DELANTE DE MÍ ESTÁ LA PISTA DE CORRER y el viento que desciende de las copas más altas de esos árboles variaciones de tonos verdes movimientos luz comienzo las primeras pisadas pensando en mi respiración que debe llevar la carrera la mente en mi cuerpo mis piernas endurecen en el esfuerzo por subir las pendientes jadeo otros jadeos pienso que es el último kilómetro en la colina desciendo siento el golpe del pecho mi corazón la sangre correr por mi cara caen las primeras gotas que se resbalan hacia la espalda pero quedan atrapadas en el círculo que forma mi playera en el cuello suave se junta un charquito a momentos frío cuando el aire lo pega a mi piel me asombro de estas piernas que avanzan a este cuerpo me pregunto hasta dónde podrán llevarme y pienso el día que subí una montaña desde antes del amanecer para ver el cielo la luna después los primeros tonos del sol encendiéndome un aire fresco casi frío sobre mi cara seguir caminando un placer primero en la respiración el sonido de los pasos la sangre saliva el viento quedito hasta que pasan las horas el dolor insoportable y el cuerpo casi comienza a desaparecer
DISPARO CON PISTOLA DE AIRE COMPRIMIDO
Los juegos olímpicos de París me trajeron a Kim Ye-ji
y ahora imagino que soy Hervé Joncour, y ella
la muchacha
(en este poema)
con ojos de sesgo oriental frente a mí
escuchando la historia de mi vida
sin despegar la mirada hasta que el agua
tibia en una taza al borde de mi boca
nos suspende la contemplación
en el silencio que en seguida corto aún
en la dulzura de mis labios humedecidos.
Treinta y uno
Voy a empezar por el cuerpo,
por los ovarios reventados
entre las palabras y las letras
y lo que poco a poco
he interpretado como hambre.
UÑAS: PLIEGO DE PRINCIPIOS
Si he de hablar de mis uñas
lo haré asida a esa piel, la más fina
donde mi cuerpo se alarga
como las ramas tiernas del árbol
que juegan con el aire más endeble.
Llueve y sonríes al sentir la lluvia que, muchos años después, sigue cayendo
Antonio Deltoro
Nunca he pensado que alguien me odie por tener un cuerpo con parálisis cerebral, quiero decir, que esa sea la razón por la que alguien, sin conocerme, me mire con malos ojos.
Llegarán las urracas,
escucharán aullidos,
no de fantasmas
ni de criaturas templadas en las sombras
sino de mujeres: llorarán mi muerte:
esta tarde han puesto un aviso en el pueblo:
Nadie sabe dónde mi cuerpo ha quedado.
SAFO EXTRAÑA SU VIRGINIDAD
Quizá sepa Safo que nadie
le quitó nunca nada
que ella no pudiera reemplazar
nada más que eso:
un estado del cuerpo
al que no se vuelve
la virginidad es como
un acto de habla
un día está y otro ya no
y nada puede hacer
que volvamos a ese estado
no de pureza
de soledad.