Tierra Adentro
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

El 22 de junio de 1941, 3,800,000 soldados alemanes y aliados del eje (Italia, Rumania, Finlandia, Hungría y Eslovaquia) iniciaba “Barbarroja” la invasión y operación militar más grande de la historia universal, junto con la apertura del Frente Oriental de batalla en la Segunda Guerra Mundial, y que en última instancia sería la prueba de fuego para la existencia de la URSS como Estado al mando de Stalin.

Dentro de este vasto teatro de operaciones y arduo enfrentamiento entre fuerzas alemanas y soviéticas, Stalingrado1 no fue la excepción, pues esta batalla, iniciada el 23 de agosto de 1942, marcó el inicio del fin para la ofensiva militar del bloque nazi-fascista en Europa Oriental, y a propósito de conmemorar los 80 años de tan importante suceso mundial, me gustaría ofrecer tres grandes elementos de reflexión al lector:

Uno que establezca las condiciones militares de Alemania y la URSS previos a este particular combate; otro elemento que desarrolle de manera puntual la lucha, en la que por momentos el triunfo se inclinaba de un lado a otro; y un tercer y último que muestre los efectos posteriores de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial, así como algunos otros que pueden observarse en la actualidad con el ejército ruso.

Antes de Stalingrado: el mito de los ejércitos indestructibles

Con los triunfos obtenidos en Polonia (1939) y Francia (1940), la maquinaria bélica alemana parecía no tener ningún competidor serio en el continente por parte de los aliados, (más que en el mar y en el aire, gracias al éxito británico en la Batalla de Inglaterra y el bloqueo Atlántico a Alemania); esto reafirmó el liderazgo de Hitler como comandante supremo dentro de su círculo más cercano de generales.

Sin embargo, el esfuerzo inmediato de invasión y militarización acelerada que había iniciado Hitler desde principios de 1930 dejó de manifiesto que un elemento clave se encontraba cada vez más escaso para el funcionamiento del masivo aparato destructivo nazi: el petróleo.

Es así, que a pesar de las mutuas muestras de tolerancia aparente del gobierno nazi hacia la URSS, incluido en ello el famoso pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, desde 1940 los planes para una eventual invasión de territorio soviético se habían puesto en marcha, pero, ciertos elementos fueron omitidos de forma deliberada por el exceso de confianza ideológico y político que había sido apuntalado militarmente entre 1939 y 1940.

Por lo tanto, cualquier revés ofensivo a la Blitzkrieg (guerra relámpago) era impensable y ni siquiera había un elemento teórico defensivo actualizado desde 1918 2 dentro de la estrategia militar alemana.

A diferencia de Europa oriental, central y Escandinavia (la cual no fue ampliamente invadida), Europa del este, y precisamente todo el territorio occidental de la URSS, se encontraba en cierta medida con vías férreas y algunos caminos transitables; sin embargo, ellos no eran ni en cantidad ni calidad cercanos a los de las regiones primeramente mencionadas. Esto sin duda supondría un desafío logístico importante para las tropas alemanas, pero fue poco considerado dada la confianza de una victoria rápida sobre las fuerzas soviéticas.

Este descuido sería al paso de unos meses, sobre todo en el invierno de 1941, y en franca resonancia de guerras pasadas3 en territorio ruso, un factor decisivo junto con el clima en anular el impulso ofensivo del invasor, esto por el sencillo elemento relacionado a la incapacidad de los vehículos, trenes y caballos encargados de sostener el continuo avance alemán en condiciones de frío extremo4(especialmente durante los meses de diciembre a marzo de 1941, 1942 y 1943).

Al inicio de la operación Barbarroja, el objetivo principal era la total eliminación del ejército rojo5, aunque eso no fue posible debido a las estrategias de camuflaje y disrupción en la inteligencia alemana sobre la localización de unidades soviéticas6. No obstante, hacia finales de 1941, Letonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania, se encontraban bajo control nazi, y dentro de la Rusia soviética, Leningrado y Moscú, se veían directamente amenazadas.

Esta operación con resultados incompletos tendría un costo que resultaría fatal para las fuerzas nazis en el futuro. La expansión considerable de las cadenas logísticas alemanas consumía cada vez más recursos y restaba impulso a su ofensiva en la URSS7, lo que provocó una reorientación de la invasión hacia el sureste del territorio soviético, en un intento desesperado de Hitler por apoderarse de las reservas petrolíferas del Cáucaso.

Por otro lado, gracias al rechazo defensivo en Moscú, al sitio inquebrantable de Leningrado hasta 1944, a un grave desbalance entre el personal reservista alemán y soviético disponible, y a la reorientación de estrategia militar soviética, también se llegó al punto de inflexión bélica en Stalingrado para ambos contendientes en el frente oriental.

Pero antes de llegar a ello, es preciso mencionar ciertos elementos dentro del ejército rojo, que ante el asombro de algunos de sus líderes (incluido el propio Stalin) en 1941 luego de las primeras incursiones alemanas, hubieron de asirse de todos los medios posibles de una forma completamente centralizada en el Alto Comando de las Fuerzas Armadas Rusas o Stavka, para diseñar y ejecutar la defensa y posterior contraofensiva militar en el territorio.

Durante este periodo (1941-1942), y a pesar de la experiencia ganada durante la Guerra Civil Rusa (1917-1923) o la Invasión a Finlandia en 1939, aunque fue gravemente opacada por el crecimiento desmesurado del complejo burocrático-estatal soviético desde que Stalin tomó el poder (1927); aunado a las ejecuciones político y militares de 1936 y 1937, el aparato militar se encontraba en el camino de reconstruir un cuerpo capaz de librar batallas modernas8, el cual no sería uno de constante ascenso, pero sí rendiría resultados favorables a partir de finales de 1942.

El primer objetivo, toda vez iniciada la invasión nazi en 1941 estuvo enfocado en detener y entorpecer en la medida de lo posible el avance alemán9; sumado a esto, se explotó el carácter defensivo de posiciones naturales y artificiales con el propósito de frustrar los planes ofensivos alemanes, mediante contrataques determinados operaciones ofensivas con pequeños contingentes de soldados10.

Lo anterior resultaría decisivo en la batalla de Stalingrado, pues en las ruinas de la ciudad, no había lugares desaprovechados por las fuerzas soviéticas, dentro de los que no se ejecutarán contrataques nocturnos contra los ejércitos alemanes; esto con el propósito de minar poco a poco al enemigo y de cuestionar su efectividad bélica.

En segundo lugar, la centralización de la planeación militar y de todos los recursos necesarios para ejecutar cualquier directiva se concentraron en el Alto Comando previamente mencionado, el cual no solamente se dedicó a luchar en un frente amplio con enfrentamientos fragmentados de alta intensidad hacia las fuerzas alemanas11, sino también en permitir una mayor capacidad de iniciativa y acción a los comandantes militares de cada unidad, sin la necesidad de una aprobación previa del Kremlin.

De igual forma, este comando tuvo en sus manos la reconfiguración defensiva e industrial que ordenó Stalin para enfocar la totalidad de los esfuerzos a la producción de material bélico desde balas hasta tanques, que ayudaron a inclinar la balanza a favor de la URSS a partir de 194212 en lo que actualmente se denomina “capacidad de fuego”13 es decir, la cantidad de armas y personal disponibles que puede emplear cada ejército comienza con los soldados, pasa por los rifles que pueden emplear y se extiende hasta artillería y aeronaves militares.

Finalmente, y gracias al constante aumento de reservas estratégicas de personal, el Alto Comando soviético pudo disponer a partir de 1942 de 1,200,000 a 6,000,000 (2 a 10 ejércitos de reserva) plenamente equipados y comandados para establecer nuevas líneas defensivas, eliminar rupturas enemigas en ellas y proveer a las fuerzas ya desplegadas de elementos descansados para llevar a cabo contra ofensivas14, y así detener el avance enemigo, como el que se cerniría sobre Stalingrado en 1942.

Stalingrado: crónica de la debacle alemana en el Este de Europa.

Una vez terminada la Operación Barbarroja con los resultados ya mencionados, Hitler junto con su alto mando militar, decidió ejecutar una nueva campaña militar en el sureste de la URSS llamada Fall Blau o “Operación Azul”, la cual tenía como objetivo apoderarse de los campos petrolíferos de Bakú (Azerbaiyán), Grozny (Chechenia) y Maikop (Adygea) para mantener vivo el impulso energético de la ofensiva alemana.

Sin embargo, era necesario tomar una ciudad clave en el camino para tener el control del área y de paso infligir una derrota mortal al ejército rojo; ciudad cuyo nombre había sido cambiado en honor al Secretario General del PCUS: Stalingrado.

Desde el 19 de agosto, el general Friedrich Paulus comenzó los avances y ataques hacia la ciudad, la cual se encontraba defendida por dos ejércitos soviéticos (el 62º y el 64º), los cuales previamente se habían retirado del avance ofensivo alemán y comenzaron a establecer cualquier medida defensiva posible que les permitiera soportar los embates nazis y de sus aliados (divisiones italianas y rumanas) que sumaban aproximadamente 250,000 efectivos15.

Luego de comenzar el avance y la lucha bloque por bloque de la metrópoli las fuerzas aéreas alemanas (Luftwaffe) bombardearon el 24 y 25 de agosto la ciudad en un esfuerzo rápido de rendir a las fuerzas defensoras, aunque los resultados no fueron benéficos para el avance de los pesados y poco maniobrables tanques Panzer, y contrario a lo que se esperaba, los escombros16 y resquicios entre ellos resultaron la cobertura perfecta para los soviéticos en los siguientes meses de combate urbano.

Durante el día, la capacidad de fuego de artillería y aviación daba a las fuerzas de Paulus la iniciativa y el control de la ciudad; sin embargo, por la noche, destacamentos organizados del ejército rojo empleando metralletas, cuchillos y bayonetas infiltraban las áreas capturadas, atemorizando al enemigo y poniendo en tela de juicio el control y avance hecho previamente. En palabras de un soldado alemán: “Stalingrado era un infierno”17.

Desde septiembre y hasta el 19 de noviembre de 1942, las fuerzas defensoras comandadas por Vasili Chuikov y Andrei Yeremenko soportaron el constante ataque matutino de las tropas de Paulus, las cuales metro a metro fueron arrinconadas y divididas al este de la ciudad colindante con el río Volga.

Gracias al esfuerzo defensivo de los comandantes y soldados en la ciudad durante aquel periodo, el General Georgy Zhukov y el jefe de personal del Alto Comando, Alexander Vasilievsky, elaboraron un plan para destruir a las divisiones rumanas e italianas cerca de Stalingrado y cercar al ejército 6º, comandado por Paulus. Todo esto después de organizar de manera secreta y sin ser detectado por la inteligencia enemiga, más de 1,000,000 de tropas, 14,000 piezas de artillería y 979 tanques18.

Dicha misión se nombró “Urano” y comenzó el 19 de noviembre de 1942.  Para  el 22 de noviembre, las fuerzas soviéticas habían cercado más de 250,000 tropas alemanas y aliadas del eje alrededor de Stalingrado.

Ahora los papeles se invertían, y ante la negativa de Hitler de conceder la derrota a las fuerzas de Paulus, estas fueron arrinconadas por el ejército rojo durante todo el invierno, sin abastecimiento alimentario ni bélico que fuera suficiente para romper el cerco impuesto.

Así, las fuerzas alemanas resistieron poco más de dos meses, aisladas y sofocadas con fuego de 5,000 piezas de artillería para segmentar los grupos en sacos pequeños que luego serían exterminados por fuerzas soviéticas.

Ante una negativa hasta la muerte de Hitler de conceder la derrota a Paulus, y a pesar de los  esfuerzos por evitar más muertes encabezados por el general Konstantin Rokossovksy, el 2 de febrero de 1943, los enfrentamientos habían terminado. Solamente 91,000 combatientes alemanes, incluyendo 24 generales, sobrevivieron, y de ellos, solamente 5,000 regresarían a Alemania al final de la guerra19.

Después de Stalingrado: colapso alemán y consolidación militar soviética-rusa

Luego de la rendición de Paulus al frente del 6º ejército alemán (uno de los primeros en la Guerra por parte de Alemania) en Stalingrado, la ofensiva nazi en Europa del Este perdió totalmente el impulso y ahora tendría que ejercer una estrategia defensiva, que como se mencionó al principio del texto, databa de 1918 y ello junto al imparable aparato productivo-militar soviético destruirían por completo al ejército alemán en su propia capital a mediados de 1945.

En un último intento por retomar la ofensiva en el frente, fuerzas alemanas y soviéticas lucharon en Kursk entre julio y agosto de 1943, teniendo un resultado determinante, pues se frenó por primera vez una ofensiva alemana en este teatro de operaciones antes de desarrollarse plenamente, y el avance posterior de fuerzas soviéticas en su propio territorio ya sería constante.

Para finales de 1944, y con el frente occidental reabierto por fuerzas francesas, británicas y estadounidenses, el ejército rojo llegaría a recuperar sus fronteras previas a 1941, pero también ocuparía parte de Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria.

Durante esta etapa, también es preciso considerar el cambio en la estrategia militar soviética, pues aquella cambió a una de carácter ofensivo, en la cual los grupos de avance eran precedidos por un constante uso de ataques aéreos de apoyo, bien por medio de artillería o con aviones militares; de igual forma, hubo un mejor y mayor empleo de técnicas de engaño y disrupción en la organización de las fuerzas militares para confundir a la inteligencia alemana, y poder realizar ataques sorpresivos20.

Este último elemento sería conocido como Maskirovka, la cual puede traducirse como camuflaje; sin embargo, en términos más amplios comprende todo un sistema de medidas que permiten ocultar los movimientos y el total de fuerzas en el campo de batalla, y que incluyen el ataque y muestra deliberada al enemigo de objetivos artificiales, la rotación constante de tropas y puestos de comando; empleo de tecnología anti-radar y comunicaciones enemigas, así como el uso de la desinformación entre otros21.

Al final de la guerra, éstos elementos fueron institucionalizados dentro del aparato de defensa soviético junto con la construcción de las “Doctrinas Militares”, y se volvieron las hojas de ruta del accionar del ejército rojo hasta 1991, y posteriormente del ejército ruso después de 199122

En ellas, independientemente del potencial nuclear que llegó a poseer la URSS y que actualmente posee Rusia, solamente una respuesta equilibrada a cualquier conflicto que llegue a involucrar al ejército, junto con el empleo adecuado y extensivo de capacidad de fuego y maniobras efectivas puede resultar en un éxito militar 23.

Conclusión: Ecos de Stalingrado en Ucrania

De acuerdo a lo estipulado por la Agencia de Investigación en Defensa de Suecia (FOI)24la ejecución de la operación militar rusa en Ucrania se ha desarrollado de acuerdo a la estrategia creada por la URSS desde la Segunda Guerra Mundial, en la cual hay un énfasis en el uso de vehículos armados y un empleo constante de la artillería para debilitar y romper las defensas enemigas.

Lo anterior, en franco contraste con el bombardeo aéreo intensivo y altamente destructivo, que han desempeñado ejércitos como el estadounidense en Iraq (2003) supone un triunfo más rápido sobre el enemigo en un menor tiempo, aunque esto no está dentro de los planes de Rusia en Ucrania actualmente.

Al contrario, lejos de lo que pudiera haber sido vaticinado en las primeras semanas del conflicto en febrero de este año, líneas ofensivas se han establecido de manera muy clara en las regiones de Kharkov (norte), Lugansk (este), Zaporizhia (sur-este) y Jersón (centro-sur); en las cuales el empleo intensivo de artillería no ha parado un solo día para minar de manera constante las defensas ucranianas.

Ello, sin duda marca un tiempo de combate más prolongado, pero esto va de la mano directamente con la estrategia soviética y rusa de respuesta equivalente dentro de cualquier conflicto, que no involucre un empleo indiscriminado de recursos militares y económicos que comprometan el desarrollo del Estado, pues su presupuesto para dicho rubro es limitado y el carácter de la operación militar en Ucrania no es ni remotamente en magnitud ni extensión al librado por la URSS entre 1941 y 1945.

Respecto a los resultados de esta estrategia en Ucrania, considero que la actuación del ejército ruso en este territorio no es nada nuevo, la hoja de ruta de ataque creada por la URSS se ha mantenido al pie de la letra, la artillería se ha encargado de desgastar las defensas ucranianas y con ello se han realizado rupturas que han rodeado ciudades y ejércitos enteros (como el caso de Severodonetsk), y que mantienen el paso lento, pero constante, de ocupar territorio.

Independientemente de los enormes recursos monetarios, bélicos y propagandísticos que Estados Unidos y sus aliados han desplegado para mantener al régimen de Zelensky frente al avance militar ruso, la capacidad de fuego no ha podido ser superada, y ninguna contra-ofensiva considerable ha retomado territorios perdidos.

Respecto a los resultados de esta estrategia en Ucrania, considero que la actuación del ejército ruso en este territorio no es nada nuevo, la hoja de ruta de ataque creada por la URSS se ha mantenido al pie de la letra, la artillería se ha encargado de desgastar las defensas ucranianas y con ello se han realizado rupturas que han rodeado ciudades y ejércitos enteros (como el caso de Severodonetsk), y que mantienen el paso lento, pero constante, de ocupar territorio.

Independientemente de los enormes recursos monetarios, bélicos y propagandísticos que Estados Unidos y sus aliados han desplegado para mantener al régimen de Zelensky frente al avance militar ruso, la capacidad de fuego no ha podido ser superada, y ninguna contra-ofensiva considerable ha retomado territorios perdidos.

Con la llegada del invierno, y los costos energéticos ya en franco crecimiento por la lucha euroatlántica dirigida a Rusia por medio de sanciones económicas, los apoyos previos a Ucrania pueden tambalearse, disminuir o desistir definitivamente, y profundizar su ya precaria situación en el conflicto. Sin embargo, y como todo en la Historia universal y en la Historia militar, (ambas en constante construcción), nada está escrito ni es definitivo.

Fuentes Consultadas:

  • Glantz, David y M. House, Jonathan, When Titans Clashed: How the Red Army Stopped Hitler, University Press of Kansas, Estados Unidos, 2015.
  • Keating, Kenneth C., Maskirovka: The Soviet System of Camouflage, U.S Army Russian Institute, Alemania, 1981.
  • Lundén, Jenny, et.al., eds., Another Rude Awakening — Making Sense of Russia’s War Against Ukraine, Agencia de Investigación en Defensa de Suecia, Suecia, 2022.
  • M. Glantz, David, The Military Strategy of the Soviet Union, Frank Cass, Reino Unido, 2005.
  • M. Glantz, David, The Soviet Conduct of Tactical Maneuver, Estados Unidos y Reino Unido, Routledge, 1991.
  • Overy, Richard, Blood and Ruins: The Last Imperial War, 1931–1945, Viking, Estados Unidos, 2022.
  • Overy, Richard, History of war in one hundred battles, Oxford University Press, Reino Unido, 2014.
  • Overy, Richard, Russia’s War, Penguin Books, Reino Unido, 1998.
  • Shirer, William, The Rise and Fall of the Third Reich, Simon and Schuster, Estados Unidos, 1960.
  • Stahel, David, Operation Barbarossa and Germany’s Defeat in the East, Cambridge University Press, Reino Unido, 2009.

Autores
Internacionalista por la UNAM-FCPyS. Interesado y en constante estudio de temas del Espacio Post Soviético y Política Internacional.
Ilustración realizada por Mariana G
Ilustración realizada por Mariana G

El 22 de agosto de 1998, en un hospital de Cuernavaca, Morelos, la gran Elena Garro falleció. Hacía algunos años que se había mudado a la ciudad de la eterna primavera, ella, su hija y sus gatos. Vivía retirada y relegada del ambiente literario mexicano. Había vuelto en 1993 de París en donde se encontraba exiliada desde hacía veinte años. Su situación económica era precaria. Padecía enfisema pulmonar.

Según la crónica de Merry Mac Masters publicada en La Jornada al día siguiente del triste suceso, narra de su funeral que: “Apenas siete arreglos de flores blancas, rosas, crisantemos y margaritas, rodean el féretro donde reposan los restos de Elena Garro”. En la misma nota dice que al cierre de la edición de ese día había aún muy pocas personas. En la “agencia Gayosso había más reporteros que dolientes” y menciona la presencia de algunas autoridades culturales y sus familiares cercanos, entre ellas su hija, Helena Paz Garro: “Helena da un sorbo a su Coca Cola Light, suspira, pero en su rostro no se asoma ninguna lágrima, aunque sus primos tienen a la mano una caja de pañuelo desechables: “hay que hablar de mi madre. ¡Quiero hablar de mi madre! Muchos dicen que ella es la mejor escritora de este país, pero yo diría que no sólo es la mejor escritora de habla hispana, es la mejor del mundo; es magnífica y no lo digo porque sea mi mamá, ¡eh! Es la mejor escritora del Siglo XX, del mundo. Es mucho mejor, incluso, que Virgina Wolf”.

En la gran mayoría de las notas de la prensa del 22 y 23 de agosto de 1998 se hace referencia a la trayectoria literaria de Elena, como se hace siempre que un escritor muere. También se mencionan algunos de sus libros y sus premios (solo el Villaurrutia por Los Recuerdos del porvenir), su exilio en París después de ser acusada de instigar la revuelta estudiantil de Tlatelolco en 1968, aunque también haya sido galardonada con el Premio Juan Ruíz de Alarcón, el Sor Juana, el Grijalbo de Novela y el Nacional de Narrativa Colima.

La nota del periódico El País refiere fuertemente la relación sentimental con Octavio Paz desde la cabeza del breve texto pasando por las declaraciones que la hija de ambos hiciera después de la muerte de su padre, unos meses antes, en las que acusara a María José Trianin, de “concubina” y centra su atención en eso. 1

Otras notas del 23 de agosto de 1998 menos afortunadas, ni siquiera logran poner correctamente el año de nacimiento de la escritora y reproducen algunas de las declaraciones más radicales de Elena, como esa en la que dice: “Me atribuyeron puras estupideces. Hasta llegaron a decir que era una espía del Vaticano y que trabajaba para Fidel Castro”, dotándola de esa imagen de mujer desquiciada y poco paciente que se le ha atribuido.

No es de sorprenderse, cuando Garro murió tenía encima muchas cosas que no favorecían que su obra se leyera y se respetara como hoy en día. Entre ellas sus ideas controversiales, como lo refiere en una entrevista Patricia Rosas Lopateggi: “Elena es una figura muy contestataria, muy irreverente, anti-institucional. A Elena Garro hay que verla dentro de su contexto histórico. Comienza a escribir periodismo en los años 40, en una época muy cerrada en donde todos los medios estaban muy controlados por el Estado. Y Elena nunca va a pertenecer a ninguna camarilla en el poder. El círculo en el que ella se movía, como esposa o ex esposa de Octavio Paz, era el círculo de los llamados intelectuales de izquierda. Elena se movía en ese círculo, pero no le pertenecía: ella iba a contracorriente de esas camarillas en el poder. Elena va a hacer un periodismo sin concesiones, va a criticar la hipocresía, la falsedad de los intelectuales dizque de izquierda que en realidad estaban al servicio del erario. Eso es lo que ella les va a señalar una y otra vez de una manera además mordaz, muy aguda, inteligente y brillante. Nunca va a pactar con el poder”2

Tuvieron que pasar algunos años para que Elena tuviera la relevancia y los lectores voltearan a sus libros. A lo mejor su vindicación viniera a raiz del centenario de su nacimiento, casi veinte años después de su muerte, en el 2016. Con ese motivo empezaron los homenajes, los conversatorios y circularon diversas antologías que hicieran que la atención a su trabajo se reactivara, esto también propició que surgieran diversos estudios entorno a su obra. Algo de sobra merecido.

 

II

1998 fue un año que pudo haber pasado sin pena ni gloria. De no ser por Francia 98 y Ricky Martin con su “Copa de la Vida” difícilmente tendríamos algún otro referente. Algunos nostálgicos aún recordamos muchas de las cosas que lo atravesaron, películas como Armageddon o Tienes un e-mail, discos de pop y uno que otro acontecimiento político. Pero al 98 en México también lo define la pérdida de dos de las figuras literarias más importantes del Siglo XX, quiero decir, las muertes de Octavio Paz y de Elena Garro. Quienes además de compartir el año de muerte también compartieron muchos años juntos y una hija.

Intentar descifrar el panorama cultural de entonces sin ambos resulta inútil, pues aunque murieron con algo más que una enemistad de por medio, los trabajos literarios tanto de Elena como de Octavio son piezas que se leen como partes complementarias como lo es la luz de la sombra: “Hablar de ella es hacerlo de quien fue el envés, obsesivo y doloroso, de Octavio Paz. Contra él vivió, contra él escribió. Pero no agotó su biografía en la lucha contra el tótem. Su proximidad al PRI y su servicio secreto, y, sobre todo, sus errores ante la matanza de Tlatelolco, la volvieron una escritora maldita”, dice Jan Martínez en su columna en Babelia.3

No obstante, la obra de Elena es algo más,  como dice el escritor Geney Beltrán,  Elena Garro “buscaba diferentes soluciones técnicas y estructurales para asuntos que le interesaron muchísimo y uno de los grandes asuntos presentes en su obra es la situación de la mujer de clase media mexicana, enfrentada a una sociedad patriarcal y machista; Elena Garro es autora que abrió camino a las nuevas generaciones de escritoras”.

Actualmente tanto Rosario Castellanos como Elena Garro han sido tomadas como estandartes para revindicar la escritura de las mujeres mexicanas contemporáneas. Sus obras se han puesto en la mesa como figuras tutelares a la hora de romper el silencio y visibilizar el trabajo de las escritoras.

 

III

 

A decir verdad, por estos tiempos, pocas cosas me hacen sentir orgullosa de ser igualteca. Entre esos orgullos están: la comida, mi familia y Elena Garro. Muestra de ello es el retrato al óleo que custodia mi casa. Es el cuadro que el pintor guerrerense Enrique Barrios hiciera para mí como regalo de cumpleaños. Una Elena jóven y sonriente desde lo alto de la pared principal de mi departamento, mirándome todos los días desayunar, comer y cenar, escribir, beber y cantar.

Me gusta que así sea pues siempre que algún invitado llega por primera vez a mi casa, sobre todo aquellos que no están familiarizados con ella o con su obra me da la oportunidad de bromear diciendo que es una tía o es mi abuelita cuando era jóven.

Algunos me han dicho que es muy bonita, otros tantos queriendo agradarme incluso han querido encontrarnos parecidos físicos. Después de un rato les digo que es la gran Elena Garro y los mando a leer Los recuerdos del porvenir o la Semana de colores según adivino en su temperamento sus gustos lectores o sus necesidades. Los pocos que me han hecho caso, luego me lo comentan y siento que retribuyo así un poco de lo que me ha dado Elena a lo largo de todos estos años leyéndola.

Aunque Elena Garro nació en Puebla en 1916, pasó muchos años de su vida en Iguala, Guerrero. Su infancia. Vivió en la calle de Alarcón, una de las principales del centro de mi ciudad natal. Entre 1926 y 1931. Afuera de la casa hay una placa y es todo lo que hay aunque una de sus obras más importantes se haya alimentado de las memorias del tiempo que pasó en Iguala.“En 1953, estando enferma en Berna y después de un estruendoso tratamiento de cortisona escribí Los recuerdos del porvenir como un homenaje a Iguala, a mi infancia y a aquellos personajes a los que admiré tanto y a los que tantas jugarretas hice” dijo la misma Elena en una entrevista al periodista René Avilés Fabila. 4

Confieso que me entristece un poco la omisión de este suceso como parte de la historia y la cultura de Iguala. La lectura de la obra de Elena debiera ser algo obligado en las escuelas secundarias o preparatorias y no lo es. Quiero decir que yo me acerqué a su obra por voluntad propia y no porque mis maestros de literatura me la hayan recomendado. Sus libros no se conseguían en las librerías igualtecas hace casi quince años que yo aún vivía ahí. Las pocas que había estaban dedicadas a distribuir periódicos, revistas, libros de texto, guías de estudio y best sellers. Dudo que eso haya cambiado inclusive ahora que Elena y su trabajo tienen por fin el lugar que siempre merecieron aunque me gusta creer que tarde o temprano la justicia poética alcanzará también a la Iguala del porvenir.

 

[4]


Autores
(Guerrero, 1988), poeta. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas, en el periodo 2014-2015, y del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca, en el periodo 2017-2018. Ganadora del Premio Nacional de Poesía Tijuana 2018, es autora de los libros Una jacaranda en medio del patio (2018), Cosas comunes (2019) y La arista que no se toca (2019).

Ilustrador
Mariana G
Resido y dibujo desde CDMX. Soy Diseñadora de la Comunicación Gráfica por parte de la UAM Azcapotzalco e ilustradora por parte del azar. Hace un par de años estudié Ilustración Experimental en la Escuela de Diseño del INBA. He colaborado de manera independiente con distintas agencias de publicidad y estudios creativos, sin embargo, mayormente mi trabajo ha estado presente en proyectos editoriales y animados. Actualmente, junto con una amiga, editamos MALA, un fanzine colaborativo hecho por mujeres.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

Al inicio, poco después del funeral, me molestaban las reacciones de los adultos, la incomodidad al decirles que mi mamá murió. Querían alejar el tema lo más rápido posible, aquellas palabras en el aire eran tóxicas, capaces de atraer otras muertes, había que manotearlas cuanto antes, ahuyentar. Pero con el tiempo aprendí a divertirme: la maestra, harta del ruido en el salón, amenaza con hablar personalmente con nuestras mamás, y yo, impávido, “no tengo mamá”. Sin escapatoria, cae en mis redes, “Ramón, deja de hacerte el chistosito, voy a contarle cómo se han portado tú y tus compañeros”, “es verdad, no tengo mamá, murió de lupus”, y entonces el rostro le cambia, la barbilla le tiembla, saboreo la tensión en el aula, disfruto el instante.

Con su muerte también llegó un cambio en mi estatus. En primaria empiezan a divisarse las tribus futuras, sus líneas divisorias son punteadas, todavía no tan definitivas, pero ahí están los que en secundaria serán los populares y aquellos que se convertirán en nerdos, perdedores, friquis. Con mamá enferma todo era igual, pero una vez que murió me volví una especie de embajador, capaz de saltar de un grupo a otro. Lo cierto es que las invitaciones no llegaban por parte de mis compañeros, sino de las madres, a ellas se les estrujaba el corazón, pensarme medio huérfano las hacía imaginar su   mortalidad, sus propios hijos sin cobijo materno, entonces tomaban el teléfono y marcaban. A papá le parecía un alivio, era la oportunidad de desocuparse de mí por un rato, estar unas horas con su dolor, sin tener que compartirlo o moderarlo frente a su hijo. Así llegué a esa casa rosa de dos pisos, con un jardín enlodado y un interior inmenso.

Quique era de los que pasaban el recreo jugando futbol, en una especie de partido interminable, sin sentido, Sísifo pambolero, que les brindaba material para hablar durante clases, exasperando a las maestras, y, más cercanos al sexto grado, provocaba la transpiración que obligaría la plática que nos dio la directora: “díganles a sus mamis que ya es hora de comprarles desodorante, plis”. Y yo calibrando mi mano para alzarla con el delicioso: “no tengo mamá”.

El teléfono timbró, Papá dejó de calentar la sopa instantánea y respondió, era la mamá de Quique, alguien que no ubica como mi compañero de clase, jamás se lo mencioné, ¿por qué lo habría de hacer, si su vida gira en torno a quién metió gol o quién es un faulero? A pesar de eso, el rostro se le iluminó, podría acariciar su herida imposible de cerrar durante algunas horas, sin mi presencia. “Claro que sí, yo lo llevo a las cuatro, muchísimas gracias por la invitación, seguro que se divertirán”.

Nadie abre la puerta, pienso que se han olvidado de mi visita. Papá se ve inquieto, quiere irse de ahí, asegurar su espacio a solas, no perderlo. Pero tras unos minutos abren, es la mamá de Quique, no habla, espera a que papá explique por qué estamos ahí. ¿Quizá nos equivocamos de día? Tarda en reaccionar: “sí, adelante, mi amor, Enrique está en su cuarto”. Se pasa la mano por los ojos, huele a flores podridas, trae un vestido con estampado de bolitas de colores. “Bueno, regreso por él a las ocho, ¿verdad?” “Sí, sí, está bien, adiosito”. Cierra la puerta en la cara de papá.

El olor a flores podridas se incrementa, toda la casa huele a lo mismo. Se escucha a lo lejos un hombre enojado, parece hablar por teléfono con alguien que se equivocó, que no entendió que debía depositar cierto dinero a una cuenta y no a otra, “pendejo de mierda, te lo estoy diciendo”. La mamá de Quique no reacciona a los gritos, al lenguaje que en otras circunstancias incomodaría a cualquiera.

Subimos al segundo piso; en plenas escaleras duermen dos gatos naranjas, sin decidirse a estar abajo o arriba, enroscados sobre una toalla de baño. Arriba hay tres cuartos, el primero está cerrado, el que le sigue está lleno de una pista de carros Hot Wheels: una ciudad entera, con edificios, autoservicio, aeropuerto, comandancia, bomberos, cotidianidad de plástico que se extiende a lo largo y ancho, una colección admirable que dejamos atrás para entrar al tercer cuarto, ahí, una litera, un escritorio y una televisión encendida donde Quique y un tipo más grande que él juegan Super Nintendo. “Mira, Enrique, ya llegó Ramoncito, para que juegues con él”.

No se voltean, siguen con los ojos pegados a la tele donde se ve una carrera de go-karts entre Princesa Peach y Yoshi, la pista es un palacio de piedra con albercas de lava, a momentos aparecen piedras malhumoradas que caen con fuerza, los go-karts esquivan, toman vueltas cerradas, brincan pequeños ríos de lava, hacen uso de caparazones y plátanos para detener a los contrincantes. “Enrique, te estoy hablando”. “Sí, sí, ahorita que termine”. La señora me observa, vuelve a restregarse los ojos con la mano, avanza hacia su hijo y, ya cerca del oído, le gruñe algo que no escucho del todo, pero una parte retumba por su familiaridad, por escucharla tanto en tiempos recientes: “su mamá murió”. Quique suelta un suspiro, pone pausa, el otro no dice nada, sólo me observa aguantándose un chiste o algo por el estilo, ahora veo que se parecen, debe ser el hermano mayor.

“Que si quieres jugar”. No es una pregunta, es un extracto de un guion dictado por la voz de su mamá. Ella afirma, me sonríe, vuelve a restregarse los ojos y sale del cuarto, se escucha su taconeo descender por las escaleras donde duermen los gatos intermedios, entre los gritos del papá que ahora parece disculparse en otra llamada, ahora es él el pinche pendejo que la cagó. “¿Sabes jugar?” Su hermano le da un sape en la nuca. “Si va contra mí, tú estabas perdiendo”. Quique no duda, me entrega el control.

Elijo a Mario como jugador. No sé jugar, la primera vuelta la logro tras caer cientos de veces en la lava. “Uy, te la estoy partiendo”. El hermano mayor parece disfrutar la masacre. Quique está angustiado, observa mis dedos torpes sobre el control. “Mira, tienes que empezar a tomar las curvas de a poco, si no te vas muy rápido y caes”. “No le digas, él solito puede, ni que fuera un putito como tú”. El hermano mayor de Quique termina las vueltas, yo estoy lejos de acabar. “Ya quítalo, no tiene caso que siga si ya perdió”.

Le doy el control a Quique, siento que no lo quiere, algo en el peso de su mano, en cómo lo toma. “Ándale, pues, ya escoge a tu princesita”. La pista no es la de lava, ahora es un arcoíris en el espacio: un fondo negro con estrellas ocasionales. La tortuga que flota sobre una nube marca el verde en su semáforo, los go-karts aceleran. Yoshi se hace de un caparazón rojo, lo lanza contra la Princesa Peach, atina. “Me la pelas”. Quique tensa la mandíbula, poco a poco recupera espacio, se muerde el labio, los dientes blancos clavándose contra la carne, se acerca al Yoshi de su hermano, saca un caparazón verde y le pega. “Ah sí, puñal, vas a ver”. Pero por más que lo intenta, no alcanza a Peach, queda atrás hasta la última vuelta.

Van parejos, Yoshi saca una banana, se coloca un poco delante de Peach para soltarla, pero no ve que ésta tiene una estrella que le da velocidad, sale disparada hacia la meta. Peach festeja, en la pantalla salen los tiempos de los jugadores, corte a un pódium donde sobrevuela un pescado gigante. Peach en primer lugar, Yoshi en segundo y en tercero Mario. Ya no veo qué sigue porque Quique se alza, su hermano lo está levantando del cuello de la camiseta. Lo arroja contra la litera, en el suelo, encima de él, da golpe tras golpe, puño bien cerrado contra la cara. “A ver si muy chingón, defiéndete, putito”. Los puñetazos suenan muy fuertes, igual que el balón que Quique patea en los recreos. No mete las manos, no se defiende, grita, pero nadie escucha, al fondo siguen las groserías de la infinita llamada de su papá. Veo su boca y sus dientes cubiertos de sangre, las lágrimas y los mocos entremezclados por los nudillos de su hermano.

Me levanto, no puedo ver más. Me asomo por la ventana y miro un jardín sucio, pura tierra y lodo, ninguna planta, un balón desinflado y lo que solía ser una portería de aluminio. Salgo del cuarto, pienso en bajar y avisar a la mamá, interrumpir su llanto y pedirle que venga a rescatar a su hijo menor, quizá decirle al papá, interrumpir su llamada y decirle que hay mucha sangre. Pero no hago nada de eso. Entro al cuarto donde está la ciudad de Hot Wheels, ahí no huele a flores podridas, huele a nuevo. Tomo un carrito morado y recorro las calles, lo dejo acelerar por las rampas, acciono el mecanismo del autolavado, me estaciono en el supermercado, imagino el funcionamiento de los semáforos, las sirenas de las ambulancias, la musiquilla del carrito de las nieves, los cláxones de otros carros, el bullicio de un mundo plástico donde todo funciona.


Autores
Licenciado en Filosofía y Ciencias Sociales. Obtuvo la beca en narrativa de la Fundación para las Letras Mexicanas 2015-2017. Becado por el FONCA Jóvenes Creadores en novela 2017-2018 y por el PECDA de Durango 2018-2019. Ha publicado cuentos y ensayos en Tierra Adentro, Este País y pliego16. En 2020 ganó el Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri con su libro La Biblia encarnada (FETA, 2022). Actualmente da clases de filosofía a monjas y es escritor fantasma.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Martha E. Saint Martin

Esta [lengua castellana] hasta nuestra edad anduvo suelta, y fuera de regla, y a esta causa a recebido en pocos siglos muchas mudanças; por que si la queremos cotejar con la de oi a quinientos años, hallaremos tanta diferencia y diversidad cuanta puede ser maior entre dos lenguas. I por que mi pensamiento y gana siempre fue engrandecer las cosas de nuestra nación, y dar a los ombres de mi lengua obras en que mejor puedan emplear su ocio, que agora lo gastan leiendo novelas o istorias embueltas en mil mentiras y errores, acordé ante todas las otras cosas reduzir en artificio este nuestro lenguaje castellano, para que lo que agora y de aquí adelante en él se escriviere pueda quedar en un tenor, y estender se en toda la duración de los tiempos que están por venir. Como vemos que se a hecho en la lengua griega y latina, las cuales por aver estado debaxo de arte, aun que sobre ellas an passado muchos siglos, toda vía quedan en una uniformidad.

Antonio de Nebrija, Gramática de la lengua castellana, 1492

 

 

El español cuenta en la actualidad con 489 millones de hablantes nativos, es decir, que puedo comunicarme casi sin problemas con todas esas personas, a las cuales puedo encontrar a lo largo del orbe, sobre todo en América Latina. Pero esta situación no era así hace más de medio milenio, al finalizar el siglo XV, la lengua del reino de Castilla ni siquiera era hablada por los aproximadamente 4 millones trescientos mil habitantes de ese reino, pero los acontecimientos que se dieron en ese momento fueron los que hicieron que el castellano se convirtiera en el español que hoy hablamos —proceso que está innegablemente enmarcado en la expansión europea por el resto del orbe—.

1492 es un hito para el mundo moderno, sobre todo porque ese año Cristóbal Colón llegó al Caribe y reclamó para la reina Isabel ese territorio, dando inició al proceso de colonización que era desconocido para el resto del planeta. No es casual que la nación contemporánea de España conmemore su fiesta nacional el 12 de octubre, en celebración del arribo del genovés a unas islas que él pensó eran la India.

Para la gente que vivía en los reinos de Isabel y Fernando la llegada de ese genovés a unas islas del otro lado de la mar océano poco les importaba y no pasó de ser la noticia de una curiosidad que supieron hasta el siguiente año. 1492, en cambio, fue un año que vivieron cambios dramáticos, por un lado, comenzó nada menos que con la toma de Granada el 6 de enero. El último bastión del islam había caído. Y por el otro se decretó la expulsión de los judíos, que se ordenó en marzo y se cumplió en agosto. A partir de ese año había un solo monarca y religión. Aunque no así una sola lengua, en los reinos de Isabel el castellano era el más hablado, pero también se hablaban asturleonés, gallego, vasco y árabe andalusí.

Es en ese marco en el que se inserta otro de los acontecimientos por los que ese 1492 es recordado, la publicación de la Gramática de la lengua castellana de Elio Antonio de Nebrija.  Considerada la primera de su tipo de una lengua vernácula europea —José Antonio Millán, biógrafo del gramático en su obra atenúa esa afirmación, al apuntar que fue la primera de su tipo impresa y que tuvo influencia en otras obras de su tipo, señala que antes de 1492 hubo una gramática del toscano, pero que permaneció inédita—.

Elio Antonio de Nebrija fue un sevillano nacido en Lebrija, comunidad de la que toma su nombre (Nebrissa Veneria fue el nombre que tuvo su comunidad durante el dominio romano); en su tierra habitó la gens Aelia, a la que pertenecieron tanto Trajano como Adriano, por lo que no era infrecuente encontrar estelas y piedras con ese nombre en su comunidad, de ahí que lo tomará para añadirlo como preanomen, al estilo romano —como él mismo reconoció—. Hijo de una familia con tierras que les permitió enviar a uno de sus hijos a estudiar a Salamanca; sus padres Juan Martínez de Cala y Catalina Martínez de Jarana, aunque sin nobleza gozaba de consideración en su comunidad. Antes de tomar nombre es probable que se le conociera como Antonio Martínez de Cala o Martínez de Jarana, pero la reforma que estandarizó los apellidos todavía le faltaba seis décadas para ponerse en vigor en 1444 cuando él nació —en su época y todavía después de la reforma del cardenal Cisneros, era común que las personas asumieran de apelativo el lugar de origen, como él lo hizo; ya en su estancia estudiantil en Salamanca comenzó a firmar como Antonio de Lebrija—. Al terminar sus estudios como bachiller se encaminó a Bolonia, a donde fue becado por el colegio de San Clemente de los Españoles, en donde residió mientras hizo sus estudios entre 1465 y 1470. Ahí adquirió una formación humanista, en la que buscaba limpiar el latín y acercarlo a cómo fue en la época clásica, no pocas de sus obras son reflejo de ello, tanto la Gramática como diccionarios de Español-latín y de Latín-español lo reflejan así como guías para el aprendizaje del latín; en su estancia italiana también aprendió griego y hebreo, conocimiento que más tarde utilizaría para la traducción de la biblia.

 

Por que si otro tanto en nuestra lengua no se haze como en aquéllas, en vano vuestros cronistas y estoriadores escriven y encomiendan a inmortalidad la memoria de vuestros loables hechos, y nos otros tentamos de passar en castellano las cosas peregrinas y estrañas, pues que aqueste no puede ser sino negocio de pocos años. I será necessaria una de dos cosas: o que la memoria de vuestras hazañas perezca con la lengua; o que ande peregrinando por las naciones estrangeras, pues que no tiene propria casa en que pueda morar.

Antonio de Nebrija, Gramática de la lengua castellana, 1492.

 

¿En qué consiste la importancia de la Gramática de Nebrija? No es sólo que haya sido la primera en su tipo, un mérito casi anecdótico, sino que tuvo más implicaciones. Para empezar, la duda sobre su valor ya en su época se manifestaba. Las gramáticas eran para entender y aprender lenguas de las que no quedaban hablantes nativos (el latín y el griego; Nebrija había escrito un par de este tipo de obras para el latín), pero el español se aprendía desde la cuna. Fue esa la duda que la reina Isabel le planteó a finales 1486 (o principios de 1487) cuando él, por instancias del confesor de la reina, fray Hernando de Talavera, le presentó un adelanto de la Gramática —los reyes se detuvieron en Salamanca en su camino a Santiago para que los expertos de la universidad analizaran la pertinencia o no del viaje de Cristóbal Colón; en esa audiencia no participó Nebrija, aunque el tema no le debió ser indiferente, como buen humanista del Renacimiento sus temas de interés eran muy variados y entre ellos estaba la cosmografía—. A la duda real contestó el confesor que había propiciado la reunión:  Respondiendo por mí [cuenta Nebrija] dijo que, después que Vuestra Alteza metiese debajo de su yugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos ternían necesidad de recebir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces por esta mi Arte podrían venir en el conocimiento de ella, como agora nosotros deprendemos [‘aprendemos’] el arte de la gramática latina para deprender el latín. Y cierto así es que no solamente los enemigos de nuestra fe, que tienen ya necesidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcaínos, navarros, franceses, italianos y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua, si no vienen desde niños a la deprender por uso, podrán la más aína [‘fácilmente’] saber por esta mi obra.

Henry Kamen, el historiador británico que se ha especializado en el periodo imperial hispano, inicia Empire, How Spain Became a World Power, con la respuesta de Talavera a la reina, señalando la importancia que la lengua tendrá en la conformación del imperio. Ecos de esa respuesta son los que el gramático establece en el famoso prólogo de su Gramática: la lengua fue compañera del imperio.

No nos llamemos a engaño, ni cuando Talavera habla de imperio, ni cuando lo hace Nebrija, lo hacen pensando en lo que terminó siendo la poderosa España de los Austrias, que empezó a configurarse en las primeras décadas del siglo XVI y a partir del reinado de Carlos V (primero de España). Mientras escribía la Gramática Granada todavía no había caído, Navarra todavía no era integrada a las posesiones de los reyes; ni la reina Isabel, ni el rey Fernando tenían un dominio completo de sus territorios, luego de las guerras civiles que enfrentaron al ser coronados, al alcanzar la paz tuvieron que negociar con los nobles y la iglesia para mantener su poder; no eran los monarcas absolutistas cuya palabra era ley de siglos posteriores, sino monarcas medievales cuyo poder, aunque de origen divino debía ser confirmado por las cortes (conformadas por los nobles y jerarcas eclesiásticos); mucha de la labor del reinado de Isabel y Fernando consistió en concentrar poder en sus figuras y sentar las bases de lo que sería más tarde el imperio español —es en ese panorama que se enmarca tanto la toma de Granada como la expulsión de los judíos y la creación de la Inquisición española, así como la labor propagandística que los embajadores de los reyes llevaban a cabo en otros reinos—.

Nebrija pensaba en el imperio con nostalgia al evocar el imperio romano, del cual consideraba a Castilla su heredera, pero con las limitantes que se han señalado; pero también, al utilizar ese vocablo lo hacía como Alfonso VI cuando fue proclamado Imperator totius Hispaniae, un título más honorífico que real: entendía el imperio más en un sentido simbólico. Sin embargo, las políticas de la reina a la que dedica su Gramática estaban sentando las bases para que ese imperio fuera real y su dominio se extendiera por toda la península y hasta territorios que nadie sospechaba existieran.

 

[…] io quise echar la primera piedra, y hazer en nuestra lengua lo que Zenodoto en la griega y Crates en la latina. Los cuales aun que fueron vencidos de los que después dellos escrivieron, a lo menos fue aquella su gloria, y será nuestra, que fuemos los primeros inventores de obra tan necessaria. Lo cual hezimos en el tiempo más oportuno que nunca fue hasta aquí, por estar ia nuestra lengua tanto en la cumbre, que más se puede temer el decendimiento della que esperar la subida.

Antonio de Nebrija, Gramática de la lengua castellana, 1492.

 

A diferencia de otras obras de Nebrija la Gramática no conoció otra edición más que la de 1492, ello no significa que no tuviera impacto y que algunos de los planteamientos que en ella se hacen repercutieran hasta nuestros días. Ahí está, por ejemplo, el orden alfabético de las letras en español —con la posición que ocupa la ñ después de la n, o de los dígrafos que formaban parte del alfabeto hasta hace poco (la ch después de la c y la ll después de la l)—. Otro de sus planteamientos fue que la ortografía fuera lo más cercana a la forma hablada, aunque sobre este punto importaba más el criterio de los impresores y no hubo uniformidad hasta que en el siglo XVIII se creó la Real Academia de la Lengua, la cual priorizó la etimología a la hora de establecer la ortografía.

A ese respecto Millán apunta: Los principios ortográficos de la Gramática, prolongados en De vi ac potestate literarum (reimpreso con las Introductiones [otra de las obras nebrisenses] a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII), y en la Ortografía, reaparecieron por un ángulo insospechado: las gramáticas de las lenguas indígenas que compilaron los misioneros en el Nuevo Mundo. Quienes intentaron la descripción de esas lenguas –nunca antes escritas– siguieron el principio que utilizó Nebrija para el evolucionado castellano de su época: mantener las letras que sonaban igual que en el latín, y permitir innovaciones para las diferentes.

Esa influencia no se limitó al ámbito hispánico y a su avance por los territorios que en integraban a la corona en su proyecto de expansión colonial. Así, otra vez Millán, apunta:  Como sabemos, su Gramática sobre la lengua castellana (1492) nunca se reimprimió, hasta el siglo XVIII. Sin embargo, su impulso influyó en las gramáticas de otras lenguas vulgares europeas: italiano (1516), francés (1530), alemán (1534), portugués (1536), neerlandés (1584) e inglés (1586). Sólo aparecieron nuevas gramáticas castellanas en 1614 (debida a Jiménez Patón) y en 1626 (Gonzalo Correas).

 

Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigiiedad de todas las cosas, que para nuestra recordación y memoria quedaron escriptas, una cosa hállo y: saco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caida de entrambos.

Antonio de Nebrija, Gramática de la lengua castellana, 1492.

 

En 1522 falleció el catedrático Antonio de Nebrija, luego de haber sido protegido de personajes como el obispo Fonseca, fray Hernando de Talavera, la misma reina Isabel y el cardenal Cisneros, haber conocido el éxito con la venta de sus obras y haber dado clases tanto en Salamanca como en la recién fundada Universidad de Alcalá.

A medio milenio, los quinientos años que él vaticina en el prólogo de su Gramática, la obra de Nebrija sigue siendo pertinente. Un pensador que se opuso a la cerrazón intelectual que habría de imperar en su cara España tras su muerte y que, ya en vida lo acorraló y persiguió. Se salvó en 1505 de ser procesado por la inquisición porque era protegido del cardenal Cisneros, a la sazón regente de Castilla, sobre ese momento y las circunstancias Nebrija escribió: Si me acomodara a la actitud de mis amigos y empleara mis vigilias en las fábulas y ficciones de los poetas, si me dedicara a escribir historias y, como dice el poeta, todo lo viera de color de rosas, me querrían bien, me alabarían, me darían mil parabienes. Pero como […] investigo en la tierra aquellas cosas cuyo conocimiento persevera en el cielo, me llaman temerario, sacrílego y falsario y no falta nada para que […] me hagan comparecer ante los jueces cargado de cadenas […]. ¿Qué hacer en un país donde se premia a los que corrompen las sagradas letras y, al contrario, los que corrigen lo defectuoso, restituyen lo falsificado y enmiendan lo falso y erróneo se ven infamados y anatematizados y aun condenados a muerte indigna si tratan de defender su manera de pensar?

Años más tarde, cuando perdió ante otro catedrático la oposición para una plaza en Salamanca, su protector, el cardenal Cisneros, le ofreció un espacio en la recién construida Universidad de Alcalá, ante lo cual hizo la siguiente recomendación: para que leyese lo que él quisiese y si no quisiese leer que no leyese[, puesto que] esto no se lo mandaba dar porque trabajase, sino por pagarle lo que le debía España. Para el cardenal, el hombre más poderoso en Castilla,  sólo por detrás del rey Fernando, sus reinos le debían mucho al catedrático.

En 1492 los hablantes de la lengua que hoy llamamos español eran unos cuantos millones repartidos en el centro de la península ibérica, apenas había llegado a las islas Canarias y de la mano de Colón acababa de alcanzar el Caribe. En los siguientes decenios y siglos la lengua fue avanzando por lo que terminó por llamarse América, pero también por el sureste asiático y por las costas africanas. Ese proceso de expansión de la lengua fue el proceso de expansión del imperio y en tanto a tal no estuvo exento de violencia.

Por supuesto que hay que atenuar. Por ejemplo, con la caída de Tenochtitlan no se impuso el español ni siquiera en el Valle de México, al contrario, durante gran parte de la colonia fue el náhuatl, antes que la lengua de los conquistadores, la lengua franca de la Nueva España, principalmente por los aliados tlaxcaltecas. Se estima que para el momento en el que inicia el movimiento de independencia el 60 % de la población era indígena, lo que, puesto en otras palabras, significa que menos de la mitad de la población tenía al español como su lengua materna —el proyecto independentista priorizó el español sobre cualquier otra lengua, tanto que se pasó del 60% a ser el 10% la población indígena en nuestros días.

La diversidad lingüística se vio disminuida a lo largo de los territorios sobre los que el imperio español fue avanzando. Como aseveró Nebrija:  siempre la lengua fue compañera del imperio, cómo se vio con el impulso del español —y los miles de idiomas que perecieron en su avance— si no con el latín y el griego, como él sabía, si no con muchos otros idiomas que, se expandieron a la par de la cultura dominante. Así, por ejemplo, el ancestro de las lenguas indo-europeas (el proto-indo-europeo, PIE) se expandió desde las estepas pónticas por toda Eurasia, desde la península ibérica al oeste hasta la cuenca del Tarim al este y desde la península candinava al norte hasta el subcontinente Indio al sur, gracias al dominio del caballo y las tecnologías vinculadas a él que tenían los hablantes del PIE. Por supuesto que el avance de una lengua no implica necesariamente el dominio de un grupo sobre otro, a veces es el prestigio de una lengua el que permite su avance, lo cual ocurrió sin duda con el español —al lado, es innegable, del dominio y el uso de la fuerza— y, muchas veces, ese prestigio se adquiere porque el grupo posee la capacidad de imponerse.

Hoy me es posible comunicarme con esta lengua, mi lengua nativa, la lengua con la que estoy escribiendo estas líneas, con más de quinientos millones de personas —si consideramos a las personas que, sin ser hablantes nativos, han adquirido la lengua—, pero al reflexionarlo tampoco puedo evitar el pensamiento de la lengua compañera del imperio; todo lo que implicó de violencias para que hoy seamos 489 millones de personas que recibimos como primer idioma al español.

 

 

 

Bibliografía:

David W. Anthony, The Horse, the Wheel, and Language: How the Bronze-Age Riders from the Eurasian Steppes Shaped the Modern World, Princenton University Press, 2007

 

Henry Kamen, Empire, How Spain Became A World Power 1492-1763, Perennial, 2003

 

Henry Kamen, La inquisición española, Crítica, Barcelona, 2013

 

José Antonio Millán, Antonio de Nebrija o el rastro de la verdad, Galaxia Gutemberg, 2022

 

Antonio de Nebrija, Gramática sobre la lengua castellana, Elajandria.com

 

Joseph Pérez, Cisneros, el cardenal de España, Penguin Random House, 2014

 

Joseph Pérez, Los Judíos en España, Marcial Pons, España, 2005

 

El mundo económico de Isabel la Católica, Miguel Ladero Quesada, en el num. 14 del Anuario de Historia de la Iglesia. 2005, Universidad de Navarra.

 

Los indígenas y el movimiento de Independencia, Gisela von Wobeser, Estudios de cultura Náhuatl No. 42, agosto de 2011

 

El español, una lengua que hablan 580 millones de personas, 15 de octubre de 2019 Instituto Cervantes:

https://www.cervantes.es/sobre_instituto_cervantes/prensa/2019/noticias/presentacion_anuario_madrid.htm#:~:text=Un%20total%20de%20580%20millones,mundo%20por%20número%20de%20hablantes.


Autores
(Cuauhtémoc, Chihuahua, 1984) es autor de Gloria mundi. El nuevo Liber Pontificalis, ganador del Premio Nacional de Cuento Breve Julio Torri 2015.
Ilustración realizada por Mariana G

Como les sucede a las verdaderas superestrellas de nuestro tiempo cuando se agotan de sus fans, de los paparazzi o de sí mismos, Amy decidió hacer un viaje infraganti a la Ciudad de México para perderse una semanita en el anonimato de los laberintos urbanos. Así, dio la noticia a sus allegados de que se ingresaría de propio pie en un centro de rehabilitación. Algunos hicieron jetas y otros murmullaron aleluya, pero nadie sospechó y ella se rió a carcajadas con su engaño. Se aplicó una plasta de maquillaje sobre los tatuajes, se puso un sombrero mosquetero sobre el pelo alaciado, lentes de sol, guantes de gamuza y cruzó los dedos para que su estilacho tan inconfundible no la delatara; no pensaba pasar su tiempo libre autografiando brasieres y lonjas. Planeaba descansar y, si sucedía un momento mágico, componer.

Así se aventó un clavado en la normalidad con todo y la serie de pequeñas ofensas que los humanos promedio soportamos en el día a día: fila en el aeropuerto y en migración, un taxi atorado en el tráfico con el taxímetro sube que sube, un cuarto de hotel sin mayordomo incluido. Una vez encontrado un comerciante de narcóticos para su corta estadía, pasó los primeros días cómo alma errante por las calles de la Doctores y del Centro Histórico, entrando a librerías de viejo a sobetear páginas amarillentas, a tiendas de antigüedades donde olvidaba momentáneamente si corría aún el virreinato, y sentada en las bancas de los parques admirando por horas los colores de las jacarandas, con la boca un poco abierta, observando cómo las flores cambiaban de forma por efecto no sólo de su portentosa creatividad. No extrañaba a Blake, no extrañaba a nadie. Llegando a su cuarto cada noche prendía la regadera y cantaba a los gritos las notas más perfectas del jazz.

Uno de los últimos días, en una de estas vagancias, sus pies enchanclados la condujeron a unos callejones de la colonia Santa María. Caminó y caminó y, a pesar de estar segura de que avanzaba, constantemente se encontraba con una misma fachada particular en las esquinas. Una puerta de madera vieja con una reja oxidada sobrepuesta, un huequito del que salía un cordón con una cartulina fosforescente a un lado que indicaba “jale, este es el timbre”. Arriba de la puerta, sobre la pared, un letrero pintado en letras gordas decía “SOLUCIONES URGENTES”.

A Amy le pareció curiosísimo que el propietario de SOLUCIONES URGENTES tuviera locales en cada calle y que además compartieran el exacto estado de precariedad. Pero lo más raro era la poca claridad acerca de los servicios ahí ofrecidos. Se trataría, quizás, de uno de esos bares de mala muerte que pretenden ser irónicos. Bajo esa suposición y con la creciente necesidad de pasar un trago de pulque por su garganta, fue que Amy se paró en la siguiente esquina para tirar del hilo que tiraba a su vez de una campana. La puerta chirrió y se abrió a voluntad, despacio, como manejada por un control remoto.

El interior del lugar era tan lúgubre que los ojos de Amy tardaron en afocar las estanterías que cubrían las paredes. Alineadas unas sobre otras, sostenían frascos de vidrio iluminados desde arriba con un foco individual y tenían una placa abajo con la leyenda de ¿la obra? En el centro de la habitación había un mostrador que a primera vista le pareció vacío, pero al acercarse vio en el piso a un hombre viejo que dormía, una maraña de pelo y barbas blancas. Será un homeless, pensó la artista inglesa, y quiso salir de ahí antes de meterse en un extraño percance de esos que los tabloides consumen como heroína, no sin antes echarle un ojo a los frasquitos expuestos como piezas de arte.

Dentro del frasco más cercano había un conejo del tamaño de un dedo meñique, hecho bolita y con los ojos cerrados. La miniatura era asombrosa, casi parecía que los bigotes se agitaban al ritmo de una suave respiración y abajo, en la placa, se leía “conejo de la suerte” ¡tamaño cliché! La cantante tenía que tocarlo y dos cosas sucedieron en el instante en que tomó el frasco entre sus manos: empezó a sonar Feeling Good de Nina Simone y el conejito despertó y se paró en sus patas traseras recargando las delanteras contra el vidrio. La música terminó de darle un tono cinematográfico a la escena y a Amy se le tensaron las mandíbulas con el deseo de estrujarlo, de aplastarlo, de hacerle daño por la tremenda ternura, pero al intentar quitar el tapón resultó imposible, estaba sellada. El pobre animalito zangoloteándose de un lado al otro con los intentos banales de Amy por destaparla.

–No lo vas a lograr.

Los hombres no saben decir otra cosa, piensa Amy, que ya había olvidado al sujeto bajo la mesa. Su apariencia era muy lejana al desastre que se imaginó, en vez de usar los harapos informes característicos de los indigentes de cualquier nación, el tipo usaba un traje antiguo de tres piezas y traía un bombín en la cabeza.

–Mi tienda esta blindad contra ladrones.

–No iba a…

–Ya lo sé. Sólo los clientes potenciales encuentran la tienda. Además, la alarma suena cuando manos que no sean las mías tocan cualquier cosa.

–¿Nina Simone es tu alarma?

–Sí, no hay por qué perder los estribos cada que suena, ¿no crees?

Amy regresó el frasco de la suerte a su lugar, un poco apenada pero no lo suficiente. Miró el resto de los frascos y descubrió que dentro de todos ellos había seres diminutos: un puerco de la abundancia, un unicornio del buen dormir, un usurero del dinero, un hada de la venganza.

–¿De dónde sacaste un conejo tan pequeño?

–Es algo difícil de explicar.

–Bueno, en realidad no me interesa. Lo quiero. De hecho, quiero todo lo que vende.

–No creo que tengas suficiente para dar a cambio.

–Soy asquerosamente rica.

–Me imagino. No acepto dinero, sólo cosas valiosas, cómo las que vendo. Podría decirse que esta es una casa de cambio para la gente con problemas urgentes. A problemas urgentes…

Y señaló el letrero con el nombre de la tienda. Amy se contuvo de contestar con el entusiasmo de una alumna que sabe responder a la maestra. Regresó el micro lagomorfo a su sitio y siguió escaneando los extraños seres en sus cárceles de cristal, pensando si lo más prudente, lo más heroico, sería tirar todos al piso para liberar a las creaturas.

–En realidad no están vivos, por si crees que soy cruel. Son hologramas sólidos.

–Ah ya– contestó, a pesar de no tener idea de que hablaba el hombre. Puso cara de extranjera, abrió grandes los ojos y asintió como si le quedara claro clarísimo.

Entonces lo vio, un marciano como cualquiera que pudo inventar la televisión. Un cuerpo de complexión humanoide cubierta de escamas verde brillante, color quetzal. La cabeza grande y los ojos alargados hacia unas orejas en forma de tubos. Dos brazos que culminaban en manitas de pulpo, con unos siete o doce dedos tentaculares, y tres piernas con el mismo destino. Amy agarró el bote entre sus manos y, cuando creía que era imposible ver una criatura más maravillosa, vio como levantaba su bracito izquierdo en un ángulo recto, ponía el derecho en el antebrazo y luego alzaba el codo hacia la tapa sobre sí en una señal de “huevos”.

–Chingui tu madri– dijo.

–Aaaaa, qué es esta cosa más adorable. ¡Lo necesito!

–Claro que lo necesitas. En realidad, es el único objeto de esta tienda que podría venderte, sólo tienes que pensar en que me vas a ofrecer a cambio.

–Mmm.

–Cómo verías… ¿tu voz?

–Tranquilo, Úrsula, esa no se la doy a nadie. Sabe qué, en realidad no quiero nada de esta tienda, está usted bien raro y pervertido. Me encanta el marcianín, pero no le voy a dar mi voz.

–Vas a tener que hacerlo.

–¿Por?

–Corres mucho peligro, y ese pequeño es un alien de la protección, como lo dice en su placa. Eso significa que podría salvarte de las amenazas que se ciernen sobre ti.

–Nadie me amenaza, yo hago lo que quiero.

–¿Dónde creen tus amigas que estas?

Amy recordó su mentira y miró al viejo con un desprecio calmo, esperando que esto lo desincentivara y la dejara irse a seguir rolando por la ciudad. Si estaban muy chidos los monos, pero no iba a permitir que la psicoterapearan para conseguirlos.

–Deberías estar en rehabilitación.

Mmmta. Ni del otro lado del charco la dejaban en paz.

–Mi daddy dice que estoy fain.

–De acuerdo, entonces regrésame el frasco y sigue tu camino. Se cumplirá tu destino y, te aseguro, no va a ser bonito.

–Ay sí tú, te crees el muy adivinador con tus rimas chafas.

–Soy un oráculo, mira.

Y se sacó de la camisa un collar de oro con una gran letra O de Oráculo.

–O te llamas Owen. A ver Owen, dime mi futuro.

–De acuerdo, te lo mostraré gratis, sólo porque no puedo dejarte ir así con el mal agüero flotando sobre tu cabeza.

El hombre le indicó a Amy que se quitara el sombrero y le pasó su propio bombín. En cuanto Amy se lo puso, frente a sus ojos apareció ella misma sobre el escenario, cantando con gran potencia sus canciones favoritas, las que escribió como en un trance creativo, y a sus pies los fans gritándole su amor, su adoración, su absoluta necesidad de ella, de tocarla. La Amy imaginaria, seducida por el cariño del público, se acerca para tocar la mano de una niña parada sobre los hombros de un tipo robusto y, en ese momento, otro espectador la toma de la muñeca y la jala hacia abajo, hacia los brazos de esa masa engullente que la desea, porque la gente siempre quiere tocar el arte, poseerlo, aunque sea un pedacito. Un pelo, un pedazo de ropa, una gota de sudor sobre el pelo, y las personas la atraen hacia sí, le piden todo, ya no sólo su voz sino su cuerpo y su mente, la jalan en cualquier dirección hasta que le desprenden un tacón, un cachito del pantalón de cuero, una pestaña, un dedo, un brazo. La sangre corre entre los fans y como quiera piden más, más de su sangre. Truena una rodilla, la ropa se hace girones y el aullido de Amy es feroz y sensual y entonado, como ella. Es la música que la escena necesita.

–Wooooow, es espantoso– dijo Amy. –¿Lo puedo volver a ver?

–Las veces que necesites.

Ella se sentó en una esquina, en el piso, a contemplar su propia muerte una y otra vez y el hombre la miraba a ella, intentando adivinar sus pensamientos.

–Tienes que reconocer que es una muerte muy poética.

–Si eso quieres nadie va a detenerte.

–No no. También se ve bastante dolorosa. De acuerdo, Owen, ¿qué otra cosa puedo ofrecerte que no sea mi talento?

–¿Cómo verías tu fama? También es algo bastante cotizado.

–Pues bueno, esa ni siquiera me late tanto. Pero cómo le hacemos, qué te doy o qué.

–Nada, ahora ya puedes abrir el frasco. Amy volteó a ver a la pequeña creatura verde.

–Jiji vas a ser mío.

–Veti a li virga.

Abrió el bote, sacó a la criatura y se la sentó sobre la cabeza. Acomodó su gran melena en un montículo perfecto para que el marciano cupiera dentro, sentado o de pie, y a partir de ese momento ella podría escuchar sus agudas mentadas de madre cuando quisiera.

–Listo, ahora. Mírate en el espejo.

La muerte de una Amy que no era Amy sino un holograma sólido apareció en las noticias un par de meses después y nuestra Amy, la verdadera, siguió viviendo en la Ciudad de México. Su físico es distinto a los ojos de cada persona, es irreconocible menos cuando, en la soledad de su casa, en la regadera, o cuando mira las jacarandas, no puede evitar cantar con su misma voz de siempre.


Autores
estudió Ingeniería Química y es estudiante del diplomado de escrituracreativa en la SOGEM. Actualmente, escribe artículos para Reurbano, una desarrolladora urbana y tiene una columna quincenal en la página de Mi Valedor, la primera revista callejera de México, donde también colabora como directora del área social, planeación estratégica y editorial.

Ilustrador
Mariana G
Resido y dibujo desde CDMX. Soy Diseñadora de la Comunicación Gráfica por parte de la UAM Azcapotzalco e ilustradora por parte del azar. Hace un par de años estudié Ilustración Experimental en la Escuela de Diseño del INBA. He colaborado de manera independiente con distintas agencias de publicidad y estudios creativos, sin embargo, mayormente mi trabajo ha estado presente en proyectos editoriales y animados. Actualmente, junto con una amiga, editamos MALA, un fanzine colaborativo hecho por mujeres.
Ilustración de Jal Reed

(y su playground, la costa central)

 

Pienso cosas que tal vez ni debo de pensar.

Yo sé que todo trabajo es de honra, pero siempre anhelé no trabajar tan rudo, como en mi país. Uno sembraba la fruta y aprendí todo eso, pero ando lavando platos. Yo tengo esa esperanza, de que si llego a arreglar mis papeles, voy a buscar otro tipo de trabajo, porque es muy pesado trabajar así. Ya son muchos años, casi doce años, trabajando para esa agencia. Y me ha tocado duro, porque empecé en los baños, en los cuartos de los estudiantes, luego sirviendo comida caliente, haciendo ensaladas… va uno aprendiendo de todo, y ahorita estoy de lavaplatos, pero cuando bien les parezca me pasan a cocina.

Cuando tenía quince años, me vine para acá, y ahora tengo treinta, hace quince años. Me trajeron para acá, mi mamá se vino, se casó con una persona que trabaja en el campo, acá estudié High School desde el noveno grado, me gradué. Terminé y ya no quise seguir estudiando, empecé a trabajar en el área de restaurantes, me ofrecieron un trabajo en una gasolinería y empezaba a llegar la gente a preguntarme si no limpiaba yo casas, y así fue como terminé limpiando casas. Fui de un trabajo a otro a otro a otro. Pero desde que tengo quince años limpio, porque mi mamá limpiaba casas. Cuando yo llegué, ella me llevaba con ella a limpiar casas. Por mi cuenta, como cuatro, cinco años.

Tengo dos trabajos, trabajo haciendo la limpieza aquí, y en la ciudad de Monterey, en la noche, después de salir de este trabajo. En la mañana, me levanto a las seis de la mañana para venir aquí, y luego salgo de allá a las once de la noche. Trabajo dieciséis horas al día y me quedan como seis horas de sueño. Al principio no aguantaba, pero luego mi cuerpo se volvió como inmune, y ya no me molesta. Apenas y te puedes imaginar, pero si lo quieres hacer, lo puedes hacer. Al principio pensé que era imposible, trabajar todo el día y solo dormir seis horas, pensé que no iba a poder. Pero si te empujas hasta el límite, puedes hacer todo lo que te propongas.

Trabajo para esta compañía, es una compañía que agarra el mall para limpieza. Doce años, desde que llegué estoy acá, llegué solamente a trabajar. Es mi primer trabajo y el único en el que he trabajado, todo bien, bien. Claro, he visto muchos cambios. El trabajo es el mismo, pero la vida, sí, es difícil.

A veces hago tres casas, a veces dos casas, a veces una. ¡Uy!, ya tengo como treinta y dos años aquí. Tengo tres trabajos: en la mañana limpio casas, luego en la tarde, pues, bueno, ahorita ya no trabajo en un restaurante, pero es porque era demasiado loco, porque estoy haciendo jardines también. Hago jardines, trabajaba en un restaurante y luego en la limpieza de casas.

Soy de México, del estado de… ay, ¡ya hasta se me olvidó!, ¿cómo, si soy mexicana?… de Zacatecas. Soy de Oaxaca, de Pinotepa Nacional, rumbo a Puerto Escondido. De México, de Hidalgo, mi compañera es de Oaxaca. Yo nací en Tulancingo. ¡Qué chiquito es el mundo! Nací en San José, California, en 1993. Me siento viejo, pero la gente siempre me dice que soy joven. Mi madre es Mexicoamericana, mis abuelos maternos son de México, de Jalisco, Guadalajara, aunque yo nunca he ido. Y mi padre es Afroamericano, su familia es del sur, de Alabama, a ellos sí los he visitado, aunque toda mi vida he vivido en California. Yo crecí en un pueblo entre Oaxaca y Veracruz, pero nací, según dicen, en Sinaloa, antes de que me llevaran, y como no fui a la escuela, no hay otra manera de comprobar, no hay manera de que hagan una constancia, un acta de nacimiento, ni nada.

Aquí la vida es muy cara. Aquí casi que con un trabajo uno no gana ni para la renta, ni para la comida. Entonces si quieres, si nomás tienes un trabajo, nada más hasta puedes vivir en un puente, porque nomás ganas para tu comida. Pero si tú tienes dos trabajos, o tres trabajos, pues por lo menos tienes para rentar, pero pues uno nomás renta, como quien dice, nada más para dormir, bañarse y otra vez. Eso es lo único, porque la casa todo el tiempo está sola, todo el tiempo. Tenemos un dicho: “de noche se empreña y de día pare”. Es una adivinanza, ¿cuál es? Es la casa, porque en la noche todos estamos ahí y en el día, nadie está. Por eso es que, ¡ay!, la vida es bien loca.

Estaba tomando un café que sí me daba energía, pero lo dejé de tomar porque me aceleró de más. Mi corazón palpitaba mucho, mi hijo comenzó a leer la etiqueta y me dijo: no es bueno para ti, te puede dar un ataque al corazón. Y pues, me lo recomendó una compañera de trabajo, pero cada organismo es diferente.

Como me estuve enfermando de la presión por tanto estrés, tanta presión y eso, dejé el trabajo del restaurante y ya nada más me dedico a limpiar casas en la mañana y ya en la tarde me voy a hacer jardines y como me gusta lo del jardín ya al final me relaja un poco, pues estoy con las plantas y estoy desestresándome, más tranquilita.

Es lo que me preocupa, las coyunturas. Yo a veces pienso, por lógica, es que agarro demasiada agua caliente, y luego el mismo rato que estoy usando el agua caliente, tengo que usar la fría, porque pues los trastes esos grandes no se puede meter a la máquina. Hay ciertos trastes que sí, otros que no, como vasos platos y cucharas van por la máquina, pero los grandes los lava uno con unos contenedores grandes de diferentes tipos de agua, están muy calientes y tienen un químico muy fuerte, entonces con el tiempo, ya tantos años, yo siento que eso me ha afectado un poco. Le digo, hace como unos seis años, siete, creo, que un doctor de Stanford, fui a la sala de emergencias por un dolor, me dijo que yo tenía fibromialgia y debía tener seguimiento médico. Me dio desinflamatorios, pero ¿cuál seguimiento médico? No, imposible, es muchísimo dinero, entonces yo me lo fui controlando con remedios caseros. A veces no me puedo ni parar de la cama, es algo bien feo, me tumba, me quita energía, cuando me da muy fuerte, no me puedo levantar. Ni moverme para un lado ni para otro, donde me agarre, ahí. Es difícil.

Estuve desempleado por seis meses y me estaba volviendo loco. No me podía quedar en la casa, necesitaba encontrar un trabajo. Hace siete años, mi mejor amigo que trabajaba aquí me recomendó, me dijo que quizás no era el mejor trabajo, pero que te da un salario. Me entrevistaron y le caí bien al jefe y desde entonces trabajo aquí. Y luego cuando nació mi hijo, dije, necesito tener dos trabajos, apenas para sobrevivir aquí, porque todo está demasiado caro y siguen subiendo los precios. Pago renta, un apartamento, un poco más de dos mil dólares. Yo y mi esposa estábamos buscando casa, por aquí, una casa pequeña, pero no bajan de un millón de dólares, es imposible. Los que sí tienen casa, o se los heredan a sus hijos, o tienen trabajos importantes, son policías, jueces, actores. Yo quería ser actor, pero me costaba mucho llorar. Me decían: ¡quiero que llores y estés triste! Y yo no podía. Puedo estar enojado, feliz, pero no soy llorón. Muy rara vez lloro. Hace dos años fue la última vez que lloré, cuando mi papá murió, también de cáncer. Mi padre tenía cincuenta y dos años y mi madre se murió de cáncer cuando tenía treinta y siete. Pienso que fue en gran medida por el estrés. Mi mamá trabajaba en diferentes trabajos, de seguridad, cuando se enfermó, ya dependía del gobierno, y mi padre era mecánico, arreglaba coches. Ellos se separaron cuando yo tenía como tres años. Los estresaban las relaciones que tenían, los problemas, las personas tóxicas con las que tenían que lidiar. Y mi madre era madre soltera, éramos tres hijos de diferentes papás.

No estoy casada, vivo con el papá de mis hijos, tenemos dos niños, un niño de nueve y una niña de siete. Son muy felices, unos niños muy felices. Ellos ya no van a sufrir tanto. En México estudié en escuela de paga, porque mi mamá estaba aquí, de otra manera no hubiera podido. Siempre venir a este país es una cosa buena para las generaciones que vienen. Para la que le toca venir, es muy duro, para mi mamá fue muy duro. Mis hijos ya van a estar bien, en teoría.

Hay muy pocas personas trabajando, muchas personas se fueron recientemente, quedamos como diez u once trabajadores de limpieza en el equipo, y tenemos que encargarnos de ochenta y un edificios aquí, se limpian al menos una vez a la semana si no es que más. Este edificio lo tenemos que acabar como a las tres de la tarde, acabo de sacar toda la basura.

El trabajo ahorita está bien despacio, han sacado a muchísima gente. De hecho, ahorita voy a trabajar en la misma universidad, pero cubriendo a una permanente. Ella pidió sus vacaciones y me llamaron. Pero yo me empiezo a preocupar, porque Stanford ya nos dijo a todos los que vamos de agencia, hicieron una reunión y nos dijeron que van a estar sacando poco a poco a todas las personas que no tienen documentos. Que no lo tomáramos de forma personal o como racismo, pero que las agencias estaban cobrando costos muy altos por empleado y que a ellos no les conviene estar pagando treinta y cinco, cuarenta dólares la hora por uno de agencia, cuando ellos están pagando veinticinco dólares la hora directos y tienen derecho a oculista, a todos los beneficios, vacaciones pagadas y todo. Nos dijeron: con eso de la pandemia, hemos perdido mucho, mucho, dinero, entonces ya no nos conviene estar agarrando personas de agencia, todos trabajan muy bien, y todo el que ya tenga su estatus bien puede aplicar directo, namás nos dicen y les ayudamos. Y han salido un montón ya. Los están sacando porque no tienen documentos legales, entonces, lo sacan a uno que va de agencia a trabajar allí. Nosotros no hacemos trato directo con Stanford. Las agencias están cobrando muy alto, estaban negociando, pero no llegaron a ningún acuerdo, de que Stanford quería pagarle a las agencias veinticinco dólares por empleado y que nos dieran a nosotros veinte. Las agencias quieren más dinero para pagarnos menos a nosotros y ellos quedarse con más. Y como han estado sacando a mucha gente, yo voy viendo que tengo que buscar trabajo en otro lugar. Lo malo es que en otro lugar no creas que te van a pagar veinte dólares. En todo trabajo, es el mínimo, a menos que seas de oficina, te pagarán un poquito más, pero el mínimo está a diecisiete y algo. ¿Tú crees que vamos a sobrevivir cuatro personas pagando una renta de dos mil ciento setenta y cinco dólares con eso?

Pues, no sé si la compañía se queda dinero. Nos pagan a nosotros nomás nuestro salario, por hora, nos pagan el mínimo. No sabría decirte. Pero de que lo hacen, de todos modos uno no sabe nada, no les conviene. No le van a decir a usted. ¡Quién sabe! Nosotros hacemos nuestro trabajo y ya.

Hago mi trabajo, yo cumplo. No sé mis compañeras, cada quien tiene su opinión, antes había más trabajo, ahora está solo el mall, ahorita nomás somos tres, una en la mañana, dos en la tarde, muy poquitas. Todo está muy caro, está muy solo esto. Ya no hay locales, ya no hay trabajo, negocios, la renta está muy cara y no les alcanza y si no viene gente, ¿a quién le venden? Nosotras cumplimos con hacer nuestro trabajo, de hecho habían dicho que iban a cerrar hace un par de años para remodelarlo y arriba para hacer apartamentos, pero siempre no. No hay mucha gente, pues.

Está difícil, cuando no es un obstáculo, es otro, pero algo pasa.

La vida es breve y necesitas disfrutar lo que tienes. Siento que, en la edad en la que estoy, necesito disfrutar más la vida. Mi esposa me dijo el otro día que se sentía como que era una madre soltera, porque no estoy en la casa, casi nunca me ven. Por eso hoy me tomé el día, llamé y dije que estaba enfermo, para disfrutar el día. Y como es viernes, estoy listo para irme a ver una película. Voy a ir con mi esposa, me encanta la ciencia ficción. Mi esposa es maquillista en una tienda. Durante el día, dejamos a mi hijo, tiene tres años, con sus bisabuelos, mis abuelos, o con mi suegra. Y quien salga primero, pasa a recogerlo. No confío en otras personas para que cuiden a mi hijo. Tener un hijo te cambia la vida, te hace crecer muy rápido. A mí me cambió la vida, porque antes yo me metía en muchos problemas.

Ahorita, gracias a Dios fíjese que vendí comida, ayer y hoy, porque la universidad me descansó sábado, domingo, lunes y hoy martes, y nada más voy a ir cuatro días. Está faltándome trabajo, pero como tenía yo ahí un poco ahorrado dije voy a vender algo para sacar algo extra. Así me voy a ir ayudando hasta septiembre, porque está muy despacio.

Nosotros allá en el rancho de mi mamá, cuando mi mamá se separó, porque también se separó de mi papá, cuando ella brincó a la otra ciudad, tuvo que vender comida para sobrevivir. Porque allá se acostumbra, que, si la mujer se va, no recibe ningún tipo de apoyo del hombre de nada. Era una vida difícil. A veces trabajaba en fábricas. De ahí se empezó a poner violenta esa ciudad y se tuvo que retornar para atrás y hasta la fecha ahí está, porque había muchos asaltos.

Y sí, pues si se me ocurre la idea esa de vender. Me dice mi hijo, ¡ay mami!, dice, voy a trabajar duro para ver si te compro un lugar donde puedas vender tu comida, dice, ¡eso te dejaría dinero! Deja dinero la comida, pero es pesado. Y pues ahí ando, echándole ganas, porque estamos sobre la renta otra vez.

Vivimos en tiempos violentos. Así pasa la vida, es muy sorprendente para nosotros, es muy difícil. Yo soy testigo de Jehová. Y la Biblia dice claramente eso, van a ser tiempos difíciles, y me estoy preparando psicológicamente, porque es la realidad, lo estamos viendo. Solamente las personas que no creen o no estudian la Biblia, no ven que en realidad son cosas que tienen que suceder. Muchas personas están buscando donde vivir, de hecho, nosotros tenemos un tiempo en unos apartamentos y ellos quieren que nos vayamos, ya nos pidieron el apartamento. Entonces nos vamos en agosto, porque nos aumentaron el doble de renta. Están pidiendo tres mil dólares. Es mucho, nosotros no podemos. En realidad, no podemos. Tendríamos que trabajar doble turno de trabajo mi esposo y yo para poder sobresalir. Un cambio repentino así, nosotros no podemos. Y veo la violencia en los jóvenes, los niños, tan chiquitos en las escuelas, tantas cosas que han pasado, como balaceras. Ahorita los niños en la pura tecnología. No aprenden valores, aprenden violencia, porque los juegos, los padres, los dejan ahí, más bien para los niños su niñera es el internet. La tecnología, eso es lo que te digo que tristemente es la realidad, los jóvenes de hoy en día, y a veces los padres tienen que trabajar y dejar a sus hijos, es la situación, entonces, pues, de que se están viendo muchas cosas, muchos cambios, pues sí, y aún más lo que falta, lo que viene. Pues no sabemos, muy pronto. Y los gobiernos, prometen, pero no cumplen. Estamos viviendo en este reino, pero anhelamos el otro.

Vivo en el área de Santa Cruz. Es muy caro. Me gusta el trabajo. Y es que depende, aquí el trabjo de limpiar casas es más caro que en otros lugares, pero porque la vida es muy cara aquí también. La paga, se escucha como que es mucho, pero por las rentas y lo caro que está todo. Aquí es imposible la renta.

Pero es muy loco aquí es demasiadísimo caro, yo vivo aquí, en Santa Cruz, por un estudio o un apartamento de una recámara y su salita y cocina y eso, para uno dos mil, dos mil quinientos, para un trabajo nada más, no alcanza para la renta, así que tiene uno que trabajar muy duro, y como yo soy madre soltera, tengo todavía que trabajar más.

Tengo tres hijos. Por eso para todo tengo que sacar para la comida y para todo, porque a mí casi no me gusta pedir ayuda, que diga que ¡ay voy a pedir comida! A mí no me gusta casi, yo les enseño a mis hijas también que cuando uno quiere salir adelante puede luchar uno y así con su frente en alto, nadie tiene que decir ¡ah, porque yo le ayudé! A fuerza de mi trabajo, el orgullo propio. Nosotras de por sí, también nosotras como somos oaxaqueñas, nos gusta ser luchonas, trabajar. Como todas las personas claro, pero nosotras venimos de un estado que es muy difícil también y cuando tenemos la oportunidad de estar aquí y trabajar, luchar duro para salir adelante, pues lo hacemos.

Yo empecé a trabajar desde niña, desde los nueve años, porque mi mamá tuvo catorce hijos y de esos catorce, pues era muy difícil la vida, teníamos que echarle los kilos.

Crecí seis, siete años en San José, hasta la secundaria, cuando me mudé a la costa central, mi mamá se enfermó de cáncer y murió, y yo me quedé con mis abuelos paternos. Ahora estoy casado y tengo un hijo, aunque mi esposa quiere cuatro hijos más.

Mi mami cuando ella se vino, llegó porque mi tía, su hermana, estaba aquí desde hace más tiempo, llegó a Santa Cruz. Yo soy dreamer. Quiero continuar creciendo el negocio, quiero seguir expandiéndolo. Tengo dos chicas que me ayudan, y trabajamos de lunes a viernes, descansamos usualmente sábado y domingo a menos de que, como el día de hoy, salga algo.

Yo pienso mucho en mis hijos, de que pues, en este país, yo no sé… Mi hijo, que tiene ya veintiún años, yo me siento frustrada de mirarlo que él no avanza mucho. Sí tiene trabajo y todo, pero a su edad no tiene un carro, lo que gana pues no es mucho, porque pues está estudiando también y no sé, como que siento que estoy atorada junto con ellos, como que no avanzamos mucho, eso me frustra mucho.

Yo digo: mi salud no está muy bien, y aparte lo que más se me ha venido a la cabeza, es que si a mí me llegan a sacar del país por la razón que sea, ellos no se van a ir, no se van a ir. Y sería una locura intentar volver de manera ilegal, mucha gente lo hace, pero yo siento que yo ya no lo haría, porque ya no tengo la condición de hace veinticinco años, es mucho caminar por lo caliente, desiertos, el cerro, por donde lo pasen a uno, y como tengo asma, sería algo tonto que intentara venir de manera ilegal. Los vería hasta que ellos quisieran ir a verme. El mayor padece de depresión, se recuperó de anorexia, depresión, y la droga. Ya no lo hace, pero tengo que estarlo motivando. Y me agota.

Nosotros nos vamos a mudar a México, ya mis hijos ya casi todos tienen su vida, porque aquí ya no la hacemos aquí, y pues no se puede. Estamos pensando en regresar, a ver qué pasa, ya que lo que digan, en la fecha señalada para salir. Mis hijas están en otros estados, quieren que nos vayamos para allá, en otros lados está el costo de vida mejor. Es lo que estamos planeando, vamos de mal en peor.

He tratado de agarrar apartamento de esos de bajos ingresos, pero aquí todo es los papeles. Si tienes papeles te dan ayuda de muchas maneras. No es gratis lo que dan, pero es menos de lo que cuesta lo real. Una señora dice que ella agarró un apartamento de bajos ingresos por setecientos dólares: empresas muy ricas agarran condominios y para no pagar impuestos, agarran de setecientos apartamentos, unos diez, y se los dan a personas de bajos recursos, es lo que dice ella.

En una situación así está todo el mundo, no nada más yo, sino muchas personas están en lo mismo y a veces peor todavía. Está difícil.

Vivir acá es cada vez más difícil. Estados Unidos, antes era un país próspero, toda la gente que venía aquí se beneficiaba. Es la realidad, era muy diferente. No había tanta violencia y ahorita ya no estás segura en ningún lado. Justamente yo decía, me fui de la violencia en México, y ahorita ya donde quiera. La situación está bien difícil. La violencia está donde quiera que sea, está al orden del día. Ya no eres libre de salir. No sabemos, todos estamos expuestos, cualquier situación, pero la violencia, ahí está. Ya ves, que hasta en los malls hay balaceras. Entonces, esa es la realidad. De que hay cambios, hay cambios y sigue habiendo. Y van a seguir, no sabemos cuánto duremos acá, va a haber más cambios, todo está subiendo.

Yo soy de la mentalidad de que tenemos que adaptarnos a vivir con lo que tengamos, porque no te puedes frustrar por decir yo quiero tener lo que tiene mi amigo. La vida es simple, nosotros la hacemos difícil, yo ya me adapté al nuevo lugar que estoy, no es un lugar como el que teníamos, pero no estamos en la calle, tenemos donde llegar y bañarnos, donde comer, eso es más que suficiente. Pero si nos ponemos a querer algo que es imposible por la situación económica, eso nomás nos va a traer más frustración y angustia.

Quizás lo peor que he escuchado es algo que le pasó a mi supervisora, alguien se enojó con ella, y le dijo: al final del día no eres nada, porque solo vas a ser una conserje por el resto de tu vida.

Y ser conserje, no es fácil, apenas lo estoy pensando, pero no es fácil, siempre tienes que estar de pie y listo para moverte, a lo siguiente. No estás en un solo lugar todo el día y siento que nos imponen mucha presión, porque constantemente nos monitorean, los de arriba. Si no hacemos algo correctamente, le dicen a la supervisora y ella nos regaña a nosotros. Y a veces hay algunas personas con las que te topas que te ven y solo piensan que eres un conserje, y te dicen: ¡ten, aquí está mi basura! Y no te ven, no te dicen ni hola. Y aquí como hay personas de diferentes culturas, algunas culturas nos ven como de clase baja. Y otros nos tratan como seres humanos, nos preguntan ¿cómo estás? Algunos son muy amigables. Un día estaba en un edificio en el que le pregunté a una señora ¿necesita que vacíe su basura? Y sin verme, ni decirme absolutamente nada, me la aventó al piso. Ni gracias ni nada. Eso no me molesta, porque yo sé quién soy como persona: soy humilde, soy trabajador. Hago lo que tengo que hacer para mantenerme y para mantener a mi familia.

Hay personas buenas y hay personas malas. Hay personas que quieren que la gente por una miseria de dinero haga cosas que no. Pero hay personas, casi la mayoría de las personas a las que yo les limpio su casa, que son bien buenas personas. Pero hay otras que también son bien negreras. Negreras, decimos, verdad, pero es porque son bien como, por decir así, si me pagan a veinte o treinta dólares la hora, quieren que haga un montón de cosas y que haga el trabajo rápido. Pero ahí voy.

Mi trabajo me gusta. Conozco mucha gente nueva, por lo regular todos nuestros clientes son personas de buen corazón, muy generosos, aprendo muchas cosas porque trabajo con todo tipo de gente, desde personas que han trabajado en un banco y que han hecho lo que yo estoy haciendo, hasta personas que trabajan en la NASA, en Intel, o en Google. Conozco, eso me gusta, mucho tipo de gente. Y la otra cosa es que puedo ayudar a personas a tener una mejor calidad de vida porque ellos no tienen que preocuparse por tener su casa limpia, y eso pienso que en la vida de las personas es una cosa buena: tener su casa limpia. Los ayuda de muchas maneras. Eso es lo que me gusta, ayudar a las personas y conocer mucho tipo de personas.

Mi trabajo significa: trabajo en equipo y responsabilidad. Trabajar junto con otras personas. Y hacer un trabajo que casi nadie quiere hacer, porque las personas en general no quieren limpiar lo que deja otra persona o las tazas de baño sucias. Al principio era difícil, pero conforme seguía en el trabajo, ya me dejó de importar. Solo hago mi trabajo. Cuando veo a los inmigrantes trabajando bajo el sol, en los campos de alrededor en Watsonville o en Salinas. Casi ninguna persona quiere hacer eso, yo incluso no creo que podría estar bajo ese sol inclemente, me desmayaría.

En este trabajo, trabajo con personas con discapacidades, pero yo no tengo una discapacidad, solo necesitaban gente. He aprendido mucho trabajando con personas con discapacidades, es muy diferente. Me sale de manera natural relacionarme con ellos, y como yo soy extrovertido, empiezo a platicar con ellos. Hay algunos que no pueden leer, y a otros les cuesta comprender, les tienes que repetir lo que tienen que hacer varias veces, requiere mucha paciencia y hay que alentarlos. No importa quién seas, en este mundo tenemos que vivir juntos. Veo gente peleando en la televisión, discriminación, guerra, y pienso: todos nos odiamos, pero ¿para qué? Yo los quiero a todos, soy ese tipo de hombre. Me di cuenta hablando con todo tipo de personas, de diferentes culturas y yo los quiero a todos. No podría dañar a alguien solo por cómo se ven.

Lo mejor que me ha pasado es que me reconozcan por ser buen trabajador, alguien que viene a trabajar contento y que trata a los demás con respeto, sin importar quien seas. Ese es el mejor reconocimiento para mí.

A veces tienes que hacer lo que tienes que hacer.

 

[Esta crónica está escrita enteramente con sus voces, las voces de quienes tienen como profesión limpiar. Le debo todo a Cristina, Jarold, Génesis, María y Laura, quienes me permitieron tomar sus voces para ensamblar esta polifonía que representa una mínima parte de las historias de quienes se encargan de mantener con dignidad y limpieza una zona de los Estados Unidos que produce y gana más dinero per cápita que países enteros. Es un lugar a veces invivible, dado el costo de vida, las rentas, el costo de la comida y sostén de una familia. Rara vez se reconoce lo que aportan los inmigrantes y trabajadores por salarios mínimos. Muchos de ellos no tienen documentos legales o, papeles, como dicen ellos. La mayoría de ellas vienen de América Latina y muchísimas de mi propio país. Son el ejército que limpia Sillicon Valley, universidades, empresas, oficinas, casas e instalaciones federales. Y la zona de la costa central de California, donde la gente con dinero suele ir a la playa los fines de semana y rentan casas u hoteles. Gran parte de este tipo de trabajadores trabajan para agencias que fungen como intermediarias entre quienes necesitan los servicios y los propios trabajadores. Las agencias se quedan con una tajada enorme de sus salarios. A los trabajadores de limpieza se les invisibiliza. No se les trata como a seres humanos. Esta crónica es testimonio de sus voces, las dificultades que enfrentan para sobrevivir, pero también de sus aspiraciones y sueños. Sobre todo, es testimonio de su trabajo y fuerza.]


Autores
(Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Psicoanalista en formación. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
Retrato de Jorge Cuesta recuperado de Secretaría de Cultura (www.gob.mx)

La Ciudad de México, como tantas otras, se ha construido en la memoria histórica edificada entre tintas, papel y linotipias. Entre las páginas El Monitor Republicano, El Siglo Diez y Nueve, Don Simplicio, El Renacimiento o El Correo de México se encuentran las raíces de las revistas que darían lugar a la literatura del siglo veinte. Sin los esfuerzos —políticos, identitarios y estéticos— de Ignacio Ramírez, Ignacio Manuel Altamirano o Guillermo Prieto no existirían Revista Azul, El hijo pródigo o Taller, por sólo mencionar un puñado de deuteragonistas de esta historia; la protagonista es, sobra decirlo, la Patria como oficio. Y su fundación depende de la libertad que su quehacer artístico alcance.

En la calle de Brasil número 42, departamento 10 —el estudio de Xavier Villaurrutia—, en los primeros meses de 1927, se entabló una empresa que había sido precedida por la Editorial México Moderno, dirigida por Agustín Loera y Chávez y Enrique González Martínez, y la Antología de poetas modernos de México, de 1920, editada por José de Frías para la Colección Cvltvra, la primera serie de la editorial. En Ulises. Revista de curiosidad y crítica, revista fundada, además de Villaurrutia, por Salvador Novo, Gilberto Owen y Jorge Cuesta, se buscaba, a la manera de las ya citadas El Renacimiento y Revista Azul, la instauración de una estética nacional colectiva, a contrapelo de Actual. Hoja de vanguardia e Irradiador, publicaciones estridentistas. La apuesta escritural y la búsqueda del rompimiento es mutua; el camino, divergente. El “estilicidio” que buscaban los miembros de Ulises y de Irradiador lo afrontan desde distintas trincheras. En la primera, se publicaron fragmentos de caprichosas novelas que rompían con la tradición de la narrativa de la Revolución: Novela como nube, de Gilberto Owen, Margarita de niebla, de Jaime Torres Bodet y Dama de corazones del “niño bicentenario” Xavier Villaurrutia; en la segunda, la noción estético espacial de Fermín Revueltas arropaba los cantos por el ruido, la ciudad y el acero, donde “la vida es un bostezo fugaz de gasolina”, para citar el verso de Salvador Gallardo.

La edificación de la Patria diamantina de estos personajes de pluma y espada, devenidos artistas de pluma y despachos estuvo plena de ásperos encuentros. En 1922, cuando la volición de establecer una literatura moderna y propia era imperante, Manuel Maples Arce, miembro del grupo que enarbolaba el mole de guajolote y pretendía acabar con las formas decimonónicas, escribe:

La poesía, en México, es un tendajón mixto lleno de tepalcates románticos, toda menos original que un tibor de la basura. Felizmente, los interventores del estridentismo la hemos puesto en liquidación. Es posible que aquí en México los poetas sean los que menos entiendan de estas cosas.1

El manifiesto estridentista de 1921 encontró un eco feble, a decir de Luis Mario Schneider, quien consigna que sólo pudo encontrar un artículo, publicado en Revista de Revistas, firmado por José de Frías en donde afirma que “la literatura en México es una cosa poco interesante” y que “no sé hasta qué punto Maples Arce haya querido hacer humorismo en su manifiesto. Ni puedo juzgar de su sinceridad o de su fe”.2 Por su parte, la propuesta estética del “grupo sin grupo” se refocilaba en su propia vanguardia por medio del Teatro Ulises.

En una década de manifiestos, publicaciones y asombros, en 1928 sale a la luz la Antología de la poesía mexicana moderna, firmada por Jorge Cuesta. A consideración de Guillermo Sheridan: “La Revolución triunfante convirtió a la antología en un instrumento eficaz para salvar las lagunas informativas que el periodo armado generó en todos los campos”.3 Además de dichas lagunas, habría que subrayar el carácter beligerante y polemista de una generación que creció entre lides públicas, tanto en la tribuna como en la calle, en el oficio y en la prensa. Sheridan recuerda en su puntilloso prólogo a la Antología…, además, las compilaciones: Parnaso de México, antología general de poetas mexicanos, editada por Porrúa en 1921, la Antología de poetas muertos en la guerra, de Antonio Castro Leal y Requena Legorreta, la Antología de la versificación rítmica, de Pedro Henríquez Ureña, y Las cien mejores poesías mexicanas, que si bien Sheridan atribuye Luis G. Urbina, en realidad es selección, también, de Castro Leal. Urbina participó en la Antología del Centenario, dirigida por Justo Sierra, publicada en 1910; de ella, la esplendente pluma del poeta José Francisco Conde Ortega afirma:

Urbina parte de una afirmación que fue su divisa: una fina sensibilidad para juzgar las obras. Todo lo demás —decía—, información sobre el autor y le época, podía adquirirse, la sensibilidad, no. Su práctica de lector atento y riguroso lleva a Urbina a construir una historia justa y proporcionada, pero dentro de los límites que él mismo se planteó. O mejor dicho: desde la trinchera en la que eligió escribir.4

La trinchera que se elige es, también, una postura vital. Y ésta encontró, como se ha visto, en los primeros años del siglo vigesémico, su continente en los antes llamados florilegios, y en ellos rezuman las cercanías estéticas, las coincidencias y, por qué no decirlo, los rencores disfrazados de “rigor”. Si el antologar conlleva un acto de poder —lugar común que no por serlo deja de tener verdad—, también es una declaración enfática de principios, y la integridad con la que se perpetra es una cuestión personalísima, que muchas veces queda oculta ante los ojos de los lectores. De La Antología de la poesía mexicana moderna, Jorge Cuesta declara:

Lo cierto es que no depende mi gusto tanto de mí como quisiera mi orgullo, sino tanto como acepta mi humildad. Y pienso que sobre el gusto no se tiene poder, y que donde menos puede estar presente es en el compromiso de elegir, y no porque tema la pérdida de lo que prefiero, sino porque sólo se ve obligado a elegir quien ya está indeciso de antemano […] No hay manera de ocultar que toda antología es una elección forzosamente, es un compromiso, mientras que el gusto sólo nace en la libertad.5

El albedrío de las letras de Cuesta y de los Contemporáneos se propuso “separar […] cada poeta de su escuela, cada poema del resto de la obra: arrancar su objeto de su nombre y no dejarle sino la vida individual que posee”.6La relación de los poetas antologados muestra que, a noventa y dos años de su publicación, su vigencia es ineludible. Junto a nombres como Manuel José Othón, José Juan Tablada, Ramón López Velarde y Carlos Pellicer, reconocidos por cualquier entusiasta lector, residen otros que tal vez han sido obscurecidos por el paso del tiempo y apenas son reconocibles: Francisco A. de Icaza, Rafael López, Manuel de la Parra o Ricardo Arenales (antes de ser Porfirio Barba Jacob).

Si bien Cuesta y sus cófrades de aquel “archipiélago de soledades” no hubieran podido vislumbrar la permanencia de su Antología… —mucho menos de su propia obra—, sí pudieron estar insertos en su tiempo y circunstancia. En 1924, Xavier Villaurrutia dicta una conferencia en la Biblioteca Cervantes, “La poesía de los jóvenes en México”, en donde “resbala, rápido, sobre el pequeño tranquilo mar de nuestro pasado lírico, en un a modo de patinaje sobre un agua dura en apariencia, insólida en realidad, con el peligro de apoyarse demasiado y sumergirse, sin sumergirse al cabo”.7En ella transita por el “principio”, “el mediodía” y una “transición” para esbozar el camino que ha llevado la lírica mexicana: de Francisco de Terrazas —“el primer poeta […] bajo el cielo de Anáhuac— a Guillermo Prieto, y de Joaquín Arcadio Pagaza a Agustín F. Cuenca, hasta llegar a los modernistas y así desbocarse en sus coetáneos, sin olvidar a los estridentistas. Como respuesta, Guillermo de Torre, secretario de redacción de La Gaceta Literaria, editada en Madrid, publicó el 15 de marzo de 1927 un artículo en donde espetaba juicios como un “poeta […] desdoblado en crítico”, a propósito de Villaurrutia; “entra en las estancias nuevas del lirismo intrascendente”, sobre Pellicer; “poesía sin peso y sin relieve”, dedicado a Torres Bodet); “sus imágenes son […] siempre primarias y simples”, otra vez para Villaurrutia, y “una poesía cándida […]demasiado cristalizada ya en su pequeña perfección”,8dirigido a todos los mencionados. Jorge Cuesta, con esa mordacidad que lo acompañaría en su oficio, responde con alevosía en Revista de Revistas, el 27 de abril del mismo año: “No conoce usted a los poetas mexicanos y, sin embargo, escribe sobre ellos”9 y que al grupo sin grupo:

[…] usted los vuelve a agrupar a su manera y después los separa a su manera, y a su manera los vuelve usted a agrupar por tercera vez. Esta manera de crítica por “desdoblamiento”, señor De Torre, tiene el inconveniente de que, a su término, ha dejado a su objeto tan lleno de dobleces, que puede entonces parecer la imagen “duple”, triple o cuádruple de una poesía “ultraísta”, pero no un dibujo preciso y claro […] Usted, señor De Torre, que atribuye a Pellicer el fragmento de un poema de Novo.10

La ironía de Cuesta es deleitante ante el ciego, abstruso y todavía latente colonialismo hispano —baste citar que, en el siguiente número de La Gaceta Literaria, la editorial de la publicación se llama “Madrid, meridiano intelectual de América”, en donde se advierte que evitan “escribir el falso e injustificado nombre de América Latina”—. No obstante, es de resaltar que ante la nomenclatura de Villaurrutia como “grupo sin grupo” en la conferencia, se prefigura el tesón de la Antología. Si en el prólogo a ésta se recrimina la falta de rigor ante la inclusión de sus compañeros de generación, también se aplaude la consciencia de la necesidad de la ruptura con una tradición de la que, a la vez, quieren ser sucesores.

Si Jorge Cuesta evidencia que De Torre confundió a Pellicer con Novo, su Antología tendría una circunstancia similar con las primeras impresiones a propósito de la edición. En un artículo firmado por Vereo Guzmán –firma del abogado y periodista Juan Francisco Vereo Guzmán—, para Revista de Revistas, del 8 de julio de 1928, Federico Gamboa —autor de Santa y que rondaba los sesenta y cinco años al momento de la aparición de la Antología— confiesa que:

No conozco el libro, pero según las noticias que de él me han llegado, sé que sus autores se dejaron en el tintero dos de nuestros nombres más gloriosos […] el de Manuel Gutiérrez Nájera y el de Amado Nervo […] Omitir de una antología que a sí misma se dice mexicana, dos valores literarios nuestros tan indiscutibles, es a mi juicio, imperdonable […] una herejía.11

El yerro de Gamboa, de hablar de oídas, lo recrimina Villaurrutia en una carta dirigida a Manuel Horta, editor de Revista de Revistas, escrita, junto a una de Torres Bodet, a manera de réplica y que se publicaron, ambas, en el semanario fundado por Luis Manuel Rojas. La respuesta de Cuesta tardó en llegar puesto que se encontraba de viaje —el único que haría en su vida— por Europa. En el artículo publicado por Vereo Guzmán, Miguel Martínez Rendón, autor de dos libros —Cármina áurea y Palabras de ensueño— que ha quedado en el estruendo del silencio, fue citado en el artículo de marras con la lapidaria frase: “Un volumen que vale lo que Cuesta”.

La permanencia de la Antología es, inobjetablemente, por la firmeza de los poetas antologados; pero la sólida elección se debe a un grupo de escritores que se reunieron en Brasil 42. Se ha escrito en varias ocasiones a propósito de la prosapia de la Antología. José de Jesús de Núñez y Domínguez, director de Revista de Revistas, afirmaba que “Torres Bodet, […] el verdadero inspirador del libro, ya había expresado ese profundo y risible desprecio acerca de ciertos valores literarios”.12 Evodio Escalante consigna que Guillermo Tovar y de Teresa asevera, por un ejemplar que habría pertenecido a la biblioteca de Torres Bodet y que cayó en sus manos, que éste tenía, en las semblanzas de cada uno de los autores antologados, las iniciales, escritas con puño y letra del autor de La educación sentimental, de quienes habrían escrito cada una de ellas:

Las iniciales corresponden todas ellas a miembros del grupo Contemporáneos: JTB (Jaime Torres Bodet), EGR (Enrique González Rojo) y XV (Xavier Villaurrutia). La nota perteneciente a Francisco A. de Icaza se habría quedado sin iniciales, lo que da pie para que se conjeture que bien pudo haberla redactado Bernardo Ortiz de Montellano.13

Las conjeturas se multiplican, puesto que la presunción de autoría de Cuesta se une a la de Torres Bodet,  y en la edición de Ensayos críticos de Jorge Cuesta, preparada por Maria Stoopen para la UNAM, en una cita a pie de página la editora apunta:

[…] una carta de Jaime Torres Bodet a Xavier Villaurrutia, fechada el sábado 1º. de octubre (¿de 1927?), cuando la Antología se encontraba en preparación, y publicada por Miguel Capistrán en “Los contemporáneos por sí mismos”, en Revista de la Universidad, enero de 1967, dice: “Xavier: Recibí su carta acerca de la Antología. El trabajo ha quedado distribuido en esta forma: Notas, (Enrique, Jorge Cuesta y yo), Nota preliminar, usted.

Una lectura cuidadosa del texto, atenta a la sintaxis, así como al contenido y al espíritu que lo anima, nos ha llevado a Miguel Capistrán y a mí a suponer que el prólogo pudo haber sido escrito por Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia al alimón.14

Las posibilidades son inasibles. El trabajo de cada uno de los involucrados en el departamento 10, así como la lectura personal y colectiva de cada uno de los poetas incluidos —la discusión a propósito de los que quedaron fuera de ella se antoja más sugerente—, no podemos saberlo, tal vez intuirlo, pero la certeza es que la Antología movió las aguas de una literatura que comenzaba a repensarse. Quizás Torres Bodet apuntó las iniciales de aquellos a los que le recordaban las semblanzas; quizás ese “espíritu” del que habla Stoopen sea sólo un aliento compartido; quizás sea pertinente recurrir a la propia Antología para zanjar la cuestión a propósito de su concepción:

Una antología es, en fin, un lugar donde sólo puede figurarse. Si Jorge Cuesta la firma, es únicamente para conseguirlo; esto es: con una tolerancia y con una libertad igual.

Si en Revista de Revistas —que sería comprada por Rafael Alducín en 1917 para fundar, cuatro años después, Excélsior— se suscitó el primer desdén por la Antología, sería también entre su rotativa que la firmeza de Cuesta sería puesta a prueba una vez más.

En agosto de 1932 se edita el primer número de Examen, esfuerzo editorial subvencionado por su propio editor: Jorge Cuesta. De brevísima duración —apenas tres números—, su importancia radica no sólo en su impronta en la tribuna pública, sino en su propuesta. Si en la Antología y en los distintos artículos de Cuesta se evidencia su rigor crítico, Examen es el medio en el cual el pensamiento y la reflexión encuentran su connivencia con la literatura. Junto a “Segundo amor” y “Dúos marinos”, poemas de Novo y Pellicer, respectivamente, aparecieron en sus índices “Psicoanálisis del mexicano” y “Motivos para una investigación del mexicano”, de Samuel Ramos —que prefiguraría, por decirlo de algún modo, una célebre obra posterior—. Cuesta escribe en el segundo número, de agosto de 1932, “Música inmoral”, en donde arremete contra la vena nacionalista que impera en el arte mexicano, a propósito de la música inmoral, para los cánones establecidos, de Higinio Ruvalcaba. Cuesta diserta:

Para la música mexicana ha sido una exigencia todavía más imperiosa y más tiránica la existencia nacionalista que ha esclavizado a nuestras otras artes […] no se contradice una música mexicanista y avanzada al mismo tiempo, simultáneamente nacional y pura […] me importa hacer esas observaciones, para mostrar el valor del accidente a que esta nota principalmente se refiere: el hallazgo de una música mexicana inmoral […] una música desnuda, que casi podría llamarse indecente […] el Cuarteto para cuerda número 5, de Higinio Ruvalcaba. 15

Sirva este ejemplo para resaltar el carácter de Examen y la estética de Cuesta. Es por fragmentos similares que se repite muchas veces, sin asomo de rigor, que los Contemporáneos eran extranjerizantes y poco mexicanos. La alocución a propósito del violinista demuestra lo contrario: el interés de estos escritores era consolidar una identidad, un devenir nacional. En las páginas de Examen se encuentran, también, un ensayo a propósito de la inauguración del Teatro de Orientación, pues, como escribiera Villaurrutia: “¿qué otra cosa fueron los teatros experimentales de Ulises y Orientación sino tentativas de crear un público, una curiosidad nuevos, que resistieran nuevas obras, extranjeras y mexicanas?”.16Esas tentativas son parte no de un programa cultural, sino de una postura ante la circunstancia. Desde la cruzada educativa vasconcelista hasta 1932, donde Narciso Bassols es el encargado de la Secretaría de Educación Pública, los antes jóvenes Contemporáneos se han forjado entre misiones diplomáticas y cargos públicos; por ello, cuando Examen irrumpe en la escena nacional, se pretextará la literatura para embestir moralmente a todos su colaboradores y, por extensión, políticamente a Bassols y a un grupo que, desde 1925, había sido objeto de escarnio por considerarlos “afeminados”, “decadentes” y “degenerado”, a partir de un artículo de Julio Jiménez Rueda publicado en diciembre de 1924.

Así, cuando en el segundo número de Examen se publica un fragmento de Cariátide, de Rubén Salazar Mallén, en los folios de Excélsior del 19 de octubre de 1932 una editorial sin firma acusa:

jamás en la historia de las hojas impresas en México se había estampado un lenguaje de tal procacidad, ni de la más cínica expresión, como el que aparece en la novela Cariátide [en donde] pueden leerse expresiones de una crudeza tal que se resistiría a repetirlas el más soez carretonero en cualquier sitio donde no estuviera rodeado de los de su laya

La mojigatería de la editorial hubiera podido pasar inadvertida; sin embargo, al ser de carácter político, al otro día de la publicación del libelo, el mismo anunciaba que el procurador de Justicia del Distrito Federal, Trinidad Sánchez Benítez, había comenzado el proceso de consignación en contra del director de la revista. Jorge Cuesta publicó en el número 3 de Examen dos artículos en los que fijaba su postura: “La política de la moral” y “La consignación de Examen”. En el primero, acude a explicar los procedimientos literarios de Salazar Mallén, y sostiene que su revista circula entre un número reducido de “personas inteligentes”17 —con lo que asesta un sutil empellón a los denunciantes—; en el segundo, se encuentra tal vez la enseñanza mayor de este suceso. Cuesta escribe:

La consignación de Examen, decidida ya, según noticias de los diarios, no es un negocio que afecte tan sólo a su director y sus colaboradores. La resolución judicial alcanzará, una vez dictada, a todos los escritores, a todos los periódicos y aun a los medios plásticos de la expresión. No se tratará ya de uno de nosotros, querido u odiado, según a la luz que se le considere, sino de la expresión. Hay en ello, por tanto, un interés que rebasa al individuo y a la clase para convertirse en un interés nacional. […] Obsérvese, pues, lo que significaría que las autoridades judiciales se convirtieran en servidores de esta “moral pública” y satisficieran, persiguiendo una obra de cultura, condenando su libertad de expresión.18

Cinco meses después, meses de ataques, amparos, juicios y barandillas, el procurador de Justicia escribe al agente del Ministerio público para sobreseer el caso. Los colaboradores de Examen que laboraban en la SEP ya habían renunciado para entonces. Una nutrida correspondencia entre algunos de los implicados puede consultarse en Malas palabras. Jorge Cuesta y la revista Examen, de Guillermo Sheridan, que junto con su libro México en 1932: la polémica nacionalista revisa exhaustivamente el caso, además de proveer documentos sobre el proceso, notas y testimonios.

Jorge Cuesta comenzó a publicar en 1925 y no dejó de hacerlo sino hasta el día de su muerte, en 1942. Fue hasta 1964 que gracias a los generosos oficios y a la noble pasión de Luis Mario Schneider y Miguel Capistrán se reunieron sus textos diseminados en diversas publicaciones periódicas en Poemas y ensayos, puesto que Cuesta nunca publicó un libro propio. Algún advenedizo escribió alguna vez que era nuestro “Fausto”. Nada más lejano. Es fácil acudir a la ficción, y no comprender que su obra y su vida, se condensa en lo que escribió a propósito de los Contemporáneos:

Es una perfidia buscar en esta generación una actitud que valga para las que le siguen. Esta generación no la buscó en las anteriores; la buscó en ella misma. Aun suponiendo que en este momento, cuando todavía no se madura, se suspendiera su obra, y aun suponiendo que su obra reducida se perdiera, que pasara, su actitud no deja de valer, puesto que consiste en no tener más actitud que la propia. Esta actitud es la única que hace valer la actitud y la obra de los otros; es una actitud crítica.

En la firmeza de la crítica se asienta la obra de Cuesta; en su obra convergen las voces de su generación, y en las voces retumba el empeño de una libertad lograda, incluso, en la obscura agua prisionera.

 


Autores
Estudió la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de Narrativa en las generaciones 2009 - 2010 y 2010 - 2011, y dos veces becario del programa Jóvenes Creadores del Fonca en los periodos 2014 - 2015 y 2017 - 2018, ambos en la especialidad de cuento. Ha publicado cuento, ensayo, reseña y crítica literaria en Laberinto, Confabulario, Este país, Molino de letras, Siembra y Tinta Seca, entre otros. Aparece en las antologías Cofradía de coyotes (La Coyotera Ediciones, 2007); Fantasiofrenia II. Antología del cuento dañado (Ediciones Libera, 2007); Ardiente coyotera (La Coyotera Ediciones, 2008) y Bragas de la noche (Colectivo Entrópico, 2008). Es autor del libro de cuentos Campanario de luz, (UAM, 2013), y de La espantosa y maravillosa vida de Roberto el Diablo (UAM, 2019). Es editor de la revista Casa del Tiempo de la UAM.
Ilustración realizada por Axel Rangel

Este sueño es para ti, así que paga su precio.

Vuelve un sueño realidad, solo se vive dos veces.

Nancy Sinatra

 

Uno. Tengo muchos amigos que desdeñan las películas de James Bond. No se me hace descabellado que lo hagan; nuestra generación creció viendo cine americano en el Canal 5, y fue de lo más normal ver las películas donde el agente británico era interpretado por Pierce Brossmann, o por Roger Moore, en estas historias ridículas en las que un solo hombre salva a todo el mundo. Ridículas, por los elementos de su trama; como la escena de Goldeneye en la que Bond maneja un tanque por Berlín; y ridículas, por la facilidad con la que el agente británico salía de las situaciones más riesgosas de las maneras más absurdas, como cuando la lancha se transforma en coche para avanzar por las calles de Londres, en El mañana nunca muere. Películas hechas como producto que no generaron un gran impacto en nosotros como, por ejemplo, sí lo hizo Volver al futuro.

 

Dos. Ian Fleming fue un escritor británico que trabajó en los servicios de inteligencia y que tras su jubilación decidió crear a un agente que más que un espía en forma es un provocador; es decir, es un agente que tiene permiso para sabotear, más que quedarse en las sombras. Quizá era la vida soñada por Fleming. Otro de sus compañeros, John Le Carré, crearía espías más cotidianos y que sufrían las represiones de los gobiernos de los cuales filtraban información; muchas veces lo hacían como dobles agentes o como topos, pero siempre eran personas sin dinero que sobrevivían a cómo se podía. Para marcarme más la diferencia entre ambos mundos del espionaje, estos meses decidí leerme algunos de las novelas originales de Fleming, aunque no todas se consiguen fácilmente. Me adentré en Casino Royale, Doctor No, Operación Trueno, El espía que me amó y Solo se vive dos veces: al igual que en las recientes películas del universo de Marvel la receta es la misma: Bond es enviado a una misión peligrosa, hay una chica de la cual se enamora que puede o no ser peligrosa, consume cantidades inhumanas de alcohol, hay una amenaza fuerte simbolizada, por lo general, en un solo individuo, y al final salva al día y por azares del destino se aleja de la chica que, en ese momento, es su objeto de deseo. En los libros, el agente es un hombre de ojos azules –que hasta Craig ningún Bond había tenido–, el cual se aburre en la oficina del MI6 en lo que su jefe lo envía a misiones donde su vida siempre corre riesgo; por las tardes llega a su casa a ignorar a su ama de llaves mientras toma o se va a los casinos a apostar y alcoholizarse. Es una persona huraña. Además, está rodeado por una serie de personajes con los que tiene rutinas de trato que suelen ser identificables: siempre tiene riñas o problemas con M, el coordinador de la sección doble o; siempre coqueteaba con Monneypenny, la secretaría de su jefe; o va y pide consejo a Bill Tanner, el coordinador de seguridad. A veces, en algunas misiones, comparte las hazañas con el agente americano Félix Leiter, que es lo más cercano que tiene a un hermano.

 

Tres. La fórmula de los libros imprime una receta que las películas de Sean Connery hasta Pierce Brossman seguirán al pie de la letra, aunque no siguieran el camino de los libros al dedazo. Aunque no lo conseguí, en lo que me documenté descubrí que Al servicio secreto de su majestad es el punto de inflexión para Bond tanto en los libros como en las películas, aquí el orden de los productos se altera: Bond primero conoce a Tracy y a través del padre de ella, que es un mafioso, obtiene información para darle caza a Ernest Stravo Blofeld, el director de la organización terrorista Spectre 1, uno de los villanos más emblemáticos, el mayor enemigo de Bond, al que incluso se parodia en Austin Powers como este personaje calvo que viste una filipina gris y siempre está acompañado por un gato de angola. La misión se salva, eso sí, como siempre. Bond y Tracy deciden casarse y dejar la vida de peligros. Y justo cuando van alejándose de la boda, Blofeld y secuaces los embisten y disparan al coche, asesinando a Tracy. Ahí termina la historia: sin final redentor. Con Bond abrazando el cuerpo de Tracy mientras le dice a un policía: “Todo está bien, todo está bien, oficial, está descansando y nos iremos pronto. No tenemos prisa. Tenemos todo el tiempo del mundo”. A largo plazo, para las películas producidas por Eon Productions eso no pasaría de un usual recordatorio de que, en algún punto, Bond estuvo casado; para los libros marcaría el final de Bond al ser enviado a Japón en Solo se vive dos veces, para cumplir una misión normal hasta que descubriría que ahí está escondido Blofeld. Y en el intento de asesinarlo se enamora de otra mujer, tiene un hijo y es dado por muerto. En las aventuras cinematográficas nunca se había respetado la cronología original de los libros y, en realidad, ya no servían para nada: es a partir de la adaptación de Solo se vive dos veces, cuyo guion fue realizado por Roal Dahl, que las películas se distancian de los libros. En ellas, desde Sean Connery hasta Pierce Brossman son un mismo James Bond que ha perdido a la misma esposa, y quien vive los mismos arquetipos una y otra vez.

 

Cuatro. La verdad es que, incluso, a mí no me importaban las películas de James Bond. Esto fue hasta antes de que mi padre llevara a la casa un devedé de Casino Royale (2006), la primera película de la franquicia protagonizada por el actor inglés Daniel Craig. Además de que la personificación del agente secreto que realizaba este actor rubio era de un tipo más arrogante, creído y débil –casi un gánster– me llamó la atención cómo la trama giraba, en general, en base a una partida de póker donde las cartas eran los balazos. Sin embargo, es ahí donde se cimenta la desconfianza de esta nueva encarnación del personaje con las mujeres de las que se enamora: Vesper Lynn, interpretada por Eva Green, es la contadora que lo acompaña en la mesa de juegos y quién se volverá su interés romántico. Pensará, incluso, en dejar el espionaje y el mundo del peligro por ella. Sin embargo, ella es una doble agente y eventualmente lo descubre y ella, para escapar del dolor de haberlo herido, se suicida. En las siguientes películas de Craig, el fantasma de Vesper Lynn siempre está acechando, recordándole la traición.

 

Cinco. En la escena de apertura de Sin tiempo para morir, James Bond es perseguido por un grupo de hombres armados. Recorren las calles y callejones de Matera, Italia; sus perseguidores son parte de Spectre, que desde la película anterior se ha dedicado a cazarlo por todo el planeta. Primero es perseguido a pie a lo largo de los túneles y las avenidas de adoquines –de esta ciudad que, como en cualquier película Bond, es un sitio turístico al conservar aún algunas de las primeras construcciones realizadas por el hombre–, hasta que los mismos agentes le hacen creer que fue delatado y entregado por su acompañante, la doctora Madeleine Swann. La mujer por la que dejó el espionaje. Bond logra escapar de los hombres y regresa al hotel donde ella lo espera. Ahí la interroga, desconfiando de ella y luego suben al icónico Aston Martin DB5 lleno de artilugios, para ahora sí iniciar la persecución. Swann intenta hacerlo entrar en razón, ¿por qué lo traicionaría? Bond responde con dureza: “Todos tenemos nuestros secretos, solo no hemos llegado a los tuyos”. Mantiene lejos a los perseguidores con minas. De repente son embestidos en una de las plazas principales de la ciudad. Se ven rodeados y el coche es atacado a balazos que van dejando grietas en el parabrisas y en las ventanas laterales. La psiquiatra se dobla y siente cada uno de los tiros, mientras que Bond permanece inmóvil aferrado al volante, seguro de que el carro lo protegerá, pero no tan seguro de querer que proteja a Swann. La mujer, llorando, le implora que haga algo. Así que Bond finalmente reacciona y acciona las metralletas del coche, las cuales están escondidas detrás de los faroles; hace una dona en el centro de la plaza y dispara a todos sus atacantes al tiempo que activa el humo para escapar de la plaza sin que les puedan seguir la pista. Escapan hasta la central de trenes del pueblo y ahí Bond, sintiéndose traicionado, le dice a Swann que hasta ahí llegaron. La sube a un tren. Ella le pregunta: “¿Cómo sabré que estás bien?”. Bond le responde, serio, que no va a saberlo: “nunca volverás a saber de mí”. Y las puertas del tren se cierran. Swann, llorando, empieza a caminar por el interior sin dejar de verlo en el andén, hasta que Bond se voltea y desaparece de su vida.

 

Seis. Es quizá en Skyfall (2012), que sería la película para celebrar el 50 aniversario de las de la franquicia, en donde inicia un cuestionamiento de la estructura interna del personaje, su mundo y su oficio: la película se centra en que el comandante James Bond está desactualizado y que ya no es necesario en el tablero que es la política internacional. Que las sombras de las que tanto se habla en los discursos públicos, no existen en las nuevas eras de la información. Y así es como lastimado y traumatizado, James Bond tiene que enfrentarse a un villano que, en esencia, es una parodia de Julian Assange. Hay un diálogo muy citado en el que el nuevo contramaestre, interpretado por Ben Whislaw, le dice a Bond: “La edad no es garantía de eficiencia”. A lo que Bond responde: “Y la juventud no es garantía de innovación”. En Sin tiempo para morir, este discurso volvería a surgir esta vez desde el personaje de Nomi; en esta película, la despedida de la era Craig, Bond ha dejado el servicio activo desde la traición de Swann y han transcurrido cinco años. Nomi es una agente que se cruza en su camino mientras él, tranquilo, disfruta de su retiro en Jamaica; pero ella no es cualquier agente. Nomi es la nueva agente 007 y se lo deja muy claro: “Quizá pensaste que jubilarían el número”. “Solo es un número”, responde el Bond jubilado ya sin mirarla. El mismo Bond que, en el transcurso de la película, regresaría al espionaje. Esta última película de Daniel Craig, caso curioso, es la película más basada en la novela Solo se vive dos veces.

 

Siete. Aunque me gustó Casino Royale por la diferencia con las otras películas del agente que había visto, ignoré un par de años la franquicia. No volví a pensar en esta hasta que se estrenó Quantum of Solace (2008), para cuya época ya tenía la costumbre de ir al cine con gente de mi edad. Solo que fueron los mismos meses del estreno de Crepúsculo. Así que uno de mis amigos más cercanos de aquella época y yo nos fuimos al cine de una plaza comercial a un costado del río Tamazula, y entramos al mismo tiempo a dos salas distintas. Es muy curioso cómo la mercadotecnia nos conquista: esperaba con mucho ahínco ver Quantum y al hacerlo, me aburrí un poco, no es mi película favorita de Bond; al mismo tiempo, a mi amigo no le gustó Crepúsculo, por cambios que le hicieron al libro; pero ambos estuvimos ahí en el cine, esperando en las películas satisfacer algo, que nunca se sabe qué es, pero sin detenernos a pensar que ambos aspirábamos a escribir, y ambos entramos a ver películas basadas en libros. A partir de mirar esas películas de James Bond en el cine, la era Craig se volvió más relevante para mí. Podía reconocer las cargas de machismo, violencia y riesgo que arrastraba el protagonista en estas, y sin embargo los ambientes en los que esta nueva encarnación del personaje se movía, cada vez estaban en más contienda con su personalidad: no siempre se acuesta con la chica despampanante, no siempre tiene artilugios que lo salvan de maneras milagrosas, no siempre está dispuesto a tomarse un Martini mezclado no revuelto, no siempre se salvará de todos los disparos. Y no siempre saldrá ileso de las misiones.

 

Ocho. Mucho se discute en internet sobre las últimas películas de James Bond. Incluso se habla sobre su relevancia o la importancia que deberían tener en el presente. Justo unas semanas después del estreno de Sin tiempo para morir, el escritor español Arturo Pérez-Reverte publicó una reseña corta de la película que generó controversia: “Anoche vi Sin tiempo para morir, y lo lamento: un James Bond tan equilibrada y políticamente correcto, tan familiar, tan enamorado y tan moñas que constituye un insulto a la inteligencia de los espectadores y a la memoria del personaje. Si Ian Fleming lo viera, echaría chispas”. En definitiva, Pérez-Reverte no termina de entender bien al James Bond de las películas de Daniel Craig; pero lo que sí le acierta es que James Bond, cada vez más, se aleja del hombre taciturno, alcohólico y adicto al peligro que Ian Fleeming plasmó en sus páginas; porque ese Bond, en su momento, fue el ejemplo de la masculinidad imperante en Inglaterra, aunque ya no lo es.

 

Nueve. Pocas veces vemos a los personajes de la literatura enfrentarse a la muerte. En especial, cuando estos son lucrativos. Incluso para Arthur Conan Doyle fue imposible deshacerse de Sherlock Holmes (quien inaugura la casta de investigadores ingleses), y tuvo que revivirlo tras un par de años. En Sin tiempo para morir, James Bond se enfrenta a la terrible noticia de que está infectado de un conjunto de nanobots y que no podrá volver a acercarse a su familia; la misma con la que apenas acaba de reconectar: Madeleine Swann y la hija de ambos. Si se acerca a ellas, morirán. Está en una isla esperando un ataque de misiles, también, y decide quedarse ahí para protegerlas. “Ustedes tienen todo el tiempo del mundo”, le dice a Madeleine Swann sabiendo que está por unirse a las filas de sus Muertos, aquellos que en las cinco películas lo han mantenido siempre al borde de la balanza, aquellos comandados por Vesper Lynn. Y es que eso es algo que usualmente se ignora cuando se habla del personaje de James Bond: ya sea en la versión original de Fleeming, en la encarnación Connery-Brossman o en la de Craig: el agente siempre está al filo de la navaja. Bebe, disfruta gustos caros y hace todo lo que desee mientras esté vivo porque es posible que al día siguiente ya no lo esté. Y eso es lo que ocurre: los misiles caen sobre él y no hay duda de que Bond se ha ido. De que, por una vez, ha perdido de la peor manera. Más delante, M menciona una cita de Conrad que el mismo Ian Fleming incluyó en el obituario de Bond en Solo se vive dos veces: “La función del hombre es vivir, no existir. No malgastaré mis días en intentar prolongarlos. Aprovecharé mi tiempo”.

 

Diez. En el inicio de Sin tiempo para morir, antes de ser perseguidos, Bond y Madeleine entran a la ciudad de Matera a bordo del Aston Martín mientras hay fogatas y humaredas por toda la ciudad. Ahí Madeleine atrapa a Bond mirando hacia atrás, hacia los incendios, y le dice que debe de dejar de mirar sobre su hombro, a lo que Bond responde con humor diciendo que no lo estaba haciendo. Así que le preguntan al ayudante del hotel qué están quemando por la ciudad. “Secretos, deseos, dejando atrás al pasado. Deshaciéndose de cosas viejas, en espera de las nuevas”. Que es lo que hace para la franquicia y para los fanáticos del agente doble cero esta última película: si reinician la franquicia, tiene que haber un nuevo Bond; y no un nuevo actor, sino un nuevo personaje. Su biografía y sus características tendrán que transformarse en otro. La forma en que se desarrollan sus historias es igual: ¿realmente necesitamos más villanos en guaridas ocultas? ¿El puro peligro global podría ser suficiente? ¿Volverá a importar la vida emocional del protagonista? ¿Cómo se reinicia la vida de un personaje de ficción? Y como se desconoce qué tanto vaya a durar en circulación el personaje de James Bond, quizá también es prudente preguntar: ¿de qué manera puede continuar antes de morir no solo en la ficción sino también en el imaginario colectivo? Aunque no hayamos visto las películas del agente hay cosas que nos rodean de su construcción narrativa: la idea del hombre como un eterno conquistador siempre vestido de traje, la idea del viaje entre culturas como si fuera entre delegaciones de la Ciudad de México, y la idea del Imperio Británico salvando al mundo en todas las ocasiones posibles, gracias a un funcionario de seguridad que arriesga su pellejo. En el fondo el comandante Bond es un elemento de seguridad al servicio del Imperio. Quizá por eso lo vemos luchando contra un personaje basado en Julian Assage mientras este residía escondido en la embajada de Brasil; quizá por eso lucha contra presidentes corruptos en pequeños países latinoamericanos donde apenas y hay agua. Y este personaje constantemente se reinventa y se transformará; con esta reconstrucción, tendremos otra visión de quiénes quieren que seamos desde las grandes corporaciones de entretenimiento; y al mismo tendremos otra gama de sensaciones y virtudes de hacía dónde podemos hacernos: porque lo que demostró, en su defecto, la corrida de Daniel Craig como James Bond es que se puede transformar a un viejo dinosaurio misógino en una persona con emociones y una situación vital que hagan que los espectadores empaticen con él. Que recordemos que los engranajes del Sistema tienen los mismos anhelos y miedos que nosotros.

 

 

 

 

 

 


Autores
Sergio Ceyca (Culiacán, 1990) ha publicado la novela No tendrás perdón (ISIC, 2018) y el libro de cuentos Magia moribunda (Ediciones del Olvido, 2021). Estudió leyes en la Universidad Autónoma de Sinaloa y se ha desempeñado como reportero en diversos medios electrónicos. Participó en el primer Curso-taller para jóvenes creadores de la Fundación para las Letras Mexicanas, con sede en Xalapa; y ha sido beneficiario del Programa de Estímulos para la Creación y el Desarrollo Artístico de Sinaloa durante 2018, así como de la beca de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, en el periodo 2019-2020.