Tierra Adentro
Ilustración por Mario Cano Dominguez.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

 

Hoy 21 de febrero es Día Internacional de la Lengua Materna. Este año la celebración es doble, pues la Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado a 2019 Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

En la Redacción de Tierra Adentro hemos querido conmemorar este día. En primer lugar, recordando los esfuerzos históricos de Tierra Adentro por visibilizar a las 69 lenguas indígenas del país. En esa línea sobresale la antología en dos tomos Los escritores indígenas actuales (1992), prologada y compilada por Carlos Montemayor.

También en nuestro catálogo puede encontrarse Ro doni ñätho ñähñu ñuhmu ‘ñuhu (La palabra florida otomí olmeca) (2004) del poeta otomí Serafín Thaayrohyadi.

Los lectores ávidos de tener al alcance un muestrario del panorama poético en lenguas indígenas de América, pueden leer en línea el último número de la colección La Ceibita, titulado Lenguas de América (2016) y compilado por la académica Luz María Lepe Lira. El numero inicia con el poema Canto de pájaros de Humberto Ak’abal, magnifico y célebre poeta guatemalteco en maya quiché, quien murió el mes pasado.

Rescatamos del número 232 de la revista impresa de Tierra Adentro el dossier en (y sobre) lenguas indígenas. A partir de ahora nuestros lectores podrán disfrutar en la web los siguientes textos:

Yuilal Mak abejk’ajon / Fui parto en mes Mak, de Adriana López

Paxlamts’i’, de Marceal Méndez

Bicéfalos, de Nadia López García

Lenguas de nuestra piel, de Hubert Matiúwàa

Una celebración de este tipo en Tierra Adentro estaría incompleta sin colaboraciones de las nuevas voces de la literatura en lenguas indígenas, por ello invitamos a la reconocida poeta en náhuatl Judith Santropiero (1983), quien participa con Cinco poemas.

El poeta, narrador, ensayista y académico en tsotsil y español Mikel Ruiz (1985), una de las voces más potentes y críticas del nuevo ensayo mexicano, publica hoy en Tierra Adentro Mu yanuk mu nichimal jbakutik / Ni misteriosos ni poéticos, una reflexión profunda y heterodoxa sobre el indigenismo y la identidad.

Delmar Penka (1990) es el autor de Sk’ayo ts’unun/ El canto del Colibrí, un ensayo en tseltal y español que se sirve del flujo de conciencia para explorar la transmisión mítica en una comunidad indígena de Chiapas.

Por último, contamos hoy con ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ [Borrego alas de mariposa], un poema visual en zapoteco del antipoeta Rodrigo Pérez Ramírez nák, conocido como Zapoteco 3.0.

Todas las ilustraciones son de Mario Eduardo Cano (1994), artista plástico y diseñador mexicano, cuya inspiración parte de las culturas originarias de América.

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Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Escrito Z@p0tec0  ɛ.ɸ

 

Kúaʔn šàb dìʔz

ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ, nàk thîb cosaute, dìʔz kó šáʔ=tá ná~róʔ, láʔs áʔ ròʔ=y šónʔ dìʔz, nà zín tà kó nà. Thîb dìʔz nsóʔ léʔn nì, ndá=y nér ndíed=dáʔ, tláʔs, nté=sá nàk thîb dì, thîb dì ná chop mbòl nké~làs.

Ré dìʔz ndíed léʔn chop gà=yú dìʔztéʔ nsóʔ léʔn Yìb kúb, sá lì ché mèn opencalc, sá róʔ dìʔz kó mbòl kìʔb nér m-tób. Sé rá lì ché mèn ASCIII nér AFI sá nté bís mèn ná. Làs=á gák áʔ dìʔz góš. #DadaismoZapotecano làs gòʔn dìʔztéʔ lì ché ngetlú nér n-wìʔ mèn ná lì ché nšáʔ.

Kurt Schwitters, mbòl ná Alemania nér šáʔ kó m-blì Merz, m-bèz: dìʔz nákìn bèsta šàb, kó ná kó tàk. Kó ná lì ché šáʔ kó làb dìʔz yêts.

ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ nú lì ché nì~et sá n-dìs dìʔz: ᴟbák šéʔʟ, šíʔl nér ɱ-šîʔʟ, kó ná ták táʔ lô šáʔ làb dìʔz sá bèsta n-dìs áʔ. Dìʔz nté téy -là, m-bét áʔ sé rá ndáy gáp.

Kó ná ndìak ré tá dìʔz. N-wìʔ: Chó šóʔɴ ʟû šàʔ šóʔ=ɴ ɱbèd, šóʔɴ nér šóʔ=ɴ šàʔ=tá ròʔ=y ròʔ mèn.

Dìʔz m-bèz kó ndíak lázó chop mén ná sa=tá azyu. ɴgù-d šónʔ ʟíʔn nér ɴ-gé=ɴ chó ɱbéd. ɴ-gé=n chó ndž-ăʟ yé-šìʟ, sá ɱbòʟ mká thîb ♥ štîʟ. Nú ᴟbák šéʔʟ láz chop šíʔʟ ɱ-šîʔʟ. Sá róp šáʔ ndé béʔt ʟô tùšniʔ sá -ʟìb làd=ná né ʟô mbéʔ wìʔ.

 


 

 

ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ [Borrego alas de mariposa], es un cosaute (salto corto), una composición formada por una serie de pareados fluctuantes —versos que no tienen el mismo número de sílabas— aunque se mantiene siempre en arte menor y pareciera que quiere ser un octosílabo sin conseguirlo. Con ayuda de un verso que se repite intercalado entre cada pareado sigue un movimiento alterno de retroceso y avance, un ritmo lento, como si fuera una canción acompañada de un coro, algo perfecto para contar una historia amorosa tradicional.

La inspiración proviene de una base de datos de 200 palabras en zapoteco albergadas en una matriz computacional, que mediante una función de selección aleatoria (opencalc) va arrojando palabras que el antipoeta va colocando en cada verso y con ello crea una historia. Después el poema se va adornando con códigos ASCIII y símbolos fonéticos, con la intención de que se convierta en un logograma, tal como era la escritura de los zapotecos antiguos. El #DadaismoZapotecano invita al lector a escuchar el zapoteco a través de sus ojos y verlo a través sus oídos. Tal como diría Kurt Schwitters, poeta aleman funadador del movimiento artístico Merz, “no es la palabra el material de la poesía, sino la letra… las letras no son conceptos, las letras no tienen sonido, solo tienen un potencial sonoro que el rapsoda actualizará de tal o tal modo”. En este sentido, ᴟbák šéʔʟ šíʔl ɱ-šîʔʟ, aprovecha además la cualidad tonal de la lengua zapoteca (según se pronuncie cada sílaba varía el significado) para crear un sistema de sonidos fonéticos consecuentes. ᴟbák šéʔʟ (Borrego, traducido literalmente como perro de algodón), šíʔl (alas) y ɱ-šîʔʟ (mariposa), ofrecen al rapsoda una combinación de tonos que comienzan bajo, se sostienen  y finalmente suben.

Esto sucede en todo el poema, como el verso intercalado: Chó šóʔ ʟû šàʔ šóʔ = ɴ ɱbèd (¿Escuchas el llanto del niño?) donde šóʔɴ (escuchar) y šóʔ = ɴ (llorar) se pronuncian igual, solo que el segundo, la “ɴ” se pronuncia en la garganta y no en la boca como el primer caso. El poema trata sobre el amor de dos almas de culturas distintas. El tiempo pasa (ɴgù-d šónʔ ʟíʔn: Ocho años muertos) y uno de ellos sigue esperando al otro (ɴ-gé=ɴ chó ɱbéd) y la flor más bonita de la sierra, la orquídea se ha perdido (ɴ-gé=n chó ndž-ăʟ yé-šìʟ). Cansado de la espera, el alma zapoteca decide comprarse un ♥ mestizo (ɱbòʟ štîʟ) esperando cambiar la historia; y su borrego, también quiere comprarse un par de alas de mariposa (láz chop šíʔʟ ɱ-šîʔʟ) para poder volar. Juntos esperan el nuevo amanecer (ʟô tùšni ʔ) para remendar sus cuerpos (ᴟb-ʟìb nò làd) mientras el cielo (ʟô mbéʔ) aguarda su llegada.

 


 

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Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.


Autores
Antipoeta en zapoteco de la Sierra Sur/ central, su lengua materna. Fundador del #DadaismoZapotecano. Iniciativa contracultural a la literatura indígena actual, que mezcla conceptos dadaístas propuestos por Tristan Tzara, la poesía digital de Eugenio Tisselli y la antipoesía de Nicanor de la Parra. Tres poetas de diferentes épocas, cada uno aportando una técnica a un pensamiento humano zapoteco carente de talento artístico. De Tristan toma la sucesión de palabras, letras y sonidos a la que es difícil encontrarle lógica, de Tisselli toma la extraordinaria belleza visual del código informático y la aleatoriedad digital que ofrece un software; y De la Parra, su propuesta de escribir poesía desde cero: homologarse a lo que es el poema, su valor estético, la base metodológica. Se contrapone rotundamente a la traducción e invita al lector a leer el poema en zapoteco.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
"El canto del colibrí" por Mario Cano Domínguez
“El canto del colibrí” por Mario Cano Domínguez

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ts’un1

ts’un

                                                           ts’un

k’alal x-ochix jwayel ya ka’y te ay binti sch’inlajet.

ts’un

ts’un

                           ts’un

Ya xjajchon ta jwayib, k’unk’un xbe’enon beel, xba jam te ti’ nae. k’alal yakal ta jajchel beel te ajk’ubale ya jta ta ilel ala ch’in ts’unun ya stijulay te xik’e ta wilel ta xujkxujk nichim roxox ta jna. Ya spas k’unk’un ik’ k’alal stijulet te xik’e, ya swesulay te ya’benal te chinimetike. Chajp ta a’yel te sk’ayoje k’alal bajtikix ta wayel te yantik te’tikil mutetike. Yu’uniwan ch’ayem jich ma sta ta leel te specheche, ja’ yu’un ya xkaj’in swenta ya sta ta leel a te sbee.

ts’un,

ts’un

                                                           ts’un

Machalnax xwilawet ta ik’, ya sitinon. Te swilele ya xchikna xyaxal sk’ukmal sok te syik’ubal yelaw.

Maba lek ak’ax te k’aal ito, te tulan ja’al te orainto la smukben jilel te kawal jts’unube jich ya xcha’ jajchonxan ta sts’unel, k’alal ya ka’ybey te sk’ayoje ya yak’ben smuk’ul k’otan yu’un. Ta sbanax smujts’elal te jsite ya kil te ma’yukix tey ae. Tijtsaon beel ta sleel te ba ay snichimal roxoxe, ya kil ta moel alan, ya joyomtes, ma’yuk ya jta.

Lek k’epel te ajk’ubale. Leknax ya jta ta ilel te sbabi ek’etike. Bajt te jwayele ja’ yu’un te sch’ininet jilel te sk’ayo ts’unune ta jchikin. Naklon ta baay jun jnaktib te ay ku’un ta yamak’ul nae, ya jik’ ko’tan jich ya xjul ta jol te sk’op ya’ye te scha’lamal jmam Nicolás k’alal benonjo’tik beel ta te’tikil ta sleel te si’e. Chiknatal jkojt ts’unun ta be, ya yuch’labe ya’lel te ech’etike. Ma’yuk ch’inuk xkil jich te’tikil mut a te bit’il sch’inile. Te scha’lamal jmame tejk’a.

—¿Labal awa’y?—la yalben, jich chiknajtal stse’e ta yelaw.

Tek’el ajilonjo’tik, ya ka’yjo’tik te ts’unune. Te scha’lamal jmame la yalben te ja’ tey xlok’tal sbiil a ta sk’ayoje: ts’unun, ts’unun. La scholben ka’y te bit’il jich ya jtajtik te ala mut ta sakubel k’inale yu’unla lek binti ya yak’ jna’tik stojol a, yu’unla ay sk’ejotal ta yala xik’ slekil snopbenal ku’untik te mach’aotik te ay bi ya xjul ta joltike, jich ya yich’ beel te ts’unune, ya xwil beel ja’to te mach’a ya yak’be jilele.

—¡Nopa jtuluk te mach’a ya ak’ane, ak’a k’ook tey a te ts’unun te mach’a junuke!–– xi sok sbujts’ yo’tan te scha’lamal jmame.

Jul ta jol te scha’lamal jme’chune Antonia, te ch’ay ta k’inal te sjayebalix tal yuile, ya jna’ ta bayel a. La jk’anbe ta mukin te ts’unun te yakuk yich’ben beel te jmelbil o’tane. Ma jna’ teme stak’ xbajt ta yan ch’ulchan yu’un te balamilale, ta balamilal te banti ayik te ch’uleletike. Te scha’lamal jmame la yalben te lajla swejtesik jkojt te’tikil mut te ajawetike te ja’ ya stak’ yak’be sk’opon sbaik te winik antsetik sok te mach’atik lajemikixe.

La jta ta ilel te ak’olnax yo’tan te scha’lamal jmame, ma’yuk jich kilobe tal a te k’alal laj te scha’lamal jme’chune. Te ts’unune, machalnax xwilawet ta ik’, bayel yak ta sjalbel sok xik’ sk’op te scha’lamal jmam te yak scholel ta mukin ta stojol te ants te mach’a bayel la sk’an. Te ts’unun la xlich’ te xik’e, ma xiw k’alal wil beel. Sujtel bael ta skuchel te sbujts’ o’taniletike. Wil beel jich ch’ay ta tajaleltik, la yich’ben bael jo’tik te sk’anjel ko’tanjo’tike sok jich la slamanben jilel k’inal ka’yjo’tik.

 

2

Te sk’ayo te ts’unune ya yak’xan ta na’el stojol ek te j-ula’tawane, ka’lal ya xjul te jtul k’anbil uts’ alalil, ja’ yu’un ya yak’ ak’ol o’tanil te ka’lal ya yich’ ilel xwile. ¡Ts’un, ts’un, ts’un!, xi cha’ox mel ta jol te k’alal sujteltale ta jnae, ya jk’ejtikla te snopbenal.

Ta patil la ka’ybe sk’oplalil te ay bayel sch’unel o’taniletik te ya xkoltaot te ts’unune. La ka’y te k’alal ya yich’ milel jkojtike ya spa sbe chopol ta stojol te mach’a ya xmilote, ya xk’unej te jmilawal k’abal yu’une sok ya sk’as spisil te bitik ya stsake: te machite, te p’inetike, te mochetike, te samete, spisil te bitik ya xtun swenta a’telile. Ja’nix jich ta stuchk’abtael, te sba k’abil te ya yak’ ta ilel te wilel ae bilukme ora ya xju’ ya sk’as.

Te ajawetike la swejtesik te bit’il ta k’uxutaele, melel te ala jkojt tutin te’tikil mute ma stak’ stukel ay. La yak’beik bayel stulanil yu’un skujchintael yip te ik’e, la yak’beik yala xik’ te animalnax talel bael ya xwiltesot, sok najt sni’ te ja’ ya snuk’be tey a te scha’bul te nichimetik te ma slajin jilel soke, sok jp’e stutin o’tan ja’nax yu’un lom tulan.

¿Mach’a xkal te ya xju’ yu’un stsakele? Ja’iknax te mach’atik ya xtun yu’unik te sk’ayo swenta ya yak’beik te alal te mach’a maba lek ya xlok’ sk’ope. ¿Sok binti ya spasik te mach’a ya smilike? Ma’yuk, ja’nax tame laj te mach’a amilawane mame stak’ xk’opo sok te yuts’ yalal.

 

3

Ya jkojtes te jsite, ya ka’y ay binti schikiltaben jch’ujt. Ma’yuk lom ya kiltik xwil ta ajk’ubaltik te ts’ununetik, sok ma’yuk ya ka’ybetik sk’ayo k’alal malix te k’aale, manix ba spisil lekik a. Te sjulel ta lok’ele lijk sbajk’eson, ya yak’ che’bajuk ko’tan. Yu’uniwan ajk’ubaltik ts’unun melel te sk’ayoe k’ejel a, xmaklajetnax. Sokemnax la ka’ybe te sk’ayoe jich k’oem te muk’nax sok lu’benax te snuk’ulel, lom ch’in, te ya sbajk’es te ch’ulelale.

Ya jk’an jultes tal ta jol te sk’ayo te ka’yobe tale: chan ch’o sch’ininet ja’ ya yal lamal k’inal;  jo’ ch’o sch’ininet, jteb smakobil, sok ja’nix jich jmaj yajtalel, ya yak’ ta na’el stojol te ya xtal ilawanuk uts’ alalil; cheb k’ayo, jun smakobil, cheb k’ayo, jun smakobil, cheb k’ayo, ya yak’ ta na’el stojol te ja’al ya xtal ta yuilal mayo. Ja’ik la yak’laben jnop jmam te’ye.

Yu’uniwan ch’ayem te jkojt ts’unune. Ya xch’ayik te k’alal ya xlok’ik ta paxial ta yantik te’tikile, ja’ ya x-ik’otik beel te sbujts’anil yik’ te nichimetike.  Mak ju’uke ja’niwan te ajk’ubal ts’unune, ya jmel ko’tan tame ay bay jiche. Jch’ojnax ka’yobe sk’oplal, k’alal te jtate scholoben sk’oplal te sbal ajk’ubale. Ch’aytal te mal k’aale, ya kuch’jo’tik kajpe a, ya jk’atinjo’tik k’ajk’ ta snaul pas we’elil. La scholben ka’yjo’tik sok te jme’e te bit’il ay la mantal te’tikil mut te ya yich’tal utsil o’tanil, ja’nix jich ay yantik te ya yak’ ta na’el stojol mel o’tan sok sk’uxul k’inal. Ja’me te ajk’ubal ts’unune.

Ya yalbenjo’tik te ma’yuk mach’a yilo te bi yilele, aynix binti te ya x-ak’ot ta na’ele ja’ te sme’ba k’ayoe. La sk’ain aka’y te jtate: ¡Ts’uuuuun, ts’uuuuun! Najt aka’y jich bit’il jun sjik’el o’tanil, ya spotsobtes te bak’etalile sok ya xt’um’tun sok xi’wel te o’tanile, melel ja’ yak ta alel te mach’a ya ya’y stojole ya xju’ xtal chamel ta stojol te yuts’ yalale.

Ja’ te wa’y ajk’ubale sok yantikxan, la jxi’. Sabnax ya jk’an xwayon a. Ya jch’ikba ta yutil jtsots sok ya jmak jchikin swenta ma xka’y a tame ya xk’ax ta nae. Ya jnop te ja’ lek te manchuk la jna’ stojol te bit’il aye, jichnixan te manchuk la jna’ stojole ¿ja’nix jich bit’il k’an ba jna’ stojol te bi ya yak’ na’ele?

La yak’ben jxi’wel a te k’alal ya xk’ajin jkojt te’tikil mute: ya spotsob a te kakane sok ya xmajk a te jk’ope. Te jtate la yalben te jxi’wele yala stak’ yik’tal te ajk’ubal ts’unune, la sk’anben te yakukla jnoptal te bi lek ta nopele, te yakukla yak’oltesben ko’tan sok te bi sch’inlajet ta k’inaltike, te yakukla jnop kuxinel sok te sbal ajk’ubale, te binti leke sok te maba lek te li’ ta balamilale, melel te ajawetike ja’ jich la sk’anik, ja’nax jich ya xjelonxan ta lek te jkuxinele, te banti ma’yuk bi ya jxi’e.

Wokol a ch’ay ta jol, ja’ jich a k’ot ta pasel te k’alal la yak’ben jna’ stojol te jtate ja’ swenta te sna’el ya’yantael: tame ay ya ka’ybe jch’ojuk te sk’ayo te ajk’ubal ts’unune ya jtuun tebuk te maye, ya jk’ux cha’p’ejuk te axuxe sok ya jmal jp’isuk te pox ta yamak’ul nae, ja’ ya stak’ beel makel a te binti ya yal te ts’unune.

 

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Ayon jtukel ta jna, bajtik spisilik ta we’el ta sna te jme’jun Xawe. La jk’an ajilon yu’un bayel lu’benon ta a’tel sch’ixil k’aale ta k’altik. Ma’yuk mach’a ayxan swenta ya jojk’obe tame ay mach’a la ya’yxan sok la yilxan ek te ts’unune. Ta j-ajk’ ya ka’yxan te xi’wel te bit’ilnix la ka’y ta jch’inile. K’an jlamanjba, ya jna’ix binti ya jpas yu’un tame ja’ sbal ajk’ubal te ts’unun la kile, ¿jats’i tame ma ja’uk sok jichnaxmeti la kak’jba ta k’exlal awa’ye?

Ochon beel ta jna te banti ay te snaktib kuruse, tey ya sk’ej te jtat te bitik ya xtun ku’une. Ya jtsak te tsue ya jlok’es jtebuk te smayule, ya kak’ ta yolil jk’ab, ya jlo’ sok ya jbik’bexan te sts’ubile. Ya jlok’estal cha’p’e axux te k’ejbil ya jta ta yutil moch ta yan mexae, ya jach’tikla, ¡Chopol ya ka’ybe te sbujts’e!, ya jts’ikbe te chopol yik’e. Ya jtsak jp’isuk te poxe, lok’on beel ta jamalal jich ya jmal beel ta ba’ay yisim te nichim roxoxe. Yanax jxi’ ya’el melel ja’tonax sba ch’ool ya jpas ini, ja’niwanix lek te la jpase yu’un jich ma x-ochtal a te binti chopole.

K’unk’un lok’ beel xi’wel ta jko’tane, lajniwan jlainbe yip a te mantalil ich’bil beele, tame ja’nimeti a te ajk’ubal ts’unune, teme ju’uke maniwan mach’a la jlajin a. ¿Bit’il ya jna’ tame lek la jpase? Ja’nax ya jmaili cheb oxebuk k’aal tame jo’on ya stsajkon ta chamele mak ja’ik te yantik kuts’ kalale. Tame lek ak’ax beele ay bi cha’ten ya jna’ a: te lek abajt ta pasel ku’un te poxile, mak ja’ te binti jichnax la jnop ta jol.

Ja’ jich ta stulutul ya yal te mach’a ay bi ya schikintae, te ma jnak’ ta ko’tantik te bi yal ya jpastik ek te parajee. Ay lek ya’yejal yu’un te sch’unel o’tanil sok te bitik sch’inlajet ya xlijktal ta ajk’ubaltike, jichnix ya scholik ta k’op ti’iletik, ta jlam kuxlejal sok ta yan. Soknix ay k’ayojetik sok bi sch’inlajet te ma xya’y lek te jchikintike, te ma’yuk na’bile.

Ma xju’ jna’be sba ta spisil te ta jkuxinele, ya’tik ya stak’ ya kal te bitik ala jteb ka’yoe ja’ ta skaj te jbentaye te te’tikile sok te bebetik ta k’altike, soknixan ek te bitik xla jk’opo ta spat xujk jnae, sok te bitik scholtiklayeben ka’y te scha’lamal jmame sok te jtate. Ya jna’jo’tik bitik ya xla jk’ajinik, te sbiilik te te’tikil mutetike. Bayel ta jch’o maba yejtal ya kiljo’tik te bit’il ya stak’ jna’jo’tik stojol te teayik ae, yu’un ya xtoy te jk’abueljo’tik yu’un te jbak’etaljo’tike.

 

5

Ya jna’ te ay bayel te ts’ununetike, maniwan stak’ te ya jxi’e. Ay jch’o la kil ta lom ch’in jich bit’il sbak’ turesnaetik, ya yuch’labe kil te ya’lel ya’benal kartucha nichim, lajeltonax kak’be ya’lel a, ta j-ajk’ lok’ tal, sununet jichuk bit’il umo’.

Ta jch’oxan la kil puxul te sni’e, te sk’uk’umale k’aniknax sok tsaj te sjole, yak ta wilel ta sba ste’el te mantsanae, te sk’ayoe ja’ jich bit’il xch’ijt nich ak’al te k’alal yak ta tilele. Te sk’oibal te ts’ununetike ja’ la yak’ ta na’el stojol te ya xjul tal te jtul nax ta k’inal jwixe. Ja’ ya xkuxin ta jun tijil paraje yu’un Jo’bel, baytikto ya xtal sok te jbale.

Manchuk tame ay ek te ajk’ubal ts’unune, ay bayel ts’ununetik te ya yich’iktal te lekil ayinel sok te staelbajtike. Te scha’lamal jmame lato yalben jilel, k’alal mato xlaj ae, yala xtal yula’inonjo’tik, yala xk’atp’o tal ta ts’unun. Ay ya xtalik cheb, ya jna’ te ja’ sok te scha’lamal jme’chune, ya’tik schebal ya xwilik. Ja’ yu’un ya jkanantayla, ya kak’labe jilel ta amak’ sewlabil sit te’ak’etik sok cha’b swenta ay swe’elik a, sok ya kak’be ya’lel te nichim roxoxe ta jujun sab.

K’alal ya xla jkojt ts’unun te balamilal xch’ijanme ya xjil. Te ma xka’ybetikix sununetel a te yala xik’e. Ja’ jlajeltik ek, ta k’unk’un sok ta nom ts’ajk, melel te nichimetike ma xch’iikix a, ma’yukix a te sbujts’anil yik’ te ja’ ya spuk sba ta sputs te balamilale sok te lekil ik’e. Yame xlaj jxejt’ ku’untik abi, ya xmajk sbeibal te jk’op ka’yetik sok te ch’ulelaletik te ayik ta kuxinel te banti ya xbatik ta jpisiltike. Ya jik’ ko’tan sok ya jk’ain te k’ayo te ya sjultesbental ta ko’tan k’alal ch’inon tal ae, te slamalil k’inale sujtal ta jtojol.

ts’un,

ts’un

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ts’un,

ts’un

                                                           ts’un

Entre mi somnolencia escucho un murmullo.

ts’un

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                           ts’un

Me levanto de la cama, camino despacio y abro la puerta. En pleno preámbulo de la noche veo a un pequeño colibrí revolotear alrededor de las rosas de mi casa. Su aleteo provoca suaves corrientes de viento que acarician las hojas de las flores. Resulta extraño recibir su canto justo cuando las aves diurnas se han ido a dormir. Tal vez se ha extraviado y no encuentra su nido, quizá canta para recordar el camino.

ts’un,

ts’un

ts’un

Se suspende en el aire y me mira. Su aleteo refleja el verde de su plumaje y la mancha azul de su frente.

Hoy no ha sido un buen día. Las lluvias torrenciales de esta temporada inundaron lo que había sembrado y tendré que comenzar de nuevo, pero escuchar el canto del colibrí me devuelve el ánimo. Al primer parpadeo descubro que ya no está. Me acerco a las rosas para buscarlo, miro de arriba hacia abajo, doy varias vueltas y no lo encuentro.

La noche está despejada. Veo con claridad las primeras estrellas. El sueño se me fue y el canto del colibrí todavía retumba en mis oídos. Me siento en la silla del corredor de la casa, suspiro y recuerdo las palabras de mi bisabuelo Nicolás aquella vez que fuimos a la montaña a buscar leña. Apareció un colibrí en la vereda y se dispuso a beber el néctar de las orquídeas. Nunca antes había visto un ave así de linda y diminuta. Mi bisabuelo se detuvo.

¿Escuchaste? —dijo y sonrió.

Nos quedamos de pie, atentos al colibrí. Mi bisabuelo me dijo que de su canto nacía su nombre: ts’un ts’un, ts’unun (colibrí). Me contó que encontrarse un colibrí en la mañana era sinónimo de buenos presagios, pues entre sus alas los colibríes guardaban pensamientos de aquellas personas a las que recordábamos, y después los colibríes se llevaban esos pensamientos consigo y volaban hasta hallar a quien debían dejárselos.

¡Piensa en alguien que quieras, deja que el colibrí llegue a esa persona! —exclamó muy contento mi bisabuelo.

Recordé a mi bisabuela Antonia, había fallecido meses atrás y la extrañaba mucho. Le pedí en silencio al colibrí que le llevara mi sentir. No sabía si el colibrí podía viajar más allá de los cielos de la tierra, al mundo donde las ánimas reposan, pero mi bisabuelo afirmó que los ajawetik (seres sagrados) tuvieron la brillante idea de crear a esa ave para que los humanos se comunicaran con quiene se han ido.

Se notaba en mi bisabuelo una alegría que no le había visto desde que mi bisabuela falleció. El colibrí, suspendido en el aire, tejió con sus alas un montón de palabras que mi bisabuelo pronunciaba en voz baja para la mujer que quiso mucho. El colibrí extendió sus alas y despegó sin temor. Era un vaivén de recorridos cargado de emociones. Se elevó y se perdió entre los pinos, llevándose nuestros anhelos y dejándonos una tranquilidad profunda.

2

El canto del colibrí también anticipa la visita de un ser querido, la llegada de una persona deseada, por eso el corazón se llena de regocijo al ver su vuelo. ¡Ts’un, ts’un, ts’un!, repetía en mi mente una y otra vez de regreso a casa, tratando de guardar el recuerdo.

Tiempo después escuché varias creencias que protegen a los colibríes. Supe que matar a uno provoca daños a la persona que lo hace, su mano asesina vuelve frágil y quiebra todo lo que toma: el machate, las ollas, las canastas, el comal, todo lo que se necesita para trabajar. Incluso señalarlos es peligroso, pues el dedo que apunta el vuelo de un colibrí puede fracturarse en cualquier momento.

Los ajawetik crearon estas formas de protegerlo, pues un ave tan pequeña no debe estar desamparada. Le dieron fortaleza para vencer la furia del viento, le dieron unas alas que lo hacen volar velozmente de un lado a otro, un pico largo que le permite comer el néctar de las flores sin herirlas y un corazón diminuto pero fuerte.

¿Quiénes pueden atraparlo? Solo aquellos que necesitan su canto para transferirlo a niños con problemas del habla. ¿Y qué pasa con los que lo matan? Cuando mueran no podrá comunicarse con sus seres queridos.

3

Bajo la mirada y siento un cosquilleo en la panza. No es común que los colibríes vuelen de noche, mucho menos que canten después de la tarde, sus augurios no siempre son buenos. La visita inesperada del colibrí comienza a inquietarme, me provoca incertidumbre. Quizá se trata del colibrí nocturno porque su canto fue distinto, con intermitencia. Percibí cierta disonancia como si fuera una voz longeva y cansada, penetrante, que aflige el alma.

Trato de recordar los tonos que antes he escuchado: cuatro zumbidos seguidos indica paz; cinco zumbidos, con un breve silencio, y de nueva cuenta el mismo número de zumbidos, avisa la pronta visita de un ser querido; dos cantos, pausa, dos cantos, pausa, dos cantos, anticipa las lluvias de mayo. Esas interpretaciones las aprendí de mi bisabuelo.

Tal vez sea un colibrí extraviado. A veces se pierden cuando se aventuran hacia otros bosques, dejándose llevar por el perfume de las flores. O quizá sea el colibrí nocturno, y eso sería preocupante. Solo una vez escuché de él, cuando mi padre habló de los seres de la noche. La tarde había caído, tomábamos café, nos calentábamos en el fogón de la cocina. Nos contó a mí y a mi mamá que así como existen aves mensajeras que traen alegría, también hay algunas que anticipan tiempos de tristeza y dolor. El colibrí nocturno era una de ellas.

Dijo que nadie había logrado verlo, pero se le reconocía por su canto fúnebre. Mi padre lo imitó: ¡Ts’uuuuun, ts’uuuuun! Largo como un lamento que hace al cuerpo entumecerse y al corazón latir con miedo, pues avisa que quien lo escucha o alguien de su familia pronto sufrirá una enfermedad.

Esa noche y varias más tuve temor. Procuraba acostarme temprano. Me metía entre las cobijas y me tapaba los oídos para evitar oírlo si pasaba en la casa. Pensaba que habría sido mejor jamás saber de su existencia, pero sin saberlo ¿cómo iba a remediar su presagio si alguna vez lo escuchaba?

Empecé a asustarme cuando cualquier ave cantaba: mis pies se entumían y mi voz se ahogaba. Mi padre me dijo que mi pavor podía atraer al colibrí nocturno y me pidió que pensara en otras cosas buenas, que me alegrara con los murmullos que nos regala la tierra, que tratara de aprender a vivir con esos seres de la noche, con el bien y el mal en el mismo mundo, porque los ajawetik así lo decidieron. Solo así mi vida volvería a ser como antes, sin temor a nada.

Me costó olvidarlo y no pude aprender a vivir con ello hasta que mi padre me contó qué podía hacer al respecto: si alguna vez escuchaba el canto del colibrí nocturno debía comer un poco de may (tabaco molido), masticar dos dientes de ajo y arrojar una copa de pox (aguardiente) afuera de la casa. Era la forma de interrumpir el presagio del ave.

4

Me encuentro solo en casa, todos se han ido a comer a casa de mi tía Sebastiana. Quise quedarme porque estaba fatigado de trabajar todo el día en la milpa. No hay nadie aquí para preguntar si alguien más escuchó y vio al colibrí. De pronto siento el mismo miedo de mi infancia. Trato de tranquilizarme, ya sé lo que debo de hacer si el colibrí que escuché es nocturno, ¿pero si no es y solo hago el ridículo?

Entro a la casa y camino hacia el altar donde mi papá guarda las cosas que necesito. Tomo el tecomate y saco un poco de may, lo pongo en la palma de mi mano, lo como y lamo los restos. Saco dos dientes de ajo guardados en la canasta bajo la mesa, los mastico, ¡qué horrible saben! Tengo que aguantarme el asco. Me sirvo una copa de pox, camino hacia fuera y lo arrojo en las raíces de las rosas. Me siento nervioso porque es la primera vez que hago esto, pero es preferible el ritual que darle entrada a la desgracia.

Poco a poco mi corazón se tranquiliza, tal vez corté la fuerza del mensaje enviado, si es que se trató del colibrí nocturno, de lo contrario tampoco habré hecho daño a nadie. ¿Cómo sabré si lo hice bien? Sólo queda esperar algunos días para descubrir si yo o alguien de la familia se enferma. Si todo sigue con normalidad entenderé una de dos cosas: que el remedio funcionó o que todo fue parte de mis fabulaciones.

Es cierto que cada uno interpreta lo que cree escuchar, sin negar que también nos dejamos influir por lo que se dice en la comunidad. Hay una correspondencia con las creencias sobre ciertos sonidos que nacen en la noche y que se transmiten de voz a voz, de una generación a otra. También hay cantos y murmullos indescifrables a los oídos, todavía desconocidos.

La vida no va a alcanzarme para reconocer todos los cantos que existen, pero hasta hoy puedo decir que lo poco que he oído ha sido por las caminatas que he emprendido en las montañas y veredas camino a la milpa, otros más porque se producen en los alrededores de mi casa, y por los relatos de mi bisabuelo y mi padre. Sabemos quiénes cantan, el nombre de las aves. Muchas veces no necesitamos verlas para saber que allí están, gracias a los ojos que tenemos más allá del cuerpo.

5

Sé que existen varios colibríes, no debería asustarme. Una vez vi uno muy pequeño, del tamaño de las semillas de los duraznos. Bebía gotas de agua que se escurrían por las hojas de los cartuchos que acababa de regar. Se asomó de repente con un zumbido parecido al de los ronrones.

En otra ocasión vi uno con el pico doblado. Sus plumas eran amarillas y su cabeza roja. Volaba sobre el árbol de manzanas y su canto era como pequeños chasquidos de carbón ardiendo. La visita de aquellos colibríes presagiaron la llegada de mi única hermana. Ella vive en un paraje cercano al valle de Jobel, y de vez en cuando viene con mi cuñado.

A pesar de la existencia del colibrí nocturno, abundan los colibríes que traen consigo buenos tiempos y reencuentros. Mi bisabuelo alcanzó a decirme, poco antes de su muerte, que vendría a visitarnos en forma de colibrí. A veces vienen dos y sé que son él y mi bisabuela, que ahora vuelan juntos. Por ello los cuido mucho, dejo en el patio trozos de fruta cubiertos de miel para que tengan que comer, y riego las rosas cada mañana.

Cuando un colibrí muere una parte del mundo se queda en silencio, sin escuchar el pequeño zumbido de su aleteo. Es también nuestra muerte, lenta, porque las flores se quedan sin crecer, sin aquellos aromas que oxigenan los pulmones de la tierra y que limpian el aire. Una parte de nosotros se extingue, nos quedamos sin comunicarnos con las ánimas que viven en ese mundo al que todos iremos inevitablemente. Suspiro e imito aquel canto que evoca mi infancia, y la calma vuelve a mi interior.

ts’un,

ts’un

ts’un

"El canto del colibrí" por Mario Cano Domínguez

“El canto del colibrí” por Mario Cano Domínguez


Autores
(Chiapas, 1990). Es ensayista, documentalista y académico tseltal. Doctor en Ciencias Antropológicas (UAM-I). Becario del FONCA y del PECDA-Chiapas, ambos en dos emisiones. Premio Cátedra Gonzalo Aguirre Beltrán a la Mejor Tesis Doctoral en Antropología Social y Disciplinas afines 2024, y Mención Honorífica de la Cátedra Jan de Vos a Mejor Tesis Doctoral 2025. Ganador del primer lugar en cuento del concurso Universidad es diversidad de la UAM 2021. Obtuvo menciones honoríficas de ensayo en el 53 Concurso Punto de Partida de la UNAM 2022, y en el Concurso de Estudiantes de Post-grado del Congreso ERIP-LACES-Universidad de Stanford 2022. Autor de los libros de ensayo bilingüe, tseltal y español, Te sututet ixtabil. El giro de la pelota (Coneculta, 2020) y Ch’ayet k’inal. Las formas de la ausencia (FCE, 2024).

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

 

Mu yanuk mu nichimal jbakutik

 

 

Jun sob k’ak’al, k’alal syak ta jmala xi och ta ak’ chanvun xchi’uk jtsop jchanvunetik ta jun universidad ta Jobel, nopaj bat sk’oponun jun jchi’il ta abtel. Li stuke, ti ja’ sna’be sk’oplal k’usitik vu’em ta vo’nee, chbat ta yan salon ek. Yanuk vu’une ja’ ta xi k’opoj sventa jk’optik xchi’uk jtalelaltik. Taje ja’o sja’vilal 2016. Mu’yuk to’ox jal jsuteltal ta chanvun ta Chile.

Ta xokon buy ts’unajtik nichimetik, lilo’ilajkutik sventa k’usitikuk tsots cha’ik ti kaj chanvunkutik k’uchaluk sk’oponel xchi’uk snabel smelol vunetike. Mu to’ox jaluk yech’el, mu stak’ na’el buch’u xchi’uk bak’in laj jel ti jlo’ilkutike, sventa xa un abtel ts’ibajel xi vulajetkutik. Ja’ tey li june laj yal ti abtelal ts’ibtabil ta bats’il k’op ta Jsoktome ja’ no’ox la ti ba’yel vo’neal lo’iletike: yech’o xal un, laj to sts’akubtas, mu to stak’ xkaltik me oy ach’ jts’ibajometik. Sk’aneluk xa jech, ja’o sta yorail ti chi-ochkutik ta abtele. Naka xa ox ta jak’be li jchi’il ta lo’il, ti va’ xa sjalil xlok’ ti ja’vil ta siglo XXI, me mu’yuk sk’oponjbe yabtel Josías López Gómez, Nicolás Huet, Ruperta Bautista, Alberto Gómez Pérez —xkaltik jayibuke— me yu’un van mu sk’an sta ta alel ja’ ti mu’yuk xk’upij yo’nton yu’un ti k’usi oye. Xchi’uk ochemun xa ta yut chanobvune, ja’ la jtak’ ti k’usi ba’yel la jnope. Ti k’usi yatel ko’nton li kom yu’un ti a’yej ta ak’ole ja’ ti sk’oplal yelanil indigenae.

 

Jech, vu’une jts’ibajomun ta bats’il xchi’uk ta kaxlan k’op. Lik jk’opon vunetik, k’alal tsuts ku’un Juan Carlos Onetti xchi’uk Franz Kafka, ch’akbilik ta Ciclo Chiapas. K’otik ta ko’nton k’uchal Ramón Rubín, Eraclio Zepeda xchi’uk Rosario Castellanos. Ach’ to laj jk’oponbe yabtel Emmanuel Carballo buy chlo’ilaj xchi’uk Rosario Castellanos ta Protagonistas de la literatura mexicana (Ediciones del Ermitaño, Serie Lecturas Mexicanas, 1986). Ti antse chal, k’alal yich’ jak’bel sventa yabtel nitil ta indijenistaetik —k’uchal Oficio de tinieblas (Joaquin Mortiz, 1962)—, ti ya’yej li’e:

 

─Me jch’un k’uchal oy kabinoj sk’oplal ti ts’ibetik taje, ti mu xk’ot ta ko’ntone, jmuk’ta cholbil lo’il xchi’uk jbik’it lo’iltake mu sta’o. Ti xchopolil chkile ja’ ti tsnopik ti slumal indigenaetike ja’ xa jun yustil sk’oplal, ti manchuk uts’intabilike, nichimaltik xchi’uk bij stalelik. Ti va’ yelan chalike chak’ tse’inkun. Li inyoetike ko’ol ants vineketik k’uchal ti jkaxlanetike, ja’ no’ox ti buy nakalike mu’yuk ich’bil ta muk’ stalel xkuxlejalik. Skoj ti k’unil jch’ieletik no’oxe, xjelav to xchopolalik (jun spukujilik, jlo’lavanejetik xchi’uk jatviletik) k’uchal ti jkaxlanetike (1986: 531).

 

Me yu’un un jech ti Castellanos mu sk’upin stael ta alel yutsilal slumal ti ants viniketike, ta sa’be smelol xchopolilik ta skoj yabtel ti j-uts’intavanej jkaxlanetike. Ta Oficio de tinieblas xvinaj ti skontrainoj sbaik yu’un ti jsots’iletik xchi’uk jkaxlanetike. Ti antse tslok’ta xchi’uk tsbon Petul Ton, jchi’iltik chamo’, k’alal ta stalel snopben, bajal ta svo’neal kuxlejalik ta yeloval sat jpas k’opetik ta sjunlej osilal, ti ja’o sk’ak’alil tspasik k’op skoj svunal ti osil banamile. Castellanose tsbijil k’el ti vinike, ja’ skuxlejal Pedro Díaz Kuskat, jnitvanej jchi’iltik ta 1869, buch’u laj stsak ta leto jkaxlanetik nakajtik ta Jobel koltabail yu’un Ignacio Fernández Galindo, ta sa’el kolel ti, manchuk un, mu’yuk xkuch yu’un.

Ti va’ chkale oy muk’tikil jchan vunetik k’uchal Lienhard (La voz y su huella, 1990), Morales Bermúdez (Chiapas literario, 2005) xchi’uk Mayorga Mayorga (Chiapas en la literatura del siglo XX, 2004) ti mu xchi’bajik ta xcholel ti Castellanos ta xokon Ricardo Pozas xchi’uk Carlo Antonio Castro, buch’utik ma’uk tsa’ik bijil ts’ib ja’ no’ox ti, ta skoj ya’yeja ch’ielal staik ta yabtelik, me xcha’lok’taik me “yak’bik ye” ti buch’utik mu’yuk k’usi xutik spasel stukik ta cholbil ts’ib lo’il k’uchal Juan Pérez Jolote (1948), ta ba’yele, xchi’uk Los hombres verdaderos (1959), ta xcha’bale.

Jech k’uchal ta xal Morales Bermúdez ta Aproximaciones a la poesía y la narrativa de Chiapas (Unicach, 1997), “Castellanose ta snop ti me yu’un mu’yuk to staoj sba ta be xch’ielalik ta sjunul kosilaltik ti inyoetike xchi’uk jeche’ no’ox tey bajalik ta svo’neal kuxlejalik xchi’uk svokolike, ja’ ta skoj ti xchopolil xchi’ilik ta naklej jkaxlanetike, ja’ jech ta xak’  kiltik ta svun Ciudad Real” (165).

Oy cha’bel k’usi stak’ xkal ta slekilal ti Ciclo Chiapase: stalelal inyo xchi’uk indigenae cha’ich’bil ta muk’ yu’un bijil jkaxlanetik xchi’uk k’uyelan juvo’ jts’ibajom chcha’meltsanbe slok’ol ti uts’intabil jteklumetik x-eyetik ta mantale, jubatel xa lekubtasbilik (Castellanos) jubatel xa jun spukujilik (Zepeda). Francisco Mayorga Mayorga (2004), ta snopben eke, ta xal ti va’ jts’ibajometike ta xkuxesik o ti “abtel ts’ib ta sjunlej kosilatik xchi’uk k’alal ta yich’el ta muk’ inyoetik, ti ja’ xa ch’italel skuxlejal ta siglo XX” (Chiapas en la literatura del siglo XX: visión de sus narradores, Gobierno de Chiapas/Secretaría de Educación, 21); ts’akale, ti ja’ chkabtelan vu’une, st’ibajometik ta ciclo li’e k’ot ta yo’nton yu’unik ti jkoltavanejetik, jelubtasej k’opetik, o mi j-al a’yej kuxlejal (k’uchal chalbeik ti etnografiae) ta sna’bel smelolal ti antropologoetike, xchi’uk un ti jts’ibajometik eke, syak chabtelanik ta bijikil vunetik ti k’usitik sjelubtasanojik ta kaxlan k’ope, ti mu to’ox buch’u junuk k’otem sbi ta vunetik mi ja’uk ta ya’yejal xkuxlejal stukik.

Ta sja’vilal chanvinike, vunetik xchi’uk tsobbenal lo’il a’yejetik, me lok’em sbi me mu’yuk ti jts’ibajome, noj yu’unik nail vunetik xchi’uk chanobvunetik. Ta Chiapase jtatik ta sa’el k’uchal Relatos tseltales y tsotsiles (1994 xchi’uk 1996), likesbil sloiltael yu’un Nicolás Huet xchi’uk Francisco Álvarez Quiñones; La literatura oral tradicional de los indígenas de México (1998), tsobbilal lo’il spasoj Lilian Scheffler; Cuentos y relatos indígenas, xlik ta volumen I k’alal ta X (1984-1998), abtelanbil yu’un UNAM, buy oy CIHMECH; Narrativa Maya-Zoque (1997); Y el bolom dice... del CELALI/CONECULTA; Cuentos y teatro tzeltales (1994), tsobbilal lo’il sbainoj Isabel Juárez Espinosa; Los escritores indígenas actuales I (1992), st’ujoj xchi’uk xcholojbe ya’yejal Carlos Montemayor; Historia y vida de nuestros pueblos (2002), yu’un Programa de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Mesoamérica y el Sureste, PROIMMSE/UNAM.

Chkojtikin ox ka’i skotol, k’alal kil ti sbitake li ch’ajub. Me xka’tik ya’luk ti k’usi chal ta kaxlan k’ope, yanuk ta jk’optike, ak’o me mechuk ya’luk ti xkaltike, to jtsots ta k’oponel ja’ ti julikel xcha’lik xcha’sut ti lo’ile. Tey laj kil ti ta jk’optike mu’yuk buch’u stuk’ulanojbe smelol xcholobil, yanuk ta jelubtasbile ja’ lek k’elbil. K’alal jchanvunun to’ox eke laj xa ox jts’iba lo’iletik ti, kaloje, ja’ no’ox jtuk yalobikun juntotak jmuk’totak pe mu ka’i la jipbatel ta ts’akal, yu’un k’unto laj jta ta ilel ti va’ ta tsobbilal abteletike oy xa ep ta koj lok’esanbil ta vunetik ti lo’iletike. Sventauk xa slikeb ch’ielal, smeltsanobil vinajel xchi’uk osil banumil, k’alal vul jtotiketik ta jteklum, k’alal ayan ants vinik, ja’ sa’bil ta jek yu’un ti jchi’laktik ts’ibajik skoj ti k’anbilik yu’un ajvaliletike, jech kuchal yu’un ta antropologiae. Ja’ no’ox k’usi mu xch’ay ta ko’ntontik ti sts’ibtael mol lo’il a’yejetike ja’ me slikeb stekel tsibetik ta banumil.

Slikeb sts’ibtael ti jbats’il k’optike, xchi’uk xa snopel ach’ lo’iletik, ja’ ta ya’vilal lajuneb vo’vinik. Lik xchanel sbijilal ti ts’ibetike, mi xcholeluk xa mi spaseluk xa nichimal k’op, k’uchal yan bijil ts’ibetik. Ja’ jt’ax xa jk’obtik yu’unik ti jchi’laktike ja’ ti lik sna’bik smelolal ta slekubtasel sts’ibtael ti bats’il k’op ta tsotsil xchi’ik ta tseltale. Snopobil abtelal taje tsatsub k’alal likik ta pask’op ti EZLN, koltavanik ta chanubtasvanej Carlos Montemayor, ta ya’vilal lajuneb vo’vinik, José Antonio Reyes Matamoros xchi’uk Alejandro Aldana Sellschopp, ta slikebal ya’vilal 2000.

Sk’oplal ti snopobil ach’ ts’ib lo’il ta sbijil yutsil ti jk’optike lik sjelbe snopbenal stuk’ubtasel xchi’uk yabtelanel ti bats’il k’ope. Ti kerem tsebetik ch-abtejike mu xa xlaj o yo’ntonik ta slok’tael sjelubtasel ti lo’il maxiletik, k’ejimoletik xchi’uk ilolaletike. Xcha’meltsanel xchi’uk snopel ach’ lo’il ja’ xa snutsoj jujun jts’ibajom, chtajinik xchi’uk slekil yutsilal sk’opik xchi’uk k’u yelan xchanojik ta yan ts’ib abtel. Ti va’ chkale xu’ jtatik ta ilel sonetoetik sts’ibtaoj Enrique Pérez López xchi’uk bik’it lo’iletik bijik cholbil, oy yutsilal xchi’uk lek xchukbenal nopbil yu’unik Nicolás Huet Bautista xchi’uk Josías López Gómez ta Palabra conjurada: cinco voces, cinco cantos (Espacio Cultural Jaime Sabines, FONCA, 1999), ja’ abtel sbainoj Reyes Matamoros.

Buch’utik indigena chkaljbatik tanae xko’laj me mu jna’tik lek buch’uotik. Smakob satil ta yelanil xchi’uk nichim utsilal yaloj Castellanose, tsatsub k’alal ech’ ti indigenismoe. Ti k’op indigenae ja’ lik stunesik yajval lumetik sventa stoyob sbaik yo’ mu skapsbaik xchi’uk jkaxlanetike. Ja’ lik jtunes ek k’alal li jelav batel ta slumal Jobele. Yanuk jts’ib kabtele, ti yan o smelolale, ma’uk xa kak ch’akbil batel ta sk’ob ti buch’u tsk’opone. Ja’ xu’ ak’u xch’ak ta sat stuk ti buch’u tsk’opon ti vunetike. Ja’ sventa ya’yejal sbejlej banumil ti me chalbe slekil xchopolil stalel xkuxlejal ti vinik antsetike.

K’alal tsuts ku’un yabtel buch’utik tsa’bik smelol kuxlejal, ak’o me ch’akajtik slumalik jujuntal, xchi’uk mu’yuk jnopojbetik sk’oplal ba’yele, García Márquez, Julio Cortázar, k’un to Paul Auster, Alejandro Zambra, César Aira, Emmanuel Carrère, oy ta jak’ ti k’op indigenae ¿me mu van stunel neocolonización? Ja’ chkal ti k’u yelan chkak’jbatik ta ojtikinele, sujbilotik ta yalel yu’un yantik jchi’laktik, ti tana li’e vo’tik xa jtuktik ta jtunes ta kabteltik. Mu me jmojeluk yelan chi-jnopaj ta sk’elel jlik vun, xu’ xkal Entre los indios, me ts’ibtabil yu’un jun maya me nahuatl, k’uchal me sts’ibtaoj Aira. Ti k’op “indigenae” kak xa chchapan, jubatele tsokesbe sk’oplal, vun me oy ta sba ta yolon sbie.

Ti yabtelik jchan vunetik xchi’uk buch’utik tsts’ibajik ta yutil muk’tikil snail abtelal yu’un ajvalile ja’ yochelik ta stunesel ti va’ k’op indigena, inyo mo’oje bats’il vinik sventa ta xch’akel ti vunetik buy ts’ibtabil no’ox ta kaxlan k’ope. Va’ sjelobil stuk’ulanele, ja’uk ta slekubtasbe smelolal ta yak’el ta k’elel xchi’uk sts’ibtaele, mu xak’ ta ojtikinel lek k’usi ja’ ti ta melel yabtel snopben ti jts’ibajometike. Jujun jst’ibajom ja’ ta snop k’usi yelan k’usi k’opal ta xak’ ta ojtikinel ti yabtel ts’ib vune, ja’ jech xu’ jnopbetik xcha’bal sk’opal ta k’elel, st’ujeluk xa k’usi k’op lek ta jk’upintik sk’oponel un bi.

K’uchal yaloj Bonfil Batalla eke (2005), ba’yel sk’an pasel ta inyo sventa chich’ ch’ayel, yu’un “stak’ ojtikinel ta anil ti inyo skoj xchopolile: ch’ajil inyo, antivo, bo’lat, lek to me yu’un chak’ tse’imole, ja’ ta smul ti mu xlekub ti kosilaltik k’uchal nopbile” (México profundo. Una civilización negada, Debolsillo, 45).

Ti slo’iltael sk’oplal stubobil (stalel xkuxlejal xchi’ik snakleb) ti buch’utik na’bilik “inyo me indigena” yo’ ta ts’akale ja’ xa no’ox xich’ julesel ta jolal ti k’usi lek to’ox yo’ smeltsaj ta jbej ti kosilaltike, ak’o me jeche’ xa no’ox ch’akulantik sat k’uchal stak’inal sk’u’ Mol Quijote, tsatsubem yu’unik ti jteklumetike. Taje ja’ ti k’uchal chkal neocolonizacione, mu van yanuk k’uchal “colonialismo interno” snopoj Pablo González Casanova (2006), k’alal ta xal ti “Xchi’uk laj ti spasel ta mantal jchi’laktik yu’un j-alemanetike ja’ me lik ti yuts’intael xchi’uk sujel ta abtel xchi’iltak ta naklej stukik ti jnaklometike” (“El colonialismo interno” ta Sociología de la explotación, Buenos Aires: CLACSO, 2006, 186). Slabaneljba jtuktik, yatel ko’ntontik xi jk’atajuk ta jkaxlan, sjelel stunesel ti jk’optik ta kaxlan k’ope, k’alal mu xkaltik buy likemotik tale ja’ sk’elobil k’u yelan sujbilotik to o ta yut jol ko’nton xa jtuktik.

Tana li’e, ti neoindigenismo chalike ta sa’, me jlabantik lek ta jpas k’opetike, sk’elel k’u xa yen ti jkaxlanetik tslapik slekik sk’u’ jnaklometik, skapik xa ta bats’i k’op me oy bu chal ya’yejike. Yanuk ta abtel ts’ibe, Antonio Cornejo Polar (1984) eke oy xa uno’ox sjulesoj ta sjol yo’ tsk’el o xchi’uk, ti ja’ jun stalele, “Xch’iel ti yavil ts’ib lo’il a’yejetik jmoj chanav xchi’uk slabanel xchi’el xkuxlej ta melel ti jnaklometik, ti mu xa ven ch’akajtikuk ta xchopolil xchi’uk slekil ta lum ti buy nakajtik tsobajtik xchi’uk ti jkaxlaetike” (“Sobre el <<neoindigenismo>>”, Revista Iberoamericana, 549). Ti va’ yelan chanemik lek jts’ibajometike ochemik ta yabtelanel ti k’usi “lubesat yu’un ti ba’yel j-abteletike [buch’u sbiiinoj indigenistaetike]: ¿k’u yelan ta ak’el ta ojtikinel (ak’o me pasem xa jkaxlanetik yiluk ti ants viniketike) xchi’uk xa ti yan talel kuxlejal abtelal buy oyike?” (550). Cornejo Polare tsk’el ti va’ k’u yelan ta xale ta yabtel jts’ibajometik “boom latinoamericano” ti, xchiuk “realismo mágico”, chabtelanik ya’yejal vo’neal kuxlejalil ta ach’ snopel sk’elel sbijil sts’ibik ta vun. Ti va’ yen chkale xu’ jk’eltik ta kosilaltik Mexico muk’ta cholbil lo’il La región más transparente (1959) yu’un Carlos Fuentes. Ti buy chvu’ ti cholbil lo’ile ja’ jun muk’ta lum, chotanbil ta vo’neal lum to’ox xchi’uk ants vinektik ti sbiinojik ti k’u yelan xojtikin sbaik ti mol me’eletike.

Ta kosiltaltik Chiapase oy jts’ibajometik chak’ik ta jelubtasel yabtelik ta bats’il k’op yo’ tspukik ta yabtel stukik. Me mo’oj xtoke, jubatele, tstsobik yabtel yantik jchi’laktik ti ja’ mu’yuk chvinaj sbiik spat vune. Jech va’ chkale stak’ ilel ta yabtel Ámbar Past (Estados Unidos), slok’esoj Conjuros y ebriedades (Taller leñateros, 2008). Yanuk ta yutil ti vune ta jtatik ep ts’ibetik meltsanbil ta bats’i k’op. Ak’o me tey un xvinaj sbiik ti buch’utik sjulesojik ta sjol yo’ntonike, naka mu antsetik stekelik, mu xvinajik ta spat ti vun k’uchal yajval me ko’ol nopbile; yanuk k’uchal Mario Nandayapae, likeltal ta vo’neal jsoktometik, ti ulem xa sk’opik ta yosilal buy Soktome, te oy ochem yabtel ta Antología de poesía indígena latinoamericana (Lom Ediciones, 2008) spasoj Jaime Huenún. Ti jts’ibajome tskuy xa stalel xkuxlejal k’uchalotik, yabteltake lok’em xa ta bats’il xchi’uk kaxlan k’op, k’alaluk ta kosilaltike mu xkiltik jech spas, mechuk k’uchal ti Past jchanoj bats’i k’ope, xchi’uk mu sna’ xk’opoj jech.

K’u sjalil li naki ta Chilee la jkojtikin Elicura Chihuailaf xchi’uk Jaime Luis Huenún, muk’tikil jpas nichimal k’opetik jnitvanejetik ta ts’ib ta mapuche. Ti ba’yele ochem ta xchajel sa’bel slekil vo’neal lo’iletik, xko’laj me ta xanav sutel, stak’ ojtikinel jech ta svun De sueños azules y contrasueños (Universitaria, 1995) xchi’uk, ti xcha’bale, ta xtajin ta st’ujbel spajebal stunel ti k’ope, ja’ tsjam sba ta stunesel yan abtejebal xchi’uk spasobil nichimal k’op, jech stak’ k’elel ta svun Reducciones (Lom Ediciones, 2012). Ma’uk no’ox ta yosilalik tsobbilik ta vunetik xcha’balik; manchuk un, k’alal ti yabtelik ta stsakbatel —ja’ van x-ech’ ti xcha’bal vinike— yip ta sbejlej banumil, mapuchealike talelik xtoke ta xch’ay —xchi’uk ja’ x-ech’ ti xcha’bal vinike—. Chihuailafe ja’ no’ox ich’bil ta muk’ yabtel ti buy nichimal k’op yu’un “indigenae”; yanuk Luis Huenune ja’ tik’bil ta vunetik sventa hispano me latinoamericano xchi’uk buch’utik tsts’ibajik no’ox ta kaxlan k’op. Li’e sta’k ilel ta El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (filo de caballos editores-CONACULTA, 2005), st’ujojik Rocío Cerón, Julián Herbert xchi’uk León Plascencia Ñol.

 

Jubatele ta jak’be jba me vu’un ti k’anbil yu’unik jpas k’opetik ta kosilaltik to’oxe.  ¿Vu’un, bats’il vinikun? ¿K’usi ti bats’il ja’e? ¿Me jkuxlejal, jch’ich’el, jk’op, jk’u’ me kabtel ts’ib? Mu yanuk mu nichimaluk jkuxlejal, jch’ielun k’uchal yantik ants viniketik, oy mu sta sba ka’yej, pe li’ oyun xchi’uk ti ts’ib vune. Oy jk’ob xchi’uk jk’uk’umtak ma’uk sventa chkak’ majel me chivil, ja’ chits’ibaj o. Slok’esobil snak’benal sat jkuxlejal.

Ta yabtel ti Carballoe, Castellanose ta xal xtok: “Ti inyoetike mu yanikuk mu nichimaluk stalelik. Ti k’usie tsots svokol xkuxlejalik. Ja’ sk’an ak’el ta ilel ti va’ vokolile yu’un ja’ xtuch’oj ti k’usi to’ox sbijilalike” (1986: 531). ¿K’usi van ti bijilalil yaloj ti jts’ibajome? ¿K’usi van ja’ ta spasik ti jchi’laktik xjumlajetik ta Hummer, ta Lincoln, ti oy ta sk’obik spukel xchi’uk sjelavesel chuvajesobil jolal ta parajeetik xchi’uk yantik beetik ta sts’akil kosilaltike? ¿Buch’utik ti stukike?

Mu uno’ox jeche’uk te oy ti va’ vokolile, persa ich’bil talel, yu’un ja’ yatel  yo’ntonik cha’vo’ jpas nichimal k’opetik ta tsotsil: Ruperta Bautista, xchi’uk Raymundo Díaz (Snich tsantselav, 2007). Chcholik xchi’uk chalik, ta sni’ sat stukik, smilel jnaklometik. Oy yantik xtok k’uchal ti jpas nichimal k’opetik ojtikinbil xa yabtelik ta namal osil (Ruperta Bautista jelubtasbil ta italiano ta vun Realtà non necessaria (Gorée, 2009), k’uchal jchol lo’iletik Nicolás Huet xchi’uk Josías López Gómez ti oy xa k’elbil lek yabtelik yu’un bats’il jts’ibajometike —stak’ tael ta ilel ta Recovering lost Footprints (Suny Press, 2018), Vol. 2, yu’un jts’ibajom xchi’uk jchan vun Arturo Arias—, jech xtok ko’ol xa ich’bilik ta muk’ xchi’uk jkaxlanetik ta tsobbilal abtelal, jech stak’ ilel ta El cuento en Chiapas (1993-2015) (CONECULTA, 2017) spasoj jts’ibajom Alejandro Aldana Sellschopp. Ti ye mol me’eletike chtub xa ta jun biil. K’uchal ta xal Morales Bermúdez (2006), “Jelel k’uchal ti vo’neal lo’il a’yejetik mu xvinaj buch’u yabtel jujuntal xchi’uk slekubtasoj ti a’yeje, yanuk ti ts’ibe ja’ ta xak’ iluk sbijil jujuntal ti buch’u ta snop ti ach’ lo’il k’opetike” (“En torno a la literatura indígena de Chiapas”, Anuario 2005, Unicach, 345).

Ti ach’ jts’ibajometik tanae, ti buch’utik ech’emik ta sk’ob mol Reyes Matamoros ta jchanel vune, oy xa lok’em jpok cha’pok yabtelik jujuntal, xchi’uk oy xa junkantik staojik muk’ta ich’el ta muk’ yabtelik. Jech k’uchal Josías López Gómez spasoj kanal Premio de Literaturas indígenas de América (PLIA, 2015), skoj yabtel sts’ibtael chol lo’il; Juan Álvarez eke staoj Premio Continental de Literaturas en Lenguas Indígenas “Canto de América” (2010) ta yabtel Lubenix te ch’aben / Se ha cansado el silencio (CONECULTA-ELIAC, 2011), xcha’balik ta tseltal. Yanuk ach’ toe, ja’ Manuel Bolom ti buch’u kuch yu’un Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas (2016), ta tsotsil, skoj yabtel Sk’inal xikitin: k’opojel yu’un nupunel / Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio (Secretaría de Cultura, 2017).

Stekelik ti jts’ibajometik li’e xchanojik xa lek vun. Sk’oponojik epal abtelal, sjamoj xa satik. Ja’ no’ox ti mu buch’u spasoj kanal ta yan tsalobbail ti me ma’uk sventa indigenaetike. Jna’ojtik ti abtel ts’ibe mu’yuk xch’akel xchi’uk spajeb, mi ja’uk st’ujbenal ta junuk k’op. Yanuk jk’oponej vune oy tst’ujilan ne’, ak’o me jubatele sna’oj xa ti jpas vunetike. Alak’ sba ta ilel k’uchal svunik Pergentino José (Hormigas rojas, 2012) xchi’uk Natalia Toledo (EL dorso del cangrejo, 2016), xcha’balik zapoteco sk’opik, buch’utik kuch xa yu’nik slok’esel yabtelik ta muk’ta jmeltsanej vun k’uchal Almadía nom tspuk batel ti k’usi tslok’esike. Ti sts’ibik ants viniketik li’e nom chanav batel ta skoj no’ox ti sbijilal meltsanbil xchi’uk tskolta abtel ts’ibetik ti mu’yuk tslaban k’usi k’opal, buy likemtal xkuxlejal xchi’uk me ants vinik ti spasoje. Bijil ts’ib abtelaletik, nopbil yu’un jch’ieletik xko’laj k’uchalotik jamem satik ta stuk’ulanel lekil a’yej xchi’uk nichimal k’op.

 

Ni misteriosos ni poéticos

Una mañana, mientras esperaba mi turno para impartir clases a un grupo de estudiantes universitarios en San Cristóbal de Las Casas, un colega se acercó para saludarme. Este, historiador por demás, hacía lo mismo para otro grupo. A mí me correspondía hablar sobre lengua y cultura. Era el año 2016. Yo recién había regresado de estudiar la maestría en Chile.

A un costado del jardín de la escuela, platicamos sobre algunos problemas que nuestros alumnos presentaban en materia de lectura y comprensión. Pero minutos después, sin saber en qué momento hicimos el cambio de tema, ya estábamos discutiendo sobre literatura. Entonces mi colega aseveró que la única literatura escrita en lenguas indígenas de Chiapas era sobre la oralidad: por tanto, continuó, aún no podemos hablar de escritores. Para mi mala fortuna, llegó el momento de cambio de profesores. Estaba a punto de preguntarle a mi colega si, en lo que va del siglo XXI, había o no leído a Josías López Gómez, a Nicolás Huet, a Ruperta Bautista, a Alberto Gómez Pérez —por mencionar a algunos— o si había decidido omitirlos simplemente porque no cumplían su expectativa. Como debía comenzar mi clase, me quedé con la segunda hipótesis. Pero lo que más me dejó pensando sobre el comentario anterior fue el adjetivo indígena.

 

Me identifico como narrador en tsotsil y español. Mis primeras lecturas, después de Juan Carlos Onetti y Franz Kafka, se centraron en el llamado Ciclo Chiapas. Entre mis autores preferidos estaban Ramón Rubín, Eraclio Zepeda y Rosario Castellanos. Hace poco leí una entrevista que Emmanuel Carballo le hizo a Rosario Castellanos en Protagonistas de la literatura mexicana (Ediciones del Ermitaño, Serie Lecturas Mexicanas, 1986). La autora declara, cuando se le pregunta acerca de su trilogía de tinte indigenista —en especial su novela Oficio de tinieblas (Joaquín Mortiz, 1962)—, lo siguiente:

 

─Si me atengo a lo que he leído dentro de esta corriente, que por otra parte no me interesa, mis novelas y cuentos no encajan en ella. Uno de sus defectos principales reside en considerar el mundo indígena como un mundo exótico en el que los personajes, por ser las víctimas, son poéticos y buenos. Esta simplicidad me causa risa. Los indios son seres humanos absolutamente iguales a los blancos, sólo que colocados en una circunstancia especial y desfavorable. Como son más débiles, pueden ser más malos (violentos, traidores e hipócritas) que los blancos (1986: 531).

 

Si bien Castellanos desmitifica el mundo exótico en el cual viven sus personajes, termina justificando sus actitudes negativas oponiéndolos a sus opresores ladinos. En Oficio de tinieblas se observa claramente esta oposición entre tsotsiles y mestizos. La autora dibuja y retrata a Pedro Ton, un tsotsil de Chamula, en lo más profundo de su psicología, sumido en el mundo mítico frente a los problemas políticos y agrarios que cruzaba el país. El personaje está basado en Pedro Díaz Kustkat, un líder tsotsil en 1869, quien enfrentó a los opresores ladinos y terratenientes de los Altos de Chiapas con ayuda de Ignacio Fernández Galindo, en la búsqueda de libertad que, sin embargo, fue derrotado.

Lo anterior ha hecho que críticos y estudiosos como Lienhard (La voz y su huella, 1990), Morales Bermúdez (Chiapas literario, 2005) y Mayorga Mayorga (Chiapas en la literatura del siglo XX, 2004) no duden en colocar a Castellanos al lado de Ricardo Pozas y Carlo Antonio Castro, quienes no tuvieron intenciones literarias pero que, a partir de historias de vidas como resultado de un trabajo etnográfico, representaron o “le dieron voz” a los que no tenían oportunidad de hacerlo por sí mismos a través de la narrativa como en Juan Pérez Jolote (1948), del primero, y Los hombres verdaderos (1959), del segundo.

Como apunta Morales Bermúdez en Aproximaciones a la poesía y la narrativa de Chiapas (Unicach, 1997), “Castellanos considera que si los indios todavía no se encuentran dentro de la nación mexicana y viven gravitando en torno a sus formas tradicionales y su miseria, se debe única y exclusivamente a la relación perniciosa con los ladinos, como lo mostraría ejemplarmente Ciudad Real” (165).

Dos cosas pueden resaltarse como logro de El Ciclo Chiapas: la figura del indio o indígena es reivindicada por la cultura hegemónica y la forma en que cada autor reconstruye la imagen de los pueblos subalternos desde su condición sumisa, deificada (Castellanos) pero a la vez salvaje e ignorante (Zepeda). Francisco Mayorga Mayorga (2004), por su parte, anota que con este ciclo se enriquecería, incluso, “la literatura nacional y se fortalecería al indio, personaje que creció a lo largo del siglo XX” (Chiapas en la literatura del siglo XX: visión de sus narradores, Gobierno de Chiapas/Secretaría de Educación, 21); por otro lado, los escritores de este ciclo propiciaron que los colaboradores, intérpretes, o informantes culturales (como los llama la etnografía) se dieran cuenta de que tanto los antropólogos, como propiamente los escritores, estaban convirtiendo el material que traducían de sus lenguas en libros importantes, pero que ninguno de ellos había tenido la posibilidad de ser autor de su propia historia.

Durante los ochenta, libros y recopilaciones de tradición oral, con o sin nombres del autor, atiborraron bibliotecas universitarias y centros de investigación. En Chiapas es muy frecuente encontrar libros como Relatos tseltales y tsotsiles (1994 y 1996), con introducción de Nicolás Huet y Francisco Álvarez Quiñones;  La literatura oral tradicional de los indígenas de México (1998), antología hecha por Lilian Scheffler; Cuentos y relatos indígenas, del volumen I al X (1984-1998), dirigido por la UNAM, extensión CIHMECH; Narrativa Maya-Zoque (1997); la serie Y el bolom dice… CELALI/CONECULTA; Cuentos y teatro tzeltales (1994), antología dirigida por Isabel Juárez Espinosa; Los escritores indígenas actuales I (1992), prólogo y selección de Carlos Montemayor; Historia y vida de nuestros pueblos (2002), por el Programa de Investigación Multidisciplinaria sobre Mesoamérica y el Sureste, PROIMMSE/UNAM.

Quise leerlo todo, pero con esta lista no tardé en aburrirme. Si bien las versiones en español son comprensibles, en tsotsil, por contradictorio que parezca, es difícil seguir la lectura por el uso excesivo de paralelismos y pleonasmos. Es evidente que en la lengua original no hubo ningún corrector de estilo, como sí lo hubo en la traducción. En mi época de estudiante universitario intenté escribir alguna historia que, según yo, sólo había escuchado de mis tíos o abuelos pero pronto deseché mis escritos, pues posteriormente hallé en esas antologías más versiones de la misma historia. Sobre la creación del mundo, del cielo y de la tierra, la llegada de los santos a los pueblos, el nacimiento del hombre, son algunos de los temas más explotados por los propios hablantes motivados por instituciones gubernamentales, en especial de inclinación antropológica. No olvidemos, sin embargo, que la escritura de la oralidad fue el comienzo de toda literatura.

El inicio de la escritura en tsotsil, en términos de creación, se dio a partir de los noventa. Hubo una apropiación de técnicas y estilos, tanto narrativos como líricos, de otros géneros literarios. Los propios hablantes comenzaron a pergeñar una nueva forma de escribir la literatura en tsotsil. Dicho proyecto se afianzó ideológicamente con el movimiento del EZLN, apoyado por talleristas profesionales como Carlos Montemayor, en los noventa, José Antonio Reyes Matamoros y Alejandro Aldana Sellschopp, a partir del año 2000.

La noción de creación literaria a partir de un lenguaje estético con intención marcó un cambio profundo en la forma de ver y pensar la escritura. En aquella época los jóvenes tsotsiles y tseltales ya no se contentaban con la transcripción de historias, cantos o rezos. Recreación y creación fueron las metas de cada autor, jugando con los recursos estilísticos de la propia lengua como de la literatura clásica. Como resultado sobresaliente de esta etapa podemos leer los sonetos escritos por Enrique Pérez López y cuentos narrados con agilidad, ritmo y trama por Nicolás Huet Bautista y Josías López Gómez en Palabra conjurada: cinco voces, cinco cantos (Espacio Cultural Jaime Sabines, FONCA, 1999), libro coordinado por Reyes Matamoros.

 

Ser indígena hoy día es no saber lo que realmente es uno. La máscara de lo misterioso y poético, de la que hablaba Castellanos, se fortaleció después del indigenismo. La palabra indígena fue la que comenzaron a usar los pueblos para diferenciarse de la sociedad dominante como signo de rebeldía. Es la que comencé a usar una vez que me desplacé a la ciudad de Jobel. Sin embargo, no pretendo hacer ningún pacto con el lector más allá del género. Cada libro debe ser lo que la mirada de cada lector determine. Mientras hable de la condición y los problemas humanos tendrá un carácter universal.

Después de leer autores que desarrollan temas humanos, todos ellos pertenecientes a distintos países, y a quienes uno se acerca sin prejuicios, como a García Márquez, Julio Cortázar, Paul Auster, Alejandro Zambra, César Aira, Emmanuel Carrèrre, me pregunto si la noción de indígena no será un medio de neocolonización. Me refiero al uso de identidad impuesta, heterónoma, que ahora los propios sujetos usamos en los trabajos que producimos. Uno no se acercaría a un libro de igual manera, Entre los indios por ejemplo, si fuera escrito por un maya o náhuatl, que por Aira. El adjetivo “indígena” determina un juicio, y muchas veces prejuicios, encima o debajo del título de una obra.

El fenómeno actual de la investigación académica y los estudios literarios desde instituciones hegemónicas han preferido adaptar el adjetivo indígena, india u originaria para diferenciar las obras de la escrita únicamente en español. Esta diferenciación, lejos de promover el desarrollo de la escritura de la lengua y su lectura, no contribuye a visibilizar la aportación de la obra en el campo literario.

Como dijera Bonfil Batalla (2005), primero hay que indianizar para desindianizar, pues “se reconoce al indio a través del prejuicio fácil: el indio flojo, primitivo, ignorante, si acaso pintoresco, pero siempre el lastre que nos impide ser el país que debíamos ser” (México profundo. Una civilización negada, Debolsillo, 45).

La idea política de desaparecer (cultural y socialmente) a quienes se consideran “indio o indígena” para después recordar y rescatar lo que queda de deseable para la homogeneización del país, cuyo rostro es aún más fragmentado que las armaduras de Don Quijote, es latente por parte de los propios pueblos. Esto es lo que yo entiendo por neocolonización, no distante de la noción de “colonialismo interno” de Pablo González Casanova (2006), cuando refiere que “Con la desaparición directa del dominio de los nativos por el extranjero aparece la noción del dominio y la explotación de los nativos por los nativos” (“El colonialismo interno” en Sociología de la explotación, Buenos Aires: CLACSO, 2006, 186). La auto-discriminación, el deseo de convertirse en mestizo, de actuar como él, usar el español y no la lengua propia, de negar su lugar de origen son algunos sistemas de control interiorizado.

Actualmente, el llamado neoindigenismo busca, sobre todo en el mundo de la política, vestir mestizos con ropa representativa de alguna cultura o insertar otra lengua en su discurso en español. En el caso de la literatura, Antonio Cornejo Polar (1984) había reflexionado al respecto para ver, como una de sus características, “El crecimiento del espacio de la representación narrativa en consonancia con la transformación real de la problemática indígena, cada vez menos independiente de lo que sucede a la sociedad como conjunto” (“Sobre el <<neoindigenismo>>”, Revista Iberoamericana, 549). De esta manera los escritores profesionales explotan temas que “[agobiaban] a sus antecesores [los indigenistas ortodoxos]: ¿cómo revelar el mundo indígena (aunque ahora lo indígena aparezca fuertemente mestizado) con los atributos de otra cultura y desde una inserción social distinta?” (550). Cornejo Polar ejemplifica esta preocupación en escritores del “boom latinoamericano” que, con “el realismo mágico”, exploran el mundo mítico con estilos y técnicas mediante un proceso de experimentación literaria. Un ejemplo particular en México es la novela La región más transparente (1958) de Carlos Fuentes. El espacio narrativo es la ciudad, transpuesta en un lugar mítico con personajes que aún conservan apellidos o nombres de una civilización prehispánica.

En Chiapas hay escritores que mandan a traducir trabajos suyos en una lengua maya y los difunden como propios. O, en ocasiones, reúnen trabajos de hablantes en tsotsil quienes no figuran en la portada. Este caso se puede observar en Ámbar Past (Estados Unidos), autora de Conjuros y ebriedades (Taller leñateros, 2008). Dentro de la obra, sin embargo, la mayoría de los textos están escritos en tsotsil. Si bien aparecen los nombres de quienes inspiraron los textos, todas ellas mujeres, no se visibilizan en la portada como autoras o coautoras. Mario Nandayapa —de origen chiapaneca, una lengua extinta de Chiapa de Corzo, y quien se encuentra antologado en Antología de poesía indígena latinoamericana (Lom Ediciones, 2008) del poeta Jaime Huenún— asume una identidad indígena y sus textos aparecen en formato bilingüe tsotsil-español, cuando en Chiapas nunca se identifica, a diferencia de Past que aprendió a hablar tsotsil, con este idioma ni cultura.

Durante mi estancia en Chile conocí a Elicura Chihuailaf y a Jaime Luis Huenún, dos grandes poetas que lideran distintas formas de escribir poesía en mapuche. El primero explora la cuestión temática de la oralidad, un sistema de repliegue, como se observa en su libro De sueños azules y contrasueños (Universitaria, 1995) y, el segundo, juega con el lenguaje poético hasta sus límites, un sistema de despliegue que se abre a distintas herramientas y formas, tal como se aprecia en Reducciones (Lom Ediciones, 2012). Ambos han sido antologados a nivel internacional; sin embargo, mientras que su poesía adquiere —más en el segundo— carácter universal, su identidad mapuche se diluye —también más en el segundo—. Chihuailaf es antologado, en su mayoría, en obras de poesía “indígena”; Luis Henún, en cambio, es incorporado en otras de corte hispano o latinoamericano junto a poetas que solamente escriben en español. Esto lo podemos constatar en El decir y el vértigo. Panorama de la poesía hispanoamericana reciente (1965-1979) (filo de caballos editores-CONACULTA, 2005), selección de Rocío Cerón, Julián Herbert y León Plascencia Ñol.

 

A veces me pregunto si soy lo que quedó más allá de lo deseable que el proyecto nacionalista se planteaba. ¿Yo, originario? ¿De qué soy original? ¿De mi cultura, sangre, idioma, vestimenta o literatura? No soy misterioso ni poético, soy humano como todos, lleno de contradicciones, pero estoy aquí y tengo la literatura. Tengo mis puños y plumas no para pelear ni volar, sino para escribir. Para desenmascarar mi historia.

En la entrevista con Carballo, Castellanos también decía: “Los indios no me parecen misteriosos ni poéticos. Lo que ocurre es que viven en una miseria atroz. Es necesario describir cómo esa miseria ha atrofiado sus mejores cualidades” (1986: 531). ¿A qué cualidades se refería? ¿Y qué hay de la gente de mi pueblo que anda en una Hummer, en una Lincoln, que controlan la distribución y el traslado de drogas en los parajes y rutas del sureste mexicano? ¿Quiénes son ellos?

No es para menos que dicha miseria, también impuesta, fue la causa y objeto de reflexión de dos poetas en lengua tsotsil: Ruperta Bautista y Raymundo Díaz (Snich tsantselav, Celali: 2007). Cuentan y enuncian, desde su propia mirada, parajes masacrados. Aparte de aquellos poetas que son leídos a nivel nacional e internacional (Ruperta Bautista fue traducida al italiano con el libro Realtà non necessaria (Gorée, 2009), las obras de los cuentistas Nicolás Huet y Josías López Gómez han generado estudios ya no de corte antropológico sino literario —como en Recovering lost Footprints (Suny Press, 2018), Vol. 2, del escritor y estudioso Arturo Arias—, además de ser incluidos en antologías con el mismo nivel de criterio aplicados a los que sólo escriben en español, como puede verse en la antología crítica El cuento en Chiapas (1993-2015) (CONECULTA, 2017) de Alejandro Aldana Sellschopp. La voz popular y colectiva se diluye en una firma. Como señala Morales Bermúdez (2006), “A diferencia de la oralidad que tiende a borrar la marca personal y funde los aportes, la escritura conserva y distingue el sello personal de la creación” (“En torno a la literatura indígena de Chiapas”, Anuario 2005, Unicach, 345).

Estos autores actuales, la mayoría de los cuales pasaron por los talleres de Reyes Matamoros, tienen una o más publicaciones individuales, y cuentan con uno o más reconocimientos a su trabajo. Josías López Gómez obtuvo el Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA, 2015), por su trayectoria en narrativa; Juan Álvarez mereció el Premio Continental de Literatura en Lenguas Indígenas “Canto de América” (2010) por su libro Lubenix te ch’aben / Se ha casado el silencio (CONECUTA-ELIAC, 2011), ambos escritores de la lengua tseltal. Y, hace un par de años, Manuel Bolom fue acreedor del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas (2016), en tsotsil, por su libro Sk’inal xikitin: k’opojel yu’un nupunel / Fiesta de la chicharra: un discurso ceremonial para matrimonio (Secretaría de Cultura, 2017).

Todos estos escritores se han profesionalizado. Han ampliado sus lecturas, su mirada. Pero ninguno de ellos ha obtenido un premio que no sea exclusivo a lenguas indígenas. Sabemos que la literatura no tiene fronteras ni límites, ni mucho menos preferencias lingüísticas. Pero los lectores sí que tienen preferencias, muchas veces previstas por un mercado editorial. Casos notables son las publicaciones de Pergentino José (Hormigas rojas, 2012) y de Natalia Toledo (El dorso del cangrejo, 2016), ambos de origen zapoteco, quienes han logrado insertar sus obras en una editorial independiente de alcance internacional como Almadía. La obra de estos autores se mueve en ámbitos y espacios donde lo que se valora es su aporte a la literatura sin distinción de su lengua, pertenencia étnica o género. Son obras literarias, hechas por seres humanos comunes y corrientes que han desarrollado una capacidad de expresión estética y poética.

 

Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.


Autores
(Chiapas, México, 1985) posee la maestría en Literatura Hispanoamericana Contemporánea y la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana. Es autor del libro de cuentos Los hijos errantes (2014); coautor del poemario Ts’unun, Los sueños del colibrí (2017) y Luna Ardiente (2009); ha sido antologado en la edición trilingüe Chiapas maya awakening (2017), El cuento en Chiapas (1913-2015) (2017), I Antología de narrativa chiapaneca (2017) y Silencio sin frontera (2011). Ha publicado en el suplemento "Ojarasca" de La Jornada; en las revistas Documentos Lingüísticos y Literarios (2018), Punto de Partida (2016) y Diáspora (No. 3). Fue becario en la categoría de Jóvenes Creadores del PECDA (Chiapas, 2016) y del FONCA (2010-2011 y 2017-2018).

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Cihuatepatihquetl

 

Ce cihuatl motehtemiqui pan cuatlapazolcuatitlamitl

itemiquiliz tepalcatlatomoni

tlen tlitetl atiyatilia tlachihualiztli  comalli

 

Pan pahtemiquiliztli malhuilxochimeh camahuia huan quiillia

tlacayolizlti temitoc ica tlachihuanih.

 

Mujer curandera

Una mujer se sueña una y otra vez en una tupida selva

 

sus sueños son truenos de cristales

de la piedra lumbre que derrite la maldad en el comal.

 

En los sueños de la curación las plantas sagradas le anuncian

que el cuerpo está plagado de animales invisibles.


 

 

Ixcanelin quitlachpanah malhuilli ininohhui campa nehnemizceh

 

Pilteoxihuitzitzin motlatlah

cequin tlayohua quemman echcapatzin tlahuilli patlanihtihuallohuih tlen tlalli

 

ixcanelin quitlachpanah malhuilli ininohhui campa nehnemizceh

 

naman piltlahuiltzitzin nemih pan xihuitl

 

Neca nouhquiya nimomahchahcoa ica huitzli huan nimahezquiza.

 

Las hormigas barren tiernamente los caminos por donde caminarán

 

Los brotes sagrados se incendian

algunas noches cuando las diminutas luces vuelan desde la tierra

 

las hormigas barren tiernamente los caminos por donde caminarán

 

ahora las pequeñas luciérnagas viven en la yerba

 

Allí también mis manos se espinan con astillas y sangran.

 


 

 

 Xopantlan

 

Nimocehuihtoc xochitlan

ni tzintlayohua campa tlahuilli patlanih tlahtlayohua

nicnehnehuilia tlaahuetziliztli quiixhualtia pilteoxihuitztitzin

nouhquiya nitemiqui huanya nonanan:

inahnahualiz axnechmaca

huan poctli quentzin totonic tlen nechtlahtlania ma nicpopochhui itlacayo.

 

 

 

 

Zan cequin tonatiuh tlen cueciuhtoc ohtli

pan nochipan tzopelic huan yeccaquiztiliztli xochitlahtolli

totohuicaliztli tlen zanoc quichichilihuiltia elhuicatl:

cahuitl quemman tlahuilli calaqui tlen ni tlaltepactli.

 

Tiempo de lluvia

Sentada entre las flores

en este lugar oscuro donde las luces vuelan cada noche

pienso en la lluvia que empuja los pequeños brotes sagrados
sueño también con ellos y mi madre:

su abrazo que no existe

y el humo tibio que me pide esparza por su cuerpo.

 

 

Sólo algunos días de batallas tristes

en que habita la poesía dulce y sonora,

el canto de los pájaros apenas enrojeciendo el cosmos:

es la hora cuando la luz se agota de esta tierra.


 

 

pan tlatlahco yoyomitl

 

Cualcan niihza

Pan ni temiquiliztli niNanahuatzin

huan nimotectoc pan tlatlahco yoyomitl

ininhhuatin nechtlatiah

tlatla notlacayo

tlitl momahcauhtoc.

 

Nimotlanehui  nimotiochihua

ce huehuetotiotzin neci: Xiuhtecuhtli Huehueteotl

tliquizaliztli ayoccanah nihueli nicpanextiz.

 

en el centro de un bordado

Despierto de madrugada

En el sueño soy Nanahuatzin

y acostada en el centro de un bordado

me encienden fuego

abrasa el cuerpo

encendido que libera.

 

Invoco imploro pido y rezo

un dios anciano está presente: Xiuhtecutli Huehueteotl

el ardor es algo que ya no puedo describir.

 


 

 

La espina en la memoria

 

En las carreteras duermen los huesos rotos

Omimeh tlapantoqueh huan cochih pan ohtli

los decapitados

los tristes

tlen mocuezoah

los que ya no pueden llorar

tlen ayoccanah huelih chocah

esparcen su polvo entre la tierra húmeda

quiihzceloah inincuechchopan pan tlalli xolontoc

 

horadados los frontispicios de las casas

sus paredes sangran

un olor de plomo cubre los parques

y en los jardines    uno a uno

sembrados los racimos de su piel

buganvilias dulces que jamás renacerán

 

el caudal es de agua roja espectral      roja heráldica

atlahco quipiya atl chichiltic

 

tan bermeja como el óxido de la memoria

granate      el horror de una cereza envejecida

 

 

También sus huesos cimbran

en el estertor del subsuelo

acarician vapores minerales

así   el dolor salobre en la espina dorsal

en la espina de los sueños:

huitztli tlen temiquiztli

la patria escarlata se incendia

 

notlalhui tlatla

Ilustración por Mario Cano Dominguez.

Ilustración por Mario Cano Dominguez.


Autores
(Córdoba,Ver., 1983. Español/nahuatl). Finalista en el Premio Literario Internacional “Aura Estrada” 2017 y Premio Nacional de Poesía Lázara Meldiú 2014. Autora de Palabras de Agua (Conaculta, IVEC, Praxis) y Tiawanaku. Poemas de la Madre Coqa. Publicó en Anuario de Poesía Mexicana 2006 (Fondo de Cultura Económica) y Antología del Encuentro Nacional de Literatura en Lenguas Indígenas. Ha escrito para La Jornada Veracruz, Hiedra Magazine, Revista Yolitia, The Brooklyn Rail y otras. Invitada al World Voices Festival del PEN America, Festival de Poesía Latinoamericana Rodante LATINALE y al Festival Internacional de Poesía de La Habana. Dirigió proyecto Iguanazul: literatura en lenguas originarias y escribe narrativas de migración sobre comunidades indígenas en Nueva York.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) es artista plástico y diseñador.

Cierto día le pregunté a un abuelo, preocupado, sobre la pérdida del idioma a causa del racismo imperante en las ciudades. Me contestó: «La lengua es como tu cobija, la piel que te protege; en donde quiera que vayas la puedes llevar contigo: si hace frío, te dará calor, si te toca dormir en el piso, será tu almohada, si no la lavas, se ensuciará; depende de ti si la mantienes limpia o no; si se rompe, debes cocerla. Duran­ te mucho tiempo nos llamaron mbo we’è xtátsó xká —«gente de la cobija vieja»—; a muchos nos dio pena ser pobres y dejamos de usar el gabán, ahora no tenemos esa cobija que nos distingue como mè’phàà».

Nuestro idioma es la piel por la que conocemos y nombramos el mundo, cubre un territorio en el que construimos la memoria y la identidad. En la historia de cada cultura indígena hay una historia de racismo que ha configurado el ser de sus hablantes. Para fomentar un país multilingüe primero tenemos que resolver, atender y reconocer el racismo imperante en México, dejar atrás el concepto de pueblos indígenas como si éste fuera homogéneo, sin respeto por las diferencias sustanciales entre cada cultura.

En la actualidad se habla mucho sobre los derechos de los pueblos indígenas. Desde las políticas públicas se ha construido una retórica demagógica sobre el reconocimiento de los indígenas como sujetos de derecho, pero ¿desde dónde, bajo qué mecanismos jurídicos se da dicho reconocimiento? El discurso difiere de las prácticas, los pueblos indígenas siguen viéndose como sujetos sin historia, sin capacidad de articular un sistema de pensamiento propio, del cual se derive una educación basada en la lengua y cultura, que garantice una vida digna para las nuevas generaciones.

En México conviven sesenta y ocho pueblos originarios, lo que nos convierte en un país multicultural. Sin embargo conocemos poco de su historia debido a la hegemonía del idioma español en el pensamiento y forma de vida. En el trasfondo hay un racismo heredado de la Colonia que se reinterpreta en cada relación de poder. Se siguen marcando diferencias clasistas y racistas, como la palabra «indígena» para denominar a los pueblos que no hablan castellano; la diferencia se basa en la forma de hablar, vestir y del color de piel. La palabra «originario» denota un esencialismo que estatifica cómo debe vestir, vivir y hablar cada integrante de una cultura.

Cada cultura interpreta el mundo de acuerdo a los problemas y necesidades que enfrenta: sistematiza esos conocimientos para hacer de ellos una experiencia que tiene que transmitir a las nuevas generaciones, los transforma en idioma, en discursos que tienen la finalidad de educar y mantener viva la memoria. Si tomamos en cuenta que a través de la lengua conocemos y nombramos el mundo, y que al nombrar nos adentramos en la diversidad de pensamientos y formas de vida, se vuelve un asunto fundamental nombrarnos y nombrar al mundo tal como nosotros lo concebimos; en este sentido no somos pueblos indígenas, originarios ni patas rajadas. Cada cultura tiene su manera de nombrarse y está expresada en su idioma, fundamentada en su experiencia del saber.

En la colonización de las culturas mexicanas hubo un encuentro para nombrar desde la clase: la élite española, acostumbrada a interpretar el mundo a partir de la pureza genealógica y de títulos de propiedad, dialogó bajo sus términos con la cultura hegemónica del momento, los nahuas; la primera los obligó a crear títulos de propiedad para demostrar su linaje, por tanto, a nombrar y conocer a las otras culturas desde la historia náhuatl y el español. Para ilustrar, un ejemplo: la historia fundacional del pueblo mè’phàà de Mañuwìín/ Malinaltepec, Guerrero. Los ancianos cuentan que lo fundó una familia llamada Temilitzin, que vino de las faldas del volcán la Malinche, ubicado entre los estados de Puebla y Tlaxcala. Por lo tanto, se deduce que somos de origen náhuatl, pero no es así, hablamos el mè’phàà, una lengua muy distinta al náhuatl. La historia nos dice que llegó la élite náhuatl. Refundaron la narrativa de la historia a partir de su visión y, así, el nombre de los verdaderos fundadores del pueblo fue borrada de la memoria.

Lo mismo ocurre con el nombre. Nuestra cultura es conocida como tlapaneca, término de origen náhuatl. La raíz de la palabra tiene dos posibles interpretaciones: la primera acepción es que tla viene de tlalli­tierra, pan­locativo de lugar, neco­sucio, en donde la raíz de la palabra neco viene de la palabra chichimeco, que significa «perro sucio» o «perro pintado»; la segunda acepción es tlapan­espalda, neco­sucio, que tiene el significado de «espalda sucia» o «espalda quemada», términos que evolucionaron de manera peyorativa para referirse a los tlapanecos y que derivaron en las denominaciones de «los de cara pintada», «los de cara sucia», «los de cara chimeca».

La racialidad se construyó en las relaciones de poder, desde el nombrar se marcaron diferencias que fueron minando en cada cuerpo hasta hacerse hueso, se naturalizó la pobreza y la exclusión. Actualmente, las políticas enfocadas al desarrollo de los pueblos indígenas son programas asistencialistas e integracionistas, mantienen una relación de poder, desde un estado paternalista y racista.

Recientemente se realizó el Primer Congreso Internacional de Fomento a la Lectura en Lenguas Indígenas, en la ciudad de Oaxaca. Se abordó el tema «indígena» por parte de diferentes especialistas, se discutió sobre la importancia de preservarlas; sin embargo hubo poca participación de los hablantes. Antes de realizar este tipo de eventos es necesario realizar trabajos previos con las comunidades. Muchos estudiosos de origen indígena de distintas disciplinas no pueden trabajar en sus comunidades por la falta de recursos, se ven obligados a emigrar. Es necesario generar empleos para estos especialistas, para que sean ellos los que se encarguen de enseñar la escritura, lectura y pensamiento. Mientras se sigue discutiendo la preservación de las lenguas en coloquios o foros académicos y no en las comunidades, las lenguas pierden hablantes porque no hay apoyo para resolver el problema.

La necesidad de revitalizar nuestros idiomas obedece a un impulso vital de respeto. El reconocimiento de los aportes teóricos de los pueblos indígenas apuntan a la eticidad de las reciprocidades y solidaridades comunitarias que a la vez dan fundamentos para proponer una interculturalidad que permita superar la crisis de significados que actualmente vive el mundo.

Para esto, hay que atender el problema del racismo y la restitución de los derechos básicos a los pueblos: educación, gobierno, economía, saber.

Nuestro idioma nos protege del mundo, es la piel que nos distingue y da voz. La enseñanza del abuelo de asumir el idioma como nuestra cobija y piel no es casual, es profundamente filosófica. En el pensamiento mè’phàà, la palabra xtátso­cobija, comparte raíz con la palabra xtá­piel y tiene sus propias características de acuerdo al uso: 1. La función de la piel es cubrir y cuidar aquello de lo que forma parte, como la relación carne y piel. La raíz de la palabra xtá­piel relacionada con: xtátsó­cobija, xtáyaa­tallo de árbol, xtìín­ropa, xtíya­panal­ropa de agua, xtá ga’un­matriz­cuero que alimenta. Todas estas palabras refieren al cuidado: la ropa nos protege de la intemperie, la cobija nos protege del frío, el panal protege la miel, la matriz protege al feto y lo alimenta. 2. La palabra xtá­piel también denota la característica de la personalidad, el ser de acuerdo con el actuar, por ejemplo: a) Phú xtámbìyá’ a’dià ye’- ¿Es una piel llorona tu hijo? / ¿Es muy llorón tu hijo?

La palabra xtá­piel nos recuerda que el sentido de nuestro estar en el mundo es la de hacernos responsables del lugar donde vivimos. México es un cuerpo con sesenta y nueve partes: cada una de ellas son sus culturas. Todos tenemos que cuidar ese cuerpo del que somos parte, sin una de ellas nos condenamos a morir.

 

Lenguas de nuestra piel


Autores
Hubert Matiúwàa (Malinaltepec, 1986) realizó la maestría en estudios latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Domínguez

Mis primeros recuerdos son en español. Esto no debería ser extraño en un país donde la lengua franca es el español, donde las escuelas —urbanas y rurales— dan clases en español, donde los trámites oficiales se hacen en español, donde, históricamente, las lenguas indígenas han sido puestas en un estatus menor al español, donde se ha castigado y discriminado a los hablantes y a las lenguas originarias, donde muchas lenguas indígenas han sido exterminadas.

Después de la época colonial, se calculó que entre el sesenta y cinco y el setenta por ciento de la población total de México hablaba una lengua indígena y ahora, doscientos años más tarde, sólo el 6.5 por ciento lo hace.

Crecí entre campos de tomate, pepino y fresa, como crecen cientos de niños jornaleros migrantes que acompañan a sus padres, la mayoría indígenas del sur del país, en el trabajo agrícola que desde hace muchos años se realiza en la frontera norte. De ahí que, desde pequeña, escuchara varias lenguas que años más tarde reconocí como diidxazá, ayuuk, náhuatl. Hasta ese momento desconocía que mi madre era hablante de una segunda lengua —más bien, de una primera lengua—, el tu’un savi, la lengua de la lluvia, mejor conocida como lengua mixteca.

Los primeros recuerdos que tengo de mi mamá y el mixteco son de ella escondiéndose para hablar con sus compañeras de surco, en los campos de fresa. ¿Por qué mi madre se escondía para hablar la lengua con la que conoció el mundo, la lengua con la que descifró el canto de los pájaros y el de mis abuelas? ¿ Por qué sentía temor de decir:

Anayu ká’an tu’un savi,                     Mi corazón habla la lengua de la lluvia,

tu’un kunchee nikanchii,                 la lengua con la que miro el sol,

tu’un kúnú ñu’ú?                                  la lengua con la que tejo el mundo?

La respuesta estaba dada en la discriminación que por años ha lastimado a los pueblos indígenas y a los hablantes de una lengua originaria. Por ello, mi madre, mujer que fue monolingüe hasta los quince años, decidió que ninguno de nosotros se nombrara en la lengua ñuu savi. Decidió, de alguna forma, protegernos contra toda la violencia que ella vivió cuando era niña por no hablar español.

Las primeras veces que escuché que mi madre hablaba en un lenguaje distinto, en mixteco, al sentirse descubierta, cambiaba —en automático— al español. «Estás mal hija, escuchaste mal, yo estaba hablando bien», me decía, cuando yo le preguntaba por esa otra forma de hablar. De ahí vino mi primer referente: «yo estaba hablando bien». ¿Entonces hablar tu’un savi, me’phaa o hñähñu es hablar mal? ¿En qué momento nuestros pueblos creyeron que hablar su lengua era hablar mal? ¿En qué momento se definió quién hablaba bien y quién hablaba mal? En otras palabras, qué lengua era válida para expresarse y cuál no.

Cuando yo tenía ocho años, mi familia regresó a Oaxaca y ello significó, para mí, la posibilidad de entrar al mundo nasal, glotal y tonal del mixteco, un mundo donde el simbolismo del Ñuu Savi1 se podía respirar en la leche que mi bisabuela hervía todas las mañanas, en la palma que todas las mujeres de la casa tejen como forma de sustento y en la manera de pedir por la lluvia en tiempos de siembra.

Recuerdo una vez que mamá Natalia tejía bajo el yutu tikua, el «árbol naranja», le tomé una foto y, meses después, la mostré a varios compañeros de la secundaria. «Mi mamá Natalia está tejiendo palma bajo el árbol naranja», dije mientras mostraba la foto. «Bajo el árbol de naranjas, querrás decir», comentó una de las compañeras. «No, “bajo el árbol naranja”», respondí.

En menos de un minuto comprendí que al hablar en español era necesario poner la relación de dependencia que el mismo español presupone. Si tú dices «árbol naranja», la gente creerá que hablas mal, que algo falta. Así que el propio español te dice que digas «árbol de naranja», sin darse cuenta que desde la cosmovisión nuestra, la naranja será árbol y el árbol fue naranja alguna vez y pronto volverá a ser naranja para ser árbol nuevamente.

Se complementan, mas no hay una relación de dependencia. Lo anterior lo comento porque lenguaje es pensamiento, es estructuración del mundo. El lenguaje castellano condiciona, crea una dependencia del uno con el otro, sin concebir que en muchos de nuestros pueblos se nombra a los lugares-entidades, dándoles la importancia y valía a cada una, reconociendo que cada uno es un ser que integra al otro en una relación de igual a igual. Preguntando por el caso de otras lenguas como el me’phaa de la montaña alta de Guerrero o el muira del Amazonas de Colombia, me percato que muchas de nuestras lenguas originarias tienen el mismo caso. El español es una lengua que condiciona, que pone a uno por encima del otro para poder nombrar.

Cuando crecí, un poco más, comprendí que no sólo estaba aprehendiendo un sistema fonético y lingüístico distinto, sino que estaba aprendiendo todo un sistema de mundo y de vida, un sistema en el que mis abuelas agradecían todas las mañanas y decían: «Tatsavini patsanu nikanchii» —«Agradezco desde mi interior al abuelo sol»—, pues sabían que el mundo ñuu savi es un mundo en el que se comprende que nada está aislado, y así como agradeces cuando alguna persona te brinda algo, también es necesario agradecer al cielo, al sol, a la tierra, por lo que nos otorgan. Sin embargo, cuando vine a vivir a la gran ciudad, me di cuenta de que ese sistema de mundo y vida no era tan «válido» como el español, que había una línea que dividía al español y sus saberes, de las sesenta y ocho lenguas y más de trescientos sesenta y cuatro variantes y sus saberes, y que esa línea definía, a su vez, cuáles saberes eran válidos y cuáles no. Comprendí que lo que yo escribía en tu’un savi no tenía la misma posibilidad de publicación, por ejemplo, que lo que yo escribía en español.

Mi madre no concluyó su educación básica. «Si quieres ir al baño, pide permiso en español», decían sus maestros. Algunos de sus compañeros le traducían y explicaban la indicación del maestro: mi madre guardaba silencio y volvía a su banca. En otras ocasiones era golpeada por sus profesores por no hablar español. Dejó de ir a la escuela y comenzó a creer que hablar mixteco no era bueno. «La gente te maltrata por hablar mixteco», me dijo la primera vez que le pregunté por qué no me habló en mixteco desde que yo era un bebé.

Hablar dos lenguas es como tener dos cabezas. Es como tener dos mundos desde los cuales te nombras. Ahora, pienso un poco en la historia de mi padre, un hombre nacido en Veracruz, en una comunidad que piensa que ahí siempre han hablado español. Pienso que eso quizás es mucho más violento: que en algún lugar siempre se ha hablado español.

Lo que en realidad pasó en la comunidad de mi padre fue que una carretera, hace muchos años, hizo que la gente comenzara a hablar y a comerciar en español. Se dieron cuenta de que para vender y comprar, para trabajar en la construcción de la carretera, debían hablar español.

Cuentan que a algunas personas se les ponía ceniza o tierra en la boca cuando hablaban su lengua. A los niños no se les enseñó y los abuelos fueron muriendo. El pueblo entero olvidó que en algún momento hablaron una lengua indígena, y comenzaron a construir su historia a partir del paso de la carretera, comenzaron a pensar, a soñar y a hablar en español. Pienso que eso es más violento: olvidar tu historia y tu lengua.

De ahí la importancia de acercarse a las lenguas indígenas de nuestro país, de aprenderlas, de hablarlas, de escribirlas. Hablar una lengua indígena y escribirla es un acto de resistencia, una lucha por no morir, una batalla para que nuestra lengua y memoria siga caminando en este mundo.

Ilustración por Mario Cano Domínguez

Ilustración por Mario Cano Domínguez


Autores
Poeta bilingüe (tu´un savi-español) promotora cultural y tallerista. Ha participado en distintos recitales, talleres y festivales tanto en México, India, Colombia, Estados Unidos, Guatemala, Puerto Rico, Venezuela y Cuba. Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía del 2015 al 2017. En 2017 Recibió el Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Cenzontle, en 2018 obtuvo el Premio Nacional de la Juventud, en 2019 el Premio Juventud Ciudad de México, en 2020 el Premio CaSa de Literatura para Niños, así como mención honorífica en el Premio Antonio García Cubas en la categoría de Libro Infantil, en 2021 el Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón. Desde 2018 es miembro de Latin American Studies Association (LASA). Autora de los poemarios Ñu´ú Vixo /Tierra mojada, Pluralia Ediciones, México, 2018, Tikuxi Kaa/El Tren, Almadia, México, 2019, Isu ichi/ El camino del venado, UNAM, México, 2020 y Las formas de la lluvia/ বৃষ্টিধারার নানা রূপ, JOLDHI, Bangladesh, 2021. Su obra ha sido traducida al árabe, inglés, francés, bengalí, hindi y catalán.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.
Ilustración por Mario Cano Domínguez

Jxi’ ya xchamon ta ajk’abal ini. Najt te ajk’abale, sik, xiben sba. Tey kuxinemik chopol ch’ulelaletik, ja’ ajawetik ay stakin ti’lalik ta yuch’el ch’ich’, ch’ayemikix ta o’tanil ku’untik, ya sle yawilik ta jch’uleltik yu’un yakukto xkuxajik. Ja’ yu’un talon ta stibiltayel ini, muk’ultat, ta amukenal, ta stijlesinel ta bela sk’ubulil atukel ayinel, sbajtel k’inal banti jk’axel ma jk’an ya x­ochon. «Ya xba chaman», la yalbon te paxlamts’i’ ku’une, la jta ta pampamte’ ma’yukix sk’a­tabul ta muk’ul ja’ Pajwuchil, ta yol jtejklum. Te sbak’ site k’ajon ta cha’sajl tijlem ak’al ta yijk’al k‘inal. Jun sikil xi’el been ta jbak’etal. La jna’ yilel te jlabe, stalel u’majem sok wi’najem ay ta yo’tan te witse.

Muk’ultat, jo’on maba jna’oj teme k’an jtae. Ta ajk’abal ine ayon ta sna jtajon ta Jlekol, ta ya’ibeyel sk’oplal te bin ora j­abatinel yu’un jtejklum sok been ta yantik lumetik; soknix te bayel banti jajchemiktal kristiano ta sleel yutsilal ak’op. Tibilix a sujton, k’ajon ta ijk’al pak’ te ajk’abale, ma xpas ta ochinel. Chikan la ka’i jbeel ta jpat, xjasunaj, k’ajon yakal st’umbelon k’alal a sakch’ay ta sts’ejl sk’ajk’al poste ta sti’il muk’ul ja’; banti jtebnax xojobtesbil xorale tulan beenon, k’oon ta pampamte’, la kil te’aya te ts’i’e, ta olil, maba jna’oj ta bintito ora yakal smajlibelon. T’ojol sit yakal sk’ejlubelon, onol sk’op la yal te yala xchamon yu’un la jk’axumtabe sk’op te ajawetike. «Yame xbaat ta sna sots’ pajel ta stibiltayel», wojwun lijkel.

Muk’ultat, te wa’iye chamenon la ka’iy jba, k’ajon och ta kutil spisil sikil ajk’abal. Tek’el ajilon, maba la ka’i te lume, maba la kich’ ik’, sikubon yu’un xi’el. K’an kjam ke ta yawtayel te ma jmulan te a’tel ine, te lek ay ta yawil te chopolile, ta sk’ubulil bajlumilal. Beenon ta walak’ pat, «Na’a jwokolil, ma jk’an yak’el chamel», k’opojon ta wokol. Te paxlamts’i’e teynix aya, maba la muts’ sit, ay sbujl ye; cha’ chiknaj onol sk’op ta yalel: «Te muk’ul sots’e, te muk’ul ajaw ku’untike, la sk’an te bayeluk ku’eltik kchebaltike, yu’un jich yakuk jpasbetik bitik ya smulan, jch’abtesbetik swi’nal sok stakin ti’lal. La ak’axumta mantal, ja’ yu’un swenta k’intabil ya xlajat».

Ma jk’an ya xchamon, muk’ultat. Ma jk’an teme j­ak’chamel jtalele. Ja’nax ya xtuun ta jtejklum te binti leke, te bitik ya xjalajlike; ma ja’uk te lajele. Sokxan yo’tik ma xju’ix ta tuunel ta miltamba te ch’ulelaletike. Te ach’ labile ma xpasix ta tsalel: ya xwijlik bin ut’il ak’al sok ta jyajlelnax ya x­och ta jbak’etaltik, bin ut’il machit. Ja’ yu’un maba la jpas te binti la awalbon k’alal kuxulato ae: te ak’a boukon sok spek’elil ko’tan ta ch’en, ta yich’el te a’tel jwayichineje, tey banti k’an jmil jkojt ijk’al mut sok pom, kantela sok pox. Maba la jk’an. Ta skaj te la jnake tal te jlabe, jich la sk’an ajawetik, tal stijon ta k’op yu’un te slajele, te ja’ jlajel euke. Chiknaj ta jsit; yakal ta nijkel yu’un slab yo’tan, tojlijkel wijltal ta jtojol sok awun ta xiben sba k’op: «!Ch’ayix awu’un te lekil ch’ujlele!». Ta tajimal yajlonyotik koel ta ja’. Ta yutilix ja’ la jkolta jbajyotik, sakch’ay k’axel ta ajk’abal te ts’i’e.

Muk’ultat, ma jk’an bael ta ch’ene. Ya kich’ ta muk’ te ajawetike axan ma jk’an bael.

K’alal ya sjambonik ta machit te jtajne yame sbulik lok’el ko’tan te ya sjam sba ta jaychajp k’ope. Yame sajluyik jbak’etal, ya swe’ik te muk’ul sots’etike.

Ya xmu jch’ulel ta sit ch’ulchan yakalix ta koele. Ta patil, te jme’ jtate yame xba yich’boniktal jbakel yu’un ya skux yo’tan li’i, ta sts’ejl awu’un. Ya sututin sba bajlumilal ta yutil kjol. K’ajon ya skejchan sbeel jch’ich’el, lujben, me’eluben ta ora yu’un xi’el sok lajel. Te yijk’al k’inale ja’ jun slok’ombail jch’ulel: u’majem, jts’o chikin, jkoltawanej yu’un winik ta spasel chopolil. Yakalon ta lajel yu’un jajk’ o’tanil, muk’ultat. Axan swenta jich ya jnop: ta patil te ya kich’ mukele ak’a jajchuk ta milaw slamalil k’inal; te slamalil k’inal swenta ya x­obolaj ta jtojoltik, ya xcham ta jtojoltik, melel te jo’otike, winikotik, ma jnabetik swenta te slamalil k’inale.

¿Yajlbalix, muk’ultat, te ya’malel ch’ul Yaxal Te’e? Lajemonix ya’yel. Ko’tan yakuk xk’atpujon ta schanul jojchol k’inal ta ch’ulchan. Ma’uk, ja’ lek te mabae; ko’tan jo’ukon spisil bajlumilal. Chikanix ya ka’iy ta kutil smuk’ul jojchol k’inal, chikanix ya ka’iy te binti ma’yuk sok te yijk’al sbajtel k’inale.

 

EL PAXLAMTS’I’

Tengo miedo de morir esta noche. La noche es larga, fría, espantosa. En ella habitan los espíritus malignos, los dioses sedientos de sangre, los dioses olvidados por nosotros, los que buscan refugio en nuestras almas para seguir viviendo. Por eso vengo esta tarde, abuelo, sobre tu sepultura, a alumbrar con esta vela tu soledad profunda, esa eternidad a la que nunca quisiera llegar. «Vas a morir», me dijo mi paxlamts’i’ cuando lo encontré en el puente sin barandales del río Pajwuchil, allá en medio del pueblo. Sus ojos parecían pedazos de carbón encendido en la oscuridad. Una intensa convulsión de pánico recorrió mi cuerpo. Supe que era él, mi nagual, que había estado silencioso y hambriento en el corazón de la montaña.

Abuelo, yo no sabía si lo iba a encontrar. Esa noche estuve en casa del tío Lekol, escuchando la historia de cuando él era mensajero del pueblo y viajaba hacia otros pueblos y de cuando venía gente de muchas partes a buscar la curación de tus rezos. Regresé ya muy tarde, la noche era una tela negra impenetrable. Detrás de mí escuché pasos, respiración, como si alguien me persiguiera hasta que desapareció al acercarme a la luz de un poste junto al río; ya en la calle, poco iluminada, avancé rápido y, al llegar al puente, vi que el perro estaba ahí, en medio, no sé desde cuándo, esperándome. Con su mirada fija hacia mí, dijo con voz ronca que he de morir por desobedecer la voluntad de los dioses. «Debes ir a la cueva del murciélago mañana por la tarde», gruñó.

Abuelo, en ese momento me supe muerto, como si toda la noche helada se hubiera metido en mí. Estuve de pie, sin sentir el suelo, sin respirar. Quise abrir la boca, gritar que ese oficio no me gustaba, que el mal se encontraba bien allá, en la profundidad del mundo. Di un paso atrás…, «Compréndeme, no quiero ser brujo», tartamudeé. El paxlamts’i’ permanecía sin parpadear, con espuma en el hocico; con su voz ronca volvió a decir: «El murciélago mayor, sí, nuestro dios mayor, quiso que fuéramos poderosos tú y yo, los dos juntos, para complacer sus gustos, su hambre y su sed. Desafiaste el mandato, por eso debes morir en una ceremonia».

No quiero morir ahora, abuelo. Tampoco quiero ser brujo. El pueblo necesita cosas que sean buenas, duraderas; no la muerte. Además, en estos tiempos ya es imposible guerrear con hechizos. Los naguales modernos son invencibles: saltan como brasas y nos penetran de tajo, como machete. Por eso no hice lo que decías en vida: que yo fuera con humildad a esa cueva a recibir el encargo que soñé, sacrificando un pollo negro, con incienso, velas y trago. No quise. Por esa negación vino mi nagual, por voluntad de los dioses, a reclamarme su muerte, y la mía también. Se puso frente a mí; temblaba de rabia, de un salto se me lanzó con un grito aterrador: «¡Has perdido el espíritu verdadero!» Nos caímos del puente al río, forcejeando. En el agua nos separamos y el perro desapareció en la noche.

Abuelo, no quiero ir a esa cueva. Respeto a los dioses pero no quiero ir.

Cuando abran mi pecho con un machete arrancarán este corazón que suspira, llora y se despliega en abanico de palabras. Ellos harán pedazos mi cuerpo para comérselo; ellos, los murciélagos grandes.

Mi alma subirá a ese ojo del cielo que ya declina. Después, mis padres traerán mis huesos a descansar aquí, junto a los tuyos. El mundo da vueltas dentro de mi cabeza. Parece que la sangre suspende su recorrido, cansada, envejecida de súbito por el terror, la muerte. La oscuridad es un retrato de mi propia alma: silenciosa, sorda, cómplice de las calamidades del hombre. Muero de angustia, abuelo, mas debo pensar que después de mi entierro comenzará la guerra de la paz; la paz debe luchar por nosotros, morir por nosotros, porque nosotros, los hombres, no sabemos de la paz.

¿Habrá caído ya, abuelo, la hoja del Árbol Sagrado? Estoy muerto entonces. Quisiera convertirme en astro. No, mejor no; quiero ser el universo. Ya siento la inmensidad del espacio dentro de mí, siento la nada, la eternidad oscura.

 

Ilustración por Mario Cano Domínguez

Ilustración por Mario Cano Domínguez


Autores
Marceal Méndez (Petalcingo, 1979) es narrador y traductor en lengua tseltal y española. Fue becario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico del Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas, y del Programa de Becas para Escritores en Lenguas Indígenas del Fondo Nacional para Cultura y las Artes del Programa Jóvenes Creadores de esa misma institución.

Ilustrador
Mario Eduardo Cano Domínguez
(Ciudad de México, 1994) artista plástico y diseñador mexicano cuya inspiración parte de la naturaleza para crear su estilo como una alegoría a la tierra y nuestras culturas originarias. Nació el 3 de Julio de 1994 en el poniente de la Ciudad de México.