran pirata. Shirley nos preguntó dónde las habíamos comprado y Su respondió que afuera del concierto. Shirley le lanzaba miradas a Duke, como diciéndole mira nada más… Aun así, nos autografió todo, hasta los pósteres que de mala gana nos dio la mujer regañona que estaba en la entrada.

Shirley se enterneció tanto con mi hermana que en el librito del disco Version 2.0 le escribió:

“Susana: you were so cute”.

También dibujó un corazón y abajito puso su autógrafo: Shirley Manson. Y no solo eso: aceptó tomarse fotos con nosotras. Nunca había visto a mi hermana tan feliz.

Estoy segura de que Shirley se dio cuenta de que Su era lesbiana y que estaba completamente enamorada de ella. Hasta le dio un abrazo y un beso en el cachete al despedirse; como Shirley tenía la boca pintada con un lipstick rosa, el beso se le quedó marcado y Su no quiso lavarse el cachete hasta el día siguiente que se metió a bañar.

Antes de irnos le dimos las gracias a Manuel, que se despidió de nosotras con una gran sonrisa. Se me hizo muy lindo que nos ayudara a conocer a Shirley. Supongo que los empleados de los hoteles tienen prohibido decirles a los fans que los artistas están hospedados ahí, pero como era hijo de una gran amiga de mi mamá se arriesgó y siempre estaremos agradecidas con él, especialmente Su.

Mamá nos esperaba en el coche, muy conmovida. Cuando mi hermana se subió, la abrazó con todas sus fuerzas.

—Ma, esto es lo mejor que me ha pasado en la vida. ¡Eres la mejor, eres la mejor!

Otra vez, Su se puso a llorar de felicidad. Y yo. Y mamá también.

Esa tarde, Su invitó a Valeria a la casa. Le enseñó los pósteres firmados, el beso que aún tenía marcado en el cachete, el librito del disco donde Shirley le decía que había sido muy cute. Mi mamá se portó extremadamente linda con Valeria. Yo igual. Ya las dos sabíamos que en algún momento sería la novia de Su, así que empezamos a hacerla sentir como parte de la familia. Mi hermana lo vibró y esa misma noche le confesó a mi mamá todo.

—Ya lo sabía —le dijo mamá.

—¡¿Le dijiste?! —me reclamó Su.

—Soy tu madre —interrumpió mamá—. Lo sabía desde hace tiempo.

Hasta ahora no conozco una historia de salida del clóset que supere la de mi hermana Su. Ojalá que así fuera para todas, poder salir sin mayor dificultad.

Mi hermana no ha vuelto a ver a Shirley Manson, pero aún es fan de Garbage. Aunque ella y Valeria terminaron su noviazgo después de un tiempo, hasta la fecha aún son grandes amigas. Y, por supuesto, aún conserva la foto de ella a sus diecisiete años, abrazada por Shirley Manson, enmarcada y colgada en la pared.

Shirley Manson (izquierda), vocalista de Garbage, con una fan en diciembre de 1998 en CDMX/Foto: Cortesía MPT


Autores
Es autora de Lo hice por amor (2016), novela ganadora del Premio Quimera a Mejor Literatura Queer. Sus cuentos han sido publicados en antologías mexicanas y extranjeras, entre ellas Hasta que comienza a brillar (Suma, 2024), Under the Volcano: The Best Writing of our First Fifteen Years (UTV, 2018), Lados B: Narrativa de alto riesgo (Nitro Press, 2017), y en la revista Rio Grande Review, A Bilingual Journal of Contemporary Literature & Art (Spring 2017, Number 49, UTEP). Fue residente de Under the Volcano (Tepoztlán, Morelos) y Casa Octavia (El Paso, Texas) en 2017.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Mi abuela

Mi abuela cuida la vida, 

no solo la suya 

-que la respira en el monte-

también la de sus hijos, 

la de sus nietos y bisnietos.

También cuida la vida que nos da vida, 

las flores, las habas, los frijoles.

Mi abuela me dice “hijo”, 

me ha dicho así desde la infancia.

Ella me enseñó a sembrar en la ciudad 

con un algodón mojado.

También me enseñó a sembrarme, 

a florecer.

Nómbrame

Te llamo bajo ese sol 

o a la sombra de aquella montaña. 

Veo tus ojos, 

tu cabello se mueve con el viento,

forma círculos en las nubes

y tu cuello permanece escondido bajo la bufanda.

Te recuerdo en esa luz 

que brillaba menos que tu rostro. 

En aquella azotea humedecida por el monte. 

No me cantes en el ayer, 

no digas mi antiguo nombre 

o querré quedarme a contemplarte.

Llama a mi yo verdadero, 

aquel que te miró bajo ese sol 

o bajo la sombra de aquella montaña.

Canta a la vida 

conjúgala en todos sus tiempos,

pero llámame en el de ahora 

¡Nómbrame!

Vestigios

He aquí mis heridas abiertas, 

sobre mi piel de madera.

Nuevas partículas, células y tejidos 

nacen de los lagos debajo de mi pecho.

Los ríos de sangre encuentran sus nuevos caminos 

sobre esta tierra nueva.

He aquí mis constelaciones 

adornadas con guirnaldas de despedida.

Aquí las agujas clavadas, 

sobre las paredes de esta casa.

Las cicatrices 

son las huellas de mis pasos.

Mi jardín florece 

al latir el sol.


Autores
Hombre trans zapoteco y mixteco, poeta, comunicólogo, productor y locutor de radio nacido en la Ciudad de México en 1984. Es autor de los poemarios “Poesía en Transición” (2017) y “Pido no ser yo” (2021), así como co-coordinador del libro “OAXACA-TRANS Historias de vida” (2020). Su obra ha sido publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México; la Universidad de Aguascalientes y la Universidad Veracruzana; además de antologías impresas y publicaciones colectivas digitales. Actualmente colabora en los programas radiofónicos “Espacio Social” y “Con todas sus letras dialoguemos para la igualdad”, mismos que se transmiten por radios públicas y comunitarias de Oaxaca, México y Centroamérica.
Ilustración realizada por Mrpoper
Ilustración realizada por Mrpoper

PRIVADO #1

PRIMERA PUERTA.

Bocacielo apenas. Encomienda. La serpentina de plata en la espalda es una ramificación de la columna. ¿Te gusta mi verga? Es tuya. Ditirambo. La posibilidad de embarazo es igual a cero.

La guerra fría es un invento del hombre moderno para explicar su fijación fálica. El sexo anal terminó con la lucha de clases.

Fetiche. Cacumen de mandril rosado, facción estreñida por el dolor. Violeta peditartamuda. ¿Te gusta que te coja por el culo? Coprofilia. Olor a vino y lengua lija de perímetro.

Una puerta doble, privada, la madera de piel y vello. Amor venéreo, exclusivo clientes.

SEGUNDA PUERTA.

Con lugar. Paramecio. Pasivo atlético. Sobra de sensacional, pero violenta serpiente. Adoquín entre plata. ¿Rol? Pequeña flama de cuándo. Virgen del culo con labial.

Un vidrio incrustado entre los dientes. Musculatura. Busco lo mismo. No hay respuesta. Protista. Hola. ¿Cómo estás? Bajo un pétalo de carne. Expectativa: respuesta para fuego. Pero no, los paramecios también se reproducen asexualmente.

PRIVADO #2

ÚNICA PUERTA.

Estroboscópico. Amor, cariño, baja un poco más, ábreme.

Gotas de cerveza manchan la frente. Extrema unción.

Ábreme, mi amor.

Una cola de lagarto sale del vestido, una lentejuela se desdibuja.

Pequeño Dios. Así, cabrón, chúpala. Se nota que te encanta.

Piernas de acordeón anticuado. Lamento. No metas los dientes.

Donde dice dientes debería decir colmillos.

No metas los colmillos. Qué rico la mamas.  Llanto y arcadas en azul profundo.

¿Por qué tus ojos parecen

el fantasma del primer hombre?

PRIVADO #3

PRIMERA PUERTA.

Hemos adoptado todas las medidas necesarias. Marsupial sacacorchos. Una botellita, una botella. No importa el tamaño, métela. Dilatación. Hombre de pezuña genital.

Todas las salidas están ahora despejadas. Por favor acérquese a la puerta.

Eyaculación precoz. Morir estrépito y antes decir: lo que importa no es esto, sino aquello, lo que todavía se puede caer.

SEGUNDA PUERTA.

Una lata de aluminio. Abre más la boca. Las cuentas tienen forma de odio. Arcada. Estamos en una ambrosía testicular. Regadera eléctrica. Tenemos rituales secretos. Perro transexual. Mira al pequeño bailarín.

Para proteger la integridad y la moral pública: queda usted detenido. Era un cuerpo blando. Leona. Era una lengua larga.

Ahora la noche se despide. Página seminal. Ahora el conejo labio es devorado en el horizonte.


Autores
(Montemorelos, México, 1994). Es autor de los libros de poesía Óxido silvestre (2019), La máquina de Warhol (2022) y La máquina de Turing (2024), también de la obra de teatro La pierna (2021). Fue merecedor del Premio Internacional de Poesía Gonzalo Rojas Pizarro (2017) en Chile, finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo (2020) en México, y ganador del premio Punto de Partida de la UNAM en la categoría de cuento (2023). Ha sido becario del Centro de Escritores de Nuevo León (2018) y del PECDA de Nuevo León (2021).
Ilustración realizada por Rosario Lucas
Ilustración realizada por Rosario Lucas

La evidencia de lo extraño

Qué infeliz sería si amara a un hombre

no sería su piel perfecta

ni la suave línea de unos muslos

¿A quién le trenzaría el cabello?

a un hombre, no.

la dulce aridez de unos labios

el intercambio de nombres

la negaré alguna vez

para tratar de ser lo que no soy

qué infeliz sería

mi carne rara, de los que creen que saben de biología

de animal en cada labio que se alimenta cada noche

de lo que no se debería.

A mí también me gusta la voz de KD Lang

Porque ella es lo que no puedo ser

porque ella besa a Cindy Crawford

mientras le afeita la cara

y canta lo que no puedo cantar

qué pensará Freud de este deseo

de voz o de canto

irremediable a una paliza

nada que curar en este deseo

porque no puedo ser KD Lang

en esta (lo)cura de amar 

en una voz consumida

de piedra desnuda.


Autores
Autora de La Edad de los Salvajes (Editorial Montea, 2015) Jardín Botánico (Abismos Casa editorial, 2016) Nostalgia de la luz (UANL, 2016) 1000 watts de amor electrónico (Yerba mala Cartonera, 2016) Objetos imaginarios (Pinos Alados, 2017) Flechas que atraviesan la espesura de la noche (Liberoamérica, 2020). Libro con el que obtuvo una mención en el XII Premio Internacional de poesía Gastón Baquero 2019 en España. Frontera Cuir (UAEMEX, 2021) La casa no existe (Editorial los libros del perro, 2022) Obtuvo el Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada, 2021 con su obra Frontera Cuir. Ha sido becaria del Centro de Escritores de Nuevo León (CONARTE, 2020) BECA PECDA (2023/2024)
Ilustración realizada por Mrpoper
Ilustración realizada por Mrpoper

Sobre de mí, sin decoro,

el hambre de besos que ya no recuerdo

un deseo de ti por años extinto

palpitando como lava nueva.

El deseo de verte y de ser vista

con el ansia palpitante

de quien cree la oportunidad estrecha

de quien no siente la certeza de un mañana

de quien se sabe fútil y fortuita,

como la mariposa al pasar por la ventana.

Así, en la alargada sombra de una mañana de domingo,

soy capaz de devorarte todavía

presa de temblores y deseos 

impropios de dos esposas añejas

que se sientan a esperar a la visita 

viendo películas repetidas en la tele.

Qué es el amor sino la certeza

de que todo volverá puntual a nuestro puerto

aun la calentura adolescente

aun el deseo acéfalo del cuerpo 

aun Sintonía de amor en matiné

o la flor de tu saliva sobre mi sexo?


Autores
(Ciudad de México, 1979) Escritora y tallerista. Maestra en Letras Mexicanas por la UNAM. Ha participado en antologías nacionales e internacionales, así como en revistas, publicaciones periódicas y medios virtuales. Autora de una decena de libros de cuento y poesía entre los que se encuentran: Crema de vainilla (Voces en Tinta, 2014), Fotografías instantáneas (Voces en Tinta, 2015), Mujeres de Cromagnon (Verso destierrO, 2020) y Hasta que comienza a brillar. Antología de cuento lésbico mexicano (Suma de letras, 2024)
Ilustración realizada por Iurhi Peña
Ilustración realizada por Iurhi Peña

―Quiero que quede muy claro.
señor Juez,
su delito no es bailar cha cha cha,
sino el no haberlo bailado conmigo.(64)

Nancy Cárdenas fue una mujer muy política, eso fue lo primero que supe de ella; los datos que me llegaban al azar eran como de personaje de fantasía, la activista lesbiana que marchó en el 68, que habló en televisión nacional sobre su identidad y la injusticia de que la homosexualidad fuera un motivo de discriminación, que había escrito poesía. Pero, ¿cuál poesía?, ¿dónde estaba?, ¿por qué no sabíamos más de ella?

No había mucha información ni muchos textos. Presentí que se trataba de un caso de injusticia histórica (no hay que ser demasiado perspicaz para sospechar algo así); sin embargo, ¿cómo comprobarlo sin pruebas? Afortunadamente, un día me encontré la primera edición de Cuadernos de amor y desamor en en Mi primer día en el salón de la fama (una librería de joyas que tiene el poeta Sergio Ernesto Ríos), y no dudé en comprarlo.

Lo primero que me llamó la atención fue la brevedad de los poemas. Me pregunté si esta habría sido la razón para que hubieran sido tan menospreciados; no porque la brevedad en sí misma sea un problema, sino porque ya sabemos lo fácil que es encontrar pretextos para descalificar o menospreciar textos de mujeres, nunca son lo suficientemente enormes, majestuosos, grandilocuentes como para ser tomados en cuenta (aunque lo sean).

En círculos concéntricos

-como el sonido-

y en muchas otras formas y direcciones

los universos viajan -constantemente-

hacia adentro y hacia afuera de sí mismos.

Tú y yo sólo somos

un instante,

realidad presente accidental. (96)

Lo segundo, claro, fue el tema: el amor. El amor en ciertas voces de autoridad puede ser sublime, pero en una lesbiana, ¿cuenta realmente?, ¿existe realmente?, ¿qué tanto da para ser un tema literario? Está bien que ellas lo hagan en su intimidad, ¿pero en público?

Que no es

antinatural, antisocial, antibiológico

aceptan ya los que más saben

de cuerpos y conductas.

Disfrutar este amor sin culpa

es vivir en el siglo XXI:

mujeres siempre en movimiento que se atreven

a jugar a todo sin salirse de ellas mismas. (93)

Lo tercero es más difícil de desentrañar. Porque si aceptamos que la extensión no es importante y cualquier tema puede ser literario, nos enfrentamos con algo todavía más escurridizo, eso que hace que un texto sea bueno, que lo podamos llamar literatura, que pertenece únicamente a la persona que escribe (si pensamos de manera romántica, claro): el estilo.

El estilo de Nancy tira hacia lo cotidiano (lo cual, sabemos, ha llegado a ser motivo de descalificación, sin que deba serlo). Sus poemas nos muestran sus heridas y su gozo sin la necesidad de convertir su experiencia en un ejemplo, en una historia desgarradora ni en una idealización de la historia de amor perfecta; aún más, recurre constantemente al sentido del humor para evidenciar que las personas somos difíciles e incongruentes, que el amor a veces tiene fallas y no por ello pierde eso que lo hace especial y poético.

Quieres las cosas

cuando yo las quiero (o poco antes)

y militas convencida de que somos especiales.

Media naranja conceptual,

las ciencias exactas no mienten:

tus 40 y mis 50

suman un 90% de posibilidades. (107)

Nancy Cárdenas es una poeta directa que se fija en los detalles, que sabe mostrar apenas una rendija a través de la cual podemos asomarnos e imaginar lo que sucede alrededor de la escena. Como buena dramaturga y directora de teatro sabía que ciertos elementos ya cuentan una historia, marcan un tono y despiertan el interés.

En verdad deseaba que lo nuestro

fuera cosa privada,

pero cuando Beatriz, Isabel, Alicia,

Vindia, Susana, Javier, Virma, Lynn

-supe- ya tenían tu versión,

le pedí a Gatolomé que me ayudara

a encontrar la forma de que Beatriz,

Isabel, Alicia, Vindia, Susana,

Javier, Virma, Lynn

y todos aquellos a los que les interesara

el chisme

conocieran la mía. (57)

Yo no sabía que Nancy Cárdenas había sido tan importante en el teatro nacional, pero gracias al documental Querida Nancy de Olivia Peregrino me enteré que había hecho teatro, mucho, muchísimo teatro; que fue una de las primeras mujeres en dirigir teatro en la Ciudad de México; que llevó a escena obras icónicas de la historia LGBTQ+ como Los chicos de la banda de Mart Crowley y Claudine en la escuela de Colette; que puso su casa para organizar encuentros de mujeres en donde había activismo, risas, baile y la imposibilidad de que la política se saliera del cuerpo y de los afectos.

Entre tantas liberacionistas que conozco,

sólo tú,

-de apariencia tan frágil-

has querido llevar a la cama

esos principios básicos de la teoría. (27)

Nancy Cárdenas y Carlos Monsiváis (quien probablemente se esconde detrás del personaje Gatolomé) fueron muy amigos, él le dice, en la carta que le escribió antes de su muerte, que lo primero que le atrajo de ella fue su body lenguage, su modo de discutir, “yo era tímido y tú, sin poder evitarlo, protagónica” (9). Esto resulta importante para la lectura de sus poemas pues, sin duda, su carácter tuvo todo que ver con la soltura de sus versos, con la facilidad de sentir en el cuerpo las posibilidades de la palabra. Nancy era consciente de que nombrar era existir.

La sangre alborotada se me agolpa

-preciso- donde tus labios me muerden

y la salud de tu cuerpo -súbitamente mía-

me estremece, me vuelve a estremecer y me estremece.

Tengo al instante contigo 23 años de conocer las cosas. (28)

Nancy puso sobre la mesa lo que significaba ser lesbiana. Lo dijo en voz alta desde el principio, no lo escondió en la facultad ni en el noticiero ni en el Día Internacional de la Mujer. Importaba decirlo porque el deseo, la sexualidad y la voluntad de amar eran parte fundamental de su identidad, porque sabía que ese era un motivo de discriminación y era ridículo que los asuntos amorosos se convirtieran en la razón para negar, ocultar o humillar a alguien, cuando esas minucias, las relaciones afectivas con los otros, son precisamente lo que nos convierte en personas.

A ver,

tu sexualidad contra la mía:

media alta la frecuencia, muy marcada la preferencia,

media baja la promiscuidad.

O sea: 5, 5, 2 en la escala de Kinsey

(el práctico 0 a 6 de los cincuentas)

muy libremente aplicada.

En otras palabras: 2 a 3 a la semana, sólo devaneos

con el sexo contrario y + de 10 – de 100 parejas. (39)

Me atreveré a decir que es justo en la aparente sencillez en donde recae la maestría de la escritura de Nancy, sabe qué decir y, sobre todo, sabe qué omitir. La economía de las palabras se convierte en una poética que ejerce la contención y la ironía. Es una poesía de amor apasionada, mas no ingenua. La voz sabe verse con sus fallas y debilidades, pero también conoce sus fortalezas.

Pretenciosa como soy

aspiro a que estas líneas exhiban la frescura

del chisme de fin de semana San Miguel de Allende

y oculten el esfuerzo de tantas relecturas. (104)

Así, detrás de frases cotidianas y este intrincado universo íntimo de encuentros, traiciones, desesperanza y fugaces momentos de felicidad, Nancy muestra una voz poética compleja donde se despliegan múltiples voces y puntos de vista. Esto lo podemos ver en la voz que le concede a sus gatos para complejizar el monólogo interior. Los gatos opinan, juzgan, ofrecen consejos y se aburren de las historias de amor fallidas de su dueña.

―La tratabas

como a una niña tonta, apunta Gatolomé.

―¿Y cómo tratarla, apresura Toto,

si se consume en mantener la apariencia

de una religiosidad que no practica? (44)

El sentido del humor se entremezcla en sus poemas con fibras sensibles, una ácida crítica social, reflexiones filosóficas y un erotismo vibrante que nos demuestra la importancia de tomar en cuenta al cuerpo cuando hablamos de identidad. No existe la mente sin el deseo, sin las dolencias, sin el corazón roto ni la enfermedad. 

El pasado y el futuro

son meras abstracciones

ante la lima tierna natural de tu entrepierna,

la exquisita sustancia volante de tu cuello,

el almendrado retoque a esa piel óptima…

oloroso universo que somete el transcurrir del tiempo

porque me aprisiona a mí. (36)

La voz poética de Nancy Cárdenas nos recuerda que la identidad es compleja, que la creatividad se entremezcla con las experiencias y las relaciones, que encarnamos muchas contradicciones y adentrarnos en ellas para sentirlas y comprenderlas nos enriquece, que se requiere valor y coraje para voltear a vernos hacia adentro y sostener la mirada hacia afuera con sinceridad.

Referencias:

Cardenas, Nancy (1994). Cuadernos de amor y desamor. Hoja Casa Editorial.

Peregrino, Olivia (directora). (2021). Querida Nancy [película]. Olivia Peregrino.


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(Zamora, Michoacán 1989). Es escritora, guionista y editora. Estudió Lengua y literaturas hispánicas en la UNAM y la maestría en Estudios Históricos en la UAQ. Publicó los libros de poesía No ser la Power Ranger Rosa y Princesas para armar. Fue becaria de PECDA 2014 en guión cinematográfico y FONCA 2021 en novela. Trabaja en Editorial Palíndroma.
Portada de "Ecce homo" de Antonio Salazar
Portada de “Ecce homo” de Antonio Salazar

El trabajo del colectivo TDV (Taller de Documentación Visual), así como el de una de sus principales figuras, Antonio Salazar, han sido fundamentales para situar y organizar el lugar de la producción de artes visuales en México desde los años ochenta. Sin embargo, a veces da la impresión de que la obra de Antonio Salazar y del TDV es reconocida ampliamente sin que eso signifique que haya sido objeto de reflexiones teóricas que le dediquen el necesario detenimiento. Digo lo anterior considerando que se trata de uno de los colectivos artísticos más importantes en la historia del arte contemporáneo en México y quizá el más significativo en lo que respecta a producción de cultura visual de las disidencias sexuales en las últimas cuatro décadas.

La obra de Antonio Salazar y del TDV ha sido explorada en trabajos académicos y ha sido exhibida con frecuencia en importantes exposiciones de arte LGBTTQ+ en México y en el extranjero; donde destacan exposiciones como La era de la discrepancia (2007), Expediente seropositivo. Derivas visuales sobre el VIH en México (2020), ambas en el MUAC; recientemente, el trabajo de Salazar ha aparecido en solitario —o en colectivo— en dos exposiciones que quedarán como hitos en la producción de memoria artística y cultural de las disidencias en México (a pesar de que hayan encontrado también críticas a sus selecciones, lineamientos y olvidos), me refiero a Imaginaciones radicales. Una lectura disidente de la colección del MAM (2023), y Positivo / Negativo. Adherencias culturales en la lucha contra el sida en México, 1978-2022 (2023); presentadas ambas el año pasado y con un trabajo evocativo y revisionista por parte de lxs curadorxs que permitió reorganizar los principales temas acuñados a la producción de archivos comunitarios de arte y fotografía LGBTTQ+ en México, así como a pensar en los efectos de la pandemia de VIH/sida en México en su relación con la producción de memoria y cultura visual.

Lo que he señalado arriba sobre una falta de detenimiento alrededor de la obra del TDV y de la obra de Antonio Salazar, no quiere decir que su trabajo sea considerado minoritario o de un impacto reducido, ni —mucho menos— de un alcance limitado al conocimiento de un nicho de agentes dedicados al arte, la gestión cultural o la teoría artística LGBTTQ+ en estos territorios. 

Al contrario, considero que el lugar de la obra de Salazar, en solitario y en colectivo, es una clara muestra de la centralidad que su figura tiene ya en estos procesos culturales en los que sigue siendo un referente fundamental. Pero, en lo que sí quiero insistir, es en que quizá no hemos teorizado ni especulado con suficiencia algunos de sus proyectos editoriales. Es cierto que los tenemos a la mano y con una proximidad epocal, pero no siempre los hemos discutido con suficiencia en ciertos derroteros, y veo esta deficiencia particularmente en la teoría local. Este texto busca contribuir mínimamente al respecto.

En 2018 tuve la oportunidad de escribir sobre la obra del fundamental esfuerzo creativo de Óscar Sánchez Gómez, fotógrafo crucial de la vida disidente en Ciudad de México, al igual que Antonio Salazar. Óscar es admirado amigo desde hace ya un par de décadas, a quien conocí a través de las fiestas del grupo de MSN Por un beso. Rockeros gay, tuvo la generosidad de obsequiarme muy inesperadamente los dos volúmenes del proyecto Álbum de familia, de Salazar, tras la entrevista que le realicé en su departamento en el centro de la Ciudad de México.

Desde entonces he pensado constantemente en este par de volúmenes editados por Salazar. He pasado noches completas revisándolo y procurando darme ideas —así sean erróneas— de cuáles fueron los motivos y planes detrás de un trabajo tan críptico y a su vez inmediato. Se trata de un par de volúmenes publicados en 2010 por la entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Cada volumen pesa aproximadamente tres kilos y consta de un trabajo de experimentación artística impreso en papel couché mate de 200 gramos y pasta en curpiel abullonado, con una fuente algo cursi en dorado sobre azul: ‘Álbum de familia’.

Entre los fotógrafos a quienes se da crédito aparecen M. Ángel Aguilera, Juan Raúl Barreiro, Armando Cristeto, Claudio I. Franco, Jam Montoya, Omar Núñez, Estanislao Ortíz, Óscar Sánchez Gómez, Pablo Sánchez, Rafael Manrique, además de muchas piezas del mismo Antonio Salazar, sobre todo destacan las fotografías de su fotolibro Ecce Homo (2007).

También aparecen consultados el Archivo Histórico del Distrito Federal, la biblioteca de CENSIDA (donada al CAPASIT en la Clínica Especializada Condesa-Iztapalapa), el Colectivo Sol- CIDHOM, el Fondo Fotográfico Hermanos Mayo, el Centro de Información Gráfica del Archivo General de la Nación y el National Museum of Holocaust en Washington. 

En el libro también es mencionado el registro de obra artística de Loren Cameron, los hermanos Casasola, Paz Errázuriz, Jorge Fernández, Sofía Moro, Nahúm B. Zenil, el Taller de Documentación Visual (TDV), entre otros más, pero nunca es señalada de manera explícita la autoría de sus fotografías ni de obra visual.

Destaca por igual la consulta realizada a numerosas fototecas web dedicadas a blogs de pornografía LGBTTQ+, enlistadas por Salazar, aunque dichas páginas se hayan elaborado de manera anónima; y la mayor parte de las veces sin propiedad intelectual ni permisos de uso de los materiales, lo cual me parece que apunta a una suerte de carácter común y colectivo de su uso para estimulación onanista. Es decir, se trata de una colectivización o expropiación comunitaria de los cuerpos y los semblantes de quienes aparecen en dichos repositorios. Si bien casi todas las direcciones de los blogs se encuentran ya inactivas en Internet.

Si hago este muy sintético repaso de los créditos es porque la obra, es decir, el proyecto mismo del fotolibro, constituye un desafío para quien se aproxime a él; y esto por diferentes motivos que me parece importante analizar. Aunque me interesa enfocarme en un par de aspectos que exploraré hacia el final de este texto, para ello necesito describir mínimamente de qué se trata Álbum de familia.

Las imágenes que conforman los dos volúmenes están organizadas de acuerdo con temas relativos a fechas de festejos según el calendario; es decir, contenidos ordenados conforme aparecen en el despliegue de los meses de febrero a diciembre, con intervenciones o capitulados en que los títulos dejan ver ciertos juegos de palabras además de las celebraciones de calendario, por ejemplo: “Ami(e)gos: Día del amor y de la amistad. 14 de febrero”; “1er. domingo de marzo. Día de la familia”; “8 de marzo. Día de la mujer”;  “30 de abril. PicarDía del niño”, “OrguYo Gay”, entre otras fechas, pasando por el “1 y 2 de noviembre. Día de muertos. Calaverga y Sementerio”, hasta llegar al “24 de diciembre. Nochebuena. Nacimiento de Jesús”.

En ninguno de los dos volúmenes hay paginación marcada ni homologación en el uso de fuentes tipográficas. No hay fichas técnicas ni atribución autoral a ninguna imagen. Tampoco hay unificación en el uso de diseño gráfico ni en las proporciones de tamaños para las fotografías acomodadas en las páginas. Tampoco son evidentes otros criterios editoriales que puedan hablarnos de una toma de decisiones que clarifiquen la intencionalidad en juego. Sin embargo, con ello no quiero insinuar que estos señalamientos que traigo a cuenta nieguen la intencionalidad editorial por parte de Antonio Salazar.

Lo que me parece más prudente, de acuerdo con lo que el mismo Salazar y el TDV hacían, es considerar que hay un afán por desarraigar las imágenes de posiciones autorales de referencias fácilmente identificables. Y que esto mismo constituye uno de los criterios principales: producir una memoria colectiva, comunitaria, social y cultural, abierta a la pluralidad de efectos a través de su contigüidad, serialidad y yuxtaposición.

En mi interpretación singular de la obra aquello que Salazar busca es una difuminación discrecional de la memoria visual que aparece en los volúmenes, pero no necesariamente en un afán de producir un anonimato absoluto.

A lo largo de las páginas aparecen todo tipo de personas de las comunidades diversas: artistas, figuras de la vida nocturna, actores, transformistas, modelos, activistas, o meros familiares de quienes contribuyeron al fotolibro a partir de sus archivos personales. Cada quien identificará a sus amigos queridos y familiares cercanas, o incluso a figuras reconocidas que le generan antipatía. Pero, sin lugar a duda, se trata de una obra de producción de memoria a partir de la incorporación de incontables semblantes, cuerpos y rostros de personas. El objeto parcial elevado a canon.

El fotolibro culmina en su página de créditos con la imagen de una firma autógrafa de José Jesús Garibay M., quien fue pareja de Antonio Salazar cerca de trece años y falleció el 1o de noviembre de 1992, y es consabido que Salazar ha dedicado su obra en conjunto a la memoria de Jesús Garibay. En la última sección del fotolibro, dedicada a la Nochebuena y al nacimiento del niño Jesús, aparecen principalmente fotografías de niños y niñas conviviendo e incluso bañándose mientras juegan. La articulación del tema festivo y los motivos fotográficos de la infancia y la inocencia en el juego me obliga a pensar en re-nacimientos, en ciclos que se abren después de haber pasado por las fiebres primaverales, los festejos veraniegos, la sequedad otoñal y el día de muertos, en una composición de un tiempo circular de lo social, a pesar de que cada página sea tremendamente tensa en la medida en que concentra todo tipo de temporalidades: personales, íntimas, sexuales, políticas, poéticas, históricas, comerciales, etc. Hay una verdadera pluralidad de tiempos conjunta a lo largo de las páginas. La vastísima cantidad de imágenes fotográficas se torna difícil de comentar sin caer en reduccionismos problemáticos. Aunque pienso vagamente en el concepto de imágenes dialécticas de Walter Benjamin.

En primera instancia, considero que a pesar de los temas que seccionan la colección y que conjuntan las imágenes, cada uno de ellos apunta hacia diferentes sentidos e interpretaciones. Conviven en las mismas secuencias fotografías de individuos claramente locales y de personas extranjeras de cuando menos los años sesenta hasta nuestros días. 

Nos encontramos con fotografías hechas por profesionales conviviendo sin reparo con piezas de aficionados, extraídas de álbumes familiares sin identificar con puntualidad, aunque no sin ciertas insinuaciones de familiaridad, marcadas todas por una contundente estética tributaria de las épocas provenientes. Es decir, las imágenes nos hablan de su procedencia a partir de los estilos para iluminar los lugares, las casas o calles, las maneras de vestirse, maquillarse, peinarse y posar de los personajes provenientes de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado hasta estilos propios de la primera década de este milenio. Se acompañan en total desfachatez, por igual, fotografías artísticas cuidadosamente estilizadas y planeadas, como las del mismo Antonio Salazar, Armando Cristeto, Paz Errázuriz y Óscar Sánchez Gómez con selfies caídas en el más profundo anonimato, lo mismo que junto a pornografía de todo tipo de subgéneros: morenos mexicanos, rubios europeos de todas las edades, mujeres y personas trans, osos, twinks, adolescentes, chacales, lesbianas, maduros, incluso las mentadas fotografías de niñxs desnudos aparecen en una brutal tensión con registros de fiestas y borracheras donde es fácil reconocer varias fotografías que Óscar Sánchez Gómez tomó en el bar El Marrakech, en la Purísima y la Sacristía, además de reuniones de fiestas de Rockeros Gay, escenas de strippers de antros ya desaparecidos, lo mismo que rostros y semblantes de personajes de la vida nocturna y cultural que han abandonado ya este mundo o al menos el país.

La enormidad de temas, estilos, procedencias, extracciones e interpretaciones en los dos volúmenes, es quizá lo que dificulta más la empresa cuando se procurar dar un lineamiento central que organice Álbum de familia; o al menos hace imposible pensar en otro criterio unificador que no sea el del calendario y el del álbum de familia como remanente de la carta de visita.1

Esta inevitable densidad de documentación visual supone algo que podemos intuir, al menos en lo que implica esta mínima articulación de un archivo comunitario que Salazar decidió organizar, disponer y presentar con estilos de diseño gráfico que también deambulan de acuerdo con variadas modas editoriales extraídas de una suerte de apropiación de estilos populares en las revistas impresas, digitales y plataformas diversas de redes sociales.

La elusión de un único estilo es igualmente una suerte de afán por capturar los usos epocales provenientes de las más variadas regiones del país y del mundo, aunque se trate de poco más de medio siglo: de los sesenta a los dosmiles. Pero aquí mismo considero que esto es un atributo intencional en el fotolibro. La captura de los estilos para las tipografías o los colores, las figuras decorativas y distribución de las páginas, parecen reconocer y tributar el diseño anónimo de los blogs y de las revistas en las que circularon las imágenes y fotografías de este fotolibro. Hay una producción de una familiaridad que se juega como un potencial paradójico de anonimato y reconocimiento o fantaseo de procedencias.

Me arriesgo a decir que es un dispositivo de producción de memoria, no un mero archivo de acumulación, sino como efecto narrativo en el espectador/operador del álbum. Es decir, esta variedad estilística y aparente desorganización obliga a imaginar cuáles son las coordenadas de referencia para el espectador/operador.

Lo fuerza a identificar, pero sobre todo a adivinar, una procedencia fantaseada que apelará a la cultura visual con que cuenta el agente sin que esto autorice usos elitistas de estas imágenes (también expropiadas muchas de ellas). En todo caso, más bien me parece que Salazar invita a que el fotolibro pueda ser revisado por comunidades, colectividades y manejos masivos. Sin que una cabal identificación de los objetos, momentos, estilos, personajes, acontecimientos, figuras, actores, etcétera, puedan neutralizar este potencial de anonimato y cruda contigüidad de eventos profundamente disímiles.

Al momento de confrontarme a este par de álbumes he tenido que combatir varios impulsos que me vienen principalmente de mi práctica teórica, en tanto que profesor de estética filosófica y de estudiosos de la cultura visual de disidencias sexuales latinoamericanas; tuve que eludir categorías y conceptos, o evitar estrategias de análisis propias de estudios políticos sobre la memoria e incluso aproximaciones deudoras de la teoría queer, lo cual no quiere decir que lo haya conseguido con éxito. Aunque dichas aproximaciones son sin duda potentes en sus operaciones específicas, todas ellas presentan ciertas limitantes en tanto que erigirían conceptos de análisis que se sobrepondrían a la estrategia de organización de los materiales fotográficos dispuestos.

Los materiales no se encuentran en estado bruto —por decirlo de alguna manera—, han sido seleccionados, dispuestos uno junto a otro, sobrepuestos, yuxtapuestos, reiterados ocasionalmente los semblantes de algunos personajes y distribuidas las piezas de los y las muchas personas que aquí aparecen; a mi juicio, con la intención de obligar a hacer memoria a partir de la familiaridad como vehículo de contemplación. Por ello me parece que los enfoques disciplinares son de utilidad, pero el mismo fotolibro como dispositivo estético está hecho para resistirles, pues no se deja interpretar de una sola manera; en todo caso apela a aproximaciones colectivas y esa es la teoría que considero que se requiere: una teorización y experiencia comunitaria de estos materiales visuales.

Ahora bien, para finalizar, me gustaría remitir a una categoría que me viene de manera ineludible cuando veo estos volúmenes fotográficos: la pornografía LGBTTQ+ de blogs de internet de los años 2000, y las fotografías tomadas del registro autoral de artistas o de familiares de personas de la diversidad sexual y de las disidencias sexuales en México.

En ambos casos, Antonio Salazar nos ha puesto enfrente la huella visual de la carne. La carne del deseo, el erotismo, la complicidad y la transgresión, que no consigue articular su especificidad sin el contraste con la carne y sangre de nuestras familias, sean elegidas o no.

Tarde o temprano estas páginas se llenarán de espectros que ya no participan de la vida -la muerte, por utilizar el concepto de Derrida— de la carne y de la sangre corporales. Y todos ellos se convertirán en un semblante, unos tras otras transformadxs en espectros cuyo cuerpo aparece aquí con las marcas de la ternura, la tentación y el anhelo sexual, pero ya solo como fantasmas.

A riesgo de equivocarme, vinculo e imagino este trabajo con un concepto propuesto por Jacques Derrida en Artes de lo visible: el subyéctil. Subyéctil es una categoría que depende de una sustancia, de un soporte, un sujeto, un supuesto y un suplicio. Derrida lo figura como aquello que está debajo de toda pantalla de proyección de una superficie donde tiene sitio una representación pictórica, visual o imaginaria. Pero no debemos confundir esto con la dupla forma/fondo. El subyéctil es el material específico sobre el que se sostiene una imagen; en este caso no pienso en los medios fotográficos o de diseño, sino en los cuerpos que subyacen al deseo desde su más abierta encarnación.

Lo que Derrida quiere traer a cuenta es la manera en que hay un resto todavía visible a pesar de la transición de formatos por los que circulan las imágenes. En este caso, las fotográficas, aunque él se ocupa mayormente de la pintura y la escritura. Pero la fotografía es una escritura lumínica en su definición etimológica. Y esa escritura nunca acontece —cuando se trata de figuras humanas— sin una luz que no haya sido soportada en la sustancia misma de un sujeto, así sea este una fantasía familiar o un supuesto hipotético. Las imágenes en el fotolibro son ante todo y precisamente el resto visual de un soporte que no fue sino una carne y un deseo, un semblante familiar con el que me parece que Antonio Salazar nos lanza a la memoria que emerge de este artefacto.

La cantidad incontable de cuerpos, rostros y pieles ahí mostradas no están para funcionar al modo de la pornografía tradicional o de uso farmacopornológico (por pensar en la propuesta conceptual de Paul B. Preciado). Hay un afán por sacralizar y salvar a través de estos soportes, de este subyéctil, ese resto insalvable de la carne convertida en imagen y dispositivo colectivo de memoria. Mas se trata de una memoria deseante y masificada que obliga a producir un anhelo de familiaridad, incluso ahí donde ésta es imposible de situar; particularmente cuando no se puede ya identificar con precisión qué es lo que deseamos y qué es lo que simplemente es un resto, una fantasía y quizá un mero semblante sepulcral y fantasmático de carne y familiaridad perdida.


Autores
Es doctor en filosofía por la UNAM, donde ha impartido cursos y seminarios en la Facultad de Filosofía y Letras, y los Posgrados en Historia del Arte, en Filosofía y Filosofía de la Ciencia. Ha llevado a cabo estancias de investigación en Université Paris 8, el Instituto de Investigaciones Estéticas/UNAM y el Doctorado en Humanidades de la UAM-Xochimilco. Sus líneas de investigación abordan pensamiento de la diferencia, representación artística de la enfermedad y la melancolía, y retrato fotográfico y cultura visual de disidencias sexuales desde la deconstrucción y el pensamiento marica latinoamericano.
Rompimiento de bandera LGBT+ en INFONAVIT por parte de integrantes del SNTI, 4 de junio de 2024.
Rompimiento de bandera LGBT+ en INFONAVIT por parte de integrantes del SNTI, 4 de junio de 2024.

La nublada tarde del 4 de junio de 2024, el secretario general del Sindicato Nacional de los Trabajadores del INFONAVIT (SNTI) acudió con algunos de sus agremiados a las oficinas centrales de la institución en Barranca del Muerto 280, en la Ciudad de México; lo hizo para destruir la bandera del orgullo LGBT+ que, desde que comenzó la actual administración, se ha colocado en la fachada del edificio durante el mes de junio. Pero, ¿por qué ese ataque? ¿Por qué hasta el quinto año de haberse colocado la bandera en las instalaciones del INFONAVIT es que causa molestia?

En las redes sociales del SNTI, se compartió un documento firmado por su líder, Rafael Riva Palacio Pontones, en el que se señaló el desacuerdo porque se colocaran pendones en las oficinas de sus trabajadores agremiados, comunicado al que más tarde se sumó otro en el que se señalaba que su protesta no tenía un origen homofóbico.

Riva Palacio, como él mismo declaró para el sitio Sindicalismo, ha estado en la secretaría general del SNTI desde el 1978; así mismo, presume que ha tenido oportunidad de tratar a los quince directores de la historia del INFONAVIT. También se precia de haber conocido a Fidel Velázquez, quien ayudó a que el sindicato se integrara a la Confederación de Trabajadores de México (CTM).

Fue ese hombre de pequeña estatura y barriga abundante quien, el martes 4 de junio, megáfono en mano, daba instrucciones para que la bandera del orgullo fuera rasgada y retirada del frente de las oficinas del INFONAVIT. El líder sindical señaló que era indigno que esa bandera estuviera ahí y argumentó que si el América ganara no le permitirían poner la bandera del equipo.

Uno de los testigos del acto fue nada menos que Carlos Martínez Velázquez, quien ha fungido como director del INFONAVIT desde diciembre de 2018, a solicitud del presidente Andrés Manuel López Obrador. Ante estos eventos, me comuniqué con él y le realicé la siguiente entrevista.

Noel René Cisneros (NRC): Entiendo que no ha sido fácil enfrentar una situación como la que viste el martes en la tarde. ¿Cuál fue tu reacción? ¿Qué sentiste al ver la rotura de la bandera?

Carlos Martínez Velázquez (CMV): Imagínate, fue sumamente sorpresivo. Te da rabia, te da coraje, impotencia, muchos sentimientos. No esperas ver algo así, no cuando llevábamos vistiendo el edificio así desde 2019. En cinco años no hubo problemas, hasta ahora. Por eso no me parece consistente.

Y como dijo alguien en el grupo de red diversidad que tenemos en el instituto: crees que trabajas en un lugar seguro y esa creencia se desbarata en unos instantes. Te preguntas cómo vas a ir a trabajar al siguiente día de ese ataque a una bandera. ¿No será el día de mañana contra alguno de nosotros, de nuestras compañeras o compañeros LGBTI+? Y, por otro lado, tengo una responsabilidad como director del instituto, tengo que responder por toda la gente que está en él y que no quiere ver ese acto violento cometido ahí.

Lo que hizo el líder sindical se tiene que condenar y se tiene que aislar. Que solo se circunscriba a un señor que está en otro planeta. Ese no puede ser, ni mucho menos, el signo del INFONAVIT.

NRC: Has sido abierto sobre tu homosexualidad ahora que estás al frente del INFONAVIT, ¿crees que el ataque del martes tuvo su origen en ese hecho?

CMV: Puede ser, ya que al frente del instituto he impulsado políticas encaminadas a favorecer a la población LGBTI+. Anteriormente, en otras posiciones y en anteriores gobiernos, mi orientación sexual no era algo que visibilizara, pero eso cambió una vez me dieron la responsabilidad de dirigir el INFONAVIT. Al ser el director de una institución adquieres una libertad que no tienes cuando eres alguien a quien solo le toca hacer su chamba. Cuando toca dirigir una institución te das cuenta de que lo personal también es político. Y mientras uno está claro en sus convicciones, que hay cosas que están mal y que hay cosas que puedes impulsar, pues lo tomas y lo conviertes en motor de cambio. Por eso fue que, una vez se me encomendó dirigir el INFONAVIT, decidí ser abierto sobre mi orientación y hacer políticas en ese sentido.

Así, por ejemplo, se impulsó el cambio en los permisos de maternidad, a partir de un caso de una familia lesboparetal, en el cual solo la madre gestante podía acceder al permiso de maternidad, pero la otra madre no. Discutimos mucho y decidimos cambiar el nombre a permiso por nacimiento y adopción, lo que estaba circunscrito a un solo caso, se amplió para que otros tipos de familia pudieran tener acceso a esos derechos; y no solo para los padres cuyos hijos nacerán, sino, también, para quienes adoptan.

El programa Unamos Créditos Infonavit lo lanzamos en 2020 y ha permitido que más personas puedan acceder a un crédito. La mayoría de las parejas del mismo sexo que han adquirido un crédito lo han hecho bajo este esquema.

A eso se suman también las capacitaciones que impulsamos, la red que te mencionaba, la presencia del instituto en la Marcha del Orgullo de la Ciudad de México.

Por ello me parece completamente atípico que hubiera ocurrido ahora, cuando llevamos impulsando los derechos LGBTI+ desde hace cinco años, cuando en actos públicos, como el año pasado en el Día de la lucha contra la Homofobia, Lesbofobia, Transfobia y Bifobia, externé públicamente mi orientación sexual, pero nunca hubo una reacción negativa por parte del sindicato ni nadie dentro del instituto.

Que yo sea gay importa. Importa porque te pones a pensar en otro tipo problemas que alguien heterosexual quizás no pensaría.

NRC: ¿Crees que haya otras causas para que Riva Palacio Pontones hubiera convocado a ese acto violento?

AMV: No puedo saberlo, puedo apuntar alguna hipótesis. Como te dije, me parece extraño que teniendo cinco años con políticas en favor de la población LGBTI+ y cada junio desde hace cinco años hemos colocado la bandera sea hasta ahora cuando la destruyan, sea hasta ahora que surja esa reacción.

Quizá puede ser que tras los resultados del domingo 2 de junio, ante el avance de una sociedad que implica más derechos para más personas, se incomodaron con la continuidad de un proyecto que a lo mejor no les gustó. Y por supuesto, la promoción activa de mi parte en temas LGBTI+, que no se puede descartar.

Lo que no se puede justificar es la violencia. Puede haber argumentos, pero la violencia no se justifica. Por eso los actos del líder sindical resultan inauditos, porque son la puerta de entrada a más violencia.

Carlos Martínez Velázquez ha sido abierto sobre su sexualidad y, como señaló, que lo sea ha influido en el tipo de políticas públicas que impulsa y en la forma que ejerce la función pública.

La adquisición de los derechos de las personas de la diversidad sexo-genérica, y de otras poblaciones minorizadas, está cada vez más garantizada por las instituciones de nuestro país —tanto en las leyes como en políticas de gobierno—, pero ello no quiere decir que el odio haya terminado. Como demostró Rafael Riva Palacio Pontones, la violencia puede reaparecer. De ahí la importancia de que las personas de la diversidad se unan y actúen, de ahí la importancia también de la representación.

Una persona que pertenece a una población minorizada será capaz de ver las problemáticas específicas de esa población y crear políticas destinadas a subsanarlas. Las personas odiantes siguen existiendo, pero en el México plural cada vez son menos y cada vez tienen menor capacidad de hacer daño.


Autores
(Cuauhtémoc, Chihuahua, 1984) es autor de Gloria mundi. El nuevo Liber Pontificalis, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2015.