Ilustrador
Se abre la multitud en la famosa sala de conciertos Rock Ola en Madrid. Entre todos, aparecen dos personajes que lucen en completo control del lugar. Vestidos como prostitutas, se maquillan con extravagancia: uno está ataviado con una gabardina como minifalda y el otro va ataviado de paños dorados y medias encajadas; uno lleva grandes aretes rosas, el otro, unos lentes oscuros policiales sobre el rostro plateado.
Son Almodóvar y Mcnamara, el famoso dúo de pop punk en el centro de la movida madrileña y están a punto de cantar uno de sus éxitos. El público, respetuoso, escucha sus atentas indicaciones. Almodóvar toma la palabra:
“Bueno, el grupo que iba a tocar esta noche no puede estar con nosotros por problemas de drogas, tráfico ilegal de niños, trata de blancas y algunas cosas más, pero en su lugar va a tocar un grupo que no conocéis y que odiáis y que habéis oído muchas veces en la radio y que no les gusta nada. Pero, en lo que ellos vienen, aquí mi amiga y yo vamos a improvisar una bonita canción sobre cualquier fondo funky.”
Acto seguido, empieza a sonar la locura de canción Suck it to me que incluye versos estrafalarios sobre sexo y drogas, típico del momento:
“Cocaína, tonifica / Heroína, crea síndrome / Marihuana, coloca / Bustaid, relaja / Valium 15, estimula / Dexedrina, enloquece / Sosegón, alucina / El opio, amodorra / Angel dust, es total / Suck it to me , suck it to me babe.”
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Este despliegue fascinante de irreverencia punk, referencias de cultura popular y locura excitada pertenece a Laberinto de pasiones (1982), la segunda película de Pedro Almodóvar. Eran apenas los inicios del cineasta, la etapa que todos quieren llamar “experimental” de su obra, el momento en el que el ahora reconocido director hablaba de la calle madrileña y era uno solo con el movimiento de contracultura de la españa postfranquista.
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Por supuesto, estos años de desfachatez y locura con Fabio Mcnamara, Alaska, Bernardo Bonezzi, Carlos Berlanga, Juan Carrera y Enrique Naya, eran años formadores para Almodóvar. Aquí no había ni un rastro de escuela de cine o de entrenamiento estético; no había presupuesto y no había formación de actores; los guiones todavía eran tomados de fotonovelas porno publicadas en la revista Víbora . Y, sin embargo, esta etapa despreciada de Almodóvar está íntimamente conectada con el resto de su obra.
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Es imposible hablar del cineasta español sin hablar de los años ochenta, de Madrid o de La Movida . Y eso no es porque este contexto siga siendo relevante para explicar su cine, sino porque su cine regresa nostálgicamente a ese momento.
Almodóvar es un cineasta que no deja de reflexionar sobre sí mismo y de reflejarse en la altamente fetichizada pantalla de cine de su infancia, de su adolescencia, de sus años de locura en el destape de Madrid. Y en este eterno regreso de su obra a un momento icónico, se teje la mirada siempre presente y siempre cíclica de quien toma el cine como memoria.
Si para hablar de Almodóvar tenemos que hablar del pasado, hablemos pues del legado cinematográfico que une ese momento en el Rock Ola, esa canción sobre drogas, Seven Up, felaciones y los Jackson Five, con los laureles en Cannes de un cineasta maduro presentando, a través de los gestos sutiles de Antonio Banderas, una historia de vida y de cine llamada, como si designara un bolero, Dolor y Gloria (2019).
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El viejo que recuerda
En un momento de Dolor y Gloria (2019), la vigésimo primera y última película de Almodóvar, un cineasta achacado de dolores de espalda y depresiones constantes llamado Salvador Mallo, interpretado por un genial Antonio Banderas, llega a casa de un viejo amigo para reconciliarse, treinta años después de haberle retirado la palabra.
Juntos recuerdan el pasado, fuman heroína y hablan de futuros proyectos. En un momento el amigo actor, Alberto Crespo -interpretado por Asier Etxeandia-, sugiere una distracción: “Por cierto, tengo un montón de revistas de los años ochenta… En alguna, sales tú, vestido de mujer, que muy pronto se te olvida a ti esa época.”
En distintas entrevistas, Almodóvar ha hablado del personaje de Salvador Mallo como de un alter ego suyo. Como sucedió con Patty Diphusa, la internacional célébrité y actriz porno que fue su alter ego literario en los ochenta y que la gente en Madrid creyó real durante un buen tiempo, el nombre de Salvador Mallo tiene algo de juego semántico.
Se trata del mesías torcido, aquél que ofrece un escape envenenado, el salvador malo, el salvador maltrecho En cualquier caso, esta figura de salvación torcida para el propio Almodóvar (“En mi película sentí la necesidad de salvar a Salvador, porque, si lo salvaba a él, también me salvaba a mí.”), parece, alternativamente, la figura del recuerdo y la figura del olvido.
Por un lado, toda esta cinta se construye a través de secuencias de recuerdo. El personaje-cineasta recuerda a través de la evocación de diferentes sentidos: el tacto del agua le hace pensar en su madre cantando con las lavanderas; placer que se relaciona con el otro sonido del agua y el descubrimiento del despertar sexual como centro de la narración de su película, llamada, claro, El primer deseo . Todos estos momentos evocados en la metanarración de la película de Salvador Mallo en Dolor y Gloria , se calcan sobre los recuerdos mismos del cineasta.
Así lo vemos, de manera transparente, en el escrito de Salvador Mallo, “La Adicción” que narra casi palabra por palabra los recuerdos de Almodóvar. Mallo habla del fetiche de la pantalla de cine de su pueblo y de los recuerdos que lo atraviesan:
“Mi idea del cine siempre estuvo relacionada a las brisas de verano, solo veíamos cine en verano. Las películas se proyectaban sobre un muro enorme, encalado de blanco. Recuerdo, especialmente, las películas en donde había agua: cataratas, playas, el fondo del mar, ríos o manantiales. Con sólo escuchar el rumor del agua, a los niños nos entraban unas ganas tremendas de orinar y lo hacíamos ahí mismo, a ambos lados de la pantalla. En el cine de mi infancia siempre huele a pis, y a jazmín y a brisa de verano.”
Almodóvar, por su parte, recordaba así los momentos del cine de su infancia:
“Ficción para mí era el mundo del patio, las vecinas, mis hermanas recibiendo clases de costura con su amigas, los gatos, las matanzas, los gitanos, los cantaores que venían en la feria, el twist, colgar un conejo despellejado, todavía sangrante, bajo la parra; mi madre hablando con las vecinas en la puerta de la calle, al fresco de las largas noches de verano… y la gran pantalla de cine al aire libre. Un grueso muro, único fetiche al que me mantengo fiel. Detrás del muro pintado de blanco, los chicos hacíamos nuestras necesidades. Mito y fisiología, yo no lo sabía pero estaba aprendiendo muy pronto lo esencial.”
Aquí, más allá de la relación evidente entre los recuerdos de Salvador Mallo y los recuerdos de Almodóvar, vemos que juntos evocan la misma facultad del cine para despertar recuerdos a través de la construcción mítica del deseo.
Al hablar de lo esencial como la relación entre el mito personal y la fisiología, Almodóvar parece repetir la opinión de ese director viejo y lúbrico que interpreta Francisco Rabal en ¡Átame! (1990): “Cuando pones el corazón y los genitales en algo de lo que haces, siempre te sale personal.”
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Así, como vemos en la relación de los recuerdos de Salvador Mallo y los recuerdos del propio Almodóvar, siempre hay algo de corazón y genitales en el eterno retorno del cine. Pero, en medio de todos estos recuerdos en conflicto, el alter ego de Almodóvar parece olvidar algo.
En el centro de la película está el olvido de una época, el olvido de los años ochenta con amigos muriéndose por los excesos de heroína y las fiestas. Esto es lo que reclamaba Alberto al señalarle las viejas revistas: entre tantas remembranzas, Salvador parece haber olvidado cuando vestía de mujer en revistas como Almodóvar se vestía de Patty Diphusa en la revista La Luna .
Los recuerdos de Salvador Mallo sobre los ochenta están encerrados, embotellados, porque este viejo director, como Almodóvar maduro, quiere pensar más en en la introspección de la infancia, de La Mancha, de su madre, que en las locuras de los años ochenta.
Pero esos recuerdos brotan a pesar de él por una extraña coincidencia: mientras cae, catatónico, tras fumar heroína (cosa a la que, como Almodóvar, no está acostumbrado), su amigo Alberto descubre la narración de “La Adicción” ; ese texto, más allá de los recuerdos nostálgicos de cine, ahonda en un viejo romance que nació y murió en el Madrid de La Movida . Éste no es un recuerdo que brota, sensual, como los de la infancia. Éste es un recuerdo doloroso, cerebral, de años hermosos y de formación.
A través de este recuerdo Alberto se encuentra por casualidad con Federico (Leonardo Sbaraglia), el amor perdido de Salvador. Este encuentro será el que saque a Salvador de su letargo, que lo haga tomar acción frente a los dolores corporales, que lo lleve a operarse, dejar la heroína y rodar una película para reconciliarse con sus recuerdos de infancia y con la culpa frente al recuerdo de su madre.
Mientras los años formadores de infancia regresan insistentes, al igual que los recuerdos de su madre, los olvidados años ochenta son los que, insidiosos, se presentan sin ser llamados. Pero son los ochenta y sus recuerdos, esos momentos de principio del cine, de formación y de aprendizaje, los que terminan salvándolo y, consecuentemente, salvando a Almodóvar.
Si la salvación de Salvador y de Almodóvar es el cine, el eterno regreso de los insidiosos años ochenta, del nacimiento de una pasión por el Súper 8, de grabaciones punks en exteriores rápidos por no tener permisos, hechas durante un año, en las noches o los fines de semana, en casas de amigos y conocidos, violentamente, arrebatadamente, en el Madrid de La Movida , es el retorno de la vocación.
Porque, en el fondo, por más estetismos que se le imputen, por más formalidad cerebral que haya alcanzado, Almodóvar es y siempre será un cineasta punk.
El laberinto de Almodóvar
Uno de los momentos formadores de La Mala Educación (2004) relaciona, de nuevo, el fetichismo sentimental del cine con los genitales. Se trata del momento de descubrimiento sexual de Enrique y de Ignacio en el Cine Olimpia: por primera vez, los niños se tocan mientras ven el tremendo melodrama Esa Mujer con Sara Montiel.
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El recuerdo de este momento quedará fuertemente impregnado en ambos: Enrique crecerá para convertirse en director de cine e Ignacio tratará de dar vida a Sara Montiel en shows travestiy en los alter egos de sus relatos cortos. Pero lo que es más interesante aquí es que, en esta escena de genitales y corazón, de recuerdos y fetiches, Almodóvar nos muestra una secuencia esencial de Esa Mujer: el momento en que Soledad (Sara Montiel) regresa al convento donde fue violada. Soledad ingresó al convento tras ser acusada de asesinato y abandonar su carrera de cantante; después, salió de él para acabar en la pobreza hasta que vuelve a ser cantante y regresa para ser rechazada.
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Por más ridícula y melodramática que parezca esta trama ahora, invita muy bien a la reflexión sobre el cine de Almodóvar que siempre ha funcionado con regresos constantes, entre ciclos y retornos. Ahora más que nunca estos regresos nostálgicos parecen evidentes por la fuertísima carga personal y nostálgica de sus últimas cintas; en particular, La Mala Educación , Volver y Dolor y Gloria (Los amantes pasajeros y Julieta son casos peculiares de otro retorno: el retorno a la comedia sexual y a las más melodramáticas formas de romance).
Pero el regreso es el motivo más constante en el cine de Almodóvar: asesinas obsesionadas con las repetidas muertes de un torero, locos que regresan a atormentar a actrices fetichizadas, amantes que regresan a viejos amores, hermanos que no pueden abandonar el pasado, madres que buscan, en el pasado, dar vida a hijos muertos…
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Algunos académicos hablan, incluso, de la serialización de las películas de Almodóvar. Es decir, de la construcción de mitos constantes que crean un universo de comprensión propio para su producción artística. Así lo explica Marsha Kinder:
“Sus películas presentan, cada vez más, evocaciones de trabajos anteriores (tanto propios como intertextos de otros) que nos llevan a leerles como una saga continua y a reagruparlos en una serie de conjuntos interconectados. (…) Esta combinación única, permite a Almodóvar crear un universo alternativo propio, una mitología personal en la cual las memorias de otras cintas parecen más importantes que los eventos históricos de su país.”
En el cine de Almodóvar, se habla de diferentes épocas: el momento de formación y experimentación que termina en la muy incomprendida Matador ; el momento de madurez y crítica social que va desde ¡Átame! hasta La flor de mi secreto ; y el momento de introspección y reflexión sobre la vejez desde Todo sobre mi madre hasta Dolor y gloria . Toda clasificación parece un poco arbitraria, pero es cierto que la obra de Almodóvar se ha vuelto más nostálgica con el tiempo.
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Su nostalgia, sin embargo, lejos de ser una fijación obsesiva en el pasado, parece una forma de encontrarse con la vida. Para Almodóvar, como para Salvador Mallo, la vida es el cine y el cine, antes que nada, es el lugar de los recuerdos. Los personajes de Almodóvar, tanto como el director manchego, crean a partir de vivencias y entretejen siempre la realidad en sus ficciones. Así lo ha admitido siempre:
“La mejor manera de contar una ficción, al menos en mi caso, es vistiéndola de realidad. Realidad y ficción se juntan sin confusión. Y siento que ahora puedo mantener una conversación directa con la película que estoy haciendo. Esto no es un sentimiento endogámico o nostálgico, pero ahora me es más fácil aceptar que las películas son mi vida, que nacen de ella y que, a veces, la alimentan.”
Lo que no pueden tomar en cuenta las divisiones arbitrarias que los críticos imponen a la obra de Almodóvar, es que su cine tiene también rasgos invariables. Justamente lo que hace que todas sus películas puedan conectarse en un universo es que hay elementos que atraviesan una obra particularmente coherente y que van más allá de lo temático.
Más allá de las obsesiones sexuales, de la desfachatez política, de la obsesión por los pantalones de mezclilla apretados y las bragas, los colores chillones y primarios, lo camp, lo kitch y lo refinado, los guiños al John Waters de los setenta, Carmen Maura y Victoria Abril, Cecilia Roth y Antonio Banderas… Las películas de Almodóvar, más allá de todas sus obsesiones, son películas violentamente ancladas al presente.
El director manchego siempre ha trabajado de forma acelerada, desbocada, sacando 21 películas en menos de 40 años. Y esta forma de rodar sin parar, de rodar para vivir, le da una espesura única a sus obras, todas ellas hijas de un tiempo vivido intensamente.
Una película como ¡Átame! o Matador son impensables en esta época… Una cinta como Laberinto de Pasiones o Mujeres al borde de un ataque de nervios son hijas de un tiempo único en el museo de La Movida y el culto que produjo. Una cinta como Volver es impensable sin la madurez pensativa de un cineasta que contempla la vejez y al mortalidad en el recuerdo de su infancia.
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Almodóvar es un eterno director punk porque, más allá de su actitud descarada o de sus verdaderas películas de agresiva rebeldía, su creación se vuelca en el eterno presente. Y ese es su rasgo definitivo: las cintas de Almodóvar son siempre actuales, siempre conectadas con una visión descarada del tiempo del ahora. Lo cíclico de su cine existe porque, en las vueltas del pasado, siempre está el pivote del presente: son vueltas y retornos en donde el pasado es provisional ante la exigencia del regreso al ahora.
La historia de Almodóvar se va en la observación de un intenso presente; un presente que cuenta a una persona entera, en cada momento de su existencia. Almodóvar nació después de haber nacido, en el momento en que tomó una cámara Super 8, en el momento en que pudo hacer del presente un documento. Y por eso no podemos decir nada de Almodóvar: sus cintas son elocuencia viva y las palabras sobran cuando las imágenes bastan.
El tiempo presente de Almodóvar vive en el regreso y es por eso que sus películas se vuelven cada vez más nostálgicas: en ellas el presente se va llenando de pasados, colmándose de vida. Eso es lo que crea una relación intensa entre una cinta vida y documento como Laberinto de Pasiones y una película trenzada de recuerdos como Dolor y gloria : la obra de Almodóvar nos muestra, invariablemente, la vida que se nos va pegando como brillantina barata tras una fiesta fabulosa.
Autores
Nicolás Ruiz (Ciudad de México, 1987) es maestro en literatura comparada por la UNAM. Desde hace casi 10 años se dedica al periodismo cultural y ha publicado en revistas y blogs de cine, política y cultura como Nexos, Televisa.News, Dónde Ir y Correspondencias. Actualmente, es editor y conductor en Código Espagueti, Ibero 90.9, Noticieros Televisa y FOROtv.
Ilustración de Lorena Mondragón (Ciudad Juárez, 1988)
En más de un par de ocasiones he contado que cuando migré a la ciudad de Jobel comencé a usar la máscara de “indígena” para identificarme ante los dueños de ese mundo. La ciudad era por excelencia el lugar del kaxlan = mestizo quien hablaba el kaxlan k’op = idioma mestizo. Ese era mi imaginario, construido desde niño, y estaba consciente de que iba a su encuentro.
Había en mí una cierta atracción por conocer ese lugar ajeno, dominar su idioma pese a los traumas que ya había vivido. En la primaria reprobé uno de los primeros grados por no saber leer un párrafo de un libro en español, un idioma que no era mío ni tenía la intención de aprender. La consigna indirecta era: O lo aprendes o eres un imbécil. Tuve la suerte de que eso me pasara en primer grado de primaria; me quedaban cinco años más para superarlo. Y lo hice, creyendo entonces que no era ningún imbécil. El tsotsil, como se denominaba oficialmente nuestro idioma, usurpaba el proceso de enseñanza en la escuela.
Pocos años antes de abandonar mi paraje, uno de mis vecinos regresó después de un par de años de vivir en la ciudad, transformado en un drogadicto y alcohólico. Los padres del joven acusaban a los kaxlanetik de haber corrompido a su hijo, de dañarle su ch’ulel = nagual . Al interior del mismo paraje, sin embargo, ya existían otros enfermos por el consumo de alcohol o estupefacientes. No había necesidad de ir a la ciudad para aprender a ser un drogadicto. Pero sí imperaba en la creencia el mito de que la ciudad despoja al indígena de su ch’ulel , de su ser bats’il vinik = hombre verdadero . Sobre este tema escribí más tarde Los hijos errantes (CELALI, 2014), una serie de relatos de ficción en donde confrontaba mi propio imaginario con la realidad que había visto y vivido una vez estando en Jobel.
Al llegar a la ciudad para continuar mis estudios, una serie de cambios surgieron en mi forma de pensarme y de identificar a los míos que dejé. El kaxlan k’op comenzó a tener mayor significado para mí, tomando el lugar de mi bats’il k’op, hasta que éste pasó a ser un “dialecto”. Mi objetivo en la ciudad se volvió aprender el uso correcto del español tanto en el habla como en la escritura para superar ese trauma vivido en la primaria. A sugerencia de un amigo, que no estudiaba pero que compartía mi preocupación, comencé a leer para mejorar mi expresión del español. Fue durante ese proceso que el libro Macario de B. Traven me llevó a la literatura. Terminé de leer todo al alcance de mi mano sobre la obra de este autor, olvidando mi propósito inicial. Esta misma razón es la que me tiene ahora escribiendo.
La lectura y la escritura, contrario a lo que creían algunos compañeros de por aquel entonces, me había abierto otras ventanas del mundo y la posibilidad de cuestionar al que creía propio. Algo de razón tiene Martín Lienhard al afirmar que “A lo largo de los siglos, además, numerosos letrados o intelectuales procedentes de algunos de los sectores marginados buscaron, dándole un uso más ʻdemocráticoʼ, liberar la escritura de su estigma colonial” (La voz y su huella , Casa Juan Pablos/UNICAH, 2003: 15).
Con el aprendizaje del kaxlan k’op mi identidad comenzó multiplicarse y, al mismo tiempo, a confundirme. Para los mestizos me definía como indígena, era la forma oficial; entre los compañeros tsotsiles y tseltales éramos jchi’iltik , pero internamente éramos bats’il vinik , una especie de identificación no oficial. Es muy posible que siempre haya estado en juego un doble discurso, uno oficial y otro que no lo era. Lo importante aquí es cómo ambos han cambiado los papeles constantemente, moviéndose de lugar de acuerdo a las necesidades e intereses de las personas. El discurso, nos dice Ana Matías Rendón, “depende de la lengua que le da vida” (Las discursividad indígena. Caminos de la Palabra escrita. Editorial Kumay, 2019: 18).
Con el paso del tiempo la necesidad de aclarar mi identidad, sobre todo a partir de ejercicio literario, me llevó a pensar en los propios conceptos que existen en la lengua tsotsil. Mi desacuerdo con la noción indígena me hizo cuestionar también el uso del bats’il en la identidad. Migrar a la ciudad fue el encuentro con una “nueva identidad” al convertirme en “indígena,” no sólo para el otro sino para mí. Ahora creo que hay un desencuentro con respecto de dicha identidad y, para colmo, con la que yo creía que me definía mejor, el ser bats’il vinik . Éste denota un imaginario de nuestro ser inamovible en el tiempo y en el espacio, una noción tan moderna como la de indígena. De algún modo aprendí en el idioma del otro a desmontar mis propios conceptos que antes daba por intocables por su incompatiblidad con el español.
¿Será un problema muy personal? Hace poco un amigo se molestó cuando le comenté que el uso del bats’il es un discurso que implica una connotación colonial y esencialista, lo que hace conflictiva nuestra relación con los otros que no pertenecen a nuestra cultura. Mi amigo me reclamó que el kaxlan k’op ha transformado mi pensamiento, que lo correcto era rescatar y privilegiar nuestra “ancestralidad”, la voz y espíritu de nuestros abuelos, que continúa en nuestra sangre.
La idea de usar nuestra lengua como signo de resistencia no me convence. La literatura me ha enseñado que el lenguaje se construye, se destruye, se re-inventa constantemente. Como también dice Lienhard, “cabe admitir que no todos los ʻindiosʼ actuales son descendientes en línea recta de los de 1500, y que los descendientes actuales de éstos no son todos ʻindiosʼ. De modo análogo, los ʻmodos de vivirʼ indígenas del momento actual no se explican únicamente a partir de una hipotética continuidad cultural, sino también a partir del lugar —político, económico, cultural— que los ʻindiosʼ ocuparon, sucesivamente, en las sociedades coloniales y poscoloniales” (La voz y su huella , 21). El proceso de integración y aprendizaje del modo de vida del otro me llevó a preguntarme, ¿significa el aprendizaje dejar lo “verdadero” u “original” para convertirse en alguien que no lo es? ¿Dónde radica entonces su importancia para nosotros? ¿Qué implica concebirse como bats’il vinik hoy en día? ¿Es ésta, en lugar de lo indio o indígena, una forma correcta de auto identificación frente a los que no pertenecen a nuestra cultura?
Ilustración de Lorena Mondragón (Ciudad Juárez, 1988)
Sigo convencido que la respuesta afirmativa del ser “originario, verdadero y esencialista” del indígena es una ficción inventada por la modernidad, en particular por el pensamiento indigenista. Pero pasa lo mismo con el uso del bats’il . En un fragmento del libro Territorio y cultura en Huixtán, Chiapas (UNICH, 2012) Miguel Sánchez Álvarez dice: “nosotros los bats’il viniketik , agrupados en sociedad, adquirimos conocimientos y estrategias de apropiación de nuestro territorio y ecosistema para lograr nuestra supervivencia” (115). La palabra en tsotsil inmediatamente nos remite a una nota al pie de página y, al mismo tiempo, al glosario, de donde se lee que “En lengua tsotsil equivale a decir hombre verdadero, hombre originario y hombre nativo, así es como nos autodenominamos los mayas tsotsiles y tseltales de Los Altos de Chiapas” (295).
La aclaración de Sánchez Álvarez confirma mi hipótesis. Este discurso, enunciado por un académico e investigador proveniente de un pueblo similar al mío, fue creado y nuestros padres y abuelos lo asumieron como una identidad de resistencia. Como afirma José Alejos García, el positivismo como doctrina filosófica
Se trata de un concepto que busca la identidad del ser, en su interioridad, en su esencia, en su materialidad. La identidad aparece así como un fenómeno cuya definición se centra en la esencialidad del ser, y en donde lo anterior, la otredad, se entiende como algo ajeno, que no participa en la identidad de aquel, o en donde aparece como un referente de contraste, como aquello que no se es (“Identidad étnica y conflicto agrario en Chiapas en Amérique Latine Histoire et Mmorire. Les Cahiers ALHIM , No. 10, 2004).
La idea de Alejos García explica en gran medida la noción de bats’il como un discurso moderno de corte positivista. El discurso indígena, como también confirma Ana Matías Rendón, “aunque es una categoría contemporánea, tiene su antecedente en el virreinato, por la génesis de la categoría ʻindioʼ y el nuevo orden que se establecía” (16). A partir de esta de denominación, agrega Matías Rendón, también nace el discurso indígena como una forma “de registro material u oral, es lo que nos permite comprender la interpretación de un mundo anterior a los europeos y la continuidad después de la denominación ʻindioʼ” (17). Desde la literatura podemos encontrar algunos títulos sugerentes como Los hombres verdaderos de Carlo Antonio Castro quien, en opinión de Jesús Morales Bermúdez, “tuviera la misión de traer a los indios los beneficios de la civilización y, a la vez, traer al mundo civilizado, a través del aparato literario, los aportes fundamentales de una cosmovisión y comprensión indias que considera particulares” (Chiapas literario. Meditaciones sobre literatura en Chiapas , Dirección de Divulgación de la Secretaría de Educación, 2005: 65).
El concepto bats’il o su equivalente en otros idiomas es un discurso que continúa vigente, instalado en la propia lengua, que busca legitimar nuestro ser “verdadero”, que “será el discurso de los indígenas repetido para los otros . El problema de la voz construida es el desfase y la simulación discursiva” (Matías Rendón, 50).
Como pasa con la palabra “indígena”, el uso de bats’il oculta otras formas de identidad. Juan Gregorio Regino ya lo había observado al decir que “Con frecuencia se aborda lo indígena como una unidad homogénea, situación que desde cualquier perspectiva es incorrecta si consideramos que cada pueblo indígena es un complejo nacional y que en su interior existen diferencias como en cualquier nación del mundo” (en Luz María Lepe Lira, Oralidad y escritura. Experiencias desde la literatura indígena , Dirección General de Culturas Populares, 2014: 33). Matías Rendón refuerza esta idea cuando dice que, antes de la conquista, “existían diferentes concepciones territoriales, convivían todas ellas en ocasiones dentro de un mismo territorio físico: Cen Anáhuac , Ma’ya’ab , Tawantinsuyu , Wallmapu , Abya Yala , cada lengua contenía un mundo concebido” (26).
¿Por qué el nombre tsotsil de nuestro idioma ya no significa nada en nuestra identidad actual cuando nos nombramos tsotsiles? Si esta palabra alude al murciélago por su base sots’ , como un ejercicio de reconstrucción semántica, al usarlo como calificativo daría sots’il vinik = hombre murciélago, y sots’il k’op = palabra o idioma murciélago que, sin embargo, alude a una imagen no vigente en nuestro imaginario. El ser tsotsil hoy día carece de significado o, como creo también, fue sustituido por el bats’il .
Si bien la palabra bats’il confirma la veracidad de algo dicho con anterioridad —jech bats’il o bats’il ja’—, una segunda acepción sirve como calificativo para distinguir lo que es verdadero y lo que es falso o broma —bats’il chon con ixtol chon = serpiente verdadera con serpiente de juguete; lo mismo entra el uso del bats’il vinik = hombre verdadero—, para confirmar que lo se alude es natural y no un maniquí o un robot. Pero una tercera acepción sería el uso como sustantivo por diferenciación, o lo que a mí me parece el uso dicotómico con algo que es propio frente a lo que no es o no se parece al primero —bats’il vaj / kaxlan vaj = tortilla de maíz / pan; bats’il bin para distinguir la olla hecha de barro con la de metal; bats’il k’op / kaxlan k’op = lengua verdadera / español; bats’il vinik / jkaxlan = hombre verdadero / mestizo—.
Últimamente el concepto se ha llevado a nuevas expresiones, como parte de una política cultural. Tal es el bats’il son / bats’il vob / bats’il rock, éste último como equivalencia de “etno rock” frente a la música tradicional. Para el caso de la identidad me parece que puede convertirse en una cuarta acepción, ya no se trata solamente de una diferenciación o comparación por su autenticidad, sino de una diglosia discursiva en el que uno se valora más que otro. El uso del bats’i k’op junto con el bats’i vinik, bats’il ants, al oponerlos con el kaxlan k’op y el kaxlan pasa a un sistema de juegos de poder al insistir en el peso significativo del primero frente al segundo o viceversa.
Este pensamiento dicotómico por diglosia discursiva tampoco es nuevo. Desde un inicio sirvió para separar a los “nativos” de los descendientes directos de los conquistadores. Santiago Gómez Castro (2005) anota que
la subjetividad de la Modernidad primera no tiene nada que ver con la emergencia de la burguesía, sino que está relacionada con el imaginario aristocrático de la blancura. Es la identidad fundada en la distinción étnica frente al otro, aquello que caracteriza la primera geocultura del sistema-mundo moderno/colonial. Una distinción que no sólo planteaba la superioridad de unos hombres sobre otros, sino que también la superioridad de unas formas de conocimiento sobre otras (La Hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada , Editorial Pontificia Universidad Javeriana, 59).
El pensamiento dicotómico por diglosia discursiva también se basó en la idea de “conquistador y conquistado” como el “enfrentamiento entre las repúblicas, de indios y españoles, hizo de la diferencia la base de la lucha” (Matías Rendón, 84). Así pues, a finales del siglo XX, la noción del bats’il vinik con el bats’il k’op adquiere una fuerza ideológica como autodenominación, una herramienta de resistencia frente a ese poder hegemónico que había subalternizado: “Si como indio nos conquistaron, como indios nos liberaremos”, rezaba la consigna a nivel Latinoamérica.
La condición de subalternidad o colonialidad, en términos de Gómez Castro y Matías Rendón, se logra cuando el propio indio busca definirse a sí mismo como indio, en un primer momento “por repetición del discurso del otro”, para después modificarlo y usarlos con fines e intereses personales. Pero esto ha llegado a escenarios vulgares, a manera de performance , sobre todo en los eventos políticos y literarios, donde se porta con “orgullo” una vestimenta, a veces obligando a ponérselos a quienes se definen como indígenas para realzar la “importancia de tal evento” y así atraer al público. Esta misma idea la confirma Mercedes de la Garza al decir que “el ser indígena verdaderamente y hablar las ʻlenguas verdaderasʼ aparece en ese discurso como fundamento de su legitimidad, desde donde definen a sus pueblos como uno de los originarios de América, desconociendo a todos los que consideran mestizos del derecho histórico sobre el territorio” (“La cosmovisión maya en el trabajo de género en Chiapas y Guatemala”, Anuario 2005 , CESMECA, 2006: 277).
Tanto en el sistema político como en el académico y artístico aún existe, incluso con mayor fuerza, esa diferenciación por contraste sobre el discurso del bats’il vinik y bats’il k’op . Baste observar algunos trabajos de investigación que se han difundido como algo “propio” de los indígenas, como el manual Chano bats’il k’op de Mariano Reynaldo Vázquez, traducido al español como Aprenda tsotsil . Esta traducción presenta una contradicción en su uso como equivalencia, pues el bats’il k’op pasa al castellano como tsotsil, por la misma razón que expliqué más arriba sobre su base sots’ .
Un libro más reciente que me llamó la atención y que confirma mi idea es K’u yelan jelem xch’iel stalel bats’i vinik antsetik: sjol yo’onton ach’ jch’ieletik = Trascendencia de la identidad tsotsil: miradas de una nueva generación (CELALI, 2016), conformado por una serie de ensayos escrito por hombres y mujeres tsotsiles. En el título de la obra la frase “identidad tsotsil” es la traducción de “stalel bats’i vinik antsetik”. Revisando el contenido del libro todos los autores —antropólogos, escritores, sociólogos y lingüistas—, usan repetidamente el bats’il vinik o bats’il ants para referirse a su condición de indígena, evitando el uso exacerbado de éste último. Entiendo así que los documentos académicos permiten legitimar el uso del bats’il ants-viniketik , afirmando así la identidad de “verdaderos” u “originarios”, separando a los kaxlanetik , aunque cotidianamente conviven con ellos, desde el ámbito laboral, académico y familiar. Es el discurso el que se impone y oculta las relaciones y construcciones de nuevas identidades, incluso para mantener el imaginario de “pureza de sangre” o su limpieza/contaminación al unirse con parejas provenientes de distintas culturas.
No es ninguna solución o algo parecido con respecto del discurso bats’il y su equivalente indígena, pero como lo han hecho notar Alejos García y Matías Rendón, la construcción de la identidad no es solamente una cuestión política de lucha o resistencia. Participan otros fenómenos como el económico, religioso o artístico, entre otros. Por mi propia experiencia, y como siempre ha habido, la relación entre distintas culturas posibilita cambios, resistencias, búsquedas y conocimientos que permiten interpretar y conocer nuestra realidad de múltiples maneras.
El dialogismo de Alejos García, que a su vez retoma de Bajtin su teoría literaria, y la interdiscursividad de Matías Rendón, permiten reflexionar sobre la compleja relación entre indígenas y no indígenas para producir nuevas identidades y, tal vez, como pretendo yo en este ensayo, desmontar los discursos coloniales, incluyendo los descoloniales y ecologistas, para salir del sí mismo u esencialidad que ignora al otro, su complemento.
Esta esencialización del discurso, envuelto en la idea de “regresar a lo propio y dejar todo lo ʻoccidentalʼ”, está siendo usada como una forma moderna de egocentrismo y etnocentrismo que, ahora de nuestro lado y retomando a Gómez Castro, imita a esa “violencia epistémica ejercida por la modernidad primera sobre otras formas de producir conocimientos, imágenes, símbolos y modos de significación” (63). Como también afirma Matías Rendón, “la imagen del indígena, autóctono, con su vestimenta, su lengua, su cultura, tiene tan grande valor que el estereotipo oculta a los individuos que han transformado, y esto no quiere decir que no sigan usando su lengua o vestimenta, sino que encuadra al indio que se valora, no a la que se mira de frente (2019: 136).
Ser bats’il vinik como opción actual está teniendo los mismos efectos de contraste que guarda un sentido de odio/violencia/rencor, lo cual en la realidad sucede a otros fenómenos que no somos capaces de reconocer y nombrar, pues siempre ha habido relaciones complejas con el otro que nos define y nos hace vivir de una manera nuestro tiempo. La literatura, insisto, entra como ventana que nos muestra esos movimientos, no siempre agradables o armónicos, que nos construyen y nos hacen ser quienes somos.
Autores
(Chiapas, México, 1985) posee la maestría en Literatura Hispanoamericana Contemporánea y la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana. Es autor del libro de cuentos
Los hijos errantes (2014); coautor del poemario
Ts’unun ,
Los sueños del colibrí (2017) y
Luna Ardiente (2009); ha sido antologado en la edición trilingüe
Chiapas maya awakening (2017),
El cuento en Chiapas (1913-2015) (2017),
I Antología de narrativa chiapaneca (2017) y
Silencio sin frontera (2011). Ha publicado en el suplemento "Ojarasca" de
La Jornada ; en las revistas
Documentos Lingüísticos y Literarios (2018),
Punto de Partida (2016) y
Diáspora (No. 3). Fue becario en la categoría de Jóvenes Creadores del PECDA (Chiapas, 2016) y del FONCA (2010-2011 y 2017-2018).
Ilustración de Caro Monterrubio
Esta es la cuarta entrega de una serie de publicaciones semanales donde, durante septiembre, estaremos presentando la obra poética, traducida del sueco por Petronella Zetterlund, de cinco autoras jóvenes. Puedes consultar la primera entrega aquí , la segunda aquí y la tercera, aquí . Al final del texto hay información sobre las próximas presentaciones de su poesía en diferentes partes del país.
De Pasar a la historia ( Gå till Historien , 2013)
¿Cómo motivó el zar Nicolás su guerra contra el Imperio otomano?
¿De qué modo se explica el crecimiento demográfico?
¿Qué implica la teoría de la virulencia de parásitos?
¿Hasta dónde se extendió el Imperio árabe-musulmán?
¿De qué modo se realizó la independencia de Nigeria?
¿Cuál es la etimología de vacunación?
¿Qué demostró Louis Pasteur?
Describe la teoría de Thomas Robert Malthus.
¿Qué papel jugó el comercio?
¿Qué principios seguían?
Compara la edad del hierro en el sur y en el norte de Europa.
¿Cuál es el origen de las lenguas de los tuaregs?
¿Quién fue el arquitecto de la paz?
¿Cómo cambió Francia?
Pon la épica germánica en relación con el sistema de clases.
¿Qué representan los colores de la bandera congolesa?
¿Cómo surgió la agricultura?
¿Qué aportaron los fenicios?
¿Y los romanos?
Explica las características del feudalismo.
Qué es historia esta es su historia ella llevaba pantalones.
Qué es historia ella compartía sus cosas es generoso pero
será historia.
Nadie te puede ver desde un balcón es un hecho no historia.
Surge el amor no es historia es economía.
Uno puede parecer simpático por semanas antes de que alguien diga que pare.
Esto es la historia empieza y termina con que uno paga.
Es histórico observar caerse algo que lleva tiempo erecto.
Es histórico y traumático experimentar que la familia
y los amigos y vecinos te dan la espalda.
La historia debe de poder responder preguntas.
Finalmente las tropas entraron en Francia es historia
no es geografía.
Uno siempre despierta más interés al principio.
Es por eso que somos más felices de niño.
Una persona histórica puede decir a otra persona que
ahora es cuando todo empieza pero cuándo es eso.
Vivieron en algún lugar pero lo importante es cuándo vivieron.
Vivieron durante la guerra.
Vivieron en agosto.
Hay más chance que un perro mate un pollo en tiempos de guerra
que en tiempos de paz.
Un soldado es soldado en un tiempo pero zapatero en otro.
Ojalá primero sea zapatero y luego soldado luego
se muere en la guerra luego sobrevive y se hace zapatero.
Todos los países son importantes aunque no al mismo tiempo.
Francia tuvo importancia pero la tendrá ahora. No.
Esto es historia muchos han muerto.
Ella es herrera está en una herrería.
Esto es política va a tomar tiempo.
Esto es calidad lo compramos.
Una manera de ser feliz es dedicarse por un periodo corto
a la vida al aire libre o a tocar en una orquesta.
Esta no es la pregunta de la historia qué tiene la historia para ofrecer.
Se preocupará la historia por el futuro.
Será la historia marginalizada.
El calor sube y uno se acerca al sueño con alegría.
El sueño viene de atrás.
El gran sueño amarillo como un campo de colza.
Se puede dormir aun cuando el sueño viene de frente pero
si uno pudiera decidir vendría de por atrás.
Lo que pasa cuando uno duerme es que no todo el tiempo uno
tiene que saludar o darse la vuelta sino al contrario y por varias horas
seguidas se puede estar pensando en el siglo doce.
Cualquiera puede pensar en el siglo doce en cuanto
esté dormido y de ahí no queda lejos el Renacimiento.
La historia de las lenguas.
Un poema en una lengua que más tarde para nada se podía comprender.
La historia de Europa.
Los bastidores europeos y la velocidad cada vez más alta de los trenes.
Pino autopista nubosidad variable por la noche.
Un pronóstico no es historia.
La historia de propietarios y usuarios.
Del nuevo tiempo y quiénes son previstos de administrarlo.
La historia de la plaza de Munkebäck.
De lugares olvidados y los trenes que los atraviesan sin parar.
Atraviesan otras cosas sin parar.
Unas partes de la historia tratan casi exclusivamente de los trenes.
Aquí viene.
La Historia.
Primero llegó la plancha luego las camisas.
Ya hacía varios siglos se tenía demasiado de qué hablar.
Todo implica una aventura dice quienquiera y es
correcto.
Dejarse llevar es una actividad que a largo plazo puede resultar beneficiosa.
Primero llegó la tela impermeable luego la lluvia.
Es fácil subyugarse al olvido y la indiferencia.
Es difícil traducir del árabe sin saber árabe.
Es atractivo ser inmortal.
Muchas veces no queda claro qué cosa sigue a otra.
Qué es historia la Historia es lineal un terremoto por lo tanto
no es histórico.
Qué es la historia de las dimensiones se hicieron más pero fueron
mejores.
Qué es la historia de la ballena la ballena se parece al tiburón pero
el tiburón no se parece a nada.
Democracia otras guerras ganado industrialización lo agrario
y lo urbano explosiones demográficas bandidos constituciones
y otras leyes imperios coloniales parlamentos.
Derechos humanos otros derechos esclavos nacionalismo
otros esclavos otros descubrimientos atentados guerra mundial otras guerras.
Esto no es nada que cause daño nada inmenso nada irrevocable
pero esto es Historia.
Esta historia no es buena pero está en sueco.
Tomaron el ferry de Dinamarca viendo el mar y el mar
les gustó y luego llegaron pero dónde era eso.
Pues Suecia.
No es más fácil narrar la historia de Suecia pero esta es
más corta.
Suecia fue la respuesta a una pregunta sobre el regreso a casa.
No tarda mucho tiempo dejar Suecia pero se tarda mucho tiempo
querer quedarse.
Hur motiverade tsar Nikolaj sitt krig mot Osmanska riket?
Hur förklarar man befolkningsökningen?
Vad innebär teorin om parasiternas virulens?
Hur stort blev det arabiska väldet?
Hur blev Nigeria självständigt?
Härled ordbildningen vaccination.
Vad påvisade Louis Pasteur?
Redogör för Thomas Robert Malthus teori.
Vilken roll spelade handeln?
Vilka principer arbetade man efter?
Jämför norra Europas järnålder med södra Europas.
Vilket ursprung har tuaregspråken?
Vem var fredens arkitekt?
Hur förändrades Frankrike?
Relatera den germanska hjältediktningen till klass.
Vad representerar färgerna i den kongolesiska flaggan?
Hur uppstod odlandet?
Vad har fenicierna bidragit med?
Och romarna?
Förklara hur feodalismen fungerade.
Vad är historia här är historien om henne hon hade byxor.
Vad är historia hon delade med sig det är generöst men är
det historia.
Ingen ser en från balkongen det är fakta inte historia.
Det uppstår kärlek det är inte historia det är ekonomi.
Man kan se trevlig ut i veckor innan någon säger åt en att
sluta.
Det här är historien den börjar och slutar med att man betalar.
Det är historiskt att se något som stått länge falla.
Det är historiskt att gråta över ett brott.
Det är historiskt och traumatiskt att vara med om att ens
familj och ens vänner och ens grannar vänder en ryggen.
Historien ska kunna svara på frågor.
Trupperna nådde så småningom Frankrike är det historia
nej det är geografi.
Man är alltid intressantast i början.
Det är därför man är gladast som barn.
En historisk person kan säga till en annan person att det är
nu det börjar men när menar man då.
De levde någonstans men det viktiga är när de levde.
De levde under kriget.
De levde i augusti.
Det är större chans att en hund har ihjäl en kyckling i krigstid
än i fredstid.
En soldat är en soldat i en tid men skomakare i en annan.
Förhoppningsvis är han först skomakare sedan soldat sedan
stupar han i kriget. Nej förhoppningsvis är han soldat sedanstupar han i kriget sedan klarar han sig och blir skomakare.Alla länder är viktiga bara inte samtidigt.Frankrike var viktigt men är det viktigt nu. Nej.
Detta är historia många har dött.
Detta är en smed hon står i en smedja.
Detta är politik det kommer att ta tid.
Detta är kvalitet den tar vi.
Ett sätt att vara lycklig är att för en kortare period hänge sig
åt friluftsliv eller orkesterspel.
Detta är inte historiens fråga vad har historien att erbjuda.
Oroar sig historien för framtiden.
Är historien marginaliserad.
Värmen stiger och man närmar sig sömnen med glädje.
Sömnen som kommer bakifrån.
Den stora sömnen gul som ett rapsfält.
Det går att sova även när sömnen kommer framifrån men
när det är som man önskar kommer den bakifrån.
Det som händer när man sover är att man inte hela tiden
måste hälsa eller vända sig om utan istället och i flera timmar
i sträck kan tänka på elvahundratalet.
Vem som helst kan tänka på elvahundratalet så fort den
somnat och därifrån är det inte långt till renässansen.
Historien om språken.
En dikt på ett språk som senare inte alls gick att förstå.
Europas historia.
De europeiska kulisserna och tågens allt högre fart.
Tall motorväg växlande molnighet framåt kvällen.
En prognos är inte historia.
Historien om ägare och användare.
Om den nya tiden och vilka som förutspås handlägga den.
Historien om Munkebäckstorget.
Om bortglömda platser och tågen som far rakt genom dem.
Far rakt genom annat.
Vissa delar av historien handlar nästan uteslutande om tåg.
Här kommer den.
Historien.
Först kom strykjärnet sedan kom skjortorna.
Redan för flera hundra år sedan hade man för mycket att
prata om.
Det ligger ett äventyr i allt säger vem som helst och det
stämmer.
Att ge sig hän är en verksamhet som kan löna sig i längden.
Först kom galon sedan kom regnvädret.
Det är lätt att hemfalla åt glömska och likgiltighet.
Det är svårt att översätta från arabiska utan att kunna
arabiska.
Det är tilltalande att vara odödlig.
Det är ofta oklart vad som kommer efter vad.
Vad är historia historien är linjär en jordbävning är därför
inte historisk.
Vad är historien om dimensionerna de blev fler men blev de
bättre.
Vad är historien om valen valen liknar hajen men hajen
liknar ingenting.
Demokrati andra krig boskap industrialisering det agrara
och urbana befolkningsexplosioner stråtrövare grundlagar
och andra lagar koloniala imperier parlament.
Mänskliga rättigheter andra rättigheter slavar nationalism
andra slavar andra upptäckter attentat världskrig andra krig.
Här finns inget skadligt inget oerhört inget oåterkalleligt
men här finns historia.
Den här historien är inte bra men den är på svenska.
Man tog färjan från Danmark och såg på havet och tyckte
om havet och sedan var man framme men var var man då.
Jo Sverige.
Det är inte lättare att berätta Sveriges historia men den är
kortare.
Sverige var ett svar på frågan om hemkomst.
Det tar inte lång tid att lämna Sverige men det tar lång tid
att vilja stanna kvar.
Burcu Sahin , Martina Moliis-Mellberg e Iman Mohammed estarán recorriendo el país durante septiembre, dando lecturas de poesía por aquí y por allá.
Del 26 al 28 de septiembre en el Festival de poesía internacional Caracol de Tijuana
29 de septiembre Librería Verbatim de San Diego
3 de octubre a las 7:30PM en Galería Rocha Cordero del Instituto Potosino de Bellas Artes en San Luis Potosí
Autores
(Estocolmo, Suecia, 1974) es Maestra en Letras Hispánicas, traductora, editora y gestora de proyectos culturales. Es fundadora y coordinadora nórdica del proyecto literario multilingüe NolitchX (Nordic Literatures in Change and Exchange). Entre las traducciones literarias que ha realizado del sueco al español se encuentran publicadas Álbum de Leif Holmstrand (Palacio de la Fatalidad, 2018), Cosas que provocan inquietud de Jenny Tunedal (Palacio de la Fatalidad, 2018), Ma de Ida Börjel (filodecaballos editores, 2019) y plaquettes de las poetas Iman Mohammed, Martina Moliis-Mellberg y Burcu Sahin. Además, sus traducciones de Erik Lindegren y Göran Sonnevi están publicados en revistas literarias de México.
(Gotemburgo, Suecia, 1983) fue una de los fundadores del festival de poesía de Gotemburgo y es editora de la revista cultural Glänta y miembro del colectivo literario G=T=B=R=G. Debutó en 2008 con la colección de poemas Ta i trä (‘Tocar madera’) y, en 2013, se publicó Gå till historien (‘Pasar a la historia’), su segundo y más reciente libro del que aquí se publican algunos poemas.
Ilustrador
Carolina Monterrubio
(Ciudad de México, 1990) Se especializó en ilustración narrativa por la UNAM y en ilustración infantil por la EINA, Barcelona. Ha sido seleccionada dos veces para el concurso “Invitemos a leer” de la FILIJ México (2017-2018) y en 2019 fue finalista en el concurso para diseñar el cartel de las fiestas de Gràcia en Barcelona. Ha impartido cursos de ilustración para niños y sus ilustraciones han sido publicadas en revistas, libros infantiles, textiles y proyectos de diseño gráfico.
Ilustración por Mariana Martínez.
El caballero de la noche observa desde la penumbra a un hombre asustado debajo de un escritorio, es Dos Caras. En sus manos sostiene un mazo de naipes; a su vez, el Guasón parece tomar el rol de guía turístico del manicomio de Arkham. Batman parece confundido, sus diálogos y acciones lo demuestran. Batman se dirige a Dos Caras con preocupación, desestimando los comentarios del payaso en cuestión. La doctora del manicomio reprende a Batman por dirigirse a su paciente con ese apodo. Lo corrige y le pide que lo llame Harvey Dent. La doctora explica que a Harvey se le ha cambiado su moneda por un mazo del tarot. Dos Caras no se aguanta y defeca en el lugar, le cuesta trabajo decidir con tantas opciones. Batman, sorprendido, cuestiona a la psiquiatra:
Batman: ¿Qué le han hecho?
Ruth Adams: ¿Hecho? Solo curarlo. Estamos en un hospital, Batman. Atendemos a la gente. Por si lo has olvidado. De hecho, hemos atacado exitosamente la obsesión de Harvey hacia la dualidad. De seguro conoces su dólar de plata… tachado de un lado. Sin marcas del otro. Lo usaba para tomar todas sus decisiones. Como si representara las partes contradictorias de su propia personalidad.
Con este episodio arranca la historia de Arkahm Asylum: una casa seria sobre una tierra seria , producto de la pluma de Grant Morrison, que en 2019 cumple treinta años de ser escrito. En este arco imaginario el Guasón es líder, junto al personal del psiquiátrico, de una rebelión de supervillanos que reclaman la atención de Batman para liberar a unos supuestos rehenes. Aquí el Guasón juega el papel de Virgilio y Batman el de un Dante, el cuál debe explorar las zonas más oscuras de uno de los manicomios más emblemáticos de las historietas.
En la historia, Batman parece atrapado entre sus propios recuerdos, los pensamientos de los reclusos y las historias del doctor Arkham. Parece no haber un misterio por resolver y su fantástico método deductivo apenas le sirve para algo. Pues, ahí dentro no hay nada especial por revelar. En esta historia, Batman es un actor pasivo que sólo espera ser inquirido por una serie de villanos creados por él mismo. Su psique es frágil, pues no logra entender su estancia en aquel lugar. Sus tácticas de combate y sus gadgets apenas le sirven para entender que él es el problema, pues como dice el sombrero en su encuentro:
«A veces… a veces creo que el asilo es una cabeza. Estamos dentro de una gran cabeza y existimos porque nos sueña […] Quizás es tu cabeza Batman. Y Arkham es un espejo. Nosotros somos tú.»
Batman es una maldición, es la maldición de Bruno Díaz y de toda Ciudad Gótica. Los criminales y horrores que persigue Batman para el confort de los ciudadanos de ciudad Gótica no son otra cosa más que las pesadillas de un niño. De un huérfano atormentado por las muertes de sus seres querido.
Dentro de los ochenta años de la historia de Batman ha habido cientos de historias y varias etapas del héroe. Reconocido por sus grandes dotes físicos e intelectuales, es el héroe sin superpoderes por excelencia. Una especie de imagen, que vista desde una mirada optimista, es el estereotipo al que todo ser humano debería aspirar. Rico, altruista, fuerte e inteligente. Pero en varios arcos argumentales, escritos por diferentes guionistas, se ha intentado mostrar lo contrario.
En la historia de Morrison, antes citada, Batman es el murciélago, el monstruo que asaltaba por las noches a la madre del doctor Arkham. Es el motivo por el cual, él y su madre, cayeran en las garras de la locura, aunque fueran distantes en la línea temporal. Pues Batman es una especie de entidad errante, producto de una maldición generacional dentro de Ciudad Gótica.
Historias como estás, de corte sobrenatural, son donde nosotros, como lectores, podemos encontrar a un Batman paralizado por el fracaso de sus métodos deductivos, de su tecnología y conocimiento científico. Un Batman vencido por el ocaso de su propia lógica producto de una razón añejada en los jugos de su propio ego.
Lo sobrenatural en las historietas de Batman conducen al lector a la misma aflicción de un Bruno Díaz al intentar entender los caprichos de un lunático que sigue al pie de la letra un grimorio mágico para invocar fuerzas oscuras, como el Acertijo en la historia del Caballero de la noche, Ciudad de la noche .
Cuando hablo de historias sobrenaturales suelo referirme a todas aquellas donde el misterio está en las profundidades de la psique, donde la realidad flaquea y los sueños y visiones tienen mucho mayor importancia que unas gotas de ADN o unas muestras de cabello. Los relatos sobrenaturales son sobrecogedores y están alejados de las excentricidades de las historietas producidas en los años sesenta. Lejos de personajes extraños como Batmito , nombrado así durante las publicaciones de la desaparecida editorial Novaro, o mejor conocido como Bat-Mite o Bati-duende. Que han sido retomados en los últimos años para convertirlos en recursos de mayor factura.
Cuando Batman se encuentra frente a estas fuerzas, va más allá del “complejo del sabueso de los Baskerville”, pues en lo que realmente termina convirtiéndose es un personaje principal de un relato de Lovecraft. Es decir, se aleja de los recursos fantásticos y “sobrehumanos” que pueblan las historias de la Liga de la Justicia y de algunos de sus integrantes. El relato sobrenatural en Batman es más complejo ya que su principal obstáculo es resolver un móvil que sobrepasa la normalidad de una lógica deductiva, como está acostumbrado a hacerlo.
En estos relatos podemos comparar a Bruno Díaz como a un Nathaniel Wingate Peaslee, personaje de principal de La sombra más allá del tiempo de H.P. Lovecraft. Personajes de ciencia, racionales, con un olfato positivista y cartesiano. Víctimas de un horror que acecha y que difícilmente puede lograr a entenderse si no nos despegamos de las convenciones propuestas por la realidad que se nos ha entregado.
En estos relatos de Batman no hay cruzadas contra criaturas del universo DC, sino seres que se encuentran entre la delgada línea del horror criminal y las entidades matizadas con una capa fina de mitología y folclore. Es el caso del asesino de ladrones y criminales de poca monta dentro del arco de Romance gótico o el demonio Barbatos, despertado por Thomas Jefferson y una secta de conspiradores del siglo XVIII.
O la fantástica historia titulada Shaman que relata la historia de un joven Bruno Díaz, antes de convertirse en Batman, con el objetivo de rastrear y detener criminales con sus propias manos. Cerca de Alaska, el joven Bruno casi pierde una batalla. A punto de morir de hipotermia es rescatado por una bella mujer y su padre, un chamán de una tribu de nativos, el cual logra curar de sus heridas y regresarlo a la vida por medio de una antigua y secreta leyenda donde se habla de un cuervo atormentado por espíritus y un roedor que lo auxilia llamado murciélago. Donde se cuenta que el roedor, compadeciéndose de su amigo cuervo, logra hacer crecer sus dedos hasta hacer emerger una membrana con la forma de unas alas. El viento generado por el aleteo ahuyenta a los espíritus y salva al cuervo.
Esta leyenda se convierte en el enlace de una serie de hechos para que Bruno Díaz se transforme en ese murciélago y resguarde a ciudad Gótica de la maldad, como si más que una coincidencia, aquello se convirtiese en una profecía. Los personajes rayan entre lo místico y lo ridículo, combinando el tráfico de estupefacientes con el control de masas por medio de los procedimientos rituales de una ceremonia mágica. Sí, los enemigos terminan siendo seres comunes y corrientes, pero la profecía del relato produce en el lector una serie de dudas sobre el origen del murciélago justiciero.
Estos y otros guiones de historietas se realizaron a finales de los ochenta y durante la década de los noventa. Muchos de estos escritores eran ingleses, prófugos del gobierno de Margaret Thatcher, con símbolos y filosofías ocultistas, algunos como practicantes o meros curiosos del arte real. Envalentonados por la guerra fría y una generación oscura. Por personajes como Constantine , Swampthing y Sandman . Por la nueva línea editorial para adultos de DC Comics conocida como Vértigo. Fanáticos de historietas de horror y cine de serie B.
Marcaron pauta aprovechándose de la nueva era de la historieta, una más brutal que las de sus antecesores, sin tapujos ni recursos baratos del cliché. Dentro de estas historias se crearían pesadillas sobrenaturales, violentas y cargadas de una imaginación retorcida, parecida al trabajo publicado por la editorial EC en los años cincuenta, o las magníficas historias de la revista Heavy Metal.
Estás historietas pueden ser reconocidas por dos elementos compartidos, que se repiten una y otra vez intentando dar sentido a la cruzada suicida del hombre murciélago. El primer elemento es conocido por todos, sucede cada vez que Bruno Díaz tiende a dudar de sus habilidades como ser humano y superhéroe. La muerte de sus padres en un callejón oscuro, las perlas cayendo, los agujeros de bala y un malhechor que muta según las necesidades del autor y enemigo en turno.
En Batman Condenado es el momento exacto de la muerte de Bruno y es el inicio del infierno para él mismo. Es el bucle temporal que lo ata a Ciudad Gótica, a sus recovecos y a su maldición. Es el hecho trágico por el cual Batman existe dentro de nuestro héroe y viceversa.
En La tragedia que llegó a ciudad Gótica es el evento necesario para terminar con la maldición del padre de Bruno y la tragedia sobre sus hombros. También es el momento preciso y necesario para crear al murciélago que liberará a un demonio aprisionado hace doscientos años en las entrañas de Ciudad Gótica.
Las perlas caen y eso atormenta al usuario del animal alado, no lo puede superar y es el inicio de un héroe condenado, el cual también terminará condenado a toda una ciudad por su ego y los pecados de una familia fundadora. En este punto, el segundo elemento registrado emerge en esta clase de arcos narrativos. La ciudad como una maldición para Bruno y su Batman. No es fortuito que un recinto tan perturbador, como el manicomio de Arkham, abriera sus puertas en un lugar como ciudad Gótica, ni tampoco es fortuito la galería de horrores y villanos, y por supuesto su propio superhéroe.
Ya lo decía de broma un personaje intrascendente, el cual sólo existe para ser víctima dentro de la historia de Gotham después de medianoche: mejor me hubiera mudado a Metrópolis. Pues ciudad Gótica parece ser el epicentro de la maldad y Batman su heraldo. Sus habitantes y herederos han escondido maldiciones y secretos bajo sus suelos.
Como el que mora en las cloacas en la Tragedia que llegó a ciudad gótica, producto de la ambición de unos cuantos que realizaron un ritual, confinando a la ciudad a una necesidad de sangre. Esto se relata aquí, desde lo extraño y lo grotesco, pero también es claro en el Batman de Miller, O´Neil y Snyder, pese a su narrativa realista, rayando en la suciedad y en la crítica de una América en llamas, consumida por los excesos neoliberales y su violencia que no termina.
Ciudad Gótica está maldita y maldijo a Bruno, pero éste regresó a su ciudad con una maldición aún mayor llamada Batman. Citando la historia del roedor que salvó al cuervo:
«Cuando el murciélago alejó la enfermedad del cuervo, la cogió y la llevó al nido del buitre»
Aunque existen otras historias donde la fantasía, lo sobrenatural y lo extraño son parte de la narrativa de Batman, mis referencias principales las presento en forma de lista para que el propio lector pueda disfrutar y sacar sus propias conclusiones.
–Romance gótico (Gothic: A romance, 1990)
-Caballero oscuro, ciudad oscura (Dark knight, Dark City, 1990)
-Shaman (Shaman, 1989)
-Condenado (Batman: Damned, 2018)
-La tragedia que llegó a ciudad Gótica (The doom that came to Gotham, 2000-2001)
– Arkahm Asylum: una casa seria sobre una tierra (Arkham Asylum: a serious house on serious earth, 1989)
-Gotham después de medianoche (Gotham after midnight, 2009)
-Condado de Gotham (Gotham county line, 2009)
Autores
Ronnie Medellín (Minatitlán, 1984) es narrador, docente y productor audiovisual. Ha publicado Asesinos Accidentes (2013) e Instantes de muerte (Torbellino, 2014).