El 8 de febrero de 1996 se firmó en Estados Unidos la Ley de Telecomunicaciones, la cual proponía transformar el mercado de las telecomunicaciones eliminando imposiciones que en el pasado habían limitado los alcances de las empresas. Entre otras cosas, la ley contenía el Decency Act, una cláusula que pretendía volver ilegal ciertos contenidos sensibles en internet. La Ley de Telecomunicaciones –precedente claro de leyes que se intentarían aprobar después, como CISA (Cybersecurity Information Sharing Act)– detonó la indignación de los usuarios de la Red, quienes por primera vez tuvieron que defender la autonomía cibernética ante los poderes de los Estados. John Perry Barlow, poeta, ensayista y ciberactivista, publicó esta declaración desde Davos, Suiza, el mismo día que la ley fue aprobada. A poco más de un año de su muerte –7 de febrero del año pasado–, Tierra Adentro reproduce la declaración, en traducción de Luis Ham, para recordar (hoy como todos los días) la importancia de la libertad en el ciberespacio.
Gobiernos del Mundo Industrial, fatigados gigantes de carne y acero, yo vengo del Ciberespacio, nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, les pido a ustedes, del pasado, que nos dejen en paz. No son bienvenidos entre nosotros. No poseen soberanía donde nos congregamos.
No tenemos un gobierno electo, ni es probable que tengamos uno, así que me dirijo a ustedes sin más autoridad que aquella con que la libertad misma habla siempre. Declaro que el espacio socio-global que estamos construyendo es por su naturaleza independiente de las tiranías que buscan imponernos. No tienen derecho moral para regirnos ni poseen métodos de control que nos den razón verdadera para temer.
Los gobiernos derivan sus poderes a partir del consentimiento de los gobernados. Ustedes no nos han solicitado ni nos han recibido. Nosotros no los invitamos. No nos conocen, ni conocen nuestro mundo. El Ciberespacio no yace dentro de sus fronteras. No piensen que pueden construirlo como si fuera una obra pública. No pueden. Es un acto de la naturaleza y crece a través de nuestras acciones colectivas.
No han participado en la gran conversación que nos ha reunido, ni crearon el valor de nuestros mercados. No conocen nuestra cultura, nuestra ética ni los códigos no-escritos que proporcionan a nuestra sociedad más orden del que se podría obtener a través de cualquiera de sus imposiciones.
Ustedes aseguran que hay problemas entre nosotros que se necesitan resolver. Usan esta afirmación como excusa para allanar nuestro territorio. Muchos de estos problemas no existen. Donde existan estos conflictos, donde haya errores, los identificaremos y abordaremos en nuestros términos. Estamos formando nuestro propio Contrato Social. Esta gobernanza surgirá de acuerdo a las condiciones de nuestro mundo, no el suyo. Nuestro mundo es diferente.
El Ciberespacio consiste en transacciones, relaciones y pensamiento, organizados como una ola inmóvil en la red de nuestras comunicaciones. El nuestro es un mundo que está en todos lados y en ninguno, donde no viven los cuerpos.
Estamos creando un mundo en el que se puede entrar sin privilegio ni prejuicio dado por motivos raciales, de poder económico, fuerza militar o condición al momento del parto.
Estamos creando un mundo donde cualquiera, en cualquier lado pueda expresar sus ideales, sin importar que tan singulares sean, sin miedo de ser silenciado u obligado a conformarse.
Sus conceptos legales de propiedad, expresión, identidad, movimiento y contexto no aplican para nosotros. Sus conceptos se basan en la materia, y aquí no tenemos materia.
Nuestras identidades no tienen cuerpo, así que, a diferencia de ustedes, no se nos puede obligar a través de la coerción física. Creemos que nuestra gobernanza emergerá de la ética, el interés propio y la mancomunidad. Nuestras identidades pueden estar distribuidas a lo largo de muchas de sus jurisdicciones. La única ley que se reconocería generalmente en nuestras culturas constituyentes es la Regla de Oro. Esperamos construir nuestras soluciones particulares sobre esa base. Pero no podemos aceptar las soluciones que ustedes buscan imponer.
Ustedes crearon una ley en los Estados Unidos hoy, la Ley de Telecomunicaciones, la cual repudia su propia constitución e insulta los sueños de Jefferson, Washington, Mill, Madison, DeToqueville, y Brandeis. Estos sueños deberán ahora nacer en nosotros.
Les aterran sus propios hijos, ya que son nativos a un mundo en el que ustedes serán siempre inmigrantes. A razón de su miedo, encargan a sus burocracias las responsabilidades paternales que ustedes son demasiado cobardes para confrontar. En nuestro mundo, todo sentimiento y expresión humana, de lo degradante a lo angelical, forma parte de un todo común, la conversación global. No podemos separar al aire que asfixia del aire sobre el que se vuela.
En China, Alemania, Francia, Rusia, Singapur, Italia y Estados Unidos se intenta combatir el virus de la libertad erigiendo puestos de guardia en las fronteras del Ciberespacio. Podrán contener el contagio brevemente, pero no podrán hacerlo en un mundo que pronto será cobijado por los medios digitales.
Sus industrias de información, cada vez más obsoletas, buscan perpetuarse proponiendo leyes, en los Estados Unidos y en otros lados, que declaran propiedad sobre la expresión misma alrededor del mundo. Estas leyes declaran a las ideas como otro producto industrial más, sin más nobleza que el acero. En nuestro mundo, cualquier cosa que la mente humana puede crear puede también ser reproducida y distribuida de forma infinita sin costo alguno. La distribución global de ideas ya no necesita de sus fábricas para funcionar.
Sus medidas, cada vez más hostiles y coloniales, nos ponen en la misma posición que aquellos amantes de la libertad y la autodeterminación que en el pasado tuvieron que rechazar la autoridad de poderes distantes y desinformados. Debemos declarar nuestro ser virtual inmune a su soberanía, aún cuando tengamos que consentir su reinado sobre nuestros cuerpos. Nos esparciremos por el Planeta entero para que nadie puede arrestar nuestros pensamientos.
Crearemos la civilización de la Mente en el Ciberespacio. Sea esta más humana y justa que el mundo construido por ustedes, por sus gobiernos.
Davos, Suiza
8 de febrero, 1996
Ilustración de Lorena Mondragón (Ciudad Juárez, 1988)
Use y deseche, ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal, es una obra multidiciplinaria que, en conjunto con el lenguaje matemático, aborda temas como la permacultura, el nomadismo alrededor de las ciudades, las migraciones sociales, el consumo de carne, el reciclaje, el caos citadino y la contaminación.
A
No conozco el garambullo. Del zea mays solo resta la tortilla que se apila debajo de las mandíbulas chillantes. Todo nos llega de lejos, de los pueblos más pequeños. Los montes se han desmembrado. Antes había musgo y un lago sin cota.Camino en círculos como nómada fijo sobre un mismo terreno. Recuerdo a mi padre, le dolían los pies: era comerciante y buscaba de puerta en puerta, tenía cansancio que extirpó el día en que nos abandonó. Nómadas fijos o sedentarios migratorios. Tengo un hogar y no puedo regresar a él. La ciudad es un reducto, estoy condenado a quedarme. Del zea mays solo nos queda el atole, la masa conjunta con la cal para hacer el nixtamal. No conozco la planta de zea mays ni tampoco conozco su ciclo. Solo conozco los esquites, la panza llena y el maíz pozolero. Las ciudades se extienden, hacen moretones y metástasis. Alcantarillas. Los polinizadores nos han olvidado. Tengo rattus que buscan sobrevivir y blattodeas que me habitan. Sin decirlo, hay parasitismo entre los hominini y una dinámica silenciosa de Lotka-Volterra. Hemos dislocado las estaciones sagradas, ahora concurren el invierno y el verano. A nosotros nos toca agachar la cabeza. Hablar de “usted”. ¡Estamos lejos, lejos del mutualismo! Desconozco el origen de la cucurbita. Hace poco me enteré de que el ejote es un frijol.
Gordon Strom. Ambientalista y asesinado:
el cadáver estaba atado de pies y manos.
B
Tengo una precariedad de saberme vivo. A falta de lo natural me atiborro de artificios. Vivo en un punto atractor de masas. Nadie se va. Toda condición inicial del sistema evoluciona en sus trayectorias suficientemente próximas a la sobreexplotación. Emanará el efecto mariposa. Soy un atractor extraño, una cuenca de atracción. Turgencia y bifurcaciones de Hopf. La ciudad se ensancha como una membrana a punto de estallar: ganglios. Los hospitales y los bares son células hipotónicas. Me saturo de fungi y me pudro. Antes había un lago, y chinampas, y ambystomas. Llega la lluvia mientras recorro el subterráneo, donde agonizo con el calor que se desprende al sudar. Un lago exige su regreso. Germina una interacción de teselas comunitarias que tienden al caos. Lorenz y su clima impredecible. , donde F es un forzamiento. Empieza la contra con complejidad matemática. Teoría ergódica. Agua; mal augurio, condena. Ahora la ciudad se dilata como un fruto demasiado maduro. ¡Quién me quiera robar un centímetro es el enemigo! Al ladrón hominini le enseño los dientes, le muerdo. Mis uñas se quedan clavadas en los pómulos ajenos. Nadie emigra. La tormenta crea sequía. Iracundo, espero a que el sol me dilate de nuevo.
Isidro Baldenegro, de cincuenta y un años,
ganó el premio Goldman un año después
de haber sido liberado de prisión,
ahí pasó quince meses detenido bajo cargos falsos.
E
Nos quitaron el techo. Nos limitan, nos aíslan. Piensan que la catástrofe es su castigo, que el trauma es consecuencia de su pecado. Dios los culpa y deben un juicio. Una cantonera les da de comer a sus polluelos en los buches mustios. Cada tarde se desploma bajo los vientres de los extraños. Sus polluelos no tienen dignidad pero tienen hambre.
Entonces se ciegan, tiran del retrete y despiden sus heces sedimentadas. Nosotros recolectamos el sarro. Separamos. Cosechamos latas y vidrios de las membranas que los hominini dejan por la calle. Somos andariegos, deambulamos. Ellos avientan sus intestinos, se olvidan, y nosotros pepenamos. Abrimos las lonjas llenas de restos, seleccionamos. No pagamos impuestos porque no tenemos casa, ni automóvil, ni nada. Nos piden que recemos en silencio. Producimos un reciclar melancólico. Hurgamos la basura con nuestras manos, separamos y cerramos en ciclo.
Juan Pablo Marín Camacho recolectaba basura
a las 06:52 am. En el interior de una bolsa de plástico
color negra encontró a una bebé recién nacida.
L
Veía el pasto crecer entre los adoquines y me sentía abrumado. Caminaba por las calles y veía los rattus entre mis pies. Los mosquitos me robaban las ganas. Habían tantas palomas que me sentía nauseabundo, el aire tenía guano. Estuve convencido de que lo natural nos succionaba. Tuve miedo al piquete del alacrán y a la mordida de la araña. ¡Invaden nuestro espacio! Me llené de relaciones de use y deseche, entonces me levanté el cuello. “Mis plegarias se escucharon”.
La autorregulación es el árbol de la vida. Un pingüino, dos, tres, millón y medio. Los adelaida sobrepoblan el antártico. Nivel trófico. La eterna teoría de Darwin. La vida busca surcos. Hay un idioma blanco, un lenguaje transparente entre los seres. Tienden a la sobrepoblación y los depredadores los regulan. ¡Lar! Fuimos nosotros los que nos alejamos de lo reglamentado. Rompimos el ciclo: ya no hay árbol de la vida. Consumí chatarra, quise todo pasajero. Use y después deseche.
Mataron a Berta Cáceres en Honduras,
un país donde el 90% de los delitos quedan impunes.
Todos sabían que Berta estaba amenazada.
Ñ
Al ver matar a un bos primigenius lloré. Nuestra necesidad carnívora: carne preparada, cruda, chicharrón, embutidos. Los sus scrofa chillan tan fuerte que el sonido te quiebra por dentro. Cuelgan de una pata al mamífero y cortan el cuello. El plasma escurre como savia: densa. Sus ojos imploran. Jadea, cocean, se rompen los tendones y el dolor lo satura. El ser muere asfixiado por su propia sangre. Mucha gente, poca carne. Muchos alimentos para el ganado podrían servir para la gente. Hambre. Llevo treinta años comiendo huevos por la mañana. Sé que esos óvulos provienen de las gallus pero nunca vi a una poner. Lactosa. Once oxígenos. La leche bronca tiene otro sabor. ¿Qué tanto es queso y qué tanto plástico? En nuestro diafragma se calcina un polvo de hormonas y conservadores. Por las mañanas me sirvo un vaso de leche y me preparo dos huevos revueltos con embutidos y queso, a la mañana siguiente lo mismo, a la otra lo mismo. Me quitaron el tiempo de variar las circunstancias. Mis intestinos están acostumbrados. La tortilla es una alabanza de químicos. Trabaja, reza, calla. Compra, compra, reza, calla. Me levanto todos los días con sueño, rompo mi ritmo. Despierto después de varias alarmas. Tengo un trabajo que me quita diez horas diaras y me aligera la existencia. Despierto, me alisto y desayuno dos huevos revueltos con queso y un vaso de leche.
Miguel Vázquez Torres fue miembro
activo de la defensa de los lugares
sagrados del Pueblo Wixárika, fue.
Q
Otro día sin comer. Amarrados por el cuello viven los canis lupus en la azotea. Tiritan entre el frío y el hastío. Aburridos escarban la tierra, meten los belfos entre las raíces, sacan y pudren las plantas. Con sus cuatro falanges y el quinto detrás desmiembran los rattus, lamen sus colmillos para extraer los restos, sus mandíbulas crujen al deshacer los huesos. Proclaman liderazgo, ansiosos se dominan, se montan y eyaculan.
Llega los homininis y los canis saltan, babean, se ponen de panza. Saltimbanqui. Eufóricos se sientan y dan la pata. Cualquier espera es eterna. Ellos observan el jarrón roto, el rattus destrozado, los autótrofos secos: la entropía. El hominini ladra, se enoja, grita, escupe, bufa, golpea. Al agitar la mano, la piel se prende de los dientes, acto reflejo agitan su cabeza. El hominini patea, reclama auxilio, pide misericordia a los cielos. Los hocicos se encuentra con un cuello, quitan la vida, la chupan, la mastican, la rasgan. Desmiembran al enemigo y reclaman reposo, desmoronan el cráneo, hacen gajos el cerebro, quieren quitar su apatía.
Con un calibre .38 fue asesinado Gabriel Ramos.
Lo asesinaron porque tenía el trabajo menos indicado:
era guardabosque del parque nacional
de Chacahua en Oaxaca.
W
Pero mi amor te digo, ha quedado adherido en las rocas, el mar y las montañas Ahora todos son caídos menos nosotros los caídos. Ahora todo el universo eres tú y yo menos tú y yo.
Raúl Zurita
Crucificamos un didelphimorphia y arrancamos su piel. Sobre el cadáver del bassariscus nos desflemamos. Todo se confunde con rattus. Rattus pequeños o rattus grandes. ¿Cómo puedo no confundir tu amor? Mi padre fue un navegante antiguo. Bajo sus hombros reposaba una larga bolsa llena de arte. Furtivo. Empezó la depredación, el comensalismo de los silenciosos carroñeros. Antropofagia. Mi padre, atrapado en una misma ciudad, daba vueltas en círculos. Poco a poco agotó su fuerza interna. Sus pies se llenaron de grietas. Sufría y nos abandonó. Mi padre fue depredado. No encontré más su amor. Los carnívoros muerden las patas de los rumiantes. Cualquier alma fuerte termina por flaquear, cualquier alma débil se entrega sin saberlo.
Por el aire se desgrana un respirar pausado. Se aproxima un torrente de sales y ácidos. Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio. Impenetrabilidad y colisión. Cercano a mi casa hay un río de aguas negras, un basurero que sirve de monte; cercano hay un motel, un supermercado. El amor de mi padre fue un completo fracaso.
Las muscidaes nos han habitado y por las noches salen de nuestros pulmones. Las blattodeas son nuestros polinizadores. Hipersexuados. Sobrecargados.
Guadalupe Campanur fue asesinada
el diecisiete de enero,
tenía treinta y dos años.
La estrangularon.
No es casual que Pájaros de verano, producida y dirigida por Cristina Gallego, no haya sido nominada al Oscar y Roma sí. La co-dirige Ciro Guerra, quien después de Los viajes del viento (2009) y El abrazo de la serpiente (2015), sigue deleitándonos con un cine a la altura de Nostalgia de la luz (2010) o Botón de nacar (2015) de Patricio Guzmán. El interés por lo histórico y lo colonial reúne la obra de los tres creadores a pesar de las diferencias de género, nacionalidades y la brecha generacional. Me parece que si Roma, con 10 nominaciones al Oscar, es una película formalmente impecable, Pájaros de verano es proporcionalmente importante en cuanto al fondo.
La película rompe con el lugar común que el Norte Global tiene de Colombia: violencia gratuita y el tráfico de la coca. Se centra, más bien, en la Bonanza Marimbera (1975-1985), la forma de filmar la guerra fundacional de la venta de mariguana es diagonal. El filme resignifica géneros como la tragedia griega y la narrativa gangster, por eso el honor, que cruza a ambos géneros, hace del tema de la familia uno de los ejes centrales del conflicto marimbero.
Pájaros de verano se diferencia profundamente de Roma porque es una película sobre el campo: el peso de la comunidad es enorme y la mayoría está hablada en wayuunaiki. Los wayús son una cultura originaria de la península de Guajira, en el Caribe colombiano y venezolano, donde se desarrolla la trama de la película, lo cual genera una sensación de otredad que aturde a ciertos espectadores.
La música de la película estuvo a cargo del compositor mexicano Leonardo Heiblum, un defensor del son jarocho, para el que ha confeccionado siete discos. Heiblum es un músico que se formó, entre otros lugares, en India y Argentina. Siempre ha tenido la mirada puesta en el sur y esa es la intención que su música transmite al largometraje. El interés del músico por el arte latinoamericano se hace notorio tanto en su intervención entre los wixarikas y Philip Glass como, en esta película, en los épicos tambores que compone para la narración. Además hay un trabajo cuidadoso en cuanto al sonido por parte de los ingenieros y diseñadores que colaboraron con Gallego y Guerra. Pájaros de verano hace una apuesta potente en relación a las lenguas, las drogas y el poder. Es una película densa, larga, con muchos personajes, exigente con el espectador; confronta la convulsa historia del Sur Global de cara al narcotráfico. Por eso pocos la han visto y no fue nominada al Oscar.
La película toca temas delicados de maneras ingeniosas sin disminuir su capacidad estética. Sospecho que la decisión de dejarla fuera de la famosa selección está relacionada con la manera en que representa a los personajes norteamericanos y otras inflexiones históricas y políticas del filme. Sin embargo, prescindir de esta película nos da pistas sobre la sensibilidad dominante y la imagen que generan nuestras culturas a nivel internacional. Roma mira América Latina desde y hacia arriba, mientras que Pájaros de verano insiste en el sur.
En las cuarenta y un piezas de este volumen, la poeta Diana del Ángel nos habla a través de un ser que sólo se reconoce fragmentado y se percibe recluido en un cuerpo que se ha vuelto ajeno: recordatorio constante de aquel derrumbe crucial, violento, después del cual toda percepción se distorsionaría para nunca volver a su forma original. Sin embargo, en este recorrido vertido en prosa y verso, pequeños resplandores brotan y colorean nuestro camino; su contemplación nos comparte y nos hace parte de una sonrisa, de un suspiro que, como a la autora, nos alienta y nos invita a continuar.
Un mundo al revés…
Su mamá era la pescadera del mercado. Siempre decía que no iba a darle nada, pero el Memo hacía berrinches y conseguía algo de dinero. Cuando hacíamos travesuras, las señoras nos amenazaban con dejar que él nos llevara, por eso cada vez que aparecía por la calle sentíamos un poco de miedo. El Memo andaba todo el día por la colonia; era moreno y chino; usaba pantalones de vestir y un saco grasiento. De repente se detenía para arreglarse el pelo y el bigote. Casi siempre estaba solo; murmuraba cosas. Unos decían que se había vuelto loco por borracho; otros, que así había nacido. Cuando se reía, se veían sus dientes grises. Olía a pescado, como su mamá. A veces salía a pasear con su novia. La llevaba cargando para que su vestido no se ensuciara; le hablaba al oído mientras sonreía con su boca sucia. Le alisaba el pelo alrededor del rostro claro y le acomodaba los collares sobre su pechito de plástico. Después se sentaba en una esquina y ponía a la muñeca de casi un metro de altura sobre la banqueta, cuidando que sus zapatos blancos no se mancharan con el polvo de la calle. De entre su ropa sacaba una botellita de brandi y a escondidas bebía un poco para que ella no lo viera. La muñeca tenía la boca pintada de rojo y él le daba un beso y luego se reía, como si fuera un beso de verdad. Una vez dijo que ya se iba a casar; luego dejamos de verlo un tiempo, hasta que apareció con su cabeza vendada y sin novia. Dijeron que su mamá le pegó porque había roto los vidrios de la capilla de la Virgen para sacar dinero y comprar el vestido de bodas. En las vendas se veían manchitas de sangre. Siguió caminando por la colonia, tomando de su botellita, y me miraba como pensando que tenía el tamaño de su novia perdida.
Secreto de río
Mi abuela indica dónde detenernos:
conoce los lugares profundos del río;
buscamos piedras para sentarnos.
Ella desentierra con sus manos resecas
un pequeño caracol blanco
y me lo ofrece sin decir nada.
Giro entre mis dedos su cuerpo frágil;
veo las diminutas estrías que lo forman;
quito la tierra acumulada en su boca.
De su labio roto fluyen
los pasos ligeros de los campesinos,
el golpe de los machetes en la hierba,
el grito de un joven moribundo,
el llanto ahogado de un recién nacido,
los murmullos de amores adúlteros,
las maldiciones de Lucas el nahual.
Todas las voces del río,
mágicas o lacerantes,
sedimentadas en esta diminuta entraña.
Miro los rasgos pétreos de mi abuela.
Me pregunto
cuál de estos hilos soterrados anuda su boca.
Morder el polvo
Jugamos en la esquina de mi casa hasta que Los Lobitos bajan. Entonces las señoras meten a sus hijos y don Juan cierra su tienda. Yo me subo a la azotea y desde ahí los veo con sus pantalones de mezclilla, sus chamarras de cuero y su pelo en forma de picos. El jefe trae al pitbull y le quita el bozal. Desde lejos se ven sus colmillos blancos; yo siento miedo, pero sigo viendo. En cuanto aparece una víctima, sueltan al pitbull y empieza la pelea. No pasan más que unos minutos desde que éste hinca sus dientes en la carne perdedora hasta que los hilos de sangre se esparcen por el polvo, antes de fundirse y formar una pasta oscura que don Juan cubrirá con cal. El otro perro casi nunca se defiende, porque el pitbull está entrenado y muerde luego, luego en el cuello. Los Lobitos gritan y se ríen a carcajadas, y con sus pies levantan una nube de polvo; yo siento miedo, pero no puedo dejar de mirar. Al final se van y lo único que pienso es que quisiera tener o ser un perro como ése.
Voces de la niña rota
I
Ella me aguarda en el rescoldo de las madrugadas. Sé que me mira por una grieta en el muro de su cárcel, donde sus ojos no ven más que un trozo de cielo y la punta de los árboles todavía jóvenes. Sé que llora desesperada mientras se abraza las piernas y aprieta los muslos tratando de cerrar una herida irreparable. Sé que percibe su olor distinto y eso la avergüenza. Sé que tras las manos que la cubren está mi rostro. Sé que su cuerpo es frágil y pequeño; sé que contiene las lágrimas de ambas; sé que lleva mi nombre, pero es el nombre que yo ya no puedo recordar; sé que me grita todos los días desde el fondo de su primera angustia. Sé que quisiera dejar de llorar tanto como yo quisiera dejar de oírla. Sé que la oscuridad del lugar donde vive la carcome; sé que quisiera mirar por mis ojos la vida sencilla que nos fue robada, respirar por mi nariz el aire anterior a esa noche, reír con mi voz por simplezas y sentir por mi cuerpo la cercanía de otra persona. Pero no entiende que el mundo de afuera no es bueno, por eso la he encerrado. Y su llanto no me detiene.
II
Ella me despierta por las noches; dice que no sabe cómo contar lo que murió en su carne debajo de aquel hombre. Ha intentado juntar palabras una detrás de otra, como le enseñaron en la escuela, hasta formar una oración; pero a nada llega. De su boca sólo brota una baba de rabia.
III
Ella me cuenta que un lado de su cuerpo está pegado a una pared blanca, y sabe que es blanca porque en su mejilla siente el frío. Luego me habla de una carne desconocida que huele a alcohol y una presión que se le queda en la piel grabada. Cierra los ojos y la oscuridad se hace doble: adentro y afuera, después siempre adentro. Ella palpa con una mano el yeso frío y con la otra araña. Afuera no hay voz que la nombre para salvarla. Y piensa que, si Dios ve lo que hacemos, la está mirando ahora, pegada contra el muro, con la cabeza en una esquina debajo de la cama, y también ve esa otra mano que hurga bajo su vestido y acaricia una piel cuya existencia ignoraba. Y para olvidar la presión de esa carne y el tacto de esos dedos piensa en el patito bordado en su vestido nadando en el mar de tela blanca. De pronto siente que ese cuerpo deja de pesarle en el vientre y cree que ha terminado. Pero todo vuelve a empezar de otra forma y siente de nuevo la opresión, más honda, frotándose contra su piel, quedándose en ella punzante como aguja infecta.
IV
Sé que andarás a la orilla del arroyo, que mirarás “con cariño las navajas”. Que buscarás sin hallar la puerta para ir de tu vida hacia otra, distinta de la que tienes. Una donde la humillación no sea la regla, donde los golpes y mordiscos no sean lluvia sobre tu cuerpo, donde las pesadillas no se vuelvan reales cada madrugada. Una vida donde puedas andar sin temor a dejar la puerta abierta. Pero nada de eso habrá para ti. Mirarás tu cuerpo como algo ajeno, como una herida abierta, una barranca por la que te despeñas. No conseguirás reconstruir la memoria de las cicatrices que te habitan ni hallar un punto en donde tus recuerdos converjan y todas las piezas de tu vida encajen en ti misma. Nada de eso habrá para ti. Aunque sonrías y en tu piel se borren las manchas, detrás de tu sonrisa estará esa vergüenza y tu cuerpo será siempre el de esa niña, abierto a destiempo.
Baldío
Yo no sé decir mi cuerpo:
se me quebró una noche
y sus nombres se perdieron.
Sangró por finos cortes,
fue quemado en días ebrios,
pero yo no estuve en él;
no sentí el dolor,
sólo vi su piel con marcas.
Entre mi cuerpo y yo
no había palabras,
lo habitaba temiendo el desalojo.
A veces venían a verme,
oía que me llamaban,
tal vez me acariciaron.
Oculta en el sótano
o al borde de la azotea,
esperé su partida
para llorar su ausencia.
Yo no sé decir mi cuerpo,
por eso digo barranca;
grito escombro, asco de humedad; lo proclamo hilo en que me deshilvano a diario, campo de sal donde las palabras
mueren sin dejar huella.
Ayer centenares de personas se reunieron en la Plaza Río de Janeiro de la Colonia Roma, en la Ciudad de México, a ver la nonagésima primera entrega de los Óscares. La Redacción de Tierra Adentro quería compartir el júbilo y éxtasis colectivo que se desataron a partir de los Óscares a mejor fotografía, mejor dirección y mejor película extranjera que obtuvo Roma (2018) de Alfonso Cuarón, por eso le pidió a Nigorette que fuera a hacer el registro.
En 1990, Spike Lee obtuvo su primera nominación a los Premios de la Academia en la 62 entrega de los Óscar como guionista por Do the Right Thing. Perdió ante Tom Schulman –autor de Dead Poets Society– en una ceremonia que, a la postre, coronaria a Driving Miss Daisy como mejor película. Desde entonces, a excepción de una nominación por el documental 4 Little Girls, y un oscar honorífico mediante, Lee había sido el gran ausente de los premio. Casi treinta años después obtuvo su primer premio, nuevamente en la categoría de Mejor Guion Original, por BlacKkKlansman –llamando a que en las próximas elecciones los ciudadanos norteamericanos, entre el odio y el amor, “hicieran lo correcto”– e intentó, al final de la ceremonia, abandonar el Dolby Theater cuando se anunció a la ganadora en la categoría de Mejor Película: Green Book.
La coincidencia entre aquella entrega y la que ayer se realizó podría explicarse a la luz del discurso de Lee al recibir el premio. Vestido de color morado, el director neoyorquino recordó desde el escenario que febrero no solo es el mes más corto del año, sino también un importante mes en la historia negra desde que hace cuatrocientos años. También un 24 de febrero sus antepasados fueron traídos como esclavos para trabajar la tierra y así construir Estados Unidos. El recorrido de su emocionante discurso lo llevó a recordar que su madre usó el cheque de su seguro social para que él pudiera estudiar cine y, finalmente, que a la vuelta de la esquina están las elecciones presidenciales.
Basadas ambas en una historia real, Green Book y BlacKkKlansman atienden a una misma problemática pero desde lugares diferentes. Como mencionaba hace unos días Fernanda Solórzano, en la medida que la película ganadora de la principal estatuilla concluye su relato dando a entender que el racismo forma parte de un pasado superado, en la película de Lee la realidad se infiltra a modo de epilogo para mostrar que más allá de los chistes a costa de los slogans de campaña y del gobierno de Trump, el odio sigue en los rostros de los supremacistas blancos reunidos en Charlottesville, del atropellamiento de Heather Heyer y de la desafortunada reacción del presidente.
Sin embargo, tras las controvertidas ediciones anteriores en las que surgió el #OscarsSoWhite y en tiempos en que, como mencionó Barbara Streisand durante la ceremonia, “la verdad es un valor poco apreciado en estos días”, los miembros de la Academia optaron por conceder el mayor galardón a una película que hace de un prejuicio como el pollo frito un leit motiv humorístico; una película con guion de manual que haría a McKee sentirse satisfecho, y que, como mencionó Carlos Boyero, resulta tan eficaz como predecible.
Es una obviedad, pero a ratos conviene recordar que la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas reconoce (con una estatuilla de bronce apenas recubierta de oro) a los involucrados en su industria cinematográfica. Es una organización estadounidense premiando a la industria de ese país. Se llama a equívocos quien quiera ver en ella la consolidación de un arte; es, en todo caso, de una forma de incentivar la excelencia en una muy peculiar manera de contar historias en un medio audiovisual –aunque la mundialmente más extendida–. Y la película de Peter Farrelly cumple con esos estándares; no Roma, no The Favourite.
Pero hay, además, en el tratamiento de la realidad –donde esa desconcertante leyenda de “basada en hechos reales” se acomoda– una línea que también llevó a Mahershala Ali a recibir el Premio a Mejor Actor de Reparto por su interpretación de Don Shirley, aun y cuando hace unos meses tuviera que comunicarse con los familiares del músico para pedirles una disculpa luego de que calificaran a la película como una “sinfonía de mentiras”.
En la llamada ofreció disculpas por si su interpretación los había ofendido, escudándose en que él solo trabajó con el material que tenía. Y es que Roma provenía de los recuerdos de infancia de Alfonso Cuarón en la medida que la película de Lee lo hacía de las memorias de Ron Stallworth. La amistad presentada en Green Book es la versión que su padre Lip le contó a Nick Vallelonga –productor y guionista de la película– sobre aquel viaje al sur de Estados Unidos. La realidad acotada y, anoche, premiada.
Diferencias en el tratamiento del racismo aparte, la ceremonia tuvo pocos discursos o momentos memorables. Los mexicanos que sintonizaron la transmisión desde sus casas o desde las proyecciones en las calles de la Ciudad de México, no vieron cumplido el improbable sueño de que Yalitza Aparicio subiera al escenario o que Roma se convirtiera en el primer filme en ganar Mejor Película y Mejor Película Extranjera. Este último galardón, sin embargo, lo obtuvo junto a otros dos nada despreciables premios: el de Mejor Director para Alfonso Cuarón y el de Mejor Fotografía también para el cineasta mexicano, a pesar de que, como le recriminaron en redes sociales, se olvidará en su discurso de mencionar a su colaborador, Galo Olivares. En ambas categorías, además, se impuso sobre la maravillosa Cold War, dirigida por Pawel Pawlikowski y fotografiada por Lukasz Zal.
The Favourite del cineasta griego Yorgos Lonthimos –que como Roma llegó a la ceremonia con diez nominaciones– obtuvo apenas un premio, el de Mejor Actriz, concedido a Olivia Colman por su interpretación de Ana de Gran Bretaña. Mismo destino que A Star is Born, que de ocho nominaciones apenas obtuvo una estatuilla, la de mejor canción por “Shallow” (interpretada en la ceremonia por Lady Gaga y Bradley Cooper en una presentación en la que, mostrando los reflectores y los imperceptibles rostros del público, la cámara recordaba que la película se escribe entre las luces y sombras de los escenarios).
Contra pronóstico, Bohemian Rhapsody obtuvo cuatro de las cinco estatuillas a las que aspiraba, incluyendo la de Mejor Actor para la imitación de Freddie Mercury que hizo Rami Malek, haciendo que uno se preguntara qué destino hubiera tenido la película si Sacha Baron Cohen se hubiese mantenido en la producción. Malek por encima de Christian Bale, protagonista de la gran relegada de la noche, la formidable Vice, una película que a su manera se suma a la agenda que parece haberse impuesto Adam McKay tras The Big Short y Succession.
No deja de ser curioso que la Academia comience a premiar a las plataformas que están modificando la industria y al mismo tiempo batalle por adecuarse con poca fortuna al nuevo ritmo que imponen. Los nuevos competidores como Netflix, además de alterar el panorama mediático, han cambiado los protocolos de visionado de la televisión: entre otras consecuencias, el brindar contenidos al alcance de un clic modifica los tiempos de atención de los espectadores. En un país que ha batallado por modificar las transmisiones de su deporte nacional –la MLB no consigue promover medidas eficaces para reducir la transmisión de los partidos–, ahora la Academia se ha propuesto hacer lo mismo para atraer la atención atomizada de los espectadores sin conseguirlo: ni la ausencia de un presentador luego de que el anunciado Kevin Hart fuera relegado por sus tuits homofóbicos, ni su propuesta, luego revirada, de entregar varios premios durante los cortes comerciales y limitar las actuaciones de la gala, hicieron que la ceremonia durara lo que una película, y, por el contrario, volvió a rebasar las tres horas de duración.
En Can You Ever Forgive Me?, el otro gran fracaso de la noche, la agente literaria de Lee Israel le recuerda por qué Tom Clancy gana lo que ella no: porque es un autor que nunca se niega a una entrevista, alguien que procura su imágen pública, en la medida que ella está encerrada derribando todos los puentes que le propone. Es porque estoy escribiendo, le responde la escritora. Bueno pues quizá en la escena de la película Marielle Heller haya una analogía simplona sobre la ceremonia de anoche: las estatuillas lucirán en las vitrinas de los productores, directores, actores, cinefotógrafos que más hayan participado de una campaña donde había que convencer a los votantes; aunque al final algunos como Netflix, que gastó el doble en publicidad de lo que costó la película que aspiraba a casi todo fracasaran en su intento.