Existe una discusión —tanto en narrativa como en drama— sobre la voz del autor, frecuentemente se considera que ésta no debería aparecer en sus propios textos, como si el escritor fuese capaz de abstraerse a poder entrar en la piel de los personajes (cuestión que a mí me parece fundamental).
La lectura de Enrique Vila-Matas suele ser fascinante pero también abrumadora, te coloca con facilidad en sus terrenos, hace que lo acompañes en el viaje pero no permite que seas simplemente un lector pasivo.