Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2015
(Sigue el enlace en la imagen para ver el cartel en tamaño completo).
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Instrucciones para contar muertos, dice Sara Uribe en su poemario Antígona González. Quiero escribir sobre esos cuerpos que faltan y no puedo. ¿Pueden a uno quitarle nombre y rostro? Ahí están las notas, las cuentas y el silencio rodeándolo todo como un yugo, envileciendo cada parte humana que nos queda. Los nombres de los desaparecidos se han vuelto un mar de sombras, una fosa común que poco a poco adquiere la medida exacta de este país. Este país que se ha vuelto una llaga infectada de silencios.
Antígona (conductora del poemario) busca a su hermano entre las filas interminables de desaparecidos, quiere someterse a la terrible tarea de reconocerlo tendido y polvoriento en una húmeda morgue. Ruega porque haya escapado y se encuentre escondido en algún lugar de la frontera, pero en el fondo sabe que ha pasado a engrosar las cifras no oficiales, listas negras e infinitas de violencias que tiñen de rojo lo cotidiano. No quería ser una Antígona, pero me tocó, dice resignada y continúa su búsqueda.
En 2012, este poemario fue publicado por la editorial oaxaqueña Surplus. Desde el 12 de septiembre de 2010, el blog Menos días aquí, en el que voluntarios realizan un conteo nacional de asesinatos por violencia en México, informa de 51 474 casos. En su entrada se lee “Proyecto colectivo. Contamos muertes por violencia en México. Mantenemos viva la memoria de nuestros muertos. Reclamamos paz”. Sara Uribe ha sido parte de esos voluntarios, registró cientos de asesinatos cuyas historias suelen esfumarse entre papeles viejos y links en la web; comenzó a trabajar en Antígona durante el sexenio calderonista ante la creciente violencia en el norte del país, empleando técnicas de apropiación, intervención y reescritura de las Antígonas de Sófocles, Judith Butler, María Zambrano, Griselda Gambaro y Marguerite Yourcenar.
¿Son esas muertes distintas a otras? Mi bisabuela se fue a los noventa y tantos años, tranquila en su cama, recordando a su hija. La vi dormida y toqué sus manos de arena. Tiene un pedazo de tierra donde a veces voy y pongo flores, un lugar donde acomodarme en los días más fríos, una historia que contar. Uno se va y todo se acaba. El problema es que no es así, uno se queda. Permanece porque existe un nombre, porque hubo un cuerpo y algo que decir sobre lo que ya no es. Los desaparecidos no tienen esa oportunidad, han sido doblemente violentados, alguien decidió por ellos sobre su principal derecho, y más aún, les negó tumba y nombre: aquí yace el ser amado, el que alguna vez pude abrazar y ahora recuerdo. Besar la piedra, saber que ahí descansa el cuerpo propio, no el ajeno.
Derecho a morir con dignidad. Pedimos que no nos quiten la única certeza: que hemos de regresar a la tierra acompañados de otras voces, volvernos minerales donde crecerán plantas y recuerdos. En Antígona González, Sara Uribe clama por la recuperación del cadáver, la voz para decir tengo derecho, aún a esto. Surplus recientemente reeditó este libro; Maricela Guerrero, Roberto Cruz Arzábal y su autora lo presentarán este viernes 10 de octubre en la Feria del libro en el Zócalo de la Ciudad de México.
Apropiación, intervención y escritura pueden entenderse como la necesidad de formar parte de lo colectivo y renunciar de una vez por todas a esa soledad anquilosada llamada sujeto, propiedad, moneda de cambio. Antígona González es un texto intervenido por los otros, obra cuerpo que mantiene su cohesión y al mismo tiempo señala la distancia. Esta obra desplaza al autor entendido como una variante más del capital bajo la premisa de que el lenguaje ha sido siempre un espacio compartido, en constante destrucción. Los cuerpos son palabras adheridas a superficies ásperas o dejadas al sol para pedir a los dioses por su sombra. ¿De qué nos hablan los cuerpos cuando no están, las desapariciones?
Apropiarnos del territorio, expropiar las palabras ante estas políticas de silencio y terror. En Antígona, renombrada, Marina Azahua dice que para no olvidar a esos muertos tendríamos que renombrar el mundo, cambiarle el nombre a todas las cosas y aprender de nuevo otro lenguaje, quizás así nos veríamos obligados a recordar cada historia, cada principio aunque sea por su final. Apropiarnos de esos cuerpos como de palabras que intentan describir circunstancias distintas, formas de vivir y entender la realidad sesgadas por un sistema homogéneo y totalizador. ¿Qué haremos para volver a escribir?, preguntó hace poco Antonio Calera-Grobet en redes sociales, para que las cosas simples vuelvan a importar si todas las Antígonas siguen buscando y sin remedio.
El Conaculta, a través del Programa Cultural Tierra Adentro, la Coordinación de Literatura de la Secretaría de Cultura de Jalisco y el H. Ayuntamiento Constitucional de Cocula, Jalisco
Hacen del conocimiento público que el
Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2014, que se había otorgado al libro Cartas de amor para mi amigo cerdo, firmado con el seudónimo “Nativa Wolken”, de Carla Xel-Ha López Méndez
se declara desierto
debido a que se incumplió la cláusula 2 de la Convocatoria 2014:
Quedan excluidos los trabajos que participan en otros concursos o se encuentran en espera de dictamen, obras premiadas en otro certamen, autores que hayan recibido cualquier premio del Programa Cultural Tierra Adentro, y el personal de las Direcciones convocantes del Consejo, así como de la Secretaría de Cultura de Jalisco y del H. Ayuntamiento Constitucional de Cocula, Jalisco.
La resolución tomada por el Comité Organizador se apega a las bases y lineamientos que se publican en la convocatoria.
Antes de que Hollywood conquistara las industrias cinematográficas nacionales (en los ochentas) la producción de películas italianas ya respondía a las demandas diversas del público. Una de ellas era el entretenimiento puro y duro.
De hecho, desde el neorrealismo, Italia entró en el mapa del cine. Fellini, Rosellini, De Sica, Antonioni, y muchos más “nis” han marcado la forma en que se ven y hacen películas.
El cine de arte y el cine comercial italianos usaron un “doble nicho”: ocupaban los mismos estudios, los mismos actores (Barbara Steele fue una gran scream queen, además de actuar en 8 ½) y los límites formales del cine preocupaban a toda la empresa fílmica de este país.
Bava, Fulci, Argento, Deodato, D´Amato y Lenzi formaron la otra cara del filme italiano, aquel que no se dedicó a hacer “arte” sino terror, gore, zombis. Este cine (que ha sido excluido de la historia como algo valioso) intentó renovar y explotar las posibilidades del medio de la misma forma que su contraparte “intelectual”: hacen y deshacen las narrativas aristotélicas, el uso de zooms no tradicionales está a la orden del día, el softfocus y el montaje caótico iban de la mano. La experimentación formal que encontramos en Fellini la encontramos en Fulci, sólo que uno ha pasado a la historia como creador; el otro, como entretenedor.
Esta lista es un intento de, uno, demostrar que la valía del cine no siempre tiene la etiqueta “de arte” (puesta por quién sabe quién y para quién sabe qué fines) y, dos, que el cine que surge como producto de entretenimiento no está peleado con la posibilidad de una visión crítica y de un aprovechamiento estético.
Punto aparte es la música y un nombre lo resume todo: Goblin. Una banda italiana de progresivo que tiene líneas inolvidables de bajo y pone énfasis en el uso de los sintetizadores, es responsable de muchísimos de los aciertos de estas producciones.
Profonso Rosso (8 de octubre)
https://www.youtube.com/watch?v=mzOJ_63u3mM
Película completa aquí.
¿De qué va?
Una vidente, durante una conferencia, anuncia que entre el público se encuentra un asesino serial. En la noche, la vidente muere y un pianista (que de causalidad pasa por la escena del crimen) decide, junto con una periodista, resolver el crimen.
¿Por qué verla?
Argento es una figura fundamental del giallo (un género de películas de corte policiaco con mucho sangre y violencia explícita) y Profondo Rosso, con la actuación de David Hemmings —protagonista de Blow up, de Antonioni (lo del doble nicho no era broma) —, es, si no la obra maestra de este italiano, sí una de las más depuradas. Con Goblin en la parte musical, no hay pierde (si no les gusta la película, al menos deben escuchar el soundtrack). Además, la escena de apertura es inolvidable y enrarecerá toda la película hasta que, al final, la revelación del misterio sea dada; es una historia perfectamente circular.
The Beyond (9 de octubre)
Película completa aquí.
¿De qué va?
Un pintor acusado de ser brujo, es crucificado en un hotel. Con este acto, una de las puertas del infierno se abre en el sótano del lugar. Varios años después, una mujer hereda el edificio y comienza los planes de reapertura comercial. Las obras despiertan a los muertos y la mujer, junto con un doctor y una muchacha ciega, deben enfrentarse a estos revenidos del infierno.
¿Por qué verla?
Porque es del nunca bien ponderado Lucio Fulci. Si bien todos los directores de la otra cara del cine italiano son interesantes, Fulci es el bueno. Sospeché por algún tiempo que sólo era una filia personal, pero The Beyond (junto con The New York Ripper, City of the living dead y House by the Cementery), demuestra que Fulci era uno de los más avezados directores de su época (tan avezado que, a veces, parece que improvisa). Dos razones más para no perderse esta película: la elección de Catrina MacColl como protagonista (y sus ojazos) y el final (el cual no arruinaré, ¡pero qué final!).
Cannibal Holocaust (10 de octubre)
Película completa aquí.
NOTA: La película está alojada en un servidor al cual sólo se puede acceder desde Estados Unidos. Para verla, bajen el complemento de navegador Hola (VPN que hace creer al internet que uno vive en otro lado; es completamente seguro). Con ese complemento pueden ver Netflix gringo, usar Pandora y saltarse las restricciones de Youtube. Otro punto malo: hay que sacar una cuenta en Hulu.com, pero la película lo vale.
¿De qué va?
Frente a la desaparición de unos antropólogos que filmaban un documental sobre unas tribus amazónicas, la casa productora encarga a un ejecutivo recuperar las cintas para completar la película. El ejecutivo viaja hasta la selva para descubrir que los antropólogos han sido asesinados y consumidos por caníbales. Pero ese no es el verdadero misterio.
¿Por qué verla?
Supongo que a los conocedores de la historia de la antropología, el tema del “invasor blanco” y su colonización-dominación del otro por medio de esquemas teóricos, no les será ajeno. Esta película parodia hasta el extremo esta condición del saber occidental, cuyas formas de explicación del mundo, muchas veces son representaciones de violencia y de justificación de una supuesta inferioridad de lo que se considera diferente. La imagen con la que se promocionó la película es una indígena empala; la secuencia en video es mucho más impactante.
Nightmare city (11 de octubre)
http://www.youtube.com/watch?v=VNd8aL41c5Id
Película completa aquí.
¿De qué va?
Un avión viene de una central nuclear con un grupo de científicos. Un periodista es enviado al aeropuerto para entrevistar al jefe de las investigaciones nucleares. Cuando el avión aterriza, gente deforme y armada que baja de él, inunda la ciudad con frenesí homicida.
¿Por qué verla?
Nightmare city no es exactamente una película de zombis. Tal vez lo sea de “infectados nucleares” o algo así. Sin embargo, el maquillaje y el gore están muy bien logrados. Y pecando un poco de chovinismo, sale Hugo Stiglitz, figura bastante presente en el cine mexicano de los setentas. Además, su influencia en la increíble 28 days after es innegable: gracias a esta obra de Umberto Lenzi, Danny Boyle pudo construir esos infectados ultra rápidos y mortales.
Beyond the darkness (12 de octubre)
Película completa, aquí.
¿De qué va?
Un taxidermista pierde a su mujer; atormentado por la soledad, la embalsama y duerme con ella todas las noches. Al no poder “tomar” el cadáver de su mujer, empieza a buscar a otras féminas. Frente a la decepción que le presentan todas esas mujeres, las termina.
¿Por qué verla?
¡Goblin ataca de nuevo! Pienso que cualquier película con música de estos italianos sube unas tres rayas en calidad. Beyond the darkness empieza lento pero gracias a la música, mantiene la tensión. Después, se abre una interesante línea erótica-incestuosa entre la mucama y el taxidermista, el gore es poco pero exacto y, al final, fantasmas. D´Amato, el director, tiende a ser un poco caótico en su montaje (aunque no al extremo de un Jess Franco), pero con Goblin, todo bien.
Demoni (13 de octubre)
¿De qué va?
Durante una función de cine de terror, una máscara “infecta” a una de las asistentes, quien se convierte en un zombi-demonio que comienza a infectar a cada miembro del auditorio. El cine, como descubren sus protagonistas, es una especie de criatura viva que quiere exterminarlos y no los dejará salir.
¿Por qué verla?
Argento es el escritor y parece que, en este guion, dejó salir muchos “excesos” que no se permitía en sus películas. Estos excesos, atajados por una cuidada dirección de arte, resultan en una película divertidísima. Es de notar la mezcla entre la ficción de la película que vemos con la ficción de la película que se ve en la película (metaficción, pues). Atentos a los créditos, hay que esperar para ver el final auténtico.
Sei donne per le assesino (14 de octubre)
Película completa, aquí.
¿De qué va?
Una chica que trabaja en una agencia de modelos amanece muerta en uno de los armarios. La dueña y las demás empleadas sufren la pérdida hasta que otra mujer de la agencia muere asesinada en condiciones similares. La policía sospecha de un maniático sexual pero cuando encuentran el diario de la primera mujer asesinada, las cosas dejan de ser tan simples.
¿Por qué verla?
Mario Bava, director de la cinta, fue el maestro de esta generación italiana de directores trash y esta película fue la que empezó todo, la que codificó el giallo. Sin este filme, adiós a Wes Craven¸ a Nightmare on Elm Street, a Friday the 13th, a Chucky, a todo Argento e incluso, a los giallos de Fulci. Adiós, pues, a una gran parte del cine de terror. La paleta de colores me recuerda a Vertigo, de Hitchcock.
Para ver la primera parte de Octubre en películas da clic aquí.
(El booktrailer está dirigido por Darío Giordano, con Andrea Ortega Lee (Manchita), Pablo Araiza e Isaac Toussier. Lo compartimos directo desde el canal del libro en Youtube)
Y, sin embargo, es un pañuelo, libro ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2014, reúne veinte cuentos que mezclan y parodian diversos géneros; desde el drama hasta el policíaco, de los pasajes bíblicos a las teorías de conspiración. Un sacerdote maya antiguo que se ha quedado sin modelos para continuar con el calendario, un burócrata malvado que busca dominar el mundo con el trámite más largo de la historia y un indigente que gracias a la sección financiera del periódico se ha convertido en un prodigio de la economía son sólo algunos de los personajes que comprenden este libro cargado de humor absurdo y surrealista.
El espía internacional Jaime Bondurrieta abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba inmovilizado por completo, atado de pies y manos a una silla de plástico. Analizó el lugar en el que se encontraba: era una pequeña oficina de no más de dos metros de largo y dos de ancho; frente a él había un escritorio café de madera falsa cubierto de documentos y fólderes amarillos.
Del otro lado del escritorio, mirándolo fijamente a los ojos, estaba un hombre regordete y calvo. Vestía una camisa de manga corta color mostaza, de la cual pendía un gafete enmicado en el que se leía: “Satánico Dr. Godínez”.
—¡Ah, señor Bondurrieta! —exclamó el doctor Godínez dándole un trago a su Boing de guayaba—, por fin lo tengo en mis manos y le advierto que esta vez no hay escapatoria.
—¡Nunca se saldrá con la suya, malvado doctor Godínez! —replicó furibundo Bondurrieta mientras forcejeaba para liberarse de sus ataduras.
—Me temo que ya lo he hecho, señor Bondurrieta, y no hay nada que usted pueda hacer para detenerme. Por fin, después de años de planeación, tengo el destino de la humanidad a mis pies. El mundo se doblegará ante mí cuando vea el poderío de mi arma secreta: ¡el trámite burocrático más largo y tedioso de la historia de la civilización!
—¡Es usted un psicópata, malvado doctor Godínez!
—No, señor Bondurrieta, soy un visionario. Y como para mandarlo matar primero necesito entregar unas fotocopias, y los de papelería no regresan de comer hasta las cuatro, permítame mientras tanto compartirle mi visión.
—Su visión es la de un desquiciado. Yo podré morir hoy aquí, pero el resto de la humanidad nunca permitirá que un tirano como usted los domine.
—Su inocencia me conmueve, señor Bondurrieta; no se da cuenta de que en este mismo momento mi plan ya ha entrado en acción. ¡Filas interminables de personas se están formando en todo el planeta! ¡Toneladas y toneladas de papeles, fotocopias, fotografías tamaño infantil, tamaño postal y tamaño credencial; certificados de secundaria, primaria, kínder y guardería; pasaportes, cartillas de vacunación, cartillas militares, todas con sus respectivas copias por triplicado, archiveros, fólderes! ¡Mi ejército de burócratas es implacable y completamente inútil! ¡Cada uno de mis soldados está genéticamente modificado para no tener criterio ni sentido del humor! ¡Oficinas en las principales ciudades del mundo! Pasillos hasta con quinientas ventanillas diferentes…
—¡Me enferma escuchar semejantes atrocidades, malvado doctor Godínez!
—Y a mí me enferma que continúe entrometiéndose en mis planes, señor Bondurrieta. Pero ésta fue la última vez que interfirió con mis proyectos de dominación global. Antes de morir, va a ir a formarse en la ventanilla seis que está en el cuarto piso. Ahí le van a entregar una forma de veinte páginas que va a tener que llenar a máquina para después sacarle cuatro fotocopias. Esas fotocopias las entrega en el piso siete junto con cuatro copias más de un comprobante de domicilio, acta de nacimiento original, acta de bautizo, credencial de elector y sus últimas cinco boletas de calificaciones de preparatoria. Después va a esperar de cinco a diez días hábiles hasta que capturen toda la información y se va a presentar en mi otra base secreta, en Cuemanco, para que lo ejecuten los asesinos de allá, porque los de aquí están en paro laboral. Eso sí, le recomiendo que vaya antes de las once de la mañana para que no le toque tanta cola.
—¡No! ¡No puede hacerme esto! —gritó Bondurrieta con desesperación—, mis compañeros vendrán por usted tarde o temprano.
—Pues aquí los estaré esperando, de lunes a viernes de diez de la mañana a cinco de la tarde.
Acto seguido, el doctor Godínez se levantó y comenzó a empacar sus cosas.
—Ahora, si me disculpa, tengo que ir a una reunión del sindicato y no puedo llegar tarde…
—¡Es usted un degenerado! ¡Algún día se hará justicia!
—¡Margarita! ¡Lleve aquí al señor a que empiece su trámite!
—¡No por favor! ¡Se lo ruego! Écheme la mano y le paso una lanita.
Al escuchar esto, el doctor Godínez se detuvo en la puerta de su oficina y por unos instantes pareció recapacitar. Finalmente, volteó y con una diabólica sonrisa exclamó:
—¡Hasta nunca, señor Bondurrieta!
Guillermo Fernández (Guadalajara, 1932-Toluca, 2012) era un entusiasta, un vitalista: podría sonar a lugar común, pero en verdad era un ser humano lleno de vida. Aunque estaba a punto de cumplir 80 años, Guillermo no era un señor encerrado en su casa, sin ganas de salir y ver a la gente o achacoso sino todo lo contrario: seguía departiendo en su casa, tequilas y cigarro en mano, y a algunos nos llevó a la obligada expedición hasta el cráter del Nevado de Toluca, su amado Xinantécatl, manejando él mismo su coche rojo a toda velocidad por entre los desfiladeros. Eso explica porqué Cristina Rivera Garza siempre decía que “Guillermo es dos muchachos de 20 años”, a lo que él contestaba: “¡Pues ya voy siendo cuatro muchachos!”. Por eso, su asesinato, cometido en su casa de Toluca hace poco más de dos años, podría parecernos menos que devastador. Y sigue siendo devastador saber que las investigaciones para dar con el homicida están estancadas, típico de este país lleno de injusticias.
El pasado 2 de octubre, Guillermo habría cumplido 82 años y seguramente los habría seguido viviendo con el mismo ánimo festivo. No tuve el privilegio de asistir a los talleres de poesía y de traducción del italiano que Guillermo impartía en la Casa de Cultura de Toluca (donde justamente fue velado), ciudad a la que se fue a vivir a principios de los años noventa por su gusto al frío de las tierras altas. En mi caso, sus enseñanzas fueron vía telefónica o en las pocas tertulias en las que nos encontrábamos, sobre todo en casa de Cristina Rivera Garza en Metepec. Esas llamadas telefónicas se extendían durante varias horas y, como es natural en una plática entre amigos, los temas fluctuaban de una cosa a la otra sin llegar a concluir ninguno. Ahora creo que Guillermo varias veces me puso a prueba: mencionaba un poema y yo le recitaba algún verso que me supiera, sobre todo de nuestro admirado Cernuda; mencionaba una película italiana y yo contestaba con el nombre de la protagonista; él mencionaba una pieza de algún compositor y yo le respondía con la más célebre de sus piezas, en particular Mahler, cuya devoción también compartíamos. Fue así como poco a poco entramos en complicidad.
Sobre todo, de Guillermo aprendí todo lo poco que sé de literatura italiana: como estudiante de letras hispánicas desconocía mucho sobre la italiana, que él había dedicado años a traducir al castellano. De manera que si en una de esas conversaciones él hablaba, por ejemplo, de “Lighea”, a la siguiente “sesión” yo tenía leído ese cuento bellísimo de Tomasi di Lampedusa que era uno de sus predilectos; o si había mencionado de pasada un cuento de Elio Vitorini o de Giovanni Papini, yo corría a buscarlo y leerlo. Claro, no sólo dejaba que él los mencionara para leerlos, también aportaba y entonces leía un poema de Cardarelli (“Pasado”, mi favorito) o de Penna para llamarlo y comentarlos. Y todas, claro está, en traducciones hechas por él mismo (véase su antología Para el bautismo de nuestros fragmentos, UNAM, México, 2006). Una de las traducciones del italiano más raras que hizo fue la de Mamá morfina, de Eros Alesi, un poeta que ni en Italia recordaban y que él había rescatado en nuestro país y en nuestra lengua (según me dijo una vez, si mal no recuerdo, el agregado cultural de Italia en México).
Con Guillermo no había concesiones. Una de las tantas veces que hablamos por teléfono soltó un comentario que retuve porque en su caso era cierto: “Me gustan los norteños porque siempre te hablan de frente”. Guillermo era consecuente con esa idea y eso fue lo que me sedujo de su personalidad: por ser tan directo y sin complacencias, podía parecer seco, de trato frío y hosco, pero en realidad con eso uno podía darse cuenta de que si algo no le gustaba o si alguien no le agradaba simplemente lo decía sin tapujos. Como buen provocador, Guillermo hacía muchos comentarios mordaces, políticamente incorrectos que escandalizaban a más de uno, rematados con sus estruendosas carcajadas, como las de un niño cuando hace una travesura. ¿Cómo no dejarse seducir y llegar a tomar como ejemplo y querer como camarada a una persona tan auténtica?
El cine y la televisión saben de la tristeza y la alegría que generan los proyectos que no salen como se previó, que resultan una buena o mala sorpresa, que confirman lo sospechado o pasan del reproche a la admiración. Esa preocupación por las cosas menos importantes podría ser una virtud en nuestra cultura, como si hubiéramos acordado tomarnos en serio el desenfado. Internet magnificó los reclamos, hizo más ruidosas las celebraciones y globalizó una palabra para el desmadre en torno a la serie o la película: lo que no tiene hype no existe. ¿Y qué ha creado más expectativa para el televidente moderno que las series de Netflix, un servicio que “revolucionó” la forma de ver televisión? Para crecer, Netflix aprovechó una necesidad de consumo al simplificarla. Desde que fue viable, internet se convirtió en la filmoteca ilegal del mundo. Pero no todo es sencillo de obtener y no todos tienen la paciencia de encontrarlo. Lo menos complicado tampoco dura: Cuevana, por ejemplo, se desvaneció en medio de problemas legales. Con Netflix basta un accesible pago al mes para aprovechar su catálogo.
Esa accesibilidad le dio a Netflix más de cuarenta y ocho millones de suscriptores en más de cuarenta países y con ello comenzó a crear contenido original exclusivo, lo que permitía flexibilidad, libertad creativa y la capacidad de encontrar la audiencia necesaria para cada show, pues no están sujetos a intereses de rating o televisoras, según se lee en la visión a largo plazo de la compañía.
Aunque la mayoría ha celebrado la forma innovadora de consumir programas a través de Netflix, que facilita la reproducción continua de episodios para verlos sin parar (binge watching) en casi cualquier dispositivo, todas las expectativas descansan en sus producciones originales. Estas series son la apuesta capital de la empresa, donde buscamos a la Nueva Televisión.
Vistas las primeras ficciones serializadas de Netflix (Orange Is The New Black, House of Cards, Hemlock Grove y Arrested Development), muerto el hype, descubrimos que estos programas prefieren no lanzarse de lleno a la revolución y optan por lo conservador, guardando las formalidades de la televisión lineal, esa que impone horarios y pelea por rating, pero que en fechas recientes ha demostrado más capacidad para explotar formas y posibilidades.
A mediados de la década pasada, los críticos empezaban a dudar de la capacidad de HBO para mantener su genialidad creadora. La exigencia no era injusta. Entre las series que en aquel entonces transmitía se encontraban muchas que, hasta hoy, se mantienen como el epítome de la creación televisiva: The Sopranos, Deadwood, Six Feet Under, Sex and the City y The Wire.
Lo que nuestra época espera de Netflix e internet, HBO lo esbozó con el cable y satélite. En los setenta, los primeros servicios de televisión por suscripción se preguntaban cómo proveer programación que fuera atractiva como para cobrar por ella cada mes y mantener el servicio a las personas por largo plazo. Los servicios de streaming (Netflix, Hulu Plus y Amazon Prime) responden, como su antecesor, a la generación de contenidos.
Estas nuevas series fueron exploraciones nunca hechas antes en la televisión: Deadwood nadó en el brutal nacimiento de Norteamérica; The Wire desmenuzó la burocracia y el fracaso de la sociedad moderna; a The Sopranos le valía parecer apología del crimen y Sex and the City espantaba con sus conversaciones (“¿Está bien cogerse a un hombre cuando estás embarazada de otro?”, llegó a preguntar Miranda con toda honestidad).
El canal inspiró muchos de los programas que empezamos a ver en emisoras como Showtime, FX, Fox y ABC; aprovechó su medio de distribución para cambiar las series de televisión con nuevos formatos para episodios y temporadas; buscó talento en espacios tradicionales para desarrollar narraciones nunca contempladas. ¿Qué podemos esperar de Netflix, servicio nacido en la libertad de internet y lejos de toda restricción de la televisión?
Netflix tiene series de internet, no series de televisión. “Programa televisivo” evoca ciertos preceptos que no tienen por qué trasladarse a un show en la web: la duración, la censura, el género, la forma de producir, las temporadas. Si revisamos la forma en que se han presentado las nuevas series del sitio, no vemos la novedad del formato. Todas sus series exclusivas han hecho uso de “temporadas” (salen de golpe: no se transmiten a lo largo de semanas) y con episodios que van desde los veintiocho minutos hasta la hora y media. También mantienen las secuencias tradicionales de títulos iniciales y créditos al final de cada episodio. Pierden, eso sí, las recapitulaciones.
Netflix busca productoras establecidas de televisión para realizar sus shows. Gaumont International Television produce Hemlock Grove y tambien Hannibal (NBC); Media Rights Capital esta con House of Cards, pero realizó proyectos para HBO; Lionsgate Television hace Orange Is The New Black (OITNB, para abreviar), al mismo tiempo que Mad Men (AMC) y Nurse Jackie (Showtime).
Sin tomar riesgos, sus géneros no se desvían tanto de los terrenos televisivos. Arrested Development es una comedia que Netflix decidió continuar casi seis años después de que se canceló en Fox; House of Cards es un drama político, adaptación de la homónima serie inglesa; Hemlock Grove, un thriller sobre hombres lobos y vampiros, apuntando a la tendencia adolescente de los últimos años (Twilight, True Blood); OITNB, drama/ comedia sobre una prisión de mujeres, tal vez la de menos antecedentes en la pantalla chica.
Si hasta aquí intentamos nombrar sin pleitos las características de las series de Netflix, peleamos al enumerar lo que consideremos sus defectos o cualidades narrativas, de trama y desarrollo. ¿Ha influido para bien o para mal las entregas únicas por temporada? ¿Cambió la forma de verlas, la forma de producirlas? ¿Dan ganas de terminarlas? Eso sí, son buenas series y, más o menos, gran televisión.
House of Cards (protagonizada por Kevin Spacey y producida por David Fincher), por ejemplo, goza de mostrar hasta el cansancio la habilidad política de su protagonista, Frank Underwood, antihéroe de los que abundan en la televisión contemporánea, cuyo constante cinismo termina por dibujar un personaje vacío, como suele sentirse toda la serie. Aun con su vacuidad, el show es entretenido. Podemos disfrutar su avance a costa de un guion perezoso que sólo muestra personajes devorándose entre sí, explorando nada, desarrollando menos por varios capítulos.
OITNB y Arrested Development tienen muchas más virtudes. De Jenji Kohan, OITNB emula la narración con base en flashbacks de Lost para contar la vida de un grupo de prisioneras, una polifonía de tragedias y redención. Para su segunda temporada el programa escoge relegar a su protagonista (interpretada por Taylor Schilling) y centrarse en las historias que su primera entrega nos ofreció a pedazos. Si bien esa temporada inicial parece no llevar rumbo, logra sentar lo notable de la serie: su reparto, sus referencias a la cultura pop, su desenfado, su tristeza a ratos, el optimismo de la nada, la heroína exasperante, los secundarios al frente del drama. Por su desarrollo, OITNB parece consciente de su potencial como ficción con numerosos personajes.
Arrested Development, de Mitchell Hurwitz, es, hasta ahora, el más ambicioso de todo el contenido original de Netflix. La serie aprovecha, explota, utiliza y fatiga el servicio. Si hay críticas que la sancionan es porque no la entendieron o no les alcanzó la paciencia: su compleja construcción requiere examinar más de una vez cada episodio, exige aguantar esa primera vista para entender la estructura serializada. Para la mitad de la serie se dirá que es aburrida; antes de su última escena será asombrosa. Esta serie fue un hito de culto durante su primera emisión en Fox, su valor apenas se fue entendiendo con el paso de los años: el humor era rápido, hilado y autorreferencial, y cada episodio contenía estructuras detalladas que alimentaban toda la temporada. La cuarta entrega recupera lo anterior y lo aumenta para presentarlo de manera diferente. Hurwitz no logró que los episodios pudieran verse en cualquier orden sin afectar la coherencia de la historia (el plan original para esta temporada), sin embargo consiguió una serie que sólo es posible en un nuevo medio que reconoce la totalidad de la obra desde el inicio.
Las series de Netflix comparten algunas críticas. De todas se ha dicho que tardan en construir sus historias, quizá por asumir que serán consumidas de una sentada. No existe para estos shows la conversación semanal, ni la discusión prolongada de la crítica. Con excepción de Arrested Development, estos programas pudieron pasar sin problemas semanalmente en un canal de televisión porque no tienen diferencias con los dramas habituales. Esto, visto desde el anhelo revolucionario de la empresa, es un fracaso del medio. Lo peor es la ausencia de una propuesta estilística notable: Louie (FX), True Detective (HBO), Fargo (FX) y Hannibal se hicieron notar por su uso de la cámara, trabajando la toma larga, la puesta en escena, secuencias complicadas o detalles inusuales en la televisión. De OITNB o House of Cards podemos recordar personajes pero no un momento nunca visto o rara vez intentado.
La “nueva” forma de hacer televisión parece provenir del mismo medio, no del servicio en línea que promete lograrlo. La pantalla tradicional demostró que podemos estar en paz con lo lineal, porque al menos crea todavía expectativas para su audiencia. Netflix prefiere ser convencional, no explota su propio medio para ser reconocido como otro. Queda por ver si seguirá por este sendero para beneficiarse de las premiaciones. Esto, por lo pronto, mata el interés y nos deja a la espera de esa revolución de la que todos hablan pero que pocos podemos ver.
Durante el mes de septiembre se exhibió en la Cineteca Nuevo León, de Monterrey, el documental Huicholes: Los últimos guardianes del peyote (Argentina-México, 2014) del argentino Hernán Vilchez. El documental se estrenó el 17 de mayo de este año en Real de Catorce, San Luis Potosí, y ha peregrinado por distintas ciudades del país y del extranjero dando a conocer el conflicto que, desde el 2010 y hasta la fecha, amenaza el equilibrio milenario del pueblo waxatari, conocidos comúnmente como huicholes, en español.
La zona sagrada de Wirikuta, al norte de San Luis Potosí, cercana al pueblo mágico Real de Catorce, es uno de los cinco puntos sagrados en la cosmogonía del pueblo huichol. Pertenece desde 1988 a la Red Mundial de Sitios Sagrados Naturales de la UNESCO y fue declarada por el gobierno local como Área Natural Protegida, en 1994.
Según la tradición milenaria de los waxatari en Wirikuta se originó el mundo. Ahí se localiza el Cerro Quemado, donde nace el sol, territorio sagrado en donde realizan su tradicional ceremonia del peyote, necesaria para purificarse, preservar el equilibrio con la naturaleza, conversar con sus ancestros y encontrar sabiduría. Con el afán de detener la actividad de las empresas canadienses First Majestic Silver Corp. y Revolution Resources Corp., a quienes, desde 2010, el gobierno federal les otorgó al menos 72 concesiones para explorar la zona, con miras a una futura explotación de suelo para extraer los minerales de la zona rica en oro y plata. Debido a la urgencia de dar a conocer su situación a más personas, los waxatari aceptaron grabar la intimidad de sus rituales en la zona de Wirikuta, de modo que solicitaron la elaboración del documental, según lo menciona el director Hernán Vilchez.
Wirikuta comprende un área de 191 mil hectáreas de reserva protegida, que para los huicholes es un lugar sagrado en su totalidad, donde, literalmente, cada planta, animal, manantial, cerro, así como las entrañas de la tierra (por llamar de algún modo a los minerales que ésta contiene) son igualmente sagrados.
El documental está construido a partir de la anécdota del ancestral peregrinaje al territorio sagrado de Wirikuta de la familia Ramírez, originarios de La Laguna Seca, Jalisco. A partir de ellos se explica la cosmogonía waxatari, a la vez que se entrelaza el testimonio y las múltiples, y a veces radicalmente opuestas, opiniones de los personajes involucrados en el conflicto: abogados, activistas, autoridades del pueblo waxatari, autoridades gubernamentales, investigadores, científicos, antropólogos, ejidatarios, vecinos de la localidad y personalidades públicas populares como artistas y músicos.
En el documental se muestra el contraste entre la ideología waxatari (huichol), enfocada sobre todo en encontrar la felicidad y la sabiduría mediante el cumplimiento de su deber en el mundo, y la ideología occidental, cuyo concepto de felicidad y bienestar está íntimamente ligado con la posesión material y la noción económica de riqueza.
Wirikuta se localiza junto al turístico pueblo mágico de Real de Catorce. Éste junto a los municipios Charcas, Matehuala, Villa de Guadalupe, Villa de La Paz y Villa de Ramos son pueblos fundados por colonos españoles hace trescientos años. En su origen fue la minería la principal fuente de ingresos, cuando ésta dejó de significar una fuente de bonanza los pueblos quedaron abandonados y prácticamente en ruinas. Actualmente, a menos que se tengan los medios para el comercio, el trabajo escasea en la zona. Un importante porcentaje de la población ha tenido que emigrar a zonas urbanas más grandes, principalmente en el estado de Zacatecas, en busca de mejores condiciones de vida. Debido a la escasez de trabajo algunos están de acuerdo con la continuación del trabajo minero en la zona.
Sin embargo, es de destacar como la preocupación inmediata de subsistencia impide vislumbrar la catástrofe ambiental que implicaría para los habitantes de todos los municipios vecinos, no sólo para el pueblo huichol, la explotación del territorio. Por un lado, existe el peligro de contaminar los mantos acuíferos que proveen de agua potable a los municipios de la zona. Por otro, destacan los riesgos a la salud tanto para los trabajadores de las minas como para la comunidad en general, expuesta a los residuos químicos de las minas que se mezclan con el agua y el aire. También peligrarían la flora y la fauna, ya que en Wirikuta habitan especies de cactáceas y coníferas endémicas. La explotación minera implicaría también la inminente extinción del sagrado hikuri (peyote) de los huicholes y de otras muchas especies de flora y fauna, como el águila real, emblema de la nación mexicana.
En la película no sólo se documenta el peregrinaje de los huicholes a su territorio sagrado, también se muestran los peregrinajes que han hecho para que su causa sea escuchada, llegando incluso a Nueva York, para exponer su caso ante autoridades internacionales en el X Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU, en 2011. Apoyados por diversos grupos solidarios con su causa y comprensivos de la importancia cultural que la protección de sus costumbres significan no sólo para México, sino para la humanidad entera. Los waxatari han conseguido mucho en la lucha por concientizar a un gran público sobre la importancia de preservar su cultura y tradiciones, aun así, según testimonio del director Hernán Vilchez, en una entrevista reciente por parte de Noticias 22 estos esfuerzos no han servido para lograr el objetivo principal, que es el retiro de las concesiones a las compañías mineras.
Recomendamos ver el documental, disponible en línea no sólo para esclarecer muchos de los mitos respecto a las tradiciones ancestrales del pueblo huichol, sobre todo en cuanto a la importancia sagrada y ritual del peyote que poco tiene que ver con la idea de “droga” impuesta sobre la población mexicana en general, también recomendamos verlo para ampliar el panorama cultural mexicano sobre la riqueza cultural que conforma a la nación y el peligro que implican el olvido y la ignorancia en la preservación del patrimonio cultural humano.
También compartimos la página oficial de Huicholes: Los últimos guardianes del peyote, da clic aquí.