Ojo de agua
II
Fuimos al ojo de agua
con la mano probamos un poco
qué dulce era en la boca
había rumor de piedras
en su húmeda orilla
nos penetramos
fue dulce igualmente
en tiempo cálido
plumaje había no viento
la boca se me resbalaba
en tus labios se reunieron sus pedazos
fue ligera luz sobre mis párpados
parecías
hoja de ocote
tendida en los guijarros
bebiendo directo del afluente
sobre el día
con la corriente de plumas
piedras cálidas
tiempo de tierra
rumor de luz
qué claro fue para mí
que a eso le llamáramos el amor.
“El amor es un final tercamente escondido en los inicios”, dijo Silvana Estrada en un pódcast, citando, o más bien versionando, el final de un poema de Roberto Juarroz.
Llueve y sonríes al sentir la lluvia que, muchos años después, sigue cayendo
Antonio Deltoro
Nunca he pensado que alguien me odie por tener un cuerpo con parálisis cerebral, quiero decir, que esa sea la razón por la que alguien, sin conocerme, me mire con malos ojos.
Y dijeron los progenitores, los creadores y formadores,
que se llaman Tepeu y Gucumatz:
“Ha llegado el tiempo del amanecer, de que se termine la obra
y que aparezcan los que nos han de sustentar y nutrir ,
que aparezca la humanidad sobre la superficie de la tierra”.