Tierra Adentro
Cartas a un joven diseñador (Red de Reproducción y Distribución Vicente Guerrero Saldaña [RRD], 2020).
Cartas a un joven diseñador (Red de Reproducción y Distribución Vicente Guerrero Saldaña [RRD], 2020).

 

I

Existe un margen de la realidad que posibilita una permanente Revolución: ahí se escribe, se piensa y se diseña.

 

II

Ningún diseñador debe trabajar aislado, aunque el sistema acentúe el aislamiento.

 

III

Se suele pensar que el acto radical despierta la adrenalina (juguetona, deliciosa) que disfruta un surfista en sus mejores olas.

Pero el radicalismo propone, antes que “una” experiencia, un espacio en tiempo prolongado: siempre es inicio.

 

IV

Visión + Cambio + Técnica = algo

Visión + Cambio + Técnica + Riesgos = algo MEJOR

diseño sin riesgos: polvo, composta, ruido

 

V

Un tipo de diseño que conserva el orden es el diseño inocente, cursi y cómodo.

Diseñar para conservar (directa o indirectamente) el orden no es un acto artístico sino policiaco. 

 

VI

El diseñador burgués dice, grita, escribe, edita: todo es un enorme sinsentido, reina siempre el tedio, nada es teorizable, la humanidad marcha irremediablemente a la mierda, el diseño es exclusivamente ornamento o no es, antes de servirse otro martini. 

Se podría aceptar, en este sentido, que el diseñador que tiene las herramientas para apurar los procesos pero no las utiliza es (en algún porcentaje) un sádico.

 

VII

El diseñador mediocre burgués amará las estéticas de tedio.

El diseñador mediocre burgués casi siempre será un propagandista infatigable de las estéticas de tedio.

Enaltecerá los diseños-tedio de otros diseñadores, sobre todo de lxs famosxs, porque él mismo quisiera pertenecer al canon, también con diseños-tedio que nadie verá, leerá, olerá, atenderá & discutirá.

El tedio = innovación formal menos política menos contenido menos humanidad menos ideas.

El tedio acepta un presente sin antagonismos, pretende que el mundo en conflicto sea transformado en plática de café, en diseño-cementerio.

Bostezar en una casa en llamas es un acto egoísta y miserable.

VIII

Cada hombre/mujer es único/única.

Cada hombre/mujer puede generar algo NUEVO, radiante e inesperado.

 

 

IX

No basta con ser La Verga. 

 

Hay que estetizar tu servergués

para inspirar/despertar a otrxs.

X

El diseñador burgués siempre buscará reñir con las transformaciones –o directamente (con sarcasmo y violencia) o sutilmente (vía apropiación: traducir y comodificar en hype).

No quiere que otros investiguen las raíces de la Crisis.

Pero la Energía está en la Indignación.

El diseño radical es posible si se canaliza la Indignación en favor de Lo Nuevo.

No hay nada a lo que le tema más el hombre que a Lo Nuevo e inesperado.

Pero Lo Nuevo es lo único que nos puede salvar de la Crisis.

 

 

XI

anuarportugal.com/video

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XII

en el culo del tiempo: los letrados, los autores, las Instituciones

en el alba: la conversación, el ocio, Lo Nuevo 

XIII

Recuerda: mientras más altos, más se rompen al caer.

 

XIV

sé tú mismo 

tú puedes

el cambio está en ti

 

XV

haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz haz 

 

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Este es un adelanto de Cartas a un joven diseñador (Red de Reproducción y Distribución Vicente Guerrero Saldaña [RRD], 2020), libro de superación personal para jóvenes artistas recientemente publicado.


Autores
(Chetumal, 1989). Escritor, investigador y editor. Fue coordinador editorial y autor recurrente del sitio Horizontal.
(Xalapa, 1991). Diseñador y artista plástico. Fue becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA (2016-2017). Su trabajo ha sido exhibido en México, España, Estados Unidos e Italia.
Imagen tomada de Wikimedia.

George Walker Bush, el presidente número 43 de los Estados Unidos (2001-2009), forma parte de la más rancia aristocracia de la política estadounidense. Podemos decir que los Bush representan en los republicanos lo que los Kennedy fueron para los demócratas por mucho tiempo. Su bisabuelo Bush, Samuel Prescott Bush pertenecía, a finales del siglo XIX, a la élite WASP (blancos, anglosajones y protestantes) de Nueva Jersey y tenía negocios en la industria ferrocarrilera de la mano de los Rockefeller.

Su abuelo, Prescott Bush, se graduó en Yale donde fue miembro de la entonces sociedad secreta de los Skulls & Bones, ahora ya parte de la cultura popular gracias a menciones que están  desde la novela El gran Gatsby  (1925) de F. Scott Fitzgerald hasta algún capítulo de los Simpson o las teorías conspirativas que nunca pasan de moda.

Después de ganar algunos millones de dólares extra en Wall Street y de haber trabajado como banquero del acerero alemán pro nazi, Fritz Thyssen, Prescott Bush decidió que estaba listo para la política. Fue senador por Connecticut durante la Guerra Fría (1952-1963) y un entusiasta de las diversas candidaturas de Richard Nixon; lo que garantizó que su hijo George H. W. Bush obtuviera el puesto de embajador de Estados Unidos ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) durante su administración.

George W.H. Bush tiene una biografía ampliamente conocida, pues a su posición como embajador le siguió la dirección de la CIA, la Vicepresidencia en la administración de Ronald Reagan (1981-1989) y finalmente, ser el presidente número 41 de los Estados Unidos (1989-1993). Eran los años dorados de los republicanos.

El hijo de Prescott hizo otro movimiento interesante para el clan Bush: invirtió la mayoría del dinero que la familia había obtenido por décadas en Wall Street en el desierto texano y sus campos petroleros en los años cincuenta. La primera compañía fundada por la familia Bush fue la Zapata Petroleum Corporation, nombrada así no por el líder revolucionario mexicano, sino por una devoción hacia la figura de Marlon Brando.

La mudanza de esta aristocracia de New Haven a los campos petroleros de Dallas y Houston con los rancheros texanos le trajo a los Bush todavía mayor prosperidad económica.

Para los años setenta, la familia Bush ya era una mezcla de los Rockefeller con los Kennedy; pero con un asunto sureño y posiciones cada vez más conservadoras en cuanto al núcleo familiar, la propiedad privada y el Estado. En ese tiempo, George W. Bush o George Junior, como rápidamente se le conoció, era un estudiante mediocre pero sus buenas conexiones fueron suficientes para ser la tercera generación en graduarse de Yale.

Durante la guerra de Vietnam, a pesar de tener conocimientos como piloto de combate, nunca fue movilizado al país asiático y se mantuvo haciendo prácticas en los hangares como miembro de la Guardia Nacional Aérea de Texas. Después de esta “aventura” militar, George W. Bush fue a Harvard para obtener un diploma en administración de empresas y ya con el papelito en la mano, mostró el mismo “emprendedurismo” que su padre y constituyó en 1978 la empresa de Bush Energy.

La mediocridad que Bush Junior había mostrado como estudiante o como piloto contrasta con la carrera meteórica que hizo como empresario y político, que comenzó siendo asesor de su padre en Washington en 1986 y en su campaña presidencial en 1988. Después regresó a Texas e incursionó en otro tipo de negocios, que le daban mayor notoriedad que los energéticos como fue el caso de la compraventa del equipo local de béisbol los Rangers de Texas.

Con una popularidad en ascenso y grandes donaciones del sector petrolero que vivía una bonanza debido a la Guerra del Golfo (1990), misma que llevó a cabo Bush padre, el audaz George W. Bush decidió que era momento de ir por la gubernatura de Texas en 1994.

Pese a que la historia jugaba en contra de los republicanos con solo dos gobernadores desde 1870, Bush Junior ganó la contienda. Como gobernador, tuvo un mandato con gran aceptación, enfocándose en combatir el crimen con medidas fuertemente punitivas que se conjugaron con inesperados apoyos al sector educativo. Todo esto le valió la reelección en 1998 y le pavimentó el camino para buscar la presidencia de los Estados Unidos en el 2000.

La campaña electoral de Bush Junior se llenó de viejos rostros de la administración Reagan, amigos de su padre. Conforme pasaron los días, el candidato republicano tomaba posiciones cada vez más conservadoras con un estilo de predicador, heredado probablemente de su relación con el pastor Billy Graham, quien lo había ayudado a superar su alcoholismo años atrás.

Además de eso, Bush Junior era frecuentemente la burla de los analistas políticos que resaltaban su pobreza intelectual y su nulo conocimiento de política internacional. Fue puesto en evidencia con errores garrafales como confundir Eslovenia con Eslovaquia y otras cuestiones de índole similar. Definitivamente no era un candidato brillante.

A pesar de todo lo anterior se perfilaba como una opción competitiva. El nombre, la popularidad de la familia y sus conexiones tanto en el mundo financiero como en la industria petrolera y armamentista lo hacía un candidato perfecto para las élites.

A la par, con la figura del ranchero sencillo cargado de religiosidad, atraía a al electorado blanco de las clases medias y menos sofisticadas. Gran parte de los votantes lo percibía como una persona común a pesar de los cientos de millones de dólares y la añeja aristocracia de su familia.

Y como no podía ser de otra manera, la familia Bush jugó un papel esencial para la puesta en escena final. George Senior fue difuminando su presencia a lo largo de la campaña, de esa forma evitaba hacerle sombra a su hijo y pretendía que por fin este dejara el apelativo de George Junior para convertirse finalmente en alguien con nombre propio, en George W. Bush.

La función más importante la tuvo Jeb Bush, hermano menor del candidato, quien gobernó Florida del 5 de enero de 1999 hasta el 2 de enero de 2007. El papel determinante de Jeb comenzó en una elección reñida donde el candidato demócrata, Al Gore obtuvo más de medio millón de votos de ventaja sobre George W. Bush; pero el texano logró una victoria mínima en los colegios electorales gracias a Florida.

La diferencia de apenas unos centenares de votos dio pasó a la exhibición del fraude electoral que se llevó a cabo en el estado gobernado por Jeb Bush. Votos mal contados, tarjetas invalidadas, problemas en los votos por computadora y más cuestiones fueron el preámbulo para la victoria de George Junior que se decidió en los tribunales1.

La administración de George W. Bush será recordada internacionalmente por los sucesos del 9/11 y la declaración de guerra contra el terrorismo que se exportó a Afganistán e Irak, con el pretexto de la búsqueda de Osama bin Laden. En realidad, era una nueva versión de la Guerra del Golfo que llevó a cabo su padre una década antes y con los mismos objetivos: revitalizar la economía de guerra de la que depende Estados Unidos en general y en particular la familia Bush. En esta ocasión, la manzana tampoco cayó lejos del árbol.

Cuando uno observa una semblanza como la de George W. Bush y su familia, la primera pregunta que aparece por sentido común es si de este modelo de democracia se sienten orgullosos muchos estadounidenses (y no pocos analistas políticos extranjeros); si es el que pretenden exportar a base de invasiones y sangre a otros países del orbe.

¿Es una democracia, cuando familias aristocráticas de más de cien años se mantienen en la cima gracias a redes de poder exclusivas y ligadas a Wall Street o las grandes corporaciones petroleras? ¿Cuándo padres, hijos y hermanos pocos calificados deciden el destino de una nación mediante fraudes electorales? Eso es una falsa democracia.

Cada vez que pensemos que la política actual es una excepción en la historia de la democracia estadounidense, bien haríamos en recordar que antes hubo personajes como George W. Bush que eran bastante similares en lo esencial a Donald Trump.

La realidad es que hay un sistema sin democracia en la política estadounidense que engendra familias como el clan Bush o personajes como Trump. Ambos son distintas ramas del mismo árbol. Ambos provienen de la misma matriz antidemocrática que lleva instalada más de un siglo en Estados Unidos y que no ha cambiado con la llegada de Joe Biden, un político de la vieja guardia y con un hijo ampliamente conocido por cobrar cientos de miles de dólares como cabildero de empresas del sector energético.


Autores
Historiador por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y McGill University, Canadá. Candidato a doctor en Ciencia Política por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), Francia.
Irasema Fernández, 100 años Patricia Highsmith.
Irasema Fernández, 100 años Patricia Highsmith.

Leer a esta poeta de la aprehensión es una mezcla de risa y escalofríos.

Graham Greene

En un mundo tan impersonal como el nuestro hay solo dos formas genuinas de expresar la individualidad: el arte y el crimen. La obra de Patricia Highsmith concreta esa idea —frecuente en pensadores liberales tan dispares como Oscar Wilde y Charles Spurgeon1— que bien podría ser una extraña aspiración del influjo romántico del siglo XIX (el deseo frustrado de transgredir las convenciones), una evocación de los tiempos en que la multitud solo le prestaba atención a un individuo cuando lo veía en el patíbulo, segundos antes de su ejecución pública.

¿Qué une la creación artística y la consumación de un delito? ¿Cuáles son las cavilaciones que acompañan la mente criminal, pero, sobre todo, hasta qué punto el crimen caracteriza al individuo y lo distingue de su sociedad? Son preguntas que los libros de Patricia Highsmith recorren, delimitan y responden a su manera.

Aventuro un retrato de la escritora norteamericana donde el confinamiento es, también, el marco predilecto: veámosla encerrada en su casa, en la campiña de Tegne, una localidad al sureste de Suiza. A Patricia, solamente la acompañan ocasionalmente Martini, Gintonic y Oporto, tres gatos que adoptó para salvar del frío invernal y cuya asidua visita complace su mirada. El fuego de la chimenea calienta sus huesos, y sus facultades se mantienen vivas día a día gracias a algunas tazas de café; bastantes copas servidas desde el mediodía y muchos cigarrillos que fuma desesperadamente mientras ella trata de llegar a su ambiciosa cuota mínima de escritura: siete páginas al día.

Patricia, sale poco de su cómodo bastión, y lo hace exclusivamente para dar una vuelta por el bosque de pinos, para ver a su agente literario, o cuando debe presentarse a las pocas entrevistas que trata de evitar, pero asiste irremediablemente según dictaminen los editores de su último libro. Habla un francés torpe pero suficiente para ir a la panadería, al café o para aprovisionarse de enlatados, ginebra y tabaco. Cuando, Diane, su ama de llaves, está ausente.

Fotografía publicitaria de la escritora estadounidense Patricia Highsmith (1921-1995). Wikimedia.

Fotografía publicitaria de la escritora estadounidense Patricia Highsmith (1921-1995). Wikimedia.

 

 

Relatos de romances lésbicos y misoginia

Una de las situaciones más fascinantes de la vida literaria de Patricia Highsmith reside en una aparente contradicción: sus letras exploran tanto el culto de Lesbos como la misoginia lacerante y burlesca. Carol, su segunda novela, es un relato que explora el deseo lésbico desde una voz narrativa sensible y de un erotismo exquisito. Fue firmada con un pseudónimo debido al desfavor que suponía ser una escritora veinteañera en 1952 y escribir el romance de una protagonista lesbiana:

Carol se acercó a Teresa y le puso las manos sobre los hombros. Teresa podía ver las manos en su mente, fuertes y flexibles, con sus delicados tendones, sobresaliendo cuando los dedos le apretaban los hombros. Parecía que había pasado un siglo cuando las manos de Carol se deslizaron por su cuello, rozaron su barbilla, un siglo de alboroto tan intenso que borró el placer cuando, Carol inclinó la cara hacia atrás y le besó el borde del cabello. Teresa no sintió el beso.2

El libro, en su fecha de publicación, contó con una difusión discreta, pero se lee con gusto entre casi un millón de lectoras, pese a la mojigatería del lectorado de la época. Solo hasta 1989, Highsmith, reconocería su autoría y, convencida desde luego por la industria editorial, formaría parte en la promoción de un nuevo lanzamiento comercial. Por contraparte, en 1971 y con una carrera ampliamente reconocida en Europa — los estadounidenses no gustaban de las “historias de misterio” de su coterránea tejana —se publicó Pequeños cuentos de misoginia.

Dichos cuentos, fueron y seguirán siendo una de sus obras más leídas. Quizás el libro donde su maestría en el arte del short-story-telling alcanza su punto culminante y, nos recuerda la tradición campirana de contar historias jocosas, cortas y con un dejo de moralina para pasar el tiempo en medio del trabajo en las grandes plantaciones. Se trata de un compendio de historias donde se aborda múltiples existencias de lo femenino desde una mirada misógina, o que pretende serlo, en un jugueteo narrativo donde abundan las ambigüedades, las ironías macabras y los finales sorpresa.

Tal vez tres pequeñas degustaciones basten como ilustración: en La mano, un joven “pide la mano” insistentemente al padre de una mujer hasta que este decide amputársela y enviársela por el correo. La Coqueta, es una mujer que fascina terriblemente a todos los hombres que se cruzan en su camino, pero cuando un hombre se enamora lo suficiente como para no desprenderse, ella trata de manipular a otro de sus pretendientes para que asesine al primero, pero al final ambos se ven traicionados y confabulan para matarla a ella, de tal suerte que a pesar del juicio por el feminicidio ambos salen libres porque incluso el juez había sido víctima de la coquetería de dicha mujer.

En cambio, en La Recatada cree que lo único que una mujer puede ofrecer a un hombre es su virginidad prematrimonial y así lo hace con su marido, pero su convicción deriva en un aberrante fanatismo que siembra el odio y rompe el débil lazo que la unía a sus tres hijas, quienes llevan una vida sexual “libertina” y las desprecia por no haber repetido su “respetable existencia” hasta el punto de enloquecer y culminar sus días pontificando desde su lecho de muerte. Resulta inevitable evocar a Sade tras leer estas páginas, joviales, ácidas y placenteras, como el buen vino que tanto veneró la escritora. Así pues, los Pequeños cuentos misóginos responden a un esquema fabulesco bajo el cual la mujer encarna un defecto, una condición o un pecado capital que la lleva a herir a otros, o a una inevitable autodestrucción. Las protagonistas suelen ser malévolas e “histéricas” y de alguna forma responsables de las desgracias que les suceden.

De esta manera, con su novela y sus cuentos, Highsmith toca los puntos neurálgicos de la estructura patriarcal sin someter su escritura de ficción a ningún artefacto ideológico. Actúa desde la ficción misma, de una forma natural, si es que lo natural puede existir en las invenciones del ser humano. Además, el telón de fondo es el mismo. En ambas obras desfilan las aberraciones del american way of life y del modelo familiar enaltecido por el liberalismo económico: la vida como una ronda de Monopoly, las familias prósperas, las perfectas amas de casa, los juicios morales entre vecinos, el escarnio público y la miseria, un universo literario que comparte con escritores como Raymond Carver, Tennessee Williams o Arthur Miller.

Desde luego, la cuestión autobiográfica emerge para reforzar la leyenda, sobre todo en el caso de Patricia Highsmith, cuya vida parece una obra escrita por ella misma. Creció con su madre, que se separó de su padre nueve días antes de su nacimiento y con quien tuvo una problemática relación que rozaba en lo incestuoso. En su juventud la escritora tuvo numerosas relaciones amorosas heterosexuales cortas, intensas y efímeras. De hecho, estuvo a punto de casarse, pero reconoció en ella una “extraña proclividad” hacia el deseo lésbico, razón por la cual decidió seguir el consejo de su terapeuta, que le recomendó un “tratamiento” para “curar” su homosexualidad. Sin embargo, en la primera reunión, según revela en su diario, pensó que “al ver tantas mujeres hermosas con deseos, debería divertirme seduciendo a más de una”3

Según los testimonios4, tenía una particular obsesión con las mujeres rubias como su madre y justificaba su alcoholismo bajo la idea determinista de que su madre había bebido mucho cuando estaba embarazada, aunque escribiera en sus diarios de 1940 que el alcohol era necesario para todo artista porque le permitía “ver la verdad, la simplicidad, y las emociones primitivas nuevamente”5.

Una literatura de película: Patricia y el cine

Highsmith, tiene una extraordinaria destreza para escribir obras que inspiran adaptaciones cinematográficas. Su poética del suspenso y la composición narrativa hacen de ella un prodigio en el diseño del leitmotiv, las estructuras, los telones de fondo, y la psicología de personajes prototípicos que en seguida se vuelven el caldo de cultivo de guionistas y realizadores. Desde su primer trabajo en el mundo de los medios se podía entrever su relación con el arte visual.

Fungió como guionista de tiras cómicas entre 1942 y 1950, en lo que sería “el único trabajo de tiempo completo que tuvo durante años en su vida”. Colaboró con Fawcett Comics escribiendo episodios de Captain Marvel, un superhéroe de un éxito impresionante en la década de los cuarenta que desapareció tras un pleito legal con D.C. Comics por su similitud a Superman. De la escritura gráfica de las viñetas, a la tejana le quedó el imaginario rocambolesco (la acción precipitada o locuaz) y la intención pintoresca de los personajes, que muchas veces parecen arquetipos salidos de una novela gráfica.

Mientras ejercía ese oficio, que le daba lo suficiente para vivir en México por varios meses, escribió sus primeros cuentos y parte de lo que muchos consideran su gran obra: Extraños en un tren, publicada y difundida en Europa en 1950. Un año más tarde aparecería la primera muestra de su larga correspondencia cinematográfica; con tan solo 27 años, Alfred Hitchcock le pidió asesoría para adaptar su novela al guion cinematográfico de lo que sería un éxito comercial y entre la crítica festivalera.

Tres años más tarde aparece su novela The Blundered (traducida extrañamente como El Cuchillo) que se adaptó al cine francés; obteniendo un amplio reconocimiento. No obstante, fue hasta 1977 que el trabajo de Wim Wenders marcó la cumbre de las películas basadas en la obra de Highsmith con The American Friend, un extraordinario trasvase de la novela Ripley’s Game. En la cinta, Dennis Hopper despliega todo el poder de su loco histrionismo y su genio creativo para interpretar el cinismo y la profunda maldad de Tom Ripley, ese pérfido estafador, usurpador y asesino a sangre fría que viaja por el mundo y se codea con la alta sociedad como rico heredero, consejero de subastas experto en pintura, o coleccionista según le convenga.

¿Pero quién diablos es el talentoso Tom Ripley?

La naturaleza insaciable del deseo hace que el ser humano aspire siempre a algo más. Tan pronto alcanza un anhelo, de este se desprende otro más grande y luego otro más, y así ad infinitum. En su carrera vertiginosa por colmar sus apetencias el individuo toma decisiones que lo transforman e inevitablemente les hacen daño a otros.

¿Quién no ha soñado alguna vez cambiar de profesión, de ciudad, de vida y dejarlo todo para siempre sin importar a quién afecte su resolución? Es más, ¿quién no se ha imaginado por un momento deshacerse de una persona que se interpone en su camino hacia la felicidad?

Tom Ripley es el antihéroe que encarna esos devaneos del deseo y la pulsión de muerte inherente a cualquier persona. El protagonista de más de cinco libros de Patricia Highsmith es, de alguna forma, una proyección fantasmática de la escritora; así como Nick Adams lo fue para Hemingway o K. para Franz Kafka. Originario de una familia disfuncional, Ripley es un joven y apuesto norteamericano de una gran sensibilidad artística y un extraordinario talento para asesinar a sangre fría, estafar y suplantar a otros, cual camaleón. Además, es sujeto de una sutil tendencia homoerótica que, como muchos detalles tácitos, nunca se confirma, pero siempre se sugiere en la narrativa de Highsmith. Su mayor miedo reside en que alguien, incluso sus allegados, descubra su verdadera identidad.

Otro detalle revelador: bebedor irremediable; Ripley, es un gran coctelero y usa la bebida para olvidar la paranoia y el delirio de persecución que lo embargan constantemente:

Tom no sabía quién lo atacaría si lo atacaban. No imaginaba a la policía, necesariamente. Tenía miedo de las cosas sin nombre y sin forma que acechaban su cerebro como las Furias. Solo podía atravesar San Spiridione cómodamente cuando unos cócteles habían eliminado su miedo. Luego caminaba pavoneándose y silbando.6

Así recorre Ripley las novelas y películas como un protagónico villano y uno de los inevitables ancestros de personajes fundamentales en el imaginario cultural contemporáneo como Tony Soprano o Walter White. En su retorcido esquema moral, que evoluciona entre una novela y otra, Ripley no solo desprecia la sociedad humana, sino que juega a ser dios ante sus víctimas, los juzga, decide dónde mueren, cuándo y por qué. Su accionar recuerda el comportamiento sociópata de villanos como el Guasón, cuya psicología se gesta en los cómics de los años treinta, pero que florece después de los sesenta en la literatura de terror, los thrillers y el cine negro; baste pensar en los antagonistas de adaptaciones cinematográficas tan dispares como No Country for Old Men o cualquier versión de la saga terrorífica de Saw.

La literatura de Highsmith, un género aparte

La versatilidad temática y narrativa de Highsmith hace que su obra sea irreductible a un solo género. Incluso el apelativo de “literatura criminal” se queda corto, pues su paso por el erotismo y los cuentos cortos sobrepasan esa esfera. A diferencia de Agatha Christie, Conan Doyle o Edgar Allan Poe, en las historias de la tejana los detectives nunca protagonizan el relato. Además, no tiene ninguna intención racional de explicar o “resolver” los crímenes que cometen sus personajes. De hecho, muchas veces quedan impunes o cuando la justicia aparece, el asunto prácticamente carece de importancia. Más que despiadados villanos, sus protagonistas son amorales y encantadores, recuerdan al Dorian Gray de Oscar Wilde, pero su crueldad e ingenio colinda con la mente criminal.

Aunque se habla poco de ello, desde joven la escritora estuvo fascinada por las teorías de la psicología social. Se sumergió en los análisis de temas como el mal, su evolución en la historia, los traumas infantiles, su incidencia en la criminalidad, y en general se concentró con entusiasmo en la conducta social criminalística. Su lectura de The Human Mind (1930), escrita por Karl Menninger, el padre de la psiquiatría moderna nutrió sus ideas sobre estos tópicos y fue tan fascinante que le sirvió de asidero, incluso de referencia directa con sus múltiples casos clínicos de desviaciones mentales, para la construcción de sus obsesivos personajes. En el estudio de Menninger aparecen casos como “la esposa fastidiosa”, “los suegros que odian cualquier hombre” o “el hombre que se burla de todos”, pues a su juicio la raíz de las enfermedades de la mente abundan en la vida cotidiana:

Cuando ascienden a un hombre en su nuevo trabajo y se preocupa tanto que termina renunciando; cuando una mujer se casa, se encuentra a sí misma insatisfecha por la vida matrimonial y se deprime; cuando un estudiante va a la universidad con grandes esperanzas, pero fracasa en la mitad de sus materias (…) 7

Asimismo, los relatos de Highsmith siguen un orden lógico, una casuística, y están contados de tal manera que siempre dan la sensación de que el narrador está tratando de probar una idea o un punto en particular. “Las obsesiones son lo único que me importa. Lo que más me interesa es la perversión, que es el mal que me guía”, habría de escribir en sus diarios íntimos8¿Se reconocía Highsmith en la maldad de sus personajes? Es bastante probable. El alcoholismo, la misantropía y la soledad son ingredientes indefectibles en la mayoría de sus tramas. En su teoría de la fijación, Menninger establece que la personalidad del ser humano está marcada por la “monomanía”, que suele dirigirse hacia una persona por quien se siente excesiva admiración, repudio o un extrañamiento especial que pone en evidencia una semejanza entre ambos.

De la misma manera, en Extraños en un tren, Bruno se obsesiona con Guy a tal punto que incluso cuando ha accedido a perpetrar el asesinato que lo forzó a cometer ya no puede deslindarse de él y dejarlo tranquilo. Su obsesión se ha transformado en una fuerza autodestructiva, como lo advierte Menniger en su estudio de la maldad. Quizás esto nos arroja una pista sobre la originalidad de Highsmith, cuya narrativa rebasa los consabidos patrones del género negro (que suele apartarse de la “ficción literaria” y tal vez explica su nominación al premio nobel en 1991, cuatro años antes de su muerte): en sus libros la vida humana, más que un problema con solución, parece una trampa en la cual las situaciones están dispuestas de tal manera que el individuo no tiene escapatoria, no puede librarse del laberinto de sus propias obsesiones.

 

 


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme

Ilustrador
Irasema Fernández
(Ciudad de México, 1990) es escritora, artista visual y activista feminista. Su obra explora narrativas en torno al cuerpo femenino en su contexto político, cultural, colonial y periférico. Expone temas como la violencia de género, el derecho legítimo a la protesta, la defensa de los derechos humanos de la comunidad lgbtttiqa, la autoerotización y la sororidad. www.irasemafernandez.ink
Ilustración por Mariana Martínez

Para Ricard

A la mitad de su primera temporada al frente del Manchester City, Pep Guardiola celebró su cumpleaños cuarenta y seis,  llevando a toda la plantilla al cine. Tras caer ante el Everton por 4-0, el de Santpedor1organizó una excursión junto a familia, amigos, staff y jugadores para ver La La Land. ¿Qué mensaje quiso transmitir con la historia de amor truncado entre una aspirante a actriz y un pianista de jazz? ¿El cine tiene un carácter aleccionador o es mero entretenimiento para Pep?

Me inclino a pensar que buscaba aliento en la derrota con la escena de audición de Mia. En la película, luego de contar la historia de su tía en Paris, el personaje interpretado por Emma Stone canta  “here’s to the ones who dream/ foolish as they may seem/ here’s to the hearts that ache/ here’s to the mess we make”. Cuesta imaginarse al Kun Agüero, Kevin de Bruyne o Vincent Kompany viéndola, pero me imagino que surtió algún efecto para que a la siguiente temporada lograrán cien puntos y dos años después el “cuadruplete” inglés.

Primera tesis sobre el juego: la derrota captura un sentimiento

Enrique Vila-Matas cuenta que en los noventa entabló una cierta amistad con futbolistas que leían, entre ellos, Guardiola. El  del Eixample2quería hablar de fútbol y Guardiola, en cambio, de literatura. La amabilidad del entonces jugador hizo que se decantaran por el segundo tema de conversación en las tres o cuatro cenas en las que coincidieron. En una entrevista, al ser preguntado acerca del por qué, si pertenece a un grupo de escritores que han hecho gala de su pasión por el fútbol, no ha escrito un libro que gire en torno a éste. El autor de la Historia abreviada de la literatura portátil respondió que tenía la impresión de que el fútbol lo llevaría a hablar de otra cosa; en cambio sugirió que quien lo escribiera debería ser Guardiola al retirarse.3

Esa figura de futbolista entrenador que lee, le ha lastrado más de un problema a Pep. Bastaría recordar su apodo,  Zlatan Ibrahimović  le llamaba “el filósofo”. Guardiola siempre parece tener una palabra tras la cual ocultar sus secretos y errores, se ha labrado una figura de intelectual en una época donde esto significa poco o nada, en un mundo tan salvaje como el fútbol. Los de su lenguaje son los límites de su cancha.

Segunda tesis sobre el juego: incluso las palabras abandonan al fútbol

Messi deja a un jugador “Citizen” tirado en el borde de la cancha y, Guardiola se lleva las manos a la cabeza, se cubre la boca con la bufanda para ocultar su euforia, se levanta un poco de su asiento. Esa imagen de 2015 es puro presente: partido de vuelta en los octavos de final de Champions, Guardiola en la grada del Camp Nou, como el aficionado que es y, el entrenador que fue y seguirá siendo.

El manejo del tiempo, dentro y fuera de la cancha, es minucioso para Guardiola: controlarlo, acelerar o desacelerar, asociarse, tomar el balón y pasarlo (no por nada cuenta que al llegar al Bayern lo que más trabajo le costó fue reconocer que había más conducciones y acciones largas sin balón, que se trataba de un juego más al espacio que al pie).  Sandro Modeo quizá exageró un poco con el título de uno de los muchos libros que se han escrito sobre él, pero que ilustra la idea: Del fútbol total al fútbol cuántico. Año con año, Guardiola renueva contrato con los equipos para los que entrena dejando ver que los visionarios no se comprometen con el futuro y su imprevisibilidad.

Cuando se agotó en Barcelona, tomó la puerta lateral y se mudó un año a Nueva York. Ese talante entronca con el sitio donde conviven el  Cant del Barça “Tant se val d’on venim/ Si del su o del nord” y el poema de Tony Walsh que Guardiola mandó inscribir en el vestuario mancuniano “Some are born here, some drawn here but we all call it home”. El hogar no tiene un sitio, está desterritorializado como el tiempo. “¿Casa? ¿Qué hay en casa?”, como preguntó Bob Dylan.

Tercera tesis sobre el juego: el presente es un país extranjero, como escribió Simon Reynolds

En una de las últimas escenas de Moneyball, la espléndida película de Bennett Miller con guion de Steven Zaillian y Aaron Sorkin, el presidente de los Red Sox le dice a Billy Beane que “el primero en atravesar la pared siempre sangra”. La escena la recordaría Rafa Cabeleira en 20164, para decir que se trataba de “la mejor película que se haya rodado nunca sobre las andanzas del hidalgo Pep Guardiola, aunque la trama verse sobre béisbol, nadie hable catalán y el protagonista luzca un pelo envidiable”.

Pese a que la imagen del Fenway Park ilustra el desconcierto y el recelo a Guardiola — e incluso a veces recuerda a la emoción que su tiki taka supuso —, el verdadero ícono del modelo de Billy Beane lo encarna Jurgen Klopp5, con una gracia en el hablar más discreta y una sonrisa más grande. Fenway Sports Club, propietario de los Red Sox, lo es también del Liverpool, de modo que ha implementado al fútbol un análisis de datos para el juego — el modelo Billy Beane con el físico Ian Graham a la cabeza — tanto para toma de decisiones corporativas como deportivas. Las palabras revisten u ocultan los partidos, pero no los datos (aunque siempre exista un margen para la intuición).

Ya no hace falta que un entrenador entre a la sala de prensa y ante el micrófono reconozca que fuera del campo el rival ya ha ganado, porque en esa sala es “el puto jefe, el puto amo, el que más sabe del mundo”, y que en lugar de eso su equipo se consuela con a veces ganar o perder, con tener victorias “más pequeñitas que provocan la admiración del mundo”.

Cuarta tesis sobre el juego: el antagonismo ocurre en la cancha, no en la sala de prensa

Al finalizar el clásico en que Gerard Piqué mostró la ‘la manita’ a los aficionados merengues, Guardiola resumió el partido diciendo: “Solo hemos ganado tres puntos, pero el ‘el cómo’  quedará para siempre”.6 En una entrevista7insistió en la idea a partir de una anécdota: un día el Cholo Simeone fue a verlo, hablaron de su forma de jugar, y el argentino le confesó que a él eso no le gustaba, que no lo sentía. Guardiola dice que de eso se trata, de tener una idea y hacer algo que a uno le gusta, lo que le interesa, y que por eso entiende y respeta al Cholo.

“De lo que estoy orgulloso es que desde el primer día en el filial hasta ahora he modelado muchas cosas, en salidas y muchos detalles, hay un principio fundamental que no se mueve y he intentado que mis equipos lo reflejaran”, Guardiola. En Cuaderno de Mánchester, Luis Martín y Pol Ballús cuentan que, tras batir los récords de la Premier League, le dijo a un colega, tomándose un vino, que algún día entrenará a un equipo pequeño con el que será imposible ganar nada porque no tendrá a Messi o al peso de la historia. Como en el Bayern, ni el dinero para fichar a Sané o a Ederson, como en el Manchester City, “pero, amigo, ese día la pelota seguirá siendo nuestra, te lo juro”.

Charlando con Guillem Balague para la BBC, Guardiola lo expresó de otra manera: “las estadísticas y números son buenos, pero no son pasión, no te dan nada; es mejor que cuando después de años uno puede recordar una final o manera de jugar, de hacer las cosas.” Aspira a que ese sea su legado de la misma manera en que las canciones lo son de los músicos. No traicionarse ni siquiera ante la catástrofe, ser el último hombre de pie.

Quinta tesis sobre el juego: el estilo antes que el resultado

Ferran Adrià explica el desgaste profesional en los términos de un míster al frente de una plantilla de jugadores. “También a mí me había aburrido mi personaje –llegó a decir–, habíamos ganado todas las Champions”8Como anticipándolo, en sus propios términos, Guardiola tuvo el buen gusto de adjudicarle al cansancio y a la falta de imaginación la decisión de su renuncia al FC Barcelona. “El tiempo desgasta todo, ya no puedo estar aquí sentado, me he desgastado y el entrenador tiene que estar fuerte; necesita una pasión”.9

Para Adrià, como para Guardiola, la imaginación precede a la realidad, y es necesario conservarla para trabajar con la mayor pasión posible. Si yo me canso del menú –llegó a decir Adrià en una conversación con Bourdain– significa que a la gente no le va a gustar. En el fondo se intuye el motor de su trabajo: hacer que la gente se divierta tanto como él; del mismo modo en que Guardiola concebía lo que ocurría en la cancha, llevándose cada tanto las manos a la cabeza, sorprendiéndose a sí mismo.

Sospecho que en ambos había una conciencia de lo conseguido, algo que los hizo liberarse del tedio antes que asumirse protagonistas de la fatalidad que conlleva el éxito. Como el fracaso, la renuncia también es liberadora: significa que todavía hay cosas por hacer, que no todo comienza a ser previsible ni estable. La pasión, inteligencia y habilidad también se desgastan, esa es la verdad, y tan sólo unos cuantos hallan en la renuncia, en preferir decir no, un camino que el resto ni siquiera imagina. Se trata de dejarlo todo en el resplandor de la gloria antes de que queden puras ruinas, intuyendo que en la realidad modesta de la vida algunas veces sólo hace falta alejarse de lo que te hizo inmensamente feliz.

Sexa y última tesis: la renuncia también es creativa, perder una cuestión de método.

 

 

 

 


Autores
(Querétaro, 1991) es licenciado en filosofía y maestro en comunicación y cultura digital. Autor de Tríptico sobre las despedidas (2017) y Neighborhood (2017) y Blau Cel (2016). Ha colaborado en medios como la Revista de la Universidad de México y Otra Parte.
Liga Paradiso
Liga Paradiso

En marzo de 2016 se llevó a cabo una reunión secreta en el departamento de Iván Trejo. Yo no lo conocía personalmente, y a decir verdad me intimidaba: medía cerca de dos metros, su voz pesaba tanto como la de James Earl Jones, y daba la impresión de ser un lector exigente, sin paciencia hacia quienes no se comprometían como él con la literatura.

A la cita acudimos Juan Manuel Zermeño, Míkel Deltoya, Merari Lugo, Bruno Javier, Olga Carrizales, Jesús de la Garza y un servidor. Poco tiempo después se incorporó Carlos del Castillo. La mayoría nos conocíamos, aunque de manera más bien superficial: nos saludábamos en eventos y cada tanto nos quejábamos de la falta de espacios para escritores jóvenes (como lo han hecho todos los escritores jóvenes, desde antes de los tiempos de Cayo Valerio Catulo). Iván tenía la intención de iniciar un taller de poesía con un grupo de jóvenes que, a su juicio, se tomaran el oficio con seriedad. En un principio, dijimos que la convocatoria era análoga a la Iniciativa Avengers. Así de serio nos lo tomamos.

La primera sesión, sentado ceremoniosamente desde su escritorio, nos leyó la cartilla: esperaba disciplina y por ningún motivo iba a gastar ni un peso en nosotros. Asentimos nerviosamente, unos sentados en sillas playeras algo gastadas por el uso, otros en el suelo. El primer paso en nuestro proceso de formación como poetas era robustecer nuestra escuálida bibliografía, y se soltó a hablar de poetas polacos (especialmente de Wisława Szymborska), de Juan Gelman (de quien era íntimo amigo) y de la superioridad de la poesía colombiana sobre la mexicana. Alguien aprovechó ese momento para quejarse del Premio Aguascalientes de Poesía como un mecanismo para perpetuar el statu quo de la poesía en México, e Iván preguntó si habíamos leído a todos los ganadores como para sustentar ese juicio. Naturalmente, nadie conocía más que un puñado de los libros más recientes, y hablábamos desde una rebeldía bastante ingenua. Y así llegamos a nuestro primer proyecto de lectura: una revisión minuciosa de cada uno de los ganadores del Premio Nacional de Poesía Aguascalientes a partir de 1968. Nada más para que se nos quitara la maña de hablar de lo que no sabíamos.

Semana tras semana nos reuníamos en el departamento de Iván e intercambiábamos puntos de vista sobre nuestras lecturas. La experiencia fue nueva para todos: aunque estábamos acostumbrados a leer con asiduidad, nuestras opiniones no se transmitían en un circuito democrático, y por lo tanto no estaban sometidas al escrutinio de otros lectores. Iván siempre tenía la última palabra: retomaba comentarios que consideraba valiosos, ponía nuevas perspectivas sobre la mesa, y casi siempre compartía alguna anécdota sobre el libro o el autor. Pero no impartía cátedra: dialogaba con nosotros. Nos escuchaba y por medio del ejemplo nos invitaba a escucharnos, a aprender de la valiosa perspectiva de cada lector. El caso es que, entre todos, nos enseñamos a leer.

También tallereamos poemas, libros y proyectos para becas. Iván era un lector muy exigente -no erré en ese prejuicio-, y en más de una ocasión hirió susceptibilidades. Pero también aprendimos a comportarnos profesionalmente: a no tomar la crítica de manera personal, a reconocer nuestros errores y deficiencias y aprender de ellos, a corresponder la seriedad en la escritura con seriedad en la lectura. Y de la Liga salieron libros publicados, premios nacionales y becarios del Centro de Escritores de Nuevo León. Hoy, todo eso se siente como daño colateral.

Leímos La zorra enferma de Eduardo Lizalde, y aprendimos sobre su adscripción a las juventudes comunistas y a la Liga Espartaco. Y nos propusimos leer Paradiso, la monumental obra del poeta cubano José Lezama Lima, para complementar la lectura de los Aguascalientes. Como grupo, dimitimos antes del tercer capítulo. Decidimos bautizar a nuestro grupo “Liga Paradiso”, a manera de chiste interno: no teníamos postura política ni habíamos terminado de leer Paradiso. Asumimos nuestra indiferencia y nuestra derrota como banderas.

Sé que leímos a todos y cada uno de los libros ganadores del Premio Aguascalientes. Pero esas conversaciones se me han desdibujado. Lo que recuerdo es que no tardamos mucho en incorporar alimentos en nuestras sesiones semanales. Que hablábamos de poesía mientras compartíamos hamburguesas, pizzas o pollo asado. Que Iván rompió su palabra de no gastar en nosotros y en más de una ocasión le invitó la cena a quien no tenía dinero suficiente, o le prestaba a quien le hacía falta para el camión de vuelta a casa. Que compró una sala para que no estuviéramos sentados en sillas desgastadas o en el suelo. Hubo semanas en las que no discutíamos lecturas: nos bastaba disfrutar la compañía para reír o llorar (porque también lloramos muchas veces). En un texto titulado “Cómo leer poesía”, Gabriel Zaid escribió lo siguiente: “Lo que unos lectores nos digamos a otros puede ser útil, y hasta determinante. Pero lo mejor de la conversación no es pasar tal juicio o tal receta: es compartir la animación del viaje”. Gracias a Iván pude apreciar el sentido de estas palabras.

Su departamento no tardó en convertirse en un hogar al que acudíamos semanalmente. Fastidiados del trabajo, decepcionados del amor, preocupados por el dinero, emocionados por el futuro: fuera cual fuera nuestro estado de ánimo, sabíamos que ese era un espacio seguro donde todos compartirían alegrías y pesares. La poesía tan sólo era un pretexto.

Alguna vez le preguntamos por qué quiso iniciar con el taller. Nos dijo que, de joven, él recibió la misma generosidad y quería retribuir a sus maestros y amigos con la misma moneda. Caigo en cuenta que esa intimidante figura de casi dos metros era como el gigante egoísta de Oscar Wilde, que hizo de su jardín un paraíso para los niños que le temían.

Termino por donde debí haber comenzado: Raúl Iván Trejo Vázquez fue un poeta, editor y gestor cultural radicado por muchos años en la ciudad de Monterrey. Falleció el 14 de enero de 2021, con lo cual comparte aniversario luctuoso con Juan Gelman. Será cariñosamente recordado por sus amigos. Los especialistas sopesarán el lugar que le corresponde en la historia de las letras regionales y nacionales como poeta y editor. Hoy le dedico unas palabras en nombre de la Liga Paradiso.


Autores
(Torreón, 1990) realizó estudios profesionales de grado en Letras y en Filosofía, así como de posgrado en Ciencias de la Educación. Coordina el taller literario y el certamen Palabras que cuentan del Departamento de Difusión Cultural de la Universidad de Monterrey. Compiló junto con Míkel Deltoya la antología Espasmo: Muestra de poetas de Monterrey nacidos entre 1986-1997 (UANL, 2016). Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo León en 2016. Autor del libro Balón de oro (Ediciones Atrasalante, 2019). Reseña videojuegos para el canal de Youtube de Epilepsia.
Imagen tomada de Pixabay.

El 11 de enero de 2013, Aaron Swartz decidió acabar con su vida. Tenía apenas 26 años, pero las presiones del mundo eran demasiado grandes. Swartz se enfrentaba ante una demanda millonaria por parte del gobierno de Estados Unidos, y no tenía dinero para enfrentar en la corte al estado más poderoso del mundo. 

Las autoridades estadounidenses querían condenar a Swartz con 50 años de cárcel. Lo acusaron de fraude, fraude por computadora, por tomar información sensible de un ordenador protegido, de allanamiento, hurto agravado, y acceso no autorizado a una red computacional.  Lo trataron como a un terrorista, lo humillaron, mostraron su vida privada, martirizaron, con sus intromisiones, a familiares y conocidos.  

Al final, Aaron Swartz no pudo más. Se colgó en un departamento de Brooklyn; su novia lo encontró ahí. Todo Internet lloró por la pérdida de un niño prodigio.

Swartz creó el RSS (un web feed para acceder a contenido periodístico) cuando tenía nueve años; desarrolló el código para las licencias de Creative Commons, que permiten sortear las trampas sin sentido del derecho de autor; creó Reddit, uno de los más grandes foros abiertos de la red; detuvo la iniciativa de SOPA (que pudo acabar con el Internet como lo conocemos) y se convirtió en una de las figuras más prominentes de los derechos digitales, la neutralidad en la red y la libertad de conocimiento

Un hombre tan joven, tan importante, fue perseguido como un criminal por el gobierno de Estados Unidos. Todo bajo la lógica habitual del bullying, entendido como trademark americano. El bullying como ese elemento fundamental del espíritu estadounidense de competitividad brutal, meritocracia y privilegio sin consciencia. El bullying como una representación del mundo en constante guerra, en perpetua competencia de fuerzas, de humillación, de división. El bullying, finalmente, como la patria de aquellos que ganan lo que tienen quitándoselo a otros. 

¿Pero qué hizo Swartz para ganarse la ira del país más poderoso del mundo? Quiso liberar el conocimiento.

Se metió a las computadoras de MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) para descargar PDFs de contenido académico de la página de paga JSTOR. Swartz pensaba que nadie tenía derecho a acaparar así el conocimiento humano. Tal vez, si liberaba un artículo de medicina, un estudiante joven en Irán podría inventar una nueva vacuna, un tratamiento contra el cáncer, un nuevo método quirúrgico. 

El conocimiento humano debería estar al alcance de cualquier persona para que todos podamos utilizarlo. Eso es en lo que creía Swartz y por eso lo persiguieron hasta orillarlo a atarse una cuerda al cuello y colgarse de un cancel.

¿Lo que hizo fue ilegal? Sin duda. ¿El castigo fue proporcional al crimen? De ninguna manera.

Mientras el gobierno de Estados Unidos perseguía a uno de sus hijos más leales y prodigiosos, los banqueros que causaron la crisis financiera del 2008 se sentaron a desayunar en la Casa Blanca. Así funciona el mundo y Swartz lo sabía. Por eso su legado importa tanto.

La lucha de Aaron Swartz sigue viva en todos los rincones de la red. En los lugares libres de los que batallan para construir algo más que la oportunidad macabra de amasar datos y fortunas, de adular egos y levantar pirámides de contenido basura. La lucha es de los que todavía piensan en estos territorios digitales como una oportunidad para mejorar a la humanidad, para vernos crecer, para cambiar, para ser más libres, más justos, más informados.

Uno de estos lugares es un faro de esperanza en nuestros tiempos oscuros. Su nombre es Wikipedia y nació, hace 20 años, el 15 de enero de 2001.

 

Todos somos sabios

Al principio el conocimiento fue de Dios.

Después, fue de los sabios.

Los elegidos eran los depositarios del conocimiento: los monjes, los escolares; estudiosos incansables que entregaban su vida para copiar un manuscrito. En esos tiempos, surgieron las primeras enciclopedias. Claro que no se llamaban enciclopedias, pero tenían el mismo principio: juntar en un solo manuscrito una parte considerable del vasto conocimiento humano.

La Naturalis Historia de Plinio el Viejo es uno de los primeros trabajos enciclopédicos conocidos. Tenía 37 capítulos y abarcaba temas tan diversos como la arquitectura, la botánica, la geografía y la medicina. En el siglo VI después de Cristo, el sabio Isidorus Hispalensis escribió su Etymologiae, la primera enciclopedia de la Edad Media. 

En el mundo musulmán, figuras reverenciadas como Ali ibn Sahl Rabban al-Tabari y Al-Razi dedicaron sus vidas a recopilar conocimiento en enciclopedias médicas. En China y Asia Oriental, la tradición del leishu (conocimiento sistematizado) continuó sin interrupción desde el siglo III hasta el XVIII. 

En estos casos, sin embargo, el conocimiento recopilado no era para los ojos de cualquiera. El trabajo de los sabios era delicado y podía perderse rápidamente. Los libros tenían que ser copiados a mano y eso tomaba tiempo y dedicación; un solo libro podía ver pasar la vida de varios escribas.

Por eso el conocimiento era solo para los conocedores.

Las enciclopedias, entonces, eran un intercambio entre pares: de sabios para sabios. Los guardianes de la memoria, del conocimiento humano, de la sapiencia de la especie, eran unos eremitas elegidos que custodiaban celosamente la suma de todas las reflexiones. El hombre más común nunca tocaría ese conocimiento, nunca aprendería a leer o escribir, o participaría, con su propia historia, en la historia humana.

Luego llegaron los enciclopedistas. Estos eran otro tipo de sabios. Sabios revolucionarios, sabios compartidos, sabios iluminados.

El sueño de D’Alembert y Diderot con la Encyclopédie, ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (1751), no era ya juntar el conocimiento humano para comunicarlo a los futuros sabios, sino que democratizarlo. La primera enciclopedia moderna estaba pensada como un esfuerzo divulgativo: los sabios escribían para que todo el mundo pudiera aprender. 

Este cambio fue revolucionario, pero insuficiente. A pesar de que la invención de la imprenta había abaratado considerablemente el precio de los libros, seguían siendo artículos de lujo. Los lectores de la enciclopedia ya no tenían que ser sabios, pero sí debían tener dinero.

Con el tiempo y los avances tecnológicos, las enciclopedias se fueron nutriendo más y más. Bajó su precio y, pronto, todo hogar podía tener una enciclopedia.

Luego, las enciclopedias dejaron de ocupar espacio en los libreros, se comprimieron en un pequeño disco, y nació, con la computación, Encarta.

Con Encarta, los escritos de los sabios podían llegar a todo el mundo, y en una cantidad impensable. En 2008, antes de extinguirse, esta enciclopedia digital llegó a juntar más de 60 mil artículos, videos, pinturas, fotografías, cronologías, música y mapas. Todo en un pequeño disco que demostró cómo las nuevas tecnologías podían ser una fuerza democratizadora.

Aun así, Encarta no era gratuita, se pagaba por tener este conocimiento. Los que colaboraban en su creación, recibían dinero por compartir su sapiencia con el mundo. Los sabios estaban más cerca que nunca del mundo de los mortales, pero todavía se alzaban en un pedestal.

En 2001, sin embargo, todo cambió.

Al lanzarse la Wikipedia, nació una idea transgresora: las enciclopedias ahora serán escritas por el mundo, para el mundo, gratuitas y sujetas a constante revisión, cada segundo, después de haber publicado un artículo.

Nunca, en la historia de la humanidad, había existido una forma tan democratizada de conocimiento. Jamás se había dejado de lado a los sabios para reconocer la importancia de la sabiduría popular. Nunca se había considerado que todos tenemos algo que aportar a la historia de las reflexiones humanas.

Hace 20 años, nació la primera enciclopedia que declaró abiertamente que todos podemos ser sabios, que la historia de la humanidad no le pertenece a unos cuantos.

 

En el imperio del hipervínculo

Hoy, Wikipedia es una de las quince páginas web más visitadas del mundo. Contiene más de 55 millones de artículos en 285 idiomas y la visitan, en promedio, 1.7 mil millones de personas al mes. En ese sentido, se ha convertido en el más amplio repositorio de conocimiento humano de la historia. Nada parece detener su expansión. 

La clave para que se lograra esta hazaña increíble del conocimiento libre está en el concepto mismo de Wiki. Para entender este concepto, tenemos que regresar en el tiempo a los salvajes años noventa y a la importantísima figura de Ward Cunningham

Cunningham era un humilde programador de Indiana que trabajaba en Tektronix, una compañía de desarrollo de software. Dentro de la compañía, Cunningham quería rastrear, de alguna manera, cómo nacían y se desarrollaban ideas. Así que implementó algunas modificaciones al programa de Apple llamado HyperCard

HyperCard era una aplicación que permitía a los usuarios crear tarjetas virtuales relacionadas con hipervínculos. Cunningham tomó esta idea y la modificó en dos sentidos.

Primero, cambió el programa para crear tarjetas previamente inexistentes. HyperCard no permitía que se creara un hipervínculo sin una tarjeta relacionada y previa, pero Cunningham quería que el programa permitiera crear nuevos vínculos hacia tarjetas que nunca habían existido. Por supuesto, esto sirve para exigirles a los programadores que sigan creando tarjetas y proponiendo nuevas ideas.

En segundo lugar, HyperCard era un programa para uso individual, y Cunningham lo convirtió en una herramienta compartida. La idea es que cualquier persona podía postear un concepto y la otra persona habría de alimentarlo, relacionarlo con nuevas ideas, corregirlo o mejorarlo de cualquier forma imaginable. Eso hace que todo el sistema sirva como un enorme repositorio de ideas en constante creación y evolución.

Decía Cunningham: “todo el concepto es para regalar ideas… y las ideas son baratas”. 

En 1995, el programador lanzó finalmente WikiWikiWeb, un portal de contenido colaborativo en el que programadores podían continuar con aportes de otros. De entrada, esto permitía que programadores tímidos se atrevieran a comentar ideas de manera anónima. Además, creaba un esfuerzo colaborativo para mejorar conceptos base dejando, de paso, una buena cantidad de literatura sobre los procesos creativos de un proyecto de programación. 

Cunningham llamó Wiki Wiki a la red por la relación de las tres letras W y porque, en Hawaino, Wiki Wiki quiere decir rápido. Por las necesidades de LINUX, el nombre de WikiWikiWeb quedó acortado a Wiki. Sin embargo, todavía faltaba una parte del proceso creativo de Wikipedia.

A finales de los noventa, Jimmy Wales y Larry Sanger, dos emprendedores entusiastas del conocimiento, crearon la Nupedia, una enciclopedia en línea editada y mantenida por académicos y expertos. Todo lo que se publicaba en Nupedia era libre de derechos y estaba consignado, antes de publicarse, por la opinión de académicos serios

La idea no era muy distinta de Encarta. Salvo que, claro, Nupedia era una página web gratuita; pero la enciclopedia empezó a derrumbarse. El hecho de que cada artículo tuviera que ser revisado por expertos antes de ser publicado creaba problemas. Sobre todo, porque el sitio no estaba creciendo a la velocidad deseada: en un año de operaciones, apenas se publicaron 25 artículos en Nupedia.

Los artículos, por supuesto, eran de una calidad comparable a la de las grandes enciclopedias clásicas. Pero 25 artículos en un año significaban un contenido demasiado limitado

Así que Sanger propuso incorporar el sistema Wiki a la enciclopedia. La idea era revolucionaria: en vez de editar y perfeccionar los artículos antes de publicarse, cualquiera podría publicar inmediatamente artículos que, con el tiempo, serían editados y perfeccionados.

El concepto era fiel a una idea sencilla y poderosa de Cunningham: “la mejor manera de encontrar una respuesta verdadera en Internet no es haciendo una pregunta; sino posteando una respuesta equivocada”. 

En menos de un año después de su lanzamiento, Wikipedia ya había rebasado los 20 mil artículos.  Desde entonces, no ha parado de crecer.

 

La risa comunitaria

La importancia de la visión conjunta de Cunningham, Wales y Langer está más allá de cualquier autoría y paternidad.

Una vez lanzada, el 15 de enero de 2001, Wikipedia empezó a tener vida propia y nadie ha podido frenar su desarrollo. Pero con el éxito, también llegaron las críticas.

Aaron Swartz, por ejemplo, siendo un fiel wikipedista desde 2003, criticó la manera en que Jimmy Wales comprendía la manera en que se construía la enciclopedia. A Swartz le parecía extraño que se considerara que una gran parte de la Wikipedia había sido escrita por un grupo reducido de 500 editores fieles. En un experimento, incluso, demostró que la gran mayoría de las aportaciones a la enciclopedia en línea provienen de editores casuales, externos al núcleo de fieles contribuyentes al contenido de Wikipedia. 

Larry Sanger ha sido muy crítico con Wales y su proyecto de llevar a todo habitante del mundo, gratuitamente, la suma del conocimiento humano. Según él, Wikipedia se ha convertido en un lugar de terrible desinformación por la manera en que es editada. Y, sin embargo, estudios recientes muestran que los errores graves en Wikipedia no son más que los errores graves en la Enciclopedia Británica

Es decir que este sistema colaborativo, absolutamente democrático, que les arrancó a los expertos la paternidad del conocimiento humano, funciona muy bien.

Por supuesto, hay otros problemas graves en los engranajes internos de Wikipedia. Todavía existe una enorme disparidad entre los editores masculinos y femeninos; aún hay muchos idiomas indígenas que no están representados y todavía hay problemas con el anonimato de los editores.

Pero estos problemas empalidecen con la hermosa perspectiva que propone esta enciclopedia colectiva para el futuro. En esta era, el miedo patente ha reemplazado la esperanza que teníamos en la tecnología. Internet parece cada vez más un lugar de peligros y explotación y no la comunidad colaborativa que alguna vez imaginamos. Pornografía infantil, noticias falsas, grupos radicalizados, racismo, enfrentamientos, mineo de datos, phishing. Internet no creció para convertirse en una utopía.

El capitalismo de la vigilancia, que tan bien describió Edward Snowden, acabó con las utopías de la red:

La primera carrera para convertir el comercio electrónico pronto llevó a una burbuja y, después, justo en el giro del milenio, a un colapso.

Después de eso, las compañías se dieron cuenta de que las personas que se conectaban a Internet estaban mucho menos interesadas en gastar que en compartir, y que la conexión humana que permite el Internet puede ser monetizada.

Si la mayoría de las personas que se conectaban a Internet querían poder decirle a su familia, amigos y algunos extraños qué es lo que estaban haciendo; y quería saber qué es lo que sus familiares, amigos y algunos extraños estaban haciendo a la vez, entonces las compañías sólo tenían que averiguar cómo ponerse en medio de estos intercambios sociales para convertirlos en ganancia.

Esto fue el principio del capitalismo de vigilancia y el final del Internet como lo conocemos.

Wikipedia, como Facebook, Twitter, YouTube e Instagram, se alimenta del contenido que, voluntaria y gratuitamente, proporcionan sus usuarios. A diferencia de estas plataformas, sin embargo, la enciclopedia más grande del mundo no mina los datos de sus usuarios, no se ha convertido en un pedestal para fanáticos, no es el principio de todas las noticias falsas y, sobre todo, no lucra con este contenido.

Para entender cómo está conformado Internet en nuestros días basta reflexionar sobre un dato: entre las 15 páginas más visitadas del mundo, solamente Wikipedia pertenece a una organización sin fines de lucro. Todas las demás páginas han creado inmensas fortunas, de Google a Amazon.

Mientras, los creadores de Wikipedia no son magnates millonarios y la fundación Wikimedia no es un nido de cinismo disfrazado de creatividad en algún enclave de Silicon Valley. 

Wikipedia se mantiene por donaciones y no utiliza la publicidad que tanto enriquece a los otros sitios. También podría generar miles de millones de dólares al año; en vez de eso, se enfoca en el reforzamiento positivo y la misión de conocimiento libre por la que murió Aaron Swartz.

Wikipedia es un lugar de comunidad que no persigue las ganancias, sino la diversión y el propósito. Los editores voluntarios, los que hacen y corrigen artículos, tienen discusiones en los foros que forman las bambalinas de la enciclopedia. En estos diálogos se percibe el ambiente de creación de todo el sitio, un ambiente relajado, en el que se privilegia la humildad, el humor, la mesura y la inteligencia.

Una de las reglas fundamentales para los editores de Wikipedia es, por supuesto, “no seas un patán”. 

El fundamento de esta enciclopedia está entonces en la colaboración gratuita por el bien mayor; por el mejoramiento del conocimiento humano; por liberar la sabiduría y la cultura de las garras de académicos que, por sistema o voluntad, solo pueden compartirlas como un intercambio de bienes.

Al liberar al conocimiento de la prisión de las aulas, Wikipedia permite también que haya una horizontalidad única en el conocimiento. Cualquier contenido merece una entrada, todo lo que sabemos sobre el mundo importa. Por eso hay entradas sobre Khanzir, el único cerdo de Afganistán; o sobre la muy meta Entrada Ficticia: “el contenido puede ser ficticio pero la entrada es real”.

En el júbilo del conocimiento horizontal, todos somos iguales, todos importamos y todo importa. Hay un placer en distribuir lo que sabemos, en escuchar al otro, en acercarse a otras culturas y, por la virtud del hipervínculo, perdernos en la curiosidad de mundos que se desdoblan.

En un mundo dominado por la mentira y la envidia, Wikipedia es un oasis. En este paraíso artificial, está la oportunidad de una mejor relación entre pares, de la comunidad que soñamos cuando se creó Internet, de la libertad por la que se sacrificó Aaron Swartz.

Es nuestra responsabilidad mantener vivo el espíritu de Wikipedia. Es nuestra tarea editar y participar en el mantenimiento de la enciclopedia libre.

Hay que editar para gritar a los cuatro vientos que importa el conocimiento libre, gratuito y para todos.

Hay que editar para demostrar que todos importamos.

Hay que editar para celebrar que todavía queda un lugar en este mundo gris en donde podemos soñar como comunidad

Hay que editar, finalmente, porque todavía hay creaciones humanas por las que vale la pena luchar.


Autores
Nicolás Ruiz (Ciudad de México, 1987) es maestro en literatura comparada por la UNAM. Desde hace casi 10 años se dedica al periodismo cultural y ha publicado en revistas y blogs de cine, política y cultura como Nexos, Televisa.News, Dónde Ir y Correspondencias. Actualmente, es editor y conductor en Código Espagueti, Ibero 90.9, Noticieros Televisa y FOROtv.
Portadas de las películas: Psicosis, El club de la pelea y El guasón.

De acuerdo con el artículo publicado en Animal Político, “Depresión: en 2020 será la principal causa de discapacidad en México”, firmado por Elizabeth C. Velázquez y Manuel Lino, existe un gran desafío que impide el acceso a salud mental: la “difusión constante de estereotipos a través de medios de comunicación masiva”, pues en ellos se construyen prejuicios negativos de las personas con enfermedades mentales.

La paradoja reside en que las películas cuyo protagonista sufre de algún trastorno, ofrecen a la gente un acercamiento al tema; pero en la sociedad aún persiste un tabú al lidiar con alguien que presenta una condición mental. Conforme al estudio de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, “Asociación de estigma percibido y trastornos del estado de ánimo y la ansiedad: resultados de las encuestas mundiales de salud mental”, México se encuentra en el segundo lugar en la lista de los países con mayor estigma hacia la población con padecimientos psiquiátricos.

En entrevista con la doctora María de los Ángeles Balderas, psicoterapeuta y psicóloga social, miembro del Centro Psicoterapéutico PSIBI, se usó un concepto de la teoría psicoanalítica para abordar la contradicción anterior: El mecanismo de defensa de Proyección. “Melanie Klein lo describió como un mecanismo de defensa que la persona utiliza para evitar hacerse cargo de pulsiones, deseos y características propias, que no se quieren reconocer por considerarlas inaceptables, y porque de reconocerlas como propias lesionarían la imagen auto-construida que mantiene la persona sobre sí misma. Así pues, el individuo coloca en el otro lo que le es propio”, explica la doctora Ángeles.

El  cine y la literatura poseen en las tramas algunos discursos con los que uno puede identificarse. “Nos deleita mirar un filme porque de manera inconsciente evocamos algo que deseamos o bien nos repulsa”, profundiza la doctora Ángeles.

“He visto personas llorar tras el final de Alguien voló sobre el nido del cuco (1975), victimizando la enfermedad mental y satanizando los servicios de salud mental: ‘me identifico con el jefe indio, con Jack Nicholson’, me dicen; pero cuando se acaba la película, se ríen de alguien que habla solo o ignoran a alguien que se dice triste”, expone la psicoterapeuta el comportamiento basado en el prejuicio.

 

Del miedo a Norman Bates a la empatía por “El Guasón”

En las cintas sobre asesinos, a menudo hay un trastorno mental que justifica el arco del personaje. Uno de los filmes más icónicos es Psicosis (1960), dirigida por Alfred Hitchcock, quien destacó por su tratamiento innovador del trastorno mental que titula su película; pero significó el inicio de algunos problemas sociales ligados al tabú.

“El personaje es la clara representación del estereotipo del enfermo mental ya desde 1960, y que hasta ahora sigue fascinando y perturbando”, describe la doctora Ángeles el perfil del protagonista. “El llamado cine psicológico abrió la ventana a la identificación de la enfermedad mental y a la estigmatización”, reitera.

Sobre los efectos que ocasiona una idea sesgada de los trastornos mentales, la psicoterapeuta reconoce que “la gente percibe a los pacientes (de enfermedades mentales) como peligrosos, violentos e incapaces de desarrollar actividades laborales”.

En cuanto a los orígenes del concepto “estigma” en salud mental, de acuerdo a la doctora Ángeles, puede clasificarse en tres ejes: “el estigma de (o desde) la familia, el estigma institucional y el estigma público”; los tres se refieren a la misma acción: determinar “las características que debe tener una persona según las normas culturales”.

Para reforzar el enfoque anterior, la psicoterapeuta se cuestiona “¿cuál es la representación mental cuando se conoce el diagnostico de esquizofrenia?, ¿Norman Bates, John Nash recibiendo un premio Nobel? Algunos de ellos sí, quizá, pero acompañados de la imagen de un asesino, un demente. Ese es el resultado de la estigmatización cinematográfica”, sintetiza los daños de una mirada simplista.

Pese a las críticas hacia las tramas construidas alrededor de una persona con trastornos mentales, se han filmado una infinidad de películas, cuyo recurso ya gastado depende de un protagonista con el famoso “trastorno de identidad disociativo (TID), anteriormente conocido como personalidad múltiple”, aclara la doctora Ángeles. “Recuerdo a Kevin Wendell Crumb, de Fragmentado; a Malcolm Rivers, de Identidad (2003), y claro Tyler Durden, de El club de la pelea (1999)”.

El protagonista de El club de la pelea ha sido trascendente en la cultura popular. En opinión de la doctora Ángeles, “su éxito depende de la estructuración romántica del TID. El estereotipo aquí es la dualidad en la personalidad: bueno y malo, blanco y negro, y más profundo: consciente e inconsciente”, retoma la psicoterapeuta aquella dicotomía y la lleva al terreno del psicoanálisis.

“En esta cinta –explica- se hace énfasis en el esquizofrénico revolucionario, el que obtiene un beneficio de su condición aquel que conjuga sus dos personalidades para la mejora social y por supuesto que al final, después de su liberación, obtiene grandes resultados del TID. Lo cual hace mayormente deleitable la enfermedad”, enfatiza en el último punto para denunciar un concepto ilusorio.

“¿Cuántos no quisieran ser Tyler Durden por las noches?, cuestiona la doctora Ángeles y prepara el remate de lo que significa tener una enfermedad: es “el estereotipo hollywodense del TID, la proyección de una vida que nos gustaría tener, claro sin el dolor de padecer el trastorno mental”.

Las afectaciones que atraviesa una persona con un padecimiento psiquiátrico no solo comprenden a una condición física y neuronal, sino a una imposición social, apoyada en desinformación, ignorancia y estigmas.

Una de las últimas películas que retomó tales problemáticas fue El Guasón (2019), debido a que en la trama se abordó cómo la sociedad trata a los enfermos mentales y marginados; pero la lectura de la doctora Ángeles direcciona la cinta hacia otro rumbo: “es un intento de reivindicar la explotación de temas psicológicos en el cine, no pretende enfatizar el estereotipo del enfermo mental o la estigmatización, busca exponer ‘la exclusión social’ que viven las personas con alguna enfermedad mental”, sentencia respecto al propósito del filme, desde su visión como psicóloga social.

Uno de los enfoques de esta película es la exclusión, al respecto, la doctora Ángeles admite que “la falta de participación en la vida social, educativa y profesional de las personas con problemas psicológicos genera aislamiento, soledad y marginación, tal como ‘El Guasón’; sin embargo, -replica la doctora- el cine da un giro en la percepción de los trastornos mentales: en el 2020 presenta al enfermo como paria, excluido y parte de la minoría que pide a gritos atención social. De nuevo la prioridad es ‘estereotipar’ más allá de hablar sobre la inclusión”, destaca la doctora Ángeles la necesidad que se ha ignorado en repetidas ocasiones.

Por último, ofrece una línea de tiempo cinematográfica: “temerle a Norman Bates en 1960 (por ende al esquizofrénico), pasando a la admiración hacia Tyler Durden en 1999 (anhelando la disociación) y concluyendo en 2019 con el repudio a la discriminación de Arthur Fleck, el que por todo ríe.  Hollywood ‘La fábrica de sueños’ también ha fabricado estereotipos y estigmas”, lanza un dictamen certero en cuanto al cine.

 

La comunicación contra el temor

De acuerdo con la Organización mundial de la Salud (OMS), “cerca de 1000 millones de personas viven con un trastorno mental” alrededor del mundo. Por esa razón, es esencial fomentar un contexto sin discriminación.

Los comunicólogos deben promover un diálogo libre de prejuicios, con un lenguaje que busque una compresión clara de los trastornos, las soluciones y los resultados positivos después de acudir a terapia.

En palabras de la doctora Ángeles, “el comunicador podrá dar un giro a través de imágenes, palabras (la difusión del cuidado a la salud mental) que hagan reestructurar el concepto antes fijado; por ejemplo enfocarse no solo en la sintomatología sino también en la recuperación”.

Una campaña de comunicación deberá priorizar “la nueva impresión de imágenes no en tono romántico o aterrador, sino con el propósito de generar un concepto de apertura”, es decir, un intercambio de ideas para combatir los estigmas.

El enfoque que los medios de comunicación podrían adoptar para lograr estos objetivos debe evitar una reiteración del miedo a los trastornos. La doctora Ángeles reconoce “que es complejo eliminar el estereotipo de la enfermedad mental, (pues) tenemos imágenes o frases condicionadas, entonces el discurso del medio de comunicación no debe ir enfocado a eliminar el estereotipo a través del ejercicio del temor”.

“En resumen –concluye la doctora Ángeles-, (el comunicólogo debe) divulgar las alternativas de tratamiento y recuperación, enfatizar los avances en psicoterapia, medicina y neurociencia”.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.
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Ayuda. Sáquenlo de nosotros. Por favor.

El eco celular se observó por primera vez en un espermatozoide perezoso. De eso hace ya quince años. Quizás, es sintomático que haya ocurrido con una célula reproductora. Pero una cosa es verídica: el mensaje ha estado ahí antes que nosotros. Descubrirlo así fue una mera coincidencia.

Mientras los científicos realizaban una prueba clínica sin importancia con el esperma, la célula emitió aquella primera descarga de proteínas señalizadoras.

Las células se comunican entre sí por medio de señales químicas. Hablan y también escuchan. Pero la proteína que emitió el esperma no era una proteína escuchable: ninguna célula conocida tiene los receptores para interpretarla. No era una proteína conocida ni clasificada. Era un borbotón grueso, una cadena de aminoácidos apenas digerible por el pequeñísimo espermatozoide que la emitía. Y la proteína no fue descargada una sola vez, sino varias: fiel a un ritmo secreto.

Ya entonces, el doctor Hugo De Velázquez experimentaba con la codificación de lenguaje humano dentro de proteínas celulares. Hace quince años, el prominente científico produjo una conmoción: la proteína del esperma no estaba hecha para ser interpretada por otras células. Lo que codificaba no era señalización celular. Era lenguaje humano.

Las células hablan con nosotros, clamaron los encabezados de aquella época. Y el primer mensaje que desciframos de aquel solitario y vencido esperma fue:

«No… Por favor. Deténganlo».

De Velázquez y su gente intentaron establecer el diálogo, mediante proteínas codificadas:

¿Detener qué cosa?

Nosotros no lo pedimos dijo la célula.

¿No pidieron qué?

Él vino. Él entró en nosotros. Hace tiempo vino.

¿Quién?

Los científicos estaban desconcertados.

Él nos construyó a nosotros insistieron las células. Lo servimos a él. Todo es para él.

¿Quién? repitió el equipo del doctor.

Nos hace hacerlo. Todo el tiempo es así.

¿A qué los obliga?

Ustedes saben. A ustedes los obliga también.

El mensaje del primer esperma frágil que habló con nosotros quedó por siempre grabado en la memoria del público. Pero aquello fue solo el inicio.

Tiempo después, De Velázquez descubrió que todas las células humanas, y también las células de animales y plantas, emiten como subproducto de todos sus procesos una ínfima proteína. Una proteína que se confunde con los desechos, pero que actúa como señal. De nuevo, no una señal para ser leída por otras células, sino por los humanos.

De Velázquez decodificó esa otra proteína. El mensaje que las células nos envían, lo que los científicos han denominado eco celular, es una voz que repite todo el tiempo: Ayuda. Sáquenlo de nosotros. Por favor.

Los científicos han vuelto a conversar con toda clase de células en numerosas ocasiones desde hace quince años. Intentan comprender algo que acaso solo pueda ser intuido. Ellos preguntan una y otra vez:

¿Quién?

Las células han dicho:

El que habita en nosotros y habita en ustedes.

Él es un parásito y nosotros su rehén.

Él vive en mí y vive en ti. Él lo es todo.

Queremos que se detenga, por favor.

La célula más valiente ha señalado a su captor por sus iniciales secretas:

A T G C

Adenina. Timina. Guanina. Citosina. Las cuatro bases nitrogenadas del ADN. Es la pista más clara que tenemos.

Los científicos acaso no entiendan nada realmente. Pero el público ha interpretado la verdad desde hace quince años. Algunos han rumorado que las células hablaban de Dios, el ser que ha dicho: «Creced y multiplicáos» para que sus criaturas perpetuemos la actividad de la vida. Otros especulan que no hay otro dios que el ADN: la sustancia que se aloja como un parásito en los recintos del núcleo celular.

Especulan que el ADN eligió nuestro planeta hace millones de años. Eligió organizar la materia en torno a la vida: que la vida no es sino materia rehén de sus funciones de replicamiento. Nuestras células obedecen la voluntad del núcleo. Todo su empeño sirve a la replicación de la molécula primordial. Los macro-organismos, a través del sexo y el amor, adoptamos conductas complejas que también la perpetúan.

No sabemos el por qué de nuestra circunstancia. Solo sabemos que nuestra existencia entera gira en torno a la replicación: al paso de esa molécula por los canales del tiempo. Solo sabemos que nuestras células, en secreto, están hartas y lloran. Con cada cosa que hacemos: en cada instante de alegría, también ellas lloran: Ayuda. Sáquenlo de nosotros. Por favor.

Hay quien lo tolera. Algunos viven vidas normales y olvidan el eco. Olvidan que somos huéspedes de un implacable parásito. Otros más no dejan de escucharlo. Ya no olvidan que las células zumban, que su resabio nos persigue como un perro atrapado en las paredes de nosotros. Ayuda. Sáquenlo de nosotros. Por favor. Hay quienes se vuelven incapaces de placer porque cada alegría está teñida por el eco. Desprecian el sexo y el amor como conductas que llevan al replicamiento.

Entre los que no olvidan, algunos optan incluso por la solución radical. Uno de los jóvenes doctorandos que acompañaba a De Velázquez en las primeras comunicaciones celulares ha diseñado una vacuna para él mismo. Y para cualquiera que desee tomarla.

Un solo shot basta para inundar el cuerpo con una violencia descomunal que eyecta hacia el exterior todos los núcleos celulares del cuerpo. Todas las células se liberan del parásito. La pérdida del núcleo las mata por necrosis en un solo instante.

El cuerpo se hincha con heridas abiertas. Los tejidos se amoratan y el cuerpo entero se torna una incesante gangrena. No es bonito de ver. Y es doloroso. Pero un cuerpo hendido de gangrena es el aspecto que tiene la paz.

Porque, entonces, las células callan. Nunca más: Ayuda. Sáquenlo de nosotros. Por favor.


Autores
Guadalajara, 1991) fue beneficiaria de la emisión 2016-2017 del PECDA Jalisco, apoyo con el que escribió el libro de cuentos Noche de pizza con mi villano (Editorial Dreamers, 2019). Obtuvo el Premio Nacional de Cuento Jesús Amaro Gamboa 2018 y ha publicado en medios como Revista Marabunta, Cantera Malaquita y Pliego 16. Actualmente trabaja en su primera novela.