La espantosa miseria que se cierne en esta región a consecuencia de la falta absoluta de trabajo y la carestía de los artículos de primera necesidad ha dado origen al éxodo de centenares de familias en caravanas de hombres, que engañados o no, van en busca del pedazo de tierra, único patrimonio del elemento campesino.
Comité Particular
Agrario Ejecutivo
Camarón, Nuevo León, 9 de noviembre de 1937
En la primavera de 1934, Estación Camarón, Nuevo León, vio el brote de una movilización agraria que empezaba a organizarse para exigir mejores condiciones de trabajo. En este texto, Cristina Rivera Garza indaga en telegramas y archivos para dar a conocer la historia de esa lucha y el impacto que tuvo en uno de sus participantes, un joven comunista de no más de veinte años que respondía al nombre de José Revueltas.
LA LUCHA AGRARIA NEOLONESA
José Revueltas tenía diecinueve años cuando se montó en un caballo para cabalgar desde Sabinas Hidalgo hasta Estación Camarón, un poblado en rápido crecimiento en el estado de Nuevo León, a unos cuantos kilómetros de la frontera con Estados Unidos. El viento loco, viento del norte, alrededor de su cabeza. Tan pronto como llegó tuvo que darse cuenta de que no estaba ahí para «organizar a las masas desorientadas», como había imaginado, sino para participar, aunque fuera brevemente, en una de las movilizaciones populares más aguerridas de los treinta en el norte del país. En efecto, en la primavera de 1934, un grupo de colonos, trabajadores agrícolas y maestros de escuelas regantes se organizaban ya para exigir el salario mínimo, la suspensión del pago de impuestos prediales para el estado y el banco, así como la continuación del proceso de distribución de tierras ejidales alrededor de la presa Don Martín, en el Distrito de Riego Número 4. «No bien nos enteramos de la situación», dicen que rememoró muchos años después José Revueltas para una audiencia cautiva mientras bebía pequeños sorbos de tequila en la casa de Arturo Cantú, donde trataba de evitar el acoso de la policía después de su participación en el movimiento del 68,
mandamos por telégrafo una denuncia de los hechos a El Machete, que era el periódico del Partido, con tan buena puntería que alcanzamos la edición del día siguiente y antes de que hubieran pasado tres días de nuestro contacto con la lucha agraria neolonesa, precursora de la lucha agraria mundial, ya circulaba de boca en boca nuestro texto y lo leían en las asambleas los que sabían leer para que oyeran los que no.[2]
La información que viajaba en ese telegrama y, muchos años después, el contenido de la conversación que dicen que compartió con devotos admiradores en su escondite en la ciudad de México, ha sido mencionada infinidad de veces para describir la etapa temprana de su vida como escritor y como activista.[3] Otros tantos han aludido a los vasos comunicantes que van de esa experiencia a las páginas de El luto humano, la novela que, publicada en 1943, le ganó a Revueltas el Premio Nacional de Literatura. Ningún estudio hasta ahora, sin embargo, ha explorado los documentos históricos en los que quedó el registro del involucramiento de José Revueltas en la lucha agraria neolonesa del 16 de marzo al 7 de abril de 1934, fecha en que fuerzas especiales de la policía de Monterrey, Nuevo León, lo secuestraron, junto con tres comunistas más, para llevarlo preso a las Islas Marías. Esos telegramas, esas cartas mecanografiadas a prisa en máquinas destartaladas, esas misivas entre distintas instancias del gobierno estatal y federal no sólo dan cuenta de lo que Revueltas vivió en el norte de México en Estación Camarón, sino también de la álgida situación que vivía el comunismo norteño mexicano en el inicio mismo de la posrevolución: una coalición tumultuosa, ardiente, con el «calor de pasos» juntos, entre asalariados de campo, maestros rurales a cargo de aplicar las disposiciones oficiales y de inspeccionar el cumplimiento de la ley del salario mínimo, así como colonos a quienes una tierra ensalitrada les había enseñado el tamaño de su fracaso.[4] En las huellas habitadas que son esos textos viaja, pues, el magma de un lenguaje que va con la misma vehemencia, a veces hasta con los mismos vocablos, de las peticiones de tierra y las exigencias de un salario mínimo a los párrafos de una de las novelas más paradigmáticas del siglo xx mexicano.
2. UN VIENTO LOCO, SIN FRENO; VIENTO DEL NORTE
El primero de enero de 1927 empezaron oficialmente los trabajos de construcción de la presa Don Martín en el municipio Juárez, al norte del estado de Coahuila, a unos cuantos kilómetros de la frontera con los Estados Unidos.[5] Ubicada en el cauce que une el Río Salado y el Río Sabinas, en un rancho que alguna vez le perteneció a un tal Martín Guajardo, su embalse tuvo una capacidad para albergar 1,396 hectómetros cúbicos de agua. El uso primordial de este líquido fue y ha sido el riego agrícola en las tierras comprendidas por el Distrito de Riego Número 4, un área que ha variado en extensión pero que, en sus buenas épocas, llegó a cubrir aproximadamente hasta 60 mil hectáreas entre los estados de Coahuila y Nuevo León. El proyecto hidráulico era de tal importancia que a su inauguración, ocurrida en octubre 6 de 1930, acudió en persona el general Plutarco Elías Calles, por entonces el poderoso expresidente de México, en representación de Pascual Ortiz Rubio, uno de los presidentes del así llamado Maximato.
Calles concedió entrevistas y posó para varias fotografías. En su momento se refirió a la presa como un proyecto personal propio que finalmente veía realizado ese día. Las fotografías dejaron huella de las poses consabidas: un conjunto de hombres con sombrero en mano y trajes de ciudad que, sudorosos y despeinados, veían de frente hacia la cámara, y hacia el futuro. Ese flash.
La repartición de tierras alrededor de la presa Don Martín se llevó a cabo desde 1930, respetando la Ley de Colonización de 1926. De acuerdo a los ideales de los grupos posrevolucionarios dirigidos por Calles, más que plantearse la existencia de ejidos —propiedad comunal de la tierra—, se propugnaba por utilizar el apoyo estatal para conformar una clase media de agricultores con base en la distribución de parcelas en forma de pequeña propiedad. Aunque las condiciones no eran fáciles —se pedía que los futuros colonos pudieran aportar el 5% del costo de tierra como una forma de enganche— la población en Estación Camarón —un campamento fundado hacia 1882 cuando dieron inicio los trabajos de construcción del ferrocarril México-Laredo— pronto se multiplicó, llenándose de colonos potenciales, ciertamente, pero también de trabajadores agrícolas o asalariados del campo con la esperanza de conseguir trabajo y el más loco afán de adquirir tierras propias. Y la esperanza, como se sabe, es un animal hambriento.
Las noticias de la repartición de tierras y el ofrecimiento de créditos por parte del Banco Agrícola atrajeron a muchos más.
A Estación Camarón llegaron desde jornaleros errantes hasta agricultores sin tierra del centro y sur de México, así como trabajadores repatriados de los Estados Unidos a causa de la Gran Depresión del 29, muchos de ellos con experiencia en la pizca de algodón. En efecto, aunque las primeras cosechas fueron de maíz y de frijol, pronto quedó claro que el algodón sería el más redituable de los cultivos. Para 1932, de hecho, las cosechas del así llamado oro blanco dominaron la región, augurando los buenos tiempos por venir. 1932 marcó un parteaguas en este sentido. Apenas un año más tarde, en medio de crecientes presiones por la distribución de más tierra por parte de los asalariados del campo —peones acasillados de acuerdo con las autoridades de agricultura de la zona— y en los terrenos que habían sido de la familia Ferrara pero que desde la fundación de la presa le pertenecían al Sistema de Riego No. 4, se fundó Anáhuac, Nuevo León, el 5 de mayo de 1933.[6] Diseñada por el ingeniero Jorge J. Pedrero, por mandato de Alfredo B. Colín, encargado del sistema de riego, Anáhuac se convirtió en uno de los pináculos de la estética urbana algodonera.[7] Una utopía de amplias calles en forma de círculos concéntricos a la vera de un río y una estación de tren: eso era Anáhuac. Una ciudad creada para satisfacer, o acallar, la creciente y cada vez más organizadas demandas de tierra en la región: eso era Anáhuac.
Un obelisco modernista con señalamientos equidistantes hacia los cuatro puntos cardinales. La descripción que un apasionado joven comunista mandó a su familia de la Ciudad de México mientras avanzaba entre montes y galopaba sobre caballos prestados entre Sabinas Hidalgo y Estación Camarón era bastante distinta:
El norte es tierra blancuzca e hiriente. Llanuras y desiertos todavía sin domar; ariscos, poblados de matojos y chaparros, de dolorosos cactus que martirizan, torturan la carne, casi símbolo de toda la tierra mexicana, india y dolida. El horizonte reverbera atravesado por los rayos de un sol impune, rojo como una bola de fuego. La tierra se quiebra al trotar de los caballos, reseca y sedienta. El viento es un viento loco, sin freno. Viento del norte.[8]
El Partido Comunista Mexicano había mandado al joven Revueltas al norte de México para participar en una movilización de colonos y agricultores que veía con visos de convertirse en una verdadera «insurrección popular obrera».[9] Juvenil e intenso, deseoso de participar en la transformación del país, este muchacho comunista llegó a orillas del río Santa Catarina, sin embargo, demasiado tarde. Pronto se dio cuenta de que el asunto parecía ya arreglado ahí, pero, pronto también, le llegaron noticias de que algo que «sí iba en serio» se estaba gestando no lejos de ahí. «No podíamos resignarnos al ridículo de volvernos sin haber orientado un movimiento de masas», contó José Revueltas antes de caer preso en 1968. «En eso estábamos cuando nos enteramos de que en un punto llamado Camarón, del mismo estado, había estallado una huelga de quince mil obreros agrícolas que exigían el pago de salario mínimo. Allá nos fuimos de inmediato a organizar a las masas desorientadas».[10]
En su momento, mientras iba dejando los días más bien pacíficos de Sabinas Hidalgo atrás, el joven Revueltas le confirmó a su familia en otra carta que «la noticia de una huelga en Camarón vino a sacarme de los idilios Sabinescos y salí volando para este lugar».[11] De muy buen ánimo, describiendo por igual sistemas de baile como la naturaleza circundante, además de la belleza de las lugareñas, Revueltas calificó como «inmejorable» al movimiento revolucionario en esta región. «No hay descanso. Se nos avecinan cosas soberbias. Todo esto me hace estar encantado de haber nacido. Pienso no regresar a México hasta después de que no hayamos hecho algo realmente de provecho en toda la región».[12]
El «pleito que sí iba en serio» en Estación Camarón y que tanto afectó a un joven comunista a punto de convertirse en escritor estaba conformado por un movimiento que exigía tanto el respeto al salario mínimo como la distribución de la tierra. Lejos de tratarse de «las masas desorientadas» que había imaginado mientras galopaba, se dice que Revueltas se encontró con que «estaban los compañeros huelguistas muy bien organizados, muchos de ellos armados y apoyados por la vaga simpatía del gobierno estatal, que los había dejado avanzar sin obstaculizarlos mucho».[13] En efecto, una sólida coalición de trabajadores agrícolas y maestros de escuelas regantes enfrentaba el abismo que en poco tiempo había surgido entre el colono poseedor de tierras y el asalariado del campo al que se mantenía en «una espantosa pobreza» y en condiciones «verdaderamente críticas».[14] Las demandas, mecanografiadas en la misma destartalada máquina de escribir, en un lenguaje que con facilidad conjuntaba la exhortación bíblica y la animadversión comunista contra la opresión del capital, iban y venían de las oficinas del Sindicato de Obreros Agrícolas de Camarón a las oficinas de gobierno, manteniendo a los campos de algodón en un estado de exaltación ya por bastante tiempo. Hacia 1934, la situación se recrudeció con la participación estratégica de células comunistas por toda la región.
El Bloque Obrero y Campesino de Camarón, Nuevo León, había quedado formado ya el 17 de diciembre de 1933, pero no fue sino hasta el 18 de enero de 1934 que sus miembros mandaron una carta a Gobernación en la cual se afiliaron a sus símiles en Monterrey y en la Ciudad de México, desmarcándose igualmente de cualquier «tutelaje de la burguesía y terratenientes, así como independiente de todo apoyo gubernamental».[15] Prudencio Salazar, el secretario general de la nueva organización, terminaba la misiva con un combativo: ¡Obreros y Campesinos, uníos! No sólo había sindicatos rojos en la capital empresarial que era Monterrey, sino también, acaso principalmente, entre los asalariados del campo que, además de tierra, buscaban también el cumplimiento de la promesa de un salario mínimo general de $1.50 en un área donde los salarios de 70 y 50 centavos al día eran la norma, no la excepción. Unos meses más tarde, entre correspondencia que indica la rápida formación de asociaciones populares de distinto tipo y persuasión ideológica en las zonas urbanas y rurales de todo Nuevo León, esta misma agrupación de Camarón reclamaría un nombre distinto: Sindicato de Trabajadores Agrícolas, así como el de Sindicato Único de Trabajadores Agrícolas y, más tarde, el Frente Único Obrero y Campesino.[16] La Asociación de Agricultores del Sistema Nacional de Riego No. 4, sin embargo, nunca los llamó de ninguna de esas maneras. Para la organización, que comprendía unos dos mil colonos y pequeños propietarios alrededor de la presa San Martín, nunca dejaron de ser «un grupo de explotadores y agitadores de oficio de las masas trabajadoras», unos «redentores falsos que sistemáticamente se preocupan por crear problemas», «grupos políticos con careta de sindicatos de trabajadores» y, en resumen, una serie de «malos elementos».[17] Las actividades de los sindicalistas afectaban, sin duda, el ciclo agrario en el Distrito de Riego, interrumpiendo
irremediablemente: épocas de siembra, oportunos cultivos, y recolecciones de cosechas y muchas labores urgentes colocándonos en muy seria situación para poder cumplir con los compromisos contraídos para con el gobierno y las distintas compañías que refaccionan nuestros trabajos.[18]
En efecto, hacia inicios de abril, la situación era ya tan grave para los colonos del lugar que no dudaron en «elevar un memorial» para delatar las huelgas organizadas por los provocadores contra el colono Otilio Gómez Rodríguez y, un poco más tarde, contra J. Américo Ferrara, ante quien los asalariados del campo habían presentado un pliego petitorio exigiendo el respeto al salario mínimo, declarándose en huelga incluso antes del tiempo marcado por la ley. Aunque Otilio Gómez Rodríguez y J. Américo Ferrara firmaban como colonos, en realidad eran los antiguos propietarios de las tierras que había expropiado del sistema de riego.[19] A Ferrara mismo lo denunciaban así, «se le negaron a continuar en las labores de su parcela después de haber convenido ante las autoridades civiles de Camarón, N.L. que suspenderían su movimiento de huelga».[20] Argumentaban, además, que ninguno de estos colonos los había contratado como sindicalistas o con las prestaciones de los sindicalistas y pedían una rápida intervención del estado para «ultimar la situación de huelga» con «la energía que el caso requiera».[21] Ultimar es un verbo con urgencia y en agonía a la vez. Sólo se ultima lo que está a punto de morir. Mejor dicho: sólo se ultima lo que a punto está, pero no muere de modo natural. Las autoridades, esta vez, no dudaron en ultimar a toda prisa la huelga Ferrara, que es como la movilización era llamada entre los sindicalistas. De hecho, bastó un día, sólo un día, para que Liborio García, un policía de las fuerzas especiales de Monterrey, Nuevo León, disolviera las protestas de los agremiados, arrestando de paso a los que identificó como los líderes del movimiento.[22] Cuatro hombres. La leyenda dice que José Revueltas lo rememoraba de esta manera en 1968:
De inmediato los terratenientes dijeron que la huelga se había desvirtuado y que estaba infiltrada por agitadores comunistas. El anticomunismo era el deporte favorito de los políticos callistas de la época. El senador McCarthy que vino después en Estados Unidos, hubiera parecido un pendejo, un tibio, comparado con el anticomunismo mexicano de los años treintas. Así que más tardaron los terratenientes en decir que había comunistas tras la huelga de Camarón, que las autoridades en ubicarnos a nosotros como los agitadores responsables, porque éramos las dos únicas personas de todo el lío que no eran del lugar y nadie nos conocía.[23]
Arnulfo Godoy utilizó la misma máquina de escribir, tal vez esa mítica Oliver en la que Natividad tecleaba sus oficios en El luto humano, para exigir la liberación de los camaradas detenidos. Con el lenguaje ardiente y combativo del asalariado del campo comunista, Godoy mecanografió en papel cebolla un mensaje para el gobernador de Nuevo León el 8 de abril de 1934. Sin el uso disciplinado de las mayúsculas y con letras que saltaban hacia arriba o hacia debajo del horizonte de cada frase, Godoy decía:
en estos momentos nos estamos dirijiendo a usted para protestar ante su govierno. exijir lalibertad de los camaradas siguientes. Secretario. General. del Sindicato de Obreros Agrícolas de este lugar. Francisco gGarsia. José Revueltas, José D. Arcos, Prudencio Salazar. y cesen ya la persecuciones de nuestros compañeros. estos no tienen mas delito que ser Organisados. pues en esto tenemos derecho. o solamente qu las leyes establesidas en Mexico. no nos den garantías. pues entonces qe se a echo la sangre derramada en las Reboluciones pasadas. Sor. GOBERNADOR. O vamos a seguir como en la Oproviosa Dictadura del nefasto. Porfirio Dias. protestamos. y exijimos la libertad de los compañeros antes mecionados. Contra la Oprecion Capitalista. El Frente Unico Obrero y Campesino.[24]
Aunque muchos han hablado de la experiencia de un muy joven José Revueltas en las movilizaciones comunistas de Estación Camarón, Nuevo León, éste es el primer documento histórico que lo comprueba.
Camarón, N.L. via Anáhuac NL 23 de Marzo de 1934
16w 60 pd a 17.25
C. Gobernador del Estado
Monterrey, N.L.
Conflicto huelga Ferrara procesados compañeros Libertad inmediata respecto a huelga conteste. Sindicato Obreros Agrícolas, Camarón N.L.
F. García.
[cítese a inspectores de trabajo para ver cual de ellos puede ir a Camarón][25]
@
TELEGRAMA OFICIAL
Mensaje número 1332
México, D.F. 9 de abril de 1934
C. Gobernador del Estado de Nuevo León,
Monterrey, N.L.
GERENTE SISTEMA RIEGO NÚMERO 4 INFORMA QUE INDIVIDUOS AJENOS A COLONIZACIÓN LLAMADOS P. SALAZAR R. FERNANDEZ R. JOSE V. DE ARCOS. F. REVUELTAS ESTAN HACIENDO LABOR AGITACIÓN HACIENDO INSTIGANDO A COLONOS CONTRA GERENTE Y BANCO NACIONAL DE CRÉDITO AGRÍCOLA PUNTO SUPLÍCOLE ATENTAMENTE ORDENE EXPULSIÓN DE SISTEMA DE RIEGO DICHOS INDIVIDUOS PARA EVITAR GRAVES PERJUICIOS TRATAN DE OCASIONAR AL GOBIERNO
6579.- PARA SU CONOCIMIENTO Y DEMAS FINES INSERTO CONTINUACION MENSAJE RECIIBIO ANTIER PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE NUEVO LAREDO TAMS: “MAGNA MANIFESTACION EXIGE RESPETO HUELGAS CAMARON SALARIO MINIMO. TERMINE TOTALMENTE REPRESION GOBIERNO NUEVO LEON PARA TRABJADORES PONIENDO INMEDIATA LIBERTAD JOSE ARCOS PRUDENCIO SALAZAR FRANCISCO GARCIA JOSE REVUELTAS. ORDENES HUELGA CAMARON TIENE MAS QUINCE DIAS RESUELVANSE LICITAS. SE RESPETO ORGANIZACIÓN Y EXPRESION LIBRE IDEAS. ALIANZA ORGANZACIONES OBRERAS Y CAMPESINAS. SRIO. GENERAL JOSE P. GONZALEZ”. ATENTAMENTE SRIO. PART.[27]
@
TELEGRAMA OFICIAL
CONFIRMACION
DE Monterrey NL A Mexico DF, el 10 de ABRIL de 1934
C. LIC. F. JAVIER GAXIOLA JR.
SRIO. PARTICULAR PRESIDENTE
REPUBLICA
PALACIO NACIONAL
SUYO 6579. FECHADO HOY PUNTO HUELGA REFIERESE TRATASE EN JUNTA CENTRAL CONCILIACION Y ARBITRAJE ESTADO EN TERMINOS FIJA LEY TRABAJO EN VIGOR PUNTO GOBIERNO MI CARGO NO HA DETERMINADO NINGUNA ACCION PERSONAS REFIERENSE PUNTO SIN EMBARGO, YA ORDENASE UNA INVESTIGACION
[tramitar a Junta Conciliación pidiendo refuerzos][30]
@
TELEGRAFOS NACIONALES ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
TELEGRAMA
-43 Núm 11139/OFF PR
PALACIO NACIONAL MEXICO A 3 DE MAYO 1934 9.50
GOBERNADOR ESTADO, MONTERREY, N.L.
R843.- PARA SU DEBIDO CONOCIMIENTO INSERTO CONTINUACION PROTESTA TELEGRÁFICA RECIBIO ANTIER PRIMER MAGISTRADO, DE MATAMOROS, TAMPS: “TRABAJADORES HUELGISTAS DE CAMARON N L JOSE DE ARCOS, PRUDENCIO SALAZAR, FRANCISCO G. GARCIA Y JOSE REVUELTAS APREHENDIDOS POR JEFE DE POLICIA ESPECIAL MONTERREY LIBORIO GARCIA CON FECHA 7 CORRIENTE LLEVADOS A MONTERREY POSTERIORMENTE A SALTILLO Y LUEGO A CIUDAD VICTORIA TAMPS, DONDE PERMANECIERON INCOMUNICADOS Y ACTUALMENTE NO SE
CONTINUA
SABE SU PARADERO POR LO QUE CONSIDERAMOS DETENCION DICHOS TRABAJADORES CONSTITUYE VIOLACION FLAGRANTE GARANTIAS CONSTITUCIONALES TALES ATROPELLOS.- PEDIMOS NOMBRE ORGANIZACIONES OBRERAS Y CAMPESINAS MATAMOROS TAMPS CONFIANDO SU RECTITUD ORDENE MINUCIOSA INVESTIGACION SOBRE PARADERO DICHOS TRABAJADORES CUYO APREHENSOR LIBORIO GARCIA SEÑALAMOS PRINCIPAL RESPONSABLE, ESPERAMOS EJECUTIVO NO SE SOLIDARICE CON AUTORIDADES VENALES QUE VULNERAN CONSTITUCION Y PRINCIPIOS REVO—
CONTINUA
LUCIONARIOS DERECHOS HUELGA CONSAGRADOS CARTA MAGNA.- POR LA COMISION POR PRIMERO DE MAYO . JOSE GALVAN”. ATTE. SRIO. PART. JAVIER GAXIOLA JR[31]
Nos detuvieron un día por la noche, sin decir palabra, y nos subieron a un tren con custodia. Pasamos la noche pensando que nos aplicarían la ley fuga en cualquier momento, pero amanecimos en la ciudad de Querétaro, donde sin decir palabra nos treparon a otro tren rumbo al noroeste. Cuando llegamos a Mazatlán entendí, porque ya había hecho antes ese camino.[32]
—Pues mi general ya está cansado de lo que por aquí, en el Sistema —dijo el ayudante—. Primero la agitación sembrada por José de Arcos, Revueltas, Salazar, García y demás comunistas. Luego ese líder, Natividad… Y ahora, otra vez…[33]
En realidad el asunto de los comunistas no tuvo gran importancia, pues el papel de Adán se limitó a ponerlos presos y prestar su ayuda modesta para que fuesen enviados a las Islas Marías. Lo de Natividad, desde luego, fue más grave.[34]
4. ELEVAR UNA PROTESTA
Aunque en un giro salvajemente autoficcional José Revueltas disminuyó la importancia tanto de los comunistas en la huelga Ferrara como de la huelga en el contexto de la movilización agraria neoleonesa, los reclamos que surgieron a causa del encarcelamiento de los cuatro participantes de la huelga Ferrara en Camarón no se limitaron al ámbito de los telégrafos. Diversos sindicatos de distintas regiones del país, así como organismos internacionales de izquierda, insistieron en «elevar» sus protestas a lo largo del verano de 1934. Además de exigir la liberación de los camaradas, pocos de ellos olvidaban cerrar sus misivas demandando también el cumplimiento a la ley del salario mínimo en la región: 1.50 por jornada laboral de ocho horas. Otros no dudaban en pedir castigo al jefe de la Guarnición Federal, el coronel Villalobos, sobre quien recaía la responsabilidad de la represión contra los trabajadores agrícolas. Mientras los cuatro jóvenes comunistas eran llevados de prisión en prisión por el norte de México
—primero a Monterrey, de ahí a Saltillo y, luego, a Ciudad Victoria en el estado vecino de Tamaulipas, de donde pasaron por Linares para regresar a Monterrey, donde un policía indiscreto les hizo saber por equivocación que iban rumbo a Mazatlán y, luego entonces, a las temidas Islas Marías, donde José Revueltas había estado ya un par de años antes— el ambiente en la zona fronteriza de Nuevo León seguía caliente.[35]
El Frente Único Obrero y Campesino decidió seguir adelante con sus planes para el primero de mayo y, por lo mismo, envió una carta al gobernador del estado para dar aviso y pedir protección para la «manifestación-mítin» que saldrá de la plaza principal de Camarón, Nuevo León, con dirección a Anáhuac, Nuevo León, en la que harán uso de la palabra algunos «oradores».[36] Mientras tanto, Socorro Rojo Internacional le preguntaba a la Procuraduría General de la República si «las leyes del país son para cumplirse o son una mentira», denunciando el secuestro de los cuatro miembros del comité de huelga, cuyo paradero se desconocía. Socorro
Rojo Internacional no sólo exigía la liberación de sus compañeros, añadiendo las demandas por el respeto al salario mínimo, la jornada laboral de ocho horas, seguro médico y medicinas, sino que también pedía que se castigara a Liborio García, a quien reconocían como el individuo que «quemó en este estado el rancho El Sabinito por órdenes del exgobernador Cárdenas y Jacinto Villarreal uno de los asesinos del obrero desocupado Leónides López, en Monterrey el 26 de febrero de 1932».[37]
Apenas unos días más tarde, el 10 de mayo de 1934, el Sindicato de Filarmónicos de Ciudad Madero, Tamaulipas, elevaba
su más enérgica protesta porque lejos de respetar la libertad gremial y el respeto a la vida de los trabajadores, se les injuria y se les atropella por el simple hecho de estar ejerciendo un deber social, pedimos justicia para el obrero cualquiera que sea su gremio y respeto que todo ser humano merece. Protestando enérgicamente 1º. Por los encarcelamientos habidos en los comps. Prudencio Salazar, Srio. Gral. Francisco García Srio. Del Int. José Revueltas Apoderado del Sindicato y el comp. José Arcos haciendo constar que el comp. Revueltas fue aprehendido en Camarón secuestrado y llevado a Saltillo. Pedimos la libertad de ellos. Como también pedimos 2º.- Respeto al derecho de organización y huelga. 3º.- Respeto absoluto a los sindicatos de obreros. 3º.- Salario mínimo de 1.50 por jornada de 8 horas de trabajo. 4º.- Que se obligue a los patrones paguen el salario mínimo y que se les obligue a cumplan con las 8 horas de trabajo.[38]
Lo mismo hizo la Sección 19 del Sindicato de Ferrocarrileros de la República Mexicana desde Monterrey, primero el 4 de mayo y, otra vez, el 29 de junio de 1934, pidiendo al presidente de la República que interviniera para que los cuatro comunistas fueran consignados a las autoridades judiciales o fueran dejados en libertad.[39] Incluso el Bloque Obrero y Campesino de Morelia, Michoacán, hizo eco de las denuncias contra la represión obrera en Camarón, Nuevo León, añadiendo las demandas del caso el 4 de julio de 1934.[40]
La situación tampoco estaba en paz en Estación Camarón. Para finales de abril, el Frente Único Obrero Campesino había nombrado a un nuevo Comité Ejecutivo, el que, en lugar de demandar, pedía «permiso» para ejercer su derecho a la organización.[41] La Alianza de Agrupaciones Obreras y Campesinas de Nuevo Laredo denunciaba asimismo los esfuerzos de crear sindicatos blancos para perjudicar el derecho de los trabajadores agremiados en el Sindicato de Albañiles y Ayudantes del Sistema de Riego No. 4 de Ciudad Anáhuac, Nuevo León.[42] Y una nueva Unión de Pequeños Ganaderos de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, se formaba para defenderse de los continuos robos de ganado en la región.[43]
Por si esto fuera poco, otro grupo de agricultores sin tierra se empezó a movilizar para hacer una petición de dotación ejidal hacia finales del verano del 34 en la misma área del conflicto. En efecto, el profesor Agustín Gutiérrez Villegas hizo girar su primer oficio como presidente del Comité Ejecutivo Agrario de Camarón, Nuevo León, un 25 de agosto, aunque el expediente 386 no quedaría formalmente abierto sino hasta octubre 9, 1934.[44] Seis meses más tarde, el 16 de abril de 1935, luego de encargar investigaciones y colectar información censal, la Comisión Agrícola Mixta llegó a la conclusión de que la petición, tal como había sido presentada, era improcedente en las tierras de Camarón, pero también anunciaba que los solicitantes
en su calidad de peones acasillados, tienen derecho a constituir un nuevo Centro de Población Agrícola y a adquirir por este concepto y de acuerdo con las prevenciones legales relativa, a la dotación de que solicitan, dentro de las tierras que comprende el Sistema Nacional de Riego No. 4. Ha de dotarse a los 463 individuos que comprende el censo agrario relativo y para la Escuela del lugar, con una extensión de 1858 hectáreas de tierra de riego de las que comprende el Sistema Nacional No. 4, con la localización que a dicha superficie fijen la Comisión Nacional de Irrigación y el H. Departamento Agrario.[45]
Incluso aquellos que habían recibido tierra como colonos estaban inquietos. Organizados en una Sociedad Cooperativa Agrícola de Agricultores en Pequeño de la Sección 13-A del Sistema de Riego No. 4, un grupo de colonos declaraba que no pagarían el impuesto al estado ya que «todavía no [contaban] con la promesa de venta con esta Gerencia» y, sobre todo, debido a que
1º.- Estamos viviendo a la intemperie con nuestras familias. 2º-. No tenemos cisterna donde guardar el agua higiénica para nuestro uso. 3º.- Nuestras cosechas se encuentran comprometidas con el Banco Nal. Ejidal de Cred. Agr., de este lugar. 4º.- Hemos fracasado mucho por la falta de semillas aclimatadas a esta región. 5º.- Las epidemias nos han azotado duramente nuestros algodones.[46]
Todavía en mayo de 1935, el gobierno estatal negociaba con el Banco Nacional de Crédito Agrícola para lograr disminuir los impuestos de los colonos afectados por las condiciones climáticas, las características del suelo y la calidad salitrosa del agua local.[47]
Después de un inicio promisorio, alentado por la ideología del progreso económico del México posrevolucionario, los ánimos populares se habían incendiado, arrasando con toda la región algodonera. ¿Qué había sucedido entre 1930, cuando la inmigración a Camarón fue tumultuosa, y 1934, la fecha en que se formó el Bloque Único Obrero Campesino, o el año 1937 cuando caravanas enteras empezaron a dejar atrás el Sistema de Riego No. 4? La respuesta va entretejida en las mismas descripciones de Revueltas: la sequía. La inundación primero y, luego, la sequía. ¿Una inundación en el desierto? En efecto.
TELEGRAMA URGENTE
MONTERREY, N.L. 14 de junio 1935
C. Gobernador constitucional del Estado
Palacio de Gobierno, CIUDAD
C. Comandante de la Sexta Zona Militar,
Ciudad Militar
PRESENTE
17h10m.- Hoy en la tarde nos telegrafió el Jefe de Estación como sigue: Según avisan de Villa Acuña ha seguido subiendo agua en Río Bravo y se cree que su caudal aumente a 33 pies de su nivel normal. Después daré más informes. Conviene estar preparados para salir a las lomas».- Comunico a ustedes lo anterior para los fines consiguientes. Atentamente.
Las aguas llegaron a Estación Camarón, Estación Rodríguez y Ciudad Anáhuac, y lo arrasaron todo en el norte de Nuevo León. Las demandas de justicia, las álgidas discusiones sobre salarios o impuestos locales, los reclamos y las negociaciones varias fueron pronto sustituidas por llamados de auxilio. Y los habitantes del lugar, los sindicatos y los particulares, e incluso el gobierno del estado, respondieron en dinero o en especie de manera casi inmediata.
En efecto, para el 20 de junio de 1935, un muy activo Comité Pro-Auxilio listaba las cantidades de efectivo y los kilos de productos que llegaban a la región para aliviar en algo las condiciones de vida de «algunos centenares de agricultores y jornaleros [que estaban] en la más completa indigencia».[49] El gobernador de Nuevo León erogó $250.00 pesos «como ayuda que el gobierno del Estado imparte a las víctimas de la inundación en el Sistema de Riego No. 4».[50]
José Revueltas no estaba en Camarón para entonces. Ya había salido de las Islas Marías, gracias a un perdón otorgado por el presidente Lázaro Cárdenas en febrero de 1935, pero se había ido a Moscú para asistir como delegado del Partido Comunista Mexicano al VI Congreso de la iic. La experiencia en el norte del país no abandonó, sin embargo, su memoria. En notas al margen escritas en 1955, Revueltas rememoró haber escrito las crónicas de su estancia norteña luego de su viaje a la urss, a inicios de 1936.[51] Estación Camarón no sólo marcó la vida de Revueltas en tanto militante comunista, sino también la obra del escritor en el que se estaba ya convirtiendo. Después de la publicación de Los muros de agua en 1941, Revueltas publicó El luto humano en 1943, una novela que escribió a mano, a lápiz, en una serie de pequeños cuadernos de la Secretaría de Educación Pública, cuyo primer borrador tuvo el título de Las huellas habitadas.[52] La palabra fin, apuntada un 13 de agosto de 1942, a la 1:00 de la madrugada, apareció en el dibujo de una pancarta sostenida por dos querubines traviesos y desnudos. Un año más tarde esa misma novela, ya titulada El luto humano, le mereció el Premio Nacional de Literatura. Ahí, en una geografía no especificada pero que corresponde a las condiciones del norte de México, Revueltas relató el éxodo de un grupo de agricultores ocasionado por las fallas de un presa.
La muerte lo impregna todo desde el inicio. La muerte lo observa todo desde una silla, lista para atacar. La muerte y la desesperanza y la animosidad. Una noche, después de presenciar la muerte de su hija, Úrsulo tiene que pedirle prestada una barca a su enemigo, Adán, para cruzar el río y traer así al cura de la región para que imparta los santos sacramentos. Es a través del diálogo con el cura que aparece, ya en el segundo apartado de la novela, el tema de la presa:
No ignoraba que viviese gente del otro lado del río, pero cuando hoy se lo recordaban, sentía pena y una especie de remordimiento. Él no era nadie ni nada junto a la gente aquella. Allá vivían como perros famélicos, después de que la presa se echó a perder y vino la sequía. Vivían obstinadamente, sin querer abandonar la tierra.[53]
A medida que arrecia el encono y la tormenta que terminará con todo, resulta claro que los agricultores planean salir en busca de otras tierras, tal vez otras oportunidades. Revueltas, que a lo largo de la novela ha utilizado con frecuencia y con pasión el mismo lenguaje religioso con que los maestros rurales y los asalariados del campo enunciaban sus demandas, elige nombrar a esta decisión social, tomada de manera colectiva, como éxodo:
Era incomprensible todo ese momento final en que se preparaban para la huida, para una emigración extraña, sin sentido. Se cree a veces que huir de la muerte es mudar de sitio, alejarse de la casa o no frecuentar el recuerdo; no puede comprenderse que la muerte es la sombra del cuerpo, el país, la patria, la sombra, adelante o atrás o debajo de los pasos… Preparábanse para el éxodo, para la palabra bíblica que expresa búsqueda de nuevas tierras. Palabra con esperanza, aunque remota, en los bárbaros y alentadores libros del Viejo Testamento pero fría, muerta, aquí, en este naufragio sin remedio de hoy.[54]
Fallas de cálculo y las inclemencias propias del clima norteño dieron al traste con los sueños progresistas de las elites posrevolucionarias del norte de México, y con los de cientos de familias migrantes que habían llegado del norte y del sur para trabajar ahí. Mientras que entre 1932 y 1936 la producción algodonera creció de manera estable, generando riqueza para los grandes y pequeños colonos, la falta de distribución justa golpeó principalmente a los trabajadores agrícolas —los principales integrantes de las movilizaciones sociales que tanto incendiaron los ánimos de Revueltas—.
La inundación primero y la sequía, después, no habían hecho más que subrayar una creciente animosidad entre los colonos y la gerencia del Sistema de Riego No. 4, entre los colonos y el Banco de Crédito Ejidal, así como acrecentar la desigualdad social entre los colonos y los aparceros, entre los colonos y los asalariados del campo en la región. Los especialistas, por lo demás, no detectaron a tiempo la calidad salitrosa de una buena parte de la tierra distribuida —el río Salado no se llamaba salado por mera casualidad— ni tampoco pudieron evitar los derrames de la presa que, sin control alguno, fueron desaprovechados. Así, cuando la sequía fulminante inició en 1937, se encontró a una región en crisis tanto de producción agrícola como de organización social.
De acuerdo con el narrador de El luto humano, el éxodo no fue sólo la consecuencia de la sequía sino también, acaso sobre todo, la razón misma del problema que enfrentaron los habitantes de las tierras aledañas a la presa.
No eran nada ni pertenecían a ninguna clase. La huelga fracasó porque sobrevino el terrible éxodo. Nadie quiso permanecer en una tierra seca, sin lluvias, junto a un río inútil, junto a una presa inservible, cuyas cuarteaduras dejaron escapar el agua.[55]
Ante esta situación y desesperado ya, «trepado sobre unas vigas, por aquel entonces del éxodo, Úrsulo instaba a los huelguistas emigrantes para que se quedaran, para que permanecieran». Cuando los campesinos le preguntaron si iban a alimentarse de la tierra,
«Úrsulo reunió todas las fuerzas de su alma y de su vida», y les dijo que sí. Entonces, «se bajó de la tribuna y tomando un puñado de la tierra de sus quince hectáreas se lo echó a la boca para tragarlo».[56]
Úrsulo se quedó a guardar luto; a padecerlo. Pero los huelguistas y los colonos fracasados emigraron. Ellos encontraron otro camino; o lo abrieron. En la mítica caravana de veinte guayines que salió de Anáhuac, Nuevo León, para fundar un 10 de diciembre de 1937 la colonia agrícola Anáhuac, Tamaulipas, en la esquina más septentrional del país, iban José María Rivera Doñes y Petra Peña Martínez, mis abuelos. Esta emigración extraña, que duraría unos cuarenta días por los caminos de la Ribereña, llevaba también a Antonio Rivera Peña, el niño de casi dos años que, tiempo después, se convertiría en mi padre.
[1] La investigación para este artículo se llevó a cabo gracias a una beca del Senado Académico de USDC, la beca del Sistema Nacional de Creadores Artísticos de México, así como una estancia artística en la Universidad de Auburn, Alabama. Agradezco la colaboración en el proceso de búsqueda de los documentos históricos en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, a Claudia Sorais Castañeda. César Morado, director del Archivo Histórico de Estado de Nuevo Léon-Fundidora, y Hortensia Camacho, la cronista de Anáhuac, Nuevo León, ofrecieron dirección y datos de difícil localización. [2] Héctor Aguilar Camín, «El camarada Vadillo», Nexos, marzo de 1990. [3] Edith Negrín dedica a este tema gran parte de «La condición humana y la historia: conclusiones al análisis de la novela y apuntes hacia el contexto histórico», el capítulo 4 de Entre la paradoja y la dialéctica: una lectura de la narrativa de José Revueltas (México: Colegio de México/unam, 1995), pp. 115-134. Con base en entrevistas con el autor, así como en una bibliografía extensa de la historia del comunismo en el México de inicios de siglo XX, logra ubicar los acontecimientos que dieron pie a El luto humano alternativamente hacia 1937 o inicios de los 1930. Véase también Álvaro Ruiz Abreu, José Revueltas:Los muros de la utopía (México: Cal y Arena/UNAM, 1992); Ruiz Abreu, Revueltas en la hoguera (México: Cal y Arena, 2014); Edith Negrín (ed.), Nocturno en que todo se oye: José Revueltas ante la crítica (México: Era, 1999); Jorge Rufinelli, José Revueltas: Ficción, política y verdad (México: Universidad Veracruzana, 1977); Gerardo Gómez Michel, «Revolución y violencia fundacional en El luto humano de José Revueltas»; Francisco Ramírez Santacruz, «El drama de la voz en El luto humano de José Revueltas», Vanderbilt e-Journal of Luso-Hispanic Studies, Vol. 7, 2011. [4] Francisco P. Lazcano, «Sencilla reseña histórica de las escuelas en el Sistema Nacional de Riego No. 4», en José Ignacio Morales, Álbum gráfico del sistema nacional de riego no. 4, (Ciudad Anáhuac, Nuevo León, 1937), incluido en Martín Gerardo Silva (comp.), Publicaciones Históricas de Anáhuac, Nuevo León (Anáhuac, 1998), p. 12. [5] Ángel Anguiano Martínez, «El sistema de riego no. 4 Don Martín y su industria algodonera (1926-1946)», Tesis de Maestría, UANL, Facultad de Filosofía y Letras, 2000. [6] Hortensia Camacho, Anáhuac. Frontera Neoleonesa. La persistencia de la memoria (México: Folletos de Historia del Noreste No. 7, Centro de Información de Historia Regional, UANL, 1988); Anáhuac, Serie Patrimonio Intangible de Nuevo León. [7] Entrevista con Hortensia Camacho, cronista de Anáhuac, Nuevo León. Véase Luis Aboites Aguilar, «Formación de ciudades», en El norte entre algodones. Población, trabajo agrícola y optimismo en México 1930-1970 (México: El Colegio de México/ Centro de Estudio Históricos, 2013). [8] José Revueltas, «Sabinas Hidalgo», en Las evocaciones requeridas I, Obras Completas (México: Era, 1987), p. 63. [9] Aguilar Camín, «El camarada Vadillo», Nexos, marzo de 1990. [10]Idem. [11]Revueltas, «Carta desde Camarón», en Las evocaciones requeridas, p. 70. [12]Idem. [13] Aguilar Camín, op. cit. [14] «Comité Particular Ejecutivo Agrario, Estación Camarón, Noviembre 9, 1937», AHENL, Dotaciones ejidales, Camarón, Nuevo León, 1937. [15]«Bloque Obrero y Campesino de Camarón, N.L., Enero 18, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6; Caja 12, 1934.
[16] «Sindicato de Obreros Agrícolas en Camarón, N.L., 7/8/34», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6; caja 12, 1934. [17] «Asociación de Agricultores del Sistema Nacional de Riego No. 4, Abril 6, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6; Caja 12, 1934. [18] «Asociación de Agricultores del Sistema Nacional de Riego No. 4, Abril 6, 1934», op. cit. [19] «Comisión Agraria Mixta, Estado de Nuevo León, Exp. 386, Poblado de Camarón, Municipio de Lampazos, Dotación Ejidal, octubre 9, 1934-octubre 15, 1934», AGENL, Dotaciones Ejidales, 1934. [20] «Asociación de Agricultores del Sistema Nacional de Riego No. 4, Abril 6, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [21] Idem. [22] «Telegrama: El gerente del sistema nacional de riego no. 4», AHENL, Telegramas, 1934; Sección: Comunicaciones; Asunto: Telegramas; Caja No. 69, 1934-1935. [23] Aguilar Camín, «El camarada Vadillo», Nexos, marzo de 1990. [24] «Sindicato de Obreros Agrícolas Camarón, N.L., Abril 8, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6; Caja 12, 1934. [25] «Telégrafos Nacionales, Marzo 23, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [26] «Telegrama oficial, Abril 9, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegrama, Caja 69, 1934-1935. [27] «Telégrafos Nacionales, abril 10, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [28] «Telegrama oficial, abril 10, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [29] «Telégrafos nacionales, Abril 11, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [30] «Telégrafos nacionales, abril 11, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [31] «Telégrafos nacionales, mayo 3, 1934», AHENL, Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [32] Aguilar Camín, «El camarada Vadillo», op. cit. [33] José Revueltas, El luto humano, p. 113. [34]Ibid. [35] José Revueltas, «En las cárceles del norte», en Las evocaciones requeridas (México: Era, 1987), pp. 71-96. [36] «Frente Unico Obrero y Campesino Anáhuac Nuevo León, se avisa manifestación mítin para primero de mayo», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [37] «Procuraduría General de la República, Ministerio Público, Socorro Rojo, Mayo 14, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [38] «Sindicato de Filarmónicos de Ciudad Madero, Tamaulipas, protesta, Mayo 10, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [39] «Sindicato de Ferrocarrileros, Sección 19, Junio 29, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [40] «Bloque Obrero Campesino, Morelia, Michoacán, Julio 4, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [41] «Sindicato de Trabajadores Agrícolas de Camarón, Nuevo comité ejecutivo, Abril 25, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [42] «Alianza de Agrupaciones Obreras y Campesinas de Nuevo Laredo, Mayo 27, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [43] «Unión de Pequeños Ganaderos de Sabinas Hidalgo, Nuevo León, Abril 15, 1934», AHENL, Trabajo, Asociaciones y Sindicatos, Exps. 6, Caja 12, 1934. [44] «Acuse de recibo de instalación del comité; Septiembre 10, 1934», AGENL, Dotaciones Ejidales, Camarón, Nuevo León, 1934. [45] «Comisión Agraria Mixta, Visto en estudio el expediente de dotación de tierras ejidales, Camarón, Lampazos, Nuevo León, Abril 26, 1935», AGENL, Dotación de tierras ejidales, 1934. [46] «Sociedad Cooperativa Agrícola de Agricultores en Pequeño de la Sección 13-A del Sistema de Riego No. 4, Julio 14, 1933», AHENL, Correspondencia de Alcaldes, Anáhuac 1934. [47] «C. Gerente de la Sucursal del Banco Nacional de Crédito Agrícola, 29 mayo de 1935», AHENL, Correspondencia de Alcaldes, Aháhuac, 1935. [48] «Telegrama urgente, Junio 14, 1935», AHENL Comunicaciones, Telegramas, Caja 69, 1934-1935. [49] «Los habitantes de Rodríguez, Anáhuac y Camarón, Comité Pro-Auxilio, Junio 20, 1935», AHENL, Correspondencia de Alcaldes, Anáhuac 1935. [50] «Secretaría General de Gobierno, Egresos de la Tesorería General del Estado, Junio 25, 1935», AGENL, Correspondencia de Alcaldes, Anáhuac 1935. [51] En la nota de 1955, Revueltas dice que debió haber escrito sus crónicas de Sabinas Hidalgo y Camarón a inicios de 1935, pero entonces estaba en Islas Marías. Las evocaciones requeridas, p. 69. [52] «Las huellas habitadas», Box 47, Folders 1-3, Jose Revueltas Papers, 1906-2010, Benson Collection. University of Texas Libraries, the University of Texas at Austin. [53] José Revueltas, El luto humano, p. 26. [54] Ibid. [55] Revueltas, El luto humano, p. 185. [56]Ibid.
En el presente artículo, el investigador Gian Carlo Delgado Ramos reflexiona acerca de los problemas que afectan el futuro de la población general de México en torno al agua. Al mismo tiempo discute, verifica y propone soluciones que garantizan la calidad y acceso al liquido vital para los diferentes sectores sociales y económicos del país.
I
De los 1,400 millones de m3 de agua, el total en el planeta, sólo 2.5% es agua dulce y no toda está disponible para el consumo humano, pues poco más de dos terceras partes de esa agua está congelada en glaciares. Sólo cerca de 0.8% de toda el agua del planeta es potable, en su gran mayoría agua subterránea y, en mucho menor medida, agua superficial. La desalación de agua es muy costosa y, por tanto, sólo viable en un cierto grado en algunas zonas costeras.
La cuestión hídrica es compleja pues un tercio de la población mundial vive en regiones con escaso acceso al agua, situación que es tan socialmente construida como biofísicamente definida. Se reconoce así que cerca de 4,000 millones de personas, dos tercios de la población global, afronta severa escasez de agua durante al menos un mes del año, lo cual podría tener implicaciones importantes en la producción de alimentos, el consumo humano del líquido y la salud. La mitad de dicha población afectada vive en China e India, el resto se ubica principalmente en Bangladesh, Pakistán, Nigeria, México y algunas zonas del sur de Estados Unidos (California, Texas y Florida).[1]
No es casual que de las 424 principales cuencas fluviales del mundo, 223 transgreden los requerimientos de flujos ambientales (donde habitan 2,670 millones de personas), esto es, una escasez severa del líquido durante, al menos, un mes por año.[2]
Además, debido a los crecientes niveles de contaminación —donde los denominados contaminantes emergentes son de especial preocupación—, el agua es cada vez de menor calidad y su localización está variando debido a la alteración del ciclo hidrológico, entre otras cuestiones, por el cambio climático. Las tendencias históricas y las estimaciones para el 2050 consideran que hay razones suficientes para proyectar un aumento de la disponibilidad de agua en altas latitudes y zonas tropicales y un decremento en latitudes medias y regiones secas (Intergovernmental Planet of Climate Change, 2013),[3] escenario en el que claramente las comunidades más pobres serán las más vulnerables, en particular las mujeres y niños, los grupos más vulnerables hoy entre los aproximadamente 780 millones de personas que carecen de acceso a fuentes de agua limpia y de entre los 2.5 mil millones que carecen de servicio de saneamiento (UNICEF / OMS, 2008). Los impactos derivados de dicha situación son agudos: el consumo de agua contaminada, además de generar unos 4,000 millones de casos de diarrea al año, resulta en 2.2 millones de muertes anuales, sobre todo de niños menores de cinco años (muere un niño de ese rango de edad cada 20 segundos).[4] La cifra de muertes aumenta a 3.5 millones al año cuando se considera no sólo la calidad del agua, sino también cuestiones de higiene y falta de servicio de saneamiento, contexto en el que 98% de las muertes ocurren en países en desarrollo o pobres.[5]
En contraste, se estima que una quinta parte de la población mundial, la más rica, consume el 85% de todos los bienes y recursos naturales, incluyendo el agua, y en donde las proporciones promedio son del orden del 70% por parte del sector agroindustrial, 25% del industrial y sólo 10% por consumo doméstico. En México, las cifras son 77, 14 y 9% respectivamente. Un indicador que devela los perfiles de consumo de agua es la huella hídrica.
La huella hídrica (HH21
La huella hídrica es el indicador que cuantifica el volumen de agua demandada en un periodo de tiempo definido, directa e indirectamente, por la economía en su conjunto (mundial o nacional), a nivel sectorial o en la elaboración de un producto o servicio, estos últimos dando cuenta del agua requerida a lo largo de la cadena productiva o lo que también se conoce como «ciclo de vida». También puede medir el agua consumida por unidades territoriales subnacionales (regiones, municipios, ciudades), o por el ser humano a nivel individual, siendo las calculadoras en línea de las más populares (véase, por ejemplo, la de Water Footprint Network). Tres son las dimensiones que componen la HH: el agua superficial y subterránea o HH azul (HHA))[1]; agua de lluvia o hh verde (HHV); y el volumen de agua requerido para asimilar la carga de contaminantes o HH gris (HHG).
La HH global anual en el periodo de 1996 a 2005, el evaluado más recientemente, ha sido estimada en 9,087 millones de m3 (Gm3): 74% HHV, 11% hha y 15% HHG (Hoekstra y Mekonnen, 2012). La HH correspondiente a la producción agrícola representó 92% del total, de la cual 20% es producción para la exportación. El total de los flujos internacionales de agua virtual asociados a la producción agrícola e industrial fue de 2,320 Gm3 al año: 68% HHV, 13% HHA, y 19% HHG.[6]
A nivel individual, la HH promedio a nivel mundial para el mismo periodo fue de 1,385 m3/año pero las asimetrías entre países (y hacia adentro de cada uno de ellos) son importantes. Y es que por ejemplo, para el 2007, el promedio de la HH de un estadounidense se estimó en 2,842 m3/año, mientras que la de un chino se ubicó en 1,071 m3/año y la de un hindú en 1,089 m3/año (Mekonnen y Hoekstra, 2011).[7] Dicho de otro modo, la HH de Estados Unidos correspondía entonces al 60% y 69% del total de la HH de China e India respectivamente (la población total de Estados Unidos es sólo el 23% y 26% del total de población de esos países, respectivamente).
Considerando tales asimetrías, se precisa que un recién nacido en las economías más desarrolladas —o un recién nacido rico en los países pobres—, consume entre 40 y 70% más de agua (en promedio) que uno pobre y que, por tanto, tiene acceso restringido o no tiene acceso al agua, independientemente de su calidad. Los datos regionales a nivel global son esclarecedores: mientras los estadounidenses utilizan 1,280 m3 de agua al año por persona, los europeos usan 694 m3, los asiáticos 535 m3, los sudamericanos 311 m3 y los africanos 186 m3 per cápita/año (ello no incluye el agua indirecta consumida que sí mide la huella hídrica). A lo dicho se suma que, si bien la agricultura es el sector que utiliza mayor cantidad de agua, las industrias norteamericanas utilizan más agua que la agricultura en el sur y el doble de agua que las industrias en Europa.[8]
Estamos ante un panorama en el que la asimétrica extracción de agua ha ido en aumento en términos globales, ello en unos tres órdenes de magnitud en los últimos 50 años,[9] tendencia que se agudizaría en 2025 cuando se espera incremente el consumo de agua del 50% en los países desarrollados y del 18% en los países en desarrollo, estos últimos precisamente donde, como se ha dicho, se registraría el mayor aumento poblacional y los mayores impactos climáticos. En dicho sentido se espera que unos 1,800 millones de personas vivirán en países o regiones con escasez absoluta de agua y dos terceras partes de la población vivirá en condiciones de estrés hídrico.[10]
Dicha escasez y las eventuales disputas por el líquido se experimentarán a nivel local. Además, podría potenciarse el cambio hacia la explotación de fuentes ecológica y económicamente cada vez más costosas. Y es que conforme se explotan a mayor profundidad los acuíferos, se extrae agua que ha tomado mucho más tiempo en infiltrarse y almacenarse. Dado que la denominada «agua fósil» ha tenido mayor tiempo reaccionando con su entorno —lo que hace que contenga sales y diversas sustancias, incluyendo arsénico o materiales naturalmente radioactivos—, su explotación puede implicar riesgos mayores, no sólo a la salud (en su caso, se requiere un mayor tratamiento del agua) sino al equilibrio de las cuencas, en tanto que se trata de un recurso renovable en periodos largos. Sin embargo, algunas fuentes de agua subterránea son consideradas como «no renovables», en tanto que los periodos de circulación y acumulación del agua pueden ser de entre cientos a miles de años.[11] Parte de esta definición proviene de la idea de un «peak water» similar a la concepción del «peak oil», que en este caso hace referencia a que la relación entre la cantidad de agua demandada y la disponible puede llevar a la escasez de la misma en espacios-territoriales puntuales.[12] / [13]
II
La demanda de agua para consumo humano en México aumentó seis veces en el último siglo, lo que afectó la disponibilidad natural media anual por habitante. En 1955 era de 11,500 m3, para 2007 había llegado a 4,312 m3, una disminución de 64% en un periodo de sólo 50 años.[14]
Con el aumento poblacional estimado por el Consejo Nacional de Población, y de continuar con los mismos esquemas de consumo y desperdicio del agua, la disponibilidad natural media anual por habitante será menor: un volumen de 3,783 m3 para el 2030.[15] En tres de las trece regiones hidrológico administrativas del país (constituidas por 37 regiones hidrológicas) la disponibilidad media de agua podría alcanzar para entonces los 1,000 m3 per cápita al año; en la región I Península de Baja California se estiman 780 m3/habitante al año; en la VI Río Bravo 907 m3 y en la XIII Aguas del Valle de México 127 m3/habitante al año.[16]
Cabe subrayar que en el escenario actual, donde 38% del agua utilizada proviene de corrientes, cuerpos superficiales y el resto del subsuelo, ya se registran asimetrías importantes entre disponibilidad y demanda de agua porque las zonas del centro-norte captan 31% del agua en el país e involucran 3⁄4 partes de la población nacional, 90% de las regiones de agricultura de riego y 70% de la industria, lo que genera 87% del producto interno bruto (PIB); en cambio, en el sur sureste se ven datos opuestos con 23% de la población, 69% del agua y sólo 13% del PIB.[17] Y aunque la presión sobre el recurso hídrico es en promedio del orden del 17.5% a escala nacional, lo cual se considera como presión moderada (40% es considerada de presión alta), no es menor el hecho de que el grueso de las regiones hidrológicas administrativas ya están en condición de alta (o muy alta) presión debido a las asimetrías de disponibilidad y demanda de agua descritas.
De los 653 acuíferos nacionales, la cantidad de sobreexplotados se ha más que triplicado desde 1975, cuando había 32 acuíferos en esa condición, 80 para 1985 y 100 en 2011 (de los cuales 16 registraban intrusión marina y 32 estaban bajo el fenómeno de salinización de suelos y aguas subterráneas salobres).[18] Es de advertirse que de esos acuíferos sobreexplotados se extrae casi la mitad del agua subterránea para todos los usos.
Hay que agregar el aumento de las cargas contaminantes en los cuerpos de agua del país, al tiempo que sólo se trata el 36.7% del agua (14.6% de tipo primario; 18.3% secundario y 1.26% terciario; el resto no es especificado).[19] Denota también que, aunque se desinfecta el 97.6% del total del agua suministrada, sólo se potabilizan 85.7 m3/s de un total de 329.5 m3/s (llamativamente 69% de agua de origen superficial, cuando 62% del agua usada es de origen subterráneo, una buena parte de calidad es ciertamente cuestionable).
No debe sorprender que datos de 2009 corroboran que 21 cuencas ya estaban fuertemente contaminadas en al menos un indicador, siendo tales parámetros de medición la demanda bioquímica de oxígeno a cinco días (de 605 sitios de monitoreo a nivel nacional, 7.9% del total estaban contaminados y 4.6% fuertemente contaminados), la demanda química de oxígeno (de 646 sitios de monitoreo, 23.5% del total estaban contaminados y 7.5% fuertemente contaminados) y la cantidad de sólidos suspendidos totales (de 744 sitios de monitoreo, 5.9% del total estaban contaminados y 1.6% fuertemente contaminados).[20] Las entidades más afectadas, en términos de presencia de más de un contaminante, son Durango, Coahuila, Zacatecas y San Luis Potosí. Los contaminantes presentes incluyen desde arsénico, fluoruros, plaguicidas, hidrocarburos, metales pesados, sólidos disueltos totales, otros químicos y contaminantes emergentes (fármacos y antibióticos), y contaminación bacteriológica.
Por todo lo indicado no es extraño que en México, según datos de 2008, las enfermedades infecciosas intestinales son la primera causa de mortalidad en menores de uno a cuatro años (5,720 muertes en 2008), la onceava causa en niños de cinco a catorce años, y la vigésima causa de muerte con el 0.9% del total de muertes en el país.[21]
III
En la Ciudad de México la precipitación promedio anual es de 863 mm (con base en la media de 1971 al 2000); unos 215 m3/s se precipitan y 159 m3/s se evaporan. El Valle de México se apropia de unos 81 m3/s de agua. El agua se extrae de más de 600 pozos que extraen unos 59 m3/s de agua del acuífero del Valle de México, actualmente sobreexplotado a un ritmo de hasta un metro de caída anual en el nivel estático (déficit de unos ~28 m3/s), así como del sistema de las cuencas del Lerma (~5 m3/s) y Cutzamala (~15 m3/s), y de manantiales y ríos urbanos (~2 m3/s). En conjunto abastecen el grueso del agua que se distribuye en la Ciudad de México a través del Sistema de Aguas de la Ciudad (SACMEX) y en el Estado de México a través de la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM), a lo que se suman sistemas de autoabastecimiento de la industria, servicio de pipas irregular (no dependiente de las entidades de gobierno antes indicadas) y pozos clandestinos.
En la Ciudad de México, el SACMEX articula las empresas privadas concesionarias del servicio desde 2004, cuando se instauró un proceso de privatización parcial, pues el gobierno de la ciudad continúa fijando la tarifa del servicio.[22] Para dicho fin, la Ciudad de México se dividió en cuatro zonas, cada una a cargo de un grupo empresarial: 1) Proactiva Media Ambiente SAPSA, de la mexicana ICA y la francesa Veolia; 2) Industrias del Agua de la Ciudad de México S.A. de C.V., de la mexicana Peñoles y la francesa Suez; 3) Tecnología y Servicios de Agua S.A. de C.V, también de Peñoles y Suez, y 4) Agua de México, S.A. de C.V., de capital mexicano. Tales empresas tienen entre sus responsabilidades la lectura de aparatos medidores, emisión y distribución de boletas, cobro de los derechos, atención al público, instalación, rehabilitación y mantenimiento de medidores.
Además de los flujos de agua antes descritos y que se soportan esencialmente en la infraestructura hidráulica a cargo de tales empresas, la Ciudad de México importa agua embotellada de diversos lugares, no sólo del grueso del país, también del extranjero. El consumo estimado para la Ciudad de México es del orden de 2.07 hm3/año, y el de los municipios del Estado de México e Hidalgo, parte de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), de 3.1 hm3/año, esto es en conjunto unos ~0.16 m3/s; no obstante, se calcula que el total de agua embotellada demanda al año por la ZMVM, considerando el agua adicional necesaria para su producción, en 8.78 hm3/año. Cabe precisar que 76.94% de la población de la capital consume agua de garrafón o embotellada, mientras que sólo 10.84% la hierve, 4.37% la filtra o purifica por otros métodos y 4.58% la toma tal y como la recibe (Jiménez et al., 2011). Consumos similares se observan en los municipios conurbados de la ZMVM.
Sin considerar el agua embotellada, el consumo de agua en el centro, el área de la ZMVM con mayores problemas de disponibilidad del líquido, es de entre 300 y 327 litros diarios per cápita, y habría que restar una pérdida en fugas de 41% (además del 7% de las pérdidas comerciales). El dato no es menor en términos ambientales, sobre todo porque poco menos de la tercera parte del agua, que llega del complejo Lerma-Cutzamala, debe ser bombeada 1,100 m adicionales sobre el nivel del mar (la energía empleada para ello representa 80% de los costos de operación del sistema).[23] Y aún más, en el caso del Lerma, la capacidad instalada se ha reducido de 15m3/s a ~5m3/s debido a hundimientos registrados a lo largo del sistema derivados del sobrebombeo de acuíferos de la zona.
Con todo, la disponibilidad de agua es asimétrica, pues la distribución va de 177 litros en la delegación Tláhuac hasta los 525 litros en la delegación Cuajimalpa. Las delegaciones con los asentamientos de mayores ingresos se ubican en el rango de consumo de los 400 a 525 litros al día per cápita.[24] Además, se reconoce que 18% de la población está sujeta al tandeo, 10% tiene servicio tres días por semana, 5% dos veces por semana, 1% una vez por semana y 2% de vez en cuando. Sólo 82% recibe alguna cantidad del líquido diariamente.
A la cuestión de la cantidad de agua recibida también se suman las desigualdades en su calidad,[25] situación que refleja las limitaciones de capacidad real de potabilización por parte del SACMEX, entidad que cuenta con 38 plantas potabilizadoras en operación con una capacidad instalada de 5.1 m3/s y un caudal potabilizado de sólo unos 3.7 m3/s.[26] A tal capacidad se suman tres plantas más correspondientes a los municipios del Estado de México que corresponden a la ZMVM (dos en Chimalhuacán y una en Tlalmanalco), con una capacidad instalada de 0.8 m3/s y un caudal real de 0.68 m3/s.[27] El Plan Futuro de SACMEX estima que 12% del suministro de agua no es del todo potable y que 96% de las viviendas cuentan con algún sistema de almacenamiento que puede repercutir en la calidad del agua si no se la da un mantenimiento apropiado (28% tinaco; 28% tinaco y cisterna; 8% tinaco y pileta; 7% tinaco, cisterna y pileta; 6% tinaco y tambo; 5% cisterna).
La infraestructura de la ciudad es obsoleta y la presión promedio que tiene está por debajo del mínimo recomendado (lo cual afecta tanto al servicio como la calidad del líquido).[28] Las inversiones necesarias se estiman en el orden de los 4,500 millones de pesos, 3,000 millones en obra civil para los próximos 60 años y 1,500 millones en infraestructura y equipo.
IV
Frente a esquemas que apuestan por privatizar más el servicio de agua potable y alcantarillado, la «sostenibilidad financiera» del sector, debe subrayarse que existen alternativas que apuestan a ser social y ambientalmente más justas y armónicas. Es el caso de la Propuesta Ciudadana de Ley General de Aguas, que enuncia la necesidad de garantizar 1) agua de calidad y saneamiento a la población (acompañado de la propagación de prácticas de higiene y de infraestructura digna de baño), 2) agua para los ecosistemas, y 3) agua para la soberanía y la seguridad alimentaria, al tiempo que se llama a poner fin a la contaminación y la destrucción de los cuerpos de agua del país. Entre las medidas clave hay que mencionar la propuesta de creación de un Fondo Nacional por el Derecho Humano al Agua y Saneamiento, auditable y para el financiamiento directo de comunidades para proyectos autogestivos y descentralizados en zonas sin acceso; la conformación de una Contraloría Social del Agua desconcentrada del Consejo Nacional de Cuencas, de composición ciudadana, que procure erradicar la corrupción y la impunidad en el desempeño de la función pública del agua, con autonomía presupuestaria y capacidad vinculante en sus decisiones; la implementación de nuevos instrumentos de prevención, precaución y protección como el denominado «dictamen de impacto socio-hídrico»; así como la conformación de un sistema nuevo de concesiones que involucraría a los habitantes de cada cuenca en procesos técnicamente fundamentados para hacer recomendaciones vinculantes a la entidad federal del agua en cuanto al volumen total aprovechable y del cual sólo se concesionaría el volumen ecológicamente aprovechable considerando que el agua sería prioritariamente para la vida, garantizando el acceso equitativo y respetando la integridad de las tierras y aguas de los pueblos originarios; además, toda concesión estaría condicionada a la consulta previa, informada y culturalmente adaptada, así como a la eliminación de contaminantes, por lo que necesariamente tendrían que ser anualmente renovables. Para garantizar el funcionamiento del mencionado sistema, se proponen inspecciones oficiales regulares y monitoreo ciudadano con acceso público a los resultados.
El reto ciertamente no es menor, ni las soluciones simples o replicables a todo contexto. La seguridad hídrica, es decir, la capacidad de una determinada población para salvaguardar el acceso a cantidades adecuadas de agua de calidad aceptable, que permita sustentar la salud, las actividades humanas y los ecosistemas, así como garantizar la protección de la vida, el ambiente y la propiedad contra riesgos relacionados con el agua, es uno de los principales retos que enfrentaremos a lo largo del siglo XXI. Garantizar, de manera justa, la disponibilidad, calidad, accesibilidad física, asequibilidad y la no discriminación, es y será central para cumplir con el derecho humano al agua.
[1]Arjen Hoekstra y Mesfin Mekonnen, The water footprint of humanity, en Proceedings of the National Academy of Sciences of United States of America vol. 109, no. 9. pp. 3232-3237, 2012.
[2]PNUMA, Perspectivas del Medio Ambiente Mundial. GEO 5, Editora Novo Art, Panamá, 2012.
[3]Nelson et al., Food Security, Farming and Climate Change to 2050. International Food Policy Research Institute, Washington, D.C., EUA, 2010.
[7]M.M. Mekonnen y A.Y. Hoekstra, National Water Footprint Accounts: The green, blue and grey water footprint of production and consumption. Value of Water Research Report Series No. 50, unesco-ihe, Delft, Holanda, 2011.
[8]M. Barlow y T. Clarke, Blue gold. The fight to stop the Corporate theft of the world’s water, Nueva York, The New Press, 2004.
[9]PNUMA, Perspectivas del Medio Ambiente Mundial. GEO 5, Editora Novo Art, Panamá, 2012.
[11]Una fuente de agua subterránea no-renovable es definida por UNESCO como aquella disponible para la extracción por periodos de tiempo finitos y que resulta de reservas de un acuífero que tienen tasas anuales de recarga muy bajas pero una capacidad de almacenamiento enorme (Stephan, Aureli y Kemer., coord., 2006).
[12]Colin Cambell, The Coming Oil Crisis. Multi-Science and Petroconsultants, EUA, 1997.
[13]William Sarni, Corporate water strategies. Earthscan. Washington, Estados Unidos, 2011.
[15]De acuerdo con las estimaciones de conapo, entre 2007 y 2030 la población del país se incrementará en casi 14.9 millones de personas. Nótese que 1,700 m3 per cápita al año es situación de estrés hídrico, mientras que mil m3 es escasez.
[22]Ya desde 1993 el entonces Departamento del Distrito Federal había celebrado contratos generales con tales empresas. Al término de los contratos, en 2004, se otorgaron los títulos de concesión que desde entonces se han renovado.
[23]Nidya Olivia Aponte Hernández, «Metodología para evaluar la disponibilidad del agua para uso municipal y sus costos bajo los escenarios de cambio climático», Programa de Posgrado en Ingeniería Ambiental. Posgrado de Ingeniería, UNAM, México, 2013.
[24]El 38.4% de la población de la Ciudad de México recibe agua algunas horas al día, mientras que 61.5% la recibe todo el día. No obstante, en promedio el 52%-53% de la población más pobre y medianamente pobre recibe agua sólo algunas horas al día, porcentaje que en las zonas menos pobres se ubica en tal sólo el 18%-19%. Blanca Jiménez Cisneros, Rodrigo Gutiérrez Rivas, Boris Marañón Pimentel y Arsenio González Reynoso (coords.), Evaluación de la política de Acceso al agua potable en el Distrito Federal, PUEC-UNAM, México, 2011.
[25]Ibid. y María Guadalupe Díaz-Santos, Implicaciones sociales de los contratos al sector privado en el servicio de agua potable en la Ciudad de México, tesis de Licenciatura en Sociología. Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, unam, México, 2012.
[26]SEMARNAT/CONAGUA, Inventario Nacional de Plantas Municipales de Potabilización y de Tratamiento de Aguas Residuales en Operación, México, 2012, y en INEGI, Anuario estadístico y geográfico del Distrito Federal – 2013, México, 2014.
A lo largo de mi vida he soslayado algunos aprendizajes básicos. La natación entre ellos. Aunque un par de veces tuve los goggles, el gorro y la voluntad de tomar clases, ésta se diluyó entre la abulia. Sin embargo, disfruto estar inmersa en el agua, sentir el suave movimiento que acompaña al cuerpo en su avance o la quietud de la superficie, con sus reflejos platinados y cálidos destellos en los atardeceres. A veces, durante ciertos arrebatos, pienso que soy autodidacta y me zambullo. El chapoteo resultante de mis inmersiones e ineptitud para el braceo me ha obligado a beber de las aguas más diversas. Si no se puede evitar tragar un poco en la lluvia profusa o sorberla con las lágrimas, mucho menos al estar metida en ella.
Bebí los tragos más memorables hace varios años mientras boqueaba totalmente sumergida. Tenían un gusto a cloro parecido a los vasos que ofrecen algunos restaurantes, pero con la sutil nota de miedo. En ese momento hubiera deseado adoptar las formas sinuosas del nadador que se abre paso como serpiente de río o en una criatura como el axolotl que se desplaza en la transparencia y cuya inmovilidad produce un estado hipnótico. He probado las aguas de distintas albercas y supongo que he ingerido un poco de todos los bañistas. Sudor, células muertas, mucosidad, orina, saliva. Alguna vez visité una extremadamente concurrida que apenas permitía moverse, parecía un caldo de cultivo humano que favorecía el brote de más personas. Beber voluntariamente hubiera sido un acto repulsivo, hacerlo con descuido, una adaptación inconsciente al medio. Bastaba un chapuzón para tragar un poco. Semidesnudos, entre las pequeñas olas que engendrábamos, éramos cardumen de balneario. No me sorprendería que ingerir mucho de esa agua produjera alguna metamorfosis y resultáramos al fin, transfigurados en axolotl o tomáramos conciencia de haberlo sido siempre.
El agua más pura la probé en un río nacido entre los deshielos del Popocatépetl. Tenía cerca de nueve años, un traje heredado de mi hermana mayor, un chaleco salvavidas y el cuerpo entumecido. Esa primera experiencia no me pareció placentera, después de un chapuzón fugaz, regresé a las áreas verdes donde el sol pegaba de lleno, convencida de ser un animal terrestre. Pero las siguientes veces, a pesar de los accesos de frío, anduve por su cauce como si su sabor me llamara una y otra vez. Aguas dulces que corrían por mi interior así como yo discurría por ellas. Entendí que los mitos de hombres mitad pez eran, en realidad, un anhelo vital de pertenecer al flujo del mundo. Las albercas perdieron atractivo y sus aguas cloradas se volvieron desabridas, mi paladar exigía mejores degustaciones.
Mi naturaleza se aleja del nado experto y se acerca más a la de los chalecos salvavidas. Solía flotar por el río sin esfuerzo o técnica, en un ir desordenado y comodino en el que intercalaba estados de vigilia y sueño. Los salvavidas no brindan libertad al cuerpo pero lo hacen con la mente. Mantienen la cabeza erguida para mirar el entorno o cerrar los ojos y arrullarse con el sonido líquido. Recuerdan a la fisiología del ave acuática que se hunde y sale a flote sin problemas. La corriente me transportaba mientras mis infantiles reflexiones se dispersaban con somnolencia. Por instantes, me soñaba suspendida en un río. ¿Cómo saber que estaba dormida? Por el toque de absurdo que sólo era comprensible al despertar. Un enorme pez rojo a mitad del río dirigiéndose a mí, un ocaso repentino, nenúfares flotantes abriendo sus pétalos. El río era capaz de producir estados contemplativos, ensueños y presentarse como la entrada a otra realidad, una que traspasaba los momentos rutinarios y las manías citadinas hasta mostrarlos como verdaderos delirios.
Llegué al mar poco tiempo después, en las vacaciones de verano. La resaca, engañosa, parecía un juego infantil que me hizo caer un par de veces hasta batirme sobre la playa. Su sabor resultó escandaloso, un potente aguijón en la lengua al que le agarré gusto. Cada trago traía consigo furor, encendía un deseo por lanzarse al oleaje y luchar con él. No hallaría ahí el adormecimiento del salvavidas sino un estado de alerta, después de todo, se trataba del hábitat de los naufragios y los monstruos mitológicos que acechan en el fondo. Creo que el hombre no inventó la navegación para desplazarse sino en afán de dominio. Controlar un medio inaccesible. Pero como en otras materias, su conocimiento fue insubstancial. Entre los misterios de las masas oceánicas, los que se relacionan con el hombre son fácilmente descifrables; todos los vicios y desperfectos están vertidos en aquello que no pudo someter, rastros hediondos de su mezquindad.
En el agua podemos vislumbrar nuestros orígenes. La mano sobre la superficie, un insecto caminando encima o una hoja flotante dan la sensación efímera de un medio gelatinoso. Como si al lanzarse en ella, ésta pudiera sostenernos con suavidad mientras nos sumergimos lentamente. Un regreso al umbral, la sensación de estar en líquido amniótico. También es posible ver nuestra imagen a cierta hora clara, aunque el resto del tiempo parece que alguien más nos observa desde el fondo. Un doble que espera salir a flote cuando nosotros nos hundamos. Narciso encontró al amor en una fuente —preludio de los espejos— y ésta le devolvió una imagen que jamás pudo asir. Un ser cuyo tacto se adhería al suyo en el reflejo, incapaz de abandonar el agua y al que no encontraría buscándolo en el fondo. Narciso murió de tristeza de tanto amarse, sin saberlo siquiera. De hacerlo, se hubiera echado al agua con la satisfacción de la autosuficiencia, inmerso en su reflejo sin volcar la vista a él, pero sintiendo la dulzura del agua.
En la mitología griega, el inframundo es un territorio fluvial que arrastra, en cada cauce, congoja. El barquero Caronte conduce a las almas de los muertos por el Aqueronte, transición entre vida y muerte. En sus afluentes se encuentra el Leteo que permite a las sombras borrar las memorias de sus vidas pasadas. A él han recurrido algunos poetas como Baudelaire, Quevedo y la mexicana Gloria Gervitz para invocar el olvido del amor o transgredirlo tras la muerte, perder los orígenes para reencontrarse en el desamparo. Su sabor concentra el gusto picante del mar y la dulzura del manantial, el deseo de resistencia y entrega. Tras beber de ellas, sin punto de comparación, queda una cómoda neutralidad: agua destilada.
El cuerpo, en buena medida, contiene agua que pocas veces probamos. Un desbalance produce alteraciones. Agranda la cabeza cuando se acumula en ella, como si invadiera sueños y pensamientos adaptándolos a su naturaleza. El escritor inglés Thomas de Quincey encontró en su hermana, que padecía hidrocefalia, un aumento de sus capacidades mentales, una brillantez en las ideas y sensibilidad que, tras su muerte, creyó causante de la enfermedad y no al revés. En el inframundo, las almas que reencarnarán se sumergen en el Leteo, una inmersión como el ahogo que invade nariz, pulmones, mente. Pero el olvido no llegó a la hermana del autor. Su camino tal vez se desvió a Mnemósine, fuente que despierta la omnisciencia en quienes beben de ella. De Quincey bien pudo tener razón y la hidrocefalia era en realidad, exceso de sabiduría. Largos tragos del denso líquido de la memoria.
El agua simboliza estados mentales o anímicos. En Río subterráneo de Inés Arredondo, un mal afecta a una familia y condena a todos sus miembros al contagio. Su forma de lidiar con la fatalidad es la aparente calma. En el arduo afán por disimular la ansiedad, edifican una escalinata que inicia en su casa y desemboca en las márgenes del río. La construcción es un intento por mitigar el camino al delirio, pero sólo consigue crear bases firmes hacia él. Éste podría añadirse a la angustiante hidrografía del inframundo, como otra de sus entradas. Un cauce del que los personajes no pueden escapar. Las aguas más oscuras se derraman en la mente. Insondables para el que las posee, se lanza hacia ellas hasta ahogarse.
Algunos saberes en materia onírica dictan que el agua sucia o revuelta significa la inminente llegada de problemas, una ola que nos arrastra mar adentro. Si es cristalina y tranquila, augura felicidad. La vinculamos a nuestra vida en su forma nociva o salubre. Sin embargo, a pesar de su potencia destructiva, su carencia pesa más que el exceso. Al ser el último bastión de sobrevivencia, en ella subsiste un imaginario de vida y muerte. Jamás he tenido este tipo de imágenes proféticas, una vez que soñé con agua estando inmersa, me fue imposible hacerlo fuera de ella. En mis fantasías más lúcidas evoco la dulzura en el paladar, la sensación fría en el cuerpo y los pensamientos vagando a la deriva con infantil despreocupación. El agua de mis sueños siempre fue apacible.
El origen de la humanidad y de la vida está íntimamente ligada al agua, como demuestra Tania Tagle, quien, para dar bienvenida a este dossier, ensaya sobre la gestación y la muerte de los hombres en este líquido a través de un recorrido en la tradición literaria, religiosa y científica. Aquí, Tagle se adentra a ese fascinante mundo acuático que nos atrae por su heredada familiaridad: la humedad es, en comparación con la sequedad, la que conserva y llama nuestro lado más humano.
¿Quién ha pensado en la zozobra
imaginaria? ¿Ha habido algún
pensador que haya profundizado
en esta impotencia pánica
a sobrevivir solo, gritando,
naciendo, desembarcando de
pronto en la primera orilla?
PASCAL QUIGNARD
Los cabellos de Ofelia ondulan como amas bajo el agua. Antes de que el vestido, a cada instante más pesado, termine de empujarla hasta el fondo del río, sus manos, que habían permanecido sujetas sobre su pecho, se desenlazan y todo su cuerpo se anemona en un vaivén apacible. El agua no tiene prisa, su tiempo no pertenece a este mundo. Dicen que si no te resistes es casi como un abrazo, el cuerpo recupera lentamente su memoria anfibia, los pulmones ya no duelen, recuerdan que el verdadero medio hostil es el aire. Ofelia se deja mecer hasta quedarse dormida, como una niña sobre el regazo de su madre.
A-hogar-se, volverse al hogar.
Hace varias semanas que no puedo verme los pies, al bajar la vista mi vientre dibuja un horizonte curvo. Adentro me ha crecido un hijo en una pecera de sangre. No va a lograrse, me dijeron al principio, y yo le hablaba para pedirle que se resistiera al llamado acuático. Préndete a mí, le decía, no te (me) abandones. Antes de nacer, bajo el agua primigenia, ya hemos aprendido a morir.
A-hogar-se, volverse hoguera
A orillas del mar Egeo, las mujeres aqueas lloran la partida de sus padres y de sus esposos. Las velas de las embarcaciones se izan como enormes lagunas verticales. La mayoría no volverá. Muchos de ellos ni siquiera verán las playas de Troya. Serán reclamados por el mar y caerán por la borda sin comprender si perdieron el equilibrio o saltaron voluntariamente. Los pocos que regresen lo harán sólo en apariencia porque pasarán el resto de sus vidas anhelando volver a navegar. No existe una despedida más definitiva que la que se hace a la orilla del agua.
Pero tampoco una bienvenida.
He roto fuente. Me vacío y el líquido cálido me acaricia los muslos. Por un momento cesan las contracciones. Mi hijo avanza a la velocidad de las sombras. Colocan mantas encima y debajo de mi cuerpo para contener los derrames. Y una esponja sobre mi frente que me embarra el sudor pero deja intactas las lágrimas. Agua por todas partes. No se puede llegar al mundo de otro modo. Por eso el primer acto «civilizatorio», la primera imposición absurda, es la sequedad.
El verdadero medio hostil es el aire.
Hace cincuenta millones de años, el pakicetus, un cuadrúpedo terrestre muy similar al perro, se dio la vuelta y decidió volver al mar. Su cuerpo sufrió transformaciones increíbles: perdió las patas y el pelaje pero a cambio ganó peso y un gran tamaño. Hoy lo conocemos como ballena. Los pakicetus no se imaginan cuánto tiempo ha pasado desde su metamorfosis, por eso los vemos actuar como si acabaran de sumergirse por primera vez en el agua. Un día, los dioses que viven en el fondo del océano, confesarán que toda la creación no fue más que un pretexto para perfeccionar a los cetáceos.
El tiempo es una invención de las superficies.
Fuera del agua existen los minutos y los años para medir la vida. Llamamos «vida» al pequeño periodo de tiempo que tardamos en reincorporarnos al agua. El instante árido entre dos eternidades acuáticas. Solamente antes de nacer y después de morir somos viajeros. En el agua somos nautas; en la tierra, náufragos. Sobrevivientes arrojados a la orilla del tiempo. La vida es una isla, inmóvil, rodeada de agua como una cárcel, el verdadero naufragio.
De la muerte hemos aprendido a navegar.
Los vikingos fueron los primeros en explorar el Ártico, donde, según ellos, era posible cazar unicornios. En realidad, lo que cazaban eran narvales, una especie de cetáceo muy parecido a la beluga pero con la peculiaridad de tener un colmillo largo y helicoidal que los vikingos hacían pasar por cuerno de unicornio y que vendían hasta por su peso en oro. Estos mansos animales aún habitan en lo más recóndito del Polo Norte formando pequeñas manadas alrededor de los islotes de hielo. Enormes maravillas ignoradas, se comunican silbando en una frecuencia apenas audible para los humanos transformada en eco coral al rebotar entre los témpanos. Mitad unicornios y mitad sirenas, cargan sobre sus oscuros lomos el secreto de una parte primordial de nuestro imaginario mitológico.
Mythos: relato que irrumpe en representación de lo sagrado.
En su Mitología del Rhin, Saintine cuenta que los habitantes de los pueblos celtas que vivieron a la orilla del mar eran consagrados a un árbol al nacer. El espíritu de este árbol los protegía durante toda su vida y, cuando morían, para asegurarse de permanecer bajo su protección, el árbol era cortado y se les fabricaba con él un ataúd. Una vez colocado el cadáver en el corazón del árbol, se realizaba una ceremonia para «devolverlo» al mar. Durante siglos, antes de que la humanidad se atreviera a explorar las aguas, los únicos navegantes fueron los muertos liberados en estas ceremonias y las únicas embarcaciones los ataúdes hechos con sus árboles-tótem.
«El muerto es devuelto a la madre para que lo vuelva a parir», C.G. Jung.
Venimos del agua y de las sombras, necesitamos permanecer ocultos para germinar, no somos dados a luz, somos traídos a la luz. Descubiertos. Un parto es una revelación, en el sentido místico: abrir mediante una ceremonia iniciática lo que estaba cerrado; pero también es una revelación en el sentido fotográfico: hacer aparecer por medio de la luz. Por eso todo nacimiento es también una exposición. Sólo el agua puede guardar el secreto.
Al terminar de leer el Fedón de Platón, Teombroto se lanzó de un peñasco.
Algunas noches al año, por encima de los murmullos eléctricos de las ciudades, es posible escuchar el rumor del agua. Nos llama de vuelta como una madre que reclama a sus hijos arrebatados. La voz del agua es siniestra porque tiene algo familiar, como ver el propio rostro reflejado sobre su superficie. Una vez que la hemos escuchado, nuestro destino es ineluctable: saltar. Dicen que para evitar que los marineros sucumbieran a la tentación de tirarse por la borda fue que se inventaron los monstruos marinos
En los cuentos de mujeres perversas que ahogan a sus hijos, nunca se dice que ellas creen que los están salvando.
La ballena es, según se vea, o toda cuerpo o toda cabeza. Su figura en nuestro imaginario está ligada al castigo moral: la desobediencia de Jonás. Tópico que Melville supo explotar como nadie. Sin embargo, la ballena también canta. Algunos pueblos inuit creían que para encontrar el camino al lugar sagrado después de la muerte había que dejarse guiar por la canción de las ballenas. ¿Y si aquella balsa de Caronte que imaginaron los griegos fuera en realidad una ballena?
Como el feto dormido a la sombra del vientre, así el cuerpo de quienes saltan al mar.
Permanecer en silencio ante el estruendo de las olas, su repetición continua marcando pavorosamente la Historia, condenada a ser una y otra vez sobre la superficie. Dejarse mecer la mirada por la marea como dentro de una cuna. O de un sarcófago. A lo lejos, una barca desaparece sobre la línea curva, preñada de horizonte.
Si prestamos atención, la voz del agua es un eco de la nuestra.
A finales de los años noventa, dos biólogos marinos descubrieron a 52 Hertz, nombrada así por ser la única ballena conocida que cantaba en esa frecuencia. Viajaba sola por rutas nunca antes mapeadas, pues ningún otro cetáceo era capaz de escucharla. Es probable que se tratara de la sobreviviente de una especie ahora extinta que recorría el océano cantando en una lengua muerta. Su llamado no es perceptible para ningún oído, excepto para el de los seres humanos. 52 Hertz canta para ser escuchada en la superficie.
¿De qué naturaleza es el canto de las sirenas? ¿Es una canción de muerte o es una canción de amor?
Lady of Shalott vive recluida en una torre medieval, una extraña maldición le impide ver el mundo directamente y debe hacerlo siempre a través de un espejo. Una tarde, Sir Lancelot pasa bajo su ventana y ella, prendada, suelta el espejo y voltea a mirarlo. Al instante sabe que la maldición desconocida caerá sobre ella y baja a toda prisa de la torre. Desconsolada, toma una pequeña barca en la que graba su nombre y comienza a remar mar adentro. Antes de perderse por completo, algunos marineros la observan pasar a lo lejos. Juran haber escuchado que cantaba en una lengua desconocida.
El agua se encuentra presente en el inconsciente colectivo como símbolo de vida y reflexión. Desde el Génesis en la Biblia hasta Muerte sin fin, de José Gorostiza, el líquido azul es pieza clave de nuestra tradición cultural. Dedicamos este dossier de Tierra Adentro al agua vista desde la literatura, la sociedad y la salud. Arrancamos con Tania Tagle, quien ensaya sobre la vida y la muerte a través de un recorrido histórico, literario y científico del agua; continúa el doctor Gian Carlo Delgado Ramos con una ardua investigación en la que se analizan los problemas actuales del agua en todos los niveles, al tiempo que propone diferentes soluciones que garanticen salubridad y accesibilidad para la población; termina Thania Aguilar quien, por medio de entrevistas con varios especialistas, traza una ruta para entender la importancia del agua a la hora de edificar ciudades. Acompaña un portafolios de Eniac Martínez, una muestra de su más reciente serie fotográfica, Ríos. Además, complementamos con fotoensayos y textos exclusivos en nuestro portal web.
El derecho a la cultura está relegado para el 15% de toda la población mundial que vive con alguna discapacidad; sin embargo, en años recientes compañías y colectivos de artes escénicas han combatido esta discriminación. De las investigaciones que se han realizado sobre el tema, el trabajo de Hitandehui Pérez Delgado, Del escenario teatral al escenario social: teatro, discapacidad e inclusión social, Premio Internacional Artez Blai de Investigación sobre las Artes Escénicas, es una reflexión pionera. En esta entrevista, Luis Manuel Amador conversa con Pérez Delgado sobre la forma de ver un universo que conecta la escena teatral y social en su trabajo íntimo y riguroso.
Cifras y datos
El 15% de la población mundial vive con alguna discapacidad. Hay evidencias del aumento de discapacidades y enfermedades crónicas en la vejez, sobre todo en países con ingresos económicos bajos. La discapacidad afecta de forma desproporcionada a las mujeres, a las personas mayores y a los pobres.
La población con discapacidad presenta los peores resultados sanitarios y académicos, menor participación en la economía y tasas más altas de pobreza que las personas sin discapacidad; además, se vulneran sus derechos económicos, sociales, su derecho a vivienda, educación y salud. Se relegan también sus derechos a la cultura, en concreto, su acceso al arte, un derecho inalienable legitimado en el artículo 30 de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad (2006) que consigna el arte como un bien común y el derecho de esta población a participar en igualdad de condiciones para desarrollar su potencial creativo, artístico e intelectual.
Escasas fuentes, pocos paradigmas
Escasas son las investigaciones que plantean correspondencias entre arte y discapacidad, casi nulas las que se enfocan a artes escénicas. Comienzan a ver la luz experiencias, discusiones, iniciativas, propuestas, pero falta darlas a conocer y entrelazarlas construyendo una red común.
El binomio arte-discapacidad se mueve incipiente hacia nuevos paradigmas: que la «normalidad» no puede definirse en un concepto absoluto; que la «discapacidad» es una construcción social y un planteamiento político; que es necesario discutir el tema bajo un cielo despejado de prejuicios, sobre el puente de los derechos hacia una sociedad incluyente, digna y abierta a la vasta riqueza humana.
Hay, sin embargo, casos interesantes en el cruce teatro-discapacidad: el Movimiento Teatral once (Organización Nacional de Ciegos de España), el Centro Argentino de Teatro Ciego y la ntd (National Theater of the Deaf) con sede en Connecticut, Estados Unidos. En México, la obra teatral Mira lo que veo (ahora compañía) que colabora con la Unión de Minusválidos de Querétaro, dirigida por Andrea Ornelas; el Encuentro de Teatro de Discapacidad de San Luis Potosí, liderado por Juan Carlos Saavedra, fundador de la Compañía Teatro Ciego MX.
De entre los trabajos de investigación, hay uno que marca una reflexión pionera sobre la que es necesario detenernos. Se trata del ensayo-tesis Del escenario teatral al escenario social: teatro, discapacidad e inclusión social, de la mexicana Hitandehui Margarita Pérez Delgado, galardonado el 15 de enero de 2016 con el Premio Internacional Artez Blai de Investigación sobre las Artes Escénicas (en su 8ª emisión), que otorga la Asociación Cultural Artez Blai Kultur Elkartea, del País Vasco.
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A veces algo cercano nos toca, nos penetra al grado de convertir nuestra vida en una insistente pregunta que busca respuestas. ¿Qué tan cerca ha estado la discapacidad de tu vida?
Tengo dos tíos que trabajan en espacios de educación especial y fueron mi primer acercamiento. A partir de ahí fue creciendo mi interés por indagar y estudiar la discapacidad, lo que fue desmantelando mis ideas preconcebidas y ha ido ensanchando mi mirada y mis concepciones sobre la diversidad humana. Me ha vuelto sensible a la población segregada. La discapacidad es un universo amplio que nos brinda posibilidades de reflexión respecto a lo que debemos hacer para construir una sociedad más equitativa, incluyente, justa, democrática en todos los ámbitos. Debemos preguntarnos en qué radica la discriminación, cuál es el origen de la desigualdad, para quién están diseñadas las ciudades y cómo están planeados sus espacios de convivencia, sociales y de poder: plazas, calles, parques, bancos, o cinas. Estuve involucrada en iniciativas para la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de jóvenes y en movimientos de mujeres en Oaxaca. Pensándolo bien, como eso ha estado unido a mi vida, no me hago la pregunta de cómo pasé de un lado a otro de la escena porque todo está ligado: mis ideas, mis posturas políticas e intelectuales, la identidad consciente de mi origen, los derechos humanos. No fue difícil vincular mi experiencia vital con la voluntad de investigar.
¿Hubo contratiempos al trasladar tus preocupaciones sobre la discapacidad en tus pesquisas? ¿Has encontrado barreras para la comprensión del tema central de tu trabajo?
No fue fácil y he encontrado barreras. Algunos investigadores no creían en mi tema de investigación. Decían con vaguedad «¡Ah!, qué interesante». No entendía si eso significaba para ellos reconocer que eso era o no era teatro. Uno avanza a tientas por un ámbito hegemónico y cerrado. Por eso es estimulante el premio a una investigación que tiende el puente entre la discapacidad y el arte, no en la idea del teatro desde la re- habilitación o la terapéutica ocupacional, aunque no hay que negar la necesidad de estos campos. Mis inquietudes surgieron de otros cuestionamientos: ¿lo que hacen las personas con discapacidad también es teatro «profesional»? ¿Cómo pueden hacer teatro «si son sordos»? Estos prejuicios me incomodaban pues se planteaban desde la condescendencia: «pobrecitos, vamos al teatro a verlos». Eso me empujó a tratar de responder, enfocando el arte teatral como poética desde ese universo de las personas sordas; en el teatro a oscuras, y en esa vertiente o técnica del «teatro ciego», para comunicar sus aportes a la escena teatral contemporánea.
¿Trabajaste con personas que tenían discapacidad visual antes de empezar tu proyecto de maestría?
Curiosamente, los talleres que yo llevaba con relación a la discapacidad visual no eran de teatro sino de pintura, aunque había trabajado juegos teatrales con personas con discapacidad intelectual en Centros de Atención Múltiple (CAM). Después descubrí que era más fácil hacer investigación que encontrar fuentes. Y revisando lo que existía, reparé en pocos estudios sobre teatro relacionados con la discapacidad, incluso en español, mucho menos sobre población infantil, así que comencé a investigar ese camino. Descubrí que hablar de teatro y discapacidad en el país no sería posible sin mencionar el proyecto Seña y Verbo, la compañía de teatro de sordos más importante en México.
¿Hablas lengua de señas mexicana o colaboras con agrupaciones teatrales que empleen ese lenguaje?
Puedo expresarme, pero continúo estudiándola porque me interesa seguir trabajando con la comunidad sorda. En Xalapa tengo algunos proyectos y colaboro con una asociación civil para fundar una compañía de teatro de sordos. Mientras tanto, empezaremos talleres en lo que llegan las condiciones adecuadas. Colaboro en tres proyectos escénicos, uno de ellos está dando sus primeros pasos para impartir talleres de teatro con la asociación Difusión, Inclusión y Educación del Sordo (DIES), A. C. También participo en la compañía de teatro Playback Hechos de Historias, en Xalapa, y tendré un pequeño espacio en Radio UV sobre discapacidad. Soy cuentacuentos y quiero continuar explorando caminos para el público con discapacidades.
La discapacidad visual y la auditiva se plantean en tu trabajo, ¿qué otras discapacidades tocas?
Son un tema vasto. Yo había tenido experiencias con personas ciegas, que amplié después con personas sordas. Sin embargo, el estudio de ambas es extenso y distinto. En el caso de la discapacidad auditiva hay un campo denominado «estudios sordos». Uno de mis pendientes de estudio es la discapacidad intelectual en las artes escénicas. Puedo decir entonces que mi interés como investigadora se centra en problematizar la situación con la que vive la población con discapacidad, la manera en que se le limita o se acota su participación como protagonista en el ámbito teatral; es decir, como actores, actrices, directores escénicos, etcétera, y también como público, un tema pendiente en México, que se va abriendo puertas poco a poco. Aun así, falta mucho para lograr la inclusión de la discapacidad como un hecho real en todos los recintos culturales.
Debe haber otros trabajos que sirvan de referencia en torno a la discapacidad y el teatro, o en relación con las artes escénicas en México, ¿podrías compartirnos ejemplos?
Hay tesis de licenciatura en la Universidad Veracruzana (UV). Son aproximaciones para identificar cualidades del mismo tema que he estudiado. Descubrí otras tesis interesantes en Puebla y en la Universidad Iberoamericana. Hay algunas informaciones, ensayos, compilaciones, pero no investigaciones a fondo, al menos no en México, con la salvedad de lo que ha hecho María José Castelazo, de Guadalajara, con quien descubrí que tenía preocupaciones, planteamientos y reflexiones paralelas. Ella hizo una maestría en Francia sobre el tema. La revista Paso de Gato abordó el caso de la compañía Seña y Verbo en el marco de su xx aniversario y «el teatro y el cambio social», con algunos directores escénicos que comparten sus reflexiones. En 1987 Socorro Merlín, investigadora del CITRU (Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli, del INBA), publicó Teatro para la educación especial en el INBA libro en el que hablaba sobre los resultados de un proyecto de teatro aplicado a la educación. Creo que fue la primera investigación sobre el tema en México.
A propósito, este trabajo premiado tiene que ver con tu tesis de maestría. ¿Ajustaste el texto antes de enviarlo al certamen? ¿Cómo tomaste el otorgamiento del premio?
Lo revisé y lo envié tal cual, aunque la edición transformará esa tesis, que defendí en marzo de 2015, en un libro. Fue una grata sorpresa. Por un lado, estoy consciente del valor del trabajo, independientemente de que lo haya escrito yo, porque el mérito se sitúa primero en el tema. No es fácil posicionar y hacer visible la discapacidad en las temáticas o estudios de las artes escénicas.
¿Cómo concibes el binomio creación-investigación que encarna tu trabajo?
Quiero mencionarlo a propósito de quienes no me conocían como investigadora sino como creadora o activista. He pugnado por disolver esta distinción que parece equivocada y radical, en el sentido de que «o creas o investigas», «o piensas o haces arte». No considero que valga una división de facto. En los círculos de creadores e investigadores artísticos suele haber este aparente menosprecio que califica a quien investiga como un mal creador o a quien hace arte como alguien incapaz de elaboraciones intelectuales; el estigma que circula como el pésimo chiste rezando que para escribir ciencias sociales es obligatorio tener mala prosa. El problema es que, incluso en las mismas instituciones educativas, se enarbolan esos equívocos. Estos prejuicios deben ser demolidos.
Tu trabajo será un referente sobre el tema de la discapacidad y la inclusión en el teatro. Aportará herramientas para abordar la discapacidad en el arte. Sobre tu premio, una de las notas en periódicos decía «La mexicana Hitandehui Margarita Pérez Delgado gana la edición VIII del Premio Internacional Artez Blai».
Eso suena bien, aunque también me gusta leer «la oaxaqueña» porque valoro el lugar y la cultura en que nací, pues ha configurado mi forma de ver el mundo, mis referencias, mi vida entera.
Eres creadora, activista del arte y de otras causas. Poco se sabía sobre tu faceta de investigadora. ¿Cuál fue el detonante de esta tesis-ensayo?
Me introduje en el teatro desde la adolescencia. Trabajaba con niñas y niños, e hice teatro comunitario y teatro campesino. Me enriquecí de la experiencia y de la idea del teatro como un fenómeno, un acontecimiento completo, no lo miraba desde un solo lugar. Tampoco lo vi como el ente convencional al que nos remitimos cuando pensamos en el arte teatral. Haber descubierto el teatro a temprana edad alentó en mí un sentido de autorreconocimiento que se sumó a la conciencia de mis procesos identitarios. Dije «aquí hay algo más» y me fui interesando en descubrirlo: lo que sucedía dentro de las personas, los nuevos ojos y las variadas percepciones que me abría. Reconocerlo como experiencia implica indagar más allá, buscar conexiones, descubrir caminos, inventar. He aquí el centro de mis intereses. Estudié Educación Especial, empecé a hacer talleres, a participar en espacios de expresión corporal, en dinámicas y juegos teatrales con mis alumnos o en otros espacios don- de colaboraba. Me fui dando cuenta de que de la misma forma desarrollaban cualidades particulares, aspectos sensibles, potencialidades. El teatro es un agente resiliente. Desde que me enteré de la convocatoria de ingreso a la Maestría en Artes Escénicas de la UV estuve motivada, pues buscaba posgrados que tuvieran que ver con el teatro, e ingresé a la maestría con un proyecto para investigar las posibilidades del teatro aplicado como herramienta. Yo abordaba entonces un tema para el desarrollo integral de alumnos con discapacidad visual de educación básica. Así evolucionó todo.
Si vemos atentamente el mundo nos damos cuenta de que todos padecemos alguna discapacidad. Tu trabajo puede dar luces para ampliar las preguntas que tal vez nos hemos hecho, para aproximar respuestas si empezamos a construir desde la empatía que implica ponerse en el lugar del otro. ¿Qué esperas que encuentre un lector en tu trabajo?
Propondría, primero, que el libro no se quede en el estante. No fue fácil abordar un tema sobre el que no había precedentes, tampoco entrar sin rodeos. Puse cui- dado en acercar al lector desgranando el contenido desde los umbrales, a través de diversos planteamientos teóricos. Desea- ría que este trabajo de pesquisas y escritura ayude al lector facilitándole una ruta o guía para acercarse a la discapacidad en el arte con el menor extravío posible. Me gustaría que sirviera como material de apoyo para escuelas de artes escénicas o de arte en general. Sería extraordinario que pudiera ayudar a quienes tienen cerca la discapacidad proporcionándoles pistas o estrategias para trabajar con personas ciegas, sordas o con otras necesidades. También me gustaría que fuera útil para dejar a un lado estigmas o prejuicios con los cuales se evita a toda costa hablar de discapacidad en las artes, en la sociedad; que contribuyera a redimensionar un asunto que debe mirarse sin distorsiones. Digo todo esto con la certeza de que trabajos como el mío no suelen trascender ni considerarse fundamentales a la hora de tomar partido o de asumir una conciencia personal o colectiva porque trastocan nuestro falso bienestar y nos obligan a movernos hacia territorios incómodos no acostumbrados. Que este trabajo haya sido puesto en escena por un premio, creo que ayuda a entrever la posibilidad de abrir más puertas a otras investigaciones, al fortalecimiento de una educación artística incluyente, a la formación de públicos e, incluso, a que haya una mejor asignación de recursos para proyectos, iniciativas, políticas públicas y espacios que tomen en cuenta a las personas con discapacidad y transformen para bien los escenarios diversos de la sociedad y de la vida.
El Festival Cuatro X Cuatro es un espacio dedicado a la experimentación, creación, reflexión, investigación, promoción y exposición de las artes escénicas contemporáneas desarrollando un diálogo con otras disciplinas y colaborando con múltiples organizaciones de México y el extranjero.
Entrevista con Shantí Vera, director del Festival Cuatro X Cuatro (Xalapa, Veracruz) y Evoé Sotelo, anfitriona de la última edición de la muestra Un Desierto para la Danza (Hermosillo, Sonora).
La danza no sólo sucede en la Ciudad de México; nuestro país baila en todas sus latitudes, y de muchas maneras. Esta conversación nos acerca a la visión de dos coreógrafos contemporáneos, cuya labor se desarrolla en lugares muy alejados entre sí. Hablamos del espacio del festival como ese punto fundamental de encuentro que nos permite repensar el cuerpo y sus contextos.
Podrían hablar un poco sobre la historia del festival, ¿cómo arranca? Shantí Vera Nuestro Festival comenzó a gestarse en el 2008 con los compañeros de Danza UV, la compañía de la facultad de danza de la Universidad Veracruzana, de la que estaba a cargo Guadalupe Barrientos (entonces directora de la Facultad de Danza, y encaminada a dirigir la Unidad de Artes de la UV). Ella lanzó la propuesta y, con un impulso inmediato que nos ha caracterizado siempre, los Cuatro X Cuatro dijimos: «lo hacemos, ya, ahora». En ese entonces había pocos espacios para la danza contemporánea en Xalapa, y éstos eran bastante cerrados. Existía el festival Danza Extrema de Alonso Alarcón que por esos años tenía buena proyección. Hicimos el primero con una obvia falta de experiencia en gestión y poca idea de cómo programar. Incluimos a todo mundo con la idea de generar comunidad, porque eso es lo que los Cuatro X Cuatro hemos querido hacer en Xalapa. Nos metimos en problemas porque quisimos abarcar cuatro ciudades al mismo tiempo (Coatepec, Xico, San Marcos y Xalapa), pero logramos generar un espacio a costa de pérdidas económicas y a pesar de la famosa pandemia inventada de la gripe aviar. Tuvimos que cortar el festival a la mitad, y algunos artistas quedaron varados en Xalapa sin dar función. Pero fue un primer año lleno de voluntarios, muchísimo público y una bombita de colaboraciones. Con el apoyo del Fonca y de la UV logramos una escucha y presencia del rector y del gobernador.
Evoé Sotelo La primer edición se hizo en 1993, por iniciativa de un grupo de danza independiente que se llamaba Espiral, liderado por Eduardo Mariscal, Aldo Siles, Alejandro Huerta, Diana Romero, Mónica Salcedo y Lourdes Herrera. Ellos se acercaron al director del Instituto Sonorense de Cultura de aquella época, Carlos Moncada Ochoa (papá del dramaturgo Luis Mario Moncada), para sensibilizarlo sobre la falta de un espacio así en la zona Noroeste del país. Existía el festival Lila López en San Luis Potosí, pero nosotros estando tan lejos nos perdíamos del contacto con la danza nacional. Hizo eco la solicitud, él lo impulsó y se convirtió en un amante de la danza. Desde entonces siempre se ha hecho en conjunción con el ISC, y recibe un subsidio importante de la Secretaría de Cultura. Coincidió con que el mismo año, el grupo Paralelo 32, con Carmen Bojórquez al frente, arrancaba el festival Entre Fronteras en Mexicali, apoyado por la UABC.
¿Cómo se ha ido transformando?
ES: Después sucede lo que considero como el mayor atributo. Cada año, uno de los grupos con trayectoria que están trabajando en Sonora asume la curaduría de la muestra. Han ido rotando Antares, Espiral, La lágrima, Quiatora Monorriel, David Barrón, Aldo Siles… Al anfitrión le toca pensar su programación y definir el concepto específico de esa edición.
Algunas veces se han ido por la tradición, dando pie a todo un catálogo de compañías de mucha tradición… Y en otras, la onda se inclina por otro tipo de exploración, incluyendo a los que están en debate con la tradición y se ven cosas mucho más experimentales. Los cambios de óptica son muy interesantes. Me parece que eso le ha dado la posibilidad de seguir existiendo, generando gran interés y curiosidad en el público. Nos hace partícipes a todos. No es una muestra del Instituto, ni del gobierno federal o estatal, es de nosotros. Nos prestan la infraestructura y los recursos, pero realmente nos dan total libertad para programar y apropiarnos de la ciudad.
SV: El segundo festival fue muy diferente, definitivamente marcó la línea del festival Cuatro X Cuatro. Yo me salí de la UV y eso generó una ruptura, pero mayor libertad. Estuvimos mucho más organizados, nadie perdió, los espacios funcionaron bien, hubo mucho público. Ese año vino Ko Murobushi. Fue un evento súper interesante en la ciudad: se quedaron más de 50 personas afuera del teatro. Se habitaron espacios que nunca habían sido habitados, como centros culturales, museos viejos, y esto nos permitió generar el disenso que queríamos. En ese entonces se llamaba Festival Internacional Abril & Danzar. Nunca nos convenció el nombre, pero en Xalapa había Mayo fotográfico, Junio musical y Marzo de teatro. Decidimos que abril era nuestro, por ser el mes de la danza.
¿Y qué es hoy el festival?
SV: De alguna manera el festival siempre ha sido un reflejo de nuestro contexto, porque ha estado en crisis. Xalapa es un lugar totalmente hostil, y pocos voltean a ver a la danza, o a la escena contemporánea. Están anclados en una historia de 1970. Alguna vez Mijaíl Rojas comentó que Xalapa tiene un estatus que no es real; se dice ciudad cultural pero eso es sólo una fachada.
¿Con qué otros festivales de danza contemporánea, que se hacen en México o fuera de México, dialogan sus festivales?
SV: Desde el 2013 programamos un solo o un dúo seleccionado por el festival SóLODOS EN DANZA de Costa Rica. Sus directores, Eric Jiménez y Maruxa Salas, promueven la movilidad de jóvenes creadores para que tengan experiencia en otras latitudes. Asimismo, hemos colaborado con la InMuestra de arte escénico que organiza Moving Borders, también planeamos el festival como una vitrina para programadores internacionales. Considero que nos nutrimos de todos los festivales en los que hemos tenido la oportunidad de participar, retomando espacios, conceptos, perspectivas… como Reposiciones o Experimenta Sur; nos dejamos influir y repensamos nuestro festival para insertarlo en Xalapa. Otro ejemplo es el festival Trayectos de Zaragoza, España, que acoge un público masivo porque es un festival para paisajes urbanos. En 2014, lo replicamos en Xalapa a pesar de nuestra poca infraestructura y que en México están despreciados esos espacios.
ES: En esencia, el Desierto se parece mucho a la mayoría de los festivales, salvo por la lógica de anfitriones, lo que cambia es la situación geográfica. La ciudad de Hermosillo me parece menos cálida (que no caliente), no se presta para pasear y tomar un cafecito como en otros festivales en donde la sede misma ya hace al festival interesante. En Danzalborde de Valparaíso, por ejemplo, todo es bonito, la ciudad, los espacios de presentación… Nosotros tenemos un teatro en un edificio espantoso, que le quita un tanto de sentido comunitario al festival.
¿Cómo piensan, deciden o construyen la programación?
ES: En alguna época era una especie de muestrario de lo que estaba sucediendo a nivel nacional y que acontecía lejos, pero fue dando pie a miradas específicas. En el caso de Antares, hacer evidentes los recursos técnicos formales de los intérpretes. Adriana Castaños y nosotros (Quiatora Monorriel), dar relevancia a la investigación; que el público reconozca que la danza no sólo es moverse bonito, sino que hay todo un proceso detrás del resultado. Incluso en ámbitos extra-dancísticos. Aquí hay muchos jóvenes estudiando danza, también hay mucho interés en otras disciplinas. En los últimos 5 años, se ha intentado poner un poco en jaque al público; no tanto de incomodarlo, pero sí de hacer visible que la danza no sólo es corporal, sino que implica todo un posicionamiento político y filosófico del cuerpo.
SV: Se va construyendo un perfil cada año. Siempre con la pregunta: ¿por qué eso en ese momento? Tratando de tender la mano a coreógrafos jóvenes, y a otros de mayor edad, pero que son igual de jóvenes en espíritu. A mí me gusta ofrecer un espacio para que los creadores hagan lo que quieran, para experimentar, para el pensamiento libre. No para ofrecer un servicio. Me interesa la autenticidad de los artistas que vienen; algunos han repetido y se ha vuelto nuestros colaboradores y hasta co-productores. Estamos en busca de lugares perdidos, de conceptos frágiles, vulnerables, del vacío. Buscando comprender umbrales de percepción más que solo de entendimiento.
¿Y el contexto lo permite?
SV: Hay muy pocos espacios ocupados o preocupados por sus contextos, y hacemos copias de otros festivales. ¿Cómo voy a copiar yo al KunstenFestivalDesArts de Bruselas si estoy en Xalapa? Tal vez en el DF se podría, porque es un lugar en donde convergen muchísimas cosas. Lo que hacen las instituciones muchas veces es agarrar un modelo y reproducirlo. Son muy pocos los que escuchan las urgencias de su contexto.
¿El público se va adaptando? ¿Qué tanto afecta en cuanto a tipos y cantidades de público?
ES: Yo creo que sí, sobre todo el público joven que ve cómo la danza se moviliza hacia otros espacios físicos y territorios de pensamiento. Aunque hubo una especie de rebelión interna, en donde las señoras encopetadas con sus hijas que van a la clase de ballet, se sintieron traicionadas. Salían muy enojadas, pero otros espectadores salían muy sorprendidos. Recuerdo a un señor que en el 2014 llegó súper molesto porque todo le parecía mal, pero seguía siendo el primero de la fila, y día con día se fue relajando. Este 2015, ya sonreía, hacía preguntas al final de la función, se sentía muy integrado. Él es un claro ejemplo de lo que le sucede a las personas que van reconociendo que algo interesante empieza a suceder en lo otro. Sigo viendo señoras que nunca pensé que regresarían, y ahí están. La muestra se ha caracterizado por la gran afluencia de público. A mí me deja contenta saber que, a pesar de que las propuestas no son del todo sencillas, muchos están dispuestos a entender que el cuerpo es mucho más.
SV: Algo que me interesa es que dialogamos con el público y la ciudad, más que con los bailarines. Fotógrafos, gente del gremio de artes plásticas o de letras se han sentido convocados. Hemos tenido muy buena cantidad de público para un festival de artes escénicas contemporáneas: espacios llenos (son espacio pequeños con capacidad para 100 personas). Nunca llenaremos un estadio de 100,000 personas… porque no queremos algo así, y siendo honestos nunca lo lograríamos. Al estado de Veracruz no le interesa la cultura, no la apoya. ¿De hecho, a quién le importan las artes escénicas en México?
En México se han multiplicado los festivales en los últimos años, en todas las disciplinas. Existen cientos de nuevos festivales de cine, de teatro, de danza. Durante esas semanas la temporalidad es específica y cambia la forma en que los espectadores se relacionan con las artes. ¿Qué opinan de este fenómeno de la «festivalitis»? ¿Creen que esto ayuda o afecta a la creación de un público constante?
ES: Sí es un tema. Funcionan justo porque tienen un soporte institucional y los recursos destinados para que funcionen. Pero es una relación ejecutiva, te resuelve las contrataciones, la convocatoria, el transporte y después te lavas las manos y al día siguiente ya estás en otro canal. Para mí el problema no es el público. Si lo vuelves a convocar en otro momento del año, va a estar ahí. El problema es que los recursos económicos para resolver los tenemos una sola vez en el año. Manuel Ballesteros, Antares, la Lágrima, el Concurso de Coreografía llenan los teatros en cualquier momento del año, pero la muestra es muy especial y no se vuelve a repetir en el año. Yo cuestionaría el formato de festival y lo que implica. Pensaría en otro tipo de encuentro, tal vez no alrededor de 5 o 10 días, sino permanente en el año: conferencias, talleres, seminarios, mesas de diálogo, funciones… que estuvieran generando una participación y una reflexión continuas. Dejar de hacer una especie de Gelaguetza de la danza en una semana y se acabó la fiesta. ¡Ahí están los VISO out festival! Aunque a veces creo que están pecando de formales y tradicionales. Su discurso va por otro lado. Finalmente son nuevas generaciones, y la mentalidad, la intención al programar y las formas en que están decidiendo utilizar los espacios de representación ya están marcando una diferencia bien interesante. Sólo les falta trascender esa visión oficialista.
SV: Estamos en un país que no tiene una política cultural, en Veracruz no existen las temporadas y si las hay, no son remuneradas. Nos toca imaginar cómo atraer al público. A mí me parece que generar espacios siempre es interesante y hay que apoyarlos. Es bueno y malo (no sé si es la palabra): la cosa es saber por qué, más allá del espíritu emprendedor. Cada vez hay más festivales en México y Latinoamérica que sacan convocatorias, y no te dan absolutamente nada. No sé qué tan bueno sea para los artistas; nos estamos auto-explotando y no estamos encontrando herramientas para presionar al gobierno en su obligación de apoyar al arte como transformador social.
¿Crees realmente en el arte como transformador social?
SV: No en ello de una manera directa, salvo en algunos lugares. En Alemania, por ejemplo, gozan de un estatus en el que uno se permite ir al teatro y pagar 25 euros, entonces hay un derecho a la inutilidad. Pero México es un país totalmente corrompido por la violencia, en donde las necesidades son otras. Hay una urgencia por crear espacios en los que un joven pueda percibir que moverse puede producir placer. No es que se vuelvan bailarines o espectadores de danza, pero artistas, gestores y gobierno, tenemos que preocuparnos por nuestro contexto específico y construir desde ahí.
En la organización comunitaria, la comida tiene mucha importancia. Puede ser un desmadre, pero si la comida está, algo funciona.
SV: Y también pasa por la bebida. Creo que reflexionar no tiene porque ser una cosa seria, tiene que ser placentero. En el Cuatro X Cuatro, siempre han sido importantes las fiestas, la catarsis, como forma de relacionarse con los jóvenes de Xalapa. En una de esas fiestas, la directora del Aura Dance Festival vio bailar a Israel Infante, un chico de San Luis Potosí, y lo invitó a Lituania. Fue su mejor audición, ahí encontró un puente para desarrollarse en otro lugar.
Este año, los festivales sufrieron recortes drásticos de presupuesto. ¿Se le puede sacar algún provecho a la precariedad?
SV: Este año nos permitió profundizar en el disenso. A nosotros nos cayó de golpe, un mes antes del festival, con todo muy armado y una programación definida. Pero fue muy interesante: nos unió como equipo de organización, se integraron compañeros que presentaron sus piezas con la intención de rescatar al espacio, porque saben que es necesario, porque ha logrado cosas importantes. También dudo de esa palabra: importante. En 2014 logramos un festival tan delineado, en el que todo el mundo tuvo un pago digno, y un muy buen público. Tuvo mucha repercusión, generamos una sinergia que tuvo impacto en otras geografías.
¿En qué consistió el recorte? ¿Qué financiamientos tuvieron antes y ahora?
SV: Normalmente aplicamos a convocatorias, pero este año teníamos que dejar pasar un año, y solo teníamos el apoyo de la Red Nacional de Festivales que es mínimo (cubre 20% del costo total). Con eso habíamos imaginado un festival muy pequeño en donde sólo los artistas cobrarían. Sin embargo, se anunció el recorte a la cultura y nos dejaron sin nada. Entonces Nadia Vera, mi hermana y productora del festival, convocó al Instituto Veracruzano de Cultura que por primera vez cubrió hospedaje y alimentación. Había que salvar ese espacio como fuera. El amor que le tenemos nos ha permitido crecer como humanos y artistas, hemos conocido a gente maravillosa, descubierto trabajos sumamente interesantes, filosóficos, poéticos.
ES: Este año perdimos el apoyo total de la Red Nacional de Festivales. Ellos solían dar $150,000. Pero durante el festival nos anunciaron que se recortaría a 100, y ya después, nos dijeron que se cancelaba por completo. Nos dejaron con muchos pagos pendientes.
¿Que sigue?
SV: Debido a lo que estamos pasando como familia de festival, nos toca mudarnos de una Xalapa hostil, poco solidaria, salvo por personas excepcionales que nos han mostrado su apoyo incondicional. Tuvo que pasar lo que pasó para darnos cuenta de que ese espacio no era propicio. Hemos luchado por defenderlo, y ahora necesitamos lugares que nos tiendan la mano con amor, estamos en busca de amor. Hace años que yo tenía ganas de mudar al festival, pero nos aguantamos mucho porque sentíamos la responsabilidad de no cerrar un espacio que habíamos generado. Ahora, en colaboración con parte del colectivo AM, Stephanie Janaina, los Cuatro X Cuatro y Snakobal Jnakobal (una asociación chiapaneca), vamos a generar un espacio atípico de reflexión y escucha en San Cristóbal de las Casas y en la Ciudad de México. Armar un disenso mucho más concreto, generar pensamientos colectivos, fraternidad, redes (que para mí tienen que ver con los carnales, y por eso les llamo «carnalerías»). Vamos a ampliar y diversificar la personalidad del encuentro, porque uno tiene que cambiar.
En una situación ideal, pensemos incluso utópicamente, más allá del dinero, ¿qué desearías para un futuro festival?
ES: Si fuera muy utópico, el colmo de la utopía, solicitaría construir un espacio alterno que no fuera un teatro. Una bodega, una nave que tuviera la posibilidad de ser usada de cualquier manera. Desde la más tradicional hasta la más experimental. Nos condiciona muchísimo el teatro que tenemos. Yo creo que a Hermosillo le urge una nave multiusos que abra la posibilidad de otras formas de intercambio entre lo escénico y el espectador. De entrada eso, y por lo tanto a una programación que pudiera ir más lejos. La otra, es que si me permitieran hacer lo que quisiera, yo lo haría todo el año. Y sería algo que implicaría también otros terrenos de investigación alrededor del cuerpo, pero también la reflexión sobre el contexto que nos está tocando vivir. La forma en la que se dinamizan los intercambios y las relaciones de lo corporal con otras áreas, generar actividades que pudieran hacer más claras las relaciones entre cuerpo y palabra, cuerpo e imagen, cuerpo y sonido, cuerpo y espacio, no sé…
SV: Yo me imagino una multitud dentro del festival, de pensamientos diversos, plural. Me imagino constante cambio. Y para el 2016, invitamos a André Lepecki, un escritor que me interesa por su apertura. Como este festival, quisiera que este espacio, si bien sirve para posicionar a las artes escénicas, sirva para sensibilizar, para abrir umbrales de percepción. Generar que las personas se sumen, imagino que va a pasar, ya está sucediendo. ¡Para nada es hippie! Es real: escucharnos, reflexionar, creo que no lo hacemos lo suficiente. Pensamos mucho, pero siempre en lo mismo. El gremio de la danza está muy dividido, no nos validamos. Los de teatro hacen veinticinco funciones y develan placa, cortan hilo, ponen estatua, sale una nota y publican un libro. En danza no lo sabemos hacer porque estamos desligados.
¿Qué nos hace tan poco solidarios?
SV: Tal vez la geografía y la diversidad cultural. No dialogamos con el otro barrio; nos echaron a competir y nos lo creímos. Aplicamos a todas la convocatorias para ver si alguna pega, sin claridad de los perfiles, ni congruencia. Todos quieren ir a Europa a bailar, pero ¿qué tan pertinente es lo que nosotros estamos haciendo, allá, ahora?
Es urgente dialogar desde las diferencias, no abolirlas: tender puentes. Nuestro contexto es muy complejo como para estarnos peleando. No necesitamos desacreditar lo que hace el otro para validarnos: las personas que hacen escena expandida le tiran a los que hacen teatro dramático, y los que hacen teatro dramático, para seguirse validando, le tiran a los que hacen cosas raras. Lo mismo pasa entre la danza formal y la coreografía. Y yo me pregunto, ¿en qué momento la danza se apropió la coreografía? ¡Si son dos cosas diferentes! A este festival le interesa la coreografía, no sólo la danza.
¿Es un placer o un dolor de cabeza?
SV: Ha sido un placer, una responsabilidad, una chinga… Y una plataforma. Invito a las personas que están desarrollando proyectos de festivales, plataformas, espacios, a generar círculos de congruencia, a compartirnos más. No dejarse llevar por la profesión. Imaginemos futuros con presentes muy concretos.
ES: Esta muestra existe porque los grupos la han defendido, año con año, a pesar de los cambios administrativos. Me parece muy importante destacarlo en este momento político del país. La cultura viene en caída libre, y la unión de esfuerzos, la solidaridad entre los grupos, hace que la muestra sea de la comunidad de Sonora, más allá del INBA, o del gobierno. La historia del Desierto es consistente, porque responde a una necesidad real, a un esfuerzo real. Ahora más que nunca lo valoro: todo proyecto grande tiene que hacerse en conjunto con otros para ir soportando las crisis juntos. Me queda esa reflexión: la importancia de que lo que hagamos en nuestros espacios (festivales o compartir quehaceres), hay que hacerlos nuestros, desde la raíz.
La presencia constante de las imágenes es uno de los problemas que más atención exige por parte del teórico del arte y del filósofo en respuesta al progreso tecnológico, teórico y artístico actual. La amenaza de la imagen importa en el pensamiento contemporáneo no sólo por sus implicaciones en el planteamiento sobre el conocimiento y el lenguaje, sino también por la relevancia que toma en el dominio de la ética y de la psicología del hombre moderno.
Yunuen Díaz explora en Todo retrato es pornográfico lo que verdaderamente capta la lente fotográfica en una sociedad que está desnuda de prejuicios. El discurso de Díaz reflexiona sobre la imagen, particularmente sobre la fotografía. Encaminada a [re]pensar algunos de los episodios de sexualidad actual, la autora nos ofrece una serie de consideraciones que no se desligan de tres conceptos básicos: imagen, fotografía y sexualidad.
La obra ensayística, de ágil y vectorial lectura, conjunta nueve episodios en un intento de hacerlos paralelos a la narrativa del primatólogo Frans B. M. de Waal, que analoga el comportamiento sexual de los homínidos bonobos a aquel que el retrato evidencia en la fotografía contemporánea. Si bien el análisis se ocupa del sujeto moderno, la autora parece explicar que el hombre es símil a sus emparentados de especie, no sólo filogenética y fenotípicamente sino en la expresión sintomática de su comportamiento primitivo. Con jerga científica, Yunuen Díaz invoca una regularidad de acción y del padecer del sujeto moderno, recordando que la primacía de organización no es del todo su estructura de herencia sistemática sino la relación entre la estructura social que se nos impone como norma y la estructura orgánica que guía nuestro comportamiento. Este particular fenómeno social se evoca en el recurso que la autora nos presenta.
El hombre no se asume ni impone como el único ser sexual en sociedad pero sí como aquel que piensa su sexualidad en el orden de la significación moderna, que se da, particularmente, en la imagen. En el texto «Un palimpsesto sexual o la introducción imposible», Yunuen Díaz hace evidente la preocupación por la fotografía como disciplina, y asoma el problema que le compete a su trabajo: la imagen se posiciona en una topología de la superficie, en una topofesia de lo más profundo que insiste en relatarnos el mundo del imaginario.
El primer apartado, «Ontogenia de la mirada voyeur», es casi un recuento arqueológico (que anticipa el modo en el que se presentará a la obra) de la sexualización de la mirada en lo contemporáneo; la lente del fotógrafo captura y evidencia lo oculto que deja de ser un apéndice accesorio al cuerpo y se vuelve una extensión de él: se genitaliza a la cámara. Abordando el problema que representa la exteriorización total de la subjetividad, Díaz trata el devoramiento del mundo y la socavación de la pequeña mirilla por la cual se visitaba pudorosamente a la imagen erótica. Ahora el telón se abre y en el escenario de la imagen se ponen en juego no sólo el cuerpo y el tabú; sino también la economía, la identidad y la sociedad se contienen en la fotografía. Sin embargo, la autora cae en el juego de los controladores todo/nada pensando que el total imperio de lo erótico anula a lo erótico mismo.
En «Sinapomorfia de la voluptuosidad corporal», por su parte, Díaz presenta el trabajo de Larry Clark al exponer cómo la realidad pone a la sexualidad como centro gravitatorio de la sociedad americana del siglo XX. Desde el sueño utópico de Marcuse por instaurar una «razón libidinal» hasta el regreso al conservadurismo y decaimiento del furor erótico que propició el brote exponencial del VIH, hay un paso trascendental que nos lleva a pensar en el sexo como rito y como rebelión frente el capitalismo. Es en este sentido que, en la «Morfología de la exploración autosexual», Díaz hace un intento por conducirnos a «La paradoja del apareamiento autodestructivo». El deseo y el placer, vistos desde la práctica de Foucault y desde la mano de Deleuze, son la exteriorización de la intimidad y del modo como se experimenta el mundo. La fotografía revela esta vulnerabilidad, este adentro que se evapora en los poros, este abajo que amplía la fractura de la superficie y nos permite ver la distribución y alcance de los códigos sociales. La fotografía revela el registro de lo prohibido; en dinámica de seducción, fotógrafo y modelo exploran el morbo del espectador. Desde las prácticas tabú del desnudo hasta las aberrantes como el bareback, el individuo moderno se violenta arriesgando su vida y transgrede los valores de la sociedad moderna (u occidental, como apunta Díaz). ¿Esta práctica autodestructiva evidencia una sociedad en descomposición? Parece arriesgado asumir este compromiso; sin embargo, es acertado pensar en la prioridad de la vitalidad del presente que reina sobre la búsqueda del placer efímero, del marcescible instante de clímax erótico.
Nuevos valores y nuevas dinámicas de relación se presentan cotidianamente; la altermodernidad nubla la fractura entre lo interno y lo externo. Antes la imagen sólo tenía potencial de supervivencia; el retrato capturaba el momento augurando la posteridad de apreciación del instante. Ahora, la imagen es evidencia de supervivencia misma; la materialidad de los vestigios fotográficos no importa en el mundo de la digitalización: la imagen sobrevive ante la fugacidad del hombre.
En «Filogenética de la selfie sexual» y «Etoecología sexual de los homínidos frente al espejo», Díaz se ocupa del fenómeno actual de la expresión inmediata de la sexualidad en el discurso de la juventud moderna. La respuesta a los órdenes de significación y tecnificación de lo sexual y de la imagen, respectivamente, moldea un nuevo pensamiento acerca de la práctica en sociedad. El sujeto deseante prefiere perdurar como imagen exteriorizándose totalmente; cree que la imagen lo contiene sin ser sólo representación referencial.
Díaz no concluye su obra, pues asume al mundo en constante reconfiguración. El ensayo es una lectura de la sociedad actual a través de la práctica fotográfica moderna que responde a los intereses de exploración de la sexualidad. Ocluye abriendo una nueva puerta, la puerta de exploración del erotismo no como un todo ni como una ausencia, sino como una estructura de un momento particular de nuestra historia.
Portadores del estandarte de la rebelión son Leandre y Clark, Fontcuberta y Kundera, Opie y Butler, Gámez y Leche de Virgen Trimegisto, pero son, más allá de ello, portadores del estandarte de la modernidad que nos es contemporánea. Ya no es la imagen aquello que arde; en cambio, el individuo es quien se consume cuando no es más que la imagen de lo oculto que la lente del fotógrafo ha capturado. Arde el sujeto y queda el rezago del instinto. Queda fija la experiencia en el tiempo.