De cómo un hongo en la pared alimentó un discurso de odio
Para Andrea.
Dark times lie ahead of us and
–Albus Dumbledore.
there will be a time when
we must choose between
what is easy and what is right.
J.K. Rowling, Harry Potter and the goblet of fire.
Cada mañana el moho me mira en silencio desde la pared de mi regadera, cada mañana me avienta una mirada cómplice y yo le sonrío de vuelta; me convence de que es mi amigo, porque mientras muchos se van, él es constante. Pienso repararlo un día de estos, nada más que me caiga la tanda y llamo al plomero -o a la persona a la que hay que hablarle para este tipo de problemas-. La verdad, yo no creía que fuera un problema mi moho hasta que vi un meme que decía que la Rowling había enloquecido por culpa de un hongo así en la pared de su sala. Y yo, que hasta encontraba seductora la presencia de mi hongo, me gustaba el aspecto que le daba a mi casa, un aspecto brujil.
Nací bruja, lo confieso. Sé las medidas necesarias para cada elixir, tengo que la gata, que la rana, que la araña. Me transformo en cucaracha. Platico con fantasmas y escucho a las plantas, manchas y seres sin ojos. Y sí, soy Hufflepuff.
Las Hufflepuff somos leales, se sabe; y como buena Hufflepuff no logro terminar de odiar a la Rowling. Me leí sus libros, obvio, me los supe de memoria, los siete de la saga, el manual de Quidditch y el de los animales. Soñaba con que era amiga de Hermione, y fantaseaba con que era novia de Ron. En mis sueños me agarro a un pelirrojo.
En fin, crecí, y con eso he sentado cabeza, ya no me sé todos los encantamientos; pero nunca olvidaré las maldiciones imperdonables, una nunca sabe cuándo se le va a aparecer un rufián en un callejón oscuro, y es mejor ir preparada con varita en mano y unos buenos cruciatus.
También he fantaseado con la poción multijugos, no lo voy a negar; voy en el metro y me imagino que le robo unos pelambres a alguna muchacha: que me los echo en la poción y, trácale: chichis y nalgas, y a darle mami; soy una reinota. Pero como ni en los libros ni en los manuales dice cómo hacer la mentada poción; a falta de clases avanzadas de pociones me resigno con ser draga. No te creas, me encanta, me maquillo fantasía, me peino mi peluca de rubia, me ajusto mi vestido azul zafiro y a hechizar.
Ay, pero no faltan luego las señoras que se espantan y los señores que se indignan y que nos dicen que con sus hijos no, que qué les estamos enseñando, que qué son esas mariconerías, ya saben, lo de siempre. Yo siempre digo que si sus hijos les salen jotas no más por verme, es que igual y jotas ya eran, porque mis hechizos son limitados, lo involteable yo no lo volteo, ni yo ni Dios podemos jugar con eso. A lo mucho les lanzo un revelio, y ahí sí se revelan putos, lesbianas y terfas.
Así pasó con la Rowling, le aventaron un revelio y, trácale, que nos sale terfa. No me lo explico, una mujer tan estudiada, tan creativa, un ejemplo a seguir: la divorcian y se sobrepone, mujer libre, con ayuda de un dinerito del Estado se pone a escribir en una servilleta o donde pueda, una historia imposible de brujas y magos que van a la escuela a entender de magia, hasta un proyecto educativo le inventó; lleva su manuscrito a las editoriales y no se rinde hasta que la publican, todavía acepta que le oculten el nombre tras dos iniciales, con el argumento de que no iba a pegar tanto un libro con un nombre mujer en el lomo, y así la Joanne, toma el nombre de su abuela, Kathleen, y se inventa las icónicas iniciales -que yo de chica siempre leía en mi cabeza como Jota Ka-, y así, con apenas 31 años, Jota Ka la rompe y escribiendo de dragones, escobas voladoras, hipogrifos y otras bestias es lanzada a la fama internacional y se vuelve multimillonaria, ¡ídola! Otra confesión: la admiraba tanto que la peluca rubia me la compré por ella, también la pupilente azul.
Pero en los últimos años, ya no sé muy bien qué pensar de mi ídola. Para estar llegando a sus sesenta años, el glamour no le ha faltado… ni las cremas, manita, que claramente usa de las caras. Pero le empezó a dar por pelearse en redes, y sabemos que eso nunca es buen negocio. Y que se engancha entre publicación y publicación, y el resto es historia. Es curioso, la mujer que me metió la idea en la cabeza de que transformarse era posible, que ha luchado hasta por los derechos de los elfos domésticos, también es una de las mujeres que más activamente quiere frenar la lucha por los derechos de la comunidad trans. Yo creo que tendrá alguna razón para haberse puesto tan perra, alguna herida, por decir algo.
Por otro lado, hay quienes parece que la quieren en la silla eléctrica. Y pues, la verdad a mí también de repente ya me desespera mucho, y pienso que por gente como ella tengo que tener preparada la cruciatus por si se me acerca un señor malo en un callejón oscuro.
Noto a varixs emperradxs con ella, también se lo va ganando, pero yo sí creo en la teoría del moho, de que se le metió el hongo en el cerebro, se lo envenenó y la llenó de odio. Cuando publicaron esa teoría sentí dos cosas: por un lado paz; por un lado, miedo. La paz la sentí al pensar que parece fácil quitarse el peligroso enredo de opinar, si puedes culpar a un hongo de cualquiera de tus opiniones funables. En cuanto al miedo, lo sentí ante la posibilidad de que la mente humana fuera tan frágil, tan fácil de manipular.
Todo esto me lleva a pensar que a veces, por todo eso, prefiero mejor no opinar. Y pues Jota, por ejemplo, le pasa que prefiere sí opinar. Dice que defiende así la libertad de expresión. Y es que si todxs opinamos con libertad, posiblemente todxs nos vamos a enojar con alguien, ¿no? Y si es así, tocará soportar.
Sin embargo, Jota es radical: en X habló de “las guerras del género”. Radical y peligrosa situación: ponerle la palabra guerra a lo que nos está pasando, no creo que nos lleve a un buen lugar. No sé muy bien cómo me siento frente a eso, tengo miedo de que en efecto ocurran las “gender wars” que menciona la señora esta. Y recuerdo cuando Dumbledore le dice a Harry que vienen tiempos oscuros, donde habrá que decidir entre lo que es fácil y lo que es correcto… Poco después de ese diálogo, el Ministerio de Magia asigna a Hogwarts a Dolores Umbridge como Gran Inquisidora, y con ella comienzan los tiempos del terror y la opresión en Hogwarts -y un libro después en todo el mundo mágico-. Se inauguran tiempos de buscar culpables, una quema de brujas.
¿Serán premoniciones de lo que viene? No lo sé, pero miro mi hongo y me pregunto si es una advertencia de tiempos oscuros, o solamente una señal de un problema de humedad.




