Tierra Adentro

Lírico que no líquido: no lírico.
Líquido sí que fluye, sacia y limpia;
pero también al lodo que reinventa
le impide mutar arroyo en veneno
si pierde la emoción de la cascada,
el casquete más corvo, el excremento
que le sobra a los tantos versos largos.
Y la pasión llueve formas impuras
para encallar al arte en vida nueva.

Lírico que no líquido: no cántaro,
no encanta, no luye la luz ni canta,
se pierde en carismas impresionables;
no va con el texto ni alza la falda
para revelar al fondo, este lienzo
dispuesto a empatar costuras y tintas.
Y la pasión llueve formas serenas
para nombrarse a sí con nuevos signos.

Lírico que no líquido: no crítico,
no insano, no simiente sorda, mórbida;
no loa, no ala, no alaba: calla
o apetece vivir de erarios públicos
que lidien con el ego y sus desgracias.
Y la pasión llueve formas masivas
para trinar en tono adolescente.

Siempre en llamas, suplico —por favor—,
los que se precipitan en cascada.
Nada de líquidos que no me incendien,
Nuevo método para hacer gárgaras
con lírica (sin ser cursi)
si no es gasolina, sin su llamado
de fuego, sin el cántaro en las llamas.

Nómbrame y soy la flama sin el metro,
el fuego romano, la piedra líquida:
soy lava, soy más agua que no canta,
sólo se evapora, vive o desiste…
y se enamora de formas impuras.
Lírico que no muta en magma: llámale
burócrata de un verso bien medido
pero desmedido en sus pretensiones.


Autores
es poeta. Es coautor del libro La línea de sombra. Ensayos sobre Sergio Pitol (2009), y de la plaquette de poesía Canta Caín & Pesca fantasmas (2009).

Source

Programa Cultural Tierra Adentro

Existen muchos libros con el tema del embarazo, pero ninguno como éste: no se trata de una celebración sino de la detallada crónica del horror cotidiano al que se ve expuesto su protagonista cuando se entera de que va a ser padre. Escritor en ciernes y curtido en el arte de ser despedido del trabajo, Daniel encarna al clásico perdedor, aquel que no puede ni quiere tomar las riendas de su vida, y cuya defensa es el cinismo. Cuando se ve en pijama, desempleado y convertido contra su voluntad en un ama de casa, su único recurso es aferrarse con uñas y dientes al macho que ya no puede ser.


Autores
Ilustración realizada por Hilda Ferrer
Ilustración realizada por Hilda Ferrer

¿Cómo fue el primer gesto de Orgullo en México? ¿Quién osó, por primera vez, alzar la cabeza y anunciar con descaro su diferencia? ¿Cuál fue el origen de eso que hoy llamamos Orgullo LGBTIQ+, y que quizás mañana llamaremos de otra manera? La pregunta podría parecer ociosa, porque las genealogías del movimiento LGBTIQ+ en México y el mundo ya están bien establecidas. Pero algunas investigaciones han tratado, con justicia, de arrebatarle a los disturbios de Stonewall su título de cuna del Orgullo.

En los Estados Unidos, Susan Stryker ha planteado una interpretación que sitúa a “Stonewall en medio”; es decir, sólo como una coyuntura decisiva en una serie de acontecimientos. La costa oeste —California en particular— fue también protagonista de breves motines contra la brutalidad policiaca que precedieron a los de 1969 en Nueva York. Pablo Ben y Santiago Joaquín Insausti han estudiado el caso del Frente de Liberación Homosexual de Argentina, cuya organización no sólo antecedió los disturbios de Stonewall, sino que abrevó del peronismo y las tradiciones de la izquierda argentina, e incluso de documentos de los Black Panthers.

En México, sabemos de lo crucial que fue el año de 1978, en el que un pequeño grupo del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria se unió a la marcha en la que la izquierda mexicana conmemoraba los diez años del inicio del Movimiento Estudiantil, reclamando una amnistía para la disidencia de izquierda y la liberación de los presos políticos. Sabemos, también, que ese 2 de octubre se unieron otros dos grupos a la marcha que conmemoraba los diez años de la matanza de Tlatelolco: el Grupo Lambda de Liberación Homosexual y el Grupo Autónomo de Lesbianas OIKABTEH —acrónimo maya que se traduce como “Movimiento de mujeres guerreras que abren camino y esparcen flores”. Al año siguiente, en junio de 1979, la ciudad de México vería su primera Marcha del Orgullo.

¿Pero de dónde surgió el impulso para estas movilizaciones? ¿Hay acaso un origen más profundo, anterior, que explique la salida a las calles, la necesidad de nombrar, de enunciar de una vez por todas nuestros placeres, nuestras identidades, nuestras prácticas y nuestros afectos? Una respuesta sencilla se remontaría a las organizaciones que, sin manifestarse en las calles, hicieron el trabajo previo. Habría que hablar del grupo SexPol y de los ejercicios terapia reichiana con que buscaban fortalecer el amor propio. Tendríamos que referirnos a aquellas militantes que señalaron la necesidad de reivindicar el lesbianismo al interior del feminismo urbano en los años 70. Nos remitiríamos a aquel desplegado de 1975, en el que un grupo de artistas e intelectuales se manifestaron “contra de la práctica del ciudadano como botín policiaco”, pues las redadas asolaban los incipientes espacios nocturnos LGBTIQ+. Se podría mencionar al Frente de Liberación Homosexual Mexicano, que desde 1971 reunió en la casa de la actriz y dramaturga Nancy Cárdenas a jóvenes que hablaban sobre sus experiencias compartidas. Y habría también que reconocer la importancia de la politización de la juventud universitaria con el Movimiento Estudiantil de 1968, como en su momento lo hizo Luis González de Alba, activista gay y miembro del Comité Nacional de Huelga.

EL Orgullo es, sin embargo, algo más primario que estos esfuerzos colectivos y hacer su historia invita a reflexionar sobre nuestros vocabularios. ¿No se trata, después de todo, de un sentimiento, de una emoción, de una percepción? El orgullo, así en minúscula, es algo que se puede apreciar con apenas un gesto, algo que se lleva adentro y que, por tanto, elude el registro y escapa de nuestros archivos históricos, aunque a veces se asome aquí y allá. En su historia sobre la vida gay de Nueva York, George Chauncey dejó claro que, contrario al mito, los movimientos LGBTIQ+ no significaron una salida del clóset colectiva, antes de la cual nuestras comunidades se encontraran asiladas, invisibles al resto o sufriendo de la internalización de los discursos que las retrataban como personas enfermas o depravadas. Al contrario, existían subcultura potente. Esto quiere decir que hubo orgullo antes del Orgullo LGBTIQ+.

Las movilizaciones que surgieron a finales de los años sesenta dejaron patente la necesidad de luchar contra la patologización y criminalización de personas LGBTIQ+. El Orgullo ha sido un emblema efectivo en esa lucha, que ha probado resistir la vertiginosa transformación de nuestros vocabularios. Pero esto no significa que no podamos hallar orgullo en otros momentos de la historia. Acaso hay orgullo en las fotografías de Amelio Robles, el coronel zapatista trans que participó en la Revolución Mexicana, cuya vida documentó Gabriela Cano. Acaso hay orgullo en la presencia desafiante de Salvador Novo en el mundo de la cultura mexicana, cuya obra puso, como planteó Carlos Monsiváis, a “lo marginal en el centro”. Acaso hay orgullo en la extravagancia y el afeminamiento con que posaban los sujetos que aparecen en el Archivo Casasola, fotografiados en la Penitenciaría del D.F. Catalogadas con la etiqueta “homosexual”, estas fotografías apenas nos informan de una subjetividad que en realidad es escurridiza. Es un misterio. Podría acercarse a una o a varias de las palabras que hoy usamos para definir y darle sentido a nuestras experiencias y nuestras identidades.

El Orgullo acompañó las movilizaciones LGBTIQ+ en México desde su inicio. La marcha de junio tuvo varios nombres, como se puede constatar en los carteles con los que se convocaba a participar, aunque desde entonces se le llamó Marcha del Orgullo. En 1979, algunos militantes marcharon con playeras que anunciaban: “Soy homosexual… ¡y qué!”. La frase aglutinaba esa necesidad de despojarse de los estigmas. Era un gesto de provocación al dedo acusador de la sociedad normativa. “¡Y qué!” fue también el nombre de una de las primeras agrupaciones de Orgullo LGBTIQ+ en el estado de Baja California, en donde activistas mexicanos extendieron redes de colaboración con agrupaciones al otro lado de la frontera.

Las primeras Marchas del Orgullo tuvieron el apellido de Homosexual, antes de las siglas LGBTIQ+. En su momento, se impuso la propuesta de utilizar la identidad homosexual como paraguas, rechazando a las militantes que abogaban por un movimiento lésbico-homosexual. La centralidad de la homosexualidad pronto mostró sus limitaciones. En el mundo anglosajón, el Orgullo Gay fue una alternativa identitaria que permitió apartarse de la categoría homosexual, proveniente de la ciencia médica y con una carga patologizante. En México, sin embargo, las agrupaciones rechazaron los calcos del inglés desde una postura antiimperialista. Sí, como demuestra Rodrigo Laguarda, algunos sectores de clases medias y altas de la ciudad de México comenzaron a habitar la identidad gay en la década de los 70, los sectores más politizados, los que marchaban con sus agrupaciones en junio, eligieron nombrarse de otro modo porque lo gay les sonaba a consumo. En aquellos años, la militancia homosexual consideró que esta categoría también incluía a las personas trans que igualmente participaban de las manifestaciones públicas. Los conceptos de identidad de género y orientación sexual no se identificaban como separados porque la sociedad normativa aglutinaba a todas las transgresiones como igualmente reprobables.

En sus primeros años, la movilización LGBTIQ+ fue articulada como un Movimiento de Liberación Homosexual. Estaba en sintonía con los lenguajes de la izquierda del período y con otros movimientos de liberación que habían elaborado una lectura crítica de su sociedad y concebían su militancia como una lucha contra una opresión sistémica. Hacia la segunda mitad de la década de los ochenta, el énfasis en la liberación fue desdibujándose. Esto se debió sin duda a una transformación general en los movimientos sociales y en los horizontes de las izquierdas. Las crisis económicas, las políticas neoliberales y el eventual desplome de la Unión Soviética modificaron de esa manera los lenguajes políticos. Por otro lado, la epidemia de VIH-sida y la lucha contra el estigma hacían también difícil sostener el lenguaje de un movimiento cuya liberación se antojaba como a una expansión de la moral sexual y que para los oídos conservadores sonaba a libertinaje.

Pero sobrevivió el Orgullo. Posiblemente sea ese el concepto que nos permite rastrear la genealogía de un movimiento que, de otro modo, tendría quizás demasiadas fracturas, demasiados huecos, demasiadas transformaciones. Me atrevo incluso a sospechar que el Orgullo resiste a las críticas de la Teoría Queer/Cuir, pues a pesar de la mercantilización y el asimilacionismo, hay algo de plasticidad semántica que aún permite nuevos giros de significado. No hay que despreciar el poder de las palabras. No todo el orgullo es bien portado, ni busca que se le asigne un lugar en la sociedad. (En inglés, el orgullo también es la soberbia, uno de los siete pecados capitales.) Al Orgullo LGBTIQ+ se suma también el Orgullo Marica, el Orgullo Lencho, el Orgullo Seropositivo, por nombrar algunos. Y seguro se sumarán más. Pero si mañana comenzamos a nombrar de otra manera a la relación que tenemos con nuestros placeres, nuestras identidades, nuestras prácticas y nuestros afectos, habrá sido un importante camino recorrido para el Orgullo, para su historia.

Bibliografía

  • Ben, Pablo y  Santiago Joaquín Insausti. “Dictatorial Rule and Sexual Politics in Argentina: The Case of the Frente de Liberación Homosexual, 1967-1976.” Hispanic American Historical Review, vol. 97, no. 2, 2017, pp. 297-325.
  • Cano, Gabriela. “Inocultables realidades del deseo. Amelio Robles, masculinidad (transgénero) en la Revolución mexicana.” Género, poder y política en el México posrevolucionario, compilado por Gabriela Cano, Mary Kay Vaughan y Jocelyn Olcott, México, Fondo de Cultura Económica/Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, 2009, pp. 61-90.
  • Chauncey, George. Gay New York, Gender, Urban Culture, and the Making of the Gay Male World. 1890-1940. Nueva York, Basic Books, 1994.
  • Laguarda, Rodrigo. Ser gay en la ciudad de México. Lucha de representaciones y apropiación de una identidad, 1968-1982. México, D.F., CIESAS, 2009.
  • Monsiváis, Carlos. Salvador Novo. Lo marginal en el centro. México, D.F., Ediciones Era, 2000.
  • Stryker, Susan. “Stonewall in the middle”. Conferencia impartida en el Congreso de Historia Queer (Queer History Conference), 2019.

Autores
Martín H. González Romero (Monterrey, 1988) es un investigador interdisciplinario en temas de historia de género y de las sexualidades. Es profesor-investigador en El Colegio de la Frontera Norte, adscrito al Departamento de Estudios Culturales.

Ilustrador
Hilda Ferrer
Jarocha de nacimiento pero residente en CDMX, diseñadora de profesión, ilustradora de corazón, apasionada por los cómics y las caricaturas. Llevo casi 10 años generando gráfica y conectando con personas a través de ella. Me inspira muchísimo el cómic autobiográfico, me parece maravilloso, gratificante y motivador. Se ha vuelto una forma de terapia ocupacional muy importante en la vida, donde espejeo mi existencia con la de la otredad. El año pasado escribí, ilustré y auto publiqué mi primer comic llamado “Las trampas del ego”, actualmente trabajo en los siguientes tomos. Siempre he pensado que la vida es una aventura donde tú eliges que escenario quieres ver, que sensaciones quieres sentir y que papel quieres protagonizar. Creo firmemente que el viaje es el destino y hay que transitarlo con amor y coraje.
"Lluvia abstracta" de Taomeister, 2013. Recuperada de Flickr (CC BY-SA 2.0)
“Lluvia abstracta” de Taomeister, 2013. Recuperada de Flickr (CC BY-SA 2.0)

No importa

la hora que la lluvia

piense en ti.

No importa

que el vacío de la noche

llore por nosotros.

No, no importa

que el frío cale

el ombligo de mi muerte.

No importa

que la ausencia

sumerja los huesos

en la oscuridad de nuestros cuerpos.

Lo que importa

es tocar tu voz,

es caminar mis manos

en la geometría exacta de tu alma.

Lo que más importa

es abrazarnos en el punto final

de tus sueños

y despertar juntos

en la eternidad de la mirada.

No importa

la hora que la vida

eternice en ti.

No importa

que el silencio de la bóveda

exploren nuestros agujeros negros.

Pero, lo que más importa

es que el tiempo

nos lleve al corazón del tic tac

de nuestras consciencias,    —constelaciones

y nos transcite en las manecillas 

de nuestro amor           —realidad

mientras cesan

las gotas de la locura

de mis lluvias

más expandidas

por ti.

Por último,

lo que más me importa

es recorrer laluzcuántica     —virgen

de tu cuerpo junto al beso de nuestra quinta dimensión.


Autores
Nació en Sihó, Yucatán el 23 marzo de 1973. Estudió la Licenciatura en Educación Artística en el Instituto Campechano y la Maestría en Educación Intercultural en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQRoo). Actualmente trabaja como Profesor Investigador de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo y es miembro actual del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA).
Werner Karloff. Archivo personal

El evento de hoy es en la colonia Roma Norte, muy cerca de Av. Chapultepec y de la Glorieta de los Cibeles. El lugar, cada vez más recurrente, es como el sótano de un edificio que, por como luce (cortinas de negocios grafiteadas y una puerta principal algo derruida), parece abandonado.

Mientras termino la cerveza que traía conmigo y espero a que lleguen dos amigos, una pareja llega con su mascota y se mete al edificio. No creo que el evento sea pet friendly, pero hoy en día todo es posible. Mi curiosidad va más allá y le preguntó al que está en la puerta si se usará el edificio para todo el evento o si tiene un lugar en específico. Me contesta: arriba hay depas donde vive gente, pero el desmadre es abajo y al fondo. Se pone bueno, no hay bronca.

Últimos sorbos a la botella y pido la entrada. De inmediato, me recibe un pasillo larguísimo apenas visible, alumbrado por una tenue luz roja y la música a ritmo de Techno se oye cada vez más intensa, mientras avanzo. A mitad de ese túnel nos piden nuestro cover: $100 por persona y la fiesta es trato hecho.

Entramos y damos la vuelta por los cuartos del lugar alumbrados ahora con luces blancas y azules. Parece ser que, en un pasado, esas habitaciones eran dos departamentos más del edificio, pero ahora son un foro que parece tener muy pocas reglas.

A lo lejos, veo a Antonio Armenta mejor conocido como Werner Karloff, que esa noche presentará un live set. Me acercó y le preguntó a qué hora le toca y contesta: como a las 12:30 am. Miro el reloj y faltan pocos minutos, aún hay tiempo de comprar algunas bebidas y buscar un buen lugar para mirar el acto en ese cuarto amplio, que se va reduciendo a medida que la gente llega.

A Werner Karloff lo escuché por primera vez buscando proyectos mexicanos que tocaran géneros como Post-Punk, Dark Wave, Coldwave y otros similares, para un texto que quería escribir sobre música y proyectos underground. En ese entonces, quizás por el 2020, su disco Energie für die Zukunft (Energía para el futuro), me voló la cabeza.

Los sonidos de sus canciones, me remontaron a bastantes artistas y canciones que hicieron explosión en la década de los 80: del EMB al Minimal Wave, del Techno al Dark Wave, del Industrial al Italo Disco, del Electro-Pop al Synth-Pop y, desde luego, del Post-Punk al Shogaze. Lo mejor fue que, todos los géneros se entremezclan en esas once canciones.

Aunque, a mi parecer, con una línea más marcada de EBM, Industrial y Techno, lo que me recordó a bandas como DAF, Nitzer Ebb, Front 242 y hasta una que otra canción de Ministry. Gran LP de Werner Karloff, editado por la disquera alemana Young & Cold Record, uno de los sellos más importantes que existen; reconocida por publicar a bandas que tocan estos géneros oscuros y por tener en sus filas a artistas de la talla de Forever Gray, NNHMN, This Cold Night, Twin Tribes, Nürnberg, entre otros. Cabe señalar que, Young & Cold Records también ha sacado discos de otros grandes proyectos mexicanos como Equinoxious, Stranger and Lovers y Hoffen.

Mientras la gente, poco a poco, llena el pasillo y la habitación, donde están tocando los DJ´s, Werner Karloff empieza a prepararse frente a sus sintetizadores; un DJ a su lado está por terminar su set. Los minutos pasan y parece que el show se retrasará hasta la 1 am. Hay gente que ha venido a verlo específicamente a él y se ve un poco impaciente; otros más, siguen bailando a. ritmo del DJ, quien no parece querer detenerse.

Días atrás, tuve la oportunidad de entrevistar a Werner Karloff. Tomó este nombre por el actor alemán Werner Krauss —famoso por interpretar al Dr. Caligari en la película El Gabinete del Doctor Caligari (1920—) y por el actor británico Boris Karloff, reconocido por diversos papeles en películas de terror como en Frankenstein (1931).

IL: ¿Cómo fue que empezaste en todo esto? ¿Cuáles fueron tus influencias para crear tu música?

WK: Empecé tocando la guitarra porque me gusta la música instrumental de los 60: The Ventures, The Shadows, y también la cuestión jazzística, con eso empecé a aprender música. La hora de dar el salto a los sintetizadores y las cajas de ritmo, fue digamos, porque me gustaba el New Wave y el Post-Punk.

Una de las primeras bandas que me gustó fue Magazine que es el estilo que siempre he querido hacer: una mezcla de postpunk, new wave y música electrónica. Para mí ellos fueron un preámbulo de todo lo que fueron los 80. Cuando escuché a Magazine fue cuando decidí que algún día haría algo no igual, pero sí parecido. También me gustó The Fall que es de Post-Punk, aunque tampoco tiene un estilo fijo; tienen discos más punk o más new wave y a veces más oscuros.

Después me encontré con el primer lanzamiento de la disquera Minimal Wave, un francés que se llama Philippe Lorent y con un grupo de los 80 que se llama Das Ding de Holanda. Ahí fue que pude escuchar un resumen de esos estilos que me gustan: oscuros, minimalistas, rápidos, agresivos, pero también bastante simples y todo hecho con sintetizadores. Una segunda camada de proyectos que me gustan son Líneas Aéreas, de España; Stratis y Andi Arroganti, de Alemania; y aunque ya conocía a DAF, con este minimalismo de los sintetizadores, tomo de referencia el EBM de Front 242 y Nitzer Ebb, además del de Gabi Delgado y Robert Görl.

Werner Karloff. Archivo personal

Werner Karloff. Archivo personal

IL: En otras entrevistas he leído y escuchado que además de música, tienes influencias de diversas vanguardias europeas, autores y obras literarias…

WK: Tomando en cuenta el expresionismo alemán está la película El gabinete del Dr. Calligari.  En esta cuestión visual que viene acompañada de figuras geométricas y que viene influenciado también por el futurismo italiano y el constructivismo soviético que se basan a su vez, en el minimalismo y en la expresión de ciertas ideas en figuras geométricas.

Con el futurismo italiano me gusta una de las pautas que marcan en sus dictados; esta cuestión del hombre y la máquina, su relación, y también esta cuestión de enaltecer la tecnología; pensar a dónde ha llegado el ser humano para tener mayor velocidad que un caballo o poder volar como un ave (a grandes rasgos).

Sobre esas ideas creo que es más fácil empezar a visualizar cómo hacer una canción y más cuando son instrumentos electrónicos, cuestiones que son hechas por la tecnología y cosas hechas por el hombre para poder expresar algo que no es tangible como la música o los sentimientos. También me gusta leer sobre la Primera y Segunda Guerra Mundial, principalmente. En la literatura tomo como referencia a Aldous Huxley y George Orwell.

IL: Cómo es que puedes llegar a mezclar en tus canciones, géneros tan oscuros (Postpunk, EBM, Dark Wave, Industrial) con otros más luminosos (Italo Disco, Hi -NRG, New Wave, Synth-Pop).

WK: Antes de decidir hacer música, escuchaba música.  Todos escuchamos música. Lo tomé como algo no de melómano porque esa palabra es como pretenciosa, pero siempre me gustó investigar de cada género: qué otros dieron origen, qué bandas son las importantes y cuáles no son tan reconocidas.

A partir de esto, todos los géneros que toco van relacionados unos con otros. Empecé escuchando punk, luego lo lógico fue Post-Punk, después New Wave, Synth-Pop,y, también algunos estilos electrónicos como el Italo Disco, el Eurodisco y el Hi-NRG. De los orígenes de estos sonidos electrónicos está el funk y del funk está el jazz. En otra parte de los ochentas está el Ska que se relaciona con el New Wave o el Garage, que viene de los 60´s y, que se conecta también con el New Wave y el Punk. El EBM tiene que ver con la música Industrial, con el Eurodisco y también el punk.

Entonces, viendo todas esas relaciones, se me hizo más fácil tomar lo que me gustaba de cada género para mis composiciones e ir jugando con eso. Yo lo pienso así: quiero una canción EBM, pero que tenga una melodía de New Wave y con una voz como de Post-Punk. Al entender de dónde viene cada cosa, es más fácil hacer esa mezcla de sonidos sin que suene raro o extraño.

IL: ¿Qué marca de sintetizadores te gusta más?

WK: Tengo ya una colección amplia, con los años he podido comprar varias cosas. Compro, revendo y cambio. Tengo predilección por KORG, hasta ahorita lo que ellos habían sacado eran sintetizadores baratos. Me acomodó bien esa filosofía un poco de los ochentas, cuando también se sacaban sintetizadores baratos y tenías que hacer lo mejor que pudieras con cuestiones limitadas.  Yo aún trabajo bajo esa filosofía.

Cuando me preguntan “¿qué sintetizador me recomiendas?”, “¿qué tengo que comprar?”, yo recomiendo algo barato, no limitado, pero si algo que no sea como de gama alta. Lo he hecho así durante varios años. Ahorita, ya tengo más cosas y no son sintetizadores caros, son de gama baja, baratos, y lo hago para demostrar que realmente puedes sacarle mucho provecho a cosas que mucha gente considera de baja categoría, porque especialmente, en los sintetizadores hay el pensamiento de que uno barato no te va a dar el sonido que quieres y si se puede, pero depende cómo lo hagas, cómo lo expongas, cómo lo acomodes.

Werner Karloff. Archivo personal

Werner Karloff. Archivo personal

IL: ¿Te ha sido difícil conseguir tus instrumentos desde que empezaste en esto?

WK: Hace 10 años se podían conseguir más baratos los sintetizadores más viejos.  Hubo un espacio, en el que nadie los usaba, entonces los nuevos que llegaron a salir de KORG o de Roland venían con precios altos, pero también se podían conseguir sintetizadores ochenteros a buen precio. Cuando yo empecé, no ganaba lo suficiente para comprar uno de precio ochentero, entonces mi primer sintetizador fue un microKORG de segunda mano que no le funcionaba un botón y tenía una tecla rota. Con ese inicié. En ese entonces me costó $3,000 pesos.

Ha sido difícil conseguirlos. Me identifico mucho con las escenas ochenteras de, por ejemplo, Alemania o Inglaterra, porque muchos de los músicos que después tuvieron proyectos exitosos, trabajaban de día y juntaban para sus sintetizadores baratos para luego hacer música e ir creciendo. Entonces hago la analogía un poco con conmigo y con personas que tienen que trabajar en algo más para después comprar un instrumento. Eso es lo que la mayoría de los músicos en México hace, a menos que te los compren tus papás que esta chido ¿no?, pero si no, cuesta varios años, en lo que se junta para una cosa, para otra…

IL: ¿Cómo es tocar un live de Werner Karloff?

WK: Para hacer mi música principalmente lo pienso como una banda de tres: batería, bajo y la parte solista que es la parte de la melodía. Uso un secuenciador me permite grabar mis notas, mis cambios, organizar todo ahí, escribirlo y reproducirlo.  Además, del secuenciador puedo escoger hacer la fase de la batería y la parte del bajo y otras partes que me pueden acompañar. Luego lo que hago en vivo es preparar la canción para que suene como si mis músicos ya supieran que ejecutar.  Lo que yo toco en vivo es la parte principal, la parte de la melodía, los solos. Lo que me gusta hacer en el show a veces es modificar las canciones. Puedo escoger si empieza antes o después, si le doy un intro más largo, un intermedio, si hago durar más la canción, cosas así. En vivo trato de variar un poco, la canción la toco como es, pero me gusta meterle un plus que es una parte importante. Si vas a ir a ver a un artista en vivo, vas a escuchar algo diferente, sí como te gusta, pero con un plus, algo que no vas a escuchar en redes, en Spotify.

También, improviso sobre lo que ya tengo hecho, por ejemplo, si el bajo tiene una sola línea melódica, tengo la posibilidad de quitar o agregar notas. Todo depende incluso de cómo me sienta, cómo está el ambiente y la gente, porque a veces, si la gente está más animada, me gusta jugar con eso.

IL: ¿Por qué cantar en inglés, alemán, español?

WK: Como todas mis influencias vienen de diferentes escenas y países, trato de jugar igual. Hay sonidos que en español se escuchan muy bien, otros en alemán también. En ese idioma lo he hecho más extensivamente por la influencia que tengo de la escena y los grupos alemanes que me gustan, también el hecho de ser una escena muy particular. Estaba partida en dos: la parte occidental y la parte oriental, la capitalista y la comunista. Del lado comunista hay cierto tipo de bandas con sonidos diferentes a los del lado capitalista.

Por eso lo hice mucho en alemán, pero en realidad ahorita ya no es como una distinción. Si la letra es más extensa, ahorita lo prefiero hacer en español. Por ejemplo, en el último EP que saqué (Atemporal), muchas canciones que canté en alemán o inglés, si las pude volver a cantar en español. Fue un reto para mí darle la misma entonación, el mismo sonido. Sí me salió, se escucha bien como en alemán. Cantar en varios idiomas es más por gusto estilístico.

IL: Y por lo general ¿de qué hablan tus letras?

WK: De lo que mencionamos del futurismo italiano, de todo lo que tiene que ver con la vida en la ciudad: cómo es el andar diario de las personas normales, lo que representa ir a trabajar, cómo enfrentarte a los peligros diarios de vivir en una entidad, como la Ciudad de México.

También está la parte contestataria, hacia lo que hacen los medios de comunicación, no sobre la manipulación, pero sí lo que pasan, las noticias que vemos todos los días, la información que corre en la TV, en la radio, en redes sociales y el hecho de a veces, no se tenga un parámetro o una base que ayude a saber discernir lo que puede ser cierto o lo que puede ser falso. A veces, lo único que puede darnos esa pauta es conocer nuestro pasado y entender esa información. De igual forma, de todos esos datos del pasado no todo es verdad, hay que entender que la historia ha sido escrita muchas veces para adecuarse a lo que mejor convenga.

IL: ¿Qué tan difícil era tocar en México si no eras una banda de rock?

Hacer música con sintetizadores ya tiene más de 40 años. El rock fue el género emblema de las disqueras, de la radio y bueno ni así, porque Depeche Mode es una banda de sintetizadores y es una banda mainstream, pero hablando de México hay muchas anécdotas de bandas como Casino Shanghái o Size, sobre cómo era hacer música electrónica, con sintetizadores y cajas de ritmo. Obviamente hubo un desfase de lo que pasaba en Europa o EU y lo que llegaba a México.

Aquí cuando apenas empezaba el punk, ya estaba la onda Synth-Pop en Inglaterra o en EU.  Más bien, pienso que es por la difusión que se les dio a ciertos géneros, durante mucho tiempo. La mayoría de los lugares esta acondicionado para bandas de rock. Entonces, durante al principio fue difícil que te dieran entrada porque decían: “si no trae batería con qué va a tocar”, y eso pasó en México, desde los 80.

A mí también me llegó a pasar.  Ahorita ya no, creo que en este momento hay bastantes bandas electrónicas muy famosas y muchos quieren tocar como ellos o en proyectos que no necesariamente necesitan una batería; entonces creo que esa parte ya quedó superada.  Si tocas con o sin batería ya no es que sea mejor o peor, simplemente son adecuaciones diferentes; entonces sí, creo que ya quedo superado, por lo menos en México.

Werner Karloff. Archivo personal

Werner Karloff. Archivo personal

IL: En tu experiencia, ¿cuál crees que fue uno de tus peores shows?

Han sido varios. Sobre todo, cuando empezaba me tocó que no había gente, nada más los del lugar, dos o tres personas. Me pasó en la Mezcalli cuando estaba abajo del Dada X. Me invitó Antonio Camarillo y fui, iba empezando, había como unas 50 personas y todos darketos acá.  Empecé a tocar y nadie me hizo caso, nadie. Me vieron como dos o tres personas y los demás volteados, como esperando que terminara.  Supongo que no me vestía oscuro o no se acostumbraba que alguien llegara sólo con sintetizadores a tocar.

IL: Y en contraparte ¿cuál ha sido uno de los mejores shows?

WK: En general me ha ido bien cuando toco en Ciudad de México. Me he presentado en el Centro de Salud, también en Querétaro; toqué con She Past Away. Cuando le abro a una banda, voy con la idea de que la gente no me va a ver a mí, que estoy de soporte, pero ahí, en ese momento, me di cuenta que algunas personas sí habían ido a verme. Fue como doble, porque empecé a tocar y empezaron a gritar mi nombre. Alcé la mano y todos moviéndose; eran como 500 personas y dije: “órale que bien”.  Esa estuvo chida.

También me gustó la primera vez que fui a tocar a Alemania a un festival. Esa fue de las mejores y también aprendí:  se me rompió la tecla de mi sintetizador y ahí tuve que hacer malabares para tocar, pero al final me fue muy bien. También aquella vez que toque en Berlín…  Son de las que más recuerdo. Tengo el orgullo de hacer bailar a los alemanes cuando estuve haya, porque son difíciles, bueno no es que sean difíciles, pero su cultura es otra, son como más contemplativos.  El hecho de que puedan contemplar y bailar estuvo chido.

IL: Ya llevas más de 10 años de carrera, ¿cómo consideras que ha sido tu evolución como artista desde que empezaste hasta el momento?

WK: Si lo pongo en retrospectiva, ya no me da pena tocar. Cuando empiezas y te haces solista, estas tú solo contra un montón de gente y no es contra, sino que vas a mostrar algo:  lo que haces.  Estás a la crítica de todos. Yo en realidad soy una persona introvertida; cuando empecé también era un introvertido tocando en público, imagínate ¿no? Con los años aprendí. Ya no soy la misma persona, no sé si mejor o diferente, pero aprendí a tratar a la gente, hablar con ella, saber que el trato es importante con quienes te escuchan y te siguen. Obviamente también aprendí lo que se debe y lo que no pueda hacer cuando tocas, lo que debes tener preparado, lo que debes tener en cuenta para aceptar una fecha, conseguirla   y todo lo que conlleva hacerla, así como el trato mínimo que debo pedir como artista, y lo que debo ofrecer, cuando me contratan o invitan a un evento.

También sé que tengo que pedir por si alguien no está para ayudarme. Me ha pasado que incluso termino haciendo de ingeniero de audio para otras bandas, porque a veces el que se encarga de eso, no es un ingeniero de audio solo está ahí para conectar. Aprendí cómo debo sonar a partir del tipo de lugar, si es cerrado, si es abierto, si es un lugar con un techo alto, si el techo de lámina o es más corto. Son pequeños ajustes que hago a mis cosas para queden bien.

Otra cosa que he aprendido estos años es ser más independiente, no depender tanto de los demás, del lugar o de una persona externa, porque al final la gente te va a ver y lo que menos le importa es lo que tú hayas pasado.  Va a escuchar cómo suenas. Si lo haces mal, el que queda así no es el lugar, eres tú, el artista y eso me ha quedado muy claro, porque me ha pasado.  Lo digo como consejo: si te invitan a un lugar, tienes que hacer el esfuerzo de sonar lo mejor posible, porque de lo contrario, el que queda mal eres tú, sin importar si el lugar estuvo feo o con mal sonido.

IL: ¿Has tenido críticas negativas?

WK: He tenido malas críticas como todo, pero siempre han sido más las buenas. Al principio te sientes mal, obviamente, pero no les puedes gustar a todos. Si no les gustó está bien, es respetable, pero tampoco puedo decir: “ya no voy a hacer música”. En Alemania me pasó por la cuestión del lenguaje. No hablo muy bien el alemán, aunque tomé clases un tiempo. Recibí una crítica en contra de eso, pero cuando estuve allá les pregunté y me dijeron que veían muy chido que alguien lo intentara y que no se fijaban tanto en si lo pronunciaba bien o no, simplemente era valioso el hecho de hacerlo y que fuera alguien de México era un detalle que les gustaba mucho.

Hay críticas que me han servido. Llegué a escuchar: “es que es muy monótona su música”, y bueno puede ser, va dentro de mi estilo porque es Minimal Wave, Minimal Synth, pero lo he tomado en cuenta y he compuesto canciones más complejas. Tengo otras desentendiendo el estilo, por ejemplo, he hecho canciones más New Wave más Synth-Pop con un intro, con un verso, con un encore y más completas, entonces en ese sentido, sí me ayudó.  Se trata de hacer cosas diferentes y mejorar.

Werner Karloff. Archivo personal

Werner Karloff. Archivo personal

Estas dentro de una escena oscura en México que ha crecido bastante, ¿qué opinas al respecto?

WK: Puedo ver cómo ha crecido poco a poco, de no poder tocar en ningún lado a que ya existan un montón de lugares en la Ciudad de México, donde puedes tocar sin problemas. Básicamente, puedes hacer tu proyecto esta semana y tocar la que sigue; ya hay más lugares donde puedes mostrarte. Y se ve en la cantidad de bandas más o menos nuevas que hay, proyectos que salieron hace tres o cuatro años. Fue exponencial que empezaron a salir. Cuando iniciamos en esto, básicamente, Equinoxious y yo éramos los representantes de ese estilo electrónico dentro de la música oscura en México. Pasamos ser dos a ser más de 50. Entonces, creo que sí ha crecido para bien en todos los aspectos.

En lo particular, hemos estado picando piedra y buscando los espacios, haciendo que la gente nos escuche, logrando que la gente que es parte de esta escena oscura (y que lleva en esencia muchos géneros, no solo el gótico o el Post-Punk), escuche Synth-Pop, New Wave o Dark Wave que es parte de lo mismo ¿no? Es abrirse camino para que vuelva a hacerse música con sintetizadores, como antes.

IL: ¿Qué proyectos actuales recomiendas? ¿Qué escuchas cuando no creas música?

WK: Ahorita hay muchas bandas con una tendencia orientada al Dark Wave y al Post-Punk. De EU, Forever Gray es muy buena, también los Twin Tribes me gustan. De Holanda, Adam Tristar. Me gusta mucho su estilo. De México, mis amigos de I Can Fly. De hecho, tengo una colaboración con ellos para mi siguiente disco.

De escuchar… trato de escuchar todo lo que sale de las bandas nuevas aquí en México. Escucho y trato de apreciar. Sin querer sonar como pretencioso o algo así, veo que les faltan algunas cosas, pero van bien. No se trata criticar, todos empezamos así. Además, el hecho de que ya estén ahí sonando, es lo que no va a dejar que esto muera. Inevitablemente este boom de lo oscuro será sustituido por otra cosa, pero lo importante es que hay gente que se va a quedar en esto y la escena va a seguir, como lo que pasó en Alemania ¿no?, en donde, a pesar, de tener varios booms de música electrónica, de metal y otros géneros, hay una escena gótica que ha permanecido desde los 80´s, igual que la del Synth-Pop.

En México hay un montón de bandas que lo están haciendo bien y tienen que seguir así, pero como te digo, hay que seguir rescatando y buscando música en los 80, en los 70, darle diversidad a la música. Es importante tener en cuenta a las bandas famosas de hoy como: She Past Away, Molchat Dochma, Boy Harsher, pero saber que el estilo de ellos viene de un montón de bandas atrás. No es querer sonar como ellos, nada más, hay muchos estilos anteriores que pueden escuchar y conocer. Alguno te va como a volar la cabeza y te vas a sentir más identificado.

Werner Karloff. Por Gabriela Crispín

Werner Karloff. Por Gabriela Crispín

El evento de esta noche sigue su curso, luego de unos minutos de ecualización, de sostener y modular el sonido de sus sintetizadores con el audio del lugar, Werner Karloff se siente a gusto y empieza su set con la canción “Sons of snakes” de su EP Iliuminated Displays. Los asistentes bailan con él a ritmo de la canción, mientras, otros más, graban el acto. Luego, en la voz de Werner empieza a sonar: A lie hides past mistakes, A lie hides past mistakes, who kills in the name of their faith? who kills in the name of their faith?…

Ver a Werner Karloff en vivo siempre es sinónimo de una gran experiencia tanto visual como auditiva, más allá de que muchas veces suena mejor que en sus grabaciones, su música no te deja estático, al contrario. A veces hasta te mueves inconscientemente, mientras él sigue tocando sus canciones. A veces más rápidas, a veces más tranquilas.

Me gusta decir que lo he visto varias veces en festivales y lugares de la escena oscura en la Ciudad de México, alternando con otros proyectos nacionales como Equinoxious o Leonora Post Punk, pero también, como preámbulo de bandas internacionales como ADULT, She Past Away, Ash Code o French Police.

Después de tocar la gran “Osteuropa”, Werner continua con una de mis favoritas, “Dreiecke Und Quadrante”. La mayoría de los que estamos viéndolo comenzamos a movernos; otros más, siguen grabándolo. Werner camina de un lado a otro con el micro en su mano derecha y empieza a cantar… Dreiecke und Quadrante Dreiecke und Quadrante Dreiecke und Quadrante, Metalle und Getriebe überall… Metalle und Getriebe überall.

Es inevitable no bailar esa canción sobre máquinas y de sueños perdidos en el tiempo. Una canción más y el calor y el humo del cigarro comienzan a inundarlo todo. Es momento de ir por más cerveza y regresar a ver el cierre. Justo cuando la mayoría de los asistentes empezaba conectarse con el show, el tiempo de Karloff llegó a su fin. Algunos piden una más, pero el tiempo es limitado. Esta noche aún faltan otros artistas por tocar.

En la entrevista también hablamos de los proyectos que le han permitido dejar de trabajar, en esos trabajos mal pagados en los que están la mayoría de los mexicanos. Me dijo que, desde hace un tiempo, da clases en un estudio (Circuit Studio) que tiene con otro socio.  Los cursos son de introducción a los sintetizadores y de teoría musical básica enfocada en composiciones y estilos electrónicos. También tiene una tienda los domingos en el tianguis de la Lagunilla y entre semana está en línea (80s Records Store), en donde vende vinilos de New Wave, Post-Punk, Synth-Pop y hits ochenteros, junto a discos que trae de Bélgica y Alemania.

Ya posicionado entre la gente y escuchando al DJ que pone Depeche Mode y otros clásicos de los 80, Werner me dice que hará tiempo hasta las 6 am. Viajará a esa hora hacia Oaxaca para otro evento, ese mismo sábado por la noche. Le digo que vengo con otros amigos y que seguiremos la fiesta en el Centro de Salud. Él me dice que irá después. Nos despedimos y prometemos vernos allá en un rato más. Regreso con mis acompañantes a terminar las bebidas que aún nos quedan, ya casi son las 3 am y el siguiente lugar espera. A la fiesta aún le queda rato.


Autores
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.
György Ligeti,1962. Imagen recuperada de Researchgate (CC BY-NC-ND 4.0)
György Ligeti,1962. Imagen recuperada de Researchgate (CC BY-NC-ND 4.0)

György Ligeti fue uno de los más grandes compositores del siglo XX y la historia de la música no podría entenderse sin su obra. En la cultura popular es conocido, sobre todo, por la aparición de sus piezas en la banda sonora de varias películas de Kubrick. Su vida fue turbulenta y su recorrido musical es muy particular. Fue un compositor vanguardista y ávido. Desarrolló una técnica o textura musical llamada “micropolifonía” y su obra estuvo determinada por la sinestesia, además de un interés por lo atmosférico. Como celebración por el centenario de su nacimiento, este breve texto es una introducción a Ligeti y la importancia y particularidad de su obra.

György Ligeti, nacido en 1923 en la ciudad Transilviana Dicsöszentmárton —actualmente Târnàveni, Rumania— mostró un gran interés en la música desde los siete años y, aunque en 1941 presentó exámenes de admisión para estudiar física y matemáticas en la Universidad de Cluj, ya tenía un par de años dedicándose a la composición. El joven Ligeti no fue admitido en la universidad debido a la discriminación sistemática contra los judíos, aunque después fue aceptado en el Conservatorio de Cluj como compositor y, además, durante los veranos recibió lecciones de forma privada con Pál Kadosa en Budapest.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, sus estudios fueron abruptamente interrumpidos y su familia, judía de origen húngaro, sufrió las atrocidades del régimen nazi. Fueron deportados a campos de concentración; su padre murió en Bergen-Belsen y su hermano, en Mauthausen; su madre sobrevivió a la tortura de Auschwitz-Birkenau. Con poco más de veinte años, György fue enviado a un campo de trabajo forzado durante el resto de la guerra, pese a la cual concluyó sus estudios en la Academia Franz Liszt de Budapest, en la que posteriormente también dio clases.

Tras una insurrección fallida contra el sistema político húngaro gracias a la intervención soviética, el compositor huyó del país para establecerse en Viena y retomar sus estudios. A partir de este momento, György Ligeti se dedicó por completo y con una gran pasión a la música moderna-vanguardista occidental tanto en Viena como en Colonia y Hamburgo.

La innovación artística suele enfrentarse a obstáculos como la oposición al cambio de paradigmas o la indisposición de un público ya acostumbrado a cierto tipo de estética. Por supuesto, la radicalidad, sofisticación y profunda originalidad de la propuesta de György Ligeti —que además surgió durante el auge de la música serial y electrónica, así como de la naciente vanguardia dodecafónica y atonal— fueron inicialmente recibidas con rechazo y perplejidad por parte de los entusiastas de la música contemporáneos. Claro que, eventualmente, el mundo de la música académica del siglo XX reconoció la rebeldía, maestría y potencial de su obra.

Incluso hoy en día, aproximarse a la música de Ligeti exige del oyente y requiere cierta disposición. No es tan común escuchar composiciones suyas en las salas de conciertos, aunque, a diferencia de otros compositores de su tiempo, su obra es bastante conocida gracias a la aparición de tres piezas —Requiem (1963-1965), Atmosphères (1961) y Lux aeterna (1966)— en la película de Stanley Kubrick 2001: Odisea en el espacio, que el director utilizó para crear una relación entre los espacios visual y acústico.

La técnica compositiva mezclada con teoría matemática de Ligeti y su uso de la armonía, timbre y textura son bastante particulares. Su música no solo evoca, crea. Crea espacios sonoros enormes y complejos a través de una sinestesia que, como señala Peter Krieger, media entre el espacio físico y el acústico, entre arquitectura y música. Las composiciones de Ligeti son masas enormes sin melodía o armonía, definidas o convencionales, son sonoridades densas compuestas por sonidos indiferenciados y distintas frecuencias.

Uno de los principios más relevantes para las composiciones de Ligeti es la “micropolifonía”, técnica en la que cada línea musical y voz tienen patrones rítmicos diferentes e intrincados y armonías que no cambian de forma súbita, sino que se van transformando y confundiendo hasta el infinito. Además, la progresión continua de estos clústeres sonoros casi imposibles de diferenciar impide que el oyente perciba claramente los cambios en el ritmo, lo que da la sensación de suspensión en el tiempo. El efecto es muy característico e inquietante: una nube cromática oscura, una masa impenetrable de sonido. La música de Ligeti, como bien lo sabía Kubrick, crea atmósferas, sueños alienígenas, lugares espectrales, sonidos de otros mundos, umbrales oníricos.

La obra de este peculiar compositor es de una riqueza excepcional, su vida personal y trayectoria profesional son interesantísimas, y su forma de pensar subversiva es cautivadora. La verdad es que a pesar de numerar algunos de los principios en los cuales se basa su obra es bastante difícil describir a qué suena su música. Si ya vieron 2001: Odisea del espacio, ya saben. Si no, tienen que escuchar por ustedes mismos. Ya. Ahora mismo.


Autores
(Ciudad de México, 1997) Estudió Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. En 2018 participó en el programa de escritura Elipsis organizado por el British Council y, al año siguiente, fue parte del Women’s Creative Mentorship Project de la Universidad de Iowa. Es autora de Sapos en la lluvia (2021), colección de cuentos publicada por el Fondo de Cultura Económica en colaboración con el Fondo Editorial Tierra Adentro. Ha publicado en revistas como Sin Embargo, Este País, Armas y Letras y la Revista de la Universidad de México. Actualmente es becaria del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca.
Henry Kissinger, Junio 2013. Imagen recuperada de Flickr (CC BY-ND 2.0)
Henry Kissinger, Junio 2013. Imagen recuperada de Flickr (CC BY-ND 2.0)

El  27 de mayo cumple 100 años una figura controversial en la política estadounidense y en el mundo de la segunda mitad del siglo XX: Heinz Alfred Kissinger, mejor conocido como Henry Kissinger, quien en su papel como directivo y ejecutivo de la diplomacia estadounidense, supo conducir la política exterior de Washington para aminorar los desastres producidos por la guerra de Vietnam, conservar la política de la Détente o relajar las tensiones en plena recta final de la Guerra Fría con la URSS, así como iniciar el proceso de pacificación en Medio Oriente.

Sin embargo, estos resultados no surgieron de la nada, además de ser diplomático, Kissinger desarrolló un extenso entramado académico e ideológico, el cual muestra una concepción teórica pragmática de las relaciones internacionales, o entre Estados, que USA, como potencia mundial no pudo dejar de considerar para mantener una posición privilegiada en el sistema internacional.

 

Kissinger funcionario

Una vez terminada la carrera académica y profesional hacia 1960, Kissinger trató de incursionar en la política, después de fungir como consejero en las campañas de nominación presidencial de Nelson Rockefeller entre 1960 y 1968. Al año siguiente, fue invitado para conformar el primer gabinete presidencial, en calidad de asesor de seguridad nacional entre 1969 y 1975.

Firme partidario de la Realpolitik1 o el realismo político, Kissinger como asesor de seguridad nacional, consideró importante resolver la participación estadounidense en la guerra de Vietnam (1964-1975), la cual comenzó con la administración presidencial anterior de Lyndon B. Johnson (1963-1969).

Kissinger insitió principalmente por la acumulación de los costes políticos internos que fueron evidentes en todo el país, gracias a las manifestaciones. Sumado a un sentimiento cada vez más abierto para involucrarse en conflictos externos que, en última instancia, terminó por cuestionar la legitimidad del gobierno y el propio Estado estadounidense.

Con el paso de los años, el caso de Vietnam se convertiría uno de los más significativos para la carrera pública de Kissinger y el que mayor discusión generaría, tomando en cuenta los resultados del conflicto, pues entre 1969 y 1972, se optó por mantener las operaciones militares terrestres y bombardeos, con un cambio importante: no solamente se limitaron a atacar posiciones del bando de norvietnamita en su territorio, sino que también se realizaron en países vecinos como Laos y Camboya2.

Además de generar ventajas a favor del bando de Vietnam del Sur y Estados Unidos en la guerra, aquellas operaciones militares fueron empleadas por Kissinger y Nixon para tener un punto extra, mientras las negociaciones con los rebeldes del norte se mantenían, aparte. Sin embargo, un efecto secundario no considerado por ninguno de los líderes fue el debilitamiento del régimen camboyano que, eventualmente fue derrocado por el Jemer Rojo en 1975, quien instauró una brutal dictadura causante de millones de muertes hasta la intervención vietnamita en 1979.

Otro dato aún más importante de dicho periodo, adicional a la política de Vietnamización3, fue el retiro considerable de tropas de Vietnam de las que no habían podido deshacerse desde 1969, a pesar de los pocos resultados que aquellas había tenido para obtener ventajas considerables para el bando vietnamita del sur sobre sus enemigos del norte. Considerando la ofensiva que éstos últimos realizaron en 1972, aunada a las elecciones presidenciales estadounidenses, Kissinger obligó a reforzar el diálogo para lograr una resolución.

De manera individual4, sostuvo reuniones en Paris con Le Duc Tho, representante de Vietnam del Norte entre julio de 1972 y enero de 1973 para acordar un alto al fuego y formalizar el retiro de Washington del conflicto; sin embargo, aquel proceso estuvo lejos de ser fácil y constante, pues la estrategia de la zanahoria (negociaciones) y el garrote (bombardeos e incursiones militares) ejecutada por toda la administración de Nixon durante  la guerra se mantuvo y amenazó en diciembre de 1972 con descarrilar el proceso de negociaciones.

Afortunadamente, lo anterior no sucedió y el 27 de enero de 1973 Kissinger y Le Duc Tho firmaron los Acuerdos de Paris, terminando la turbulenta participación estadounidense en Vietnam. En un esfuerzo secundario para consolidar el proceso de pacificación en el país, el Comité del Nobel optó por otorgar en una de sus múltiples decisiones polémicas5  el premio de la Paz en el mismo año a los negociantes del acuerdo.

Sin embargo, la firma de dichos acuerdos no concluyó la Guerra, ya que a pesar de establecer un alto al fuego entre los bandos sur y norte, las hostilidades no cesaron por completo. Y para empeorar la situación, desde finales de 1973, hasta la caída de Saigón, capital de Vietnam del Sur en abril de 1975, los avances de las fuerzas del norte terminaron por unificar al país y por zanjar el conflicto, mientras que en Washington se imprimía para una potencia mundial. la primer huella de derrota militar en el Siglo XX.

Relativo al relajamiento de las tensiones o Détente (distensión) con la Unión Soviética, Kissinger, ya en calidad de director del Departamento de Estado entre septiembre de 1973 y enero de 1977, fue firme promotor de dicha política. Se centraba en una visión teórica propia fincada en los vínculos (linkages). Fue preparada en los años de la academia.

Desde esta perspectiva de vínculos, ciertas concesiones eran brindadas a Moscú para persuadirlo a cambio de otras que necesitara Washington en distintas puntos y problemáticas de negociación en plena Guerra Fría, esto con el principal objetivo de evitar una confrontación directa entre las potencias nucleares y militares de la época6.

Otro punto a favor de dicha política de linkages para Estados Unidos, fue el reacercamiento con China, lo cual se encargó de administrar de manera personalizada Kissinger, y que culminó con la visita del presidente Nixon a Pekín en 1972, esto con el principal propósito de restablecer las relaciones con dicho país y aprovechar el cisma en desarrollo con la URSS por el dominio del bloque socialista.

Por otro lado, y a pesar de la creciente oposición interna en el gobierno7, en 1972 se firmaría el marco cooperativo con la URSS de los tratados de limitación de armas nucleares estratégicas o SALT, y para 1974 se incluiría una expansión a los mismos relacionados con otro tipo de armas nucleares durante la Conferencia de Vladivostok en noviembre de 1974.

Durante el pimer año en el Departamento de Estado, Kissinger también tuvo la oportunidad de ejecutar una política exterior altamente individualizada con resultados satisfactorios, ya que en octubre 1973, el conflicto árabe-israelí se reactivó con la Guerra de Yom Kippur, pero gracias a la brillante mediación de este personaje8 entre los múltiples grupos enfrentados, en diciembre logró convocarlos a una conferencia en Ginebra para mantener el cese al fuego e iniciar un proceso de pacificación en Medio Oriente que culminaría con la firma de los Acuerdos de Campo David en 1978, y que consolidó el reconocimiento mutuo de Israel y Egipto como poderes regionales.

Desafortunadamente, el devenir de la política interna estadounidense comenzó a ejercer una efecto negativo sobre la administración publica nacional de la que Kissinger no pudo escapar, pues a raíz del espionaje gubernamental ejercido por el FBI y el empleo indebido de recursos estatales durante la campaña de re-elección presidencial en 1972, llamado “escándalo de Watergate”, la Cámara de Representantes estableció un comité de investigación que corroboró los hechos, y terminó por orillar a un recién re-electo Nixon a renunciar el 8 de agosto de 1974,  bajo la amenaza de un juicio político que podría terminar no solamente con su destitución sino con una condena judicial.

Una vez terminado el proceso de turbulencia política interna, Kissinger logró mantener la titularidad en el Departamento de Estado durante la administración del presidente Gerald Ford (1974-1977); sin embargo, en noviembre de 1975 en un reacomodo de la administración federal, Ford removió a Kissinger como consejero de seguridad nacional, lo cual anunció el periodo final en la cúspide de la política exterior norteamericana, pues al asumir la presidencia en 1977 Jimmy Carter nombró a Cyrus Vance como nuevo titular del Departemento de Estado.

Luego de su paso como secretario de Estado, Kissinger trabajó esporádicamente e el sector público como asesor externo, pero su más reciente y notable participación sería hasta la década de los 90 durante la presidencia de William Clinton (1993-2001), desempeñando un papel no oficial para la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México, a la par de consultar de manera privada a diversos gobiernos latinoamericanos en sus respectivos procesos de privatización de empresas estatales9.

No obstante, fue durante el periodo post gobierno que su desarrollo teórico pudo tomar mejor forma. Preparó textos notables como “La Diplomacia” (1994) y sus memorias (1979, 1982 y 1999), en los que expuso gran parte de su concepción ideológica y profesional de la política internacional desde el S. XIX, pasando por las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría (1945-1991).

Para Kissinger, un elemento determinante para el desarrollo político interno y externo de un país se encuentra firmememente anclado en la historia, pues a partir de los hechos y procesos previamente acontecidos, permite a quienes ejecutan la política exterior determinar si las situaciones actuales poseen elementos comparables en el pasado para actuar mejor en consecuencia10.

Adicionalmente, si el líder político puede interpretar de manera adecuada la historia para no verse sobrepasado por ella, también puede aumentar su creatividad para la solución de problemas y hacer explícita la hoja de ruta de los mismos no solamente al aparato burocrático estatal, sino a la población en general para mantener el apoyo y asegurar resultados positivos11.

Además del factor histórico, los factores relativos a la estabilidad y el equilibrio en un orden internacional12 son centrales en la mayoría de los escritos de Kissinger. Estas condiciones pueden alcanzarse por medio del establecimiento de límites y sanciones dentro del accionar de los Estados, el cual en términos amplios se reduce a la cooperación, siendo la diplomacia13 la principal herramienta.

Siguiendo el tema de los órdenes internacionales, existen dos tipos fundamentales, uno de carácter balanceado y con alta legitimidad, y otro revolucionario; para el primer caso, se toman en cuenta los límites de actuación, las aspiraciones y antecedentes históricos de cada Estado para construirse, y tiene como función primordial la resolución de controversias por medio de la diplomacia que compromete a los actores a acatar dichos acuerdos para perpetuar el orden y el balance14.

Respecto a los órdenes revolucionarios, cuando la legitimidad que confieren sus miembros a acatar las reglas y la jerarquía establecida se vuelve dispar o impide que los intereses nacionales de un Estado puedan ser cumplidos, surge la posibilidad de que aquel orden sea desafiado abiertamente por uno de ellos para cambiarlo, y de resultar satisfactorio, un nuevo arreglo internacional se establece.

Finalmente, es necesario considerar que la duración de cualquier orden internacional estará estrechamente ligada con el nivel de legitimidad, aceptación y compromiso en el ejercicio de la política exterior que los Estados le confieren, determinando así que ninguno es permanente ni constante.

Lo anterior de igual forma, tampoco puede contemplarse sin aquellas intervenciones y cálculos directos, elaborados gracias a sus cualidades de análisis extraordinarias que manifestó no solamente como funcionario público, sino también como importante exponente téorico del realismo político internacional.

En contraste, es en este excesivo protagonismo y dependencia individual que también el legado de Kissinger puede medirse, ya que la mayoría de los acuerdos alcanzados en política exterior para Estados Unidos en ese periodo fueron gracias a la intervención de un individuo, y no al Departamento de Estado como un conjunto o una institución para lograr resultados efectivos, que pudieran ser replicados en el futuro. Ejemplo de ello fue la disminución de la influencia internacional estadounidense durante la administración de Jimmy Carter (1977-1981).

Y esto último es incompatible no solamente con la democracia como sistema de gobierno institucionalizado, sino de la propia consolidación del aparato gubernamental del Estado, pues la excesiva dependencia a los individuos para su funcionamiento impide que se creen organismos administrativos que puedan funcionar por medio de reglas y dinámicas claramente establecidas; hecho que compromete seriamente su durabilidad en el tiempo.

 

Fuentes Consultadas

  •  Berridge, G.R., Keens-Soper, Maurice y Otte, T.G., Eds., Diplomatic theory from Machiavelli to Kissinger, Palgrave, Estados Unidos y Reino Unido, 2001.
  • Feldman, Burton, The Nobel prize : a history of genius, controversy, and prestige, Arcade Publishing, Estados Unidos, 2000.
  • Grandin, Greg, Kissinger’s Shadow, Henry Holt & Co, Estados Unidos, 2015.
  • Isaacson, Walter, Kissinger: a biography, Simon & Schuster, Estados Unidos, 2005.
  • Starr, Harvey, Henry Kissinger: perceptions of international politics, The University Press of Kentucky, Estados Unidos, 1984.
  • Wagner, Abraham R., Henry Kissinger : pragmatic statesman in hostile times, Routledge, Estados Unidos y Reino Unido, 2019.
  • Wagner, Heather, Henry Kissinger : ending the Vietnam War, Infobase Publishing, Estados Unidos, 2007.

Autores
Internacionalista por la UNAM-FCPyS. Interesado y en constante estudio de temas del Espacio Post Soviético y Política Internacional.
Ilustración realizada por ChangosPerros
Ilustración realizada por ChangosPerros

I

El padre de tu padre se lo contó una noche al volver de la milpa, cuando no había luz eléctrica y ese calor sofocante del que siempre se ha quejado se colaba por las ventanas. Calor que la península de Yucatán conoce muy bien y empieza a avisar desde febrero que en mayo se pondrá peor. A ti te lo contó tu padre medio siglo después, cuando regresabas de la tienda de la esquina con un hielo en bolsita que se derretía durante el trayecto. En ese momento creías, y aún lo sigues creyendo de algún modo, que el hielo en bolsita es el único remedio lógico y plausible para mitigar el sol y destruir la primavera.

Te lo contó, quizá solo para distraerte de tus insistentes reclamos de ir a la piscina pública, y le creíste. Te dijo que, si querías ir a una piscina, sería mejor que tú mismo la construyeras, con tu dinero. ¿Y cómo? Le dijiste. Espérate al 3 de mayo. Ese día y solo ese puedes encontrarte dinero enterrado. ¿Y cómo? Le dijiste de nuevo. Si estás atento a tu camino en el monte o en el fondo del solar, es posible que puedas ver una candela. ¿Candela? Preguntaste. Sí, candela, fuego, lumbre. Debajo de esa candela encontrarás dinero. ¿Dinero? Preguntaste. Sí. Dinero de un terrateniente, latifundista o hacendado que lo guardó y se le olvidó dónde lo puso o se murió antes de poder gastarlo. Hay mucho dinero bajo la tierra, solo hay que encontrarlo. Así te lo contó tu padre. Decía que lo ponían en botijas para prevenir el futuro, para la fiesta o solo por el simple gusto de saber que uno tiene una pequeña fortuna en algún lugar de su tierra, sin que nadie lo sepa, ni los usureros ni los familiares indeseables ansiosos por una sustancial herencia. De ese dinero hablo.

 

II

La práctica de almacenaje de dinero en botijas era común en el Yucatán de siglos pasados. Las botijas eran recipientes de barro de distintos tamaños fabricadas para guardar valores en el terreno de una casa o solar. Herencia precolonial o colonial, y popularizada en las guerras sociales, por ejemplo, la Guerra de Castas. Aún hoy quedan reminiscencias de ese guardar lo valioso en ciertos lugares de la casa, como los pretiles o en algún recoveco del techo, justo arriba de las hamacas que se extienden a lo largo de la casa común y que, cuando eras niño, veías como una pista de obstáculos para atravesar hacia cualquier lugar.

Encontrar dinero en la calle es signo de buena fortuna, así te decían para mantenerte atento a la carretera, aunque estos fueran 10 centavos. Desde pequeño te acostumbraste a mirar hacia la calle buscando monedas que algún despistado fuera a dejar accidentalmente en su tránsito a su destino. Por eso cuando tu padre te contó acerca de la posibilidad de encontrar una fortuna enterrada en tu terreno, iniciaste tu tradición de buscar candela en la tierra, un fuego perpetuo que solo tú podrías ver.

Te quedaste toda la tarde de ese 3 de mayo imaginando el tamaño que tendría esa piscina que ahoga el calor y que se limpia sola con los aparatos electrónicos que anunciaban en la televisión. En eso estabas cuando tu padre te dijo que si llegaras a ver esa candela no debes contárselo a nadie. Solo tienes que cavar, cavar y cavar hasta encontrarlo, porque si lo cuentas entonces desaparece. Pero no escuchaste esa última parte del relato, hecho quizá solo comparable con los estudios de mecánica cuántica, algo que Heisenberg describió como el Principio de incertidumbre en 1927. Materia en la que te interesaste muchos años después, aunque no le entiendas nada. No lo escuchaste porque tú ya traías la piscina metida en la cabeza.

 

III

Para los mayas el Xook K’iin es una manera de convivir con la naturaleza. De leerla. Literalmente, significa “contar días”. Es una forma de observar el entorno, los árboles, el comportamiento de los animales, las características de la tierra o el viento, para leer el clima del año. Este ejercicio se realiza durante el mes de enero y, a pesar de ser una práctica muy antigua, aún tiene constancia en los campesinos de las comunidades de la península de Yucatán. Los campesinos lo usan para saber cuándo deben sembrar y así garantizar una cosecha productiva, dado que gran parte de ellos usa el sistema de milpa tradicional que depende de los ciclos de la lluvia y no de los sistemas de irrigación. Determinar de la forma más precisa posible el inicio de la temporada de lluvias es fundamental para lograr una buena cosecha. Es por ello, que el conocimiento de la cuenta de los días es una herramienta de supervivencia. El 3 de mayo es la fecha en la que esta temporada históricamente ha iniciado y generalmente coincide con el Xook k’iin.

Las lluvias siempre se atrasan, dice tu padre. Hace mucho calor, le dices. Ya debe llover, te contesta. Pongamos una piscina, le respondes. No recuerdas la última vez que viste llover un 3 de mayo. En realidad, temías que eso sucediera. ¿Cómo encontrarías el dinero enterrado el día de la primera lluvia de la temporada?

Es 3 de mayo y tu padre desea que llueva; tú, encontrar candela sobre la tierra. Tu padre desea que aprendas a sembrar el maíz de Xmejen naal, junto al frijol, el tomate y la calabaza; que aprendas a escuchar las semillas para hacer pepita tostada, sobre todo, que supieras que la milpa debe rotarse para cuidar la tierra y que una guardarraya mal hecha en el monte provoca incendios. Tú, la piscina motorizada.

 

IV

Durante muchos años te preparaste para el 3 de mayo. Te emocionaba más que la navidad o tu cumpleaños. Nadie te regala dinero en tus cumpleaños, o al menos no a ti. Bajo el pretexto señorial de que: “¿para qué va a querer dinero el niño? Mejor dale un juguete”. Quién eras tú para contradecir las afirmaciones categóricas de los adultos del principio de siglo.

Aunque hubo una vez, solo una, que no fue así. Cuando llegó a tu casa aquella tía que no has vuelto a ver en años, pero que siempre te felicita por Facebook en tus cumpleaños. Hoy en día le dirían a esa tía Motomami y te ríes al pensarlo así, coreando a la Rosalía. En esa ocasión, lo recuerdas bien, sacó de su bolsa, muy ad hoc a la moda de los 2000, un billete del siempre confiable Nezahualcóyotl para dártelo, en secreto, como presente de cumpleaños. Esa fue la primera vez que tuviste tanto dinero para ti solo y casi olvidaste la fortuna que descansaba bajo la tierra seca sobre la que dormías.

 

V

Nunca encontraste dinero en una botija enterrada bajo una candela. Dejaste de intentar buscar tesoros como si fueras un pirata. Hace décadas que dejaste de pedir un detector de metales para tus cumpleaños o navidad.

Lo que sí encontraste fue un frasco de vidrio con cientos de monedas una tarde en que fuiste a casa de tu bisabuela. No era 3 de mayo, pero sí fue durante una sequía de primavera, un día después de que un incendio consumió toda la construcción. Ahí estaba. A medio enterrar, como si no se esforzara en ocultarse. El incendio había comenzado en la noche, cuando el fogón donde se calientan las tortillas no se apagó bien.

El frasco lo encontraste entre los restos metálicos de lo que era un taller de zapatos en el que las hormas te parecieron tener formas de pies no humanos. En seguida pensaste en decirlo a todo mundo, pero en tu infinita avaricia te corregiste y decidiste quedarte el frasco para ti solo. Cuando tuviste la oportunidad de mirarlas, te diste cuenta que no conocías esas monedas. Eran grandes y pesadas y traían imágenes de personas desconocidas. No eran los pesos que se usan ahora con los números grandes, ni los nuevos pesos que empezaron a circular en 1994 y que ahora ya son viejos. Eran monedas con el rostro de un hombre con paliacate y decían 1970. Deben valer un chingo, pensaste, y son un montón. ¿Desde cuándo, y sobre todo ahora, lo viejo vale más que lo nuevo? Es por eso que nadie, pero nadie, en ninguna tienda, te los quiso aceptar, ni siquiera por un hielo en bolsita de esos que se derriten en las manos de camino a casa.

 

VI

Este año tampoco llovió el 3 de mayo. No recuerdas si alguna vez viste que lloviera el 3 de mayo. Ya no buscas candela sobre la tierra, y tu padre ya no va a la milpa. Todavía tienes las monedas del hombre con paliacate. Ahora sabes que es José María Morelos y Pavón, el que está en el billete de $50 pesos.

Ahora eres coleccionista. Coleccionas monedas. Coleccionas tazos. Coleccionas recuerdos. Coleccionas de todo. Tienes todas las monedas de $5 de la revolución y de la independencia; algunos billetes de cuando venían en papel y otros en plástico. También coleccionas frascos y botijas de barro. Lees el tiempo, el Xook k’iin, y esperas a que llueva el 3 de mayo.

De unos años para acá te ha asaltado otro deseo. Y es una imbécil necesidad de enterrar tu dinero. Tu colección. Tienes la idea de que, si la candela no se te apareció a ti, se le pueda aparecer a alguien más, aunque ese día llueva, porque ese fuego no se apaga con el agua. Quieres comprobar que lo que dijo Heisenberg en el Principio de incertidumbre no aplica a esto, que solo es para la mecánica cuántica y las ondas y las partículas. Quisieras que, si alguien encuentra tu botija un 3 de mayo, esta no desaparezca por contarlo y que, si no fuera mucho pedir, se gaste en algo mejor que una piscina.


Autores
(1994, Ticul, Yucatán) es Licenciado en Literatura Latinoamericana y Técnico en Educación Artística con Especialidad en Creación Literaria. En 2022 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia Joven “Gerardo Mancebo del Castillo Trejo”, ganador de los “LXIII Juegos Florales Nacionales de Ciudad del Carmen” y seleccionado en la 3ra convocatoria “Alas de Lagartija”. En 2020 ganó el Premio Estatal de Cuento Corto “Tiempos de Escritura”. Es productor ejecutivo del colectivo U Yotoch Yúuyum.

Ilustrador
ChangosPerros
Carlos Dzul. Villahermosa, 1983. Dibujante y monero. Ha sido becario del PECDA y el FONCA. Premio universitario de cuento Punto de Partida. Escribió una columna sobre cómic (Great Sioux Nation) en el diario Tabasco Hoy. Finalista Secuenciarte (Pixelatl) y residente de la CAZ, en 2022. Autor de las compilaciones de viñetas Existir es de Nacos, Mi Mundo Ideal y Viñetas para Enamorados y de los libros de cuentos Choto y Simón Clarinet (autoedición). Realiza historietas personalizadas y publica tiras cómicas en redes sociales bajo el nombre de ChangosPerros.