El 22 de junio de 1941, 3,800,000 soldados alemanes y aliados del eje (Italia, Rumania, Finlandia, Hungría y Eslovaquia) iniciaba “Barbarroja” la invasión y operación militar más grande de la historia universal, junto con la apertura del Frente Oriental de batalla en la Segunda Guerra Mundial, y que en última instancia sería la prueba de fuego para la existencia de la URSS como Estado al mando de Stalin.
Dentro de este vasto teatro de operaciones y arduo enfrentamiento entre fuerzas alemanas y soviéticas, Stalingrado1 no fue la excepción, pues esta batalla, iniciada el 23 de agosto de 1942, marcó el inicio del fin para la ofensiva militar del bloque nazi-fascista en Europa Oriental, y a propósito de conmemorar los 80 años de tan importante suceso mundial, me gustaría ofrecer tres grandes elementos de reflexión al lector:
Uno que establezca las condiciones militares de Alemania y la URSS previos a este particular combate; otro elemento que desarrolle de manera puntual la lucha, en la que por momentos el triunfo se inclinaba de un lado a otro; y un tercer y último que muestre los efectos posteriores de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial, así como algunos otros que pueden observarse en la actualidad con el ejército ruso.
Antes de Stalingrado: el mito de los ejércitos indestructibles
Con los triunfos obtenidos en Polonia (1939) y Francia (1940), la maquinaria bélica alemana parecía no tener ningún competidor serio en el continente por parte de los aliados, (más que en el mar y en el aire, gracias al éxito británico en la Batalla de Inglaterra y el bloqueo Atlántico a Alemania); esto reafirmó el liderazgo de Hitler como comandante supremo dentro de su círculo más cercano de generales.
Sin embargo, el esfuerzo inmediato de invasión y militarización acelerada que había iniciado Hitler desde principios de 1930 dejó de manifiesto que un elemento clave se encontraba cada vez más escaso para el funcionamiento del masivo aparato destructivo nazi: el petróleo.
Es así, que a pesar de las mutuas muestras de tolerancia aparente del gobierno nazi hacia la URSS, incluido en ello el famoso pacto Molotov-Ribbentrop de 1939, desde 1940 los planes para una eventual invasión de territorio soviético se habían puesto en marcha, pero, ciertos elementos fueron omitidos de forma deliberada por el exceso de confianza ideológico y político que había sido apuntalado militarmente entre 1939 y 1940.
Por lo tanto, cualquier revés ofensivo a la Blitzkrieg (guerra relámpago) era impensable y ni siquiera había un elemento teórico defensivo actualizado desde 1918 2 dentro de la estrategia militar alemana.
A diferencia de Europa oriental, central y Escandinavia (la cual no fue ampliamente invadida), Europa del este, y precisamente todo el territorio occidental de la URSS, se encontraba en cierta medida con vías férreas y algunos caminos transitables; sin embargo, ellos no eran ni en cantidad ni calidad cercanos a los de las regiones primeramente mencionadas. Esto sin duda supondría un desafío logístico importante para las tropas alemanas, pero fue poco considerado dada la confianza de una victoria rápida sobre las fuerzas soviéticas.
Este descuido sería al paso de unos meses, sobre todo en el invierno de 1941, y en franca resonancia de guerras pasadas3 en territorio ruso, un factor decisivo junto con el clima en anular el impulso ofensivo del invasor, esto por el sencillo elemento relacionado a la incapacidad de los vehículos, trenes y caballos encargados de sostener el continuo avance alemán en condiciones de frío extremo4(especialmente durante los meses de diciembre a marzo de 1941, 1942 y 1943).
Al inicio de la operación Barbarroja, el objetivo principal era la total eliminación del ejército rojo5, aunque eso no fue posible debido a las estrategias de camuflaje y disrupción en la inteligencia alemana sobre la localización de unidades soviéticas6. No obstante, hacia finales de 1941, Letonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania, se encontraban bajo control nazi, y dentro de la Rusia soviética, Leningrado y Moscú, se veían directamente amenazadas.
Esta operación con resultados incompletos tendría un costo que resultaría fatal para las fuerzas nazis en el futuro. La expansión considerable de las cadenas logísticas alemanas consumía cada vez más recursos y restaba impulso a su ofensiva en la URSS7, lo que provocó una reorientación de la invasión hacia el sureste del territorio soviético, en un intento desesperado de Hitler por apoderarse de las reservas petrolíferas del Cáucaso.
Por otro lado, gracias al rechazo defensivo en Moscú, al sitio inquebrantable de Leningrado hasta 1944, a un grave desbalance entre el personal reservista alemán y soviético disponible, y a la reorientación de estrategia militar soviética, también se llegó al punto de inflexión bélica en Stalingrado para ambos contendientes en el frente oriental.
Pero antes de llegar a ello, es preciso mencionar ciertos elementos dentro del ejército rojo, que ante el asombro de algunos de sus líderes (incluido el propio Stalin) en 1941 luego de las primeras incursiones alemanas, hubieron de asirse de todos los medios posibles de una forma completamente centralizada en el Alto Comando de las Fuerzas Armadas Rusas o Stavka, para diseñar y ejecutar la defensa y posterior contraofensiva militar en el territorio.
Durante este periodo (1941-1942), y a pesar de la experiencia ganada durante la Guerra Civil Rusa (1917-1923) o la Invasión a Finlandia en 1939, aunque fue gravemente opacada por el crecimiento desmesurado del complejo burocrático-estatal soviético desde que Stalin tomó el poder (1927); aunado a las ejecuciones político y militares de 1936 y 1937, el aparato militar se encontraba en el camino de reconstruir un cuerpo capaz de librar batallas modernas8, el cual no sería uno de constante ascenso, pero sí rendiría resultados favorables a partir de finales de 1942.
El primer objetivo, toda vez iniciada la invasión nazi en 1941 estuvo enfocado en detener y entorpecer en la medida de lo posible el avance alemán9; sumado a esto, se explotó el carácter defensivo de posiciones naturales y artificiales con el propósito de frustrar los planes ofensivos alemanes, mediante contrataques determinados operaciones ofensivas con pequeños contingentes de soldados10.
Lo anterior resultaría decisivo en la batalla de Stalingrado, pues en las ruinas de la ciudad, no había lugares desaprovechados por las fuerzas soviéticas, dentro de los que no se ejecutarán contrataques nocturnos contra los ejércitos alemanes; esto con el propósito de minar poco a poco al enemigo y de cuestionar su efectividad bélica.
En segundo lugar, la centralización de la planeación militar y de todos los recursos necesarios para ejecutar cualquier directiva se concentraron en el Alto Comando previamente mencionado, el cual no solamente se dedicó a luchar en un frente amplio con enfrentamientos fragmentados de alta intensidad hacia las fuerzas alemanas11, sino también en permitir una mayor capacidad de iniciativa y acción a los comandantes militares de cada unidad, sin la necesidad de una aprobación previa del Kremlin.
De igual forma, este comando tuvo en sus manos la reconfiguración defensiva e industrial que ordenó Stalin para enfocar la totalidad de los esfuerzos a la producción de material bélico desde balas hasta tanques, que ayudaron a inclinar la balanza a favor de la URSS a partir de 194212 en lo que actualmente se denomina “capacidad de fuego”13 es decir, la cantidad de armas y personal disponibles que puede emplear cada ejército comienza con los soldados, pasa por los rifles que pueden emplear y se extiende hasta artillería y aeronaves militares.
Finalmente, y gracias al constante aumento de reservas estratégicas de personal, el Alto Comando soviético pudo disponer a partir de 1942 de 1,200,000 a 6,000,000 (2 a 10 ejércitos de reserva) plenamente equipados y comandados para establecer nuevas líneas defensivas, eliminar rupturas enemigas en ellas y proveer a las fuerzas ya desplegadas de elementos descansados para llevar a cabo contra ofensivas14, y así detener el avance enemigo, como el que se cerniría sobre Stalingrado en 1942.
Stalingrado: crónica de la debacle alemana en el Este de Europa.
Una vez terminada la Operación Barbarroja con los resultados ya mencionados, Hitler junto con su alto mando militar, decidió ejecutar una nueva campaña militar en el sureste de la URSS llamada Fall Blau o “Operación Azul”, la cual tenía como objetivo apoderarse de los campos petrolíferos de Bakú (Azerbaiyán), Grozny (Chechenia) y Maikop (Adygea) para mantener vivo el impulso energético de la ofensiva alemana.
Sin embargo, era necesario tomar una ciudad clave en el camino para tener el control del área y de paso infligir una derrota mortal al ejército rojo; ciudad cuyo nombre había sido cambiado en honor al Secretario General del PCUS: Stalingrado.
Desde el 19 de agosto, el general Friedrich Paulus comenzó los avances y ataques hacia la ciudad, la cual se encontraba defendida por dos ejércitos soviéticos (el 62º y el 64º), los cuales previamente se habían retirado del avance ofensivo alemán y comenzaron a establecer cualquier medida defensiva posible que les permitiera soportar los embates nazis y de sus aliados (divisiones italianas y rumanas) que sumaban aproximadamente 250,000 efectivos15.
Luego de comenzar el avance y la lucha bloque por bloque de la metrópoli las fuerzas aéreas alemanas (Luftwaffe) bombardearon el 24 y 25 de agosto la ciudad en un esfuerzo rápido de rendir a las fuerzas defensoras, aunque los resultados no fueron benéficos para el avance de los pesados y poco maniobrables tanques Panzer, y contrario a lo que se esperaba, los escombros16 y resquicios entre ellos resultaron la cobertura perfecta para los soviéticos en los siguientes meses de combate urbano.
Durante el día, la capacidad de fuego de artillería y aviación daba a las fuerzas de Paulus la iniciativa y el control de la ciudad; sin embargo, por la noche, destacamentos organizados del ejército rojo empleando metralletas, cuchillos y bayonetas infiltraban las áreas capturadas, atemorizando al enemigo y poniendo en tela de juicio el control y avance hecho previamente. En palabras de un soldado alemán: “Stalingrado era un infierno”17.
Desde septiembre y hasta el 19 de noviembre de 1942, las fuerzas defensoras comandadas por Vasili Chuikov y Andrei Yeremenko soportaron el constante ataque matutino de las tropas de Paulus, las cuales metro a metro fueron arrinconadas y divididas al este de la ciudad colindante con el río Volga.
Gracias al esfuerzo defensivo de los comandantes y soldados en la ciudad durante aquel periodo, el General Georgy Zhukov y el jefe de personal del Alto Comando, Alexander Vasilievsky, elaboraron un plan para destruir a las divisiones rumanas e italianas cerca de Stalingrado y cercar al ejército 6º, comandado por Paulus. Todo esto después de organizar de manera secreta y sin ser detectado por la inteligencia enemiga, más de 1,000,000 de tropas, 14,000 piezas de artillería y 979 tanques18.
Dicha misión se nombró “Urano” y comenzó el 19 de noviembre de 1942. Para el 22 de noviembre, las fuerzas soviéticas habían cercado más de 250,000 tropas alemanas y aliadas del eje alrededor de Stalingrado.
Ahora los papeles se invertían, y ante la negativa de Hitler de conceder la derrota a las fuerzas de Paulus, estas fueron arrinconadas por el ejército rojo durante todo el invierno, sin abastecimiento alimentario ni bélico que fuera suficiente para romper el cerco impuesto.
Así, las fuerzas alemanas resistieron poco más de dos meses, aisladas y sofocadas con fuego de 5,000 piezas de artillería para segmentar los grupos en sacos pequeños que luego serían exterminados por fuerzas soviéticas.
Ante una negativa hasta la muerte de Hitler de conceder la derrota a Paulus, y a pesar de los esfuerzos por evitar más muertes encabezados por el general Konstantin Rokossovksy, el 2 de febrero de 1943, los enfrentamientos habían terminado. Solamente 91,000 combatientes alemanes, incluyendo 24 generales, sobrevivieron, y de ellos, solamente 5,000 regresarían a Alemania al final de la guerra19.
Después de Stalingrado: colapso alemán y consolidación militar soviética-rusa
Luego de la rendición de Paulus al frente del 6º ejército alemán (uno de los primeros en la Guerra por parte de Alemania) en Stalingrado, la ofensiva nazi en Europa del Este perdió totalmente el impulso y ahora tendría que ejercer una estrategia defensiva, que como se mencionó al principio del texto, databa de 1918 y ello junto al imparable aparato productivo-militar soviético destruirían por completo al ejército alemán en su propia capital a mediados de 1945.
En un último intento por retomar la ofensiva en el frente, fuerzas alemanas y soviéticas lucharon en Kursk entre julio y agosto de 1943, teniendo un resultado determinante, pues se frenó por primera vez una ofensiva alemana en este teatro de operaciones antes de desarrollarse plenamente, y el avance posterior de fuerzas soviéticas en su propio territorio ya sería constante.
Para finales de 1944, y con el frente occidental reabierto por fuerzas francesas, británicas y estadounidenses, el ejército rojo llegaría a recuperar sus fronteras previas a 1941, pero también ocuparía parte de Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria.
Durante esta etapa, también es preciso considerar el cambio en la estrategia militar soviética, pues aquella cambió a una de carácter ofensivo, en la cual los grupos de avance eran precedidos por un constante uso de ataques aéreos de apoyo, bien por medio de artillería o con aviones militares; de igual forma, hubo un mejor y mayor empleo de técnicas de engaño y disrupción en la organización de las fuerzas militares para confundir a la inteligencia alemana, y poder realizar ataques sorpresivos20.
Este último elemento sería conocido como Maskirovka, la cual puede traducirse como camuflaje; sin embargo, en términos más amplios comprende todo un sistema de medidas que permiten ocultar los movimientos y el total de fuerzas en el campo de batalla, y que incluyen el ataque y muestra deliberada al enemigo de objetivos artificiales, la rotación constante de tropas y puestos de comando; empleo de tecnología anti-radar y comunicaciones enemigas, así como el uso de la desinformación entre otros21.
Al final de la guerra, éstos elementos fueron institucionalizados dentro del aparato de defensa soviético junto con la construcción de las “Doctrinas Militares”, y se volvieron las hojas de ruta del accionar del ejército rojo hasta 1991, y posteriormente del ejército ruso después de 199122.
En ellas, independientemente del potencial nuclear que llegó a poseer la URSS y que actualmente posee Rusia, solamente una respuesta equilibrada a cualquier conflicto que llegue a involucrar al ejército, junto con el empleo adecuado y extensivo de capacidad de fuego y maniobras efectivas puede resultar en un éxito militar 23.
Conclusión: Ecos de Stalingrado en Ucrania
De acuerdo a lo estipulado por la Agencia de Investigación en Defensa de Suecia (FOI)24, la ejecución de la operación militar rusa en Ucrania se ha desarrollado de acuerdo a la estrategia creada por la URSS desde la Segunda Guerra Mundial, en la cual hay un énfasis en el uso de vehículos armados y un empleo constante de la artillería para debilitar y romper las defensas enemigas.
Lo anterior, en franco contraste con el bombardeo aéreo intensivo y altamente destructivo, que han desempeñado ejércitos como el estadounidense en Iraq (2003) supone un triunfo más rápido sobre el enemigo en un menor tiempo, aunque esto no está dentro de los planes de Rusia en Ucrania actualmente.
Al contrario, lejos de lo que pudiera haber sido vaticinado en las primeras semanas del conflicto en febrero de este año, líneas ofensivas se han establecido de manera muy clara en las regiones de Kharkov (norte), Lugansk (este), Zaporizhia (sur-este) y Jersón (centro-sur); en las cuales el empleo intensivo de artillería no ha parado un solo día para minar de manera constante las defensas ucranianas.
Ello, sin duda marca un tiempo de combate más prolongado, pero esto va de la mano directamente con la estrategia soviética y rusa de respuesta equivalente dentro de cualquier conflicto, que no involucre un empleo indiscriminado de recursos militares y económicos que comprometan el desarrollo del Estado, pues su presupuesto para dicho rubro es limitado y el carácter de la operación militar en Ucrania no es ni remotamente en magnitud ni extensión al librado por la URSS entre 1941 y 1945.
Respecto a los resultados de esta estrategia en Ucrania, considero que la actuación del ejército ruso en este territorio no es nada nuevo, la hoja de ruta de ataque creada por la URSS se ha mantenido al pie de la letra, la artillería se ha encargado de desgastar las defensas ucranianas y con ello se han realizado rupturas que han rodeado ciudades y ejércitos enteros (como el caso de Severodonetsk), y que mantienen el paso lento, pero constante, de ocupar territorio.
Independientemente de los enormes recursos monetarios, bélicos y propagandísticos que Estados Unidos y sus aliados han desplegado para mantener al régimen de Zelensky frente al avance militar ruso, la capacidad de fuego no ha podido ser superada, y ninguna contra-ofensiva considerable ha retomado territorios perdidos.
Respecto a los resultados de esta estrategia en Ucrania, considero que la actuación del ejército ruso en este territorio no es nada nuevo, la hoja de ruta de ataque creada por la URSS se ha mantenido al pie de la letra, la artillería se ha encargado de desgastar las defensas ucranianas y con ello se han realizado rupturas que han rodeado ciudades y ejércitos enteros (como el caso de Severodonetsk), y que mantienen el paso lento, pero constante, de ocupar territorio.
Independientemente de los enormes recursos monetarios, bélicos y propagandísticos que Estados Unidos y sus aliados han desplegado para mantener al régimen de Zelensky frente al avance militar ruso, la capacidad de fuego no ha podido ser superada, y ninguna contra-ofensiva considerable ha retomado territorios perdidos.
Con la llegada del invierno, y los costos energéticos ya en franco crecimiento por la lucha euroatlántica dirigida a Rusia por medio de sanciones económicas, los apoyos previos a Ucrania pueden tambalearse, disminuir o desistir definitivamente, y profundizar su ya precaria situación en el conflicto. Sin embargo, y como todo en la Historia universal y en la Historia militar, (ambas en constante construcción), nada está escrito ni es definitivo.
Fuentes Consultadas:
Glantz, David y M. House, Jonathan, When Titans Clashed: How the Red Army Stopped Hitler, University Press of Kansas, Estados Unidos, 2015.
Keating, Kenneth C., Maskirovka: The Soviet System of Camouflage, U.S Army Russian Institute, Alemania, 1981.
Lundén, Jenny, et.al., eds., Another Rude Awakening — Making Sense of Russia’s War Against Ukraine, Agencia de Investigación en Defensa de Suecia, Suecia, 2022.
M. Glantz, David, The Military Strategy of the Soviet Union, Frank Cass, Reino Unido, 2005.
M. Glantz, David, The Soviet Conduct of Tactical Maneuver, Estados Unidos y Reino Unido, Routledge, 1991.
Overy, Richard, Blood and Ruins: The Last Imperial War, 1931–1945, Viking, Estados Unidos, 2022.
Overy, Richard, History of war in one hundred battles, Oxford University Press, Reino Unido, 2014.
Overy, Richard, Russia’s War, Penguin Books, Reino Unido, 1998.
Shirer, William, The Rise and Fall of the Third Reich, Simon and Schuster, Estados Unidos, 1960.
Stahel, David, Operation Barbarossa and Germany’s Defeat in the East, Cambridge University Press, Reino Unido, 2009.
El 22 de agosto de 1998, en un hospital de Cuernavaca, Morelos, la gran Elena Garro falleció. Hacía algunos años que se había mudado a la ciudad de la eterna primavera, ella, su hija y sus gatos. Vivía retirada y relegada del ambiente literario mexicano. Había vuelto en 1993 de París en donde se encontraba exiliada desde hacía veinte años. Su situación económica era precaria. Padecía enfisema pulmonar.
Según la crónica de Merry Mac Masters publicada en La Jornada al día siguiente del triste suceso, narra de su funeral que: “Apenas siete arreglos de flores blancas, rosas, crisantemos y margaritas, rodean el féretro donde reposan los restos de Elena Garro”. En la misma nota dice que al cierre de la edición de ese día había aún muy pocas personas. En la “agencia Gayosso había más reporteros que dolientes” y menciona la presencia de algunas autoridades culturales y sus familiares cercanos, entre ellas su hija, Helena Paz Garro: “Helena da un sorbo a su Coca Cola Light, suspira, pero en su rostro no se asoma ninguna lágrima, aunque sus primos tienen a la mano una caja de pañuelo desechables: “hay que hablar de mi madre. ¡Quiero hablar de mi madre! Muchos dicen que ella es la mejor escritora de este país, pero yo diría que no sólo es la mejor escritora de habla hispana, es la mejor del mundo; es magnífica y no lo digo porque sea mi mamá, ¡eh! Es la mejor escritora del Siglo XX, del mundo. Es mucho mejor, incluso, que Virgina Wolf”.
En la gran mayoría de las notas de la prensa del 22 y 23 de agosto de 1998 se hace referencia a la trayectoria literaria de Elena, como se hace siempre que un escritor muere. También se mencionan algunos de sus libros y sus premios (solo el Villaurrutia por Los Recuerdos del porvenir), su exilio en París después de ser acusada de instigar la revuelta estudiantil de Tlatelolco en 1968, aunque también haya sido galardonada con el Premio Juan Ruíz de Alarcón, el Sor Juana, el Grijalbo de Novela y el Nacional de Narrativa Colima.
La nota del periódico El País refiere fuertemente la relación sentimental con Octavio Paz desde la cabeza del breve texto pasando por las declaraciones que la hija de ambos hiciera después de la muerte de su padre, unos meses antes, en las que acusara a María José Trianin, de “concubina” y centra su atención en eso. 1
Otras notas del 23 de agosto de 1998 menos afortunadas, ni siquiera logran poner correctamente el año de nacimiento de la escritora y reproducen algunas de las declaraciones más radicales de Elena, como esa en la que dice: “Me atribuyeron puras estupideces. Hasta llegaron a decir que era una espía del Vaticano y que trabajaba para Fidel Castro”, dotándola de esa imagen de mujer desquiciada y poco paciente que se le ha atribuido.
No es de sorprenderse, cuando Garro murió tenía encima muchas cosas que no favorecían que su obra se leyera y se respetara como hoy en día. Entre ellas sus ideas controversiales, como lo refiere en una entrevista Patricia Rosas Lopateggi: “Elena es una figura muy contestataria, muy irreverente, anti-institucional. A Elena Garro hay que verla dentro de su contexto histórico. Comienza a escribir periodismo en los años 40, en una época muy cerrada en donde todos los medios estaban muy controlados por el Estado. Y Elena nunca va a pertenecer a ninguna camarilla en el poder. El círculo en el que ella se movía, como esposa o ex esposa de Octavio Paz, era el círculo de los llamados intelectuales de izquierda. Elena se movía en ese círculo, pero no le pertenecía: ella iba a contracorriente de esas camarillas en el poder. Elena va a hacer un periodismo sin concesiones, va a criticar la hipocresía, la falsedad de los intelectuales dizque de izquierda que en realidad estaban al servicio del erario. Eso es lo que ella les va a señalar una y otra vez de una manera además mordaz, muy aguda, inteligente y brillante. Nunca va a pactar con el poder”2
Tuvieron que pasar algunos años para que Elena tuviera la relevancia y los lectores voltearan a sus libros. A lo mejor su vindicación viniera a raiz del centenario de su nacimiento, casi veinte años después de su muerte, en el 2016. Con ese motivo empezaron los homenajes, los conversatorios y circularon diversas antologías que hicieran que la atención a su trabajo se reactivara, esto también propició que surgieran diversos estudios entorno a su obra. Algo de sobra merecido.
II
1998 fue un año que pudo haber pasado sin pena ni gloria. De no ser por Francia 98 y Ricky Martin con su “Copa de la Vida” difícilmente tendríamos algún otro referente. Algunos nostálgicos aún recordamos muchas de las cosas que lo atravesaron, películas como Armageddon o Tienes un e-mail, discos de pop y uno que otro acontecimiento político. Pero al 98 en México también lo define la pérdida de dos de las figuras literarias más importantes del Siglo XX, quiero decir, las muertes de Octavio Paz y de Elena Garro. Quienes además de compartir el año de muerte también compartieron muchos años juntos y una hija.
Intentar descifrar el panorama cultural de entonces sin ambos resulta inútil, pues aunque murieron con algo más que una enemistad de por medio, los trabajos literarios tanto de Elena como de Octavio son piezas que se leen como partes complementarias como lo es la luz de la sombra: “Hablar de ella es hacerlo de quien fue el envés, obsesivo y doloroso, de Octavio Paz. Contra él vivió, contra él escribió. Pero no agotó su biografía en la lucha contra el tótem. Su proximidad al PRI y su servicio secreto, y, sobre todo, sus errores ante la matanza de Tlatelolco, la volvieron una escritora maldita”, dice Jan Martínez en su columna en Babelia.3
No obstante, la obra de Elena es algo más, como dice el escritor Geney Beltrán, Elena Garro “buscaba diferentes soluciones técnicas y estructurales para asuntos que le interesaron muchísimo y uno de los grandes asuntos presentes en su obra es la situación de la mujer de clase media mexicana, enfrentada a una sociedad patriarcal y machista; Elena Garro es autora que abrió camino a las nuevas generaciones de escritoras”.
Actualmente tanto Rosario Castellanos como Elena Garro han sido tomadas como estandartes para revindicar la escritura de las mujeres mexicanas contemporáneas. Sus obras se han puesto en la mesa como figuras tutelares a la hora de romper el silencio y visibilizar el trabajo de las escritoras.
III
A decir verdad, por estos tiempos, pocas cosas me hacen sentir orgullosa de ser igualteca. Entre esos orgullos están: la comida, mi familia y Elena Garro. Muestra de ello es el retrato al óleo que custodia mi casa. Es el cuadro que el pintor guerrerense Enrique Barrios hiciera para mí como regalo de cumpleaños. Una Elena jóven y sonriente desde lo alto de la pared principal de mi departamento, mirándome todos los días desayunar, comer y cenar, escribir, beber y cantar.
Me gusta que así sea pues siempre que algún invitado llega por primera vez a mi casa, sobre todo aquellos que no están familiarizados con ella o con su obra me da la oportunidad de bromear diciendo que es una tía o es mi abuelita cuando era jóven.
Algunos me han dicho que es muy bonita, otros tantos queriendo agradarme incluso han querido encontrarnos parecidos físicos. Después de un rato les digo que es la gran Elena Garro y los mando a leer Los recuerdos del porvenir o la Semana de colores según adivino en su temperamento sus gustos lectores o sus necesidades. Los pocos que me han hecho caso, luego me lo comentan y siento que retribuyo así un poco de lo que me ha dado Elena a lo largo de todos estos años leyéndola.
Aunque Elena Garro nació en Puebla en 1916, pasó muchos años de su vida en Iguala, Guerrero. Su infancia. Vivió en la calle de Alarcón, una de las principales del centro de mi ciudad natal. Entre 1926 y 1931. Afuera de la casa hay una placa y es todo lo que hay aunque una de sus obras más importantes se haya alimentado de las memorias del tiempo que pasó en Iguala.“En 1953, estando enferma en Berna y después de un estruendoso tratamiento de cortisona escribí Los recuerdos del porvenir como un homenaje a Iguala, a mi infancia y a aquellos personajes a los que admiré tanto y a los que tantas jugarretas hice” dijo la misma Elena en una entrevista al periodista René Avilés Fabila. 4
Confieso que me entristece un poco la omisión de este suceso como parte de la historia y la cultura de Iguala. La lectura de la obra de Elena debiera ser algo obligado en las escuelas secundarias o preparatorias y no lo es. Quiero decir que yo me acerqué a su obra por voluntad propia y no porque mis maestros de literatura me la hayan recomendado. Sus libros no se conseguían en las librerías igualtecas hace casi quince años que yo aún vivía ahí. Las pocas que había estaban dedicadas a distribuir periódicos, revistas, libros de texto, guías de estudio y best sellers. Dudo que eso haya cambiado inclusive ahora que Elena y su trabajo tienen por fin el lugar que siempre merecieron aunque me gusta creer que tarde o temprano la justicia poética alcanzará también a la Iguala del porvenir.