Tierra Adentro
Ilustración realizada por Pamela Medina
Ilustración realizada por Pamela Medina

No vemos ni entendemos el mundo, lo percibimos

destrozándolo a través de las estrechas categorías

que nos habitan.

Paul Preciado, Dysphoria Mundi

Confieso que se me pone la piel de gallina cuando escucho o leo el adjetivo “femenino” acompañando a la palabra “pensamiento”. “Pensamiento femenino”, dicen, o a veces usan al polifacético movimiento también como compañero de fórmula: “pensamiento feminista”. En otras ocasiones incluso se atreven a hablar de “escritura femenina” o de una visión “crítica feminista”. Como si hubiera que aclarar que el tipo de pensamiento o escritura que se produce desde un cuerpo de cierto género es diferente. Como si pensar o escribir, a secas, no fueran actividades físicas y cerebrales que le pudieran corresponder a una persona del género femenino. Como si todo lo que una escribe o piensa estuviera obligado a incluir la aclaración necesaria de que se produjo en una realidad corporal, identitaria y fenomenológica específica. Como si no tuviera permiso de simplemente escribir o pensar sin preocuparme por mi anatomía o mi género. Como si tampoco tuviera el derecho de ser leída sin ese apéndice que establece, lo quiera o no, ciertas expectativas y parámetros.

Esta sensación de renuencia ante el adjetivo “femenino” es una larga reacción aprendida a lo largo de mis años de formación literaria, filosófica y más recientemente psicoanalítica. Me aventuro a decir que viene de la sensación de incomodidad que me ha provocado que, por ejemplo, por el hecho de ser mujer y para cumplir su cuota de género, me hayan invitado a formar parte de paneles enteramente compuestos de hombres; cuando me llamaron para formar parte de un grupo de lectura sobre marxismo donde, entre decenas de otros participantes, estaba yo como la única mujer; o cuando me encuentro en debates en los que a muchos de ellos les interesa discutir competitivamente para ver quién ha leído más autores, quién puede hablar con más jerga teórica, o elaborar la mejor deconstrucción de tu tesis1. Sobra decir que, a pesar de haber a veces entrado en su mismo discurso, en esos paneles y grupos frecuentemente se descontaban mis argumentos y mi pensamiento como segundones o como notas al pie. No puedo sino pensar que algo tiene que ver con mi posición de enunciación, que algo tiene que ver con lo femenino el que en conferencias, reseñas o debates se tilda a mi pensamiento de “muy bien escrito”, “muy bonito”, o como algo que “suena muy lindo”. Como si mi pensar fuera un accesorio y no una lanza punzante que logra insertarse en las heridas del discurso. Como si la cualidad de belleza estética de la escritura fuera una sombra que no permite ver los eslabones de la argumentación. Como si escribir bien estuviera peleado con pensar bien, sobre todo porque estoy mujer.

Sin embargo, no quiero caer en la trampa más grande que está en el trasfondo de lo que llevo diciendo hasta aquí. No estoy proponiendo desgenerizar ni el pensamiento ni la escritura. Si algo nos han enseñado los nuevos feminismos que se han dedicado a deconstruir milenios de una disciplina filosófica que se pretende neutral y totalizadora es la evidencia de que hablar nunca es neutral. No quiero escudarme detrás de la supuesta asexualidad del sujeto filosófico. No quiero formar parte del distinguido grupo de pensadores (al que se me ha vendido la ilusión de pertenencia) que reconcentran su “testosterona categorial” en un discurso filosófico tradicional. No quiero ser cómplice de la política normalizadora del cuerpo en el capitalismo contemporáneo que crea una ilusión de realismo en la percepción. Quiero dejar en claro que no hay pensamiento sin adjetivos, sin geografía, sin historia o sin género. El que supongamos que hay un “pensamiento puro” sin atributos es resultado de una estética dominante que oculta el hecho de que todo pensamiento forma parte de una historia y está localizado. Aquello que parecería ser el estado “natural” de la “realidad” es en realidad la naturalización de la percepción de una serie de formas moldeadas por los saberes y por el poder. Por lo tanto, mi propuesta no consiste simplemente en tachar los adjetivos y asumir una imposible neutralidad en mi lugar de enunciación.

Quisiera, más bien, rastrear y pensar lo que llamo el estar femenino, que se relaciona con una erótica y un modo de habitar el mundo, pero no es una categoría identitaria. En español, a diferencia de otras lenguas, tenemos la fortuna de contar con dos verbos diferenciados para hablar del ser como una identidad y para hablar, por otro lado, de sus circunstancias y cualidades transitorias: ser y estar. “En el verbo estar se da un concepto de inusitada riqueza. Sabemos que estar proviene del stare latino, estar en pie, lo cual implica una inquietud. El ser en cambio, proviene de sedere, estar sentado y connota un punto de apoyo que conduce a la posibilidad de definir. Un mundo definible a su vez es un mundo sin miedo y en cambio un mundo sometido al vaivén de las circunstancias es un mundo temible. La oposición entre estar en pie y estar sentado implica también la oposición entre inquietud y reposo”2. Es, en este preciso sentido, que me gusta decir que yo estoy mujer, y no que soy mujer. Estoy en pie y no sentada. No uso ser para evitar caer en la ontología de lo femenino, en una definición que destrozaría el mundo para categorizarlo. Pero tampoco me gusta pensar el género como algo meramente performativo, como hacen ciertos feminismos. Hay algo al nivel de la fenomenología y de lo simbólico en el estar femenino. Aunque el estar femenino tampoco es necesariamente la radicalidad del sexo, sí es una representación que incluye mi humanidad en uno de los (múltiples) cuerpos posibles. Prefiero la inquietud del estar, que baila siguiendo el vaivén caprichoso de las circunstancias a cualquier ortopedia del ser.

De esta manera, propongo un pensamiento que esté femenino (y no que sea femenino) y un femenino que esté pensado. Quiero resaltar la bidireccionalidad: el pensamiento moldea las circunstancias de lo femenino y el estar femenino modifica al pensamiento. Es un pensamiento localizado y que habita un cuerpo y, simultáneamente, está siendo el mismo cuerpo pensante. Esto es una erótica y no una sexualidad idealizada ni metaforizada. Es “un efecto sexualizante del discurso”, como diría Malabou. El pensamiento no es sin cuerpo: es éxtimamente somático. El pensamiento esculpe una erótica que permite trazar nuevas conexiones entre la energía libidinal y la actividad pensante.

Si en algún lado habría que localizar el estar femenino sería en el clítoris. Es el único órgano cuya función es exclusivamente el goce y, por lo tanto, no tiene ninguna función. En El placer borrado: clítoris y pensamiento, Catherine Malabou3, habla precisamente de la borradura más significativa en la historia del pensamiento filosófico y psicoanalítico: la ausencia de la existencia anatómica, política y simbólica del clítoris. Durante siglos, no se habló del clítoris en los tratados anatómicos, tampoco se le representó artísticamente y la cultura intentó evitar hablar de su existencia. Aunque, como reconoce la autora, las cosas han cambiado y hoy se reivindica el clítoris desde diversas prácticas culturales, gestos militantes y performativos, así como desde la publicación de libros que conjuran su invisibilidad. Hace falta repensar la geografía estética y ética del goce, que es lo que yo llamo su erótica.

El clítoris, dice Malabou, es un símbolo mudo. Desde Simone de Beauvoir hasta los transfeminismos, pasando por la obra de Carla Lonzi y Luce Irigaray, Malabou va apuntando los intentos de reconocer la variación de formas que ha adquirido el clítoris en medio del patriarcado, la cultura de la clitoridectomía. Su conclusión es lo que me parece la parte más interesante de su análisis: “la líbido clitoridiana no está separada del intelecto. La vigilia de mi clítoris es sincrónica con la de mi cerebro y la línea de fuego se extiende de un extremo a otro de mi cuerpo”. De una sola estocada une lo que veíamos como dos factores en tensión: la líbido y el intelecto, el clítoris y el cerebro. Los une esa “línea de fuego” que incendia tanto al goce como al pensamiento, en el mismo cuerpo. Más adelante hablará también de la “zona clitoridiana del logos” lo cual da cuenta de la bidireccionalidad de la ecuación. Habría entonces que localizar el estar femenino precisamente en esta zona del goce sin principio ni meta del logos: un pensamiento gozante e incendiario.

En una de sus últimas puntualizaciones, Malabou nos dice que le parece importante recuperar el término menos inadecuado para caracterizar la interacción del clítoris y del pensamiento: “lo femenino”. Es “un femenino al margen de la diferencia sexual, al margen de la heteronormatividad. Un femenino de subjetivación”. También tiende un puente y hermana, en su conclusión, al anarquismo con el clítoris. Ambos tienen el destino común de haber permanecido en la clandestinidad y de pervivir secretamente. Pero también comparten un espíritu incendiario que desafía el orden anatómico, político y social con su dinámica que no tiene ningún principio (arché) ni meta. Pero que no tengan un principio no quiere decir que no tengan memoria. Por eso, repite Malabou, “me parece vital no mutilar al feminismo de lo femenino. Lo femenino es ante todo un recordatorio, recordatorio de las violencias ejercidas sobre las mujeres, ayer y hoy, de las mutilaciones, violaciones, acosos, feminicidios. De esta memoria, el clítoris es… el depositario, símbolo y encarnación”.

Comparto con Malabou el deseo de mantener a lo femenino lejos de su uso como adjetivo, como marcador de la diferencia sexual, como cuando suele usarse acoplado con la palabra “pensamiento” o “escritura”. Comparto también la preocupación vital de mantener la potencia histórica de lo femenino como un recordatorio de sus formas de estar que llevan las huellas de la violencia y de la lucha. Por último, comparto su intuición de que no deberíamos de separar la líbido clitoridiana (y su goce, inútil) del intelecto. No deberíamos mutilarle el goce a la actividad intelectual, pese a su falta de utilidad y propósito.

El goce en la escritura está íntimamente ligado tanto con su corporalidad, frecuentemente olvidada, como con la elusión de cualquier meta. Hay un goce que se experimenta en el cuerpo y un goce que está sin cuerpo (el goce-sentido, el goce que encontramos en la escritura y en el pensamiento). El goce es un exceso y un sobrante, es aquello que marca al cuerpo y al habla. Escribir y pensar desde el estar femenino es eludir la contabilidad del goce, el reconocimiento del goce. Para que no sea cooptado por la sociedad capitalista4. El estar femenino considera que el goce y su sentido están unidos por esa línea de fuego que incendia nuestro intelecto y cuerpo, que estimula nuestra curiosidad y abre senderos que todavía no hemos caminado en conjunto, como una comunidad de seres gozantes. Comencemos a imaginar espacios de difusión del pensamiento, la crítica o la escritura femenina que recuperen el goce (que nos han negado, mutilado). Esto implicaría no tener que justificar una vez más nuestra posición de enunciación y pensar un espacio más allá de la segregación, sin aspirar a esa neutralidad imposible en lo que se dice. Escribir y pensar desde el goce, el estar femenino, es estar alerta y ponernos de pie (junto con el clítoris), lejos de las ataduras de las formas que se nos han impuesto, lejos de entendernos a través de identidades y formas de “ser” estáticas y estériles, con poca imaginación. En vez del álgebra de las igualdades, propongo una topología del goce intelectual.

Ya hay algunos intentos de comenzar a pensar desde este espacio femenino del goce intelectual (desde el clítoris). En los últimos años se han fundado diversos espacios y plataformas de crítica literaria y de pensamiento crítico que están escritos desde nuestro estar femenino. Muchos de ellos tienen el mérito de crear nuevas distinciones y lugares de enunciación que no existían y que muestran la potencia viva en la obra de artistas y pensadoras. Un buen ejemplo de ello es el pódcast y enciclopedia de Hablemos, escritoras, que se dedica a la difusión y promoción de literatura, crítica, y traducción escrita por mujeres en español. Hace ya varios años el pódcast difunde reseñas, recomendaciones, entrevistas con autoras, editoras y pensadoras. Es un ambicioso y valioso foro que le da voz a la crítica y creación hecha por mujeres, para todo tipo de público. Hay otros espacios como La Coyol Revista, una publicación independiente que visibiliza la diversidad de voces de las mujeres en el ámbito literario y artístico. En diversos medios ya existentes, como aquí mismo en Tierra Adentro, también se han abierto espacios exclusivos para creadoras y se dedican números enteros a pensar y difundir el arte hecho desde el estar femenino.

Sin duda hay una diferencia radical entre aquellos espacios sesgados hacia lo masculino en los que se nos hace el favor de invitarnos para llenar una cuota y estos espacios femeninos. En los primeros, se abren las puertas al pensamiento femenino para cumplir con las demandas de un mundo que ya no se queda callado ante las desigualdades. Es decir, nos dan permiso de existir en sus espacios pero bajo sus términos y prerrogativas, siempre y cuando sigamos las normas de su amable invitación. Todo para satisfacer la aritmética de los supuestos números de la “igualdad” presupuesta(da). Al contrario de esto, los espacios femeninos se imaginan desde la apertura de un espacio exclusivo que no ha sido jamás permitido y con el propósito específico de exhibir y mostrar las voces de mujeres. Tienen la virtud de no tener quizás normas implícitas tan definidas, precisamente por ser espacios jóvenes y de vanguardia. Pero el hecho de hablar de escritura femenina e invitar al pensamiento femenino por el mero hecho de su feminidad también termina por ser otra forma de contabilizar el goce, de intentar balancear la ecuación de la igualdad.

Hay que navegar estas aguas simbólicas con cuidado. Rápidamente los símbolos devienen mercancía en nuestro escenario social capitalista al que le encanta la inclusividad. Ya ha pasado, con el ecologismo, el feminismo y hasta con los movimientos LGBTIQ+, que el mercado ha cooptado para integrar los nuevos mensajes. Si bien, estos espacios de pensamiento son logros que hay que celebrar y difundir, será necesario también ser críticas de ellos. Porque lo que menos quisiera es que estos espacios actúen como un refuerzo de las identidades normalizadoras y operen a favor de la fragmentación de la unidad en la que cada movimiento se centra en su propio sujeto, sin darse cuenta de la interdependencia del sistema de dominación (del poder del capital que, en última instancia, es la contradicción dominante de nuestros tiempos). Me gustaría que estos espacios estuvieran menos teñidos de ínfulas de grandeza por el mero hecho de ser pioneros y que romanticen menos su marginalidad (no por ser el único espacio exclusivo sobre mujeres hay crítica de calidad). Me gustaría que su estilo fuera más sencillo y menos cursi (estoy cansada de la “importancia” de la obra de fulanita, la autobiografización de las lecturas críticas, los calificativos de libros que “tocan muchos miles de almas” y resultan “inolvidables”, o de lecturas que nos invitan “a reflexionar en torno a lo que significa ser mujer en los tiempos en que vivimos”).

Me gustaría que los espacios de crítica fueran realmente críticos y que no den por supuesto las categorías que explotan (¿se pueden criticar las obras y las críticas, escritos por mujeres, llenos de clichés gastados que no funcionan?, ¿alguno de estos espacios cuestiona sus categorizaciones, su ser femenino?). Me gustaría un pensamiento con más imaginación y que abrace la multiplicidad, y menos discursos anclados en la vieja dialéctica del amo y del esclavo, reduplicando la lucha por el “reconocimiento” del otro. Me gustaría que las propuestas no se den por buenas solo por el hecho de que “visibilizan” o “dan voz” a lo que hasta ahora había sido invisible o silenciado. Me gustaría que creáramos comunidades que no pasen por las identidades y las demandas de la producción. Me gustaría más un estar-en-común, más cercano a una erótica compartida que a una definición del esencialismo del ser-otro. Me gustaría poder salir de la victimización incesante y de las excesivas heridas narcisistas, los demasiados pronombres e identidades. Me gustaría seguir pensando el estar femenino y lo que significa hablar desde el clítoris (del pensamiento).

Ilustración de Pamela Medina

Ilustración de Pamela Medina


Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.

Ilustrador
Pamela Medina
Es ilustradora, dibujante y caminante. Estudió Diseño y Comunicación Visual y el diplomado “Casa: Ilustración Narrativa” en la FAD de la UNAM. Ha ilustrado libros para Ediciones Castillo, Editorial Planeta y Libros UNAM. También ha colaborado en revistas como Chilango, La Peste y Aire. Su obra ha sido expuesta individualmente en Guatemala, así como en muestras colectivas de ilustración desde 2017 en México, París, Praga y Uruguay. Actualmente forma parte del equipo de Pictoline, una empresa de divulgación ilustrada.
Ilustración realizada por John Marceline
Ilustración realizada por John Marceline

Llegó marzo y las jacarandas se llenan de flores, inicia el bullicio de las movilizaciones por el 8M, sentimos gusto, enojo y tristeza, por la visibilización extra que se le da a nuestras miradas y reclamos. Marzo es, desde hace unos años en nuestro país, el mes de la mujer, de lo femenino, de las reivindicaciones y de las luchas, de las mareas verdes y moradas. Es, también, el mes en el que recordamos con más dolor a las que ya no están, donde las injusticias se ven peores, donde volvemos la mirada a lo mucho y lo poco que se ha logrado, donde recordamos a las mujeres que han formado nuestra mirada con la suya: que nos han mostrado maneras radicales de amar, crear y sentir.

Es en el marco de este mes de jacarandas, que tengo el enorme gusto y honor de presentar el trabajo de 26 autoras y autorxs que, a lo largo del mes, compartirán sus miradas en esta revista. Sus trabajos —23 textos entre los que tenemos poemas, entrevistas y ensayos, 12 ilustraciones, 1 cómic y 1 fotoreportaje— son, a la manera del narrador gentil de Olga Tokarczuk, un acercamiento radical a una reivindicación de lo que Laura Mulvey llamó “la mirada femenina”. La reivindicación del enojo, de la ternura, de la sororidad, del poder de ser e identificarnos como mujeres desde la aceptación plena de todo lo que nos hace estar vivas: lo fácil y lo doloroso, lo que da miedo y lo que da rabia, lo que nos inspira y lo que nos intriga; las realidades que nos rodean, los problemas sistémicos que nos oprimen, las formas de pensar variadas que nos llevan a cuestionarnos nuestro entorno y las victorias que nos han unido. En este especial, se contarán esas perspectivas por medio de las obras y vidas de autoras y artistas revolucionarias, a partir del trabajo constante de colectivas y desde nuestras inquietudes y reflexiones personales.

Las autoras y autorxs que conforman este especial, abordan lo femenino preguntándose si realmente existe algo que podamos llamar una “escritura de mujeres” (Sofía Saravia), dan un panorama y retrospectiva de la dramaturgia escrita por autoras en nuestro país (Gabriela Román), o incluso se preguntan si las distopías escritas por mujeres son esencialmente distintas a las escritas por hombres (Andrea Chapela); presentan proyectos literarios que otorgan un espacio de creación puramente femenino (Patricia Rodríguez), que reclaman la visibilización de la habilidad de las mujeres para realizar labores de reparación del hogar (Aimeé Valenzuela) o cuestionan las posturas detrás de esos espacios (Christina Soto van der Plas); indagan si nuestra mirada es realmente diferente de la masculina (Oralia Torres de la Peña), exploran la relación entre violencia, estándares de belleza y roles de género (Ghada Martínez), exponen las exigencias de una sociedad patriarcal (Mónica Quant); hacen una retrospectiva del movimiento feminista contemporáneo en México (Alicia Hopkins Moreno), capturan momentos esenciales del 8M (Cynthia Pombo); rescatan figuras tan olvidadas como únicas en la historia de feminismo mexicano (Ana de Anda), o resignifican figuras que han sido demonizadas en el imaginario cultural religioso (Lupita Zavaleta); exploran temas como la maternidad (Lucía Rueda), el amor (Joana Medellín) o la amistad (Dafne Díaz).

Todo esto, partiendo desde la obra, la mirada y la influencia de Rita Segato, Octavia Butler, Elena Garro, Diane Arbus (Aniela Rodríguez), Nahui Olín (Meryvid Pérez), Amparo Dávila (Lola Ancira), Pita Amor (Bibiana Camacho), Juana Belén Gutiérrez de Mendoza, María Sabina (Moriana Delgado), Agnès Varda, Inés Arredondo (Priscila Palomares), Catherine Malabou, Margaret Atwood, Nnedi Okorafor, Laura Mulvey, Cho Nam-joo (Bárbara Armendáriz) y Mieko Kawakami (Sara Odalys Méndez).

A lo largo del especial, contaremos, además, con las ilustraciones de John Marceline y Pamela Medina para acompañar algunos de los textos.

Será un mes lleno de cuestionamientos, distintas maneras de ver el mundo, luchas compartidas y nuevas. Un marzo en resistencia, pleno con nuestras miradas, lleno de nuestras voces, nuestros dolores, alegrías y maneras de leer, crear y percibirnos de una forma total y radicalmente nuestra. Espero que la lectura de cada uno de los textos sea tan placentera para ustedes como lo fue para mí su recopilación y edición.

 


Autores
(Ciudad de México, 1995) Es dramaturga y editora. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Portada "Tenbilal antsetik / Mujeres olvidadas" de Susi Bentzulul. Fondo Editorial Tierra Adentro.
Portada “Tenbilal antsetik / Mujeres olvidadas” de Susi Bentzulul. Fondo Editorial Tierra Adentro.

Tenbilal Antsetik/Mujeres olvidadas de Susi Bentzulul (San Juan Chamula, 1995) es un libro en lengua maya-tsotsil/español, con poemas de denuncia social y destellos de lirismo que surge de la rabia. Bentzulul se inserta en la amplia tradición de mujeres escritoras en lenguas mexicanas y originarias, su poesía se distingue por un registro personal que atiende a la colectividad.

Atravesados por distintas circunstancias y tipos de violencia, el libro se organiza en tres apartados como ejes temáticos: Yayijem Ch´uleletik/ Almas heridas, Pojbil nopbenal xchi´uk takupal/ Cuerpos y sentimientos despojados y Ts´ijil ayejetik/Voces silenciadas. Bentzulul expone temas abiertamente personales e íntimos, por ejemplo, su condición de mujer en un mundo hostil donde otras mujeres, las de su entorno familiar como mamá, abuela, amigas, vecinas; han sido apocadas y vulneradas históricamente:

Una herida sangra en mi alma./Es el recuerdo de mi madre que llora/y moja la lana de sus borregos./Por cada hebra, mil lágrimas./Mi madre teje un silencio largo./Una herida sangra en mi alma./Es el recuerdo de mi madre batiendo/su desesperación en una jícara./Mi madre bebe su dolor.

También expone temas de problemática social como el abuso doméstico, sexual y los feminicidios: Una mujer arrojada a un baldío/es un cadáver agusanado de silencios,/un rostro mutilado,/un vacío descarnado. El argumento de que lo personal es político hace que durante todo el trayecto de lectura, se cifre la voz y cuerpo femenino fuera del mercado de la mujer perfecta y se rompa con las estructuras centradas en la idea de la delicadeza, la mesura.

La poesía de Bentzulul denuncia a través del yo poético y en tercera persona del femenino, el poder de las palabras en la lengua maya-tsotsil, donde irrumpe el estatus textual, donde lo bello no solo es afable sino también estrepitoso. Aquí otra crítica, escribir en una lengua originaria es también resistir en un país que desestima la vitalidad de lo heterogéneo. En estos poemas, hay una noción exacta sobre la precisión y urgencia de alzar la voz con todos los costos que lleve. Poemas no solo arrebatados por decididos, sino porque el mapa del oprobio toca los cuerpos y las vidas de las personas.

Bentzulul arraigada en San Juan Chamula, enuncia desde el lenguaje literario, los lugares donde las mujeres sobreviven y también mueren ante la ruindad de las estructuras del poderoso, véase el padre, estado nación o paralelo: Mi cuerpo es una fosa./Una fosa donde mi padre arrojó mi infancia,/una fosa donde mi alma se pudre./Una fosa con olor a olvido./ Mi padre desagarra mis sueños,/lastima mi piel, escarba sobre mi cuerpo para llenarme de dolor,/descompone el canto del amanecer con sus gemidos.

La poesía de Susi Bentzulul atiende totalmente a nombrar y mostrar para volver a sentir ese horror e infamia, a los que estamos tan acostumbrados, en un territorio que parece una fosa entre dos lenguas que se arrebatan para agitar el descontento y hacer de la protesta una norma: Si un día no vuelvo a casa/-si un día desaparezco/o me encuentran muerta-,/no llores mi muerte, madre mía./Pero te pido que tomes la fuerza de las abuelas/y busques justicia/por todas las mujeres asesinadas:/mujeres con nombres,/con historia y sueños:/mujeres atrapadas/en un laberinto de lágrimas.

La belleza se manifiesta desde la denuncia social y crítica del sistema que tiraniza la diversidad de nuestra cultura. La poesía de Susi Bentzulul es natural como un río caudaloso, no se puede eludir. Por ello, nos recuerda a la obra de la poeta en lengua zapoteca Irma Pineda y la poeta en lengua zoque Mikeas Sánchez, ya que sus registros de escritura hacen una fuerte crítica social con tintes documentales, donde se manifiesta la experiencia de la inercia legislativa, la desaparición forzada, el cataclismo ambiental, el racismo.

Susi Bentzulul como poeta, feminista y promotora de los derechos de la población indígena, nos ofrece en este libro, poemas desgarradores con una intención y un discurso claro y preciso, la palabra que se ejercita para llevar a una reflexión y acción contundentes ante la ignominia y la guerra contra las mujeres: Unos hombres me golpearon,/me dejaron en agonizando en un baldío/con los pechos desgarrados/y la sangre ahogada en mi vientre./ Pensé que acabaría como otras niñas:/desterradas de la historia/con los sueños pudriéndose en una bolsa de basura.


Autores
(Monterrey, 1979). Poeta y gestora cultural. Ha publicado los libros de poesía: Larga oda a la salvación de Osvaldo en co-autoría con Sergio Ernesto Ríos, iremos que te pienso entre las filas y el olfato pobre de un paisaje con borrachos o ahorcados y Lo mejor que damos. Antología personal. Actualmente colabora con Benjamín Moreno en el proyecto de experimentación textual, visual y tecnológico Benerva! Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Ilustración realizada por Mariana Martínez
Ilustración realizada por Mariana Martínez

Tsätslel cha’añ ma’añik ñajäñtyel

 

Aña’tyäñtytel yä’äch añ tyi uj tyi uj,

añ ñajäñtyel ñäch’älbä mi ichaleñ tsäñsaya yik’oty ñajäñtyel k’uñtye’ wälwälñabä,

mach juñlajalik isäkläñtyel weñlel, ka’bälob machbä añik ikisiñ mi ch’ämob,

joñoñ mi kpekañkbäj ma’añik mikloty ñäch’tyälel

kujil jiñi ik’yoch’añbä  wolibä ityilel tyi chämel k’iñ,

k’ixiñ ik’ ity’añob wolibä its’uytyälob tyi jajbotye’,

ach’päk’añbä lum che’ tyi yojlil ak’lel mi iloty ña’tyäñtyel,

tyam ñatylel cha’añ yom ijisañ jiñi oño’ty’añ,

tsatsbä ijap ik’ ty’oxja’,

jiñi chajk yä’äch añ mi ik’extyañ ibä

cha’añ mi iyajñesañ majlel itsukulel yik’oty iyaxñalel jiñi k’iñil  tsa’ixbä ñumi

cha’añ ma’añik käñi’bal.

 

Mi kñatyañ tyambä axämbal cha’añ awom acha’ bek’ yambä ch’ijiyembä awälas,

jiñi letyo machbä añix isujmlel,

jiñjach awom ajisañ iyejtyal kpäk’ilob,
jiñi kwuty tsa’ix ik’ele bäbäk’eñbä  yik’oty pujkebä chämel ch’ich,

ixku kpächälel tsa’ mejli tyi ñuki u’k’el yik’oty k’uxel.

Tsatslel cha’añ ma’añik ñajäyel.


 

 

Resistencia al olvido

 

Tu memoria intacta en cada luna,

hay olvido que mata en silencio y un olvido que murmura lento,

combates en desiguales y se cuelgan hipócritas apropiándose,

yo me nombro y no guardo silencio,

sé de la oscuridad que viene por donde muere el sol,

tibio es el aire de las voces que aún se cuelgan por la rendijas,

humedad de tierra en la media noche que guarda la memoria,

largo es el tiempo de deseos de consumir la palabra ancestral,

el aliento de arcoíris es firme y resistente,

chajk es constante y cambiante

ahuyenta la cobardía y la sombra de días consumados por la ignorancia.

 

Sospecho de tus largas travesías por derramar otra triste fantasía,

de esa guerra sin sentido,

mas que el deseo de acabar con la resistencia ancestral,

mis ojos han visto crueles y sangrientas muertes,

y mi piel se ha cubierto de lagrimas y dolor.

Resistencia al olvido.

 

Nota: Poema realizado con el apoyo del SNCA 2022.


Autores
Juana Karen Peñate Montejo es una escritora, docente y traductora mexicana. Licenciada en Derecho por el Centro de Estudios Superiores de Tapachula CEST, Chiapas. Realizó cursos y diplomados en creación literaria. Se desempeñó como traductora de leyes en lengua ch’ol en el Centro Estatal de Lenguas, Arte y Literatura Indígenas CELALI. Se desempeñó como docente en educación primaria bilingüe y profesora en la Universidad Intercultural de Chiapas UNICH, sede Yajalón. En 2002; fue coordinadora de proyectos culturales del H. Ayuntamiento de Tumbalá y conductora del programa de televisión Las voces de siempre del Canal 10. Inició su trabajo literario publicando poemas en la revista Nuestra Sabiduría (Chiapas). Obtuvo el tercer lugar del concurso de cuento Y el Bolom dice, y el Premio de Poesía Pat o’tan. Ha participado en diversos recitales, foros y conferencias entorno a la cultura de los pueblos originarios.

Ilustrador
Mariana Martínez
(Ciudad de México, 1996). Novelista , editora y copywriter. Egresada de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la carrera de Escritura Creativa y Literatura.
Ilustración realizada por ChangosPerros
Ilustración realizada por ChangosPerros

Tlan xaklixakgatlín

Tlan xaklixakgatlín lantla talakgxtamikán,

tuntlanta tamaklakaskín

chu lantla xlilhuwa lhkuyat talakaskín.

Tlan xaklixakgatlín lantla chuwanít

lapaxkit nkimakni’,

lantla tlikgoy xpipilekg kkimpan.

Tlan xaklixakgatlín lantla

kilikaxyaway lekgokgot pa’pa,

lantla stlan tamakgkatsí kkimaknikán

akxní lakachín xasasti lekgokgot.

Wampi kaxman nitlan wun chu takatsanawa

klakgapas

chu lantla kilimakgamakglhtinat lekgokgot

wata katalakgapasa kmakgamakglhtinama.


 

Podría contarte

Podría contarte cómo se hace el amor,

los ingredientes que lleva

y la cantidad de fuego que se necesita.

Podría contarte de la felicidad

impregnada en mi piel,

de las mariposas que cantan en mi pubis.

Podría contarte de la luna que coloca

una flor en mi vientre,

del gozo que estalla al abrirse un cuerpo

para recibir un nuevo ser.

Pero solo sé del dolor y de la maldad del viento

y en vez de dar a luz

a punto estoy de parir la oscuridad.


 

Xanat

Kmaskiwipatanán xanat, kgawa,

nikitimakglhtín milichixkú’,

klimakgalhtawakgapatanán mi nakú

lantla natakgalhchiwinana mintalipuwán.

 

Kmapuxtunipatanán mintapunu,kgawa,

klichiwinampatán pi akin chixkuwín

nikaxmán lakgapasaw lanikat, lalekgamanant,

klichiwinampatán lantla xanaja mintachiwín.

 

Nikitimakglhtín milichixkú’ laakgapixtit

kmapunupatanán xaxanatwa mintapunu’

wa imá limanín nikintikamasipanín

lakum masipaninán lalakgmakganat.


 

Flores

Déjame regalarte flores, compañero,

eso no te hace menos hombre,

quiero enseñarte a leer tu corazón

a comunicarte con las gotas de tus ojos.

 

Déjame desnudarte, compañero,

desmentir que los machos solo saben

de golpes y malos amores,

quiero decir que tu lengua es de flores.

 

Un abrazo no te hace menos hombre,

déjame ponerte la camisa rosa,

un color derrama menos sangre

que la espina del odio entre nosotros.


Autores
Nació en Ixtepec, Puebla. Es poeta, traductor, locutor bilingüe y promotor de la lengua y cultura totonaca. Es autor de los libros Xtachiwinkán likatutunaku kachikín / Voces del totonacapan, editado en 1999 en la colección Letras Indígenas Contemporáneas por Conaculta-INI, Tlikgoy litutunakunín / Cantan los totonacos, publicado por la CDI en el 2008, y Kxa kiwi tamputsni’/ En el árbol de los ombligos, editado en 2012 por el Centro de las Artes Indígenas del gobierno del estado de Veracruz y Nitu wantu nitlan /Nada es perverso, editado en 2022 por Alcorce Ediciones. Su obra forma parte de diversas antologías de poesía. Ha participado en múltiples eventos nacionales e internacionales y parte de su obra ha sido traducido al inglés, portugués y al idioma tamil. También han sido publicado en diversos periódicos, revistas y suplementos culturales del país y del extranjero.

Ilustrador
ChangosPerros
Carlos Dzul. Villahermosa, 1983. Dibujante y monero. Ha sido becario del PECDA y el FONCA. Premio universitario de cuento Punto de Partida. Escribió una columna sobre cómic (Great Sioux Nation) en el diario Tabasco Hoy. Finalista Secuenciarte (Pixelatl) y residente de la CAZ, en 2022. Autor de las compilaciones de viñetas Existir es de Nacos, Mi Mundo Ideal y Viñetas para Enamorados y de los libros de cuentos Choto y Simón Clarinet (autoedición). Realiza historietas personalizadas y publica tiras cómicas en redes sociales bajo el nombre de ChangosPerros.
"Mujer indígena", fotografía de Ainhoa Sánchez. Recuperada de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)
“Mujer indígena”, fotografía de Ainhoa Sánchez. Recuperada de Flickr (CC BY-NC-ND 2.0)

Tëë ja o’ojkën yukwepy tyëjk’ayo’oy

Näx mkaweeuuky

ketee jam xux x’atan

jekyë’p ëjts n’ejxn ku mejts

mxeky jam tseenpatki’py

tëë ëjts n’ejxn xë´n japom japom aya’aky mjënkon

¿ja tii ku mkitimy jä’äty?

¿Ja tii ku tëjk’ää xkitimyjënkexy?

Näx

tsëën pokx

jamyët’äjtëk ëjts

mejts tsyää kyaxi’iky pety mtsë’ëjkëp

wa’ntejn x’ataty ku tëë mtu’utëkey

ok wa’ntejn kajanaxy mejts xtimypa’ayeyy

Wejtstëë yë’ mkäjts yukwop jëënpa’äjy

wa’n në’netyë’n jo’kxtëk

japaan tyëkey jëts jëënpäjk pye’tsnët

jä’m nëmajtsk apijxyë’n

kowanë’m yä’ät muutsytyëjk tyaxuxë’t

kowanë’m ëjts nweenjujky koost’äjtë’n t’expäät

Näx

ka’t ëjts njënmay ku nak’jëxookë’t

ëjts jamyëët’äjtë’k

tsyää waan ntamëmatya’aky xë’nten yakjäw

ku apäk ntsënä’äyën

jëts mejts xtamëmatyä’äkt pën jantsy ku jatëkojk

yak ejxp yak pätp pënety ojts yää naxwiiny tëë nyäjxnë’t

 


La muerte es una mujer con rebozo

Entra y toma café

no tienes que esperar bajo el frío

te he visto desde hace tiempo

acechar detrás de ese ocote

te he visto cada dia acercarte lentamente

¿por qué tardas tanto?

¿por qué no tocas aún la puerta?

entra

siéntate y descansa

hazme un poco de compañía

pareces más aterrada que yo

tal vez piensas que te has confundido en el camino

o tal vez solo te invade una inmensa lástima

Extiende tu rebozo de bolita aun lado del fogón

deja que se entibie ligeramente

poco falta para que el carbón se apague

esperemos aquí, juntas

hasta que el adobe de esta casa se enfríe

hasta que mis pupilas encuentren la espesa negrura

entra

no pretendo retrasarte

hazme un poco de compañía

mientras te platicaré sobre las soledades

que en esta casa habitan

y tú, puedes hablarme

sobre aquellos posibles reencuentros.


Autores
Trabajadora Social, poeta y traductora Ayuujk (Mixe) originaria de San Pedro y San Pablo Ayutla Mixe Oaxaca. Cuenta con una especialidad en Modelos de intervención de Trabajo Social con Personas Mayores por la Universidad Nacional Autónoma de México, ha participado en diversos proyectos y recitales de poesía, sus poemas han sido publicados en medios digitales como MEUI Revista Cultural, Revista Tierra Adentro, Gusanos de la memoria, Revista Tlatelolco y Desinformémonos, es becaria del Fondo Nacional Para la Cultura y las Artes en la categoría de Letras en Lenguas Indígenas, así mismo participa en la creación de material audiovisual en su comunidad para la difusión de la lengua ayuujk y para fomentar la participación de las personas mayores dentro de ella.
Ilustración realizada por Mariana Martínez

¡Ili ji’ibäkel tsa’ixbä isik’iyob ja’!

¡Ili ji’ibäkel tsa’ixbä isik’iyob ja’!

Mi ibäch’ob ibä tyi iwi’tyak tye’.

Che’ mi jkochel tyi ja’, jiñi baktyak,

mi its’äpob ibä tyi kpächälel.

Mi kp’ech kchikiñ.

¡Wulwulña tyi ty’añ kñojtye’elob

tyi ityamlel ñoj ja!

 

La arena del río Tulijá

¡La arena del río Tulijá

son huesos de ahogados!

Se arropan de raíces y hojas de sabinos.

Esperan vestirse de otra piel.

Al sumergirme

se incrustan en mis poros.

Escucho.

¡Son voces de mis ancestros

nadando en la eternidad!


Autores
Es maya-ch’ol de Pactiún, Tumbalá, Chiapas. Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana. Autor del libro de poesía Mayinaj (2021). Ganador en los siguientes certámenes de poesía: Alas de lagartija 2022 con la obra: Ixälbal k’iñ: El recorrido del sol, en Canto floral. Nueva lírica para los árboles 2021 con la obra Isoñ tsimiltye’: Danzas de la ceiba. Editó la antología de poesía ch’ol Iwejlel k’uk/Vuelo de quetzal, (2020). Actualmente es docente en el nivel indígena y miembro de la Organización Cultural Abriendo Caminos José Antonio Reyes Matamoros, San Cristóbal de las Casas, Chiapas

Ilustrador
Mariana Martínez
(Ciudad de México, 1996). Novelista , editora y copywriter. Egresada de la Universidad del Claustro de Sor Juana en la carrera de Escritura Creativa y Literatura.
"Luna", fotografía de Angel Valdez, recuperada de Flickr. (CC BY-SA 2.0)
“Luna”, fotografía de Angel Valdez, recuperada de Flickr. (CC BY-SA 2.0)

Zi Zänä

 

Dätso̲,

ra zí dänga tso̲

ya ts’ints’u̲ bí käi, ya tsimxi

ra ‘bo̲ngui bí käi ha ra t’o̲ho̲

bí yopi ra zí te ha ra yu̲hyadi

otho ya njohni, ha ra mahets’í bí ja ya te

zu̲ni ya kuixi, ra k’u, ya do̲ni, ra hmuthä

hñäto ‘banjua, ra tu̲mu̲ bí ko’tí yá hwa

ya antiwa thuhu ha ra zí Zänä, ya ‘ye̲za

bí ndäpotho,

K’eñädehe,

ra zí do bí thuhu, xudi ha xudi

ya nsunda jä’i bí pobo ra ndähi, ho’ti ra hai:

Nsunda ha ya Zabi né ya Ju̲ts’i,

Nsunda Po̲the, ra Däthe, né ra zí Dox’u

mí hñäts’i ra gätu̲, ha ya zahwa ‘randi ringa’ti

ra hwähi, ra te ha ra Ximhai

ra dängo ya do̲ni ha ra zi wädri

ra te né ra ntho̲’mäte bí to̲’mi:

Xithi 13

 

Madre Luna

 

Dätso̲1,

Lucero del Atardecer

descienden pájaros, caracoles

la neblina comienza a descender

renovación de vida por el poniente

invade el silencio, fragancias de cielo

cascabeles, chía, flores, mazorca de maíz

hñäto ‘banjua2, mariposa detiene su aleteo

cantos antiguos en giros de Luna, ramas

entrelazadas en espiral,

K’eñädehe3,

roca ígnea canta, sombra en sombra

seres sagrados humedecen el aire, acarician la tierra:

Señora de los Jagüeyes y de los Pozos,

Señora del Manantial, del Río, y de la Sal

tierra sembrada, fertilidad en la Tierra

la fiesta de flores

la vida y su espera:

Xithi 134


Autores
Tallerista comunitaria, poeta y escritora ñähñu. Cofundadora del Proyecto Cultural Ya mfeni. Ha publicado narrativa, ensayo, poesía y artículos de difusión cultural. Obra suya ha sido traducida al holandés e inglés. En 2022 le fue otorgado el Premio Estatal “Orquídea de Plata”, Finalista del Certamen Internacional 500 años de México Tenochtitlan (2021) convocado por las Editoriales: Vozabisal, Cisnegro y El Ala de la Iguana, Segundo lugar Premio Nacional al Estudiante Universitario en la categoría“Poesía José Emilio Pacheco”(2019), Premio “Ra noya ma ya 'bu̲ do̲ni” / “La Palabra Antigua Florece” “Francisco Luna Tavera”(2017), entre otros reconocimientos.

Ilustrador
Angel Valdez