Cercamiento y resiliencia: la batalla geoestratégica por el Levante tras la Guerra de los Doce Días (II)
Parte 2
El frente sirio: la normalización como arma de fragmentación
La acelerada normalización de las relaciones entre varios regímenes árabes y el Estado sirio, aclamada por algunos como un “avance diplomático” regional, debe analizarse desde la perspectiva de la intención geopolítica, no desde una reconciliación superficial. Lejos de constituir un verdadero retorno a la unidad árabe o a un compromiso con la soberanía, este impulso de normalización se perfila como un caballo de Troya estratégico, cuyo objetivo es fracturar el papel de Siria dentro del Eje de la Resistencia, comprometer la integridad de la seguridad fronteriza entre Líbano y Siria, y frenar la influencia iraní en el Levante.

1. El acercamiento árabe a Damasco: ¿caballo de Troya o realineamiento estratégico?
Mientras que Damasco, con su nuevo régimen, se inclina por la normalización con la entidad sionista, comprometiendo así la centralidad de Palestina, el regreso de los Estados del Golfo, en particular los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, al espacio político y económico de Siria tiene menos que ver con la reconstrucción que con la reformulación de las alianzas regionales en consonancia con los intereses estadounidenses.1 Con el pretexto de la ayuda para la reconstrucción, la facilitación del comercio y la rehabilitación diplomática, las monarquías del Golfo maniobran para contener la voluntad estratégica independiente de Siria, diluir sus credenciales de resistencia y restringir la profundidad operativa de las fuerzas de Hezbolá e Irán, estacionadas dentro de sus fronteras.2
Las consecuencias de este cambio son particularmente alarmantes para el Líbano. Desde las primeras etapas de la guerra en Siria, la intervención de Hezbolá en coordinación con Irán fue esencial para proteger el frente oriental libanés de la expansión de las facciones armadas takfiríes. La liberación de Qusayr, Zabadani y la región de Qalamoun no fueron meras victorias militares tácticas, sino garantías existenciales para la soberanía libanesa.3 Cualquier perturbación de este corredor de seguridad, ya sea mediante presión diplomática o manipulación de inteligencia, crearía un peligroso vacío, propicio para la explotación por redes extremistas latentes o unidades de infiltración coordinadas por Israel; esto es lo que vimos tras la caída del régimen de Asad en Siria y el surgimiento de facciones terroristas takfiríes lideradas por el líder de HTS, Abu Mohammad al-Julani.
2. Desplazamiento estratégico: el colapso de la soberanía siria y el cerco del Eje de la Resistencia
La caída del régimen de Asad ha transformado profundamente la arquitectura estratégica del Levante. Siria, antaño un eje central del Eje de la Resistencia, se ha fragmentado en una serie de zonas dominadas por facciones extremistas, bajo el mando de Abu Mohammad al- Julani. Estos grupos, durante mucho tiempo respaldados encubiertamente por redes de inteligencia extranjeras, ahora operan abiertamente bajo un paraguas de seguridad tácitamente coordinado con Israel.4 Esta transformación ha convertido a Siria de un aliado soberano de la Resistencia a una zona de amortiguación, diseñada para servir a las prioridades geopolíticas israelíes, estadounidenses y del Golfo.5
Para Hezbolá, las implicaciones son existenciales. La destrucción sistemática de las capacidades del Ejército Árabe Sirio, sumada a la eliminación de la infraestructura militar iraní mediante continuos ataques aéreos israelíes, ha resultado en la ruptura total de la profundidad estratégica oriental del Líbano. El corredor Zabadani, la carretera Homs-Damasco y las zonas fronterizas rurales que antaño sirvieron como arterias para armas, combatientes y coordinación, ahora han caído en manos hostiles. Israel, con mínimas restricciones internacionales, ha logrado aislar a Hezbolá y desmantelar la capacidad de la Resistencia para proyectarse regionalmente.
Fundamentalmente, esta nueva realidad siria no es una de neutralidad posconflicto. Más bien, es un espacio hostil gobernado por caudillos, facilitadores neoliberales y agentes de inteligencia extranjeros. El regreso de las embajadas a una “nueva” Siria y el impulso a proyectos económicos financiados por el Golfo no indican una recuperación nacional, sino más bien una domesticación estratégica, un desmantelamiento del antiguo papel de Siria como plataforma para la resistencia palestina y libanesa.6
La normalización, que antes era una amenaza inminente, se ha convertido en una victoria operativa para los adversarios de la Resistencia. Lo que se concibió como un mecanismo de presión ha dado sus frutos: la desmilitarización de la soberanía siria y el desmantelamiento de la coordinación transnacional de la resistencia. Hezbolá se enfrenta ahora a un frente oriental hostil, a un ejército israelí descontrolado al sur y a una región donde la ideología de la Resistencia se ve deliberadamente privada de espacio, financiación y legitimidad.7
Cualquier confrontación futura en el Líbano se definirá por este cerco. Sin profundidad estratégica, rutas de reabastecimiento ni posiciones de retaguardia seguras, la Resistencia se ve obligada a recalibrar, no solo sus tácticas, sino también su geografía. El campo de batalla ya no incluirá únicamente Aita al-Shaab y Maroun al-Ras, sino que se verá limitado por la pérdida de Daraa, Qusayr y la otrora fiable retaguardia siria.
Vulnerabilidad estratégica: los flancos oriental y meridional del Líbano
El Líbano se enfrenta hoy a una vulnerabilidad en dos frentes que no puede subestimarse ni separarse del proyecto regional más amplio de neutralizar, desarmar o cercar a la Resistencia. La frontera oriental con Siria, históricamente estabilizada gracias a la intervención de Hezbolá contra las facciones takfiríes, se encuentra nuevamente bajo amenaza indirecta, no solo por las incursiones armadas, sino por las consecuencias geopolíticas de la normalización de las relaciones en Siria y la posible infiltración de agentes de inteligencia. Simultáneamente, el frente sur sigue siendo una zona de tensión activa y de inminente escalada, ya que la entidad sionista continúa violando la soberanía libanesa con el pretexto de “impedir el atrincheramiento iraní”.
1. La matriz de amenazas: ocupación sionista al sur, células terroristas residuales al este
Juntos, estos dos ejes forman las pinzas de un esfuerzo de desestabilización más amplio, que busca colapsar la profundidad y flexibilidad de Hezbolá, convirtiendo al Líbano en una franja vulnerable, expuesta desde todos los lados y presionada para que renuncie a su poder disuasorio o enfrente una guerra en múltiples frentes.
El flanco oriental, asegurado durante mucho tiempo gracias a la presencia avanzada de Hezbolá en Qalamoun, Qusayr y el corredor del valle de la Beqaa, se enfrenta ahora a un nuevo desafío. Ante la creciente presión árabe y occidental sobre Damasco para limitar la libertad de movimiento y la actividad logística de las unidades iraníes y de Hezbolá, se está llevando a cabo una discreta reconfiguración de la dinámica de seguridad.8 Si bien no se han declarado restricciones oficiales, los informes de los comandantes de campo sugieren un creciente escrutinio sobre las rutas de coordinación, que antes no estaban sometidas a restricciones.9
Este cambio táctico coincide con un preocupante resurgimiento de células latentes y depósitos de armas vinculados a facciones extremistas que antes operaban en Arsal, Tufail y las afueras de Hermel. Estos remanentes, aunque numéricamente reducidos, representan una variable desestabilizadora que podría reactivarse mediante la manipulación de la inteligencia regional, en particular si la cooperación de inteligencia entre el Golfo e Israel continúa profundizándose en el marco de los Acuerdos de Abraham.10 En tal escenario, la frontera oriental del Líbano ya no serviría como barrera, sino como punto de ruptura.
Mientras tanto, al sur, las provocaciones israelíes se han vuelto rutinarias y calculadas. Desde las incursiones con drones en Nabatieh y Tiro hasta la constante violación del espacio aéreo libanés para la recopilación de inteligencia, el régimen sionista continúa socavando la Resolución 1701 de la ONU con impunidad.11 Más significativamente, ha reestructurado su mando norte, estableciendo nuevas unidades de despliegue rápido y modernizando las redes de vigilancia cerca de la Línea Azul, preparándose claramente para una confrontación de alta intensidad con Hezbolá.12
El reciente despliegue de tanques Merkava IV, morteros guiados Iron Sting y unidades móviles Cúpula de Hierro a lo largo de la frontera subraya una verdad fundamental: la entidad sionista se prepara para la guerra, no para la disuasión. Y aunque su propaganda insiste en “contener a Hezbolá”, la realidad es que Israel sigue atormentado por la derrota de 2006 y ahora busca una oportunidad para revertir su humillación, incluso a riesgo de una conflagración regional.
2. El cálculo de doble frente de Hezbolá: asegurar la patria en medio de la fluidez regional
En respuesta, Hezbolá ha perfeccionado una doctrina que podría describirse como resistencia multifrontal y de amplio espectro. Ya no se basa únicamente en la defensa territorial tradicional, sino que integra la disuasión de misiles, la guerra cibernética, la maniobrabilidad subterránea y la coordinación entre frentes con aliados en Siria e Irak. Según lo expresado por altos mandos militares de Hezbolá, esta doctrina garantiza que ningún frente pueda colapsar de forma aislada, y que cualquier brecha en un eje se enfrentará con una respuesta proporcional, si no abrumadora, del otro.13
El apoyo de Irán es fundamental para esta arquitectura. Desde la calibración de armas hasta la transferencia de tecnología de drones y el entrenamiento en simulación de campo de batalla, la República Islámica ha colaborado estrechamente con Hezbolá para establecer un complejo de disuasión que se extiende mucho más allá del río Litani. Como señaló el general de brigada Esmail Qaani, comandante de la Fuerza Quds del CGRI, a principios de este año: “La defensa del Líbano es la defensa de toda la región. Apoyamos a nuestros hermanos de la Resistencia, desde las colinas del Líbano hasta los desiertos de Siria”.14
Lo que está en juego, por lo tanto, no es solo terreno táctico, sino soberanía estratégica. El intento de cercar el Líbano desde el este y provocarlo desde el sur no tiene que ver con la “seguridad” israelí, sino con eliminar el último obstáculo a la normalización y la subyugación regional. El Líbano, a través de Hezbolá, sigue siendo la última frontera donde la dignidad armada aún se opone a la arrogancia imperial.
Para la Resistencia, entregar estas fronteras a la reinfiltración takfirí o a la dominación sionista no es una opción. Como ha demostrado la historia, el único lenguaje que entiende el enemigo es la disuasión, y la única protección que ha conocido el Líbano no ha provenido de los cascos azules de la ONU ni de los enviados occidentales, sino de sus hijos que resisten, luchan y se niegan a doblegarse.
Irán vs. Israel: la larga guerra continúa
El enfrentamiento entre la República Islámica de Irán y la entidad sionista no es una amenaza futura, sino una realidad presente que se intensifica. Mucho más allá del paradigma de poder que los analistas occidentales reciclan con pereza, el conflicto actual abarca objetivos estratégicos directos, disuasión ofensiva, ciberguerra, operaciones de asesinato y batallas por la influencia regional que se extienden en múltiples escenarios. Esta no es una guerra fría de sombras; es una guerra asimétrica de desgaste con costos crecientes para ambos bandos, y su fin está lejos de terminar.
1. De Damasco a Dahi Yeh: el campo de batalla en expansión
Para Irán, la confrontación con Israel no es un asunto aislado de seguridad; es un imperativo ideológico, un deber revolucionario y una cuestión de justicia regional. El compromiso con Palestina y con el desmantelamiento del régimen sionista no es una simple pose retórica, sino un principio arraigado en la doctrina de la República Islámica. Como afirma repetidamente el imán Sayyed Ali Jamenei: “La eliminación del régimen sionista no implica la masacre de judíos. Significa la liberación de Palestina de una potencia ocupante construida sobre la sangre y el desplazamiento”.15
Esta postura fundacional se ha traducido en una estrategia de cerco paciente, un esfuerzo acumulativo para negar a la entidad sionista cualquier sensación de impunidad o inmunidad. Desde la matriz de misiles de Hezbolá en el Líbano, pasando por el atrincheramiento de las unidades de resistencia en Siria, hasta el alcance logístico en Irak y la presión ejercida por Ansarullah en el Mar Rojo en Yemen, la red de disuasión de Irán está geográficamente diversificada e ideológicamente unificada.16
La reciente escalada de la agresión israelí, los asesinatos de asesores del CGRI en Siria, las campañas de cibersabotaje dentro de Irán y los ataques a infraestructura civil revelan la desesperación de un régimen incapaz de contener el auge estratégico de la influencia iraní. Tel Aviv recurre cada vez más a lo que denomina la Doctrina del Pulpo, atacando no solo a aliados iraníes, sino también directamente a objetivos iraníes, bajo el pretexto de la seguridad preventiva.17 Pero estos ataques tienen consecuencias.
2. Compromiso cibernético, indirecto y directo: la profundidad estratégica de Teherán frente a la frágil disuasión de Tel Aviv
En abril de 2025, Teherán lanzó un histórico ataque de represalia tras un ataque aéreo israelí contra el consulado iraní en Damasco, una violación directa del derecho internacional. Los misiles balísticos iraníes sortearon múltiples capas de defensa aérea respaldadas por Estados Unidos en la región, alcanzando con éxito objetivos militares cerca de Tel Aviv y el Néguev.18 El mensaje fue inequívoco: Irán ya no opera únicamente a través de intermediarios, sino que ahora es un actor directo en la estrategia de disuasión.
Este cambio ha trastocado la doctrina estratégica israelí. Anteriormente dependiente del mito de la “contención remota” de Irán, el estamento de seguridad sionista se enfrenta ahora a la posibilidad de represalias directas en suelo israelí en respuesta a acciones que antes consideraba gratuitas. Los sistemas Cúpula de Hierro y Honda de David, incluso en pleno despliegue, han demostrado ser incapaces de neutralizar por completo los ataques de precisión iraníes, especialmente cuando se lanzan simultáneamente con ataques de Hezbolá y Ansarullah en un escenario multifrontal.19
Mientras tanto, Irán ha seguido desarrollando sus capacidades ofensivas tanto en el ámbito cibernético como en el aeroespacial. La infraestructura israelí, las redes eléctricas, las plantas de tratamiento de agua y los sistemas de transporte han sufrido reiteradas infracciones por parte de las unidades cibernéticas iraníes, exponiendo la vulnerabilidad de un Estado altamente digitalizado. Solo en 2024, más de 4 000 alertas de ciberdefensa israelíes se vincularon a intentos de intrusión iraníes.20 La estrategia de Teherán es clara: demostrar al enemigo que su frente interno ya no es intocable.
Como era de esperar, Estados Unidos ha intensificado su papel como facilitador estratégico de Israel, tanto a través de la logística como de la cobertura pública. La mayor presencia del CENTCOM21 en Irak, Siria y el Golfo no busca la “estabilidad”, sino proteger las provocaciones regionales de Israel de posibles consecuencias. Sin embargo, el dilema de Washington se agrava: no puede proteger a Israel de una guerra que ha contribuido a crear, ni puede contener una reacción regional que amenace sus propias instalaciones militares. La reciente advertencia iraní de que “cualquier ataque a sus intereses tendrá consecuencias para todas las bases estadounidenses en la región” no es un farol, sino una política calibrada de disuasión extendida.22
En resumen, el conflicto Irán-Israel ha entrado en una nueva fase de escalada, definida no por la lógica tradicional del campo de batalla, sino por la interdependencia estratégica: cada violación israelí ahora corre el riesgo de una respuesta regional, y cada represalia iraní señala un cambio irreversible en las reglas de enfrentamiento.
Teherán entiende que esto no es un simple choque de Estados, sino una guerra de narrativas, de legitimidad y de resistencia. Y en todos los ámbitos, ya sea moral, político o militar, Irán ha demostrado estar más preparado para sostener la estrategia a largo plazo. No busca la guerra por sí misma, pero no teme sus consecuencias cuando la alternativa es la humillación o la rendición.
Como lo expresó sucintamente el líder de la Revolución Islámica, el imán Sayyed Ali Khamenei: “Israel puede iniciar guerras, pero nunca dictará cómo ni cuándo terminarán”.23
La complicidad de Estados Unidos y la arquitectura de la desestabilización
En el corazón de cada agresión israelí, desde el bombardeo de Damasco hasta la destrucción de Rafah, yace la mano firme e inquebrantable de Estados Unidos. La entidad sionista, a pesar de toda su bravuconería y su brillo tecnológico, no actúa sola. Se mueve al amparo de un paraguas estadounidense de protección, financiación e impunidad. Sin el persistente apoyo logístico, diplomático y militar de Washington, el comportamiento regional de Israel sería insostenible. Sin embargo, el papel de Estados Unidos no es meramente de apoyo, sino que es estratégicamente inseparable de la agresión israelí.
1. El paraguas estadounidense: imperio, escalada y la maquinaria de la complicidad
El supuesto compromiso estadounidense con la “seguridad de Israel” ha sido durante mucho tiempo un eufemismo para construir el apartheid, proteger la ocupación y legitimar el genocidio. Desde el inicio de la guerra en Gaza, Estados Unidos ha enviado por avión al ejército sionista decenas de miles de municiones guiadas de precisión, bombas antibúnker y proyectiles de fósforo blanco, muchos de los cuales se han utilizado directamente contra infraestructura civil.24 Esto no es “defensa”; es un asesinato en masa autorizado, digerido por el público global mediante el lenguaje del contraterrorismo y los “valores democráticos compartidos”.
Las bases estadounidenses en toda la región, desde al-Udeid en Catar hasta al-Tanf en Siria y la extensa infraestructura en Irak, conforman una red colonial de proyección de fuerza, utilizada no para proteger a los pueblos de la región, sino para contener el ascenso de actores independientes como Irán, Hezbolá y Ansarullah.25 Estados Unidos afirma disuadir la escalada, pero su presencia es en sí misma una provocación. Como bien lo enfatiza la doctrina militar iraní, no es posible una desescalada seria mientras la ocupación militar extranjera siga siendo un elemento permanente de la vida regional.
Además, el papel político de Washington no es menos peligroso. El veto estadounidense en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se ha utilizado repetidamente para bloquear resoluciones de alto el fuego, encubrir crímenes de guerra y sabotear los mecanismos diplomáticos.26 Con ello, Estados Unidos no solo revela su compromiso ideológico con el proyecto sionista, sino que también erosiona el propio sistema internacional que dice defender. El lenguaje de los derechos humanos, la democracia y el orden basado en normas se derrumba bajo el peso de su moral selectiva y su hipocresía estratégica.
En el Líbano, la política estadounidense es abiertamente coercitiva. Busca desmantelar la legitimidad social de la Resistencia mediante la asfixia económica, campañas de desinformación y la financiación de medios de comunicación y ONG hostiles. Simultáneamente, apoya a colaboradores dentro del aparato estatal, figuras dispuestas a negociar la soberanía a cambio de préstamos del FMI y la aprobación occidental.27 El ultimátum estadounidense es claro: desarmar a la Resistencia, normalizar las relaciones con el régimen sionista o enfrentarse al colapso. Pero esta forma de guerra económica no es nueva; es simplemente una extensión de la misma lógica imperial que arrasó Faluya, sitió Mosul y asoló Yemen por hambre.
2. El papel de Washington en la obstrucción de la soberanía y el empoderamiento de la ocupación
En Siria, la ocupación ilegal por parte de Washington de las regiones ricas en petróleo de Deir Ezzor y su continuo entrenamiento de milicias armadas en Al-Tanf no cumplen ninguna función antiterrorista. Por el contrario, protegen las rutas de contrabando, fragmentan la autoridad estatal y buscan bloquear el corredor terrestre de Irán desde Teherán hasta Beirut.28 Estados Unidos no vino a combatir al ISIS/Daesh, sino a gestionar sus consecuencias e instrumentalizar sus remanentes.
La fachada del contraterrorismo se desmorona al contrastarla con el silencio estadounidense sobre el uso israelí del castigo colectivo, los ataques a campos de refugiados y el asesinato de periodistas, médicos y trabajadores humanitarios. Como señaló el mártir Sayyed Hassan Nasrallah en su discurso de abril de 2025: “Lo que los estadounidenses llaman ‘apoyo a Israel’ es el patrocinio directo de la masacre. No son observadores. Son comandantes.29
Y, sin embargo, esta extralimitación estadounidense no ha sido gratuita. El equilibrio regional ha cambiado. Las bases estadounidenses están cada vez más rodeadas por fuerzas de la Resistencia con capacidad de ataque. Ansarullah ha demostrado su capacidad para paralizar las rutas marítimas del Mar Rojo. Las facciones de la Resistencia iraquí han atacado los puestos de avanzada estadounidenses con creciente sofisticación. Hezbolá ha mapeado todas las instalaciones estadounidenses en el Mediterráneo oriental. E Irán ha dejado claro que cualquier guerra contra él no escatimará fuerzas.30
Lo que Estados Unidos llama disuasión es en realidad una red de guarniciones imperiales, desbordadas, vulnerables y cada vez más resentidas por las mismas sociedades que dicen proteger. Cuanto más tiempo permanezcan estas bases, más se acerca la región a una guerra que Estados Unidos no puede ganar e Israel no puede sobrevivir.
En realidad, el imperio estadounidense ya no está al mando; reacciona, reprime y se repliega. Su poder no reside en el liderazgo moral, sino en la maquinaria de destrucción. Y a medida que la Resistencia avanza, desde las trincheras de Gaza hasta las montañas del sur del Líbano, Estados Unidos se ve menos como una superpotencia y más como cómplice de un colapso regional que él mismo ha provocado.
- Al-Mayadeen, “La economía política de la normalización árabe con Siria”, abril de 2025.
- Middle East Eye, “Estados del Golfo y Siria: ¿Una nueva estrategia de contención?”, marzo de 2025.
- Al-Manar, “La campaña de Hezbolá en Siria: Asegurando el flanco oriental del Líbano”, cobertura 2019-2023.
- Sobre el aumento del control de Julani y su coordinación con objetivos israelíes, véase: International Crisis Group, “La arena yihadista en la Siria post-Assad”, 2025.
- Fawaz Gerges, El nuevo Oriente Medio y la reorganización de la resistencia, Oxford University Press, 2023.
- Lina Khatib, Reconstrucción y poder en el mundo árabe, Carnegie Middle East Center, 2023.
- “Eje de Resistencia bajo asedio: Disrupción de la coordinación transnacional”, Unidad de Estudios Estratégicos de Al-Mayadeen, marzo de 2025.
- Al-Mayadeen, “Coordinación entre Teherán y Damasco bajo presión de normalización árabe”, mayo de 2025.
- Entrevistas de campo con oficiales de logística de Hezbolá, fuente confidencial, junio de 2025.
- Boletín de Inteligencia del Ejército Libanés, “Riesgos de resurgimiento takfirí en las regiones fronterizas”, mayo de 2025.
- Informes de la FPNUL, “Violaciones mensuales del espacio aéreo libanés”, abril-junio de 2025.
- Canal 13 de Israel, “Las Fuerzas de Defensa de Israel renuevan el Comando Norte: preparándose para un enfrentamiento en el Líbano”, junio de 2025.
- Al-Intiqad Weekly, “La doctrina de defensa multifrontal de Hezbolá: más allá de la línea azul”, junio de 2025.
- General Esmail Qaani, Discurso en la Conferencia de los Mártires de la Resistencia, Teherán, marzo de 2025.
- Imán Sayyed Ali Jamenei, Discurso en el Día de Al-Quds, mayo de 2023. Texto completo en khamenei.ir.
- Centro de Estudios Estratégicos de Teherán, “El eje de la resistencia: estructura y estrategia”, 2025.
- Jerusalem Post, “La doctrina de seguridad israelí evoluciona: La estrategia del pulpo”, febrero de 2025.
- Al-Mayadeen, “La respuesta directa de misiles de Irán impacta bases del sur de Israel”, abril de 2025.
- Haaretz, “La saturación de misiles desborda las defensas israelíes: lecciones del ataque de abril”, mayo de 2025.
- Informe de la Dirección Nacional Cibernética de Israel, “Amenazas y vulnerabilidades en materia de ciberseguridad”, 2024-2025.
- Comando Central de los Estados Unidos.
- Declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, abril de 2025.
- Imán Sayyid Ali Khamenei, Discurso a los comandantes del CGRI, junio de 2025.
- CNN, “EE. UU. aumenta silenciosamente los envíos de armas a Israel a pesar del saldo civil”, abril de 2025.
- Instituto de Estudios Estratégicos de Teherán, “Mapeo de la huella militar de Estados Unidos en Asia occidental”, mayo de 2025.
- Al Jazeera, “EE.UU. veta la resolución de alto el fuego en Gaza por quinta vez”, marzo de 2025.
- Al-Akhbar, “La guerra blanda de Estados Unidos contra el Líbano: ONG, moneda y crisis”, febrero de 2025.
- Agencia de Noticias Árabe Siria (SANA), “EE. UU. continúa operaciones de robo de petróleo en Deir Ezzor”, mayo de 2025.
- Sayyed Hassan Nasrallah, Discurso Sobre la Resistencia y la Complicidad Estadounidense, abril de 2025, Al-Manar.
- Declaración del CGRI sobre la política de represalias, abril de 2025.




