Tierra Adentro
Portada de Fugas, por William Navarrete.

Fugas es la segunda novela del escritor cubano naturalizado francés, William Navarrete (1969), sin embargo, es la primera que se publica en México y que circula aquí pues la anterior, La gema de Cubagua (2011), sólo se publicó en Madrid y luego se tradujo como La danse des millions (Stock, 2012) en Francia. Por fortuna, Navarrete ha publicado en algunas revistas mexicanas, como Blancomovil donde lo leí por primera vez con un par de poemas que llamaron mi atención y desde entonces le he seguido la pista. Después he podido leer su libro de poemas Edad de miedo al frío (Aduana Vieja, 2008) en una bellísima edición hecha en Valencia, España, y un libro de cuentos hecho al alimón con la cubano-venezolana Regina Ávila, La canopea del Louvre (Aduana Vieja, 2010).

Ahora en su más reciente novela, Fugas, Navarrete cuenta la historia de la salida de Orlandito y su madre de Cuba, luego de que obtienen la visa estadounidense (que allá, si mal no recuerdo, le dicen algo así como “sacarse la rifa”) y de los vericuetos que tienen que sortear para huir de la isla. Pero también, y sobre todo, es la historia reciente de Cuba contada a través de una familia en la provincia de Oriente pues la isla ha padecido un sin fin de desastres, topográficos, meteorológicos y, claro, humanos. Para empezar, porque la mayor de las Antillas es un caimán anclado entre el mar Caribe y el Atlántico, una isla a la deriva entre esos dos mares que recuerdan la certeza de ese multicitado verso de Virgilio Piñera: “la maldita circunstancia del agua por todas partes”. Además, Cuba fue la última colonia en independizarse de España, luego ha sufrido varios intentos de invasión por parte de Estados Unidos y, por si todo lo anterior fuera poco, como en la mayoría de Latinoamérica, ha padecido dictaduras aunque en su caso han sido tres seguidas: la de Machado, la de Batista y la de los hermanos Castro, la más duradera.

Bajo esas circunstancias sociales, son una infinidad las carencias que ha padecido la familia de Orlandito por los cambios vertiginosos que a lo largo del corto tiempo que Cuba ha sido independiente. Navarrete, quien vive en París desde hace unos 20 años, puede volver y contar esta historia sobre su isla natal gracias a frialdad que permiten la distancia y el tiempo y que lo hacen evocar mejor su cubanía: Fugas, desde luego, está escrita con muchísimo léxico cubano (que aunque no se hayan escuchado, esas palabras Navarrete las explica en varias ocasiones), además de las historias de los nombres de los ríos, de algunas provincias –lo que nosotros conocemos como estados–, plantas o “matas” como las llaman allá, frutos, apellidos, conquistadores, familias y está permeada, con bastante fortuna, de su religión sincrética (la santería con el catolicismo). Para los cubanos que viven fuera, escribir sobre su isla es una forma de regresar y mantenerla viva en el recuerdo; para quienes la hemos visitado, tenerla como protagonista de una novela como Fugas produce un efecto de nostalgia que siempre nos quiere hacer volver a ella.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1981) es autor de La síntesis rara de un siglo loco publicado por el FETA.
Poster del Festival de Teatro en espacios no convencionales.

Hace unos meses comenté sobre la problemática que se estaba viviendo en los trolebuses escénicos, que poco a poco empezaban a ser cerrados por las autoridades de la Delegación sin una explicación congruente, la respuesta que se obtuvo por parte del gremio teatral estuvo a la altura: empezaron a buscar otros espacios. A falta de pan, vino.

Como resultado, surgió el Festival de Teatro en Espacios no convencionales que actualmente se encuentra en su segunda emisión y que ofrece una programación variada e interesante tanto por las obras como por los espacios donde éstas se realizan.

Los responsables: Miguel Ángel Osorio Hernández, gestor cultural  y presidente de la Red de Emprendedores Culturales México; y Eloy Hernández,  productor, dramaturgo, director de teatro y también gestor.

Platiqué con éste último y nos contó un poco más sobre el festival que tiene por esta ocasión como invitado al país de Chile.

Itzel Lara: ¿Cómo es que surge la idea de un “Festival de Teatro en espacios no convencionales”?

Eloy Hernández: El Festival de Teatro en espacios no convencionales surgió a raíz del trabajo realizado en el Trolebús Doble Vida donde se llevaba la curaduría; también ahí se presentaban jóvenes recién egresados de las diversas escuelas y licenciatura de Teatro (desde la Virginia Fábregas hasta el CUT) o compañías noveles de teatro (no mayores de 5 años), de este modo se ofrecía una plataforma o espacio a su trabajo escénico. Entonces ante las primeras amenazas de cerrar los trolebuses escénicos, tanto el Trolebús El Foro y el Doble Vida, organizamos el 1er Festival de Teatro en espacios no convencionales, a fin de posicionar estos espacios, teniendo una respuesta favorable de 1 200 espectadores (de los cuales el 35% eran desempleados) en 16 días y como sede los dos trolebuses.
IL: ¿Cómo definen “espacio no convencional”?

EH: Es aquel lugar donde se realiza un hecho escénico, que sale de los cánones del escenario clásico y en el que por su naturaleza no estaba pensado para hacerse teatro en él y a pesar de ello se utiliza como foro.

 

IL: ¿Cómo escogen los espacios para el festival?

EH: Hablamos con los dueños de los espacios y titulares de las Instituciones y los invitamos a sumarse al Festival, a partir de ahí vemos las carpetas que se postulan y tratamos de encontrarles el espacio adecuado a cada espectáculo.

Los curadores del Festival son Miguel Ángel Osorio Hernández y Eloy Hernández M.; en el Comité está Alejandra Ramos, Saúl Canales, Araceli Consuelo Vega, José Roberto Serrano, Fernando González, Eric Barba y Ela Silva.

 

IL: ¿Cómo se lleva a cabo la selección de las obras?
EH: Existe un comité que selecciona las obras que se postulan a razón de la ductilidad y adaptación de la obra a espacios no convencionales.

 

IL: ¿Cómo ha sido la respuesta del público en comparación con la primera emisión?

EH: Ahora estamos generando nuevo público porque contamos con 16 sedes diversas dentro de la demarcación de la Delegación Cuauhtémoc, que van desde galerías de arte hasta pasillos de centros comerciales en el D.F. y explanadas, así como otros espacios en Tlaxcala y el Estado de México; el recibimiento del público es de sorpresa al inicio y después de jubilo al ver teatro en donde no se representa habitualmente.
IL: ¿Por qué creen que últimamente el teatro ha ocupado otros espacios? ¿En qué consiste este impulso?

EL: En primer lugar, la falta de edificios teatrales, son muy pocos los teatros y están llenos de programación todo el año y con temporadas muy breves; segundo, porque no toda la creación escénica está pensada para teatros tipo italianos; tercero, para apropiarse del espacio desde la puesta escénica.
IL: ¿Qué tienen pensando para las siguientes emisiones?

EH: Este año por primera vez tuvimos un país invitado: República de Chile, con ellos se hizo un workshop, un trabajo dramatúrgico y de dirección con un grupo de actores de ambos países; mismo que se postulará a IBERESCENA; así que el próximo año esperemos que se replique éste en dicho país y seguir sumando tanto otros países como estados de la República Mexicana.

 

El Segundo Festival de Teatro en espacios no convencionales termina el 31 de mayo y se puede consultar la programación en su página de Facebook.

POSTAL VUELTA-01 (1)

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.
Fotografía por Pixabay.

Jueves 22 de mayo, 20:30 hrs., Barrio Antiguo, Monterrey.

¿Eres creativo e innovador?, ¿tienes ideas que salvarían al mundo si se implementaran? En el presente mundo global y capitalista ¿quién no quiere cumplir el sueño americano? O por lo menos vivir holgado y bien, laborando sin jefes de por medio, o siendo uno mismo el jefe. Ni se diga si esa idea además de ser redituable y satisfactoria tiene un impacto social positivo a gran escala. El problema es que si bien ideas hay muchas “del dicho al hecho hay trecho” y la carrera emprendedora es de alto riesgo, accidentada y en ocasiones hasta mortal. ¿Cuántos burócratas amargados no habrán sido en su época estudiantes y soñadores convencidos de tener la idea que cambiaría el mundo para siempre y para bien? La realidad es que de una idea que triunfa, muchísimas fracasan, pero lo importante es darse cuenta que el fracaso no es el fin. Tal es la premisa de FuckUp Nights, que en español podría traducirse como “noches de fracaso” o “metidas de pata”, es decir una noche para celebrar el fracaso. Este evento comenzó a realizarse desde de septiembre de 2012 y se ha llevado a cabo en 33 ciudades de distintos países, como: Alemania, España, Francia, Estados Unidos, Argentina, Chile, India, México y República Dominicana, según se indica en la página oficial y redes sociales. La idea surgió cuando un grupo de emprendedores: Julio Salazar, Leticia Gasca, Pepe Villatoro, Carlos Zimbrón y José Luis López de Nava, según esta nota, aceptaron que la realidad del panorama emprendedor es más parca que otra cosa. Existe el sueño común de tener la gran idea y armar el negocio del año, y eso ya es mucho, pues la mayoría de los negocios independientes fracasan en pocos meses, incluso semanas. El camino del trabajador independiente es accidentado y el fracaso un compañero común. Gran problema considerando que los regios son al fracaso como Superman a la kryptonita. Resulta difícil aceptar que varios fracasos serán necesarios antes de aprender las destrezas necesarias para llevar a cabo un buen negocio. Eso sin mencionar el enfoque laboral, raras veces orientado a cuestiones humanistas, sociales o artísticas. Donde el dinero es rey, el arte se queda corto. FuckUp Nights brinda un excelente espacio de reflexión y aprendizaje. El orgullo de considerarse invencible, capaz y autosuficiente la mayoría de las veces es una trampa y, a la manera de Edipo, un emprendedor negado termina arrancándose los ojos. Esa es, en realidad, la mayor metida de pata: desilusionarse, dejar de intentar. FuckUp Nights, por irónico que parezca, pretende alentar y dar suelo tangible al sueño de iniciar cualquier tipo de negocio, con la premisa que el fracaso no es el fin de un camino sino una oportunidad para aprender y hacerlo mejor después. Al compartir historias con otros que intentaron, fallaron y siguieron intentando, fracasar deja de parecer el fin del camino y toma sus dimensiones reales: es una piedra de tantas, útil quizás como peldaño o incluso para vencer obstáculos mayores como David hizo con Goliat. En esta ocasión FuckUp Nights se celebró en la Casona de Santa Lucía, un edificio del siglo XIX considerado Monumento Nacional y protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Localizada en el centro histórico de Monterrey conocido como Barrio Antiguo, a dos cuadras del Museo de Historia Mexicana y el Museo del Noreste. Esta casa fungió como cuartel general de Francisco Villa durante la Revolución Mexicana. Actualmente, sirve como galería y espacio para eventos, los cuales se llevan a cabo en el amplio patio interior central que aún conserva un aire típico mexicano, muy elegante. Para la ocasión ambientaron la casa con sillones del tipo lounge que no dieron abasto a la cuantiosa afluencia. Con cerveza en mano casi todos los asistentes, en su mayoría jóvenes con pinta de ser estudiantes de diseño o finanzas y negocios internacionales, escucharon de pie las historias fracasadas de los tres invitados, según la lógica del evento. Con el apoyo de Impact Hub Monterrey, comunidad de emprendedores, y grupo FEMSA se compartió por espacio de una hora las historias de los tres invitados de esta ocasión: Pepe Martínez, jefe en el área de sostenibilidad de FEMSA, el cineasta Adolfo Franco, que no pudo asistir pero envió un correo electrónico, y Francisco Suárez, director de sostenibilidad de FEMSA. El primer invitado aceptó que su mayor fuckopeo fue intentar comerse al mundo él solo, ejercitando la tan sonada todología que lo llevó al fracaso rotundo. Comenzó como un egresado lleno de ideas, “locas ideas” como él mismo las llamo, y todas las ganas de llevarlas a cabo: alimentos naturistas, biodiesel, un centro comercial autosustentable. Por fin se le ocurrió una idea con mayores posibilidades para realizarse, peor su mayor problema fue el capital. Nadie hace nada si no hay dinero de por medio. Intentó desarrollar su proyecto en una incubadora de negocios pero, contrario a lo que la publicidad por lo general vende, la incubadora fue otra gran metida de pata, de las peores experiencias que tuvo, ya que si bien te mantienen “calentito, respirando con aire artificial” nunca obtienes un contacto real con el mundo. Su experiencia significó un desgaste económico y personal. Por fin empujado por la imperante necesidad de ganar dinero, decidió cambiar su enfoque de entrepreneur a intrapreneur (no lo sabía pero existe una diferencia) y consiguió trabajo en FEMSA. La diferencia entre uno y otro, según corroboré más tarde es que los entrepreneurs trabajan desde el exterior, por su cuenta. Hay más riesgos pero también mayor libertad. En cambio los intrapreneurs trabajan en el interior de una empresa, pero buscan desarrollar sus proyectos con las herramientas que ya tienen a la mano, según las facilidades que proporcione su centro laboral. Hay menos libertad pero es mucho más seguro, sabiéndose mover uno puede aprovechar los recursos disponibles, y no se corre el riesgo de quedar a la deriva sin un sueldo. En contraste con la experiencia del primer expositor, la historia que mandó por correo el cineasta Adolfo Franco no pareció tan descalabrada, probablemente porque a como sonó, desde el principio hubo dinero de por medio. Él junto con cuatro estudiantes mexicanos de cine en Los Ángeles, California, decidieron que eran mejor que los demás: “porque se notaba” y fundaron La Plebe Films, con una metodología llamada Guerrilla Film Making. Hicieron dos películas: Un diluvio (2004), con un costo de producción de cinco mil dólares, con la cual ganaron un premio de setenta mil dólares que invirtieron en la segunda película: La sombra del sahuaro (2005), que fue un rotundo fracaso. Aun así vendieron ambas películas a veinticinco mil dólares (las cuales tenía un valor real de seis millones de pesos) y se quedaron con valiosas lecciones: 1) nunca hay que arrepentirse  de su trabajo. Aunque Plebe Films fracasó, nunca hubieran llegado a donde están sin pasar por ahí. No tuvieron que ser asistentes de nadie, ni se partieron el lomo en el  D.F. cinco años antes de llamar la atención de cineastas como Cuarón. 2) Nunca se debe perder la emoción por lo que se hace y hay que ser  muy exigente con el trabajo. Lo que le faltó a la Plebe para ser lo que esperaban era hacer buenas películas. 3) Todo lo bueno en la vida toma tiempo, pero sobre todo coraje y decisión. Nunca hay que pedir permiso para hacer las cosas: “si quieres hacer cine, hazlo y ya”, finalizó. Por último, el tercer invitado de la noche, Francisco Suárez, director de sostenibilidad de FEMSA, compartió su experiencia. Él comenzó su emprendimiento a los catorce años en su natal Ensenada, Baja California. Era un asiduo practicante de tenis y como tal comenzó a tronar raquetas, razón por la cual su abuelo le sugirió comenzar un negocio para encordar raquetas. Le prestó mil dólares al joven Francisco y con una máquina para realizar ese trabajo y apropiada capacitación comenzó su negocio con ayuda de la familia; su hermano fue su primer empleado, pero no como esclavo, ―sí le pagaba―, aclaró. Después de dos años decidió llevar a un campo formal su negocio, abrió una tienda en el club deportivo donde jugaba tenis y daba clases: le fue muy bien solo unas semanas. Su fracaso recayó en una mala planeación, no calculó costos fijos y terminó él mismo financiando su negocio. Como experiencia de vida fue una muy buena pero el negocio no sobrevivió; estudiaba y trabajaba, por tal motivo ya casi al final de sus estudios formales se encontraba muy cansado. Entonces fue cuando decidió hacer el cambio de entrepeneur a intrapeneur y consiguió un buen puesto en FEMSA. Para él su gran fuck up fue lanzarse al negocio sin una adecuada planeación. Al final de la conferencia me llamó la atención alguien de entre los asistentes que compartió sus deseos por emprender su propio negocio, sin embargo no sabía si dejar su presente empleo o no, ya que las experiencias compartidas lo dejaban con pocas ganas. ¿Qué hago?, ¿emprendo o no?, preguntó. Según el último ponente lo mejor era intentar emprender sin renunciar a su trabajo, aprovechar la soltería y no temer regresar a la casa de sus papás de ser necesario e incluso buscar oportunidades de crecimiento dentro de la empresa donde trabaja. Me pregunto qué hubiera respondido Adolfo Franco. A eso de las nueve treinta terminó la aportación de los invitados, sin embargo FuckUp Nights tiene el valor agregado de fomentar el social networking mejor conocido como: “conocer gente”. Lamentablemente tuve que retirarme, pero con muy buena materia para la posterior reflexión. Según escuché ese jueves, los principales obstáculos en la carrera al emprendimiento son: falta de capital, mala planeación, pobre calidad del producto, razones suficientes para bajarle el ánimo a cualquiera, ¿o no? Si las historias de éxito y fracaso no sólo laboral sino también en otros ámbitos enseñan algo es que el éxito y el fracaso están sujetos no a las circunstancias, sino a los individuos. Lo que me dejó asistir este pasado jueves a FuckUp Nights es que, como dijo Adolfo Franco, se necesita coraje y decisión no sólo para cruzar el camino sino para no rendirse ante el fracaso. FuckUp Nights fue una experiencia educativa y esclarecedora. Buena suerte a los organizadores e invitados y gracias por la lección.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
nació en Monterrey, Nuevo León, México, 1991. Cursa actualmente estudios de Literatura Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Participó como ponente y creadora en los encuentros y congresos organizados por la Red Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura (REDNELL) en D.F., Querétaro, Mérida y Tijuana ininterrumpidamente desde el 2010 al 2012. En febrero del 2013 ganó el Primer lugar en el Slam Poético 3.0: Sobrevivientes del 2012 y participó como jurado en el Slam Poético 4.0: Monterrey es un laberinto (junio 2013). Ha sido publicada en Puño y Letra (Monterrey, 2012), La regia cartonera (Monterrey 2014), Los bárbaros del norte (CONARTE 2014), el periódico Barrio Antiguo (Monterrey 2014) y la página de internet de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (FUNDEM 2014).

Convocatoria Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA) 2014, Nayarit

El Gobierno del Estado de Nayarit, a través del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Nayarit invita a participar en el Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA) que tiene como propósito contribuir a promover el desarrollo cultural del país, a través de la concurrencia de esfuerzos y recursos del Gobierno Federal, de los Gobiernos Estatales participantes, la sociedad civil y la comunidad artística, que permitan estimular la creación artística y cultural de calidad.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), a partir del año 1993 promovió la política pública de descentralización de bienes y servicios culturales, estableciendo mecanismos de financiamiento a través de Fondos Mixtos que articularon Programas Especiales.

El PECDA promueve el desarrollo y profesionalización de los creadores, intérpretes, investigadores y promotores culturales en las Entidades Federativas, a través estímulos económicos a proyectos culturales, que se otorgan mediante su participación en convocatorias públicas a nivel estatal.

La Dirección General de Vinculación Cultural del CONACULTA a través de la Dirección de Vinculación con Estados y Municipios, es la responsable de coordinar el PECDA de manera conjunta con las 31 Instancias Estatales de Cultura, en las que se desarrolla el programa.

El día lunes 26 de mayo en el Centro de Arte Contemporáneo Emilia Ortiz CAC a las 11:00 horas, con el fin de cumplir con la difusión para que la información sea oportuna y llegue a todos los interesados del estado.

Tomado de la página del Gobierno de Nayarit.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Fotografía por Pixabay.

Quizá citemos demasiado o quizá citemos demasiado poco. Cualquier persona en condiciones de escribir un texto debe tomarse muy en serio esa costumbre, a menudo desafortunada, de citar. Deberíamos hacernos unas cuantas preguntas antes de sacar a relucir nuestra colección de citas. Preguntas ancladas en el sentido común y también en la humildad. Preguntas como: ¿lo que estoy citando es realmente pertinente? Y la no menos sensata ¿para qué demonios cito?

Citar puede ser un acto jactancioso, decorativo, hasta ornamental; también puede ser una manera de pedir refuerzos en la batalla de nuestros argumentos; también una forma de la cobardía o una forma de la ignorancia. ¿Cuántas veces no se citan fragmentos, frases de libros que no se han leído o que se han entendido bien? ¿Con qué frecuencia no es posible ver una frase fuera de contexto que dice justamente lo contrario? ¿Cuántas veces no se citan sólo lugares comunes: las frases de siempre del mismo escritor, citadas desde otras citas y otras citas?

Stevenson hablaba del “encanto que debe tener el escritor”. Suerte de pertinencia, de buen gusto, de elección. Saber, con no poca elegancia, cuándo es momento de decir algo. Cuando Stevenson habla de “encanto”, yo pienso no sólo en el encanto de la buena elección de las palabras, sino en el encanto de una buena conversación. Aquel mal conversador que a la menor provocación evoca obras, autores y antologías en el diálogo improvisado de una fiesta de cumpleaños, puede que tenga mucho en común con un escritor amante de la referencia y las notas al pie.

El buen conversador se pregunta: ¿vale la pena mencionar esa erudita referencia o mejor me inclino por una verdad de Perogrullo o mejor opto por decir mi propia opinión? El mal conversador, por el contrario, se arroja sin reserva a citar un verso de Du Bellay sobre los viñedos de la Borgoña cuando los invitados al cumpleaños toman vino cosechado en California. La cita impertinente o es pedantería o es miedo al vacío.   Ciertamente puede existir una relación psicológica del escritor para con la necesidad o la no necesidad de citar. En algo coincidimos Jean Starobinski y yo respecto de Robert Burton: su libro Anatomy of Melancholy tiene una cantidad de citas más que interesante. La mayoría de las ediciones modernas, incluidas sus traducciones, han añadido como notas al pie de todas las referencias a los textos citados por Burton. Lo que la vuelve no sólo abrumador sino que no va de la mano con el espíritu de la obra. Según Jean Starobinski —no tengo ganas de poner la referencia, así que discúlpenme— la proliferación de citas en la obra de Burton es una suerte de declaración de insuficiencia y también una forma de ornamento para combatir la monomanía y el tedio que caracterizan el estado melancólico. En el “prefacio satírico”, el propio Burton declara que su libro es un “centón”, género literario conocido en el cual las citas son la materia misma de la elaboración literaria. Burton quiere sentirse acompañado en el alivio de la enfermedad de la bilis negra. Pero Burton nunca citó con notas al pie, dando santo y seña de cada libro: las notas al pie del libro de Burton, añadidas por editores desocupados, superan las 2000 sin ningún problema.

Sea por miedo al vacío o simplemente por una sincera declaración de humildad, la idea de que Burton, siguiendo la sensibilidad renacentista usara algunos de los consejos de Montaigne, el “sobrepeso”, los “emblemas supranumerarios”, para mitigar la melancolía, puede que le levante un poco la moral a los citadores compulsivos. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. ¿Usamos las citas para sentirnos acompañados al sostener nuestros argumentos o necesitamos de las citas para poder tener argumentos? Nada tiene de malo decir: “a mí no se me ocurrió”, “alguien más lo pensó antes y lo pensó mejor”. Pero tampoco hay que pecar de blandenguería y tibieza de criterio, también hay que afirmar, interpretar y por qué no, especular, por nuestra propia cuenta y con la sola ayuda, poca no es, de nuestro juicio. Que la obra maestra de la melancolía renacentista sea un centón de medicina y retórica antigua quizá nos ilustre que la costumbre de citar en exceso es ante todo resultado del taedium vitae: el tedio inexorable de la vida.

Si es que vale de algo mi opinión, se me ocurre que la mejor manera de citar es pensando en que hay “muestras”, vestigios, indicios de algo que queremos probar; decir con citas o referencias que efectivamente hay un concepto donde se dice que existe, que hay un idea en cierto libro o en cierto autor y mostrar la prueba. La cita debería ser, salvo mejor cosa, el albacea que vele por la integridad de las ideas del aludido.

Si bien estamos frente a una discusión bizantina, admitamos que, podemos tener una opinión sobre las citas sin que sea necesario citar. Tenemos el derecho a hablar sobre un tema sin necesidad de aludir, con la posibilidad de interpretar, sospechar, especular con la sola enmienda de hacernos cargo de ello. El mal de las demasiadas citas puede no ser un pecado mortal, salvo que nosotros somos los autores de nuestros textos y no tiene nada de malo, de vez en vez, estar solos con nuestros —siempre manidos— argumentos.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Durango, 1988) es editor y traductor. Estudió Lengua y Literatura Francesas en la UNAM. Actualmente trabaja para el FCE.

Imaginar es una forma de reapropiarse del espacio. A veces el cuerpo no basta para habitar el mundo sino que constituye sólo un inicio, un punto de partida para construir otra clase de vínculos. Puentes, quizás, que nos enseñen que el otro no existe sino como espejismo. Lo que imaginamos se queda siempre adherido a los objetos como sombras. El arte es una vía para conferir significado, para sumarnos a ese orden distinto. Quizás ha venido a sustituir el terreno de lo sagrado donde pensamos en la posibilidad del infinito. El lenguaje suele perseguirse a sí mismo sin encontrarse, en su intento se cuela por los objetos. Hablaré aquí de dos exposiciones que se relacionan con estos supuestos: Variaciones de un hexágono, de la artista española María García-Ibáñez, y Proyecto Macuilxochitl.

Estos trabajos se expusieron recientemente en la Galería Gorila, ubicada en el centro de Oaxaca. Galería Gorila surgió hace algunos años como un proyecto que buscaba difundir artistas que trabajaran con vidrio. Su director, Jason Pfohl, es un artista plástico que escogió esta ciudad para vivir y fundar una fábrica de joyería llamada Gorila Glass. Ambos espacios se encuentran ligados, pues es en la fábrica donde la mayoría de los artistas invitados realizan las piezas que luego expondrán en la galería. Hace poco visité Gorila Glass y me pareció increíble el trabajo que hacen y que exportan principalmente a Europa.

Variaciones de un hexágono indaga en el movimiento oculto de los objetos. Como su nombre lo indica, está compuesta por diversos acercamientos a un hexágono formado por delgados cilindros de vidrio. Al centro del salón cuelga una nube geométrica que reparte la luz delicadamente sobre el espacio. Por un lado, están los dibujos de María, donde las figuras se encuentran, se superponen, se mimetizan y juegan a ser otras; por otro, las placas de vidrio que utilizó para un grabado monumental que se observa en la pared contigua; y una serie de pequeñas esculturas del mismo material y tamaño exhibidas de tal manera que parecen moverse por sí mismas como fotogramas sobre una repisa.

María García-Ibáñez ha trabajado por largos periodos en México. Como producto de su última estancia en este país, en 2011 expuso “Debajo del último estrato”, una serie de piezas anatómicas de porcelana y metal que indagan en la naturaleza metamórfica del cuerpo. Esa, me parece, es una de las premisas de su obra: la potencia, casi idealista, que encierra un objeto para convertirse en algo más, para reconfigurarse a través de técnicas propias de la imaginación y el juego. De ahí que una vajilla de porcelana apilada de cierta forma sobre una mesa pueda volverse un paisaje exterior, un retrato también del instante ligado a la cocina, al paso del tiempo y a la familia.

El increíble escritor uruguayo Felisberto Hernández pensaba que los objetos poseían una memoria propia que se activaba con la imaginación. Desde esta perspectiva, nuestro papel como espectadores de la realidad no es interpretar el mundo sino apropiarnos de algo que ya posee y que a la par inventamos con nuestra volátil memoria. Hay un juego que va siempre en dos sentidos, y por lo tanto todo devenir artístico termina en acción, en protesta incluso. Finalmente, creo que la memoria es imaginación tergiversada o elocuente, según sea el caso. El lenguaje artístico nos permite reapropiarnos de esa esencia que puede ser su historia. Proyecto Macuilxochitl indaga en los procesos que nos llevan a darle significado a las cosas y a reconsiderar así el vórtice que abren en nuestra psique.

Macuilxochitl es un colectivo integrado por los artistas callejeros Cawamo y Unkle, originarios de Guadalajara, y Sanez, de Oaxaca. Cawamo y Unkle decidieron mudarse unos meses a esta ciudad para estudiar la simbología prehispánica de Mitla, específicamente la concerniente a grecas, y realizar piezas que ligaran esos significados con su sistema particular de entender el mundo. Utilizan lo que llaman técnica del desdoble, una geometría que sale de la obra, construyendo un plano imaginario que depende del espectador y del esfuerzo que realice para asimilar ese otro lenguaje. La verosimilitud se pone en marcha en su trabajo y obliga a cuestionarnos nuestro propio sistema simbólico.

La pieza que exponen en Galería Gorila es el ejercicio de ese otro lenguaje, una proyección artificial sobre las cosas. Su geometría nos hace imaginar que se trata de una flor (de ahí el nombre del proyecto, de hecho) en cuyos pliegues se esconden íconos. Mientras la observo, Unkle me explica el significado de algunos números, es la clave que utilizan los policías cuando sorprenden a alguien haciendo grafiti en Guadalajara. El resto de los números y la calavera hacen alusión a la muerte de uno de sus amigos más cercanos. Aparecen también la luna y el sol como puentes hacia un plano místico, desplegado sobre nosotros como una bóveda celeste. Al centro de la imagen está la cabeza de una lata de aerosol como recordatorio del instrumento que utilizan para hablar del otro.

Durante la inauguración de Variaciones de un hexágono, Toltech hizo una animación digital sobre la pieza de Proyecto Macuilxochitl, una suerte de paseo por formas psicodélicas y naturalezas exorbitantes. Me parece que Toltech entendió bien el sitio al que nos lleva la obra una vez que hemos entrado en su juego: la realidad es un sistema complejo, en ocasiones laberíntico, de significados, que en el fondo esconde una simplicidad aterradora, una relación de espejo. Cuando hemos removido las capas que nos atan al sistema regulador del espíritu, nos queda lo más elemental: un páramo de ideas sueltas que emanan de las cosas y conforman así una unidad superior y propia.

Ambas exposiciones coinciden en esa necesidad de apropiación. Me gusta pensar que el arte en general expropia territorios antes codificados por un aparato social cuyo papel es homogeneizar el pensamiento y la acción. Es una forma de protesta a veces sutil pero igualmente aterradora que una bomba, un deslizamiento telúrico. Desde esta perspectiva, hay una violencia implícita en todo acto creativo, una destrucción de ciertas estructuras que no pueden sostenerse por sí mismas cuando han sido descubiertas por el espectador, y al mismo tiempo una intención de crear otras vías para apreciar la magnitud de la existencia y el peso que esto deja en la forma en que nos relacionamos con el otro.

Son las historias que nos contamos, siempre, las que nos llevan a uno u otro lado del camino. Si dijera que se trata de una fantasía estaría mintiendo. Es más complejo aún construir un retrato propio todos los días, hay que elegir recordar, y cuando uno recuerda está ya imaginando, ensayando quizás otra posibilidad de ser. A veces puedo sentir la vibración de las cosas, cada objeto emite una luz particular que no viene del sol sino de sí mismo, de su composición geométrica, de su proporción áurea tal vez.

Macedonio Fernández, un escritor argentino poco reconocido pero fenomenal, se pasaba la vida haciendo listas interminables de cosas que consideraba hermosas. Su hijo, Alfonso de Obieta, decía que solía pasar horas contemplando las nubes, como un niño. Escribió poco, en parte por falta de disciplina, en parte porque no le interesaba asumirse a sí mismo como escritor, buscaba más indagar en la naturaleza metafísica de los objetos, en su movimiento casi espiritual. Sus cuentos son tratados filosóficos en torno a la complejidad de las relaciones humanas, pero sobre todo, en torno al vínculo que el ser establece con el mundo de las ideas y los supuestos.

Variaciones de un hexágono y Proyecto Macuilxochitl exploran, como las listas interminables de Macedonio, la maleabilidad de los cuerpos, su capacidad para proyectarse sobre el intelecto y modificar así una relación espacial. La realidad es una serie de variaciones a veces monstruosas de nuestra imaginación, una continuidad interrumpida por las trayectorias de los otros. Ante todo, los objetos son posibilidades, entidades abiertas de donde extraemos significados, como las piezas multiformes de María o la flor geométrica de Macuilxochitl, o donde nos adherimos como sombras que buscan la misma respuesta.

Imágenes por Unkle.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.

Belinda Cannone, cuyo pensamiento forma parte de la sociología contemporánea, dice en El sentimiento de impostura: “Nosotros hemos llegado a ser puros individuos, en el sentido de que ninguna ley moral ni tradición nos indican desde fuera cómo debemos ser ni cómo debemos conducirnos” (Biblioteca Nueva, 2007). Esta premisa nos invita a pensar en la gran libertad que existe actualmente para la decontrucción y el reciclaje.

Bajo este supuesto, existen músicos que tal pareciera quisieran jugarle una broma a sus escuchas a la hora de nombrarse con un juego de palabras que alude a alguien más, un artista antecedente. Cito tres ejemplos: Dj Harvey por Pj Harvey, Com Truise por el actor Tom Cruise y Chet Faker aludiendo al gran jazzista Chet Baker.

El asunto es que sólo algunos con el bagaje cultural suficiente habrán de detectar la humorada.  Tal vez sea más evidente a la hora de evocar al protagonista de Top Gun y Ojos bien cerrados, ya que, posiblemente, la rockera de Cornwall no sea tan masiva; mucho menos lo es el trompetista norteamericano Chet Baker, nacido en 1920. Aunque este último sea una figura del jazz que supo llegar a un gran público, las nuevas generaciones no parecen ser muy conocedoras del género y del legado del compositor de “My funny Valentine”.

Reciclar el nombre de estos personajes tiene su gracia, ya que representa un homenaje hacia ellos. Tal es el caso de Chet Faker, que retoma el nombre del intérprete de leyenda que influyó al mismísimo Charlie Bird Parker, Chet Baker.

Este joven australiano marida al soul con la electrónica lenta. Nativo de Melbourne, Nicholas James Murphy, alias Chet Faker, tal vez tomó la decisión de crear un alter ego para no ser confundido con el otro James Murphy, famoso por ser el hombre fuerte de LCD Soundsystem y de la emblemática disquera DFA de Nueva York.

Las actuales circunstancias en torno a la música nos llevan de sorpresa en sorpresa: Faker todavía no tenía editado su primer LP cuando ya había recorrido importantes Festivales, incluida la serie de presentaciones de música electrónica avanzada Boiler Room. También el año pasado visitó México para actuar en el Lunario del Auditorio Nacional. Todo esto con un repertorio de apenas unos cuantos temas incluidos en el EP Thinking in Textures, realizado hace dos años, y unas piezas sueltas como “Drop the Game”, que trabajó con Flume.

Apenas debutó con su disco de largo aliento Built on a glass (Future Classic, 2014) y ya se muestra como un jóven veterano que creció escuchando jazz y soul. En su cuenta de Soundcloud define su propuesta artística como: “music for humans”. Una manera muy general de referirse a lo que podría describirse como soul digital, muy al estilo de James Blake y James Vincent McMorrow.

No se trata del trabajo de unos Dj ―aunque en sus comienzos también hicieran sesiones pinchando discos―, aquí hay músicos tocando el teclado, lanzando secuencias, bajos densos y profundos, y lo más importante, cantando con muchos feeling ―como lo hicieran los viejos héroes.

Cierto es que hay en su música algo de nostalgia y ánimo por recuperar a esos viejos intérpretes de bar y vodevil, entonando con fragilidad y una voz que casi se quiebra en cada tema. Algo que, sin duda, ha atrapado a los más de 100 mil seguidores que ya tiene en redes sociales y otras plataformas. El crecimiento tan rápido de su popularidad es lo que lo mantiene viajando casi de forma permanente; así es el ritmo de vida de estrellas emergentes de la sociedad global.

El australiano tiene un estilo intimista, lánguido… con el que consigue emocionar a sus escuchas. Lo que es evidente desde “Release your problems” y su belleza con la que abre el disco. Este hombre sabe cómo hacer pausas, aprovechar los silencios o algo tan simple como un chasquido de dedos ―otro elemento muy vintage.

Built on Glass parece estar dividido en dos partes. La primera es más lenta y sentimental y la segunda se abre a piezas que van tomando un poco de mayor velocidad y en las que se agregan nuevos matices. “Talk is cheap” ―el sencillo― se adscribe a lo ya conocido, luego viene la transición entre “To me” ―otro de los mejores temas― y “Blush”.

Se trata de una segunda parte virtuosa que contiene las mejores dos canciones del álbum: “1998”, que a estas alturas ya sirve como himno generacional ―lleno de desamor y frustraciones―, y los maravillosos hallazgos rítmicos de “Cigarettes & Loneliness”, que además juega con voces y coros (se disfruta que sea la más larga de todo el lote).

Un disco con 12 segmentos llenos de pasajes evocadores; es soul digital que provoca muchas cosas con su sutileza. Ahora que estamos rodeados de tanta artificialidad nos viene bien una propuesta exquisita que también nos dé la oportunidad de pensar y viajar. Chet Faker nos regocija mientras alrededor la realidad se desmorona, como si fuera un poema del inglés Philip Larkin: “Todo ese lento día / tu mente queda abierta como un cajón de cuchillos”.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Fotografía por Pixabay.

No hace calor. No es eso.

¿Para qué ir soltando de a poco la información sobre los personajes de una narración? Eso es lo que me pregunto. No soy tan ingenuo. Intuyo que se trata de escamotearle la totalidad al lector para mantenerlo atento al fragmento, pero no le encuentro otra finalidad más feliz ni mejor ahondada. A veces es un truco del narrador que se vuelve necesario cuando no confía en su historia o en sus personajes. Me dijeron en un taller —no importa cuál ni cuándo— que cada frase escrita tiene que hacer que la historia avance, aunque no necesariamente hacia delante, sino a veces también hacia abajo, es decir, hacia la descripción más rica de algún personaje. Supongo que a eso le llaman profundidad. Los hechos desnudos podrían llamarse, entonces, amplitud.

Cada oración es moverse hacia. El delante puede significar detrás o de lado o en círculos. El abajo puede significar apenas superficie. Hay que tomarlo en cuenta. Existen historias sin profundidad, escritas —no debiera decir descritas— en dos dimensiones. Son de corte periodístico, crónicas parcas o chistes en los que un pirata entra a un bar. No se dice mucho del pirata o del poeta que acaba de fallecer. Sólo actos y sucesos. No existen, en cambio, historias sin amplitud, salvo en los reportes policiales, en las formas de explicación de sospechosos y testigos, y en los CV para pedir empleo. Sin embargo no son historia, así como un enunciado sin verbo no es una oración, acaso una imagen o un simple legajo de realidad sacado de contexto.

Pero, ¿cuál de estos dos elementos es la base? Cuestión de orientación. Los ejes x y y son realmente intercambiables. Se transmutan si el que observa el plano inclina un poco la cabeza pasados los 45 grados. A partir del 46, el eje más horizontal es el y y el más vertical el x.

Lo mismo ha de pasar con las narraciones literarias. Inclínese un poco el lector y la profundidad se vuelve amplitud; lo largo, ancho.

No se puede decir que la historia no avanza hacia delante cuando tira hacia abajo. O que no profundiza cuando avanza. Si yo le digo a usted que el personaje tiene una herida en el bíceps; que en su adolescencia desarrolló una teoría antropológica basada en el De Anima de Aristóteles (pero nueva); que nunca supo cómo amarrarse las agujetas, en realidad estoy contándole una historia disfrazada de descripción. La historia avanza, quizás hacia atrás. Pero, una vez más, todo depende de la orientación del lector, que podría estar de cabeza.

En 1976, Rogelio Trelles decidió dejarse el bigote. Eso explica la longitud de cada uno de los pelos que le tapan hoy la boca. Tenga usted en cuenta que han pasado casi cuarenta años desde que tomó esa decisión. La madeja informativa crece porque habrá de desenrollarse. Casi no hay datos gratuitos en los textos. Y exactamente este hallazgo me lleva a la conclusión ulterior.

Los datos que no interesan a una historia están condenados al olvido. No se rescatan nunca. Si una historia ha de ser narrada es porque lo merece. Las otras, las historias o las partes de historia que nadie mienta después, pueden ponerse en duda absoluta. ¿Sucedieron? Quizás no. O sí, pero nadie las echa de menos. Si un dato aparece, debe ser relevante. En algún sentido, pues. No siempre de forma directa o evidente. Indicios, revelaciones, causas. Todo lo que no avanza en el eje horizontal, es algo de aquello.

Cada palabra debe ser elegida con cautela. Ha sido elegida con cautela si usted lo lee —y si lo que lee no es un informe policial o un currículum vitae.

Rogelio está quieto, inactivo. Su bigote sigue creciendo.

Avanzar, qué término tan occidental.


Autores
(ciudad de México, 1979) estudió filosofía clásica el siglo pasado. Vive de someter palabras a trabajos inmundos, pero en casa es sometido por ellas. Considera que la vida es demasiado larga y que, por tanto, no hay que aprovechar cada momento. Autor del libro de relatos Imagine un pez (Foc, 2013).