Tierra Adentro

Nadie sabe qué es la Alt Lit porque a nadie le im­porta. A mí me importa, pero jamás he sabido definirla. Una vez, Arturo Sánchez —un poeta español al que le encanta Juan Carlos Mestre y Allen Ginsberg y que, por lo tanto, cualquiera diría que puede emocionarse con un poema de Tao Lin— descubrió una de la claves para entender de qué habla­mos cuando hablamos de Alt Lit. Todo el mundo tiene esas dos palabritas breves en la cabeza, pero en realidad sabemos que lo que designan es un panorama de la Literatura Alternativa anglo­sajona, particularmente estadounidense. Sin embargo, Sánchez sugirió que deberíamos referirnos a este movimiento como una Alternativa a la Literatura. Me pareció brillante y siempre había querido robarle esta idea. Creo que nadie sabe lo que es Alt Lit porque nadie quiere animarse a definir este movimiento de escri­tores millennials obsesionados con ellos mismos y con su genera­ción, porque lo cierto es que no conocen otra cosa. Sin embargo, me han pedido hablar de qué es la Alt Lit y siento que tengo que dar cuentas, o dar explicaciones, o atreverme a lanzar mis ideas sobre aquello que tanto nos obsesiona y que tantos quebraderos de cabeza y peleas ha comenzado a generar recientemente en nuestra lengua. ¿Preparados? ¿Listos? Ya.

A VECES MI CORAZÓN EMPUJA MIS COSTILLAS

Imaginemos a un adolescente, hombre o mujer, que vuelve del instituto con un montón de tareas, de complejos y pájaros en la cabeza. Imaginemos que ese adolescente se siente solo, deprimi­do, y, además, sus padres no están en casa. Si no quiere volverse loco, tendrá que conectarse a internet y buscar en un montón de chats o de comentarios en blogs para encontrar la compañía y el cariño que necesita. Lo que ocurre es que sus padres sí piensan que está loco —tantas horas en la red, tantos pájaros en la cabe­za, no pueden ser normales—, y por eso antes de acostarse tiene que tomarse alguna de esas pastillas que el médico le recetó para estar sosegado, tranquilo, alienado.

Imaginemos que años después de esta escena, el adolescente está a punto de cumplir los veintitantos. Se ha visto obligado a dejar la universidad porque no tiene dinero para pagarla, porque nunca le interesaron las relaciones sociales de la facultad y por­que, si quiere huir de la aburrida y serena vida que le hace arder las entrañas, tendrá que encontrar un trabajo. Es aquí cuando nuestro personaje rompe a llorar y escribe un poema sobre esa sensación de vértigo que continuamente le apuñala. Cuando pien­so en esta persona, me acuerdo de la Alt Lit. Cuando pienso en su rostro inexpresivo, me acuerdo de la Alt Lit. Cuando pienso en un país destrozado por la incomunicación y los ansiolíticos desme­didos, pienso en la Alt Lit.

Muchos creen que esta etiqueta nació para designar a un gru­po de hipsters obsesionados con ellos mismos, y cuyas aspira­ciones literarias pasan por hablar de sus iPhones y de lo mucho que les emocionan las letras de Drake. Sin embargo, pocos se han detenido a leer la letra pequeña del contrato que estos escrito­res establecen con el lector, en donde encontramos un grito de ayuda, una llamada a las armas y un retrato generacional que es muy crítico con la sociedad estadounidense —y que lanza sobre la mesa la profunda desesperación de muchos jóvenes.

A veces mi corazón empuja mis costillas, escribió Ellen Kennedy, describiendo esa ansiedad, ese desasosiego que le recorría el cuerpo y que más tarde terminaría por convertirse en su par-ticular tara mental. Afortunadamente, y como explica el novelista Noah Cicero en su novela Pórtate bien (Pálido Fuego, 2014), también existió una solidaridad, una literatura común y un esfuerzo que pudo dinamitar buena parte de estos sentimientos. La Alt Lit, por lo tanto, no es nada sin su comunidad. La Alt Lit no le importa a nadie si no la hacen todos. La Alt Lit es, entonces, como decía el poeta español Arturo Sánchez en su blog, una Alternativa a la Literatura. Una Alternativa a la Vida angustiosa que los medios de comunicación anunciaron para nosotros. Alt Lit es tomar las armas. Salir a la calle —o a internet, que quizá sea lo mismo— y crear una nueva manera de entender el mundo.

TE GOOGLEÉ PARA SENTIRTE CERCA

No soy crítica literaria, ni estudié literatura como para poder dar una definición más clara y estética de lo que este movimiento significa; aunque me aventuraré a decir que la Alt Lit tal y como la conocemos formalmente (el yo, la angustia, las drogas, las palabrotas, la cultura digital) está a punto de morir; o, mejor, transformarse. Una vez puestas las piedras de este movimiento, con Noah Cicero, Tao Lin, Megan Boyle o Sam Pink a la cabeza, lo que sucede desde el 2013 es que un montón de voces nuevas están replanteando el movimiento. Pienso en autores como Gabby Bess y su lucha feminista, Stacey Teague y sus poemas absoluta­mente alegres y llenos de esperanza, Joshua Jennifer Espinoza y su manera de llevar el mundo queer y transgénero a las letras. El “yo” sigue presente en estas escritoras y, sin embargo, es un yo que tiene una lucha mucho más activa que la de hablar de uno mismo o la de mantenerse al margen del lirismo y de la poesía clásica.

Algo está cambiando. Sólo hay que ver cómo la Alt Lit ha contagiado a autores de tantos continentes distintos, no sólo en lengua inglesa sino también a lo largo de Europa y, sobre todo, de América Latina. Escribe la argentina Malén Denis que “te googleé para sentirte cerca”. Pero también escriben Kevin Cas­tro desde Perú, Augusto Sonrix desde México, Alexandra Urbina desde Venezuela, Didier Andrés Castro desde Colombia u Óscar García Sierra desde España con esa voz característica heredada de una nueva ola estadounidense muy pura y entremezclada con la irremediable influencia de la literatura de sus respectivos países.

Por eso no sé qué diablos es la Alt Lit. Puede que la Alt Lit no sea nada. La Alt Lit es cambio continuo. La Alt Lit no tiene fórmula ni forma. La Alt Lit es aquello que está pasando y que pasará. La Alt Lit es levantarse por la mañana y ver las redes so­ciales llenas de poemas. La Alt Lit es saber que en todas partes, a todas horas, hay alguien —no importa de qué edad, sexo o país— dispuesto a compartir literatura. A retratar un mundo. A salvar con su palabra un montón de vidas.


Autores
(España 1990) es poeta, editora y traductora. Su libro más reciente es Los estómagos (La Bella Varsovia,2015).

En el prólogo del libro Conversaciones con fotógrafos mexicanos, Laura González Flores retoma el dialogo que Claudi Carreras y Pedro Meyer (ambos de origen español) tuvieron para tratar de definir qué es la «fotografía mexicana». Meyer decía que lo mexicano en la fotografía, en realidad, se trataba de una identidad construida. Lo cierto es que puede hablarse de fotografía mexicana cuando la producción de un fotógrafo nacional ha sido realizada en este país y cuando fotógrafos extranjeros hacen fotografía en México.

El trabajo de la mexicana Ingrid Hernández se inscribe dentro de la fotografía mexicana contemporánea. Aunque su producción no ha sido hecha del todo en el país, pues ha trabajado también en San Diego y en zonas urbanas en Bogotá, nos ofrece una cartografía regional: Tijuana aparece como el lugar en el que Hernández genera su propio discurso visual. Crossing Borders. Photopraphing Tijuana (Concordia University, 2012), Tijuana carne viva (Galería Kunsthaus, 2009), Irregular (2009) y Tijuana comprimida. Vol. 2 (2005), son claros ejemplos del trabajo de Hernández en torno al espacio geográfico enmarcado en la frontera.
A pesar de que cada proyecto ha sido distinto, las fotografías de Ingrid Hernández giran en torno a un lugar común: la vivienda. Se trata de una apropiación de ésta como espacio privado que exhibe el escenario doméstico. Según afirma Ingrid, su interés al fotografiar casas construidas en sitios en los que hay condiciones de pobreza, es modificar el estereotipo que los ve con lástima y exotismo,[1] tal y como lo hace el documentalismo cuando retrata hogares y situaciones menesterosas para presentarlos como algo insólito pero ajeno al espectador.
Crear fotografías con las que se pretenda conmocionar al espectador se ha convertido en el principal estímulo de consumo la cultura contemporánea,[2] sin embargo, Ingrid Hernández no pretende exhibir la pobreza desde la visión de un espectáculo o desde la incitación a la conmoción, sino desde un intento por generar exactamente lo contrario. Su fotografía se distingue por dos cuestiones importantes: la ausencia de humanos y el énfasis que hace en los objetos. Esto no es inconsecuente pues Hernández retrata la esencia humana, las condiciones de vida y las actividades privadas a través de los objetos. No hay rostros, no hay gestos, ni personas que guíen las emociones de los espectadores a la aflicción con la que podría mostrarse la pobreza.
Por medio de imágenes que muestran habitaciones, camas y colchones o paredes, muebles y cortinas, Hernández obliga al ojo a mirar en todas direcciones para construir un espacio al imaginar todo lo que fue excluido del cuadro; también permite recrear a las personas que habitan esas casas, abriéndonos la puerta de su vida, sus gustos y sus alimentos.
En el prólogo al libro Irregular (publicado en 2009 por el Fondo Editorial Tierra Adentro) Alejandro Navarrete compara el modo de proceder de Ingrid Hernández en la producción de su obra con la de otros autores, como Daniela Rossell quien en 2002 presentó su serie fotográfica Ricas y Famosas que expone la intimidad del hogar de las clases altas en México, y diferencia de la obra de Hernández, ésta sí cuenta con la presencia de quienes habitan en los espacios fotografiados. Otro proyecto similar es Tlateloco Desmentido,[3] del fotógrafo mexicano Adam Wiseman, en él se muestra el interior de los departamentos habitados por un sector de la clase media capitalina. Wiseman hace fotografías de las salas de diversos departamentos de un mismo edificio para mostrar cómo los colores de las paredes y los objetos cambian en cada toma a pesar de encontrarse en espacios que, vacíos, resultan idénticos. Los objetos y su colocación nos permiten acercarnos a quienes habitan estos espacios pero, al igual que en la obra de Hernández, las imágenes de Wiseman prescinden de la figura humana. Estos tres fotógrafos han hecho desde diferentes perspectivas una cartografía que permite observar cómo viven los capitalinos.

Sin duda, el trabajo de Ingrid Hernández abre la puerta a una nueva mirada a la vida privada de una clase social en México, y con ello genera una propuesta que enriquece el discurso de la fotografía mexicana contemporánea.


[1] Ingrid Hernández, “Statement”, consultado en: http://www.ingridhernandez.com.mx/acerca

[2] Alejandro Navarrete, “Posibles escenarios de interpretación sobre la producción fotográfica de Ingrid Hernández en Irregular, pág. 12.

[3] Para ver las imágenes del proyecto consultar en: http://www.tlatelolcoproject.com/


Autores
(Distrito Federal, 1991) estudió Historia en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Durante su carrera enfocó sus investigaciones a la fotografía del México decimonónico. Ha tomado cursos de retrato y fotografía digital en la Escuela Activa de fotografía y en la Facultad de Artes de la UAEM.

Hace unos meses adelanté en otra entrada de esta columna, que Morelos sería uno de los invitados de honor en la edición 43 del Festival Internacional Cervantino, y hace unas semanas se hizo oficial, al igual que la participación de Colombia, Perú y Chile como los países que conforman las propuestas internacionales de este año.

Además la fuerte presencia de esta alianza denominada «del Pacífico» y de Morelos, se presentará una selección de eventos que giran en torno al lema del Cervantino 2015 que es «La ciencia del arte. El arte de la ciencia». Sobre esto, el escritor, Jorge Volpi, director de este encuentro internacional y multidisciplinario dijo que »desde hace mucho tiempo, al menos desde los albores del siglo XX, ciencia y arte han estado muy separados, al grado de convertirse en suerte de dos culturas. Nosotros queremos demostrar que siguen existiendo vínculos constantes entre ciencia y arte, por eso tendremos un programa rico y vasto en torno a esta relación». Entre los platos fuertes en esta sección se contará con la presencia Roald Hoffmann y George F. Smoot, ganadores del premio Nobel en química y física, respectivamente. Además Volpi añadió que se tiene uno los mejores programas en años.

En la edición 43 del Cervantino habrá unas 450 actividades y participarán más de 3 mil artistas de 27 países. Se desarrollará del 7 al 25 de octubre en Guanajuato. Por parte de Morelos se tendrán distintas sedes y propuestas que intentarán abarcar varias de las actividades importantes del estado, especialmente las escénicas. Es un gran acierto de los morelenses llevar a bandas jóvenes de distintos géneros con el afán de impulsar la escena joven sin sacrificar la calidad que requiere el Cervantino, uno de los festivales culturales más importantes del mundo, y que en su rubro se encuentra en el quinto lugar del ranking internacional.

Destaca la presencia de la Banda de Tlayacapan en la Alhóndiga de Granaditas, espectáculos callejeros como Tloque Nahuaque y danza con la compañía Foramen Ballet; además del Ensamble Celso Duarte, uno de los responsables de que la escena musical en Morelos se encuentre en tan buena salud; el monumental Coro de Niños de Cuernavaca y el Coro de Cámara de Morelos también tendrán presencia en la fiesta cervantino. En el rubro cinematográfico se presentará documentales y largometrajes de Francesco Taboada, César García y Ricardo del Conde, tres de los cineastas con más trayectoria de Morelos.

Las actividades oficiales y enfocadas a mostrar el trabajo joven de músicos y artistas visuales, así como la participación de actores, escritores y de otros medios, comienzan el jueves 8 de octubre. Se dará inicio con el encuentro de las bandas morelenses en la Alhóndiga de Granaditas.

El viernes 9 de octubre se presentarán dos de las propuestas de fusión más fuertes de Morelos, Neoplen, que conjuga ritmos tradicionales de la cultura mexicana (como el son con rock) y Som-Bit, agrupación que recién regresa a México después de una gira veraniega por distintos festivales en Canadá. El sábado 10 de octubre, además del espectáculo de gala inaugural «Libertad de la tierra»,  se presentarán en un ciclo denominado «Trenes del sur», bandas como Fake Fémina, Cuarenta Días, Rinno y Never After Before.

El viernes 16 será el turno de propuestas elegantes, líricas y atmósfericas con Capital Sur, ÁdadA y Leika Mochán, mientras que el sábado 17 estará empapado de hip hop y buenas rimas con Seres Lunáticos, Ikál Gallo/Sésar Adjuster y Señal& Zación.

El domingo 18 es el turno del ska, uno de los géneros con más tradición en Morelos, ya que cuenta con diversas bandas de gran trayectoria como La Bolonchona, que hace no mucho llegó a varios países de Europa. Completan el cartel Kamikaze Beat Band y La María Cantú.

El viernes 23 de octubre se presentarán agrupaciones con gran experiencia y propuestas muy frescas como Monodram, Meteora y 300 Rubias Suicidas, y al día siguiente Los Pápalos, Malmalario y Señor Atómico, con propuestas que van del electro-rock, al surf. Todas las presentaciones anteriores tendrán lugar en el escenario principal de la Antigua Explanada del Ferrocarril como parte del programa «Jóvenes Trenes del Sur» y representan lo mejor de la escena del rock y géneros cercanos.

Otro programa morelense de música se denominó «Joeves Soaves», y arrancan el 8 de octubre con propuestas de jazz, entre ellas Chronos y Las Galletas del Mr. Esqueleto. Sociedad Acústica y Cuarteto Magatama harán lo propio el jueves 15. Estos dos ciclos de jazz conforman las dos escenas del estado, por un lado la de músicos de trayectoria y dominio de la técnica, como Marcos Miranda y Keiko Niikura, y por otra parte la escena emergente con músicos jóvenes de gran talento.

«Salsa de Guaje» es otro ciclo  en el que se presentarán bandas como Djemberé, Son de Tepoztlán y Óscar Bolaños y la Santa Rumba que ofrecerán conciertos el jueves 22. Mientras que en las sesiones dominicales denominadas «Orgullo de tradición» y que se llevarán a cabo en el Anfiteatro, se contará con la presencia de Jesús Peredo, Culebra de Agua y el proyecto de corridistas Tembembe, esto el domingo 11.

Finalmente otro importante programa fue propuesto por Carlos Kubli, incansable gestor cultura del estado y que preside el espacio cultural sie7eocho, además de coordinar gran parte de la oferta morelense en el Cervantino. Hablo de «Transición Morelos» que tendrá como sede la Plaza Allende y comenzará el viernes 16 de octubre. La carpa estará conformada por actos multidiciplinarios como Desorden Juana Gallo, Javier Ocampo, Elías Xolocotzin, Ary Ehrenberg, Marte Roel, Leonardo Aranda Brito, Jaime Munguía, Antonio Russek, Moisés Regla, Raquel Punto, Galo Íñiguez y Leonardo Requejo. Se suman Marina Ruíz, Kenia Cano/Marcos Miranda/ Omar González y Paula Rechtman/Leika Mochán quienes presentarán sus propuestas al día siguiente, y el día 18 culminará con la presentación de  Valsian, La Perra y Manolo Garibay.

Para celebrar que este año Morelos va al Cervantino, todos están invitados el 11, 12 y 13 de septiembre al Festival Rumbo al Cervantino en el Submarino Morado. En el evento se presentarán varias de las bandas que van a Guanajuato, además de artistas de otras disciplinas y promete ser una fiesta con lo mejor de la cultura juvenil del estado.


Autores
Escritor, crítico de cine y co-director del Festival Grotesco. Forma parte del Grumo de Escritores de la Barba Naranja. Se interesa por las películas de terror, el vegetarianismo, las bicicletas, los perros, la música con guitarras distorsionadas, las mujeres que cantan, la literatura, la filosofía y el punto de encuentro entre todas esas cosas (véase: Hora de aventura).

3. en nuestro sueño los vecinos le suben el volumen al vacío cuando el viento cesa o se corta la luz sin aviso (no sabemos dónde se escondieron las palomas ni las marchas ese día) y del árbol en el pasaje un secreto e inscripciones cuelgan como visión de ojo contra ojo (amanecer de fuego, costra de vino en la playa) o de callarse en la cascada ahorcando convexo, el reflejo trozos de cristales pulidos por la ola e insistencia (nuestro ir y venir en el derribe) una imagen, el poema mi primer acercamiento la violencia

11. y no podemos dormir y no queremos despertar me dijo soy la hija del mayor asesino de la historia y te amo como tromba marina yo miré debajo de la cama y en la ducha algo se me queda y no puedo largar pensé y no dije mira, aquí estás con tu mejor amigo muerto bajando las escaleras del puerto estuve en Pisagua leyendo los muros en el desierto, junto a los japoneses no hay dónde correr la miré y la supe pálida te esperé, dijo, donde faenan ballenas en Quintay en la playa donde encallan los pingüinos plastifiqué todas las tarjetas que publiqué en los almacenes aquí me ofrecí a lavar ropa y de nodriza éstas son mis manos y ésta es otra foto estás solo en el continente y tienes rabia ¿notas las tablas, las piedras en los techos la tormenta que contienen?

24. dormir en el aeropuerto con la persistencia en la retina de una aduana y un desierto, refundar el desprecio y extraviarse en la noche con compañeros de labores y materiales de trabajo: filos de obsidiana, alerones y nuestra sombra (leviatanes del Pacífico sur) sobre poblaciones humanas de abril y sueño, el resultado: sólo piedras y un desafío: suerte en hojas de coca, taxis y vodka, arrojo vulnerable de este viaje para regresar al mismo baldío (siempre son las 4:31 am), lozas de un despegue y un temblor, pestañeo de neón, alguien te sueña tatuado y violento en conquista del glaciar, pero sólo hay kilómetros y ciudades fundadas en el plomo, piernas que se extienden como espuma, de espaldas en la arena una fracción mínima e incorregible del universo se contrae y expande, como un coche bomba, al develar un alunizaje de lengua y labios para interpretar columnas de ceniza volcánica y el rostro de la muerte en el fuego 40. el pasado es reconocer el agua una tarde y álamos despedirse en una playa volcánica por la luz del ojo de madera intermitencias geográficas y diversos oficios una mochila que sólo contiene cosas sencillas como jabón o cenizas


Autores
(Rancagua, 1986) es autor de Compro Fierro, Oxicorte y bomba bencina.

Los músicos no se ahogarán con nosotros

El ginecólogo dijo escucho dos corazones dentro de su esposa y mi cerebro se iluminó al instante como una medusa. Imaginé tardes de futbol y Scrabble. Cachorros helados, vacaciones en Disne… No está embarazada aclaró el doctor-dinero tiene dos corazones completamente saludables

un milagro de la vida. Luego nos felicitó y nos fuimos a casa.

De camino la tristeza cuajó en mi pecho como grasa fría.

No nos iríamos juntos como la pareja de ancianos de Titanic. Cuando uno de sus corazones muriera dulce junto al mío ella seguiría viva pensando en los años futuros.

Disculpe, señor. ¿Tiene un momento para hablar sobre la escritura no-creativa?

Kenneth Goldsmith tocó hoy a mi puerta. Lo vi por la ventana y me quedé quieto sin hacer ningún ruido. «¡Sé que estás en casa!», gritó.

La última vez me había dado una explicación sobre el paraíso de los poetas conceptuales. «En realidad es un loft muy agradable tapizado con fotografías del cielo en alta resolución. Todas plagiadas».

Me aburre pero tuve que salir. «Hola, hoy vengo a hablarte sobre las bondades del reciclaje». Sí. «Y sobre Marcel Duchamp». Sí. «Y sobre el hermoso futuro de internet». Sí. «Quema tus fósiles». Sí. «Hay que besarnos». Sí.

Entonces corté mi yo y lo pegué en un escenario en donde Kenneth Goldsmith no había nacido nunca y la poesía era un montón de palitos de madera.

A través de los años, el Sónar Festival ha conservado un prestigio inapelable por presentar música visionaria y no sólo electrónica avanzada como es promovido. La progresión de géneros y estilos les ha permitido anticipar y perfilar tendencias que revitalizan, año con año, la cita de Barcelona. Si en algún evento la vanguardia se siente tan cómoda es en esta cumbre española con espíritu internacional.

En la edición 2015, impactó la presentación del espectáculo de Niño de Elche vs. Los Voluble, en el que unos expertos en montajes multimedia alternaron la propuesta del artista (que emparenta el flamenco con el spoken word) con bases que acuden al krautrock, al free jazz y la electrónica ruidista.

El sábado 20 de junio aparecieron en el Sónar presentando el espectáculo «RaVerdial», en el que se remontaban a las fiestas campesinas de la provincia de Málaga con motivo del día de Los Santos Inocentes y que ellos reinterpretan a partir del concepto de rave. A la presencia de Dj y Vj se sumó la del guitarrista flamenco Raúl Cantizano.

Los periodistas Luis Lles y Llorenc Roviras describen el show con precisión: «Mezcla de denuncia política sin pelos en la lengua, reflexión filosófica en torno a los raves, declamación daliniana y ritual derviche, el proyecto puede recordar a la sampladelia de los noventa, pero llevada a un territorio nuevo».

Cada miembro involucrado aporta algo importante, pero a fin de cuentas el eje central es Francisco Contreras, un cantaor y poeta que procede de una familia de andaluces, residente de Sevilla y con más de una década demostrando en público sus procesos de búsqueda. Su trabajo evidencia que las lindes entre disciplinas se desdibujan para interactuar gozosamente. Se trata de un renovador consciente de las aportaciones que en su momento realizaron Camarón de la Isla, Paco de Lucía y Enrique Morente para llevar al flamenco a un siguiente nivel. Lo mismo es conocedor de la tradición que de las incursiones de Lagartija Nick, Los Evangelistas, Silvia Pérez Cruz y otros visionarios. Acá lo importante es que el spoken word también es tangible con su aliento de poesía callejera, que por un lado abreva de las causas políticas y por otro del influjo de la cultura del hip hop.

Contreras es un explorador, un experimentalista que con el tiempo se ha ido haciendo más arriesgado. Como parte de sus comienzos está el disco Mis primeros llantos (2007), pero ha sido a partir del muy ambicioso Sí, a Miguel Hernández (2013) que la propuesta se robusteció de manera notable. En él se acercó a nueve poemas de un autor imprescindible, no sólo en la literatura hispanoamericana sino en el panorama internacional, por lo que no extraña que haya recibido invitaciones para presentarlo en París, Moscú, Costa Rica y Jordania.

Para su siguiente trabajo tomó el nombre de un encuentro que se celebra desde 1999 en Huelva, con la Fundación Juan Ramón Jiménez como sede, y que está orientado a mostrar a diversos exponentes de lo que, en general, se conoce como Poesía de la conciencia, y tiene como característica su fuerte carga de crítica social y un ácido alegato en contra del sistema económico y político (como se verá más adelante, no sólo tunden al liberalismo sino también hay sopapos para los comunistas aburguesados).

En Voces del extremo, editado por Telegrama Cultural y de descarga gratuita en la web, no se conforma con la obra de un solo autor, sino que se trata de una pieza coral. Aparecen textos musicalizados de Begoña Abad, José Luis Checa, Antonio Orihuela, Inma Luna, Francisco Fenoy Rodríguez, Bernardo Santos, Jorge Reichmann, Conrado Santamaría, Antidio Cabal y Enrique Falcón.

Contreras va decidiendo si ataca cada una por peteneras o si la lleva al fandango, pero aun así los palos tradicionales no permanecen inmutables. El álbum nos revela un trabajo certero del productor Daniel Alonso (miembro del grupo Pony Bravo) en colaboración con Raúl Pérez y Darío del Moral. Para enfatizar esa perspectiva global, el disco fue grabado y mezclado en Sevilla y masterizado en Berlín.

El tándem fue eligiendo en cuál momento enfilarse por el kraut rock, qué texto requería de unas texturas más ambient o cuándo hacer un poco de distorsión a la No wave. Por el estudio pasaron los músicos Raúl Cantizano, Fernando Junquera, y Javier Mora para registrar un sonido que en momentos parece el de una banda completa a toda ley y que no tiene reparo en incursionar por el Qawwali pakistaní e indio.

En total, una decena de temas que van desde el escarnio a los que suelen decirse de izquierda y cobran por la derecha –viajando hasta en convertible- en «El comunista», a una revisión del conflicto en Medio Oriente con la «Canción de corro para niño palestino» o un clavado al complejo mundo interior de una persona. En «Nadie» se da el momento para una sesión de diván hecho tema musical: «Nadie me conoce / Ni mi psiquiatra, ni la alcachofa de la ducha / Ni mi taza de café, ni mis pestañas / Nadie sabe nada de mí / Nadie me ha descubierto todavía».

Voces del extremo es un disco ardiente y urgente… necesario, no sólo por el atrevimiento en la parte compositiva sino por la profundidad de sus textos. Ahí están «Miénteme» y «Que os follen» como clavos ardientes que escarnecen las heridas que las desigualdades nos han hecho. Toda una revelación.


Autores
De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta una pasión crónica por la música; de los noventa la pasión literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Explorando la poesía ha publicado: Loop traicionero (2008), Suave como el peligro (2010) y Combustión espontánea (2011). Rutas para entrar y salir del Nirvana (2012) es su primera novela. Es colaborador de las revistas Marvin, La mosca, Variopinto e Indie-rocks y los diarios Milenio Hidalgo y Reforma, entre otras publicaciones.

Es conocida la siguiente técnica para atrapar a cierto tipo de mono: el cazador cava en una piedra o en un árbol un hueco cuya abertura se ajuste al tamaño de la mano del animal y después coloca una golosina dentro. El mono llega y toma la golosina. Su mano —ahora empuñada— ya no cabe de vuelta en el hueco y no puede salir. Pero el simio no suelta su presa y los cazadores regresan después para atraparlo con toda calma.

El animal está desorientado, sin saber qué pasa ni qué debe hacer. Sabemos que nada le hará actuar de otra manera, que nada puede ayudarle a disertar que si abre la mano estará libre.

Si lo matan, su suerte será tema de una tragedia, y de una comedia si los cazadores sólo querían reírse de alguien.


Autores
(Pensilvania, 1962). Mexicano que escribe poesía y divulga ciencia a través de teatro, novela juvenil, televisión, video, publicidad, exposiciones y revistas. Entre sus obras están Crónica del alba y tres novelas de la serie didáctica Triptofanito.

La primera novela de Roque Larraquy (Buenos Aires, 1975), La comemadre (2010), no se trata exactamente de un tango ni de un lamento amatorio. Podría tratarse, en principio, de una cabeza. Literalmente. O, más bien, de lo que un grupo de médicos de un hospital perdido en medio del campo, en 1907, estaría dispuesto a hacer por algunas cabezas. Y por todo aquello que las cabezas deseadas les podrían revelar. También, La comemadre podría versar sobre el duelo latente y erótico entre dos artistas sin ningún parentesco familiar, pero muy similares físicamente, quienes, en 2009, se proponen deslumbrar al mundo del arte con una obra hecha de retazos de cuerpos.

Ciencia y arte, entonces, están aquí cruzados por un enigma y la obsesión de su resolución, que lleva a los personajes a realizar acciones insospechadamente delirantes. El enigma decimonónico: ¿qué hay del otro lado de la vida y cómo la ciencia —y sus métodos de observación empírica— puede revelarlo? El enigma actual: ¿cómo aprender las variables del mercado del arte para triunfar en él? La respuesta: el cuerpo y sus fragmentos que pueden atraer tanto voces del más allá como a la clave del ansiado éxito. Hay, aún, otro enigma que atraviesa la novela, sus dos temporalidades y sus personajes. Tal vez más complejo y desconcertante que la propia muerte y el deseo de triunfar. Se trata del amor y sus vicisitudes corporales y sentimentales.

En este juego de obsesiones y enigmas se desarrolla La Comemadre. En 1907, en Temperley, el doctor Quintana es el jefe de la guardia nocturna de un sanatorio perdido en las orillas que separan la civilidad de la amplia pampa y sus atardeceres rosados. Enamorado de la enfermera Menéndez —mujer secreta que fuma su cigarro en el marco de la ventana y lo abandona antes de terminarlo—, sus noches se suceden sin sobresaltos hasta que el dueño de la clínica, Mr. Allomby, le ordena al plantel de médicos una tarea extraña y perturbadora. Es necesario conseguir cabezas. De enfermos terminales, pobres, inmigrantes, que nadie extrañe ni reclame. La decapitación de estos cuerpos les dará nueve segundos de gracia en que la cabeza permanece consciente antes de morir, y les revelará lo que ve y siente en su contacto con la inminente muerte. Pronto, esta tarea moralmente réproba se convierte en una competencia entre colegas por ver quién consigue más cabezas, quién se queda con el premio monetario a cambio de su obtención y, también, quién conquista el difícil corazón de Menéndez. Porque el espacio de la clínica se revela como un mundo netamente masculino, en donde la rivalidad por la hembra y por el prestigio es subrepticia y constante.

En 2009, ya en Buenos Aires, nos adentramos en la historia de un ex niño genio y ex adolescente de bucles y ciento veinte kilos de peso devenido en prestigioso artista, cuya polémica obra ha trascendido las fronteras nacionales para llegar al público escandinavo. El artista nos cuenta su vida en las anotaciones que le hace a una tesis doctoral que Linda Carter —homónima de la mujer maravilla— hace sobre su trabajo y su persona. Aquí también aparece Lucio Lavat, su curioso doble: él y el artista son físicamente muy parecidos, aunque no guardan ningún parentesco familiar. En la primera exposición del artista sus destinos convergen para volverse una suerte de amor simbiótico y un duelo erótico en el que Lucio y él —él y Lucio— se ayudan para conquistar el mundillo del arte y «dejar salir el monstruo». El «monstruo» es una obra hecha con manos de cadáveres que simulan rezar y que aluden, a la vez, a las manos robadas de Perón y que, hacia el final de la muestra, incorpora el dedo mutilado del artista. Pero el esa pieza es, también, un mundo snob en que lo delirante y morboso se consume como arte y en donde los propios cuerpos de la extraña pareja se ponen a disposición de sus reglas, transformándose en obra viviente.

En definitiva, más allá de lo circunstancial de sus extravagantes imágenes de cabezas decapitadas, manos colgantes, amores y duelos, La comemadre nos habla de aquello a lo que no podemos rehuir aunque queramos. Todas las locuras: eso hacen sus personajes por una cabeza, por el amor, por el prestigio, por el conocimiento. La novela parece hacer de tales fijaciones el corazón de su trama y nos deja la certeza de que las obsesiones con que atravesamos la vida estarán allí esperándonos a que cometamos por ellas todas las locuras.