Tierra Adentro
"Fogón", fotografía de Supayfotos/APEGA, 2016. Recuperada de Flickr. CC BY-NC-SA 2.0
“Fogón”, fotografía de Supayfotos/APEGA, 2016. Recuperada de Flickr. CC BY-NC-SA 2.0

Mu’yuk xa ta jve’tik chenek’ xchi’uk ixim:

Lekil ve’liletik

Ti ta sts’un jyayatik xchi’uk jmuk’totik.

Ta xch’ay ta joltik li smu’il itajetik:

Mu’yuk xa yik’ itaj ta sba k’ok.

Mu’yuk xa k’usi oy ta yut ve’ebal.

Mu’yuk xa ta xpaktinajik pat o’ntonal jyayatik.

Mu’yuk lo’il ta jujun sob.

Mu’yuk xa jk’eltik jmuk’totik ta sa’ik isak’ ta yut banamil.

Li jme’tike mu’yuk xa ta smeltsanik chenekul vaj,

Mu’yuk xa ta sbots’ik li xkuxlajtike.

Ja’ xa no’ox ta jk’eltik antsetik ta schol sbaik ta pizzerías,

Yu’un ta snojesik xch’ut ta pizza.

Viniketik, antsetik xchi’uk ololetik ta sk’an ta snojesik sch’utik.

Anil no’ox ta sk’an ta slajesik li xchamele

Ta slajesik sve’el ti noj ta chamele.

Viniketik chololik ta smanik hamburguesas,

Jubem ololetik ta sa’ sreskuik juju likel,

Ta xuch’ik li chamele,

Ch’ilbil isak’etik ta xanav ta sbik’ilik,

Ta xanav xepu’ ta sbe xch’ich’elik.

Empresarios k’ulejetik,

ta sk’an stak’inik

ta smilanan antsetik viniketik xchi’uk k’usi ta xchonananik,

ta sk’an ta jlajesbetik ti k’usi ta xchonike,

li ve’lile noj ta chamel.

Mu’yuk xk’uxubil yo’ontonik,

Noj li ve’ebaletike.

Noj xa ta jbik’iltik li cancere;Ta xavan ta jch’utik, ta ovarios, ta vesícula;

Ta xanav ta stekel jbek’taltik

Mu’yuk xa xpoxtael,

Yu’un te xa oy ta yut jbek’taltik,

ta jbakiltik.

OLVIDAMOS LA SABIDURÍA DE LOS ABUELOS

Dejamos de comer frijol y maíz:

alimentos sagrados

cosechados por nuestras abuelas y abuelos.

Olvidamos el sabor de las verduras:

no hay aroma de hojas verdes cociéndose en el fogón.

Nada habita en aquella cocina de madera.

Nuestras abuelas ya no están en el fogón

torteando nuestras esperanzas.

Ya no existen las pláticas por las mañanas.

No hay conexión con el fuego.

Ya no vemos a nuestros abuelos

buscar cueza bajo la tierra en épocas de sequía.

Nuestras mamás ya no hacen tamales de frijol,

sus manos ya no amasan nuestros días.

Solo vemos mujeres haciendo filas en pizzerías,

esperando alimentar su estómago con pizzas congeladas por años.

Hombres, mujeres y niños buscan saciar su hambre.

Caos y desesperación por comer su propia muerte

y envenenarse con la sustancia de la maldita muerte.

Hombres haciendo filas para comer hamburguesas,

niños obesos sirviéndose refrescos una y otra vez en el refill,

bebiendo la oscura tristeza,

papas saladas recorriendo sus intestinos,

grasas saturadas caminando en sus venas.

Empresarios ricos,

ansiosos por llenar sus bolsillos

causando muertes con falsa felicidad,

nos hacen adictos para comer sin parar,

satisfaciendo nuestro estómago con pequeñas dosis de muerte.

Industrias alimentarias inconscientes,

franquicias por todos lados…

Son una plaga.

Mientras,

el cáncer invade intestinos; camina en el colon, en los ovarios, en la vesícula;

camina en todo nuestro cuerpo

y no hay salida,

se aloja en nosotros mismos,

en cada partícula del cuerpo,

en cada espacio de nuestros huesos.


Autores
Poeta, traductora maya tsotsil de San Juan Chamula, Chiapas, 1995. Licenciada en Lengua y Cultura por la Universidad Intercultural de Chiapas 2013-2017. Cursó la Maestría en Estudios E Intervención Feministas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, UNICACH-CESMECA, 2019-2021. Asistió al Programa de Escritura Creativa del Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa E.U, en 2021. Premio Estatal de la juventud 2021 en la categoría Fortalecimiento a la Cultura Indígena.

¡Que me posean ya los misterios que no tienen solución!

Porque tiene que haber más

¡Este mundo no me basta!

Tiene que haber otra cosa.

Daniela L Guzman,
“Tal vez Elisa Lam era una chica como yo”

Hace unas semanas, se hizo viral en Tiktok una serie de videos que afirmaban que la élite estadounidense tenía fiestas donde el plato principal era carne de sirena. Mirarlos me mandó al lado conspiracionista de Tiktok, un lugar divertido al principio, alarmante al final, en el que he caído una decena de veces desde que descargué la aplicación hace unos años.

En ese lado de Tiktok, desfilan por igual personas que se comunican con los aliens, terraplanistas, cazadores de fantasmas, las clásicas teorías de la muerte y suplantación de Avril Lavinge, las especulaciones sobre la muerte de Elisa Lam en el hotel Cecil, videos de los seres que aterrorizan los Apalaches y mucho, mucho más. Cientos de teorías se desplegaron ante mis ojos y me consumieron a lo largo de la semana que me permití estar ahí.

De alguna manera, ver todo eso sin realmente creerlo se sintió como una bocanada de aire fresco; era una ventana a un lado del mundo en el que hace mucho que ya no creo: lo extraño, lo místico y lo peligrosamente sobrenatural. Los aliens que se comunican con nosotros por medio de círculos en las cosechas, el triángulo de las Bermudas que nos transporta a otra dimensión, la ciudad perdida de Atlantis, las sirenas que se esconden de nosotros en medio del mar infinito, todo lo que en algún momento de mi niñez me había parecido el misterio alrededor del cual se desarrollaría mi vida.

Chupacabras

Nací el año del primer avistamiento del Chupacabras, bendito 1995 de críptidos y ganados perdidos. En ese entonces, aunque ya existían los términos “criptozoología” y “criptoarqueología”, un supuesto video de Pie Grande ya daba la vuelta al globo y decenas de personas buscaban a Nessie entre las aguas profundas del Loch Ness en Escocia; aunque la International Society of Cryptozoology estaba por cumplir su aniversario número quince, nuestro país apenas se ubicaba en un mapa del que no saldría jamás: el de las criaturas imposibles de encontrar. Escurridizas, míticas, crípticas. 

México se convertía, junto a Puerto Rico, en una de las casas del chupacabras, marcando a toda una generación con noticieros, bandas tributo, caricaturas y noticias alarmantes. La fiebre del chupacabras alcanzó a todo el país y se extendió por el continente entero, pronto hubo avistamientos desde Estados Unidos hasta Chile. 

Críptidos y criptozoología

En 1955, el biólogo frances Bernard Heuvelmans publicó On the Track of Unknown Animals, el libro que daría origen a una nueva rama de la zoología: la criptozoología, dedicada al estudio de los animales ocultos, los animales escondidos, que desde entonces fueron conocidos como “críptidos”, aquellos de los que solo hay especulaciones y muy poca evidencia. 

Con su libro, Heuvelmans seguía el camino del antiguo director del Royal Zoological and Botanical Gardens: A. C. Ouderman y su libro publicado con motivo de una serie de avistamientos de serpientes acuáticas gigantes, The Great Serpent Snake de 1892.

Heuvelmans estaba decidido a seguir la pista de los críptidos de los que escuchaba algún rumor: el yeti, el monstruo del lago Ness, Pie Grande y muchos otros. Fue de Escocia a Malasia y publicó cientos de estudios más. Su rigor científico le ganó el beneficio de la duda, por más que sus objetos de estudio fueran menos que convencionales y en 1982, después de su fundación, se convirtió en el presidente de la International Society of Cryptozoology, una institución dedicada puramente a la criptozoología y conformada por una serie de científicos que, al lado de Heuvelmans, decidieron dedicar sus carreras a los animales ocultos. La Sociedad Internacional de Criptozoología contó, a lo largo de su duración, con una publicación académica periódica, donantes y una decena de científicos dispuestos a colaborar.

Entre los críptidos más famosos, que luego dejaron de serlo, nombrados en la web de la sociedad, destacan el dragón de komodo, el okapi y el panda gigante; aunque es cierto que la mayor parte de los científicos de la Sociedad prefirieron ir tras el rastro de Pie Grande.

Demasiada realidad

Ahora, décadas después, pocos críptidos se abren paso en las noticias internacionales. ¿Qué nos pasó? ¿Ya nadie cree en lo extraño, en las civilizaciones perdidas, en los aliens que vendrán a salvarnos a todos? 

Al menos, nadie que conozca lo hace, no de verdad. Todos pensamos que sería divertido que esas cosas exitieran, algunos hasta culpan al duende de su casa por perderles las llaves. Pero pocos siguen creyendo de verdad. La realidad de nuestro país es demasiado oscura como para eso. Es una oscuridad triste, llena de hartazgo, demasiado real.

Desaparecidos, asesinatos, campos de extermino, el país que se hunde en la violencia y el dolor, todo eso parece incompatible con lo místico y lo críptico, con los animales que queremos desear que existan. ¿Quién necesita al chupacabras cuando cada mes se descubre un nuevo nivel de horror y de violencia?

Atlántida

Según Platón, los dioses se enojaron tanto con la Atlántida, que mandaron “una terrible noche de fuego y terremotos” para arrojar a la antigua civilización a lo más profundo del mar.

Cuando era niña, imaginaba las olas cubriéndolo todo, los terremotos que destrozaban la tierra, la ciudad siendo absorbida por un mar furioso. Luego, la calma, las olas deslizándose en la superficie marina como si nada hubiera pasado.

La Atlántida, el triángulo de las Bermudas y Nessie en su lago en Escocia encabezaban la lista de asuntos de los que, pensaba, se trataría la vida adulta. Desde luego, creí, de grande me subiría a muchos barcos, o muchos aviones, dependería del día, y tendría que tener cuidado en navegar lejos del triángulo de las Bermudas para no entrar en una dimensión desconocida. Desde luego, pensaba, la exploración de la Atlántida nos llevaría a mi equipo y a mí por lo menos una semana, pero confiaba en que la encontraría. Confiaba en que al ir a Escocia, el monstruo asomaría su cabeza para saludarme solo a mí. 

Creer en algo

Quiero pensar que el año de mi nacimiento, ese delgado hilo que me une a uno de los críptidos más famosos del planeta, vaticinó para mi futuro y, el de toda mi generación, la inmensa fascinación que sentiríamos por todo lo oculto: los mitos, las civilizaciones perdidas, los animales de los que solo podemos especular, los rastros perdidos de algo más grande que nosotros.

No creo ser la única que se fascina por lo extraño. Tal vez en el fondo solo sea un deseo par algo más. Quiero algo que sea nuevo, distinto, un susurro de que el mundo es mucho más grande, mucho más vasto y mucho más misterioso de lo que puedo imaginar.

Estoy harta de lo que tiene solución, de las respuestas lógicas y las explicaciones que tienen sentido. Quiero el continente perdido de Lemuria y los sasquatch que cruzan la selva. Quiero que el chupacabras sea real, que el documental de Discovery Chanel en el que proponían la teoría de “el mono del agua” que explicaba la existencia de las sirenas sea la realidad. Sirenas, hadas, un pleciosauro que vive en un lago en Escocia, los aliens que construyeron las pirámides, la fuerza oscura que se llevó a Elisa Lam y la ahogó en el Hotel Cecil. Quiero que todo eso sea real.

Pero, ¿qué queda? Ver videos por Tiktok, mirar las predicciones de la médium que dice que esta vez sí, esta vez las naves nodrizas serán visibles para todos desde el cielo estadounidense, y desear que el mundo vuelva a su curso natural de misterios y sirenas.

Que regrese Atlatis en todo su esplendor, que las fuerzas místicas se manifiesten. Que vengan Pie Grande y Nessie, que el Mothman vuele por los cielos. Que los aliens por fin se muestren en vivo y a todo color y respondan de una vez por todas si realmente cuidan a Tampico de los huracanes. Quiero el noticiero de Javier Alatorre donde dijeron que el chupacabras era un “murciélago chistosón” y los cuerpos alienígenas de Jaime Maussan. Quiero el mundo donde importan las energías místicas y donde las personas sombra se pasean por los edificios de la Ciudad de México.

Eso es mejor que la soledad de existir día tras día en una rutina infinita. Existir por existir, con responsabilidades vacías, con sueños pequeños. Mejor Lemuria, mejor Atlantis, mejor los reptilianos y la rata gigante de la Merced. Mejor los dinosaurios que habitan en el centro de la tierra a esta realidad dolorosa donde culparon a los perros salvajes de haber cometido los crímenes del chupacabras; donde ya no nos emocionamos por la sombra de Pie Grande cruzando la selva. 


Autores
(Ciudad de México, 1995) Es dramaturga y editora. Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana.
Portada de "Jaws", 1975. Dir. Steven Spielberg. Ilustración de Roger Kastel. Universal Pictures
Portada de “Jaws”, 1975. Dir. Steven Spielberg. Ilustración de Roger Kastel. Universal Pictures

Cada año mueren más personas por cocos que caen de palmeras que asesinadas por tiburones. Esto lo dice la International Shark Attack File (ISAF), la única base de datos científicamente constituida que documenta los ataques de tiburones cada año en todo el mundo. En el 2024, fueron ochenta y ocho entre ataques a embarcaciones, incidentes en cautiverio y mordidas. En el caso de las mordidas, esta institución marca la diferencia entre “mordidas no provocadas”, que son incidentes en los que se produce una mordedura a un humano vivo en el hábitat natural del tiburón sin que este haya sido provocado por el ser humano; y “mordidas provocadas” que se producen cuando un ser humano inicia de algún modo la interacción con un tiburón. Por ejemplo, mordeduras a buceadores que acosan o intentan tocar a los tiburones, mordeduras a pescadores submarinos, mordeduras a personas que intentan dar de comer a los tiburones, mordeduras que se producen al desenganchar o sacar a un tiburón de una red de pesca, etcétera. De estos ochenta y ocho ataques, siete fueron fatales, de los cuales cuatro fueron “no provocados”. Este número se mantiene en el promedio anual de cinco ataques fatales causados por tiburones. En contraste, aproximadamente ciento cincuenta personas mueren al año por cocos que caen de palmeras.

¿Por qué este dato parece absurdo? ¿No son los tiburones sanguinarias bestias que comen humanos? En la cultura popular, los tiburones —y en específico los tiburones blancos— tienen un halo de peligrosidad y fatalidad que en realidad es una visión distorsionada que no corresponde con el comportamiento de estos animales. El gran tiburón blanco o Carcharodon carcharias es un depredador ápice, es decir, que no tiene depredador y suele cazar grandes animales marinos. La magnitud de su poder físico es impresionante. Sin embargo, no es un “enemigo” natural del ser humano. La idea monstruosa del tiburón blanco que se tiene en el presente, en parte se alimentó de representaciones culturales que exaltaron las cualidades violentas de su ser depredador. Una de ellas, y tal vez la que tuvo mayor responsabilidad, fue la película Jaws (Tiburón) de 1975.

Sin embargo, este solamente es un capítulo de los capítulos más recientes en la historia cultural de los animales marinos. En la Antigüedad y la Edad Media, algunos animales que habitan los océanos fueron vistos como seres bestiales y eran asociados a seres mitológicos; los cetáceos y el leviatán eran parte de la misma categoría. En las cartas de navegación, las monstruosidades acuáticas nadaban entre los meridianos y las rosas de los vientos. Esta expresión iconográfica materializaba la incertidumbre que rodeaba a los océanos en la cosmovisión de aquellas épocas.

Monstruo marino en la Carta Marina (1555) de Olaus Magnum
Monstruo marino en la Carta Marina (1555) de Olaus Magnum

El desarrollo de las ciencias de la vida fue un largo camino en el que la historia natural —basada en prácticas descriptivas sobre los animales, plantas, hongos y minerales—, dio paso a la biología y otras disciplinas. En este viaje los animales fueron perdiendo su carácter mitológico y hubo una diferenciación clara entre los animales como objetos de estudio científico, y los monstruos que solamente habitaban los relatos ficticios.

Jaws, basada en la novela homónima de Peter Benchley, fue dirigida por un joven Steven Spielberg. Este filme cambió la historia del cine industrial pues en la época del llamado nuevo Hollywood inauguró la tradición de los blockbusters de verano. Antes del éxito de esta película, los estudios hollywoodenses no consideraban el verano como la mejor época para estrenar películas importantes. Jaws terminó con esa idea al demostrar que una película bien promocionada podía atraer multitudes en la temporada veraniega. Se considera que esta película fue el primer blockbuster veraniego, concepto que luego se consolidaría con Star Wars de 1977.

El estilo de dirección de Spielberg recuerda a las clásicas películas de suspenso de Hitchcock. El enorme y sanguinario tiburón blanco que acecha las playas de Amity, aparece relativamente poco tiempo en pantalla. Quienes saben y han escrito sobre la historia del cine, han dicho que esta herramienta narrativa pareciera alimentar la sensación de peligro desconocido, la angustia de estar siendo perseguido por una anónima amenaza. Sin embargo, la razón por la cual el monstruo apareció poco en la película fue que las réplicas neumáticas de tiburones construidas para la película, a veces simplemente no funcionaban. Los tiburones mecánicos sufrían constantes averías debido a la filtración de agua salada en las mangueras neumáticas y la fractura de su estructura por la presión del agua. Esto fue parte de una serie de complicaciones que sucedieron durante la producción; desde embarcaciones ajenas al set que aparecían en pantalla hasta que las cámaras se mojaran, pasando por la vez en la que el barco Orca comenzó a hundirse con los actores a bordo.

Otro elemento icónico que fue fundamental para el gran éxito de Jaws en la cultura popular fue su banda sonora, obra de John Williams, quien se consolidó como uno de los grandes compositores de bandas sonoras para el cine. Su icónica melodía de dos notas separadas por un semitono fue inspirada totalmente en los primeros compases del 4to movimiento de la Novena Sinfonía  del compositor checo Antonín Dvořák. En la música de Jaws también se asoman acordes al estilo de Igor Stravisnky en la Consagración de la Primavera (para saber más sobre este compositor ruso y esa obra en particular véase aquí )

Como parte del fenómeno mercantil y mediático de la cultura popular estadounidense, Jaws tiene un lugar ciertamente especial. Si bien no fue la primera película en mostrar bestias zoológicas que son enemigas mortales del ser humano, como en el filme Them! (1954) en el que aparecen gigantes hormigas, Jaws inauguró un género cinematográfico protagonizado por animales-monstruos.

Them! (1954) Dir. Gordon Douglas
Them! (1954) Dir. Gordon Douglas

Además de las secuelas de Jaws, que no fueron dirigidas por Spielberg y fueron castigadas por la crítica, a partir de finales de la década de 1970, emergieron una serie de filmes como Orca: the killer whale (1977), Jurassic Park (1993), Anaconda (1997), Deep Blue Sea (1999) y The Meg (2018), entre muchos otros. Estas expresiones cinematográficas que representan a ciertos animales depredadores como bestias sanguinarias que no buscan sino asesinar perversamente al ser humano, es sintomática de una distorsión ideológica de la diferencia entre nuestra especie y el resto de animales. Este divorcio implica proyectar una serie de valores antropocéntricos a algunos animales, promoviendo una enemistad intrínseca entre los bestiales animales depredadores y el ser humano, víctima del salvajismo de estos seres. En la realidad, todo se invierte. Es claro cuál es la especie animal (no en su totalidad, sino que algunos subconjuntos) que ha depredado a otros seres y es un riesgo mortal latente y desenfrenado para el planeta. Y no, no es el gran tiburón blanco.


Autores
Ayamel Fernández García (Ciudad de México, 1996) Historiador egresado de la UNAM. Se ha especializado en historia ambiental y de las ciencias en México y America Latina. Le interesa la conservación ambiental y la naturaleza como problema histórico.

Introducción

El fin de la Guerra de los Doce Días en Gaza no marcó el cese de la agresión, sino la transición a una fase regional mucho más volátil y expansiva. Si bien las narrativas occidentales intentan presentarla como una escalada aislada, la guerra fue, de hecho, un punto de inflexión en una estrategia de resistencia interconectada que se extiende de Teherán a Beirut, de Saná a Damasco. Esta fase no es de desescalada, sino de reorientación. La calma posterior es engañosa, una tregua táctica temporal mientras todas las partes se reconfiguran para la siguiente confrontación inevitable.

1. Enmarcando la región de la posguerra: la calma antes de una tormenta regional

Para el Eje de la Resistencia, la guerra reafirmó verdades cruciales: la entidad sionista está en declive estratégico, Estados Unidos está desbordado y es cada vez más ineficaz a la hora de imponer resultados políticos, e Irán se mantiene resiliente, ideológicamente arraigado, militarmente capaz y diplomáticamente paciente. Como afirmó el Líder Supremo de Irán, el imán Sayyid Ali Khamenei, tras el enfrentamiento en Gaza: “El régimen sionista se debilita cada día… Esto no es una mera predicción; es una realidad que toma forma sobre el terreno”.1 

El papel de Irán durante la Guerra de los Doce Días no fue una intervención militar directa, sino una orquestación estratégica. La firmeza de Teherán garantizó una respuesta unificada del Eje, coordinando estrechamente la campaña de presión de Hezbolá en el norte con las acciones de la Resistencia Islámica en Gaza y las operaciones a largo plazo de Ansarullah en el Mar Rojo. Esta intervención multidireccional reveló un cambio doctrinal fundamental en la resistencia regional: la disuasión ya no es defensiva, sino calibrada, prospectiva y preventiva.

La profundidad estratégica de la República Islámica se ha expandido no solo geográficamente, sino también intelectualmente. Su modelo, que combina ideología, disuasión militar y alianzas regionales, ha encontrado fuerza más allá de sus fronteras. El difunto comandante de la Fuerza Quds iraní, el teniente general Qassem Soleimani, declaró célebremente: “Nuestro campo de batalla es toda la geografía de la Resistencia. Dondequiera que exista la opresión, estaremos presentes: con el pensamiento, con el apoyo, con la resistencia”.2

Ese principio sigue vigente y ahora se pone en práctica mediante ataques de precisión desde el Líbano, drones sobre la Palestina ocupada y misiles desde el Yemen.

2. La resistencia como doctrina estratégica en un panorama geopolítico cambiante

La intervención de Hezbolá en la frontera libanesa demostró una vez más que cualquier guerra futura ya no se limitará a Gaza. Más bien, será multifrontal, asimétrica y orientada al desgaste acumulativo. En su discurso de posguerra, el secretario general de Hezbolá, el mártir Sayyed Hassan Nasrallah, enfatizó: “Lo que viene a continuación no es como lo anterior. La Resistencia está lista, paciente y alerta. El enemigo lo sabe y tiembla ante las consecuencias”.3

Mientras Tel Aviv celebra públicamente su supervivencia, su mando estratégico es plenamente consciente de su vulnerabilidad a largo plazo. El estamento militar de la entidad israelí se enfrenta ahora a lo que un general retirado denominó una crisis geográfica, de legitimidad y de moral.4 Esta fragilidad ha envalentonado no solo a los grupos de resistencia palestinos, sino también a movimientos regionales que antes dudaban en involucrarse directamente.

Al mismo tiempo, la participación de Estados Unidos en la guerra, y su política más amplia en la región, sigue siendo de obstrucción y desestabilización. Su presencia militar en Siria, su apoyo logístico a las operaciones israelíes y sus implacables sanciones contra Irán exponen la contradicción fundamental de su política regional: Estados Unidos predica la estabilidad mientras promueve una guerra perpetua. En realidad, Washington se ha convertido en un facilitador de crímenes de guerra bajo el pretexto de alianzas estratégicas.

Este artículo analiza la evolución del orden regional tras el conflicto y explora la creciente probabilidad de una nueva guerra entre Hezbolá y la entidad israelí, los peligros que plantea la rápida normalización de las relaciones en Siria y la persistente y no resuelta confrontación entre Irán y el Israel sionista. Estos no son acontecimientos aislados, sino expresiones de una lucha histórica más amplia: la resistencia de naciones y pueblos soberanos contra un orden impuesto desde el extranjero.

El Eje de la Resistencia no se limita a responder a la agresión, sino que redefine los términos del enfrentamiento. No se trata de un bloque reaccionario, sino de una fuerza estratégica, ideológicamente coherente y en plena maduración militar. Sus cimientos no se basan únicamente en armas y alianzas, sino en la profunda convicción de que la liberación es tanto un derecho como un deber.

Consecuencias de la Guerra de los Doce Días: resultados tácticos y cálculos estratégicos

La Guerra de los Doce Días no culminó con la victoria de la entidad sionista, ni se pretendía que así fuera. El objetivo de Israel, como siempre, no era lograr una solución estratégica, sino ganar tiempo, infligir destrucción masiva e intentar reafirmar su disuasión mediante la fuerza bruta. Lo que expuso, en cambio, fue la creciente erosión de la coherencia militar israelí, la creciente confianza estratégica del Eje de la Resistencia y la fragilidad de la hegemonía regional respaldada por Estados Unidos.

1. Evaluación del equilibrio de poder entre el Eje de la Resistencia y la entidad israelí

Para las fuerzas de ocupación israelíes, la guerra generó más preguntas que respuestas. A pesar de lanzar miles de ataques aéreos y desplegar unidades terrestres de élite en Gaza y sus alrededores, las facciones de la Resistencia mantuvieron el mando operativo, atacaron los movimientos enemigos con creciente precisión y expandieron su campaña de guerra psicológica a las profundidades de la sociedad israelí. La guerra, en efecto, invirtió los roles: fue la ocupación la que operó en modo reactivo, mientras que las fuerzas de la Resistencia tomaron la iniciativa.5

Lo ocurrido en la frontera libanesa agravó aún más la situación israelí. Las intervenciones calibradas de Hezbolá, las operaciones diarias dirigidas a puestos de avanzada, la infraestructura de vigilancia y las concentraciones de tropas sionistas en el norte, no fueron meros actos de solidaridad, sino parte de una doctrina de presión multifrontal, diseñada para diluir la presencia militar israelí y exponer sus vulnerabilidades en el norte. En su discurso posterior a la guerra, el mártir Sayyed Hassan Nasrallah declaró: “Cuando Gaza es atacada, la Resistencia en el Líbano no se queda de brazos cruzados. Formamos parte del mismo cuerpo, y el enemigo sabe que al atacar un punto débil, todo el cuerpo reacciona”.6

Esta sinergia operativa en Gaza, Líbano e incluso Yemen apunta a una evolución transformadora en la guerra de resistencia: de frentes desconectados a ejes de desgaste coordinados. Los analistas israelíes han comenzado a reconocer esta realidad. Una evaluación posbélica publicada por el centro de estudios sionista INSS (Institute for National Security Studies) señaló: “Israel se enfrenta a un escenario para el cual no puede prepararse: una guerra en múltiples teatros que explota la asimetría, la geografía y los medios de comunicación de maneras para las cuales las FDI [Fuerzas de Defensa de Israel] no tienen una solución doctrinal”.7

2. Repercusiones psicológicas y militares para el régimen sionista

Desde una perspectiva estratégica, la guerra consolidó dos resultados. En primer lugar, confirmó la eficacia de la guerra asimétrica cuando se sustenta en la claridad ideológica y la coordinación regional. En las últimas dos décadas, el Eje de la Resistencia ha evolucionado desde una militancia localizada hacia un sistema de disuasión integrado regionalmente, capaz de asestar ataques simultáneos y selectivos por tierra, aire y mar. La doctrina militar de Teherán, que prioriza la disuasión estratificada y la resiliencia sobre la guerra convencional, se reflejó claramente en la estructura táctica de esta guerra. En segundo lugar, demostró que el frente interno israelí ya no es inmune. Las imágenes de colonos huyendo de los asentamientos del norte, las interrupciones en los centros económicos y las sirenas de misiles que llegan a Tel Aviv y más allá apuntan a una ruptura psicológica. El Estado de Israel ya no puede garantizar la seguridad de su población, pilar fundamental de su legitimidad.8 

Por lo tanto, esta guerra ha puesto de manifiesto una asimetría estratégica: mientras Israel sigue dependiendo de herramientas de alta tecnología, el transporte aéreo estadounidense y las narrativas de los medios occidentales, la Resistencia se nutre de la legitimidad popular, la adaptación al terreno y la convicción ideológica. Estados Unidos, por su parte, continúa ofreciendo un apoyo integral a la ocupación, tanto militar como financiero y diplomático, consolidándose aún más como cómplice de la desestabilización regional.

Como enfatizó Sayyed Ali Khamenei después del alto el fuego: “Lo que se logró no es solo una victoria militar. Es un despertar estratégico. El colapso del enemigo no se declarará de un momento a otro; es un proceso, y estamos presenciando su desarrollo”. La Guerra de los Doce Días marca así un punto de inflexión, no a favor del alto el fuego o de las negociaciones, sino a favor de la consolidación de la Resistencia. Además, preparó el escenario para la siguiente fase del conflicto, donde la iniciativa estratégica ya no está en manos de quienes tienen la superioridad aérea, sino de quienes controlan la voluntad del pueblo, el terreno de la resistencia y el futuro de la soberanía.

Líbano al borde del abismo: una nueva confrontación en el horizonte

A medida que se asienta la polvareda tras la Guerra de los Doce Días, el frente libanés vuelve a pasar de una postura de disuasión calibrada a una de confrontación inminente. El frágil statu quo que definió los últimos meses, marcado por las represalias controladas de Hezbolá y la contención táctica israelí, ha alcanzado un punto de saturación. Con la doctrina de seguridad del régimen sionista fracturada y su mando norte al límite, las perspectivas de una guerra extendida a lo largo de la frontera entre Líbano y Palestina ya no son hipotéticas, sino pronosticadas.

1. La postura de escalada de Hezbolá: disuasión, preparación y combates de precisión

Para la Resistencia en el Líbano, esta fase no es una mera reacción a la agresión israelí. Se trata de un reajuste estratégico preventivo, basado tanto en la doctrina de la resistencia integrada como en las lecciones aprendidas de los recientes fracasos del enemigo. Desde octubre de 2023, Hezbolá ha llevado a cabo operaciones casi diarias contra puestos de avanzada de entidades israelíes, unidades de tanques Merkava, globos de vigilancia y baterías Cúpula de Hierro con precisión inquebrantable. Cada una de estas acciones ha tenido un alcance limitado, pero un propósito profundamente efectivo: debilitar, fragmentar y exponer la infraestructura militar de la ocupación en el norte.9 Como advirtió Sayyed Hassan Nasrallah en su discurso más reciente: “Lo que ven hoy en la frontera es solo una fracción de nuestras capacidades. Si el enemigo se atreve a intensificar la situación, será testigo de una respuesta de una magnitud jamás imaginada, una que podría cambiar la faz de la región”.10

La postura de Hezbolá no es de guerra total, sino de desgaste gradual. Esto se evidencia en el ritmo de las operaciones, disciplinadas, variadas y psicológicamente dirigidas a socavar la moral israelí. Los soldados israelíes estacionados en el norte han expresado abiertamente su temor y frustración por su prolongada exposición, y varios analistas militares advierten que “las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ya no controlan el ritmo del enfrentamiento en el norte”.11

Pero Hezbolá no solo se prepara para una guerra ampliada, sino que la está moldeando. Desde una perspectiva operativa, el movimiento ha avanzado hacia una nueva era de versatilidad en el campo de batalla. La integración de vehículos aéreos no tripulados (UAV), el reconocimiento cibernético, la logística subterránea y la descentralización de misiles apuntan a una arquitectura de resistencia moderna. Estas capacidades se ven reforzadas por la asesoría y la experiencia técnica iraníes, conformando lo que los analistas ahora denominan un modelo de fusión de resistencia, una combinación perfecta de ideología, tecnología y estrategia de guerrilla.12

2. Los fracasos israelíes en el norte y la doctrina del colapso preventivo

Desde la perspectiva de la entidad israelí, el frente norte ya no es una zona de contención, sino un lastre. La reciente evacuación de más de 60 000 colonos de ciudades fronterizas como Kiryat, Shmona y Metula no solo han costado millones a la economía sionista en compensaciones, sino que también han destrozado el mito de la invencibilidad territorial israelí. El proyecto de ingeniería demográfica de la ocupación, diseñado para judaizar el norte de Palestina, se ha visto prácticamente frenado por la persistente amenaza del poder de fuego de Hezbolá.13

Mientras tanto, el papel de Estados Unidos sigue siendo previsiblemente desestabilizador. Al reforzar las capacidades militares de Israel con municiones guiadas de precisión, sistemas conjuntos de defensa aérea e inteligencia satelital, Washington es cómplice directo de alentar un error de cálculo israelí que podría desencadenar una guerra a gran escala en suelo libanés. La presencia naval estadounidense en el Mediterráneo Oriental, presentada como “disuasión”, no hace más que acrecentar la tensión regional, recordando que la política estadounidense en el Líbano no es de mantenimiento de la paz, sino de escalada.

Sin embargo, en este momento precario, Hezbolá lleva la delantera, no por su superioridad armamentística, sino por su claridad estratégica. La Resistencia en el Líbano no busca la guerra, pero no la teme. Su estrategia en el campo de batalla no se guía por presiones diplomáticas efímeras, sino por una visión a largo plazo de liberación, soberanía y equilibrio de disuasión. En este contexto, la próxima confrontación, si estalla, no se limitará al Líbano o Palestina, sino que involucrará a todo el Eje de la Resistencia, desde Bagdad hasta Saná.

El mensaje de Hezbolá al régimen sionista y a sus aliados occidentales permanece inalterado: cualquier guerra será total, multidimensional y transformadora. Y esta vez, las reglas del juego no las dictarán Tel Aviv ni Washington, sino la propia Resistencia.


Autores
Madre de tres hijos. Tiene un doctorado en Gestión por la Escuela Doctoral de la Universidad Libanesa, con una tesis sobre "El efecto de las diferencias intergeneracionales en la productividad laboral en el Líbano". Además, posee dos maestrías por la misma universidad: una sobre "El efecto de la política en la inversión extranjera directa en el Líbano" y otra sobre "La aplicación de la gestión del conocimiento en una institución de medios". También es miembro de la Red de Medios Blue Peace para la gestión transfronteriza del agua en Medio Oriente. Osman es profesora universitaria en la Universidad Internacional Libanesa y en la Universidad Maaref. Conduce y produce el programa político The MidEaStream. Es escritora y sus comentarios sobre asuntos de Asia Occidental han sido publicados en diversos medios de comunicación internacionales y regionales.

Los perpetuos problemas de humedad en el techo de mi departamento y la ineficiencia, perpetua también, de la administración en turno que, teóricamente al menos, vela por el bienestar de la unidad habitacional en la que vivo han producido tres cambios considerables en mi vida. El primero es el desarrollo de un preocupante fervor religioso por diferentes marcas de deshumidificadores. El segundo es que ahora tengo un odio visceral por cualquier lluvia y me atemoriza como si se tratara del diluvio bíblico. El tercero es que, por primera vez en los ocho años que llevo viviendo aquí, asistí a una asamblea vecinal.

Entre los motivos para mi falta de civismo está la brecha generacional con los vecinos, que han envejecido a la par de los edificios y consideran a cualquier persona menor de 40 años un niño. También se debe a que las asambleas se celebran en horarios que atentan contra el sentido común de los sábados en la mañana. Pero, sin duda, el principal motivo era que, hasta este momento, no había tenido un problema que me obligara a depender de la poco apreciada, pero siempre socorrida, participación comunitaria.

9:00 am

Llegué a la cita y comprobé que la mayoría de mis vecinos piensa lo mismo que yo, y maldije su buena suerte de no vivir en el último piso. Con una asistencia que probablemente alcanzó el 0.05% de la población condominal, se repartieron papeles de colores para ejercer el voto popular a mano alzada y nos invitaron a regresar una hora después, cuando el quórum fuera más numeroso.

10:00 am

Procedimos a elegir tres escrutadores, un secretario y un presidente de la asamblea. Mientras los asistentes recurrentes vetaban a una serie de vecinos problemáticos para no presidir ninguna asamblea en el futuro cercano, me sorprendí por la cantidad de personas bañadas a esa hora y me avergoncé por haber llegado en pants. El presidente fue electo por una mayoría de doce votos contra nueve y leyó un discurso sobre su breve mandato. Alguien gritó que el micrófono no servía. Me pregunté si los problemas de sonido se debían a una cuestión técnica de las bocinas o a una cuestión anatómica de los asistentes, quienes superaban, casi todos, los setenta años. 

Frente a mí, una señora probaba con un cojín todas las sillas de la fila y un perro, con moñitos y dermatitis aguda, descansaba junto a su dueño. 

11:00 am

Después de que el presidente de la asamblea terminara su discurso, leyó los doce puntos que conformaban  la orden del día. Mientras la señora del cojín escogía por fin una silla óptima, oí con horror que la impermeabilización estaba en el penúltimo punto de los asuntos por discutir.

El administrador del condominio, diferente del recién electo presidente de la asamblea, dio pie al primer punto de la lista: una larga perorata sobre la dura vida de los administradores condominales. Ahí aprendí que hay quien, por voluntad propia, elige administrar un lugar en el que no vive. 

La candidata perdedora para presidir la asamblea interrumpió la lectura del punto número uno y conminó al de por sí nada elocuente orador a certificarse como administrador competente en la PROSOC. Al resto, nos invitó a sumarnos a COPACO y a eso le siguió una lista de otras siglas que sonaban como SEGAP, LEDEC y FICUM.

12:00 pm

Me distraje, pero creo que en algún momento avanzamos al quinto punto de la orden del día: repavimentar el andador principal porque alguien se cayó.

Para discutir el séptimo punto, la candidata perdedora citó el artículo 43, fracción 12, inciso E del reglamento general de condóminos, que consistía en las infracciones por pasear perros sin correa. Esto evolucionó en el problema eterno de las heces fecales perrunas y los orines de borracho, que se amontonan todos en la misma desafortunada esquina.

Mientras pensaba en la dificultad de decir en voz alta caca de perro, un representante de mi grupo etario habló sobre la falta de participación de los inquilinos sin voto ni propiedades. Lo felicitaron por su juventud y abandonó la asamblea.

1:00 pm

Movieron a la sombra al perro con moñitos y dermatitis aguda. La candidata perdedora intervino para pedir que las intervenciones no fueran de más de dos minutos y preguntó si los miembros de la mesa directiva estaban registrados ante la SECUM.

Alguien se quejó por el ruido que generan las podadoras de combustión interna y advirtió sobre el peligro de atentar contra los olivos. Hace tiempo, el encargado de podar los árboles de la unidad pasó la noche en la delegación por una denuncia anónima que lo acusaba de atentar contra los individuos arbóreos.

Noto que el amante de los olivos conjuga perfectamente el verbo satisfacer. 

Alguien más, con una voz que sugiere una vida dedicada al tabaquismo y un grado avanzado de enfisema, nos recomendó tomar un curso de contabilidad.

Vamos en el punto nueve, ojalá me hubiera bañado antes de venir

2:00 pm 

Hace tiempo que la señora del cojín, el perro con moñitos y el amante de los olivos abandonaron la asamblea. 

Perdí todo el día y los puntos 10, 11 y 12 se pospusieron para una asamblea extraordinaria. Me voy, pero una de las vecinas de la mesa directiva me detiene para prometerme que van a impermeabilizar. Me felicita por ser joven y muy alta, y me pide tener paciencia. Agradezco su amabilidad y me pregunto si mi altura estará dentro del rango normal.

Se levanta la asamblea.


Autores
(Ciudad de México, 1992). Estudió una maestría en Letras Mexicanas en la UNAM, fue becaria en la Fundación para las Letras Mexicanas y en el programa Jóvenes Creadores del SACPC-Fonca. Textos suyos han aparecido en Nexos, Revista de la Universidad de México, Tierra Adentro y Río Grande Magazine.
Prueba Trinity, 1945. Departamento de Energía de los Estados Unidos. Imagen de dominio público.
Prueba Trinity, 1945. Departamento de Energía de los Estados Unidos. Imagen de dominio público. Image Number: C76; 21-00003484 LA-UR-06-1005 Los Alamos National Laboratory Photo by Jack Aeby)

A Mauricio Cisneros

La madrugada del sábado 16 de junio de 1945, como todas las madrugadas, Rosario C. (1903-1979), hombre de cuarenta y dos años, se levantó antes de las cinco. Ni siquiera encendió ni una vela ni una lámpara, se alistó, como todos los días, en la oscuridad y salió a la labor cuando todavía no clareaba. Mientras recorría el kilómetro y medio entre su casa y la labor —que estaba al norte del ejido— vio un resplandor muy fuerte en la dirección en la que iba caminando. Podría ser un relámpago, pensó, pero aquella intensa luz en el horizonte no era la de los relámpagos y, en esa misma dirección, estaba seguro, no había nube alguna, vio antes de ese resplandor las estrellas. 

Rosario C. siguió con sus rutinas, preparando el terreno para la siembra puesto que la temporada de lluvias estaba por comenzar. Ese día no lo supo, pero acababa de ser testigo de una prueba secreta, una prueba que se llevó a cabo cientos de kilómetros al norte de su ejido en el estado de Chihuahua. La detonación de la primera bomba atómica: Gadget, la prueba Trinity, el resultado del esfuerzo de miles de personas en el Proyecto Manhattan. 

Por primera vez el ser humano fue capaz de producir en la Tierra temperaturas semejantes a las del sol. El descubrimiento de la fisión nuclear no tenía ni siquiera siete años y era ya aplicado para producir la explosión más poderosa que jamás se hubiese visto. Una explosión equivalente a veinte kilotones —o veinte mil toneladas de trinitrotolueno en el método de cuantificación de la energía en su equivalencia en TNT. 

Para nosotros, a la vuelta de ocho décadas de aquella prueba, la idea de un arma que utiliza la fisión de núcleos pesados como su combustible es algo que —a pesar de los horrores que sabemos significa— damos por hecho. Sin embargo, en 1945, esa idea, fuera de los científicos que laboraban en el Proyecto Manhattan, era algo de ciencia ficción; H. G. Wells en 1914 en The World Set Free imaginó un arma a la que dio el nombre de bomba atómica:

Nunca antes en la historia bélica hubo un explosivo continuo, en efecto, hasta la mitad del siglo XX los únicos explosivos conocidos eran combustibles cuya explosividad era debida por entero a su instantaneidad, y aquellas bombas atómicas que la ciencia arrojó sobre el mundo aquella noche eran extraños hasta para los hombres que las utilizaban. 

Aunque el arma imaginada por Wells no se corresponde punto por punto con lo que la bomba atómica terminó siendo —el arma de la ficción era una granada cuyo poder destructivo radicaba en una explosión continua—, no deja de asombrar su capacidad premonitoria. Hacia 1914, cuando publicó la novela, la radioactividad apenas tenía dos décadas de haber sido descubierta y, para ese momento, el escritor tuvo la claridad de entender de que podría, un día, utilizarse como un arma. A sus planteamientos se le podían hacer críticas, como que el elemento que propone como combustible no exista; Charles Baskerville dijo haber aislado el elemento Carolinium, con el símbolo atómico de Cn, en los primeros años del siglo XX a partir del Torio, sin embargo, después se demostró que el Torio no era un compuesto si no un elemento. La novela pudo haber influenciado el desarrollo de la misma bomba, ya que el físico Leó Szilárd (1898-1964) la leyó en 1932 y propuso la reacción nuclear en cadena —la cual patentó—, a partir del descubrimiento del neutrón, una partícula que, junto al protón, formaba parte del núcleo de los átomos.

Entre el descubrimiento de la radioactividad, por Marie Sklodowska-Curie (1867-1934), Pierre Curie (1859-1906) y Antoine Henri Becquerel (1852-1908) en 1896 —por el cual fueron galardonados con el premio Nobel de Física en 1903—, y la explosión de la primera bomba atómica no pasaron ni siquiera cincuenta años. En los últimos años del siglo XIX y en los primeros del XX se hicieron una serie de descubrimientos que cambiaron el modo de entender los átomos —con la radioactividad, por ejemplo, quedó de manifiesto, junto con el de los electrones, que los átomos no eran indivisibles, como su etimología establecía—. 

Para que fuera posible la construcción de la bomba atómica muchos descubrimientos fueron necesarios, desde la radioactividad hasta el proceso de fisión, pasando por la equivalencia entre masa y energía de la teoría de la relatividad —la famosa fórmula de Albert Einstein (1879-1955) E=mc², la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado, presentada en 1905 en el trabajo ¿Depende la inercia de un cuerpo de su contenido de energía?—, así como por las teorías de la estructura del átomo, el desarrollo de la teoría cuántica y el señalado descubrimiento del neutrón —en 1932 por James Shadwick (1891-1974)—, solo por mencionar algunos. Sin embargo, el catalizador que impulsó el desarrollo de la bomba atómica fue el descubrimiento de la fisión nuclear en 1938 y la explicación de ese proceso en 1939. 

En diciembre de 1939 Otto Hahn (1879-1968) y su ayudante de laboratorio Fritz Strassmann (1902-1980) reportaron haber descubierto berilio en una muestra de uranio bombardeado por neutrones. El experimento fue propuesto a Hahn por Lise Meitner (1878-1968), quien, en 1939, junto a Otto Robert Frisch (1904-1979), su sobrino, describió el fenómeno como fisión nuclear —Frisch propuso ese término en analogía a la fisión binaria de las células—. La fisión se da cuando un átomo con un gran número de nucleones (protones y neutrones) pierde al menos uno de sus neutrones y decae en otro elemento —aunque otros tipos de decaimientos son posibles en elementos de isótopos radioactivos, el núcleo atómico puede emitir partículas alfa, beta o gamma—. Se pensó en el decaimiento como el disparador de una reacción en cadena, un núcleo atómico radioactivo emite al menos dos neutrones y esos dos neutrones golpean otros dos núcleos radiactivos y esos dos a otros dos, el proceso en cadena, liberando en el proceso una gran energía. 

Varios científicos vieron en ese descubrimiento el camino para la construcción de un arma, entre ellos, nada menos que Albert Einstein, quien firmó una carta —escrita por Szilárd— dirigida al presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt (1882-1945). La preocupación no solo era porque se pudiera construir un arma con la fisión nuclear como la fuente de energía, sino que esa arma pudiera ser construida por la Alemania nazi —que el 1 de septiembre de 1939 inició la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia; en el conflicto los Estados Unidos se mantuvieron neutrales, hasta diciembre de 1941—. 

Este nuevo fenómeno también llevaría a la construcción de bombas, y es posible, aunque mucho menos cierto, que así se podrían construir bombas extremadamente poderosas de un nuevo tipo. Una sola bomba de este tipo, transportada en barco y explotada en un puerto, podría destruir todo el puerto junto con parte del territorio circundante[…]. Entiendo que Alemania realmente detuvo la venta de uranio de las minas checoslovacas que controla. Que se tomase una acción tan rápida, tal vez podría entenderse sobre la base de que el hijo del Subsecretario de Estado alemán, von Weizsäcker, está vinculado al Instituto Kaiser-Wilhelm de Berlín, donde se está repitiendo parte del trabajo estadounidense sobre el uranio.

Roosevelt no echó en saco roto las preocupaciones de los científicos y creó en 1940 el Comité Asesor del Uranio, antecedente del Proyecto Manhattan. El Proyecto quedó a cargo del coronel Leslie Groves (1896-1970), quien designó a Robert Oppenheimer (1904-1967) como jefe del área científica y, eventualmente, director del Laboratorio Nacional de Los Álamos.

El esfuerzo por construir la bomba nuclear antes que ninguna de las Potencias del Eje llevó a los Estados Unidos, a través del Proyecto Manhattan, a invertir 2 000 millones de dólares de la época. En tan solo tres años, y con más de ciento treinta mil personas empleadas en el proyecto, se logró construir el Gadget, Little Boy, el arma que fue detonada sobre Hiroshima, y Fat Man, la bomba que se detonó sobre Nagasaki.

Nunca en la historia se habían dedicado tantos recursos para el desarrollo de un arma. Desarrollo que se estaba llevando a cabo a contra reloj, del otro lado de ambos océanos los Estados Unidos se enfrentaban a las potencias el Eje —y se temía que cualquiera de ellas, sobre todo la Alemania nazi, lograra construir también su bomba atómica, con el agravante de que estaban construyendo cohetes capaces de recorrer cientos de kilómetros, los V2—. Los avances en el proyecto Manhattan eran tan importantes como los avances de los ejércitos aliados, aunque el desarrollo de la bomba era conocido de unos pocos y no fue descubierto al mundo hasta el 6 de agosto de 1945 con la explosión sobre Hiroshima. 

Harry S. Truman (1884-1972) fue el presidente de los Estados Unidos que autorizó el uso de la bomba atómica sobre ciudades japonesas con el argumento de preservar vidas de soldados estadounidenses y de que, de no utilizarlas, la guerra en el escenario del Pacífico podría prolongarse innecesariamente. Aunque esto último ya en su tiempo se cuestionó y se ha planteado que jugó un papel determinante en la posible entrada en el frente japonés de la URSS —así como la demostración de la capacidad bélica de los Estados Unidos hacia la potencia soviética—. Era un arma de persuasión por su capacidad destructiva, como lo dejó claro Truman en su discurso dieciséis horas después de la detonación sobre Hiroshima: “Si ellos no aceptan nuestros términos les espera una lluvia de ruina desde el aire, como nunca ha sido vista sobre la tierra”.

La Conferencia Potsdam, donde se tomaron los términos a los que Truman hizo referencia en su discurso, comenzó el 17 de julio de 1945, un día después de que la prueba Trinity hubiese sido realizada. Ahí fue donde el presidente de los Estados Unidos recibió los detalles sobre la nueva bomba que estaba en su poder, aunque de ella y su desarrollo no había tenido noticia hasta después que se convirtió en presidente de los Estados Unidos, a la muerte de Roosevelt el 12 de abril —a diferencia de Iósif Stalin (1878-1945), líder de la URSS, quien, por sus espías, ya sabía del desarrollo del arma y de la prueba—. La conferencia terminó el 26 de julio —en ella se refrendaron los acuerdos de la Conferencia de Yalta (4 a 11 de febrero de 1945) realizados entre los líderes de Inglaterra, la URSS y los Estados Unidos—, veinte días después se detonó la bomba atómica sobre Hiroshima y Truman dio a conocer su existencia al mundo. 

Hace dieciséis horas un avión estadounidense lanzó una bomba sobre Hiroshima, una importante base del ejército japonés. Esa bomba tenía el poder de más d 20,000 toneladas de T.N.T. […] Los japoneses empezaron la guerra desde el aire en Pearl Harbor. Se les ha hecho pagar muchas veces. Y este no es el final. Con esta bomba hemos añadido un incremento revolucionario en la capacidad destructiva de nuestras fuerzas armadas. En su forma actual se están produciendo más bombas e incluso formas más poderosas se están desarrollando. […] Es una bomba atómica. Se aprovecha de poder básico del universo.

En el discurso Truman hizo hincapié en el poder destructivo de la bomba y que su uso era una respuesta a las agresiones niponas. Ninguna mención a las numerosas muertes que causó ni a las miles de vidas afectadas por su uso —se estima que al menos 166 000 personas murieron en Hiroshima, a las que se sumaron otros 80 000 fallecimientos en Nagasaki, en la explosión del 9 de agosto—. John Hersey (1914-1993) publicó en 1946, un año después, un reportaje en The New Yorker donde contó cómo seis personas sobrevivieron a la bomba atómica bajo el título de Hiroshima, el reportaje ayudó a crear consciencia sobre las consecuencias del uso de las bombas atómicas y su terrible poder de destrucción. 

Truman a lo largo de su vida nunca mostró arrepentimiento por el uso de la bomba. Por su parte, Oppenheimer, una vez dejó el Proyecto Manhattan, abogó por un control sobre la proliferación de las armas atómicas. Su arrepentimiento quedó de manifiesto en muchas de las declaraciones que ofreció después de 1945, pero sobre todo en la entrevista de 1965 para la televisión donde declaró cómo se sintió con la prueba Trinity: “Sabíamos que el mundo no sería el mismo […]. Recordé una línea del Bhagavad Gita […]: Me he vuelto muerte, el destructor de mundos”. 

La prueba Trinity marcó el comienzo de la era atómica. La posibilidad de la destrucción del mundo por voluntad del ser humano comenzó ese 16 de julio de 1945. La hegemonía que Estados Unidos se garantizó como el país con capacidad nuclear se mantuvo hasta 1949, cuando la Unión Soviética detonó su primera bomba—RDS-1, detonada el 29 de agosto—, una carrera armamentística que no concluyó con la disolución de la URSS.  

Hay al menos ocho estados armados nuclearmente, este es un concepto del Tratado de No Proliferación Nuclear. De esos ocho, solo cinco países han firmado el tratado: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China, y tres estados que poseen armas nucleares no lo han hecho: India, Pakistán y Corea del Norte. Se cree que Israel también posee armas nucleares. Los Estados Unidos y Rusia poseen al menos cinco mil ojivas nucleares cada uno, China los sigue con seiscientas y Francia con doscientos noventa y Reino Unido con doscientos veinticinco, la India con ciento setenta y dos, Pakistán con ciento setenta, Israel se sospecha que posee noventa y Corea del Norte, cincuenta. 

Rosario C. no supo que ese resplandor que vio hacia el norte era la primera bomba atómica que se detonaba, lo sabría más tarde, cuando la amenaza atómica se convirtió en un temor que compartían millones de personas. Esa madrugada solo le asombró aquella inusitada luz, el resplandor de una nueva era.

Referencias

Discurso de Harry S. Truman 6 de agosto de 1945: https://millercenter.org/the-presidency/presidential-speeches/august-6-1945-statement-president-announcing-use-bomb

Hersey, John, Hiroshima, trad. Juan Gabriel Vásquez, Debolsillo, 2020.

Siracusa, Joseph M., Nuclear Weapons: A very Short Introduction, Oxford University Press, 2020.

Wells, Orson G., The World Set Free, Zenith Blue Ridge Books, 2025.

https://www.armscontrol.org/factsheets/nuclear-weapons-who-has-what-glance


Autores
(Cuauhtémoc, Chihuahua, 1984) es autor de Gloria mundi. El nuevo Liber Pontificalis, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2015.

Ya desde la infancia, Sunil Tripathi se había distinguido por la facilidad con la que lograba aprender todo tipo de temas. A su hermana mayor, Sangeeta, le gustaba presumir la natural desenvoltura con la que atravesó la escuela. No fue complicado para él entrar en la Universidad de Brown y dilatar en ella su brillante carrera. Como muchos otros jóvenes prometedores, se vio obligado a sortear la vida académica en medio de un complejo episodio de depresión que, hermético, no comunicó del todo a sus familiares. En marzo de 2013, su hermana mayor recibió la noticia de su desaparición. Al parecer, la mejor amiga de Sunil había perdido todo contacto con él durante un fin de semana. Sangeeta se apresuró a buscarlo en su departamento para toparse, horrorizada, con que los únicos rastros suyos que quedaban ahí dentro eran su billetera y su teléfono.

La familia Tripathi no tardó en movilizarse desde su residencia hasta Providence, lugar de la desaparición. Se acuartelaron en la casa de un amigo y, ahí, montaron una estrategia de búsqueda ininterrumpida. Convencidos de que su empeño individual no bastaría para dar con Sunil, decidieron crear una página de Facebook que les ayudara a divulgar su caso. Tuvieron éxito: la primera semana consiguieron más de 250,000 visualizaciones. La situación se convirtió en una tragedia doble de un modo que ninguno de ellos pudo anticipar. Nadie en su lugar, ciertamente, habría podido hacerlo.

Durante la búsqueda de Sunil ocurrió uno de los eventos más dolorosos en la historia reciente de Boston: hubo un atentado terrorista en el maratón de la ciudad. Miles de ciudadanos emprendieron esfuerzos por develar la identidad de los responsables de la detonación de una bomba que causó cuatro muertes y dejó heridas a casi trescientas personas. El FBI, tres días más tarde, hizo públicas fotos de los sospechosos.

Fue entonces cuando una excompañera de clases de Sunil escribió, en Twitter, que uno de los sospechosos lucía justo como él. Este comentario bastó para que una horda coordinada en Reddit y 4Chan comenzara una campaña masiva de doxeo y amenazas en contra de los Tripathi. Para el 19 de abril, la familia se vio obligada a bajar todas las fotos del hijo perdido, con el fin de aminorar las intimidaciones. Incluso medios de comunicación masivos acudían a la casa en busca de información. De forma igual de repentina, el FBI publicó los nombres de los verdaderos responsables. El clamor paró, pero Sunil seguía ausente. Su cuerpo fue encontrado una semana más tarde, en un río de Providence. Había cometido suicidio un mes atrás.

El caso de Sunil —notable por su alcance y alarmante por su trasfondo atroz — resulta un punto de partida idóneo para discutir las nuevas modalidades de justicia. Domesticada nuestra neurosis virtual, hemos banalizado las implicaciones de la funa y el escrache: un día sí y el otro también nos topamos con historias escandalosas (o ridículas, o sospechosas, o inverosímiles) sobre actos grotescos que ni siquiera precisan de una víctima para provocar ira generalizada. Performativa, esta persecución de la justicia es indiferente a la legalidad: le interesa, más que partir de una formulación legítima, alcanzar un público vasto.

Nuestra época premia la indignación moral. Alguien, con un libro de historia en la mano, podrá decir que todas las épocas lo han hecho, pero la actual se distingue por las posibilidades de su virulencia. Es una indignación masiva, de fácil propagación. En 2021, un equipo del Departamento de Psicología de Yale liderado por William J. Brady examinó de forma rigurosa cómo es que los usuarios de redes sociales moldean sus conductas condenatorias mediante dos mecanismos bastante conocidos: el aprendizaje por refuerzo (cuando los usuarios ajustan su comportamiento en función de la retroalimentación social encarnada en likes y retuits) y el aprendizaje de normas (cuando imitan las expresiones más frecuentes en su red).

La investigación de Brady se valió de dos estudios observacionales con más de 12 millones de tuits y dos experimentos en entornos simulados. En efecto, ambos tipos de aprendizaje mostraron influir de forma directa en la probabilidad de que los usuarios expresen indignación moral ante un acontecimiento, aunque en redes ideológicamente extremas el aprendizaje por normas supera al refuerzo. La proclividad a la polarización, pues, emergió como otro factor a considerar.

Hallazgos de esta naturaleza confirman formalmente lo que ya se intuía desde hace tiempo: las plataformas, en tanto a su manejo de la información, no son canales neutrales. Su diseño, presto a amplificar ciertos tipos de contenido mediante algoritmos de recomendación, puede moldear comportamientos colectivos encauzados al castigo y el rechazo. Un algoritmo no tiene discernimiento moral; incapaz de distinguir lo justo de lo injusto, se enfoca en lo que genera reacciones. La ira y la indignación son, desde luego, las reacciones más sencillas de conseguir.

Sería ingenuo asumir que las redes sociales solamente reflejan la moralidad de sus usuarios: también la transforman. Me atrevería a decir que buena parte de su diseño persigue hacerlo. Quienes las programan en Sillicon Valley y quienes las patrocinan desde Wall Street saben que las plataformas digitales tienen implicaciones profundas en la evolución de los discursos políticos y la cohesión social a gran escala. A pesar de esto, la responsabilidad ética en el diseño de estas tecnologías es deficiente o, a menudo, nula. En redes donde cada interacción se monetiza, un público enardecido representa visualizaciones, y éstas posicionamiento. Así, la exposición y el escrache pueden guardar motivaciones económicas. Mercantilizada la moral, la justicia solo se procura cuando es rentable.

Basta darse una vuelta por YouTube y TikTok. Cientos de canales dedican su contenido a la propagación de notas que consisten, casi siempre, en meras funas en formato audiovisual. En ellas no vale la información presentada, sino el procedimiento de denuncia. Convertido en una suerte de teatro moral, este fenómeno beneficia, por un lado, a quienes pueden monetizarlo, y por el otro, a quienes encuentran satisfacción (o tranquilidad, o placer) en unirse en agresión grupal hacia un enemigo en común.

Incluso las campañas de cancelación enraizadas en la búsqueda de la justicia terminan centrándose en desplegar una exhibición de virtud colectiva. La académica Gwen Bouvier (2020) se dedicó a estudiar cómo es que ciertas campañas de indignación grupal en redes tienden a simplificar, individualizar y despolitizar problemas estructurales, reduciéndolos a casos aislados de personas malas.

Buena parte de la conducta condenatoria habitual de los usuarios de redes puede entenderse desde la desconfianza a las vías formales de justicia. No son pocas las historias de crímenes aberrantes (especialmente en países como México) que, debido a ineficiencias burocráticas o a la corrupción más llana, jamás alcanzaron una reparación real del daño. Cámara en mano, los justicieros virtuales utilizan la funa y el doxeo como mecanismos para conseguir la rendición de cuentas. Olvidan, sin embargo, que las reprimendas extralegales han sido usadas históricamente de forma desproporcionada o, peor, injustificada.  

La lógica del linchamiento no es la justicia, sino el castigo. La configuración moral de nuestros días, amparada por el respaldo multitudinario de las redes, le ha enseñado al usuario de plataformas que no debe aparecer tibio ante la injusticia: le corresponde tomar partido. Integrado en un rito unificador, apunta hacia las llamas con el dedo, ignorante de que el fuego de la hoguera está muy cerca de sus propios pies.

Referencias:

  1. A Family’s Agony Intersects With A National Tragedy. (2013). NPR. https://www.npr.org/sections/codeswitch/2013/04/25/179025682/a-familys-agony-brushes-up-against-a-national-tragedy
  2. Brady, W. J., McLoughlin, K., Doan, T. N., & Crockett, M. J. (2021). How social learning amplifies moral outrage expression in online social networks. Science Advances, 7(33). https://doi.org/10.1126/sciadv.abe5641
  3. Bouvier, G. (2020). Racist call-outs and cancel culture on Twitter: The limitations of the platform’s ability to define issues of social justice. Discourse Context & Media, 38, 100431–100431. https://doi.org/10.1016/j.dcm.2020.100431


Autores
Nació el 16 de octubre de 2000, en Guadalajara. Es narrador, ensayista y divulgador científico. Ha sido ganador de los concursos “Creadores Literarios FIL Joven” (en las categorías de cuento y microcuento), “Luvina Joven” (en las categorías de cuento y ensayo) y del Premio Nacional de Ensayo Carlos Fuentes, que otorga la Universidad Veracruzana. Algunos de sus textos han sido publicados en las revistas Luvina, Punto de Partida, Pirocromo, Vaivén, Catálisis y GATA QUE LADRA.
Mariner 4, 1964, NASA. Imagen de dominio público.
Mariner 4, 1964, NASA. Imagen de dominio público.

I

La Nasa jamás debió desprender la verdad de la existencia de vida en Marte

de las primeras fotografías reveladas por Mariner IV en el año de 1965.

Los científicos de la Nasa descubrieron que Mariner era el árbol del conocimiento 

y sus imágenes desoladoras: 

el fruto prohibido. 

La humanidad jamás debió escrutar el génesis en busca de Adán 

en busca de una mujer extraída de la costilla bermeja del universo

¿Dónde están los habitantes del edén marciano? se preguntaron 

mientras un Dios extraterrestre invadió el paisaje  

hasta exiliarlos también 

de aquel paraíso donde la serpiente traidora 

dejó unas cuantas madrigueras

cráteres que absorbieron la ilusión 

                  de encontrar vida. 

II.

Como un Dios del antiguo testamento

un niño destroza su dibujo

lanza plagas y pestes sobre su creación

desencadena un diluvio en rayones que inundan a cinco marcianos sobre una tierra desconocida

Mariner IV es el culpable 

sus fotografías de Marte muestran un planeta sin rastros de vida

la ira infantil resurge por segunda vez 

¡El planeta rojo está vacío! grita el niño mientras hace bola la hoja de papel

y crea una nueva réplica de un cuerpo celeste.

 Al interior se ocultan los restos de una civilización antigua 

cinco extraterrestres  

fulminados por la mano apocalíptica

de un niño de cinco años. 

III. Cámara del apocalipsis 

La cámara lanza un flash y anuncia el apocalipsis 

Mariner IV plasma la destrucción del mundo marciano 

la plaga y la peste: el desencanto de la humanidad 

cuatro jinetes cabalgan sobre los caballos del fin de los tiempos

trotan por tierras rojizas y levantan el polvo de una civilización ficticia. 

En el planeta Tierra se escuchan las trompetas y muere para siempre la idea

 de encontrar vida.


Autores
(Saltillo, 1991) es poeta y narradora. Es autora de los libros Los orgasmos de la tierra (2016) y Han apagado ya las luces (2021). En 2022 fue galardonada conel Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal.