La casa necesita ambas manos. Muestra de literatura joven de Venezuela
“Venezuela es un país de poetas” se suele escuchar y leer a menudo en los predios culturales del país. No es falso, grandes voces han abierto caminos bien trazados por la tradición en materia de poesía. Desde José Antonio Ramos Sucre, Salustio González Rincones, Enriqueta Arvelo Larriva, Vicente Gerbasi hasta Juan Sánchez Peláez, Ramón Palomares, Hanni Ossott o Miyó Vestrini, por citar un puñado de maestros y maestras cuyas obras calan en las generaciones actuales, no solo de poetas, sino de escritores venezolanos en general. Porque se da el caso —nada extraño por lo demás— de que muchos jóvenes poetas actualmente están cultivando también el ensayo y la narrativa.
En el dossier de literatura joven venezolana que presentamos incluimos voces que escriben desde Venezuela y que transitan varios géneros literarios, con la particularidad de que la mayoría partieron de la poesía, y de allí han proseguido una labor escritural a través del ensayo, el cuento y la novela, sin dejar de escribir poesía. No es el caso de todos los escritores y escritoras de la muestra, pero me atrevo a afirmar que sí de la mayoría, lo que da cuenta de una característica a valorar para comprender mejor los inicios inspiracionales y el decantamiento posterior o en pleno desarrollo de estas jóvenes escrituras.
Quisimos acotar la antología a quienes escriben desde Venezuela para mostrar el trabajo de autores y autoras que, en medio de un campo político y económico minado por asedios foráneos y contradicciones internas, han decidido quedarse en el país y escribir. Son escritores y escritoras nacidos entre 1986 y 1999, por lo que ninguno supera los cuarenta años, dando cuenta de una generación joven y situada en su país natal.
Hay pocas antologías recientes de literatura joven venezolana, con la excepción de Feroces: compilación de autoras jóvenes venezolanas, editado en 2024 y Los novísimos. Siete nuevos narradores venezolanos, publicado en 2023 por Abediciones. En materia de poesía, hay que mencionar la antología digital Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad, editada recientemente por Zorian Ramírez, Juan Lebrun y Bolívar Pérez para la revista mexicana Círculo de Poesía, que reúne voces de poetas venezolanos nacidos a partir de 1990.
Sin embargo, las redes sociales, en su barullo de contenidos signados por algoritmos de ventas, también han abierto posibilidades de publicación y autoedición interesantes, mostrando trabajos editados en revistas digitales, blogs o directamente en los canales personales de Instagram, Facebook, etcétera. Entre los sitios más destacados para revisar el estado actual de la narrativa en Venezuela se encuentra el espacio web Ficción Breve, y en cuanto a la poesía y el ensayo poético la Revista Poesía, editada por la Universidad de Carabobo.
Asimismo, los concursos nacionales para jóvenes han abierto oportunidades a nuevas voces, pero también con énfasis en la poesía, destacándose los concursos nacionales Rafael Cadenas y Hugo Fernández Oviol. En narrativa, se debe mencionar el Premio de Cuento Julio Garmendia para Jóvenes Autores que, en su XIX edición, sigue sumando nuevos nombres al ámbito narrativo. Existen otras bienales y concursos nacionales, como el Concurso Nacional Stefania Mosca (en narrativa, poesía, ensayo y crónica), pero no están dirigidos exclusivamente a jóvenes. Una experiencia que promete ampliar la lista de nombres de buenos poetas en el país es la recientemente creada escuela de poesía para jóvenes liceístas Juan Calzadilla. No podemos dejar de mencionar el Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores que incluye anualmente nuevos títulos, muchas veces de jóvenes, en géneros como poesía, narrativa, dramaturgia y ensayo.
En este contexto, presentamos la muestra de literatura joven titulada con el verso de la poeta Luz Machado: “La casa necesita ambas manos”, para hacer hincapié en la necesidad de volcar nuestra mirada hacia la casa, hacia los procesos escriturales desarrollados dentro de Venezuela, donde convergen visiones y perspectivas diversas, influencias y trayectos de formación que pueden coincidir, pero no resultan necesariamente en poéticas semejantes. Asistimos a una casa heterogénea, donde ambas manos son necesarias para robustecer el corpus literario nacional, que sin desdecir de la producción generada por coterráneos allende las fronteras del país, sí tiene una representación sólida y en permanente crecimiento y continuidad en sus zaguanes y patios internos.
Presentamos ocho cuentos, tres ensayos literarios, una crónica y cuatro selecciones de poesía. Todos escritos por venezolanos jóvenes nacidos en distintas ciudades del país. La selección da cuenta de la variedad temática y estilística mencionada. Desde el humor generoso de cuentos como Estos flacos como antenas del narrador, poeta y editor Ennio Tucci, al terror psicológico y tragicómico de Normas de convivencia de la narradora, periodista y poeta Soriana Durán.
También se podrán leer cuentos donde la palabra poética es presencia cuasi táctil sin que por ello se reste labor narrativa y cocción a fuego lento del impacto de la trama, son los casos de El Cisne, del poeta y narrador Felipe Ezeiza, y de El mar tiene tu nombre, del narrador y editor Jorge Morales-Corona. Este último autor explora los límites entre la memoria, lo real y lo onírico, preocupación que también se observa en el cuento El recuerdo del invernadero de Luis Perdomo, donde además se destacan visos de lo real maravilloso y de la descripción de ciudades o provincias desoladas (en este caso en Falcón), icónicas de un paisaje común de la tradición literaria latinoamericana. En el cuento La Dolorita, del poeta y narrador Liwin Acosta, también pueden distinguirse rasgos de lo real maravilloso, incluso de la atmósfera enrarecida de los mismos territorios de Falcón, pero con un tratamiento de la prosa y los diálogos, completamente distintos, en un ritmo que oscila entre el simbolismo onírico y la densidad telúrica.
En los cuentos escogidos, las temáticas y trasfondos se multiplican: desde experiencias de crecimiento, cotidianidades absurdas, reivindicaciones LGBTQ+, memorias de paisajes ancestrales, hasta el relato histórico o enmarcado en luchas sociales precisas. Esto último es patente en el cuento de Soledad Vásquez Piel de onza, que relata la ejecución de Cecilia Mujica durante la Guerra de Independencia de Venezuela a través de los recuerdos de la bisabuela Ramona, entremezclados con alusiones que vuelven al realismo maravilloso o la figuración mítica de la historia. También el cuento Nuestra batalla de David Gómez Rodríguez, narra desde el presente una imbricación histórica con la Guerra de Independencia venezolana, donde son evocados personajes como José Tomás Boves y Simón Bolívar.
La crónica, como género híbrido entre el periodismo y la literatura, encuentra en Jessica Dos Santos una voz representativa que combina rigor histórico con una prosa cercana. En el texto Caracas y México, muchos regalos y algunos dolores, la autora indaga cómo la presencia mexicana se ha arraigado en la identidad caraqueña a través de monumentos y tradiciones. Entrelaza datos históricos —como los orígenes de la Avenida México o los monumentos obsequiados a la ciudad de Caracas— con anécdotas íntimas y reflexiones culturales, logrando que la historia no sea un mero relato del pasado, sino una experiencia viva de lectura.
En cuanto a los ensayos, entregamos tres piezas de largo aliento de escritores que cultivan otros géneros literarios y que se centran —los tres— en analizar y realizar un recorrido crítico por la obra de otros autores venezolanos. Daniel Arella escribe Porn sci-fi venezolano: Ronald Delgado y el pornoerotismo posthumanista en Anómala (2013), un ensayo que explora el subgénero del pornoerotismo posthumanista como un entramado que fusiona tecnología, sexualidad y crítica social para reflexionar sobre cuerpos transformados, poder y alienación en la hipermodernidad. Asimismo, Hanni Ossott, la voz de la esfinge, de la poeta y ensayista Mariajosé Escobar Gámez, arroja nuevas luces sobre la poesía de Hanni Ossott, con una lectura que parte de los modelos edípico y esfíngico de interpretación, inspirados en las ideas de Giorgio Agamben. Finalmente, el ensayo El pasado futuro del eterno presente: memoria, duelo y amor, de Zorian Ramírez Espinoza, ofrece un enfoque interdisciplinario, combinando teoría literaria, psicoanálisis lacaniano y mitología, para analizar la obra de Laura Antillano, centrándose en su cuento Me haré de aire.
Decidimos incluir poemas de cuatro poetas jóvenes del país, pues como dijimos desde el principio de esta breve introducción, no es falsa ni impostada la frase que reza “Venezuela es un país de poetas” —y de buenos poetas—. Esta materialidad verbal puede comprobarse en los cuentos y ensayos de la muestra, pero se hará aún más patente en la lectura directa de la poesía de cuatro registros muy distintos entre sí que, a su vez, se entroncan con en el mismo universo simbólico y formal de la tradición poética venezolana. Se trata de Eloísa Soto, María Alejandra Rendón, Juan Lebrun y Milagro Meleán. Que la mayoría sean mujeres no es un acto meramente reivindicativo, es la constatación fáctica de que en la actualidad hay una presencia muy potente de poetas mujeres en el panorama de las letras venezolanas.
El dossier titulado La casa necesita ambas manos celebra la vitalidad de la escritura joven venezolana en su raigambre inclusiva, dialogante y heterogénea. Los autores y autoras aquí reunidos demuestran que, pese a (o en consonancia con) las complejidades del contexto nacional y mundial, la literatura sigue siendo un espacio de memoria y reinvención, donde conviven lo íntimo y lo colectivo, a través de búsquedas verbales que abrevan de la tradición sin renunciar a la singularidad y la originalidad epocal.
Que esta breve muestra sirva como testimonio de que la casa literaria venezolana sigue en pie, habitada por quienes, desde el rigor y la audacia, insisten en nombrar el mundo y en nombrar al país con voz propia.




