La chica que está en la mesa de al lado estornuda. En México se responde a cualquier estornudo (hasta los de pimienta) con un: ¡Salud!, pero en España solo se replica en confianza y nunca más de una vez. Además aquí dicen ¡Jesús!, y ese es un nombre que algunos prefieren evitar.
La chica estornuda de nuevo. Calculo en mi mente si la distancia que nos separa es superior a la estatura de Michael Jordan; así suelo estimar los dos metros. El basquetbolista mide 2.02, por lo que hay un mínimo rango de error. La prensa indica que en un trecho menor a dos metros el virus se propaga con facilidad, en un avión estás jodido, lo mismo en un autobús, en una sala de cine, en una manifestación.
Aparento calma, pero mi mano busca de manera inconsciente un caramelito de propóleo que me traje de México. Según mi hermano, filósofo apicultor, las abejas producen el propóleo para desinfectar cualquier sustancia intrusa que entre al panal. Imagino que el dulce hace lo mismo en mi garganta.
Estoy en la terraza de un café en el centro de Madrid, la temperatura oscila entre los 15 y los 5 grados, hay fuertes vientos y oleadas de polen primaveral, lo que justifica tantas narices rojas, gargantas carrasposas y ojos irritados. Pero pocos saben con seguridad qué bicho tienen, tal vez solo los que dieron positivo en la prueba descansan felices, como los tuberculosos en La Montaña mágica. Los demás enfermos buscan a los de su categoría, quienes están sanos no quieren acercárseles, pero de ninguna manera se quieren juntar con los que pueden estar peor.
Sólo hay una verdad en esta ciudad cercada, nadie quiere estar solo en el Apocalipsis. Ya lo dijo Jim Jarmusch: “sólo los amantes sobreviven”. La chica me mira. Me dedica una sonrisa que ya me sé de memoria, una que significa: “se te cayó algo” o “¿me regalas un cigarrillo?” Se acerca a mi mesa, es bonita, tiene el look mitad bohemio mitad Inditex que prolifera en las ciudades españolas; sus ojos azul Cómex me dibujan una sonrisa, pero no puedo dejar de ver su nariz respingona, roja y humedecida. Me pregunta por la calle del Príncipe. Sé que está a tan solo unas cuadras, nace en la plaza de Santa Ana donde está el Teatro español, incluso tengo entradas para la función del miércoles de Diálogo del amargo de Federico García Lorca; sin embargo, me paralizo, una gotita de saliva brota de sus labios y finjo no entender su idioma, cabeceo como un demente y huyo.
¿A quién le importa el teatro? Todo se va a cancelar: las clases, los conciertos, el futbol, las presentaciones de libros, el cine, los mercadillos. Sin actividades culturales ni cerveceo, Madrid es tal vez la ciudad más aburrida del mundo. Corro de vuelta a casa, aunque esa “casa” sea una pequeña habitación sin luz por la que pago una cifra mensual con la que viviría bien durante todo un año en una playa oaxaqueña.
Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.
Apuro el paso cuando veo caras enfermizas; si oigo un acento italiano o un carraspeo, agacho la cabeza; si distingo rasgos orientales, cambio de calle. En mi habitación hay el mismo clima que allá afuera, ni siquiera es frío, solo es una destemplanza de ideas. Preparo un té inspirado por los tantos remedios de abuelita que se me ocurren. La olla se convierte en un caldo de ajo, jengibre, cebolla, cúrcuma, pimienta y miel.
Me hago a la idea: leeré hasta que todo pase, estoy preparado para este tipo de situaciones, se supone que a eso me dedico, a estar solo; la literatura es el arte de domesticar la soledad. Pobres de los otros: los maratonistas, los cocainómanos, los chicos antro, los bailadores, los entrenadores de gimnasio. No sé si sobrevivan al aislamiento.
Leo el nuevo Premio Herralde de Novela, Nuestra parte de noche de Mariana Enriquez, avanzo cincuenta páginas antes de darme cuenta de que no me estoy involucrando con la lectura. Hay muchos distractores: ¿por qué los rusos no se han enfermado?, ¿de verdad sirve el propóleo?, ¿por qué me aterra tanto que no haya una mente maestra detrás de esta pandemia?, ¿y por qué está otra vez de moda el terror fantástico?, ¿qué chingados hago leyendo una novela de fantasmas? Nunca me gustó el género del terror, ¿debo de forzarme a leerlo solo porque el fin del mundo está a la vuelta?
Paso mejor a La tentación del fracaso, los diarios de Julio Ramón Ribeyro, y busco si en algún momento vivió algo parecido como emigrante latinoamericano en Europa. No encuentro ninguna pandemia pero sí una frase que me retrata: “A los 28 años uno se vuelve estúpido, mezquino, terriblemente egoísta. Antes de resolverse a la acción piensa en mil detalles insignificantes”. Estoy a pocos días de cumplir 29 —probablemente celebre mi cumpleaños en cuarentena— y me siento más insignificante que nunca.
Decido salir, ser parte de algo, existir en conjunto tal vez por última vez. Lo primero que veo sobre la Gran Vía, en la manifestación del día de la mujer, es a un viejito desubicado que enarbola un enorme cartel no sé si en contra o a favor del coronavirus, al otro lado tiene un mensaje que acusa a Pablo Iglesias de mentiroso.
Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.
Me uno al contingente sin ánimos de gritar, porque muchas consignas quedan mal con voz grave (¡escucha, hermana, aquí está tu manada!), pero sobre todo por temor a los microorganismos que salen expulsados de miles de gargantas al unísono. La marcha es festiva e internacionalista, se habla de Chile, de Argentina, de Kurdistán, no obstante, resulta desangelada si se compara con las de otros años. El clima no ayuda, tampoco el miedo.
Tres días después, Irene Montero, ministra de Igualdad, da positivo en la prueba de coronavirus. Algunos se preguntan si no se habrán contagiado todos en la manifestación. Cierran las escuelas, prohíben las reuniones de más de mil personas. Se desatan las compras de pánico: el Mercadona vacío, el Carrefour sin carne ni verduras, en el Lidl escasean los enlatados.
Fotos de Alejandro Espinosa Fuentes.
Madrid ha caído. Resulta estúpida la comparación, pero el ambiente de pánico no deja de repetirme la caída de Madrid en la Guerra Civil frente a las tropas franquistas. Encuentro más tarde una de esas coincidencias inverosímiles que nos facilita Wikipedia: a la ciudad de Wuhan, epicentro del brote de coronavirus, se le conoce como “el Madrid del este” por las similitudes en su asedio durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa.
No queda más, hay que huir de aquí. Suspenden todos los vuelos a Europa, ya no hay escape. Regreso a mi habitación, leo en un post de Patricio Pron una brillante idea de Paul Virilio que define lo que está pasando: “Nos enfrentamos a una situación de emergencia provocada por un verdadero delirio colectivo que está, a su vez, reforzado por la sincronización de las emociones, es decir, por la súbita globalización de los afectos en tiempo real que golpea a la humanidad en el mismo instante”.
Clausuro mi atención cibernética con esa cita, apago los aparatos y le doy otra oportunidad a la novela de Enriquez. Es el día uno de mi cuarentena. Tengo la creencia de que estos encierros hipocondriacos tendrán a la larga un efecto positivo en la sociedad. Leo en paz y sin ninguna prisa, ¿no era esto lo que quería desde hace tanto tiempo?
En tiempos como estos, en los que el feminismo está alcanzando cada vez a más mujeres mexicanas, en donde nuestra sociedad comienza a cuestionarse más sus machismos, es importante voltear a ver las otras trincheras feministas para hacer alianzas, fomentar los diálogos, aprender de otros movimientos y apoyarnos mutuamente aunque estemos a cientos de kilómetros de distancia. Me acerqué a Blair Lee de 22 años, una estudiante de Administración de Artes en Seúl, para platicar sobre las luchas a las que se enfrentan las feministas en Corea. Blair, cuyo verdadero nombre permanecerá oculto por motivos de seguridad, nos muestra un feminismo radical en un país ampliamente conservador y la esperanza de un cambio necesario. La sororidad que me unió a Blair en nuestro emocional, pero breve intercambio de correos, surgió de un entendimiento mutuo de que aunque las expresiones machistas y la forma de combatirlas son distintas en Corea y en México, la lucha es la misma: alcanzar una vida digna, libre y segura para todas las mujeres del mundo.
Isabel del Valle: ¿Cómo decidiste ser feminista?
Blair Lee: Mientras crecía, siempre fui consciente de cómo la sociedad oprime a las mujeres, pero no llegué a conocer la existencia del movimiento feminista hasta que se volvió relevante en Corea del Sur en 2016. Muchas mujeres sintieron que tomaron la “píldora roja” 1 después de un asesinato ocurrido en la estación de metro Gangnam en Seúl al que llamamos “el caso de asesinato de la estación Gangnam”.
Esa estación de metro es uno de los lugares más concurridos de Seúl, capital de Corea del Sur. Hay muchos bares y restaurantes a su alrededor, por lo que es un lugar popular para pasar el rato y es concebido como un lugar seguro. El 17 de mayo de 2016, un hombre mató a una mujer en el baño de un edificio cerca de la estación, el hombre no conocía a su víctima. Este asesinato impactó mucho a la sociedad y a quienes consideraban los lugares cercanos a la estación como seguros; la personas normalmente creen que Corea es un país con buena seguridad pública porque el índice de violencia es bajo para su población y los ciudadanos no tienen derecho a portar armas.
La gente decía que el asesino había cometido el crimen porque tenía esquizofrenia, pero esperó escondido en el baño dejando ir a seis hombres hasta que entró una mujer. Además, confesó después que había cometido el crimen porque muchas mujeres lo habían ignorado durante toda su vida. Sin importar el desorden mental que tenía, está claro que su odio y misoginia lo impulsaron a cometer el asesinato. Pero la policía no admitió el papel que la misoginia jugó en el crimen, así que muchas mujeres se enojaron y pusieron post-its con mensajes en la salida 10 de la estación para honrar a la víctima. Creo que ese asesinato fue el catalizador necesario para despertar a muchas mujeres y llevarlas al feminismo, yo fui una de ellas. Después de aceptar que vivía en un mundo con problemas serios de inequidad, decidí ser feminista a los 18 años.
IDV: Para nuestros lectores que no están familiarizados con la sociedad Coreana, ¿cómo es crecer siendo mujer en Corea?¿A qué estándares de escrutinio se te somete?¿Qué es lo que se espera de ti?¿Cuáles son tus perspectivas de vida en el futuro?
BL: Muchas personas creen que la situación ahora está mucho mejor para mi generación que como lo estuvo en la generación de mi madre. Siempre dicen que no existe la misoginia porque las mujeres ya podemos ir a la universidad y obtener trabajos como los hombres. En el pasado, las mujeres debían trabajar para financiar la colegiatura de la universidad de sus hermanos; se esperaba que se convirtieran en buenas amas de casa y que tuvieran por lo menos un hijo. El infanticidio femenino era común hasta 1990 por la preferencia marcada hacia tener hijos hombres y debido a que el aborto era ilegal, aún lo es. Muchas bebés fueron abortadas o asesinadas después de nacer solo por su género.
Quizás sea cierto que en teoría el estatus social de las mujeres ha mejorado, pero la realidad es muy diferente. Como mujer, me han dicho desde pequeña que debo ser obediente, tímida y cuidadosa. Se espera de mí que tenga el cabello largo, un cuerpo delgado y que sea hermosa y use maquillaje. Se espera que sea buena en matemáticas, ciencias y manejando. Cuando empecé a menstruar dudé si usar tampones ya que se considera sucio que ponga algo en mi vagina que no sea un pene. No debo ser como una zorra porque es vergonzoso hablar de llevar una vida sexualmente activa, pero al mismo tiempo debo de querer tener relaciones sexuales con hombres cuando ellos quieran que lo haga a pesar del riesgo de contraer una ETS.
Muchas empresas prefieren contratar hombres aún cuando hay mujeres aplicando para los mismos puestos con trayectorias mucho más competitivas, pues piensan que inevitablemente dejarán de trabajar cuando tengan hijos; y si sí lo hacen, después regresar a trabajar es casi imposible, así que las mujeres terminan en trabajos inestables de medio tiempo. Incluso cuando son contratadas por buenas empresas, es poco probable que puedan ser promovidas de sus puestos de trabajo iniciales y la brecha salarial entre los empleados hombres y mujeres es evidente.
Si las mujeres deciden casarse y formar una familia, después de criar a sus hijos deberán hacerse cargo de cuidar a sus esposos cuando decidan retirarse; ellos probablemente gastarán todo su dinero en prostitutas o engañando a sus esposas. El divorcio, aunque existe, no es una opción real para muchas mujeres, ya que no podrían sostenerse económicamente sin sus esposos debido a las precarias condiciones laborales.
Para resumir brevemente lo que significa ser una mujer en Corea, puedo decir esto: sufrimos de cada estereotipo y discriminación posible. Gracias a mis hermanas feministas, las viejas costumbres están cambiando para bien; así que espero que mi generación pueda tener por delante un futuro distinto.
IDV: ¿Qué significa ser feminista en Corea y cuál es la percepción de los hombres y mujeres coreanos hacia el movimiento?
BL: Puede significar cosas distintas para cada persona, pero todas las feministas compartimos una idea general: el feminismo es un movimiento para mujeres. Si eres mujer y te identificas como feminista, eso es todo lo que necesitas. Ya que es un movimiento nuevo en Corea, las personas no están acostumbradas a escuchar hablar de feminismo, así que todo el tiempo tenemos que lidiar con estereotipos negativos como: “Las feministas odian a los hombres”, “seguramente nunca han sido amadas por un hombre”, “deben ser gordas y feas”, “pobrecitas”, “deben ser lesbianas todas”, “no todos los hombres son malos”, “dejen de impulsar conflictos entre géneros”. Estamos tan acostumbradas a escuchar cosas de ese tipo que ya no nos molestan. Al mismo tiempo, es cierto que esos estereotipos impiden que muchas mujeres hablen sobre feminismo aunque ya se sientan representadas por movimiento.
A diferencia de algunos países Occidentales, ser feminista es un concepto ampliamente malentendido en Corea del Sur. Por ejemplo, si una actriz famosa de Hollywood dice que es feminista, las personas dirán: “Sí, ¿y luego?”. En Corea, la gente no puede ni imaginarse algo así. Por supuesto algunas hermanas valientes se muestran abiertamente feministas, pero en algunos campos laborales corremos el riesgo incluso de ser despedidas si hablamos de feminismo. Una actriz de voz perdió su trabajo después de usar una playera que decía “Las chicas no necesitan un príncipe”. Esto demuestra lo difícil que es ser abiertamente feminista aquí.
La mentalidad general en el país es relativamente conservadora y convencional comparada con otros países desarrollados. La cultura del confucianismo se ha desarrollado de una manera extraña a través del tiempo y se ha utilizado para hacer sufrir a mujeres, personas jóvenes y aquellos más débiles. Eso ha resultado en que los roles de género tradicionales y las opiniones negativas sobre el feminismo se potenciaran hasta llegar a la situación que tenemos ahora.
La mayoría de los hombres creen que en la sociedad actual hay equidad de género y que elllos son víctimas que sufren de discriminación inversa, lo cual creo que está completamente equivocado. Es más fácil encontrar un grupo de hombres anti-feministas que un hombre que apoye el feminismo. Algunos confunden a las feministas con un grupo de personas antisociales que odian a los hombres. Incluso si alguno afirma que apoya al feminismo, al final del día, quiere casarse con una mujer “buena y bonita”, tener una familia “ordinaria” y tener bebés, estabilizando el patriarcado. Algunos incluso lo dicen solo para ser populares entre las mujeres.
Puedo decir que la mayor parte de las mujeres jóvenes (entre 10 y 30 años) están de acuerdo con el feminismo. Están muy conscientes de la misoginia y quieren romper las reglas antiguas. Algunas personas perciben la inequidad, pero no les gusta la palabra “feminista” por la manera en que es percibida por otras personas. Sin embargo, también hay mujeres que no se sienten como parte del movimiento feminista; algunas simplemente no terminan de entender el problema, mientras que otras han sido manipuladas por tanto tiempo que ni siquiera se dan cuenta que viven oprimidas, como mi mamá y sus amigas.
IDV: ¿Es sencillo encontrar a otras feministas o formar colectivos?
BL: Es más fácil encontrar colectivos en línea que en la vida real. Como es bastante peligroso decir libremente que eres feminista, muchas personas prefieren mantenerse anónimas. He hecho muchas amigas feministas por Internet y las he conocido en persona, pero aún no sé cuáles son sus nombres o trabajos reales. Las youtubers coreanas feministas tienden a usar sus nicknames y no muestran sus rostros en línea; es poco común que alguien lo haga, ya que aquellas que se atrevieron a revelar sus rostros o nombres, sufrieron de acoso cibernético y recibieron amenazas. Fueron atacadas por hombres y mujeres por igual.
Sin importar estas duras condiciones, hay varios intentos de formar comunidades offline como clubes o reuniones sociales. En estos lugares, la idea es compartir ideas, escribir revistas, jugar deportes o estudiar juntas. Sin importar las actividades que se realicen, lo realmente importante es que se forman espacios en donde nos podemos sentir seguras e inspiradas al convivir con otras feministas. Aunque no son muy comunes, puedes encontrar estos clubes o reuniones si las buscas.
IDV:¿Con qué rama del feminismo te sientes más identificada?
BL: Creo que comparto más opiniones con las feministas radicales coreanas. Nuestra meta principal es romper el patriarcado y convertirnos en mujeres completamente independientes que no requieran el apoyo financiero o mental de los hombres. Seguimos cuatro reglas fundamentales conocidas como 4B(4非), en las que nos rehusamos a casarnos, tener hijos, salir en citas y tener relaciones sexuales con hombres en la mayor parte de los casos. Además, estamos en contra de los estándares de belleza que nos han sido impuestos solo a las mujeres, esta postura es conocida como “Escape the Corset”.
IDV: ¿Qué es el movimiento de resistencia “Escape the Corset”?¿Cómo te manifiestas contra el Patriarcado de maneras cotidianas que quizás en Occidente podrían estar ya normalizadas?
BL: Es un movimiento que se opone a los dañinos estándares de belleza, que no son diferentes de un corset, en el sentido de que reprimía los cuerpos de las mujeres. La K-beauty2 fuerza a las mujeres a tener ojos encantadores, nariz perfecta, labios jugosos y cabello sedoso como una muñeca Barbie. La cirugía plástica es tan común que las personas no se toman en serio el asunto de que algunos de los efectos secundarios pueden ser letales. Mujeres jóvenes se enferman por dejar de comer para perder peso; pues está de moda que se use ropa ajustada y reveladora.
Para romper con esas expectativas, algunas feministas coreanas dejaron de seguir estas costumbres. En ese movimiento, cualquier cosa considerada femenina está diseñada para convertirnos en ciudadanas de segunda clase. En este contexto, incluso ser una misma de manera natural puede ser una protesta en contra del patriarcado. Ahora tenemos cabello corto, no nos ponemos maquillaje y usamos pantalones cómodos. Liberamos nuestros pezones y hacemos ejercicio para tener músculos. Estos actos muestran a las mujeres que pueden ser ellas mismas sin tener que encajar en los ideales, ni gastar dinero en cosméticos o ropa. Ser hermosa no es una idea con la que las mujeres nacen, sino un lavado de cerebro con el que tienen que lidiar toda la vida. Para apoyar el movimiento y liberarnos, algunas de mis amigas y yo nos cortamos el cabello y dejamos de usar ropa femenina desde hace dos años. Las personas están participando gradualmente, a su propio ritmo, y podemos ver el declive de la industria de la belleza. Ahora estoy ahorrando dinero, en lugar de gastarlo en eso, para mi futuro y no podría sentirme más feliz con mi vida.
IDV: ¿Es fácil en Corea encontrar o publicar textos feministas?
BL: No es difícil encontrar libros feministas en librerías o bibliotecas. En los años recientes, muchos libros han sido traducidos o publicados en Corea, el más famoso es una novela llamada Kim Ji-young, nacida en 1982 de Cho Nam-joo, ha sido traducida a más de 37 idiomas distintos e incluso la adaptaron en una película. Aún así, la mayoría de los textos feministas disponibles en Corea, no fueron escritos por autores coreanos. Personalmente, creo que el feminismo de Primer Mundo, o el feminismo Occidental, no es 100% adecuado para la sociedad Coreana y definitivamente necesitamos más libros y estudios escritos exclusivamente por autoras feministas. Muchos de los libros y revistas fueron financiados por medio de plataformas de crowdfunding, otros, fueron y están siendo producidos por editoriales feministas. Además de los textos, existen creadoras de contenido en video o animación digital. Conforme pasa el tiempo están surgiendo más y más creadoras de contenido feminista y no creo que la producción vaya a decaer. IDV:¿A qué procesos necesita someterse la sociedad coreana para cerrar la brecha de género?
BL: Deben suceder cambios drásticos en el sistema. En primer lugar, el país debe dejar de forzar a las mujeres a ser la muñeca sexual de sus futuras parejas. Todas las leyes deben ser justas para las mujeres, así como la educación y los agresores de mujeres deben ser castigados. Es necesario que se muestre que el potencial de las mujeres es igual al de los hombres y así considerarlas ciudadanas de igual calidad.
Las mujeres deben tomar el poder que ahora está reservado únicamente para los hombres, deben convertirse en líderes: CEOs o funcionarias con altos cargos, para darle más oportunidades a otras mujeres, de cualquier edad. Las mujeres debe tomar el control de, al menos, el 50% de todas las grandes industrias. Finalmente, después de esto, cuando la sociedad establezca la equidad o sea dominada por las mujeres, las mujeres deben ser parte del ejército. Para todos los hombres es obligatorio hacer servicio militar durante 18 meses en caso de guerra en contra de Corea del Norte. Por ello, tienen beneficios sociales exclusivos y seguirán manspleineando 3 hasta el día que se mueran. Las mujeres pueden unirse al ejército si así lo desean, pero por el momento, sufren de acoso sexual e inequidad si lo hacen. En el futuro, todas las mujeres necesitarán aprender cómo usar armas y protegerse a sí mismas en caso de una emergencia nacional, igual que los hombres.
IDV: En México, una de las principales luchas es en contra de la violencia feminicida que ha azotado el país, ¿a qué violencias se te somete por ser mujer en Corea?¿Qué ha hecho el feminismo para combatirlas?
BL: He visto algunas noticias sobre las protestas en contra del feminicidio en México. Aunque aquí no podemos ver manifestaciones tan intensas y fuertes, definitivamente sufrimos casos de feminicidio y violencia en contra de la mujer. La violencia más común es la que se ejerce en el ámbito familiar y en las relaciones afectivas. Novios y esposos violentan a sus parejas física y mentalmente, pero la policía no se toma estas agresiones en serio. Cuando hay un feminicidio, les reducen la sentencia a los feminicidas por razones ridículas como que estaban borrachos cuando cometieron el crimen, que tienen algún tipo de enfermedad mental o que parece que se arrepienten. ¿Qué mundo tan loco, no? No obstante, el año pasado, cuando pasó lo contrario (una mujer mató a su marido debido a violencia intrafamiliar), ella se convirtió inmediatamente en un enemigo nacional. Muchas personas que antes no mostraron interés en lo absoluto cuando las víctimas eran mujeres, reaccionaron fuertemente frente a esta situación.
Las mujeres estamos en peligro todo el tiempo, podemos ser asesinadas como el caso del asesinato de la estación Gangnam. Además, los crímenes relacionados con las cámaras espía y el acoso digital son problemas que se acentúan cada día que pasa. Los hombres graban a las mujeres en cualquier espacio público o comparten en línea el cuerpo de sus parejas sin su consentimiento. Aquellas personas que suben constantemente estos videos, ganan mucho dinero en los sitios web dedicados al acoso y la reproducción de ese tipo de videos continúa. Las víctimas tienen que pagar un precio muy alto para que borren sus videos, pero todas las compañías de limpieza en línea están conectadas con los sitios pornográficos. Hacen mucho dinero de esta manera, es un negocio redondo. Algunas chicas escogen quitarse la vida porque no reciben el apoyo adecuado. Estos casos se están incrementando de manera tan drástica que prácticamente están fuera de los límites de la ley. Aquí hay un artículo donde pueden consultar más información sobre un nuevo caso llamado Nth Room chats.
IDV: ¿Cuál sientes que es el mayor reto al que se enfrenta el feminismo en Corea?
BL: Es bastante difícil pensar en un solo reto; sin embargo, lo que no podemos resolver nosotras mismas es que nuestro gobierno no muestra una actitud de cooperación. Para ser más específica, el presidente prometió durante el periodo de elecciones ser feminista, pero creo que desde entonces mi vida no ha mejorado en lo absoluto. Aunque cientas de mujeres se han congregado para protestar en contra de las grabaciones ilegales y los feminicidios durante los últimos dos años, la situación sigue siendo la misma y parece que la agenda feminista sigue siendo lo último en considerarse. Esto es frustrante y la razón por la cual las feministas surcoreanas están cansadas del país.
Cada vez más hermanas escogen irse de Corea del Sur para vivir en países donde ser mujer es más sencillo. Saben que no hay una utopía para mujeres pero creo que es más rápido mudarse que cambiar la situación desesperanzadora de nuestro país. No las culpo porque yo también estoy considerando mudarme de manera permanente a otro país si la situación aquí no mejora. Personalmente, creo que esto puede llevar a un hartazgo en el movimiento feminista parecido al brain drain en el país4. Por otra parte, hay muchas hermanas que luchan día y noche por hacer este país mejor para las mujeres. Yo trato de apoyarlas lo más que puedo porque son acciones necesarias. Incluso si logro irme a vivir lejos de aquí en el futuro, seguiré en contacto con ellas y recordaré siempre cuánta ayuda me dieron. Para terminar la entrevista, me gustaría agradecer a todas mis hermanas feministas coreanas que me guiaron para ser yo misma.
Hay libros que se constituyen en la teoría y aparecen como espectros en los modos de vida; palabras que archivan un secreto, signos a punto de confesar algo. Son escrituras que se presentan, a primera vista, como códigos cerrados e inaccesibles, pero que, al mismo tiempo, guardan elementos reconocibles.
Así podría narrar mi primera aproximación a El género en disputa (1990) de Judith Butler. Una obra inscrita en su propia marca genérica: la teoría; es decir, poseedora de un hermetismo que requiere de esas herramientas que usualmente se adquieren en las academias.
Sabía, por recomendaciones que recibía de esas feministas que iban marcando mis lecturas y prácticas, que se trataba de una obra que posibilitaría modificar algunas de las preguntas que ya comenzaban a surgir sobre el género, y sabía, también por ellas, que abrir cuestionamientos siempre resulta en controversias y rivalidades.
Y sí, la disputa no solo surgió en torno al género, sino a las formas de abordarlo. Es importante recordar que el título completo de la publicación es: El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Lo que a simple vista parece una figura retórica de los sujetos del feminismo resultó en una puesta en abismo sobre la concepción misma de género, y un reto para su apropiación en algunas prácticas feministas.
Fotografía por Miranda Guerrero
Butler, en este texto, no apela a las formas disolutivas de la identidad, sino precisamente a la dislocación de este concepto y se pregunta: “¿Hay una región de lo ‘específicamente femenino’, que se distinga de lo masculino como tal y se acepte en su diferencia por una universalidad de las ‘mujeres’ no marcada y, por consiguiente, supuesta?” (Butler, 2007, pág. 50). Bajo la perspectiva de la filósofa, hacer evidente lo “performativo” del género es, entonces, reconocer como meta política “la construcción variable de la identidad” (Butler, 2007, pág. 50).
Han pasado 30 años desde la publicación de El género en disputa y el escenario de las violencias parece no modificarse tan rápido; sin embargo, lxs participantes de las diversas formas de cuestionar las relaciones de poder, incorporan los planteamientos que han logrado salir de las academias para performar en las calles.
La subversión de la identidad se expresa en resistencias y manifestaciones políticas que se revelan en el cotidiano, sobre todo de los cuerpos no binarios y/o transexuales. Por mencionar sólo el ejemplo más evidente, la revisión coercitiva del género propuesta por Butler, ha posibilitado que los aportes teóricos y académicos acompañen las propuestas sobre leyes en torno al cambio de identidad sexo genérica.
El inicio de la reflexión no significa el agotamiento de la misma; Butler propició una controversia académica que ha disputado la categorización, no solo de las narrativas del sexo/género, sino que, al recuperar las reflexiones de Michel Foucault (1926-1984), focaliza sus cuestionamientos en torno a cómo “el poder, más que la ley, incluye tanto las funciones jurídicas (prohibitivas y reglamentadoras) como las productivas (involuntariamente generativas) de las relaciones diferenciales” (Butler, 2007, pág. 90). Esta aportación al debate ha permitido reconocer que no son solo las alteraciones ‘materiales’ o sus versiones institucionales las que posibilitan modificar las configuraciones de la violencia de género.
Fotografía por Miranda Guerrero
Para algunxs, en esa década de los noventa, que hoy parece lejana, el texto de Butler resultaría básico para el desarrollo de propuestas teóricas y de acción que se alejaran de los que comenzaban a gestarse como espacios cerrados, con guiños a modos de vida disciplinares e incluso hegemónicos.
Butler, con su desestabilización de algunos pensamientos fundacionales del feminismo, puso en movimiento los debates en torno a las corporalidades y lxs sujetxs políticos alejadxs de la definición biologicista como eje de la expresión subjetiva de la identidad. Es decir, El Género en disputa permitió pensar en más de una categoría, por tanto, pone en tensión lo que hasta ese momento se pensaba como un sujeto político estable del feminismo. Sin embargo, ese guiño alegre por la posibilidad de construcción de sociabilidades otras que no quedaran fuera de los funciones jurídicas y productivas se observan, hoy, como un horizonte lejano.
Si la palabra es ese bien mayor que se pretende en Occidente, Butler apunta justo al centro del lenguaje para exponer que en consecuencia de una “performatividad sutil y políticamente impuesta, el género es un «acto» que está abierto a la parodia (…) y a las exhibiciones hiperbólicas de «lo natural» que, en su misma exageración, muestran su situación fundamentalmente fantasmática” (Butler, 2007, pág. 283). La promesa política y subversiva de Butler se disimula en un texto filosófico que, al mismo tiempo, satisface algunos paladares académicos, abriendo un espacio para el cuestionamiento y la hegemonía.
Fotografía por Miranda Guerrero
Aprovechar la data, ese recordatorio temporal de la aparición del texto, me obliga a la pregunta: ¿se ha modificado en algo, el orden que (im)posibilita la vivencia, no sólo de los cuerpos que obedecen a la norma, sino de aquellxs que se articulan fuera de los márgenes integradores? La obra de Butler, al rescatar las reflexiones y debates de otras teóricas feministas, se propone como un detonante para configurar las estrategias y las acciones que hoy resultan urgentes, frente a los cuerpos que se violentan en lo gramatical y en lo operativo.
Propongo que la (re)lectura de El género en disputa se efectúe a manera de un juego espiral que permita ir y venir: por sus métodos, por el contexto que evoca a los acontecimientos y a lo que reprimen, por sus estrategias para la formulación de gramáticas disidentes y, sobre todo, por la posibilidad de la reescritura de disputas que contemplen no solo las violencias, sino las experiencias que hoy ocupan las calles, a la expectativa de más pasos.
Referencias
Butler, J. (2007). Género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad . Barcelona: Paidós.