Hace un siglo un joven de apenas veinte años dejó su natal Nueva Orleans para ir a Chicago. Ese joven, en los siguientes años, gracias a su presencia escénica y a su habilidad musical iba a cambiar no sólo la música que tocaba, el jazz, sino la música popular de su país, en primera instancia, y del mundo.
El joven era Louis Armstrong; quien, en palabras de Amiri Baraka, fue uno de los dos cantantes más influyentes en la música popular estadounidense durante la primera mitad del siglo XX (al lado de Bessie Smith). Y, por supuesto, Louis Armstrong fue el más grande instrumentista cuya influencia ha visto la música, agrega Baraka en su Digging, su ensayo sobre el alma afroamericana de la música de los Estados Unidos.
Louis Armstrong se encaminó a Chicago porque su mentor, Joe King Oliver, lo invitó a formar parte de su banda, la Creole Jazz Band. King Oliver, cornetista y trompetista, también era originario de Luisiana y conoció a Armstrong cuando este era un adolescente recién salido del reformatorio en torno a 1914. El adolescente aprendió a tocar la corneta en el reformatorio; estaba interesado por la música, en una ciudad donde el jazz prosperaba.
King Oliver, mientras compartía sus conocimientos con el joven Louis, ingresó a la Eagle Band, que se había formado en 1907 para tocar en el Eagle Saloon, de donde tomó su nombre. Fue una de las bandas de jazz tradicional más reconocidas de Nueva Orleans hasta 1917 cuando se disolvió. Ese año King Oliver se mudó a Chicago que, dada la prosperidad de los centros nocturnos, se estaba volviendo el centro del jazz. El trompetista, luego de haber estado en algunas de las bandas que tocaban en la ciudad del lago, Michigan decidió conformar su propia banda, que se convirtió rápidamente en un referente.
Por su parte, el joven Armstrong siguió su formación musical tocando en bandas de Nueva Orleans y en las barcas de vapor que recorrían el Misisipi. Las condiciones de pobreza en que vivían él y su familia lo obligaban a tener dos empleos, uno durante el día y otro como músico durante las noches.
II
Al comenzar la década de los 1930s Louis Armstrong ya era una de las figuras más influyentes, con sus solos de trompeta. En 1932 se embarcó en su primera gira por Europa, donde pasó los siguientes dos años y dónde, gracias a su contrato con su disquera Okeh Records, no era ningún desconocido.
Diez años antes, a su llegada a Chicago se había integrado muy bien en la banda de su mentor, quien lo había Joe King Oliver. Ahí fue donde aprendió. En 1923 tuvo su primera grabación con la Creolle Jazz Band. Para el año siguiente, era el solista más reconocido de la misma.
Fletcher Henderson, un pianista que acababa de formar la Fletcher Henderson Orchestra en 1924 en Nueva York, supo de la habilidad de Armstrong y lo invitó a integrarse a su orquesta. Henderson, nacido en Georgia en una familia de afroamericana de clase media, tenía una formación musical clásica, su madre fue maestra de piano. Al mudarse a Nueva York, luego de varios trabajos, decidió formar su propia banda, que fue uno de los pasos decisivos para la conformación de lo que se conocería como big band, las grandes orquestas de salón.
Armstrong dejó la banda de Oliver en buenos términos y se mudó a Nueva York; en compañía de su esposa, Lilian Hardin; con quien se casó a principios del 1924. Al llegar a la Fletcher Henderson Orchestra dejó la corneta y empezó a utilizar la trompeta, para armonizar mejor con sus compañeros de banda.
Para finales de 1925 estaba de regreso en Chicago, donde conformó dos bandas con las cuales grabó con la Okeh Records: The hot five y The hot seven. Ambas agrupaciones desarrollaron el estilo dixiland, enfocado en los metales y el desarrollo de la improvisación; el virtuosismo de Armstrong como trompetista quedó patente en las grabaciones que hizo con ambas agrupaciones en ese periodo. Entre las que destaca Ain’t Misbehavin’.
Más que las grabaciones que Armstrong hizo de Ain’t Misbehavin’ con sus bandas, eran las interpretaciones que había hecho de esa canción en 1928 como parte del musical Keep shufflin’, que se estrenó en Broadway. Sobre ese punto dijo: “Estoy convencido de que esa canción magnífica y la oportunidad que tuve de tocarla fueron de enorme ayuda para darme a conocer en todo el país.”
III
En la primavera de 1982, el doctor Palmas publicó en una revista especializada la primera descripción de un padecimiento frecuente entre los músicos que interpretan instrumentos de viento: la rotura del músculo orbicular. El doctor, al describir el padecimiento que observó en trompetistas, decidió llamar a ese padecimiento con el apodo de la persona más famosa que lo había tenido: Satchmo, el síndrome Satchmo.
Louis Armstrong en su primera gira por Europa recibió uno de los apodos con los que se le identificaría y empezó a sufrir los problemas en los músculos faciales que lo orillaron, a su regreso a Estados Unidos, a tomarse un descanso de la trompeta. En Londres, el editor de una revista lo saludó con la sincopa de satchelmouth, boca de bolsa, en referencia a cómo se le hinchaban los labios al tocar. Aquel Hello, Satchmo! se quedó con el músico y desde ese momento mantuvo el apodo; incluso, también con una forma aún más corta: Satch.
Mientras aquella gira se extendió también lo hizo los problemas que Armstrong tenía en la boca, los dolores y la fatiga que le causaba tocar la trompeta. A pesar de lo cual siempre cumplió con sus compromisos.
Una vez terminó la gira europea Louis Armstrong decidió darse un descanso; la lesión en el músculo orbicular se le pedía, la lesión por la que cinco décadas más tarde el doctor Palmas nombraría un síndrome en su honor.
Cuando regreso a los Estados Unidos no soplo la trompeta por cosa de seis meses. Me lo sacó de la cabeza. No puedo seguir con todos esos buscapleitos a mi alrededor, llegó a decir Armstrong en los sesenta.
El éxito que había alcanzado le permitió no desaprovechar ese descanso obligado y empezó a escribir su autobiografía, Swing that music, que publicó en 1936.
IV
En medio de la década de 1950 para informar a sus lectores de la gira de Louis Armstrong por Europa, el New York Post informaba:
El arma secreta de América [en la guerra fría] es una nota triste en clave menor. Ahora mismo su embajador más efectivo es Louis (Satchmo) Armstrong.
La década de los cincuenta estaba viendo el surgimiento del rock & roll, en el jazz muchas figuras brillaban por sí mismas y, sin embargo, Armstrong seguía cantando y tocando la trompeta. De esa época es su popular grabación a dúo con Ella Fitzgerald, en 1956 tocó con la Filarmónica de Nueva York.
A pesar del cambio de gusto, de las nuevas formas musicales que prosperaban, muchas gracias a la benéfica influencia del mismo Satch, Armstrong seguía cantando y tocando la trompeta. Así, por ejemplo, en 1964 grabó Hello, Dolly, su tema más vendido; estuvo número uno en las listas de su país, sobre los Beatles que ese año hicieron su primera gira a los Estados Unidos. What a wonderfull world, que grabó en 1968, por su parte, estuvo número uno en las listas de Inglaterra de ese año.
Mantuvo un frenético ritmo de trabajo a lo largo de toda su vida, salvo en los momentos en los que su salud se lo impidieron. En 1959 sufrió un ataque al corazón, del que se recuperó. En 1971 volvió a sufrir otro ataque al corazón, por lo que tuvo que guardar reposo un par de meses. El 6 de julio de ese año murió; la noche anterior se había reunido con su grupo para tocar.
V
Las dos sondas espaciales Voyager son los objetos de fabricación humana que más lejos han viajado. Cada una de ellas carga un disco de oro en cuya superficie fueron grabados Los sonidos de la tierra, un intento porque civilizaciones interestelares que pudieran encontrar aquellas botellas lanzadas al mar cósmico, como llegó a describirlas Carl Sagan, conozcan algunos de los sonidos de nuestro planeta y nuestras civilizaciones.
En ese disco, hecho de oro para evitar cualquier corrosión, se grabaron los saludos en cincuenta y seis idiomas. Esos discos incluyen una parte de sonidos de volcanes en erupción, truenos, el viento; de animales como perros y caballos, así como el canto de las ballenas. En una tercera sección de los discos se incluyó la música de la tierra.
Este apartado está compuesto por veintisiete piezas musicales, de las cuales tres fueron compuestas por Bach. Entre esa música que la humanidad grabó como una carta de presentación está, también, una pieza tocada por Louis Armstrong: Melancholy blues. La poderosa interpretación que Armstrong le da a su trompeta, que envuelve al oyente con su ritmo, habrá de ser, si las Voyager cumplen con su cometido, una forma de presentar el quehacer de la humanidad. Mejor embajador no podemos tener que Satchmo.
Graffiti “Todo el mundo es Dolly” en Thessaloniki.Autor: Pvasiliadis. Creative Commons Attribution-Share Alike
Hay que contarlas hasta quedarse dormido, dicen. Una oveja tras otra. Un rebaño en el techo de la habitación oscura, un método contra el insomnio, ¿le habrá funcionado a alguien?
2.
Dormir es quizá parecido a quedarse ciego.
3.
Hay quien asegura que la oveja Dolly era ciega, ¿cómo saberlo? No me causa gran interés. Prefiero a Laika, la perrita enviada al espacio contra su voluntad por los soviéticos: la imagino absorta, sin comprender su destino, ascendiendo a toda velocidad. Laika, por lo menos, tuvo una vida previa a la ciencia, en cambio Dolly nunca llegó a conocer el mundo.
4.
Como sucede con los personajes de Canino, la película de Yorgos Lanthimos, muy famosa, casi un remake de El castillo de la pureza de Ripstein. En ella, los hijos de la familia han vivido, desde su nacimiento, enteramente confinados, con profundo miedo del exterior. Como Dollly, son también víctimas de un experimento cruel y de alcance limitado. Recuerdo una escena: las hijas van por el jardín a cuatro patas y con los ojos vendados, ¿qué persiguen en ese acto? ¿Su propia humanidad? ¿O en cambio se entregan a un sutil y abrumador salvajismo?
5.
Quizá las películas de Yorgos Lanthimos, sin excepción, navegan entre la humanidad y lo salvaje. En La langosta, los personajes también se confinan, esta vez en un hotel; tienen un objetivo: conseguir pareja lo más pronto posible, de lo contrario, se convertirán en animales para siempre. Los personajes de Lanthimos tienen más en común con la oveja Dolly de lo que parece; van sin opciones y con el destino marcado. Casi tragedia griega. Dolly murió a la mitad de su vida útil, víctima de una enfermedad pulmonar. Si a Lanthimos se le hubiera ocurrido hacer lo contrario, me pregunto, si los personajes de La langosta fueran todos animales, ¿habrían aceptado convertirse en humanos?
6.
Es difícil para una oveja elegir. Pienso en Baarack, otra oveja que se hizo famosa recientemente. La encontraron en los bosques australianos con treinta y cinco kilos de lana encima. Baarack había pasado varios años fuera del radar de los granjeros y por supuesto, de los científicos. Cuando la encontraron, estaba ciega, había olvidado cómo era el mundo por llevar toda esa lana encima. Oveja ciega, oveja en negro. El peso le dificultaba el andar. No es difícil imaginar lo que ocurrió: Baarack fue trasquilada y convertida en sesenta y un suéteres y cuatrocientos noventa pares de calcetines.
7.
Este texto debería ser enteramente sobre la oveja Dolly, pero no lo será.
8.
El término oveja ciega o blind sheep se usa para describir a alguien ignorante, con argumentos limitados. Poco tiene que ver con el término oveja negra, que describe más bien el carácter disidente. Cuando se cuentan ovejas para dormir, casi siempre son ovejas blancas. Las ovejas negras parecen estar en otra parte. En el Mabinogion hay un relato: las ovejas blancas y las negras están separadas por un río. Cuando bala una oveja blanca, una negra atraviesa el río y muda su color. Cuando una negra hace lo mismo, la blanca es quien cruza la corriente y se transforma en negra. Las ovejas, tal vez, siempre están mudando.
9.
El río que separa las ovejas blancas de las negras en dicho relato simboliza el cruce al más allá. ¿Cuánto llegaré a vivir?, me digo a veces. Si en algo nos parecemos los humanos y las ovejas es en esa muda constante. Hace tiempo, una amiga me confesó que lloraría el día que le saliera su primera cana. A la fecha, ese día no ha llegado. Quizá, igual que los personajes de La langosta, nosotros tampoco podemos elegir. El pelo puede teñirse -como la lana de Baarack, que devino en suéteres rojos, amarillos y azules-, pero evitar que el cuerpo mude por el paso del tiempo es imposible.
10.
A Dolly, para tratarle la artritis, le prescribieron antiinflamatorios. Pequeñas cápsulas diseñadas en un laboratorio. La ciencia busca por todos los medios poner de su parte. Tanto mi vida como la de la oveja Dolly están atravesadas por ella, con una pequeña diferencia: yo nunca seré clonado.
A Dolly le fue dado ese nombre gracias a la cantante Dolly Parton, quien apenas hace unos meses donó una importante cantidad de dinero para el desarrollo de una vacuna.
¿Cuánta vida pasamos sin sospechar de la ciencia, sin mirarla de reojo?
Pensar en Dolly -la oveja, no la cantante- me trae a la mente otros animales, también sacrificados, esta vez por la industria del cuidado dérmico: los conejos, los simios, los cobayos. De un tiempo atrás, la cosmética me interesa. Esta mañana me he puesto en el rostro un serum y una mascarilla, es muy probable que de dudosa calidad y, es casi seguro, probados en vidas ajenas.
11
La mascarilla y el serum me los he puesto para combatir los efectos del insomnio. Esta semana ha vuelto. Y no me he puesto a contar ovejas, método que jamás me ha funcionado y que considero inútil. Tratar el insomnio es también un asunto científico: hay que probar diferentes métodos, hacer teorías, prueba y error. Uno se puede levantar y dar doscientos cincuenta pasos, pero quizá sea demasiado, uno debe evitar a toda costa la exposición a la luz brillante de las pantallas, un hecho que, dicen los científicos, nos afecta la vista y el sistema nervioso.
Otro método: contar estrellas, como Laika.
12.
Para combatir el insomnio, leo un cuento de Banana Yoshimoto, “Sueño profundo”, esperando que me ayude. Es un cuento de giros sutiles. La protagonista duerme de más todo el tiempo y una amiga suya, muerta por sobredosis, tiene un trabajo inusual: acompaña a las personas que quieren dormir, les lleva una taza de café si lo necesitan, vigila su sueño, se queda despierta toda la noche. La protagonista, en cambio, ya no tiene memoria de la realidad: “¿Cuándo empecé a abandonarme al sueño?¿Cuándo dejé de resistirme a él?… ¿He estado alguna vez completamente despierta, llena de vigor y energía? De eso hace ya demasiado tiempo, me parece la prehistoria.” Me da envidia.
13.
Una noticia de The Guardian: “Dolly the sheep is put to sleep, aged only six”. Era una copia, se anota, y como todas las copias, pierde el efecto con más rapidez que el original.
14.
A veces, para dormir, me cuento una historia a mí mismo. Esa historia surge casi siempre de una pregunta, por ejemplo: ¿con qué soñó Dolly cuando se fue a dormir?
15.
A veces, simplemente no duermo.
16.
Y sigo haciéndome preguntas: ¿las ovejas que no pueden dormir cuentan humanos?
Misterio del cuerpo, la psique formula los usos y costumbres de la vida. Sin embargo, hasta el día de hoy, se desconocen las honduras fisiológicas donde se traza lo que llamamos mente. Hay en ello un consuelo y una excusa. Ignorar nuestros recodos neuronales justifica la presencia de manías inexplicables, de filias nebulosas.
La mente es otro cuerpo. Sus extremidades alcanzan aristas invisibles, extendidas sobre las nuestras como los hilos de un ventrílocuo: a su capricho entregamos las vicisitudes de nuestro comportamiento y los impulsos subyacentes a nuestros deseos.
Las sociedades nacen cuando un puñado de personas se resignan a creer que los caminos de la mente guardan convergencia en cada individuo. Ted Kaczynski, salido de la ruta a fuerza de explotar bombas y amenazar aerolíneas comerciales, dijo que el concepto de salud mental se define en gran medida por la capacidad que tiene un sujeto para comportarse de acuerdo a las necesidades del sistema sin mostrar signos de estrés.
En las siguientes líneas encontrarás una pregunta oculta y recurrente: ¿existe un perímetro cerebral donde se emparede a lo sano?
II
El morbo nace y muere en la carne. Morbus, su raíz latina, refiere a la enfermedad: aún hoy le llamamos morbilidad a la condición física en la que la salud se ve mermada. El significado contemporáneo de morbo, enmarcado en toneladas de estudios acerca del comportamiento humano, se le asigna a la inercia mental de sentir atracción hacia lo retorcido.
Por otro lado, más de una corriente de la psicología ha teorizado al morbo como la necesidad de mirar lo ajeno con minuciosidad intensa. El morboso atenta contra las normas sociales al inmiscuirse en los cuerpos que no son suyos: viola lo privado, coloniza la experiencia personal.
El morbo invita a la mente a suplir las sensaciones propias por las ajenas. Padre de todo testigo, se regodea en la periferia de otras vidas: procura sus imágenes y sus texturas, en búsqueda de una apropiación que nunca termina de concretarse.
El morbo es, sobre todo, un saqueo estético.
III
Cada tribu vive a la sombra de sus prohibiciones silenciosas. Ciertos acuerdos enmascarados se perpetran dándole la vuelta al enfrentamiento cotidiano con los tabúes en turno. El morbo, por regla general, se alimenta de lo inescrutable.
Bajo la luz de lo anterior tiene sentido encontrar un atractivo paradójico en la muerte: ¿acaso hay algo más incognoscible que ella? Llegar a rozarla, desde la distancia del observador, es el quehacer que le compete al morbo. La presencia de mirones en accidentes aparatosos y en escenas de asesinatos viscerales no resulta, pues, difícil de explicar.
También el coito, relegado históricamente a la geografía de las alcobas, alberga en su seno un ideario de curiosidades clandestinas. El juego de la imaginación alrededor del acto sexual y del erotismo sustituye en la carne a las experiencias que ella misma sabe prohibidas. Transgredir el simple ejercicio mental y cumplir con las fantasías del morbo implica, en algunos obscuros casos, la deshumanización del otro: lo vuelve un simple medio para satisfacer placeres sensoriales. Dejando de ser persona, se convierte en materia dispuesta para la profanación.
La degradación física del cuerpo se ha suscitado desde que conocemos el alcance de nuestros puños. El horror no es nuevo para la especie. Generaciones enteras han presenciado con tranquilidad monástica escenas rutinarias de músculos y tegumento rotos por el acero. Sabiendo que desmembrar y desollar no son verbos recién desempacados del lenguaje, ¿qué es, entonces, lo que modifica a la experiencia del horror físico y sexual en el mundo contemporáneo?
IV
En la última década, YouTube promovió la fascinación popular por las leyendas urbanas que implican la existencia de shock videos con tramas delirantes. Desde luego, uno de los aspectos más atrayentes en la idea de que en diversas partes del mundo se hayan grabado filmaciones grotescas sobre bestialismo y necrofilia pedófila (por mencionar un par de humildes ejemplos), es que su visualización resulta prácticamente inaccesible, reservada para un grupo de enfermos anónimos con la capacidad de burlar a los motores de navegación convencionales.
Día tras día, diferentes youtubers graban su experiencia ─mediada por la censura de un cuadro negro en su pantalla─ a lo largo de páginas en la Deep Web donde se venden armas y drogas o se ofertan servicios de sicariato. Otros se limitan a narrar historias sobre filmaciones gore de llana tortura. A pesar de que cada uno de tales videos no inspira otra cosa más que muestras de repulsión en su caja de comentarios, las vistas de los mismos se cuentan en millones.
Internet, pues, ha aumentado la disponibilidad y la accesibilidad de contenido grotesco. Algunas estadísticas (¿realmente se puede saber algo con precisión matemática acerca de un mundo regido por el anonimato y la discreción?) señalan la posibilidad de que existan páginas distribuidoras de pornografía infantil que albergan más de un millón de fotografías cada una. El aspecto aterrador de tal cálculo reside en los casos comprobados. Lolita City, únicamente accesible a través de Tor, era una página de pornografía de menores con más de 100 gigabytes de contenido, que sólo pudo darse de baja tras un ataque de Anonymous.
Al incendiar la imaginación colectiva de los internautas, las leyendas urbanas sobre shock videos no tienen límite en su formulación. Existen relatos de gente que asegura haber visto filmaciones sobre actos que van desde la defecación encima de menores hasta el canibalismo. Por otro lado, se sabe que algunos de esos videos son absolutamente reales, contando con unos pocos casos afortunados que devinieron en el encarcelamiento de los creadores.
La fantasía del horror es la concreción última del morbo. Consciente de ello, es probable que por cuenta propia te hayas unido al escarnio contra obras como las mencionadas más arriba. Quizá te haya aliviado saber que, al menos, la fracción de la población que produce y consume esos videos es mínima.
¿Has meditado la posibilidad de que alguien a tu alrededor (un amigo, quizá un maestro, un familiar) forme parte del grupo?
Arreglo floral y bandera, en la sede donde se desarrolló el Primer Congreso del Partido Comunista de China, Shanghai, China. 4 de agosto. Créditos a Banfield. Creative Commons Attribution-Share Alike
Un dron sobrevuela un campo en alguna provincia rural (pero hegemónica) de la China comunista. El dron anuncia a una pareja de campesinos, a plena labor de siembra, que no es recomendable estar fuera de casa sin cubrebocas, que tomarán las medidas apropiadas. “Esto es una pandemia,” dice el dron, “y estamos aquí para ayudarles”.
El video circuló por las redes sociales a principios del año pasado, momento en que la pandemia ocasionada por el virus SARS-Cov-2 comenzaba su propagación. Desde ese momento, el Partido Comunista Chino (PCCh), en ciernes de su centenario, anunciaba al mundo que, si bien el estremecimiento global que se avecinaba había tenido su origen en una de sus más grandes ciudades, ellos harían todo lo posible por contenerlo. Así comenzaba el auge de la exportación cultural China más importante desde la seda: el biocontrol.
A cien años de su fundación, el PCCh ha logrado lo que pocos países dentro de masas continentales importantes han conseguido: una contención de casi el cien por ciento del virus dentro de su territorio nacional. Según estadísticas de la facultad de ingeniería y ciencia de la universidad de John Hopkins, China es uno de los países con menor cantidad de casos per cápita, sumando apenas siete casos y menos de una muerte por cada cien mil habitantes.
La sospecha, sin embargo, es tangible. El video resultó ser falso, una campaña de propaganda más, esta vez utilizando como su medio no los carteles y los conmovedores slogans, sino las redes de transmisión viral que son el internet. Las críticas hacia el PCCh por su manipulación y secretismo que emergieron durante 2020 parecieran estar dirigidas hacia el lugar casi correcto, ignorando por demás, o prefiriendo no ver, los aspectos verdaderamente criticables del PCCh.
El PCCh representa para ciertos teoristas un sistema de dominación ideal, en tanto su origen y visión se arraigan en una historia milenaria, en la que el poder, las revueltas y los símbolos. Es de especial interés el caso del movimiento neoreaccionario, o NRx, una facción radical del pensamiento aceleracionista impulsada, entre otros, por Nick Land, el mismísimo patriarca del aceleracionismo. En entrevistas, Land ha descrito a China como una sociedad lanzada de lleno al aceleracionismo, cuya forma de pensar está fijada en el futuro.
El aceleracionismo, en su forma más básica, aboga por la aceleración del desarrollo capitalista y tecnológico. En qué desemboca esta aceleración es una de las cuestiones que dividen en dos a esta filosofía. Por un lado, están quienes plantean que esta aceleración desembocará finalmente en la caída del capitalismo y que la tecnología nos dará las herramientas para construir un futuro post-capitalista. Del otro lado se encuentra quienes abogan por la intensificación indefinida del capitalismo a fin de llegar a una “singularidad tecnológica”, es decir, un punto en el que el crecimiento tecnológico sea irreversible e incontrolable.
Dentro de la segunda ala, denominada aceleracionismo de derecha, se encuentran el NRx, adoptado en años recientes por facciones de ultraderecha violenta. Sin embargo, su fanatismo por la doctrina se quedaría demasiado corta para las miras de Land, cuya filosofía nada tiene que ver con raza, sino con poder y deseo, entendidos desde un análisis expandido de Deleuze y Guattari. Sobre la modernidad, Land escribe desde China, su actual residencia:
Aunque establece algo parecido a una nueva normalidad, se despega decisivamente de cualquier forma de estado estable. Nos muestra ondas y ritmos, pero subsume estos ciclos en vez de sucumbir a ellos. A medida que nutre la especulación apocalíptica, complica continuamente la anticipación de un “fin de los tiempos”. Engendra una modalidad del tiempo e historia previamente imprevista, caracterizada por una transformación direccionada en constante aceleración, cuyos índices son el crecimiento cuantitativo y la innovación cualitativa.
En la introducción a Fanged Noumena, la colección fundamental de escritos de Land, sus editores escriben que, “de forma sorprendente, el despegue auto-sofisticante del meltdown planetario se vuelve ahora un accesorio del capital cultural”. Si los grupos anarquistas hablan de la cancelación del mañana, Nick Land y Xi Jinping comparten una fe aseverada en el futuro. El plan de tres periodos propuesto por Jinping es testimonio de una nación cuya capacidad de mirar hacia el futuro lo hace sin olvidar su pasado. Cambian, evidentemente, las tácticas, pero no la estrategia. Jinping asegura que para 2050, China se habrá convertido en una potencia mundial. El año pasado marcó apenas el final del primero de los tres periodos del plan de Jinping: 2010-2020, 2021-2035, 2036-2050. Esto plantea la pregunta: ¿es la ambición china un sueño inalcanzable o una realidad previsible?
El hecho de que China se concentre en el futuro no debería suscitar ninguna sorpresa: ninguna nación occidental se acerca en términos de temporalidad a la historia que China sostiene. Si bien es una historia turbulenta, llena de fracturas y restituciones, es también una historia administrada y vigente, que no fue cooptada por colonizaciones o procesos de palimpsesto cultural. Los más de tres mil años de historia china no son peso muerto para sus gobernantes. Aquí valdría la pena ahondar en un último ejemplo y un último concepto: la persecución del Falun Gong y el Mandato del Cielo.
El concepto del Mandato del Cielo (tiānmìng) tiene que ver especialmente con la revuelta popular. La idea difiere de nociones inherentemente occidentales que pueden confundirse en nombre: si el “derecho divino” de los reyes europeos aseguraba a una línea de sangre entera el derecho para gobernar un reino, el Mandato del cielo ponía en tela de juicio la gobernancia de una dinastía: al buen gobernador se le concedía este “favor del cielo”, mientras que al mal gobierno se le removía. El factor determinante para establecer si un gobierno era bueno o malo era la revuelta popular. En palabras de Elizabeth J. Perry, académica especializada en el tema, “en la China imperial, aquel que pudiera arrebatar el trono por fuerza ganaba la sanción confuciana para su mandato; como dice aseveradamente el proverbio, ‘Aquel que tiene éxito se vuelve rey o marqués; aquel que falla se vuelve un forajido.’ (Perry, 2001)
Es decir, si una revolución triunfaba, significaba que el gobierno carecía del Mandato del cielo y, por ende, no era apto para seguir gobernando. Dichas revoluciones (y esto lo especifica también el confucianismo) triunfarían solo al abolir los lineamientos de clase impuestos por la élite dominante, uniendo al pueblo.
En este sentido, las revoluciones chinas de principios del siglo pasado, incluyendo la revolución de Mao Zedong, se apegan a los lineamientos que prescribe el confucianismo: intelectuales, obreros y comerciantes se unieron en distintas olas para derrocar, primero, al imperio, y, más tarde, a la nueva república. Pero una vez conseguido el triunfo, el PCCh desarticuló una vez más las conexiones sociales para establecer un orden jerárquico y con pocas posibilidades de interacción entre clases.
Es en este contexto en que la persecución del Falun Gong se vuelve tan interesante. El Falun Gong, o Falun Dafa, es una religión nacida en los 90s basada en el qigong, una disciplina que combinaba técnicas de respiración y artes marciales. En un principio, la novedosa religión estaba bien vista por el gobierno central, quizás en parte porque las disciplinas qigong fueron un componente recreativo central del PCCh en sus inicios. Sin embargo, a medida que el Falun Dafa creció, el gobierno central cambió su postura radicalmente.
Lo que inició como una campaña de propaganda en contra del Falun Dafa culminó famosamente en una de las manifestaciones pacíficas más grandes de la historia moderna de China. El 25 de abril de 1999, alrededor de 10,000 practicantes del Falun Gong se reunieron a las afueras del Zhongnanhai, la oficina central del PCCh, para pedir que su religión fuera reconocida oficialmente y que la campaña de desprestigio terminara.
Si bien la protesta concluyó de forma pacífica, los años siguientes marcaron un cambio más notorio en la postura del gobierno de Deng Xiaoping frente al Falun Gong: persecución, encarcelamiento extrajudicial, tortura, internamiento en campos de “re-educación” y sospecha de asesinato son solo algunas de las violaciones a los derechos humanos que se le atribuyen al PCCh durante esos años (aunque, durante años recientes, la historia se haya repetido con protagonistas distintos).
¿Por qué el gobierno Chino se sintió tan intimidado por un grupo religioso? Las causas son distintas. De acuerdo a Perry, por un lado está el hecho de que la religión no distinguía clases. Personas de todos los ámbitos se habían unido y formaban parte activa del Falun Gong. Había entre sus filas, incluso, a oficiales de alto rango del mismo PCCh, lo cual significaba que la religión se esparcía ya dentro del propio partido. Por otro lado, el gran número de seguidores de la religión tenía una carga significativa: por los propios estimados del gobierno chino, en 1999 había alrededor de 70 millones de practicantes del Falun Gong en la China continental.
Más allá de eso, podemos encontrar razones basadas de nuevo en el confucianismo. Tradicionalmente se pensaba que la pérdida del Mandato del Cielo venía precedida por sucesos astrológicos inusuales, lo cual podría explicar por qué los meteorólogos aseguraron a la población que el eclipse lunar del 28 de julio de 1999 no era causa de alarma. Ante los hechos, el gobierno del PCCh parecía realmente preocupado por perder su propio Mandato del Cielo.
Estamos hablando, entonces, de un partido político que se preocupa tanto por las viejas tradiciones imperiales de las dinastías, basadas en el confucianismo, como por saltos hacia adelante que ningún partido político en otro lugar del mundo pensaría en planear. En el 2050, año en que termina el plan de los tres periodos de Xi Jinping, el PCCh habrá estado en el poder por 101 años. El poder, pensado en los milenarios términos de las dinastías chinas, no puede ser ejercido en menos tiempo.
En el centésimo año de su formación y el septuagésimo segundo de su mandato, es claro que el PCCh no es un partido político a la manera en que occidente define a sus partidos políticos, así como el comunismo de su nombre no es el mismo comunismo que abogó Marx o siquiera Lenin, o ya el que occidente, bajo la bandera de la democracia, ha querido erradicar. No es tampoco una dinastía en sí, pero a esta última categoría se le parece más. Su plan de desarrollo, su capacidad para subsumir los ciclos del capitalismo tardío y volverlos accesorios al capital cultural de su desarrollo, son muestra de una dirigencia política que se siente completamente en control de su país.
Y, sin embargo, la historia del Falun Gong nos da ejemplos de lo fácil que puede ser atemorizar al titán. Si el Mandato del Cielo ha sido otorgado al PCCh, a través de la Revolución de Mao, eso significa que también puede ser revocado. Sea este o no el caso, lo cierto es que el PCCh parece estar sólidamente establecido, y con miras de mantenerse así, hasta completar su plan de desarrollo en 2050. En un mundo de incertidumbres, China nos ofrece esa única certeza.
Perry, Elizabeth J. “Challenging the Mandate of Heaven. Popular Protest in Modern China.” Critical Asian Studies, vol. 33, no. 2, 2001, pp. 163–180.
Walløe, Anders Norbom. “The Mandate of Heaven: Why Is the Chinese Communist Party Still in Control of China?” Thesis (Master’s), Økonomisk Institutt, Universitetet i Oslo, 2012
En Tierra Adentro tuvimos la fortuna de entrevistar a la coordinadora del grupo transfamilias, Martha Elena Díaz. Transfamilias es un grupo de acompañamiento de familias con personas trans y no binarias. Para los menos informados sobre lo “trans”, Martha explica que es un término paraguas para la identidad de género (quién eres), el cual no debe confundirse con la orientación sexual (quién te gusta). También, es un término opuesto al “cis”, que son personas que se identifican con el género que les asignaron al nacer.
Asimismo, nos indica Martha que la identidad trans se puede presentar desde los 3 años. Y claro, no es necesario tener una respuesta contundente en estas situaciones. Lo importante es que: si tu hijo/hija siente que el género que le asignaron no es el suyo, es nuestra responsabilidad investigar, apoyar y creerle para mejorar esta transición. Una manera de pensarlo es mediante nuestra propia experiencia al identificarnos como somos.
“Estamos en un mundo binario y estamos en un mundo que no acepta lo diferente; ya de orientación, de capacidades, la sociedad no acepta lo diferente”. Sin embargo, la identidad trans se vuelve cada vez más evidente y al presentarlo a la sociedad se volverá la nueva normalidad. En este sentido, Transfamilias brinda apoyo a aquellas personas trans o familiares de trans que no saben cómo reaccionar a este cambio. Martha nos dice que reúne a esta gente a través de Zoom para que platiquen entre ellas sobre sus experiencias y así generar un ambiente seguro para todos los involucrados.
Martha nos compartió una de las historias que más le han asombrado: Una mujer trans de 24 años se tuvo que mudar a casa de su abuela porque la madre la rechazó. La abuela da clases de Biblia en un reclusorio. Muchos arguyen que la religión está en contra de cualquier cosa que se salga de la heternormatividad. Hay mucha gente, todavía, que rechazaría a un familiar por ser homosexual: que es una identidad ampliamente más aceptada que las demás identidades trans. Entonces —si esta abuela puede aceptar a su nieta en su transición aun siendo parte de un grupo que no acepta estos cambios—, cualquier persona es capaz de aprender y reconocer dichas transiciones.
Los padres tienen una idea equivocada de que las personas trans acaban en situaciones peligrosas: en la calle o en trabajos sexuales. Esto es porque fueron rechazados, primeramente por ellos y luego por la sociedad. Sin embargo, si ellos aceptan y forman un lugar seguro para sus hijes trans, entonces su expectativa de vida cambia radicalmente. Mientras los padres acepten a sus hijes, pueden educar a aquellos que los rodean para que también participen de la sociedad sin prejuicios.
Porque, claramente, la sociedad no se conforma con lo diferente. Así que, si cualquier niño puede ser discriminado por diferencias menores como: traer lentes, una cicatriz, ser pequeño de estatura o más alto que los demás, o hasta discriminaciones más graves como un color de piel que no es común en ese sector en el que viven dichos niños. “No es una enfermedad, no es un trastorno, no es una cosa espantosa”, dice Martha. Es importante empezar el lugar seguro desde la familia. Así, los niños tendrán dicho lugar para refugiarse cuando sean, inevitablemente, discriminados por aquellos más ignorantes. También, no es de esperarse que todos los padres tengan la seguridad para ir en contra de la sociedad al apoyar a sus familiares. Por eso, hay más grupos de apoyo como transfamilias que ayudan a resolver dudas, acompañarte por el proceso o brindar consejos. Algunos de ellos son: @mamacontigoclaudialopez para consultorías y @transprideworld que crea otras maneras de conectar y comunicar a personas trans entre sí.
“Todo lo que una persona trans quiera hacer en el punto de vista legal, quirúrgico u hormonal es para reafirmar su transición. Realmente la transición es emocional.” aclara, Martha. Aunque también es cierto que seguimos atrasados en cuanto a leyes que protejan la identidad de la gente LGBTTTQI+. Martha confirma que es clave tener el acta de nacimiento actualizado con el nombre y género deseados para verificar dicha identidad en un espacio legal.
La palabra “transición es clave. La persona que lleva este proceso decide cómo se va a presentar este cambio en su cuerpo. Por ello, podemos ver un sinfín de combinaciones masculinas, femeninas y no binarias como un hombre con senos, una mujer con barba, etc. Y ¿cómo nos dirigimos a elles? Para esto, Martha también tiene una respuesta: preguntar nombre y pronombres preferidos. Es evidente que cometeremos algunos errores al dirigirnos a cualquier persona, lo importante es no quedarnos en el error.
Habrá momentos en que hagamos chistes indebidos por nuestra falta de educación. Pero, así como elles están en un proceso transitivo, nosotros también debemos cambiar para mejorar nuestra visión del mundo y de las costumbres que hemos heredado. Tenemos que aceptar que la sociedad está en constante cambio. La evolución sucede queramos o no, por lo que es mejor convertirse en un agente directo de dicha transformación.
Entonces, en general nuestro deber es investigar, acercarnos a otras personas en situaciones similares e informaros para convertirnos en aliados de su transición. Asimismo, la gente trans debe considerar que habrá aquellos que no los acepten. Solamente hay que guiarlos por ese cambio que en algún momento se convertirá en un evento normalizado. Para acelerar este proceso, nosotros como aliados también debemos proteger su identidad y crear espacios seguros.
Agradecemos a Martha por compartirnos su experiencia y su conocimiento para escribir esta nota informativa. Así como ella pudo establecer un lugar para las personas trans, nosotros como sociedad podemos establecer una comunidad tolerante y respetuosa de las diferencias.
Stonewall Inn, el bar gay en Christopher Street en Greenwich Village en Manhattan. Foto tomada por Rhododendrites, Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International
Junio ha llegado a su fin, y en medio del colorido que representa para la comunidad LGBTTTIQA+, en la expansión que el neoliberalismo ha creado en torno a la bandera y las diversas marchas alrededor del mundo por el orgullo, todavía permea la violencia, además de que se denota la existencia de un velo —que no es el tul de los tutús arcoíris—, y que en ocasiones desdibuja el sentido de lo político dentro de las diversas prácticas encausadas a legitimar el sentido de comunidad.
Comencemos por destacar el hecho de que el mes del orgullo y el 28 de junio son esencialmente marcas históricas que deben reproducir anualmente la memoria de lo que ha significado para miles de compañerxs: hostigamiento, violencia física, simbólica e incluso la perdida de la vida tan sólo por el deseo de ser libres y de amar libremente. Más allá de las orientaciones sexo afectivas, la identidad sexual e incluso el sentido de género, el problema de la violencia desde la heteronorma prevalece dentro de la sociedad, incluso desde algunas personas que presentan bifobia y transfobia, así como el dilema de que al expandir las prácticas, las agendas y claro, la fiesta, la producción del capital ha encontrado un lugar en el cual posiciona un alto margen de comercialización de la bandera, lo que desarticula el peso histórico y político que significa nombrarse como parte de la comunidad.
Hay que recordar que las capas que conforman el corpus de la lucha resultan del cúmulo de décadas donde poner la cuerpa ha estado siempre en juego. El hecho histórico que da principio a la marcha del orgullo comienza en la madrugada del 28 de junio de 1969, donde se llevó a cabo la Revuelta de Stonewall, en donde se dio una redada en el pub de Stonewall Inn, en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, siendo éste desde el fin de la Primera Guerra Mundial un sitio de establecimiento de buena parte de la comunidad de gays y lesbianas de Nueva York. Ciertamente no fue el primer ataque en contra de lesbianas y gays, en 1955 ocurrió una redada en el New Year´s Ball, en San Francisco, en la que se arrestaron a miembros de la comunidad únicamente por reunirse para celebrar el Año Nuevo; sin embargo, la Revuelta de Stonewall sería tomada como la fecha de inicio para no olvidar el sentido de la lucha, misma que se identificaba como un crisol de las otras minorías, fuera por raza, clase u orientación sexual, como lo indican Elizabeth Armstrong y Suzanna M. Cage:
El Stonewall Inn era un bar ubicado en el Greenwich Villafuerte de Nueva York, en la calle Christopher Street, uno de los corazones de la vida gay de la ciudad, hogar de homosexuales, lesbianas e incluso de activistas radicales. También era frecuentado por travestis, latinos y negros a quienes se les permitía el acercamiento y bailar entre ellos, lo cual, como Finch relata, no era permitido en muchos de estos sitios en la época. Los dueños de estos bares no siempre eran gays, pero sí tenían vínculos con la mafia y las drogas. 1
Una de las principales excusas para realizar estas redadas era justamente el expendio ilegal de bebidas alcohólicas, cuando en realidad se trataba de un mecanismo de “limpieza social” y en sí el desglose de las diversas formas de violencia heteronormada, como son los crímenes de odio. A partir de esa noche se dieron lugar a múltiples revueltas que en poco tiempo convivieron con la comunidad, el movimiento feminista y las diversas manifestaciones antibelicistas contra la guerra de Vietnam, así como el propio movimiento hippie. Ante tales hechos históricos, vale la pena no perder de vista que la fiesta en sí misma adquiere un carácter político: en estos episodios y en los cientos de relatos donde la heteronorma ejerce la violencia sobre las corporalidades disidentes, el móvil fue el hecho de ser distintos, el miedo que, sin duda, engendra un odio colectivo.
Cuando se habla de la cuerpa —o en términos clásicos, de los cuerpos todavía regidos por sus características sexuales y morfológicas—, hablamos irrefutablemente de una materialidad que está determinada por una infinidad de elementos y que se desarrolla en un contexto que sin duda dejará una marca, sin que eso sea determinante o no en las lecturas de carácter conservador y heteronormativo. Resulta visible que esto es un problema de poder si atendemos a la idea de que esta “materialidad” de los cuerpos pone en juego la institucionalización de éstos por la iglesia, el estado, el ejército e incluso la escuela, que están al servicio de sus agendas y normas como son las prácticas binarias, las narrativas de carácter mítico para controlar la vida sexual femenina, y todo aquello que no ponga en juego lo que la norma cultural describe como “lo bello”, “lo bueno” “lo luminoso”. Estas formas de corporalidad han recibido, históricamente, maneras violentas de nombrarlas. Judith Butler denomina como “abyecto” aquellas zonas oscuras o invisibilizadas que saltan la norma y que reciben el nombre de zonas invivibles y/o inhabitables:
Lo abyecto designa aquí precisamente aquellas zonas “inhabitables” de la vida social que, sin embargo, están densamente pobladas por quienes no gozan de la jerarquía de los sujetos, pero cuya condición de vivir bajo el de signo de lo “invivible” es necesaria para circunscribir la esfera de los sujetos. Esta zona de inhabilitabildad constituirá el límite que defina el terreno del sujeto: constituirá ese sitio de identificaciones temidas contra las cuales —y en virtud de las cuales— el terreno del sujeto circunscribirá su propia pretensión a la autonomía y a la vida. En ese sentido, pues, el sujeto se constituye a través de la fuerza de la exclusión y la abyección, una fuerza que produce un exterior constitutivo del sujeto, un exterior abyecto que, después de todo, es “interior” al sujeto como su propio repudio fundacional. 2
En términos generales, dicha abyección no sólo crea ese repudio, sino también una cacería de brujas, maricas, lenchas, jotas y de todes quienes no cabemos en los parámetros del buen vivir. Este control de la cuerpa, siempre en disputa, se articula como un poder que va desde la visibilización del goce, de la fiesta y el carnaval, y en el discurso y la legislación de los derechos civiles para todxs lxs miembrxs de la comunidad. Tampoco resulta extraño este miedo si pensamos que la visibilización del cuerpo durante las primeras décadas del siglo XX —antes de la noche del 28 de junio— no es sino un cadáver.
Son estos imaginarios que se crearon durante todo el acontecer bélico de occidente lo que da como punto de visibilidad el cuerpo sin vida trastocado por la violencia, las corporalidades agrupadas en fosas, los cuerpos cuya dignidad ha sido trastocada por las instituciones. Tanto en la Primera y Segunda Guerra Mundial, como en la Guerra Civil Española y en el cúmulo de guerras que se sucedieron una vez que el mundo fue dividido, la imagen y el discurso eran los mismos: el ejercicio perverso del poder sobre corporalidades que constituyen esa zona de lo “inhabitable”, lo que está fuera de la norma y que, desde una conciencia perversa, debe eliminarse, quitarse su materialidad humana y, por tanto, su dignidad. Como admite José Luis Barrios: “El alcance de estas imágenes inscribía un imaginario de la muerte masiva (impersonal) en una sociedad igualmente masiva. A partir de ahí, la muerte y la violencia irán ocupando un lugar predominante en la cultura visual de la sociedad de la segunda mitad del siglo XX.”3Y si una fiesta animada con demostraciones de amor iba en contra de esta cultura visual, no es de extrañar la construcción de la violencia en torno a la comunidad LGBTTTIQA+.
En el caso de nuestro país, el Movimiento Lésbico-Gay aparece por primera vez en el mítico 26 de julio de 1978 en el marco de la marcha que conmemoró el inicio de la Revolución Cubana. En esa fecha se visibiliza en el espacio público la existencia de una comunidad formada por diversos grupos de gays y lesbianas con una marcada lucha de clases y con las consignas que sostenían la libertad en organismos como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, el Movimiento de Liberación Homosexual, Lesbos y las posteriores Grupo Lambda de Liberación Homosexual y Oikabeth durante 1977 y 1978.4Otra de las consideraciones más incendiarias, incluso hoy en día, es sobre el lenguaje y el género; en aquella época, el lenguaje definía dentro de esta política las formas en que se intentó violentar y desarticular las disidencias corporales para que finalmente fueran transformadas y apropiadas dentro de la comunidad —como sucedió de “Joto” a “Jota”—, y cómo la reivindicación de la homosexualidad no se volcó hacia la denominación de la cultura gay, misma que fue denominada de esta forma hasta la década de los ochenta, ya que dentro de la formación marxista, el autodenominarse como gay sostenía un vínculo marcado con la cultura estadounidense en plena Guerra Fría.5
En estas más de cuatro décadas hemos visto cómo los registros de violencia, la exposición del cuerpo sin vida, no sólo no han parado, sino que junto a la reproducción de estos discursos de odio, emergen también imágenes destinadas para el consumo de la comunidad y que de alguna forma intentan —aunque no sólo no lo logran sino en el fondo no es su fin— traspasar ese grado de abyección y situarse dentro del espacio “gay friendly”, que para algunxs agentes con privilegios funciona como una especie de campo de “protección”.
Es decir, por un lado se encuentra la imagen dialéctica —el cuerpo sin vida o que no debe de tener vida— donde la muerte es un loop para quienes definitivamente se encuentran en el lado invisible por ser justamente desclasadxs, “informes”, racializadxs o trans; por el otro, vemos una estética globalizada, rosa o arcoíris, que muestra parejas, en su mayoría blancas, en hoteles con banderita multicolor, o con ropa que saca su merchandise oficial de la época, así como toda clase de productos culturales hechos sintéticamente para este mes.
Ciertamente hemos atravesado categorías y estéticas muy distintas, donde la sensibilidad de lo Camp en Susan Sontag quedaría incluso dentro de la estética globalizada, como una producción de servicios y productos hechos para ser consumidos masivamente o de manera moderada para actorxs cuyo estatus está más allá de lo reconocido dentro de esta masa. No obstante, volvemos al problema del poder.
Claramente productos culturales como Un mundo de diferencia de Howard Cruse, Batwoman o incluso el personaje de Mystique en X-men, no crea un cambio radical en las problemáticas relacionadas con pobreza como el acceso a servicios de salud y abastecimiento de medicinas en la comunidad, la erradicación absoluta de la violencia hacia cualquier agente más allá de su identidad, pero ciertamente logra un cambio entre la formación de imaginarios y en la producción de narrativas que sostengan incluso tales escenarios. Así como en su tiempo GayBlade, el primer videojuego con temática LGBTTTIQA+ desarrollado por Ryan Best, fue creado con la única intención de divertirse y, de paso, arruinar a personajes ultraderechista como Bush, es posible dar una vuelta de tuerca, al menos dentro del espacio privado, y sacar algunas ventajas dentro de este consumo que, sin embargo, no son suficientes.
La visibilización dentro del espacio público seguirá siendo aquel mecanismo que se encargue de hacer cambios importantes, sobre todo después de los efectos de esta pandemia. Resulta interesante observar que un medio público como el Canal Once haya hecho una transmisión de la pasada marcha el día 26 de junio, junto con la incorporación de programas educativos para las infancias como ocurre con ¡Qué bonito!, dirigido por Mariana Gándara, y producido con apoyos federales, o productos cinematográficos como Los días sin nosotras, de Astrid Rondero, que se realizó, también, con recursos del Estado. Desde luego que debemos ser más puntillosxs, tanto con el discurso generado por el estado y las instituciones como con aquellos producidos por las diversas industrias que pueden apropiarse de sucesos que han cobrado vidas como aquella noche de Stonewall, el transfeminicidio de María Elizabeth Montaño y de los cientos de muertes que dolorosamente se cuentan cada año por el hecho de ejercer un poder sobre la propia cuerpa.
Este mes ha terminado, dejó cientos de registros de poder, libertad de amar, cuerpas valientes, pero también muchas dudas, cuestionamientos que debemos seguir bordando e intentando responder con el paso de los días y nuestra experiencia, así como nuestras ganas de salir, siempre sin miedo, a celebrar a ritmo pop nuestra diversidad.
Pasan de las dos y media de la mañana y aún queremos fiesta. Discutimos que casa nos queda más cerca, aunque siempre ponemos la nuestra, sin embargo, esta vez les digo que los vecinos ya no aguantarán otro escándalo, es mejor ir a otro lado. ¿Y si vamos al Kashbah?, pregunta Charly, mientras nos miramos ambiciosamente unos con otros. Osvi sentencia que sí, sí sí sí, llegamos al segundo show y si nos apuramos a parte del primero. Pedimos dos taxis con dirección a la Obrera y mientras esperamos, envío mensaje a Naún para ver si hay mesa disponible: enseguida contesta que sí.
Kashbah Le Club
Al llegar al lugar el portón negro luce cerrado, comenzamos a tocarlo, pero parece que no escuchan, algunos de los amigos comienzan a impacientarse, otros ya no aguantan las ganas de orinar y los más expertos comienzan a tranquilizar a todos, ahorita salen. Minutos después nos abren preguntándonos con quién vamos, les digo que Naún nos espera y los cadeneros nos reconocen de inmediato. Pasamos ya sin revisión dejando nuestros respectivos 50 pesos, a veces han sido 100 otras 150 o quizás un poco más. Dice Gabo que incluso algunas ocasiones no nos han cobrado, pero yo no lo recuerdo. Naún nos alza la mano y nos lleva a nuestras mesas, esa noche somos siete y queremos seguir bebiendo y cantando.
No sé cuántas veces hemos venido aquí, y digo hemos porque a Gabo y a mí nos encanta este lugar. La mayoría de las veces asistimos con amigos, y otras, las menos, solo ella y yo, después de algún concierto o de algún evento o reunión en el Barba Azul (salón de ficheras que está a escasos cien metros del Kashbah). Ella me recordó hace poco que la primera vez que fuimos fue cuando algunos de sus amigos le organizaron un cumpleaños hace seis años, a unos días de habernos casado. Esa noche, la de su cumpleaños, fue el match perfecto, ella cantó y bailó hasta que quiso junto a sus amigos y demás divas que se presentaron, mientras yo me la pasaba increíble, impactado por los shows y el ambiente que vimos esa noche, a pesar de que el lugar no estaba ni al 30% de su capacidad. Eso es algo que a Héctor le gusta, que es un lugar para divertirse sin hacer una larga fila para entrar, no estamos apretados dentro y tenemos la seguridad de que la música será siempre muy variada, convirtiéndolo en un salón de baile y fiesta.
Desde ese entonces, al Kashbah lo frecuentamos de muchas maneras, como lugar de pre-copeo, para presumirlo a algún amigo que no vive en la Ciudad, por el puro placer de ver y cantar los éxitos de los ochenta y noventa y desde luego, para afterear y seguir la fiesta hasta que amanezca, como dice Laura León. El Kashbah a diferencia de otros lugares con el mismo giro, es muy amplio por dentro, pero si te dejas llevar por cómo luce por fuera, no creerías que es un lugar donde hay un gran espectáculo travesti y de cabaret, ya que podrías confundirlo con alguna casa o bien, con una vecindad de las muchas que hay en la Colonia.
Cuando entras por su primer pasillo, te recibe un sonido estruendoso, la música por lo regular está a todo lo que da y a veces, es imposible hablar con tus acompañantes. La pista de baile está rodeada en su totalidad por mesas y sillas que siempre son las más solicitadas porque las artistas interactúan mucho con el público. Del lado derecho camino hacia los baños y después de esa primera fila, hay periqueras y algunos sillones tipo lounge que le dan otro toque al lugar, que, aunque más alejados del bullicio del show y el baile, se puede disfrutar muy bien de todo el ambiente y la atmosfera que produce el lugar.
Alguna vez mi primo, a quien no le agrada el Kashbah, me preguntó porque me gustaba ir ahí. Sin haber pensado una respuesta antes, pero seguro de que es uno de mis lugares favoritos en la Ciudad, le contesté que me gustaba porque me parece un lugar en decadencia, pero sin ser decadente, es un volver a esos shows muy en boga de los noventas que únicamente he visto en videos o documentales, quizás añorando haber vivido en esos años. Le dije que de igual forma me gusta que sigue manteniendo su aire underground y no solo por la zona en la que está, sino por todo el ambiente que genera ir, entrar y divertirse allí. Gabo dice que le gusta porque el show y las chicas son de primer nivel y el lugar, a pesar de estar en una colonia conflictiva, es seguro y se convierte en una máquina del tiempo.Es simplemente un lugar al que vas a divertirte y pasarla memorable con tus amigos, pero también con tus tías.
Preguntando a algunos amigos, la mayoría pensamos eso, por ejemplo, Pepe me dice que le gusta el contraste de glamour y sencillez, no es un lugar típico o comercial, es un poco clandestino, además los meseros son digamos “pizpiretos”. Voy ahí para entrar a otro mundo, uno más divertido. Héctor también coincide en que los meseros suelen ser un plus, el Kashbahtiene ese factor de lugar “raro” y, aunque ya sabemos cuál es la dinámica (contactar al mesero, llegar, pedir mesa, pedir la bebida, bailar y esperar el show o que llegue un poco más de gente), vamos a descubrir qué cosa va a suceder, con qué nuevo show nos van a sorprender, qué mesero chacal estará, que bailarín está más bueno o a cuál se le marca más el paquete, y también que “vestida” (sin ser peyorativo) aparecerá o que nueva artista será parte de Acapulco Paradise Internacional, como se le conoce a todo el grupo que hace el show.
Esta vez el lugar está repleto y cada vez es más recurrente que suceda, ahora vienen más extranjeros y parejas bugas que se han ido enterando del lugar por reseñas y entrevistas que han salido en la tele o en páginas de internet, incluso han ido famosos que únicamente ven el primer show y después se van. Lo bueno es que aún con ese lleno, Naún nos da una mesa enfrente de la pista y a lado de la puerta donde salen las artistas. Yo prefiero ver de más lejos, como cuando nos daban las mesas del fondo pero que estaban un metro arriba de las demás, se podía ver mejor el show, en panorama, sin embargo, a la mayoría le gusta estar junto a la pista, en medio de la gente y conviviendo más con las dragas y los bailarines.
Apenas llegamos a ver el cierre del primer show, ese que empieza a la 1:30 am. Pedimos un par de botellas y algunas cervezas mientras nos acomodamos. Vemos como el show lleno de plumas y penachos se despide en medio de los aplausos para enseguida, ver como la pista comienza a llenarse de personas que bailan a ritmo de reggaetón que se intercala con tribal y otros géneros raros medio electrónicos. Después vemos a parejas bailar cumbia, guaracha y hasta algún sencillo de RuPaul
Es regular que al término de los shows las artistas salgan y convivan con los clientes o amigos que a veces invitan, también es común que se sienten en las mesas para que les inviten un trago mientras platican o se toman fotos. Esa noche, la primera en salir y saludarnos es Barbie que, por cierto, nunca pierde el papel, siempre está sonriendo como si fuera un concurso de belleza. Ella interpreta a varias divas muy populares, desde Shakira hasta Beyoncé, pasando por Gloria Trevi, Selena, o alguna artista que JL (el jefe del lugar) le asigne. Ella nos saluda a todos y se queda más tiempo con Charly y Osvi platicando hasta que parece que le llaman de otra mesa y se va.
Pasa un rato y a la mesa llega Melissa, una de nuestras favoritas porque interpreta a Jenni Rivera, Yuridia, Lupita D´Alessio y hasta a una Astrid Hadad algo periqueada. Melissa es muy alta y muy voluptuosa, de hecho, hemos visto como algunos amigos quedan cautivados por sus encantos frontales, olvidando que van con sus novias. Ella siempre tiene una sonrisa o carcajada, cada que nos ve se sienta con nosotros, bebe de lo que tenemos en la mesa, pero eso sí, cuando está en escena, le mandamos su shot de tequila que es lo que le gusta. Le preguntamos que a quién le toca hacer en el segundo y nos dice que a Jenni y todos nos emocionamos. Melissa siempre está hablando, contándonos cosas, sabe atender a su público y tal vez eso nos ha dado la confianza de contratarla en algunos eventos que hemos hecho, es muy buena en lo que hace.
Esperar el segundo show suele ser muy cansado y más si vienes de otras fiestas con todo lo que eso conlleva. Sin embargo, la espera pasa relativamente rápida entre los amigos, el baile, los besos, el alcohol y, sobre todo, el ambiente que se absorbe. Héctor dice que los mismos asistentes crean un cuadro muy diverso, desde nosotros un grupo de amigos que siempre vestimos de negro, hasta los chavitos fresas que cayeron en el lugar llevados por algún amigo que ya lo conocía. También los extranjeros, los chacales, el grupo de amigas, y desde luego los clientes de siempre: en su mayoría señores que bien pueden ser amigos del vestuarista del show Gilberto Granillo o de JL. Gabo coincide en que la combinación de estilo de los asistentes es muy particular y un claro ejemplo de que las canciones despechadas y el pop siempre unen a la gente.
El segundo show comienza puntual lleno de rumba, acrobacias, lentejuelas y plumas, en donde salen todas los interpretes que participaran. Gabo nos dice que, en este show, el de las 5 am, nos va a tocar la hora despechada como yo le digo, porque podremos escuchar a las divas mexicanas como Lupita D´Alessio, Laura León, Edith Márquez, Dulce, Rocío Dúrcal o mi Jenni querida QEPD, muy diferente al primero donde hay más coreografías y en el que el vestuario y ballet lucen más, haciendo que el espectáculo sea digno de un casino de la Vegas, presentándonos a las grandes divas del pop en inglés como Cher, Kylie Minogue, Lady Gaga y hasta Katty Perry.
A Héctor le gusta eso, que los personajes de las presentaciones sean variaditos, que podamos ver a Jenni o Shirley Bassey, a Cher o Liz Minnelli, incluso hemos llegado a ver todo un musical como ¡Cats!, se ríe mientras recuerda esto y continua, ah y desde luego, no olvidemos que también podemos ver a íconos gay como Paulina Rubio o Thalía. Todo esto mantiene a la audiencia atenta a lo que va saliendo, a lo que cantan y en espera de que estos intérpretes se acerquen a tu mesa a saludar y brindar.
Esa noche tenemos suerte y nos toca un imitador de Juan Gabriel algo maduro, muy similar al divo en sus últimos años. Su actuación y el lip sync con la ya clásica “Porque me haces llorar” es formidable. Con copa en mano prende al público que queda y muchos cantan y le dan propinas, acto que me recuerda enseguida al Muxets en Monterrey.
Muxets
El Muxets se encuentra en el centro de Monterrey, muy cerca del Palacio de Gobierno. Esa ocasión que fuimos nos invitó nuestro amigo Pepe, que reside allá y que como a nosotros, le encantan estos lugares. Nos prometió un gran show travesti, es como el Kashbah lo van a amar, nos dice, y nosotros estamos impacientes. El show comienza a las 10:30 pm y finaliza a la 1 am, Pepe nos dice que lo malo es que ahí no nos podemos parar a bailar como en los de la Ciudad de México, esa pista solo está destinada para el show y sus imitadores.
Entramos unos minutos antes de que inicie y el glamour del lugar te recibe de inmediato con una pared de colores platinados y luces neón con un letrero que dice MUXETS en un azul diamantino. El mesero nos ubica a un costado de ese escenario en donde estaríamos a centímetros de los artistas que poco a poco comienzan a hacer sus rutinas: de Paulina Rubio a Alejandra Guzmán, de Paquita la del Barrio a Lupita D´Alessio, de Edith Márquez a Juan Gabriel. El show avanza rapidísimo.
Cada presentación luce espectacular, los playbacks son exactos y a diferencia de otros lugares, estas imitadoras se dan el lujo, según sus personajes, de caricaturizar o burlarse un poco más de sí mismas, como lo vemos en una Lupita D´Alessio mucho más subida de peso, pero más divertida y teatral o bien, a la clásica Paquita, que exalta aún más las lágrimas que siempre la han acompañado a lo largo de su carrera.
Punto y aparte se vuelve el imitador de Juan Gabriel, a mi consideración, uno de los mejores que he visto. Este JuanGa más joven y un poco más esbelto, pero igual de cachetón, nos recuerda a aquel que dio el concierto legendario de Bellas Artes, incluso, pareciera que trae los mismos cambios de ropa y, sobre todo, nos llama la atención las chaquetas tipo torero que porta y que cambia cada que suenan las canciones como el divo real en ese show; del verde al negro o al azul para después continuar en rojo. En un lapso de quizás treinta minutos, el Juan Gabriel del Muxets interpreta las canciones más llegadoras con mariachi, haciéndonos cantar con él a coro, Yo sé de un tonto que te quiere y que se enamoroooooo de ti, y se bien que los dos se entienden y que los dos se ríen de mí, tú crees que yo no me daba cuenta… Le aplaudimos la entrega y que nos ponga el sentimiento a flor de piel, queriendo que siga y siga, acompañándolo con tequilas que Pepe pide para todos, sin embargo, aún hay artistas que esperan su turno y el divo termina por despedirse.
Sin cambiar el género, el turno tocó a una Rocío Dúrcal madura, sorprendiéndonos por su gran parecido que me hizo grabar de inmediato, un video corto para que me creyeran cuando contara esto. Portaba un vestido negro de lentejuelas entallado, con holanes a la altura de las rodillas. Su set nos llevó por canciones clásicas como “Frente a Frente”, “La Gata Bajo la Lluvia” y “Costumbres”. El pulso vuelve a subir cuando el imitador del Divo de Juárez, sube para entonar a dúo con ella “Déjame vivir”.
A punto de cerrar el show subió Edith Márquez, una de las favoritas por sus canciones de despecho. El parecido era bastante o al menos eso pensé (quizás el par de litros de vodka preparado que tomé me hacían ver eso), cosa que me hizo subir una historia a Instagram y etiquetar a la verdadera Edith. Grave error, pues al parecer la Edith original o su community, se molestó con eso y reportó mi publicación, haciendo que el video de 15 segundos fuera eliminado y mi cuenta suspendida por algunos días. No importó, esa noche la actuación de la Edith regia fue maravillosa, al igual que la de todos los artistas que pudimos ver esa noche.
Al preguntarle a Gabo que le pareció, me contesta que le gustó y no, lo que sí me gustó es que tienen unos verdaderos artistas, las interpretaciones y caracterizaciones son impresionantes. El show es largo y variado, y aunque el lugar es pequeño, el escenario es grande como para que Beyonce o Gloria Estefan hagan sus bailes con soltura. Lo malo es que cuando acaba el show cierran el lugar sin posibilidad de saltar a la pista de baile. Pepe dice que en Muxets se admiran las luces, el talento y el alma que entregan los artistas cada noche en el escenario, además de que me gusta que los shots me los sirve Juan Gabriel.
El show como bien no lo advirtieron terminó puntual pero la noche apenas empezaba. Pepe y sus amigos nos dijeron que la siguiente parada era en el Japi en San Pedro, porque en ese lugar, sí cierra hasta que amanece.
La Perla
Escribir sobre el Kashbah o el Muxets, me hace pensar inevitablemente en La Perla. Ubicado en la calle de República de Cuba, en pleno Centro de la Ciudad de México, este lugar es de los que más sabor da a las noches de quien se quiere divertir hasta altas horas de la madrugada.
Antes de conocerlo tal como es, La perla funcionó como bar de ficheras en los noventa y después, como un salón de eventos privados, en donde se podía escuchar un sinfín de variantes musicales a finales y principios de los años dos mil. Su explosión mediática fue en ese re-descubrimiento en la última década por las generaciones más jóvenes y desde luego, por los que nunca dejaron de asistir a ese lugar en el que pueden ser ellos mismos y que, además, se pueden divertir junto a las caracterizaciones de artistas y shows emblemáticos.
A La Perla solo he ido un par de ocasiones, a pesar de que, en su historia, nos cuentan que son un Bar Cabaret fundado en 1946 aunque, en otra entrevista, el dueño actual menciona que está desde 1979. El problema o quizás el acierto de este lugar, es que es muy difícil conseguir una reservación (tal vez por su tamaño y demanda), requisito indispensable para poder entrar, y muchas veces, hay que hacerlo hasta con un mes de anticipación (quizás he tenido mala suerte con esto y no sea tan complicado), volviéndose muy difícil que, como asistente, puedas repetir un par de ocasiones al mes, aunque pienso que puede ser que eso ayuda a que mucha más gente pueda conocerlo, pero la verdad es que este siempre es un tema. Lo de la reservación es un gran inconveniente, me dice Osvi, no me gusta porque nunca hay mesa. Eso sí, me dice que cuando ha entrado su show es buenísimo y muy largo. Pepe también ha logrado entrar con previa cita, diciéndome que cuando ha estado ahí, te puedes transportar a otra era, en la que las divas de la música y su audiencia, son las protagonistas de la noche, además de que, al estar en el Centro de la Ciudad, le da más glamour.
Y es cierto, una vez que logras entrar el lugar es muy llamativo, muy kitsch, por momentos me recuerda al legendario Teatro Fru Fru, que albergó muchos shows cabareteros en la década del setenta, cuando lo rescató y remodeló La Tigresa. La decoración de La Perla te hace click desde que entras, de inmediato ves los hermosos candiles que rodean el techo del escenario y que, además, tiene en el centro una enorme bola de espejos tipo disco. De igual manera podemos ver imágenes de personajes pop que van desde el Maestro Limpio, Marilyn Monroe o Pérez Prado, hasta el Diablo o Jesucristo. La pequeñez del lugar hace que por momentos el calor sea sofocante, ya que siempre se llena en espera de ese par de shows (11:30 pm y 1:30 pm).
El preámbulo es principalmente para acomodarte y empezar a beber, las caguamas son lo que más se vende, aunque también hay otras bebidas. Ya entre los shows y después de estos, para los que se quedan, se abre pista con música muy variada como en una boda o una fiesta de quince años, en donde caben todos los gustos: salsa o cumbia para los bailadores y desde luego pop en español e inglés, para todos los que de a poco, llenan la pista hasta que es casi imposible moverse con facilidad. Cabe señalar que algunos de sus asistentes, van a La Perla como primera parada de su noche y en cuanto termina el primer show, seguir el baile dentro del Marra o La Puri, o bien, continuar cantando a ritmo de mariachi en la Plaza Garibaldi.
Una vez que anuncian el inicio del show, el tiempo se detiene y toda la atención se la llevan las artistas y bailarines que regularmente tienen una gran caracterización, actuación y vestuario, que nos hacen ver interpretaciones muy buenas de divas como Selena, Gloria Estefan, Paulina Rubio, Paquita la del Barrio, Dulce, Yuri y otras más. Pero también tienen un set que vuelve muy pero muy surreal el evento, al presentarte estrellas para público infantil como Cepillín, Tatiana, Parchís, Xuxa o la Chilindrina.
Si bien La Perla siempre es impactante para visitantes primerizos o extranjeros que asisten por lo afamado y céntrico del lugar, para otros que van y gustan de estos eventos más recurrentemente, el lugar se vuelve una opción secundaria al preferir ir a otros lugares con menos restricciones, pero sin duda, La Perla es un lugar indispensable de la noche y la fiesta.
De regreso al Kashbah
El show continúa con un gran performance de Melissa como Jenni, interpretando “Resulta”, “Querida Socia”, “Chuper Amigos y “La Gran Señora”. “Inolvidable” se vuelve la más coreada y hasta bailada. Después llega el turno de Dulce, Selena y finalmente, para cerrar la noche Edith Márquez.
Esta Edith es muy delgada y bien podría recordarnos a esa que se hizo famosa en el programa Papá Soltero o en esos primeros discos de solista. Ella también es una de nuestras favoritas y aunque no le hablamos como a algunas otras, alguien de nuestro grupo siempre le manda una copa de Torres 10, que es lo que le gusta beber al interpretar a la cantante con canciones como “Mírame”, “Dejémoslo Así” o “Mi Error, Mi Fantasía”.
Al preguntarle a mis acompañantes por qué les gusta asistir a este tipo de lugares Gabo y Osvi coinciden en que hay un pequeño dejo de nostalgia por esas divas que siempre han escuchado. Gabo dice que es regresar en el tiempo, pues esas canciones que solo sonaban cuando era pequeña porque las ponían mi mamá o mis tías, ahora me pegan, es en ese momento cuando comienzo a apreciarlas. Osvi dice que desde siempre le gustaban y que, además, son canciones y cantantes que nunca pasaran de moda.
Héctor se pone más reflexivo y dice que le gustan por la mezcla de música “arrabalera” con diversos géneros te hacen pasar un buen rato, además de que se emula a los salones de baile, pero con el toque gay que busca generar la fiesta para todos los presentes, con canciones para bailar pegadito o perrear intenso con el ligue en turno o bien, para corear a todo pulmónla música de “señora”.
Les pregunto por otros lugares similares a estos tres y Héctor me dice que el Spartacus en Neza, muy famoso por ser uno de los lugares preferidos (cuando visita nuestro país) de María Olvido Gara mejor conocida como Alaska. Le digo que puede ser, aunque no es de mis preferidos, pero muchos dicen que aparte de los shows que dan ahí, el mayor plus es que tiene cuarto oscuro y meseros que te dan privados. Pepe a su vez me recomienda la Taberna de Caudillos en Guadalajara, en dónde aparte del show de las divas, hay strippers. Le digo que ese no lo conocemos y que será visita obligada la próxima vez que estemos allá. Yo recuerdo al Pipiris que visitamos la última vez que fuimos a Oaxaca y Osvi, me dice que el 8 en Eje Central pero ya no existe.
Hemos pasado al menos cinco horas dentro del Kashbah y en el lugar ya se puede vislumbrar algunos asistentes pasados de copas e incluso a algunos dormitando. Nosotros seguimos “enteros”, pero sabemos que ya es hora de irse porque como en casi todos lados, siempre hay intensos que no controlan todo lo que ingieren. Pagamos la cuenta, nos levantamos y despedimos de Naún, de JL y de Melissa a lo lejos porque ya está ocupada con algunos clientes. La noche travesti, con plumas, lentejuelas, glamour, kitsch y nostalgia ha llegado a su fin.
Salir del Kashbah como me dice Osvi, es un regresar a la realidad, porque adentro puedes pasar ocho horas que parecieron solo una. El sol de la mañana está a todo y de primer momento parece que entendemos a los vampiros, este pinche sol nos está matando. Miramos hacia la derecha para ver sí la señora de los tacos sigue abierta, nos acercamos y le preguntamos si aún tiene, claro joven aquí siempre hay, los fines abrimos veinticuatro horas gracias a Dios. Nos sentamos y pedimos dos caguamas, tacos campechanos para todos y empezamos a decidir que sigue, si nos vamos a otro lado o bien, le ponemos fin a la velada porque el cansancio y el sueño comienzan a alcanzarnos.
Thomas Hawk, Retrato de Elon Musk, Flickr, Atribución-NoComercial 2.0 Genérica.
To accomplish his object Ahab must use tools; and of all tools used in the shadow of the moon, men are most apt to get out of order.
Herman Melville, Moby Dick
“Elon, tienes que aceptar que la gente a veces tiene que cagar.”
Kevin Brogan, uno de los primeros ingenieros que se unió a la enorme fuerza laboral que ahora tiene SpaceX le dijo esto, alguna vez, a Elon Musk. Se lo dijo en el contexto de una discusión sobre productividad. Elon Musk, en su obsesiva cultura de ética del trabajo, en algún momento, quiso manejar neuróticamente todo lo que hacían sus empleados. Esto llegaba hasta observar, hora por hora, minuto por minuto, cómo utilizaban su tiempo. Y sí, supervisar las pausas para comer o ir al baño.
La leyenda de Elon Musk empieza entonces como algo más allá de lo humano. Su fiebre por el trabajo, por los logros imposibles y los cronogramas poco realistas lo convirtieron en un mito dentro y fuera de sus empresas. El tipo parece no regirse bajo las leyes humanas. No come, no descansa y, como el propio Brogan cuenta, orina con una eficacia y rapidez espeluznante.
Musk no es el CEO distante que se aparece a veces para dar palmadas en la espalda. Es el tipo que se ensucia las manos; que pasó 7 días a la semana y 24 horas al día en una fábrica de Tesla supervisando el desarrollo del Model 3; que estuvo constantemente quedándose con su extravagante equipo de ingenieros y científicos en las Islas Marshall, en el Atolón de Kwajalein, supervisando las primeras pruebas del cohete Falcon 1 de SpaceX. Y ese es el mito que sigue empujando su carismática y controversial figura.
El CEO de tres compañías públicas y tercer hombre más rico del planeta gusta de alimentar un cierto culto a la personalidad. Su figura se ha convertido en un encuentro de opiniones apasionadas en quienes lo ven como un falso profeta y quienes se desgarran las vestiduras por defenderlo en línea. En medio de eso, Musk cambió por completo la imagen del CEO carismático de Silicon Valley que había heredado de Steve Jobs.
A diferencia del genio del marketing de Apple, Musk no se resguarda en una vida privada lejana del ojo público. Al fundador de SpaceX le gustan los reflectores, codearse con celebridades, casarse y divorciarse de actrices e ir con Sean Penn de paseo a Cuba para entrevistarse con la familia Castro. Al mismo tiempo, sus apariciones públicas son mucho más espontáneas que las de Jobs.
Musk insiste en que no tiene tiempo para preparar presentaciones. Por eso, en muchas ocasiones, sus conferencias de prensa resultan en desplantes ridículos o simplemente confusos. Todo depende del humor del magnate. En ese sentido, con su comedia internetera, hija de Monty Python, llena de referencias a memes y foros de Reddit, a chistes de videojuegos y nombres sacados de novelas de ciencia ficción, Musk se ha convertido en la encarnación exitosa, vengativa, aspiracional, del geek.
Esta es la era de la revancha de los nerds, de los parias de la computadora, de los Steve Wozniak que siempre estuvieron a la sombra de los Steve Jobs. Y Musk encarna justamente eso. Es un hombre educado en ciencias, apasionado de la física, con un talento nato para escribir código y una comprensión de ingeniería mucho más avanzada que cualquier CEO de Silicon Valley. Es el magnate que está en la fábrica con los geeks debatiendo pormenores de una válvula y jugando shooters con sus empleados antes de ir a una cena con Larry Page, el fundador de Google, y discutir la posible fabricación de medios de transporte utópicos.
Por supuesto, su aura está llena de sueños utópicos. Musk no se vende simplemente como el nerd que logró conquistar el capitalismo tardío. Su venganza no es la de Jeff Bezos levantando pesas. Él tiene una misión que no ha cambiado desde que era un pequeño niño bulleado en la Sudáfrica del Apartheid. Este hombre quiere cambiar al mundo. Sus tres misiones principales se enfocan en reducir los costos de grandes empresas humanas y cambiar por completo la forma en que percibimos la carrera espacial, el desplazamiento automovilístico y las fuentes de energía.
Todos las imágenes de Musk que pueden parecer propaganda maoísta, lo muestran con la mirada ligeramente inclinada hacia arriba, torneada, viendo a un horizonte que nosotros los mortales apenas percibimos en el brillo de sus pupilas. Musk quiere colonizar el espacio, que abandonemos el uso de combustibles fósiles y, en breve, salvar al futuro de la humanidad mientras se hace multimillonario en el intento.
¿Es esta misión un recurso de marketing? ¿Acaso Musk puede salvar a la humanidad a través del mismo sistema capitalista que la está condenando? ¿Acaso Musk es el mesías tecnológico que tanto hemos estado esperando? ¿Aquél que, finalmente, va a usar todo el progreso humano para el bien y no para la inercia de la autodestrucción?
Como pueden imaginarse, es demasiado pronto para saberlo. Lo único que podemos hacer, por el momento, es reflexionar sobre esta polémica figura y preguntarnos sobre por qué decidimos creer, una y otra vez, en nuevos mesías. La figura de Musk es tan culturalmente importante por cómo reaccionamos frente a ella, cómo causa admiración, encono, odio y amor. Musk, finalmente, comprendido como mito, habla mucho de cómo percibimos el futuro y cómo nos imaginamos en él.
El mesías libertario
El mito de Elon Musk empieza mucho antes de su nacimiento. Su abuelo materno, Joshua Norman Haldeman era una figura más grande que la vida. Un hombre de casi dos metros que perdió todo su dinero en la gran depresión de los años treinta, que tuvo que ceder sus tierras de cultivo para convertirse en un obrero de la construcción, un artista de rodeo y un quiropráctico antes de encontrar fortuna y asentarse, por algunos años, en una ciudad perdida en el centro de Canadá.
Ahí, se convirtió en una figura prominente en la política. Un hombre de convicciones fuertes, Haledman creía en la vieja moral canadiense, prohibía la Coca Cola en su casa, las groserías y el tabaco. Su familia creció y él se enriqueció con su práctica de quiropráctico y gracias a la escuela de baile de su esposa. Pero pronto lo dejó todo atrás por una ferviente pasión de aventura.
Además de sus múltiples dotes como quiropráctico, político y moralista, Haldeman era un piloto de aviones dotado. En los albores de los años cincuenta, vendió todo lo que tenía en Canadá, desarmó su avión, lo guardó en cajas y mandó todo a Sudáfrica, un país que no conocía en absoluto. Desde ahí, llevó a su numerosa familia en avión a recorrer el continente africano. En alguna ocasión, con su esposa, viajó desde Sudáfrica hasta Noruega y de Sudáfrica hasta Australia. En varias ocasiones, por supuesto, estuvieron al borde de la muerte. Hasta que, finalmente, Haldeman se rompió el cuello en un accidente aéreo en 1974.
Elon Musk recordará difusamente la influyente figura de su abuelo; un hombre que nunca dictó una educación severa a sus hijos, sino que esperaba todo de ellos y creía en la voluntad férrea de sus propias convicciones. Toda esta educación acabó formando al joven Musk, hijo de la más bella hija de Haldeman, la modelo y actriz Maye Musk y del ingeniero Errol Musk que siempre vivió en el mismo vecindario blanco de Pretoria.
Musk creció entonces con padres permisivos, en un ambiente privilegiado, en una ciudad predominantemente blanca, sumida en la cultura Afrikaans, en la época más reacia del Apartheid. Pero, contrariamente a lo que muchos piensan, la infancia de Musk no fue particularmente feliz.
Ciertamente, Musk no sufrió ninguna de las miserias de sus conciudadanos negros. Sin embargo, la cultura hiper-masculina y deportiva de los Afrikaans privilegiados no era un lugar muy agradable para un niño estudioso, lector voraz, tímido, abstraído y completamente dedicado a las fantasías de ciencia ficción. Para que se den una idea del mito geek fundacional de Musk, una revista de tecnología publicó, en Sudáfrica, el código de un videojuego que escribió a los 12 años.
Musk creció con su padre, alternando lo que luego caracterizó como un constante terror psicológico en casa, con las golpizas diarias de los bullies en la escuela. Desde chico, entonces, su sueño era escapar. Escapar, específicamente, a la tierra donde todo es posible, al hogar del sueño americano, de la carrera espacial, del desarrollo tecnológico de punta y de los sueños de ciencia ficción.
La familia Musk creció en el privilegio blanco y adinerado de Sudáfrica. Pero el joven Elon nunca quiso participar de la cultura Afrikaans que tanto lo había atormentado. Hizo todo por evitar el reclutamiento al servicio militar que lo hubiera hecho un partícipe directo del régimen del Apartheid. En vez de eso, logró huir a Canadá con 2 mil dólares en la bolsa y se abrió camino hasta la universidad de Penn State en donde consiguió un doble diploma en economía y física. La universidad de Stanford lo aceptó para un doctorado, pero Musk nunca ingresó a estudiarlo.
Para esa época, sus intereses ya se enfocaban en otras cosas. Muchos de sus ensayos escolares ya trataban temas que lo seguirán obsesionando como la posibilidad de desarrollar paneles solares a gran escala y ultracapacitores, y la creación de
grandes reservas de energía renovable. Pero el verdadero mito del emprendedor nació con un viaje en carretera con su hermano Kimbal en donde cultivaron la idea, en 1994, de entrar en los negocios en línea.
Con un capital inicial que les regaló su padre de 28 mil dólares, los hermanos Musk fundaron Zip2, una startup para anunciar negocios en internet. Hay que subrayar aquí la enorme suerte con la que corrieron los hermanos. Ahora suena evidente pensar en la publicidad en línea. Pero, en ese momento, era un panorama desolador y nadie creía en las nuevas virtudes de internet como un medio factible para anunciar un negocio.
Sin embargo, los hermanos lograron hacer crecer su negocio tocando puertas. Entonces empezó a crearse otro mito alrededor de Musk. Mientras Kimbal era el hermano carismático que vendía la idea de Zip2, Musk escribía el código con una ética de trabajo que espantaba a los nuevos programadores que contrataban. Tenía, según cuenta la leyenda, un beanbag junto a su escritorio en el que solo dormía unas cuantas horas para pararse y seguir programando. Se bañaba cuando recordaba lejanamente la más mínima higiene personal, una vez a la semana, si acaso.
La compañía creció y, poco a poco, Musk fue perdiendo el control de todas las decisiones. Sin duda, él era el experto en las cuestiones técnicas y siguió siendo el CTO (Chief Technology Officer), pero los inversores en la joven empresa designaron a alguien más para ser CEO. Por los berrinches de Musk al perder, poco a poco, control de su compañía, un trato para unirse a CitySearch, una compañía tasada en 300 millones de dólares, terminó reventando.
Zip2 estaba en problemas y las soluciones que quería ofrecer Musk, encaminando su producto directamente a los consumidores, no le parecía sensata a nadie. La compañía estaba sangrando dinero y, posiblemente, hubiera terminado en la quiebra si Compaq Computer no hubiera ofrecido, de la nada, en febrero de 1999, comprarla por 307 millones de dólares.
Musk terminó con 22 millones en la bolsa y comenzó a buscar en dónde invertirlos. Por supuesto, antes de hacerlo, como un joven millonario ostentoso, se compró un Mclaren F1 de un millón de dólares y empezó a hacer declaraciones irracionales a la prensa. Todos lo vieron como se veía entonces a los jóvenes emprendedores de Silicon Valley: geeks fuera de control con demasiado dinero y poca experiencia de vida. Cuando recibió su Mclaren, Musk dijo en una entrevista que ahora podía comprar una isla, pero prefería crear una nueva compañía.
Una nueva idea llevaba tiempo cocinándose en la mente hiperactiva del joven millonario. El asunto giraba en torno a un nuevo sistema de banca en línea. De nuevo, es algo que ahora nos parece evidente, pero en 1999 nadie creía que el público pudiera tener suficiente confianza en internet para guardar ahí sus cuentas de banco. De alguna manera, la burbuja del e-commerce terminaría por demostrarlo. Sin embargo, Musk empezó a crear un nuevo sistema de banca en línea que llamó X.com en el que invirtió cerca de 12 millones de dólares, más de la mitad de sus ganancias por la venta de Zip2.
La idea de Musk era que el negocio de los bancos estaba en manos de gente inepta que no quería cambiar sus viejas maneras. Los banqueros estaban sumidos en jugadas seguras y problemas burocráticos y él iba a librar todos estos impedimentos revolucionando el mercado financiero.
Por supuesto, el joven empresario sabía muy poco de ese negocio y no midió el poder de los adversarios que estaba provocando. A pesar de todo esto y de que el ambiente dentro de su nueva compañía no era ideal por la problemática relación de Musk con todo el que lo criticara, X.com consiguió una licencia de banca y salió al público en noviembre de 1999.
Pronto llegó un competidor directo que atacó con un esquema mucho más pragmático. Se trataba de una pequeña compañía llamada Confinity que se enfocó solamente en transacciones sencillas a través de la web y del e-mail. Su servicio se llamaba PayPal y sus creadores, Max Levchin y Peter Thiel, comenzaron a causar revuelo.
La batalla entre Confinity y la compañía de Musk se extendió durante meses hasta que, finalmente, las dos compañías decidieron unirse para sobrevivir. PayPal era el mejor producto que ambas tenían, pero X.com tenía la solvencia necesaria. Musk se convirtió en el CEO de la compañía hasta que los inversores organizaron un golpe mientras estaba de luna de miel y lo quitaron del cargo para imponer a Thiel. La compañía cambió de nombre a PayPal y todos parecieron darle la espalda a Musk.
Finalmente, en medio de la crisis del e-commerce, cuando todo Silicon Valley estaba en su momento más oscuro y estallaba la burbuja de esperanza en el internet, llegó otro golpe de suerte para Musk: eBay ofreció comprar la compañía por 1.5 mil millones de dólares en julio de 2002. Con eso, Musk pudo dejar atrás todas las disputas por la compañía y retirarse con unos muy saludables 180 millones de dólares libres de impuestos en la bolsa.
Musk se había convertido en un multimillonario a los 31 años. Y, sin embargo, la imagen que quedó de él en Silicon Valley era la de un tipo demasiado impetuoso, alguien que nunca pudo ser un verdadero líder en ninguna compañía, que se aprovechó de la venta de invenciones que ni siquiera fueron suyas y que llegó a donde estaba gracias a mucha suerte y a pesar de una serie de pésimas decisiones de negocios que mostraba una completa falta de ética profesional.
Sea como sea, Musk era rico y, después de una crisis de malaria que casi lo mata, comenzó a soñar con cosas más grandes. De entrada, se unió a un grupo de científicos aficionados que soñaban con llegar a Marte y organizó reuniones para considerar los pros y contras de mandar ratones al planeta rojo. En esas reuniones llegaron a aparecer futuros directores de la NASA y figuras del entretenimiento como James Cameron.
Estas reuniones se convirtieron en algo más y Elon Musk empezó a buscar la manera de construir su propia agencia espacial. Como es natural, muchos de sus amigos comenzaron a dudar de su salud mental. Sobre todo cuando encontró a un equipo de científicos y negociadores para ir a Rusia a comprar misiles balísticos de largo alcance para hacer un cohete con ellos. Los rusos también se mofaron de él. Lo vieron como un escuincle privilegiado lleno de dinero y ambiciones demenciales al que le podían exprimir una fortuna. Le trataron de vender un misil por 8 millones de dólares. Lo trataron con desprecio.
Esto picó el orgullo de Musk. En el vuelo de regreso de Moscú, empezó a cultivar una idea que, para bien o para mal, cambiaría al mundo: ¿Por qué no reducir todos los costos construyendo, él mismo, un cohete? ¿Por qué tenían que gastar un presupuesto desmedido para hacer una aventura espacial si lo que se necesitaba era, justamente, rebajar los costos de la carrera espacial?
Estableció un plan de negocios, encontró a Tom Mueller, uno de los más brillantes ingenieros de cohetes para construir el motor más ambicioso y barato de la historia, y así nació SpaceX.
A partir de ahí, la historia es conocida. Musk invirtió todo su dinero en SpaceX y apostó por levantar un cohete de la nada en el atolón de Kwajalein en las Islas Marshall. Entre 2005 y 2008, Musk corrió una carrera contra su propio dinero para levantar el Falcon 1 y asegurar contratos gubernamentales que le permitirían financiar sus siguientes proyectos espaciales.
En medio de esto, invirtió poco más de 6 millones de dólares en la compañía Tesla de Martin Eberhard y Marc Tarpenning. Se convirtió así en su principal inversor y tomó control de su brillante intento de crear un coche eléctrico con baterías de litio. Junto al más grande experto en la materia, J.B. Straubel, Musk creó una vorágine de prensa alrededor de un producto que no existía. Y, mientras intentaba mandar un cohete al espacio empezó a sangrar dinero con esta nueva aventura que todos ridiculizaban.
En 2008 vino el gran triunfo de Musk. El cohete Falcon 1 logró despegar sin problemas, después de 4 intentos, en las Islas Marshall asegurando a Musk un contrato de 1.6 mil millones de dólares de la NASA para doce vuelos de abastecimiento a la Estación Espacial Internacional. Unas semanas antes, Musk logró inyectar una ronda de inversión en Tesla que salvó de milagro a la compañía unas horas antes de que tuviera que declarar la bancarrota.
En 2010 Tesla se volvió pública recaudando 226 millones de dólares. A pesar de que había gastado más de 300 millones en siete años y perdido 55.78 millones solamente en 2009, los inversores creyeron en la capacidad casi irreal de Musk de materializar sueños demenciales. Fue la primera compañía de autos en volverse pública después de que Ford lo hiciera en 1956.
En 2012, Tesla sacó el Modelo S, un coche eléctrico de lujo que podía llegar de 0 a 60 millas por hora en 4.2 segundos, con una autonomía de 300 millas por una sola carga que tardaba 20 minutos. El coche se convirtió en una revolución absoluta de la industria automotriz en Estados Unidos. Primero porque nadie pensaba que era factible hacer un coche eléctrico de alta gama que atrajera a los consumidores. El Prius existía, pero era aburrido a morir. Después, porque creó una empresa de coches con un esquema de startup de Silicon Valley y lejos de las grandes plantas de ensamblaje y la burocracia habitual de Detroit. Finalmente, porque el coche se vendió como pan caliente y pronto rebasó la producción de 500 mil unidades al año.
Luego, Tesla compró SolarCity, la más grande proveedora de energía solar en Estados Unidos y creó 2 mil puntos de recarga de coches Tesla en el mundo. Todo con paneles solares.
La fortuna le sonrió a Musk. De un capital inicial de 28 mil dólares financiado por su padre, el joven sudafricano logró crear la primera compañía privada que llevó a humanos al espacio, es el tercer hombre más rico del planeta y sigue tejiendo sueños de ciencia ficción con nuevas formas de transporte en túneles y un plan para colonizar Marte.
Todo esto es una historia casi irreal de éxito sin compromisos en donde Musk, a cada vuelta del destino, ha puesto dinero en apuestas extravagantes que siempre termina ganando. Todo manteniendo el ethos de una compañía que no cesa de hablar del bien común.
Leída en la superficie, la historia de Musk mezcla el triunfo del empresario capitalista, del hombre que se hizo a sí mismo, del CEO poco convencional que se mancha las manos de grasa; es la historia del triunfo de Silicon Valley trascendiendo las aplicaciones frívolas para salvar a la humanidad de su muy certera condena planetaria; del geek bulleado que ahora intimida al mundo. El mito, por supuesto, tiene fundamentos sólidos e irresistibles. Como todo mito, también, esconde otros significados.
El Prometeo egoísta
Martin Tripp llegó a la Gigafactory de Tesla con la esperanza de construir un mejor futuro para sus hijos. Idolatraba a Elon Musk y creía fervientemente en la misión de la compañía de querer erradicar el uso de combustibles fósiles. Tripp empezó a trabajar en el ensamblaje del Model 3 de Tesla.
Después de la gama de lujo del Model S y del Model X, Tesla quería probar que podía crear un coche eléctrico para la clase media. Un coche que solo costaría 35 mil dólares y que podía ser apartado por un adelanto retornable de mil dólares. En semanas, la empresa de Musk tuvo más de 400 mil pagos de apartados. Una locura considerando que la compañía apenas podía fabricar algunos coches por semana, si acaso.
En ese momento, Musk acaba de terminar una relación con la actriz Ambert Heart. Sus más cercanos colaboradores decían que, normalmente, él era 95% genio y 5% locura. Después de esta ruptura, el balance se revirtió.
Musk decidió que debía crear una fábrica completamente automatizada porque había soñado con una hermosa imagen de robots ensamblando líneas interminables de vehículos. Todos pensaron que era una locura. Para no quebrar estrepitosamente, la compañía necesitaba fabricar 5 mil coches a la semana. Y no estaban ni remotamente cerca de lograrlo. Entonces, se desató el infierno.
Musk empezó a vivir en la fábrica haciendo toda clase de desplantes. Despedía gente a la menor provocación, salía a decir incoherencias en Twitter (algunas de las cuales llegaron a costarle multas de 20 millones de dólares), aterrorizaba a todo mundo y empezó a perder el respeto de sus ejecutivos. En dos años 36 vicepresidentes y altos mandos de Tesla abandonaron la compañía, incluyendo a la leal e indispensable asistente personal de Musk.
En medio de este caos, Tripp encontró horrores en la fábrica. Había baterías peligrosas regadas por el piso, los sistemas de seguridad eran ridículos, trabajadores consumían cocaína y metanfetaminas en los baños, algunos tenían relaciones sexuales en las áreas olvidadas del gigantesco complejo de Nevada. El empleado, idealista, trató de comunicar sus inquietudes a sus jefes. Pero nadie le hizo caso. Envió un mail a Musk que, por supuesto, no tuvo respuesta.
Desesperado, Tripp decidió ir anónimamente a la prensa. Entonces, Musk contrató a un equipo de seguridad para que averiguara quién había sido el informante. Cuando supo que era Tripp empezó a acosarlo con mails, lo despidió y filtró a la policía que ese empleado estaba desbalanceado y había amenazado con ir a balacear las instalaciones al día siguiente. Coches de policía rodearon a Tripp que, en llanto, les mostró las manos y les explicó lo que había sucedido. La policía dijo que era un hombre indefenso y desestimó los rumores de un posible atentado.
Entonces, Musk lo demandó por 168 millones de dólares. Al final, Tripp puso una contrademanda y ninguno de los dos procesos legales acabó en nada. Pero el empleado, rodeado de una atención que nunca quiso y en una pelea muy pública con uno de los hombres más poderosos del mundo, huyó con su familia a Noruega.
Musk le escribió en un mail: “Deberías sentir vergüenza por tratar de acusar falsamente a otras personas. Eres un ser humano horrible.” A lo que Tripp contestó: “Nunca acusé falsamente a nadie de estar involucrado en los documentos que produje sobre tus millones de dólares en desperdicios, los problemas de seguridad de tu planta, sobre mentir a los inversores y al mundo. ¡Poner coches en la carretera con problemas de seguridad es ser un ser humano horrible!”
Ciertamente, desde que el Model 3 empezó a salir a la venta y, más aún, cuando Musk empezó a jugar con pilotos automáticos, las dudas sobre la seguridad de los vehículos de Tesla han sido una constante. Pero es aún más interesante la confrontación absolutamente desmedida de Musk con un empleado común. Estos desplantes se suman, por supuesto, a las violaciones de los protocolos sanitarios cuando Musk insistió en volver a abrir sus fábricas en el auge de la pandemia en Estados Unidos el año pasado. Y, claro, a las numerosas críticas por la falta de consideración en la seguridad de sus empleados, las horas completamente ridículas de trabajo que Musk exige y los salarios mediocres que ofrece a cargo, o las estrategias agresivas del magnate para impedir que se formen sindicatos entre sus trabajadores.
Por supuesto, muchos empleados de Tesla están orgullosos de trabajar en la compañía. Al igual que en SpaceX, los trabajadores de Musk están orgullosos de lo que han creado y respetan al CEO por la pasión con la empuja a todos a dar su máximo esfuerzo. Sin embargo, queda planeando una duda que se repite en numerosas entrevistas con personas que han pasado por estas empresas: tal vez Musk ama a la humanidad y hace todo por salvarla, pero definitivamente no tiene ningún respeto por los seres humanos individuales.
Hace un par de años, cuando un equipo de fútbol infantil quedó atrapado en una cueva inaccesible, rodeada por mar, en Tailandia, Elon Musk se ofreció para crear un submarino y rescatar a los niños. Vern Unsworth, un buceador profesional que terminó rescatando a todo el equipo, lo confrontó diciendo que no ayudaba en nada colgándose de una tragedia para hacer stunts publicitarios. Musk se sintió particularmente ofendido y respondió de la forma más ridículamente infantil: acusando en Twitter a Unsworth de ser un pedófilo.
Este tipo de desplantes, como la persecución de Martin Tripp y todas las quejas laborales que se han acumulado con los años, pintan un panorama distinto del mito de Musk. Esta visión mucho más sombría del empresario, sin embargo, es parte de la misma moneda. Como muchos de sus biógrafos y defensores han tratado de demostrar, Musk está obsesionado por el panorama amplio y el legado histórico. Si su misión es salvar a la humanidad, no puede preocuparse por minucias. En la cruzada por la supervivencia, la especie va antes que el individuo, no se puede hacer una omelette sin romper algunos huevos, y todos los pensamientos que ponen un balance racional en la crueldad y frialdad humana, sirven como apología.
Biógrafos cercanos a Musk, como Ashlee Vance, aseguran que es un hombre familiar y amoroso, sensible y cercano. Los Musketeers, o esas hordas de aficionados en Twitter que amenazan e intimidan a reporteros y científicos que osaron poner en duda la palabra del más moderno Prometeo, también lo defienden con el escudo de la razón. La empresa de Musk por salvar a la humanidad es, para ellos, una cuestión de lógica que nada tiene que ver con la ideología. En resumen, éste es un hombre compasivo y sensible, que ha sido incomprendido por una prensa tendenciosa que busca titulares amarillistas.
¿Pero qué tan loable es la misión de Musk?
Tesla habla de salvar al mundo de las emisiones de efecto invernadero, pero la realidad es que la producción de un coche eléctrico (sobre todo por la fabricación de pilas de litio) crea 8.8 toneladas de CO2 frente a las 5.6 que se despiden al crear un vehículo de gasolina. Por supuesto, en el uso, los coches eléctricos son muchísimo menos contaminantes que los motores de combustión interna. Y la jugada de Tesla, en principio, es cambiar la industria para que, poco a poco, todos los productores de coches se sumen a la causa.
Sin embargo, a pesar de la buena voluntad de Tesla, de dientes para afuera, de no combatir el uso de sus patentes para crear nuevas tecnologías para coches eléctricos, la producción de este tipo de vehículos sigue siendo muy limitada. Y, dentro de los 180 mil coches que fabrica Tesla al año, la mayoría mantienen precios incosteables para el común de las personas.
De la misma manera, la aceleración de una nueva carrera espacial ha levantado preocupaciones en torno a lo que pueden causar los combustibles de cohete en la atmósfera. Hasta ahora, con 80 o 90 lanzamientos al año, los efectos no han sido particularmente preocupantes. Pero la intención de SpaceX al reducir drásticamente los costos de los viajes espaciales, es financiar el doble o el triple de lanzamientos en los años venideros.
Todos estos datos no ponen en duda las legítimas intenciones de Elon Musk. El miedo del magnate por la suerte de la humanidad que se transparenta, por ejemplo, en Lo and Behold, el documental de Werner Herzog, parece ser absolutamente sincera. Como también se percibe en la famosa entrevista de 60 minutes en donde Musk habla apasionadamente sobre revivir la curiosidad del hombre hacia las estrellas. Pero las más loables luchas por salvar a la humanidad también han pavimentado el camino de atrocidades.
Elon Musk puede ser el mesías tecnológico, y puede llegar a salvar a la humanidad de su inminente autodestrucción. Pero esta salvación, como cualquier otra, no puede ni debe considerarse como un acto abnegado, a través del cual Prometeo entregó el fuego de la civilización a los hombres a cambio de un castigo eterno.
¿A quién está salvando Musk? Su rebeldía contra la burocracia gubernamental y las imposibilidades de la cinta roja estatal, también le ha acordado más 4.9 mil millones de dólares del dinero de los contribuyentes. Y, con ese dinero, se ha convertido en uno de los hombres más ricos del planeta. Como tal, sus sueños de salvación, a pesar de querer extenderse a toda la humanidad, todavía son el producto de lujo de algunos cuantos magnates que usan aviones y compran su culpa ambiental con un lujoso coche eléctrico.
Musk ha hecho más que nadie por volver a inspirar misiones imposibles, para hacernos soñar con las estrellas y para volver a confiar en la ciencia en una era que quiere destronar la razón científica y crear realidades individuales de paranoias antivacunas, de conspiraciones ridículas y de creencias en que la tierra es plana. Pero, si Musk es un Prometeo, es un Prometeo egoísta.
¿Pervive esa sombría letanía de que el trabajo nos hará libres?
La necesidad de creer en el mito de Elon Musk transparenta la necesidad de seguir creyendo en el sistema que lo alimenta: en la meritocracia, las historias de éxito y el emprendedurismo, en la inevitable explotación necesaria del hombre para salvar al hombre.
El mito de Musk alimenta el mito del individuo y las salvaciones espontáneas por el genio de uno solo. Aquí no hay ningún pensamiento social a largo plazo, sino la complacencia de creer en un genio que reparará todo el daño que seguimos haciendo. Todo pensamiento mesiánico nos debe recordar que la salvación se paga y que el camino a la perdición siempre se ha pavimentado con buenas intenciones.