Tierra Adentro
Fotografía por Víctor del Valle

Un óleo cuatrocientas veces maldito, un frente agrario homofóbico, un brote de violencia en el recinto cultural más importante del país: en la diligencia de cubrir la nota sobre la más reciente protesta de la Alameda Central, se entremezclaron activistas y prensa LGBTIQ+ ante la violencia simbólica que demandó el líder de los grupos que ayer por la tarde tomaron el palacio de Bellas Artes. 

 


 

La noticia llegó poco después del mediodía: centenares de personas se habían reunido en el interior del Palacio de Bellas Artes para exigir que se retirara una pieza de la más reciente exposición “Emiliano: Zapata después de Zapata”, que conmemora el aniversario luctuoso del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata. Los miembros del Frente Auténtico por el Campo, integrado por cuatro organizaciones campesinas, la Unión Nacional de Trabajadores Agrarios (UNTA), la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC), la Coalición de Organizaciones Democráticas Urbano-Campesinas (CODUC) y el Movimiento Social por la Tierra, tomaron las instalaciones del Palacio y no dejaban entrar o salir a nadie. 

 

Fotografía por Víctor del Valle

Fotografía por Víctor del Valle

 

Además del escándalo en algunos círculos cerrados y grupos de Whatsapp de reporterxs, nada en la ciudad parecía indicar lo que ocurría. Las constructoras seguían erigiendo complejos habitacionales a su ritmo usual, y en las esquinas de Reforma mujeres indígenas vendían su mercancía como todos los días. 

“Zapata es del pueblo” me dijo ayer Luis Vargas, curador de la exposición en cuestión. Zapata es ingobernable. Sus palabras caen con el peso de una espada de doble filo. 

¿Qué es una revolución, a fin de cuentas? Un cambio, dicen algunos. Una vuelta. Una palabra demasiado cíclica: de revolución en revolución la rueda se encontrará siempre con aquellos puntos que había dejado atrás. Un cambio, dicen algunos. Pero para ciertos grupos los símbolos permanecen en un altar alejado. Siguen sacros. Siguen conteniendo una carga simbólica innegable, una importancia semiótica que dicta cómo debe comportarse el cuerpo abigotado y con sombrero de charro. Que dicta cómo debe comportarse el cuerpo. 

El Frente Auténtico del Campo ayer reveló ser uno de esos grupos.

Se sentaron al frente de la escalera que comunica la recepción con los pisos superiores, donde se encontraba la galería. Nadie sube, nadie baja, era la respuesta con que se encontraban lxs reporterxs, entre lxs cuales me encontraba. Desde arriba, trabajadoras y trabajadores de Bellas Artes miraban hacia el centro del edificio, resignados a esperar el momento en que pudieran salir. Desde abajo, la gente husmeaba con murmullos que quedaban entre el hastío y la tensión. 

 

Fotografía por Víctor del Valle

Fotografía por Víctor del Valle

 

Luis Vargas, quien estaba dentro de Bellas Artes sin posibilidad de salir, presintió la violencia desde el momento que entraron: había una posibilidad real de que las banderas dañaran los murales que alberga el recinto. Además, la demanda de censura de la pieza no auguraba ninguna posibilidad de diálogo. Me contó que incluso se le hizo una invitación al grupo a visitar la exposición, la cual declinaron. “Es triste porque es una posición que habla desde la intolerancia y la imposición, y creo que eso no es una manera democrática de convivir.” Hasta ahora, no hay señal de que se haya dañado ningún mural.

“Si quiere hacerle preguntas a alguien, hágalas al profesor. Él es el portavoz de todo este movimiento”, me dice una de las abanderadas que se encontraba rondando las inmediaciones. El profesor, Álvaro López Ríos, respondía de forma seca a las preguntas que se le hacían. Su posición oficial: se quedarían plantados hasta que se retirara el óleo “La Revolución”, del artista Fabián Cháirez. Otros partidarios suyos sugerían que no solo la quitaran, sino que se quemara. 

 

Fotografía por Víctor del Valle del profesor Álvaro López

Fotografía por Víctor del Valle del profesor Álvaro López

 

El óleo, que muestra a un revolucionario desnudo a caballo, con una pose de pin-up, fue utilizado por la Secretaría de Cultura el pasado viernes en uno de varios carteles publicitarios para la exposición. Los comentarios de odio en redes sociales, la mayoría del tinte “cómo pueden hacerle eso a Zapata, qué vergüenza” no se dejaron esperar. Cabe resaltar, sin embargo, que el mismo artista ya ha declarado que si bien la pintura tiene varios elementos característicos de los revolucionarios de su época, no hay nada en ella que apunte a que es Zapata.

“¿Por qué están posicionados aquí el día de hoy?”, pregunté cuando conseguí la atención del Profesor. 

“Este palacio exhibe una pintura de un personaje Chiapaneco [erróneo, Zapata era de Morelos] que al movimiento agrario le parece ofensiva.”

“¿Qué les ofende de la pintura?”

“Que representa a alguien como algo que no era.”

Nos interrumpieron las consignas lanzadas por la mujer que está de pie a su derecha. “¡Zapata vive! ¡La lucha sigue y sigue!” “¡Si Zapata viviera, en su madre les pusiera!”.

A Antonio Bertrán, reportero de Metro, quien hacía preguntas directas sobre la comunidad gay, no le fue bien. “Que se encuere el güero”, gritaban. “Que ya se salga de aquí.”

 

Fotografía por Víctor del Valle, uno de los manifestantes que lo agredió.

Fotografía por Víctor del Valle, uno de los manifestantes que lo agredió.

 

Una mujer se acercó al grupo que había tomado las escaleras, en el que se encontraba el profesor López Ríos. Nadie pasa, le dijeron, y ella respondió “Papá”, mirando fijamente al profesor. Era Eréndira López, en efecto, hija del profesor.

 

Esto cambió las cosas. Rápidamente le abrieron camino y ella subió a intercambiar con él palabras que quedaron demasiado lejos de nuestros oídos. Algo era seguro, sin embargo: en su rostro había decepción y rabia, había un deseo íntimo de que frenar la protesta de una vez por todas.

En el pasado, el Frente Auténtico del Campo se  manifestó para exigir pagos que jamás llegaron a Oaxaca y demandas campesinas. Pero en la toma de Bellas Artes no peleaban recursos materiales, sino simbólicos. El matrimonio de la homofobia y la Verdad Única para impedir que se les escapara de las manos el espectro de Zapata (Derrida dixit).

Los periodistas con quienes me encontraba comenzaron a caer en cuenta de que no habría diálogo. Estábamos cansadxs, descepcionadxs, y yo moría por un cigarro.

En grupos de tres periodistas, se concedió hablar con Álvaro López. Era imposible escuchar lo que decía y las banderas de la CIOAC intentaron impedir incluso que las cámaras capturaran la imagen. Cuando solicité la entrevista, uno de los manifestantes apuntó que que yo ya había entrevistado, que ya había tenido mi oportunidad.

 

Fotografía por Víctor del Valle

Fotografía por Víctor del Valle

 

Pero el manifestante se acercó a hablar conmigo, a explicarme que mis preguntas no buscaban abrir diálogo, que había algo que yo no entendía. “Hay una imagen colectiva de Zapata que compartimos”, me dijo. “Aprópiense de lo que quieran, pero no de lo nuestro. Libertad de expresión sí, pero no con algo que es nuestro. No con nuestro héroe.”

La conversación atrajo a otros periodistas y manifestantes. Las voces comenzaron a encenderse. Las consignas se dejaron venir; sin variedad siquiera, se seguía cantando el mismo “Zapata vive”, el mismo “En su madre les pusiera”. De un momento a otro, Antonio, Víctor y yo estábamos rodeadxs, y la discusión se había vuelto gritos, amenazas, recomendaciones no tan amables que nos instruían salir y dejar de tomar fotos, dejar de hacer preguntas.

 

Fotografía por Víctor del Valle

Fotografía por Víctor del Valle

 

Entre los palos de las banderas, las consignas y los flashes de lxs fotógrafxs, la atmósfera se volvió áspera. Una representante de Bellas Artes nos saludó de mano y nos aconsejó salir lo antes posible, pues se había vuelto imposible garantizar nuestra seguridad.

Pero no salimos: al contrario, la mujer de la chaqueta de camuflaje, mirada en alto, llegó en nuestra defensa. Eréndira López, acompañada de Diego, un hombre trans, nos tomaron de los brazos. Cinco personas que nos conocíamos por primera vez ese día nos volvimos cadena. Nos volvimos de repente el frente ante el Frente, una línea de defensa, aunque fuera minúsucula, para la libertad de expresión. Eréndira, desde el centro de nuestra resistencia, lanzó un seco pero letal, “Así no, papá”.

Luego comenzamos: “¡Libertad, libertad!”, quizás porque no podíamos encontrar ni ponernos de acuerdo en otra palabra que resaltara justo aquello que, ahora me doy cuenta, nuestra sola presencia en ese cuarto estaba exigiendo. Nuestra contrademanda. Nuestro canto rojo frente a un toro ciego. “¡Fuera! ¡Fuera!” nos contestaron. Una botella de agua, de la mano de Álvaro Ríos, impactó contra la cabeza de Antonio Bertrán.

El botellazo fue el banderazo de salida. Eréndira recomendó que emprendiéramos el camino hacia la alameda, que ahí afuera podríamos seguir siendo una cadena, pero no bien intentamos retirarnos, una bandera se lanzó contra uno de los nuestros. No conocíamos nuestros nombres, jamás nos habíamos visto, pero nuestros diez brazos tomaron el asta de madera para evitar otra agresión. Salimos como pudimos para descubrir que afuera nos esperaba ya el Frente, específicamente sus jóvenes, esos que se quedaron afuera del Palacio con cuerpos de pelea. Una cámara se estrelló contra el suelo. Sobre nuestro fotógrafo, un grupo propinó patadas. Cuando me acerqué, me recibió un golpe.

Fotografía por Eriko Stark

Víctor del Valle siendo agredido dentro del Palacio. Fotografía por Eriko Stark

Fotografía por Eriko Stark

Luis Ham siendo lanzadx a las jardineras de Bellas Artes. Fotografía por Eriko Stark

El efecto Streisand: cuando se intenta cubrir, eliminar o censurar algún tipo de información, esta, paradójicamente, se viraliza. Por la noche, Zapata ya era Trending Topic en Twitter. El óleo de Fabián Cháirez llegó a todos los dispositivos móviles y computadoras del país. Luis Vargas me informa que la organización prometió estar viniendo cada tarde hasta que no se saque el cuadro de la exposición, y al mismo tiempo, ya hay convocatorias para contra-protestas por parte de grupos LGBTI+, incluso una convocatoria por parte del mismo Cháirez.

Por ahora, la tan controversial obra seguirá en su esquina de la galería, junto a las 140 otras piezas que integran la colección, cada una con un discurso propio. Ya sanarán nuestras heridas. Lo que es incierto es si sanará el corte de papel que dejó en ellos el lienzo, aquel óleo no más grande que un libro cualquiera.

 

Autorretrato de Víctor del Valle tomado después de la manifestación.

Autorretrato de Víctor del Valle tomado después de la manifestación.

 

 

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Fotografía cortesía de la autora
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