Tierra Adentro

A la luz de los execrables acontecimientos que han asolado a la sociedad mexicana en fechas recientes, y a cien años del nacimiento de uno de los escritores mexicanos más críticos, en Tierra Adentro creemos que es el momento preciso para revisitar los libros de José Revueltas. Así, preparamos una conversación abierta que muestra tres rostros del autor de El apando: el poeta, el ensayista y activista político (dos formas de la praxis), y un testimonio de primera mano sobre el autor duranguense por parte de Elena Poniatowska.

El dossier “Voces recluidas” se interna en las celdas de las prisiones para escuchar las historias de quienes se enfrentan todos los días a los cuatro muros de su existencia. A manera de apéndice, el cuento “Sombras huérfanas” aborda la vida en prisión durante un día de visita.

La escritora chilena Lina Meruane, autora del libro Contra los hijos, habla en primera persona acerca de sus orígenes palestinos, de la crónica como género literario y del papel de la mujer y la maternidad hoy día. Ignacio M. Sánchez Prado examina el estado actual del ensayo hispanoamericano a través de los libros más recientes de tres escritoras jóvenes: Jazmina Barrera, Ingrid Solana y Diana J. Torres.

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Índice

Dossier

Voces recluidas 

Prisión, arte y soledad

Por Carlos Sánchez

La administradora de los condenados

Por Diego Olavarría

El encierro de las secuestradoras

Por Óscar Balderas

Portafolios de Antonio Vega Macotela

Conversación abierta

Tres rostros de Revueltas 

Revueltas desde las orillas. Una conversación con Elena Poniatowska

Por Vicente Alfonso

La dialéctica de la noche, la dialéctica inversa

Por Eduardo Martín del Campo

Ensayar otro mundo: José Revueltas y el interés proletario

Por José Manuel Mateo

Crónica 

Evitar la gravedad. Los veteranos del fisicoconstructivismo

Por Marco Tulio Castro

Ensayo

Videos relacionados

Por Alejandro Vázquez

En primera persona

Entrevista con Lina Meruane

Por Sergio Téllez-Pon

Cuento

Sombras huérfanas

Por Gabriel Rodríguez Liceaga

Poesía

Yo voy soñando caminos

Por Ibán de León

Esto no es un Yellow Cake

Por Yohanna Jaramillo

Dos poemas

Por Cindy Jiménez Vera

Cokboy

Por Jerome Rothenberg

Cuatro notas. “Cokboy” de Jerome Rothenberg

Por Javier Taboada

Crítica: libros

Anatomía del ensayo

Por Ignacio M. Sánchez Prado

Crítica: arte

Alberto Aragón: la osadía de provocar sueños

Por Abraham Nahón

Crítica: medios

Mujeres frente y detrás de cámara

Por Kin Navarro

Recreo 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Don’t Tread On Me, por Rubén Ortiz Torres, 2014.

Para aquellos que viven o visitan Cuernavaca, les compartimos las actividades que se llevarán a cabo en el Proyecto Siqueiros: La Tallera. En él, además de que podemos encontrar una residencia para artistas, críticos, curadores y académicos, quienes retoman este espacio para dar talleres y conferencias, se realizan actividades culturales abiertas para todo público.

 

Exposición permanente: David Alfaro Siqueiros

Murales y Sala poliangularObras realizadas por el muralista mexicano en la ciudad de Cuernavaca. Las piezas recurren a lo que llamó “arquitectura dinámica”, recurso basado en la realización de composiciones en perspectiva poliangular.

Murales. Trazos de composición piramidal y Trazos de composición espacial. Fotografía por José Jasso.

Murales. Trazos de composición piramidal y Trazos de composición espacial. Fotografía por José Jasso.

 

 

EXPOSICIÓN TEMPORAL: BANDERA NEGRA DEL ARTISTA RUBÉN ORTIZ TORRES

Rubén Ortiz Torres nació en la ciudad de México en 1964. Desde hace casi veinte años radica en California, Estados Unidos. Fue educado bajo un modelo utópico de anarquismo republicano español. Posteriormente, durante la década de los ochenta y parte de los noventa fue influenciado por la escena punk en la ciudad de México. A partir de estas influencias es que su obra muestra una clara relación con el tema del anarquismo resolviéndose a partir de distintos medios como la pintura, dibujo, fotografía, escultura, cine y video, medios desde donde el artista da muestra de sus amplias habilidades técnicas.

Bandera Negra explora desde la crítica y el humor la relación entre diversas versiones de la historia y la cultura popular. De una manera irreverente e irónica hace coincidir la visión de dos culturas como la de México y Estados Unidos, enfatizando su atención en los gestos de sus relaciones fronterizas, así como en algunas de las manifestaciones contradictorias de nacionalismo en ambos territorios.

La exposición estará disponible hasta el 11 de enero del 2015.

 

Taller: Escultura y tiempo.  Estrategias  de producción en el arte  contemporáneo

Escultura y tiempo. Estrategias de producción en el Arte Contemporáneo es un taller en el que se propone hacer una reflexión en torno a las diferentes  estrategias  que algunos artistas utilizan para generar su cuerpo de trabajo. Un diálogo en torno a los diversos sentidos que la noción de Arte Contemporáneo se plantea en la actualidad.

Los participantes conocerán diferentes manifestaciones artísticas contemporáneas mediante el abordaje de textos teóricos y la revisión de trabajos de artistas reconocidos. A partir de la exposición del alumno, se analizarán y revisarán  las prácticas utilizadas en el arte actual como un laboratorio de exploración de las posibilidades expresivas de cada asistente. Una revisión del panorama de la cultura contemporánea en la producción artística.

El taller es impartido por Miguel Monroy, todos los jueves del 6 a 27 de noviembre, de 16:30 a 19:30 hrs.

Escultura y tiempo imagen.

Escultura y tiempo imagen.

 

TALLER DE PINTURA: Técnicas pictóricas para niños 

A través del recorrido por algunas obras de la Historia del Arte Moderno, los niños descubrirán un mundo de trazos, soportes y técnicas pictóricas, con la intención  de desarrollar su creatividad y habilidad en el uso de distintos materiales como acrílico, pastel, acuarela y carboncillo. El trabajo de grandes pintores servirá de contexto para que los participantes se acerquen a los conceptos básicos de la teoría del color.

En cada clase, el niño realizará su propio bastidor y revisará diferentes técnicas para conocer las posibilidades que tienen para crear, experimentar e inventar sus obras.

El taller es impartido por Gabriela Henkel y está dirigido a niños de entre 6 y 11 años; todos los sábados del 8 de noviembre al 6 de diciembre, de la 10:30 a 12:30 hrs.

Proceso Tótem, 2010, Gabriela Henkel.

Proceso Tótem, 2010, Gabriela Henkel.

 

Martes de cine

Martes de cine es un programa de proyecciones que se realiza en colaboración con La Carreta Cine Móvil el tercer martes de cada mes [18 de noviembre, 19:00 horas].

La película a proyectarse esta vez es Pussy Riot (dir. Mike LernerMaxim Pozdorovkin).

Pussy Riot es un colectivo ruso de punk feminista, que pone en escena actuaciones de provocación política sobre temas como la situación de las mujeres en Rusia y, más recientemente, en contra de la campaña electoral del primer ministro Vladímir Putin a la presidencia de Rusia.

El 21 de febrero de 2012, durante un concierto improvisado y sin autorización en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú, tres mujeres de la banda fueron arrestadas y acusadas de vandalismo. Su juicio se inició a finales de julio y fueron condenadas a dos años de cárcel. Las mujeres han atraído una considerable simpatía, tanto en Rusia como en el exterior, debido a los reclamos y denuncias de los malos tratos que recibieron mientras cumplían su sentencia.

Dirigido a todo público.

Entrada gratuita.

Pussy Riot.

Pussy Riot.

 

Taller de electrónica analógica: Luz y agua Experimentación de materiales en la práctica artística. 

A partir  de obras de Rubén Ortiz Torres, El Grito, Pintura embarazada o Qué bonita bandera, el público entrar en contacto directo con la capa pictórica; una vez que se lleva a cabo la interacción, la pintura se transforma. Los asistentes al taller desarrollarán una pieza interactiva que integre elementos análogos y estéticos, reforzando la idea de la participación del espectador con fines artísticos.

Se construirá un circuito eléctrico a manera de lienzo y a través de leds y la interacción con agua activaremos el lienzo para pintar.

El taller es impartido por Arturo Wolffer; el 25 de noviembre a las 16:00 a 20:00 horas.

 

Water leds, por Arturo Wollfer, 2014.

Water leds, por Arturo Wollfer, 2014.

 

Taller: Arte textil en la creación contemporánea

El taller Arte textil en la creación contemporánea es un espacio de creación, información y discusión sobre la crisis que vive la producción del rebozo en el siglo XXI. El eje fundamental de este taller es abordar la pregunta ¿cómo podemos activar desde la práctica artística contemporánea la conservación de esta tradición?

Las actividades teórico-prácticas se desarrollarán en torno a:

  • Las tradición mexicana del rebozo como arte y oficio.
  • La conservación de una tradición.
  • Cómo generar estrategias de difusión y conservación desde plataformas contemporáneas.28 y 29 de noviembre

El taller es impartido por Marta Turok; el 28 y 29 de noviembre, de 10:30 a 13:30 horas y 15:30 a 17:30.

Arte textil, La tallera.

Arte textil, La tallera.

 

NOCHE DE MUSEOS

Noche de Museos tiene lugar el último miércoles de cada mes. Este día los museos de la ciudad permanecen abiertos ofreciendo eventos especiales. La próxima Noche será el 24 de septiembre. De 18:00 a 21:00 horas.

Dirigido a todo público.

Entrada gratuita.

 

 

La Tallera también ofrece visitas guiadas, las cuales deben solicitarse con siete días de anticipación. Las visitas están dirigidas al público en general y no tienen costo.

Los horarios del Museo son de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.

Martes a sábado: admisión general es $13 pesos. Domingo entrada libre.

Entrada gratuita a menores de 12 años, personas con capacidades diferentes, estudiantes, maestros y adultos mayores con credencial.

La dirección es Venus 52, frente a Parque Siqueiros, col. Jardines de Cuernavaca, Cuernavaca, Morelos.

Contacto: educaciontallera@saps-latallera.org


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Fotografía de Pixabay.

Nada en la vida nos fascina tanto como la muerte. ¿Cómo es posible? Fácil: es la única experiencia por la que absolutamente todos vamos a pasar. Y el miedo de que suceda no es menos grande que el temor de que no haya nada tras ella. De ese temor vienen todas las historias que nos contamos sobre el alma, todas las mitologías y las religiones. Pero no se trata sólo de la esperanza (o el miedo) de que haya algo después de la muerte: también tiene que ver con la posibilidad de que exista un puente entre uno y otro plano.

La literatura está llena de historias sobre el tema. Van desde las más reconfortantes (con ángeles de la guarda, visitas al paraíso o amantes que vuelven de la tumba para reconfortar a los que se quedaron atrás) hasta las más escabrosas e inquietantes, que también nos reconfortan: mientras más nos aterrorizan mayor es el alivio al saber que eso que estamos leyendo le ocurre a alguien más y no a nosotros, y que no saldrá de las páginas del libro.

Así, nos entregamos con placer masoquista a historias de fantasmas, demonios, zombis y vampiros, fantaseando sobre lo que haríamos en su lugar al mismo tiempo que confiamos en no tenerlo que descubrir nunca.

Creo que uno de los libros con este tema que más me han aterrorizado, y que ha marcado mi vida como lectora, es Los veinticinco mejores relatos negros y fantásticos de Jean Ray, publicados en español por editorial Aguilar (aunque es cada vez más difícil de conseguir, el volumen aún aparece de vez en cuando en las librerías de viejo). Sus mejores historias, las más aterradoras, son aquellas narradas como leyendas: Ray inventa sus propios monstruos, sus propias reglas para el regreso de los muertos, pero nos las platica como si fueran tradicionales, ya de todos conocidas. En “El ciempiés”, un par de hombres tienen que pasar la noche en la casa donde está el cadáver de otro más. Al principio no les parece nada terrible, pero cuando el alma del difunto recorre toda la casa, encarnada en un ciempiés, el terror de apodera de ellos. Y del lector.

En otro de sus cuentos, “El guarda del cementerio”, Ray le da un giro a la historia clásica de vampiros. Y, en uno más, “Dios, tú y yo”, el protagonista se enamora de una muerta y se une a ella en unas bodas negras que se consuman en el ataúd de ella. Los muertos, en la imaginación de Jean Ray, no necesitan esperar a una fecha precisa para poder espantar, devorar o amar a los vivos.

No pasa igual en Descanse en paz (Espasa, 2010), novela de John Ajvide Lindqvist. Este autor sueco, tan interesado en la vida después de la muerte (su otra novela traducida al español, Déjame entrar, es la base de la película homónima de vampiros), nos plantea que un fenómeno meteorológico es la llave que permite el regreso de los muertos. Miles de cadáveres vuelven a la vida, en diversos grados de descomposición tanto física como de conciencia e identidad. La historia se centra en cómo enfrentan esta situación los familiares, amigos y vecinos de los retornados, dejándonos la inquietud de si el reecuentro es de verdad un alivio, o más bien una maldición.

Sin embargo, el libro que más pesadillas me ha dado y que incumplió con su parte del trato de que una vez cerrado el miedo se terminaba fue Fantasmas, de Peter Straub. En esta novela un grupo de ancianos se reúne año con año a platicar las cosas más terribles que les han pasado en un intento de ocultar de sus propias conciencias. En ese afán de esconderse de sus remordimientos, platican anécdotas de fantasmas y aparecidos. Una de ellas, la de un niño que se ahorca y se aparece constantemente ante quien fuera su maestro, se me quedó grabada para siempre. El final de la novela es insatisfactorio, para ser honesta, pero ese pasaje es una de las mejores historias de almas en pena que he leído.

Ya para terminar con los autores angloparlantes me gustaría recomendar a Joe Hill. Sus novelas Cuernos (Suma de letras, 2010) y El traje del muerto (Suma de letras, 2007), así como su colección de cuentos Fantasmas (Suma de letras, 2008), hablan, más que de un encuentro, de una colisión del mundo de los vivos con el de los muertos (en la que los vivos siempre salen perdiendo).  

Por supuesto, en México hay muchos ejemplos de cuentos y novelas que hablan del tema, seguro por la fascinación de nuestra cultura hacia la muerte. Prueba de ellos es la antología Ciudad fantasma, de Bernardo Esquinca y Vicente Quirarte (Almadía, 2013), que en dos volúmenes nos obsequia relatos de espantos y apariciones con la ciudad de México como escenario.

Así como la muerte no distingue entre jóvenes y viejos, su presencia literaria tampoco lo hace: hay historias sobre el tema dirigidas primordialmente a niños y adolescentes, pero que inquietarán también a los adultos. Un ejemplo de ellos es Tristania, de Andrés Acosta (El Naranjo, 2014). En él, un par de hermanos adolescentes descubren que nuestro universo está en contacto con otros en los que son reales las cosas que ocurren en las películas… incluyendo zombis. Y, como todo entusiasta del género sabe, para desatar el caos sólo hace falta un zombi que esté dispuesto a morder.

Hasta ahora he hablado sólo de narrativa. Sin embargo, también hay poesía sobre el contacto de los muertos con los vivos. Tenemos referentes como La danza general de la; La novia de Corinto, de Goethe; o El cuervo, de Edgar Allan Poe. Entre los autores mexicanos contemporáneos quiero mencionar a Erika Mergruen y su poemario El sueño de las larvas (Leer y Escribir, 2006; otro difícil de conseguir, pero la propia autora lo comparte para descarga gratuita aquí). En él, la voz principal es la de los gusanos que devoran los cadáveres. Pero también hablan los muertos y la Muerte.

No hay la menor duda de que nunca sabremos, como especie, si hay o no algo cuando acaba la existencia; pero es eso mismo lo que mantiene vivo nuestro interés en el tema. Al menos nuestra curiosidad sí será inmortal.


Autores
(Distrito Federal, 1976) es escritora, guionista, profesora y promotora cultural. Obtuvo el Premio de Literatura Juvenil Gran Angular (2012) y en dos ocasiones el Premio Nacional de Periodismo por su participación en el programa Diálogos en confianza de OnceTV. Es autora de las novelas Ojos llenos de sombra (SM/CONACULTA, 2012) y Lejos de casa (El Arca Editorial, 2013). Tiene una columna semanal sobre literatura infantil y juvenil, "País de maravillas", en La Jornada Aguascalientes.
Recreo por Juanjo Güitrón.

Recreo por Juanjo Güitrón.

Recreo por Juanjo Güitrón.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
es ilustrador y diseñador gráfico, nació en Nayarit. Ha colaborado en distintos proyectos editoriales de cine, animación e ilustración.
Portada de ‘Trick’ de Kele Okereke (2014).

La sentencia “prueba y error” no sólo aplica en los terrenos de la ciencia sino también en los del arte, el cual avanza bajo este presupuesto; aunque esto sólo es posible a través de la repetición y la continuidad. No es sencillo exigir que un artista atine a la primera en su intento por crear música, cuanto más si en el proceso lo que se está dando es el cambio de la escena del indie rock hacia una, cada vez más competida y exigente, escena de la música electrónica.

Tal vez sea probable que los fans de Bloc Party, agrupación muy valorada en México, se inconformen cuando mencione que ésta me parece una banda que no aportaba demasiado al panorama internacional. Durante años acumuló elogios inmerecidos de parte de una generación de escuchas demasiado complaciente —como sucede con Interpol—. Quizá ese gusto por las guitarras filosas y cierta nostalgia por el post-punk hacían que esas bandas fueran reverenciadas por el público novel.  Confíen en mí cuando les cuento que no se perdió algo notable con la disolución de este grupo inglés en el que Kele fungía como vocalista y que editó cuatro discos entre 2005 y 2012.

Y es que el segundo disco, Trick  (2014), de este hombre como solista sorprende aún más porque precede a The boxer (2010), un debut sumamente difuso y con escasas aristas destacables, más bien se trataba de otro disco muy gris y del montón. En verdad se tiene que estar perfectamente convencido de la vocación para seguir adelante aun cuando las críticas resulten en su mayoría muy adversas. Hay momentos en lo que se requiere de una perseverancia a toda prueba. Y no sólo en el ámbito profesional sino en distintos campos de la experiencia en la vida.

En poco tiempo Kelechukwu Rowland Okereke, a quien conocemos de modo más compacto como Kele Okereke, hizo pública su preferencia homosexual (a través de la Revista Q) ante sobradas presiones mediáticas y ha debido asumir el reto de entrar al estudio para conseguir un disco que elevara los niveles cualitativos y le permitiera llevar un paso adelante su carrera después de este suceso.

Para conseguir que Trick (Lilac Records/ Kobalt Label Services, 2014) cuajara no ha descubierto el hilo negro sino que, siendo muy juicioso e inteligente: se ha pasado bastante tiempo escuchando a verdaderos puntales de la electrónica de hoy día; desde la parte más fiestera y pop, como el dúo Disclosure y la banda Rudimental, ambos agrupaciones británicas, a la sofisticación de Jamie XX y los pasajes densos y oscuros de lo que hacen Burial y Benga con el post-dubstep.

Experiencia no le faltaba a Kele para componer canciones, herramienta esencial del pop. Ahora ahonda en una revisión más detallada del house y sus derivados que hacen de este segundo álbum mucho más interesante y resuelto; lo que es evidente desde el primer corte con “First Impressions”  acompañada por una voz femenina, que termina siendo elegante y sensual.

Kele encontró toda la libertad que el indie le negaba, a través de hacer de Dj y de allí a producir sus propios temas.  De hecho, recuerda que durante los primeros años de la banda solía asistir junto con el guitarrista Russel Lissack a clubes como el “Pech” y al desaparecido “Camden Palace” y a las noches de viernes gratuitas en el “Heaven”. Desde hace mucho que ponía atención en el devenir del techno, el drum n’ bass e incluso el garaje. Londres era y es una de las grandes capitales especialistas en la materia.

Con todo este bagaje acumulado, la tarea fue lograr que las canciones fluyeran como tales, y es que las líneas vocales siempre están en un primer plano —como en The XX—. Debemos anotar que las auténticas fortalezas de Trick son “Coasting” y “Closer”, que se emparentan con el material que suele editar una de las reinas del deep house: la talentosa Dj Maya Jane Coles —también productora que apenas entrando en la veintena fue imponiendo tendencias.

Se nota un anhelo por volver a la parte más emocionante y misteriosa de las noches de club y para ello existe la otra joya entre la decena ofrecida: “Like We Used To”. Estamos atravesando un momento en que ya nadie se acuerda de la separación entre géneros musicales. Muchas propuestas tratan de aglutinarlo todo. En Trick hay mucho apasionamiento por las variedades del house, pero también un aprecio grande por el R&B, en su parte más futurista; a fin de cuentas se trata de la obra de un cantante.

Disfrutemos ahora de que Kele tenga toda la libertad creativa que necesitaba y ello le permita ir construyendo proyectos más ambiciosos e incluso dar con una obra maestra. Mientras tanto nos queda el gozo de un disco perfectamente hedonista. Dejémoslo correr en repetidas ocasiones.

 

Aquí el link para escuchar Trick completo.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.
Still de ‘El cuarto desnudo’, Ibáñez Nuria (2013).

Hablar de violencia es referirnos al terreno que pisamos quizás todos los días, describir una forma de vida que heredamos y que responde acaso a las condiciones sociales de este tiempo. La violencia dicta las reglas, como el mercado. El silencio es la peor de todas, termina por doblegar cualquier voluntad y arremete contra esperanzas y sueños. Quienes la padecen terminan por hacerse daño a sí mismos.  El cuarto desnudo (2013) indaga en aquellas historias de niños y adolescentes que ingresan en un hospital psiquiátrico buscando desesperadamente salir de ese laberinto, volver a apropiarse de su voz.

El cuarto desnudo ganó el premio a mejor documental en el Festival de Cine de Morelia del 2013, actualmente se exhibe en la Cineteca Nacional. Es el segundo documental de la cineasta española Nuria Ibáñez, quien radica en México desde hace poco más de diez años. La película narra la historia de estos pequeños a través de una mirada casi transparente y hasta cierto punto imparcial. Nuria filmó dentro del consultorio de emergencias de un hospital psiquiátrico infantil en la ciudad de México, su cámara graba a estos pacientes mientras los psiquiatras preguntan y sobre todo escuchan lo que necesitan decir.

Escuchar, alcanzar al otro, esperar el silencio y sostenerlo. Escuchar es una forma del nosotros. Los eventos traumáticos suelen suprimirse en la memoria. Ante la herida abierta queda el silencio. Cuando el paciente llega a la sala de emergencias aquella herida ha invadido ya todo su cuerpo. Los síntomas son sólo una consecuencia. La mente no es sino el torrente sanguíneo, el gorgoteo del cuerpo. En El cuarto desnudo aprendemos a escuchar ese torrente, sinfonía descompuesta por enfermedades crónicas y maltratos.

En el cine los pocos asistentes, hundidos en sus asientos, tienen las manos sobre la boca, gestos de incredulidad o de sorpresa ante lo visto. Pero Nuria no juega con sentimentalismos ni cuenta demasiado de estas historias, evita colocarnos en un sitio cómodo desde dónde podamos emitir juicios. Quizás los responsables no sólo son aquellos que hieren de primera mano sino una sociedad que permite la violencia como un evento cotidiano. Tal vez el trabajo como lo conocemos hoy en día es una forma disfrazada de esa violencia que aísla a los sujetos y les quita lo más importante, que es el tiempo.

Tiempo para ver al otro, al más cercano pero también al ajeno, aquel cuyo nombre nunca sabremos y de cualquier modo acompaña al viento. La violencia se extiende como una mancha sobre las ciudades y nos ahoga. La leemos en los periódicos, la vemos en los noticieros, la vivimos en las calles. Convivimos con ella y a veces la ejercemos. Clarice Lispector escribió sobre esa clase de vínculos en Lazos de familia (1960), un tratado sobre la búsqueda del ser como acontecimiento, búsqueda también por encontrarse a uno mismo a través del otro, incluso del otro que somos. Encuentro de un espacio para convivir de la mejor manera, responsabilidad compartida hacia la vida pero igualmente ante las tragedias siempre nuestras. Lispector se queda en la mirada, y sin diálogo el encuentro es imposible.

El silencio permite toda clase de agravios. No tenemos que gritar ante la ausencia de razones, este mundo es ininteligible y por eso precisamos nombrarlo. No sé, dice uno de los pacientes en este documental, un niño de cinco o seis años que golpea a su padre y deja bolsas de excremento por toda su casa, cuando la psiquiatra le pregunta el porqué de estas acciones. Si tuviera la respuesta lo diría, pero no sé, repite angustiado. Esa misma respuesta nos ofrece Nuria Ibáñez y con ello arremete contra prejuicios y creencias en torno a las enfermedades mentales. Los padres sólo llevan a sus hijos cuando la situación se ha vuelto extrema, pero ¿es en verdad necesario llegar al límite para pedir ayuda?

Hay una cosa cierta y clara en El cuarto desnudo, cuando uno habla da el primer paso hacia un estado más sano del cuerpo y de la mente. Hablar nos libera, y para llegar a esa exploración del espíritu pueden utilizarse infinidad de lenguajes. El arte constituye una vía para liberar emociones y cerrar heridas. Nos aleja de nosotros al mostrarnos las perspectivas del otro pero también inaugura el espacio donde podemos encontrar una voz propia y defenderla. En este documental, la cámara deja de ser un arma para señalar un punto o comprobar una hipótesis y se convierte en un agente de conocimiento.

La mirada no basta para llegar al otro, nos dice Nuria como si continuase la tarea de Lispector, para entender al otro hay que escucharlo, aminorar la diferencia que se extiende como un abismo entre los individuos. Más aún, para entender al otro hay que dialogar, dejar que el diálogo nos quite un poco de egoísmo. El cuarto desnudo no narra historias desgarradoras, aunque de hecho lo son. Los maltratos físicos y emocionales, la ansiedad extrema, las violaciones y secuestros, los intentos de suicidio, no están ahí para señalar culpables y evidenciar lo lejos que estamos de esas violencias sino para aprender a escuchar lo fácil que es hacerle daño a alguien.

Las miradas de estos niños son reflejo del momento en que olvidamos atender las necesidades más básicas y elementales. Hacia el final de la película, una psiquiatra pregunta si pudieras pedir tres deseos, ¿qué pedirías?, el pequeño de 8 o 9 años responde que mis padres no pelearan tanto, que mi hermano no me insultara, que me quisiesen. En ese pequeño espacio donde Nuria guardaba silencio mientras grababa, quienes se desnudan no son aquellos pequeños que sufren la violencia de su entorno, sino nosotros, espectadores de esa realidad que nos antecede y sobre la cual debemos hablar.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.
Interiores de uno de los cuadernos que componen la pieza ‘No quiero saber nada de mí mismo’.

El 16 de julio se inauguró la muestra Todos los originales serán destruidos en la galería House of Gaga (Condesa, Distrito Federal), en la que varios poetas fueron invitados para incursionar en el arte contemporáneo y abonar algo a la discusión entre arte y mercado. Daniel Saldaña París reflexiona al respecto a partir de su propia pieza: No quiero saber nada de mí mismo, una serie de cuadernos borrados.

 

1. Tengo la impresión de que uno de los ejes que vertebran la discusión crítica alrededor de la poesía en México actualmente es la postura que cada poeta y crítico asume ante la multiplicidad de prácticas, ideas, bromas, acciones y disparates que por comodidad etiquetamos como “arte contemporáneo”. Por un lado, los que reconocemos dentro de esa multiplicidad algunas propuestas dignas de tener en cuenta y buscamos el diálogo matizado (que no el aplauso acrítico) con las piezas y los artistas que nos interesan; por el otro, muchos poetas (y escritores en general) que conciben el arte contemporáneo como una homogeneidad reprobable, basada en el abandono de la técnica a favor del discurso —movimiento censurable en sí mismo, según se desprende de innumerables textos y berrinches.

Soy consciente de que quizá simplifico esta oposición, y que con ello contribuyo a una polarización crítica que ha resultado nociva, además de francamente molesta durante, digamos, los últimos diez años. Hilando un poco más fino, tengo que decir que no estoy “a favor” ni “en contra” del arte contemporáneo, como no puedo proclamarme a favor o en contra de la literatura en general, ni de la música, así, en abstracto, sin quedar como un perfecto idiota. Hay algunas piezas, algunas corrientes, algunos creadores de arte contemporáneo que me fascinan y que considero tan importantes para mi formación como ciertos poetas y ciertos libros de cualquier género. (No cuento entre esas influencias a Jeff Koons ni a Mario Benedetti, por ejemplo, porque no son búsquedas que me interesen, pero como conozco más o menos la diversidad que hay en ambas esferas no considero que uno ni otro representen al arte contemporáneo o a la poesía de forma paradigmática).

 

2. El poeta Luis Felipe Fabre y el galerista Fernando Mesta convocaron a varios poetas a pensar y ejecutar piezas de arte para una exposición que terminó por titularse Todos los originales serán destruidos, aludiendo a una cláusula común de los concursos de poesía que, leída fuera de contexto, tiene una resonancia curiosa. Los participantes fuimos Luigi Amara, Rodrigo Flores Sánchez, Inti García Santamaría, Alejandro Albarrán, Maricela Guerrero, Sergio Loo, Mónica Nepote, Xitlalitl Rodríguez, Jorge Solís Arenazas, Alejandro Tarrab, Ismael Velázquez Juárez, el propio Luis Felipe Fabre y yo.

Cuando me contaron del proyecto tuve una duda que —me parece— todos los involucrados sentimos en mayor o menor grado: “¿Es lícito que yo, que no soy propiamente un artista contemporáneo, me apropie transitoriamente de sus mecanismos de creación y circulación sin hacer el ridículo y traicionar el compromiso que más o menos tengo con mi proceso creativo?”. Sigo sin tener una respuesta tajante, pero lo cierto es que incluso en el caso de que efectivamente hiciera el ridículo, no me parecía demasiado preocupante, y que si aceptaba la invitación podía de algún modo explorar mi relación y mis deudas con algunas expresiones comúnmente agrupadas bajo el paraguas del arte contemporáneo, y tratar de hacer una pieza que, sin renunciar a mis intereses como escritor, se articulara en un lenguaje distinto al que suelo usar.

Confieso que, ya en el proceso de decidir qué haría, traicioné un poco una de las premisas de la exposición, que era reflexionar (sí: se puede reflexionar haciendo objetos no textuales) sobre la diferencia abismal entre los mercados del arte y de la poesía. No creo haber aportado nada a esa discusión, quizá porque en el camino me distraje —como suele pasarme— con la importancia que tiene para mí mi propia biografía y, cediendo a la pulsión autorreferencial —como me pasa también en poesía—, concebí y fabriqué —el verbo es excesivo— una pieza que, según yo, trata sobre la relación conflictiva que guardo con mi pasado y, específicamente, con lo que he escrito en el pasado. (Rápido resumen: borré con corrector líquido cuatro cuadernos, llenados a pluma entre 2005 y 2009, en los que tenía apuntes, poemas, ensayos, fragmentos de cuentos y citas de mis lecturas; no conservé ningún registro de todo eso y en definitiva perdí, con una mezcla de alivio y arrepentimiento anticipado, algunos cientos de cuartillas irrecuperables. El título un tanto dramático que le puse al resultado —es decir, a los cuatro cuadernos “en blanco” que terminé exponiendo— fue No quiero saber nada de mí mismo).

 

3. Prefiero no hablar de la exposición toda, pues creo que es demasiado dispar en sus intenciones como para cubrirla con justicia en este breve espacio. Al mismo tiempo, no creo que el juicio que pueda expresar sobre un proyecto del cual fui parte tenga ningún tipo de objetividad y el riesgo de caer en el más llano cebollazo es alto, así que perdonen que reincida en este afán onanista de revisarme a mí mismo y tratar de arrojar luz sobre el ejercicio desde la primera persona.

¿Hubo cierto grado de lugarcomunismo en lo que hice? Sí, claro. Mi acercamiento al arte contemporáneo no es tan exhaustivo como el que tengo hacia la poesía o la narrativa, disciplinas a las que dedico muchísimo más tiempo de mi vida, y por lo tanto el abanico de recursos de los cuales podía echar mano era bastante más reducido del que normalmente me sirvo. Pero esa limitación, en el fondo, me obligó a tratar de generar un significado con herramientas más bien básicas.

¿Se sostiene la pieza sin este discurso, sin toda esta justificación ante los lectores? No lo sé, ni me interesa demasiado. Precisamente me gusta del arte contemporáneo el hecho de que la idea, la palabra y el gesto se complementen más allá de lo que puede verse colgado en una pared o esculpido en una piedra. El discurso alrededor de algo puede ser más importante que la cosa misma, lo cual me parece genial.

 

4. Las primeras vanguardias estéticas del siglo XX concibieron la poesía como una actividad no disociada de otras expresiones artísticas. La “Ursonate” de Kurt Schwitters, colindante con la música experimental, o las presentaciones de Arthur Cravan en las que la lectura en voz alta convivía con el boxeo y la trifulca (antecedentes obvios de lo que mucho después se bautizaría como performance) son testimonios de esa época fervorosa por la que siento una admiración insana. Y aunque éstas son épocas menos épicas, y todo gesto nace repetido, no me parece mal, en medio de tanta plúmbea disertación en el vacío, que los poetas jueguen de vez en cuando a ser también otra cosa.

A los furibundos detractores de esta tímida incursión en el mundo del arte contemporáneo, si los hubiese, les ofrezco este consuelo: no me hice rico.

 

 

 


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Distrito Federal, 1984) es poeta y narrador. Su libro más reciente es En medio de extrañas víctimas (Sexto Piso, 2013).
Still of Lon Chaney en The Unknown (1927).

Semana de blanco y negro

Las películas en blanco y negro causan una especie de nostalgia falsa: hacen añorar tiempos que no se vivieron. Entre más vieja es una película, más personal; se siente como cuando se ve una foto de la infancia. Pueden ser los decorados o las actuaciones: ellos muestran, de manera más directa que otros elementos, la distancia estética que tenemos con estos filmes. Pero el sentimiento es más a la Unheimlich freudiana que a la extrañeza, es desconocerse en uno que se parece. En las películas en blanco y negro, el cine (junto con sus espectadores) asisten a su fotografía vieja. Pocas cosas mejores que desvelarse con películas viejas en blanco y negro, sobre todo si son de terror o ciencia ficción. Hay una mezcla de satisfacción y sorpresa en ver la forma de narrar historias en el cine de principios de siglo: el montaje es lento, los planos duran más, las gestualidades —para nosotros— exageradas, la música, la forma de los créditos… Todo eso pertenece a una etapa anterior del cine, una juventud de él. Lo cual no significa que hoy sea mejor ni peor, sólo que ahora tiene más recursos. Y es curioso que, a pesar de los recursos, se sigan haciendo películas en blanco y negro.

Las películas de esta semana recuperan esta nostalgia y son perfectas para cerrar el mes con la sensación apocalíptica (nostálgica predominantemente) que se apodera de la generalidad a finales de año. Además, tienen el extra de que cada una está protagonizada por uno de los grandes del terror de primera mitad del siglo XX: Lon Chaney, Lon Chaney Jr., Boris Karloff, Béla Lugosi y Vincent Price.

 

Drácula  (29 de octubre)

¿De qué va?

Un abogado viaja a Transilvania para encargarse de los asuntos financieros y legales de un misterioso conde. Los habitantes del pueblo le advierten que no se reúna con su cliente, pues la leyenda dice que es un no-muerto que se alimenta de la sangre de los vivos.

¿Por qué verla?

De entre toda la perrada de actores que han representado vampiros frente a la cámara, sólo algunos salen bien parados. Tal vez sea porque el vampiro es un monstruo difícil de clasificar, porque su maldad es otra. Drácula parece más un ser humano amoral que un monstruo salido de las entrañas del infierno. Esta profundidad le puede dar su atractivo como figura, pero condena a quienes lo interpretan a una difícil tarea. De nuevo, sólo algunos salen bien parados y Béla Lugosi encabeza esta lista. Lugosi, húngaro de nacimiento, se hizo famoso como actor de películas de terror; después, cayó en desgracia y en su vejez hizo películas con Ed Wood. Murió a los 73 años, loco y bastante abandonado. Su último deseo fue ser enterrado con el vestuario que lució durante Drácula. Ahí se ve qué tan en serio se tomó Lugosi al personaje que lo catapultó a la historia.

 

The Ghoul (30 de octubre)

https://www.youtube.com/watch?v=BQOt-V6Gp6o

Película completa aquí.

¿De qué va?

Un egiptólogo moribundo compra una joya que, según él, le abrirá las puertas a la vida eterna. Su criado roba la joya y el egiptólogo regresa de la muerte sediento de venganza contra los vivos.

¿Por qué verla?

La película está protagonizada por otro de los grandes del cine de terror de principios de siglo: don Boris Karloff, famoso por su interpretación del Prometeo moderno, el monstruo de Frankestein. Karloff, bastante alto, también interpretó a la momia y se convirtió en el estándar de lo que debe ser un buen monstruo de terror: enorme, lento, pero mortal. The Ghoul  bien podría ser calificada como película de zombis (una de las primeras incursiones) y lo que más destaca de la fotografía es el uso de los claroscuros.

 

The Unknown (31 de agosto)

¿De qué va?

Un hombre sin brazos trabaja en un circo haciendo un acto de lanzamiento de cuchillos. Este manco doble, que es un fugitivo de la justicia, se enamora de una mujer, la cual tiene un fetiche muy especial: detesta ser tocada por manos humanas. El lanzador de cuchillos, que en realidad finge no tener brazos para escapar de la ley, decide amputarselos para seguir con el idilio amoroso.

¿Por qué verla?

Lon Chaney fue conocido como el hombre de los mil rostros. Él mismo hacía el trabajo de maquillaje y diseñaba a sus monstruos. Tal era la obsesión de Chaney con los detalles de estos que casi se ciega al utilizar la capa de los huevos cocidos sobre los ojos para simular cataratas. En The Unknow, Chaney hace gala de su talento actoral (¡qué uso de los pies!) y, hasta que se releva que Alonzo el lanzador de cuchillos, tiene brazos, el actor permanece atado en una postura que habrá sido por demás incómoda. La escena final es imperdible.

 

The Last Man on Earth (1 de noviembre)

Película completa aquí.

¿De qué va?

En un mundo postapocalíptico, donde los que no murieron se convirtieron en zombis-vampiros, el único sobreviviente debe seguir su vida matando a estos no-muertos.

¿Por qué verla?

Es la primera adaptación de I am Legend, de Richard Matheson, y va de la mano con uno de los mejores actores del siglo XX: Vincent Price. Price, con bigotillo a la Mauricio Garcés y mirada de loco, se ha convertido en una figura nodal del género de terror, gracias (en gran parte) a la recuperación que hizo Tim Burton. Los homenajes que el director estadounidense le rinde a este actor son muchísimos (en Edward Scissorhands, en Vincent, Frankenweenie, etcétera). The Last Man on Earth es una magnífica oportunidad para quitar a Price de la sombra y conocerlo sin el tamiz burtoniano.

 

Spider Baby (2 de noviembre)

Película completa aquí.

¿De qué va?

Una familia sufre un síndrome que los regresa a estados primitivos de conciencia. Cuando dos parientes lejanos los visitan, el ciudador-chofer debe evitar que los niños, en su degeneración, los asesinen y los devoren.

¿Por qué verla?

Hijo de un capo, Lon Chaney Jr. (que interpreta al cuidador en Spider Baby) supo crearse un camino en el mismo género que su padre e, incluso, fue recordado por razones muy similares: los maquillajes y diseño de los monstruos. Spider Baby es una película rara, que no responde a la idea de “unidad” de estilo. Sólo basta ver los créditos, que parece más de un capítulo de The Munsters, que de una película de terror con un tema tan violento. En fin, es una de esas cosas que nunca van a pasar ni en TCM, pero que es necesario ver: niños caníbales y asesinos, ¿qué puede salir mal?

 

Para ver la primera, segunda y tercera parte de Octubre en películas da clic aquíaquíaquí y aquí.


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.