Tierra Adentro

I

¿Cuántas maneras hay de nombrar nuestra existencia colectiva? ¿Cuántas formas hay de reivindicar y escribir lo que somos? ¿Cuántas maneras tenemos los pueblos para pronunciarnos en nuestra lengua contra el despojo? A lo largo de América, conocida como Abiayala por los pueblos Gunadule de Panamá y Colombia —que significa “Tierra en plena madurez”, “Tierra viva” y “Tierra en florecimiento” —,1 existen alrededor de quinientas cincuenta lenguas originarias;2 desde los pueblos inuktitut del norte de Canadá hasta los pueblos yaganes del extremo sur de Chile y Argentina. En toda la extensión hay comunidades que se pronuncian para existir; pueblos que al decir vida, tierra, territorio, libertad, resistencia, respeto, armonía… muchos mundos aparecen; mundos que exigen ser vistos, escuchados y respetados. 

Decir Abiayala no es tan solo reconocer el amplio territorio donde viven distintos pueblos originarios y afrodescendientes, sino reivindicar la memoria histórica, cultural, epistémica, identitaria y lingüística de cada uno. Es encarnar las poéticas que comprenden las lenguas que se hablan y que reviven en su enunciación. Apropiarnos de la nominación Abiayala es un acto político reivindicativo que interpela los significados coloniales e imperialistas impuestos en el continente que conocemos como América, para recuperar los sentidos propios en que los mundos han sido nombrados por nuestros y nuestras antecesoras. Nos permite repensar, sentir y concebir el territorio como una entidad viva. Nos permite, además, fortalecer una memoria colectiva que reconoce los procesos organizativos que se han dado en diferentes momentos históricos por el cuidado y la defensa de los territorios, como ha sucedido con los aymaras en Bolivia, los mapuches en Chile, los guaraníes en Paraguay, los gunadule en Panamá, los k’iches en Guatemala, los wixárikas en México, entre muchos otros pueblos que caminan sin disociar el horizonte político y el reconocimiento de su lengua.  

Abiayala no es la única manera para reconocer los territorios originarios, también existe el Wallmapu (territorio ancestral-universo) en mapudungun; Lum k’inal (tierra-territorio-universo) en tseltal; Allpa (tierra-territorio-mundo) en kichwa; Fxi’ zenxi kiwe (tierra-territorio) en nasa yuwe, por mencionar algunas. El reconocimiento de cada nominación implica una postura política anticolonial, por la libre determinación y autonomía de los pueblos, por la preservación de los bienes naturales, los saberes culturales, la memoria ancestral y, por supuesto, la re-existencia lingüística que “evoca un lugar de enunciación común para la defensa de la vida”3 y un lugar para la expresión oral y literaria de cada lengua que aún se habla y puede escucharse. 

La apropiación de la nominación Abiayala asimismo devela la persistencia de las lenguas de cada pueblo originario y afrodescendiente a través de sus hablantes. Algunas personas llaman orilatura a las expresiones que conjugan oralidad, sonidos, mitos y cantos, que implica la palabra narrada y pronunciada, pero también la invención de una escritura y su difusión gramatical —lo cual resulta un reto mayúsculo para la enseñanza y apropiación de sus hablantes—. Los relatos que cuentan el origen del mundo y las memorias colectivas, que develan los desafíos sociales e históricos del pasado y el presente, son compartidos a partir del cuento, la narrativa, la poesía, el ensayo, la crónica, la dramaturgia y demás géneros literarios, generalmente escritos de manera bilingüe, como lo han hecho Yaguarê Yamã (maraguá) en Brasil, Humberto Ak’abal (k’iche’) en Guatemala, Elicura Chihuailaf (mapudungun) en Chile, Ruperta Bautista (tsotsil) en México o Samay Cañamar (kichwa) en Ecuador, entre otras personas. La mayoría de las propuestas surge al margen de las políticas estatales, pues una característica de los estados es que los pueblos, hablantes y lenguas no son su prioridad, al contrario, son constantemente asediados mediante la exclusión, la invisibilización, el racismo y la discriminación, lo que ha provocado el extractivismo territorial, el desplazamiento lingüístico y la extinción de varias lenguas. 

Por ello, no es extraño descubrir que la producción de las literaturas en lenguas originarias, por mencionarlo de alguna manera, es escasa, a diferencia de las publicaciones que se escriben en castellano, portugués e inglés, ya sea por iniciativa personal, con apoyo de organizaciones no gubernamentales, con fondos públicos o con la inversión de empresas privadas. Hecho que devela el interés de los estados y las industrias por legitimar ciertos idiomas por encima de las tantas lenguas que se hablan en Abiayala. En este sentido, la creación literaria en lenguas originarias es una manifestación tácita de resistencia, reafirmación, reivindicación y reavivamiento de los saberes. Quienes escriben, más allá de estimular un mercado e interpelar la hegemonía lingüística, buscan compartir tanto las preocupaciones, los temores y desafíos como los sueños y las esperanzas que llevan en su ch’ulel, es decir, en su mente, cuerpo, corazón, aliento, energía; lo hacen para sí, para la gente que habla la lengua, para la gente que tiene el interés de reaprender la lengua y, además, para quienes quieren conocer lo que se escribe en los pueblos. Frente a esta complejidad que implica acercarnos a las literaturas en Abiayala, ¿cómo podemos fomentarlas, apoyarlas y fortalecerlas? 

Si bien no hay una sola respuesta precisa, es posible fomentar, divulgar y fortalecer las literaturas de Abiayala, en principio, abriendo espacios para la revitalización de la lengua con el fomento de la escritura en las infancias, juventudes y gente adulta; con la habilitación de espacios físicos y virtuales para la publicación de los textos y el fomento de las lenguas en las diferentes expresiones artísticas —música, teatro, cine, performance y de más—; con la difusión de los materiales en las diferentes plataformas digitales. Y, por supuesto, que haya una política lingüística comprometida con los pueblos y sus hablantes, que respete e impulse la enseñanza de las lenguas en los distintos espacios educativos y culturales; que genere estrategias para eliminar el racismo, la discriminación y la desigualdad social y cultural. Esto implica un cruce de voluntades de las comunidades, universidades, organizaciones y gobiernos que, con estos últimos —claro está— no se suele creer. 

Lo cierto es que al margen de las literaturas y de las nulas políticas en los países, hay lenguas que se siguen hablando, algunas más y otras cada vez menos. Hay personas impulsando activismos digitales, talleres, videos y de más esfuerzos que buscan revitalizar y suscitar la conciencia de que hablar nuestra lengua nos da dignidad y orgullo. Asimismo, la gran enseñanza viene de los abuelos y las abuelas quienes han transmitido su lengua a las nuevas generaciones, y no hay literatura ni política que alcance a reconocer la invaluable proeza que ellos y ellas han hecho diariamente. Aquí, desde las profundidades de mi corazón, develo mi total gratitud a Antonia, mi abuela paterna, y a Venancia, mi bisabuela materna, grandes sabias del tamaño de Abiayala. 

II

El 21 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna, promovido por la UNESCO en el año 1999. Desde entonces, diferentes países celebran el día con la realización de foros, conferencias, conversatorios, presentaciones de libros y de más actividades. Si bien la celebración no resuelve las profundas desigualdades lingüísticas, pone de manifiesto las peticiones y exigencias de los pueblos para el pleno reconocimiento de sus derechos, en donde la lengua es un pilar importante para la transmisión de los saberes, de la medicina tradicional, de los rituales, de las prácticas organizativas, de la construcción de justicia, entre otras expresiones indispensables para el sostenimiento de la vida en las comunidades. 

En este marco, escribir en una lengua originaria se convierte en una herramienta, en un lugar de enunciación, en un posicionamiento político que reafirma la existencia, no solo de quien escribe, sino de quienes encarnan la lengua. Escribir es una manera de cuestionar las cosas que queremos sostener y las que debemos cambiar; de crear vínculos entre las comunidades; de recrear e inventar mundos más dignos, donde la libertad, el respeto y la armonía son posibles no solo en su dimensión discursiva, sino en la práctica. 

Lo anterior se vislumbra en cada una de las catorce voces que han colaborado en este Especial de Lenguas Originarias, convocado por la revista Tierra Adentro. Esta edición, conformada por tres ensayos, dos cuentos y nueve poemas, es un viaje que proclama la contemplación, el regocijo y el cuestionamiento sobre los modos en que nos relacionamos entre pueblos, entre las personas y con lo que somos. Las valiosas palabras de Aracely Vázquez González (nahua), Ángel Aristarco Alonso (zapoteco), Alberto Gómez Pérez (tseltal), Basilia Sánchez Cardoza (chinanteca), Cristóbal Pérez Tadeo (chuj), Erik Rolando Reyes (zapoteco), Humberto Gómez Pérez (tsotsil), Kɨpaima Norma Robles Carrillo (wixárika), Ruth Figueroa Dávila (mazateco) Delmar Penka (tseltal) y Stakuumísiin Lucas (totonaco), nos invitan a ese recorrido. 

Asimismo, se sumaron las letras de tres escritores y escritoras de Abiayala, que son Zulma Flores (quechua) de Bolivia, Samay Cañamar (kichwa) de Ecuador y Orlando Baicue Yandi (nasa yuwe) de Colombia. A través de los poemas que escriben, nos comparten los sentires y sentidos del mundo al que pertenecen. Así se establece un puente entre las creaciones literarias de los pueblos originarios en México y las que se escriben en el Sur de Abiayala. Este puente es importante porque, al mismo tiempo en que nos acerca a las literaturas que se hacen en otras latitudes, nos permite crear esas redes que los pueblos necesitamos para seguir caminando y fortaleciendo la lucha común por la vida; en tiempos en que el despojo, el desplazamiento, las múltiples guerras y genocidios en el mundo afectan directamente a los pueblos. 

Les dejo esta invitación para que ustedes puedan adentrarse y reconocer los significados inscritos en cada uno de los textos; para que puedan imaginar los mundos que se recrean en cada línea y verso; para que algo adentro de su corazón cimbre y les suscite empatía, sensibilidad y esperanza con y para los pueblos que no piden otra cosa más que vivir en libertad. Finalmente, no puedo dejar de expresar mi profunda preocupación con lo que estamos viviendo a nivel global. Estamos en tiempos en que callar no es una opción. Y para hablar, para escribir, para que el mundo escuche lo que tenemos que decir, que estamos en contra del odio, la violencia y la masacre, se necesitan de las palabras, de nuestra lengua siempre asediada. ¡Justicia y paz para todos los pueblos del mundo!

Desde algún lugar de Abiayala

Enero, 2026

  1. Wagua, Aiban, “Invasión y ocupación de Abia Yala: consecuencias actuales visión indígena”, Revista Nacional de Cultura, núm. 25, 1990, pp. 71-80.
  2. Véase: https://somosiberoamerica.org/temas/patrimonio/un-tercio-de-las-lenguas-indigenas-de-america-latina-y-el-caribe-estan-en-peligro-de-desaparecer/
  3. Uc González, Pablo, Geopolíticas y geopoéticas de Abiayala, tesis de doctorado, Chiapas, Ciesas-Sureste, 2025, p. 9.
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