Hace un par de semanas, mientras leía en el periódico una nota sobre cuatro decapitados en el estado de Veracruz, me topé con algo que me horrorizó y me erizó la piel. Se trataba de un reportaje de más de cinco páginas sobre las atrocidades que se cometen en contra de la población de cachorros de foca en Canadá, en el que el autor relataba con lujo de detalle, la forma en la que estos pequeños y adorables animales son asesinados a golpes para después ser despellejados, en muchas ocasiones, cuando aún están vivos.
Era tal mi indignación que inmediatamente contacté a mi buen amigo Jeff Carthwright, célebre naturalista y aventurero inglés, famoso por su programa de televisión de supervivencia y por proezas como haber sobrevivido diez días en la sabana africana llevando consigo únicamente un aparato GPS, un rifle de alto calibre, dos cuchillos, diez mudas de ropa, una enorme tienda de campaña, dos guías nigerianos, una computadora portátil, un teléfono satelital y abundante agua y comida.
Sabía que Jeff había viajado recientemente a Canadá para grabar uno de sus programas, por lo que supuse estaría mejor informado sobre el tema y podría darme un punto de vista profesional al respecto.
Por supuesto, caballero que es, atendió mi llamada inmediatamente a pesar de encontrarse grabando su más reciente aventura en la recóndita e inhóspita Kenia.
—Es verdad que puede parecer cruel lo que están haciendo con estos animales —me dice Jeff en teleconferencia vía satélite mientras prepara su campamento en una lujosa habitación del hotel Hilton de Nairobi—, pero cualquiera que haya lidiado con estas bestias en persona te contará una versión completamente diferente. Las focas bebés son en realidad una plaga de animales carnívoros y sanguinarios que, no conformes con haber exterminado a buena parte de la población mundial de osos polares, ahora también se dedican a emboscar y atacar asentamientos humanos. Son el depredador perfecto, se acercan sabiendo la ternura que provocan y en cuanto la presa se descuida le arrancan un brazo o brincan directo a la yugular. Además se sabe que tienen una especial predilección por matar y desmembrar niñas pequeñas, luego utilizan su sangre para pintar obscenidades en el hielo.
Asombrado y aterrorizado por la escalofriante información que Jeff acaba de darme, decidí investigar más a fondo y le llamé por teléfono a un par de amigos que desde hace varios años radican en Canadá.
—La situación está cada día peor —me explica uno de ellos—. Aquí en la ciudad no hay tanto peligro, pero en el norte, en los pueblos más alejados, se escuchan historias aterradoras de manadas de focas bebés que llegan a los pequeños comercios a cobrar derecho de piso. Se han encontrado familias enteras brutalmente despedazadas porque no pudieron cubrir la cuota.
El testimonio de mi otro amigo no es más esperanzador.
—Hace unos meses se envió un grupo de policías a buscar a un niño local que había sido secuestrado por una pandilla de focas bebés especialmente agresivas —me dice—. Ninguno regresó. Dos días después aparecieron sus cabezas clavadas en palos frente a la escuela primaria local. Es una pesadilla.
Realizando una exhaustiva investigación en Wikipedia, descubro que la situación es ya tan grave que el gobierno canadiense se ha visto obligado a permitir, e incluso estimular, la matanza sistemática de estos animales.
En su portal de internet el Departamento de Medio Ambiente de Canadá asegura que la técnica utilizada para matar a las focas bebés es completamente humanitaria y evita que el animal sufra. Sobre las prácticas de despellejamiento, el departamento asegura que son casos aislados fuera de su control y que, a final de cuentas, «las muy mierdas se merecen eso y más [sic]».
Otro factor de peso son las organizaciones internacionales como PETA, que defienden los derechos de los animales y que se han manifestado en contra de la matanza de focas bebés en múltiples ocasiones, incluso cuando sus propios miembros han sido víctimas de estas abominaciones.
—Los de PETA también la han tenido difícil —agrega Jeff—. Sus activistas han sufrido actos vandálicos por parte de las focas bebés, que constantemente apedrean sus vehículos y prenden fuego en sus oficinas. Una prueba más de que estos asquerosos bichos además de sádicos son unos malagradecidos. Pero también entiendo que los intenten defender, ¿quién se puede resistir a esas caritas y a esos ojos?
Tiernas o no, resulta alarmante el peligro que estos animales representan para Canadá y, si lo permitimos, para el resto del mundo. Por eso hoy, más convencido que nunca, yo digo: ¡Mueran las focas bebés!
Hace unos días, la ilustradora Daniela Santaella, mejor conocida como Skullflower, publicó en su muro de Facebook algo que me sorprendió. Compartió una publicación del Tumblr en la que muestra gran parte de su trabajo. En ese momento una de sus publicación había alcanzado los cinco mil comentarios (mientras escribo este artículo tiene cerca de 10 mil comentarios). Al leer su publicación me di cuenta del alcance de exposición que tienen varios ilustradores a través de las redes sociales, y lo mucho que ha crecido la escena local. Gracias al impulso de varios colectivos, muchos ilustradores pueden interactuar directamente con sus seguidores, por ejemplo en Celoffán, una tienda-galería que reúne a varios de los artistas más originales y creativos de Morelos. También se han creado distintos foros para exhibir y compartir fanzines, stickers y publicaciones gráficas alternativas. Ejemplos se encuentra en eventos como Zin Amibas o Éter (que se llevó a cabo en el espacio cultural sie7eocho) con la presencia de editores, ilustradores, libros de artista y demás profesionales de la gráfica. En este artículo presento una pequeña muestra de la gran avanzada morelense en ilustración.
Skullflower
El nombre de esta artista se compone de un binomio interesante: flor y cráneo. Creo que no existe mejor forma de entender su obra que bajo estas palabras o mejor dicho, a través de las imágenes que producen la unión de estos dos elementos. Skullflower o Daniela Santaella, es una ilustradora y diseñadora gráfica con un estilo muy particular que mezcla su pasión por las películas románticas, su afición por la pizza y su forma de ser directa, agresiva y de pocas palabras, pero con una sensibilidad enternecedora y auténtica que se transmite en varios de sus personajes femeninos autorreferenciales o que homenajean a alguna figura de la cultura pop actual. Algunas de sus exposiciones, como Menarca, exploran un elemento de la feminidad, por ejemplo, la primera menstruación. Sobre la exposición, la escritora Yoko Ñim dijo: «Menarca es un instante en la fisiología femenina, pero para Daniela Santaella es una decisión sobre el abrazar ser mujer. Aceptarlo porque hay que entender lo que conlleva el “tenerlo”. No una lucha ni guerra. Es una danza a la que uno decide unirse». Si pasas por Cuernavaca puedes pasar a Celoffán a visitar el stand de Skullflower o puedes visitar sus redes sociales para conocer más de su trabajo.
Pablo Peña en su faceta como ilustrador firma como Pablo Morzza (recordemos que también es un músico importante de la escena morelense) y tiene un estilo muy marcado por su afición a los cómics clásicos. Su exploración imaginativa no tiene fronteras en cuanto a creación de nuevos personajes, siempre híbridos y con trazos precisos. Autodidacta de formación, Pablo Peña se mueve en distintas técnicas, pero sus mejores piezas —hasta ahora— han surgido de su relación con la acuarela y la tinta. En Cuernavaca y la Ciudad de México ha presentado su serie Tótems que explora la dualidad animal latente que hay en todos los hombres, y ha publicado en distintas revistas —nacionales e internacionales—. Actualmente tiene un stand en Celoffán (así que pueden conocerlo y visitarlo) y tiene un par de proyectos interesantes en camino. Todo su trabajo y proyectos en producción pueden conocerlos en su redes sociales.
Enid Balam surgió de una camada de grandes artistas de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma del estado de Morelos. Actualmente es parte del programa de posgrado: Maestría en Producción Artística (MaPA) en la misma UAEM. Su trabajo se desarrolla en áreas como el dibujo, la gráfica y proyectos editoriales independientes, entre ellos la organización de foros alternativos como Éter. Su trabajo se divide en dos ramas principales: la ilustración comercial y el arte contemporáneo. Su obra gira en torno a la historieta abstracta y en la investigación de formas narrativas contemporáneas. Es co-fundador de Planeta Gris Ediciones, donde se hace cargo de la impresión en serigrafía de las publicaciones que genera el taller como colectivo y de ediciones bajo encargo para otros artistas. Enid también ha trabajado en varias publicaciones independientes, recientemente, por ejemplo, colaboró como colorista en Cutting EdgeV4 para la casa editorial francesa Delcourt. Uno de los dibujantes con los que pudo trabajar fue el italiano Mario Alberti.
Eduardo Santaella, mejor conocido como Guro, es un artista multidisciplinario bastante productivo. Es co-director del Festival Grotesco, ilustrador y diseñador gráfico.Desde hace poco más de media década se dedica profesionalmente a la promoción cultural de eventos y proyectos de cine y música, particularmente en producciones independientes relacionadas al género de horror y corrientes ruidosas contemporáneas. Su trabajo ha sido presentado por iniciativas e instituciones como: Rue Morgue (The Fright Gallery), Cineteca Nacional (CONACULTA), Reelizer (Badass Digest), Sopitas, Paura Flics (Argentina), Terrorífilo (Uruguay), Stay Strange (San Diego), Paura Flics (Argentina), Terrorífifilo (Uruguay), Stay Strange (San Diego), Proyecto Noctambulante, Zombie Walk MX, El Vampirascopio: Cine fantástico y de terror y los festivales Macabro Fich, Masacre en Xoco, Mórbido y Feratum. Su obra está influenciada por el cine de horror, específicamente el cine basura de los años 80, el videhome, el splatter. Así que su visión gráfica está plagada de monstruos, colores incómodos, sangre, violencia y un sentido del humor muy particular y ácido.
Ricardo Alonso Peltre también es un artista inquieto. Ha explorado múltiples plataformas con distintas técnicas, siempre mesclando su visión y estilo único para crear una obra particular que se desborda. Desde la música y su banda 300 Rubias Suicidas hasta la creación de un fanzine clásico en la escena underground Enfermeros del infierno, pasando por el diseño de portadas de discos de bandas, vídeos, la animación digital y la literatura, Peltre es un artista con un profundo interés por los temas sociales. Muchas de sus obras siempre están acompañadas de críticas mordaces al sistema capitalista. Si quieren conocer su trabajo les recomiendo que vayan a su próxima exposición, L2BP, en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca el próximo 29 de mayo en punto de las 18 horas.
Nadie puede culpar a esta española por tener una vida muy interesante y que transcurre como una vorágine. Nacida en 1964, de padre danés y madre inglesa, a comienzos de los ochenta despuntó como parte de dos proyectos juveniles de pop rock ligero. Primero en Alex y Christina, después en Christina y los subterráneos. El éxito masivo no se hizo esperar (Nacho Cano les ayudó con la producción de un disco), pero la mujer se hartó de la parte más comercial y light de la industria y decidió dejarlo sin importar las consecuencias.
Para 1994 edita Mi pequeño animal y se encuentra colaborando con Lee Ranaldo, guitarrista de Sonic Youth, quien le brinda invaluable apoyo y padrinazgo. Se aleja cada vez más de las artistas que explotan su belleza y se sumerge en un rock más áspero y artístico. Siempre sale a flote su personalidad hosca y enigmática. Después de lanzar Cerrado(1998), dio por terminado un contrato importante con Warner y una vez más optó por quemar las naves.
Un año después se mudó a Nueva York en compañía de su pareja (el destacado escritor Ray Loriga) y fue recibida por el baterista de La Juventud sónica, Steve Shelley, quien junto a Ranaldo, dieron solidez a la búsqueda de Christina por una música robusta, exploratoria y seria. En términos de rock, ella no se anda con niñerías.
Perseverante y testaruda consigue hacerse de un espacio en la escena musical norteamericana y graba una trilogía que comienza con Frozen Pool (2001), sigue con Foreign Land (2002) y cierra con Continental 62 (2006), en el que aparecen tres temas en español y que dejaba entrever un regreso a su patria. Mientras tanto también había experimentado la maternidad y realizó giras por Estados Unidos y Europa. En su trayectoria también cuenta con varias incursiones en el cine, participando en las películas Todo es mentira (1994) y en La pistola de mi hermano (1997), con su marido de Ray Loriga.
Tras separarse de su pareja regresa a España y no renuncia a nuevos proyectos. Para Verano Fatal (2007) hace mancuerna artística junto a Nacho Vegas, con quien termina por liarse sentimentalmente. La convivencia saca chispas y se convierte en algo imposible de sostener, pero le deja la grata experiencia de tocar con músicos como Xel Pereda y Manu Molina.
En 2008 publica Tu labio superior, que contiene canciones únicamente en español y le consagran tanto con el público como con la prensa especializada. La revista influyente catalana Rocdelux la colocó entre lo más notable de aquel año, al tiempo que también expande sus aventuras estéticas y colabora con la afamada artistas conceptual francesa Sophie Calle, en la pieza Prenez soin de vous que se presentó en la Bienal de Venecia en 2006.
Mucha creatividad y gran calidad se mantienen en su álbum La joven Dolores (2011), que es descrito como el que más vínculos tiene con la literatura. En medio de ese inter se le achaca un romance con el actor de fama mundial Viggo Mortensen. Ese mismo año aparece un trabajo bastante ambicioso. Un caso sin resolver es una recopilación que reúne toda su trayectoria discográfica, más un DVD con vídeos y un documental de la grabación especial que se realiza con Raúl Fernández «Refree», estupendo músico y productor; así como una selección de textos de sus colaboradores y una biografía muy irónica escrita por ella.
Rosenvigne es una artista de larga trayectoria, alguien a quien le gusta trabajar a fuego lento, sin presiones, sin molestias. Durante el impasse hacia la concepción de un nuevo disco ha dejado saber que leyó poemas de Luis Cernuda, que revisó a detalle las esculturas de Louise Bourgeois y que escuchó lo mismo a Franco Battiato que a Bill Callahan. A la postre fue dejando canciones que plasmaran la complejidad y confusión que inundan el presente de Europa, España y su círculo personal; vamos, que el mundo está de cabeza y ella tenía muchísimas preguntas agolpándose.
Al presentar Lo nuestro ante la prensa del viejo continente, reveló que el título surgió de uno de sus poemas. Se preocupó por revisar lo duro del actual momento y se centró en sus intenciones: «Que quede claro que aunque apunto a cuestiones peliagudas no tengo respuestas para nadie, lo que quiero es expresar con absoluta contundencia la incertidumbre».
No sólo se exigió como autora en la parte temática, iba componiendo en el programa Garage Band y mandando archivos a Raül Fernández Miró (Refree) una vez más, para sacar su mayor rédito como productor. Al final se quedaron diez canciones con muchas partes de teclado, efectos crujientes y atmósferas rugosas. En pos de perfilar el rumbo sonoro que llevan, debo señalar que navegan en el rumbo de la gran P. J. Harvey –hay una mezcla de rudeza con sensualidad–, un proceso del que Christina da cuenta: «Buscaba un sonido que se podría definir como romanticismo industrial, es decir, plomo en la base y ondas eléctricas expandiéndose hacia el cosmos, lirismo expresado sin complejos. Otra vuelta de tuerca, vaya».
Lo nuestro implicó también un nuevo sello discográfico; ha firmado con El Segell del Primavera (al igual que lo hicieron Los Planetas) dado que le brindaba el soporte para una colección de canciones oscuras como las que ahora pública. Dio con una música un poco osca que oculta el optimismo que dice tener pese al devaluado estado de las cosas.
El disco abre con «La tejedora», donde recrea el universo femenino, la maternidad y el sacrificio de muchas creadoras ante los compromisos familiares; es por ello que alude a la araña gigante que la afamada escultora francesa tiene en Bilbao.
Otra de sus piezas clave es «La muy puta», que marchando a media velocidad marca la pauta para que suelte: «¿Para qué explicarles que en mi hueco pectoral/ guardo mariposas que no puedo desvelar?». Pero la joya de esta corona es, sin duda, «Lo que te falta», que con cierto romanticismo naif envuelve imágenes intrigantes como sacadas de viejas películas europeas, que nos hace recordar incluso, a Siouxie and the Banshees.
A sus 50 años no se cansa de señalar la escasez de mujeres en el panorama musical internacional, no se dice feminista pero es alguien con conceptos muy sólidos: «Cada persona es única y se expresa como sea. No puede ser que haya que pedirle a una cantante folk que renuncie a su extrema femineidad. Es que, para empezar, ¿qué es femineidad y qué es masculinidad? Son cosas aprendidas y es algo que ves claro cuando tienes niños. Me saca de quicio y me parece el primer corsé: ¿por qué lo lánguido, suave y acústico es femenino y lo rockero es masculino?», apunta durante una conversación con Elena Cabrera.
Christina Rosenvigne no cede un ápice en afirmarse como una artista muy seria… peleona; en «Alguien tendrá la culpa» suelta —con ironía— sus observaciones sociales y la ausencia de responsabilidad en las instituciones: «El capitolio vuelve a arder/ Levantaremos otro con más fe». Cuando todo parece venirse abajo aparecen los espíritus fuertes dispuestos a dar pelea.
Para mi tesis de maestría en la Universidad del Arte en Buenos Aires, tomé tres talleres fundamentales para desarrollar el marco teórico sobre el teatro posdramático y su relación con la dramaturgia contemporánea. El primero fue con Davide Carnevalli, (alumno de Hans Thies Lehmann), en el que abordamos la dramaturgia española, alemana y argentina así como su relación con la crisis del drama, término propuesto por Peter Szondi en 1956 y que retomó Lehmann para la creación de su Teatro posdramático. Después tuve la oportunidad de tomar dos talleres con él. El primero —y más interesante— fue sobre teatro político y teatro brechtiano, el segundo sobre la evolución del concepto de teatro posdramático.
Lo que llama la atención de estos talleres, es el conocer al investigador: un hombre que con mucha humildad y conocimiento habla sobre el teatro que le interesa, es decir, el teatro de nuestros días. Es interesante estudiar la historia, pero es mejor trabajar con materia viva como el antropólogo. Poder investigar e indagar sobre los cambios en el teatro actual (en este caso, el de Alemania) así como su relación con la escena francesa, inglesa y estadounidense. Enfocado en estos países, desarrolló una investigación en los años ochenta y noventa, para explicar ciertas características que ve en los jóvenes creadores y sus trabajos, (en dónde se rompe la idea de ficción, en dónde se instala la idea de presentación y cuándo las escenas comienzan a ser más dramaturgia que el texto dramático y desaparece el textocentrismo).
Esta investigación poco tiene que ver con la dramaturgia o literatura dramática. La tarea en la que me aboqué fue la de encontrar —si es que había— la relación de la estética con el textocentismo. No se puede hablar de algo homogéneo pero comparten algunas de las rupturas que tienen que ver con el desplazamiento de la ilusión teatral y la entrada en crisis del drama con la dramaturgia contemporánea.
En mi investigación Territorios textuales en el denominado teatro posdramático (Paso de Gato, 2014) y en el taller teórico que realizo desde mi llegada a México, he podido comprobar muchos de los prejuicios y desconocimientos sobre estética teatral e investigación teórica del país. Afincados en un análisis histórico y regional, se desconoce realmente la escena internacional; la lectura de textos teóricos de los profesionales del teatro es escasa y encuentran mucha dificultad para volver a retomar la teoría. Como creadores maduros, la práctica y la producción teatral los llevan a desarrollar una labor de producción y gestión de pensamiento crítico. Sólo algunos, quizá los dramaturgos y ciertos directores de teatro que se han alejado de la escena, lo han logrado. Pocos de estos maestros dan talleres de formación teórica, pese a la existencia del desconocimiento absoluto para poder abordar temas teóricos que partan de la realidad, más bien nos quedamos sólo con estadísticas y discursos que parecen más retórica que investigación.
La idea de inmediatez y falta de construcción del pensamiento sobre el teatro fuera y dentro del país, deja a los creadores escénicos limitados en las posibilidades de discurso, no sólo escénico, también personal. Debido a esto, cuando realizo una investigación que tiene que ver más con el teatro extranjero, existen reticencias claras a querer saber, como si el saber nos hiciera más vulnerables. En este sentido, la recepción de este tipo de investigaciones se toma como algo extraño y se hace todo lo posible por desaparecerlo de la teoría e investigación realizada por institutos y creadores.
Después de cinco años de trabajo sobre el tema, mis intereses, como bien lo decía Davide Carnevalli, se volvieron más cercanos a la creación y la crisis del drama, pero su relación con el pensamiento específico de una época se ha vuelto el terrero donde aún sigo indagando; la relación de la palabra con la escena, la del pensamiento de la imagen y su contraposición con la creación de discurso. Todos estos temas que tienen que ver con la creación de la dramaturgia y la escena contemporánea me siguen pareciendo asombrosas e interesantes; indagar sobre el contexto social, su relación con las instituciones —que en México es un ancla que no nos deja avanzar— y la falta de preparación teórica y práctica de los creadores, me siguen llevando a muchas de preguntas. La falta de aceptación por parte de algunas instituciones sobre la investigación que realizo no deja de sorprenderme y alejarme hacia otras fronteras y a otras instituciones como el Instituto de Estudios Críticos o la Fundación para las Letras Mexicanas, enfocadas a la preparación de escritores e investigadores que estén en el mundo de hoy y no en el de sus ancestros.
Volviendo a lo que sucede cuando una teoría sobre teatro contemporáneo llega a manos de algunos investigadores, su reacción es un rechazo absoluto y al mismo tiempo una aceptación a veces desmedida, como si el desconocimiento los volviera temerosos y los obligara a tomar alguna posición a favor o en contra, en vez de estudiar un poco más, en lugar de abrirse a pensar críticamente sobre el concepto presentado. La mayoría toma partido, esto va en contra de cualquier lógica de aprendizaje.
Es difícil encontrar en México un campo fértil para el desarrollo del pensamiento y la investigación (no sólo en el ámbito teatral). Es por esto que con premura se aceptan o se desacreditan teorías y marcos conceptuales que podrían ayudarnos a entender nuestra escena teatral nacional, entender cuáles son las búsquedas reales de los creadores mexicanos, cuáles son las características y las condiciones de trabajo. Con ello se podría hacer un mapa de la creación sin banderas de caciquismos, sino un análisis objetivo.
Se entiende que si no hay interés por parte del investigador en tratar ese tema, es válido que no tenga que hablar de ello. Si no es interés del creador el ahondar en las prácticas de otros, puede dejar esa tarea al quien sí esté interesado. Sólo así tendríamos un campo lleno de investigación que ayude a entender qué es lo que buscan otros creadores de diversas latitudes para salir de la endogamia y tener un intercambio real entre creadores de nuestro país y fuera de él.
Dicen que la calle pertenece al espacio público, espacio común que compartimos con extraños y donde tenemos los mismos derechos. El problema es que en realidad, eso no sucede. En la calle se hacen evidentes las formas en que nos censuramos unos a otros, las diferencias que insistimos remarcar. Me gusta pensar que el lenguaje es también un territorio, espacio multiforme que debemos descolonizar, descubrir y reapropiar (en algunos casos incluso expropiar) de la confusión que impera sobre los cuerpos. Dicen también que desde siempre hemos sentido la necesidad de colocar nuestras propias marcas sobre muros ajenos: nombres, dibujos, números, señales que quizás no indiquen nada pero que en todo caso son recordatorios de alguna presencia sutil y de la vida misma: paso del viento sobre minerales.
A mi padre le molestan los grafitis, dice que no embellecen las calles sino que destruyen su aspecto en ocasiones antiquísimo. Le molesta su ilegalidad, su intención territorial. Le parecen necesarias ciertas reglas que nos permitan vivir en paz. Sin embargo, tampoco es del todo cierto. En Oaxaca las continuas marchas han generado hartazgo entre quienes no se manifiestan, ni política ni individualmente, de esa manera. En últimas fechas, los manifestantes suelen bloquear todas las vías de entrada y salida de la ciudad y entonces uno queda paralizado como en un cuento de Cortázar. Ambas posturas me parecen válidas.
¿Qué sucede cuando las palabras invaden el espacio y ponen en duda su carácter público? Las brechas generacionales ofrecen aspectos interesantes para observar y contrastar versiones distintas de la realidad. Para César Mojarro, conocido en el ambiente del grafiti como Unkle Evolve, lo importante de esta práctica es precisamente su carácter ilegal, contestatario pero sin caer en lugares comunes en torno a lo social. En su más reciente exhibición, Letra de calle, los asistentes podían dejar marcas con spray en una pared de la Galería Gorila. Las palabras invadieron el espacio de diferentes formas: letreros sarcásticos o mal escritos, albures y refranes sin aparente sentido. A Unkle le interesan las posibilidades del lenguaje como objeto estético, el juego de significados realizables.
Unkle vino de Guadalajara hace poco más de un año y se quedó a vivir en esta ciudad. Como sucede con otros artistas, empezó a pintar en las calles desde adolescente, con el tiempo se unió a Eyos, una importante crew de Guadalajara, y después formó parte de proyecto Macuilxóchitl, donde junto a los artistas plásticos Cawamo y Sanez indagaba en las relaciones de sentido inscritas en nuevas posibilidades estéticas para crear otras simbologías. Letra de calle es una exploración del humor a partir del juego de imágenes y palabras. Unkle desarrolló estas expresiones al percibir la enorme cantidad de rótulos y mensajes de todo tipo presentes en las calles de Oaxaca, su interés por la plasticidad de las palabras viene del grafiti, donde el lenguaje implica territorio, apropiación.
La rae sugiere el uso de la palabra ‘grafito’ para referirse a esta práctica cuyo nombre viene del italiano graffiti, pero como sucede con otras áreas de la experiencia humana, el lenguaje que se desarrolla bajo sus propias normas, la lengua de calle, del día a día que todos invariablemente usamos y transformamos con ese mismo uso, suele llamarse de distintas maneras. Según he leído, existen al menos dos vertientes de este arte sobre los muros, una donde sólo se pintan palabras, ya sea el nombre del writer o el de la crew donde pertenece, en espacios sumamente visibles como anuncios publicitarios, y otra más reciente donde además se realizan dibujos, se narran historias como si se pintase sobre papel.
En la calle, Unkle sólo dibuja palabras. Es muy claro respecto a su elección pues pertenece a una escuela de grafiti a la que es leal. La fascinación por las palabras y su plasticidad lo ha llevado a crear caligrafías impresionantes, a jugar con la textura del lenguaje y sus niveles de representación. Como sucede en poesía, en sus piezas importa el significado pero también la forma en que se aglutinan las palabras, la comunicación pero también su ambigüedad, en vez del sonido está la visibilidad del lenguaje, lo concreto.
Hace poco mataron a dos chicos que formaban parte de las manifestaciones estudiantiles en Chile, pintaron la casa equivocada y uno de sus habitantes, un muchacho como ellos, los mató a sangre fría con la pistola de su padre. Aquí en México, semanas atrás un policía mató a otro adolescente cuando pintaba una barda. La calle es un espacio en constante disputa porque en ella se gestan infinidad de discursos, ahí se hacen visibles conflictos que permanecen ocultos en instituciones y en cifras oficiales. Utilizando otras herramientas, Unkle también se pregunta por el lenguaje y su injerencia en el mundo, no para comunicar algo de manera directa, sino para cuestionar la estructura misma de significado y las relaciones de poder que imperan en su clandestinidad, para aventarnos así a un espacio distinto donde nada se ha dicho de forma definitiva.
Con esta edición, Tierra Adentro conforma un atlas sonoro sin precedentes. Una escena musical en formación, a su vez incluyente y divergente, en constante metamorfosis. Las treinta y cuatro agrupaciones aquí reunidas fueron seleccionadas con el apoyo de los músicos y críticos Juan Carlos Hidalgo, Vicente Jáuregui y Alejandro Mancilla, cada una de las bandas examinadas a detalle por este triunvirato, cazadores insaciables de novedades valiosas. De Baja California a Mérida, consideramos oportuno incluir a dos agrupaciones de ascendencia latina, que si bien su propuesta es en inglés, son claves para entender otros planteamientos estilísticos que van de la mano del rock mexicano.
Asimismo buscamos apartarnos del mainstream para encontrar bandas novísimas con discos recientes y, con ello, hacer la selección lo más objetiva posible, todo a través de investigaciones realizadas en revistas, videos y conversaciones entabladas en soportes electrónicos. El rock mexicano más actual es pensado desde su expresión en lenguas originarias hasta los problemas intrínsecos a su propio desarrollo: los festivales, la industria discográfica y el llamado mercado independiente, sólo por citar algunos.
Cerramos esta edición con la lamentable noticia del deceso del poeta Miguel Donoso Pareja, director de esta revista de 1977 a 1981. Un grupo de amigos y escritores, entre ellos, Carlos Chimal, Jaime Vázquez, David Ojeda, Eduardo Langagne, Jorge Humberto Chávez, Alejandro Sandoval Ávila, Pedro Ángel Palou y la valiosa colaboración de su hijo Miguel Donoso Gutiérrez, son algunas de las voces que se suman a este breve pero merecido in memoriam al escritor ecuatoriano.
Cafés negros y varios kilos de carne doneraki dieron pasto a la imaginación de José Miguel Barajas (San Andrés Tuxtla, 1983) durante los días que se empeñó en producir las líneas que ahora saludamos con la publicación de Vías paralelas, su primer libro de ensayos. Cuando platiqué por primera vez con él, en octubre de 2010, dentro de la casona de Liverpool 16, en la Ciudad de México, tuvimos que tocar por inercia el tema de nuestros ensayos respectivos. Él me dijo que se proponía hacer un libro que reuniera a Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa y Paul Valéry, y que para él esa propuesta era como hacerle una carta a los Reyes. Más tarde se unió Josefina Vicens a ese trío de escritores. Pocas semanas después Barajas comenzó a llevar las primeras incursiones de su ensayo. No tenía premura. Con pisada de felino acosaba. En el punto oportuno daba el salto y después ubicaba a la siguiente presa, según bulimia similar. Uno a uno se fueron formando los capítulos de Vías paralelas, ese opus primum et nigrum de los trabajos vitales de Barajas.
A pesar de lo que indicaría el sentido común en el caso de algún otro escritor, Borges, Pessoa y Valéry fueron bien digeridos e integrados en esta obra concisa. Y no sólo ellos: página a página se perciben núcleos poéticos e intelectuales de diversas tradiciones, de múltiples hombres. Algunas veces, estos núcleos emergen y toman cuerpo; otras, se desvanecen en el tejido de la prosa y se asimilan a la voz del autor. En todos los casos la vivencia de las ideas en diálogo, que a veces llegan a ser ideas fijas, es tan intensa que se pueden traer a cuento las palabras que György Lukács dirigió a Leo Popper desde Florencia, en octubre de 1910: «Hay, pues, vivencias que no podrían ser expresadas por ningún gesto y que, sin embargo, ansían expresión. Por todo lo dicho sabes a cuáles me refiero y de qué clase son: la intelectualidad, la conceptualidad como vivencia sentimental, como realidad inmediata, como principio espontáneo de existencia».
Alguna vez mencioné con respecto al libro de otra escritora que pocas veces tiene uno acceso a los esfuerzos con que se crea una obra ajena. El azar también, en este caso, me permitió ver el tránsito entre las diferentes regiones del autor y su asentamiento en el papel. Hace no pocos días finalmente pude leer de principio a fin el libro en que desembocaron todos aquellos afanes. En este caso, haber visto de cerca el proceso de la creación de Vías paralelas tampoco impidió sentir el asombro que Valéry, en su Introducción al curso de poética, adjudica a aquel hombre que lee, de golpe, durante unas horas, tanta fuerza verbal en el espacio de unas páginas.
Podríamos llamar, sí, autobiografía intelectual a este libro. Pero también crónica de la guerra entre lo sensorial y lo mental, o poética de los personajes del drama, o genealogía de las ideas individuales, o tratado exóterico. Y aun, si tomamos prestada la descripción que Ezequiel Martínez Estrada hizo de los Ensayos de Montaigne, este es el primer tomo que el autor compuso de la historia universal de sí mismo.
Montaigne decía que no pintaba el ser, sino el tránsito. Y que él se podía contradecir a sí mismo, pero no a la verdad. En la búsqueda de la verdad nada era tan inasible como el ser, y por eso las mil caras de la personalidad y los coloquios con el amigo muerto, Étienne de la Boètie, o con los muertos amigos, llámense Séneca o Rabelais, por decir dos cómodos extremos, exigen el diálogo, o la dialéctica, y en última instancia la duda que permite el avance, el giro que crea la espiral. Por otro lado, la inclinación de Montaigne por las naciones que vivían en «estado natural» era reflejo del deseo de presentarse sin artificios; sólo la convención le impedía mostrarse del todo desnudo. En la prosa de Barajas no sólo hay una pintura del todo entero, sino también una comunión abierta entre su personalidad y el libro. El autor sostiene al libro y el libro sostiene al autor. Y ya sabemos que, dentro de las literaturas occidentales, Montaigne es quien cumple con mayor plenitud esta paradoja.
En el prólogo de sus Ensayos, Montaigne también se refería al hecho de que el asunto de su obra era él mismo, y amonestaba sobre ese punto al lector, para que éste razonara sobre la inversión de su tiempo en asunto tan frívolo y vano. Esta modestia sospechosa, por otra parte, se enfrenta con el pasaje donde afirma que si la gente se queja de que Montaigne habla de sí mismo en exceso, él se queja de que la gente ni siquiera piensa en sí misma. Dicha opinión es, o debería ser, premisa de casi todo ensayista. Entre los compañeros que se abocan al género, hoy, en nuestras literaturas, hay varias búsquedas y diversos caminos. Algunos se dirigen hacia el tratado, otros hacia la ficción, unos más hacia el panfleto o la poesía. No creo exagerar si digo que Vías paralelas es uno de los ensayos coetáneos que con más fuerza agarra a la tradición por los cuernos. Barajas, como Montaigne esgrimía, no sólo se atreve a hablar de sí mismo (algo que la retórica clásica desaconsejaba), sino que se atreve a hablar solamente de sí. De este modo, Borges, Valéry, Pessoa y otras voces se integran a su polifonía no como ornatos de su discurso o como autoridades para reforzar su opinión, sino como hombres de ideas y de cuerpo entero que lo estimulan y que tensan esa conversación dramática que empezó hace casi 15 años, cuando una voz interior, ajena, habló por vez primera con Barajas en Chapingo, al ausentarse unos meses de la selva tuxtleca para estudiar Agronomía. Este libro son las memorias impresas de esos tácitos coloquios.
1. Existe un kōan que pregunta por el ruido que hace un árbol al caer si nadie lo escucha.
2. El kōan no pregunta filosóficamente, sino que busca desligar la mente de los esquemas racionales y abrir paso a la iluminación.
3. Film (Schneider, 1965), por lo absurdo, parece un kōan. El mediometraje es cortesía de Samuel Beckett y es su única incursión en el cine.
4. Film está protagonizada por Buster Keaton y fotografiada por Boris Kaufman, hermano de Dziga Vértov y Mikhail Kaufman.
5. La trama de Film es sencilla: la primera escena es un ojo que se abre, corte a un hombre con la cabeza cubierta (parece que alguien lo persigue) que se topa con una pareja; el hombre apresura la marcha y cuando la cámara toma a la pareja que ve al hombre irse, la cámara (el espectador) los mira (ellos ven que los miran) y desaparecen. El hombre llega a un edificio, se topa con una anciana; cuando la anciana mira al hombre, la cámara la filma; ella ve a la cámara verla; desaparece. El hombre entra en un departamento, tapa la venta y el espejo con mantas negras. Se da cuenta de que un gato, un perro, un pez, un perico y una fotografía lo ven; los saca del departamento o los cubre con mantas negras. Al final, el hombre descubre que el perseguidor (y perceptor) era él mismo o la cámara o el espectador. La última escena es un ojo que se cierra.
6. Peter Wollen, en su ensayo “Godard and Counter-Cinema: Vent d´est”, propone siete características del contracine, que se oponen a siete del cine tradicional
Cine tradicional Contracine
Narratividad transitiva Narratividad intransitiva
Identificación Extrañamiento
Transparencia Densidad
Historia simple Historia múltiple
Cierre Apertura
Placer Displacer
Ficción Realidad
7. La característica de cierre dice que el cine tradicional es un objeto autocontenido, armonioso entre sus partes. Wollen dice que «clausura» porque sus significaciones y sentidos deben encontrarse dentro de la película. La referencialidad, si es que existe, es una plusvalía para quien pueda ubicarla, pero en sentido estricto no aporta o mejora la interpretación.
(Acaso el reconocimiento referencial sirva para amarrar emocionalmente al espectador. Los Simpson son un ejemplo: aunque uno no ubique las películas homenajeadas, los capítulos fluyen; si uno conoce la referencia, redobla el gusto de ver qué tanto varía el homenaje, en descubrir otros, etcétera).
8. En el contracine, la apertura habla de la necesidad de la referencia no a la manera de un extra o de una clave de la interpretación (como si saber de dónde se obtienen los préstamos hiciera más digerible una película así), sino que se surge la polifonía.
9. Al no tener un solo sujeto que enuncia (o el guionista o el director o el fotógrafo o el productor), la película se vuelve un objeto no a «descifrar» (como si hubiera un secreto último), sino a construir.
10. La polifonía y la apertura exigen que el espectador complete la película, ergo, que salga de su posición de simple espectador.
(Las películas narrativas comparten este esquema: una historia no está dada sin más; el espectador debe conectar los puntos —en el caso del cine, las escenas— cuya conexión, si se es rigurosa, no está dada. Si la narratividad diera su propia interconexión, habría que enunciar la conexión entre la interconexión, luego, la conexión entre la conexión de la interconexión, y así ad infinitum, a la manera del tercer hombre. La diferencia estriba en que mientras el cierre tradicional tiende a contener las construcciones del espectador, el contracine se juega en que los espectadores construyan y reconstruyan, a veces sin mucho «sentido»).
11. Film parece ser una película abierta. Se intuye que hay referencias que uno no alcanza a vislumbrar completamente.
12. Estas referencias (tal vez irreconocibles: una referencia personal) pueden servir de trampolín para explotar interpretaciones.
13. Peter Wollen también propone que este contracine, más que tener una línea narrativa identificable, se compone de segmentos (interconectados o no).
14. El principio de construcción de este tipo de películas ya no tiene una trama, sino que es retórico: más que contar una historia, proponen una tesis (o, de forma precisa, son el fermento para que surjan tesis).
15. ¿Film tiene una tesis? ¿Es una inversión del Ser es ser percibido, de Berkeley?
16. La pregunta es tramposa: según los parámetros del contracine, Film no tiene una tesis para descubrir sino para construir. Si los elementos son suficientes para enunciar la inversión berkeleyiana, la película no la niega.
17. Éste es un rompimiento entre el fondo y la superficie: nada en el contracine está por debajo del agua; todo es una serie de elecciones.
18. El rompimiento disuelve la fantasía de la ficción (enajenadora, según) y el espectador, repitiendo, pasa de lo pasivo a lo activo: a cada momento tiene que reconcentrarse y volver a poner atención a lo que sucede en pantalla.
19. Film, entonces, no es un kōan: no busca deshacer el pensamiento racional y abrir las puertas de la mente a un nivel superior de indiferenciación.
20. Film es una máquina esquizofrénica de interpretaciones, un rush de explicaciones racionales.
21. O tal vez Film sí sea un kōan. Y que esto también sea posible sería más fiel al espíritu de Film.