Tierra Adentro

Estoy aquí entre dos mundos, en realidad no tan distintos. California y Tijuana se distinguen sólo en ciertos barrios. La frontera se extiende como serpiente sobre los cerros y nos cercena. Unos pasos y se está del otro lado, y quizás así la vida cambie, pero no se puede saber, la gente piensa que del otro lado el trabajo abunda y la libertad es posible. Los acontecimientos en Ferguson y Nueva York, donde policías blancos mataron sin justificación (¿existe acaso una justificación para matar?) a un adolescente y un adulto afroamericanos, ambos desarmados, han dejado olas de protestas que se encienden cada vez con mayor frecuencia. Puntos de inflexión en un sistema visiblemente fragmentado. El racismo está aquí, ya sin pronunciarse, como el motor de pequeñas y grandes violencias. La comodidad del sofá y el monitor son sus cómplices.

El mundo va cambiando tan rápido que quienes escribimos no podemos sino cuestionarnos sobre la utilidad de las palabras y los objetos artísticos en momentos de crisis. Aunque quizá lo que llamamos crisis haya sido siempre una constante del devenir, paz embotellada y lista para consumir, que además nos vendieron al precio más alto: la guerra. En nombre de la paz se han cometido los peores errores. En México las protestas por la desaparición forzada y posible asesinato de 43 normalistas en Guerrero durante septiembre, los presos políticos que han dejado estas movilizaciones y los más de 20 mil muertos por violencia, aumentan conforme pasan los días. Mi padre no quería que me tocaran tiempos de guerra, desilusionado por las visibles contradicciones de la izquierda de sus años no puede sino mostrarse a favor del orden y la paz turbulenta. Me pregunto si después de todo tendrá razón y nos hemos equivocado terriblemente al pensar que podemos apostarle al espíritu humano después de las cosas que hemos visto. Como dice David Huerta en su poema Ayotzinapa,  nos aventaron a las ciudades con el espíritu roto, sin palabras que nos guiaran, perdimos el camino y nos hicimos piedras. La Segunda Guerra Mundial lo cambió todo, y nos dieron una fórmula para evitar el horror. Sólo que tampoco funciona vivir adormecido. Se acerca la Navidad y las luces se adhieren al centro de Riverside, California. El amor me trajo aquí. El amor es quizá lo único que puede unirnos en tiempos de desesperación y crisis. Lo único por lo que realmente vale la pena vivir y aguantar las, a veces, atroces embestidas del destino. En downtown las luces no dejan ver que aquí también hay cuentas pendientes con una palabra sacada a empujones del vocabulario común pero llevada a la práctica hasta en los lugares menos pensados. El racismo se extiende colérico y se mimetiza en otras palabras no tan vedadas para el espíritu gringo.

Ante esto y los acontecimientos recientes en Ferguson y Nueva York, pequeños grupos de gente protestan y hacen evidente la falsedad de aquella letanía que supone una igualdad entre ciudadanos de este país. “Black lives matter”, gritan, pero aquí incluso hay neonazis. Por fortuna, en el centro, en una parte del sótano de un edificio cultural, se encuentra el Blood Orange Infoshop, “un colectivo de artistas y activistas que creen en la potencia transformadora de la cultura hazlo tú mismo y la intervención política radical”. Suena subversivo, y en realidad lo es, pero no se parece a ninguna actividad cultural y política que haya visto antes. En el Infoshop no existen jerarquías, líderes o voceros, nadie está por arriba ni por debajo de alguien más, para participar sólo se necesita asistir a las reuniones que realizan todos los domingos donde se proponen los eventos (talleres gratuitos, exhibiciones, conciertos, protestas, festivales) y se resuelven los problemas internos. El espacio es un sitio seguro y libre de lenguaje ofensivo, alcohol, drogas y violencia.

Recientemente dedicaron una exhibición a los 43 normalistas mexicanos desaparecidos, durante el Art walk, evento que se realiza una vez al mes en la ciudad y donde los museos y galerías abren durante la noche para atraer al público. En ella participaron artistas locales, y con ello demostraron que la indignación se extiende más allá de la frontera. La mayoría de los chicos que participan son hijos de inmigrantes de distintas nacionalidades con fuertes convicciones de igualdad y solidaridad que viven en un ambiente francamente hostil. Si le preguntas a un blanco si piensa que en su comunidad todavía existe el racismo lo negará rotundamente, probablemente hasta se ofenda, me dice uno de ellos. Pero como en México, las prácticas sociales suelen ser distintas a los discursos del establishment y la política. Riverside es conocida como la ciudad de las artes, a diferencia de otras ciudades en este país, tiene una mayor producción artística. Sin embargo, la idea que tienen de arte suele ser muy distinta a la que tenemos en México, sobre todo en Oaxaca. De este lado, hacer arte puede confundirse con hacer tu arte, es decir, considerarlo un pasatiempo, algo que se realiza después del trabajo y se le pone poco interés. En Oaxaca, puede que un artista no disfrute de muchas comodidades pero le dedica toda su vida —todo el tiempo que tiene— a crear. Hay una diferencia de apreciación elemental que se evidencia en los objetos terminados. Lo que se encuentra en los museos de aquí suelen ser piezas de decoración: paisajes, edificios emblemáticos de Riverside, lagos y rostros de niños. Sin embargo, las piezas exhibidas en el Infoshop además de belleza muestran un genuino interés por lo que sucede en México y hacen algo que incluso en Oaxaca es raro encontrar: comunican. En una exploración, hasta cierto punto, vacía del intelecto, el arte contemporáneo suele desdibujar ese puente elemental hacia el espectador y la realidad en la que vive. Los objetos artísticos nos hablan sobre las vicisitudes de este tiempo, las grietas y contradicciones donde nos aventaron los ideales rotos y el mercado. Su finalidad, me parece, radica en su mensaje, no como redentor de la humanidad o poseedor de alguna verdad sino como simple inflexión, punto de quiebre entre mundos. Los museos sólo sirven para resguardar las distintas versiones que hemos tenido de nosotros mismos. De base anarquista, el Infoshop mantiene un ambiente de cordialidad y apertura al diálogo que suele faltar en otro tipo de colectivos, donde no faltan competencias entre quién se preocupa más por el otro, quién es menos capitalista, quién es redentor de los oprimidos, etc. En cambio, si hay algo que se destaque de este espacio cultural, aparte de su interés por cambiar las cosas empezando por uno mismo, es la necesidad de establecer un diálogo constante con el mundo. Como en el arte, esa apertura da la clave para entender a dónde vamos como humanidad, o para dibujar las directrices de una nueva conciencia.


Autores
Es licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas, por la UNAM. Junto al artista plástico Pavel Acevedo, dirige Espacio Centro, un lugar independiente de exhibición y producción artística ubicado en la periferia de Oaxaca. Trabaja lentamente en su ficción y en un pequeño huerto.

No basta con escuchar la música y sentirla. Hay momentos propicios para no sólo pensar en ella misma sino en todo lo que la rodea. Con los años, siempre suelo regresar a compararla con un enorme rascacielos —el edificio más alto que pueda imaginarse—. Tengo la certeza de que muchos ejecutivos involucrados en su construcción ponen su empeño en encumbrar a sus protegidos para que vayan subiendo de piso de residencia, en el entendido de que mientras más alto se habite más importante se es en el negocio. Estos hombres de cuello blanco y trajes a la moda diseñan estrategias para que sus representados den un salto de calidad y suban de nivel en el menor tiempo posible. A la postre, muchos de ellos tan sólo duran allí un breve periodo y después los desalojan de la edificación.

En ese sentido, tal parece que los instalados en los penthouses son los que menos nos interesan; son figuras absolutamente consagradas que viven de sus rentas y que ya no conservan el hambre de escalar. No se puede generalizar, pero la mayoría de estas estrellas ya están aburguesadas y se han acostumbrado al lujo y la comodidad. Seguro que muchos de nosotros caeríamos ante tal tentación. Con todo, lo más vibrante casi siempre está en los recién llegados, a quienes colocan en los primeros pisos, en esos departamentos pequeños e incómodos pero desde donde crean una música apasionante y esperanzadora. Con el tiempo irán ascendiendo y cada historia tomará un rumbo propio.

Lo interesante del grupo canadiense The Rural Alberta Advantage es que ellos tal vez no optarían por instalarse en algún sitio de tan demencial edificio. Probablemente rehusarían trabajar hasta de porteros, quizá apenas acepten esas edificaciones adyacentes donde habitan los trabajadores y jardineros. Desde sus inicios en 2005, y hasta hoy, los he considerando un prodigio. Llamarte The Rural Alberta Advantage todavía hace más difíciles las cosas. Con un apelativo como ese, los “genios” discográficos dirán que te alejas del marketing y de ser bienvenido en el rascacielos del rock and roll. Yo considero que hacen música maravillosa y que no les interesa demasiado la fama. Puedo estar equivocado, pero sus desplantes asisten mis apreciaciones.

Nils Edenloff, Amy Cole y Paul Banwatt hacen un indie rock de garaje lleno de vida, guitarras afiladas y una batería simple y sumamente imaginativa. Con muy poco logran levantar el vuelo. Hacen canciones sencillas, pero les sacan el máximo rédito —nos embisten como una manada de búfalos—. Por si fuera poco, hacen más retorcida su inserción en la escena internacional, pues varias de sus letras son de carácter religioso, algo que tal vez heredaron de The Neutral Milk Hotel, otra joya escondida de la historia del indie. Su tercer LP, Mended With Gold (2014) es el paso definitivo hacia una búsqueda de mayor intensidad  y  maneras rockeras —el folk de su pasado se deja a un lado—.

El ritmo al que se mueve el mundo nos hace creer que su debut es algo lejano, cuando apenas en 2009 aparecieron con Hometowns. La diferencia fundamental consiste en lo vitaminado de su actual sonido. Suenan mucho más poderosos sin que por ello pensemos que han abandonado el patio trasero para componer y concebir un sonido chatarrero y absolutamente contagioso.

En este disco no esperan para acometer con lo que saben. “45/33” arranca de menos a más y presenta a un vocalista poco o nada virtuoso cantando con total convicción y autenticidad. Buena guitarra acústica, un coro femenino y esa espléndida batería (en algún momento sueltan el anticipo de la onda religiosa). Le sigue “All We’ve Ever Known” a partir de la misma estructura pero con mayor velocidad. Para a continuación acudir a un folk parsimonioso en “The Build” que poco a poco se fortifica. Para dar esa sobredosis de stamina a lo que hacen, cuentan con el ingeniero Matt Lederman, acostumbrado a potenciar el sonido distorsionado o frenético de grupos como !!! y Besnard Lakes. De los estudios Candle Recording (Toronto) salieron temas que son pura fibra: “Our love” y “Terrified” —el sencillo de anticipo—. Canciones directas, instantáneas, chispeantes y llenas del estado de gracia que hasta ahora los distingue.

Porque esta historia tiene plan con maña; he dicho que son excéntricos, elusivos, que se negarían a la gran vida del enorme palacete del rock, pero otra cosa es que hayan pasado desapercibidos. No sólo la crítica especializada los trata bien sino que han sido nominados a premios delicatessen —como los Polaris y los Juno—. Quienes los han visto en vivo aclaman sus incendiarias actuaciones. Nada hay que añorar en su tercera entrega; ellos son fieles a sí mismos y así lo entendemos. Poco de desplantes soberbios y mucho de entrega y creencia en el oficio. Hay artistas que destacan por su sinceridad, así tengan que explicitar su fe religiosa. Más bien lo hacen con orgullo y nos hacen creer en esta comunión entre distorsión y misticismo. Amén.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.

Tengo que escribir una columna sobre cine. Decidí hacerla sobre Adaptation (Jonze, 2002) y Walter Benjamin.

No tengo idea de qué escribir.

Quería entender Adaptation a partir de la idea benjaminiana de no preguntar si el cine es arte, sino cuáles son las repercusiones de la invención del cine sobre el concepto de arte.

Es decir, la estética tradicional, basada en el reducto de valor ritual de la obra (su “autenticidad”, su presencia en un único lugar), es minada por la capacidad de reproducción técnica que ha alcanzado la sociedad contemporánea (tomar fotos, grabar audio o video).

Sucede que, si un arte ya no es grabado por un aparato sino que surge a partir de que es grabado, ya no es posible apelar al “original”. Se puede fotografiar el Filósofo meditando, de Rembrandt. No importa cuántas reproducciones se hagan, la pintura sigue siendo la pieza.

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Filósofo meditando
Rembrandt, 1631.

 

Cuando se graba una escena, el original no son los decorados, los actores, la música de fondo o los diálogos. El “original” sería la grabación, pero tampoco queda muy bien decir que lo es: más bien es la fuente de la cual se obtienen copias. Si se perdiera la grabación primera, pero tenemos copias, realmente no se habría perdido nada.

Lo anterior era repetir mis otras columnas. Así que decidí empezar “a la Charlie Kaufman” (guionista de Adaptation): al escribir mi imposibilidad de escribir, decir que no tengo idea de qué tengo que hacer.

Pero eso se sentía vanidoso. No es interesante leer que otro no puede escribir.

Adaptation engaña al espectador. La película propone una historia sin historia cuando en realidad hay tres: el romance entre una reportera (Susan Orlean) y un botánico (John Laroche), la relación del Charlie Kaufman-personaje y su hermano gemelo (Donald), y la odisea de un guionista (Kaufman-personaje) para lograr escribir.

Una y otra vez, Kaufman-personaje intenta diversos acercamientos a la adaptación que debe hacer de The Orchid Thief (1998), de Susan Orlean; una y otra vez fracasa en su objetivo: respetar el espíritu del libro. Kaufman-personaje quiere hacer una película sobre flores y termina descubriendo que su guión apenas tiene que ver con ellas.

Entonces, supe de qué iba a hacer la columna y sólo tenía que replantear la pregunta de Benjamin: ¿cómo afecta la adaptación cinematográfica al libro The Orchid Thief?

Adaptation Dr. Spike Jonze , 2002.

Adaptation
Dir. Spike Jonze , 2002.

 

Tenía mi verdadero inicio: reconstruir el argumento del capítulo IX de La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936) y, después, intentaría replantear la pregunta de Benjamin sobre la relación entre el cine y el arte anterior a él.

Pero surgió otro problema: la pregunta no era exacta. La lucha de Kaufman-personaje no se refería al “medio cinematográfico”, sino a regresar al libro (y a su autora) en una especie de venganza al valor de culto.

Kaufman se convence de que conocer a Susan Orlean le revelará el verdadero sentido de The Orchid Thief, como si el libro tuviera un vacío que le hizo creer al guionista que debía hacer una película sin conflicto, donde simplemente mostrara la belleza de las flores.

De nuevo, tenía el inicio: Adaptation apenas tiene que ver con la belleza de las flores. Donald, el gemelo de Kaufman-personaje, lo dice: “Las flores son una metáfora”, ¿pero de qué? Adaptation es una pregunta sobre la pasión por algo en la vida (un amante, un hermano, un arte) y de cómo uno de los personajes (Kaufman-personaje) redescubre la suya.

En un punto de Adaptation, Kaufman-personaje conoce a Robert Mckee: el gurú del guionismo hollywoodense. En una conversación de cantina, Kaufman-personaje intuye, a través de Mckee, lo que le falta a su película. Con la frase del gurú: “¿Por qué debo gastar dos horas de mi vida en una película que no trata de nada?”, Kaufman-personaje se da cuenta de que, entonces, lo principal es el espectador, a él tiene que apelar y no al “proceso creativo”, a la “inspiración” o al “talento”. En Adaptation, ya no importa el secreto que Orlean nunca ha confesado (un valor de culto, el valor de algo sólo porque existe: el romance entre la periodista y el botánico) sino un valor de exhibición (algo vale porque se cuenta: la historia del romance).

La película se convierte en un thriller de acción: Kaufman-personaje rastrea a Orlean y descubre que, junto con el botánico, ha logrado sintetizar una droga poderosísima a partir de una orquídea casi extinta. La periodista y el botánico deciden matar a Kaufman-personaje, pero su gemelo llega a rescatarlo. Donald muere durante la persecución y Laroche es devorado por un cocodrilo. Orlean queda destrozada por la muerte de su amante y de su carrera. Kaufman-personaje termina su guión al incluir una escena de acción donde la periodista y el botánico tratan de matar al escritor, etcétera. Uróboros cinematográfico.

Adaptation es el cambio de supremacía estética de algo irrepetible, único y que tiene valor porque existe (la relación entre dos) a algo repetible y totalmente reproducible: contar.

Así como lo principal de Adaptation termina siendo la posibilidad y los problemas de contar algo (y, por lo tanto, los problemas y posibilidades de volver a contar algo), así el cine, según Benjamin, pone el acento en la repetición: una película sucede sólo cuando se proyecta, no adentro de la lata. Si el DVD de India Song está autorizado por la Warner o se bajó un archivo de internet, la película de Duras sigue siendo la misma.

Lo importante es el medio y su actualización (la reproducción); lo importante en Adaptation es poder contar una historia para que se pueda repetir siempre que se vea Adaptation.



Autores
(Chihuahua, 1986) vivió en Toluca y ahora en el Distrito Federal. Próximamente será maestro en filosofía. Ha publicado en las revistas Los bastardos de la uva, F.I.L.M.E., Icónica, Registromx y El portal de Toluca. En este momento forma parte de Kinotecnia cineclub.
Flickr/Leonardo Romero

Íconos de la ufología

Se busca astrobiólogo que dicte una

conferencia en el Congreso Mundial de

fotografía del espacio. Debe sufragar los

gastos de su propio billete de avión, el

hospedaje y los viáticos diarios. La

austeridad es un fenómeno

intergaláctico. Interesados favor de

enviar un retrato no alterado en el que

usted posa junto a un Premio Nobel o

junto a la tumba de un casi ganador del

Premio Nobel y sonríe.

El ahorcado del juego de palabras

No tiene rostro. Su cuerpo lo conforman los trazos del carbón o la tinta de quien lo vaya dibujando. Antes, su silueta surgía muy lentamente y pocas veces la anatomía de su cuerpo entero se apoderaba del papel. Por tal razón describirle en su totalidad fue considerado una tarea titánica por grandes científicos de la grafía. Hoy día, con las escasas destrezas de deletreo, escritura y lectura que sobreviven, podemos constar que el ahorcado del juego de palabras cuenta con una línea vertical que funge como base o cuerpo, dos palitos en la parte inferior que cuelgan como piernas, dos en la parte superior como brazos y, por último, un círculo pequeño que le sirve de cabeza. A nadie nunca le ha importado dibujarle un cuello.


Autores
(Puerto Rico, 1978) ha publicado Tegucigalpa (Erizo Editorial, 2013) y 400 nuevos soles (Atarraya Cartonera, 2014). Es creadora de la editorial de libros hechos a mano Ediciones Aguadulce, bibliotecóloga y profesora universitaria.
Flickr: Tom B

A Ma. Elena Tejeda Yeomans.

No son los seis mil o los tres coma dos millones de años

al estilo Carbono-14,

no es si fueron neandertales o africanos,

no es si llegó una tercera o se creó una cuarta raza

que proviene del mismo Universo

y seguro de la misma masa.

 

Importa si nos comimos,

si sangramos algunas,

si fuimos desnudos,

si se nos cayeron edificios.

 

Abrazo todas las decisiones,

todos los hechos que hicieron historia,

incluso hasta Feynman.*

Todos caímos, por así decirlo, de verdad

todos caímos, de decirlo literal,

sería todos flotamos,

arriba de una tabla de surf,

arriba de la corteza terrestre,

entre la nada,

y la nada no es un número natural

creado para no perder el camino hacia la matriz (S).

 

Como dice el joven Leyva: todas las realidades existen.

 

Acepto todas las creencias,

Lucy e incluso los amigos imaginarios de mis ancestros como Eva

son bienvenidos.

Atapuerca y todos los laberintos marítimos

son bienvenidos.

Los soldados que regresan a ver a sus hijos,

a sus coterráneos adoptivos nombrados mascotas

son bienvenidos.

 

El Canal de Panamá, Disney, parte de Chiapas y todas las recreaciones del mundo

son bienvenidos.

 

Pero los Oxxo, los McDonald’s, las fritangas por ejemplo

no son bienvenidos.

Los fármacos, las pastas dentales, los desodorantes

no son bienvenidos.

La Coca -Cola, el Ice no bebible, los mandatarios

no son bienvenidos.

 

De poco nos sirven los descubrimientos

en mentes de un frágil.

 

¡Oh niños del Coltán!

¡Oh niños de Chernóbil!

¡Oh niños de Roma!

¡Oh niños de minúscula letra!

 

Cuando juegan a las escondidas con “Dios”,

se pierde.

Antes de encontrarlo, les lanza un gas con Uranio,

y los destruye.

 

 

 


*Richard Philips Feynman (Nueva York, 1918-Los Ángeles, 1988), físico teórico estadounidense.


Autores
(Baja California, 1979) ha publicadolos libros Pacíficos (Editorial Casa Poesía, Costa Rica, 2007), Yohismos (Propia Cartonera Uruguay, 2010), Trotamentes (Torre de Babel Ediciones, 2010), Diarios del Este (Colección La Ceibita, Conaculta, 2012), 32°/33 (Editorial Piedra Cuervo, 2013; segunda edición en Ediciones El Humo, 2014). Dirige desde 2006 el Festival Internacional Poesía Caracol, Tijuana.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014,  la más importante de su tipo en el mundo hispano, las páginas de Tierra Adentro se pintan albicelestes. Les presentamos una selección de  algunos de los narradores, ensayistas y poetas contemporáneos más destacados de Argentina. Desde Ricardo Piglia (1941) hasta Verónica Yattah (1987), este viaje al sur del continente americano recorre casi cinco décadas para mostrar la prosa atrevida y potente que ha enamorado a los lectores y a las editoriales y ha revitalizado la literatura en nuestra lengua. Complementamos las postales con “Canto de la Nena vista”, un poema de Martín Caparrós, aparecido por primera vez en su novela La Historia, y con un censo breve de la producción lírica joven del país, la mayoría autores nacidos en la década de los años ochenta: una oportunidad única para conocer la otra Argentina.

En una suerte de examen a más de cincuenta años de la publicación de Rayuela, de Julio Cortázar, convocamos a Jorge Carrión, Hernán Lara Zavala y Fernanda Trías, quienes discuten sobre la actualidad y vigencia de esa novela. Acompaña a esta discusión la lectura e interpretación visual que hace Abril Castillo de aquella obra.

Además, conversamos con Andrés Neuman, Washington Cucurto y Samanta Schweblin, tres importantes escritores jóvenes cuyas obras problematizan las convenciones editoriales de los géneros literarios.

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ÍNDICE

Dossier

Pasaporte al sur

Sobre la interpretación 

Por Ricardo Piglia

¡Basta de leer! 

Por Martín Kohan

Álbum de cuerpos a la intemperie 

Por Alan Pauls

Ada

Por Federico Falco

Las cosas que perdimos en el fuego 

Por Mariana Enriquez

Just Do It 

Por Florencia Werchowsky

El reflejo 

Por Selva Almada

Cumbia 

Por Gabriela Cabezón

Kafka de vacaciones 

Por Damián Tabarovsky

Poesía

La otra Argentina

Entre la luz y la irrealidad

Por Cecilia Galli

Canto de la Nena vista 

Por Martín Caparrós

La persiana

Por Matías Moscardi

Los potus 

Por Agustina Paz Frontera

Pensaba que no había un paisaje pero 

Por Mariela Gouiric

Cebras 

Por Carla Sagulo

2001 

Por Cecilia Pavón

Dos poemas 

Por Laura Petrecca

¿Qué veíamos en los perros? 

Por Verónica Yattah

Cada calle es una calle sola

Por Carolina Rack

El traductor como apicultor 

Por Matías Moscardi

Crónica

Perdón se escribe con sangre 

Por Leonardo Tarifeño

En primera persona

Entrevista con Washington Cucurto

Por Rocío Cerón

Entrevista con Samanta Schweblin 

Por Herson Barona

Entrevista con Andrés Neuman 

Por Herson Barona

Conversación abierta

Cartas a un señor en París

Por Jorge Carrión y Fernanda Trías

Especial

#TweetPorViaje

Espacios y proyectos

Zindo & Gafuri. Una presentación 

Por Patricio Grinberg

El arte de resortear 

Por Eloy Caloca Lafont

Crítica: Libros

Un mundo ilustrado 

Por Alfredo Núñez Lanz

Crítica: Música

Rock y literatura argentina reciente 

Por Juan Carlos Hidalgo

Crítica: Medios

La incomunicación y el recuerdo 

Por Rafael Paz

Recreo

El robo 

Por Jaime Muñoz de Baena

Crédito de portada

Fileteado porteño: Mandynga


Autores
La redacción de Tierra Adentro trabaja para estimular, apoyar y difundir la obra de los escritores y artistas jóvenes de México.

La humanidad se ha narrado a medias. Sólo el poderoso escribe, sólo el prestigioso sobrevive, aunque no sea el mejor. Es notable la ausencia de una perspectiva femenina en los principales medios desde hace siglos. Por supuesto, la presencia de mujeres al interior de las ficciones tampoco garantiza esta inclusión; antes bien, su representación en la literatura, el cine, la televisión y el cómic suele responder a estereotipos femeninos desde una visión masculina del mundo (femme fatales, damiselas en apuros y manic pixie dream girls son ejemplos recientes). Esto no significa que no existan aproximaciones complejas a lo femenino hechas por hombres, o que no haya personajes femeninos profundos que sobrepasen los estereotipos, pero resultan insuficientes. Estamos hechos de historias: de ellas extraemos nuestros grandes paradigmas de comportamiento, construimos nuestra moral y ética, aprendemos a desear y amar, a odiar y repudiar; desde ellas nos afirmamos frente al mundo y construimos la visión que tenemos de él. En este sentido, el cine se encuentra invadido por una concepción masculina de la realidad (o de la ficción) en la que sólo el hombre protagonista es capaz de tomar decisiones activas, sufrir conflictos y enfrentarse a retos que desafíen o transformen su vida.

En 1985 apareció entre las páginas del cómic Dykes to Watch Out For (Unas lesbianas de cuidado) de Alison Bechdel, una simple regla para ver películas que aplicaba una de las protagonistas. Conocida como la “prueba de Bechdel”, esta regla se compone de tres preguntas que se aplican a la película a evaluar: 1. ¿Hay más de dos mujeres cuyo nombre conozcamos? 2. ¿Aparecen hablando entre sí? 3. ¿Hablan sobre algo que no se relacione con un hombre? Piensen en su película favorita o en la que más detesten, piensen en ésa que les provocó un escalofrío o aquella que les hizo abandonar la sala. Es muy probable que se una a la apabullante lista de cintas que no pasan la prueba. En la ficción las mujeres suelen utilizarse como decoración o trofeo, accesorio o meta. ¿Qué tan complejos son los personajes femeninos del celuloide? ¿Qué tan complejos pueden llegar a ser cuando se narra desde una visión del mundo en la que lo masculino es norma y lo femenino excepción?

Hace no mucho, llamó mucho mi atención el extrañamiento que me causaron tres películas mexicanas: El Premio (2011), de Paula Markovitch; No quiero dormir sola (2012), de Natalia Beristáin, y Los insólitos peces gato (2013), de Claudia Sainte-Luce. Intenté explicar esa sensación a partir de sus historias y temas: la dictadura militar y sus efectos en la vida de los perseguidos, la soledad irresoluble al interior de una familia disfuncional, el enfrentamiento a la muerte inminente de quienes amamos. No eran temas que no hubiera visto en otras películas, no eran materias excepcionales o especialmente difíciles o controversiales: seguimos los conflictos entre una madre rasgada por la paranoia y su pequeña hija que se enfrenta a un mundo desolado cuyas reglas no termina de comprender; entre una mujer solitaria que intenta rescatar a su abuela del alcoholismo y la nostalgia que le devora; entre una adolescente sin rumbo y su amiga, una madre en las últimas etapas del vih a quien intenta ayudar para construir una vida familiar llena de retos. Tracé algunas características comunes y di con la más importante de todas: están narradas desde un espacio completamente femenino. Nos presentan otro lado de la historia, construyen atmósferas en las que estas mujeres expresan amor, temor y dudas que no solemos ver más que de forma complementaria, que no observamos en primer plano. Las limitaciones de enfocar nuestra atención en un hombre- protagonista son superadas; profundizamos en la psique femenina, en sus deseos y dolores, en su relación con el entorno y las personas.

El Premio Dir. Paula Markovitch Elite Studios, México, 2011.

El Premio
Dir. Paula Markovitch
Elite Studios,
México, 2011.

 

En estas películas, los personajes masculinos pierden relevancia porque las historias así lo piden. Su presencia es lateral, aunque los vínculos con ellos sean estrechos. Por ejemplo, la figura paterna está ausente, ya sea por asesinato o desaparición, por indiferencia o muerte, a pesar de la relevancia que tiene en la personalidad de Ceci, Amanda y Claudia, sus protagonistas. Las relaciones de pareja son vistas desde ese otro lado; las seguimos como sujetos del amor y ya no como objetos del deseo. La maternidad, objetivo principal de la mujer según la lógica patriarcal, se explora desde perspectivas que confrontan su sacralidad dogmática, inamovible e inapelable. Cada una de estas historias aborda una etapa distinta: una infancia dura, el duelo en la adolescencia y la solitaria madurez. Partiendo de un núcleo universal, las características específicas de sus personajes nos sumergen en la exploración de cada tema y nos invitan a explorar conflictos, presentes en otras obras, desde la mujer.

Curiosamente, las tres óperas primas tienen un marcado tinte autobiográfico y sus directoras también fungen como guionistas. No se trata de cine de mujeres para mujeres, sino de cine hecho por mujeres para el mundo. De ahí esa sensación de extrañeza, pues, aunque hay muchos ejemplos de esta clase de exploraciones, continúan siendo poco frecuentes, aunque muy nutritivos. Pienso en La bicicleta verde (2012), de Haifaa al-Mansour; Persépolis (2007), de Marjane Satrapi; La culpa la tiene Fidel (2006), de Julie Gavras, entre otras. Parece que hay una creciente tendencia a poner lo femenino en el centro de la pantalla, y el cine nacional, como hemos visto, no es la excepción. Así como creo que existen historias que sólo pueden suceder entre personajes femeninos, existen historias que son posibles únicamente entre hombres. En cuanto a las historias mixtas, me parece que ganan profundidad cuando evitan caer en clichés relacionados con el género, sin importar quién las haga. No se trata de ser sexista, sino de reflexionar sobre cómo dar por sentado la forma de ser tanto de hombres como mujeres, empobrece nuestra ficción. Estamos tan acostumbrados a la visión masculina del universo femenino, que resulta sumamente interesante observar a los hombres retratados por una mujer. Aunque, como en todo discurso hegemónico, ser parte del grupo oprimido no garantiza que se esté en su contra o que se ejercite un músculo solidario hacia sus miembros. Dicho de otra manera: que una mujer dirija no implica que deje de reproducir una visión masculina del mundo.

El cine mexicano vive un resurgimiento tanto temático y estético como taquillero que deja atrás la racha gris de años pasados. El aumento de la producción cinematográfica nacional y el reconocimiento de algunas películas en distintos circuitos culturales y festivales alrededor del mundo, además de los recientes y sorpresivos éxitos en taquilla, así lo indican. Parece que el cine mexicano vive un buen momento, pero queda mucho por hacer: una industria cinematográfica sana (y muchos afirman que aún no contamos con tal cosa) se caracteriza por la diversidad de sus películas. Taquilleras, facilonas, abstractas, arriesgadas, convencionales, cada apuesta refuerza la presencia en pantalla de nuestra realidad inmediata, satisface la necesidad de mirarnos, reconocernos, reflexionar.

No quiero dormir sola Dir. Natalia Beristáin Chamaca Films Italia, 2012.

No quiero dormir sola
Dir. Natalia Beristáin
Chamaca Films
Italia, 2012.

 

Nada más sano que la diversidad fílmica y de sus realizadores. En un medio, como tantos otros, dominado mayoritariamente por hombres, es de vital importancia la presencia de artistas femeninas capaces y talentosas. En un mundo ideal, la proporción directores- directoras respondería únicamente al talento, astucia y perseverancia de cada uno. En nuestro mundo podríamos suponer que son muchas las que se quedan a mitad del camino por cuestiones de género, aunque de acuerdo con la directora Daniela Schnider, en entrevista para El Informador de Guadalajara, no existe discriminación en el medio mexicano aunque sí machismo. La desproporción comienza a ceder a base de tenacidad, constancia y trabajo. Podemos mencionar el trabajo de Tatiana Huezo, Marisa Sistach, Elisa Miller, Yulene Olaizola, Natalia Almada, Kenya Márquez, Lucía Carreras, entre muchas otras, como las pioneras María Novaro o Busi Cortés.

Pero no se trata de mostrar una indulgencia pseudofeminista —similar a la condescendencia machista conocida como caballerosidad— típica de las instituciones para consumir cine sólo porque es mexicano o porque está hecho por una mujer; tampoco se trata de encumbrar las cuotas de género —meras compensaciones alejadas de cualquier resolución o ataque real a las raíces del problema—, sino de reconocer a las artistas que constituyen el panorama actual de nuestro cine. Nuestra visión del mundo se complementa con las historias y visiones que las mujeres aportan. Búsquedas literarias como las de Elena Garro y Rosario Castellanos, entre otras, comienzan a encontrar eco en otros medios, tal vez más adecuados para nuestra época. Esa otra mitad invisibilizada comienza a manifestarse, retoma historias que nos fueron arrebatadas. Un buen primer paso para avanzar hacia una sociedad que sepa representarse a sí misma con la majestuosa, dolorosa, bella y compleja diversidad que la compone.


Autores
(Puebla, 1988) estudió Letras Hispánicas en la UNAM y guion cinematográfico en el CCC. Amante de la música y el arte. Trabaja en su primer libro de cuentos.
Portada : Karina Juárez (Morelia, Michoacán, 1987) de la serie 9 Kilómetros. Fotografía invertida, Autria, 2013.

Bitácora de mujeres extrañas presenta una serie de microhistorias en espacios urbanos, donde la voz poética comparte, en versos breves, una sensibilidad que surge de la contemplación y el diálogo con los objetos frente a la búsqueda de lo femenino, lo equitativo en la sociedad y la consigna de no olvidar la violencia de género. Estas anécdotas de personajes cuya extrañeza es verificable a partir de su desacuerdo con su espacio y su tiempo pueblan la voz poética de Esther M. García. En este libro habitan mujeres olvidadas que pertenecen a los sectores más marginados, al igual que contrasta con femmes fatales de la estética modernista y otras, terribles y anodinas, que están en busca de su identidad. Bitácora de mujeres extrañas mereció el Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014.

UN ADELANTO:

Mujer que ama a otra mujer

 

Dalia Hernández Bretth

(Monterrey, Nvo. León., 1970-San Pedro de las Colonias,

Coah., 2040)

Siempre tuvo la duda de qué era ese deseo al

sentir cerca el olor de otra mujer

Siempre se sintió culpable de accidentalmente

rosarle la mano                   los senos o las piernas

a alguna otra muchacha del salón en las prácticas de deporte

al pasar el resumen             al salir a comer

 

Siempre tuvo el temblor de un ciervo acariciándola por dentro

 

Tuvo varios novios

Todos tan parecidos el uno al otro

como muñequitos de papel marquilla cortados con la misma tijera

altos

rubios

ojos verdes

anteojos anchos

 

A la hora de hacer el amor con ellos algo no le respondía

su mirada se iba más allá

su mente se poblaba de chicas que la sacudían

como una ola sucia

en un mar oscuro de donde no podía escapar

 

Ahí estaba el monito idéntico al anterior

con su palito parado

con sus manos entregándole el amor y

ella fingía

pero a veces pasaba que de pronto se venía

(no porque él fuera un excelente amante

ni porque su verga fuera exageradamente grande)

Su orgasmo iba más allá

donde el campo de las muchachas flores

se abrían mágicamente para ella

y sus labios probaban y sus labios se humedecían

 

Manos    brazos     pies   lenguas

llegaban como marejadas de olas salvajes

de ese mar sucio            cochino

del que su mamá y su hermana siempre decían

“que eran de lo peor, Señor Jesús, pero cómo pueden

esas personas existir” y entonces ella

volvía a la realidad

 

Ella sigue cortando monitos con la misma tijera de su

pensamiento enjaulado

mientras una ebria bestia de cabellos

pechos y clítoris abiertos

sigue enseñando sus fauces babeantes

en la caverna húmeda de su ser


Autores
(Ciudad Juárez, Chihuahua, 1987) es licenciada en Letras Españolas. Ha publicado Sicarii (El Quirófano Ediciones, 2013), Las tijeras de Átropos (Editorial UA de C, 2011) y La Doncella Negra (La Regia Cartonera, 2010). En 2008 ganó el Premio Nacional de Cuento Criaturas de la Noche. Su obra se ha traducido al inglés y al francés.