Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Hace unos días, leí un texto de Jhumpa Lahiri sobre las portadas de los libros y la reflexión que existe alrededor de ellas. El mundo editorial nos bombardea de sugerencias en los ejemplares, incluso antes de abrirlos y leerlos. Las prioridades de cada casa editorial son seguramente válidas, pero no podemos perder de vista lo que implica esta sugestión, pues es precisamente lo que parece un grito desde la mesa de novedades para que el futuro lector se decida entre uno y otro.
La verdad es que muchos títulos terminan por alejarse de lo que el autor quería decir en su obra, por comunicar algo distinto a lo que quizá el lector pueda descubrir en el texto. De aquí, me surgen muchas dudas y reflexiones en torno al mundo editorial en México. Considero cómo estos intereses, que también podríamos llamar causas, han influido en la producción de nuevos libros hoy en día. Vemos editoriales que cuidan hasta el más mínimo detalle en la selección del papel, la mancha tipográfica, la tipografía y el diseño de portada, con la intención de sacar al mercado un producto selecto o exclusivo.
La relación que existe entre el libro y el lector no puede pasar a segundo término frente a otros detalles, pues hablamos también de la experiencia de leer y no solo de un mero tránsito de ideas entre el autor y el lector. Pienso un poco en la Arquitectura y en lo que hoy denominamos como vivienda digna , que más que referirse a los acabados y proporciones, está relacionado con la experiencia de vivir un espacio, la iluminación y la ventilación. Los elementos que determinamos como dignos están relacionados intrínsecamente con nuestra forma de relacionarnos en ellos.
De esto hablé con Ghada Martínez, autora del libro Sapos en la lluvia, recientemente publicado en Tierra Adentro. Para ella, en una ciudad cada vez más compleja y peligrosa, donde nadie tiene tiempo para nada, el libro impreso es un espacio seguro. ¿Quién te asaltaría por un libro?
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
La democratización de la lectura puede haber ganado espacios con el libro digital y la libre circulación de los PDFs; sin embargo, no podemos ignorar que es tan solo una parte de la población quien se ve beneficiada de estos recursos.
Democratizar las letras es una labor de múltiples aristas. Es necesario comprender lo que pasa en el entorno antes de realizar actividades como conversatorios y presentaciones de libro. De nada sirve llevar estos eventos a una comunidad que poco le importa o ni siquiera está al tanto de la conversación actual de la literatura.
Este tema siempre me lleva a una reflexión que me gusta poner sobre la mesa, en torno a los procesos y a los escenarios de la narrativa contemporánea. En la transición por la que atravesamos en esta época, en la que no parece haber nada determinado y las urgencias siempre son válidas y distintas.; donde lo políticamente correcto es al mismo tiempo una figura de autocensura. Me gusta conocer la opinión de los autores, su posición frente estas posibles problemáticas o circunstancias.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
GM: Actualmente no estoy en contacto con este tipo de análisis literario, pero es visible que hace falta la crítica seria en la literatura, una reflexión seria sobre la obra literaria. Porque obviamente estamos en tiempos donde están cambiando rápido las cosas en lo político y lo social, pero la literatura como forma, me parece que también debería seguirse estudiando y reflexionando.
¿Cómo te posicionas tú frente a la figura del autor?
Es algo complejo y siento que no tengo una postura al respecto. Con esto del Me too , entiendo de dónde viene la crítica de que no vas a leer el libro de un acosador, pero al mismo tiempo entiendo esta parte de que si la literatura se leyera con base en sus autores a lo mejor nadie leería nada. Hay un buen de gente que tiene muchos pedos y hace cosas increíbles en cuestión de arte y literatura, aunque no eran precisamente buenas personas.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Recuerdo que mi asesora de tesis en el Claustro de sor Juana me contaba recientemente que —a diferencia de aquel entonces cuando comenzaban las conversaciones alrededor del feminismo y yo estudiaba en la carrera—, en estas últimas generaciones el movimiento ha ido tomando más fuerza, y también se ha estrechado bastante el pensamiento. Me decía que las generaciones que están entrando se niegan por completo a leer por ejemplo a Octavio Paz y cosas así. Incluso literatura que retrata posturas y personajes misóginos. Y con esto yo siento que hay un problema.
Actualmente yo tampoco leería hombres-blancos-heterosexuales-misóginos que es lo que siempre se ha leído en la historia de la literatura por siglos. Pero a la vez siento que las letras van más allá del autor. Es importante saber, que a lo mejor no vas a ser fan, pero tal vez, para poder hacer esta genealogía de las ideas y analizar las formas literarias o las raíces de ciertos movimientos, sería relevante conocer estos libros. También muchas veces en la literatura puedes distinguir cuando la obra tiene un discurso feo o cuando es una especie de retrato, porque finalmente la literatura es el archivo de las ideas humanas.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Entiendo la postura política de no leer a cierta persona, pero creo que no se puede ser tan prescriptibista, de lees a este wey, y por lo tanto no tienes convicciones, porque la literatura no solo es el autor, sino también es la forma y el arte de escribir.
Al mismo tiempo, lo referente al libro por el libro no se habla. La escritura como forma y como una construcción artística pensada, también logra transmitir, más allá de sostenerse en las causas como lo que hemos visto últimamente en el medio. La discusión sigue y seguirá, pero es importante que salga la crítica, el análisis de las obras. Cuando iba en la carrera y se estudiaba literatura del siglo XX, siempre se refería a la literatura escrita por mujeres como literatura femenina —como si para referirnos a la de hombres, dijéramos literatura masculina —y siempre se abordaba desde la perspectiva de género, que está bien para generar un panorama general, pero no podemos olvidar que es literatura, entonces debería abordarse como se aborda otro tipo de letras y análisis literario.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Me parece interesante que, en tu libro se vea perfectamente esa línea tan marcada donde no prevalece quizás una causa que abandere la publicación, sino un interés por irse descubriendo en sí mismo.
Mi intento tiene que ver con explorar estas dinámicas de claroscuros dentro de la familia. Es algo que me interesaba; sin embargo, mucha gente y muchas reseñas lo han interpretado como una crítica desde ese sentido, en el que hay que evidenciar y denunciar la violencia intrafamiliar. Lo entiendo, pero no es algo que me interese. Solo quería poner en una obra que las relaciones son así, el mundo es así, las familias son así. Estaría bien chido que no fueran así y que no existiera eso, pero es.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
No sé si puede cambiar, pero mi obra quiere reflexionar sobre eso. Aclaro que hay cosas bonitas, aunque también sale lo feroz, lo visceral, lo doloroso. Vivir así siempre va a existir, mientras exista la interacción humana, pero mi intención como autora es expresar. Me resulta curioso que la gente busque una interpretación así, con estas causas.
Me parece que el libro es un reflector a la monstruosa humanidad que nos habita
Las letras son un retrato de la condición humana, que es lo que finalmente buscamos con la literatura. Es importante y muy chido discutir alrededor de esta condición, lo que debería cambiar o lo que podemos hacer para tener una sociedad más digna, para erradicar, por ejemplo, la violencia.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Al mismo tiempo, reconocer que las letras y el arte no le debe nada a nadie. En este sentido, también me agrada la idea de retomar esta literatura que no está totalmente encausada a los movimientos sociales de ahora, y eso no significa que tenga que propugnar un discurso contrario. Simplemente me interesa hablar de otras cosas paralelas a mis intenciones políticas.
Para Ghada, estas reflexiones son parte de una necesidad en la literatura. Su libro Sapos en la lluvia está publicado por editorial Tierra Adentro, y como parte de este catálogo, me parece que corresponde congruentemente a una polifonía de voces jóvenes, que están siendo muy conscientes de las convicciones que sostienen como escritoras y escritores desde su obra, así como de su postura frente a las problemáticas que enfrenta el mundo editorial en nuestros días.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Autores
(Xalapa, 1991) Es fotógrafo de retrato; su trabajo como tal está plenamente comprometido con la industria cultural. En 2017 comenzó su proyecto “Cartografía íntima: Habitaciones literarias” que ha documentado a más de 150 autores residentes en México, Italia, España, Francia, Suiza y Alemania; entre ellos: Jordi Sierra i Fabra, María Fernanda Ampuero, Yásnaya Aguilar, Emiliano Monge, Santiago Gamboa, Carmen Boullosa, Camila Fabbri, Patricio Pron, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos, Lorea Canales y Jorge Carrión. Su trabajo se ha exhibido en el Seminario de Cultura Mexicana, el Fondo de Cultura Económica y la Galería Oscar Román de la Ciudad de México, así como en distintos recintos culturales de la República Mexicana. Ha hecho documentaciones especiales para la Presidencia de México, el Proyecto Cultural Chapultepec, el Fondo de Cultura Económica, el Colegio Nacional y el Seminario de Cultura Mexicana y recientemente ilustró un boleto conmemorativo de Lotería Nacional para el 80 aniversario del Seminario de Cultura Mexicana.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
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Los sonidos de la noche comienzan a subir de tono. El último chispazo del sol se desvanece detrás de las montañas. El cielo, el paisaje y la temperatura cambian. Mientras unas especies duermen, otras se aventuran al acecho. Los tepezcuintles salen de sus cuevas en busca de comida. Las comadrejas se despiertan y olfatean a su próxima presa. Las gallinas lo saben y se suben a los árboles de manzana que tengo frente a mi casa; en sus genes llevan el instinto animal que hace que se resguarden de los peligros. Mientras las observo, pienso en que nosotros, los humanos, también podemos identificar el peligro y, más aun, interpretarlo a partir de ciertos seres que nos advierten lo que puede suceder.
En la noche se da una profunda batalla entre los sonidos que presagian buenos y malos momentos. ¿Cómo saber interpretarlos? A partir de la vivencia, que se une a los conocimientos que hemos escuchado de distintas voces. Así aprendemos a reconocer los susurros que anuncian días de tristeza, de dolor, de preocupación y alegría. Algunos evaden los sonidos, pero nadie se escapa de escucharlos. Mostrarse indiferente a estos conduce a una de dos cosas: que pasen inadvertidos o que culminen en una tragedia.
Recuerdo que, de pequeño, uno de mis tíos me contó su experiencia sónica. Me platicó que cierta ocasión un grillo se asomó en la puerta de su casa y silbó suave y prolongadamente:
chil
chil chil
chil chil chil
chil chil
Chil
Mi tío entendió que el insecto le avisaba que pronto tendría días de preocupación, porque el silbido fue tan nostálgico que su corazón lo sintió. Aquella vez, él se encontraba enfermo del estómago y creyó que el grillo le anunciaba que se agravaría hasta alcanzar la muerte. Entonces recordó las palabras de su abuelo, quien le había dicho lo que debía hacer si alguna vez lo sorprendía un augurio. Lo primero que vino a su mente fue correr al grillo; le pidió que se fuera lejos, mientras lo empujaba con la escoba. El insecto se encaminó y brincó hacia la milpa hasta perderse de vista. Recordó que no debía matarlo porque, de hacerlo, provocaría que el mensaje se quedara en la casa.
Cuando mi tío me compartió su vivencia, comprendí que los sonidos de la noche son interpretados a partir de lo que el corazón logra sentir. Son intuiciones humanas y el miedo que provocan puede quitarnos la vida si no actuamos, si nos dejamos vencer por la incertidumbre. Nos preocupa la vida cuando se ve amenazada, pero ¿qué nos genera ese miedo: el silbido del grillo o saber que nos advierte algo? Las dos cosas; una se encuentra atada a la otra.
“¡Hay que saber pensar ante el peligro!”, mi madre me dijo la noche en que un grillo se paró y silbó en la puerta de la cocina. Tomábamos un poco de café cuando lo escuchamos. Al ver el insecto, recordé lo que mi tío me había contado. Sus palabras no habían tenido efecto en mi vida hasta esa noche. Al principio, tuve un poco de miedo y salté de mi silla, pero mi madre mantuvo la calma y se levantó de su asiento. “¡Vete de aquí! ¡Vete a las montañas! ¡Allá está tu casa!”, le decía mientras lo empujaba con un libro viejo que tenía guardado a un lado de las ollas. El insecto dio un brinco, extendió sus alas y se fue. La lucidez con la que actuó mi madre me dejó una enseñanza que ahora no solo aplico con los sonidos, sino también con los retos que conlleva el hecho de vivir.
Sé que no todos los grillos advierten malos momentos (solo aquellos de color negro, los verdes y los largos). Nadie me ha sabido decir quién les dio vida, si acaso fueron los ajawetik o el pukuj. La única idea clara que tengo es que no debemos juzgar a los insectos por su apariencia, porque pueden ocasionarnos desdichas que superan nuestra propia imaginación.
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Los grillos pertenecen a la familia de los insectos que tienen alas, pero prefieren saltar; sus piernas son tan fuertes que pueden recorrer largos tramos de un solo impulso; de ese modo se trasladan de un lugar a otro. En ocasiones pienso que, cuando deciden volar, lo hacen para perseguirnos y provocarnos pavor. Cuando la huida se hace inevitable, se ríen de nuestra cobardía. Nos causan el mismo temor que las cucarachas cuando vuelan. Siento un cosquilleo en mis piernas tan solo de pensarlo.
Si bien los grillos no suelen usar sus alas para volar, estas cumplen una función sorprendente, pues con ellas se genera el chirriar que los caracteriza. Su sonido no surge de la exhalación del aire, como sucede con otras especies, sino del roce de las puntas de sus alas que, al frotarse, generan un silbido que se expande por las milpas y montañas hasta tocar nuestros oídos. Un leve movimiento genera un profundo estruendo. La modulación de su chirriar se debe a los cambios de temperatura que experimenta su cuerpo y que se expresa en la velocidad con la que agitan sus alas. En las tardes y noches, cuando el frío abraza al pueblo, su silbido se vuelve más lento y pausado, pero sucede lo contrario cuando el calor es sofocante: su ritmo se acelera a la par de los latidos agitados del corazón.
Hay una cosa que me causa curiosidad: como sucede con el brillo de las luciérnagas machos, los grillos silban para atraer a las hembras y ellas, a su vez, eligen la melodía que logre transmitirles el calor que necesitan. Cada silbido es distinto; ninguno se asemeja a otro, pero todos los grillos parecen tener una habilidad para el cortejo y el apareamiento; es como si el mundo así lo prescribiera. Me resulta difícil pensar si alguna vez un grillo u otra especie de insecto podría quedarse sin pareja. ¿Será eso posible, como sucede con los humanos? Quizá ellos no tengan esa desventura; todo depende de cómo silben.
Ahora bien, el chirriar de los machos (y la fuerza con la que lo hacen) no solo sirve para encontrar pareja, sino también para marcar su territorio frente a otros machos que pretenden usurpar su espacio. Así los ahuyentan y les advierten que una batalla podría librarse si se acercan. De hecho, la protección del hábitat es una condición animal, pero también humana; es una característica que nos hace más similares de lo que parece.
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Dicen que los silbidos de los grillos ––además de atraer a las hembras y marcar su territorio– son voces que todo el tiempo revelan algo de nosotros, pero que no alcanzamos a entender sino a partir de interpretaciones, que son el resultado de nuestros propios miedos. Solo así le damos sentido a lo que ellos murmuran o, más bien, lo que creemos que ellos nos dicen. Pude constatarlo años después de haber escuchado a mi tío.
Recuerdo haber caminado una tarde hacia la casa de mi abuela Antonia. La neblina comenzaba a asentarse en el suelo y disminuía mi visibilidad. Sentía el rocío de la llovizna escurriéndose en mis orejas; cada vez hacía más frío. Oscurecía poco a poco, pero no tenía miedo; no era la primera vez que caminaba solo. Mientras avanzaba, varios grillos comenzaban a chirriar; subían de tono. Parecían gritos de ayuda que, entre más fuerte sonaban, más me ensordecían, y eso, quizá, era lo que me provocaba temor.
No me sorprendió escuchar a varios grillos. Es común que silben en las tardes y noches, pero me asusté cuando uno verde y grande se detuvo frente a mí. Sentí que me veía. Movía sus alas con lentitud. De pronto, produjo un sonido que hizo temblar mi cuerpo. El tiempo se detuvo; solo se escuchaban los silbidos que venían de la neblina. Intenté aplastarlo, pero recordé lo que mi tío me había dicho. Después de eso, el insecto brincó hacia los pastizales.
Retomé mi andar y, mientras avanzaba, pensé en las cosas que el grillo intentó decirme. Me preguntaba si acaso iba a enfermarme o si me avisaba que algo me pasaría en el camino. No sabía si se trataba de mí o de alguien más. Me angustié de no saber con exactitud las palabras silbadas. Pero, antes de llegar a la casa de mi abuela, me detuve y me senté sobre un tronco. La noche ya había llegado. “¿Por qué tengo que traducir a mi lengua lo que el grillo me silbó? ¿Por qué nos han enseñado que debe ser así?”, me preguntaba en silencio.
En ese momento, me di cuenta de que todo lo que creía que el insecto me decía eran cosas negativas, como si el silbido necesariamente debiera ser malo. Tal vez se trataba de algo bueno; había una posibilidad de que así fuera. Le di muchas vueltas hasta que tomé la decisión de mejor contárselo a mi abuela una vez que la viera.
Cuando entré a su casa, la saludé. Ella me ofreció café y me preguntó si llevaba las tortillas que mi mamá le había enviado. Se las entregué y le conté lo que me sucedió en el camino. Esperaba que me dijera algo al terminar mi relato. “Tal vez fue un grillo que se cruzó y esperó a que caminaras para saber hacia dónde saltar”, fue lo único que pronunció. Sus palabras me dejaron pensando más que el propio insecto. “No te asustes; los grillos no son malos solo porque aparecen o se suben en tu ropa; si así fuera, ¿cuántos enfermos o muertos no habría por cada silbido que emiten?”.
Su pensamiento me pareció irrefutable. Mi corazón se tranquilizó y el miedo se diluyó en un santiamén. Seguramente el grillo ni siquiera pensó en decirme algo, aunque la gente insista en que ellos revelan cosas sobre nosotros. Ahora pienso que no son seres malos, como nos han hecho creer. Tan solo se trata de pequeños insectos con un lenguaje distinto al nuestro, condenados ellos y nosotros a nunca podernos entender.
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En las diminutas alas de los grillos, nacen murmullos que únicamente son entendidos por ellos. Se cuentan cosas mientras saltan. Se turnan para silbar, pero en momentos parecen una orquesta bien organizada. Por las noches se oyen coros que arrullan nuestros sueños.
¡En el silbido de los grillos caben tantos pensamientos y palabras que se quedan sin revelar! Su sonido jamás se compara con nuestras voces. Hay niños que juegan a imitar el chirriar rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrrrr. Otros dicen chil chil chil. Su silbido es la grafía de su nombre.
chil
chil chil
chil chil chil
chil chil
Chil
1
K’unk’un ya xtoy moel sk’op te ajk’ubale. yak ta tup’el bael ta spat witsetik te slajibal sxojobil k’aale. Ya sjel sba te ch’ulchan, te lum k’inal sok te sk’ixnale. Jich bit’il ay chambalametik te ya xwayik, ay yantik te wik’ajtik sitik ta ajk’ubale. Ya xlok’ tal ta sch’enik te jalawetik ta sleel swe’elik. Ya xwijk’ sitik te sabinetik, ya yujts’ibeik yik’ te swe’elike. Ya sna’ik stojol te me’ mutetike, ya xmoik ta ste’el mantsana te tekel ta yelalwal jna. Ya snak’ sbaik yu’un te ya ya’y sbak’etalik te ay mach’a ya x-uts’inotike. K’alal te ya jk’abue ya jnop te jo’otik, te winik antsotike, te jbak’etaltik ya ya’y ek te p’astaele, ja’to k’axto stukel a tame ay bitik ya yak’ jna’tik stojol te ay bi stak’ xk’ot ta pasele.
Te ta ajk’ubale k’ubulto ya stsakla sba ya’el te bitik ch’inil woxolnax te ay lek ma lekuk ya yich’ a’yele, ¿Bit’il ta na’el stojol? Ja’nix te ta kuxinele, te nitil tsakal sok te p’ijilil te ay ka’yotik ta cha’oxten k’op a’yejetike. Ja’ jich ya jna’tik stojol te wulwul k’opetik ya yak’ik ta na’el te yorail mel o’tan, sk’uxul k’inal, x-a’yan o’tanil sok ak’ol k’inal. Ay mach’ajtik ya smakik ja’nax te m a’yuk mach’a ya xkol ta schikintaele. Jich biluk ta sche’bal ya xk’ot ta pasel yu’un te mach’a manax yich’ ta muk’e: ja’bal te jichnax ma chikanuk ya xjelawe, mak ay bi chopol ya xk’ot ta pasel.
Ya jna’ te k’alal ch’inonto ae, ay jtul jtajunab la scholben ka’y te binti wokol ak’ot ta pasel ta skuxinele. La yalben ka’y te ay jun welta k’ot jkojt chil ta sti’ sna, k’unk’un lijknax ta najtil xuxubinel.
chil
chil chil
chil chil chil
chil chil
Chil
Te jtajune la sna’ stojol ta yorail te ja’ ak’bet sna’ stojol chil, te ya xtal a’yanel o’tanil ta stojole, jich yu’un te xuxube ta lom mel o’tana sba la ya’y te yo’tane. Ta sk’alelal a teye chamel yu’un sch’ujt a te jtajune, la skuy ta ja’uk ya x-ak’bet sna’ stojol teme aybal ya sbats’e te abay tey ya xk’ot ta lajel ae. K’an sjultestal ta sjol te sk’op y’aye te jmame, melel ay jun k’aal a cholbet ya’y te binti ya stak’ spas tame ay jich xk’ot ta stojol melel ma jontolknax. Te binti sbabi a tal ta sjole ja’ te la xiwtes beel te chile, k’ubul la stikun beel a te bit’il yakal ta swesulael beel ta mesobil k’a’pale. Te chile bajt p’itp’unel ta yutil k’altik ja’to te ba k’alal ch’ay beel ta site. Jul ta sjol te ma stak’ la smile melel tame jich la spase jich ya’el te ja’ la yak’ smauk tey a te wokolil ta snae.
K’alal la yalben ka’y te bi la skuxinta te jtajune jich k’ot ta ko’tan yu’un te bi sch’inlajetik ta ajk’ubaltike ja’ jich ya yich’ tael ta nopel yu’un te bi ya ya’y te o’tanile, ja’ jich ya ya’y te winik antsetike. Yame xju’ smilotik tame mayuk binti ya jpastik yu’un te k’alal ya yak’betik te xi’wele, tame ja’ ya stsalotik te xi’wel te k’alal mabi ya jna’tik bi ya jpastike. Ja’meto ja’nax ya x-a’yan ko’tantik yu’un yutsilal a te jkuxineltik te k’alal ay ta uts’inele, binti xkal a te ya yak’betik jxi’weltike ¿ja’wan xkal te xuxub chile mak ja’ te p’ijilil te ay bi ya yak’ jna’tik stojole? Ta schebalikwan: pajal stsako sbaik.
“¡Ayuk p’ijilil ta sna’el stojol yu’un te p’astaele!”, xi la yalben ta jun ajk’ubal te jme’ k’alal alujcha xuxubinuk jkojt chil te ta bay sti’ te jna pas weilile. Yakonjo’tik ta yuch’el jtebuk kajpe a te k’alal la ka’yjo’tike. K’alal la kil te chile jul ta jol te bi yaloben jilel te jtajune. K’alal la yalben ae ma’yukto bi k’oem ta pasel ta jtojol a, ja’to te lijk jkuxinta ek. Ta slijkibal yato xi’won jtebuk a, wilon te ta jnaktibe, ja’chuk te jme’e maba la xi’ stukel, jajch ta snaktib, “¡Lok’an beel li’ini, ban ta te’tikil, ja’ te ay a te anae!”, xi la yalbe te bit’il yakal ta sjipel lok’el ta jpajk pokoj jun te sk’ejo ta bay xujk te p’inetike. Wil te chile, la xlich’la te xik’e jich a bajt. Jich la yak’ben jilel jnop ek te bit’il la yak’ sba ta lek te jme’e ma ja’uknax jich ya jpas sok te bi ya xk’opojike, ja’nix jich ya jpas ta swenta ek te bitik ya jkujchinta te ta kuxinele.
Ya jna’ te ma spisiluk chiletik ya yak’ik ta na’el stojol te bitik chopole, ja’iknax te ijk’ik sok te najtil yaxal chiletike. Ma’yuk mach’a sna’oben yalel mach’a a ak’bet skuxinelik, mak ja’bal a te ajawetike mak ja’ te chopol o’tanil pukuje. Jich yu’un, jamal jilem ta jol te manchuk ya kilbetik smulik te ch’ujch’ul chanetik yu’un te bi yilelike ya kaltik te ya yik’betik tal chopolil ta jtojoltik te ja’ jelawen yu’un a te snopojibal ku’untike.
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Te chiletike ja’ yuts’ yalal sba sok te ch’ujch’ul chanetik te ay xik’ike ja’nax te ja’ ya smulanik te p’ijtele, Ta jp’ijtelnax ya stak’ najt ya xp’ijtik beel yu’un te stulanil yakanike, ja’ jich xtal xbajtiknax ta wilel ta yanyantik k’inaleltik. Ay ajk’ts’intik ya jnop te k’alal xp’itlajanik ta wilele ja’wan jich ya spas te k’alal ya sts’akliotik sok te ya xi’wtesotike. Ya yak’ anokotik. Ya jnop te ya niwan stselaotik yu’un te bit’il ya jxi’tike. Ja’ik ya yak’ik. xi’wel ek jich bit’il ya xwilik ek te pewaletike. Ya ka’y chikilnax kakan yu’un te yanax jnope.
Jich bit’il te ma k’aemuk ta stuntesel xik’ik te chiletik te bit’il ya xwilike, ja’meto ay swentail yu’unik, ja’me tey ya xlok’tal a te bit’il sch’ininetiknax ta awe. Mame ja’uk tey ya xlok’tal sch’ininetel a te bit’il ya yich’ik ik’e, te ya xk’ax tal ta spechu sok ta yee jich bit’il ya spasik te yantik chanetike, ja’ukmeto ja’ ya sti sba sni’ te xik’ike, k’alal ya xjuxila sbae, ya xuxubin beel ta k’alk’altik sok ta bebetik k’alal ya xjul ta jchikintike.
Yalel moel te bit’il sch’ininete ja’ yu’un te ya sjel sba sk’alel te sbak’etale sok ja’ jich ya jtajtik ta ayel stojol yu’un a te bit’il ya swelulaj te xik’ike. Ta malk’aal sok ajk’ubal te bit’il spetoj jlumaltik a te sike, ala jtebnax xmaklajet ya ka’ytik te xuxube, ma jichuk stukel a te k’alal k’uxnax te k’aale, ya xtoymoel yip ta xuxubinel ja’ pajal sok jich bit’il animalnax ya spas t’umt’unel te yo’tantike.
Ay binti te ya jk’an jna’ stojole, jich bit’il te ya spasik sok xojobalik te kelem kukayetike, jich ya yik’tal yantsilelik ek te chiletike, jich te antsil chile, ja’ ya stsaik te xuxub te ya xk’asesbetik sk’ixnalike, ajtaltenme te jujun xuxube, ma’yuk junuk ya spaj sba sok te yantike. Pajalnax ay yipik yilel te k’alal ya yantsin sbaik sok te k’alal skuchkuch sbaike, jich yilel te ja’ jich ya sk’an te balamilale. Ma jna’ tame aybal jkojt chil mak yanxan ch’ujch’ul chanetik a te ma’yuk banti ya sta te snujp’ike, ¿Jichwan skuxinelik xkal ek te bit’il winik antsetike? Ma niwan jichuk ya spasta ta stojol stukelik teye, ja’ niwan chikan a te bit’il ya kiltike.
Ma ja’uknax ya stak’ sta yantsik yu’un xuxubik sok yipik te kelem chiletike ja’me swentaxan ya yak’be sna’ stojol yantik kelem chiletik te ba k’alal smako te yawilike swenta jich ma xpojbetik a, ja’ jich ya xiwtesla beel sok ya yak’be sna’ stojol tame ya stijtsaike ya xju’ xjajch tsaktomba yu’unik. Ja’ jich kuxulik te bit’il ya skananta te snaike jich bit’il te winik antsetike, ja’ jun stalelik te jna’otik bit’il ayike.
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Ja’la te xuxub chiletike ––te ja’ swenta ya yik’ tal a te yantsilelik sok te bi’til ya sp’is te yawilike–– ja’la k’op a’ye yu’unik te ta spisil ora ay bi ya yalbetik ta jwentatik ja’nax te ma xju’ ya jtajtik ta na’el ta jichnax, ja’to ta slekil smelolal snopbenal ku’untik: te ta jxi’weltik tojkemtale. Ja’to jich ya kich’tik ta muk’ te bi ya yalbetike, mak ju’uk, ja’ te binti ya jnoptik te ya yalbetike. Ja’ jich la jna’ stojol ta patil a te bi la scholben jilel te jtajune.
La jna’ te jun malk’aal, k’alal ya xbenon beel ta sna a te jme’chun x-Antone, te tokale yakal ta slamanel sba koel a te ta lumilale, ma lom xkilix a te k’inale, ya ka’y a te ya’lel k’inja’ale ya xmal koel ta jchikin, yak ta bats’eel tal a te sike. K’unk’un ijk’ub te k’inale ja’nax te ma la jxi’e, melel maba ja’tonax ya xbenon ta jtukel a. K’alal yakon ta beele bayel chiletik jajchik ta ch’inch’unel, ya stoy moel te sk’opike, k’anuk ta ay mach’a ya sk’an koltael yu’un te k’alal stoy moel te sch’inch’unelike, k’ax la smakben jchikin, ja’mene, ja’ niwan ya yak’bon jxi’wel.
Te k’alal la ka’ytikla te chiletike ma la yik’ben jch’ulel, ja’nanix jich a te ya xuxubinik ta jujun malk’aal sok ajk’ubale, ja’nax yu’un la jxi’ jkojt chil te k’alal akojta ta jxujke. Ma la jtabe ta ilel te site ja’nax la ka’y te la sk’abuone. K’unk’unax ya sp’atula te xik’e, la jxi’ te bit’il la ka’y te k’opoe. Majchanax la ka’y te k’aale, ja’nax ya ka’y a te xtutetiknax ta xuxub te ya xlok’ tal ta lumil tokale. K’anuk jt’us ja’nax yu’un jul ta jol te bi la yalben jilel te jtajune. Ta patil p’ijt beel ta akileltik te chile.
La jts’ak beel te jbeele jich la jnopilay beel te binti k’an yak’ben jna’ stojol te chile. Ya jnop a tame aywan ya stsajkon ta chamel ae, mak ay binti k’an jtsujkulin ta jbeel. Ma jna’ tame ja’ ta jwenta ae. Lajnax jmel ko’tan yu’un te ma jna’ te binti ya yal te xuxube. Ja’ yu’un k’alal ayto sk’an xk’oon ta sna a te jme’chune la jtejk’anba jich naklon koel ta jun chumante’. La stsakonix a te ajk’ubale. “¿bistuk te yejtal ya jsoles ta jk’op te binti la xuxubtaben ka’y te chile? ¿Ja’bal yu’un te ja’ jich ak’bil jnoptike?”, jichnax la jnop ta mukin.
Ta yorail la jolin te bitik chopol la jnop tal ta jol yu’un te bitik la xuxubtaben ka’y te chile, ja’ jich ya’el te chopolik bi ya yal ka’ytik ta jk’optik te bit’il xuxubinike. Ay niwan lek te binti la yak’ ta na’el stojole, ya stak’ jich ya xk’ot ta pasel a, ma jna’ ta lek binti a, ja’ niwan jich. Bayel la jnopila ja’to te la jnop ya kalbe a te jme’chun te k’alal ya jta ta ilele.
Ochon bael ta yutil sna te jme’chune, la jpatbe yo’tan. La yak’ben kuch’ jtebuk kajpe jich la sjojk’oben tame lajlabal kich’be beel te waj te ak’be tal te jme’e. Jich la kak’be, la jcholbe te binti la jpas ta bee, la jmaili te ayuk bi ya yalben ka’y te bit’il xlaj ko’tan ta scholele, “ala chil niwan te k’anax jelawuk ta axujke, la niwan smaili te xjelawate swenta ya sna’a te banti xp’ijtbele”, ja’nax jich la yal abi. Ja’ uts binti la yak’benxan jnop yu’un eka ma jichuk te bitik la yak’laben jnop te ala chiletike. “Maxa axi’, te chiletike maba chopolik, ja’nax te jich ya xtalike mak ay ya xmo ta ak’ue, melel te jichuke ¿jayebto jchameletik mak animaetik te k’alal jujun ch’o ya xuxubinike?” Te snopbenal yu’une ma’yuknax ta p’ajel la ka’ybe.
Lamaj te ko’tane, ajk’nax a tal te xiwele. Ja’ tame ma’yuk binti sk’an ya yalben ka’y a te chile, manchuk tame ya yal te winik antsetik te ay binti ya sk’an yak’ik ta na’el ta jtojoltike. Jich ya jnopix ya’tik te maba chopol jkuxineletike, jich bit’il ak’bil jch’untik, ala ch’ujch’ul chanetik ek te k’ejel sk’opik ek te bit’ilotike, jich ich’bilik ta wenta ek te bit’ilotike, te winik antsotike, te ma’yuk bin ora ya xk’o jna’betik smelol.
4
Ta sch’ujch’ul xik’ik ya xlok’ tal xuxubik te ala chiletike banti ja’nax ya sna’be sbaik te yuts’yalal sbaike. Ay bi scholbe sbaik te k’alal yakik ta p’itlajanele. Ya schol sbaik ta xuxubinel, ay ajk’al ts’in k’anuk ta jsonowiletik ya schap sbaik ta sk’ajintael te lekil k’ayoje. Ya yich’ ayel sk’ayojik ta ajk’ubaltik te ja’nax ya sch’abtes te jwayeltike.
Yalel moel nopojibaletik sok k’opetik ya x-och ta xuxub chiletike te maba ya yich’ a’yantaele. Te sk’opike ma xju’ ya yich’ pajaltayel sok te jk’optike. Ay alaletik ya xtajinik ta sk’ainel sk’op te chile rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrr. Ayxan yantik ya yalik chil chil chil. Te xuxube ja’ sts’ib te sbiile.
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Autores
(Chiapas, 1990). Es ensayista, documentalista y académico tseltal. Doctor en Ciencias Antropológicas (UAM-I). Becario del FONCA y del PECDA-Chiapas, ambos en dos emisiones. Premio Cátedra Gonzalo Aguirre Beltrán a la Mejor Tesis Doctoral en Antropología Social y Disciplinas afines 2024, y Mención Honorífica de la Cátedra Jan de Vos a Mejor Tesis Doctoral 2025. Ganador del primer lugar en cuento del concurso
Universidad es diversidad de la UAM 2021. Obtuvo menciones honoríficas de ensayo en el
53 Concurso Punto de Partida de la UNAM 2022, y en el
Concurso de Estudiantes de Post-grado del Congreso ERIP-LACES-Universidad de Stanford 2022. Autor de los libros de ensayo bilingüe, tseltal y español,
Te sututet ixtabil. El giro de la pelota (Coneculta, 2020) y
Ch’ayet k’inal. Las formas de la ausencia (FCE, 2024).
Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.