Tierra Adentro
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

“Soledad, estrella de mis noches”.

Blanca Varela

I

De cierta manera, la soledad es el punto de partida de toda reflexión. Por más vulgar o sublime que parezca, una idea se forja lo mismo en la intimidad del sanitario que en el sagrado recogimiento de un templo. Basta un momento de lucidez, un instante revelador o un anodino espacio de “des-cubrimiento”, como el que condensa la expresión “epifanía de bus”. El pensamiento aflora gracias a una simple coincidencia o tras una larga maduración de sucesivos razonamientos; de cualquier forma, hay siempre una irreductible relación cara-a-cara, una suerte de desdoblamiento, acaso un “espejeo”. Se necesita un otro, pero no cualquier otro, sino uno especial (a veces, incluso un doble). No en vano la etimología de reflexionar evoca un “doblar hacia uno”, es decir, el ejercicio de asir una idea y volverla a pasar por el misterioso espejo de la mente.

Desde el “¡Eureka!” de Arquímedes en su bañera, hasta el golpe de la manzana en la cabeza de Newton, hay algo en el acto de pensar que brota mejor en soledad. Si bien necesita de otro para ocurrir, este funge como un alter ego y recuerda la anagnórisis griega, ese autorreconocimiento que encarna Edipo rey cuando el adivino Tiresias le revela que mató a su padre y desposó a su madre. En ese momento, Edipo entiende: conoce y se “re-conoce”. “El descubrimiento de nosotros mismos se manifiesta como un sabernos solos”, cejaba Octavio Paz en El laberinto de la soledad.

II

Hay una grandísima diferencia entre estar solo y sentirse solo. La soledad se puede experimentar en una aburrida reunión familiar, junto a la pareja que no sabe escuchar y abunda en monólogos, o en medio de una multitud de extraños; asimismo, la compañía es un estado de ánimo que a menudo sabe mejor estando solo. “Tengo a mis amigos en mi soledad. Cuando estoy con ellos, qué lejos están”, repetía Antonio Machado ante las preguntas sobre la amistad.

Quizás por eso muchos idiomas distinguen entre la soledad “objetiva” (no tener acompañantes en el plano espacio-temporal) y la “subjetiva” (pensar “¡qué solo estoy!”). Lonely1 no es lo mismo que alone2, ni désolé3 es igual a seul4. De igual forma, aparte de la distinción entre “solo” y “solitario”, en español tenemos el hermoso adjetivo “íngrimo”, que significa “abandonado, sin compañía”.

Como cualquier otro ser humano, Jean Jacques Rousseau vivió distintas facetas de la soledad a lo largo de su vida, pero hubo dos experiencias que lo marcaron definitivamente (y no son ajenas a quienes leen estas líneas tras la pandemia de 2020): la emergencia sanitaria y el confinamiento obligado. Quizás algunas divagaciones al respecto no resulten del todo idiotas.

La emergencia sanitaria

Tras la peste bubónica del siglo XIV, que diezmó la población europea en aproximadamente veinte millones de personas, las enfermedades endémicas se siguieron manifestando en pequeñas proporciones hasta mediados del siglo XIX. En 1743, en medio de la peste de Messina (una terrible epidemia que mató entre cuarenta y cincuenta mil personas), Rousseau realizó un viaje de París a Venecia a bordo de una falúa. Como la enfermedad había alcanzado a la ciudad por medio de un barco cuyos miembros moribundos llegaron al puerto, muchos poblados aledaños dictaron rígidos toques de queda y el transporte marítimo se detuvo. El navío donde estaba Rousseau se vio forzado a atracar en el puerto de Génova, donde las autoridades les dieron dos opciones a los pasajeros: podían pasar una cuarentena de veintiún días a bordo del barco, disfrutando de las provisiones enviadas por el gobierno genovés, o bien podían refugiarse en el “Lazareto” (un pequeño hospital abandonado que estaba a corta distancia del puerto, pero carecía de muebles o abrigo alguno, pues estos habían sido quemados tras la emergencia sanitaria). Para fortuna de las letras y el pensamiento humano, Rousseau tomó sus pertenencias, se improvisó una almohada y varias frazadas con su ropa y se aventuró al hospital.El calor insoportable, la cercanía de la embarcación, la imposibilidad de caminar en ella y las alimañas con las que pululaba, me hicieron preferir a toda costa el Lazareto”, escribió en Las confesiones. Pasó sus días libres escribiendo, leyendo y caminando por el cementerio de los protestantes. Solo él y otros pocos tripulantes tomaron la decisión correcta y salvaron su vida, porque el resto se contagió y falleció de la nefasta enfermedad.

Rousseau narra su cuarentena como un periodo particularmente solitario y rudo, pero no desprovisto de un recogimiento muy significativo:

Estuve encerrado tras grandes puertas con enormes cerraduras, y permanecía en plena libertad para caminar a mis anchas de habitación en habitación y de historia en historia, encontrando en todas partes la misma soledad y desnudez.

Esto, sin embargo, no me indujo a arrepentirme de haber preferido el Lazareto a la Felucca [velero mediterráneo]; y, como otro Robinson Crusoe, comencé a arreglarme para mis veintiún días [de cuarentena], tal como lo hubiera hecho para toda mi vida. […]

Entre las comidas, cuando no leía, ni escribía, ni trabajaba en el amueblamiento de mi apartamento, iba a pasear por el cementerio de los protestantes, que me servía de patio. Desde este lugar subía a una landa que daba al puerto, y desde la que podía ver entrar y salir los barcos. Así pasé catorce días.5

Si Rousseau hubiera elegido confinarse en el barco, su cuarentena habría estado unida a la de los demás miembros de la tripulación (biológica y psicológicamente), detalle que la desmarcaría de la experiencia solitaria. La cercanía hubiera vuelto inevitable sentir la molestia de los demás, oír sus quejidos, atisbar su desesperación, atravesar la barrera del auto-sabotaje. De hecho, algo similar vivimos durante el primer año del confinamiento por la pandemia de COVID-19: el hecho de estar conectados TODO EL TIEMPO a través de la tecnología nos impedía adentrarnos realmente en la experiencia del confinamiento.

Si hay algo que hace sostenible y deseable la soledad es justamente poder aislarse de las soledades ajenas: retirarse, retraerse, reflexionar, aislarse desde y en la soledad misma. Esto es lo que distingue una soledad sincera (como la referida por Nicolás Gómez Dávila al afirmar que “la soledad es el único árbitro insobornable”) de la contenida en la “irreductible relación cara-a-cara” del filósofo judío Emmanuel Levinas. Esta última se refiere a la capacidad de reconocernos en toda nuestra vulnerabilidad e imperfección, sin sentir el espanto de Edipo al descubrir su tragedia (producto de una ignorancia de sí) ni la dramática asfixia de Narciso (producto de un amor excesivo y malogrado de sí). Fue precisamente Narciso quien, embelesado con su propio reflejo, quiso besarlo —o besarse— y cayó en el estanque, donde no tardó en ahogarse.

El confinamiento

El episodio del hospital del Lazareto no fue el único semejante en la vida de Rousseau. De hecho, sus últimos dos años los pasó encerrado en el castillo de Ermenonville, propiedad de un amigo suyo situada al norte de París. Cualquiera diría que semejante confinamiento parece más un premio que un castigo, pero cada ser humano vive atrapado en su cielo y su infierno, y esta no era la excepción. El filósofo huía de una horda de perseguidores (furibundos detractores de sus ideas sociales y educativas, esgrimidas en El Emilio y El contrato social), que llegaron incluso a atacar su vivienda. Un alma atormentada y paranoica como la suya ha de haber sufrido bastante pese a las comodidades.

No obstante, con el transcurso de los días en que se dedicaba a hacer caminatas en los jardines de la propiedad, empezó a fraguar un proyecto (acaso el último): un libro de corte autobiográfico y filosófico dividido en “paseos” (y no en capítulos) donde quedaran plasmadas sus últimas reflexiones sobre temas tan decisivos como la soledad y la libertad, la verdad y la mentira. Lo bautizó Las ensoñaciones del paseante solitario, ignorante de que sería una obra fundacional para el naciente romanticismo.

De sus primeras cavilaciones, se desprenden varias ideas claras sobre la soledad: 1) cuando se elige por voluntad, su dulzura es tanta como el amargor que produce su imposición sobre alguien (en casos como la expatriación, la “expulsión de la tribu”). El provecho de la soledad depende, pues, de la libertad. 2) Hay que superar una barrera de “cháchara mental”, de pensamientos en círculo vicioso sobre los demás (“el infierno son los otros”, diría Sartre) para entregarse de lleno a una soledad serena. 3) La soledad es un marco ideal para la contemplación, la ensoñación y, sobre todo, el diálogo con uno mismo; puede ser una fuente de paz, sensibilidad y regocijo. Esto es algo que hoy parece obvio, pero en el siglo XVIII estaba revestido de un aura de rebeldía, pues emergía como reacción anárquica ante la dictadura de la razón y los cenáculos de iluminados donde se decidían las verdades absolutas del mundo.

De todos los “paseos” de las Ensoñaciones, el cuarto es de los más bellos y, quizás, también el más platónico en lo que atañe a la experiencia solitaria. En él, Rousseau hace un recuento de sus días felices en la isla de Saint Pierre, en una estancia que duró poco más de dos meses y donde estuvo íntimamente ligado al campo y a la vida rural, lejos del caos y del ruido citadino. Se refiere al sentimiento insular, al aislamiento positivo, a la idea de vivir como una isla distanciada y armónicamente conectada al mundo.

Al principio hay una apología del ocio: Rousseau afirma que su felicidad reside en el far niente, en su completa dedicación a actividades placenteras. Esto no significa “hacer nada”, como lo querría una traducción literal, sino más bien entregarse a los placeres individuales sin más imperativo que ese mismo, sin ninguna presión social o mandato que huela a burocracia, sin ninguna etiqueta mental de esas que deforman las ocupaciones y las vuelven “pendientes”. “Una de mis mayores delicias era dejar mis libros embalados y no tener escritorio”, escribió.

Posteriormente, el paseante reconoce que, más allá de la tranquilidad y la calma, el contacto social es necesario en la medida en que divierte y permite exteriorizar los sentimientos y las ideas encerradas en la mente; actúa como un dique movible que se abre cada tanto para dar flujo y estabilizar el cauce de las aguas sin que desborden. Luego, su reflexión termina con una hermosa evocación de la nostalgia centrada y la alegría lúcida. Su contemplación serena (y, hasta cierto punto, racional) de la transitoriedad de la vida y la impermanencia de las cosas conlleva una satisfacción espiritual, un estado cercano a la felicidad (cuya estabilidad, sabemos, es de antemano imposible).

He notado en las vicisitudes de una larga vida que las épocas de las más dulces alegrías y de los placeres más intensos no son, sin embargo, aquellas cuyo recuerdo me atrae y me conmueve más. Estos cortos momentos de delirio y de pasión, por vívidos que puedan ser, no son […] más que puntos bien dispersos en la línea de la vida. Son demasiado escasos y demasiado rápidos para construir un estado, y la felicidad que mi corazón lamenta no está compuesta de instantes fugitivos, sino de un estado simple y permanente […].

Todo está en un flujo continuo sobre la tierra: nada guarda una forma constante y detenida; nuestros afectos, que se apegan a las cosas exteriores, pasan y cambian necesariamente como ellas. Siempre, por delante o por detrás de nosotros, recuerdan el pasado que ya no es o previenen el futuro que, con frecuencia, no será: no hay nada de sólido ahí a lo cual el corazón pueda aferrarse. […] Apenas hay en nuestros más vivos goces un instante en que el corazón pueda verdaderamente decirnos: “Quisiera que este instante durara siempre”; ¿y cómo podemos llamar felicidad a un estado fugitivo que nos deja todavía el corazón inquieto y vacío, que nos hace lamentar alguna cosa antes, o desear nuevamente otra cosa después?

Pero si […] el alma encuentra un asiento lo bastante sólido como para reposar entero y reunir ahí todo su ser, sin tener la necesidad de recordar el pasado ni de saltar sobre el futuro, […] puede llamarse feliz […]. Tal es el estado en el que me encontré con frecuencia en la isla de Saint-Pierre en mis ensoñaciones solitarias, bien sea acostado en mi barco, que dejaba derivar al gusto del agua, o sentado en las orillas del lago agitado, o ya sea en otro lugar, al borde de una hermosa ribera o de un riachuelo murmurante sobre la grava.6

III

Las reflexiones sobre la soledad tienen una extraña vigencia. Su intemporalidad radica en el constante cambio que opera el flujo temporal sobre la vida. Hoy leemos con tanto gusto a Marco Aurelio o a Emily Dickinson como un lector de 1960 y, probablemente, como lo hará alguien más dentro de veinte o cien años. En particular, uno de los aciertos de Jean Jacques Rousseau reside en su forma de hermanar soledad y consciencia. Para él, una de las particularidades que comparten es que ninguna se concreta; si acaso alguna lo logra, es momentáneamente y en su propio devenir, en su correr incesante, como esas tonadas de jazz que no tienen “conclusión” ni “caída” y cuya belleza radica precisamente en su flujo, en su decurso.

Dentro de la incontable multitud de precisiones al respecto, hay una que me maravilla: la verdad de la soledad y la consciencia surge de una contradicción, pues ambas entrañan la página en blanco, el vacío.


Autores
Lector. Escritor. Traductor de literatura francófona. Twitter: @Cajme

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Arturo Loera, Algunos sueños sobre el capitalismo. Portada de Axel Rangel.
Arturo Loera, Algunos sueños sobre el capitalismo. Portada de Axel Rangel.

La teoría de las palabras

me rebasa por completo.

Arturo Loera

Hay una peculiaridad en Algunos sueños sobre el capitalismo: la escritura poética dialoga directamente con el espectro de la realidad y el mundo onírico a partir del poder significante de un sufijo. El título del libro con que el poeta mexicano Arturo Loera fue merecedor del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2021 no es una obviedad. Antes que proponer un syllabus que deconstruya la teoría, los poemas de Loera buscan en la metáfora de la urbe significados que no solo le atañen al ismo, sino también al transeúnte y al ecosistema que habita. El poemario está estructurado en tres secciones: «Algunos sueños sobre el capitalismo», «El siglo de los lotófagos» y «Dos poemas aparentemente históricos».

Los sueños son cinco y están enumerados en ordinal. Desde el Primer sueño sobre el capitalismo hay una declaración de intenciones: Para los que vienen en búsqueda de teorías / yo solo tengo una manzana en la mano”. Así, los poemas se enuncian en función de imágenes y no en panfletos: un agujero en el calcetín como síntoma de una legislación ΩΩ o un muchacho desnudo que no puede encontrar el valor de x frente al pizarrón. En el “Segundo sueño sobre el capitalismo” aparecen dos niños que juegan futbol con una botella de Coca-Cola y se revelan inútiles para el mercado, pequeñas víctimas de una silenciosa guerra fría coloreada en rojo y esponsoreada por la cultura pop.

En unos cien o doscientos años / la humanidad de entonces / mirará a la de ahora y dirá: / ¿cómo era posible vivir de esa manera?”, plantea la voz poética en el tercero de los sueños que hay en el libro de Arturo Loera, y enseguida el mundo se revela de asfalto. El poema anticipa el futuro y lo prevé incompartido para una generación que le teme antes al buró de crédito y al cataclismo que a la orfandad. En el cuarto sueño, “Se repiten los patrones, / cambian los términos”. Hay un rastro de ecocidio en el poema: “Cuando se derriba un árbol / para construir un edificio / se suplanta un fruto por otro…”.

El fracaso rotundo del sistema en la imagen de la usurpación y el desahucio. Este es el eje del “Quinto sueño sobre el capitalismo”: “Aquí estoy por ahora, / en este cuarto de dos por uno ochenta, / donde la cama es casi todo el piso / y camino descalzo sobre las sábanas / para tomar de las repisas algo de ropa, los / cigarros, / el dinero que me queda a fin de mes / y acomodo, muy despacio, algunos libros”. Sin embargo, la resistencia ante un sistema que oprime a los sujetos, al tiempo que reduce y sobre todo aliena. La ideología del ismo deambula entre los poemas de Algunos sueños sobre el capitalismo como un fantasma que pellizca al lector y pretende configurar ante sus ojos una realidad dispar e insaciable.

En «El siglo de los lotófagos», uno de los marineros que viaja con Ulises a su regreso de Troya se pregunta si es verdadera la leyenda de los hombres que se nutren del loto: “¿Es cierto que el que prueba el fruto de la muerte no vuelve? ¿No tengo acaso, todavía, algo de memoria?”. El viajero se enamora de las flores del futuro y pone a prueba el recuerdo: “Olvido de dos filos, muerte de aparador, melancolía barata en hombres y mujeres de agua. No habrá por qué regresar. No habrá día”. Y entonces come del loto y olvida los pecados; come y elimina los errores. No hay problemas en la memoria. El sueño es otra forma del olvido, pero no se parece al perdón, y el sabor de las palabras cada vez es más difícil de recordar. El lenguaje permanece inamovible: “No, hermano. / No, hermana. / No vagaremos más”.

El último apartado de Algunos sueños sobre el capitalismo se trata de «Dos poemas aparentemente históricos»: “Xochiyáoyotl” y “Después de waterloo”. En el primero, la ciudad antigua emerge de la urbe moderna y se precipita sobre el nuevo milenio: “La tierra fértil es ahora un cenicero. / Las pirámides departamentos / con la renta prometida en una nube; / este nuevo sacrificio asalariado / que nos deja con la sangre / membreteada en una esquina”. Una vez más, la transfiguración del ismo en una imagen. El lenguaje y el cuchillo de obsidiana, el redoble del tambor sobre la nómina y el dinero en la base del sacrificio. En el segundo poema, la voz poética dialoga con un mariscal en el campo de batalla. La derrota, la posición en el mundo y la representación en el azar como acotaciones en el discurso del sistema: “¿Qué paréntesis envuelve estas palabras? / ¿En qué desierto se queman las ideas que uno / abandona? / No podemos morir aquí. / No podemos. No es el tiempo oportuno”.

En Algunos sueños sobre el capitalismo, Arturo Loera propone un acercamiento poético antes que teórico para el reducto inextricable del sistema. Mientras que ni el papel moneda ni el plástico garantizan la renta del cuerpo y los afectos, en el poema el lenguaje resignifica el poder del sufijo a partir de la experiencia cotidiana. La precariedad, el desencanto y el ismo cohabitan el espacio en los poemas de Loera como espectros que suplantan un fruto por otro. A diferencia de las manzanas que caen del árbol, las personas que se arrojan de edificios no sirven de alimento ni de abono, solo se entierran en cajas o se vuelve cenizas, con cirios y funerales según el presupuesto.

Y nadie se lleva nada.


Autores
(Torreón, 1994), hispanista por la UNAM y lector. Literaturas contemporáneas y de ciencia ficción, crítica literaria, escritura creativa y archivo. Escribo en la aldea global desde el western y la distopía. Posnorteño. Doppelgänger: @lagunauta.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

¿Qué es el fact check y con qué se come?

Siempre que digo que soy periodista de fact check recibo, ineludiblemente, la pregunta más emocionante de mi vida: “¿Y eso qué es?” Me emociona por dos razones. La primera es que me dedico a algo que me apasiona: saber historias y contarlas, aunque no sin antes asegurarme de que son verdad; la segunda es que encuentro una oportunidad para desmitificar al periodismo; un oficio que en los últimos años se ha vuelto tabú y enemigo mortal de muchas cúpulas.

Los datos al respecto son muy interesantes. De acuerdo con la encuesta Ipsos, en 2018 el 72% de las personas encuestadas en México se consideraba capaz de detectar una noticia falsa, mientras sólo el 44% consideró que los demás miembros de la sociedad podrían hacerlo.1

A pesar del optimismo, luego de un análisis de la Universidad de Míchigan tras el desarrollo de una inteligencia artificial que detectaba noticias falsas con una efectividad de 76%, se supo que las personas sólo acertaban en el 50% de los casos. “Daría igual que lo hicieran al azar”, ironizaba el periódico español elDiario.es.2

En esto coincide la firma Kaspersky, quienen 2020 encontró que, en promedio, el 70% de las personas en Latinoamérica no sabe cómo detectar una noticia falsa. En México la cifra es del 66%. “La investigación mostró también que el 16% de los consultados desconoce por completo este término; aspecto que parece guardar grandes similitudes con otros países latinoamericanos como Perú , en donde un 47% afirma no saber a qué se refiere el concepto.

En contraste, quienes están más familiarizados con esta expresión son los brasileños, con solo un 2% que dice ignorar lo que es una fake news”. Otra preocupación es que a la gente le gusta tener la razón, sin importar si la información es cierta o no, y por ello contribuyen a la desinformación. “Contrario a la creencia convencional, los robots aceleran la difusión de noticias falsas y verdaderas por igual, lo que implica que las noticias falsas se viralizaron más que las verdaderas porque los humanos, no las máquinas, son más propensos a difundirlas”, dice un estudio publicado en 2018 en la revista Science.

Es decir: si bien sucesos como el Facebook Papers nos hacen pensar que todo es culpa del algoritmo, buena parte de la responsabilidad sobre las fake news es humana. Desde su creación hasta su difusión viral.

El botón de las noticias falsas

Es innegable la necesidad de un botón para denunciar noticias falsas en redes sociales, porque aun cuando Facebook tiene  equipos o alianzas de verificación en prácticamente todo el mundo, muchas veces estas son clasificadas por los usuarios como spam al no existir un apartado que claramente diga “Esta información es falsa o engañosa”, lo que en realidad no da una magnitud ni clasificación correcta.

De acuerdo con el Servicio de Ayuda de Facebook: “el spam implica ponerse en contacto con otras personas con contenido o solicitudes no deseados. Este término engloba el envío de mensajes en masa, la publicación excesiva de enlaces o imágenes en las biografías de otras personas y el envío de solicitudes de amistad a personas que no conoces”. Ninguna de estas definiciones incluye la publicación, intencional o accidental, de información errónea.

Sin embargo, la red social principal de Meta Inc. etiqueta las informaciones falsas brindando links a la verificación realizada por (personal) independiente que forma parte de la Red Internacional de Verificadores de Datos (IFCN, por sus siglas en inglés).

“Cada vez que un verificador de datos califica un contenido como erróneo en nuestras plataformas, reducimos de forma significativa su distribución para que menos personas lo vean, lo etiquetamos como tal y notificamos a las personas que intentan compartirlo”, explican en la página del Facebook Journalism Program del que forma parte el Programa de Verificación Independiente.

Twitter, otro titán social, tampoco tiene una forma directa para la clasificación de noticias falsas sino que sólo ofrece la categoría Es spam entre sus opciones de denuncia. En un esfuerzo por combatir la desinformación, la plataforma invita a leer artículos antes de compartirlos al momento en el que una persona usuaria da retweet. Esto no aplica para imágenes o texto, solamente en links.

En el caso de esta red social, quedan por ahí los intentos reiterados de la actriz y cantante Patricia Navidad por volver a usarla luego de que su cuenta fue suspendida permanentemente al difundir información falsa sobre la vacunación y la COVID19. “No soy mala, no le hago daño a nadie”, repite incansablemente para aparentar que su bloqueo en Twitter se debió a un tema de odio y no a la desinformación que provocaba.

Tema aparte son las aplicaciones de mensajería privada como WhatsApp o Telegram, en donde no existe control alguno de la información  que se comparte ni sobre la viralidad que puede alcanzar gracias a la difusión masiva en grupos y canales.

Falsos verificadores

Otro aspecto que también llama mucho la atención son las personas que se hacen pasar por verificadores, sea para “desmentir” información que les afecta —pero que no es falsa— o para engañar, y que podemos encontrar en todo tipo de plataformas y en todo tipo de ámbitos.

Los tiempos convulsos en los que vivimos han demostrado la necesidad imperiosa de que la información difundida por medios de comunicación y autoridades sea real, precisa y verificable. Es vital que las instancias involucradas asuman esa responsabilidad y se comprometan con la verdad.

En los últimos años el tema central de la verificación del discurso ha sido la vacunación y la COVID19, por su gravedad y las implicaciones que tendría el hecho de caer en informaciones falsas. Esa es la importancia del fact check: ¿Qué puede pasar, por ejemplo, si alguien cree que bebiendo cloro puede evitar infectarse de SARS-CoV-2?

Las consecuencias en este caso podrían ser devastadoras, pero igual de peligroso resulta que un medio o autoridades den información engañosa sobre aumentos de precios en la canasta básica o un accidente mayor, como la tragedia del Metro de la Ciudad de México en 2021 o los terremotos de septiembre de 2017.

Guía breve para combatir la desinformación

La clave para combatir la desinformación es preguntarnos la veracidad de algo antes de compartirlo: revisa la fuente, consulta en Google la información. Si está ya fue desmentida, encontrarás la verificación realizada por algún fact checker en el mundo.

A nivel internacional existen diversos medios especializados en verificación de datos. México no se queda atrás: en el norte del país está Verificado MX, una de las iniciativas más representativas al respecto. También es posible encontrar importantes trabajos en El Sabueso de Animal Político.

Medios internacionales como The Associated Press (AP), Reuters, Al Jazeera (AJ+) y la Agence France-Presse (AFP) tienen operaciones en México y publican chequeos en español. En el caso de AFP, puedes solicitar verificaciones a través de su bot en WhatsApp, lo mismo que con Verificado MX.

También puedes confiar en textos de medios adheridos a The Trust Project, iniciativa internacional que hace énfasis en la veracidad y precisión en los medios de comunicación y las audiencias, quienes pueden firmar la promesa: Prometo apoyar la democracia, luchar contra la desinformación y comprobar quién y qué hay detrás de una noticia antes de compartirla en las redes sociales.

Al igual que la IFCN, The Trust Project insta a las redacciones a la transparencia en sus fuentes de financiamiento y propietarios para que las audiencias afiancen en esto su credibilidad. La forma más frontal de combatir la desinformación es dar la mayor difusión posible a la información clara, precisa y verificable.

 


Autores
(México, 1995). Divulgador cultural. Listado entre “Los 10 Influencers LGBT+ que mueven México” por el periódico La Crónica de Hoy en 2021 y disertante del Urban Thinkers Campus 2019 de la World Urban Campaign auspiciado por ONU Hábitat en Ciudad de México. Su trabajo periodístico ha aparecido en ContraRéplica, Cúpula (suplemento cultural de El Heraldo de México), El Economista, Regeneración Mx, Time Out México, Verificado Mx y la revista digital de la Iniciativa Mexicana de Arte, de la que es director fundador. Autor y productor de los formatos «Fiesta Mexicana de Arte», «Íconos» y «#HastaEncontrarles: homenaje a las madres buscadoras», este último en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris en noviembre de 2021. Es verificador de datos para Factstory —filial internacional de la Agence France-Presse (AFP)— y mentor en México de la Red Latinoamericana de Formadores en Fact Checking.

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.
Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Hace unos días, leí un texto de Jhumpa Lahiri sobre las portadas de los libros y la reflexión que existe alrededor de ellas. El mundo editorial nos bombardea de sugerencias en los ejemplares, incluso antes de abrirlos y leerlos. Las prioridades de cada casa editorial son seguramente válidas, pero no podemos perder de vista lo que implica esta sugestión, pues es precisamente lo que parece un grito desde la mesa de novedades para que el futuro lector se decida entre uno y otro.

La verdad es que muchos títulos terminan por alejarse de lo que el autor quería decir en su obra, por comunicar algo distinto a lo que quizá el lector pueda descubrir en el texto. De aquí, me surgen muchas dudas y reflexiones en torno al mundo editorial en México. Considero cómo estos intereses, que también podríamos llamar causas, han influido en la producción de nuevos libros hoy en día. Vemos editoriales que cuidan hasta el más mínimo detalle en la selección del papel, la mancha tipográfica, la tipografía y el diseño de portada, con la intención de sacar al mercado un producto selecto o exclusivo.

La relación que existe entre el libro y el lector no puede pasar a segundo término frente a otros detalles, pues hablamos también de la experiencia de leer y no solo de un mero tránsito de ideas entre el autor y el lector. Pienso un poco en la Arquitectura y en lo que hoy denominamos como vivienda digna, que más que referirse a los acabados y proporciones, está relacionado con la experiencia de vivir un espacio, la iluminación y la ventilación. Los elementos que determinamos como dignos están relacionados intrínsecamente con nuestra forma de relacionarnos en ellos.

De esto hablé con Ghada Martínez, autora del libro Sapos en la lluvia, recientemente publicado en Tierra Adentro. Para ella, en una ciudad cada vez más compleja y peligrosa, donde nadie tiene tiempo para nada, el libro impreso es un espacio seguro. ¿Quién te asaltaría por un libro?

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

La democratización de la lectura puede haber ganado espacios con el libro digital y la libre circulación de los PDFs; sin embargo, no podemos ignorar que es tan solo una parte de la población quien se ve beneficiada de estos recursos.

Democratizar las letras es una labor de múltiples aristas. Es necesario comprender lo que pasa en el entorno antes de realizar actividades como conversatorios y presentaciones de libro. De nada sirve llevar estos eventos a una comunidad que poco le importa o ni siquiera está al tanto de la conversación actual de la literatura.

Este tema siempre me lleva a una reflexión que me gusta poner sobre la mesa, en torno a los procesos y a los escenarios de la narrativa contemporánea. En la transición por la que atravesamos en esta época, en la que no parece haber nada determinado y las urgencias siempre son válidas y distintas.; donde lo políticamente correcto es al mismo tiempo una figura de autocensura. Me gusta conocer la opinión de los autores, su posición frente estas posibles problemáticas o circunstancias.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

GM: Actualmente no estoy en contacto con este tipo de análisis literario, pero es visible que hace falta la crítica seria en la literatura, una reflexión seria sobre la obra literaria. Porque obviamente estamos en tiempos donde están cambiando rápido las cosas en lo político y lo social, pero la literatura como forma, me parece que también debería seguirse estudiando y reflexionando.

¿Cómo te posicionas tú frente a la figura del autor?

Es algo complejo y siento que no tengo una postura al respecto. Con esto del Me too, entiendo de dónde viene la crítica de que no vas a leer el libro de un acosador, pero al mismo tiempo entiendo esta parte de que si la literatura se leyera con base en sus autores a lo mejor nadie leería nada. Hay un buen de gente que tiene muchos pedos y hace cosas increíbles en cuestión de arte y literatura, aunque no eran precisamente buenas personas.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Recuerdo que mi asesora de tesis en el Claustro de sor Juana me contaba recientemente que —a diferencia de aquel entonces cuando comenzaban las conversaciones alrededor del feminismo y yo estudiaba en la carrera—, en estas últimas generaciones el movimiento ha ido tomando más fuerza, y también se ha estrechado bastante el pensamiento. Me decía que las generaciones que están entrando se niegan por completo a leer por ejemplo a Octavio Paz y cosas así. Incluso literatura que retrata posturas y personajes misóginos. Y con esto yo siento que hay un problema.

Actualmente yo tampoco leería hombres-blancos-heterosexuales-misóginos que es lo que siempre se ha leído en la historia de la literatura por siglos. Pero a la vez siento que las letras van más allá del autor. Es importante saber, que a lo mejor no vas a ser fan, pero tal vez, para poder hacer esta genealogía de las ideas y analizar las formas literarias o las raíces de ciertos movimientos, sería relevante conocer estos libros. También muchas veces en la literatura puedes distinguir cuando la obra tiene un discurso feo o cuando es una especie de retrato, porque finalmente la literatura es el archivo de las ideas humanas.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Entiendo la postura política de no leer a cierta persona, pero creo que no se puede ser tan prescriptibista, de lees a este wey, y por lo tanto no tienes convicciones, porque la literatura no solo es el autor, sino también es la forma y el arte de escribir.

Al mismo tiempo, lo referente al libro por el libro no se habla. La escritura como forma y como una construcción artística pensada, también logra transmitir, más allá de sostenerse en las causas como lo que hemos visto últimamente en el medio. La discusión sigue y seguirá, pero es importante que salga la crítica, el análisis de las obras. Cuando iba en la carrera y se estudiaba literatura del siglo XX, siempre se refería a la literatura escrita por mujeres como literatura femenina —como si para referirnos a la de hombres, dijéramos literatura masculina—y siempre se abordaba desde la perspectiva de género, que está bien para generar un panorama general, pero no podemos olvidar que es literatura, entonces debería abordarse como se aborda otro tipo de letras y análisis literario.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Me parece interesante que, en tu libro se vea perfectamente esa línea tan marcada donde no prevalece quizás una causa que abandere la publicación, sino un interés por irse descubriendo en sí mismo.

Mi intento tiene que ver con explorar estas dinámicas de claroscuros dentro de la familia. Es algo que me interesaba; sin embargo, mucha gente y muchas reseñas lo han interpretado como una crítica desde ese sentido, en el que hay que evidenciar y denunciar la violencia intrafamiliar. Lo entiendo, pero no es algo que me interese. Solo quería poner en una obra que las relaciones son así, el mundo es así, las familias son así. Estaría bien chido que no fueran así y que no existiera eso, pero es.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

No sé si puede cambiar, pero mi obra quiere reflexionar sobre eso. Aclaro que hay cosas bonitas, aunque también sale lo feroz, lo visceral, lo doloroso. Vivir así siempre va a existir, mientras exista la interacción humana, pero mi intención como autora es expresar. Me resulta curioso que la gente busque una interpretación así, con estas causas.

Me parece que el libro es un reflector a la monstruosa humanidad que nos habita

Las letras son un retrato de la condición humana, que es lo que finalmente buscamos con la literatura. Es importante y muy chido discutir alrededor de esta condición, lo que debería cambiar o lo que podemos hacer para tener una sociedad más digna, para erradicar, por ejemplo, la violencia.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Al mismo tiempo, reconocer que las letras y el arte no le debe nada a nadie. En este sentido, también me agrada la idea de retomar esta literatura que no está totalmente encausada a los movimientos sociales de ahora, y eso no significa que tenga que propugnar un discurso contrario. Simplemente me interesa hablar de otras cosas paralelas a mis intenciones políticas.

Para Ghada, estas reflexiones son parte de una necesidad en la literatura. Su libro Sapos en la lluvia está publicado por editorial Tierra Adentro, y como parte de este catálogo, me parece que corresponde congruentemente a una polifonía de voces jóvenes, que están siendo muy conscientes de las convicciones que sostienen como escritoras y escritores desde su obra, así como de su postura frente a las problemáticas que enfrenta el mundo editorial en nuestros días.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.

Ghada Martínez. Fotografía de Víctor Benítez.


Autores
(Xalapa, 1991) Es fotógrafo de retrato; su trabajo como tal está plenamente comprometido con la industria cultural. En 2017 comenzó su proyecto “Cartografía íntima: Habitaciones literarias” que ha documentado a más de 150 autores residentes en México, Italia, España, Francia, Suiza y Alemania; entre ellos: Jordi Sierra i Fabra, María Fernanda Ampuero, Yásnaya Aguilar, Emiliano Monge, Santiago Gamboa, Carmen Boullosa, Camila Fabbri, Patricio Pron, Marta Sanz, Juan Pablo Villalobos, Lorea Canales y Jorge Carrión. Su trabajo se ha exhibido en el Seminario de Cultura Mexicana, el Fondo de Cultura Económica y la Galería Oscar Román de la Ciudad de México, así como en distintos recintos culturales de la República Mexicana. Ha hecho documentaciones especiales para la Presidencia de México, el Proyecto Cultural Chapultepec, el Fondo de Cultura Económica, el Colegio Nacional y el Seminario de Cultura Mexicana y recientemente ilustró un boleto conmemorativo de Lotería Nacional para el 80 aniversario del Seminario de Cultura Mexicana.
Ilustración realizada por Mildreth Reyes
Ilustración realizada por Mildreth Reyes

1

Los sonidos de la noche comienzan a subir de tono. El último chispazo del sol se desvanece detrás de las montañas. El cielo, el paisaje y la temperatura cambian. Mientras unas especies duermen, otras se aventuran al acecho. Los tepezcuintles salen de sus cuevas en busca de comida. Las comadrejas se despiertan y olfatean a su próxima presa. Las gallinas lo saben y se suben a los árboles de manzana que tengo frente a mi casa; en sus genes llevan el instinto animal que hace que se resguarden de los peligros. Mientras las observo, pienso en que nosotros, los humanos, también podemos identificar el peligro y, más aun, interpretarlo a partir de ciertos seres que nos advierten lo que puede suceder.

En la noche se da una profunda batalla entre los sonidos que presagian buenos y malos momentos. ¿Cómo saber interpretarlos? A partir de la vivencia, que se une a los conocimientos que hemos escuchado de distintas voces. Así aprendemos a reconocer los susurros que anuncian días de tristeza, de dolor, de preocupación y alegría. Algunos evaden los sonidos, pero nadie se escapa de escucharlos. Mostrarse indiferente a estos conduce a una de dos cosas: que pasen inadvertidos o que culminen en una tragedia.

Recuerdo que, de pequeño, uno de mis tíos me contó su experiencia sónica. Me platicó que cierta ocasión un grillo se asomó en la puerta de su casa y silbó suave y prolongadamente:

                                                                                                              chil

                                          chil                                            chil

                          chil                       chil                     chil

               chil                      chil

Chil

Mi tío entendió que el insecto le avisaba que pronto tendría días de preocupación, porque el silbido fue tan nostálgico que su corazón lo sintió. Aquella vez, él se encontraba enfermo del estómago y creyó que el grillo le anunciaba que se agravaría hasta alcanzar la muerte. Entonces recordó las palabras de su abuelo, quien le había dicho lo que debía hacer si alguna vez lo sorprendía un augurio. Lo primero que vino a su mente fue correr al grillo; le pidió que se fuera lejos, mientras lo empujaba con la escoba. El insecto se encaminó y brincó hacia la milpa hasta perderse de vista. Recordó que no debía matarlo porque, de hacerlo, provocaría que el mensaje se quedara en la casa.

Cuando mi tío me compartió su vivencia, comprendí que los sonidos de la noche son interpretados a partir de lo que el corazón logra sentir. Son intuiciones humanas y el miedo que provocan puede quitarnos la vida si no actuamos, si nos dejamos vencer por la incertidumbre. Nos preocupa la vida cuando se ve amenazada, pero ¿qué nos genera ese miedo: el silbido del grillo o saber que nos advierte algo? Las dos cosas; una se encuentra atada a la otra.

“¡Hay que saber pensar ante el peligro!”, mi madre me dijo la noche en que un grillo se paró y silbó en la puerta de la cocina. Tomábamos un poco de café cuando lo escuchamos. Al ver el insecto, recordé lo que mi tío me había contado. Sus palabras no habían tenido efecto en mi vida hasta esa noche. Al principio, tuve un poco de miedo y salté de mi silla, pero mi madre mantuvo la calma y se levantó de su asiento. “¡Vete de aquí! ¡Vete a las montañas! ¡Allá está tu casa!”, le decía mientras lo empujaba con un libro viejo que tenía guardado a un lado de las ollas. El insecto dio un brinco, extendió sus alas y se fue. La lucidez con la que actuó mi madre me dejó una enseñanza que ahora no solo aplico con los sonidos, sino también con los retos que conlleva el hecho de vivir.

Sé que no todos los grillos advierten malos momentos (solo aquellos de color negro, los verdes y los largos). Nadie me ha sabido decir quién les dio vida, si acaso fueron los ajawetik o el pukuj1. La única idea clara que tengo es que no debemos juzgar a los insectos por su apariencia, porque pueden ocasionarnos desdichas que superan nuestra propia imaginación.

2

Los grillos pertenecen a la familia de los insectos que tienen alas, pero prefieren saltar; sus piernas son tan fuertes que pueden recorrer largos tramos de un solo impulso; de ese modo se trasladan de un lugar a otro. En ocasiones pienso que, cuando deciden volar, lo hacen para perseguirnos y provocarnos pavor. Cuando la huida se hace inevitable, se ríen de nuestra cobardía. Nos causan el mismo temor que las cucarachas cuando vuelan. Siento un cosquilleo en mis piernas tan solo de pensarlo.

Si bien los grillos no suelen usar sus alas para volar, estas cumplen una función sorprendente, pues con ellas se genera el chirriar que los caracteriza. Su sonido no surge de la exhalación del aire, como sucede con otras especies, sino del roce de las puntas de sus alas que, al frotarse, generan un silbido que se expande por las milpas y montañas hasta tocar nuestros oídos. Un leve movimiento genera un profundo estruendo. La modulación de su chirriar se debe a los cambios de temperatura que experimenta su cuerpo y que se expresa en la velocidad con la que agitan sus alas. En las tardes y noches, cuando el frío abraza al pueblo, su silbido se vuelve más lento y pausado, pero sucede lo contrario cuando el calor es sofocante: su ritmo se acelera a la par de los latidos agitados del corazón.

Hay una cosa que me causa curiosidad: como sucede con el brillo de las luciérnagas machos, los grillos silban para atraer a las hembras y ellas, a su vez, eligen la melodía que logre transmitirles el calor que necesitan. Cada silbido es distinto; ninguno se asemeja a otro, pero todos los grillos parecen tener una habilidad para el cortejo y el apareamiento; es como si el mundo así lo prescribiera. Me resulta difícil pensar si alguna vez un grillo u otra especie de insecto podría quedarse sin pareja. ¿Será eso posible, como sucede con los humanos? Quizá ellos no tengan esa desventura; todo depende de cómo silben.

Ahora bien, el chirriar de los machos (y la fuerza con la que lo hacen) no solo sirve para encontrar pareja, sino también para marcar su territorio frente a otros machos que pretenden usurpar su espacio. Así los ahuyentan y les advierten que una batalla podría librarse si se acercan. De hecho, la protección del hábitat es una condición animal, pero también humana; es una característica que nos hace más similares de lo que parece.

3

Dicen que los silbidos de los grillos ––además de atraer a las hembras y marcar su territorio– son voces que todo el tiempo revelan algo de nosotros, pero que no alcanzamos a entender sino a partir de interpretaciones, que son el resultado de nuestros propios miedos. Solo así le damos sentido a lo que ellos murmuran o, más bien, lo que creemos que ellos nos dicen. Pude constatarlo años después de haber escuchado a mi tío.

Recuerdo haber caminado una tarde hacia la casa de mi abuela Antonia. La neblina comenzaba a asentarse en el suelo y disminuía mi visibilidad. Sentía el rocío de la llovizna escurriéndose en mis orejas; cada vez hacía más frío. Oscurecía poco a poco, pero no tenía miedo; no era la primera vez que caminaba solo. Mientras avanzaba, varios grillos comenzaban a chirriar; subían de tono. Parecían gritos de ayuda que, entre más fuerte sonaban, más me ensordecían, y eso, quizá, era lo que me provocaba temor.

No me sorprendió escuchar a varios grillos. Es común que silben en las tardes y noches, pero me asusté cuando uno verde y grande se detuvo frente a mí. Sentí que me veía. Movía sus alas con lentitud. De pronto, produjo un sonido que hizo temblar mi cuerpo. El tiempo se detuvo; solo se escuchaban los silbidos que venían de la neblina. Intenté aplastarlo, pero recordé lo que mi tío me había dicho. Después de eso, el insecto brincó hacia los pastizales.

Retomé mi andar y, mientras avanzaba, pensé en las cosas que el grillo intentó decirme. Me preguntaba si acaso iba a enfermarme o si me avisaba que algo me pasaría en el camino. No sabía si se trataba de mí o de alguien más. Me angustié de no saber con exactitud las palabras silbadas. Pero, antes de llegar a la casa de mi abuela, me detuve y me senté sobre un tronco. La noche ya había llegado. “¿Por qué tengo que traducir a mi lengua lo que el grillo me silbó? ¿Por qué nos han enseñado que debe ser así?”, me preguntaba en silencio.

En ese momento, me di cuenta de que todo lo que creía que el insecto me decía eran cosas negativas, como si el silbido necesariamente debiera ser malo. Tal vez se trataba de algo bueno; había una posibilidad de que así fuera. Le di muchas vueltas hasta que tomé la decisión de mejor contárselo a mi abuela una vez que la viera.

Cuando entré a su casa, la saludé. Ella me ofreció café y me preguntó si llevaba las tortillas que mi mamá le había enviado. Se las entregué y le conté lo que me sucedió en el camino. Esperaba que me dijera algo al terminar mi relato. “Tal vez fue un grillo que se cruzó y esperó a que caminaras para saber hacia dónde saltar”, fue lo único que pronunció. Sus palabras me dejaron pensando más que el propio insecto. “No te asustes; los grillos no son malos solo porque aparecen o se suben en tu ropa; si así fuera, ¿cuántos enfermos o muertos no habría por cada silbido que emiten?”.

Su pensamiento me pareció irrefutable. Mi corazón se tranquilizó y el miedo se diluyó en un santiamén. Seguramente el grillo ni siquiera pensó en decirme algo, aunque la gente insista en que ellos revelan cosas sobre nosotros. Ahora pienso que no son seres malos, como nos han hecho creer. Tan solo se trata de pequeños insectos con un lenguaje distinto al nuestro, condenados ellos y nosotros a nunca podernos entender.

4

En las diminutas alas de los grillos, nacen murmullos que únicamente son entendidos por ellos. Se cuentan cosas mientras saltan. Se turnan para silbar, pero en momentos parecen una orquesta bien organizada. Por las noches se oyen coros que arrullan nuestros sueños.

¡En el silbido de los grillos caben tantos pensamientos y palabras que se quedan sin revelar! Su sonido jamás se compara con nuestras voces. Hay niños que juegan a imitar el chirriar rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrrrr. Otros dicen chil chil chil. Su silbido es la grafía de su nombre.

                                                                                                              chil

                                          chil                                            chil

                          chil                       chil                     chil

               chil                      chil

Chil


 

Te xuxub chile 2

1

K’unk’un ya xtoy moel sk’op te ajk’ubale. yak ta tup’el bael ta spat witsetik te slajibal sxojobil k’aale. Ya sjel sba te ch’ulchan, te lum k’inal sok te sk’ixnale. Jich bit’il ay chambalametik te ya xwayik, ay yantik te wik’ajtik sitik ta ajk’ubale. Ya xlok’ tal ta sch’enik te jalawetik ta sleel swe’elik. Ya xwijk’ sitik te sabinetik, ya yujts’ibeik yik’ te swe’elike. Ya sna’ik stojol te me’ mutetike, ya xmoik ta ste’el mantsana te tekel ta yelalwal jna. Ya snak’ sbaik yu’un te ya ya’y sbak’etalik te ay mach’a ya x-uts’inotike. K’alal te ya jk’abue ya jnop te jo’otik, te winik antsotike, te jbak’etaltik ya ya’y ek te p’astaele, ja’to k’axto stukel a tame ay bitik ya yak’ jna’tik stojol te ay bi stak’ xk’ot ta pasele.

Te ta ajk’ubale k’ubulto ya stsakla sba ya’el te bitik ch’inil woxolnax te ay lek ma lekuk ya yich’ a’yele, ¿Bit’il ta na’el stojol? Ja’nix te ta kuxinele, te nitil tsakal sok te p’ijilil te ay ka’yotik ta cha’oxten k’op a’yejetike. Ja’ jich ya jna’tik stojol te wulwul k’opetik ya yak’ik ta na’el te yorail mel o’tan, sk’uxul k’inal, x-a’yan o’tanil sok ak’ol k’inal. Ay mach’ajtik ya smakik ja’nax te m a’yuk mach’a ya xkol ta schikintaele. Jich biluk ta sche’bal ya xk’ot ta pasel yu’un te mach’a manax yich’ ta muk’e: ja’bal te jichnax ma chikanuk ya xjelawe, mak ay bi chopol ya xk’ot ta pasel.

Ya jna’ te k’alal ch’inonto ae, ay jtul jtajunab la scholben ka’y te binti wokol ak’ot ta pasel ta skuxinele. La yalben ka’y te ay jun welta k’ot jkojt chil ta sti’ sna, k’unk’un lijknax ta najtil xuxubinel.

                                                                                                              chil

                                          chil                                            chil

                          chil                       chil                     chil

               chil                      chil

Chil

Te jtajune la sna’ stojol ta yorail te ja’ ak’bet sna’ stojol chil, te ya xtal a’yanel o’tanil ta stojole, jich yu’un te xuxube ta lom mel o’tana sba la ya’y te yo’tane. Ta sk’alelal a teye chamel yu’un sch’ujt a te jtajune, la skuy ta ja’uk ya x-ak’bet sna’ stojol teme aybal ya sbats’e te abay tey ya xk’ot ta lajel ae. K’an sjultestal ta sjol te sk’op y’aye te jmame, melel ay jun k’aal a cholbet ya’y te binti ya stak’ spas tame ay jich xk’ot ta stojol melel ma jontolknax. Te binti sbabi a tal ta sjole ja’ te la xiwtes beel te chile, k’ubul la stikun beel a te bit’il yakal ta swesulael beel ta mesobil k’a’pale. Te chile bajt p’itp’unel ta yutil k’altik ja’to te ba k’alal ch’ay beel ta site. Jul ta sjol te ma stak’ la smile melel tame jich la spase jich ya’el te ja’ la yak’ smauk tey a te wokolil ta snae.

K’alal la yalben ka’y te bi la skuxinta te jtajune jich k’ot ta ko’tan yu’un te bi sch’inlajetik ta ajk’ubaltike ja’ jich ya yich’ tael ta nopel yu’un te bi ya ya’y te o’tanile, ja’ jich ya ya’y te winik antsetike. Yame xju’ smilotik tame mayuk binti ya jpastik yu’un te k’alal ya yak’betik te xi’wele, tame ja’ ya stsalotik te xi’wel te k’alal mabi ya jna’tik bi ya jpastike. Ja’meto ja’nax ya x-a’yan ko’tantik yu’un yutsilal a te jkuxineltik te k’alal ay ta uts’inele, binti xkal a te ya yak’betik jxi’weltike ¿ja’wan xkal te xuxub chile mak ja’ te p’ijilil te ay bi ya yak’ jna’tik stojole? Ta schebalikwan: pajal stsako sbaik.

“¡Ayuk p’ijilil ta sna’el stojol yu’un te p’astaele!”, xi la yalben ta jun ajk’ubal te jme’ k’alal alujcha xuxubinuk jkojt chil te ta bay sti’ te jna pas weilile. Yakonjo’tik ta yuch’el jtebuk kajpe a te k’alal la ka’yjo’tike. K’alal la kil te chile jul ta jol te bi yaloben jilel te jtajune. K’alal la yalben ae ma’yukto bi k’oem ta pasel ta jtojol a, ja’to te lijk jkuxinta ek. Ta slijkibal yato xi’won jtebuk a, wilon te ta jnaktibe, ja’chuk te jme’e maba la xi’ stukel, jajch ta snaktib, “¡Lok’an beel li’ini, ban ta te’tikil, ja’ te ay a te anae!”, xi la yalbe te bit’il yakal ta sjipel lok’el ta jpajk pokoj jun te sk’ejo ta bay xujk te p’inetike. Wil te chile, la xlich’la te xik’e jich a bajt. Jich la yak’ben jilel jnop ek te bit’il la yak’ sba ta lek te jme’e ma ja’uknax jich ya jpas sok te bi ya xk’opojike, ja’nix jich ya jpas ta swenta ek te bitik ya jkujchinta te ta kuxinele.

Ya jna’ te ma spisiluk chiletik ya yak’ik ta na’el stojol te bitik chopole, ja’iknax te ijk’ik sok te najtil yaxal chiletike. Ma’yuk mach’a sna’oben yalel mach’a a ak’bet skuxinelik, mak ja’bal a te ajawetike mak ja’ te chopol o’tanil pukuje. Jich yu’un, jamal jilem ta jol te manchuk ya kilbetik smulik te ch’ujch’ul chanetik yu’un te bi yilelike ya kaltik te ya yik’betik tal chopolil ta jtojoltik te ja’ jelawen yu’un a te snopojibal ku’untike.

 

2

Te chiletike ja’ yuts’ yalal sba sok te ch’ujch’ul chanetik te ay xik’ike ja’nax te ja’ ya smulanik te p’ijtele, Ta jp’ijtelnax ya stak’ najt ya xp’ijtik beel yu’un te stulanil yakanike, ja’ jich xtal xbajtiknax ta wilel ta yanyantik k’inaleltik. Ay ajk’ts’intik ya jnop te k’alal xp’itlajanik ta wilele ja’wan jich ya spas te k’alal ya sts’akliotik sok te ya xi’wtesotike. Ya yak’ anokotik. Ya jnop te ya niwan stselaotik yu’un te bit’il ya jxi’tike. Ja’ik ya yak’ik. xi’wel ek jich bit’il ya xwilik ek te pewaletike. Ya ka’y chikilnax kakan yu’un te yanax jnope.

Jich bit’il te ma k’aemuk ta stuntesel xik’ik te chiletik te bit’il ya xwilike, ja’meto ay swentail yu’unik, ja’me tey ya xlok’tal a te bit’il sch’ininetiknax ta awe. Mame ja’uk tey ya xlok’tal sch’ininetel a te bit’il ya yich’ik ik’e, te ya xk’ax tal ta spechu sok ta yee jich bit’il ya spasik te yantik chanetike, ja’ukmeto ja’ ya sti sba sni’ te xik’ike, k’alal ya xjuxila sbae, ya xuxubin beel ta k’alk’altik sok ta bebetik k’alal ya xjul ta jchikintike.

Yalel moel te bit’il sch’ininete ja’ yu’un te ya sjel sba sk’alel te sbak’etale sok ja’ jich ya jtajtik ta ayel stojol yu’un a te bit’il ya swelulaj te xik’ike. Ta malk’aal sok ajk’ubal te bit’il spetoj jlumaltik a te sike, ala jtebnax xmaklajet ya ka’ytik te xuxube, ma jichuk stukel a te k’alal k’uxnax te k’aale, ya xtoymoel yip ta xuxubinel ja’ pajal sok jich bit’il animalnax ya spas t’umt’unel te yo’tantike.

Ay binti te ya jk’an jna’ stojole, jich bit’il te ya spasik sok xojobalik te kelem kukayetike, jich ya yik’tal yantsilelik ek te chiletike, jich te antsil chile, ja’ ya stsaik te xuxub te ya xk’asesbetik sk’ixnalike, ajtaltenme te jujun xuxube, ma’yuk junuk ya spaj sba sok te yantike. Pajalnax ay yipik yilel te k’alal ya yantsin sbaik sok te k’alal skuchkuch sbaike, jich yilel te ja’ jich ya sk’an te balamilale. Ma jna’ tame aybal jkojt chil mak yanxan ch’ujch’ul chanetik a te ma’yuk banti ya sta te snujp’ike, ¿Jichwan skuxinelik xkal ek te bit’il winik antsetike? Ma niwan jichuk ya spasta ta stojol stukelik teye, ja’ niwan chikan a te bit’il ya kiltike.

Ma ja’uknax ya stak’ sta yantsik yu’un xuxubik sok yipik te kelem chiletike ja’me swentaxan ya yak’be sna’ stojol yantik kelem chiletik te ba k’alal smako te yawilike swenta jich ma xpojbetik a, ja’ jich ya xiwtesla beel sok ya yak’be sna’ stojol tame ya stijtsaike ya xju’ xjajch tsaktomba yu’unik. Ja’ jich kuxulik te bit’il ya skananta te snaike jich bit’il te winik antsetike, ja’ jun stalelik te jna’otik bit’il ayike.

 

3

Ja’la te xuxub chiletike ––te ja’ swenta ya yik’ tal a te yantsilelik sok te bi’til ya sp’is te yawilike–– ja’la k’op a’ye yu’unik te ta spisil ora ay bi ya yalbetik ta jwentatik ja’nax te ma xju’ ya jtajtik ta na’el ta jichnax, ja’to ta slekil smelolal snopbenal ku’untik: te ta jxi’weltik tojkemtale. Ja’to jich ya kich’tik ta muk’ te bi ya yalbetike, mak ju’uk, ja’ te binti ya jnoptik te ya yalbetike. Ja’ jich la jna’ stojol ta patil a te bi la scholben jilel te jtajune.

La jna’ te jun malk’aal, k’alal ya xbenon beel ta sna a te jme’chun x-Antone, te tokale yakal ta slamanel sba koel a te ta lumilale, ma lom xkilix a te k’inale, ya ka’y a te ya’lel k’inja’ale ya xmal koel ta jchikin, yak ta bats’eel tal a te sike. K’unk’un ijk’ub te k’inale ja’nax te ma la jxi’e, melel maba ja’tonax ya xbenon ta jtukel a. K’alal yakon ta beele bayel chiletik jajchik ta ch’inch’unel, ya stoy moel te sk’opike, k’anuk ta ay mach’a ya sk’an koltael yu’un te k’alal stoy moel te sch’inch’unelike, k’ax la smakben jchikin, ja’mene, ja’ niwan ya yak’bon jxi’wel.

Te k’alal la ka’ytikla te chiletike ma la yik’ben jch’ulel, ja’nanix jich a te ya xuxubinik ta jujun malk’aal sok ajk’ubale, ja’nax yu’un la jxi’ jkojt chil te k’alal akojta ta jxujke. Ma la jtabe ta ilel te site ja’nax la ka’y te la sk’abuone. K’unk’unax ya sp’atula te xik’e, la jxi’ te bit’il la ka’y te k’opoe. Majchanax la ka’y te k’aale, ja’nax ya ka’y a te xtutetiknax ta xuxub te ya xlok’ tal ta lumil tokale. K’anuk jt’us ja’nax yu’un jul ta jol te bi la yalben jilel te jtajune. Ta patil p’ijt beel ta akileltik te chile.

La jts’ak beel te jbeele jich la jnopilay beel te binti k’an yak’ben jna’ stojol te chile. Ya jnop a tame aywan ya stsajkon ta chamel ae, mak ay binti k’an jtsujkulin ta jbeel. Ma jna’ tame ja’ ta jwenta ae. Lajnax jmel ko’tan yu’un te ma jna’ te binti ya yal te xuxube. Ja’ yu’un k’alal ayto sk’an xk’oon ta sna a te jme’chune la jtejk’anba jich naklon koel ta jun chumante’. La stsakonix a te ajk’ubale. “¿bistuk te yejtal ya jsoles ta jk’op te binti la xuxubtaben ka’y te chile? ¿Ja’bal yu’un te ja’ jich ak’bil jnoptike?”, jichnax la jnop ta mukin.

Ta yorail la jolin te bitik chopol la jnop tal ta jol yu’un te bitik la xuxubtaben ka’y te chile, ja’ jich ya’el te chopolik bi ya yal ka’ytik ta jk’optik te bit’il xuxubinike. Ay niwan lek te binti la yak’ ta na’el stojole, ya stak’ jich ya xk’ot ta pasel a, ma jna’ ta lek binti a, ja’ niwan jich. Bayel la jnopila ja’to te la jnop ya kalbe a te jme’chun te k’alal ya jta ta ilele.

Ochon bael ta yutil sna te jme’chune, la jpatbe yo’tan. La yak’ben kuch’ jtebuk kajpe jich la sjojk’oben tame lajlabal kich’be beel te waj te ak’be tal te jme’e. Jich la kak’be, la jcholbe te binti la jpas ta bee, la jmaili te ayuk bi ya yalben ka’y te bit’il xlaj ko’tan ta scholele, “ala chil niwan te k’anax jelawuk ta axujke, la niwan smaili te xjelawate swenta ya sna’a te banti xp’ijtbele”, ja’nax jich la yal abi. Ja’ uts binti la yak’benxan jnop yu’un eka ma jichuk te bitik la yak’laben jnop te ala chiletike. “Maxa axi’, te chiletike maba chopolik, ja’nax te jich ya xtalike mak ay ya xmo ta ak’ue, melel te jichuke ¿jayebto jchameletik mak animaetik te k’alal jujun ch’o ya xuxubinike?” Te snopbenal yu’une ma’yuknax ta p’ajel la ka’ybe.

Lamaj te ko’tane, ajk’nax a tal te xiwele. Ja’ tame ma’yuk binti sk’an ya yalben ka’y a te chile, manchuk tame ya yal te winik antsetik te ay binti ya sk’an yak’ik ta na’el ta jtojoltike. Jich ya jnopix ya’tik te maba chopol jkuxineletike, jich bit’il ak’bil jch’untik, ala ch’ujch’ul chanetik ek te k’ejel sk’opik ek te bit’ilotike, jich ich’bilik ta wenta ek te bit’ilotike, te winik antsotike, te ma’yuk bin ora ya xk’o jna’betik smelol.

 

4

Ta sch’ujch’ul xik’ik ya xlok’ tal xuxubik te ala chiletike banti ja’nax ya sna’be sbaik te yuts’yalal sbaike. Ay bi scholbe sbaik te k’alal yakik ta p’itlajanele. Ya schol sbaik ta xuxubinel, ay ajk’al ts’in k’anuk ta jsonowiletik ya schap sbaik ta sk’ajintael te lekil k’ayoje. Ya yich’ ayel sk’ayojik ta ajk’ubaltik te ja’nax ya sch’abtes te jwayeltike.

Yalel moel nopojibaletik sok k’opetik ya x-och ta xuxub chiletike te maba ya yich’ a’yantaele. Te sk’opike ma xju’ ya yich’ pajaltayel sok te jk’optike. Ay alaletik ya xtajinik ta sk’ainel sk’op te chile rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrr. Ayxan yantik ya yalik chil chil chil. Te xuxube ja’ sts’ib te sbiile.

                                                                                                              chil

                                          chil                                            chil

                          chil                       chil                     chil

               chil                      chil

Chil


Autores
(Chiapas, 1990). Es ensayista, documentalista y académico tseltal. Doctor en Ciencias Antropológicas (UAM-I). Becario del FONCA y del PECDA-Chiapas, ambos en dos emisiones. Premio Cátedra Gonzalo Aguirre Beltrán a la Mejor Tesis Doctoral en Antropología Social y Disciplinas afines 2024, y Mención Honorífica de la Cátedra Jan de Vos a Mejor Tesis Doctoral 2025. Ganador del primer lugar en cuento del concurso Universidad es diversidad de la UAM 2021. Obtuvo menciones honoríficas de ensayo en el 53 Concurso Punto de Partida de la UNAM 2022, y en el Concurso de Estudiantes de Post-grado del Congreso ERIP-LACES-Universidad de Stanford 2022. Autor de los libros de ensayo bilingüe, tseltal y español, Te sututet ixtabil. El giro de la pelota (Coneculta, 2020) y Ch’ayet k’inal. Las formas de la ausencia (FCE, 2024).

Ilustrador
Mildreth Reyes
(Martínez de la Torre, 1999) Estudió la Licenciatura en Arte y Diseño en la Escuela Nacional de Estudios Superiores, UNAM campus Morelia. Dicha formación le ha permitido reflexionar sobre distintos aspectos de la comunicación visual. Ilustra y escribe para anclar vivencias, pensamientos y convicciones a su mente, tenerlas presentes en su propio proceso y guardarlas a través de la forma.
Ilustración realizada por Julissa Montiel
Ilustración realizada por Julissa Montiel

Una amiga de Facebook subió un meme hace varios días. Era la imagen de un gatito con una expresión contradictoria en la cara; debajo, la leyenda “Bienvenido septiemble”. La risa es mi respuesta automática cuando las redes sociales empiezan con el mame de los temblores.

Debo confesar que, desde que llegué a vivir en donde vivo, ver a mis vecinos salir corriendo o llorando de sus casas, entrar en pánico o ponerse a rezar en la lluvia —en tanto el movimiento de la tierra sigue—, me parecen todas reacciones exageradas. ¿Es la primera vez que sienten un temblor, o qué?, pienso, y me quedo en la entrada de mi casa; me cierro bien la bata y cruzo los brazos para mantener el calor.

Lo cierto es que me siento afortunada porque, a pesar de que México es el segundo país en el que más sismos se registran al año a nivel mundial, creo que podríamos estar peor. Sobre todo, me parece que podría irnos peor aquí, en San Mateo Ixtacalco, en los municipios aledaños a Cuautitlán, en cualquier parte del Estado de México.

Y tan segura estoy de que es un privilegio que los efectos de un temblor sean tan poca cosa para este lugar en especifico, que el 7 de septiembre de 2017, en tanto CDMX se sacudía y la gente no sabía qué hacer, yo me encerraba en mi baño. Cuando el temblor empezó, estaba dormida en el sofá. Vestía el uniforme del trabajo y soñaba que todo el movimiento en la vida real era un sueño, en el que, además, mi jefe me llamaba por teléfono para decirme que tenía que llegar al tercer turno y ya iba tarde.

Tenía cuatro meses y diecisiete días de edad el 19 de septiembre de 1985. Varias veces durante mi infancia pregunté a mi mamá y a mi papá sobre lo que habían sentido mientras duró el temblor, que dejó en ruinas al entonces Distrito Federal. Ella aún no alcanza a poner en palabras sus emociones, y él nunca tuvo intención de contarme. Vivíamos en Iztapalapa y, según entiendo, la nuestra no fue una de las zonas con mayor afectación.

La casa, donde estaba el cuarto que una señora mayor nos rentaba, no sufrió daños estructurales y tampoco requirió reparaciones considerables. Ya mayor me di a la tarea de buscar imágenes e información sobre el impacto real que el terremoto tuvo en su momento. Me impresionan las fotografías y testimonios de internet, pero estoy convencida que, por más empática y sensible que sea, nada de lo que yo pueda sentir en este momento, se equipara con lo que las personas de aquel tiempo sintieron.

Tenía treinta y dos años, cuatro meses y diecisiete días el 19 de septiembre de 2017. Estaba en una capacitación cuando el sismo de 7.1° en la escala de Richter empezó a sentirse en Tlalnepantla. La ponente al frente de la sesión fue la primera en reaccionar: “En la madre, está temblando”, dijo, y salió a toda prisa, olvidando mantenerse en la zona que la empresa indicaba para el paso peatonal. Detrás de ella salimos quienes tardamos un poco más en comprender lo que estaba pasando. Yo fui de las últimas en salir de la sala.

En los radios de onda corta que algunos operadores cargaban empezamos a escuchar las indicaciones para activar el protocolo de respuesta ante un sismo. Solo debían escucharse las voces del coordinador de cuarto de control, del operador de cocimiento y el del secados de fécula. Cualquier otra persona que estuviera en las instalaciones de la empresa debía dirigirse al punto de conteo más cercano.

En la zona que nos correspondía, alcanzamos a escuchar a los operadores reclamando al coordinador del cuarto de control por haber parado los sistemas sin esperar indicaciones. El aludido solo dijo: “Toda la planta se paró”. Cuando pudimos reingresar a las instalaciones, una vez que las jefaturas tuvieron la certeza de que no había personal herido, Angelino, el coordinador del cuarto de control más experimentado, con casi treinta años de trayectoria en la planta, comentó, sin dejar de caminar de un lado al otro, con las manos dentro de las bolsas de su pantalón: “Es la primera vez que tiembla tan fuerte que toda la planta para sola”.

Fueron varias horas las que tardó en restablecerse la luz, y unas cuantas más, en las que, el área de mantenimiento y seguridad industrial verificó que máquinas y mecanismos estuvieran en condiciones de volver a operar. Aparentemente estábamos bien, y en la zona industrial de Tlalnepantla ninguna empresa había reportado condiciones de riesgo o algún daño mayor, pero los operadores ya se habían encargado de circular videos de Facebook de lo ocurrido en CDMX: edificios colapsando, gente herida, escombros, miedo generalizado.

Pronto empezaron a difundirse los testimonios sobre derrumbes en escuelas y centros de trabajo; fotos de personas desaparecidas, solicitudes de ayuda para rescatar sobrevivientes y encontrar cadáveres atrapados bajo el caos. A veces, las palabras no me alcanzan para explicar lo que sentí ante todo lo que me llegó de rebote, aquello no viví en carne propia. Otras veces, solo no tengo intención de hablarlo.

Intento pensar en los momentos de mayor desesperación de mi vida y son claros los que de inmediato vienen a mi mente: las veces que, siendo niña, mi papá nos corrió de la casa en la madrugada y en cuanto amanecía, iniciábamos la peregrinación para pedirle refugio a una de las hermanas de mi mamá; durante la universidad, cuando mi mamá y mi hermano se fueron a vivir a Veracruz y yo me quedé a rentar un cuarto a unos metros de la escuela.

Me da la impresión de que algo se me colapsa dentro del pecho y en la boca del estómago, algo grande y pesado que hace nubes de polvo al derrumbarse y me impide respirar. Algo que ya no puede volver a levantarse, porque me hizo otra y volvió diferente a mi familia. Todo dentro de mí se sacudía en esos momentos. Todo dentro de mí se sacude al recordar. ¿Es igual para todas las personas? ¿Cada hombre y cada mujer, de la edad que sea, tiembla por dentro en los momentos que le cambian la vida? Porque, de ser así, los seres humanos estamos hechos de pequeñas sacudidas que nos destruyen y dejan en pie solo aquello que ha de seguir adelante.

¿Cuántos terremotos puede soportar una persona hasta que ya nada queda de pie?

En 1995, un terremoto sacudió a la ciudad de Kobe, en Japón. Unos años después, Haruki Murakami escribió Después del terremoto, seis historias enmarcadas en este escenario que se quedó grabado en la memoria de su ciudad natal. De esta forma, ¿podríamos decir que eso que nos conecta con el origen, llámese tierra vegetación, familia, puede transmitir las sacudidas hacia dentro o hacia fuera de quien las siente? Diciembre es el mes que registra más temblores en México, y esto me hace preguntar: ¿cuántos seres humanos están desplomándose, colapsando por dentro en el último mes del año, todos los años?

¿Cuántas sacudidas puede soportar un país, un mundo, antes de derrumbarse por completo?


Autores
Xóchitl Olivera Lagunes (Ciudad de México, 1985) estudió la carrera de ingeniería agrícola en la UNAM. Ha tomado diferentes talleres de creación literaria. Estudió el diplomado en escritura literaria en Literaria-Centro Mexicano de Escritores. Ha publicado en la revista digital Cronopio y en El Universal. Su primera novela corta, Ojos de gato, se publicó en 2016. Es cofundadora de la revista digital Semillas de Sauce, donde escribe y edita. En 2020 ganó el premio nacional de novela joven José Revueltas.

Ilustrador
Julissa Montiel
Todóloga mexicana, egresada de la Escuela de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Inmersa en la exploración gráfica y textil, busca explorar un lenguaje visual que además de contar historias comunique cambio, cultura y movimiento. Actualmente enfocada en la ilustración narrativa, pretende materializar dentro de su voz el universo que las palabras conforman.
Portada de “La mítika mákina de karaoke” de Juan Pablo Ramos. Tierra Adentro.

Soy tan desdichada… ¡quisiera morirme!

AMANDA MIGUEL

TRACK #1: “MI HISTORIA ENTRE TUS DEDOS”

Les voy a confesar algo: desde niño, además del azúcar, mi principal fuente de energía es la música de Fey.

Cuando llegaba el turno de responder a mis compañeritos de kínder qué quería ser de grande (uno decía: ¡yo quiero ser policía!; y otro: ¡yo quiero ser bombero!; otro más lejos: ¡yo quiero ser astronauta!; otro más cerca: ¡y yo quiero ser como mi papá!), yo les respondía: ¡Pues yo les gano, fíjense! ¡Yo quiero ser como Fey!

La videocasetera era mi refugio. ¡Chingos de veces bailé a ritmo de sus coreografías con el VHS de aquel legendario concierto filmado en el Auditorio Nacional! ¡Qué tiempos! Recuerdo con cariño aquellas frases recitadas en un bosquecito, cortinillas cursis entre cada número musical. Sentada junto a un río, Fey decía: la luna es mi mejor amiga. ¡Qué dulce! ¡Qué azucarado! ¡Azucaramargoso! Y si Fey era mi mejor amiga, y ella la de la luna, eso significaba que nuestro vínculo me acercaba tantito más a la luna, ¿a poco no?

Mi infancia fue arrullada por el sonido estéreo del bubblegum pop mexicano. ¡Qué mejor que la voz de María Fernanda Blázquez Gil! No se equivocaba su tía Gloria: Fey nació para ser una estrella. Enérgica, radiante, por siempre de diecisiete años, así recuerdo a Fey, con su camisa a cuadros amarrada en la cintura, su pañoleta en la muñeca y su sedoso cabello castaño claro, un recordatorio de que los sueños pueden volverse realidad. ¡Pero también las pesadillas!

Una noche lluviosa, hipnotizado frente al viejo televisor Samsung, esperaba impaciente la presentación de Fey en el Festival Acapulco de 1998. Reinaba una atmósfera siniestra, como el comienzo de una peli de terror mexicana setentera. Temía que un apagón más escalofriante que el de Yuri me dejara a oscuras y sin Fey. Para colmo, un pleito con mi jefe dejó hecha un mar de lágrimas a mi jefa. Ella decidió encerrarse en el baño para chillar a moco tendido. Yo no era muy versado en leperadas para ese entonces, pero creo que le dijo “pendeja” y “puta”, y eso que mi jefa no tenía un pelo de tonta y menos de promiscua. Mi jefe aprovechó el encierro de mi mamá en el baño para hacer no sé qué tantas diligencias, guardar cosas, bajar cajas y mentar madres. Luego se salió bien envalentonado, dizque para tomar aire. De no haber permanecido embobado viendo televisión, ¿habría sido distinta mi suerte?

Mi jefa abrió la puerta del baño como si fuera la infortunada protagonista de un culebrón del Canal de las Estrellas, Adela Noriega o un pedo así. Adicta al melodrama, corrió a reproducir en el estéreo el casete de Gianluca Grignani, un italiano que ya pasó de moda y que le gustaba mucho por ese entonces. Se sabía todo el disco y eso que nomás traía un hit, el de “Mi historia entre tus dedos”. ¿Qué habrá sido de Gianluca Grignani?

Para no hacerles el cuento largo, mi jefa y yo notamos algo raro. Mi jefe ya se había tardado en regresar a casa. Las horas pasaban y pasaban y él llevaba un rato considerable “tomando aire”. Qué aire ni qué ocho cuartos, dijo mi jefa, puras pinches caguamas. A mi jefe le gustaba el chupe y había que soportarlo, porque trabajaba de lunes a viernes y traía dinero para la comida. Nos obligaba a tolerar sus rancios tequilas con Squirt y sus partidos de fútbol chaquetos con la estruendosa voz del Perro Bermúdez sonorizando mis pesadillas machistas, sus discos de Rock en tu idioma a todo volumen; los vecinos, asqueados de los berridos de Alex Lora, acababan llamando a la patrulla. Si le llevábamos la contra, si le pedíamos que le bajara y que dejara el trago, amenazaba con ponernos una madriza. Pensé: ¿y si mi papá se abre a la verga no me estará haciendo un favor? Por eso no le dije a mi jefa que lo vi sacar sus triques en una pinche caja de plátanos del Carrefour.

Mi pobre jefa se puso bien ansiosa y salió en su búsqueda. Bastaba una simple vuelta por la colonia. Seguro lo encontraría por ahí fumándose sus faritos. ¡Cómo la volvía loca el cabrón! Alguna vez me dijo que se enamoró de él porque le daba un aire a Saúl Hernández, el de Caifanes. La neta, yo nunca lo vi con admiración. Mi padre verdadero fue Emilio Azcárraga, su monopolio me enseñó todo lo que sé de la vida. En aquel entonces parecíamos una familia de anuncio de campaña del PRI. Casa de interés social nuevecita, vivienda para todos, Tratado de Libre Comercio, Festival Acapulco, ¿qué podía salir mal?

Años después lo supe.

Mi jefa se armó de valor y fue a tocar a la puerta del compadre de mi jefe para preguntar si de casualidad había estado por ahí esa tarde. El méndigo ruco le dijo que sí. ¿Y luego? El compadre titubeó y le entregó un sobre manila. Adentro, una carta y mil pesos para Pablos. Mi jefa arrugó la carta y la hizo cachitos. Ganas no le faltaron de darle una madriza al don. Pero no tuvo otro remedio que darle las gracias, como cortés señora mexicana. Auf wiedersehen, hijo de tu pinche madre.

Cuando empezó el show de Fey a ritmo de los primeros acordes de Popocatépetl, tuve un trágico presentimiento. Vaya señal. La única canción de Fey que nunca me ha gustado es la que encapsula mi triste destino pendejo. ¿A quién se le habrá ocurrido escribir una canción tan babosa sobre un pinche volcán que todo el tiempo amenaza y no hace ni madres? Truenos, relámpagos, explosiones. Mi jefa entró a casa, azotando la puerta, y soltó la fatídica noticia: Pum-pum-Popocatépetl, na-ra-na-nana-na. Pablos, tu papá ya no va a regresar. Ahora solo seremos tú y yo. Nara-nana-na, it’s all right!

¡Cómo olvidar lo mucho que chilló mi jefecita! Me apretujó tanto, que yo también chillé de pura asfixia. ¡Cuánto sufrimiento a los cuatro años! ¿De qué iba a trabajar para ayudar en los gastos del hogar? ¿Acaso tendría que cantar Popocatépetl en los vagones del metro? ¡Puta vida! Mi jefe ya debía estar hasta su madre de escuchar a Fey, de la telenovela Gotita de amor, harto de mí. ¿Y saben qué? Sin pedos. En ese momento confirmé que llevo dentro de mí una máquina de karaoke que suena conmigo en las buenas y en las muy buenas; en las malas y en las nefastas; en las culeras y las culerísimas. Al chile no me da pena admitirlo: el primer cabrón en ghostearme fue mi papá.

 

Les voy a contar una escena telenovelera.

Una telenovela adolescente, juvenil, hormonal, muy al estilo de Muchachitas y Agujetas de color de rosa. Su protagonista busca el amor a toda costa en los solitarios avisperos del Grindr.

Eran las ocho y media de la noche y mi ligue prometió llegar a las ocho. Lo cité en el Sanborns de los Azulejos. Chale, ¿cómo se me ocurrió tener una primera cita aquí con la excusa de venir al festival del mollete? ¡Qué pendejo! Aunque la dinámica de las ciberdates no me es desconocida, siempre me ganan los nervios y me siento como en Doce corazones. Los segundos pasaban como el golpe de un martillo. Mi mano, sin saber qué hacer, revisaba una y otra vez el puto celular. Por mi mente cruzó salir corriendo e irme a mi casa para ver el noticiero de Javier Alatorre, Pare de sufrir o las telenovelas piteras de medianoche de Galavisión.

¡Si tan solo papá diosito me hubiese hecho más guapo! Podría abordar a otro güey cualquiera, uno más chacal. La curiosidad me mantuvo congelado. Y, ¿pa qué les miento?, también la posibilidad de enamorarme. Ora sí, ora sí, me respondió, llegaba en diez minutos. ¡Otra vez los pinches nervios! ¿Y si huelo mal? ¿Por qué no me traje mi loción? ¿Vuelvo a lavarme los dientes?

Mi jefa trabajó en el departamento de perfumería de Suburbia, así que de inmediato reconocí el aroma de Ralph Lauren 4. Así entró Santiago, alto, guapo, distinguido, con una sonrisa de joven promesa de las telenovelas, Santiago era un príncipe de esos que yo no sabía que existían en la vida real: playera Lacoste, alpargatas, cabello largo y relamido. No por nada había protagonizado un capítulo de La rosa de Guadalupe, uno muy conmovedor sobre el acoso escolar. Llevábamos semanas platicando y su conversación me estremecía: acaba de entrar a la escuela de actuación del CEA. De niño salió de extra en Cómplices al rescate. Su papá era compadre de Alfredo Adame. Alguna vez, hace muchos años, en la posada de Televisa, Andrea Legarreta le dijo que llegaría muy lejos.

—Santiago Ruvalcaba, un gustazo.

Se sentó junto a mí. Brindis, sonrisa tímida, manitas sudorosas. De que algo pasa, pasa. Me sentía como una actriz novata en un set de Televisa Chapultepec. Que dominara el papel, es otra cosa.

—¿Nos echamos un mollete?

—No, la verdad no —respondió—. Me cagan los molletes. ¿Y si mejor vamos a la Puri?

Nos fuimos caminando a la Purísima. Traíamos prisa porque a las once de la noche comienza a atascarse. En el trayecto, Santiago tuvo una extraña diarrea de sinceridad:

—¿Te digo la neta? Iba a traerte flores, Pablos.

—¿Y por qué no lo hiciste?

—Porque el último güey al que le llevé flores fue un hijo de la chingada y no se las merecía. Y tú tienes cara de que sí te las mereces. Bueno, ya, ¿para qué te miento? Ash. O sea, la neta, me dio hueva comprarlas.

¡Pensar que estuve a nada de recibir flores por primera vez en mis veintitrés años de vida! Aunque sean un gasto frívolo, me hubiera gustado recibirlas. Tan siquiera unas de Cempasúchil. Santiago tarareaba la canción de reggaetón que sonaba en ese momento. La que dice: yo solo la jalé, la invité y la arrastré y no sé qué. Fui a echar la meada y refrescarme la jeta al baño. Vi mis mejillitas húmedas, mis ojeras, y recordé aquel verso de cierto poeta español que dice: ¡si no fueses tan puta! Nada nuevo. Siempre me siento puta. Puta y fracasada.

Ya con tres chelas encima, nos pusimos a perrear hasta el suelo. ¿A quién engaño? Me caga el pinche reggaetón y no sé bailarlo ni pedo. ¡Vale verga! A veces el amor nace mientras uno baila bien ridículo. Y así le seguimos, una chela tras otra, con toda la pinche selección musical chaqueta de esa noche, que si “Pobre estúpida”, que si La Factoría y, luego, para acabarla de amolar, “Puto” de Molotov. Ya me sentía hasta el huevo y temía hacer un oso que me costara la cita. Es bien difícil velar por la reputación cuando te están pichando la peda.

—¿Sabes, Pablos? No esperaba que fueras así de guapo. ¡Creí que no me ibas a gustar! Eras muy seco en los mensajes, muy intelectual. ¿Te han dicho que te pareces al de Timbiriche?

—¿A Dieguito Schoening? ¿De joven? ¿O ya ruco cuando anunciaba detergente blanqueador? No te pases, eh.

—¡De joven! ¡Obvio!

Al poco rato se unió un cuate de Santiago, un gordito de Sinaloa con un chingo de varo, un culichi bien cagado. Brindamos y bailamos como estrellas de una noche, como las protagonistas de la telenovela Soñadoras. En mi cabeza sonaba únete a la fiesta / únete a la fiesta / pum pum pum pum. La neta, el amigo me daba oso. Yo quería jotear normalito y él insistía en hacerse la maricona kuir deconstruida voguera empelucada en puntas. Al chile ninguno de los tres encajaba en ese mundito gay de masculinas discretas y esbeltas. Nos veíamos bien obvias, locas y jotas.

La Puri siempre se pone hasta el huevo, al grado que no se puede ni caminar entre la multitud. Así somos los mexicanos, nos gusta aplastarnos en todos pinches lados: conciertos, partidos de fucho, antros y el vagón del metro. Ya más prendido, el amigo nos invitó unos shots de mezcal. Nomás por cortesía, simulé dar un trago, y cuando nadie se dio cuenta lo derramé al piso. No me gustaba el chupe, ni el amigo, ni La Puri, pero hacía lo posible por sentirme parte del desmadre. Tal vez así vive la mayoría. Es deprimente. ¿Neta no se dan cuenta? Atraje a Santiago a mis brazos y, muy discretamente, inserté un dedo a su boca, para después irlo deslizando des-pa-ci-to entre sus nalgas, ya ustedes sabrán dónde. Como me mama el desfiguro, valía pito que nos vieran.

La clientela empezó a bajonearse y arrancó la hora nostálgica, junto a los acordes de “No puedo olvidarme de ti” de MDO. ¿Se acuerdan de ese grupo? Era la copia barata de Mercurio. Los Menudo nueva generación, clon insustancial destinado al olvido y los remates de Mixup. Santi dijo que ash, le chocaba esa pinche canción y mejor irnos ALV.

Tras un eructo salvaje, el amigo propuso chingarnos unas chelas en su depa. Nos dirigimos al estacionamiento donde Santi dejó su troca. Ahí, mientras esperábamos, se acercó una niña pobrecita vendiendo mazapanes. Apenas la miró, le dijo:

—Sorry, nena. Solo traigo tarjeta. Puro plástico. Sorry.

Pasamos en chinga a un Seven Eleven y nos llevamos unos Four Loko de limonada rosa. Solo por el compromiso de verme cool le di unos sorbitos. Traía unas pinches ganotas de Santiago, pero el amigo me daba una pinche hueva cósmica. Cada cosa que decía el sinaloense me exasperaba: que si la nueva canción de Yuridia, que si la nueva nariz de Belinda, que si el nuevo tip de Yuya, que si el nuevo video de los Jonas Vloggers, ¡pura pendejada! Simulé un sueño tremendo y le pregunté a Santi si podía darme un aventón. Aceptó.

Me sentía pleno y de maravilla… pobre pendejo. Desempleado tras acabar la carrera de Letras, mi jefa me mantenía con un sueldo nimio: en las mañanas trabajaba en un puesto como distribuidora de catálogos de Avon, Jafra y Mary Kay; por las tardes chambeaba en telas Parisina. Pero me sentía increíble. Ahí, con ese desconocido. Livin’ la pinche vida loca.

Los árboles, las farolas, la velocidad de la camioneta, todo parecía un videoclip ochentero. Cuando llegamos a mi colonia, Santiago preguntó si por ahí asaltaban. Le dije que nel. Lo peligroso empezaba más allá, donde están las chicas buena onda y los moteles, ese rollo heavy de Tlalpan. En mi zona vive una clase media baja desganada e inofensiva. Se estacionó y nos acomodamos en el asiento trasero. Encendí la radio. Algo suave, delicado, para inspirarnos: Amor 95.3 FM, solo música romántica. La dulce voz de Gianluca Grignani amenizaba la cita: HAY UNA COSA QUE YO NO TE DICHO AÚUUN.

—Esas canciones viejitas me recuerdan a doña Mary.

—¡Qué lindo! ¿Y quién es doña Mary? —pregunté—. ¿Tu mamá?

—No, güey. Mi chacha. Perdón…, la señora que hace el aseo en mi casa.

Nos quedamos viendo sin decirnos nada. Sonó “Hoy tengo que decirte papá” de Timbiriche. Qué oso.

—Quiero que sigamos viéndonos, Pablos, que me conozcas en serio, presentarte a mis amigos del CEA. Pero siento que vamos a dejar de vernos.

—¿Es neta, Santiago?

—Muy neta. Literal. Siempre me pasa.

—Mejor cállate y cógeme, ¿va?

Nos encueramos en chinga. Dobló mis rodillas y me mamó el culo, acá, como pinche oso hormiguero. Sacó condones de una cajita de mentas y se colocó uno. Nomás hay fluorescentes, ¿no hay pedo? No hay pedo. Mejor cerrar los ojos y no ver cómo la tiene. Conforme entraba, sentí que aquello que me metía era un objeto que no era un pito exactamente: tal vez un lápiz, un desarmador, un gusano de gomita. Para colmo brillaba en la oscuridad, de seguro parecía el pito de un extraterrestre. Coito exprés, torpe, depurado. Ninguno se vino y nos vestimos como si nada. Un último beso y la promesa de volver a vernos.

—Perdóname por llegar tarde, jefecita. Pasé la noche con un chavo turboguapo, actor de telenovelas. Fuimos a tomar unos drinks y después estuvimos platicando aquí afuerita. ¿Quién quita y este es el de a de veras?

—Ashushushu… —respondió mi jefecita adormilada.

Sé que sueno bien cursi e intenso clavándome en la primera cita, pero así vivo, atrapado en un melodrama donde siempre suenan los hits fugaces del pop en español.

 

Al día siguiente Santiago se fue a Acapulco con sus papás. Pinche semana, se me hizo eterna. Nada peor que esperar a un ligue. Genera una ansiedad de los mil diablos, ¿a poco no? No sabes si le gustas, si te odia o si le gustas, pero también te odia. Peor aún, me dieron ganas de querer saberlo todo con tal de hacerle plática: qué había comido, qué traje de baño usaba, en qué aerolínea se regresaría, si visitó La Quebrada, si un niño costero le movió la panza, si se puso bloqueador, si era alérgico a los camarones y si me compró un collarcito.

Cuando volvió, me decidí a marcarle. Me dijo que no tenía muchas ganas de salir de fiesta, pero que pasaría por mí. Me iba a mandar un Whats. Desde ahí sospeché que algo andaba mal. ¿Qué hago para que los hombres pierdan el entusiasmo tan rápido?

Me lancé al Balagan, un bar bien pitero en el Centro Histórico, escondido en la calle de San Jerónimo. Caguamas baratas y gente rara: aspirantes a escritores, metaleros prepotentes, oficinistas quebrados, indigentes, tarotistas, estafadores, reggaetoneros nefastos, chavitas del Claustro que se creen Pita Amor y supuestos hijos de los poetas infrarrealistas originales que van a prolongar allí su mentira bolañesca.

Por ahí andaba Elena, una chica rara entre las raras, de lentes de botella como los de las abuelitas. Vestía un suéter tejido y holgado y una falda de hippie. Su look no era muy habitual, y su oficio menos: es geóloga y se dedicaba a investigar el subsuelo de la pirámide de Cuicuilco. A Balagan llegas con tu celular y lo conectas al cable auxiliar del estéreo, y unos tarados habían puesto Mago de Oz. Elena se burlaba de la música y me animaba a desconectarla para poner a Laura Pausini.

Recibí un mensaje inesperado. Era Santiago cancelándome el plan. Sus papás dizque no le habían soltado lana. Le respondí que no había pedo, no teníamos que gastar. Podíamos ir por un café y caminar. ¿A quién no le gusta el café y caminar? Podíamos ir a El Jarocho, más barato y con azúcar mascabada. Ni así quiso. La neta pierdo la paciencia en chinga, más cuando siento que mi orgullo está en peligro. Le escribí que no volviera a buscarme, que me daba hueva, mejor hasta ahí y a chingar a su madre. Él solo dijo: okey. ¿QUÉ?

Le ofrecí disculpas y propuse que volviéramos a vernos. Los minutos pasaron y su respuesta pasó de cuatro caracteres a cero. Otro ligue estropeado. Otra esperanza arruinada.

Bateado y rancio, Elena me dio un aventón a casa. Traía una playlist con éxitos pop en español que me dejaba un nudo en la garganta. Soundtrack perfecto para una noche de rechazos. Bale berga la bida. Balen berga los batos.

—Ya no me respondió nada, Elena, ¡soy un imbécil!

—Lo siento, cariño. No estaba escrito en los astros.

—¡Pero dijo que quería volver a verme! ¡Los hombres inventan que quieren volver a vernos, pero no quieren volver a vernos jamás!

—Así es, cariño: te cogen, después te olvidan. Hace unos años cogí con un cabrón, la mejor cogida de mi vida. Me compró un vino mamón del Superama y juró que me pondría una rola que lo hacía llorar. Y yo, por supuesto, pensé: este cabrón me va a poner una mamada tipo Maná. Güey, me puso “Ángel” de Belinda. ¡Te lo juro! Y estuvo chingón. ¿Crees que volví a verlo? Ni madres. A veces escucho la canción esa y lo recuerdo. Es lo único que me queda: el puto recuerdo.

—Ando igual, Elena, haciendo lo mismito con las canciones, ¿te acuerdas de “Mi historia entre tus dedos”?

—Por supuesto, ¡no mames! Pinche italiano, mi prima era su fan y se lo echó.

—Es como si el pop en español capturara aquellos momentos fugaces que son a la vez lo peor y lo mejor de nuestras vidas. Como si mis gustos musicales de la infancia se transformaran en el talismán de mi vida adulta.

Al bajarme del carro, no pude evitar voltear hacia el punto exacto en la banqueta donde, una semana atrás, Santiago había tirado el condón usado que algún vecino humillado debió barrer a la mañana siguiente. De haber podido, habría guardado aquel condón en mi cajita de recuerdos.

Santiago Ruvalcaba, si volviera a verte, no reescribiría ni una coma de esta historia. Como canta Grignani, yo pienso que no son tan inútiles las noches que te di, aunque haya sido nomás una.


Autores
(Ciudad de México, 1993) es narrador y ensayista. Maestro en Letras Españolas por la UNAM, es autor de Emerson en Tijuana (Máquina de Aplausos, 2019) y La mítika mákina de karaoke (FCE, 2022). Sus textos se han publicado en Letras Libres, Tierra Adentro y Nexos. Ha colaborado en Montez Press Radio, House of Vans y Dover Street Market París. Ha sido beneficiario del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales en el área de Ensayo Creativo (2023-2024).
Portada de "Noti-calle" No.27, Julio 2022.
Portada de “Noti-calle” No.27, Julio 2022.

En la sala común de la Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”, cerca del mercado de la Merced, conversaban tres personas. Sus relatos reverberaban más fuerte que los gritos de los vendedores al vocear la mercancía. “Yo tengo mucho que contar”, interrumpió alguien en la charla, “un día, después de terminar el servicio, mi cliente me encerró en su casa, y sacó un machete. Quería matarme. Como pude me defendí y escapé de ahí”.

La mujer de corta estatura que la escuchaba respondió con una anécdota similar: “Una vez quisieron levantarnos. Eran dos gorilas armados, entonces yo salté hacia la cara de uno de ellos, y le arrebaté la pistola. Lo sueltas o se los carga la verga”, amenazó a los policías que encañonaron a su compañero Jaime Montejo. Después arrojó el arma a una cloaca abierta. El acto solo postergó la paliza que recibieron a manos de otros judiciales, de acuerdo con Putas, activistas y periodistas (Brigada Callejera y Desinformemonos, 2018).

Portada de "Putas, activistas y periodistas", Brigada Callejera y Desinformemonos, 2018.

Portada de “Putas, activistas y periodistas”, Brigada Callejera y Desinformemonos, 2018.

Con el temple de quien sobrevive entre el caos, dio media vuelta, extendió una sonrisa y se presentó: “soy Elvira Madrid, manito”. Madrid, o mamá Elvira, como la llaman, se acerca a los 65 años de edad. Ha presidido la Brigada Callejera desde 1993, organización especializada en la defensa de los derechos humanos, civiles y laborales de las trabajadoras sexuales y mujeres trans así como migrantes en situación irregular.

Elvira Madrid en La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

Elvira Madrid en La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

Madrid ha visto cómo el trabajo sexual independiente es travesado por la trata de personas con fines de explotación sexual. Este delito es definido como toda acción u omisión dolosa de una o varias personas para captar, enganchar, transportar, transferir, retener, recibir o alojar a una o varias personas con fines de explotación, de acuerdo a la Ley General para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y Para la Protección y Asistencia a las Víctimas de estos delitos.

La diferencia entre trata de personas y trabajo sexual es la autonomía con la que se ofrecen servicios sexuales y/o eróticos a cambio de algún tipo de ingreso, como se explicó en la introducción de la segunda encuesta sobre trabajo sexual, elaborada en 2021 por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED).

Sin embargo, desde el 2020 a lo que va del 2022, el trabajo sexual independiente ha enfrentado extorsiones de grupos delictivos y policías. Los resultados de la segunda encuesta del COPRED, arrojan que la policía ha violentado al 78.7% de las trabajadoras agredidas por alguna instutución.

La Brigada ha identificado a dos altos mandos policiales que cobran derecho de piso en tres ubicaciones: “Puente de Alvarado, Av. México-Tenochtitlán y Jardín de San Fernando, entre ellos se reparten estos puntos de la alcaldía Cuauhtémoc”, refirió Arlen Palestina, abogada del área jurídica de Brigada Callejera, donde a lo largo del 2022, se han abierto 160 carpetas de investigación por extorsión, y trata de personas; pero solo se han judicializado 22.

Palestina explicó que la gran mayoría de los perpetradores son miembros del crimen organizado, cuya impunidad comienza desde el poder judicial. También esclareció que solo cuatro carpetas implicaron a dos extrabajadoras sexuales, quienes explotaron sexualmente a otras mujeres. “Ellas están en la cárcel de Santa Marta, pero bajo el delito de extorsión, no de trata de personas”, reprochó la abogada el veredicto del caso.

Palestina exigía que los involucrados en trata de personas fueran encarcelados por ese delito. Una petición rechazada en varias sentencias en las que ha participado la abogada. “También hay dos chicos que están en el reclusorio oriente, de nuevo, por el delito de extorsión”.

 Tres modelos frente a la criminalización

Aunque los cobros por derecho de piso fueron denunciados por la Brigada, la omisión por parte de las autoridades ha afectado a las 15 mil 200 trabajadoras sexuales de la CDMX, en especial a quienes ejercen en los tres puntos que mencionó Palestina en la alcaldía Cuauhtémoc, donde se concentra el 37.3% de las trabajadoras.

Existe la posibilidad de reducir las extorsiones a través de la Sentencia del Juicio de Amparo 112/2013, resuelto el 31 de enero de 2014, por la jueza federal, Paula María García, en la cual se obliga al Gobierno capitalino a reconocer como trabajadoras no asalariadas, a las/los trabajadoras/es sexuales que laboran en la CDMX, cuando no exista una relación obrero patronal reglamentada en la Ley Federal del Trabajo, incluyendo el derecho a formar sindicatos.

Elvira Madrid explicó que, debido al mandato de la jueza, el Gobierno de la CDMX debería expedir las credenciales de trabajadoras no asalariadas, a través de la Secretaría del Trabajo y Fomento al Empleo (STyFE). Los requisitos para obtenerlas son una  identificación oficial que compruebe su mayoría de edad, acta de nacimiento, CURP y cuatro fotografías. La información que se concentra en las credenciales indica su nombre, donde trabajan y los horarios.

En 2016, sólo 177 trabajadoras sexuales de un total de 250 mil contaban con la credencial. El proceso se ha detenido desde que inició la pandemia por Covid-19 en 2020, a pesar de que la Brigada gestionó 2 mil 500 solicitudes durante el 2022, y alrededor de 3 mil del 2020 al 2021. “Yo creo que vamos a implementar ya un juicio, haremos constar que ellos no están cumpliendo”, adelantó Madrid la reciente iniciativa del área legal de la Brigada.

Mencionó que las autoridades niegan la existencia de las solicitudes. Otra respuesta que han escuchado es el rechazo de la autorización por parte de las alcaldías para que las trabajadoras sexuales laboren en las calles. “Pero la alcaldía no tiene el derecho de dar los permisos”, Madrid se refirió a la sentencia 112/2013. “Al tener un permiso ya ni el padrote, ni la policía pueden llegar a exigir dinero. Por eso no quieren dar las credenciales”, agregó.

Desde el 31 de enero del 2014, el trabajo sexual es reconocido como una actividad económica, sin penalización ante la Ley de Cultura Cívica del Distrito Federal, en el artículo 24, fracción VII.

La criminalización a las trabajadoras sexuales aún supone un riesgo recurrente. Las observaciones de la Brigada en los 28 estados de la República donde hay trabajo sexual, identifican el aumento de las condiciones negativas cuando se criminaliza a quienes ejercen esta actividad. Debido a la persecución, “las chicas quedan relegadas a condiciones más cabronas, incluso al narco, en un clima de corrupción e impunidad”, especificó Madrid.

Hay precedentes de dos modelos que México podría considerar en la regulación del sector: “el abolicionista y el legal”, enlistó la doctora Alejandra Buggs, psicóloga clínica, especialista en Estudios de Género y fundadora del Centro de Salud Mental y Género. La doctora ahondó en la experiencia de otros países bajo estos esquemas y retomó el artículo: El sistema de prostitución como legitimador de la dominación de las mujeres, escrito por la investigadora Frida Hernández.

En el texto, se registran las consecuencias de Países Bajos al implementar el modelo legal del trabajo sexual, entendido como una actividad comercial y voluntaria, en el 2000. Contrario a lo esperado, para el 2017, el número anual de víctimas de trata de personas aumentó a 6 mil 250; de las cuales, el 67% fueron violentadas con fines de explotación sexual.

Alemania, uno de los países en adoptar el mismo modelo en 2002, exigió a las trabajadoras y propietarios de burdeles pagar impuestos mientras accedían a la seguridad social. En 2016, se observó que el 95% de quienes ejercían el trabajo sexual eran mujeres extranjeras, la mayoría en condiciones precarias. La explotación aún representaba un problema, pese a la prohibición de tarifas bajas  a cambio de múltiples servicios sexuales.

El modelo abolicionista se fundamenta en la defensa de Derechos Humanos y la protección a las trabajadoras sexuales. Fue implementado en Suecia durante 1999, y sanciona tanto a los consumidores del trabajo sexual como proxenetas. En los primeros 10 años, se redujo a 8% la población que contrataba servicios sexuales. Además 40 hombres han sido sentenciados por trata.

De acuerdo con el artículo de Frida Hernández, citado por la doctora Buggs, México se adscribe en el “modelo reglamentario”, que entiende a la prostitición como inevitable y exige a quienes la ejercen a realizarse exámenes de enfermedades de transmisión sexual, o restringir su labor a en determinados lugares.

Elvira Madrid comentó que criminalizar al cliente y a las trabajadoras sexuales es una regularización inútil, incluso contra la trata de personas. La directora de la Brigada ha exhortado a las autoridades a continuar con las carpetas de investigación y denuncias que gestionaron del delito.

Propuso que el dinero incautado de los involucrados en la trata de personas debería entregrarse a las víctimas; de esa forma, “podrían puedan hacer su vida. Eso es un verdadero rescate”. Reconoció que el Estado falló al coartar sus derechos a la educación, salud y un empleo formal.

Madrid insistió en la necesidad de crear un presupuesto gubernamental para prevenir que una persona recurra al trabajo sexual debido a la precariedad laboral, o el desempleo. “Esto lo vimos en la pandemia: el 50% de las compañeras que ejercieron, ni siquiera tenía contrato en los trabajos donde las corrieron”.

Aclaró que la mayoría de las mujeres encuestadas, laboraba por un salario debajo del mínimo, en una jornada mayor a ocho horas. “Eso es trata laboral, y hay un chingo”, determinó. Conforme a los datos recabados por la Brigada respecto a la situación social de las 15 mil 200 trabajadoras sexuales, el 75% son madres solteras y en promedio tienen tres hijos. “De acuerdo a nuestras estadísticas, las compañeras sobreviven con el 30% de lo que solían ganar”, puntualizó Madrid.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

La Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer, “Elisa Martínez”. Cortesía de Diego Durán.

Los limitantes de la regulación

Si bien el trabajo sexual ofrece una alternativa para generar ingresos, el 67.3% de la población encuestada por el COPRED afirmó que dejaría esta actividad. Entre las principales razones resaltan la aspiración a tener un empleo formal, la discriminación y violencia en las calles.

Geraldina González de la Vega, presidenta del COPRED, identificó que el principal generador de agresiones hacia las trabajadoras se deriva de los prejuicios respecto a si un hombre, mujer, o persona no binaria, puede tomar una decisión para dedicarse al trabajo sexual, como una opción para obtener dinero.

Detalló que hay dos discursos que obstaculizan una regulación legal. Una viene desde la corriente abolicionista, “que consideran que las mujeres son objetivadas, y que no deberían usar su cuerpo para obtener un ingreso”. El otro considera inmoral el trabajo sexual, “porque las relaciones sexuales deben tenerse únicamente dentro del matrimonio”.

Ambas posturas generan temor en las autoridades, “porque quieren evitar que se piense que se está legalizando el abuso de los cuerpos de las mujeres”, aclaró González de la Vega y enfatizó que es fundamental diferenciar el trabajo sexual de la trata de personas con fines de prostitución.

Las sobrevivientes de este delito y las trabajadoras han sido la población más vulnerable a las agresiones de género. La doctora Bugss, junto a sus colegas, han observado las consecuencias que las víctimas de trata enfrentan después de atravesar un proceso de cosificación a manos de sus agresores.

Cuando logran escapar, comentó la doctora Buggs, presentan una depresión profunda y han atravesado por intentos de suicidio. Una de las mayores dificultades en el acompañamiento que ofrece el grupo de expertas en salud mental es fomentar el autocuidado en las pacientes. Es el primer paso que se intenta alcanzar con las mujeres violentadas para que ellas mismas ejerzan sus derechos.

La labor de la doctora Buggs se ha complicado, “porque las sobrevivientes suelen sentir que no merecen vivir mejor”. Explicó que para estas mujeres es complicado darle valor a lo que está percibiendo, “porque han creído en quienes se convirtieron en sus agresores”.

Desde el Centro de Salud Mental y Género, las terapéutas concordaron con la Brigada al señalar a la policía y el crimen organizado como los perpetradores de distintas agresiones de género contra las trabajadoras sexuales. “Las golpean, o las drogan”. Incluso, la doctora Buggs contempló a los clientes como agresores comunes, quienes de acuerdo al COPRED, han violentado al 69.2% de las mujeres encuestadas.

“Lamentablemente”, agregó la doctora Buggs, “por no llevar a cabo las leyes cómo debería ser, tanto quienes explotan a las mujeres sexualmente, como quienes contratan sus servicios, se sienten con el derecho de poderlas violentar”. De esa forma comienza un ciclo de impunidad en el que la discriminación invisibiliza a las trabajadoras.

González de la Vega consideró que los estigmas revictimizan a quienes ejercen el trabajo sexual en las calles. Conforme a sus conclusiones, la gente califica de inmoral a una persona que gane un ingreso con su sexualidad. La doctora Buggs coincidió en que los prejuicios suponen un daño mayor, y comienzan desde el sistema patriarcal que acota las relaciones sexuales en el matrimonio.

“No se trata de ver a la prostitución como algo malo”, planteó la doctora Buggs, “sino que se convierte en algo negativo en el momento en el que hay violencia de por medio”. González de la Vega observó que las personas trans dedicadas al trabajo sexual son señaldas por mentir respecto a su identidad de género”. Debido a estos factores, son criminalizadas”. De hecho, el COPRED contabilizó a 87 mujeres trans que han sido agredidas en comparación con 42 mujeres cis.

Respecto a los objetivos que debería perseguir una regulación del trabajo sexual, en primera instacia, el COPRED llama a la sociedad y a las auturidades a reconocer legalmente esta actividad como un trabajo. Así, se promovería la protección a los derechos humanos de quienes decidan ejercerla.

El COPRED enfatiza en la necesidad de adoptar un enfoque integral en el acceso a servicios de salud y oportunidades educativas. Las políticas públicas tendrían que desarrollarse con perspectiva de género para garantizar la seguridad ciudadana y evitar la revictimización en las instituciones de justicia.

Además, González de la Vega confirmó la activación de una mesa de diálogo por parte de la Dirección General de Diversidad Sexual y de Derechos Humanos para gestionar mejor las propuestas sobre el respeto a los derechos de las trabajadoras sexuales.

Por otra parte, la doctora Buggs consideró que la creación de campañas gubernamentales para sensibilizar a la población respecto al tema, podría significar un buen inicio hacia la regularización. Ante la vulnerabilidad, las trabajadoras sexuales exigen programas que puedan garantizar la seguridad social por medio del reconocimiento a su labor, incluso para las y los adultos mayores que ejercieron el trabajo sexual, como las residentes de la casa Xochiquetzal.

Noti-Calle: periodismo del trabajo sexual

El acceso a la educación ha sido un objetivo primordial para el Centro presidido por la doctora Buggs y el COPRED, cuya labor también se concentra en la difusión de los derechos humanos y el autocuidado de la salud sexual para las trabajadoras.

La Brigada coordina acciones enfocadas a la misma finalidad, y lo consigue mediante su propio medio de comunicación: Noti-Calle. La publicación mensual editada y dirigida por trabajadoras sexuales, surgió en 1996 con la misión de informar a las trabajadoras sobre el uso del condón, los centros de salud donde pueden acudir si necesitan atención médica o psicológica y visibilizar la realidad que resisten en las calles.

Portada de "Noti-calle" No.27, Julio 2022.

Portada de “Noti-calle” No.27, Julio 2022.

Madrid recordó que cuando los medios entrevistaban a sus compañeras, nunca se publicaba lo que ellas decían, salvo los precios por sus servicios y una imagen sexualizada bajo el estereotipo: “las chicas del tacón dorado”. Jaime Montejo, integrante de la Brigada, sugirió escribir noticias desde sus experiencias. Así comenzaron los talleres de periodismo comunitario, impartidos cada lunes y el programa radial, Radio Talón.

Noti-Calle significó una herramienta contra la alfabetización. De acuerdo a la Brigada, el 60% de las trabajadoras sexuales en la Merced vienen de comunidades en extrema pobreza, “y es común que no sepan leer”, aclaró Madrid, “por eso aquí vienen, y las ayudamos a terminar su primaria,  secundaria y preparatoria. Ahora una compañera ya se va a la Universidad, de lo que estamos muy orgullosas”.

A través de Noti-Calle, las madres solteras pueden enterarse de los distintos apoyos de despensa que brinda la Brigada. Una actividad complementaria es el desarrollo de becas para los niños. Madrid llegó a gestionar 300 becados en un sistema que requiere una madrina o padrino para comprar útiles escolares y la atención de la mamá para que lleve a sus hijos a diario a la escuela. Los estudiantes deben mantener un promedio mínimo de ocho.

“Yo estoy segura de que la única manera de combatir los problemas estructurales es con la educación”, repitió Madrid el lema con el que Noti-Calle acerca el conocimiento en cuanto a derechos humanos a personas como Valentina Jiménez, mujer trans de 40 años, quien solía insultar a los policías que la extorsionaba, “porque no conocía mis derechos. Aquí viene a aprender”, evocó Valentina el progreso que ha tenido en cuatro meses de colaborar en Noti-Calle.

Valentina participó en talleres de entrevista, donde las trabajadoras enuncian sus cuerpos. En Noti-Calle, ellas alzan sus voces para dejar atrás la tarea exclusiva del periodismo tradicional, que elegía a quien darle voz. Frida Mendoza, periodista especializada en género, celebró que estos preceptos sean abandonados con la autogestión Noti-Calle, y reconoció que los medios deben capacitarse en perspectiva de género con especialistas o colectivos.

“El periodismo es algo muy importante, porque nos tenemos que actualizar sobre el cuidado a la salud”, dijo Valentina. Sus ojos cafés e inquietos encuentran un momento de sosiego en la página en blanco frente a ella. Esperó unos segundo e interrumpió el mutismo: “Todas tenemos una historia. Yo tengo mucho que contar”. Su voz, perdida entre el valor y lo sombrío, es la misma que se enfrentó a la brutalidad de un agresor armado con un machete.

“En un futuro voy a contar mi propia historia en Noti-Calle”, anunció. Al compartir sus experiencias, las trabajadoras se liberan y practican la cultura de denuncia. El resultado de este acercamiento con el periodismo derivó en la publicación de Putas, activistas y periodistas (2018), editado por la Brigada y Desinformémonos ediciones. El libro tardó siete años en terminarse, y narra la vida de las trabajadoras que fueron expulsadas de sus hogares o intercambiadas por bienes durante su niñez.

Los testimonios para el libro fueron registrados bajo una perspectiva de género, enfocada en evitar revictimizar a las mujeres que han sido agredidas. Estas bases son las que Mendoza recomienda al hablar de trabajo sexual: una redacción adecuada a favor de los derechos humanos y hecha desde la empatía, con la que se descarte la polarización.

Una vez más, contar historias de vida desde las calles, se ha convertido en un acto de resistencia contra la impunidad del crimen organizado y la indiferencia por parte de las autoridades. El trabajo sexual, aunque fue reconocido de forma legal, aún está en disputa ante los estigmas de una sociedad acostumbrada a invisibilizar las otredades.

Las trabajadoras sexuales visibilizan su realidad desde distintos frentes, unidas para exigir respeto y dignificar su labor. En palabras de Madrid, “no solo es saber tus derechos, sino hacerlos valer y judicializarlos”.


Autores
Diego Durán nació en la CDMX en 1996. Egresado de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación y Periodismo, en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Ha colaborado en medios de comunicación periodísticos y culturales como Chilango, Tierra Adentro, Fondo de Cultura Económica, Grupo Expansión e Infobae.