Despertó en la oscuridad sintiendo asco, un asco denso, primitivo, provocado por la fetidez acumulada de miles de cadáveres pudriéndose al mismo tiempo.
¿Tú, cuando sueñas que bailas, no rompes el paso, no vuelas con prisa a diferencia de cuando corres en los sueños? Porque ahí el sonido es lento, es mortuorio.
Sentí el olor a carne putrefacta cuando me acerqué al apartamento y se me revolvió el estómago, no tanto por el asco, sino por la molestia que me invadió el cuerpo cuando imaginé lo que había pasado;—dejó basura pudriéndose en la cocina, como siempre —, dije para mí misma, casi segura de lo que suponía.
¿Qué es lo que hace a una casa terrorífica? Parafraseando a Mircea Eliade, la casa es una imagen del mundo, incluso una imagen del cuerpo o de los cuerpos, de quien o quienes la habitan.