Tierra Adentro
Diana Martín. “La estación” Acuarela y grafito/Papel.

Ya lo dijo Virginia Woolf: para que una mujer pueda crear, es necesario que cuente con recursos económicos suficientes para sostenerse y “un cuarto propio”. Si en México las condiciones laborales para mujeres y hombres que perciben un salario son de por sí complicadas, para las trabajadoras independientes lo son aún más. Ana Paula Rumualdo señala la importancia de ser conscientes de los regímenes de trabajo de algunas creadoras independientes y empezar a modificarlos colectivamente, así como algunas opciones para que aquellas que no reciben un salario fijo puedan construir una situación financiera estable, condiciones laborales y de vida más dignas, no sólo en el presente, sino en el futuro.

 

El mundo se enriqueció con la obra de las primeras mujeres artistas que recibieron un pago por su trabajo: Cristina de Pisa, Aphra Behn o Artemisa Gentileschi vivieron en épocas en las que el mecenazgo representaba el apoyo principal para una profesión que nunca ha estado condicionada al desarrollo de obras a cambio de una retribución fija y periódica. Pero actualmente el panorama es muy distinto: si bien existen fundaciones que otorgan aportaciones privadas destinadas a impulsar proyectos artísticos, lo cierto es que no constituyen la protección y financiamiento asegurado que representaban los mecenas de antaño.  Sin mecenazgo ni vida en la nómina a la vista, el panorama laboral parece más un muro tan escarpado como el que divide los Siete Reinos de las tierras salvajes. Pero existen maneras de cruzarlo.

Como creadora, probablemente trabajes de freelance, cosa que, por supuesto, tiene ventajas invaluables, como tener un horario flexible que se adapte a tus necesidades y la posibilidad de realizar una labor compatible con tus intereses. Seas freelance real (te pagan por honorarios, trabajas desde tu casa y acudes a reuniones cuando eres convocada, es decir, realizas el servicio contratado con recursos propios) o aparente (igual te pagan por honorarios, pero tienes jefe, lugar de trabajo, horario y pago fijo, pero no tienes ninguna prestación), lo cierto es que tu seguridad laboral y financiera está más ausente que un espejo en el castillo de Drácula. Considerada siempre “colaboradora externa” o trabajadora por honorarios, simplemente no puedes acceder a ningún beneficio en materia de seguridad social. Adiós jubilación y seguro médico. La única antigüedad que te es reconocida es la tuya en este mundo (y eso porque no hay de otra). De los demás beneficios (vacaciones conforme a la ley, primas, licencia por maternidad, etcétera), mejor ni hablamos.

En otras palabras: si no eres una asalariada, no tienes derechos. Entonces, ¿qué puedes hacer para tener acceso al menos a una jubilación decorosa?

Aquí hay un par de opciones:

  1. Abrir voluntariamente una Afore como trabajadora independiente, o

  2. Abogar por la creación de una ley que, como artista independiente, te permita recibir una pensión.

¿Pensiones para creadores artísticos? ¿estoy soñando?

No estás soñando. En Argentina existe una iniciativa denominada Ley de AUTORES (Asignación Única por Trabajos y Obras en Reconocimiento a Escritores) y una iniciativa de ley para la jubilación de artistas plásticos y visuales, cuyas discusiones y aprobaciones están próximas.

Ambas iniciativas buscan un fin común: lograr que las personas que integran la comunidad artística y literaria  puedan acceder a una jubilación. Así, durante su vejez no quedarán a la deriva y tendrán una retribución por el aporte brindado a la cultura argentina. Estas iniciativas constituyen un hito en el reconocimiento a la labor artística, tan presente y celebrada en público mediante premios y homenajes y tan ignorada en materia de derechos laborales.

En las motivaciones de los proyectos de ley mencionados se encuentra el ánimo de enmendar la desprotección a la que, desafortunadamente, se encuentra expuesta la República de las letras:

“Son muchos los escritores de los que se ha sabido terminaron sus días en la indigencia, y es posible que se cuenten por decenas los que además lo hicieron en el silencio y el olvido. Casi constituye un tópico de la condición de escritor, tanto como la ingratitud de la sociedad para con ellos.”

“Los escritores aportan a la cultura general de una comunidad; son creadores individuales que generan una suerte de “riqueza social”, difícil de cuantificar o particularizar, pero fácilmente perceptible en su conjunto.”

Y lo mismo va para la ilustración y el dibujo:

Son manifestaciones culturales contemporáneas que atraviesan nuestra cotidianeidad, la transforman, profundizan el pensamiento crítico y generan la proliferación de opiniones y sentires, que nos enriquecen día a día como sociedad cultural.

Las citas anteriores bastan para comprender la necesidad de su aprobación y (por supuesto) acatamiento.

Algunos de los requisitos para poder acceder a esta pensión son: haber cumplido con las aportaciones al Sistema Único de la Seguridad Social, tener una edad mínima de 65 años y trayectoria comprobada. Lo anterior implica que aunque como colaborador externo te paguen por honorarios, quien te paga estará obligado a hacer una aportación para tu retiro. Genial, ¿cierto?

Animados por la elaboración y presentación de la iniciativa de ley, la Asociación de Dibujantes de la Argentina, El Foro de Ilustradores y los de Banda Dibujada, se unieron para formar la Asociación de Dibujantes Argentinos (ADA) con el objetivo de crear conciencia en el gremio acerca del peso que tiene su trabajo en la industria editorial. Entre sus fines se encuentran promover, informar y educar sobre la defensa de los derechos de los profesionales del dibujo y la ilustración,[1] evitando, por ejemplo, la firma de contratos a ciegas.

El diablo está en los detalles

Esa renuencia a leer contratos que quizá tú misma experimentes no es nada nuevo, y es perfectamente entendible: mamotretos repletos de tecnicismos que (a menos que pagues por una asesoría jurídica) nadie se molesta en explicarte. Cuando llegas al horror ortográfico o de redacción número diez, te das por vencida y firmas. Precisamente para aliviar esos males es que surgieron estas asociaciones. Recuerda: el diablo está en los detalles, así que más vale leerlos y pedir que te expliquen lo que no entiendas, ¿a poco en plena era de la información te vas a quedar con alguna duda?

Actualmente, existen en México diversas asociaciones destinadas a la defensa de los derechos de sus integrantes en los ramos mencionados, por ejemplo, la Asociación Mexicana de Ilustradores o la Sociedad General de Escritores de México. Consulta qué beneficios tiene formar parte de la que te corresponda, si te conviene, considera unirte. Y si ninguna asociación te acaba de convencer, ¿por qué no formas una tú?

Lo deseable sería que, inspirados en lo que Argentina ha brindado a su comunidad artística, se pudiera lograr un esquema de pensiones en México. La muy reciente iniciativa ciudadana, con todo y sus bemoles, puede ser una herramienta para lograrlo.

El pelo en la sopa es que “la cultura laboral en México ni siquiera da para pensar en iniciativas como las que se presentaron en Argentina”, comentó la abogada Hayde Galán González, especialista en materia laboral.[2] Para implementar una ley de esa naturaleza y que realmente se pueda aplicar, tendrían que modificarse otras tantas para que el régimen de seguridad social fuera aplicable a las personas físicas con actividad profesional.

Estamos hablando de una cultura en la que “los despidos de mujeres embarazadas, las pruebas de embarazo como condición para ser contratada y el veto a las que son madres, son bastante comunes”, agregó Hayde. El atraso es evidente. Existen barreras que superar antes de lograr un cambio en la concepción que se tiene de la labor de las mujeres en el arte.  Para ello no hay más que mantenernos informadas y unidas. 

¿Demasiado bueno para ser cierto?

Si la opción anterior te parece lejana, guajira –o ambas–, no te agobies. Como trabajadora independiente también puedes abrir tu Afore y aportar voluntariamente una cantidad fija.

Usa la página de la CONSAR (Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro) para informarte bien acerca de cómo registrarte, cómo elegir la mejor Afore y los servicios a los que tendrías derecho.

Revisa los servicios disponibles en cada administradora para trabajadores independientes (no todas cuentan con esa modalidad). Asesórate con alguno de los blogs de finanzas personales que te explican a detalle todo lo relacionado con el ahorro para el retiro, incluso responden a las dudas que les plantees. Sobra mencionar la importancia que tiene contar no únicamente con una Afore, sino con un fondo para emergencias que te ayude a solventar cualquier imprevisto. Investiga, haz cuentas, compara.

De igual forma, es recomendable que cuentes con un seguro médico. Es cierto, sale más caro por el simple hecho de ser mujer. Para las aseguradoras implica más riesgos, porque como diría un triste hombre que trató de venderme un seguro: “las damitas tienen necesidades peculiares”. Como establece la Profeco: “Por lo general, los planes para las mujeres son más caros, ya que éstas son más propensas a enfermedades entre los 20 y 50 años, viven más tiempo que los hombres y pueden tener posibles gastos por maternidad”.[3] Si no quieres o no puedes contratar un seguro privado, también tienes la opción de inscribirte al régimen voluntario del IMSS por una cuota que varía según tu edad (entre $889 y $2237 al año).[4]

Si trabajo por dizque honorarios, ¿no tengo derechos?

Ahora, si tu caso es un aparente trabajo por honorarios y crees que en cualquier momento te pueden dar las gracias porque no tienes contrato o porque estás contratada “temporalmente” (aunque tengas años ahí), estás en un error. En 2005 y 2010, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Tercer Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo en el Primer Circuito, respectivamente, emitieron jurisprudencias, es decir, criterios firmes, en los que establecieron que el vínculo laboral se demuestra cuando los servicios prestados reúnen las características de una relación de trabajo y que no debe tomarse en cuenta la existencia de un contrato de prestación de servicios profesionales cuando con él pretenda esconderse la existencia de una relación de trabajo. Échale un ojo a estas letras chiquitas:

“TRABAJADORES AL SERVICIO DEL ESTADO. EL VÍNCULO LABORAL SE DEMUESTRA CUANDO LOS SERVICIOS PRESTADOS REÚNEN LAS CARACTERÍSTICAS PROPIAS DE UNA RELACIÓN DE TRABAJO, AUNQUE SE HAYA FIRMADO UN CONTRATO DE PRESTACIÓN DE SERVICIOS PROFESIONALES.

En otras palabras, si camina como pato y hace como pato, es un pato.

…la existencia del vínculo laboral entre una dependencia estatal y la persona que le prestó servicios se da cuando se acredita que los servicios prestados reúnen las características propias de una relación laboral. En ese sentido, si se acredita lo anterior, así como que en la prestación del servicio existió continuidad y que el trabajador prestó sus servicios en el lugar y conforme al horario que se le asignó, a cambio de una remuneración económica, se concluye que existe el vínculo de trabajo, sin que sea obstáculo que la prestación de servicios se haya originado con motivo de la firma de un contrato de prestación de servicios profesionales, pues no es la denominación de ese contrato lo que determina la naturaleza de los servicios prestados al Estado, de tal suerte que si éstos reúnen las características propias del vínculo laboral entre el Estado y sus trabajadores, éste debe tenerse por acreditado…

Típico: firmas un contrato de trabajo “temporal” que, de contentillo, te renuevan mensual o trimestralmente. Te han dicho que en cualquier momento te mandan a la calle, sin posibilidad de reclamar nada. ¿Pues qué crees? eso es pura intimidación:

“CONTRATO DE PRESTACIÓN DE SERVICIOS PROFESIONALES. LOS EFECTOS TEMPORALES Y VINCULANTES CONTENIDOS EN ÉL NO DEBEN TOMARSE EN CUENTA EN LA INSTANCIA LABORAL, CUANDO SE DEMUESTRE QUE PRETENDE ESCONDERSE LA EXISTENCIA DE UNA RELACIÓN DE TRABAJO.

… una relación de trabajo entre una dependencia estatal y una persona que prestó sus servicios no sólo puede probarse con el nombramiento del trabajador o su inclusión en las listas de raya, sino también cuando se acrediten los elementos siguientes: 1) una relación continua; 2) que el operario haya prestado sus servicios en el lugar y conforme al horario asignado a cambio de una remuneración económica; y, 3) todo ello independientemente de que se haya suscrito un contrato de prestación de servicios profesionales. Consecuentemente, en los casos en que se determine que ese acuerdo de voluntades pretende esconder la existencia de un vínculo de trabajo entre las partes, los efectos vinculantes y temporales que pueda llegar a contener no surten efectos en la instancia laboral, aun cuando se especifique su temporalidad en términos del artículo 15, fracción III, de la Ley Federal de los Trabajadores al Servicio del Estado, debido a que la duración de una relación laboral sólo debe responder a la naturaleza del trabajo y a los supuestos regulados por la citada legislación y no a lo pactado entre las partes…

Por analogía, estos criterios también se aplican si:

  1. Existe una relación de subordinación; es decir, existe un poder de mando al que estás sujeta para la ejecución de tu trabajo.

  2. Tienes un horario.

  3. Recibes una remuneración económica a cambio de ese trabajo: cuentas con recibos de honorarios consecutivos expedidos continuamente a favor de la misma razón social y por cantidades constantes.

  4. Trabajas en un lugar físico determinado.

  5. Cumples con las metas impuestas.

La subordinación es primordial para determinar la existencia de la relación laboral. Esos correos que dicen “te encargo la portada de x”, “necesito que me entregues a, b y c para tal día”, sirven para comprobarla.

Si trabajas bajo un simulado esquema de honorarios y un día te dan las gracias sin más, sería recomendable que demandaras, aunque te pongan en la “lista negra”. Piénsalo: esa lista negra no puede abarcar todos los lugares de trabajo, ni es eterna. En esos casos es necesario presentar una demanda laboral para generar conciencia y abrir camino a las nuevas generaciones.

Un cuarto propio para el retiro

¿Te acuerdas de la fábula de la cigarra y la hormiga? Puedes divertirte como la cigarra: canta y baila hoy, pero si ahorras lo suficiente, no tendrás que pedirle prestado a las avaras hormigas más adelante.

Tal vez opines que la vida no es vida sin riesgo, y que no te la vas a pasar previendo el futuro y pensando en tu retiro. Seguramente eres enemiga declarada de la monotonía y ese ahorro constante no puede sonar más aburrido, no piensas terminar siendo uno de los hombres de traje gris, los “ahorradores de tiempo” que aparecen en Momo. Bien sabemos que por más que asegures el futuro, nadie tiene la vida comprada, pero si entre tus planes no se encuentra vivir rápido y morir joven, sería bueno que comenzaras a ahorrar para tu retiro, no importa cuántos años tengas.

La verdad es que en México no queremos hablar y pensar en nuestra propia vejez. Como informa Claudia Silva, especialista en mercadotecnia digital de los servicios de una compañía financiera,[5] en los estudios realizados por la AMAFORE (Asociación Mexicana de Afores) durante 2013 se encontró que: “5 de cada 10 personas entrevistadas manifiestan ideas negativas en torno a la vejez, en especial, aquellas relacionadas con la muerte y la falta de productividad. Nadie piensa ni planea su vejez, y por lo tanto nadie ve necesario ahorrar. Quizá para las creadoras no asalariadas siempre quedará la opción de seguir colaborando en publicaciones o haciendo trabajos esporádicos, pero lo ideal es que no sea el único medio para sostenerse económicamente”. Según este estudio, el 41% de los mexicanos mayores de 65 años sigue trabajando y de éstos, el 83% lo hace por necesidad económica.[6]

Otro dato importante: de los 3 millones 193 mil 579 personas adultas mayores registradas como económicamente activas, únicamente 638 mil 149 son mujeres. Pero sabemos que, en realidad, muchísimas adultas mayores más aún trabajan (y doble jornada, si sumamos las labores domésticas que la mayoría realiza en sus domicilios). Lo hacen, además, en condiciones que no les otorgan estabilidad, calidad de vida ni posibilidad de ahorro, lo que las convierte en un grupo social altamente vulnerable.[7] Es fundamental que te des cuenta de que esta situación también te involucrará a ti en un futuro.

Por eso, Claudia Silva insiste en la importancia de planear cómo manejarás tu economía en la vejez a través de las aportaciones voluntarias a tu Afore: “Éste es un instrumento de inversión bastante atractivo en rendimientos, e incluso en algunas de sus modalidades podrías deducir impuestos. Debemos destinar aproximadamente entre 10 y 15% del ingreso mensual a este fondo, de preferencia, desde que empezamos a trabajar, cuando somos más productivas. Si eres constante en esta disciplina por 30 años, podrías ver un futuro mucho más tranquilo, sin preocuparte por tu situación económica o sentimental. Podrías tener ese verdadero cuarto propio del que hablaba Virginia Woolf”. Para que te motives, aquí hay una calculadora que proyecta cuánto podrías acumular si te plantearas el propósito de hacer aportaciones voluntarias domiciliadas.

A diferencia de las artistas que comenzaron a abrir camino para las generaciones que les siguieron, tú ya tienes la posibilidad de formar un patrimonio propio que será producto, para tu gran alegría, de dedicarte a hacer lo que más amas. Ese patrimonio sólo puede construirse si te decides a controlar tus finanzas de forma responsable, cosa que no puede derivar más que en beneficios para ti misma. Ten en mente que formas parte de un importante cambio en la cultura financiera de las mujeres. Ya no estás relegada a la administración de los recursos, ahora puedes construirlos. Es momento para sentar un precedente sobre el camino que, dando pasos junto a otras colegas, se abrirá cada día más.

 

 

 


[1]Artículo 2, fracción g) del Estatuto de la ADA, disponible en: http://dibujantestrabajando.blogspot.mx/p/adaestatuto-propuesta-final.html

[2] Para Díaz Mirón y Asociados, S.C. En entrevista telefónica, febrero de 2014.

[3]Radiografía de servicios de seguros de gastos médicos, disponible en http://www.profeco.gob.mx/revista/publicaciones/adelantos_03/gasmesmay_seo03.pdf
Para consultar una guía más actualizada de los seguros de gastos médicos de la Profeco, consultar: http://www.profeco.gob.mx/encuesta/brujula/bruj_2012/bol231_seguros.asp
En este enlace, la Profeco informa específicamente el costo de diversos servicios específicos para la salud de las mujeres: http://revistadelconsumidor.gob.mx/?p=1587

[5] En entrevista sostenida por correo electrónico, marzo de 2014.

[6] Ahorro y futuro. ¿Cómo viven el retiro los mexicanos? Estudio de la Asociación Mexicana de Afores, junio de 2013. Disponible en:

http://www.amafore.org/sites/default/files/Presentacio%E2%95%A0%C3%BCn%20Vejez%20Azul_0.pdf

[7] Según el Censo de Población y Vivienda 2010. El análisis de los datos puede consultarse aquí: http://comunicacionsocial.diputados.gob.mx/camara/2012/agosto/revista/index.php/ceameg/adultas-mayores-en-mexico-un-desafio


Autores
(Ciudad de México, 1982, año de estreno de Blade Runner). Estudió Derecho. Además realizó estudios de Bioética y cursó el Diplomado de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción de la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha participado en diversos Congresos organizados por el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo. Actualmente se desempeña como abogada especialista en contrataciones públicas, donde las ficciones jurídicas son el caldo de cultivo para sus propias ficciones.
Beyond the pyramid 1

Para mí la expresión el otro México evoca una realidad compuesta de diferentes estratos y que alternativamente se pliega y se despliega, se oculta y se revela.

Octavio Paz en “Crítica de la pirámide”.

En el año 2012, el artista gráfico y músico Julian Bonequi regresó a México tras varios años de vivir, trabajar y recopilar música en Alemania y España. Durante su estancia, formó parte de diversos ensambles y orquestas de improvisación y creó una disquera como plataforma digital que documenta la música experimental, avantgarde e inclasificable. Luego de desenvolverse en ese territorio por una década y mantener aquel sello llamado Audition Records, volvió a su ciudad natal.

Al volver, se encuentra con un Distrito Federal muy distinto al que conoció antes: uno con más foros y mucha más música, así como un panorama igual de difícil pero también recursos tecnológicos que han abierto espacio para más propuestas. No es la misma ciudad que conoció y en la que creció algunas décadas atrás, aunque probablemente sí una mucho más diversa.

En este encuentro, seleccionó nuevos hallazgos. Bajo Audition Records tuvo la iniciativa de hacer una recopilación que reuniera la nueva música experimental del panorama mexicano que encontró al volver de Europa. Es así que lanzó una convocatoria abierta bajo la siguiente premisa:

La Ciudad del Ruido no es una ciudad ni un lugar. Es una posibilidad desde muy diversos contextos y géneros infinitos. No creemos en las etiquetas pero sabemos que hay estilos.

El concepto, al menos el del título, está asociado a “Crítica de la pirámide”, fragmento de Posdata, libro de ensayos de Octavio Paz. Realizado, posiblemente, en uno de los momentos más críticos del autor en el que, posterior a 1968 y luego de renunciar a su puesto como embajador en la India, hizo referencia a la existencia de dos Méxicos, el desarrollado y el subdesarrollado; parafraseando: “La ‘inteligencia’ mexicana, en su conjunto, no ha podido o no ha sabido utilizar las armas propias del intelectual: la crítica, el examen, el juicio”. Esta crítica pertenece a una búsqueda más amplia.

Es así como Bonequi usa esta lógica para dar un tratamiento especial a aquello que trascendía los lugares establecidos. Reunió música para una colección que entiende como fundamento la búsqueda de los sonidos que están fuera de los lugares y parámetros comunes, recopilados a lo largo de tres volúmenes que abarcan del 2005 al 2013. La analogía es semióticamente precisa y más que apropiada, puesto que ese es el argumento detrás de hacer un compilado así. El buscar que  México (y su escena artística) haga su propia distinción de lo establecido y una ruptura con ello, para encontrar otro lugar dónde se mantenga un discurso digno de sus potenciales, posibilidades y de su libertad creativa. Así, bajo este propósito, hacer un retrato del acontecer actual.

La curaduría es diversa. Hay que tomar en cuenta que The Other Mexico: Beyond The Pyramid fue una dinámica y labor de recopilación digital en la que participaron una gran cantidad de artistas y que fue apoyada por otros sellos, pues se realizó una convocatoria abierta para que llegaran estos trabajos. Es así que se logró reunir una cantidad muy vasta y rica de propuestas de la escena experimental mexicana. Desde el guitarrista Alex Otaola y su orquesta de cámara, el paisajista sonoro Manrico Montero, el grupo de free-jazz Zero Point (Bringas, Lauber, Cano); contemporáneos como Alexander Bruck, Remi Álvarez y Dora Juárez; artistas internacionales que encontraron lugar en esta escena, como Misha Marks; así como algunos de los vocalistas más interesantes que ha dado la música mexicana en tiempos recientes: Rodrigo Ambriz, Juan Pablo Villa y Carmina Escobar. Duetos de efímera existencia pero memorables como el de Alexandra Cárdenas y María Lipkau, hasta talentos mucho más nóveles de la improvisación como Rolando Hernández o la artista multimedia Leslie García. Incluso proyectos alternos que no han tenido grabaciones formales, por lo tanto gestan un documento inédito.

Finalmente, el resultado sonoro es más que interesante. La selección no recae en las piezas más convencionales de los artistas, sino que busca momentos de culminación dentro del repertorio del catálogo de los artistas que lo conforman. En lo personal, destacaría los tracks de ensambles como Generación Espontánea, Liminar o Delicados (trío de Hecht, Goldaracena y Solis) por representar el potencial colectivo de estas creaciones; aunque no descartaría la inclusión de bandas de stoner rock y grindcore que vinculan el acoplado con nuevas generaciones.

Es digno de reconocerse este esfuerzo como uno de los compilados más interesantes en su haber. Loable y útil, puesto que deja un material triple listo para muchos usos y aplicaciones futuros; pues es accesible de forma digital, con posibilidades infinitas. No sería ningún desperdicio pensar que el álbum podría introducir a un extranjero a la nueva música mexicana, incluso seguramente a los mismos mexicanos. Pues esta visión más allá de la pirámide, reúne algo de la música contemporánea más sofisticada del país y a la vez algunos de los sonidos más arriesgados de la música subterránea. Es célebre por crear una labor de documentación tan significativa. Especialmente si se toma en cuenta que el compilado The Other Mexico: Beyond The Pyramid no está limitado a una especie de sonido o corriente sino que, por el contrario, abarca un espectro bastante amplio de esta otra música.

Escucha y descarga a través de Audition Records.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(1986). Escritor, gestor cultural y editor de varios medios musicales; se dedica al arte sonoro, su gestión y difusión. Fundador de un colectivo de música independiente, analiza el fenómeno sonoro y documenta el acontecer musical de México en nuevos medios. Ha escrito para más de una decena de publicaciones, entre las que destacan El Universal, Marvin, 192, Tierra Adentro y el libro 100 Discos Esenciales. Asimismo, ha sido locutor de estaciones digitales, universitarias y públicas (como Reactor 105 FM e Ibero 90.9), al igual que ha hecho gestiones y se ha presentado en foros tales como la UNAM, el CNA, el Arte Alameda, Ex Teresa Arte Actual o la Universidad Iberoamericana. Actualmente hace programación musical para la Ruta de la Amistad.
Diana Martín. “A miles de metros bajo tierra” Acuarela, tinta y grafito/Tela

Jorge Téllez llama la atención acerca de la importancia que tiene analizar no sólo las añejas representaciones de las mujeres en la literatura nacional (como la romántica figura de la prostituta y otras recurrencias que se mantienen desde el siglo XIX), sino también su presencia y capacidad de decisión dentro de los diversos espacios culturales. Para empezar, evidencia algunos números en premios e instituciones de gran prestigio en México que resultan bastante significativos, lo suficiente como para impulsarnos a hacernos más preguntas y a realizar tareas concretas: visibilizar, analizar formalmente la disparidad entre hombres y mujeres en estos campos.

I. Sexo oral y nociones de métrica latina: cincuenta pesos

Estamos en 1833.

A 22 de julio, para ser exactos.

En la primera página del periódico La Libertad se publicó el artículo “La educación de la mujer y la prostitución”.[1] Su autor, el periodista, escritor y diplomático José Tomás de Cuellar escribió, a la vez orgulloso y consternado, sobre la cada vez más creciente presencia de las mujeres en las escuelas y, por lo tanto, en el mundo profesional. La aparición de abogadas, doctoras, periodistas era para él motivo de celebración, pues comprobaba que “la mujer puede ir tan lejos como quiera, y que acepta y seguirá aceptando de buen grado, y con provecho, las ventajas prácticas de la instrucción, que liberal le ofrece el sexo fuerte”.

Aunque la cita merece por sí misma un largo comentario es necesario seguir porque, muy rápidamente, la alegría por la inserción de la mujer en el ambiente público desaparece para dar paso a una preocupación: que en los últimos veinte años, dice el artículo, las ciudades más cosmopolitas han padecido aumentos alarmantes en la práctica de la prostitución. La aparente desconexión de estos dos datos se soluciona sin problemas. Para José Tomás de Cuéllar, estos veinte años concuerdan precisamente con “el periodo en que ha ido en proporción ascendente la instrucción de la mujer”. Listo –debió pensar el autor–, una vez explicada la hipótesis, es posible seguir el camino hacia el análisis de casos.

Caso 1: En los Estados Unidos, conocido por el “carácter varonil y resuelto de las americanas”, el número de infanticidios va en aumento y esto, está claro, se debe a que la emancipación de la mujer genera egoísmo y olvido de las tareas maternas, “matando el hogar y destruyendo la familia”.

Listo –debió pensar el autor–, con un caso nos basta. Ya estamos listos para la conclusión: “Como dato colectivo, y como hecho innegable, la estadística universal pone de manifiesto que la prostitución en el mundo ha aumentado en razón directa de la ilustración de la mujer”. Y es que, por supuesto, la lógica del autor es infalible: cuando las mujeres carecían de acceso a la educación, la clase ilustrada no estaba interesada en contratar los servicios sexuales de mujeres iletradas; sin embargo, en el momento en que “al atractivo físico pudo la mujer agregar la educación”, ya no hubo pretexto para no pagar por sexo si, además y por el mismo precio, el galán en turno podía también discutir, qué sé yo, la obra de Homero o de San Agustín, por decir algo.

La educación de la mujer genera vicios y su presencia en la vida pública se restringe a un espacio marginal y moralmente reprobable: “¿Cómo podrán entonces los hombres borrar esa mancha, o al menos disimularla, cuando instruyen y prostituyen a la mujer al mismo tiempo?”.

II. Bellas y talentosas

Estamos en 2014.

A 8 de marzo, para ser exactos.

Para mucha gente, al parecer, éste es el día internacional de improvisar frases estúpidas sobre por qué se conmemora el día internacional de la mujer. En el periódico El Universal, un artículo celebra la ocasión con perfiles de mujeres emprendedoras y con puestos públicos bajo el título: “Bellas y talentosas”. En Facebook, el amigo de una amiga se queja amargamente: “¿Por qué sólo hoy festejamos el día de la mujer? ¿Qué no nos deleitan las mujeres todos los días del año?”. En Twitter: “Si no quieren que les diga feminista, entonces no me digan machista”.

Hay una línea clara en la representación de la mujer en la literatura –aunque no sólo en la literatura– que va de las Décimas a las prostituta de México,[2] un pequeño legajo de 1707 con noventa y tres poemas que se encuentra en el Archivo General de la Nación, hasta la magnífica novela Canción de tumba de Julián Herbert, publicada en 2011. Esta representación, usualmente idealizada, está sucintamente explicada en el título de un artículo que la revista electrónica Cuadrivio publicó a finales de diciembre del año pasado: “De putas y madres. La mujer y el melodrama prostibulario en México”.[3]

Esta constante en la representación literaria de la mujer provoca diversas reacciones. La más común es la indiferencia y parte de un modelo formalista mal interpretado que propone la literatura y, por lo tanto, la representación literaria, como algo “autónomo”. Según esta idea, lo que sucede en los libros se queda en los libros y su relación con el mundo referencial no es relevante. El problema con este modo de leer es que niega la agencia del artista para ofrecer un punto de vista sobre lo que está representando. Claro, se puede escribir una novela cuya historia suceda antes de la abolición de la esclavitud sin que por ello el texto se convierta en una obra pro-esclavista. Una película sobre los nazis no es necesariamente pro-fascista. Un poema sobre una prostituta no es necesariamente machista. Pero esa delgada línea está basada en el punto de vista que presenta los materiales.

La concepción literaria de la mujer como una madre o una puta es un tópico y como todo lugar común reproduce una manera de ver el mundo. Pero los lugares comunes existen por tres cosas: porque son útiles, porque funcionan, y porque le permiten al artista partir de un mismo lugar, común, conocido, para llegar a otro muy distinto, propio. Si hoy, en 2014, alguien escribe una novela en donde el personaje cuestiona el acceso de la mujer a la educación, eso se puede hacer mediante un tono y un punto de vista que refleje que han pasado algunos años desde 1833 y que el mundo, alguna parte del mundo, ya no es así. En cambio, si no hay en la escritura de ese personaje más que esa idea, y si esa idea no pasa por el filtro del énfasis, o de la sátira, o de la hipérbole, entonces lo único que hay es la reproducción de las mismas tonterías que se escribían hace más de un siglo.

Lo que quiero decir es que un personaje misógino no hace misógino el texto, de la misma manera en que una tormenta en el libro no hace que hablemos de literatura acuática –o eso espero–. Sin embargo, un personaje machista sin un filtro que vindique o cuestione ese machismo, ése sí, es una reproducción burda de estructuras heredadas. De manera rupestre lo explica el lugar común de los actores de Hollywood: si la historia no justifica el desnudo, entonces es pornografía.

III. “Libertad por el saber”

La pregunta que no responde este texto es si la representación literaria nos dice algo sobre el lugar que ocupan las mujeres en el sistema literario y cultural mexicano, sobre hábitos de escritura y de lectura, sobre acceso a publicaciones y, en su caso, a diferencias de circulación. Se trata de pasar del tema de la representación de la mujer al de su presencia en la esfera literaria y cultural. La otra pregunta, quizá más importante, es: ¿para qué?

Recientemente, la organización Vida: Women in Literary Arts realizó un censo en el que se concluía que, en los principales suplementos y revistas culturales del mundo anglófono, el número de mujeres reseñistas y reseñadas es considerablemente inferior al de hombres.[4] Valdría la pena hacer un ejercicio parecido en México, pero una rápida revisión de medios de acceso a la publicación o al medio literario y cultural ofrece un adelanto de cuáles serían los resultados:

-El Colegio Nacional, cuyo lema es “Libertad por el saber”, fue fundado en 1943. Desde ese año ha tenido noventa y cuatro miembros; tres han sido mujeres[5].

-Del total de miembros en activo y electos de la Academia Mexicana de la Lengua, veintisiete son hombres y seis son mujeres.[6]

-Desde su fundación, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, que otorga el estado mexicano, ha premiado en su categoría de “Lingüística y Literatura” a sólo cinco mujeres en sesenta y cuatro entregas.[7]

-Un premio tan prestigioso como el Alfonso Reyes ha premiado a tres mujeres en treinta y siete ediciones.[8]

-El Premio Bellas Artes de Narrativa Colima para obra publicada, desde 1980, ha sido otorgado a ocho mujeres en treinta y cuatro entregas[9].

-El Premio Bellas Artes de novela José Rubén Romero, desde 1978, ha sido entregado a 8 mujeres en 34 entregas[10].

Un dato interesante es el del Premio Bellas Artes Juan Rulfo para primera novela, en el que el número está mucho más proporcionado: doce mujeres en treinta y dos ediciones[11]. Llama la atención porque se trata, como lo dice su nombre, del primer acercamiento que pueden tener jóvenes narradores con la industria de los premios y con el mundo institucional de la literatura. ¿Qué pasa después? ¿Cuáles son los mecanismos que interceden para que la balanza se desnivele tanto? Hay que enfatizar que los números por sí mismos no bastan, y que su relevancia consiste en que además de mostrar desequilibrios, aluden a una realidad que existe. No basta con, por ejemplo, elevar el número de premios dedicados especialmente a las mujeres, ni sería suficiente con, mágicamente, equilibrar el número de premiados y premiadas. Los números no son la enfermedad sino el síntoma de una realidad. Tampoco se trata de negar la diferencia, ni de imaginar un discurso vacío en el que todo lo que hagamos, todo, tenga que ser sometido al recuento y la estadística. Cierto, transcribir números no soluciona el problema ni tiene por qué hacerlo. Si para algo, hablar de estos desequilibrios puede ayudar a que se desnaturalice ese machismo enraizado, petrificado, del que sí hablan los datos.

De estos apuntes se desprenden tareas. ¿Qué pasaría si se contara y analizara información sobre la cantidad de mujeres que publican con respecto a la cantidad de hombres?  ¿Y cuántas mujeres trabajan en posiciones de poder y decisión en las editoriales con respecto a los hombres? ¿El lugar común de que no se lee a mujeres proviene del desequilibrio entre mujeres y hombres publicados o de algo mucho más profundo que tiene que ver con prácticas sexistas en la lectura?

Hay algo evidente en las prácticas culturales que está hablando, mal, sobre nosotros. Para intentar arreglarlo, primero tenemos que verlo.

 


[1]El artículo se puede consultar en línea en la siguiente dirección http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080046422_C/1080043727_T20/1080043727_T20.html
Agradezco a Luz América Viveros, especialista en literatura del siglo XIX, por sugerirme el texto.

[2]Al respecto se puede revisar el trabajo “El amor venal en las décimas a las prostitutas de México”, en la página web del Círculo de Poesía, publicado el 24 de diciembre de 2008 en la siguiente dirección: http://circulodepoesia.com/nueva/2008/12/el-amor-venal-en-las-decimas-a-las-prostitutas-de-mexico-i/

[3]El artículo de Susana López Aranda, publicado el 29 de diciembre de 2013 se puede consultar aquí: http://cuadrivio.net/2013/12/de-putas-y-madres-la-mujer-y-el-melodrama-prostibulario-en-mexico/

[4]La información del censo se puede consultar aquí: http://www.vidaweb.org/the-count/

[6]Datos consultados en la página web de la Academia Mexicana de la Lengua: http://www.academia.org.mx/Academicos y en el sitio:  http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Miembros_de_la_Academia_Mexicana_de_la_Lengua

[7]Datos consultados en la página web del Premio Nacional de Ciencias y Artes: http://www.pnca.sep.gob.mx/Historico_Galardonados.html

[10]En dos emisiones, el premio se declaró desierto. Datos de la página web del Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero: http://www.literatura.bellasartes.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=65:premio-bellas-artes-de-novela-jose-ruben-romero&catid=86:convocatorias&Itemid=71

[11]No se registran ganadores en dos emisiones:1987 y 2012 (declarado desierto). Datos de la página web del Premio Bellas Artes Juan Rulfo para primera novela: http://www.literatura.bellasartes.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=63:premio-bellas-artes-juan-rulfo-para-primera-novela&catid=86:convocatorias&Itemid=71

 


Autores
nació en 1980 en el Distrito Federal, México. Estudió literatura en la UAM-Iztapalapa y en El Colegio de México. En 2012 publicó Poéticas del nuevo mundo en la editorial Siglo XXI.
Imagen del especial El joven Paz, Tierra Adentro.

En un país y un tiempo que a muchos les parecen, hoy, sencillamente prehistóricos, José Joaquín Blanco señaló en Crónica de la poesía mexicana (libro de prosa rápida, siempre perentoria, no siempre atinada, cuya primera edición apareció en 1977) que José Emilio Pacheco había recorrido un camino comparable al que Pacheco mismo, en La poesía mexicana del siglo XIX, había observado en Amado Nervo. Según este curioso paralelo, Nervo se habría deslizado, en los últimos diez o quince años de su vida, desde un fastuoso perfeccionismo hasta una modesta especie de poesía confesional, poco ambiciosa en el plano técnico, tendiente a la sentencia y la máxima, empeñada en mostrarse no tanto bella como sabia, mientras que Pacheco, a partir de No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969), habría renunciado al cultismo de sus primeros dos libros para entregarse a un lenguaje sencillo, epigramático de cuando en cuando, y —cuestión más interesante aún— para describir los horrores de la historia, la maldad recurrente de la especie humana y los desastres ecológicos del mundo contemporáneo desde la culpa y el remordimiento. Como ya sucedía en la obra de Nervo, en la de Pacheco el esfuerzo por expresar la verdad terminaba eclipsando el esfuerzo por descubrir o elaborar la belleza.

Blanco no juzgó necesario añadir que la tensión entre belleza y verdad era más antigua que Nervo y Pacheco juntos, al punto de haber originado importantes rupturas estéticas en la historia del arte. Nervo, por su parte, no debió ir demasiado lejos: aprendió ese menosprecio por la técnica literaria en el “Arte poética” de Paul Verlaine, mentor simultáneo de preciosistas y enemigos del preciosismo, según se lea. En ese poema, Verlaine llamaba nada menos que a rebelarse contra la elocuencia y “torcerle el cuello”, se ponía en guardia contra la seducción de la rima, enaltecía la música por sobre todas las cosas, descartaba el color para quedarse con el matiz y propugnaba un estilo inmaterial, etéreo y libre, dictaminando que “todo lo demás” era, malamente, “literatura”.

Ahora bien, ¿es posible rendirse ante la poesía y menospreciar, al mismo tiempo, la literatura? En otras palabras, ¿puede atribuirse a la palabra “poesía” un contenido trascendente o sublime, ajeno a impurezas y maniobras técnicas, caricaturizando al mismo tiempo la retórica, desdeñando la preceptiva y arrumbando en la noción de “literatura” los excesos del verbo y la palabrería innecesaria? ¿Sólo es “poesía” lo que se juzga buena poesía y apenas “literatura” la poesía que parece mala?

Responder afirmativa o negativamente a las preguntas del párrafo anterior es tanto como tomar partido por la verdad o por la belleza. Esta última, en realidad, es menos la belleza en general que la belleza de artificio en particular, y la supuesta verdad tan sólo es otro nombre de la belleza natural. En última instancia, la querella entre verdad y belleza esconde un conflicto entre dos formas de belleza: la espontánea, resultado de un hallazgo, y la creada, resultado de un trabajo.

Por eso, en el enfrentamiento que opone a la belleza con la verdad, algunos autores clásicos interpusieron un tercer elemento: la bondad. Que lo escrito sea verdadero y bello, en el mejor de los casos, depende básicamente de una cosa: que su autor sea bueno, en el sentido de bondadoso. De ahí que Catón el Viejo haya caracterizado al orador ideal como un “buen hombre que sabe hablar” (vir bonus peritus dicendi), definición que luego avalarían Cicerón y Quintiliano.

“No quiero nada para mí. / Sólo anhelo / lo posible imposible: / un mundo sin víctimas…” Tanto los aciertos como las imperfecciones de la poesía de Pacheco llevan la firma del vir bonus. Al introducir esa figura en la poesía mexicana de finales del siglo xx, desgarrada entre vanguardia y clasicismo, entre be- lleza natural y belleza de artificio, Pacheco aportó un elemento que desestabilizó aquel precario equilibrio de fuerzas y, al desestabilizarlo, terminó transformándolo y enriqueciéndolo.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Guadalajara, Jalisco, 1971) es poeta, ensayista y traductor. Autor de varios libros. Ha recibido los premios Nacional de Poesía Efraín Huerta, Nacional de Poesía Aguascalientes, Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos.
Imagen del especial El joven Paz, Tierra Adentro.

El Arte siempre ha sido la revolución, en dimensiones mágicas, de una realidad histórica. Si son tiempos de mentira y caos, el arte como un amoroso espejo, los traslada a través de la disolución íntima del hombre. Si, por el contrario, hay una voluntad de verdad y dicha, el arte guarda este impulso en los cuadros, en las músicas, en la poesía.Es claro que en el más puro desorden se escuchan voces llenas de claridad y vida, que también en la más perfecta estructura existe la llama disolvente, la palabra nihilista.

Sin embargo, la fisonomía de un momento histórico está implicada en el predominio de una de las dos direcciones del espíritu, y así es que, como hoy en México tenemos una realidad interior caótica, forjada por la demagogia, el arte la refleja en su revolucionarismo de última hora, en su radicalismo teórico y en su indudable arribismo. Ya se verá a posteriori de cuántos advenedizos estaba hecho este Parnaso. Ya, cuando pase el vendaval burocrático, podremos oír a los verdaderos poetas y contemplar los verdaderos cuadros y las perennes esculturas. Por lo pronto, esta serie de falsificaciones vuelve impura la atmósfera y dolosas las palabras. En nombre de una revolución, que sólo hiere la superficie de las cosas, se cometen crímenes contra la expresión auténtica de nuestra Patria. Poetas oficiales, pintores oficiales, escultores oficiales en plan de mutuo incienso y alabanza, y al pueblo tapándole la boca con un puño de proclamas donde se promete todo y no se cumple nada, para que no hable con la voz de la tradición. Y lo que es más, y lo que es peor, gentes de la ciudad que han incorporado de un modo arbitrario, ligero y vano, los temas vitales de México a su retórica de campanario y producen y producen obras sin contenido humano y sin belleza formal.

No se pretende afirmar que la Revolución no haya movido a los artistas. Simplemente por el hecho de darles temas liberándolos de su antiguo europeísmo, ha contribuido a integrar la conciencia patria en ese aspecto. Pero es que los verdaderos creadores, como Clemente Orozco, pertenecen nominalmente a este grupo, están ligados en la apariencia, pero conservan su libertad, su personalidad y su mensaje propios.

Pero no todo está podrido en Dinamarca. Al lado de quienes no ven en el trabajo artístico sino el presupuesto, tenemos un cierto número de gentes que producen en la soledad su interpretación del mundo y que son también parte de ese todo contradictorio que es nuestro tiempo. Entre ellos esta Ortiz Monasterio, en cuya plástica de líneas vastas, lentas y solemnes encontramos un lenguaje profundo.

El Departamento de Acción Social de la Universidad, al organizar esta exposición de las obras de Monasterio, inicia un ciclo que tendrá como fin principal emplazar a la crítica mexicana a un juicio sobre los representativos, maestros y principiantes, del movimiento plástico contemporáneo. Al mismo tiempo, espera hallar en este medio el instrumento para la educación de un pueblo que tiene frente a sí los más variados y negativos estímulos, conduciéndolo hacia el goce de lo universal.

La Historia es “a manera de ancho río” que lleva en su cuerpo las piedras más burdas como los más lúcidos guijarros. Parte del destino de cada hombre es la posibilidad de escoger, en este amoral torrente, lo deleznable o lo valioso. La universidad de México se quedará con aquello que represente, a la corta o a la larga, el sentido más hondo del alma nacional.

 

“Una exposición”, Universidad. Mensual de cultura popular, número 11, diciembre de 1938.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
fue editor y fundador de la revista Barandal (1931-1932), con Octavio Paz, Salvador Toscano y Arnulfo Martínez Lavalle. Siguió junto con este mismo grupo en una publicación posterior, Cuadernos del Valle de México (1933-1934). Formó parte de la Generación de Taller.
Imagen del especial El joven Paz, Tierra Adentro.

Parece locura preguntar, ahora, en plena guerra: ¿para qué se pelea? Cuando alguien hace una pregunta de esta naturaleza la gente se escandaliza. Y los que no fulminan al impertinente, contestan con frases vagas acerca de la Libertad y la Democracia, o enumeran los horrores cometidos por los totalitarios. Y, sin embargo, es necesario y saludable preguntarnos y preguntar a todos los que dirigen la guerra: ¿para qué y por qué se pelea?

Las necesidades de la propaganda hacen cada día más triviales nuestros razonamientos e ideas y más superficial nuestra imagen del nazismo. Se nos habla de los horrores del nazismo pero nunca se nos explica la fuente de esos horrores; al destacar la brutalidad de los procedimientos nazis, generalmente sólo se subraya su brutalidad, su carácter ofensivo y bárbaro pero no se nos dice nada en torno de los sistemas políticos nazis, ni se pretende hacer luz sobre la historia social de los últimos años.

Y sólo en esa historia podremos encontrar una explicación sobre la brutalidad de los totalitarios. Esta excesiva simplificación de la realidad, hace pensar a la gente sencilla que los procedimientos de los nazis son el fruto de una especial malignidad del pueblo alemán. Pero nosotros no somos racistas; sabemos, por lo tanto, que los procedimientos militares y políticos de los totalitarios no tienen nada qué ver con esa supuesta maldad innata, sino que representan, simultáneamente, una monstruosa utilización de la técnica moderna y un lógico desarrollo de sus doctrinas políticas.

Se oye decir a menudo que nazismo y germanismo son lo mismo. Muchos de nuestros compañeros— y casi siempre los de última hora— intentan identificar el nazismo con Alemania, a Italia con el fascismo y al Japón con los militares imperialistas.

Afirmaciones semejantes conducen a un totalitarismo diverso, apenas cubierto por la palabra democracia, pero más peligroso e hipócrita. El nazismo, claro está, posee muchos rasgos alemanes, privativos de Alemania y su tradición, pero su esencia es universal. No es distinto, en todo caso, al ridículo y sangriento falangismo, ni a tendencias semejantes, que han brotado en todas partes del mundo, allí donde las condiciones sociales lo han permitido. El nazismo no es un hongo alemán, aunque se justifique con las teorías de Nietzsche, declame a Wagner y use la vieja bota prusiana, como el fascismo no es sólo italiano, aunque el régimen sea una copia pobretona del cesarismo y en los discursos de Mussolini se alíe la música de ópera a las olvidadas gesticulaciones de la Bertini.

El totalitarismo capitalista es el fruto último del capitalismo desesperado; “la economía dirigida” en esos países significa la dictadura de un grupo de magnates, que han prescindido de los guantes blancos y prefieren los modales de los gángsters. Antes de saquear a Europa, Hitler robó y explotó al pueblo alemán. Y en todos los países donde prevalezcan condiciones semejantes a las que existían en Alemania al tomar los nazis el poder, se producirá el mismo fenómeno, aunque los asaltantes recen a Buda en lugar de rezar a Votán. Por lo tanto, luchar contra el nazismo quiere decir, luchar contra las condiciones sociales y políticas que hicieron posible su triunfo en Alemania y… en otros sitios.

Sí, en otros sitios. Porque si Hitler triunfó en Alemania como después en España, Austria y Checoslovaquia, es porque antes había triunfado diplomáticamente en Londres, París y Washington. Existe un frente interno de batalla: el combate contra los “apaciguadores”. Pero los círculos que ayudaron a Hitler desde el exterior no lo hicieron por simple simpatía ideológica, ni por ignorancia acerca de la verdadera naturaleza del movimiento hitlerista; los apaciguadores defendían sus intereses, los intereses sociales de su clan privilegiado. Mañana brotarán otros “apaciguadores”, dispuestos a pactar con un pelele creado por el militarismo y los capitalistas alemanes, listos a defender sus ganancias a costa de la libertad de los pueblos. Harold Laski, el famoso economista inglés, demostraba hace poco que en Inglaterra, pese a los impuestos, la guerra había acelerado considerablemente el proceso de concentración de la riqueza. Esto significa que la renta nacional ha crecido vertiginosamente, sin que ese aumento beneficie al pueblo en general, sino a un grupo cada vez más reducido. El monopolio crece, alimentado por la guerra, y en proporción semejante crece el número de trabajadores. ¿Y después? Seguramente ocurre otro tanto en los Estados Unidos. Ahora bien, este clima es propicio al desarrollo de los gérmenes totalitarios. En México muchos especulan y se enriquecen con la guerra: los especuladores de hoy serán los padres de los nazis del mañana.

Estos ejemplos muestran que no basta con aniquilar a Hitler en los campos de batalla, e iluminan el carácter de la lucha. Esta guerra no sólo es una guerra militar; es una guerra de pueblos, esto es, política. No es todo liquidar a Hitler; hay que liquidar las posibilidades de un nuevo totalitarismo, en cualquier país. Por eso es saludable preguntarse: ¿para qué se pelea? Se pelea para crear un mundo en donde la libertad y la democracia no engendren la explotación y el imperialismo, padres del régimen totalitario.

 

“¿Para qué se pelea?”, Novedades (14 de junio de 1943), p. 4.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Mixcoac, 1914) es autor de la plaquette Luna Silvestre (Fábula, 1933) y fue editor de Barandal.
Fotografía por Pixabay.

Camarada cordial:

abandona un momento tu plácida muerte

y abrázate a los brazos que quisieran tenerte

y no te tendrán más. Pondré mi mano

entre tus manos amplias, generosas,

y reiremos los dos, como reías

desde lo alto de tu noble cuerpo

cuando tú eras un cuerpo que reía.

 

Hablemos de las cosas,

hoy que eres sólo luz y sólo tiempo;

hoy que eres tierra, y pájaro, y gusano,

hablemos de los días

en que yo no lloraba verte muerto.

 

Alto como un encino de la sierra.

Claro como un arroyo sin abrigo.

Pródigo como el campo.

Así eras tú. Así fueron tus actos y tu fuerza.

Así era tu sonrisa: como un arco

por donde hablaba un corazón de trigo.

 

Eras un árbol blando, sin cortezas.

Eras un San Cristóbal sin el niño.

Un corazón de trigo. Un árbol grande.

Hoy más alto, más diáfano, más fuerte,

en cada nueva nube te deshaces

y en cada espiga nueva estás presente.

 

Camarada cordial: vuelve a tu muerte,

abandona los brazos que quisieran tenerte

y no te tendrán más.

Vuelve a donde eres pájaro y luz y polvo y tiempo,

vuelve a donde eres paz,

que yo quedo llorando verte muerto.

 

 

Publicado en la revista Taller Poético, noviembre de 1936.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(1910-1991). Poeta mexicano. Estudió derecho en la UNAM. Fue profesor en la Universidad Obrera de México; director de La Prensa y Prensa Gráfica; cofundador de la Editorial Novaro y El Popular; director general de la Unidad Cuauhtémoc del Seguro Social; embajador de México en Suiza. Perteneció al grupo Taller. Colaboró en El Día, El Universal, La Prensa, y Novedades.
Imagen del especial El joven Paz, Tierra Adentro.

Sabemos muy poco, o más bien, casi nada, acerca de Adrián Osorio, el condiscípulo de Octavio Paz en la Escuela Nacional Preparatoria que en el cuarto número de Barandal (noviembre de 1931) publicó una única fotografía: una suerte de naturaleza muerta hecha con una veintena de piezas de pan salado típicos de nuestro país (“huesitos”, “rejas”, rosquillas…), probablemente contenidas en un canasto. Es una composición sencilla, un poco candorosa, que deja ver la posesión de un ojo que comienza a entrenarse e intenta captar líneas, texturas, sombras, volúmenes, profundidades. No se ofrece, por desgracia, ningún dato sobre su autor. Podemos deducir su edad —17 años— porque ahora sabemos que murió en 1936, a los 22. Tampoco sabemos la causa de su muerte. ¿Quizá por mano propia? José Alvarado habla, al evocar a sus compañeros preparatorianos, de un suicida. En cualquier caso, la muerte prematura es siempre desdichada.

De Adrián Osorio, acaso un lobo solitario (lobo es lo que significa su apellido, de origen vasco), lo único que tenemos ahora es un puñado de fotografías. Curiosamente, de él, que se dedicaba a recoger imágenes, no nos queda ni siquiera un atisbo de su rostro. Ahora sólo podemos imaginar a la persona a través de lo que veía.

Como buen fotógrafo, le interesa sobre todo el trato con la luz y con la forma. Y qué mejor para procurarlo que acercarse a la arquitectura y al paisaje. De entre las pocas fotografías suyas que tenemos a la mano —una más publicada en la revista Fábula,1 unas en la entonces naciente Revista de la Universidad (justo en el número uno, correspondiente a febrero de 1936)— sobresale su meridiano registro del exterior de la cúpula principal de la Catedral Metropolitana.Y si bien son menos logradas sus incursiones en el campo (como la de Barranca de Venados, en el estado de Hidalgo) y sus apuntes del paisaje humano en Malinalco, en el Estado de México, es elogiable su voluntad de salir del claustro citadino con su cámara a cuestas, y su interés por ver cómo viven algunos de sus compatriotas.

Pero tampoco esas revistas nos dicen nada sobre la persona de Osorio. Sólo nos hacen evidente que Miguel N. Lira, director de la revista Fábula, de la editorial del mismo nombre (bajo cuyo sello imprime Luna Silvestre, de Octavio Paz) y de la Revista de la Universidad, ha cobijado bajo su ala al grupo de muchachos que cinco años antes asomó por primera vez desde Barandal.

Por desgracia, el testimonio más importante de la creatividad de Adrián Osorio, su libro 25 fotos de México, publicado también por Miguel N. Lira, en 1934, es casi inaccesible, tanto por su rareza como por su muy elevado precio. Tesoro de coleccionistas de fotografía mexicana, no se encuentra siquiera un ejemplar en ninguna biblioteca pública.

Aparte de todos estos escuetos datos sólo contamos con la descripción, más espiritual que física, que de él hizo su condiscípulo, Octavio Novaro, en la elegía que le dedicó en Taller Poético, la revista creada por Fernando Solana: “Alto como un encino de la sierra”.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
es escritor y colabora en varias publicaciones. Coordinó y prologó La escritura poliédrica. Ensayos sobre Daniel Sada (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012).
es poeta, traductor y ensayista. Entre los autores que ha traducido al español se encuentran Charles Simic, Ezra Pound, Malcolm Lowry, Charles Lamb y John Berryman. Es autor de Conversaciones, Pienso en el poema y Se ama tanto al mundo.