Tierra Adentro
Frontera, fotografía tomada del Flickr de José María Pérez Nuñez.

Uno: antropología imaginaria

Si lo que dice François Hartog en Memoria de Ulises es verdad, la Odisea exhibe una antropología imaginaria, sustentada en la geografía. Su mundo era un disco plano, habitado por seres cuyas formas sociales y culturales estaban determinadas por la ubicación en el espacio físico: en el centro, en el límite o más allá de las fronteras. Se podría pensar que el centro de ese mundo (cosmos) era el monte Olimpo, punto fijo e inmóvil desde donde se vigilaba, castigaba o premiaba a los hombres. De él provenían ciertas normas, las medidas del vino, la proporción en el arte, el mercado de precios, la ingesta de pan, la hospitalidad, la justicia. El Olimpo simbolizaba la civilización, código distintivo de los actos humanos. Así, es posible imaginar a este centro como una especie de antena parabólica gigante que irradiaba normas, funcionando bajo una premisa básica: a mayor cercanía, mayor grado de civilización. Pero, como ocurre con nuestros dispositivos electrónicos actuales, ese Olimpo no gozaba de omnipotencia, ni todo el mundo era su territorio. Había sitios donde su señal era muy débil o, sencillamente, no llegaba.

 

Dos: fundar desde la frontera

Los lugares alejados del influjo central, de la civilización, estaban habitados por lotófagos, caníbales, bebedores de vino puro, mujeres cazadoras, brujas que transformaban en animales a los hombres. Eran sitios de lenguas incomprensibles, desprovistos de comercio y hospitalidad; lugares de magia y portentos divinos (incluso, puertas del infierno). En suma, lugares no griegos, inhumanos. Ahí están Circe, las arpías y sirenas. Polifemo y los cicones, entre otros. Aunque no son exclusivas ni provienen de Homero, estas ideas del desplazamiento entre el centro y la frontera, con todo y sus formas diversas de vida (juzgadas siempre bajo los códigos y normas del peregrino), son básicas para los mitos de fundación y la literatura de viajes.

En “Cokboy”, poema sobre el mito del trickster, Jerome Rothenberg (Nueva York, 1931) nos invita a colocarnos justamente en la otra barrera, la de los personajes fronterizos, los locos, los salvajes. “Cokboy” trata, en resumen, de un Baal Shem (un judío obrador de milagros) que llega a territorios insólitos. Más exactamente, dominios del indio. A diferencia de los grandes fundadores o héroes viajeros de la cultura grecolatina, Cokboy no busca la conquista. No es Jasón, tampoco Eneas, quien regresó para cargar a su padre en hombros mientras ardía Troya, ni da leyes como Licurgo.

Cokboy, provisto sólo de un sombrero, una gran barba y su pene, llega para transgredir e invertir los valores establecidos; para fundar, desde la frontera, un nuevo rito enraizado en la locura y la confusión. Al igual que Dionisos, Cokboy, ser milagroso cuyos ritos y pases asemejan a los de brujas y magos, proviene de lugares alejados del centro. Incluso, al narrar su arribo en una lengua extraña, se parece más al dios de las Bacantes (vv. 13-17), de Eurípides:

dejando atrás los campos auríferos de los lidios y los frigios,

las planicies de los persas asaeteadas por el sol y los muros bactrianos,

pasando por la tierra de crudo invierno de los medos y por la Arabia

feliz,

y por toda la zona del Asia (…)

he llegado en primer lugar a esta ciudad de los griegos (…)

… aunque más cómico y absurdo:

Kon el kulo korolado arrivi

un djudio entre

indios (…)

 

Tres: dos lenguas, un mito

Originalmente, el Cokboy de Rothenberg es la imagen de un judío ortodoxo asquenazí, europeo del este, que habita en las fronteras de un espacio entre Alemania y Letonia. Forma parte de un grupo humano que comenzó a migrar a los Estados Unidos y a Argentina en el siglo XIX. Carga con palabras propias en yiddish (lengua indogermánica): pripitchok es cocina; shmuck, estúpido; su sombrero, shtreimel.

En cambio, el Cokboy de esta versión habla ladino, lengua de los judíos que habitaron la península ibérica, de donde fueron expulsados en 1492, cuando un imperio, un nuevo centro, fijó sus confines. Los sefarditas se refugiaron en lugares tan distantes como los Países Bajos, el norte de África del Norte, Turquía, o en el continente americano, huyendo de la persecución.

Ambas lenguas fronterizas expresan su extrañeza al llegar a un nuevo continente, “vot em I doink here?”, “ke fago aki?”, sin importar cuál sea su origen. En su ir y venir, en su vagar, Cokboy invertirá al mundo, creará un nuevo cosmos a partir de otras voces, otras visiones. Su historia del surgir comienza en la tierra de los nuevos desplazados: los pueblos indios.

Si en esta versión el uso del ladino no corresponde, en cantidad, a la presencia del yiddish en el poema, se debe a lo que el mismo Rothenberg (como traductor), anima: apoderarse del texto, transcrearlo. Al emplear el ladino, el mito del trickster —si es que eso es posible— amplía su espectro de acción. Así, Cokboy no sólo llegará (con sus nalgas heridas) a los Estados Unidos, sino también a México, a Brasil, a Perú, a toda América.

 

Cuatro: América (y agradecimiento)

Como podrá inferirse, en esta versión de “Cokboy” la palabra inglesa “America” fue traducida como “América”, todo nuestro continente. Dejo, como nota final, la postura de Jerome Rothenberg al respecto, enviada por correo electrónico (14/06/2014):

Un punto que quisiera aclarar es por qué prefiero, en el poema, usar América en vez de Norteamérica. América es el mundo icónico, presente en mi mente, que abarca todas sus regiones (norte y sur) y a donde se dirigían los inmigrantes cokboys, no importando si llegaron a Nueva York, Argentina e, incluso, a México. Y como [en la traducción] la lengua es el ladino, y no el yiddish, además del español (lengua con la cual, aparte del inglés, los cokboys/vergueros/vakeros/ ingresaron a los dominios indígenas), estoy a favor de mantener América.

Finalmente, quisiera agradecerle a Myriam Moscona la revisión del texto ladino.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Distrito Federal, 1982) es maestro en Letras Clásicas por la UNAM. Ha sido traductor de poemas, profesor de latín y griego, y locutor de radio. Es autor de Poemas de botica.
Frontera, fotografía tomada del Flickr de José María Pérez Nuñez.

Traducción de Javier Taboada.

 

Primera parte

Kon el kulo korolado arrivi un djudio entre indios ke fago aki en este lugar estranyo kon esta djente de ojos estranyos pudia aver problemas pudia aver      pudia aver (él dice) una sombra surge de su alfalfa con un tomahawk en mano la sombra de un hacha en su ojo diestro de una pluma fuente en el izquierdo ke fago aki komo fue ke me pedri para yegar aki so sien ombres ciento cincuenta distintas sombras judías y gentiles que traen la Ley a lo Inexplorado (él dice) este ombre so yo    mi papu i demas hombres-de-letras hombres con letras llevando el correo jinetes lituanos del pony-exprés enloquecido por dinero Búfalo Bill aún cabalga al frente horas antes de vengar la muerte de Custer haciendo el primer filme en 3-D de aquellas guerras o años antes de ellas números desapareciendo en el tiempo cabalístico que reúne a los hombres y el jinete solitario con el culo colorado soy yo mi abuelo y demás hombres-de-letras judíos y gentiles que entran a dominios del indio que traen la Ley a lo Inexplorado en minas de oro y frágiles tiendas comercio de pieles     agricultura intensiva boletas balas barberos que amenazan mi barba su cabello pero son condescendientes y harán a uno de los nuestros Senador de Arizona el campeón de su Ley que nos detesta a ambos pero se viste como judío un día como indio al siguiente un azno kristiano ke fago aki puede ser un lugar enlokesido kon todas sus letras a la roves (él dice) quién puede leer los letreros que llevan al desierto quién puede hallar su escape de los bosques de la arroyada las abuelas vivían cerca con serpientes en sus panochas dientes quizás quizás motosierras cuando el Baal Shem visitó América usaba un sombrero shtreimel los lugareños pensaron que era un vaquero tal vez de México “¿un cokboy?” no un cowboy seré más que un orgullo para mi comunidad y raza buscaré a mi hermano Esaú entre estos pieles rojas y en sus fuegos nocturnales compartiré la meada tensa de mi verga sagrada que portará la semilla de Adonai y los nutrirá de visiones llenaré toda una concha de almeja y pasará de boca en boca veremos el surgir de la luna a través de nuestros ojos distancias que desaparecen en el tiempo cabalístico (él dice) desde el acantilado el viejo mira una ciudad por luz vencida el hombre y la ciudad desaparecen mas observa y ve otra ciudad hecha de cristal dentro de los edificios se alzan estatuas inmóviles rostros morenos atrapan la luz un elevador yendo arriba y abajo en la visión del nele de los Cuna la visión de mi abuelo visión del Baal Shem en América los esclavos en el entrepuente qué visión común tienen a causa de qué luz sus ojos daban de frente a las estrellas no podría saber qué hacía yo aquí todas las letras de este sitio están al revés un reverso en el tiempo hacia lo inexplorado el viejo hebreo tira de su gabardina separado de él su espíritu remontó hasta una ladera y se encontró con un águila no un agila capitanes   comandantes   preziadas     locos deliciosos asesinos abriendo el continente para explotarlo cesar i esvachearse (él dice) avlemos (él dice) ai guesmo de umiko aki abasho (él dice) (nunca enfrenta el espejo sin llorar) y el agila lo levanta como un elevador a un sitio sobre el amanecer ahí le entrega una canción la Canción del Baal Shem que se ha cantado sin palabras por siglos “hey heya heya” pero traduce “yuh-buh-buh-buh-buh-buh-bum” cuando el Baal Shem (yuh-buh) aprenda a hacer un fardo ¿qué pondrá el Baal Shem (buh-buh) dentro del fardo? la seda de la bolsa del taled abajo el forro de piel de castor encima el aroma del fruto del esrog adentro el cuerno de una cabra montañesa en medio las plumas de un pichón a los lados un diente de ajo polaco en el corazón lleva en sus viajes viajes por bosques cabalísticos con la caballería zarista flanqueándolo bigotones de ojos cetrinos y sables que acechan de noche al alma noble por las estepas de Wyoming (él dice) ke fago aki no puedo topar mi chapeyo pudia bushkar el yano kon piezes i manos hasta     que tras una roca en Cody un indio anciano expone las profecías de ambos juntas en este lugar como el humo se sostiene una pipa entre los dos por sus labios gotea el intenso tabaco “¿cowboy?” cokboy (dice el Baal Shem) pone una nuez en su paño y la truena en una peña ambos comen el indio saca un mazo de cartas y las baraja “¿juega?” y juegan a lobos y corderos crepita el fuego en la pripitchok en una gran carpa en algún lugar de América la historia del surgir comienza

Segunda parte

viene un viento marrón girando desde los tejidos tensos esfínter abierto sobre la divisoria continental disparando gente plop plop una muchachita emerge de tetas de castor nariz afelpada ojos del Sabbath de Piel Roja baja el corredor a tientas (diz) hola doitor ¿me echa una mano? el doctor diz ta’ bien —sí doitor y le alza la maraña y le saca un bebé que aúlla bajo las lámparas un pequeño Moisés ahora ríe la hija del Cacique —oh doitor no-o tan duro América nace tan duro lo sueña tan duro el Baal Shem 200 años más tarde en Vítebsk (se carteaba con William Blake apareciendo en Peckham Rye —sí ¡totalmente vestido!— y fue su ángel) ángel dice su madre sonriendo orgullosa y mira su piecito abriéndose paso por su ingle una comezón le sube hasta las costillas América nace el Baal Shem es un castor (sucedió mientras el indio hablaba y cantaba tras Cody el judío loco resbaló a la vida tras pasar la rosada espuma de nieve de los canales de su cuerpo raros pasadizos sin luz sin amor como las encías de una anciana cuyos dientes fueron arrancados años antes) en un mundo distinto se precipita y despierta de nuevo en la ciénega femenina un castor entre los juncos —¡mama!— clama el Baal Shem —¡mamika! ke fago aki me torni en mi barva (él dice) el ciego mundo brilla para él el agua corre por su boca vientre abajo es oscura una oscuridad (la felpa es oscura y esconde la carne y la sangre una felpa universal que sólo un hoyo deja abierto para que la oscuridad del cuerpo empuje hacia la luz) hace erupción como una gran verga de los seres primigenios roja y suave como el cobre del rojizo ojo solar de noche el viejo Castor la arrastra en mano yo so yo mezmo mi papu (él canta) mi nombre es Cokboy —COKBOY, ¿entendesh? dejo a mi abuela en la ciénega femenina seré El Gran Redentor algún día yuh-buh-bum tal vez halle un tarro de miel tal vez ahí meta mi pito tal vez hormiguee mi pito tal vez no cosquillee las abejas lo saben y me pican el glande que crece un segundo una docena más o menos de glandes a lo largo son 30 glandes cuál es el chiste me pregunto tal vez lo intente de nuevo lo arrastro rojo e inflamado detrás mío qué vulnerable soy en este clima cálido cagando y pedorreándome disparando canicas mi boca estaba abierta y viniéndose en ella caga el mirlo oh no tan pronto amor mío adentro del sombrero mis ojos se tornan blanquecinos los lirios crecen de ellos un nacimiento eslavo no puedo negarlo tan tierno a mis ojos tiernos los mojones nativos que van flotando y por toda América en un arranque inútil grito contra el sol tú no eres más mi padre luna tú no eres más mi madre te abandoné me largué satisfecho con la verga colgando sobre mis hombros éste es el viaje que harán tus jóvenes (dice Castor) llega a la choza donde vive aquella anciana un delantal sobre su vientre un carpín en el horno tal vez pan frito grasa grasa madrecita no te importa si dejo caer una piedra en tu cerebro tus hijas volverán pronto sabrosas muchachitas que monto haciéndome pasar por ti les chupo las orejas y grito oh ponme más abajo amor oh mi verga adentro y debo enfriarla la enfrío en las aguas donde una princesa hija de un jefe indio se metió a bañar la verga letal e inocente halló su rastro (su tren llegó a Topeka Custer ha muerto) y entra a los aposentos del novio la oscuridad de su piel ella está preparada por la luna nueva en su abdomen una tajada crece un dólar de plata encima de Barstow alumbrando El Matrimonio de América en el tiempo cabalístico (dice Cokboy) sos la fija de la montanya agora te yevaré a la tribu del padre mio a baylar el bayle de la kulevra oh piezes djudios de El enlokesiendo en su mente o Él o Him en mi morral llevo fotografías sucias concesiones de tierras (mas luego al volver su gente le disparará cómo se sentirían al ver a su hija en brazos de Cokboy —¿C-O-C-K, entendesh?—) ya sos la novia del padre mío están casados con (ugh) el dios cristiano para siempre adío adío a korrer agora que mos asperan lavoros en Salt Lake la industria surge en todos lados flechas golpean el concreto nunca feriré la karne de mi kuliko (dice Cokboy) a kavayo río arriba emprende su camino pasando los campos minados donde los polacos criban el oro y otros productos puros de América oh exploradores oh anglosajones dumplings con cara de bebé que pacificaron el oeste con ametralladoras con recompensas por pellejos de niños vulvas maternas hechas bolas de béisbol para su lujuria oh portadores de la civilización héroes héroes peleando me abriré paso a través de ustedes guardianes de la sagrada orilla última frontera aldea de mis sueños a tiros tiranías (él grita) que han escapado de la ley o que trajeron con él komo me pedri para yegar aki me quedé sin suerte encima de una montaña y lejos de la entrada verdadera al verdadero paraíso occidental como Moisés en las Rocallosas mirando California fantasmal en la luz hebrea de los cuernos sobre mi cabeza grandes carreteras anaranjadas de la mente América un desastre América un desastre América un desastre América un desastre donde puede mirar el caer del sol en el desierto Cokboy duerme (preguntan) espierto (grita Cokboy) sólo su barba lo ha abandonado como la suya la de su abuelo fantasma de Ishi esperaba en la cima parecía un judío pero en silencio guardaba silencio en América creo que no tengo nada más que decir


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Estados Unidos, 1931) es poeta, traductor y ensayista. Es autor de The Gorky Poems (1966), Poland/1931 (1974), A Book of Witness (2002), y A Poem of Miracles(2013), entre otros. “Cokboy” es el poema final de Poland/1931.
Night Music (1986) Stan Brakhage.

Jean-François Lyotard, en su ensayo “Acinema”, propone analizar una película a partir de términos económicos: cada parte tiene un valor de cambio y su sentido proviene del comercio con otros momentos que, a su vez, tendrán valor de cambio, y se traducirán en otros elementos, etcétera.

Es una especie de “economía narrativa”, donde sólo los extremos de una historia escaparían al ciclo del intercambio (al ciclo del capital, según Lyotard): el inicio es un prevalor, lo que abre la posibilidad de éste; el final es un ultravalor, por lo que todo se intercambia y, por tanto, ya no se transforma en otra cosa.

Una de las características del valor es que se disuelve en el consumo (piénsese en la comida); de la misma manera, en la economía narrativa, las partes desaparecen. Al ser el cine un arte que se inscribe en el tiempo, la fugacidad de las escenas es evidente: una escena da pie a otra sólo con la condición de que deje de estar en pantalla.

Una buena economía narrativa es aquella en la que sus valores de uso tienen una equivalencia entre ellos. El sustantivo es, entonces, la necesidad. ¿Qué escena es necesaria para comprender la siguiente?

Para Lyotard dirigir una película es crear un esquema de selección: qué elementos tienen un valor intercambiable entre ellos, cuáles pueden circular sin que haya un exceso ni una deficiencia. Una buena historia es aquella circular, que contiene a la unidad.

A partir de esta unidad se crea un sentido de organización y un juicio de exclusión: que si incluye este encuadre, o que si aquel. Es, al mismo tiempo, una economía del espectador: qué vale la pena ver, no en el sentido de gusto sino de posibilidad de comprensión sobre lo que observa.

El cine suma momentos inevitables, intercambiables dentro de la película pero no externamente. El final, ultravalor, responde con una pregunta: ¿todo fue necesario para llegar al punto culminante?, ¿sobran o faltan elementos para llegar al valor absoluto del desenlace? La respuesta dará el criterio para evaluar si tenemos una economía saludable o una con fugas.

Sin embargo, para Lyotard, el cine, al ser arte, no puede quedarse en la inversión perfecta.

Adorno había establecido que los fuegos artificiales son el paradigma del fenómeno artísico: un montón de fuerzas libidinales (para hablar desde el psicoanálisis) que resultan nada más en la explosión de éstas. Lyotard propone que, lejos del cine comercial, las películas experimentales se acercan más a la pirotecnia que a la economía. Él lo denomina el “acine”.

El acine tiene dos polos de exceso: la inmovilización y la movilización.

El primero habla de la tendencia de lo representado (lo que se filma) a permanecer. Si existe un montaje donde la secuencia no responde a una economía saludable, las unidades mínimas pugnan por su estancia total: las imágenes, al no tener conexión de necesidad con las que les antecedieron y precedieron, reclaman la presencia que hace cortocircuito: total inmanencia. Una película así sería imposible. Tal vez la pintura (que es una sola cosa dada en el tiempo, y muchas en el espacio) se acercaría a esta inmovilidad.

El segundo, la movilización, habla del soporte: más allá de las imágenes individuales, lo que importa es el medio, es decir, el cine como abstracción. Aquí lo importante es que la cinematografía se mueva más allá de lo representado. No existe la necesidad en lo que se graba (no hay nada que esté por razones económicas), pues lo que importa es que el aparato fílmico se exprese sin concretitudes. El encuadre, el zoom, el montaje, la iluminación, todo está al servicio no de una imagen (una representatividad) sino del medio. La película ideal, según este extremo, enunciaría una cámara que sólo proyecta, sin contenido en pantalla, una pura luz.

Ambos polos son imposibles, exigen del cine una desarticulación de lo que es (representación en el tiempo, por un lado, y representación de algo, por el otro). Sin embargo, Lyotard sostiene que estos extremos permiten al cine salir de las coordenadas del valor, del consumo y del producto.

La serie Preludes (1995-1996) y Mothlight (1963), de Stan Brakhage (uno de los cineastas experimentales estadounidenses que compartió palestra con Deren y Anger), ejemplifican la imposibilidad y presencia de los polos.

En Preludes, se asiste a una especie de pintura temporal. Brakhage incidía físicamente en la cinta (la pintaba, la rayaba, le pegaba objetos) y después proyectada los resultados. Así, durante minutos, se ven pasar rayones y manchas de pintura sin una solución de continuidad. Si se adelanta la película algunos momentos, no se nota el corte. Sin embargo, hay una sensación de fraude al hacer esto, como si perderse una sola de las imágenes fuera faltar a la película.

Esta serie es la inmovilidad extrema de cada imagen. Uno no puede sino pensar en que todo lo que se muestra en Preludes tiene poca importancia y, por eso, los momentos se vuelven igual de imprescindibles: al hacer un juicio de equivalencia en una película sin picos narrativos o estéticos, la visión se obliga a darle eminencia a cada detalle, a cada rayón de Brakhage.

Mothlight es más amable: al menos hay reconocimiento de la imagen. Brakhage construyó esta película al pegar sobre la cinta alas de mariposas, moscas y polillas. Lo que se ve en Mothlight son órganos que, casi indistinguibles, duran en escena dos o tres segundos. También, como en Preludes, la necesidad se vuelve una totalidad aplastante: cada ala quiere permanecer con tanta fuerza que ninguna es más importante que la otra y, lo peor, ninguna muda en otra, todas permanecen y, al mismo tiempo, ninguna.

El polo de la movilización-abstracción que señala Lyotard es el radical de lo representado. En dos momentos, Brakhage se acerca a este extremo: en Black Ice (1994) y The World Shadow (1972).

En ambas películas, el cine como medio, su capacidad de movimiento en abstracto, es el objetivo. Mientras que Black Ice está más allá de la figuración, The World Shadow experimenta con el formato de la representación: investiga sobre enfoques, sobreexposiciones y distintos tipos de cinta sobre un plano estable de árboles en el bosque. El paisaje es la excusa para pesquisar sobre las soluciones visuales. Lo que se mueve hasta el paroxismo en The world shadow es la cámara y sus posibilidades.

En Black Ice, la meta no son los caminos de una máquina, sino su proyección. Por medio de intervenciones en un laboratorio, los planos de este cortometraje se intercambian: el plano más alejado se acerca constantemente (un tipo de visionado en tercera dimensión), mientras que el más cercano cambia sin cesar. Black Ice, a diferencia de The World Shadow, huye de la figuración como de la peste. Aquí ya no hay formas observables sino movimiento puro, cine en su más desnuda expresión.

Tal vez el cine que propone Lyotard no es el cine que realizó Brakhage. Tal vez la búsqueda de ambos es imposible. Sin embargo, y como bien recuerda el teórico francés, los polos sirven para escapar de la cárcel de la narrativa económica o, al menos, deja ver a través de los barrotes.

En sentido estricto, todo lo que se considera “bueno” o “bien logrado” en estética, es una convención social que se solidificó como propedéutica. Brakhage y Lyotard buscan darle la vuelta pagando el precio que tiene rozar en los límites: ya no hacer cine o perder el tiempo (del creador y del espectador).

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.
Títeres de Mireya Cueto, fotografía de María Teresa Adalid.

El viernes 7 de noviembre fue inaugurada la emisión número 34 de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en el Centro Nacional de las Artes (CENART). Este evento de suma importancia se caracteriza por proporcionar a los futuros, pequeños y jóvenes lectores una amplia gama de libros.

Como ya es sabido, además de las presentaciones, pláticas con autores, talleres, conciertos y promoción de nuevos títulos, la feria programa una variedad de actividades teatrales que además de poseer una calidad artística notable tienen como objetivo fomentar en los niños  el aprecio de las artes escénicas.

En esta ocasión el público asistente podrá ver propuestas donde el teatro de títeres es preponderante.

Lágrimas de agua dulce del dramaturgo merecedor del premio Juan Ruiz de Alarcón 2013, Jaime Chabaud, es un texto que cuenta la historia de Sofi, una niña que vive en un pueblo con problemas de sequía, y la cual es capaz de llorar lágrimas dulces para proveer de agua a su gente.

El montaje se lleva a cabo con títeres de guante manejados por la talentosa Ana Zavala.

Tati de cabeza es una obra unipersonal, es decir, en ella sólo hay una persona que dirige, escribe y actúa, pertenece a la compañía Tlacuache Títeres y es una propuesta escénica por demás interesante y divertida para los niños. Además, en años anteriores ya formó parte del prestigiado festival de títeres Mireya Cueto.

Arianna Escárzega, dramaturga, actriz y titiritera, hace uso de títeres de mesa, de animación directa y de un teatrito con forma de ropero donde Tati aprenderá a convivir con su nuevo hermano, un bebé que parece sólo “dar lata”.

En las áreas verdes del CENART se representa Benito y Waratu, obra realizada por medio de teatro guiñol y que fusiona dos cuentos tradicionales, uno japonés llamado “El hilo de la araña” y otro maya titulado “La mujer que se quitaba la cabeza”.

En el primero, encontramos a Buda ante el arrepentimiento de un pecador, a quien decide darle otra oportunidad  lanzándole una telaraña para rescatarlo del infierno. Mientras que en el relato maya, Lupe ayuda a una lechuza herida, la cual, en agradecimiento, le concede dos dones con los que puede rescatar a su esposo.

Pájaro, texto de Fernando Reyes y Cristian David, también forma parte de esta emisión. Esta obra aborda la historia  de dos jóvenes desencantados por no encontrar su misión ni su lugar en el mundo; ellos deciden fijar su mirada en el cielo e inventar una aparato a partir de observar el aleteo de una mosca, para con él buscar en las alturas lo que no encontraron en la Tierra.

Por último, la Feria del Libro Infantil y Juvenil cierra con Memorias de dos hijos caracol, obra que anteriormente fue seleccionada para ser montada en el XIX Ciclo del Programa Nacional de Teatro Escolar organizado por CONACULTA, el INBA, la Secretaria del Estado y CONARTE. Se calculó que en aquella ocasión alrededor de 40 mil estudiantes de primaria y secundaria vieron este texto con un costo de recuperación de tan sólo 5 pesos.

Memorias de dos hijos caracol es una creación de los dramaturgos Antonio Zuñiga y Conchi León, quienes nos narran la historia de Toto, procedente de Chihuahua —como el también actor Antonio Zuñiga—, y de Coco, nacida en Yucatán —de donde es originaria la directora de teatro Conchi León—, y de cómo ambos emprenden un viaje para encontrarse en el camino.

 

Todas estas funciones son de entrada libre y con un  cupo limitado de aproximadamente 200 y 250 asistentes.

No desaprovechemos la oportunidad de pasar un buen rato familia viendo estas obras que ya se han presentado en diversos escenarios de la república y que ahora se encuentran todas junta en un sólo lugar.

Los horarios se pueden consultar en la página de la feria que, por cierto, termina el lunes 17 de noviembre.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Ciudad de México, 1980. Dramaturga. Autora de Aún no recuerdo su rostro (FETA 2014). Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011) y de Jóvenes Creadores, FONCA, (2008-2009). Participó en los talleres de The Royal Court of London y realizó una residencia en la misma institución en marzo del 2013. Su obra Anatomía de la Gastritis, traducida al francés por David Ferré, fue editada por la editorial Le Miroir. Ha publicado Editorial El Milagro; Los Textos de la Capilla, segunda generación; Tierra Adentro, Buena tinta y la revista Este País. Su guion Distancias Cortas fue publicado en co-edición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Tears of sadness for you, 
more upheaval for you, 
reflects a moment in time, 
a special moment in time, 
yeah we wasted our time, 
we didn’t really have time, 
but we remember when we were young.

Ian Curtis

El primer chute esta por entrar en Mark Renton y el temor de no llegar con el loco de Begby para ver la Euro 84, lo estremece mientras Swenney prepara todo. El Lou Reed (speed, anfetaminas) ya no es suficiente y, por lo que se decía en las calles de Leith, el jaco (skag, caballo, heroína) era lo mejor de lo mejor. La voz en off de Rent Boy comienza a jugar con su conciencia mientras ve el polvo blanco diluirse en una cucharita sobre una vela. Sé que esto es cruzar una frontera. Di no. Begbie. ¡Hemos quedado a las 9! Di no. No es demasiado tarde. Ya no podré ser donante. Fiona. La universidad. Di no joder… Sick Boy se muere de ganas por probar y observa con fascinación todo lo que ocurre en esa sala apestosa que tiene como testigo un poster de Siouxsie Sioux en topless. Quizá Begbie, el pub y el magnífico juego ofensivo de Platini y su Francia, puedan esperar unas horas más…

Veinte años después de que Irvine Welsh escribiera su ya célebre novela debut Trainspotting, la precuela Skagboys se convirtió en pocos días en el libro más vendido del Reino Unido, como si de verdad se necesitara saber las razones por las que Renton, Sick Boy, Spud, Begby, Tommy y toda una generación de jóvenes británicos se perdieron en una realidad sumida por la heroína, el SIDA, el desempleo, la pobreza, la desigualdad y las políticas excluyentes, en aquel Edimburgo de la década de los ochenta.

Como suele suceder con su literatura, la narración de Welsh es vertiginosa, acelerada, camina en forma de versos y títulos de canciones, nombres de discos y grupos que inundaron esa década, argots escoceses prestablecidos que riman con palabras comunes que al transformarlas suenan aún mejor, un reflejo de cómo la juventud se expresaba en esos años. Las referencias sociales y políticas más visibles se nombran en los apartados “Notas sobre una epidemia”, enriqueciendo la historia con datos verídicos de lo que cambió a toda una nación excluida.

Los capítulos son narrados a veces por Sick Boy, otras por Begby, incluso Tommy, Spud y Alison tienen un par de capítulos con sus voces, sin dejar atrás a Renton, la voz principal que el autor utiliza para señalar sus gustos y referencias musicales que describen otra parte más evidente de los ochenta. Incluye explicaciones, por ejemplo, del por qué Motörhead es más punk que heavy metal, o discurre sobre que banda es mejor entre The Doors y Led Zeppelin o bien, qué hubiera sido de las canciones que compuso Jim Morrison si no se hubiera metido todas esas drogas. Renton (al igual que Welsh) sabía mucho de música, leía su New Musical Express y escuchaba artistas caóticos como Velvet Underground, David Bowie, T. Rex, Iggy & The Stoogies, Sex Pistols, The Clash, The Jam, Echo & The Bunnymen, Marvin Gaye y Aretha Franklyn, en contraposición de las bandas comerciales de ese entonces como de The Beatles, Rolling Stones, U2 u OMD. Incluso en la novela se habla del disco Still, primera recopilación de Joy Division después de la muerte de Ian Curtis, y de la versión que trae de “Sister Ray”, original de Lou Reed y compañía.

Qué tan absurda puede ser la vida que después de 20 años los personajes de Welsh tienen tanta vigencia: juventud sin empleo o educación sustentable, malos salarios, despidos injustificados, apatía, demasiado tiempo libre. Para sobrellevar esta situación es necesario pertenecer a algo, que vaya más allá de sólo ver fútbol, beber o estar con los amigos. Qué importa robar, prostituirse, engañar, matar si es lo único que se puede hacer en un mundo tan dispar, total, el skag o cualquier otra droga lo puede todo: “una dosis en mi vena conduce a un centro en mi cabeza, y entonces estoy mejor que muerto. Porque cuando el golpe empieza a fluir, realmente no me importa nada de todos los payasos de esta ciudad, de todos los políticos haciendo ruidos locos y de todo el mundo decepcionando a todo el mundo”…

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.
Fotografía por Pixabay.

0. (Untitled)

En mi antología mental, tres cuentos de Irvine Welsh suceden bajo la atmósfera de tres canciones como si se tratara de la banda sonora de esas historias; algo que busco a menudo: canciones que se vuelven covers de cuentos.

 

1. “El último refugio en el Adriático” / “Asleep”

Algo hay de absurdo en el suicidio. Me cuesta trabajo imaginar qué lleva a una persona a buscar su propia muerte; esa pregunta es el único tema verdaderamente filosófico, pensaba Camus.

En “El último refugio en el Adriático”, Irvine Welsh cuenta cómo Jim Banks regresa a un crucero diez años después de la muerte de su esposa. Narra su enfado por estar rodeado de gente feliz que disfruta sus vacaciones en el barco, tal como, diez años atrás, imaginó que haría con Joan, su esposa. Poco a poco se descubre que ella murió al saltar de un crucero similar. Él está desconcertado por no saber en realidad qué fue lo que la llevó al suicidio, y se reprocha por no haber hecho algo para impedirlo. El tiempo y la vida lo colocan con una nueva mujer que, como él, llora una pérdida a bordo del barco. El coqueteo y el cortejo no se ocultan, pero al pasar las horas, Jim sabe que eso no puede ser, que él pertenece a una sola persona. El recuerdo puede más que las ilusiones nuevas. La historia transcurre y el autor nos va dando detalles de lo que hará su protagonista: quitarse la vida como lo hizo su difunta esposa. Antes de irse, escribe cartas a sus dos hijos explicando la razón por la que ya no estará con ellos; confía en que serán más fuertes de lo que él fue, pues su destino está a un paso de la muerte.

Steven Patrick Morrissey habla de las pérdidas, la soledad y la tristeza que nos llevan a tomar decisiones irremediables; cosas verdaderamente simples, dice él, pero que el mundo no se atreve a decir. Sus letras llevan consigo una estela que podríamos rastrear hasta Oscar Wilde: descaro, cierta ternura, el tenso filo de la ironía.

“Asleep”, de The Smiths, remite enseguida a la historia de Jim Banks. La canción habla de alguien harto de despertar y no encontrar consuelo, de alguien que necesita algo que nunca llega, ni siquiera el anhelado alivio. Queda la ausencia, nuestra y de los demás, el absoluto desamparo de la existencia.

En el relato, Jim vive diez años atormentado por el recuerdo, y la añoranza por su mujer no le permite sobrellevar la pérdida. El misterio del amor, decía Wilde, es más fuerte que el de la muerte, quizá por eso en sus últimos instantes, Jim Banks piensa en su esposa y se dice para sí: “Sólo voy a recuperar mi bendito aliento, echar una última y larga mirada al cielo púrpura, y después cargaré mi peso y me dejaré caer desde esta barandilla al Adriático”.

Morrissey, a su vez, a media voz canta la estrofa de la canción donde, de igual forma, pierde a su protagonista en los brazos

del suicidio…

Don’t feel bad for me

I want you to know

Deep in the cell of my heart

I really want to go

(No te sientas mal por mí / quiero que sepas / que en lo más profundo

de mi corazón / realmente quiero irme).

Alguien salta al Adriático, todos saltamos. Un crucero, cualquier crucero, suenan los Smiths. Nunca llegamos a conocer realmente lo que se ama.

 

2. “Marlene Dietrich’s Favorite Poem” / “Euroescoria”

Ha dejado de llover en el Anahuacalli. Peter Murphy toma su guitarra, pide perdón por herirnos de esa manera y clama para que no nos rompan el corazón. Las notas y la voz profunda de Murphy inundan el recinto que alberga la obra de Diego Rivera. El coro es inevitable. El micrófono cae, pero eso no importa; Murphy comienza a tocar las cuerdas y espera a tener el micrófono de vuelta. El cantante prepara en su mente la historia del poema favorito de Marlene Dietrich.

Y ahí están Marlene, narrada por Murphy, y Chrissie, personaje de “Euroescoria”, de Irvine Welsh. Murphy y Welsh cuentan, cada uno a su manera, la historia de una mujer destrozada por una relación amorosa. Historias espejo como todas las historias de desamor, donde el amor es un juego sin correspondencia: un error, una mala jugada.

La idea del amor sólo pasa en la idea colectiva de la fantasía; nunca será para aquellos a los que la sociedad segrega porque, a final de cuentas, como dice Brett Anderson, “somos basura tú y yo, somos la mugre suspendida en el aire, somos los amantes en las calles, somos basura tú y yo, está en todo lo que hacemos”. En el amor también somos basura.

La vida de ambas mujeres es un desdoblamiento de la misma historia; Chrissie muere con la vida destrozada, y no sabemos si fue un suicidio o un accidente. En la canción de Murphy, Marlene puede sobrevivir siempre y cuando no hable de su vida. A la muerte de Chrissie, Richard, su ex amante, cuenta a detalle toda la vida de sufrimientos que ella tuvo. Euan, una de las razones por las que muere, escucha atento las palabras y descubre que ella no era la basura que él creía, sólo alguien que quería vivir un poco más de lo que su vida la dejaba. Esa noche Peter Murphy canta sin piedad:

A tear falls as she describes

approaching death with a yearning heart

with pride and no despise

(una lágrima cae mientras describe / una muerte próxima con un anhelado

corazón / con orgullo y sin desprecio).

Welsh le da un final a Chrissie pensando que nadie debería morir de esa manera: triste, solitario, sin importarle al mundo. Murphy tararea sus letras mientras jala la cuerda más gruesa de su guitarra. Enseguida entona, desde la tristeza infinita, la última estrofa de la canción:

Hot tears flow as she recounts

her favourite worded token.

Forgive me please for hurting so,

don’t go away heartbroken, no

(Cálidas lágrimas fluyen mientras recita / su frase preferida. / Perdóname

por favor por herirte así, / no te vayas con el corazón roto, no).

Ni en el amor, contra lo que se cree, le importamos al mundo.

 

3. “Peeping Tom” / “Al otro lado del pasillo”

El voyerismo, como todas las prácticas privadas, es visto con reservas aunque se le incentive desde todas las esferas de la sociedad. ¿Internet no es el club perfecto de voyeristas? De la excitación a lo denigrante, del refugio a la perversión, todo regresa al gesto básico de la mirada.

Mi primo tiene una casa de cuatro pisos en Buenos Aires; en el tercero hay ventanas por todos lados, como si fuera un palomar. Cuando se mudó ahí, subimos algunas noches con binoculares buscando algo que espiar. Era el lugar perfecto para esta nueva actividad: una mujer, vista a lo lejos, desprevenida y sin ropa, sería la felicidad. Nunca la encontramos. En ese entonces buscábamos a la chica de la que hablaba Brian Molko, en ese grupo, ahora decadente, que es Placebo. La canción “Peeping Tom” (“mirón”, en inglés) habla de un amor a lo lejos, de una mujer que hace feliz a alguien sólo por verla sin que ella sepa que la observan. La vida puede ser cruel cuando se busca con desesperación a los demás mientras ellos buscan con desilusión a otros; la historia del marginado, aquel que prefiere mirar a lo lejos, con todo aquello que espera del futuro.

Brian Molko canta para sí y para algunos cuantos. La canción puede ser al mismo tiempo un alivio y una pena, algo que va más allá de la perversión o del miedo de hacerse real para alguien.

The face that fills the hole

that stole my broken soul

the one that makes me seem to feel

much taller than you are

I’m just a peeping Tom

On my own for far too long…

(“La cara que rellena el hueco / esa que robó mi alma rota / la única

que me hace sentir / más alto que tú / sólo soy un mirón / con demasiado

tiempo a solas…”).

En el cuento “Al otro lado del pasillo”, Welsh narra una historia similar a lo que describe Molko. En dos columnas que se desenvuelven casi como espejos, Welsh escribe los pensamientos y monólogos de Frank y Stephanie. Cada uno habla de sus problemas y del fastidio que hay en el trabajo y en su vida hasta que, en un momento, llegan a la relación sexual desatando la perversión reprimida que sienten el uno por el otro. Sin embargo, nada es real, sólo una simulación de su deseo. Están desnudos en sus camas, tan insignificantes, sin fe, con miedo.

La historia se une cuando los dos, ya fuera de sus fantasías, se encuentran en el pasillo del edificio en el que viven y, al mirarse, se sonrojan, se ponen nerviosos. Quieren hablarse, decirse todo, pero ninguno se atreve. Las palabras faltan cuando más las necesitamos. Ambos apresuran el paso sintiendo vergüenza y repugnancia por ellos mismos; eso que sueñan y desean no puede ser real, el miedo y la inseguridad son más fuertes. A veces la vida nos vuelve patéticos: preferimos ser mirones y pasar mucho tiempo a solas, sin arriesgarnos; o como dice Molko:

I’m just a peeping Tom

On my own for far too long

Problems with the booze

Nothing left to lose

(“Sólo soy un mirón / con demasiado tiempo a solas / problemas con

el alcohol / nada más que perder”).

En ambos contextos, Molko y Welsh coinciden en una cosa: a veces la perversión, aunque patética, se asemeja a la ternura.

 

4. (Untitled)

Estoy en un estadio, un teatro, un antiguo cine, un circo, un museo. Escucho la voz de Murphy mientras toca, más frenético que Bowie y con todos los Bauhaus, “Ziggy Stardust”. Canto a coro, en un vaivén de tristeza, “Everyday Is Like Sunday”, interpretada por Morrissey. No me canso de leer Acid House.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de México, 1985). Es narrador y periodista. Escribe sobre música, futbol, terror y literatura en diversos medios impresos y digitales. Fue becario del FONCA (2015-2016) y del PECDA del Estado de México (2014-2015), en ambas como joven creador en letras con especialidad en cuento. Estudió la Licenciatura en Creación Literaria en la UACM y la Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Actualmente da clases de periodismo y de escritura creativa.

Hace unos días, el colectivo capitalino Campo de ruinas visitó la ciudad de Monterrey con una puesta en escena itinerante titulada ¿Qué estamos haciendo los jóvenes por desaparecer?, la cual presentaron en distintos espacios comprometidos con la promoción cultural. El jueves 30 de octubre estuvieron en Casa Bicicletera, centro de operaciones del colectivo Pueblo Bicicletero, orientado a promover el uso de la bicicleta como principal medio de transporte. El viernes 31 de octubre, el escenario fue la Casa Universitaria del Libro UANL espacio universitario enfocado en promover la cultura entre estudiantes y público en general. Por último, el sábado 1 de noviembre tuvieron doble función, primero en Kúndul Centro Cultural y luego en The Nada Café.

Esta instalación multidisciplinaria contó con la participación de actores, artesanos y músicos (estudiantes y egresados de la UNAM); además de una intervención musical antes de dar la tercera llamada a cargo de una compañera de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, Lucía de Luna. La obra está estructurada como un recorrido interactivo, el cual da a conocer mediante los testimonios de la desaparición de cuatro estudiantes sin razón aparente, y sin ningún vínculo con el crimen organizado, en el Estado de México, Tamaulipas y Nuevo León.

Fueron esos testimonios, precisamente, una de las fuentes de inspiración del Colectivo para crear la obra hace tres años. Otro aspecto que motivó a los miembros del colectivo a realizarla fue la lectura del libro Vida y destino (1959) de Vasili Grossman, que además de abordar los conflictos bélicos de la Segunda Guerra Mundial, toca el tema de la desaparición forzada de personas a manos del ejército, quien eliminaba cualquier rastro como si las víctimas nunca hubieran existido, se dieron cuenta, entonces, que el tema de las desapariciones forzadas no era cosa exclusiva de esa época ni de ese contexto sino un tema actual en México. Otro suceso que los incitaría fue el caso de una compañera estudiante de arquitectura de la UNAM, Adriana Morlett, desaparecida meses atrás y que recién había aparecido sin vida, por lo que se cuestionaron: Si ella desapareció ¿cuántos más tendrán el mismo destino?

Los miembros del colectivo trabajan e investigan sobre este asunto, de esa manera dieron con el caso de Roy Rivera Hidalgo, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, extraído de su domicilio la noche del 11 de enero de 2011, en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, y que ha permanecido desaparecido desde entonces. Encontraron, además, en internet la carta de la madre de Roy, Lety, a su hijo y se pusieron en contacto con ella para obtener autorización de utilizarla durante la puesta en escena. A partir de ahí, continuaron su contacto con Lety y con las Fuerzas Unidas por los Desaparecidos de Nuevo Léon, FUNDENL, asociación civil sin fines de lucro creada ante la ineficacia de organismos gubernamentales por encontrar a los desaparecidos en el estado de Nuevo León, entre los que se encuentran estudiantes y profesionistas sin vínculo con el crimen organizado.

El tema de las desapariciones forzadas no es un suceso nuevo en el país. En los últimos días ha sido más evidente debido a la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en el estado de Guerrero, el pasado 26 de septiembre. Aunque desde el 2006 el tema de los desaparecidos ha sonado con más fuerza debido a la relación estadística entre el incremento de las desapariciones y el desarrollo de grupos delictivos en el país y la guerra contra el narcotráfico. Hasta agosto de este año la cifra era de 22 322 personas desaparecidas, según cifras oficiales de la Procuraduría General de la República (PGR), sin embargo grupos activistas estiman que las cifras ascienden a muchos más.

En 2009, la ineficiencia y desinterés de las autoridades por resolver casos de desapariciones forzadas motivó a familiares de personas que han sido víctimas de este delito en el estado de Coahuila a organizarse para formar las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, FUUNDEC. Al poco tiempo surgieron también las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México, FUNDEM, nombre bajo el cual se agrupan las distintas organizaciones no gubernamentales enfocadas en esta problemática, así como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León y el movimiento precedido por ellos, Bordando por la paz, que consiste en bordar los nombres y testimonios de las víctimas y familiares de las víctimas, en color verde para los desaparecidos y en rojo aquellos que han muerto.

Eréndira Córdoba, Valeria Betancourt, Karina Carmona, Julio César Urbina, Luis Manuel Pantoja y Erandi Pacho son los miembros del colectivo Campo de ruinas.

En entrevista, Eréndira Córdoba dijo que hablando de teatro parece no haber demasiada gente interesada en hacer  teatro social, sobre todo por el peligro de incurrir en discursos panfletarios o políticos, o ante la dificultad de definir cuál es el papel del teatro en su esencia de expresión artística en estos contextos. Aún así existen compañías y colectivos comprometidos con el esfuerzo de acercarse a las personas y tratar temas sociales, así como experimentar con otras maneras de hacer teatro y no sólo utilizar las formas convencionales donde hay un público pasivo que sólo observa a los personajes actuar. Es importante hacer el esfuerzo por tratar temas urgentes y no sólo hacer obras bonitas que no dicen nada, cuando tantas cosas están sucediendo a nuestro al rededor, menciona.

Por el momento, el colectivo planea regresar a la capital, de donde son originarios, y seguir moviendo la obra en espacios alternativos. Esperemos que continúen con sus esfuerzos y más personas tengan oportunidad de apreciar esta puesta en escena y comprometerse con temas sociales de esta índole, que, a fin de cuentas, deberían interesar a todos, porque compartimos el mismo espacio geográfico y sus múltiples problemas.

 Fotografías por Denis Longoria. 

Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
nació en Monterrey, Nuevo León, México, 1991. Cursa actualmente estudios de Literatura Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Participó como ponente y creadora en los encuentros y congresos organizados por la Red Nacional de Estudiantes de Lingüística y Literatura (REDNELL) en D.F., Querétaro, Mérida y Tijuana ininterrumpidamente desde el 2010 al 2012. En febrero del 2013 ganó el Primer lugar en el Slam Poético 3.0: Sobrevivientes del 2012 y participó como jurado en el Slam Poético 4.0: Monterrey es un laberinto (junio 2013). Ha sido publicada en Puño y Letra (Monterrey, 2012), La regia cartonera (Monterrey 2014), Los bárbaros del norte (CONARTE 2014), el periódico Barrio Antiguo (Monterrey 2014) y la página de internet de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (FUNDEM 2014).

El término “reescritura” puede no ser adecuado para referirse a los cuentos de hadas. Se reescribe lo que estuvo escrito, en esa idea casi bíblica de una escritura primera y original. Pero los cuentos de hadas de los libros son “escrituras”, versiones en papel de las miles de historias orales, anónimas y colectivas; imposibles de rastrear hasta dar con la “verdadera” (salvo los cuentos de autor, como los de Andersen, aunque una vez en el imaginario colectivo son sujetos a esos mismos procesos de parodia y, aquí sí, reescritura, que terminan por desdibujar su forma original). Ni siquiera Walt Disney, quien se ha empeñado en fijar los elementos de sus propias versiones, ha logrado atar definitivamente la forma de, por ejemplo, Blancanieves y los siete enanos. La ansiedad de Disney por monopolizar una versión única de sus historias terminó con la carrera de Adriana Casselotti, actriz y cantante que dio vida a Blancanieves en la película de 1937, una de las cintas más taquilleras de su tiempo y pionera en términos de tecnologías de animación. Disney obligó a Casselotti a firmar un contrato en el que estipulaba que no podría volver a actuar ni cantar en grabaciones o escenarios por el resto de su vida; quería evitar que la figura de Blancanieves se contaminara de otras referencias, de otras historias. La artista Pilvi Cabala tiene un performance en el que va a Disneylandia disfrazada de Blancanieves y los guardias de la entrada no la dejan ingresar alegando que adentro está la “verdadera Blancanieves” y su presencia podría confundir a los niños. Si, por ejemplo, la vieran comiendo o yendo al baño, eso causaría una impresión equívoca en el público porque esas son cosas “que no haría la verdadera Blancanieves”.

Los siglos XX y XXI son prolíficos en reinterpretaciones de cuentos de hadas, desde piezas de ballet y obras de teatro hasta versiones fílmicas o literarias. En muchas de las más recientes se subvierten, cuestionan o satirizan los valores que Perrault, el gran moralizador, los hermanos Grimm o Disney pretendieron afianzar; valores patriarcales y maniqueos, la mayoría de las veces. Dos vertientes destacan en estas versiones contemporáneas de los cuentos de hadas: la gótica y la satírica. La estrategia del gótico consiste en localizar y hacer visible la violencia y la sexualidad de las narraciones más antiguas, que no eran necesariamente infantiles o partían de una concepción muy distinta de la infancia; de hecho, no fue hasta la segunda edición de los cuentos de los Grimm que se consideró adaptar las historias para un público infantil, ya en una visión decimonónica de la infancia inocente y pura. Desde sus orígenes el gótico abrevó de los cuentos de hadas y de la tradición popular. De los muchos ejemplos posibles tenemos a Vathek, la novela de William Beckford que retoma Las mil y una noches. Sin embargo, en el siglo XX la pionera de las reescrituras góticas de cuentos de hadas es Angela Carter. Su libro La cámara sangrienta, que este año publica en español y en una versión ilustrada la editorial Sexto Piso, es la colección más famosa de reescrituras, debido, entre otras cosas, a su exactitud poética en el uso del lenguaje, a su reinterpretación feminista y con influencia del psicoanálisis de los cuentos clásicos.

'La cámara sangrienta', Angela Carter Sexto Piso, México, 2014.

‘La cámara sangrienta’, Angela Carter
Sexto Piso, México, 2014.

Por más que muchos intérpretes busquen símbolos en los peligros que aparecen en los cuentos de hadas (el bosque, las bestias, el invierno), ya advertía el historiador Robert Darnton que gran cantidad de las amenazas que figuran eran reales hace quinientos años: los bosques eran en verdad amenazantes, los inviernos realmente “invencibles”. En su versión de Blancanieves, “La niña de nieve”, Carter retrata la atmósfera fría y voluptuosa de un invierno en la Edad Media pero ya sin la idealización de los prerrafaelistas, que Disney vino a concretar en el estereotipo de una época mágica y colorida. Heredera de la tradición de Carter, la mexicana Gabriela Damián escribe su propia “Blancanieves”, “La nieve y los pájaros”, para la antología de cuentos de hadas reinventados que este año publica CONACULTA. Damián se adentra en el ambiente medieval con detalles realistas como la dura vida de los mineros y campesinos, que también contrasta con la visión idealizada de los enanitos trabajadores de Disney. Estas dos historias, y la de Neil Gaiman titulada “Snow, Glass, Apples”, no escatiman la cruda violencia del cazador que mata a los animales en vez de a Blancanieves, o de la madrastra comiéndose el corazón del animal pensando que es el de la princesa. Tampoco hay ningún tipo de censura en la película muda de 2012 dirigida por Pablo Berger, Blancanieves. Allí la violencia se hace presente desde el inicio en el tema de las corridas de toros, y luego se extiende al maltrato infantil y al espíritu grotesco del carnaval en las ferias de pueblo.

Los elementos sexuales, que están insinuados en la “Blancanieves” de los Grimm a veces mediante símbolos (las tres gotas de sangre que representan la madurez sexual y el deseo, el amor edípico entre padre e hija que causa los celos de la madrastra), salen a la luz en estas escrituras recientes. En la versión de Carter es el Conde y no su esposa quien desea y procrea a su hija perfecta. Cuando satisface su deseo incestuoso y necrofílico en su hija muerta, ésta desaparece, igual que el objeto de deseo se desvanece cuando se obtiene. La necrofilia también está presente en la versión fílmica en blanco y negro de 2012, donde rentan a la niña muerta (o en coma) para satisfacer el mismo fetiche. En el cuento de Gaiman hay incesto explícito entre padre e hija, quien es en realidad una vampira, monstruo siempre asociado a la sexualidad más destructiva. Gabriela Damián también explora el deseo del padre hacia la hija, que la madrastra utiliza como herramienta para revivir a su esposo muerto.

Antes de que los Grimm, en particular en sus versiones posteriores a 1810, y otros autores más adelante, hasta llegar a Walt Disney, domesticaran y edulcoraran las versiones orales de estas historias, existía mucha más ambigüedad respecto a los estereotipos del bien y el mal. Una de las estrategias de las que echan mano las historias contemporáneas para cuestionar este maniqueísmo es la primera persona. Las historias orales están casi siempre en una tercera persona omnipresente y objetiva, y no es sino hasta cuentos como el de Damián que hacen uso de la polifonía para establecer distintos puntos de vista y visiones en conflicto, que se complejiza la trama oral de los cuentos de hadas (en su esquelética estructura, propicia para la memorización). La historia de Gaiman utiliza uno de los recursos más comunes en las reescrituras de cuentos de hadas adoptar el punto de vista del villano. En la versión de los hermanos Grimm, el contraste entre Blancanieves y la madrastra es el de la mujer angelical frente a la mujer monstruo. Blancanieves es pura pasividad, sumisión y fragilidad. Es, además, el ama de casa perfecta en la choza de los enanos. La bruja, por el contrario, es la mujer sabia, activa y creativa, y su perspectiva, por lo tanto, mucho más compleja que la de la protagonista.

Otro de los elementos importantes en estas reescrituras es la recuperación de los símbolos reconocibles, que finalmente atan las nuevas versiones a las antiguas. Manzanas, vidrio, cuervos y nieve serían, por ejemplo, elementos constitutivos de “Blancanieves”, y funcionan como símbolos en expansión que van develando sus distintos posibles significados como lo harían las metáforas en un poema. Para Menchú Gutiérrez, autora de un ensayo titulado Decir la nieve, la primera imagen de “Blancanieves”, la madre junto a la ventana deseando una hija blanca como la nieve, de labios rojos como la sangre y cabello negro como el ébano, es semejante a la anunciación bíblica. Es una escena íntima en donde aparece la pureza en la nieve, el deseo en la sangre y el misterio en el ébano (cuervo en otras versiones, como la de Gabriela Damián y la de Angela Carter). El vidrio que atraviesa la historia desde la inicial ventana hasta el espejo, y por último el ataúd, a veces simboliza contemplación; a veces, como en el cuento de Damián, vanidad o mentira, y a veces pureza cristalina. Los elementos femeninos con los que la madrastra intenta envenenar a Blancanieves —el peine y los listones—, también lo son de vanidad y brujería; y la manzana, que comparte el rojo del deseo al inicio de la historia, suele, como siempre, representar la tentación, el conocimiento y la muerte. Todos estos símbolos están ahí para ser aprovechados, revertidos o eliminados, como si fuesen los colores primarios de la historia, para contar algo nuevo.

La segunda vertiente más común en la reescritura de cuentos de hadas es la parodia. El humor y la ironía son herramientas para subvertir y poner en tela de juicio los estereotipos instaurados, como sucede en la historia de Kim Addonizio para la antología de reescrituras de cuentos de hadas My Mother She Killed Me, My Father He Ate Me. “Ever After” transcurre en un tiempo muy parecido al nuestro y se enfoca en una comunidad de enanos que, tras conocer la versión de Disney de “Blancanieves”, viven ante la expectativa perpetua de una chica hermosa que llegará a vivir con ellos y a salvarlos. La historia de Disney les llega incompleta y pareciera como si el “felices para siempre” se refiriera a ellos y Blancanieves, en vez de a Blancanieves y al príncipe. Esto es lo que critica el cuento de Addonizio: la vida fincada en una falsa expectativa de felicidad. La novela de Donald Barthelme, Snowhite, también centra el elemento humorístico en la relación de los siete enanos con Blancanieves, quienes viven juntos en una especie de comuna: su historia está ambientada en el presente, con una Blancanieves que estudió “Mujer moderna, sus privilegios y lo que representan en la evolución y la historia, incluyendo tareas del hogar, crianza, pacifismo, curación y devoción”. Estas dos historias incorporan en su reescritura no sólo las versiones más antiguas sino también las recientes, incluyendo la de Disney.

Los cuentos de hadas siempre sirvieron para reunir a una comunidad, así fuera la de una abuela con sus nietos. Hoy funcionan como puntos de encuentro a partir de los cuales se pueden proponer nuevas posturas ideológicas, nuevas construcciones sociales y nuevas ideas estéticas. Sus símbolos y momentos reconocibles permiten repensar estereotipos de antaño a la vez que recuperar conocimientos antiguos. “Blancanieves” y sus distintas reinterpretaciones son sólo un ejemplo de la diversidad y el movimiento que surgen de una trama que aparenta ser muy sencilla.

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Ciudad de Mexico, 1988) estudio la maestría en escritura creativa en español en la New York University. Ha sido becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Es autora de Cuaderno de faros (FETA, 2017) y de Cuerpo extraño, galardonado con el Premio Latin American Voices 2013. Es parte del equipo de Ediciones Antilope.