Ricardo Guerra de la Peña tiene facha de estrella de rock: cabello despeinado, andar lento y finta desaliñada, pero a la vez, paradójicamente, viste bien y tiene un excelente estilo; quienes lo conocen mejor saben que es en parte una especie de mirrey renegado.
Pero sí, oirás de pronto esa palabra —como ahora, donde esté Pavese oye la nuestra—, sentirás la anhelada presencia, el esperado signo de un ser que desde otra isla oye tus gritos, alguien que entenderá tus gestos, que será capaz de descifrar tu clave.
Alguien, que podría ser nadie en especial, desaparece por un período de tiempo de larga o corta duración y regresa convertido en el “gran hombre medicina”; pero nadie nunca sabe con precisión qué le ocurrió.