Acudía a ese lugar todas las noches, esperando que al amanecer los ídolos abandonaran el sueño conmigo, convertidos en figuras sustanciales, graves y silenciosas, con el peso y la consistencia de las piedras.
“La película más terrorífica de la historia”, “una parábola de la eterna lucha entre el bien y el mal”, es decir, El Exorcista como epítome del género de terror, y que al mismo tiempo “trasciende” (signifique lo que esto signifique) el género.
Una de las consecuencias más sofisticadas del pensamiento de san Francisco de Asís en la cultura cristiana —y, por tanto, en el mundo occidental— es la reivindicación de la naturaleza como locus theologicus, un lugar desde donde reflexionar el papel de lo divino y su relación con el ámbito material.
Louis Aragon le advirtió a todo aquel comentarista que se quisiera acercar a la obra de Tristan Tzara lo siguiente: “Dios sabrá lo que querrán hacer con este hombre cuya corbata les resultará imposible de alinear.
Tengo en mis manos el librito de las Poesías de Ósip Mandelstam
y, a un lado, el grueso volumen de memorias de su mujer, la heroica y porfiada Nadiezhda Mandelstam.
Caminaré adonde mi naturaleza me lleve,
pues me humillaría elegir otro guía
Allí donde pastan entre helechos los grises rebaños,allí, a la montaña, donde brama el viento salvaje.
En 1923 se imprimió como novela El inimitable Jeeves, un libro conformado por once relatos conectados entre sí y previamente publicados en diversas revistas, donde generaron tal sensación entre los lectores que la editorial Herbert Jenkins consideró una gran estrategia juntarlos en un solo tomo para su distribución y venta.