Tierra Adentro
Imagen tomada de Pixabay.

Escuchas los ventiladores, el chirrido de las camillas entrar y salir del quirófano las veinticuatro horas. Te alistas con el uniforme autorizado y cruzas la entrada sin reparar en la leyenda de la recepción: “Terapia intensiva”. La supervisora te saluda desde el área limpia, donde debes colocarte el equipo de protección.

Dejas tus aretes y el celular fuera de la zona segura; de inmediato lavas tus manos con gel desinfectante durante treinta segundos. Te pones los guantes internos, tomas las botas desechables y las acomodas de tal forma que cubran tus zapatos.

La bata impermeable es incómoda, metes ambos brazos en las mangas para cargarla mientras tu compañera amarra los sujetadores a tu espalda; el último nudo queda a tu izquierda, en tu cadera. Tomas la mascarilla N-95, con ella cubres tu boca y nariz, doblas la laminilla sobre tu tabique nasal. Acomodas la primer tira a la mitad de tu cabeza; la segunda, en tu nuca. Ahora inhalas y exhalas profundamente, el centro de la mascarilla colapsa, eso indica que has sellado la mascarilla.

Ajustas las gafas un par de veces, aunque no interfieren con tu visión, resultan incómodas. El gorro quirúrgico te brinda más comodidad hasta que encierra tus orejas. Los guantes externos también son blancos, los estiras hasta los puños de la bata para evitar exponer tu piel. Levantas los brazos hacia los lados en un ángulo de noventa grados y giras sobre tu propio eje. Finalmente tu colega te indica que estás lista.

Tu respiración se coordina con el hálito artificial de los concentradores de oxígeno. Alcanzas a percibir el débil sube y baja del centro de tu mascarilla que, en contraste con el tórax de algunos pacientes, ya no te parece tan sutil.

El reflejo de la luz en los tubos de plástico te recuerda a los postes en las calles desiertas, donde la gente se ganaba la vida o se reunía con sus seres queridos. ¿Hace cuánto que no ves a los tuyos? Han pasado dos semanas.

Te rodea un mundo de vestigios: donde hubo fiestas, ahora hay fotos. En el área de Terapia Intensiva tu deber es ayudar a las personas que tenían voz y aliento; gente a la que el enemigo convirtió en retratos vivientes. Sabes que este mal es imparable, ha destruido los sistemas de salud de otros países para llegar hasta aquí; a su paso dejó rastros de nuestra civilización flotando entre la incertidumbre y la esperanza.

Avanzas por el corredor, los pitidos eléctricos de las bombas de infusión te alertan, observas que programan la máquina para administrar más medicamento; la fiebre no cede en algunos pacientes. Faltan cuatro personas por atender, colocas el oxímetro en el dedo del primer sujeto en la lista, te aferras a encontrar un resultado diferente, pero la respiración forzada confirma el resultado: el portador de COVID-19 sufre por la falta de aire, sabes que esa será la constante en los demás.

El ritmo del personal médico se acelera. Ves a los cuatro equipos atender de inmediato a quienes solicitan apoyo, también acudes más rápido. El calor de tu traje te molesta, pero las reglas te impiden acomodarlo, tus compañeros gritan órdenes, tratas de cumplir con todas. Revisas las bombas de infusión con dificultad, las gafas lastiman tu visión.

En el quirófano solicitan tu ayuda; llegó una nueva camilla, tomas los bordes con temor de exponer tu piel al estirar los brazos. Deben intubar al paciente, procedes con cuidado, combates el estrés aunque te molesta el zumbido del ventilador sobre tus oídos.

Entre el palpitar digital de las máquinas, escuchas alaridos débiles de los enfermos. Nunca creíste tardar tanto en recorrer ese pasillo y esperas ver a los pacientes salir de él, a su tiempo; pero esta vez, el corredor parece infinito. Estás en una tierra donde no se descansa.

Este es el testimonio de una joven doctora quien ha enfrentado las dos primeras fases del COVID-19 en México. Decidió conservar su anonimato.

 

El enemigo de la humanidad en México (COVID-19, fase 2)

Las historias de los demás países con sistemas de salud colapsados, como España e Italia, nos advertían de una pandemia invencible. En México apareció el primer caso positivo de COVID-19 el 28 de febrero y, desde ese día, el número de casos creció exponencialmente hasta alcanzar la primera fase de la pandemia, cuando los contagios se contaban en decenas y el origen podía rastrearse en otros países.

El 24 de marzo, se registraron cinco casos sin antecedentes de importación, lo que provocó que iniciara la fase dos. Las autoridades crearon estrategias enfocadas a disminuir la curva de contagio antes de que llegara a su punto más alto.

La principal campaña nacional es la Jornada de la Sana Distancia, contemplada desde el 23 de marzo hasta el 30 de abril. Además de implementar los cuidados personales como lavarse las manos durante cuarenta segundos y guardar una distancia de al menos un metro con las personas, también se suspendieron actividades no esenciales, incluso en instancias del gobierno federal.

El 27 de marzo, el subsecretario de salud, Hugo López-Gatell anunció que todas las actividades en empresas serían suspendidas y llamó a los dueños a no despedir a nadie, al menos durante un mes. Estas medidas buscan disminuir los estragos de una propagación acelerada en el país.

Con el fin de reforzar la jornada, la Secretaría de la Defensa (Sedena) presentó el Plan DN-III, que consiste en repartir insumos médicos, y que en las 103 instalaciones hospitalarias a su disposición, “podrán beneficiar a 14 mil 10 personas en total“, detalló el general Luis Cresencio Sandoval. Respecto a la demanda de  los hospitales generales por medicamentos e instrumental, se usarán aeronaves y barcos; con esto se contempla transportar al personal médico contratado por la Sedena, al igual que los mil 330 respiradores artificiales para los infectados graves.

Por su parte, la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, pidió a la población contactar con un mensaje SMS gratuito al 51515 con la palabra covid19, si presentan algún síntoma del COVID-19: dolor de cabeza, dificultad para respirar, gripe, tos seca, fiebre y problemas estomacales. En la campaña de la CDMX, #QuédateEnCasa se busca de igual manera socavar la curva ascendente de los casos de contagio.

El 30 de marzo, la Secretaría de Salud ordenó la suspensión inmediata de actividades hasta el 30 de abril. Lopez-Gatell acotó que “solo las actividades esenciales para mantener la circulación de la economía” tienen flexibilidad ante las indicaciones antedichas; sin embargo, el país necesita “quedarse en casa”, pues es “la última oportunidad” para protegernos. Estos ajustes incluyen a la Jornada de Sana Distancia y el periodo de cuarentena. La Sedena anunció que iniciaron con las “conversiones” de los hospitales generales para contener la “emergencia sanitaria por causas de fuerza mayor“, recién declarada por el gobierno. “Hay que actuar hoy para evitar que la fase 3 sea más intensa“, enfatizó el subsecretario de salud.     

Al respecto, la licenciada en enfermería en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en Salud Pública por la Escuela Nacional de Enfermería y Obstetricia (ENEO), Blanca Casasola especifica que hay un eje de estas disposiciones en el que los ciudadanos deben participar sin excepción: “mantenerse en casa al haber tenido contacto con casos positivos, o en caso de presentar síntomas también es importante, ya que de esta manera se reduce el riesgo de contagio a la población”.

La especialista identifica un reto a vencer para el sistema de Salud, se trata de la concientización. “Es importante sensibilizar a la gente para que tenga un sentido de corresponsabilidad en la salud comunitaria, ya que al no llevar a cabo esta acción, pondrían en riesgo a las personas con las que tengan contacto y eso ocasionaría un incremento de casos que provocaría alta demanda de los servicios de salud y saturación de los mismos”.

Ante la posibilidad que contempla Casasola, la cámara de diputados aprobó —el 18 de marzo— la creación de un fondo de 180 mil millones de pesos. En la actual fase 2 de la pandemia en México, la recomendación de la especialista en Salud Pública es invertir en “los servicios de los hospitales generales (nivel 2), se deberá planificar el área en la que se dará atención a las personas con COVID-19 en cada instituto, así se evitaría la diseminación intrahospitalaria. En cuanto a insumos, en caso de no contar con ellos o requerir de una mayor cantidad debido al aumento en la demanda, el fondo tendrá que ser empleado para compensar esta necesidad”.

El 15 de marzo la CDMX anunció que se destinarán 10 millones de pesos por la contingencia del virus.  En la madrugada del viernes 27 de marzo, iniciaron las construcciones de los consultorios de valoración y pabellones con 200 camas en 5 hospitales.

Infografía de los síntomas del COVID-19. Fuente: CDC, NIH

Infografía de los síntomas del COVID-19. Fuente: CDC, NIH.

 

Propagación

El doctor Gustavo Cruz, miembro del Instituto de Investigaciones Matemáticas, estimó que a finales de marzo aumentará exponencialmente el número de contagios. Este estudio resulta de vital importancia para enfrentar la fase dos, y para la especialista en Salud Pública, representa una ventaja inestimable:

“La estimación fue realizada con base en el modelo utilizado durante la situación de 2009 a causa de la influenza AH1N1, además de que se está desarrollando por parte de varios expertos para considerar los aspectos necesarios. Tenemos una gran ventaja, ya que, como lo menciona el Dr. Gustavo Cruz, el modelo también puede estimar la efectividad de la cuarentena para frenar el brote.  Este modelo puede contribuir a mejorar la toma de decisiones ante el brote y así evitar que el número de casos incremente de manera rápida”.

Lo anterior es sinónimo de buenas noticias para el Dr. Carlos Martínez, profesor de neurociencias y epidemiología en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza (FES) de la UNAM.

Asegura que este punto “suele llegar entre cuarenta y cincuenta días después de la detección del primer caso, así es que en México ya superamos la fase de transición”, explica. “El modelo matemático fue propuesto originalmente en 1927 por Kermack y McKendrick, mediante ecuaciones diferenciales a fin de detallar como surge un brote infeccioso, su crecimiento, en qué momento alcanza su máximo y cómo decae; se tomaron en cuenta dos factores uno biológico (las propias características del virus) y otro social (nuestro comportamiento ante esta situación).

De acuerdo con el doctor Cruz, los modelos matemáticos indican que no hay forma de evitar la diseminación del COVID-19, pero la buena noticia es que,saber esto nos permitirá afrontar la crisis de mejor manera”.

Para la fase 2 de la pandemia, se prevé que el 80% de los casos sean leves; el 14%, graves; y el 6%, muy graves. El Dr. Carlos Martínez esclarece la estabilidad que podríamos esperar en cuanto a las cifras y la mortalidad estimada para nuestro país:

“Estas previsiones son obtenidas a través de modelos matemáticos y la experiencia estadística de la forma en cómo se comporta el COVID-19, por tanto estas pueden variar de acuerdo con lo que se conoce como intervalo de confianza (valores un poco más arriba o un poco más debajo de los reportados). Estos valores, por supuesto podrán cambiar en función de qué tan efectivas sean las medidas de detección temprana, de contención de la propagación y de la corresponsabilidad que cada uno de nosotros asuma en el seguimiento de las medidas preventivas”.

Se calcula que la epidemia podría durar al menos 12 semanas, el subsecretario Hugo López-Gatell fundamentó lo anterior en la experiencia de China y se refirió a estudios serológicos para conocer “el porcentaje de personas que fueron infectadas a pesar de no haber tenido la enfermedad”. Para el Dr. Martínez,  “la experiencia con base en el comportamiento del COVID-19 en otros países es la única certeza que tenemos por el momento”.

Es un hecho que la fase 3, presente en otros países, “se dará en México“, esto en gran medida por la posibilidad de que un caso positivo de COVID-19 ignore la cuarentena. Hay una pregunta clave para entender la propagación del virus: ¿a cuántas personas podría infectar una paciente de coronavirus?

El profesor de epidemiología explica que “el virus es altamente transmisible. Tanto la experiencia observada como la evidencia científica muestra que el virus que causa COVID-19 se transmite fácilmente de persona a persona. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de E.U., estiman que el número de reproducción del virus (el número de casos adicionales que probablemente resulten de un caso inicial) está entre 1.6 y 2.4, lo que hace que el COVID-19 sea significativamente más transmisible que la gripe estacional (cuyo número de reproducción se estima en 1.2 a 1.4).

Las personas infectadas a menudo muestran síntomas leves (o ningún síntoma), por lo que es fácil para los sistemas de Salud Pública pasar por alto estos casos. La evidencia es mixta sobre si las personas asintomáticas pueden transmitir el virus y sobre la duración del período de incubación. Si la transferencia asintomática es uno de los principales impulsores de la epidemia, se necesitarán diferentes medidas”.

 

La batalla invisible

México libra una guerra; los hospitales, los laboratorios y las casas son las trincheras donde se trata de frenar la fuerza de un impacto contra la vida de millones. Sin embargo es difícil mantener la pelea contra un rival que evade cualquier visión y se refugia bajo un disfraz fraternal.

“La principal forma de propagación de la enfermedad es a través de las gotículas respiratorias expelidas por alguien al toser”, aclara el Dr. Martínez. “El riesgo de contraer COVID-19 de alguien que no presente ningún síntoma es muy bajo. Sin embargo, muchas personas que contraen COVID-19 solo presentan síntomas leves. Esto es particularmente cierto en las primeras etapas de la enfermedad. Por lo tanto, es posible contagiarse de alguien que, por ejemplo, solamente tenga una tos leve y no se sienta enfermo.

La cultura mexicana es sumamente táctil. Las costumbres de saludo y contacto habitual entre personas, ya sea de mano, abrazo o beso son mecanismos por los cuales el virus se puede transferir entre individuos”.

El tiempo es un factor determinante para nuestro caso, la detección oportuna evita el contagio y el avance de la enfermedad en el portador; el problema radica en que el virus se transmite durante el periodo de incubación: entre tres a quince días.

Para atender los casos que podrían surgir en ese lapso, el Dr. Martínez menciona que “la Secretaría de Salud invitó a distintos hospitales a que se certifiquen para poder realizar las pruebas correspondientes para la pronta detección de los casos de COVID-19. Al respecto, el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (INDRE) estableció los lineamientos de calidad con la finalidad de que los organismos privados apliquen las pruebas”.

Pese al panorama actual, el 17 de marzo, China desarrolló con éxito una posible vacuna contra el SARS-CoV-2, causante del COVID-19; no obstante, existen otras versiones en fase de pruebas en animales, entonces ¿cuán probable es que la vacuna con autorización para experimentarse en humanos sea efectiva?

“Para la creación de vacunas”, especifica el Dr. Martínez, “un componente importante de los virus es la proteína que está en la superficie de la partícula viral porque es la que interacciona con las moléculas que se encuentran en las superficies de las células, la interacción de estas dos partes es necesaria para que el virus pueda ingresar y replicarse dentro de la célula, pero si se bloquea este contacto, se puede prevenir la infección.

Hay diversas estrategias de biotecnología para diseñar vacunas, pero en general las que se prueban en la actualidad para este coronavirus se basan en dos métodos: uno, la producción de la proteína en el laboratorio y su purificación para usarla como tal; y otro, la utilización del ARN, el mensajero que ayuda al organismo a producir dentro de sus células esa proteína viral que a su vez es detectada por el sistema inmune.

El trabajo para la creación de vacunas contra el COVID-19 no podría haber avanzado con tanta rapidez si no fuera por los años de pruebas de laboratorio detrás de una posible vacuna del MERS. La tecnología ha tenido resultados positivos en las pruebas de Fase 1 en seis vacunas diferentes, una de las cuales se encuentra actualmente en un ensayo de Fase 2.

Las pruebas del primer estudio en humanos de la vacuna para el COVID-19 se realizarán en un pequeño número de voluntarios jóvenes, donde se trata de verificar que las vacunas no muestren efectos secundarios preocupantes, y así preparar el escenario para pruebas más grandes donde sí se buscará comprobar la efectividad contra el COVID-19”.

 

El show debe continuar

Hoy despiertas a las once de la noche. Aunque ya has tenido ese horario, no te acostumbras a la vacuidad de la noche. La planta de tu pie tantea el suelo frío, invita al resto de tu cuerpo a moverse con libertad hacia la regadera. Estás en casa, bañarte será más fácil que ayer, cuando tu turno terminó a la una de la mañana y decidiste quedarte en la residencia para ducharte y descansar cinco horas. A las siete de la mañana tenías que volver a tu departamento.

Quitarte el equipo de protección fue lo que más te preocupó. En el área sucia desinfectaste los guantes externos durante treinta segundos, los retiraste con la técnica de pico para evitar rasgar el par interno.

Desamarraste el nudo de tu bata, comenzó a caer por tu cuerpo; la envolviste de tal modo que la parte interna quedó hacia afuera. Después de tirarla a la basura, desinfectaste el par de guantes interno, al terminar, quitaste el gorro desde la parte posterior. Desinfectaste tus guantes otra vez. Estiraste la liga de tus gafas y te las quitaste siguiendo el mismo procedimiento que con el gorro.

Otra vez untaste gel en tus manos cubiertas por el latex y tomaste la tira inferior de tu mascarilla para apartarla de tu cara sin que la parte exterior tocara tu piel; de nuevo usaste el desinfectante, bajaste a tus pies para deshacerte de las botas que cubrían tus zapatos. Una última vez desinfectaste tus guantes, los removiste desde la parte interior. El gel antibacterial cayó en tus manos desnudas, solo así saliste de terapia intensiva.

Al salir del baño de tu hogar, buscas ropa que no ha estado en contacto con el área de atención médica. Ante el refrigerador abierto tomas lo primero a tu alcance: huevo, sopa, pasta, pollo… nada en especial; lo único que te importa es restringir líquidos porque durante las siguientes ocho horas está prohibido beber, comer, usar el celular e ir al baño.

El trabajo inicia a las doce de la noche. Cierras con premura la puerta. Escuchar tus pasos en las calles abandonadas aguza tus ideas. Una pregunta estimula tu sistema nervioso como agua helada entre los dientes, ¿cuál ha sido el peor día en terapia intensiva? “Todavía no llega”, respondes. De inmediato recuerdas que el número de contagios puede duplicarse cada dos días y Estados Unidos está por convertirse en el epicentro de la pandemia.

Esto suena más grave en tu cabeza cuando reflexionas que, si el virus afecta a las comunidades de escasos recursos, la pandemia será incontrolable. Además la media de edad en los infectados es de 41 años; hasta ahora hay 28 fallecidos y mil 94 casos confirmados. Entonces lanzas de nuevo la pregunta anterior y respondes: “aún no vemos la peor cara que esto podría traernos, espero que no la lleguemos a ver”.

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Fotografía cortesía de la autora
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