¿Tú, cuando sueñas que bailas, no rompes el paso, no vuelas con prisa a diferencia de cuando corres en los sueños? Porque ahí el sonido es lento, es mortuorio.
El silencio era un puñal que laceraba la garganta del jefe de tropa, ese que arrastraba a Cecilia hasta el improvisado cadalso levantado en los Zunzunes.